Si hay un duelo invisible es el que viene tras la muerte de un bebé en el útero. Nadie les ha puesto cara pero sus madres ya han conectado y han hecho un plan de vida para ellos. La pérdida de un hijo durante el embarazo, especialmente en fases avanzadas, es un golpe para las mujeres que lo sufrimos y que además debemos pasar por un parto traumático. Visibilizar, saber que esto a veces ocurre, saber acompañar a quienes pasamos por ello es algo que la sociedad debe hacer. En este episodio hablo con Virginia del Río, cuyo hijo, Uriel, falleció en la semana 39 de gestación. Desde sus redes sociales, Tengo una estrella, visibiliza esta situación por la que pasamos muchas mujeres.
No es que me dé por vencida a estas alturas, porque ya lo asumí hace meses: «Mi bebé no quiere chupete». Pero también os digo que, antes de ser madre, creí que sería algo que sabría pronto y, sin embargo, descubrí con mi hijo mayor que lo del gusto por el chupete puede suceder cuando ya han superado el medio año de vida, cuando ya das por hecho que no le interesa. De hecho, no te sorprendas si tu bebé le coge gusto cuando le salen los dientes, por ejemplo. Por eso, aunque Aurora no quiso chupete los primeros meses, en mi interior creí que más adelante lo aceptaría con gusto, ya que los tres niños lo usaron. La verdad que no mucho, no eran dependientes, pero lo usaron. Ella decidió que ni poco ni mucho, ni pronto ni tarde.
Lo cierto es que te adaptas a lo que te toca y punto. No hay más historia. Pero que el chupete es un aliado en momentos puntuales, pues eso también es cierto. Porque el chupete tiene muchas ventajas: calma a los bebés, les ayuda a dormirse, les alivia cuando tienen algún dolor… Como veis, no es poca cosa. En realidad, son bastantes los momentos en que nos puede ayudar algo tan simple. Parece mentira lo mucho que puede llegar a hacer.
¿Lo he echado de menos en algún momento? Sí. Aurora ha sido a la que más le ha costado dormir y el proceso de dentición fue el más tedioso de los cuatro. ¿Casualidad? Pues no lo sé pero que, obviamente, me hubiera venido bien «tirar» de chupete en esas situaciones y que algo hubiera mejorado las circunstancias, probablemente. Pero lo dicho, cuando no puedes usar algo, te acostumbras y listo. No hay más historia. Obviamente, no usarlo, implica que dentro de unos meses no tendré que quitarle algo que le gusta. Es cierto que los niños lo dejaron sin problema alguno pero hay bebés a los que ese proceso, les cuesta.
Mi bebé no quiere chupete, ¿puedo hacer algo?
Pues diría que poco. A ver, lo que sí se puede hacer es ofrecérselo a menudo. A veces, lo intentamos cuando son muy bebés (ojo con no interferir en las primeras semanas de lactancia) y guardamos el chupete para siempre. Como os digo, mis hijos no lo quisieron durante bastantes semanas, incluso meses, y luego sí lo quisieron usar. Otras veces, lo intentamos sin más en cualquier momento y ellos lo rechazan pero quizás no damos con el momento adecuado. Quizás lo estamos intentando por el día y resulta que sólo les sería útil para dormir. Pero vamos, creo que si llegan al medio año y lo han rechazado en varias ocasiones y circunstancias, ya sabemos lo que toca. Olvidarnos.
La experiencia con los productos de puericultura es muy personal. Es decir, hay quienes compran una cuna y luego descubren que apenas la usan, por poner un ejemplo. Yo misma he usado poco algunas de las cosas que he comprado. Sin embargo, hay otras que puedo decir que me han facilitado la vida y que han sido «baratas» (aunque no lo hayan sido) por todo el uso que les hemos dado y que se convirtieron en imprescindibles para el bebé. Lo que sí os digo es que, si vais a ser madres por primera vez, no tengáis mucha prisa en comprar de todo. Yo, que soy de bastante planificación, descubrí cuando nació Aurora que no pasa nada por no tener la sillita en casa montada, ni la cuna, ni nada.
De cualquier manera, puesto que al ver que con la mudanza nos despedimos de varias cosas que nos han sido muy útiles, y dado que varias me sugeristeis escribir sobre ello, os dejo la lista de las mis imprescindibles estos más de nueve años de maternidad.
Mis imprescindibles para el bebé
Cambiador: os prometo que esto a mí me ha dado la vida. Sé que hay gente que se apaña para cambiar a los bebés en la cama, a mí sin embargo me resulta incómodo cada vez que me voy de casa. Sobre todo cuando empiezan a moverse, que los tumbas en la cama y ellos venga a querer jugar; yo acabo hasta con dolor de espalda. El cambiador, insisto, para mí ha sido fundamental. Es más, también me ha servido para tener siempre en el mismo sitio los pañales, cremas, toallitas, colonia, etc…
Trona: es una de las cosas en las que ni pensé cuando estaba embarazada. De hecho, no hay prisa por comprarla. A mí me la regalaron mi amigas, de la marca Chicco, con la suerte de que era una trona de las que se puede usar desde recién nacido como hamaca. ¡Y vaya si la usamos! Como hamaca y obviamente para comer.
Cuna: para nosotros sí ha sido un imprescindible. Es verdad que a Aurora la metimos mucho en nuestra cama porque fue la que más tardó en dormir del tirón pero, desde bebés, siempre les hemos metido a dormir en cuna, primero en nuestra habitación y después en la suya. Y la han usado hasta los dos años más o menos. Así que con cuatro, muy amortizada también.
Carrito: aunque con Gabriel y Aurora también porteamos, para mí es fundamental una silla o carro para pasear, para viajar, para que duerman si sales de casa… Nosotros compramos Bugaboo Camaleon y lo usamos a todo trapo con los tres niños y os garantizo que, además de ligero, aguanta todo, doy fe. Con Aurora nos enviaron el Bee y estamos también encantados. Entre ambos, os diré que el Bee tiene como ventaja que se pliega más fácilmente pero que si vais a caminar también por terreno no urbano, las ruedas son más potentes las del Camaleon.
Bañera: aunque nuestro cambiador tenía bañera debajo, enseguida nos dimos cuenta que no es nada útil eso de llenar y vaciar ese tipo de bañeras, así que al final lo mejor es que optéis por una tipo cubo o una hamaquita para dentro del agua.
Obviamente, ha habido otras muchas cosas que hemos usado un montón, sobre todo porque al final son cuatro niños. Pero, desde luego, esas cinco cosas, para mí, han sido imprescindibles sin duda alguna. No he incluido la silla de retención del coche porque, si tienes automóvil, no es que sea imprescindible, es que es necesario y obligatorio. ¿Cuáles son las cosas que más habéis usado y consideráis imprescindibles para el bebé?
