Padres y fútbol infantil

Ya os conté hace poquito en un post que Alfonso eligió el fútbol como la primera actividad extraescolar de su vida. Hace ya dos semanas que empezaron a entrenar y la verdad es que está feliz, yo menos porque ya tiene el chándal del cole agujereado en la zona de las rodillas, se toma muy en serio la posición de portero 😉 Bueno, vamos al lío. El otro día, el presidente y el coordinador del equipo del cole nos convocaron a los papás a una reunión. Pensé yo que no iba a ser productiva tratándose de segundo de Infantil pero ¡vaya que si fue interesante!

Primera sorpresa: tienen liguilla este curso. Sinceramente, no sé porqué dí por hecho que tan pronto sólo entrenarían. En cualquier caso, ya os podéis hacer a la idea de la ilusión que le hizo esto al niño… y al padre. Sé que maridín es muy sensato y tranquilo pero le he dicho que no quiero ultras en la grada 😉 Esto de la liguilla supone comprar la equipación del cole así que pasamos de no tener ninguna hace un mes a tener dos, la del Sporting y la del equipo del colegio, menos mal que ésta última cuesta 15 euros.

Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle, si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.

Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle; si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.

Más sorpresas: nos dejaron caer que, de los más de diez equipos que jugarán, hay tres o cuatro que se las dan de «gallitos», vamos, que se lo toman en serio. Sinceramente, allí estaré para verlo porque madre mía, como a alguno se le ocurra hacerle una entrada fea al crío me va a salir la vena «dramamamá». ¿Es necesario? Tienen 4 años, sólo tienen la obligación de divertirse, no de ganar. Mi tía ya me ha dicho que hace tiempo que dejó de ir a los partidos de sus hijos por la vergüenza que algunos padres producen en las gradas. Os prometo que mi cara de asesina en serie puede ser tremenda cuando vea a algún progenitor fuera de sus casillas, y aquí entran los tacos, los gritos al propio hijo, los insultos a los del equipo contrario…

Y otra sorpresa más: nos contaron que, si el crío juega bien al fútbol, es posible que otros clubes se pongan en contacto con nosotros para decirnos algo así como «en el equipo que juega tu hijo no va a conseguir nada importante». Pero por Dios, ¿a los 4 años alguien sabe ya si mi hijo va  ser un futuro Messi o Cristiano? Y si tuviera un don con el balón, ¿alguien cree que le voy a separar tan pequeño de sus compañeros de clase por llevarle a otro equipo? Por favor, que es un niño, tiempo al tiempo. En fin, con tres hijos varones os aseguro que voy a tener muchas historias que contar sobre esto. ¿Creéis que algunos padres se exaltan demasiado?, ¿tenéis experiencias en esto las mamás y papás de niños más mayores?

Sobre Apple, Facebook y la congelación de óvulos

Cuando una lee algunas noticias se queda, cuando menos, boquiabierta y piensa «esto será una broma, ¿no?». Ahora, Apple y Facebook financian la congelación de óvulos de sus empleadas para, según ellos, retener el talento, algo que ya están haciendo otras empresas. A ver, que yo me entere, se preocupan por nosotras cuando tenemos 30 años porque, por lo visto, somos más listas pero oye, si a los 40 nos da por tener un hijo, no pasa nada porque ya no debemos ser tan productivas.

Igual soy un poco exagerada pero, para mí, es todo muy simple: o sirvo para un trabajo o no sirvo. Es que no sé porqué algunos siguen empeñados en que si soy madre ya no soy válida como trabajadora. ¿Qué tal si me facilitan la conciliación?, ¿y si en vez de gastarse 10.000 euros en mis óvulos, ponen ustedes una guardería en sus súper centros de trabajo donde hay salas de juegos? Les aseguro que, teniendo a mi hijo cerca y bien atendido, voy a rendir lo mismo o más. Y aún así, ¿es que no se puede tener un buen puesto de trabajo y un horario sensato? Huele todo a machismo, así de claro.

Por otro lado, está claro que nuestra salud les importa bien poco. En toda esta historia, lo único relevante es que nuestros ovulitos sean jóvenes pero, ¿van a congelar nuestro útero?, ¿se van a hacer cargo esas empresas del coste económico y, sobre todo, emocional del aumento en la frecuencia de complicaciones en embarazos tardíos como hipertensión, diabetes gestacional, hemorragias, placenta baja…? Que no me estoy inventando nada, cualquier estudio reconoce un aumento de la prematuridad, de los niños de bajo peso al nacimiento y sobre todo de la mortalidad intrauterina y perinatal.

