Recomendaciones de noviembre: regalos personalizados

No hay nada que nos guste más que tener cosas que estén hechas para nosotras o para nuestros niños, con sus fotos, sus dibujos… así que las cuatro propuestas de este mes son para que cada uno haga a su gusto:

1.Kemono: Lidia es una mamá de un niño de 7 años a la que siempre le gustaron as cosas originales y con personalidad. Cuando su pequeño empezó a escribir y dibujar, encontró la manera de guardar sus dibujos (para que él se sintiera orgulloso) haciendo artículos de todo tipo con sus ilustraciones: pulseras, collares, bolsos, mochilas, cojines y hasta ¡fundas nórdicas! Está convencida de que no hay nada más gratificante, sobre todo para un niño, que ver que lo que hace tiene un sentido para otras personas y se le valora por el trabajo que realiza. En su blog podéis ver todo lo que hace.

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 2. Puzzles personalizados: Los puzzles son un regalo que siempre triunfa en una casa con niños, y si a eso le sumas que puedes hacerlo con las fotos de ellos, ¡para qué quieren más! Para los más pequeños, en regalaunpuzzle los podéis encontrar con un número de piezas reducido. Hay varios modelos, adecuados para distintas edades de niños. Desde rompecabezas de 4 piezas, ideales para bebés de menos de 24 meses, hasta puzzles de 150 piezas, pensados para niños algo más mayores (a partir de 6 años). Y podéis poner el texto que queráis.

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3. Foto lienzo: mira que yo soy de tener por casa algunas fotos en sus marcos pero las paredes, salvo algunas láminas en la habitación de los mayores, las tengo bastante vacías. La idea del lienzo no se me había ocurrido, porque me parecía demasiado grande, pero me llevé una sorpresa al comprobar que, como des con la foto y los colores adecuados, puede quedar chulísimo. Y para muestra, un botón. Creo que esta imagen en la habitación de Gabriel ha quedado genial.

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4. Chapas personalizadas: me encanta este accesorio para poner en ciertas prendas, bolsos y, sobre todo, lo uso para identificar las mochilas de los niños. También se regalan mucho en eventos como bodas, bautizos o comuniones. Las chapas suelen ser con la fotografía de los protagonista para regalar a los invitados. También es típico personalizarlas con frases para cumpleaños, Navidad, reuniones familiares…

Pues espero os sirvan estas recomendaciones para hacer regalos porque enseguida tenemos la Navidad a la vuelta de la esquina. Así que me animaré a enseñaros más cosas de cara a esas fechas. ¡¡Buen fin de semana!!

Madres antiguas vs madres modernas

Las «guerras» entre madres me aburren soberanamente, no encuentro ningún sentido en ellas y, por suerte, cuando tuve a mi primer hijo, no sabía ni que existían ciertos debates acalorados sobre todo lo que rodea al hecho de ser madre. Lo que sí que me enerva un poco es que la gente sea extremista y, en esto de la maternidad, como en casi todo, «haberlas haylas». Parece que algunas se ponen por bandera un tipo de crianza (si es que existen tipos de crianzas, que lo dudo) y oye, como si de una cruzada se tratase, no hay matices que valgan para que las demás tomen otra decisión.

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Encontrar comentarios como el primero que veis en una página de Facebook demuestra que algunas están más preocupadas por cómo reaccionen los demás para poder montar lío y esgrimir que son víctimas que por el bienestar de sus propios hijos. Menos mal que el segundo comentario pone coherencia. Obviamente, no voy a mencionar en qué página leí esto. No voy a hacerles ese favor. 

Que nadie me malinterprete pero, ¿desde cuándo es malo usar sillita para el bebé? que sea un invento reciente no quiere decir que sea perjudicial. ¿Y desde cuándo es moderno llevar al crío en un fular? pero si ha sido y es frecuente en muchas culturas. Y así podría hacer muchas preguntas, de las que dicen ser de un bando o de otro. El argumento que utilizan muchas veces algunas madres para justificarse, que no sé porqué lo hacen, es que algo se hizo toda la vida y que la humanidad sigue adelante. Coño, claro, antes no existía la electricidad ni las vacunas y seguimos aquí, pero por el camino hemos ganado mucho. Vamos, a mí que no me quiten la luz en casa y ya ni os cuento con las vacunas, en cuanto nos quieren quitar alguna me pongo de mala leche. Digo esto porque a veces veo cosas que se comparten en redes sociales que de verdad hacen que me cuestione la inteligencia humana.

Algunas no se han enterado (o no quieren enterarse) de que, en esto de la maternidad, está casi todo inventado desde hace miles de años. Sí, hasta el biberón (no como el actual, claro) se usa desde hace milenios. A ver si resulta que las mastitis son de este siglo. Que digo yo que, si hace 3000 años, una buena mujer moría durante el parto, o tenía una mastitis severa (y ahí sí que no existían los antibióticos ni se pasaba por quirófano), a ese bebé se le daría lo que buenamente se pudiera, y si era la leche de la cabra que tenían a mano, pues la leche de cabra. Y si había nodriza cerca, pues le amamantaba otra señora. No se iba a dejar morir a la criatura. Y aún así, en la Edad Media, antes de la adolescencia, morían el 85% de los niños. Así que, por favor, el argumento de «toda la vida fue así» no es objetivo ni mucho menos científico.

