Ideas para decorar habitaciones infantiles (parte 2)

Pues si la semana pasada os enseñaba algunos cambios que habíamos hecho en el dormitorio de Copito para así daros alguna idea, hoy me toca mostraros la transformación de la habitación de los mayores. No es que estuviera mal, ni muchísimo menos, pero creo que el cambio ha sido a mejor, fundamentalmente por una cosa:

1. Tapizar: No sé si lo habéis hecho alguna vez pero, si tenéis algún sofá, cama, silla o sillón que esté viejo, lo de «forrar» es casi como comprar algo nuevo, queda impoluto. Lo que pasa que esto no es algo que pueda hacer cualquiera, creo yo. Y por supuesto, si decidís hacerlo, comparad precios porque hay bastante diferencia entre unos tapiceros y otros, al igual que en el importe de las telas. En nuestro caso, tapizamos las camas que eran de mis hermanos mellizos (como veis, en esta familia lo vamos reutilizando todo) porque, tras tantos años, algunas zonas estaban muy desgastadas.

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Y fijaos cómo cambia con una tela nueva y, para mí, más bonita.

2. Rescatar viejos objetos: si en el post anterior os decía que reutilizar muebles antiguos siempre era buena idea, no lo es menos el aprovechar cosas antiguas que, o están en los armarios o trastero, o en algún rincón de la casa sin ser apenas visibles. Y eso es lo que le ocurría a la casa de muñecas que me hizo mi tío Juan antes de morir, que estaba en una habitación que apenas usamos y no lucía nada. Eso sí, tuve que quitar los muebles de la casita (que cada año me traían los Reyes Magos) para que mis hijos no los estropeen. Digamos que, por ahora, está para decorar. Pero es que es absolutamente preciosa.

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3. Ikea: No hay habitación infantil que se precie sin algún mueble «sueco», esto es así. Es más, me atrevería a decir que hay dos o tres hits que nunca fallan, como la estantería y la mesa infantil con su silla. Eso sí, la estantería la hemos colocado en horizontal por dos razones: para que diera la sensación de quitar luz al entrar en la habitación y segundo, para que los niños puedan coger los juguetes, que antes estaban bastante desperdigados.

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4. Láminas: aquí ya más de lo mismo, reitero mi idea de que menos es más pero creo que aún podríamos añadir algo más, estoy pensando en algún mapa bonito, y así de paso aprendemos.

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Lienzo que me trajo mi madre de Tailandia.

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Ilustración de mi tío Juan del año 1989 para una campaña de los almacenes Bloomingdale’s en Nueva York.

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Desde mi punto de vista, la habitación ha quedado más elegante por el cambio en las camas y mucho más ordenada gracias a la estantería de Ikea. ¿Qué?, ¿cuántas tenéis la estantería y la mesa? 😉 ¿Habéis reutilizado algo de vuestra infancia para vuestros hijos?

Comienza la temporada de eventos

Comienza la temporada de eventos

Venga, que ya tenemos el verano a la vuelta de la esquina y empiezan las celebraciones de todo tipo. Nosotros nos hemos estrenado este fin de semana con la primera Comunión de mi primo. Sí, aún tengo primos casi de la edad de mis hijos pero esto no viene a cuento ahora. A mí me gustan las fiestas y los festejos más que a un tonto un lápiz. Lo que reconozco que me estresa un poquito desde que soy madre son los preliminares en casa porque tienen que darse tres circunstancias nada fáciles:

1. Ser puntuales: hay determinadas cosas que no dependen de nosotros y no queda más remedio que cumplir tiempos. Si el evento es de mañana y tus hijos no madrugan (a Gabriel hubo que despertarle a las 11 de la mañana), la cosa es más complicada aún. Esta vez, no conseguimos lo de la puntualidad.

2. Que los niños lleguen peinados: a mí me da igual todo lo que se manchen los críos durante cualquier acontecimiento al igual que no me importa que se pringuen a diario; son niños, sólo faltaba, para algo está la lavadora. Pero oye, intento que lleguen peinados a los sitios, aunque sean los cinco primeros minutos. Es un poco como lo de las bodas, que vamos de tacón y requetepeinadas aunque luego todo el mundo nos vea descalzas y con el moño o el rizo caído. En realidad, es absurdo, pero es así. Creo que, más o menos, conseguimos cumplir este punto.

IMG-20150531-WA0028Ya estrenaron sus conjuntos de BímBele. Ahora nos falta estrenar playa y piscina para estar morenos, salvo Copito 😉

3. Que las madres lleguemos sin manchas: No sé vosotras pero a mí ya me importa bien poco descubrir que tengo una mancha de leche, galleta o papilla en la ropa justo antes de salir de casa, es que ni me cambio a no ser que el lamparón sea de escándalo. Pero hombre, el día que te arreglas no, ése día hay que llegar sin rastro de babas y demás pringues en el estilismo. Objetivo cumplido, llegué limpia.