Me parece perfecto que alguien decida ser madre a los 40 años, sólo faltaba, pero que no lo haga porque a su empresa le conviene sino porque ella realmente lo desea así. Señores, no se enteran ustedes, no nos interesa la congelación, queremos ser madres cuando nos salga de las narices, lo que nos interesa es la CONCILIACIÓN. Mientras tanto, estaremos destinadas a puestos sin relevancia, y no porque no seamos válidas sino porque, para ellos, ser madre no es compatible con tener éxito profesional. Este tema ya lo abordé hace unos meses porque me cabrea bastante pero llegar a estos extremos de pagarnos la congelación de los óvulos merecía un post aparte. ¿Qué opináis?

Actividades extraescolares, ¿si o no?

Este curso, por primera vez, hemos apuntado a Alfonso a una actividad extraescolar. No lo hicimos en primero de Educación Infantil porque, por un lado, es de los que cumplen el último trimestre del año, por lo que empiezan el curso sin haber cumplido tres años; a estas edades, aún se perciben las diferencias entre los mayores y los pequeños de la clase. Y por otro lado, porque en su colegio tienen jornada partida, es decir, salen por la tarde, no a mediodía; meterle más horas de colegio, aunque fuesen actividades tranquilas, me parecía demasiado.

Este año hemos elegido fútbol, ¿por qué? Pues sencillamente porque lo está deseando con toda su alma. No hay, ahora mismo, nada con lo que disfrute más. Sale del cole y, antes de hablarme de cualquier actividad que ha hecho en clase, me narra alguna jugada o caída en el recreo jugando con la pelota. Se puede pasar diez minutos de reloj contando el envite futbolístico, con pelos y señales. Cualquier objeto en el suelo, independientemente de que su forma sea redonda o cuadrada, es susceptible de puntapié, lo cual me cabrea bastante y tengo que reñirle. Ya os podéis imaginar cuántas cosas relacionadas con el deporte rey pide para su cumpleaños, que es mañana. Lo sé, son básicos estos varones 😉 , pero como decimos en Asturias, «ye lo que hay».

El otro día colgué en IG esta foto de mis hijos metiéndose en medio de un partido en la calle entre niños mayores. No lo pueden evitar.

Puede que precisamente por todo esto, algunas penséis que quizás necesite cambiar de aires y que intente llevarle por otros derroteros pero la verdad es que, a esta edad, quiero que disfrute con la actividad que haga. Sé que también son años en los que el aprendizaje es bestial y, por tanto, tendría que aprovechar para apuntarle a inglés o música pero, con seis horas de clase al día, una de ellas siempre es taller de idioma, teatro, manualidades… creo que tiene bastante. En cualquier caso, entiendo perfectamente que otros padres elijáis actividades mucho más «didácticas» que el fútbol.

Además, hemos conseguido apuntarle a natación los sábados. Aunque lo pasa bien en la piscina, esto le va a gustar menos. Lo hago porque el verano que viene, con tres niños menores de cuatro años, necesito que se defienda en el agua. Puedo estar pendiente de todos pero no puedo mirarlos sin parar a los tres a la vez así que… la natación la elegimos por cuestiones de «seguridad», no tanto de entretenimiento. Y vosotras, ¿qué actividades elegís o elegirías para vuestros hijos en Educación Infantil?, ¿preferís deportes o tareas más tranquilas o artísticas?, ¿qué criterios seguís para la elección de una un otra cosa?

La pareja cuando llegan los hijos

Hoy me toca un post reflexivo, no siempre tengo capacidad para sacarle punta a todo. Aunque no lo creáis, tengo también mi punto serio. Hoy hace cinco años que me casé con maridín aunque sólo pasamos un año «solos»; en nuestro primer aniversario yo ya tenía un bombo de 38 semanas por lo que, para mí, es difícil hablar de matrimonio sin aludir a los hijos. Vamos, más que difícil, es casi imposible separar estas dos realidades. Han pasado cinco años desde que nos prometimos estar juntos para siempre y estamos a la espera del tercer retoño, casi nada. Sé que soy joven, que podíamos haber esperado para estar un tiempo disfrutando de «nosotros» pero creo que, como pareja, los hijos también nos han aportado mucho.

