Prepararme para el parto: Kegel y masaje perineal

Pues aquí estoy, en la semana 34 de embarazo y preparándome para el parto. Bueno, no os voy a engañar, con el tercero ya no hay que prepararse demasiado y esta vez me salto las clases del Centro de Salud aunque estoy mirando un curso online que me han ofrecido, ya os contaré la experiencia. Os confieso que, cuando me quedé embarazada de Alfonso, no sabía quién era Kegel y, menos aún, lo que era un masaje perineal. Vivía en mi feliz ignorancia y, aunque no lo creáis, de cara al parto prefería no saber demasiadas historias porque no me daba ningún miedo. Durante el embarazo, no recuerdo en qué momento, descubrí los ejercicios de Kegel gracias a las matronas del Centro de Salud, aunque no tenía claro cómo hacerlos bien.

Si a alguna le pasa lo mismo, ahí va el truquito: sentarse en el wc y, al orinar, intentar retener el pis, contrayendo los músculos del suelo pélvico. Así se pueden localizar los músculos que hacen la contracción; después, puedes hacer los ejercicios en cualquier lado. Es lo más fácil del mundo y no cuesta ningún esfuerzo. Se recomiendan para evitar  la incontienencia urinaria y para facilitar el parto; yo los hago desde entonces, sin estar embarazada incluso. Así que ahí sigo, fortaleciendo músculos, que nunca está de más 😉

Sentada, echada, de pie, trabajando frente al ordenador, viendo la tv… en cualquier sitio se pueden hacer los ejercicios.

El masaje perineal ya es otra historia. Alguien me lo mencionó durante el embarazo de Rafa, ya que el postparto de Alfonso había sido muy doloroso por culpa de la episiotomía. Y reconozco que, como estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de que no me volvieran a «rajar», pregunté a mi matrona (que por cierto, es seguidora del blog en Facebook, ¡qué presión!) y, casualidades de la vida, además de comadrona me dijo que era fisioterapeuta, ¡dí en el clavo con la especialista! Y ahí que fuimos maridín y yo a que nos enseñara el funcionamiento del masajito.

Esto ya no es tan fácil como los ejercicios de Kegel: es molesto, no puedes hacerlo en cualquier lado (obvio) y es posible que necesites ayuda. Pero oye, di a luz a Rafa con un perímetro cefálico de 35, 5 centímetros (sí, mis hijos no son de cabeza pequeña 😉 ) y más de 3, 800 kg de peso y ni un cortecito. Siempre te queda la duda de si, como fue un parto veloz, sin epidural y era el segundo, el que no hiciera falta episiotomía sería por esos otros factores. Pero sinceramente, creo que todo ayuda. Así que, para mí, merece la pena y ya me he vuelto a poner a ello de cara a este tercer parto. Eso sí, lo mejor sin duda es que la propia matrona os explique cómo hacerlo; yo no me veo capacitada para tal cosa 😉 ¿Qué hicisteis para prepararos para el parto?, ¿qué os fue útil?

Última ecografía

La pasada semana tuvimos la última ecografía del embarazo. Es cierto que aún queda mes y medio para mi fecha probable de parto pero sólo nos hacen seguimiento en la Seguridad Social (es decir, con ecos en semanas 12, 20 y 33) así que ya no volveremos a ver al peque a través de ondas, la próxima vez nos veremos en directo. Todas las exploraciones por ultrasonidos tienen algo especial, pero es cierto que cuando te hacen una por trimestre, vas con más nervios que si se hacen cada mes. Obviamente, al ser mi tercer embarazo, yo ya iba sabiendo qué tipo de información me darían.

La mayoría de problemas o malformaciones ya se ven en la ecografía de la semana 12 o de la 20, así que, yo por lo menos, a ésta última prueba voy tranquila, y esto me ha ocurrido en las tres gestaciones. ¿Qué cosas me interesan en esta última ecografía? La postura del bebé es lo que más me intriga; si está boca abajo, como es el caso, ya es difícil que el peque se dé la vuelta, por lo que hay menos probabilidades de cesárea. Así que esta exploración te da pistas, aunque no siempre se cumpla después, del tipo de parto que puedes tener.