«No es dónde sino con quién». Gran frase, y muy cierta también. Es una forma de decir que da igual dónde estés si estás acompañado por las personas adecuadas. Y es verdad que lo importante son aquellos de los que nos rodeamos. Pero es una frase que olvida algo muy valioso: los recuerdos también van ligados a los lugares. Esos hogares donde hemos vivido, ese colegio donde hemos estudiado, ese bar donde hemos bailado, esas playas o pueblos donde hemos veraneado, ese sitio donde nos casamos…
Esos espacios, inevitablemente, nos acompañarán cuando recordamos ciertos momentos. Y esos momentos irán ligados siempre a esos lugares. A veces, aparecen en nuestra mente las personas cuando vamos a un sitio, o cuando escuchamos una canción. Porque la música es también otra de esas fuentes abrumadoras de recuerdos. Porque ese primer beso viene a nuestra mente, no solo porque nos acordemos del beso, sino porque escuchamos aquella canción que sonaba. Y así son los recuerdos, no están vinculados únicamente a las personas sino también a la música, a los olores y, cómo no, a los lugares.
Hoy dejamos nuestra casa, nuestro piso, que deja de ser nuestro pero que de alguna manera es nuestro para siempre. La felicidad de ir a una nueva casa que creo que nos hará disfrutar muchísimo no me había permitido ver que dejaremos el que ha sido nuestro hogar durante casi 10 años. Llegamos a esta casa cuando estaba embarazada del mayor y, desde entonces, han pasado los años más potentes de nuestras vidas. Creo que los años en los que traes hijos al mundo son los más intensos, duros y bonitos que hay. Montar una cuna, pintar una habitación, llenar una estantería de juguetes…
Muchas cosas, muchos recuerdos que se quedan aquí. Y aunque suene extraño, para mí, hay una estancia que me duele dejar. La habitación que pintaron de rosa casualmente horas antes de perder a Carmen. Esa habitación que me negué a desmontar (salvo la cuna) y que ahora usa Aurora, era como ese espacio que aún me conectaba con Carmen, que me recordaba que tuvo su sitio en casa. Es la habitación de ambas. Y siento cierta nostalgia.
Pero ahora ya los recuerdos van con nosotros. En unos lugares construimos unos, en otro sitios construimos otros. Y ahora nos toca seguir construyendo los nuevos, los nuestros y los de nuestros hijos. Y espero que estén llenos de felicidad.
Gabriel es uno de esos niños que no para, y no me refiero sólo a que se mueva mucho, que también lo hace, sino que su cabeza va a mil revoluciones. Es difícil explicarle algo porque enseguida te está preguntando por otra cosa, o se va para ponerse a hacer algo. Es complicado que mantenga la concentración en bastantes cosas y es difícil que esté sentado porque necesita moverse. Ojo, esto también me ocurre con el mayor, Alfonso, porque en general, los niños se mueven. Y pedirles que estén quietos mucho tiempo es contrario a su naturaleza de niños. Pero luego hay niños que mantienen una actividad mental y física brutal, que va más allá del ser «movidos». Y en ese grupo entra Gabriel, en el de niños inquietos nivel «que alguien le dé al botón off» 😉
Me cuesta media vida que haga algo que le pido porque siempre tiene otras veinte cosas que hacer Si me descuido, lo tengo haciendo alguna pirueta por los aires porque lo que sí tiene es una habilidad brutal. Es tal su nivel de actividad que, cuando nos subimos al coche y se queda quieto, se duerme al instante porque agota. También a los que estamos a su alrededor, claro. Y además, eso supone que hay días que acabas de los nervios.
Niños inquietos, ¿cómo sobrevivo?
Sí, los días con ellos son pura supervivencia. Intentamos evitar conflictos, ese es nuestro plan. Sobre todo si además son de personalidad arrolladora.
Lo primero, no nos debemos sentir culpables los días que perdemos los nervios. Yo los pierdo con él a veces. No me gusta mi versión gritona pero hay algunos días que salto porque la paciencia, aunque se entrena, no siempre está ahí al cien por cien. Pero lo importante es que ya sé cómo es, ya sé cómo van a ser las cosas y me preparo mentalmente para evitar conflictos.
Buscar una actividad que les guste y que les haga canalizar su energía. El deporte es fundamental para esas personas que están mental y físicamente muy activas así que también es perfecto para niños. En el caso de Gabriel, el deporte es lo único que le retiene horas y horas. Juega al fútbol desde hace un par de años y ahora también ha querido apuntarse a baloncesto.
Jugar a estar parados: Proponerles juegos donde tengan que trabajar el estar quietos, o físicamente (de manera que hay que hacer juegos que les hagan pensar, tipo preguntas o de imaginación, leer), o estar parados mentalmente, de manera que no piensen en nada más que en lo que están haciendo (como juegos de psicomotricidad, de construcciones).
Retener su atención o cambiar el foco: hacer una cosa o la contraria en función de su estado. Situación: «pollo» porque no quiere desvestirse para ir a la bañera o ducha. ¿Qué hacer? Distraer su atención con algo que haya en el baño o preguntando por algo que no espere («¿has visto este juguete?», ¿qué crees que hay para cenar hoy»?). No funciona siempre pero sí a menudo. En serio, es que si no el momento baño, o lo que sea, se puede convertir en un puñetero infierno.
Recordarles que hay que estar parados: lo sé, no escuchan. O eso creemos. Porque al final el mensaje va calando. No malgastes la energía diciendo que estén parados cada dos por tres sino que hay que hacerlo cuando de verdad sea importante, por ejemplo: en la comida.
Niños inquietos o hiperactivos
Que un niño sea especialmente inquieto no quiere decir que sea hiperactivo (TDAH). En estos últimos casos se dan otras circunstancias (aunque hay grados) como la dificultad en el aprendizaje, dificultad para recordar detalles, cambios de humor… Ya os digo, en esto también hay grados y no soy yo la que puede explicarlo porque no es el caso de Gabriel, pero me parecía importante mencionar este punto porque hay veces que los padres creen que sus hijos pueden tener este trastorno y no ser así.
