¿Las mejores vistas de Asturias?

¿Las mejores vistas de Asturias?

Si pensáis que voy a resolver este enigma es que no me conocéis bien. Si alguien se atreve a responderme a esta pregunta ¡gallifante! Vamos, que sí, que soy yo muy clarita hablando y contando cosas pero no, en esto no me mojo. Básicamente porque es como si me pusieran delante un Goya, un Picasso y un Velázquez; no sabría con cuál quedarme aunque me «tira» mucho el último, así como me atrae más la playa que la montaña. Pero vamos al lío, que hace ya más de un mes que no os cuento nada de parajes que merecen la pena por estos lares (que son casi todos) y sé que muchas, básicamente las asturianas, lo agradecéis. Y para las que sois de fuera, así os doy un argumento más para venir por aquí.

Este puente estuvimos de casa rural con unos amigos de maridín, qué raro que nosotros hagamos este plan, ¿verdad? 😉 Y cada vez que estamos en contacto con la naturaleza ratifico mi teoría de que no hay nada mejor para ellos, ni para nosotros. Ellos descargan energía y los padres la cogemos, es como un intercambio. Ellos desfogan, nosotros nos relajamos sabiendo que no hay que preocuparse por las manchas, ni porque derramen nada, ni que algo se rompa… porque verdaderamente, ir de tiendas o comer en un restaurante, por ejemplo, son labores de alto riesgo que te dejan extenuada. Pero como siempre, me estoy enrollando así que os dejo las fotos y os cuento.

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Nos alojamos en una preciosa casa rural en Cadavedo, un pequeño pueblo entre Luarca y Cudillero, de unos 10 kilómetros cuadrados de extensión con poco más de 500 habitantes.

Allí es imprescindible visitar la ermita de la Virgen de La Regalina y su entorno, posiblemente el mejor mirador de la costa occidental asturiana. Las vistas son espectaculares. Y con la tranquilidad de que es una zona amplia y con vallas. No podéis perder de vista a los niños pero no hay zonas peligrosas como accesos a los acantilados. Se puede dejar el coche a pocos metros y dar un paseo tranquilamente. Fácil acceso con carritos y sillas.
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Difícilmente vais a encontrar un entorno tan bonito para haceros una foto. Por cierto, mi hijo mediano empieza a necesitar un corte de pelo 😉

Pues hasta aquí nuestra última salida por Asturias, una de tantas que hacemos. Espero que os sirvan este tipo de posts, me consta que en general os vienen bien ya que muchas de las que leéis el blog sois de esta tierra.

En forma tras el postparto: alimentación

Iba a escribir un único post sobre este asunto pero he decidido dividir la materia en dos partes porque veo que da para mucho. Aviso a navegantes, que nadie se me lance a la yugular, que no sé qué demonios le pasa a la gente por estos mundos 2.0 que, a la mínima, te quieren cortar el cuello. Lo digo porque, hace unas semanas, una bloguera con varios hijos y de viente plano, animaba a las madres a hacer deporte y alimentarse bien para estar en forma. A la pobre mujer le empezaron a llover críticas por todos lados diciendo que si ella no tenía un doctorado, que si era mala madre…

Desde mi punto de vista, algo desmesurado. Primero, porque es una bloguera con contenidos relacionados con el fitness así que, si la sigues, ya sabes lo que hay. Segundo, porque para ella será importante y encontrará tiempo de donde haga falta para estar en forma; otras, aunque tuviésemos todo el tiempo del mundo, no haríamos deporte a diario ni de coña. Y tercero, porque tendrá fuerza de voluntad para comer sano y eso creo que no es algo criticable sino lo contrario. Así que, por favor, relájense todos. La muchacha nos vende un buen cuerpo con esfuerzo, no es la Preysler vendiendo cremas.

Ahí la tenéis. Buena genética, sesiones de gimnasio y comida sana.

Cuidarse tras ser madre es igual de bueno que hacerlo antes, lo que pasa que, cuando una es joven y lozana y sus carnes está medianamente prietas, pues como que lo de cuidarse lo deja para otro ciclo vital. Pero cuando la gravedad empieza a hacer de las suyas, ya vas pensando que quizás hay que darle una ayudita al body para que la cosa no vaya a más. Y claro, los embarazos son un factor de riesgo para esto de mantener la «gravitación» a raya. Y ¡ojo! que aquí servidora se las prometía muy felices porque, después de dos embarazos, las consecuencias habían sido pequeñas. Pero todo lo bueno tiene su fin y la tercera preñez hizo estragos a pesar del zumba hasta la semana del parto. Tres meses después de dar a luz a Copito de Nieve yo seguía ahí con mis kilillos de regalo y la masa corporal floja, inconsistente. Y me dije a mí misma que era el momento de cambiar hábitos. Lo ideal es hacerlo por salud pero claro, si estás como una rosa pasa lo de siempre, lo dejas para otra década de la vida. Empezar por estética no me parece mal plan.

Así que me puse a ello. Nada de dietas, vamos ¡lo que me faltaba! Si algo he aprendido es que, cuando suprimes cualquier cosa de forma radical, acabas «cayendo» con todo el equipo y a lo bestia. Pero asumí que no se puede comer todos los días determinadas cosas como donuts, galletas, palmeras de chocolate o atacar el bote de Nocilla. Así que, entre semana, intento sustituir lo dulce por frutas, yogures o tortitas de avena. Hay veces que, con el ritmo que llevo, el cuerpo pide más y no puedo renunciar al sabor de algo azucarado. Así que tomo dos o tres galletas caseras ecológicas Paul and Pippa y me quito el «mono». Las hay saladas por si vuestro problema es que asaltáis más este tipo de comida. Para mí, han sido todo un descubrimiento, tienen menos calorías al estar hechas con harina de espelta en vez de harina de trigo.