Mono rojo de Mango de esta temporada (22 euros)

IMG-20150531-WA0027Y por lo demás, ya sabéis, hay que relajarse un poco y disfrutar de estas cosas con los niños. ¿Que comen menos o más dulces? Pues no pasa nada. ¿Que se ponen como motos? Oye, habrá que aguantarlos y dejarles que quemen energía, ¿no os parece?

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Una clase muy especial

Una clase muy especial

Siempre he dicho que me encantaría ver por un agujerito a mis hijos en la guardería y en el cole, contemplar cómo se relacionan, qué hacen, de qué hablan con sus amigos…. Es más, es algo por lo que estaría dispuesta a pagar pero, a día de hoy, no es una opción siquiera 😉 Así que, cuando en el centro de Alfonso, nos propusieron poder dar una clase de lo que quisiéramos a nuestros hijos durante una tarde, no lo dudé un segundo y me apunté. Lo que no tenía nada claro es qué hacer con 25 criaturas; y es que, sobre mi profesión, la de periodista, nada me parecía factible con semejante auditorio. Así que me lancé y decidí hacer una receta.

Ya os adelanto que, lo que viene siendo el resultado de mi arte culinario, la cosa fue desastrosa. Mi idea era hacer Pop-Cakes y pregunté a varias expertas en esto de cocinar, que me recomendaron mezclar bizcocho desmigado con Philadelphia. Lo que ocurre es que eché demasiado de esto último y la masa se deshacía en cuanto los niños pinchaban los palitos a las bolas que previamente habían hecho con mi mezcla. En fin, supongo que lo importante es participar. Creo que la profesora no va a olvidar lo «limpia» que quedó la clase tras mi paso.

Al final, los niños acabaron comiendo la argamasa que había hecho y la mojaban en el chocolate derretido que llevaba en unos termos. Eso sí, como los fideos de colores, nada. Algunos decidieron hacer bombones tipo trufas y los envolvimos en papel de celofán con unos lazos muy monos que había llevado. Al menos, algunos padres pudieron ver que hice algo medianamente decente.

IMG_20150528_212319Si algún día, en el cole de vuestros peques, os ofrecen esta posibilidad, no lo dudéis. Sé que hace falta tiempo pero merece la pena. Eso sí, tened en cuenta lo siguiente:

1. Cuando entres por la puerta, los niños se arremolinarán en torno a ti como si de un vendedor de chuches ambulante se tratase.

2. Si a un niño no le gusta lo que haces, te lo va a decir a la cara, sin ningún miramiento. No os lo toméis como nada personal 😉 Habrá otros que se peguen un atracón.

3. En los distintos grupos de whatsapp de padres, en unos habrá cachondeito porque la has liado con el chocolate 😉 Y también te escribirán madres maravillosas para darte las gracias.

4. Las niñas y los niños viven en universos paralelos. Los críos, en cuanto se aburran, se irán a hacer otra cosa (mi hijo inluido). Las niñas, en su mayoría, seguirán esperando sentadas a que puedas envolver su bombón en celofán para llevárselo a su madre, a sus hermanitos o primas. No me lo neguéis, a estas edades es más fácil criar una niña que un niño. Eso sí, en la adolescencia ya me contaréis (soy mala, lo sé).

5. El gesto que para ti sea más insignificante, como acariciarle la cara a un niño, será para él algo super importante. Y no sólo eso, si no que habrá quien le dirá a su madre lo guapa que eres. ¡No me digáis que no son para comérselos!

6. Saldrás con la cabeza como un bombo porque casi todos querrán que les prestes atención y les ayudes; los niños son así, no entienden de tiempos ni de esperas.

7. Tu hijo se sentirá orgulloso de ti.

Y hasta aquí mi breve experiencia como profesora. Si esto lo siguen ofreciendo, iré también en su momento a las clases de Rafa y Gabriel en un futuro. Eso sí, con algo más de acierto con la receta o actividad. ¿Habéis podido ir al cole o guardería de vuestros peques a hacer alguna tarea?, ¿qué os parece la idea?

La lactancia, ¿estropea el pecho?

Si hubiera tenido un sólo hijo, es decir, a mi primero, seguramente pensaría que la escasa lactancia que pude darle dejó rastro en mis ubres. Tengo la suerte de quedarme sin panza tras los embarazos y no me salen estrías pero, guapinas, una no puede librarse de todo y noté cierto empeoramiento en la delantera. Que conste que, de lo que puede ir a peor con esto de la maternidad, es la pechera lo que menos me importa porque no voy enseñando el asunto por ahí. Pero vuelvo al tema que ya sabéis que me pierdo con facilidad.

