Creo que no hago ningún descubrimiento al comentar que los niños y bebés sienten una atracción irrefrenable por el agua. Esto es así casi desde que nacen pero, cuando comienza el gateo, se adentran de lleno en el ¿maravilloso? mundo acuático a través de elementos como el bidé (por suerte, en mi casa no hay pero sí en la de mis padres), el váter, la ducha… todo acompañado por la escobilla, que más de una vez me he encontrado en algún armario de ropa. Realmente creo que voy a suprimir esta pieza tan poco elegante de mi hogar. Sí, madres del mundo, el baño es un lugar de búsquedas y exploraciones sin fin. Pero la cosa no acaba ahí.
Con una escobilla así, ¿creéis que dejarían de cogerla? Por cierto, qué cosa más horrorosa.
Yo ya lo sé. Cuando voy a buscar a Alfonso y a Rafa cada tarde al cole y guardería, si sus profes ponen cara de que algo ha pasado, tengo claro que la escena del «crimen» ha tenido lugar en el aseo. Tampoco es que mis hijos sean unos gamberros pero, como todo niño, hay algún día en el que están inspirados. La primera vez que castigaron a Alfonso en el colegio fue hace más de un año, os lo conté en un post. Había entrado en el baño de las niñas para asustarlas. Con las féminas no ha reincidido, es más, ahora mismo le parecen un rollo porque no juegan al fútbol. Ya cambiará de opinión dentro de unos años.
Sin embargo, el baño y el agua le motivan mucho más y la última vez que su profe mecomentó algo sobre su comportamiento fue tras un episodio que tenía que ver con un váter y una toalla; no puedo aportar muchos más datos porque fue el niño el que me explicó el suceso 😉 A posteriori supe que el autor material de los hechos fue uno de sus amigos y Alfonso fue testigo presencial, pero no instigador. Pero el caso es que ahí estaba, en medio. Bueno, en realidad, según él, estaba haciendo caca y fijaos que me lo creo porque es un proceso al que dedica un tiempo considerable.
Estas imágenes de Rafa atrincherándose en el baño y dándose una ducha motu proprio con el pijama puesto son una prueba más de lo mucho que les gusta indagar con el fluido transparente.
Esto de los baños les gusta mucho a todos. La primera vez que Rafa necesitó utilizar la ropa de repuesto que tiene en la guarde fue hace un par de semanas y no se debió a escapes del pañal de esos que todas sabemos. No sé cómo, en unos segundos, abrió un grifo y se empapó de arriba abajo, desde el pelo hasta los playeros. Y ya de paso, creo que hubo algún daño colateral en la ropa de otros compañeros. En la escuela infantil de Rafa utilizan el método Montessori, por lo que los niños tienen cierta libertad para hacer cosas y el crío debió pensar que oye, la cosa estaba ese día aburrida. En fin, no sé por qué me da que las anécdotas van a ser interminables. Aún me acuerdo cuando de adolescentes nos escondíamos para fumar un pitillo en los baños del colegio. Bueno, yo no fumaba pero ahí estaba, en modo acompañante porque siempre era más entretenido eso que hacer lo correcto. Ojo, que yo luego era buena estudiante 😉 ¿Qué?, ¿vuestros peques también la lían parda en los baños?
Hoy 4 de abril es el día mundial de la plagiocefalia y deformidad craneal. A muchas, este término no os sonaría de nada hasta que os convertisteis en madres. Es muy frecuente que la cabeza de los bebés tenga alguna asimetría durante los primeros meses de vida producida por la presión de algo externo, normalmente la superficie en la que están tumbados aunque, en algunos casos, se debe al aplastamiento que sufren al pasar por el canal del parto. Ya sabéis que los huesos de la cabeza de los bebés son inmaduros y no están soldados. En muchas ocasiones, es algo leve que se corrige con el tiempo y con sólo ir cambiando la postura del peque. Vamos, que si la disimetría es en un lado de la cabecita, hay que procurar colocar al bebé del lado contrario. Esto le ocurrió a Rafa pero fue relativamente sencillo corregirlo y, en poquito tiempo, su cabecita estaba redonda.
Gabriel, hace un año, con la cabecita un poco plana por detrás.
Con Gabriel este asunto nos costó más. ¿Por qué? Porque la asimetría no era lateral, era en la parte de atrás. Y claro, por más que colocaba al crío de lado, a él le resultaba muy fácil ponerse recto. La pediatra, al cumplir los 4 meses, nos recomendó pasarlo del capazo a la silla para que no fuera tanta la presión en la cabecita y, por supuesto, ponerlo boca abajo más tiempo, pero eso el pobre niño lo odiaba. Lo ideal es que pasen poco tiempo tumbados y yo probé al principio a llevarle en fular por casa pero con el espabile que se traía, el niño no quería. Aparte que a mí no me resultaba muy cómodo más allá de un rato. Lo de hacer camas con el niño encima no es el colmo del confort.
¿Qué hicimos? Como le gustaba muchísimo jugar en un parquecito del que cuelgan juguetes mientras yo hago cosas por casa, le ponía un protector de cabeza de Babymoov que ayuda a mantener la cabeza de los bebés redondeada, tiene tejido transpirable y se puede lavar. Poco a poco, notamos cierta mejoría. Como en todo, hay casos graves en los que hay que recurrir a un casco ortopédico, como le sucedió a uno de mis primos, pero ya no hablamos de plagiocefalias moderadas o leves.