Otra de las cosas que hice fue añadir un zumo natural a mis desayunos en lugar de zumos de tetra-brick, que suelen tener bastante azúcar. Por supuesto, hago cenas ligeras, lo cual no me cuesta porque lo he hecho casi toda la vida. Y esto es lo que me anima a cambiar algunas rutinas: saber que, en el momento en que algo se convierte en hábito, ya no cuesta tanto. Llevo algo más de un mes cuidándome y, sin ser grandes cambios ni prohibiéndome nada, ya por fin he perdido lo que me sobraba.

En la segunda entrega, la próxima semana, me centro en el deporte tras el postparto, donde también soy mujer de idas y venidas porque reconozco abiertamente que no me gusta. Pero claro, volvemos a lo de siempre: ya no es sólo cuestión de peso sino de gravedad, por lo que la alimentación no basta. Tendré en cuenta el cuidado del suelo pélvico que ya sabéis que ando yo fascinada con este tema. ¿Os cuidáis más o menos desde que sois madres?

Cuánto cuesta un hijo (parte 2)

Cuánto cuesta un hijo (parte 2)

Pues si me costó Dios y ayuda escribir el post sobre lo que supone el gasto económico de un bebé, no os podéis imaginar lo difícil que es exponer ahora el coste de un niño. Eso sí, la conclusión es la misma que en la primera parte: un hijo cuesta, más o menos, lo que quieras. Cuando se tiene un retoño, se renuncia antes a cosas o aspectos no materiales que a dinero, que también. Eso es lo que hay que tener claro desde el principio. Y dicho esto, vamos allá que el asunto tiene chicha.

Empezamos por un gasto ineludible: el colegio. Cierto es que la escolarización en España no es obligatoria hasta Primaria pero la mayoría de niños, creo que en torno al 97%, comienza a ir a la escuela en Educación Infantil. En esto de los colegios tenemos precios para todos los gustos. Están, por un lado, los públicos en los que no se paga nada (me refiero a cuota, luego entramos en más detalles). Por otro lado, están los colegios concertados que tienen un cupo (en principio, no obligatorio pero que casi todo el mundo paga) que varía en función del centro. Conozco quienes pagan 50 euros por trimestre, es decir, menos de 20 euros al mes y en nuestro caso, pagamos un poco más, pero muy poco. Creí que eso era lo habitual (ya me diréis vosotras porque tengo cierta curiosidad en este tema) hasta que en un post de Planeando Ser Padres sobre este asunto, hablaba de que en Cataluña había concertados donde las cuotas eran de ¡180 euros!, lo cual me parece excesivo teniendo en cuenta que están subvencionados.

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Y por último, están los colegios privados y ahí sí que el abanico de precios es muy variado y además ando un poco perdida porque es algo que no barajamos en ningún momento si queríamos tener familia numerosa. Pero lo que sí sé es que las cuotas mensuales más baratas rondan los 300 euros y, por lo visto, en Madrid hay un colegio en el que se pagan unos 1600 euros al mes. Vamos, que depende del cole puedes no gastar nada a dejarte al año más de 10.000 euros, aunque entiendo que esto no es lo habitual. A esto puedes añadir transporte y comedor. Si el cole te queda cerca de casa, eso que te ahorras. Nosotros, aunque tengamos la escuela cerca, decidimos que Alfonso se quedase a comer en el colegio. Y por lo visto, justo Asturias es una de las comunidades donde más barato sale el menú escolar. Vamos, que hay comunidades donde pagas 70 euros y otras más del doble. Como siempre, Spain is different.

Ahora, ya os digo que, si el niño iba a una guardería antes de empezar el cole, lo más probable es que os salga más barato (optando por cole público o concertado). La cuota del colegio de Alfonso, más el comedor, más la actividad extraescolar y el material escolar nos cuesta cada mes menos que la guardería de Rafa, y eso que es «económica». Luego está la ropa que lleven al centro. Alfonso va con el mismo uniforme que el del año pasado (recomiendo pantalones cortos 😉 ) y está perfecto. De hecho, lo usará Rafa. Del chándal del cole no puedo decir lo mismo, ya llevamos dos este curso. Además, en muchos colegios en los que se usa uniforme existen los roperos donde los padres ceden prendas que están en buen estado para que otros podamos comprar «de segunda mano». Sin ir más lejos, el otro día le cogí un jersey a Alfonso para el curso que viene por ¡¡¡2 euros!!!.

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El gasto en general en ropa para niños yo creo que es más bajo que en bebés. Primero, porque la indumentaria les dura toda la temporada (ya no crecen a las velocidades de etapas anteriores) y segundo, porque la ropa de bebé suele ser más cara. Aunque por contra, también destrozan más. Pero aquí, como en todo, depende de las marcas y de la cantidad de ropa que compréis. Eso sí, en calzado se gasta mucho más, dónde va a parar 😉

El gasto en actividades extraescolares varía en función de cuántas y cuáles elijas. Las clases de inglés, música o ballet, por poner un ejemplo, suelen ser más caras que los deportes. Nosotros ahora pagamos poco más de 15 euros al mes por el fútbol, vamos, que es bien barato. Y la natación, fuera del cole, parecido. Por ahora, no queremos apuntarle a nada más que a lo que realmente le apetezca. Ya hemos visto a niños de su edad que han dejado algunas extraescolares a mitad de curso porque iban protestando. En cuanto al material escolar, ese gasto aumenta cada curso pero ya os digo, eso sí, que en Educación Infantil no se hereda nada porque, más que libros, tienen cuadernos y fichas. Y calculad unos 100 euros a principio de curso.