Dicho esto, tras tres embarazos y tres lactancias mixtas, he llegado a la conclusión de que la lactancia no estropea el pecho. Y ahora algunas preguntaréis: ¿y cómo demonios has llegado a semejante deducción? Vamos por partes, primero datos y luego análisis. En mi primer embarazo engordé la friolera e innecesaria cifra de 18 kilos. Y digo innecesaria porque ni estaba hinchada ni tenía una gran tripa; objetivamente, me puse tibia con la comida. Al churumbel nacido de ese embarazo, es decir, al mayor, le di lactancia mixta durante tres meses aunque los bibes eran más frecuentes que las tomas de pecho.

Vamos con los datos de la segunda maternidad: 9 kilos cogidos en el embarazo y poco más de dos meses de lactancia mixta en la que ocurrió lo mismo que con el primero, poca leche materna y mucho biberón. Y por último, un tercer embarazo en el que nuevamente engordé 9 kilos y, por fin, una lactancia mixta más abundante (más tomas) y prolongada (5 meses) que las anteriores. Esto último gracias a mis matronas y a mi aguante, que es bastante aunque, como todo, podría ser mayor. Pero no, no soy de las que se rasgan las vestiduras en plan madre coraje, que no he venido yo a este mundo a sufrir de forma innecesaria. ¿Veis? ya me estoy yendo otra vez del asunto.

Vamos ahora con el análisis que, obviamente, sólo puedo hacer yo. Tras el último destete, no ha habido empeoramiento con respecto al primero, es decir, mi delantera está ahora, tras la tercera lactancia, igual que tras la primera. Espero que algunos familiares no estén leyendo este post 😉 Eso hace que descarte la lactancia como causa de caída de senos. Pero, por esa regla de tres, también tendría que descartar los embarazos. Así que he dado con la clave en mi caso: el peso durante las gestaciones. El haberme excedido con el primero explica que sólo haya notado empeoramiento en la primera ocasión.

De esto deduzco que los embarazos inciden mucho más en la caída del pecho que las lactancias (aunque no sabría deciros en el caso de las prolongadas). Que yo sé que la subida de la leche los primeros días es imponente y una piensa que no va a poder abrocharse nada que no parezca un burka pero luego la cosa se estabiliza y adquiere tintes de normalidad. Sin embargo, durante los embarazos, nos pasamos los 9 meses con unos pechos turgentes, con varias tallas más de lo habitual (lo cual es genial para las que andamos justitas y un engorro para las que van de sobra) que hacen que, tras el parto o el destete, aquello nos parezca trágico 😉

Bueno, pues yo he llegado a esa conclusión y, además, muchas madres que no han dado el pecho sostienen que las ubres también han sufrido derrumbe, con lo que creo que no dar leche materna por cuestiones estéticas no tiene fundamento científico. ¿Qué opináis?, ¿embarazo, lactancia, genética, edad?, ¿cuál es vuestra experiencia?

Ideas para decorar habitaciones infantiles (parte 1)

Jamás he escrito en el blog nada sobre decoración porque no me considero, ni mucho menos, una entendida en ese aspecto. No sé si hay modas en el arte de ornamentar una casa, seguramente sí, y he de decir que no he visto una revista de interiorismo en la vida, y eso que mi abuela era una auténtica aficionada a todo lo que tenía que ver con la casa y el jardín. Pero no, no he heredado  yo esa afición, lo cual no quiere decir que no me guste una vivienda bien decorada o un vergel bonito, como el que tienen mis padres. Pero insisto, me guío por lo que me entra por los ojos, nada más. Y ojalá pudiera gastarme más dinero en embellecer la casa pero, con tres niños, las prioridades son otras. Hoy voy con un primer post sobre este tema para enseñaros los cambios que hemos hecho hace poco en la habitación de Gabriel, por si algo os sirve de inspiración:

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1. Pintar: no hay nada que cambie más el aspecto de cualquier estancia u objeto. Cuando nos mudamos a nuestro piso, obviamente no sabíamos el sexo de los hijos que queríamos tener por lo que sólo pusimos color a la habitación matrimonial, el resto las dejamos en blanco. Hace tres meses nos animamos a dar más colorido a la casa; sé que hay muchas posibilidades pero a mí me gusta mucho el azul para los niños. No obstante, no sólo pintando las paredes puedes dar otra apariencia a una habitación, también se puede hacer con los muebles así que decidimos recuperar un baúl que estaba ya en las últimas.

2. Cuadros y láminas: Aquí hay muchas posibilidades pero creo que menos es más, es decir, que tampoco hay que excederse. De hecho, en la habitación de Gabriel tengo que hacer alguna nueva adquisición porque tenemos poca cosa en las paredes. En general, me gustan los marcos lisos y en blanco cuando se trata de habitaciones infantiles.