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No vamos a obviar que la paternidad no es un camino de rosas porque realmente está lleno de dificultades, pero si eres capaz de seguir queriendo y cuidando a alguien a pesar de la falta de tiempo y de «espacio» para dos, entonces sales reforzado. El día a día con hijos supone salir corriendo para llevarles al cole o guardería y después ir a trabajar o quedarte en casa cuidando de los peques y, cuando acaba la jornada, los niños te siguen reclamando (para jugar, baños, cenas) y ya casi no puedes contarle algo a tu marido.

Yo no sé las veces que le he dicho a Alfonso este verano en las comidas que me deje terminar de decir una cosa a maridín. ¡Y la de días que pasan y que no hemos hablado de otra cosa que no sean los niños!, ¡y la de fines de semana que llevamos sin salir a cenar los dos solos! No es culpa de ellos pero al final, los hijos suponen un nivel de exigencia altísimo y el cansancio hace mella. Y además, en nuestro afán por ser las mejores madres del mundo, corremos el riesgo de que otras facetas de nuestra vida fracasen y, a la larga, esas otras cuestiones pueden repercutir en nuestro ánimo y, por tanto, en nuestros hijos.

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Y por ponerle humor al tema. Que sepáis que las arrugas aumentan en función del número de hijos, ¡madre mía!

A veces, es mejor hacerles entender a nuestros hijos que, aunque los queramos con locura, no les podemos dedicar el 100% de nuestro tiempo. ¿Para qué engañarnos? Si por entregar toda mi existencia a mis niños (que además crecerán y cada día me necesitarán un poco menos), mi matrimonio se va al traste, ¿de qué me habrá servido? lo único que puedo conseguir es que los niños tengan que pasar unas temporadas con su padre y al final, aún estaré menos tiempo con ellos.

Y además, si algo tengo claro a estas alturas, es que los niños aprenden con el ejemplo y ver a unos padres que se quieren y se respetan es una de las mejores lecciones que podemos darles. Y esto no tiene nada que ver con las que deciden separarse porque ellos son unos cretinos o no ejercen como padres, ehhhh…. Yo aquí hablo de que a veces olvidamos que, además de madres, somos amigas, hijas, hermanas, profesionales… y esas facetas debemos, por lo menos, atenderlas aunque nuestra prioridad sean los peques.

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Lo mejor que tengo.

Pues eso, que hoy me he puesto un poco seria, y me ha salido un post muy formal aunque, de vez en cuando, no viene mal. Además, seguro que podéis contarme qué hacéis vosotras o vuestras parejas para intentar mantener el «espacio para dos». Y como sé que maridín entra por estos lares de vez en cuando… que sí, lo sé, soy poco cariñosa, nací con esta tara pero ¿dónde ibas a encontrar a otra como yo que te quiera tanto? 😉 ¡Buen fin de semana!

Primer día de guardería y otros dramas

Definitivamente, ya puedo decir que mis peques son unos drama-niños. ¿Que son sociables y alegres? Mucho, igual hasta son un poco exagerados cuando se ríen, de ahí que se hayan ganado el apodo de los «risitas» o «felicianos» desde bebés. Pero oye, que si hay que dramatizar, ellos también son los primeros para eso. Hace dos años, Alfonso empezó la guardería entre un mar de lágrimas; sólo un año después, le pasó lo mismo con el cole y aquel proceso duró unos cuantos días, estuve al borde del colapso con su crisis existencial.

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Alfonso, en su primer día de guardería hace dos años. Muy compungido cuando fui a buscarle después de hora y media de llantina.

Ayer fue Rafa el que se estrenó en esto de las clases y ¡tragedia! Que aunque yo le hablé del asunto días antes (todo lo que se le puede decir a un bebé de 22 meses), creo que no captó el mensaje. Y eso que tuvo la suerte de ir acompañado de su hermano mayor y, no sólo eso, sino que en la guardería, muy dispuestos, se ofrecieron para que se quedase Alfonso allí las dos horas y a Rafa le fuese más fácil la adaptación. Pues ni con ésas.

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Ayer, los dos juntinos. El pequeño sin saber lo que iba a pasar. El mayor ejerciendo como tal.