Cojín Lovenest para evitar la plagiocefalia
Ni rastro un año después
Hoy, un año después, no queda rastro de esa pequeña plagiocefalia y solo con usar el cojín algunos ratos y con el paso del tiempo, que lleva implícito el que los bebés cada vez pasen menos tiempo tumbados, no queda ni rastros. ¿Vuestros peques han tenido asimetría en la cabeza los primeros meses de vida?, ¿se corrigió sola o necesitasteis ayuda de algún producto?
Que alguien me diga dónde está el libro de reclamaciones. Vamos a ver, que yo había pedido que mi tercer y último hijo (a priori) creciese más despacio, que todo fuese un poquito más lento porque yo quiero disfrutar, aún más si cabe, de mi bebé. Y oye, que además yo ya daba por hecho que iba a seguir un ritmo parecido al de sus hermanos. Porque es cierto que dicen que cada niño es un mundo, y eso pensé yo toda la vida. Pero claro, en esta casa, los mayores lo han hecho todo a la misma edad: dormir del tirón a los 4 meses, primer diente a la vista a los 9, gateo a los 10, andar a los 13… Salvo en lo de hablar, en lo que Rafa ha sido bastante más precoz, en lo demás es como si la genética los hubiera programado para seguir caminos similares.
Así que yo me hice a la idea de que todo sería perecido y la cosa no iba mal. Bueno, venga, lo digo en presente, no va mal. Lo sé, lo sé, estos hijos míos, en su primer año y medio de vida, han resultado ser la santidad personificada. Eso sí, que nadie más me diga eso de que así se pueden criar 10 hijos, y si no que me haga una transferencia mensual y yo sigo pariendo sin problemas 😉 Ay madre, que ya me estoy liando otra vez y me voy por los cerros de Úbeda. A lo que iba, que yo ya estaba super convencida de que todo iba a ser parecido hasta que la semana pasada lo vi, ahí, sí, en la boca de Gabriel: ¡un diente!
No, no puede ser, sólo tiene 5 meses, ¿por qué tan pronto?, me pregunté. Pero ahí estaba la realidad, diciéndome: guapina, esto es lo que hay, te fastidias, querías que fuese todo más despacio, pues hala, vamos acelerando, no te acomodes. Así que en estas me hallo, intentando asimilar que, si el tiempo con mi primer hijo pasó rápido, con el tercero ni me estoy enterando. Y rezando me encuentro para que ni se le ocurra hacer nada pronto, que tarde en todo lo demás y que no me dé estos sustos, que no estoy para esto.
Por cierto, si esperabais que diese algún consejo sobre los dientes, poco puedo aportar. El señorito no ha dicho ni pío ni ha estado rarito ni ha llorado ni na de na; eso sí, babas por doquier. Ay, pero si algo odio del tema dientes es ese momento en que un paleto sale antes que el otro. Lo sé, sólo son unos días pero los bebés tienen el aspecto de El Risitas «cuñaoooo» y me supera 😉 Y ahora contadme, ¿cómo lleváis estos procesos de cambio?
Antes de nada, os pido disculpas por estar un poco ausente en este mundo 2.0 pero, de vez en cuando, tengo que hacer algún trabajillo como redactora desde casa y claro, como son cosas puntuales, no tengo ayuda con los peques así que me las veo y deseo para sacar tiempo y acabo acostándome a las mil. Así que hoy voy con un post breve pero que os puede servir a la hora de hacer un regalo a un bebé. Aprovechando que colaboro con Tubebebox y que tengo que valorar los productos que vienen en cada caja, os dejo mi opinión sobre lo que creo que es más útil en función de mi experiencia:
Pijama: A mí siempre me ha parecido un gran regalo, práctico y, sobre todo, muy útil. Con un pijama creo que siempre se acierta.
Jamás había probado ninguna prenda de algodón orgánico, me he quedado alucinada con el tacto. Recomendado para casos de dermatitis atópica. Es de Poudre Organic. 30 euros.
Muselina: yo no sabía de su existencia hasta hace un par de años y andaba por casa con toallas de manos preparadas para cuando los peques regurgitaban. Sirven para muchas cosas, entre otras, para tapar al bebé, limpiarle cuando echa un poco de leche, taparte si quieres cuando le das el pecho…
Esta es de Pirulos y es muy cómoda porque es pequeña y la puedo llevar en la bolsa del carrito. Además, me encantan los diseños con estrellas. 8 euros aprox.
Juguetes para el baño: otro de esos detalles que puedes regalar y que sabes que van a ser éxito asegurado son los juegos para la hora del baño. En mi casa tenemos un arsenal y se pasan un buen rato jugando en la bañera.
Para los bebés más pequeños, lo mejor son animales, como este patito de Olmitos. 3,5 euros aprox.
Y para bebés más mayores, un libro acuático es perfecto. Este es de Saro. 6,5 euros.
Biberones: si la mamá opta por lactancia artificial o mixta, siempre vienen bien los bibes. Incluso, hay muchas mamás que los usan para que los peques tomen agua.
Biberón de Avent con innovador diseño de pétalos que permite un buen agarre.
Baberos: nunca está de más un babero, no sé los que hemos podido usar en esta casa, creo que es imposible calcularlo 😉 Pero si regaláis uno, podéis tener la certeza de que le va a dar uso.
Los de Maminébaba son muy suaves y con un estampados preciosos. 12 euros.
Cremas: regalar cosmética para un bebé siempre me ha parecido una gran idea. Y como en los anteriores productos, he de reconocer que es algo muy útil y que siempre es necesario tener.
Leche hidratante de Little Siberica, cosmética orgánica. 10 euros.