 La vena artística de la que yo carezco, la tiene en mi familia mi tía Gracia, que hace estos cuadros tan bonitos con madera y arcilla, ¿os animáis?

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3. Vinilos: En esto sí que me gusta la discreción y apuesto por los colores claros y tonos pastel. Y si el vinilo tiene alguna funcionalidad, como medidor o pizarra, mucho mejor. En la habitación de Gabriel, hemos puesto un medidor en color blanco.CAM04828

 

4. Recuperar muebles antiguos: O más bien, que te los ceda tu madre. El escritorio con estantería que en su día, utilicé yo, ahora está en la habitación de Copito de Nieve. Reconozco que quizás vendría bien lacarlo porque se nota en algunas zonas que tiene años, pero ese ya es otro gasto que ahora no vamos a hacer. Lacar armarios y muebles es como darles nueva vida, parecen recién comprados.

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Y así nos ha quedado la habitación de Copito. Seguramente se puede mejorar pero yo creo que está bastante bien y sencillita. La próxima semana os enseño la de Alfonso y Rafa, en la que os enseñaré el antes y el después porque sí que ha sufrido una gran transformación. Y además, os mostraré otra idea que cambia completamente el aspecto de sofás, sillas, camas… ¿Habéis dedicado tiempo y dinero para decorar la habitación de los peques?

 

Recomendaciones de mayo

Adelanto mi sección de recomendaciones este mes de mayo pensando un poquito en que ésta es una temporada de muchos eventos: bodas, comuniones, bautizos… Así que, por si estáis preparando alguno de estos acontecimientos, o estáis invitados y queréis hacer un regalo, os dejo dos ideas que hacen dos mujeres con mucho arte.

1. Besando Sapos: Alba Ortiz es una asturiana muy aficionada desde pequeña a las manualidades. Sus creaciones tienen un aspecto infantil, gracioso y, en ocasiones, gamberro. Gracias a una compañera de trabajo, descubrió el Fondant, la famosa pasta de azúcar con la que se hacen tartas. Aquello fue un flechazo y, desde entonces, no para, duerme poco y friega mucho 😉 Alba estudió turismo y trabajó varios años en el aeropuerto de Asturias, aunque ahora mismo no tiene trabajo, por lo que cualquier encargo será bienvenido. Os dejo unas fotos de la impresionante tarta (de más de 15 centímetros de altura y rellena de bizcocho de chocolate) que le preparó a mi sobrino en su primer cumpleaños. Que sepáis que hace maravillas, todo lo que os podáis imaginar, lo hace real en una tarta, podéis ver más cosas en su cuenta de Facebook o de Instagram. Y puedo corroborar que el sabor es espectacular.

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2. Piezecitos: Ainara es una mamá española que reside en Italia. Hace ya tiempo que sigo su blog, Piezecitos, donde cuenta sus aventuras como mamá de Chloe. Hace algo más un mes, animada por su espíritu emprendedor y por su pasión por el DIY, se animó a crear la ishop de Piezecitos. En ella podrás encontrar láminas para decorar las habitaciones de tus peques: para el nacimiento, para darles las buenas noches, para soñar, para aprender… Tiene también ilustraciones personalizadas y todas son en formato digital, lo que permite que tú misma las puedas imprimir sin necesidad de pagar los costes de envío. Si las quieres regalar te recomienda que, en el momento de entregar el regalo, lo acompañes de un marco para darle un toque especial. Y no me enrollo más, creo que con ver algunas de sus láminas os podéis hacer a la idea del cariño que pone en todo lo que hace. En casa, tenemos la lámina del elefante, que a Rafa le encanta cantar esa canción 😉

Espero que os hayan gustado las nuevas sugerencias. ¡Qué paséis buen fin de semana!

nosoyunadramamama@gmail.com

El baño, ese lugar de exploración y conflictos

El baño, ese lugar de exploración y conflictos

Creo que no hago ningún descubrimiento al comentar que los niños y bebés sienten una atracción irrefrenable por el agua. Esto es así casi desde que nacen pero, cuando comienza el gateo, se adentran de lleno en el ¿maravilloso? mundo acuático a través de elementos como el bidé (por suerte, en mi casa no hay pero sí en la de mis padres), el váter, la ducha… todo acompañado por la escobilla, que más de una vez me he encontrado en algún armario de ropa. Realmente creo que voy a suprimir esta pieza tan poco elegante de mi hogar. Sí, madres del mundo, el baño es un lugar de búsquedas y exploraciones sin fin. Pero la cosa no acaba ahí.

Con una escobilla así, ¿creéis que dejarían de cogerla? Por cierto, qué cosa más horrorosa.