Tampoco entiendo el razonamiento contrario de «antes no existía». ¿Que tú quieres darle sólidos a tu niño con 6 meses? Pues estupendo, si seguro que es comodísimo y genial para algunos bebés, pero no me digas eso de que la batidora no existía hasta hace poco, que para algo estaba el molinillo o el mortero. Y mira si no es fácil triturar una patata hervida con un simple tenedor. Así que, ni es nuevo triturar comida ni lo es comer sólidos. La alimentación es una cuestión cultural. Como lo es el dormir; en muchos países los niños duermen en la cama de sus padres, no es ni bueno ni malo. Precisamente, uno de esos países es Japón y luego son poco dados a las muestras de cariño entre adultos. En la Grecia antigua dormían separados hombres y mujeres y las casas tenían varias estancias mientras que en cualquier pueblo de ganaderos se compartía alojamiento hasta con las vacas. Son solo algunas muestras de que las cosas se hacían de múltiples formas, al igual que ocurre hoy en día. Vamos, nada nuevo bajo el sol.

No es nuevo amamantar más allá de año; de hecho, antes era lo habitual aquí y es lo frecuente es muchos sitios. La sociedad ha cambiado y el papel de las mujeres ha dado un giro brutal en las última décadas, es bueno que nuestro papel no se reduzca únicamente a ser madres. Por tanto, tampoco hay nada malo ni raro en destetar a un crío pronto, hoy en día es lo habitual por lo mencionado anteriormente, nuestra labor ya no es sólo parir y criar. Por esa misma razón, ya no es frecuente ver familias con más de 3-4 hijos. Y si yo quiero tener 6 hijos, los tendré (que no es el caso, yo ya cumplí). Pero asumiendo que no es lo habitual hoy en día y que más de uno me miraría por la calle.

En resumen, no hay nada que se haya inventado hace 10, 20 o 30 años. Bueno, algunas cosillas sí, y por poner un ejemplo, las cámaras de videovigilancia son recientes pero es que antes en la misma casa vivían 10 hermanos, abuelos, suegros… vamos, que los críos estaban bien controlados. Pero en general, todo ha existido (de una u otra manera, las camas de ahora no son como las de antes) en función de la cultura de las épocas o países.

Si crees que te miran por algo, sigue a lo tuyo. Yo opté por la lactancia mixta porque para mí y, consecuentemente, para mis hijos, era lo mejor. Opté por la cuna porque dormimos mejor todos. Opto por el carrito a diario porque me es más cómodo y opto por el fular para viajar por la misma razón. No hay tipo de crianzas, hay madres. Tus hijos serán tus únicos jueces. Es más, haciendo lo mismo con todos los hermanos, es probable que unos valoren unos aspectos más que otros de tu papel como madre. Así que, no le des más vueltas, no te justifiques, intenta que sean buenas personas. Y empieza dando ejemplo, no critiques, no juzgues. Vive y disfruta de lo mejor que te ha dado la vida. Nada más.

Fiestas escolares

Fiestas escolares

Ayer por la tarde gané una batalla, aunque hoy me toca ir a la guerra y creo que no tengo nada que hacer. Madres del mundo, me estresa sobremanera lo de las actuaciones de fin de curso. No por la función en sí ni por los preliminares de búsqueda de disfraz o atuendo. Eso son nimiedades en comparación con la labor de ubicarse para ver a tu retoño bailar, o no bailar, según el caso. Si a tu presencia le sumas otro niño y un carrito, la tarea se complica bastante más. Y a falta de un festejo, en el cole de mi hijo, los de Educación Infantil tienen dos. Yo encantada, ya sabéis, y lo digo por activa y  por pasiva, que las celebraciones de toda índole me rechiflan; son además la excusa perfecta para comer de.

La actuación de ayer era light, porque sólo bailaban los pequeños del cole. Y claro, después de dejar a Alfonso en su clase con sus compañeros, tuve suerte y fui medianamente rápida para coger posición. Pero la de hoy ya es la fiesta de fin de curso oficial y sé cuál es el panorama. ¿Cómo demonios voy a competir con los abuelos de las criaturas? Es imposible, y menos con un carrito. Además, no estoy yo por la labor de discutir con gente mayor, que los nietos son sagrados.

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A uno que yo me sé le gustan las cámaras tanto como a su madre, y el baile como a su padre. Oye, y lo hace tan bien que no tengo que pixelar a nadie 😉

Luego está el tema reserva de asientos. A ver, que me parece bien que cojas sitio para ti y le guardes otro a tu señora madre, o padre, o marido. Pero hombre, a mí ya lo de retener sillas para media familia, como que lo veo un poco abusivo. No sé, que igual soy yo la rara para esto. Y ya lo último, y aquí soy pecadora, es que algunos estorbamos al personal porque, de repente, vemos a nuestros hijos (sí, los mismos que hemos visto hace apenas unas horas o minutos) y nos embarga la emoción y queremos hacerles un reportaje fotográfico como para el Hola! Bueno, al menos me dejo la espalda porque me levanto del asiento pero bajo la cabeza, así como para que no parezca tan horrible. En fin, hoy más y ¿mejor? ¿Cómo lleváis este tema de las actuaciones de fin de curso?

Si no puedes con el enemigo… más fútbol

Si no puedes con el enemigo… más fútbol

Yo tenía en mis planes, desde la semana pasada, escribir el post de hoy sobre un tema que, obviamente, dejaré para otro día. Sin embargo, el sábado viví una situación de fobia a los niños que hizo que me replanteara el contenido del blog. Pero de nuevo mis planes cambiaron. Resulta que el domingo me vi invadida por el espíritu del fútbol, desde la mañana hasta la noche. Y oye, no me queda más remedio que hablar de ello. Juro que me gustaría, de vez en cuando, hablar de ballet, de tutús y bailarinas… pero no se me logra. Que no me importaría a mí tener un Billie Elliot en casa pero, por ahora, manda el deporte rey.