Y creo que poco más que añadir. Obviamente, si trabajáis hasta tarde, es probable que quizás necesitéis pagar a alguien unas horas para que esté con los niños. Y podríamos seguir sumando en función de necesidades, como «colocar»  a los niños durante sus vacaciones escolares en campamentos, o en función de gustos, como puede ser viajar. Y si nos ponemos estrictos, podríamos calcular lo que supone una hipoteca de una casa de varias habitaciones comparada con una para una pareja pero eso ya es rizar el rizo. Hay muchas cuestiones que son prescindibles, pero vestir, alimentar y educar es inapelable y tiene un coste. Eso sí, cada familia hace sus números. ¿Os parece caro o barato tener un hijo?

Recomendaciones de abril

Aquí estoy, con la segunda entrega de recomendaciones de mamás artistas. En esta ocasión, son mujeres con unas historias distintas pero que tienen en común, además de ser madres, la pasión por lo que hacen. Así que, sin enrollarme mucho más, os voy a presentar sus creaciones, que estoy segura que os encantarán y creo que voy a crear una necesidad a más de una de vosotras 😉 Vamos allá:

Petit Moon: Vanessa es enfermera de profesión y dedica su tiempo libre a hacer joyas personalizadas de plata con los mejores acabados y con total garantía. Son diseños jóvenes, actuales y dirigidos a un público relacionado con la maternidad, embarazo, niños y familia. Las joyas se hacen a mano bajo pedido y, como son preciosas, están empezando a tener mucha éxito; además, sus precios son asequibles. Como he mencionado, Vanessa ya vive de su trabajo, la enfermería, pero quiere darse a conocer porque tiene mucha creatividad e ideas por ofrecer. Y ahora os voy a enseñar la pulsera tan preciosísima que me hizo con los nombres de mis peques; siempre quise tener una y estoy feliz con el diseño.

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 Os dejo los enlaces para que veáis lo que hace Vanessa:

Facebook de Petit Moon

Blog de Petit Moon

Fofuchas personalizadas Analía: No supe lo que eran las fofuchas hasta que recibí un mail de Analía. Me contó parte de la historia de su vida y me dijo que le apasionaba la artesanía; un día pensó en hacer algo para sorprender a su hijo por su cumpleaños y dio con las fofuchas; hizo uno del Barca que resultó ser un éxito entre sus conocidos. Así que, desde entonces, no ha parado de hacer fofuchas para un montón de gente. Sus creaciones son alegres, están hechas a mano y dedica a cada una de las figuras hasta ¡10 horas! Así que, si queréis un muñecote, un mini-yo de vuestros peques o no tan peques, algo exclusivo… esta es la creación perfecta. Cuando abrí el paquete que me envió Analía, me quedé alucinada. Ahí estaban mis tres peques convertidos en muñecos, con la misma ropita, playeros…todos los detalles iguales!!! Y a ellos les encantó aunque he tenido que advertirles que no es algo para jugar sino para ver y recrearse porque alegran cualquier rincón.

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Os dejo los enlaces para que veáis lo que hace Analía:

Blog de Fofuchas Analía

Facebook de Fofuchas Analía

Espero que os hayan gustado los trabajos de estas mamás. La próxima semana me centro ya en el blog y os cuento más cosas. ¡¡Que tengáis buen fin de semana!!

Contacto: nosoyunadramamama@gmail.com

Ideas para regalar a un bebé por menos de 30 euros

Ideas para regalar a un bebé por menos de 30 euros

Antes de nada, os pido disculpas por estar un poco ausente en este mundo 2.0 pero, de vez en cuando, tengo que hacer algún trabajillo como redactora desde casa y claro, como son cosas puntuales, no tengo ayuda con los peques así que me las veo y deseo para sacar tiempo y acabo acostándome a las mil. Así que hoy voy con un post breve pero que os puede servir a la hora de hacer un regalo a un bebé. Aprovechando que colaboro con Tubebebox y que tengo que valorar los productos que vienen en cada caja, os dejo mi opinión sobre lo que creo que es más útil en función de mi experiencia:

Pijama: A mí siempre me ha parecido un gran regalo, práctico y, sobre todo, muy útil. Con un pijama creo que siempre se acierta.

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Jamás había probado ninguna prenda de algodón orgánico, me he quedado alucinada con el tacto. Recomendado para casos de dermatitis atópica. Es de Poudre Organic. 30 euros.

Muselina: yo no sabía de su existencia hasta hace un par de años y andaba por casa con toallas de manos preparadas para cuando los peques regurgitaban. Sirven para muchas cosas, entre otras, para tapar al bebé, limpiarle cuando echa un poco de leche, taparte si quieres cuando le das el pecho…

Esta es de Pirulos y es muy cómoda porque es pequeña y la puedo llevar en la bolsa del carrito. Además, me encantan los diseños con estrellas. 8 euros aprox.

Juguetes para el baño: otro de esos detalles que puedes regalar y que sabes que van a ser éxito asegurado son los juegos para la hora del baño. En mi casa tenemos un arsenal y se pasan un buen rato jugando en la bañera.

Para los bebés más pequeños, lo mejor son animales, como este patito de Olmitos. 3,5 euros aprox.

Y para bebés más mayores, un libro acuático es perfecto. Este es de Saro. 6,5 euros.

Biberones: si la mamá opta por lactancia artificial o mixta, siempre vienen bien los bibes. Incluso, hay muchas mamás que los usan para que los peques tomen agua.