Yo ya lo sé. Cuando voy a buscar a Alfonso y a Rafa cada tarde al cole y guardería, si sus profes ponen cara de que algo ha pasado, tengo claro que la escena del «crimen» ha tenido lugar en el aseo. Tampoco es que mis hijos sean unos gamberros pero, como todo niño, hay algún día en el que están inspirados. La primera vez que castigaron a Alfonso en el colegio fue hace más de un año, os lo conté en un post. Había entrado en el baño de las niñas para asustarlas. Con las féminas no ha reincidido, es más, ahora mismo le parecen un rollo porque no juegan al fútbol. Ya cambiará de opinión dentro de unos años.

Sin embargo, el baño y el agua le motivan mucho más y la última vez que su profe mecomentó algo sobre su comportamiento fue tras un episodio que tenía que ver con un váter y una toalla; no puedo aportar muchos más datos porque fue el niño el que me explicó el suceso 😉 A posteriori supe que el autor material de los hechos fue uno de sus amigos y Alfonso fue testigo presencial, pero no instigador. Pero el caso es que ahí estaba, en medio. Bueno, en realidad, según él, estaba haciendo caca y fijaos que me lo creo porque es un proceso al que dedica un tiempo considerable.

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Estas imágenes de Rafa atrincherándose en el baño y dándose una ducha motu proprio con el pijama puesto son una prueba más de lo mucho que les gusta indagar con el fluido transparente.

Esto de los baños les gusta mucho a todos. La primera vez que Rafa necesitó utilizar la ropa de repuesto que tiene en la guarde fue hace un par de semanas y no se debió a escapes del pañal de esos que todas sabemos. No sé cómo, en unos segundos, abrió un grifo y se empapó de arriba abajo, desde el pelo hasta los playeros. Y ya de paso, creo que hubo algún daño colateral en la ropa de otros compañeros. En la escuela infantil de Rafa utilizan el método Montessori, por lo que los niños tienen cierta libertad para hacer cosas y el crío debió pensar que oye, la cosa estaba ese día aburrida. En fin, no sé por qué me da que las anécdotas van a ser interminables. Aún me acuerdo cuando de adolescentes nos escondíamos para fumar un pitillo en los baños del colegio. Bueno, yo no fumaba pero ahí estaba, en modo acompañante porque siempre era más entretenido eso que hacer lo correcto. Ojo, que yo luego era buena estudiante 😉 ¿Qué?, ¿vuestros peques también la lían parda en los baños?

Qué hacer con la plagiocefalia o cabeza plana

Qué hacer con la plagiocefalia o cabeza plana

Hoy 4 de abril es el día mundial de la plagiocefalia y deformidad craneal. A muchas, este término no os sonaría de nada hasta que os convertisteis en madres. Es muy frecuente que la cabeza de los bebés tenga alguna asimetría durante los primeros meses de vida producida por la presión de algo externo, normalmente la superficie en la que están tumbados aunque, en algunos casos, se debe al aplastamiento que sufren al pasar por el canal del parto. Ya sabéis que los huesos de la cabeza de los bebés son inmaduros y no están soldados. En muchas ocasiones, es algo leve que se corrige con el tiempo y con sólo ir cambiando la postura del peque. Vamos, que si la disimetría es en un lado de la cabecita, hay que procurar colocar al bebé del lado contrario. Esto le ocurrió a Rafa pero fue relativamente sencillo corregirlo y, en poquito tiempo, su cabecita estaba redonda.

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Gabriel, hace un año, con la cabecita un poco plana por detrás.

Con Gabriel este asunto nos costó más. ¿Por qué? Porque la asimetría no era lateral, era en la parte de atrás. Y claro, por más que colocaba al crío de lado, a él le resultaba muy fácil ponerse recto. La pediatra, al cumplir los 4 meses, nos recomendó pasarlo del capazo a la silla para que no fuera tanta la presión en la cabecita y, por supuesto, ponerlo boca abajo más tiempo, pero eso el pobre niño lo odiaba. Lo ideal es que pasen poco tiempo tumbados y yo probé al principio a llevarle en fular por casa pero con el espabile que se traía, el niño no quería. Aparte que a mí no me resultaba muy cómodo más allá de un rato. Lo de hacer camas con el niño encima no es el colmo del confort.

¿Qué hicimos? Como le gustaba muchísimo jugar en un parquecito del que cuelgan juguetes mientras yo hago cosas por casa, le ponía un protector de cabeza de Babymoov que ayuda a mantener la cabeza de los bebés redondeada, tiene tejido transpirable y se puede lavar. Poco a poco, notamos cierta mejoría. Como en todo, hay casos graves en los que hay que recurrir a un casco ortopédico, como le sucedió a uno de mis primos, pero ya no hablamos de plagiocefalias moderadas o leves.