Esta es una pregunta que me habéis hecho en varias ocasiones al ver que cada uno de mis hijos tendrá su propia habitación en la nueva casa. He tenido experiencia como niña en ambas situaciones y, como madre, también conozco ambas circunstancias puesto que Alfonso, que es el mayor, ha compartido habitación y, desde hace dos años, no lo hace. Como es lógico, la decisión depende de varias factores pero especialmente de uno: el espacio. Si tienes tres habitaciones y seis hijos, te guste lo que te guste o te pidan lo que te pidan tus hijos, van a compartir sí o sí 😉 Y luego depende de otros factores como la diferencia de edad de los hermanos, sus horarios, sus formas de ser…
En la nueva casa, puesto que hay cinco dormitorios, cada hermano tendrá el suyo. Eso significa que podrán dormir y estudiar separados, tener sus momentos de paz pero eso no implica necesariamente que duerman siempre separados. De hecho, ahora, mis hijos llevan un trajín de mezclarse y cambiarse de habitaciones que es alucinante. Unas veces va el mayor a la habitación de los otros y duermen los tres en dos camas, otras veces va el pequeño a la habitación del mayor a dormir… En fin, niños.
Hermanos compartiendo habitación: ventajas e inconvenientes
En general, soy partidaria de que compartan habitación los primeros años de vida y que, si se puede, luego puedan tener más independencia y más tranquilidad. Pero bueno, ya os decía que las cosas se van decidiendo en función de muchas circunstancias.
Ventajas
Es más divertido: a priori, creo que es más entretenido para ellos tener un compañero en el mismo espacio.
Tienen menos miedos: muchos niños, los míos incluidos, pasan por fases en las que tienen miedo, así que durmiendo con sus hermanos se sienten más protegidos.
Aprenden a compartir: pues sí, en general, tener hermanos implica compartir en casi todo, así que cuando se trata de espacio, toca apechugar y resolver discusiones que vayan surgiendo.
Inconvenientes
Se despiertan entre ellos: esta es la principal pega para mí. Que el que madruga despierta al que no madruga. O el que se levanta a hacer pis, o el que pide agua, o el que simplemente duerme mal. Uno puede condicionar el descanso del otro.
La falta de libertad: a ver, que esto igual ha sonado raro. Por ejemplo, en el caso que mencionaba arriba de que unos hermanos tengan distintos horarios o se lleven unos cuantos años. En ciertas ocasiones, se ven más limitados si un hermano tiene que ir antes al cole, o se acuesta más tarde ya que no puedes entrar y salir varias veces a coger la ropa, la mochila o lo que sea si el otro sigue durmiendo, ni ponerte a escuchar música si otro estudia.
Menor independencia: hay una edad en la que a los niños, ya no tan niños, tienen cierta necesidad de pasar ratos a solas. Además de que poco a poco, los gustos y las formas de ser se van diferenciando cada vez más. Por no hablar de cuando toca estudiar en serio. Aquí tengo dos que pierden la concentración con una mosca y otro que se mete de lleno en los libros.
Así que, teniendo en cuenta estas cosas, cada uno ya decide. Nosotros ahora que vamos a tener espacio, hemos decidido que cada uno tendrá su dormitorio, con su armario (bendito armario por separado sin líos de mezcla de ropa, jajaja) y su escritorio. ¿Que luego quieren andar compartiendo cama? Pues sin problema. Tiempo para mover camas siempre hay.
En un par de meses este blog cumplirá 7 años, los mismos que tiene mi segundo hijo, Rafa. ¡Lo que ha llovido desde entonces! Cuando termina el año me gusta hacer una reflexión, no sólo a nivel personal, sino también aquí, de forma pública, sobre este espacio, esta pequeña parcela que aquí comparto sobre la maternidad. Y aunque trato de dar cabida a otros temas, al final, sigo sintiendo que aprendo cosas nuevas en este camino como madre y continúo compartiendo reflexiones y experiencias. El año 2018 terminó con la noticia más bonita que se puede contar: la llegada de una nueva vida. Cuando además esa vida sana heridas, no sólo hay vida, hay también luz donde había desaparecido.
Y eso ha sido 2019 para mí, luz. He vuelto a aprender a ser madre. Y he vuelto a confiar, a ser la que era, a no tener miedo. Las primeras semanas de vida de Aurora las pasé en una nube, como flotando, sin ser consciente, sólo dejándome llevar pero con un miedo atroz a que algo se torciera. Había dejado de creer. 2017 me enseñó que la vida se puede truncar en cualquier instante, que la vida no siempre se planifica, que la vida a veces te da una torta aunque te esfuerces en el camino y que nadie está libre de una caída. Y eso inevitablemente trae temores. Así que 2018, aunque terminó feliz y al final trajo una reconciliación con la vida, fue sin duda el año del miedo, de estar alerta, de necesitar aire, de temor a volver a caer. El año en el que temía; en que cada paso me asustaba.
Foto de Ladrona de Momentos
Y así, 2019 puedo decir que ha sido el año de la paz. El año en que he vuelto a confiar, en el que me he reconstruido, el año en que he recuperado mi luz, la que había tenido y se había ido. El año en que me he relajado y he vuelto a ser feliz. No olvido, no quiero, ya lo dije aquí más de una vez. Alguna vez todavía lloro. Pero confío, creo, espero, me ilusiono, río, disfruto. 2019 me he permitido vivir, sentir y gozar el primer año de una vida que llegó para sanar. El primer año de vida de mi hija en la tierra. Con su cansancio y agotamiento. Pero al fin y al cabo, con sus sonrisas, su alegría, su magia, su luz. Así que puedo decir que 2019 ha sido el año en que he vuelto a ser yo.
Deseo, de corazón, que podáis volver a encontraros a vosotras mismas si algún día dejasteis de confiar. Feliz 2020. Gracias por estar aquí un año más.
Sólo faltaba tu carta, Aurora, en este diario de maternidad que comencé a escribir hace ya casi 7 años. Sigo aprendiendo en este camino que es ser madre. Cada hijo trae nuevas enseñanzas y contigo he descubierto también cosas que desconocía. Con cada uno de vosotros sigo creciendo; tenéis muchas vivencias en común, mucho tiempo compartido, misma sangre pero cada uno es único y he entendido que no hay una única forma de ser madre sino una forma de ser madre para cada hijo. Sí, tú también me estás enseñando muchas cosas.
Foto de Ladrona de momentos
Ser la pequeña de la casa te favorece y lo sabes. Tres hermanos pendientes de ti, que ceden, que cuidan de ti. Uno de ellos que te trata de tú a tú y te está haciendo fuerte como una roca. Los pequeños sois muy afortunados, sois más libres para hacer cosas porque los padres nos preocupamos menos. Sois supervivientes. Y en todo vais más rápido, no imaginaba yo semejante nivel de aprendizaje por tu parte. Pero supongo que es normal, muchos maestros a los que observar.