Lámpara quitamiedos: éste es una de esas cosas que hace tiempo no se me hubiera ocurrido jamás regalar a un niño o bebé pero ahora que tenemos en casa, sé que es un ¡acierto!
Rafa con la luz ardilla de Tubebebox. 10 eutos (la ardilla, no el niño 😉 )
Estas son sólo algunas ideas para hacer regalos a un bebé, hay muchas más pero creo que Tubebebox hace una selección magnífica, estoy encantada porque estoy descubriendo nuevas marcas que no conocía. Y si alguien quiere regalar todos los productos juntos, que sepáis que la caja, cuyo valor real es de más de 100 euros, cuesta 59 euros. ¿Qué otros regalos haríais a un bebé?, ¿conocíais las marcas?
Que te escriba por whastApp la que ha sido tu jefa para preguntarte cuándo vas a pasar a tu hijo del capazo a la silla ya es como para tomarse en serio eso de que eres una madre experta. Supongo que tener tres ya hace pensar que algo de experiencia vamos cogiendo. Y si puedo dar algún consejo, lo hago encantada, basándome en mis propias experiencias. En cualquier caso, uno de los cambios más sencillos con los que me he encontrado como madre es el del pasar del capazo a la silla. En su día, con mi primer hijo, no pregunté a nadie, simplemente observé:
1. Que la criatura ya tenía ciertos problemas de movilidad dentro del capazo: Tanto Alfonso como Gabriel han tenido prácticamente en todas las revisiones un percentil de altura del 97% y llegados a los cuatro meses, me pareció que aquello ya no podía resultarles cómodo. Y menos si alguno es aficionado a dormir con los brazos hacia arriba, como le ocurre al peque, al que precisamente cambié antes de Semana Santa, el mismo día que cumplió 4 meses. Como veis en la foto, creo que el tamaño es un factor importante para dar el salto.
2. Que el churumbel empiece a protestar cuando está despierto: De repente, de la noche a la mañana, tu bebé ya no quier estar dentro. Ves que protesta y cuando no estás en movimiento, te dice que «tararí», que ni de broma, vamos, que lo metes allí para dormir un ratito mientras estás en un restaurante o en casa de la abuela y acaba en tu regazo mientras intentas comer. Yo esta tercera vez, me di cuenta justo en un restaurante del que os hablé en otro post la semana pasada. Se ve que ya quieren curiosear y enterarse de lo que pasa a su alrededor. Y para eso, mucho mejor la silla.
Donde esté la sillita para poder cotillear, que se quite todo lo demás. Gabriel feliz en la silla de Bugaboo
Esto suele ocurrir en torno a los cuatro meses, por lo menos así ha sido con mis tres peques. A mí me da cierta pena porque se van quemando etapas y te das cuenta de que el tiempo con ellos pasa volando. Que enseguida empezaremos con las frutas, las verduras.. y cuando me dé cuenta, tendré a Copito de Nieve andando. De cualquier manera, lo estoy disfrutando como una loca, como lo hice con cada uno de ellos. ¿Cuándo hiscisteis en cambio?, ¿qué notasteis para dar ese paso?
En mi casa no somos precisamente discretos en esto del habla. El mayor ha salido a maridín, los dos hablan por los codos con cualquiera y se detienen a contar cada detalle de un acontecimiento. En esto, Alfonso se lleva la palma; como quiera contarte algo con pelos y señales, ponte a temblar porque se tira diez minutos de reloj para narrarte una jugada de fútbol del recreo del cole. Mientras tanto, el mediano y yo somos muy charlatanes pero a la vez selectivos, en cuanto a la gente a la que soltar el rollo y en cuanto al vocabulario, que ahí no escatimamos. En el post de hoy me voy a detener en el tema de Rafa porque es absolutamente asombroso y, por supuesto, divertido.
Justo hace dos años que escribí un post sobre cómo hablaba Alfonso y me he dado cuenta de que su hermano mediano le da mil vueltas con la misma edad. ¡Ojo! cada niño a su ritmo pero oye, ahora lo que estoy viviendo es la experiencia de un crío que, con dos años y cinco meses, se expresa con la misma facilidad que un niño de 4 años (eso sí, con quien le da la gana). Dicen que entre las edades de dos y tres años, el vocabulario de un niño aumentará hasta las trescientas palabras (insisto, cada uno a su ritmo) y os aseguro que el gordi hace ya tiempo que es capaz de referirse prácticamente a cualquier cosa. Ya le sorprendió a la pediatra en la revisión de los dos años y ya nos lo dicen en la guardería. Pero vamos a lo divertido del asunto, ¿qué pasa cuándo tu hijo habla más de lo habitual?
Las «notas» de Rafa de la guardería.
1. Utilizan expresiones de mayores, vamos, que no les pegan nada: es frecuente que empiece a contarte cosas con frases como ¿y sabes qué?. Si te da por cachondearte te salta con un ¿de qué te ríes? Y por supuesto, es muy típico que acabe una frase con un ¿sí o no?
Ahí lo tenéis, el verano pasado, con 21 meses, hablando cual barriobajero 😉
2. Tienen conversaciones surrealistas para llevarte a su terreno: son capaces de volverte absolutamente loca. He aquí un diálogo (de besugos) de la pasada semana.
Yo: Rafa, ponte las zapatillas.
Rafa: ¿Las zapatillas?
Yo: Sí, las zapatillas.
Rafa: ¿Las zapatillas?
Yo: Sí, Rafa, ponte las zapatillas.
Rafa: ¿Los playeros?