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Cojín Lovenest para evitar la plagiocefalia

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Ni rastro un año después

Hoy, un año después, no queda rastro de esa pequeña plagiocefalia y solo con usar el cojín algunos ratos y con el paso del tiempo, que lleva implícito el que los bebés cada vez pasen menos tiempo tumbados, no queda ni rastros. ¿Vuestros peques han tenido asimetría en la cabeza los primeros meses de vida?, ¿se corrigió sola o necesitasteis ayuda de algún producto?

Destete ¿sin traumas?

Si algo me alucina de los bebés y niños es que son los seres más preparados para cualquier cambio. Con sinceridad os digo que, la mayoría de las veces, somos los padres los que sufrimos con determinadas cosas y luego los críos nos demuestran que son capaces de adaptarse a casi todo sin problemas, siempre que hablemos de cosas normales. Lo digo porque últimamente hay una corriente que aboga por el «destete sin traumas» y lo relaciona con dejar que el niño tome el pecho hasta que él quiera, no vaya a ser que sufra. ¡Ojo! que me parece estupendo que le des de mamar a tu churumbel hasta que quieras, independientemente de lo que las demás hagamos o dejemos de hacer, pero hablar de traumas por destetar a un bebé me parece, cuando menos, excesivo.

No veo un problema en la transición del pecho al bibe, como no lo veo en pasar del pecho a lo que sea que le alimente, sea sólido o en puré, siempre que se haga de una forma gradual. Que el primer día un bebé rechace un bibe o una papilla de frutas o lo que sea no significa que sufra, sólo es señal de que algo le resulta distinto. Al igual que hay bebés a los que les cuesta engancharse al pecho las primeras horas o primeros días y no por ello dejas de intentarlo. En cualquier cambio, se le da nuevamente aquello a lo que esté acostumbrado y se intenta en otro momento, otro día, poco a poco. Así que, por favor, la palabra trauma ha de usarse para cosas serias. No hay nada traumático en destetar a un niño, ni el quitarle un chupete, ni en empezar a darle fruta, ni en llevarle a una guardería si se hace con y desde el cariño, y de una forma progresiva.

Dicho esto, sabéis que opté por la lactancia mixta, en principio, por un problema que conté en este blog y que a muchas os sorprendió porque no habíais oído hablar de ello. Y segundo, porque con varios hijos, encontré que era la fórmula perfecta para poder atenderles a todos y seguir encargándome yo personalmente de recoger niños de cole y guardería, llevarles a partidos y entrenamientos, natación… Una de las grandes ventajas de la lactancia mixta es que el destete es muy sencillo al estar el bebé acostumbrado a pecho y bibe. En mi caso, fue algo muy paulatino. Llegó el tercer mes de Gabriel y pasé de 4 tomas diarias a dos, por la mañana y por la noche. Al cumplir el cuarto mes, le quité la de la mañana y justo cuando cumplió 5 meses, es decir, hace un par de semanas, ya dejamos definitivamente el pecho. Y del cambio ni se enteró mientras que, por ejemplo, el primer día que le dí a probar la fruta no la quiso y ¡hala!, un bibe y a intentarlo otro día, sin forzar.lactancia

Lo dije también en un post, si le di leche materna fue sólo por proporcionar inmunidad al peque. No fue por cuestiones de apego porque encuentro que la conexión madre e hijo va más allá de darle teta o bibe. Me aterraba que se pusiese enfermo siendo tan pequeño teniendo en casa al «enemigo»: niño venido de guardería y niño llegado del cole. Y ojo, que eso no me garantizaba nada. De hecho, algunos de los bebés que nacieron en la misma época que Gabriel, que tenían hermanos y cuyas madres optaron por lactancia materna exclusiva, han estado ya ingresados en el hospital. Pero aún así, quería intentarlo. Y puedo decir que hemos tenido suerte. Este año hemos caído todos enfermos en esta casa, aunque la verdad es que sólo en una ocasión cada uno y lo mío fue una simple diarrea, pero Gabriel no ha cogido nada.

Si alguien quiere saber por qué decidí dejar de darle el pecho a mi hijo os lo explicaré con un ejemplo. Conozco a muchas mujeres que han tenido un hijo y no quieren tener más por no pasar nuevamente por un embarazo, porque han tenido una mala experiencia, porque se han sentido incómodas, porque se les ha hecho muy duro, porque sufrieron… Mientras tanto, otras, como es mi caso, somos felices estando embarazadas, disfrutamos de esa etapa y no nos importaría estar embarazadas diez veces más. Con la lactancia pasa lo mismo, si tienes malas experiencias, si se te hace duro, cansado o incómodo, el destetar a tu hijo es casi un descanso. Y aquí, en esto, son respetables todas las decisiones porque están basadas en el instinto de cada madre para estar bien ellas y sus hijos. ¿No os parece que hay gente muy extremista con este asunto?