Hace unos meses os contaba cómo había sido el primer partido de Alfonso. Básicamente fue un desastre, con varios goles en propia al no tener clara la portería en la que marcar y con algunos niños descentrados y haciendo cualquier cosa menos jugar al fútbol. La temporada ha terminado y, aunque los críos han mejorado, no se puede decir que haya sido un éxito; no sabría deciros cuántos goles nos han caído pero calculo que unos 80, y hemos marcado unos 14. Creo que, de la liguilla, acabamos los penúltimos. Aun así, a todos los niños de todos los equipos se les entregó una medalla ayer domingo. Y sinceramente, se agradece y a ellos les hace una ilusión inmensa.

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Si decidís apuntar a vuestros niños a fútbol, tras el primer año de entrenamiento, ya podréis sacar dos conclusiones. La primera, que algunos entrenadores se lo toman demasiado en serio; no me parece de recibo que se mande a la caseta a unos niños de 4 años que lanzan un balón al campo desde el banquillo. Y  la segunda conclusión es que sabréis si habéis acertado o no. Y no me refiero a que los críos sean buenos o malos, que de 1000 niños puede que uno acabe viviendo de eso, por mucho que a algunos padres les cueste aceptarlo. Me refiero a que podréis saber si disfrutan con ello. Porque aunque no lo creáis, hay niños que disfrutan y otros que pasan del tema. Yo no me equivoqué, Alfonso lo vive; a veces, sufre más de lo que debería y eso sí que trato de corregirlo. Que yo he sido muy futbolera y no compensa. Pero claro, luego marca un hat trick y le tienes varios días en una nube, cualquiera le quita la ilusión.

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Y como el domingo empezó con fútbol, acabó con todo un acontecimiento en nuestra ciudad. El Sporting de Gijón subió a Primera División y anduvimos todos como locos en casa porque nuestro equipo no dependía sólo de su partido sino de otro; mis hijos no entendieron que yo celebrara como loca un gol del Lugo y se me pusieron a llorar los dos al unísono del susto. Ver para creer. Así que ayer subió nuestro equipo y Alfonso recibió su primera medalla como jugador de fútbol, un día para no olvidar. En fin, y lo que me queda de balompié, señoras 😉 Pero ¡estoy encantada!

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Familia que festeja unida, permanece unida.

Aviso: tenéis al final de el post anterior los nombres de las ganadoras de los marcos Baby Art.

Comienza la temporada de eventos

Comienza la temporada de eventos

Venga, que ya tenemos el verano a la vuelta de la esquina y empiezan las celebraciones de todo tipo. Nosotros nos hemos estrenado este fin de semana con la primera Comunión de mi primo. Sí, aún tengo primos casi de la edad de mis hijos pero esto no viene a cuento ahora. A mí me gustan las fiestas y los festejos más que a un tonto un lápiz. Lo que reconozco que me estresa un poquito desde que soy madre son los preliminares en casa porque tienen que darse tres circunstancias nada fáciles:

1. Ser puntuales: hay determinadas cosas que no dependen de nosotros y no queda más remedio que cumplir tiempos. Si el evento es de mañana y tus hijos no madrugan (a Gabriel hubo que despertarle a las 11 de la mañana), la cosa es más complicada aún. Esta vez, no conseguimos lo de la puntualidad.

2. Que los niños lleguen peinados: a mí me da igual todo lo que se manchen los críos durante cualquier acontecimiento al igual que no me importa que se pringuen a diario; son niños, sólo faltaba, para algo está la lavadora. Pero oye, intento que lleguen peinados a los sitios, aunque sean los cinco primeros minutos. Es un poco como lo de las bodas, que vamos de tacón y requetepeinadas aunque luego todo el mundo nos vea descalzas y con el moño o el rizo caído. En realidad, es absurdo, pero es así. Creo que, más o menos, conseguimos cumplir este punto.

IMG-20150531-WA0028Ya estrenaron sus conjuntos de BímBele. Ahora nos falta estrenar playa y piscina para estar morenos, salvo Copito 😉

3. Que las madres lleguemos sin manchas: No sé vosotras pero a mí ya me importa bien poco descubrir que tengo una mancha de leche, galleta o papilla en la ropa justo antes de salir de casa, es que ni me cambio a no ser que el lamparón sea de escándalo. Pero hombre, el día que te arreglas no, ése día hay que llegar sin rastro de babas y demás pringues en el estilismo. Objetivo cumplido, llegué limpia.

Mono rojo de Mango de esta temporada (22 euros)

IMG-20150531-WA0027Y por lo demás, ya sabéis, hay que relajarse un poco y disfrutar de estas cosas con los niños. ¿Que comen menos o más dulces? Pues no pasa nada. ¿Que se ponen como motos? Oye, habrá que aguantarlos y dejarles que quemen energía, ¿no os parece?