Yo: No, las zapatillas.
Rafa: ¿Los playeros?
Yo: Ponte lo que te dé la gana.
3. No te dejan hablar por el móvil: Sí, que eso es muy típico de todos los niños y bebés porque les gusta más un móvil que un caramelo. El problema es que, no sólo te lo intenta quitar, sino que mientras tú intentas tener una conversación con tu santa madre, el niño no hace otra cosa más que decir Abuelaaaaa, ¿qué tal? Y venga a hablar y hablar. El problema es que esto te lo hace un crío de 4 años, le dices que deje de charlar que si no no hay parque, y más o menos lo entiende. Con dos años, directamente se la trae al pairo.
4. Se saben todo el repertorio de canciones infantiles existentes en el mundo: Sí, desde el Señor Don Gato hasta el Patio de mi casa, pasando por los villancicos que, en su caso, son atemporales y se cantan en cualquier situación y momento del año. No exagero si digo que, ahora mismo, ya se sabe casi completas una veintena de canciones, incluyendo el Vivir, vivir de Marc Anthony (pruebas en Facebook). Creo que Alfonso, con esta misma edad, se sabía un par, y como mucho. Esto es divertido para un rato pero a veces resulta una tortura porque me doy cuenta de que voy por la calle tarareando eso de ya lo llevan a enterrar, por la calle del pescado, maramiamiaumiaumiau…
En fin, el tío es divertido de narices y llama la atención cuando habla, para qué os voy a engañar. No os podéis imaginar la de veces que maridín y yo nos tenemos que dar la vuelta para reírnos porque dice algo que nos deja fuera de bolos. En Instagram cuelgo de vez en cuando algunas de sus perlas (en breve le hacen club de fans). Y vuestros peques, ¿han sido precoces o se han hecho de rogar?
Creo que, junto al tema de la alimentación, lo que con más frecuencia nos quita el sueño (nunca mejor dicho) a los padres es que los peques duerman poco o se despierten cada dos por tres. Bien, parto de la base de que quizás he tenido suerte. O no, quizás es que dí con la clave para que mis niños duerman un montón cada noche. Y ¡ojo!, he escrito mis niños porque igual vosotras habéis descubierto que vuestros churumbeles duermen genial con un gorro en la cabeza. Pero oye, para eso escribo un blog, para contar mi experiencia y, si sirve a alguien, pues mejor. El panorama en mi casa es el siguiente: dos niños de 4 y 2 años que duermen unas 11 horas seguidas cada noche salvo requerimiento de agua o caída de la cama. Y bueno, hay veces que con caída incluida, ni se despiertan. A la imagen me remito.
De esta guisa me he encontrado a Alfonso más de una vez. Como veis, problemas de insomnio no tiene 😉
Y luego está Gabriel, que dentro de una semana cumple 4 meses y que duerme del tirón unas 7 horas, hace una toma y vuelve a dormir otras cinco horas seguidas. Vamos, que tengo jarana de día pero de noche poca. Y reconozco que esto hace mucho más llevadera la maternidad y por eso, pocas veces, me oiréis quejarme. Bien, vamos por partes. Creo quetodos intentamos encontrar la fórmula para que nuestros niños o bebés pernocten bien y así descansar nosotros y estar todos de mejor humor por el día. Por eso, probamos a dormirles de mil formas: en brazos, en la cuna, en nuestra cama, en el carrito y seguro que algunos hasta en el coche. Y cuando una noche duermen varias horas, repetimos la operación al día siguiente minuciosamente pero resulta que no funciona igual de bien. Vamos, que levante la mano la que no haya encendido la campana extractora de la cocina, la aspiradora o el secador de pelo al descubrir que el sonido dejaba KO a su bebé. Lo que sea por un ratito más de sueño.
El caso es que Alfonso durmió su primera noche del tirón poco después de cumplir cuatro meses, justo cuando decidimos cambiarle de habitación. Lo hicimos por probar y, ¡madre mía!, cuando me sonó el despertador al día siguiente, vi que eran las 8 de la mañana y el crío no había dado señales de vida, me fui corriendo a su habitación a comprobar que respiraba. Y efectivamente, respiraba y seguía durmiendo plácidamente. Y yo estaba descansada como nunca antes. Así que, la siguiente noche, repetí la operación de dormir al niño en brazos y llevarle a su habitación y ¡siiiiiiiiiii!… el crío volvió a dormir diez horas seguidas. Y con seis meses la criatura pernoctaba hasta 13 horas del tirón. Vamos, que me levantaba descansada y aún tenía tiempo para desayunar y para trabajar un rato. Y descubrí que, cuando teníamos que compartir habitación con él (en viajes, escapadas…), nadie pegaba ojo, ni él ni nosotros.
Con Rafa nos pasó exactamente lo mismo. Cuando tenía tres meses y pico decidí probar lo que había funcionado con Alfonso y ¡bingo! Primera noche en su habitación, primera noche que durmió del tirón 10 horas. Y más de lo mismo, hasta 13 seguidas llegó a pernoctar el gordi. Además, Rafa era de los que, desde que nació, se dormía solo, es decir, que no necesitaba que le cogiesen en brazos como sí nos pasó con Alfonso y como nos pasa con Gabriel. Pero vamos, que justo eso me da igual y lo hago encantada, por mí como si tengo que hacer el pino puente si después se quedan fritos durante horas.
Hombre, si se duermen en esta postura, trato de recolocarlos 😉 El de la foto es Alfonso el contorsionista. Y sí, estaba durmiendo.