¡Dientes, dientes!

Que alguien me diga dónde está el libro de reclamaciones. Vamos a ver, que yo había pedido que mi tercer y último hijo (a priori) creciese más despacio, que todo fuese un poquito más lento porque yo quiero disfrutar, aún más si cabe, de mi bebé. Y oye, que además yo ya daba por hecho que iba a seguir un ritmo parecido al de sus hermanos. Porque es cierto que dicen que cada niño es un mundo, y eso pensé yo toda la vida. Pero claro, en esta casa, los mayores lo han hecho todo a la misma edad: dormir del tirón a los 4 meses, primer diente a la vista a los 9, gateo a los 10, andar a los 13… Salvo en lo de hablar, en lo que Rafa ha sido bastante más precoz, en lo demás es como si la genética los hubiera programado para seguir caminos similares.

Así que yo me hice a la idea de que todo sería perecido y la cosa no iba mal. Bueno, venga, lo digo en presente, no va mal. Lo sé, lo sé, estos hijos míos, en su primer año y medio de vida, han resultado ser la santidad personificada. Eso sí, que nadie más me diga eso de que así se pueden criar 10 hijos, y si no que me haga una transferencia mensual y yo sigo pariendo sin problemas 😉 Ay madre, que ya me estoy liando otra vez y me voy por los cerros de Úbeda. A lo que iba, que yo ya estaba super convencida de que todo iba a ser parecido hasta que la semana pasada lo vi, ahí, sí, en la boca de Gabriel: ¡un diente!

No, no puede ser, sólo tiene 5 meses, ¿por qué tan pronto?, me pregunté. Pero ahí estaba la realidad, diciéndome: guapina, esto es lo que hay, te fastidias, querías que fuese todo más despacio, pues hala, vamos acelerando, no te acomodes. Así que en estas me hallo, intentando asimilar que, si el tiempo con mi primer hijo pasó rápido, con el tercero ni me estoy enterando. Y rezando me encuentro para que ni se le ocurra hacer nada pronto, que tarde en todo lo demás y que no me dé estos sustos, que no estoy para esto.

Por cierto, si esperabais que diese algún consejo sobre los dientes, poco puedo aportar. El señorito no ha dicho ni pío ni ha estado rarito ni ha llorado ni na de na; eso sí, babas por doquier. Ay, pero si algo odio del tema dientes es ese momento en que un paleto sale antes que el otro. Lo sé, sólo son unos días pero los bebés tienen el aspecto de El Risitas «cuñaoooo» y me supera 😉  Y ahora contadme, ¿cómo lleváis estos procesos de cambio?

Al teatro con los niños, ¿cuándo?

Muchos padres nos preguntamos a qué edad pueden empezar los peques a hacer determinadas actividades o acudir a ciertos eventos. Una de esas cosas que nos apetece muchísimo es llevarles al cine por primera vez aunque suele ocurrir que siempre lo hacemos antes de tiempo. Que sí, que puede que el peque se divierta un rato pero retener la atención de un niño a edades tempranas durante más de una hora es complicado, y pedirles que no se muevan más allá de un radio de metro cuadrado ya es misión de alto riesgo. Yo llegué a la conclusión de que a partir de los 4 años comienza a ser un buen momento para llevarles al cine.

Este fin de semana fuimos con los peques al Auditorio del Centro Niemeyer de Avilés a disfrutar de música en directo: Petit Pop en Silenciópolis (último día para el sorteo del disco-libro aquí). Sobra decir que este tipo de eventos les gusta más que lo del cine. Básicamente porque los niños pueden interactuar cantando, bailando, aplaudiendo, saltando. Y os juro que en el teatro había niños super entregados dándolo todo. No sabría deciros cuál es la edad recomendada para comenzar a ir pero creo que esa decisión va a depender mucho del espectáculo. Bueno, ya os puedo adelantar que los 5 meses de Gabriel son una etapa prematura para esto pero es que este niño es lo más parecido a un santo y allí estuvo, observando tan tranquilo. Él ya debe tener claro que vamos en tropel a todas partes y eso incluye entrenamientos y partidos de Alfonso, natación de Rafa, las excursiones a la montaña… ¡es un todoterreno feliz!

Tanto Alfonso como Rafa estuvieron ensimismados durante toda la actuación y escuchando el cuento sin perder detalle pero, como no se sabían las canciones, lo de cantar y bailar no pudo ser. Teníamos que haber comprado el disco-libro antes para escucharlo los días previos y así ir más a tono. Esto me pasa a mí cuando voy a un concierto de Bon Jovi y no me sé algunas de las canciones de los últimos discos, que por mucho que quiera inventarme la letra, pues no cuela y me quedo con las ganas. Así que mi recomendación es que, si vais a un evento de este tipo, sea para ver algo con los que los peques estén muy familiarizados, así interactuarán más.