Eres igual de especial que todos tus hermanos, sois todos tan importantes para mí, ¡qué hijo no lo es para sus padres! Pero tú tenías una misión muy particular. Realmente no sé si tenías esa tarea pero siento que fue así, siento que venías para sanar heridas y lo has hecho de una forma tan bonita. Has llenado de luz una casa que se había quedado en penumbra. Una casa donde se había instalado la pena, una familia que se iba levantando poco a poco porque somos una piña pero con una madre que se había quedado con un roto enorme en el corazón y que has conseguido reconstruir. Algún día te contaré y leerás todo el dolor que hubo en mí por dejar volar a tu hermana. Y entenderás lo que significó tu llegada.
Foto de Ladrona de momentos
Aquel 7 de diciembre de 2018 te oí llorar, vi tus ojos abiertos y te abracé dando gracias porque estabas ahí. Dando gracias por descubrir que tenía otra niña en mis brazos y esta vez te quedabas a mi lado. Respirando por fin sabiendo que todo estaba bien, que ya estábamos juntas. Este año a tu lado ha sido intenso y maravilloso a la vez; ya se descubre en ti una fuerte personalidad, como la de tu hermano Gabriel, una alegría por la vida que has heredado de unas cuantas personas de la familia y un desparpajo que estamos ya temblando por lo que pueda venir.
Feliz primer cumpleaños, pequeña Aurora. ¡Sigue llenando de vida esta casa!
En casi siete años de blog, es la primera vez que voy a hablar y colaborar con una marca de pañales. En todos estos años, con varios bebés y habiendo probado una decena de marcas distintas, encontré algunos buenos y me di cuenta de que había importantes diferencias entre unas marcas y otras. Pero lo que sí puedo decir es que es la primera vez que le pongo un diez a una marca, que además es relativamente nueva, y se llama LILLYDOO. Nos enviaron dos paquetes cuando Aurora tenía un par de meses y sencillamente me parecieron alucinantes.
Me llamó la atención ya solo el hecho de tocarlos, me parecieron más suaves de lo habitual, con un tacto más parecido a un pañal de tela, más manejable y ligero, no sé si me explico. Además, añado que me parecieron bonitos. Aunque esto no es lo importante, a mí me llamó la atención el diseño; luego supe que tienen varios estampados para elegir. Y si la primera impresión fue buena, ya después de usarlos puedo decir que son extraordinarios. Ni un escape nocturno tras 12 horas de uso y ni una sola rojez o roce en el piel de la niña.
Lillydoo, pañales hipoalergénicos y respetuosos con el medio ambiente
Sobre LILLYDOO os cuento que la marca ha sido desarrollada en colaboración con matronas. Son los primeros pañales del mundo en obtener la certificación MADE IN GREEN de OEKO-TEX. ¿Qué significa eso? Pues que garantiza que los pañales han pasado por un control de sustancias y productos químicos nocivos para la salud. Al mismo tiempo, certifica que su producción se lleva a cabo en fábricas respetuosas con el medio ambiente con lugares de trabajo seguros y responsables.
Además, se someten a análisis químicos y microbiológicos realizados por el laboratorio de Eurofins, que examina la inocuidad química de forma aleatoria, junto a pruebas textiles realizadas por el Instituto Hohenstein, que analiza tanto la comodidad física como la ausencia de, por ejemplo, los alérgenos. Así mismo, pasan pruebas estandarizadas realizadas por el laboratorio de control independiente y neutral de Hy-Tec, que mide la rehumectación, la capacidad de absorción y la rapidez de absorción.
Además de pañales, LILLYDOO tiene otros productos, como las toallitas húmedas, que no tienen perfumes, ni parabenos, ni emulsionantes PEG y son 100 % biodegradables. También cuentan con varios productos para el cuidado de la piel, como su aceite de almendras, crema protectora y crema hidratante, certificados por Ecocert Greenlife, ya que se elaboran con ingredientes de origen 100 % natural y se producen de forma respetuosa con el medio ambiente. Además, ofrecen la posibilidad de recibir una caja mensual de pañales, sin compromiso de permanencia, que puedes personalizar a tu gusto (tanto en talla como diseño, entrega del pedido, periodicidad) y que llega a casa directamente. Es un servicio muy cómodo.
En resumen, además de tener certificados de institutos independientes, no producen intolerancias en pieles sensibles, son muy delicados y se añade que son respetuosos con el medio ambiente. Os dejo este link para que podáis pedir un paquete de prueba. Así podéis probarlos y valorarlos vosotras mismas con vuestros bebés.
Cuando uno se hace la pregunta qué es lo mejor debe responder a la pregunta ¿qué es lo mejor en mis circunstancias? Las opiniones de otros pueden ayudar a tomar decisiones si tenemos dudas pero nadie va a conocer la situación propia mejor que uno mismo. ¿Y esto a qué viene? Hace unos meses os conté, desde mi punto de vista, qué ventajas y desventajas tiene tener hijos seguidos y distanciados en edad. Aunque yo soy más partidaria de la primera opción, como se puede deducir teniendo en cuenta que mis hijos varones se llevan 4 años de diferencia entre los tres 😉 , tengo que decir que todo tiene sus inconvenientes aunque a esta elección le vea más ventajas. Y luego no podemos olvidar que la vida viene como viene, no siempre lo que deseábamos es lo que podemos tener.
En mi mente nunca estuvo la idea de que entre un hermano y otro hubiera ¡8 años de diferencia! Yo, que me llevo trece meses con mi hermano mediano y 4 años con mis hermanos pequeños (son mellizos), no tengo recuerdos de mi infancia sin ellos. Y no les recuerdo de bebés, por lo que les traté siempre de tú a tú aunque, como hermana mayor, ayudé lo que pude en casa. Total, que hace tiempo pensaba que llevarse 8 años era muchísimo. Cierto es que, si tienes una prole abundante y llegan de uno en uno, pues lo lógico al final es que entre mayor y pequeño haya cierta diferencia 😉
Cuando los hermanos se llevan muchos años
Con Alfonso y Aurora estoy descubriendo una relación muy especial y cosas nuevas que no había visto hasta ahora entre los tres niños. Y cosas que tampoco viví de pequeña. Para empezar, él tiene la sensación de que debe protegerla porque la ve pequeña y vulnerable. Esto es algo que, en su momento, no le pasó con sus otros hermanos ya que, cuando nacieron, él era también pequeño. De hecho, Gabriel, que es el que menos años se lleva con la peque, no hace en absoluto ningún papel protector y se cree que la pobre criatura puede seguirle el ritmo. Así que diría que la primera cosa que me llama la atención de los hermanos que se llevan tanto años es la sensación de protección que tiene el mayor.