Mi conclusión es que ellos se despertaban por la noche por una sencilla razón: los ruidos. Vamos a ver, todos tenemos micro despertares cada noche de los que no nos acordamos porque volvemos a dormirnos sin problema. Pero si resulta que, durante un micro despertar, alguien está roncando (maridín), o tosiendo, o yendo al baño, o moviéndose sin parar (como servidora) pues es lógico que nos desvelemos. Por otro lado, a mí lo que me ocurría durmiendo con ellos es que, en cuanto se movían lo más mínimo o hacían cualquier ruido, yo enseguida me incorporaba a ver qué pasaba. Y así hasta diez veces cada noche. De esa forma, era imposible descansar.
Con Gabriel ya hemos hecho el cambio y, aunque no ha sido como lo de sus hermanos, hemos notado la diferencia y ya duerme hasta siete horas seguidas. También somos muy partidarios de establecer rutinas (baño, poca luz y silencio) para que los bebés vayan distinguiendo día y noche. Es obvio que necesitan un tiempo para eso pero no podemos olvidar que el sueño es una cuestión de salud. Que un recién nacido se despierte seis veces por la noche es normal pero que le ocurra un niño de dos años, puede ser un problema. Primero, porque el sueño es esencial para el crecimiento, la memoria y el aprendizaje. Y segundo, porque a los padres les pasa factura.
Esta es la postura que coge Gabriel para dormir varias horas seguidas. Como veis, bien a gusto que se estira.
Con esto no hago ningún tipo de recomendación sobre dónde o cómo dormir a vuestros peques. Si tanto vosotros como vuestro churumbel dormís de lujo juntos en la cama, estupendo. Yo soy incapaz de pegar ojo con un bebé en la cama porque tengo pánico a aplastarle y porque me muevo mucho. Por lo tanto, no sería muy práctica esta opción en mi caso. Y ya ni os cuento si tuviera que compartir cama con la pareja de mayores y sus bailes nocturnos. Vamos, ya hay veces que me molesta hasta mi señor esposo 😉 Pero a él si le puedo dar algún empujón. Lo que creo es que hay que buscar un equilibrio; si vuestro crío sólo duerme bien meciéndole, es obvio que no es una opción muy factible a largo plazo porque te obliga a estar despierta o medio despierta (vamos, zombi). Hay que buscar la fórmula para que descanséis los dos las suficientes horas como para ser personas al día siguiente. Vamos, la noche que Alfonso o Rafa no duermen bien, están de un humor de perros durante el día o se van dando cabezazos por ahí. ¿Qué os ha funcionado a vosotras?, ¿os ha costado que durmiesen la noche entera?
Los críos nunca dejan de sorprenderme. Das por hecho que no tendrán dificultades para según qué cosas y luego resulta que el asunto se complica más de lo esperado. Y otras veces ocurre lo contrario, que crees que vas a tener que «librar una ardua batalla» para otros menesteres, y luego no hay que llegar ni al primer asalto. Esto último es lo que nos ocurrió con la trama de Rafa y su chupete. ¡Ojo! Que no tenía prisa porque se deshiciera de él pero desde septiembre, coincidiendo con el inicio de la guardería, el crío le había cogido gusto, demasiado.
Y era algo que me daba cierta rabia porque mis hijos nunca han sido nada «chupeteros». Han usado el chupete lo justo y necesario, es decir, para coger el sueño y en momentos de rabieta; vamos, en el caso de Alfonso, muy poco. Es más, recuerdo cuando, a punto de cumplir dos años, se encontraba el chupete en la cuna a la hora de dormir y se lo ponía en la oreja. Sí, he escrito en la oreja y habéis leído en la oreja. Cosas curiosas de bebés. Y Rafa, aunque usó algo más que su hermano el chupete, no se puede decir que lo necesitara… hasta que empezó la guardería. O al menos, coincidió que, a partir de ese momento, lo pedía también por el día. Y como fue además la época de las rabietas, pues yo no le dije que no en ningún momento.
Primer día de guardería que le dejó agotado después de tanta lágrima
Así que yo ya estaba temblando ante el temido momento de que dejara el chupo. Y resulta que una mañana, mientras hacía su cama, Rafa me lo pidió y yo no lo encontraba por ningún lado, ni en el suelo ni entre las sábanas; y mientras lo buscaba, le iba diciendo que no entendía nada, que no estaba por ningún sitio, que dónde estaría el dichoso chupete… Y no, no logré encontrarlo así que cogí uno que tenía guardado de cuando era bebé y que apenas había usado. Era de tetina pequeña, redonda y de silicona, es decir, justo el opuesto al que estaba usando Rafa en ese momento. Se lo metió en la boca y dijo que no quería ese chupete. Le dije que era el único que teníamos y se fue a jugar. Oye, nunca más volvió a pedirlo, como lo leéis. Y de eso, hace ya dos meses.
La última foto en la que aparece con chupete.
Yo no cogí intencionadamente un chupete distinto al que usaba habitualmente. Fue casualidad, era uno que me quedaba por casa y estaba nuevo, así que se lo di por aquello de aprovecharlo. Y sin saberlo, fue la manera de que abandonase el chupete. Por cierto, el suyo apareció debajo del colchón unas semanas después, no me preguntéis cómo demonios llegó ahí mientras dormía 😉 Resumiendo, nunca sabes por dónde van a salir estos niños. Hay madres que deciden cortar la tetina para que el peque vea que está roto y que no se puede seguir usando. En el cole, cuando en Navidad viene el Príncipe Aliatar (algo así como el cartero de los Reyes Magos versión asturiana), hay niños que lo llevan para dejar su tan preciado tesoro para siempre. Habrá mil formas de hacerlo pero la nuestra fue fortuita y sin dramas. ¿Cómo lo hicisteis vosotras?