Biberón de Avent con innovador diseño de pétalos que permite un buen agarre.

Baberos: nunca está de más un babero, no sé los que hemos podido usar en esta casa, creo que es imposible calcularlo 😉 Pero si regaláis uno, podéis tener la certeza de que le va a dar uso.

Los de Maminébaba son muy suaves y con un estampados preciosos. 12 euros.

Cremas: regalar cosmética para un bebé siempre me ha parecido una gran idea. Y como en los anteriores productos, he de reconocer que es algo muy útil y que siempre es necesario tener.

Leche hidratante de Little Siberica, cosmética orgánica. 10 euros.

Lámpara quitamiedos: éste es una de esas cosas que hace tiempo no se me hubiera ocurrido jamás regalar a un niño o bebé pero ahora que tenemos en casa, sé que es un ¡acierto!

Rafa con la luz ardilla de Tubebebox. 10 eutos (la ardilla, no el niño 😉  )

Estas son sólo algunas ideas para hacer regalos a un bebé, hay muchas más pero creo que Tubebebox hace una selección magnífica, estoy encantada porque estoy descubriendo nuevas marcas que no conocía. Y si alguien quiere regalar todos los productos juntos, que sepáis que la caja, cuyo valor real es de más de 100 euros, cuesta 59 euros. ¿Qué otros regalos haríais a un bebé?, ¿conocíais las marcas?

Con la música a todas partes

Me gusta mucho escuchar música. Cuando me ducho, cuando conduzco, cuando limpio… siempre que puedo. Por supuesto, tengo mis preferencias y si una canción me llega, puedo oírla una y otra vez durante una larga temporada. En esto, el que ha salido a mí es Rafa. Llevamos un mes cantando el Señor Don Gato y lo tengo hasta en la sopa pero claro, cómo le voy a decir yo que lo deje cuando, de repente, me ve en plan flipada cantando por casa a Bon Jovi. La última vez que el gordi observó la escena fue esta semana y me preguntó que porqué hacía eso. Fría me quedé, empieza ya a sentir vergüenza ajena 😉 Alfonso es menos cantarín pero oye, también se entusiasma más de la cuenta con Bon Jovi; es lo que tiene haberle llevado en el vientre a un concierto del grupo.

Bueno, el caso es que siempre que pongo música en el ordenador tengo que estar controlando porque como les deje tocar el invento, me lo estropean fijo. Sin embargo, no se me pasó por la cabeza comprarles nada para escuchar canciones por la misma razón, porque lo que tocan es susceptible de irse al garete. Hasta que descubrí un artilugio que les tiene enganchados y pueden tocarlo, tirarlo, encenderlo, cambiar de canción… cuando quieran sin tener que estar yo detrás de ellos ni agobiada porque se lo carguen. Es un mp3 para niños, en realidad es el único que existe exclusivamente para ellos. Se llama Ocarina.

Es super sencillo de usar porque solo tiene cuatro botones. Os juro que no se rompe y mi cuñada puede dar fe porque el fin de semana se lo dejé a mis sobrino de 11 meses y no paró de trajinar con él con sus correspondientes impactos. Lo conectas al ordenador y pasas las canciones o cuentos que te apetezca y le das el aparato al niño y puede bregar con él por cualquier lado. Mira que soy muy reacia a la tecnología para niños, en esta casa entre semana ni se enciende la tv y por ahora, ni tablets ni nada. Pero esto es como el típico cassette que teníamos de pequeños salvo que mucho más práctico, más resistente, más ligero.. hasta Gabriel puede agarrarlo.

Cantar lo hace bien pero el baile no es lo suyo 😉

Estoy muy contenta con esta adquisición. Y más cuando tengo un niño (sí, Rafa, el de siempre 😉 ) al que no le gustan nada los dibujos animados y no consigo retenerle sentado más de dos minutos con nada. Por eso vi la luz al observar que con el mp3 está más contento que chupito. Y para que no me ponga la cabeza como un bombo, he metido, como quien no quiere la cosa, un par de cancioncillas de Bon Jovi. Además, para las que queráis que los peques os tengan muy presentes cuando no esteis con ellos, también podeis grabaros a vosotras, o a quien queráis, vamos. ¿Os gusta?

Comenzamos hipopresivos

Comenzamos hipopresivos

Lo prometido es deuda. Cuando acabó «oficialmente» mi tercer postparto hace algo más de dos meses, escribí un post sobre cómo había ido la revisión con las matronas y os contaba que mi suelo pélvico estaba en un excelente estado a pesar de tres embarazos y sus correspondientes partos vaginales. En ese post os mencioné los abdominales hipopresivos; a algunas os sonaba el tema y otras no habíais oído hablar de ellos nunca así que os cuento antes de pasar a relatar cómo fue la primera clase y mis impresiones. En cualquier caso, creo que el asunto tiene mucho interés.

Este tipo de ejercicios son perfectos para la salud del suelo pélvico, un conjunto de músculos y ligamentos cuya función es sujetar órganos como la vejiga y el útero, entre otros. Durante el embarazo, por el peso que sostiene, puede debilitarse. ¿Qué ocurre cuándo se debilita el suelo pélvico? Pues que puedes tener problemas como incontinencia urinaria o disfunciones sexuales. Para las que quieran más detalles, os dejo un enlace a una web que hizo una mamá al darse cuenta del desconocimiento sobre esta materia. Yo en esto ya no me extiendo más y voy al grano con mi propia experiencia.