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Cuánto cuesta un hijo (parte 2)

Cuánto cuesta un hijo (parte 2)

Pues si me costó Dios y ayuda escribir el post sobre lo que supone el gasto económico de un bebé, no os podéis imaginar lo difícil que es exponer ahora el coste de un niño. Eso sí, la conclusión es la misma que en la primera parte: un hijo cuesta, más o menos, lo que quieras. Cuando se tiene un retoño, se renuncia antes a cosas o aspectos no materiales que a dinero, que también. Eso es lo que hay que tener claro desde el principio. Y dicho esto, vamos allá que el asunto tiene chicha.

Empezamos por un gasto ineludible: el colegio. Cierto es que la escolarización en España no es obligatoria hasta Primaria pero la mayoría de niños, creo que en torno al 97%, comienza a ir a la escuela en Educación Infantil. En esto de los colegios tenemos precios para todos los gustos. Están, por un lado, los públicos en los que no se paga nada (me refiero a cuota, luego entramos en más detalles). Por otro lado, están los colegios concertados que tienen un cupo (en principio, no obligatorio pero que casi todo el mundo paga) que varía en función del centro. Conozco quienes pagan 50 euros por trimestre, es decir, menos de 20 euros al mes y en nuestro caso, pagamos un poco más, pero muy poco. Creí que eso era lo habitual (ya me diréis vosotras porque tengo cierta curiosidad en este tema) hasta que en un post de Planeando Ser Padres sobre este asunto, hablaba de que en Cataluña había concertados donde las cuotas eran de ¡180 euros!, lo cual me parece excesivo teniendo en cuenta que están subvencionados.

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Y por último, están los colegios privados y ahí sí que el abanico de precios es muy variado y además ando un poco perdida porque es algo que no barajamos en ningún momento si queríamos tener familia numerosa. Pero lo que sí sé es que las cuotas mensuales más baratas rondan los 300 euros y, por lo visto, en Madrid hay un colegio en el que se pagan unos 1600 euros al mes. Vamos, que depende del cole puedes no gastar nada a dejarte al año más de 10.000 euros, aunque entiendo que esto no es lo habitual. A esto puedes añadir transporte y comedor. Si el cole te queda cerca de casa, eso que te ahorras. Nosotros, aunque tengamos la escuela cerca, decidimos que Alfonso se quedase a comer en el colegio. Y por lo visto, justo Asturias es una de las comunidades donde más barato sale el menú escolar. Vamos, que hay comunidades donde pagas 70 euros y otras más del doble. Como siempre, Spain is different.

Ahora, ya os digo que, si el niño iba a una guardería antes de empezar el cole, lo más probable es que os salga más barato (optando por cole público o concertado). La cuota del colegio de Alfonso, más el comedor, más la actividad extraescolar y el material escolar nos cuesta cada mes menos que la guardería de Rafa, y eso que es «económica». Luego está la ropa que lleven al centro. Alfonso va con el mismo uniforme que el del año pasado (recomiendo pantalones cortos 😉 ) y está perfecto. De hecho, lo usará Rafa. Del chándal del cole no puedo decir lo mismo, ya llevamos dos este curso. Además, en muchos colegios en los que se usa uniforme existen los roperos donde los padres ceden prendas que están en buen estado para que otros podamos comprar «de segunda mano». Sin ir más lejos, el otro día le cogí un jersey a Alfonso para el curso que viene por ¡¡¡2 euros!!!.

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El gasto en general en ropa para niños yo creo que es más bajo que en bebés. Primero, porque la indumentaria les dura toda la temporada (ya no crecen a las velocidades de etapas anteriores) y segundo, porque la ropa de bebé suele ser más cara. Aunque por contra, también destrozan más. Pero aquí, como en todo, depende de las marcas y de la cantidad de ropa que compréis. Eso sí, en calzado se gasta mucho más, dónde va a parar 😉

El gasto en actividades extraescolares varía en función de cuántas y cuáles elijas. Las clases de inglés, música o ballet, por poner un ejemplo, suelen ser más caras que los deportes. Nosotros ahora pagamos poco más de 15 euros al mes por el fútbol, vamos, que es bien barato. Y la natación, fuera del cole, parecido. Por ahora, no queremos apuntarle a nada más que a lo que realmente le apetezca. Ya hemos visto a niños de su edad que han dejado algunas extraescolares a mitad de curso porque iban protestando. En cuanto al material escolar, ese gasto aumenta cada curso pero ya os digo, eso sí, que en Educación Infantil no se hereda nada porque, más que libros, tienen cuadernos y fichas. Y calculad unos 100 euros a principio de curso.

Y creo que poco más que añadir. Obviamente, si trabajáis hasta tarde, es probable que quizás necesitéis pagar a alguien unas horas para que esté con los niños. Y podríamos seguir sumando en función de necesidades, como «colocar»  a los niños durante sus vacaciones escolares en campamentos, o en función de gustos, como puede ser viajar. Y si nos ponemos estrictos, podríamos calcular lo que supone una hipoteca de una casa de varias habitaciones comparada con una para una pareja pero eso ya es rizar el rizo. Hay muchas cuestiones que son prescindibles, pero vestir, alimentar y educar es inapelable y tiene un coste. Eso sí, cada familia hace sus números. ¿Os parece caro o barato tener un hijo?