Otra de las cosas que veo en esta relación de hermanos que se llevan muchos años es que no hay peleas ni discusiones. A ver, entiéndase esto bien porque con 11 meses que va a cumplir Aurora, la cría no se pelea, aunque reñir, ya riñe lo suyo a su manera 😉 A lo que voy es a que Alfonso rara vez quiere lo mismo que Aurora, tienen intereses muy distintos de manera que no hay ningún conflicto y ¡dios mío, es una maravilla! Esto no pasa con los hermanos que se llevan poco tiempo, lo normal es que haya más problemas por coger los mismos juguetes, el mismo sitio en la mesa, etc…
Y por último, otra cosa que me llama muchísimo la atención es la implicación de Alfonso en las cosas que tienen que ver con Aurora. Obviamente, es una consecuencia lógica, a mayor edad, mayor consciencia de todo. Es como si se sintiera responsable de lo que le vaya a pasar o vaya a hacer. Eso, os aseguro, que cuando ves a tu hermano de tú a tú, como con Rafa y Gabriel, no sucede. Sí, son sus hermanos y se preocupa si les pasa algo malo o sufren pero, en una situación normal, lo que hagan o decidan los otros dos, ni le va ni le viene, jaja…
En cualquier caso, para mí está siendo todo un descubrimiento ver a este par relacionarse y lo que conlleva su diferencia de edad. Creo que ambos son muy afortunados. Ver veremos al transcurso de los años.
Sí, señoras. Los niños son un fastidio, un coñazo. Los niños son molestos, son cargantes, se quejan, lloran, protestan, gritan. A los niños hay que vestirles, hay que vigilarles y, a veces, hay que reñirles. Los niños no te dejan descansar, no te dejan estar tranquilo, no te dejan desconectar. Los niños te agotan, te consumen, te incomodan, te abruman, te desgastan. Definitivamente, los niños son un fastidio.
Los niños te complican la vida. Ya no puedes ir a todos los sitios que ibas antes. Tardas el doble en hacer cualquier cosa. No puedes ir a la playa a estar tranquilo. No puedes dormir todo lo que tu cuerpo te pide. No puedes ir a un sitio donde haya que estar en silencio. Con los niños no dejas de tener preocupaciones porque los niños enferman, se quejan, lloran a veces sin saber porqué, a veces protestan por el calor, por el frío, o por el cansancio o por la comida. Resumiendo, los niños son un fastidio. Pero de los fastidios gordos.
Que te pueden jorobar cualquier día de vacaciones, o cualquier comida o reunión familiar. Que te llevan al límite. Que a veces sacan lo peor de ti. Y te vuelven loca. Y a veces quieres desaparecer, o que alguien venga y se los lleve un rato. Porque hay días en que la vida con niños se hace bola y se atasca y te das cuenta lo mucho que se te ha complicado todo.
Pero, ¿sabéis por qué todo esto no importa y se te olvida? Porque los niños son auténticos, no tienen doblez, no juzgan. Los niños viven. Los niños sienten y reflejan cómo se sienten sin importarles lo que piensen los demás. Los niños sonríen o lloran, tal y como les sale del alma. Los niños son sinceros. Los niños no esperan, actúan. Los niños se atreven a pedir sin reparo cuando necesitan ayuda.
Los niños te hacen sonreír si tienes un día malo. Los niños te llevan a recuerdos que creías olvidados. Los niños te tratan de tú a tú. Los niños te hacen preguntas que replantean tu vida o lo que crees de las cosas. Los niños te recuerdan de todo lo que eres capaz. Los niños dicen la verdad. Los niños no tienen prejuicios. Los niños son inocencia y no piensan mal de nada ni nadie.
Los niños llenan de vida las casas. Los niños llenan de vida la vida. Y en el fondo, nos gustaría ser como niños.
Cuando comparto en redes sociales que soy una verdadera adicta a los bebés, especialmente a los recién nacidos, muchas me decís que os pasa lo mismo. Por Dios, ¿cómo es posible?, ¿en serio se puede ser adicta a los recién nacidos? ¡Pero si hace nada que tenía una en casa! Es brutal darse cuenta cómo se nos olvida tan rápido algo tan sencillo como coger un bebé tan pequeño; no es que no sepas, es que ya te has acostumbrado a coger un bebé de diez kilos cual saco de patatas y esa delicadeza de los primeros meses parece que se ha quedado no sabes ya dónde. Ese llanto de las primeras semanas, como de gatito, también se te olvida. Y así un montón de detalles más.
Si tú también eres de las que se queda mirando fijamente a un recién nacido, sientes la necesidad de cogerlo e incluso sientes tristeza porque has decidido cerrar el grifo y no tener más bebés, tranquila. Sí, tranquila, tiene una explicación científica. Si es que hoy en día, ¿qué no tiene explicación científica? Ya pocas cosas nos quedan por justificar. Pues para que os quedéis ya serenas y sepáis que lo que nos ocurre no es raro, resulta que el olor de los bebés crea adicción. Ya lo imaginaba.
Adicta a los recién nacidos, la explicación
Sí, señoras, esto es así como lo leéis. Que lo que sucede es que se encienden los mismos mecanismos que se activan si consumes drogas (esta comparación no me gusta nada) o de experiencias placenteras. Esto ya me gusta más porque pienso en cosas agradables como un spa, o un buen plato de pasta 😉 Sí, chicas, la reacción del cerebro es similar en esas circunstancias. Resumiendo, que el olor de bebé nos produce la misma satisfacción que comer algo rico cuando estamos hambrientos y eso es la caña, ¿o no? También os digo que conozco mucha gente a la que un recién nacido no le genera ningún tipo de reacción o incluso les genera reacciones negativas. También conozco a quienes la comida no les interesa más allá de la propia supervivencia. Pero no son muchos 😉
Yo ahora ya me quedo más tranquila sabiendo que probablemente me pasará toda la vida y que tener más bebés no nos quita el mono. Así que cerramos grifo. Si ya queréis indagar más, que sepáis que el olor del bebé activa unas cuantas áreas del cerebro cuyos nombres son muy complejos, de manera que os dejo directamente el enlace a un estudio sobre este asunto y sobre sistema dopaminérgico. Porque madre mía, ¡lo de los nombres se las trae! ¿Alguna adicta más por aquí?
Otro de esos posts que os prometí fue precisamente este: el postoperatorio y la operación de varices tras los embarazos. Sí, digo tras los embarazos porque cerramos el grifo 😉 Siempre digo estas cosas con la boca pequeña porque la vida me enseñó que de la noche a la mañana las cosas pueden dar un giro, pueden cambiar las circunstancias y mil historias más, pero vamos, a priori, esta familia está completa. Esto daría para otro post 😉 En cualquier caso, paso a contaros cómo fue la operación de varices (lo que yo sé como paciente) y cómo fue el postoperatorio.