Fui a mi centro de Salud, donde las matronas son maravillosas porque se curran hasta esto de cuidarnos después del parto, y allí estábamos unas 15 chicas. No todas éramos «recién paridas», había alguna de más edad e incluso, algunas que nunca habían dado a luz. Cuatro íbamos con churumbeles incluidos: mi matrona me riñó porque cree que no es normal que mi hijo se despierte y no proteste lo más mínimo, igual cree que lo tengo abandonado 😉 Ya le dije que mis hijos, de bebés, son santos. Después de la breve charla sobre los abdominales y la fisionomía de nuestro cuerpo, pasamos a la sala donde se dan las clases de preparación al parto. Y señoras, ¡cómo sudamos! Hombre, igual no como en una clase de zumba pero la cosa tiene su complejidad.

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He aquí la postura que mantuvimos durante media hora. Sí, el que está entre mis piernas en Gabriel.

Para mí, la dificultad está en mantener la posición que, como habéis visto en la foto, es como poco engorrosa. Y luego, controlar la respiración de forma que las costillas se abran. Por Dios, ¡cómo demonios se abren las costillas! En fin, la técnica no es fácil, por eso el curso es de cinco sesiones. Os volveré a contar cuando termine porque, aparte de fortalecer el suelo pélvico (a lo que también ayudan los ejercicios de Kegel), se reduce la cintura (aunque a servidora lo que le sobra es cadera y culamen), mejora el dolor de espalda y las relaciones íntimas. Vamos, todos son ventajas. ¿Os animáis?

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Os pongo esta foto para que veáis que aún me queda mucho que practicar para poder alcanzar ese grado de apertura de costillas 😉

Los niños y la naturaleza

Los niños y la naturaleza

He vivido toda mi vida en la ciudad y me gusta. Sin embargo, me he criado al aire libre. Creo que, al ser cuatro hermanos seguidos (tres varones), necesitábamos una vía de escape y mis padres la encontraron en la naturaleza, en lugares donde poder correr, lanzar piedras, trepar árboles, coger palos, mojarnos… Además, mi padre, por entonces, era pescador de río y mi madre una aficionada a la playa así que raro era el fin de semana que nos quedábamos en la ciudad. Por no hablar de las horas que pasábamos en la casa de prao de mis abuelos, donde hay infinidad de árboles en los que construir guaridas, colgarse… podíamos pasar tardes sin necesitar ningún juguete ni a ningún adulto.

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Pasar tanto tiempo en el río me permite distinguir sus truchas de las de piscifactoria. Vale, no sirve de gran cosa pero el saber no ocupa lugar 😉 Y sí, la de los rizos soy yo de niña.

Todo esto ha hecho que, para mí, sea una necesidad salir de casa con los peques; los techos no están hechos para esta servidora. También es cierto que tengo poca imaginación para entretener a los niños y sé que estando en la montaña, en la playa, en el río… ellos encontrarán allí el mejor pasatiempo. Y además, es gratis. ¿Porqué os cuento esto? Pues señores, ya tenemos nuevo entretenimiento: un huerto. Sí, mi padre ha decidido plantar lechugas y tomates en el jardín. Así que, entre éste y el que hay en el cole de Alfonso, estos críos se van a hacer expertos en cultivo.

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Resulta que tengo un padre hiperactivo, física y mentalmente. Porque ya me diréis qué persona, siendo Catedrático de Ingeniería Mecánica (Doctorado y Cátedra que se sacó trabajando y ya con cuatro criaturas), se apunta a la UNED para estudiar Arte después de jubilarse. Ya ni hablo de las decenas de cosas que hace cada día. Y como no puede parar de pensar y de hacer y deshacer, decidió montar un huerto en casa. Claro que, yo encantada. Porque resulta que tiene un montón de ventajas para los niños:

1. Relaja: a Rafa le viene de lujo cualquier tipo de relajación 😉 Que conste que lleva una temporada como la seda.

2. Les hace observar y tener paciencia: esto a Alfonso le va a sentar muy bien porque el crío es muy inteligente para memorizar pero vive en un continuo despiste en cuanto a contemplación de lo que pasa a su alrededor.

3. Entienden que de la naturaleza vienen muchas cosas que comemos: porque claro, ellos piensan que los tomates, la leche y demás alimentos salen del supermercado.

Vamos, que el contacto con la naturaleza sólo trae ventajas. Eso sí, deja secuelas en la ropa pero oye, lo que sea con tal de que troten y campen a sus anchas. Soy de las que cree que los niños tienen que aprender a divertirse solos. Está muy bien eso de jugar, compartir tareas y labores con ellos pero parece que hoy en día hay que ocupar todas sus horas con todo tipo de actividades para estimularles cuando realmente lo único que se consigue es que todo les aburra. Señoras, los grandes genios eran autodidactas y muchos de sus descubrimientos los hicieron observando el comportamiento de la naturaleza. Que se lo digan a Newton, ¿o no?