Otra de las cosas que suelen decirte en esta eco es el peso del bebé, aunque es aproximado y yo me fío más bien poco. El peque está en torno a los dos kilos, vamos, creo recordar que con Alfonso y Rafa me dijeron lo mismo y luego cada uno pesó lo que pesó; unos bebés engordan 200 gramos semanales y otros 300. Y el que se adelante o se retrase el parto, también va a influir mucho en su peso final, por tanto, con que me digan que su crecimiento es normal, como así ha sido, yo me quedo tranquila. Confieso que voy mucho más nerviosa a la primera ecografía que a cualquiera de las otras dos porque es la confirmación de que el embarazo va bien, de si viene más de uno (tengo hermanos mellizos) y, sobre todo, por la medición del pliegue nucal.

Y la verdad es que, aparte del latido, que también se comprueba en cada visita a la matrona o el tocólogo (o ginecólogo), esta tercera y última eco tiene poquito más que contar. Eso sí, allí mismo le dije a maridín que mirase bien porque seguramente sería la última eco que veríamos en nuestra vida y me dio hasta cierta pena. Así que voy a intentar disfrutar de estas últimas semanas del embarazo. ¿Fuisteis nerviosas a las ecografías?, ¿cuál fue la más emocionante?

Tarta de galletas con forma de tren

Muchas me habéis pedido la receta de la tarta que le hice a Alfonso en su fiesta de cumpleaños así que, allá voy. Es cierto que la fórmula básica de una tarta de galletas la puse en el blog hace ya más de un año pero, en esta ocasión, lo hago con los detalles para la versión infantil. Dicho esto, servidora y la cocina no son una buena conjunción; a mí, comer me gusta, cocinar nada. Pero no os voy a engañar, esta tarta es muy fácil de hacer y está riquísima.

Y como es muy sencilla de hacer, es posible que tengáis todos los ingredientes en casa: galletas cuadradas tipo Tosta Rica, tableta de chocolate para postres, azúcar, mantequilla, huevo y leche. Y después, las gominolas que queráis poner a los «vagones del tren» y galletas tipo «Filipinos». Nada más.

1- Fundir el chocolate; yo le echo un poquito de leche.

2- Mientras se derrite, batid en un bol el huevo y mezclad con 3 ó 4 cucharadas grandes de azúcar y con otras tantas de mantequilla. Batid bien la mezcla.

3- Lo siguiente es mezclar el “mejunje” de huevo, mantequilla y azúcar con el chocolate fundido.

4- Ponemos leche en un plato hondo y vamos mojando en ella las galletas. Después de bañarlas en leche unos segundos, las metemos en el potingue de chocolate y las vamos colocando pegadas una a otra en la fuente o bandeja donde vayamos a presentar la tarta. Para mí, esta es la parte más difícil. Hay que evitar que las galletas se empapen mucho en la leche porque se quedan blandas y se deshacen. El aspecto en este momento no es muy bueno.

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5- Vamos colocando las galletas en la bandeja en la disposición que queramos y la cantidad de galletas que apetezca (depende de cuántas personas vayan a comer). Después, se utiliza el chocolate sobrante, que será bastante, para cubrir la tarta.

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En el primer bloque (locomotora) tendréis que poner otro bloque encima de galletas. Esto es lo que más me costó 😉

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6- Y ahora llega lo mejor, «cargar» o decorar los vagones con lo que más os apetezca (lacasitos, gominolas, regalices…) y poner las ruedas al tren.

Mi tarta de galletas y chocolate, un clásico en mi vida ;-) , en forma de tren.

El resultado es una tarta muy resultona y visual pero a la vez clásica. No es tan esponjosa como una con bizcocho pero, para mí, está mucho más rica. ¡A ver si alguna se anima a hacerla!

Bautizos de todo tipo

Hoy en día tenemos Bautizos de lo más variado. Por tener, hay hasta Bautismo civil, lo cual me parece una contradicción en sí misma; haz una reunión, comida o festejo del tipo que quieras para «presentar en sociedad» al churumbel pero llamemos a las cosas por su nombre. También se ven celebraciones que más parecen un bodorrio que el «acristianamiento» de un bebé. Lo digo porque ya he visto «listas de Bautizo» tipo listas de boda. Que digo yo que, si tu abuela, tía o padre te preguntan qué quieres, pues les dices con total confianza lo que te vendría bien para el crío pero, en este tipo de celebraciones más familiares y reducidas, yo soy de las que piensan que con un detalle basta. Pero es mi opinión, ehhh….