He de decir que, de haber tenido tres embarazos, creo que no me hubiera hecho falta operame y que un tratamiento con micro espuma (escleroterapia) hubiese bastado. En el primer embarazo ni siquiera me salieron varices, en el segundo fue algo muy leve en la parte de abajo de la pierna. En el tercero se me hinchó más pero no era nada escandaloso. Fue en el embarazo de Carmen cuando ya la cosa se puso tremenda, tuve también en la zona del muslo e ingle. Y ya en el quinto embarazo fue una fiesta, por ponerle humor, vamos. La repera. También os digo que si me animé a operarme fue porque tengo casos cercanos, como es el de mi padre, que no tuvieron ningún problema ni complicación y les resultó un proceso muy llevadero. Yo, ahora, puedo decir lo mismo, lo volvería a hacer sin dudarlo.
De paso, os dejo precisamente el programa que presentaba hace 5 años (y justo en mi tercer embarazo) en Telemadrid junto a un médico en el que hablamos de qué son las varices.
Operación de varices
En mi caso, la operación de varices se hizo con el método CHIVA (se hace ya el el 40% de los casos de varices), que consiste en extraer varices pero las estrictamente necesarias. A mi padre, por ejemplo, le quitaron la safena entera, por tanto, fue una operación de las de toda la vida. En mi caso, este proceso implicó seis puntos repartidos por la pierna y tres puntos en la ingle. Se trata de una operación quirúrgica en régimen ambulatorio (te vas el mismo día a casa) con anestesia local y sedación, con lo que no te enteras de nada. Vamos, con respecto a la operación, tengo que decir que todo fue estupendamente.
El postoperatorio
Como os decía, se trata de una operación en la que en el mismo día te vas a casa si el ingreso ha sido por la mañana. Te vas con la pierna vendada; al día siguiente ven cómo está, te quitan la venda, miran los puntos, te explican cómo curarlos (a mí me dijeron que con la ducha normal ya era suficiente) y te mandan caminar entre una y dos horas diarias. Vamos, que con eso os podéis hacer una idea de que es un postoperatorio llevadero, ni reposo ni nada. Tienes que hacer uso de media de compresión por el día durante un par de semanas (yo prescindí de ella únicamente el día de la Comunión y del Bautizo). El postoperatorio incluye pincharse heparina durante los diez días siguientes, por precaución.
La primera impresión al ver la pierna es fuerte porque hay muchos hematomas. Pero en tres semanas desaparecieron dejando algo muy leve. Los puntos me los quitaron a los diez días de la operación en el centro de salud. Ahí lo pasé mal porque me da mucha grima y porque al final, al tener que tocar la zona de los moratones, es molesto. Pero ya os digo, no es que duela, es que a mí me da mucha dentera. Eso, y que hubo un par de días que los puntos de la ingle me tiraban un poco, fue lo más incómodo del postoperatorio. Bueno, y ponerse la dichosa media teniendo moratones, a los que por cierto yo eché árnica por recomendación del médico.
Como veis, el resultado es fantástico. De la operación ni me enteré y el postoperatorio fue bueno, con esas dos cosas que os mencioné. Hice vida normal desde el día siguiente (excepto conducir, que esperé una semana) y me puse a correr, tal y como me dijeron que podía hacer, trece días después. Las varices se pueden tratar de distintas maneras: striping, chiva, escleroterapia, endoláser, radiofrecuencia… Debe ser el médico quien valore qué procedimiento llevar a cabo. En mi caso, y aunque consulté lo de la espuma (escleroterapia, que sirve para «sellar» las venas), consideraron que sería poco eficaz dado que tenía varices del casi un centímetro de grosor. Así que, como veis, depende de vuestras varices. Pues esta ha sido mi experiencia, espero que os sirva.
Tres meses después (tras el verano)
El texto que habéis leído lo escribí a los 15 días de la operación pero he esperado unos meses para publicar el post y poder contar qué tal el verano tras la intervención. Puedo decir que muy bien. La pierna está infinitamente mejor a nivel estético y ya no he notado la pesadez por el calor. A continuación, vais a ver la foto del antes y después.
Varias cosas a tener en cuenta sobre las imágenes: la primera foto es profesional (y las varices se ven mucho menos de lo que se veían en realidad) y la segunda es casera (la piel se ve bastante peor). En la segunda foto he bajado un par de kilos que, en teoría, no deberían notarse en las piernas pero mi bajada de peso es consecuencia de correr, con lo que he ganado un pelín de masa muscular (pero estoy pensando que eso lo noto yo solamente, jajaj). De cualquier manera, veréis que las cicatrices aún son muy visibles, en parte porque es reciente y en parte porque soy de esas personas que cicatriza fatal. Y como veis, todavía tengo algo de hematoma.
Tengo también cicatriz en la ingle. Siento que el color y la calidad de la imagen no sea exactamente la misma, ni el fondo. Pero bueno, yo de verdad os digo que el resultado lo he notado muchísimo a nivel estético y también de molestias. Lo volvería a hacer sin duda teniendo en cuenta que la operación es sencilla y el postoperatorio muy llevadero.
Han pasado dos años desde que viví el trance más duro que he tenido que pasar en mi vida hasta el momento. Dos años de auténtica reconstrucción tras la triste y dolorosa experiencia de perder a mi bebé, a mi primera hija, al final del embarazo. Cuando se para un corazón que nunca imaginas que pueda pararse, el propio se rompe. Reparar un daño en el alma nunca es un camino fácil, de hecho, es un recorrido muy doloroso. Si echo la vista atrás, se me hace un nudo en la garganta al pensar en lo vivido; la angustia y un montón de sentimientos como la rabia fueron demasiado pesados por entonces. Si vuelvo a aquellos días de shock y de lágrimas, a esos meses de dolor y de resentimiento, siento que viví en un abismo. Porque así fue y aquello me puso contra las cuerdas.
Lo que sí tengo claro dos años después es que no cambiaría nada de lo que he hecho. Ni cómo lo vivimos ni sentimos, ni cómo hemos trasladado nuestra vivencia hacia fuera, en nuestro entorno, con nuestros hijos, ni cómo lo he abordado de forma pública aquí y en mis redes sociales, ni cómo resistí un nuevo embarazo. Y si pudiera cambiar algo de todo lo que vivimos y sufrimos, sería únicamente haber tenido valor para fotografiar la cara de mi propia hija. Pero todo lo demás, todo, lo haría exactamente igual sabiendo que mis decisiones en aquel momento tan crítico y en los meses posteriores me han hecho volver a reconstruir mi corazón y a ser una persona feliz nuevamente.