¿Cuánto cuesta un hijo? (parte 1)

¿Cuánto cuesta un hijo? (parte 1)

Este es uno de esos post que me resulta muy complicado escribir (lo hago por petición de una lectora de este blog y a la vez bloguera). Y es que un hijo cuesta lo que tú quieras. Y entendme bien, un crío supone unos gastos mínimos, eso es evidente, pero muchos dependen de tus prioridades o decisiones, vamos, que algunos desembolsos son prescindibles. Por otro lado, cuando eres madre, dejas otras muchas cosas de lado. Porque si yo no tuviera tres hijos, lo más probable es que saliese a cenar y tomar unas copillas con mi pareja todos los fines de semana, o que nos marcásemos un viaje cada verano. O seguramente, me compraría más ropa. Y oye, una cenita en pareja y unas copas para dos te llevan, aquí en Asturias, unos 70 o 100 euros, multiplicado por cuatro fines de semana me salen más de 300 euros al mes. Hablo, obviamente, de una pareja en la que los dos trabajen y tengan un sueldo medio (siempre voy a intentar ser lo más aproximada a la clase media)

Mientras tanto, en este momento, Gabriel me cuesta 40 euros mensuales en leche de fórmula (ahora sólo doy una toma al día de leche materna). Si le diera exclusivamente de mamar, me costaría 0 euros. Y si en vez de pagar 10 euros por bote de leche en polvo, me gastase 25, estaríamos hablando de 100 euros. En resumen, los primeros meses de vida puedes gastarte en alimentación desde 0 euros, es decir, nada, hasta más 100 euros. Luego está la ropa, que a mí me sale gratis porque el peque, para los dos primeros años de vida, tiene ropa heredada al ser sus hermanos varones y nacidos en la misma época. Pero si hubiera sido una niña, aún tratando de aprovechar ciertas cosas (bodies, pijamas…) hubiera tenido que gastarme algo de dinero, y aquí sí que no puedo calcular el gasto que supone un bebé porque depende mucho de los regalos que recibas y de los sitios donde compres. Así que ni intento hacer una aproximación.

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Estilismos que han usado Alfonso y Rafa, y que el próximo otoño usará Gabriel. Todo se aprovecha.

Y si es el primer hijo, tienes que hacer un importante desembolso en ciertas cosas que son  más o menos necesarias (cuna, carrito, cambiador, silla para el coche…). En este sentido, a nosotros nos regalaron muchos artículos nuestras familias. A otras parejas que conozco, les dejaron un montón de cosas sus amigos u otros familiares. Algunos tuvimos también la suerte de que el primer hijo lo tuvimos cuando existía el famoso «chequé-bebé» de 2500 euros que nos vino muy bien teniendo en cuenta que fue cuando tuvimos al primero. Así que, depende de si os dejan cosas, si os regalan, o lo tenéis que poner todo de vuestro bolsillo, podemos hablar de cifras totalmente dispares. Y después depende de las marcas que elijáis; un carrito (con capazo, silla y chasis) os puede costar desde 300 hasta más de mil euros. Una prueba más de que el coste económico de los hijos puede variar mucho.

Sino trabajas, no tienes porqué recurrir a una guardería, por lo tanto, mientras el niño esté contigo, te sale gratis hasta que lo escolarices. Y si trabajas, dependiendo del horario (unas horas, media jornada o completa) y de si come en la escuela infantil o no, puedes gastarte desde 100 hasta 400 euros. Así que para que veáis las diferencias. ¿Por qué renuncié hace casi dos años a un trabajo? Porque implicaba que yo estuviera fuera de casa de 9 de la mañana a 9 de la noche (sí, no es legal trabajar más de 8 horas diarias salvo que se paguen como extras o se te devuelvan, pero os aseguro que me enteré muy bien del ritmo de trabajo de la empresa). Por entonces  hubiera tenido que pagar dos guarderías el día completo (unos 300 euros por niño, es decir, 600) y remunerar a alguien a las 5 de la tarde para que les recogiese y les cuidase hasta que llegáramos a casa Calculo que, entre escuelas y niñera, me iba a dejar más de 900 euros. En el trabajo me iban a pagar 1100 euros pero no iba a ver a mis hijos. Entiendo a quien lo hace, yo decidí no hacerlo y es igual de respetable.

Hasta para las vacunas puedes no gastarte un euro (dependiendo de la comunidad autónoma) o gastarte más de cuatrocientos. Con este simple ejemplo ya veis las diferencias que se dan a la hora de tener un hijo. Y eso que hasta ahora he hablado de bebés. Para otro post dejaré a los niños un poco más mayores, pero es que ya se está alargando mucho el texto. En cualquier caso, sí que os digo que tener hijos es más una renuncia personal que económica (que también). El que quiere hijos, normalmente, está dispuesto a renunciar a lo que haga falta, tanto material como personalmente. Porque esto último es donde más se nota el «coste» de un hijo. A mí, desde luego, me compensa tener tres. ¿Y a vosotras?

Pasar del capazo a la silla: cuándo

Pasar del capazo a la silla: cuándo

Que te escriba por whastApp la que ha sido tu jefa para preguntarte cuándo vas a pasar a tu hijo del capazo a la silla ya es como para tomarse en serio eso de que eres una madre experta. Supongo que tener tres  ya hace pensar que algo de experiencia vamos cogiendo. Y si puedo dar algún consejo, lo hago encantada, basándome en mis propias experiencias. En cualquier caso, uno de los cambios más sencillos con los que me he encontrado como madre es el del pasar del capazo a la silla. En su día, con mi primer hijo, no pregunté a nadie, simplemente observé:

1. Que la criatura ya tenía ciertos problemas de movilidad dentro del capazo: Tanto Alfonso como Gabriel han tenido prácticamente en todas las revisiones un percentil de altura del 97% y llegados a los cuatro meses, me pareció que aquello ya no podía resultarles cómodo. Y menos si alguno es aficionado a dormir con los brazos hacia arriba, como le ocurre al peque, al que precisamente cambié antes de Semana Santa, el mismo día que cumplió 4 meses. Como veis en la foto, creo que el tamaño es un factor importante para dar el salto.