Entramos en el centro, los dos tan «pichis» analizando un super patio lleno de triciclos, motos y toboganes. Rafa estaba desconfiado y se acercaba a todo pero sin soltar mi mano por más que yo hice mis intentos; los críos no tienen un pelo de tontos. Allí apenas lloraba un niño porque los padres llegamos de forma escalonada y así se evitan desdichas comunitarias y contagiosas. Se despistó unos segundos y yo desaparecí; en el tiempo que me puse a hablar con la profe, ya en otra sala, le oí empezar a llorar. Mal asunto.

Y tuve, para mí SOLA,  hora y media para hacer recados, todo un lujo. Llegué a la guardería pensando que estarían felices y contentos. La cara de la profe al abrir lo dijo todo; bueno, la cara y las palabras: nunca me había pasado, no ha parado de llorar. Y efectivamente, entré y ahí estaba Rafa, desolado. El pobre Alfonso no pudo disfrutar mucho de su estancia porque no había conseguido que el enano dejase de lagrimear y estaba agobiado. Ser hermano mayor es duro, os lo digo yo. Si uno de tus hermanos pequeños monta un numerito (sea del tipo que sea), vas a ser el primero en enterarte y bajar la cabeza.

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Y así se quedan después de semejante trance.

La verdad es que no deja de sorprenderme que esto les cueste tanto cuando están muy acostumbrados a estar con gente; es cierto que hasta los casi dos años han pasado la mayor parte del tiempo conmigo pero han sido también muy independientes para jugar, dormir… y les gusta estar entre gentío, se van encantados y sin decirme ni adiós con los abuelos, tíos… En cualquier caso, ahora ya sólo espero que en poco tiempo le coja gusto a esto de la guardería, y que la vuelta de Alfonso al cole sea positiva. Os confieso que me gustaría disfrutar del final del embarazo con un poco de tiempo para mí. ¿Qué tal la vuelta al cole y los inicios de guardería de vuestros peques?

La vuelta al cole, ¿un descanso para los padres?

Ahora sí, lo confieso y, no sólo eso, sino que lo grito a los cuatros vientos: me uno al club de las madres que están deseando que llegue la vuelta al cole. ¡Quién me lo iba a decir! Acostumbrada yo a estar las 24 horas del día con un niño o retoño a cuestas desde hace casi cuatro años y, a la mínima, estoy deseando desertar. Que no es que ya no quiera estar tanto tiempo con los churumbeles pero es que juntos, día y noche, han resultado una mezcla explosiva. Por separado el asunto lo llevaba mucho mejor, no os voy a engañar.

El verano pasado tenía un niño de más de dos años y medio que había salido de la guardería casi como había entrado, de un dócil que para qué contaros, casi rondando la santidad. Vamos, un niño de esos que da gusto tener en casa. ¡Pobre de mí que pensaba que aquello sería así toda la vida! Fue empezar el colegio y se acabó la paz. Allí espabilan y el que era dócil ahora es un mandón. Y el que era manso, ahora es un rebelde, con mucha bondad, pero al fin y al cabo, un niño que está en fase de negación, ¡mira que les gusta decir «no» a todo!

Y el verano pasado, en mi casa, el otro inquilino tenía ocho meses y todo su desplazamiento era el gateo, y esas velocidades no son comparables a las maratones que hace hoy en día. Y ahora tengo un pequeño imitador de su hermano mayor. Lo sé, con 22 meses no debería tirarse en «plancha» al suelo, ni coger la moto y «estrellarla» contra el sofá, ni reírse cuando le hacen una zancadilla; al menos, eso era algo que Alfonso no hacía hace dos años, pero vamos, ni eso ni parecido. Pero los pequeños copian y, por desgracia, no a sus padres, sino a sus hermanos. Y si el mayor se sube a la cama o al sofá para saltar, el otro va detrás. Y si uno quiere un coche, el otro también. Y así se monta la de San Quintín. Y yo, a estas alturas, tengo la cabeza como un bombo.

Así que, desde aquí, lo digo alto y claro: las vacaciones son para los niños, no para los padres. Y casi tres meses de fiesta y jarana empiezan a parecerme un exceso. Claro que, en el caso de los hijos únicos, igual la cosa es bastante más tranquilita aunque apuesto a que acaban queriendo regresar a las clases porque en casa no hay tanta animación. Igual soy yo una exagerada por aquello del embarazo pero me da a mí que no soy la única a la que la vuelta al cole le va a sentar bien. Y vosotras, ¿sois de las que estáis deseando que empiece otra vez el colegio de los peques?, ¿notáis también que ellos necesitan más rutina y a sus amigos?