Pero con un trocito en el corazón que queda vacío. Si pienso en mi hija Carmen, ahora, dos años después de abrazarla y de dejarla ir para siempre, ya no lo hago con un dolor desgarrador sino desde el amor. Eso sí, desde la pena, porque cuando una ilusión y un proyecto de vida se trunca, queda un pesar para siempre. Y pena por todo lo que se perdió: unos hermanos que la hubieran vuelto loca, unos padres que la hubiéramos abrazado cada día, celebraciones de cumpleaños, primeras veces… Siento mucha tristeza cuando las personas se van antes de tiempo, cuando tienen tanto que vivir por delante, ¡y vaya si le quedaban cosas por hacer!
Pero juro que de un golpe así se sale y la vida sigue dando motivos para ser feliz. En ese camino de reconstrucción quizás lo que más ha ayudado es la llegada de Aurora, el bebé arco iris. Siempre he dicho que ella ha sido sanación y creo que, tras perder a un bebé, el que llega después es para nosotras, sus madres, pura luz. Es, de alguna manera, como si ese nuevo bebé trajese algo del que se fue. Eso siento con Aurora, siento que ella trae algo de Carmen. Y entiendo que una existe por la otra, que están conectadas. Quizás sea una forma de consolarse, es probable pero a mí me gusta pensarlo, así no se me hace tan duro recordar que abracé a Carmen una única vez en la vida. Porque necesito saber que sigue de alguna forma. Porque es duro aceptar que no pudiste criar a una hija que estuvo en tu vientre y en tus brazos.
Así, pequeña, que sepas que vemos una parte de ti en tu hermana, aunque seáis dos personas distintas. Que sepas que mañana te haremos llegar un globo al cielo por tu segundo cumpleaños, aunque no puedas soplar una vela. Que sepas que en esta familia te recordamos cada día aunque no podamos verte ni tocarte. Que sepas que, aunque no haya podido cuidar de ti, lo haré en otra vida.
Lo primero, y aunque creo que ya casi todas sabréis qué es lo que conocemos como bebé arco iris, sí que me gustaría resumir que esa denominación se explica de la siguiente manera: «el bebé arco iris es aquel que nace tras una pérdida anterior. Un arco iris aparece cuando comienza a salir el sol durante o tras la tormenta. Se acepta que esa tempestad existió y, por tanto, que la familia puede seguir lidiando con el dolor de la pérdida pero con una luz que ha aparecido que trae color y esperanza».
Quienes me seguís cada día por Instagram sabéis cómo estoy viviendo la maternidad con Aurora. Es verdad que no difiere tanto de las anteriores, en el sentido de que estoy igual de pletórica y feliz porque disfruto muchísimo de la etapa «bebé», soy una adicta total y a los cuatro me los he llevado conmigo a todas partes hasta que empezaron la guardería con casi dos años. Todo hay que decirlo, mi trabajo como presentadora en la tv cuando tuve a Alfonso me lo permitía; el estar en el paro (aunque seguí formándome) me permitió cuidar de Rafa y que el blog se profesionalizase y pudiese trabajar desde casa me permitió estar con Gabriel y ahora con Aurora. Pero al lío, que las que me decís que se me ve ahora radiante de alegría, os diría que igual que las veces anteriores. Pero en esta ocasión, valoro cosas que antes no valoraba porque las daba por sentadas.
Qué trae un bebé arco iris
1.Paz: Encuentras paz porque los embarazos tras una pérdida perinatal son muy duros psicológicamente. Y cuando tienes a tu bebé sano y salvo en tus brazos y ves que todo va bien, respiras. ¡Y de qué manera!
2.Alegría por dos: sabéis que un hijo no sustituye nunca a otro. Y que la llegada de un bebé siempre es una alegría inmensa. Pero cuando has lidiado con el dolor, cuando has vivido una experiencia de pérdida y has caído tan abajo… cuando subes, subes a lo grande. Así que la alegría se dispara porque sabes que eso que estás viviendo no siempre es así y vale oro. De alguna manera, sientes que estos bebés traen un poquito del que se fue antes de tiempo.
3.Miedos: cuando te has dado de bruces con una realidad dura, pierdes de alguna manera la inocencia y a veces piensas cosas negativas. A mí, que jamás se me pasó por la cabeza con los niños que algo malo pudiera pasarles, me está pasando ahora. No es constante porque tengo tendencia a pensar que todo tiene que salir bien siempre, pero de vez en cuando me entra alguna neura y me tengo que decir a mí misma «no te emparanoies».
4.Reconciliación: Cuando nació Aurora y os conté en este post cómo fue el parto, me referí a ese instante como el de reconciliación con la vida. Y es así, de repente, sientes que perdonas a Dios, a la vida, al karma… el haberte arrebatado a tu bebé. De repente ya no estás tan cabreada con la vida porque te trae de nuevo felicidad.
5.Sanación: y esta para mí es la palabra que lo resume todo. Sí, el bebé arco iris te cura. La cicatriz de lo que viví está ahí, no quiero además que desaparezca, quiero que siga ahí y me recuerde que tengo una hija en el cielo. Pero la herida cierra y deja de sangrar cuando llega un bebé arco iris. Y a mí, Aurora me ha devuelto la vida y me ha devuelto a la vida.
Hubo un tiempo en que yo creí que nunca volvería a ser igual de feliz que había sido hasta el 3 de agosto de 2017. Estaba convencida de que jamás recuperaría la sonrisa, que ya iba a quedar tocada de por vida. Me equivoqué. Soy muy feliz ahora. Y valoro más que nunca que mis hijos estén sanos. No olvido, no quiero, alguna vez todavía lloro y sé el tiempo que tendría Carmen. Pero también sé que el «ahora» es lo que importa, que tengo una niña preciosa en brazos cada día y que tiene la sonrisa más bonita del mundo. Sé que nada tuvo sentido entonces y que ahora todo tiene sentido. Sé que estoy en paz. Mi segunda hija, más que un arco iris, es lo que su propio nombre significa. Aurora: Claridad y luz sonrosada que precede inmediatamente a la salida del Sol.
La verdad es que siempre fui partidaria de tener hijos seguidos, supongo que, en parte, me gustaba la idea por lo que viví de niña. Éramos cuatro hermanos nacidos en cuatro años (hay unos mellizos) y eso hizo que fuéramos en muchas cosas a la par. Pero como todo en la vida, cada situación tiene sus ventajas y desventajas, y al final cada uno tiene las circunstancias que tiene y debe valorarlas. Es cierto que veía muchas ventajas de tener hijos seguidos pero también ahora estoy descubriendo las ventajas de que se lleven más años.