¿Cuánto cuesta un hijo? (parte 1)

¿Cuánto cuesta un hijo? (parte 1)

Este es uno de esos post que me resulta muy complicado escribir (lo hago por petición de una lectora de este blog y a la vez bloguera). Y es que un hijo cuesta lo que tú quieras. Y entendme bien, un crío supone unos gastos mínimos, eso es evidente, pero muchos dependen de tus prioridades o decisiones, vamos, que algunos desembolsos son prescindibles. Por otro lado, cuando eres madre, dejas otras muchas cosas de lado. Porque si yo no tuviera tres hijos, lo más probable es que saliese a cenar y tomar unas copillas con mi pareja todos los fines de semana, o que nos marcásemos un viaje cada verano. O seguramente, me compraría más ropa. Y oye, una cenita en pareja y unas copas para dos te llevan, aquí en Asturias, unos 70 o 100 euros, multiplicado por cuatro fines de semana me salen más de 300 euros al mes. Hablo, obviamente, de una pareja en la que los dos trabajen y tengan un sueldo medio (siempre voy a intentar ser lo más aproximada a la clase media)

Mientras tanto, en este momento, Gabriel me cuesta 40 euros mensuales en leche de fórmula (ahora sólo doy una toma al día de leche materna). Si le diera exclusivamente de mamar, me costaría 0 euros. Y si en vez de pagar 10 euros por bote de leche en polvo, me gastase 25, estaríamos hablando de 100 euros. En resumen, los primeros meses de vida puedes gastarte en alimentación desde 0 euros, es decir, nada, hasta más 100 euros. Luego está la ropa, que a mí me sale gratis porque el peque, para los dos primeros años de vida, tiene ropa heredada al ser sus hermanos varones y nacidos en la misma época. Pero si hubiera sido una niña, aún tratando de aprovechar ciertas cosas (bodies, pijamas…) hubiera tenido que gastarme algo de dinero, y aquí sí que no puedo calcular el gasto que supone un bebé porque depende mucho de los regalos que recibas y de los sitios donde compres. Así que ni intento hacer una aproximación.

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Estilismos que han usado Alfonso y Rafa, y que el próximo otoño usará Gabriel. Todo se aprovecha.

Y si es el primer hijo, tienes que hacer un importante desembolso en ciertas cosas que son  más o menos necesarias (cuna, carrito, cambiador, silla para el coche…). En este sentido, a nosotros nos regalaron muchos artículos nuestras familias. A otras parejas que conozco, les dejaron un montón de cosas sus amigos u otros familiares. Algunos tuvimos también la suerte de que el primer hijo lo tuvimos cuando existía el famoso «chequé-bebé» de 2500 euros que nos vino muy bien teniendo en cuenta que fue cuando tuvimos al primero. Así que, depende de si os dejan cosas, si os regalan, o lo tenéis que poner todo de vuestro bolsillo, podemos hablar de cifras totalmente dispares. Y después depende de las marcas que elijáis; un carrito (con capazo, silla y chasis) os puede costar desde 300 hasta más de mil euros. Una prueba más de que el coste económico de los hijos puede variar mucho.

Sino trabajas, no tienes porqué recurrir a una guardería, por lo tanto, mientras el niño esté contigo, te sale gratis hasta que lo escolarices. Y si trabajas, dependiendo del horario (unas horas, media jornada o completa) y de si come en la escuela infantil o no, puedes gastarte desde 100 hasta 400 euros. Así que para que veáis las diferencias. ¿Por qué renuncié hace casi dos años a un trabajo? Porque implicaba que yo estuviera fuera de casa de 9 de la mañana a 9 de la noche (sí, no es legal trabajar más de 8 horas diarias salvo que se paguen como extras o se te devuelvan, pero os aseguro que me enteré muy bien del ritmo de trabajo de la empresa). Por entonces  hubiera tenido que pagar dos guarderías el día completo (unos 300 euros por niño, es decir, 600) y remunerar a alguien a las 5 de la tarde para que les recogiese y les cuidase hasta que llegáramos a casa Calculo que, entre escuelas y niñera, me iba a dejar más de 900 euros. En el trabajo me iban a pagar 1100 euros pero no iba a ver a mis hijos. Entiendo a quien lo hace, yo decidí no hacerlo y es igual de respetable.

Hasta para las vacunas puedes no gastarte un euro (dependiendo de la comunidad autónoma) o gastarte más de cuatrocientos. Con este simple ejemplo ya veis las diferencias que se dan a la hora de tener un hijo. Y eso que hasta ahora he hablado de bebés. Para otro post dejaré a los niños un poco más mayores, pero es que ya se está alargando mucho el texto. En cualquier caso, sí que os digo que tener hijos es más una renuncia personal que económica (que también). El que quiere hijos, normalmente, está dispuesto a renunciar a lo que haga falta, tanto material como personalmente. Porque esto último es donde más se nota el «coste» de un hijo. A mí, desde luego, me compensa tener tres. ¿Y a vosotras?

Pasar del capazo a la silla: cuándo

Pasar del capazo a la silla: cuándo

Que te escriba por whastApp la que ha sido tu jefa para preguntarte cuándo vas a pasar a tu hijo del capazo a la silla ya es como para tomarse en serio eso de que eres una madre experta. Supongo que tener tres  ya hace pensar que algo de experiencia vamos cogiendo. Y si puedo dar algún consejo, lo hago encantada, basándome en mis propias experiencias. En cualquier caso, uno de los cambios más sencillos con los que me he encontrado como madre es el del pasar del capazo a la silla. En su día, con mi primer hijo, no pregunté a nadie, simplemente observé:

1. Que la criatura ya tenía ciertos problemas de movilidad dentro del capazo: Tanto Alfonso como Gabriel han tenido prácticamente en todas las revisiones un percentil de altura del 97% y llegados a los cuatro meses, me pareció que aquello ya no podía resultarles cómodo. Y menos si alguno es aficionado a dormir con los brazos hacia arriba, como le ocurre al peque, al que precisamente cambié antes de Semana Santa, el mismo día que cumplió 4 meses. Como veis en la foto, creo que el tamaño es un factor importante para dar el salto.