Look de embarazada para entretiempo

Aprovechando que mi barriga, ya de seis meses, empieza a ser evidente (hasta ahora, con ropa, había quien te miraba con cara de «menuda tripa cervecera se gasta ésta») y que los posts de moda, tanto de embarazada como de niños, siempre están entre los más leídos, voy a intentar incluir algunos looks para las que esteis en mi situación. Y digo «intentaré» porque ni soy una fashion victim, ni puedo permitirme el lujo de comprar modelitos cada dos por tres, ni me veo capacitada para poner caras y morritos muy habituales en blogs de moda. Además, menuda presión eso de tener que ir siempre mona, qué vida más estresante la de la Echeverría 😉

Y como ya sabéis que el verano está siendo lo menos parecido al verano, que ha habido días que no hemos pasado los 18 grados y que servidora es friolera de narices, os dejo hoy un look para los días de entretiempo. Aún así, a optimista no me gana nadie y confío en seguir yendo a la playa en septiembre, que el invierno es muy largo y la primavera nunca viene con sol por aquí.

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Chollito de rebajas, y quedaban todavía un montón hace dos días.

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Las blusas, una de esas prendas que me acompañarán los próximos meses. Ésta la cogí también en rebajas y quedaban muchas.

 

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Los leggings van a ser mis mejores amigos de aquí a que dé a luz, en negro, gris o marrón cuando empiece octubre y, por ahora, en azul marino. Cojo la talla L y me aguanta hasta el final. Los playeros los compré en mayo pero siguen vendiéndolos como artículos de continuidad.

Por supuesto, incluiré mis ya habituales posts metida en los probadores de las tiendas para que podáis ver lo que sienta bien a las embarazadas. ¡Buen fin de semana!

De boda: embarazada, con niños y después de trabajar

No digo yo que ésas sean las mejores condiciones para ir a una boda pero cuando no queda más remedio, lo haces y tan contenta. Ahora puedo corroborar que se sobrevive y que, incluso, puedes formar parte del grupo que cierra la boda a las seis de la madrugada. Pero vamos por partes.

Lo de ir de boda estando embarazada puede ser una faena para algunas futuras mamás, por ejemplo, si se sienten muy cansadas o sufren cuando no pueden beber alcohol. Yo es que con lo de las bebidas soy muy sosa, he salido a mis padres, y no me gusta ni el vino, ni la cerveza, ni la sidra… vamos, que no me sacáis del Martini, y algún combinado más. Aún así, en una boda me permito tomar algo porque sé que una copa no me va a llevar a otra.

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Alfonso, directo al aperitivo 😉

Yo sufriría tremendamente si no pudiera comer jamón, pero en los tres embarazos he tenido tres matronas estupendas que me dejan comer de todo así que en las bodas soy feliz cuando pasan bandejas de jamón una y otra vez. Y como no me siento cansada por la gestación, para mí ir de boda en estado no es un problema. Aguanto hasta que nos echan 😉

¿Ir con niños de boda? A priori, no es la mejor opción, esto es indudable. Pero sinceramente, como era la boda de mi prima y no iban a poder cuidar de ellos mis padres ni familiares (porque venían también al evento) y era un fin de semana (por las fiestas del Carmen) muy malo para que alguna amiga o conocida se quedara con ellos, decidí llevarlos. La verdad es que la experiencia es un grado así que aprendí la lección de la boda de mi hermano. Nada de dejarles dormir la siesta hasta última hora y sudar la gota gorda para vestirles, adelantamos comidas y les despertamos con tiempo para no llegar corriendo a la iglesia.

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Otra razón de peso para llevarles a la boda fue que iban todos mis primos y los peques se lo pasan genial con ellos.

Aún así, teníamos la logística muy bien organizada para los niños. Después del aperitivo, sobre las nueve de la noche, dejamos a Rafa en casa de mis tíos con la niñera que tienen habitualmente que, como es extranjera, poco le importan las fiestas locales y se quedó a dormir con el peque. Y lo de Alfonso, blanco y en botella. Tengo un padre muy poco trasnochador así que el gordo se quedó a la cena y después, se fueron abuelo y nieto tan contentos. Como veis, todo muy bien pensado para amanecer el domingo sin los niños en casa 😉 Aunque no os creáis que dormimos mucho, el domingo por la mañana nos fuimos de fiesta de «prao», vamos, de romería con los peques.