Nosotros, por primera vez, tuvimos el sábado un Bautizo comunitario. Ahora se estila menos pero vamos, a mí me bautizaron con más críos y antes era algo habitual en ciudades. Y la verdad es que no es muy distinto a los bautizos «individuales», incluso lo encontré más animado. Como curiosidad, además de mi sobrino, se bautizaba otro niño con el mismo nombre: Jorge. También bautizaron a un peque cuya mamá vive en una casa de acogida así que había unas cuantas monjas entre las acompañantes. Y lo que más me llamó la atención fue, sin duda, coincidir con una bebé de otro país. Bueno, lo que me sorprendió fue el tema de la indumentaria de la pequeña, desconocía que en otros lares se llevaba el vestir a la bautizada como una dama de honor y con pamela, tal cual. Pero oye, en todos los eventos puedes aprender algo de otras culturas.

Aquí se lleva el traje de cristianar, que en nuestro caso es familiar, o los bebés vestidos de calle un poco «elegantes»
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Rafa y su habitual persecución a los bebés

Luego están las distintas reacciones de los niños cuando les bautizan. Los hay que lloran, lo cual no me sorprende; otros sencillamente alucinan, como fue el caso de Alfonso, y los hay, como mi sobrino, que siguió con su siesta porque aquello no le pareció nada interesante.

Tuvimos muchísima suerte el fin de semana con el tiempo; aún así, no decidí el modelín hasta una hora antes del evento. Básicamente porque en octubre una no sabe qué ponerse, por la mañana estábamos a 25 grados y por la tarde se preveía lluvia así que no sabía si ir o no con la pierna al aire aunque, si os digo la verdad, no tengo medias de embarazada así que no tenía mucha opción. Repetí con un vestido que ya me puse en dos bodas: hace 4 años embarazada de Alfonso y hace dos, de Rafa. Para nada hay que ir a un Bautizo como a una boda, sino mucho más discreta pero este traje es bastante sencillo así que para las bodas añadí tocado. Como es un evento religioso, es obvio que hay que evitar escotazos o ir con mini vestidos.

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Vestido de Cortefiel de hace 4 temporadas. Yo creo que, al contrario que en una boda, en los bautizos no hay que darle muchas vueltas al tema ropa.

Intentar hacer una foto a los niños, ¿perdón?

Y poco más sobre Bautizos aunque he de decir que a Alfonso lo bautizamos en Zaragoza, a maridín le hacía ilusión. Y que con Rafa tuvimos un jaleo tremendo con las fechas porque no bautizan bebés en Cuaresma, que es casi mes y medio; no era fácil teniendo que juntar a familiares de dos ciudades a 600 kilómetros de distancia. ¿Habéis hecho algo especial en el Bautizo de vuestros peques?, ¿creéis que hoy en día las celebraciones son excesivas?

Cumpleaños infantiles o cómo acabar KO

Cumpleaños infantiles o cómo acabar KO

Ya sabéis que normalmente publico posts todos los lunes, normalmente los preparo ya el domingo por la noche pero, en esta ocasión, fue imposible. Hice mis intentos sentándome frente al ordenador e, incluso, llegué a descargar las fotos de la cámara pero mis ojos se cerraban y además ando con un trancazo de narices, así que no descanso por las noches. Y un fin de semana de eventos varios, con la traca final de la celebración del cumple de Alfonso con sus amigos, acabó dejándome exhausta.

Con el tiempo tuvimos una suerte tremenda, ni una gota de lluvia en los dos eventos. Mañana os cuento lo del Bautizo de mi sobrino.     

Al final, por poco que te compliques, siempre hay unas cuantas cosas de las que estar pendiente. Fijaos si no nos enredamos, que no dedicamos ni medio minuto al tema decoración; lo sé, soy dejada para esas cosas, también porque los niños de estas edades, más que las niñas, no lo valoran mucho. Y tampoco nos liamos a cocinar, intuimos que la barbacoa podía triunfar e hicimos mini hamburguesas y perritos calientes. Lo único a lo que dediqué tiempo fue a hacer una tarta con forma de tren y a preparar las bolsas de gominolas. Así que por la mañana no pasé más de hora y media en la cocina.

Mi tarta de galletas y chocolate, un clásico en mi vida ;-) , en forma de tren.

Mi tarta de galletas y chocolate, un clásico en mi vida 😉 , en forma de tren.