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2. Que el churumbel empiece a protestar cuando está despierto: De repente, de la noche a la mañana, tu bebé ya no quier estar dentro. Ves que protesta y cuando no estás en movimiento, te dice que «tararí», que ni de broma, vamos, que lo metes allí para dormir un ratito mientras estás en un restaurante o en casa de la abuela y acaba en tu regazo mientras intentas comer. Yo esta tercera vez, me di cuenta justo en un restaurante del que os hablé en otro post la semana pasada. Se ve que ya quieren curiosear y enterarse de lo que pasa a su alrededor. Y para eso, mucho mejor la silla.

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Donde esté la sillita para poder cotillear, que se quite todo lo demás. Gabriel feliz en la silla de Bugaboo

Esto suele ocurrir en torno a los cuatro meses, por lo menos así ha sido con mis tres peques. A mí me da cierta pena porque se van quemando etapas y te das cuenta de que el tiempo con ellos pasa volando. Que enseguida empezaremos con las frutas, las verduras.. y cuando me dé cuenta, tendré a Copito de Nieve andando. De cualquier manera, lo estoy disfrutando como una loca, como lo hice con cada uno de ellos. ¿Cuándo hiscisteis en cambio?, ¿qué notasteis para dar ese paso?

Cuando tu hijo habla más de lo «normal»

Cuando tu hijo habla más de lo «normal»

En mi casa no somos precisamente discretos en esto del habla. El mayor ha salido a maridín, los dos hablan por los codos con cualquiera y se detienen a contar cada detalle de un acontecimiento. En esto, Alfonso se lleva la palma; como quiera contarte algo con pelos y señales, ponte a temblar porque se tira diez minutos de reloj para narrarte una jugada de fútbol del recreo del cole. Mientras tanto, el mediano y yo somos muy charlatanes pero a la vez selectivos, en cuanto a la gente a la que soltar el rollo y en cuanto al vocabulario, que ahí no escatimamos. En el post de hoy me voy a detener en el tema de Rafa porque es absolutamente asombroso y, por supuesto, divertido.

Justo hace dos años que escribí un post sobre cómo hablaba Alfonso y me he dado cuenta de que su hermano mediano le da mil vueltas con la misma edad. ¡Ojo! cada niño a su ritmo pero oye, ahora lo que estoy viviendo es la experiencia de un crío que, con dos años y cinco meses, se expresa con la misma facilidad que un niño de 4 años (eso sí, con quien le da la gana). Dicen que entre las edades de dos y tres años, el vocabulario de un niño aumentará hasta las trescientas palabras (insisto, cada uno a su ritmo) y os aseguro que el gordi hace ya tiempo que es capaz de referirse prácticamente a cualquier cosa. Ya le sorprendió a la pediatra en la revisión de los dos años y ya nos lo dicen en la guardería. Pero vamos a lo divertido del asunto, ¿qué pasa cuándo tu hijo habla más de lo habitual?

Las "notas" de Rafa de la guardería.

Las «notas» de Rafa de la guardería.

1. Utilizan expresiones de mayores, vamos, que no les pegan nada: es frecuente que empiece a contarte cosas con frases como ¿y sabes qué?. Si te da por cachondearte te salta con un ¿de qué te ríes? Y por supuesto, es muy típico que acabe una frase con un ¿sí o no?

Ahí lo tenéis, el verano pasado, con 21 meses, hablando cual barriobajero 😉

2. Tienen conversaciones surrealistas para llevarte a su terreno: son capaces de volverte absolutamente loca. He aquí un diálogo (de besugos) de la pasada semana.

Yo: Rafa, ponte las zapatillas.

Rafa: ¿Las zapatillas?

Yo: Sí, las zapatillas.

Rafa: ¿Las zapatillas?

Yo: Sí, Rafa, ponte las zapatillas.

Rafa: ¿Los playeros?

Yo: No, las zapatillas.

Rafa: ¿Los playeros?

Yo: Ponte lo que te dé la gana.

3. No te dejan hablar por el móvil: Sí, que eso es muy típico de todos los niños y bebés porque les gusta más un móvil que un caramelo. El problema es que, no sólo te lo intenta quitar, sino que mientras tú intentas tener una conversación con tu santa madre, el niño no hace otra cosa más que decir Abuelaaaaa, ¿qué tal? Y venga a hablar y hablar. El problema es que esto te lo hace un crío de 4 años, le dices que deje de charlar que si no no hay parque, y más o menos lo entiende. Con dos años, directamente se la trae al pairo.

4. Se saben todo el repertorio de canciones infantiles existentes en el mundo: Sí, desde el Señor Don Gato hasta el Patio de mi casa, pasando por los villancicos que, en su caso, son atemporales y se cantan en cualquier situación y momento del año. No exagero si digo que, ahora mismo, ya se sabe casi completas una veintena de canciones, incluyendo el Vivir, vivir de Marc Anthony (pruebas en Facebook). Creo que Alfonso, con esta misma edad, se sabía un par, y como mucho. Esto es divertido para un rato pero a veces resulta una tortura porque me doy cuenta de que voy por la calle tarareando eso de ya lo llevan a enterrar, por la calle del pescado, maramiamiaumiaumiau…

En fin, el tío es divertido de narices y llama la atención cuando habla, para qué os voy a engañar. No os podéis imaginar la de veces que maridín y yo nos tenemos que dar la vuelta para reírnos porque dice algo que nos deja fuera de bolos. En Instagram cuelgo de vez en cuando algunas de sus perlas (en breve le hacen club de fans). Y vuestros peques, ¿han sido precoces o se han hecho de rogar?