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Con mi madre y los peques. He de decir que se portaron bastante bien en la ceremonia.

Pero señores, lo peor que te puede pasar antes de una boda es tener que trabajar. Vamos, sin duda alguna. Sobre todo si tienes que levantarte a las seis de la mañana y grabar seis programas seguidos sin descanso, de pie y subida a unos tacones. Cuando me lo dijeron hace unos días, creí morir. Ah, eso sí, lo bueno es que salí maquillada y peinada del trabajo, es la ventaja de la tv.  Al final, un poco de planificación y a la hora de comer estaba en casa, me eché un ratito en la cama y aquello me dio la vida (tenía las espalda y los pies reventaditos) y me hizo aguantar hasta las seis de la mañana «dándolo todo» en la pista de baile. Así que pasé 24 horas en pie. Y os digo una cosa, a pesar de todo, lo pasé pipa. Confieso que no es la primera boda a la que voy después de trabajar, pero por entonces estaba soltera y se lleva mejor ¡qué malo es el paso del tiempo! 😉

Por cierto, sé que no es un blog de bodas pero veo que esto de los bodorrios os gusta tanto como a mí (2000 visitas ayer con el post del look y más de 2500 el día que puse fotos de la boda de mi hermano el año pasado) así que os dejo un par de fotos más del tema modelitos. ¡A ver si voy a tener que cambiar la temática del blog!

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La embarazada y la mamá reciente. Su vestido es de Try, Gijón.

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Otro vestido que me gustó mucho fue el de la hermana del novio, de Hoss Intropia.

Me hubiera encantado poner más fotos pero ya sabéis que no todo el mundo quiere salir en blogs y redes sociales, una pena porque la novia iba espectacular. Y que sepáis que ya estoy preparando post de ropa de niños para ir a una boda, por si os sirve de ayuda aunque ya digo una y otra vez que no soy experta en enlaces ni protocolo ni nada, es sencillamente gusto personal.

Look de boda embarazada

El sábado nos tocó ir de bodorrio, ¡mira que me gusta a mí lo de los casamientos! Son de esas pocas veces que, a estas alturas de la vida, sales con la idea de «darlo todo» y si hay que acostarse a las mil, pues se hace sin remordimientos. En cualquier caso, ya os adelanto que, entre la noche del viernes y la del sábado, apenas dormí 10 horas, y no sólo por la boda. Prometo post con los detalles, pero aún no me he recuperado y tengo que dedicarle un tiempo así que hoy os dejo el modelito que elegí para el evento.

Había comprado hace más de dos meses un vestido pensando en la tripilla, es decir, algo holgado. Menos mal que me dio por probármelo unos días antes de la boda porque ¡menudo desastre! No es que no me entrase, es sencillamente que, por poca barriga que tenga, el vestido me hacía parecer una «mesa camilla». Y como no me fiaba de mi criterio, lo llevé a casa de mi madre para que diese su veredicto: no eran imaginaciones mías, me sentaba mal. Como mi madre es muy apañada, se fue una tarde de rebajas y trajo un par de cosas para que me probase. El vestido que a mí me parecía que no me iba a quedar bien porque se ajustaba en la zona de la barriga, resulta que me quedaba como un guante, ¡hay veces que nunca se sabe!

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Vestido de King’s Road, Gijón. En rebajas, 55 euros.

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Aquí se ve mejor el color del vestido. En el momento de las fotos, se puso a diluviar, de ahí que no tuviera mucho margen para sacar fotos en condiciones.

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Peinado y maquillaje de Juani Cillero. Ya os contaré en el siguiente post porqué no podía ir a la peluquería.

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Corona de flores de Eva Vidal. Creo que hubiese quedado mejor con el pelo suelto pero las previsiones daban lluvia y aquí la humedad es tremenda, así que tiré de comodidad.