Por cierto, he incluido este nuevo sello en el blog porque me han elegido «embajadora» de Babymoov; para mí es una de las mejores marcas de puericultura con unos productos de una calidad extraordinaria y con un diseño muy innovador. ¡Estoy encantada de que me hayan elegido!
Que sepáis que ya me considero una profesional de cualquier tipo de celebración a la que haya que ir acompañada por los churumbeles. Mi primer evento familiar con niños (en plural) fue la boda de mi hermano hace casi año y medio, a la que puedo decir que llegamos puntuales pero no sin cierto estrés en casa. Y reconozco que lo suyo hubiera sido llegar unos minutos antes por aquello de ser la hermana del novio. Aprendí bien la lección y casi un año después, llegamos a la boda de mi prima con tiempo suficiente. Y eso que ya no solamente íbamos con niños, sino que estaba embarazada y me había tocado trabajar ese día. Lo dicho, la experiencia es un grado.
Pero es que este sábado, al Bautizo de Gabriel llegamos los primeros (junto a mis padres, todo hay que decirlo); ¡nos presentamos en la Iglesia antes que mis suegros! Lo que yo os digo, a mí ya me pueden llevar a cualquier lado 😉 La clave: planificación. Planea todo lo que esté en tus manos, que imprevistos siempre van a surgir. Si puedes tener la ropa de las criaturas preparada desde por la mañana, mejor. Todo lo que puedas hacer pronto, no lo dejes. Si te puedes lavar el pelo temprano (o en su defecto ir a la pelu, algo que no hago muy a menudo), eso que adelantas. Eso sí, las hay que esa misma mañana aún no teníamos muy claro el estilismo, sin comentarios.
El estilismo del bautizado estaba claro 😉 Un traje de cristianar de hace 60 años con el que se ha bautizado toda la familia, desde mis tías y mi madre, hasta mis primos, hermanos, hijos y servidora.
Prepara, organiza, planifica… porque antes de salir de casa tienes que repasar la lista de cosas que tienes que llevar: el pañuelo y la concha de Bautismo, los recordatorios, la cámara de fotos, las galletas, pañales, ropa para el día siguiente de los mayores porque se quedan a dormir en casa de tus padres, ropa para el bautizado porque el traje de cristianar no es precisamente cómodo… Y tras estos consejos que se resumen en no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, os cuento que salió todo genial. Que disfrutamos mucho, desde la ceremonia, muy emotiva porque el cura es excepcional, hasta el convite-merienda-cena o como lo queráis llamar, porque estaba todo de escándalo y porque se está muy bien entre familiares y amigos.
Los padrinos: mi padre y una de mis mejores amigas. Como veis, nos reímos en la ceremonia.
Papá orgulloso. Y Alfonso sin perderse detalle, a Rafa no pareció interesarle mucho 😉
A partir de ahora podéis llamarle San Gabriel. Mira que he tenido yo suerte con los tres de bebés porque son de un tranquilo (Rafa sufrió una transformación al año y medio, aún no sé a qué se debe 😉 )
Si queréis recordatorios, os recomiendo Siempreloquise. Fijaos qué bonitos estos a modo de marcapáginas, ¡fueron un éxito! Blanca hace verdaderas monadas.
Poco nos importó la lluvia ese día porque lo celebramos en casa de mis padres; esto de que tengan casa en el campo, a cinco minutos de Gijón, les está suponiendo una invasión constante de cumpleaños y demás eventos infantiles. Así que contratamos un catering de unas amigas de mi madre y nos alargamos hasta las 12 de la noche con la merienda-cena. Y obviamente, Rafa y Alfonso se quedaron a dormir allí.
Catering de Mabel y Aurora, con platos de todo tipo, desde cazuelinas de fabada y bollinos preñaos hasta salpicón de marisco.
Y para rematar las galletas de Jénnifer Liébana (del blog quecukiresposteriaydemas). Son una auténtica pasada y Jenni es un encanto.
Como veis, todo salió genial. El protagonista se portó de lujo; mi cuñado dice que así se pueden tener 17 hijos, yo os aseguro que con tres hemos cumplido con este país 😉 De Alfonso y Rafa casi ni nos tuvimos que preocupar; en cuanto están mis primos, que tienen 12 y 8 años, no miran para nosotros. ¿Próximos eventos? En mayo una primera comunión y en agosto bodorrio. ¡Ya tenemos dominado el asunto!
Servidora nunca se pone plazos para nada en cuanto a los niños, voy viendo sobre la marcha lo que hacer y lo que no por pura intuición y, eso sí, también con sentido práctico. Algunas os estaréis preguntando a qué demonios viene esto ahora. Hoy os voy a contar nuestra experiencia con el paso de la cuna a la cama de Rafa. No pretendo que este post sirva para dar ningún tipo de instrucción sobre cuándo y cómo llevar a cabo ese cambio; cada niño a su ritmo. En el caso de Alfonso, lo hicimos con la edad que tiene ahora mismo Rafa pero la situación era bastante distinta.