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2. Que el churumbel empiece a protestar cuando está despierto: De repente, de la noche a la mañana, tu bebé ya no quier estar dentro. Ves que protesta y cuando no estás en movimiento, te dice que «tararí», que ni de broma, vamos, que lo metes allí para dormir un ratito mientras estás en un restaurante o en casa de la abuela y acaba en tu regazo mientras intentas comer. Yo esta tercera vez, me di cuenta justo en un restaurante del que os hablé en otro post la semana pasada. Se ve que ya quieren curiosear y enterarse de lo que pasa a su alrededor. Y para eso, mucho mejor la silla.

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Donde esté la sillita para poder cotillear, que se quite todo lo demás. Gabriel feliz en la silla de Bugaboo

Esto suele ocurrir en torno a los cuatro meses, por lo menos así ha sido con mis tres peques. A mí me da cierta pena porque se van quemando etapas y te das cuenta de que el tiempo con ellos pasa volando. Que enseguida empezaremos con las frutas, las verduras.. y cuando me dé cuenta, tendré a Copito de Nieve andando. De cualquier manera, lo estoy disfrutando como una loca, como lo hice con cada uno de ellos. ¿Cuándo hiscisteis en cambio?, ¿qué notasteis para dar ese paso?

La elección del colegio

La elección del colegio

Sé que muchos padres estáis en plena tarea de elegir cole para vuestros peques. Rafa también empezará a ir a la escuela este año, pero la labor de seleccionar dónde, ya la hicimos hace dos años para Alfonso. La mayoría estaréis analizando instalaciones, proyectos, idiomas, horarios, cercanía a casa… y desde luego, cada cosa suma o resta. Pero desde mi experiencia y por si a algunas os sirve de algo, yo tendría también en cuenta otras cosas importantes:

1. Que el niño no se vaya a sentir fuera de lugar: No tendría mucho sentido que os dejarais todo vuestro sueldo en llevar a vuestro peque a un colegio elitista si después el crío no va a tener acceso a ciertas cosas. Y me explico. Imaginaos que vuestro hijo, que vive en un barrio humilde, se rodea de otros niños cuyas aficiones pasan por ir a esquiar o practicar golf y además viven en urbanizaciones y chalés de lujo, lo cual no es nada malo. Imaginaos que lleváis al niño a un cole religioso y vosotros sois ateos y no queréis saber nada de que el crío comulgue mientras todos sus compañeros de clase harán la Primera Comunión. Bien, son sólo ejemplos y, en este caso, los he buscado un poco extremos pero ya sabéis cómo son los niños, se fijan en todo y enseguida te dicen qué cosas tienen o hacen sus compañeros.

2. ¿Jornada? Partida, por favor: para esto seguí mi propio criterio porque ya sabéis que hay opiniones muy dispares y nadie se pone de acuerdo. Así que me pregunté a mí misma cuándo lo pasaba muy bien de pequeña y la respuesta fue que en casi todos lados pero reconozco que en el colegio disfrutaba; llegaba el fin de semana y me encantaba estar con mis padres de excursión pero me moría de la ilusión cuando venían a casa a dormir o a pasar la tarde mis compañeras. Y ahora lo veo con Alfonso, que sale del cole y está encantado de seguir con sus amigos en el entrenamiento, y cuando llega un fin de semana en el que está invitado a algún cumple, va feliz. Y si se encuentra a un amigo en la calle, se muere de la emoción. Cierto es que el año que empiezan el cole da pena que estén allí hasta la tarde pero ahora, en este segundo año, lo veo claro, quiere pasar más tiempo con sus amigos. Y mientras Rafa está ahora en una edad en la que, aunque haya niños a su alrededor, si estamos nosotros no nos pierde de vista, Alfonso ni se da cuenta de si estamos o no. Ley de vida.

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3. Los padres de sus futuros compañeros: esto ya suena a labor exhaustiva o de investigación. Pero vamos, yo creo que todos conocemos a otros progenitores del barrio, del parque, de nuestro colegio… Igual en Madrid o en Barcelona no es muy factible conocer a otros padres antes de elegir el cole pero yo, que vivo en una ciudad de casi 300.000 habitantes, cuando supe que al cole que más nos gustaba para Alfonso irían también los hijos de 5 chicas que fueron a mi escuela, el de una cuñada de mi prima, el de una compañera de trabajo de mi madre y el mejor amigo de la guardería de Alfonso, intuí que había elegido bien. Os parecerá una tontería y el primer año no le di mucha importancia pero ahora, el saber que si llego tarde a un entrenamiento, otra madre o padre le pondrá las botas de fútbol a Alfonso o le dará algo de merendar, me parece importante. El grupo de padres que hemos hecho en torno al fútbol es una maravilla. Y ya que tenemos que tragar fútbol, al menos estamos de charleta. Y no sólo eso, sino que hemos llegado a hacer una cena de madres. Así da gusto.