Con niños en Burgos: consejos e ideas

Con niños en Burgos: consejos e ideas

Mira que soy yo de las que se lían la manta a la cabeza con una facilidad pasmosa pero oigan, cada día tengo más claro que esto de las vacaciones con niños son cualquier cosa menos vacaciones. Que si uno no quiere comer esto, que si el otro no quiere irse a dormir, que si el bebé (sí, ese que ya dormía 11 horas del tirón) no duerme más de 4 horas seguidas… Pero oye, es llegar de nuevo a casa, poner un poco de orden y aquí ya se comen lentejas sin protestar y ya se duermen rigurosamente todas las horas del mundo, ¡qué gustazo! Aún así, no lo voy a negar: estamos agotados pero los niños se lo pasan como los indios cuando hay planes distintos.

Esta vez nos tocó ir de casa rural. Ya tenemos cierta experiencia y es lo más práctico. Sobre todo cuando nosotros aportamos tres niños y mis cuñados tres niñas (sí, en esta familia no se hizo un buen reparto 😉 ). Y aún siendo el plan más cómodo del mundo, maridín preparó rutas por medio Burgos y claro, podéis imaginaros el plantel entrando en los restaurantes con dos sillas gemelares y una individual, ver para creer.  Así que voy por partes y os dejo recomendaciones a tener en cuenta por si vais por estos fríos y bonitos lares de España. Por cierto, la casa rural nos encantó, es de lo mejorcito que he visto en cuanto a instalaciones y con un señor jardín. Dicho esto, voy por partes:

1. Aranda de Duero: de todos los sitios que os voy a mencionar, éste es para mí del que hubiera prescindido (que nadie de Aranda se me lance a la yugular). Es que los otros lugares me gustaron muchísimo. En cualquier caso, lo que más me cautivó fue la impresionante Iglesia de Santa María la Real (que estaba cerrada) con una fachada maravillosa y me encantó su Plaza Mayor con un montón de terracitas donde tomar algo. Si sois de buen comer, os recomiendo el Mesón El Pastor. Eso sí, ya os digo que hay que subir escaleras (tienen tronas), pero vamos, eso nos pasó en todos los restaurantes a los que fuimos. Confieso que estuvimos en muy buenos sitios, ya que mis suegros invitaban 😉

Y además del cordero, ese pan típico de Burgos está de muerte.
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Un paseo por la margen del río también es muy recomendable.

2. Lerma: en resumen, me encantó. Eso sí, la Villa Ducal está empedrada y tiene muchas cuestas. Vamos, la cuenta para ir con la Maclaren gemelar, os podéis imaginar que a maridín le van a convalidar un curso de pesas anual por semejante paliza. Lo sé, Alfonso es mayor para ir en silla pero oye, que si hay que pasear, está muy cansado. Eso sí, dale una portería y no parará de jugar y correr en dos horas, ¡estos críos! Lo dicho, vamos al lío, allí no podéis dejar de ver el Palacio Ducal (que es ahora Parador Nacional), la Colegiata de San Pedro y el monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor o Convento de Santa Clara.

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3. Covarrubias: Sorpresa absoluta, no me sonaba de nada esta villa y me quedé impresionada. Tiene muchísimo encanto, os recomiendo de veras visitar este pueblo si hacéis ruta por la provincia de Burgos. También está empedrada pero sin apenas cuesta, lo cual se agradece. Paseando por sus calles os encontraréis la Colegiata de San Cosme y San Damián, que es espectacular por dentro. Para comer, son típicas las alubias rojas en Casa Galín, en la preciosa plaza Doña Urraca.

4. Monasterio de Santo Domingo de Silos: sólo por haberlo estudiado en Arte en el colegio, mereció la pena; es una maravilla. La visita es guiada (cuesta 3,50 euros y dura unos 40 minutos) y en ella se ve el claustro, la botica y el Museo. Tuvimos la suerte de que fuese uno de los monjes el que nos lo enseñase y cómo se notaba que venía de una familia numerosísima (10 hermanos) porque fue un encanto con los peques. Oye, a ver si os creéis que soy muy cotilla. Resulta que estaba la madre del monje allí (se ve que estaba de visita) y al vernos con tres churumbeles se emocionó 😉 y obviamente nos contó detalles de su vida. Más majos ella y el religioso. Y después, fuimos a la Iglesia de San Sebastián a escuchar el canto gregoriano, suele llenarse así que es mejor ir quince minutos antes de que empiece. Y además, no sé si siempre es el mismo monje el que hace la introducción, pero tenía gracia porque decía, muy formal él, que aquello era un rato de oración y que no creía que a nadie le fuese a llamar Dios al móvil. Razón no le faltaba.

 

5. Burgos: Yo ya conocía Burgos; de hecho, fuimos cuando Alfonso tenía unos 8 meses y nos recorrimos la ciudad de cabo a rabo así que esta vez nuestro paso por allí fue breve. Pero vamos, que a mí no me importa repetir porque me gusta muchísimo y en cualquier esquina ves algo bonito. Eso sí, el viento viene frío de narices. En cualquier caso, nos os podéis perder (en realidad, es imposible no verla) la Catedral de Santa María La Mayor, es sencillamente espectacular. Y bueno, para comer dicen que Casa Ojeda es el lugar más mítico e impresionante de la ciudad, puedo dar fe de que se come de lujo. No tienen tronas y hay escaleras pero si dices que vas con niños, lo tienen en cuenta a la hora de situarte.

Y estas fueron nuestras vacaciones de Semana Santa, en un punto intermedio entre Asturias y Zaragoza, rodeados de niños, paseando sin parar y comiendo de maravilla. Como veis, no estamos nunca quietos; en realidad, no sabemos parar. Así luego se agradece tanto la rutina. Espero que el post os sea útil a quienes estéis pensando visitar esta zona de España.