Este verano os conté que habíamos juntado a los peques en la misma habitación; hasta entonces no lo habíamos hecho porque uno madrugaba para ir al cole y el otro se despertaba tarde ya que por entonces no iba a la guardería. El caso es que fue Rafa el que, el mismo día que se hizo una brecha, nos pidió dormir con su hermano. Y lógicamente accedimos; eso sí, Rafa seguía durmiendo en la cuna. Con 21 meses y el baile de San Vito nocturno que se traen mis hijos, me parecía que lo de la cama podía esperar. Documentos gráficos a continuación.
Dos de las posturas de Alfonso esta misma semana (por no hablar de que se sigue cayendo a pesar de la barrera) con los pies en el cabecero y en horizontal con la cabeza apoyada en el mueble. Muy cómodo, oiga.
Si hay que dormir sentado, se duerme..
Dejarles echados y tapados y encontrártelos al rato así.
La cosa fue bien un tiempo pero acabamos separándolos nuevamente porque Alfonso terminaba hasta el gorro de las charlas nocturnas de su hermano antes de acostarse. Uno quería dormir y el otro seguir de juerga. Así que volvieron a “independizarse” y la verdad es que Rafa ni protestó. Si no, hubiéramos tenido recurrir a la táctica que hacemos todos los padres con los hermanos mayores: rogarles que cedan y aguanten a los pequeños. ¡Qué duro es ser el primogénito! 😉
Hace un mes, Rafa nos pidió dormir nuevamente con Alfonso y esta vez en la cama. Esto de que con 2 años y tres meses sepa hablar a la perfección es lo que tiene, que no te puedes hacer el longui ;- ) Y realmente, como en unos meses Gabriel pasará a ocupar la cuna, nos pareció buena idea. Como veis, aquí uno va quitándole cosas a otro. Oye, todo bien amortizado, ¡que no se diga!
¿Queréis saber cómo ha ido la cosa? Pues si os he dicho muchas veces que Rafa es la sombra de Alfonso, me equivoqué; es algo más que la sombra, es como un grano de esos del que sabes que no vas a librarte nunca. Rafa no se conforma con pernoctar en la misma habitación y en la cama de al lado; Rafa quiere más. Y así, sin más, se mete cada noche en el lecho de su hermano. Cuando está despierto, Alfonso protesta, no quiere invasores, esto de dormir a pierna suelta es muy serio y el mamotreto de Rafa no deja lugar al libre movimiento, que es mucho. Así que me limito a otra secuencia de documentos gráficos para que sepáis cómo nos va la experiencia.
Primeros días: acercamiento, aunque para Rafa suponga dormir con los pies hacia el cabecero. Aclaro que las camas están el «L» porque les queda más espacio para jugar en la habitación.
Siguiente paso: saltar la barrera para entrar en la cama de Alfonso. La verdad es que maridín y yo nos reímos mucho porque nunca sabemos cómo nos los vamos a encontrar.
Secuencias posteriores: coger la misma posición… Cuando maridín me mandó esta foto de cómo se los encontró por la mañana, casi me da algo 😉
La misma posición llevada al extremo: con la cabeza pegada al mueble. Obsérvese que son del Sporting 😉
Y como cada noche, cuando nosotros nos acostamos, les volvíamos a colocar en su sitio y, consciente o inconscientemente, Rafa volvía a las andadas, decidimos cambiar las camas de posición y allanarle el camino.
Lo que pasa es que a veces se pasa y acaba con medio cuerpo en el mueble.
Estoy pensando que como esto de las posturas de mis hijos dormidos da para mucho, igual hago un post mensual con fotos 😉 Pues esa es nuestra experiencia, que se resume en que, en cualquier momento, Alfonso manda a su hermano a la porra…. vamos, de hecho, una noche empezó a gritar como un loco porque se despertó y el otro estaba sentado a su lado, jajaja. A mí no me hizo ninguna gracia, yo llevaba sólo 20 minutos durmiendo ya que Gabriel quería juega. En fin, ¿cómo os ha ido la experiencia en este sentido? Perdonadme por no responder a todos los comentarios, estoy liada con lo del sorteo del aniversario del blog y con el diseño. Y por si fuera poco, hace dos semanas, decidí retomar tema deporte-zumba (prometo post también sobre esto) Y gracias a MAM por estos regalos para Gabriel, nos vienen genial. Será una de las marcas que ceda productos para el sorteo. La semana que viene os adelanto todas las empresas que participan.
Esto de la lactancia mixta es un chollo. Bueno, para mí, claro. Porque cuando tienes más de un hijo, no puedes dedicarle todo el tiempo que quisieras a tu bebé. Por supuesto, intento atender las necesidades de un churumbel de 2 meses antes que las de uno de 2 o 4 años pero… en ningún caso, puedo dejar de ocuparme de ninguno. Así que, aquí va la lista de ventajas que, en caso de tener varios hijos, tiene la lactancia mixta. Eso sí, esto no quiere decir que sea la mejor elección para todas. Es la mejor opción para servidora por estas razones:
1. Puedes delegar: puesto que, cuando tienes más de un hijo, se complica eso de dormir cuando el bebé lo hace y tienes que estar al pie del cañón cuando los otros hijos te requieren, se agradece que alguna noche, o en algunas tomas, sea maridín el que dé un bibe. Sí, podrías sacarte leche pero, con más de un hijo, no encuentras momento para eso.
Mi hermano dándole un biberón a Alfonso cuando tenía 4 meses.
2. Ahorras tiempo: a nadie se le escapa que, para un bebé, es más rápido tomar un bibe que mamar. Y como tienes otros hijos que, a su vez, tienen unos horarios, a veces no queda más remedio que alimentar a tu criatura de la forma más rápida. Ya lo comenté en algún post, cuando tengo que salir de casa a recoger a Alfonso y a Rafa a su cole y guardería, le doy un bibe al pequeñajo y ¡hala, a correr!