Y si además, a estas cosas le sumas que el cole te queda cerca de casa y que llevan uniforme (¡qué maravilla!), pues ya no os cuento lo contentos que estamos. Confieso que ni las instalaciones ni el hecho de que el colegio esté en las famosas listas de los mejores me quitan el sueño. No quiero que me salgan unos cerebritos (el que lo es, lo será en uno u otro colegio), quiero que salgan de allí con valores, con grandes amigos y grandes experiencias. ¿Cómo lleváis la tarea de elegir centro para los peques a las que os toca?, ¿alguna recomendación de las que también habeis hecho ya la elección?

¿Preparar o no Baby Shower?

Hace poco más de 4 años, sólo sabía de la existencia de las «baby showers» gracias al Hola! o a Sexo en Nueva York. No tenía ni la más remota idea de si en España se estaba empezando a poner de moda o ya estaba el festejo bien asentado. Lo cierto es que, como mis amigas aún no tenían hijos, ni me planteé organizar una reunión de este tipo. Vamos, es que ni siquiera sabía si la organizaba la propia embarazada o sus amigas. Pero tres semanas antes de dar a luz a Alfonso, un fin de semana en el que maridín estaba de casa rural en una despedida de soltero, llegué a mi casa y, por sorpresa, allí estaban algunas de mis amigas y unos cuantos paquetes. Mi cara fue como la de una niña que ve a los Reyes Magos.

Me habían preparado una cena y me regalaron una trona que, a día de hoy, sigue intacta tras 4 años de uso ininterrumpido. Y no sólo eso, sino que además se quedaron a dormir esa noche en casa, así que fue algo parecido a una fiesta de pijamas. Sinceramente, aquello me pareció lo más y no puedo estar más que agradecida por aquel detalle así que, obviamente, comprendí que lo de las «baby showers» era todo un planazo. Dos años más tarde me volvieron a organizar una cena sorpresa en casa unos días antes de que naciese Rafa, previa colaboración con maridín para que llevase a Alfonso a dormir a casa de mis padres.

Por entonces me regalaron un saco para la silla y hasta hicieron una tarta de pañales.

El caso es que las organizadoras de los eventos, Ceci y Ana, no tienen hijos así que hace ya un tiempo que le dije a maridín que, si se les ocurría ponerse en contacto con él para intentar organizarme una tercera «baby shower», les dijese que ni se les pasase por la cabeza hacer ni fiesta ni regalos. Pero no, ellas son así de cabezonas y, por supuesto, tuvieron que hacerme mi festejo. Eso sí, esta vez, mucho más discreto: sólo nosotras tres, con mis peques por medio y no se quedaron a dormir. Otra vez me llenaron la mesa de comida, sobre todo de dulces (cómo saben que me pierden y que soy de las que me puedo comer 4 donuts seguidos sin pestañear), y pasamos un rato estupendo entre amigas. Además, ahora que nos vemos algo menos que cuando no tenía niños, estos momentos son impagables. ¡Gracias chicas!

He desayunado y he merendado dulces todo el fin de semana. Y la bolsa para el carrito ¡no me puede gustar más!

He pasado de no saber cómo eran estos festejos a vivir tres en cuatro años y ahora me declaro fan absoluta. En el fondo, es una buena excusa para juntarse con tus amigas y que, si ellas quieren, te hagan un regalo en común de algo que te puede venir muy bien, en lugar de hacerte obsequios por separado. Y a vosotras, ¿qué os parece lo de las «baby showers»?, ¿habéis organizado para alguna amiga?, ¿os han organizado la vuestra?

Por cierto, ya tenemos ganadora del sorteo de la funda nórdica, ¡ENHORABUENA A SONIA APALATEGUI! Muchísimas gracias a las demás por participar y que haya suerte en próximos sorteos. La ganadora debe escribir un mensaje privado a través de Facebook para facilitarnos sus datos. Gracias.

 

¿Por qué destrozan la ropa los niños?

¿Por qué destrozan la ropa los niños?

A ver, toda la vida pensando que tener una hija era sinónimo de tener que gastarse más dinero en modelitos por aquello de que son más coquetas, y resulta que tengo una máquina de destruir ropa en casa. Vamos, que por ahora me libro de discutir con Alfonso sobre qué se pone o no porque parece que no le da mucha importancia pero de lo que no me escaqueo es de dejarme un pastizal en calzado y ropa. Mira que estaba yo contenta porque el curso pasado sólo necesitó un par de zapatos para el cole y otro par de playeros para el chándal, que acabó impoluto. Pero no sé exactamente que hace ahora que, por lo visto no hacía antes, que la cosa se ha vuelto sobrecogedora. Porque oye, los demás niños tienen sus zapatos o sus pantalones «cascaos» pero yo no he visto semejante destrozo.

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Aspecto actual de su chándal del cole y sus playeros. No sé si servicios sociales intervendrá en algún momento 😉

Para llegar a este punto desde septiembre, los pasos han sido los siguientes:

1. Primera semana de colegio: Aparecen los primeros agujeros en la zona de las rodillas. ¿Solución? Ponerle rodilleras de las que se planchan.

2. Segunda semana: las rodilleras se han despegado por lo que los agujeros se vuelven a  hacer visibles y además se han vuelto más grandes. ¿Remedio? Coger aguja e hilo y coser las rodilleras al pantalón.

3. Tercera semana: las rodilleras se han descosido y, de paso, desgarran el chándal. ¿Conclusión? Encargar un chándal nuevo en el cole, ya que este año han cambiado el modelo y aún no está en tiendas. Pero mientras llega, el niño va de esa guisa y cualquier día me detienen. Los playeros de la imagen son los segundos de este curso. Cierto es que ni son de marca ni ná.