Y por hoy acabo, el post con todos los detalles de la boda lo dejo para otro día. Obviamente me centraré en los peques y en el embarazo en estos eventos, porque éste es un blog de maternidad, no soy especialista en enlaces aunque me gusten las bodas más que a un tonto un lápiz 😉

Ecuador del embarazo

Pues así, sin darme ni cuenta, he llegado a la semana 20 de embarazo. No os creáis que exagero con eso de «sin enterarme», el otro día sin ir más lejos me subí a los coches de choque con uno de mis primos y cuando nos dieron el primer golpe, me dí cuenta de que yo no podía subirme. Ningún embarazo es como el primero, y ¡mira que yo estuve como una rosa entonces! Pero en aquella ocasión me levantaba por la mañana pensando en el asunto, me miraba al espejo doscientas veces para ver si la barriga crecía, ya mencioné que no leí libros sobre maternidad y embarazo pero sí que es cierto que buscaba en internet los cambios que se producían semanalmente en el feto…

Con el segundo la cosa cambia, y con el tercero es que ya hasta empiezo a sentir pena y el pobre aún no ha nacido, ¡menudo abandono! En cualquier caso, por suerte, mis embarazos están siendo parecidos en cuanto a síntomas: nada de vómitos ni náuseas pero sí sueño y granos en el primer trimestre; con una energía, de momento, durante el resto de la gestación y sin ningún problema. Vamos, haciendo vida normal.

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Dicen que cada embarazo que pasa, la barriguita sale antes. Desde luego, no es mi caso, creo que llevo el mismo ritmo que en los otros dos, vamos, sin mucha tripa.

En cuanto a kilos, llevo un aumento de 3 y medio, así que creo que engordaré lo mismo que en el segundo, unos 9 ó 10. No quiero mencionar cómo me puse de gordi en el primero, ya llevaría el doble a estas alturas y así hasta ¡18 kilazos! No es que sea excesivo para muchas mujeres, pero yo no me hincho ni retengo líquidos, ni tengo un tripón, y teniendo en cuenta que Rafa pesó más que Alfonso al nacer, aquello fue una demostración de que el peso del bebé no depende de los kilos que cojas en el embarazo.

Ayer nos hicimos la segunda ecografía y todo está perfecto, requeteconfirmado que es niño (yo no lo dudé ni un minuto porque con los tres han acertado ya en la primera eco) y está perfecto; ya mencioné que en mi familia hay dos casos de labio leporino, lo cual no es algo muy grave pero es obvio que, cuanto mejor esté el niño, más contentos estamos. Y en esto puedo resumir mi primera mitad de este tercer embarazo, estoy como una rosa, el niño está sano y yo no sólo sigo mi ritmo sino que, entre los dos niños más el nuevo trabajo, aún llevo más acelerón del habitual.

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Primeros síntomas del embarazo y otras cosas que no te cuentan

Cuando ves el «positivo» en el test de embarazo sientes una sensación bestial, sobre todo la primera vez ya que es algo completamente nuevo y desconocido. Bueno, lo de completamente nuevo no es del todo cierto. Por poco que sepas de embarazos y gestantes, como era mi caso, te suenan palabras como náuseas, mareos y antojos. Pero resulta que tienes suerte y te libras de esas molestias en tus embarazos, en mi caso además las tres veces, aunque lo de los antojos es lo de menos mientras no pretendas comer cerezas en invierno. O quizás tengas mala fortuna y hagas pleno, es decir, que tengas todos los síntomas típicos de una gestación.

Sin embargo, te encuentras con sorpresas con las que no contabas o, al menos, a mí nadie me había contado. Confieso que, por suerte, a mi alrededor no había tenido embarazadas recientemente. Y digo con suerte porque me libré de escuchar batallitas que lo único que hacen es alarmar al personal. Volviendo a las sorpresas, un día te levantas y te encuentras con la cara como un mapa, llenita de granos que no desaparecen hasta que pasa el primer trimestre. Con eso de que no cuento lo de los embarazos hasta casi llegado el segundo trimestre, imaginaos las trolas que he contado sobre falsas alergias para justificar una cara cual paella valenciana. Un horror.

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Otra de esas cosas que yo no sabía, igual ahora vosotras me decís que es algo que sabe todo el mundo y yo quedo como una ignorante, es que te caes de sueño, literalmente. Recuerdo que en el primer embarazo iba a clases de inglés a la Escuela de Idiomas y pasaba auténtica vergüenza porque no era capaz de dejar de bostezar. En cuanto paras de hacer cualquier actividad normal, te quedas frita, donde sea y a cualquier hora. Eso sí, en posteriores embarazos olvídate de echar una cabezadita a cualquier hora, es más, en este tercer embarazo ya ni he notado lo del sueño, es materialmente imposible dormir por el día en mi casa.