3. Refuerzas el sistema inmunológico del bebé: creo que ya es de sobra sabido por todas que la leche materna no sólo alimenta sino que también protege a los niños frente a algunas enfermedades. ¡Ojo! que dar el pecho no garantiza nada y los bebés que toman leche materna también se ponen enfermos… Y los hay, como Alfonso, que apenas tomó leche materna (ya expliqué en otro post mi problema) y jamás ha tomado un antibiótico ni ha tenido bronquitis; de hecho, la última vez que mi hijo mayor estuvo enfermo fue hace ahora un año (salvo tos, claro). Ésta ha sido la razón de más peso para que decidiese optar por darle algo de leche materna al peque. Y por ahora, estamos librando (cruzo los dedos). Obviamente, cuanta más cantidad, mejor.
4. Destete sin traumas: al estar acostumbrado a pecho y bibe, cuando decides no amamantar más, el peque no nota el cambio. Sé que muchas madres pasan un mal trago cuando, por ejemplo, deben empezar a trabajar y tienen que dar biberones porque sus peques lo rechazan. Incluso en el caso de que quieran seguir dándole leche materna al bebé, no les queda más remedio que sacarla para que otros se la den cuando ella no está. Los nenes que están alimentados con lactancia mixta, lo mismo cogen una ubre, que una tetina, que un chupete, que cualquier cosa, oiga. Se enganchan con facilidad a lo que pillen 😉
Por lo demás, encuentro que tiene los inconvenientes de los biberones, ya sabéis, esterilizar (bueno, con el tercero no esterilizas mucho, la verdad) y calentar la leche. En cualquier caso, lo que para mí es más cómodo no tiene que serlo para las demás. Imagino que hay quien, con un tercer hijo ni se plantee dar el pecho y las habrá que amamanten a todos sus churumbeles, sean dos o cinco. ¿Qué decisión tomasteis vosotras cuando repetisteis en esto de la maternidad?, ¿qué factores pesaron para darles biberón o pecho?
No tenía pensado escribir sobre esto pero una foto en Instagram de mi hijo Rafa haciendo una de las suyas me abrió los ojos y me di cuenta que este «personaje» merece un post especial. Eso sí, primero aclaro que a los niños, según su comportamiento, les clasifico en tres grupos. Por un lado, están los chiquillos tranquilos, que creo que no son más del 10% de la población infantil mundial. Por supuesto, no son estadísticas de ningún estudio sino fruto de mi observación. Sencillamente, es que por cada 9 niños moviditos que veo, sólo diviso uno manso. En este grupo englobaría a Rafa en su primer año de vida, porque era un santo, y a Alfonso, en sus casi primeros tres años de existencia, porque también rozaba la santidad.
Cuando Alfonso y Rafa estaban en su época tranquila.
Luego está el grupo de los traviesos, llámense como queráis: revoltosos, movidos, inquietos, pillos… Y aquí están la gran mayoría de niños del planeta, en torno a un 80%, nada más y nada menos. En este clan mayoritario incluyo a Alfonso en este momento de su vida. Son críos que rara vez están parados pero que no suelen montar ninguna trastada de las gordas. Para mí, sin duda, forman parte del mejor grupo. Es cierto que hay momentos en los que nos gustaría tener un hijo de esos que está sentado tranquilamente en un restaurante, o que no «monta un pollo» por estar colocado en la sillita pero, sinceramente, se agradece que tengan cierto descaro.
Y luego está el grupo de los niños temerarios; ésos que, no sólo no paran, sino que además te tienen continuamente en un «sinvivir» porque nunca tienen una ocurrencia buena. Aquí incluyo al pieza de Rafa. Esta situación no me pilla de nuevas porque he sobrevivido a tres hermanos rozando el grado de «terroristas» 😉 Este sábado, mientras maridín y Alfonso estaban en natación, yo me quedé en casa con los otros dos y aprovechaba para organizar y adecentar el hogar. De repente, vi que Rafa venía a contarme una batalla de las suyas con un bote de lápices vacío en las manos. Caí en la cuenta de que ese objeto no estaba precisamente a su alcance.
Así que me lo llevé a la «escena del crimen» y le pregunté si se había subido en la mesa de cristal. Lo bueno que tiene este crío es que dice la verdad cuando le preguntas (aunque también se inventa cosas no reales). La respuesta fue obvia: sí. Se había subido a una silla para ascender a una mesa de cristal (peligro total) y de ahí a una estantería. Teniendo en cuenta que pesa 16 kilos y que es bastante torpe, la cosa podía haber terminado muy mal. Por supuesto, esa mañana decidí no meterme en la ducha hasta que llegó el padre de las criaturas.
Esa misma mañana, también le descubrí metido en la minicuna de Gabriel, aunque el bebé no estaba dentro. Fue otra de las razones por las que desistí en mi intento de entrar al baño a ducharme.
La foto que colgué en Instagram mostraba una situación que, a posteriori, es bastante divertida. Y digo a posteriori, porque en el momento no te hace ninguna gracia. El crío se metió en la ducha para esconderse por la noche antes de lavarse los dientes; cuando me lo encontré allí, me pareció gracioso y le hice una foto. Me di la vuelta y oí el agua. El resto os lo imagináis: cambio de pijama, secado de pelo… vamos, que en ese instante te acuerdas de la madre que lo parió, es decir, servidora. Pero luego, te ríes. ¿En qué grupo están vuestros peques?
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