Así que hoy mismo estrena unos de Adidas que compré en Decathlon, aunque sinceramente, yo ya no tengo esperanzas de ningún tipo en que vayan a sobrevivir más allá de las Navidades. Con los zapatos del cole estamos igual, que hay que comprar ya unos nuevos. Los de la marca Velilla han aguantado la mitad del curso anterior y un mes de éste nuevo, vamos, hasta octubre. He oído hablar bien de Superga y dicen también que los de Pablosky aguantan lo suyo pero baratos no son, por eso desde aquí pido colaboración.

Así que que en éstas estamos. Que si hay que gastarse el dinero en unos zapatos o playeros, me lo gasto; visto lo visto, no queda otra. Pero lo que no quiero es gastarme los euros en marcas para acabar igual así que acepto sugerencias. ¿Alguna marca que os haya dado muy buen resultado?, ¿creéis que el zapato o playero debe estar hecho de algún material especial? porque las botas de fútbol aguantan muchísimo mejor…. Si encuentro algo que aguante el ritmo de Alfonso, que no tengo muy claro qué demonios hace para acabar por el suelo todos los días, seré la mujer más feliz del mundo. Recordad que detrás de él vienen otros dos varones  y no ha economía que mantenga esto 😉

Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

Tranquilas, no os voy a narrar en el blog cada uno de los partidos de fútbol que juegue Alfonso; tengo amor de madre pero no formo parte del grupo de mamás «torturadoras» que cuentan todas las hazañas de sus hijos como si fueran sobrenaturales. Ya soy lo suficientemente pesada con el blog, pero de algo tengo que escribir. A lo que íbamos… ya sabéis cómo es el tema de «las primeras veces». Si cuando les ves gatear, o dar un paso, o aplaudir por primera vez, nos emocionamos, pues imaginaos cuando ya son hombrecitos que viven de forma totalmente consciente todo ese proceso de «la primera vez que…» y son los que se inquietan con tal acontecimiento.

El primer partido de fútbol de tu primer hijo (y digo «primero» porque con el tercero seguramente no será igual, así de dura es la vida 😉 ) es uno de esos eventos al que no falta ningún padre; y si hace falta, se pide la tarde libre en el trabajo. Por supuesto, todo el mundo lleva el móvil o cámara para hacer fotos e, incluso, en nuestro equipo tuvimos operador de cámara que grabó el partido. Los niños ya amanecen por la mañana emocionados diciendo que van a marcar un montón de goles y están nerviosos por estrenar la equipación del cole.

Esta primera vez nos tocó ir como visitantes. Empieza nuestro recorrido por todos los colegios de Gijón, me voy a hacer una experta con tres varones 😉

Y aquí empieza la crónica. Comencemos con el resultado para que os hagais una idea: 8-1 a favor del equipo contrario. Quizás ellos fueran buenos pero… es que los nuestros marcaron ¡4 goles en propia puerta! Los pobrecitos no se enteraban muy bien del asunto, nos han dicho que suele pasar en los primeros partidos. Los entrenamientos los hacen en una sola portería y claro, de repente, les ponen ahí en un campo entero que para ellos es como el de Oliver y Benji, más largo que la muralla china, y lógicamente están un poco confundidos. Y menos mal que no les cambian de área en el descanso, si no aquello hubiera sido un espectáculo.

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Con su peto de portero. Esa cara es de antes de empezar el partido.

Alfonso jugó la primera parte de guardameta, que por lo visto se le da bien. Pero cuando tienes uno de esos niños con facilidad para la lágrima y para la risa, es decir, muy sensible, tienes un problema. Porque cuando le marcaron el tercer gol, ya lo teníamos llorando, y cuando hacía una parada, se emocionaba tanto que no se daba cuenta de que los del equipo contrario seguían atacando y maridín, que estaba al lado del poste, le avisaba para que no se despistara. Pobrecillo, que conste que le metieron cuatro goles pero hizo varias paradas.  Luego están los niños que aún no han entendido el concepto «football», es decir, balonpié. Vamos, que a alguno que otro cogía el balón con la mano para colocarlo, yo me partía. No puedo negar que los padres nos reímos mucho.

Las hermanas de algunos compañeros de Alfonso cuidando de Rafa que, obviamente, en algún momento del partido, entraba a la pista.

Sobre el equipo contrario, noté que se tomaban más en serio el asunto. Nuestro entrenador tiene unos 18 años y su tono de voz siempre es el mismo, y eso cuando habla. El preparador del otro grupo era ya un señor, no se puede decir que gritara a lo bestia pero, a mí personalmente, para niños de 4 años no me parecía el tono más adecuado. Y por otro lado, me extrañó que tres niños le sacaran una altura considerable a Alfonso cuando éste está en un percentil del 97% pero oye, habrá que fiarse 😉  De todas maneras, como para ellos esto es simplemente un deporte con el que divertirse, pues como si juegan contra niños de 7 años.

Foto final después del partido. Alfonso aún no había tenido suficiente y quería seguir jugando, vamos, es que no suelta el balón. Y como veis, es de los altos del equipo.

Y hasta aquí la crónica del primer partido; no tengo muy claro quiénes disfrutaron más, si los niños o nosotros, los padres. Lo que tampoco tengo muy nítido es cómo demonios nos vamos a apañar dentro de unos años con ¡3 varones! Rezo porque a alguno no le guste el fútbol 😉 El primer partido de vuestros hijos, sobrinos… ¿fue así de «caótico»?