Otra de esas cosas que me sorprendió fue sentir fatiga. Sí, fatiga, no cansancio. Soy de las que en los embarazos sigo mi ritmo habitual hasta el día que doy a luz, siento sueño al principio pero no agotamiento como tal. Sin embargo, es quedarme embarazada y ¡Dios mío! cuando termino de subir unas escaleras o una cuesta, me pongo a suspirar como si hubiese corrido una maratón. Y esto ya es algo que me sucede durante todo el embarazo, supongo que si hiciese deporte con regularidad, este asunto se notaría menos.

Una cosa más que descubrí en el primer trimestre del embarazo es que, depende del día y de la hora, tienes más o menos barriga, es decir, te hinchas y deshinchas con suma facilidad. De repente un día crees que ya te está creciendo la panza y, al día siguiente, no tienes nada ahí delante. Es un poco desconcertante. Y si te tocan en verano las primeras semanas de embarazo, más de uno pensará que ese invierno has echado tripilla cervecera, un disgusto 😉

En fin, también podría mencionar eso de que no te apetece comer cosas que antes te encantaban o, madre mía, que tus ubres aumentan de tamaño y te ves espléndida. ¿Alguna de estas cosas os sorprendió en el primer trimestre de embarazo o estabais ya muy informadas?, ¿y alguna otra cosa que os haya pasado digna de comentar?

A la tercera, ¿va la vencida?

Me he dado cuenta que esto de los refranes da para explicar algunas cosas y,a la vez, para las contrarias; así somos los españoles, tenemos frases para todo. Porque si yo esperase una niña en este tercer embarazo, os diría eso de «A la tercera va la vencida» pero resulta que si estoy esperando un niño, se me ocurre eso de «No hay dos sin tres».

Ya he mencionado alguna vez que el seguimiento de mis embarazos lo han hecho únicamente por la Seguridad Social. Con tres ecografías, tres análisis de sangre, unas cinco o seis visitas a la matrona, otras tantas al tocólogo, prueba de glucosa, monitores… creo que es más que suficiente si todo va bien. Esto significa que la primera ecografía que me hice durante los embarazos fue en la semana 12. Lo reconozco, he ido siempre nerviosa porque en esa semana se detectan ciertas malformaciones y, entre otras cosas, porque tengo hermanos mellizos (varones) y eso le pone emoción al asunto.

En cualquier caso, en esa semana no suelen decirte el sexo de tu bebé pero yo soy muy preguntona e insistente y, aunque sin mojarse, siempre me han acabado diciendo algo. En la primera eco de Alfonso me dijeron eso de «tiene pinta de niño» pero esperé a la semana 20 para hacerme a la idea y, efectivamente, acertaron. En el segundo embarazo, más de lo mismo en la semana 12, «parece niño» así que lo dí por hecho y lo interioricé desde ese día, se confirmó 8 semanas después.

En esta ocasión íbamos con más presión, último cartucho para la nena porque, en principio, nos plantamos con tres criaturas. Tuvimos mucha suerte porque nos atendió un ginecólogo conocido y la que coordinaba ese día era la madre de la chica con la que compartí habitación cuando dí a luz a Rafa, así que pregunté de todo. Como en mi familia hay dos casos de una malformación, sin importancia porque se opera a los meses de nacer, se lo comenté al gine y se tomó como un reto poder averiguar si mi bebé tendría ese problema y parece que no. Total, que estuvo media hora analizando a la criatura y, cuando ya pregunté por el sexo, la frase fue muy asturiana: «esto apesta a güaje». Pues eso, otro niñooooo.

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Reconozco que, en el primer momento, me quedé un pelín mustia porque, cuando tienes dos varones, te apetece una niña, y más teniendo en cuenta que ya me crié entre «machos». Pero enseguida reaccioné y pensé: ehhh, con los dos muñecos que tengo en casa, imagínate cuando llegue le tercero. ¿Y la de veces que voy a ir de madrina de boda? 😉 , ¿y lo bien cuidada que voy a estar en casa con tres chicarrones?, ¿lo que me voy ahorrar en ropa? Y lo más importante, ¡está sano! Así que, salvo sorpresón, en mi casa no habrá lacitos y ahora no me importa nada. Seguro que conocéis a muchas familias en las que todos los hijos son del mismo sexo.