Eso sí, antes del evento no me dí cuenta de que el tener el jardín amplio con varias zonas donde poder jugar, me iba a hacer correr de vez en cuando y acabar con las piernas agotadas. Os pongo en situación: mi madre y dos de sus hermanas (mis tías) comparten jardín, por lo que la parcela es grande. Una de ellas tiene todavía niños pequeños (vamos, mis primos) y cerca de su casa hay una cama elástica. Pues ahí se iban grupos de niños a ratos, algunos obviamente necesitaban ayuda para ponerse los zapatos unas vez que terminaban con los saltos. Y al lado estaba el ping-pong, lo mismo les daba jugar con una pala de playa que con una raqueta de tenis, eso sí, bronca asegurada porque ya sabéis que todos quieren jugar a la vez.

Luego estaba la zona de una antigua cancha de tenis que ya no tiene ni red pero en la que pusimos una portería. Ésa parte la controlaba mi hermano Miguel y a los niños pudimos retenerles ahí un buen rato. Mientras tanto, una amiga mía entretenía a las niñas haciendo pulseras en la zona del garaje, que ya os dije que es más bien como una sala de juegos porque mi padre tiene allí de todo, así que también aparecían los niños por allí de vez en cuando a desmontar algo.

Después estaba la zona de la merienda, de la que Rafa se movía lo justo y cada poco había algún niño pidiendo bebida. Y además de controlar tres «territorios», ves que algunos cogen la bici o la moto del garaje y se tiran por alguna cuesta, previa discusión o manotazo entre ellos por ver de quién era el turno. Y yo iba traslandándome de sector en sector porque eso de no tenerlos concentrados a todos es un mismo espacio era algo parecido a la guerra. No me senté desde las 4 de la tarde hasta las 9 de la noche ni tres segundos. Obviamente, en días así olvidas que tienes un bombo, pero literalmente. Y todo esto con ayuda de más adultos, sino se me hubiera ido de las manos.

Las niñas haciendo pulseras eran minoría, 4 féminas frente a 10 varones. Un abismo entre ellos y ellas. Y si se cansaban del fútbol, no tenían problema en coger cualquier artilugio o juguete que encontraban por ahí. ¡Ah, bueno! que cuando te descuidas, están haciendo labores de jardinería; si no fuera porque el rastrillo es un peligro y todos lo querían, a más de uno le hubiese dejado recoger semejante cantidad de hojas 😉

Yo ya me veo juntando los cumples de mis hijos en unos años, que para algo son los dos de octubre. Esto es para hacer una vez al año, ¡qué barbaridad! ¿De dónde demonios sacan tanta energía? Eso sí, Alfonso feliz, tanto como agitado, que una cosa no quita la otra. Al final, a estas edades, es complicado organizar juegos como el pañuelo. Les llevas a un sitio que no conocen y claro, es mucho más entretenido indagar y probar todo lo que cae en sus manos. Dedidme que a partir de los 6-7 años ya se les puede controlar 😉

Os podéis imaginar que, aunque el regalo de los amigos sea comunitario, luego están los de los abuelos, el padrino, algunas amigas mías… porque en la foto faltan algunos. Lo que está claro es que de fútbol y coches no me libro en la vida 😉 Las botas y su primera equipación del Sporting con guantes de portero (ahora le da por esa posición,jaja) son lo más.

Cumpleaños infantiles, antes y ahora

Por primera vez me voy a enfrentar como madre a la organización de un cumpleaños infantil, pero de los de verdad. Hasta ahora, las celebraciones de los peques eran familiares; ya sabéis, con abuelos, tíos, primos y poco más. De esa manera, todo era bastante sencillo: encargar o hacer una tarta, unos sandwiches o tortillas, decorar un poquito la casa y ahí, más o menos, acaba la preparación. Aunque siempre hay profesionales para todo y se ve cada festejo por los mundos de internet y el famoseo…

Este fin de semana me enfrento al reto de entretener a 15 niños, la gran mayoría varones. Y para tal evento, queda descartado un piso, salvo que sea de un tamaño relevante. Por suerte, mis padres tienen jardín así que no lo dudamos y a los abuelos la idea les parece estupenda; la otra opción en Asturias es celebrarlo en un merendero porque aún el tiempo permite estar al aire libre. En esto, las cosas no han cambiado aunque observo que ahora se lleva mucho el tema ludotecas, donde lo pasan como los indios y además tienes animadores, pero yo no lo recuerdo cuando era pequeña. No sé si había menos, no había o es que yo tengo memoria de pez, ya me diréis vosotras si recordáis cumpleaños en espacios así cuando eráis pequeñas.