Y otra cosa a tener en cuenta es la duración. Cuanto más pequeños, menos tiempo debe durar la actuación. A un niño de 8 años le puedes tener dos horas cantando lo que le gusta, pero a uno de 4 o 2 años, es mejor no pasar de la hora. Y la hora de la siesta es también un factor a tener en cuenta 😉 Para mí estas cuestiones que os he mencionado son claves si queréis llevarles a un acontecimiento de estas características. ¿Ya habéis llevado a los peques al teatro o algún concierto?, ¿con qué edad?, ¿fue un acierto?

En forma tras el postparto: deporte y más

Tras escribir la semana pasada un post sobre ciertos cambios en la alimentación por aquello de recuperar el tipín (en la medida de lo posible, no esperéis milagros), hoy toca hablar de deporte. Cuando empecé a ir al gimnasio en el último trimestre del tercer embarazo tenía claro que, en cuanto naciese el peque, no volvería. Básicamente porque no tendría con quién dejar al bebé. Vale, y porque soy de las que abandono en cuanto tengo una excusa (aunque en este caso fuese algo más que una disculpa 😉 ). No, no me gusta en general hacer deporte pero reconozco que las clases de zumba me engancharon. Tanto que estuve bailando y saltando hasta la misma semana que di a luz. Y tanto, que conseguí que mi padre se quedase con el bebé una vez pasó la cuarentena y así continuar con esa racha «deportiva» de mi vida.

Con mi barriguilla de 8 meses levantando pesas.

 

Lo primero que os digo es que hay que olvidarse del ejercicio hasta que vuestra matrona o ginecólogo hagan la revisión pertinente una vez transcurridas las 5-6 semanas desde el parto. Así que, hasta entonces, a dar paseos. Y después, hay que elegir el ejercicio en función del estado de vuestro suelo pélvico. Yo pude volver a zumba porque en mi caso estaba intacto. Pero sé, por lo que cuentan otras mamás en las clases de hipopresivos (que justo terminan hoy en el Centro de Salud) que, con un solo parto, han tenido o tienen muchos problemas así que hay que descartar los deportes de impacto (baile, correr…). Y si decides hacer ese tipo de ejercicios, recomiendo compaginarlos con los abdominales hipopresivos. Además, según me explicó la matrona, existe un dispositivo, a modo de amortiguador, que se introduce en la vagina como un tampón y protege el periné durante la práctica de deportes de impacto. Pero no os puedo dar mi opinión porque no lo he probado.

Dicho esto, os cuento que yo abandoné el zumba dos meses después de retomarlo, es decir, cuando Copito de Nieve aún no tenía ni cuatro meses. Para una mamá reciente, el tiempo es oro. Dar una toma de pecho, vestir al bebé, llevarle a casa de mis padres y después ir al gimnasio a las diez de la mañana era una carrera contrarreloj y llegaba a las clases sudando la gota gorda. Y además, perdía la mañana entera así que me pasé al «running» (para mí sigue siendo footing 😉 ) Es cómodo porque empiezas en la puerta de casa y terminas en el mismo sitio, así que el tiempo que «pierdes» es el que corres; yo dedico media hora dos días a la semana, además no dependes de horarios de ningún tipo. Empecé hace mes y medio y para que veáis que estoy concienciada con esto de que las carnes fofas vuelvan a su sitio, me he apuntado a la Carrera de la Mujer. Mi único objetivo es terminarla. Admito sugerencias sobre playeros, tengo que hacer nueva adquisición.

He aquí la prueba de que voy en serio, por lo menos los próximos meses.

Y tras cuidar la alimentación y hacer deporte, que son dos cosas que cuestan lo suyo, siempre viene bien un apoyo. Si durante el embarazo, muchas os cuidasteis con cremas para evitar las estrías y os preocupasteis por tener la piel hidratada, después de dar a luz no debemos abandonar el hábito. Yo ahora mismo estoy usando la reestructurante corporal de Mustela para reafirmar los tejidos. En esta etapa es mucho mejor que cualquier anticelulítico y además es compatible con la lactancia. La verdad es que me gusta mucho por su olor y porque, 24 horas después de usarla, la piel está como si acabaras de echarte la crema, una gozada. Ya sabéis lo que opino de los cosméticos, son una ayuda pero no hacen milagros.

Y por ahora esto es todo en cuanto a cuidados, que ya es mucho teniendo en cuenta que me rodean tres fierecillas (bueno va, el pequeño es un santo), un marido que saca la Nocilla como postre en las cenas y que me acuesto a las mil para escribir un blog y otros trabajillos varios. Pero que digo yo que ¡se puede! Y vosotras, ¿os animáis?