Ventajas de tener hijos seguidos
Los niños juegan mucho juntos: aunque al principio es un «fregao» importante verse con dos niños en casa que usan pañales, sillas, que necesitan ayuda para vestirse, para los baños, etc… de verdad os digo que esa época de agobio pasa y que luego juegan muchísimo juntos. A ver, no es garantía de que cuando sean mayores se lleven mejor. De hecho, yo tengo más afinidad, por cuestiones de gustos y formas de ser, con uno de los hermanos con los que me llevo cuatro años que con el que me llevo 13 meses. Pero de niña, como es obvio, jugué mucho más con el que era seguido y sin él esos años hasta que nacieron los mellizos, hubieran sido menos animados.
Van a la par: cuando crecen un poco, tienen horarios muy similares, probablemente también les interese ir a los mismos sitios, se verán más en el colegio, tendrán más actividades que poder compartir…
El tiempo pasa muy rápido: vas a loco. Es verdad que cuando lo estás viviendo, es todo un poco caos y tienes la sensación de no llegar a nada, pero cuando has cerrado el ciclo pañales-sillitas, o lo que es lo mismo, has cerrado la etapa de los bebés, lo ves ya de otra manera y lo agradeces. Ahora mismo, en mi casa, si no fuera por Aurora, hace ya más de un año que no necesitaríamos sillita, que no tendríamos que cambiar pañales, que podríamos ya ir a cualquier sitio sin ninguna complicación…
Ventajas de tener hijos separados o espaciados
Te pueden ayudar: obviamente, ayudar. Quiero decir que un hermano no debe cuidar a otro en el sentido estricto de la palabra. Lógicamente, depende de la edad que se lleven, te pueden ayudar a unas cosas u otras. Gabriel a mí me puede ayudar a cambiar un pañal a su hermana pero no supervisar si quiero ir a darme una ducha, mientras que Alfonso sí puede hacerlo.
Se disfruta más: o se vive todo más relajadamente porque, como es lógico, si tus hijos mayores ya pueden vestirse solos, comer o ducharse sin ayuda, pues entonces disfrutas más de ese bebé. No como si fuera el primero, porque al final a los mayores hay que alimentarles, hay que llevarles al cole, a actividades, hay que jugar un rato con ellos o echarles una mano con los deberes pero es obvio que cuanto más independientes son los mayores, mejor puedes atender al bebé y estás más tranquila que cuando son muy seguidos.
Los mayores entienden las cosas: cuanta más edad, más capacidad tienen para entender por qué estás más cansada, por qué no puedes estar tan disponible para ellos. Tienen paciencia cuando su hermano pequeño llora o tiene una rabieta, por ejemplo.
Y básicamente estos son los puntos favorables que yo veo a cada situación. Sigo creyendo que tenerlos seguidos es más práctico, sobre todo para los niños, pero estoy descubriendo cosas bonitas en la relación de los niños con su hermana que también me parecen bonitas. Vosotras, ¿qué preferís?
A raíz del interés que la semana pasada generó en Instagram mi reinicio con el tema de correr, sobre todo después de compartir un post sobre los cambios físicos y mentales que trajo a mi vida el deporte hace 4 años, me animo a escribir ahora para añadir algunas cosas. Ya sabéis las que me seguís desde hace tiempo que, cuando un día me lancé a la calle a correr, no contaba con que aquello fuese a perdurar mucho en el tiempo porque no me gustaba el deporte. Pero todos esos cambios que fui notando me empujaron a seguir. He echado mucho de menos correr durante el embarazo, es cierto que se puede hacer si no hay contra indicación médica pero preferí no hacerlo. Y ahora, tres meses después de dar a luz vuelvo a coger ritmo. Antes de nada, como he visto que muchas queréis animaros con esto, vamos a dejar claras algunas cosas sobre el deporte tras el postparto.
Deporte tras el postparto: qué debemos y qué no debemos hacer
1. Revisión de suelo pélvico: es algo que yo nunca tuve en cuenta en los dos primeros postpartos por pura ignorancia y falta de información. Fue después de tener a Gabriel cuando la matrona del centro de salud empezó a hablarme del suelo pélvico, hipopresivos… Y ahí empecé a tener conciencia del asunto. Así que, antes de ponerse a correr o a retomar el deporte después de tener un bebé, os recomiendo de verdad que vayáis a hacer una revisión, no vaya a ser que la cosa se estropee o vaya a peor si hay problemas. Para las interesadas, en Gijón, a mí me la hizo María Cejudo, como os conté en este post.
2. Tiempos: Lo primero, no debe haber prisa. Y segundo, no todas pueden empezar a la vez que otras. No es lo mismo alguien que hace deporte y que también ha seguido haciéndolo en la gestación que alguien que nunca antes había hecho ejercicio. Ni es lo mismo alguien que ha tenido un tipo de parto u otro. Ni es lo mismo para quien tiene diástasis que para la que no. Es decir, la pauta general es esperar unos 6 meses desde que das a luz, pero yo, con supervisión, empecé a los tres meses porque el estado de mi suelo pélvico es muy bueno e hice ejercicio en el embarazo. En cualquier caso, siempre hay que ir progresivamente.
3. Hipopresivos, tronco, clases con bebé: Hoy en día hay muchas alternativas para ir mejorando nuestra salud, forma física (y mental, siempre insisto en esta parte) siendo mamás. Hay centros y sitios destinados precisamente a madres que no tengan con quién dejar a sus bebés o no puedan dejarles. Yo en este sentido, en Asturias, conozco a Teresa, de Actimami. Se hace ejercicio y por supuesto, hipopresivos para quienes no podáis retomar el deporte y tengáis antes que recuperar el tono de vuestro suelo pélvico. En este postparto he descubierto, gracias también a María Cejudo, el tronco de propiocepción del Método 5P, un ejercicio super completo que ayuda a la rehabilitación y tonificación de la musculatura del suelo pélvico, la faja abdominal, la postura y el cuerpo en general. Y eso del tronco, lo he hecho yo hasta sacándome leche con el extractor. Lo podéis hacer viendo la tv, leyendo…
Tronco de propiocepción del Método 5P
Resumiendo, y ante tantos comentarios y dudas que surgieron la pasada semana, os animo a que hagais ejercicio y busquéis tiempo para ello porque os ayudará a veros y sentiros mejor física y mentalmente, y también para tener mejor salud, pero con cabeza y supervisión. Espero que este post os sea útil y resuelva dudas.
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