En cuanto a la convocatoria, el tema ha variado sustancialmente. Antes, o tu madre llamaba una a una al teléfono fijo de las casa de tus compañeros o llevabas invitaciones al colegio, lo cual ahora nos desaconsejan ya que, a estas edades, los niños que no están invitados se pueden sentir desplazados. Ahora, todo es tan fácil como crear un grupo de WhatsApp y vas mandando la información: hora de llegada, recogida, indicaciones del sitio… Lo más complicado es conseguir todos los números de móvil pero casi todas las madres tenemos el número de otra, y esa otra de otra…

¿Recordáis invitaciones de este tipo? Lo del WhatsApp es más inmediato y fácil pero entra nostalgia al ver las cosas que se van perdiendo.

Otra de las cosas que ha cambiado es el tema del regalo. Igual algunas me lleváis la contraria pero yo no recuerdo que en mi época se llevase lo de hacer un regalo comunitario. Hoy en día, con 10 euros, hay pocos juguetes que puedas comprar (¡maldito Euro!) mientras que antes con 1000 pesetas te daba para hacer un regalazo. Y eso que 10 euros son más de 1000 pelas. Ahora, las madres ponemos dinero, lo juntamos y esto nos permite, consultando a la mamá del cumpleañero por WhatsApp, hacer un regalo de mayor envergadura: desde una bici hasta una equipación de fútbol. Cosas que, a lo mejor, los padres no pueden comprar a los niños. Y a mí esta idea me encanta.

Y en cuanto a la celebración, poco más os puedo adelantar porque va a ser la primera vez así que la próxima semana os cuento todos los detalles y observaciones. Nos espera un fin de semana movidito que incluye el bautizo de mi sobrino así que, como veis, tengo temática de celebraciones para rato. ¿Alguna recomendación para sobrevivir al asalto de las fieras?

Cumpliendo años, ¿quién dijo fácil?

Cumpliendo años, ¿quién dijo fácil?

Hoy hace 4 años que Alfonso vino al mundo para transformar mi vida. Llegó en un parto inducido, relativamente corto siendo primeriza (5 horas) y sin dolor alguno gracias a la epidural (el postparto ya fue otra cosa). Lo recuerdo como un momento increíble, en el que me pareció que se paraba el mundo y no quería separarme de él. Desde entonces, viví en un continuo enamoramiento y tuve la suerte de que, cuando nació Rafa, nada cambió en él así que dupliqué mi amor de madre. Pero no voy a engañar a nadie, cada año que cumplen, los «problemas» también van aumentando.

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Celebrando sus cumpleaños

Cuando son bebés, te agota el no dormir bien, que si dar el pecho, que si luego no paran cuando empiezan a andar, que si rabietas sin sentido… pero da lo mismo, precisamente porque siguen siendo bebés a los que mimas de continuo y rara vez te puedes «pillar» un cabreo con ellos. Ésa fue mi situación con Alfonso los tres primeros años, se puede decir que tuve suerte porque con dos años otros ya tienen un carácter de narices y son más movidos, como le pasa a Rafa.

Por un lado, cuando van creciendo, ganas en comodidad; se pueden hacer más planes con ellos, tienen ya horarios y rutinas, dialogas cuando les pasa algo, cada vez son capaces de hacer más cosas solos y todo se va simplificando… ¿Todo? Bueno, casi todo. No nos engañemos, luego van llegando otras preocupaciones. Ayer mismo Alfonso pegó a un compañero de clase y no puedes hacer otra cosa que cabrearte y castigarle. Ya no hablamos de bebés, sino de niños que ya distinguen y saben perfectamente lo que está bien y lo que no, aunque les resulte difícil controlar sus emociones e impulsos.

Y esto no ha hecho nada más que empezar. Discusiones entre hermanos, en el colegio con amigos, que si no quiero ir aquí o allí, que si la profe me tiene manía, que si hoy nos han metido 5 goles y estoy de mal humor, que si no quiero estudiar, que si esta chica pasa de mí…y así, suma y sigue lo que nos espera. Para mí, este ha sido sin duda el año en que he notado que perdía cualquier ápice que tenía de bebé; y es que, cuando cumplen tres años, aún tienen cierta inocencia. A los cuatro, son ya niños, que te retan, que te ponen al límite, que van «independizándose» de alguna manera… aunque obviamente habrá niños más tranquilos que otros y no lo manifiesten de la misma forma.

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Cuatro años que han pasado en un suspiro.

Lo bueno que tenemos las madres es que vamos asumiendo todo esto como parte de sus vidas y de las nuestras. Que es cierto que les vemos cumplir años pero que, de alguna manera, siempre vemos a ese bebé que nos tuvo enamoradas. Y no es que no lo esté ahora, porque lo estaré toda mi vida de mis hijos, sencillamente es que ellos, poco a poco, van buscando la manera de «emanciparse», necesitan reafirmarse como personas que cada vez dependen menos de nosotros. Sé que es pronto para hablar de independencia pero es un proceso que, sin darnos cuenta, va llegando en pequeños gestos. En cualquier caso, nos lo pongan más o menos fácil, vamos a celebrar por todo lo alto que cumplen años y que están sanos. ¡Felicidades Alfonso!

Actividades extraescolares, ¿si o no?

Este curso, por primera vez, hemos apuntado a Alfonso a una actividad extraescolar. No lo hicimos en primero de Educación Infantil porque, por un lado, es de los que cumplen el último trimestre del año, por lo que empiezan el curso sin haber cumplido tres años; a estas edades, aún se perciben las diferencias entre los mayores y los pequeños de la clase. Y por otro lado, porque en su colegio tienen jornada partida, es decir, salen por la tarde, no a mediodía; meterle más horas de colegio, aunque fuesen actividades tranquilas, me parecía demasiado.

Este año hemos elegido fútbol, ¿por qué? Pues sencillamente porque lo está deseando con toda su alma. No hay, ahora mismo, nada con lo que disfrute más. Sale del cole y, antes de hablarme de cualquier actividad que ha hecho en clase, me narra alguna jugada o caída en el recreo jugando con la pelota. Se puede pasar diez minutos de reloj contando el envite futbolístico, con pelos y señales. Cualquier objeto en el suelo, independientemente de que su forma sea redonda o cuadrada, es susceptible de puntapié, lo cual me cabrea bastante y tengo que reñirle. Ya os podéis imaginar cuántas cosas relacionadas con el deporte rey pide para su cumpleaños, que es mañana. Lo sé, son básicos estos varones 😉 , pero como decimos en Asturias, «ye lo que hay».

El otro día colgué en IG esta foto de mis hijos metiéndose en medio de un partido en la calle entre niños mayores. No lo pueden evitar.

Puede que precisamente por todo esto, algunas penséis que quizás necesite cambiar de aires y que intente llevarle por otros derroteros pero la verdad es que, a esta edad, quiero que disfrute con la actividad que haga. Sé que también son años en los que el aprendizaje es bestial y, por tanto, tendría que aprovechar para apuntarle a inglés o música pero, con seis horas de clase al día, una de ellas siempre es taller de idioma, teatro, manualidades… creo que tiene bastante. En cualquier caso, entiendo perfectamente que otros padres elijáis actividades mucho más «didácticas» que el fútbol.

Además, hemos conseguido apuntarle a natación los sábados. Aunque lo pasa bien en la piscina, esto le va a gustar menos. Lo hago porque el verano que viene, con tres niños menores de cuatro años, necesito que se defienda en el agua. Puedo estar pendiente de todos pero no puedo mirarlos sin parar a los tres a la vez así que… la natación la elegimos por cuestiones de «seguridad», no tanto de entretenimiento. Y vosotras, ¿qué actividades elegís o elegirías para vuestros hijos en Educación Infantil?, ¿preferís deportes o tareas más tranquilas o artísticas?, ¿qué criterios seguís para la elección de una un otra cosa?

Salir a cenar con niños

No es un plan que hagamos habitualmente; somos tan de «echarnos a la calle» por el día, que me vuelvo yo muy pesada con que los niños descansen como Dios manda. Es casi lo único en lo que soy un poco rígida (bueno, en eso y en que coman mucha fruta 😉 ); que los peques duerman bien es casi una cuestión de salud, si no descansan por la noche, al día siguiente no pueden estar activos y se vuelven muy irascibles. Por eso, si pasamos el día de excursión, en la playa o comemos fuera de casa, descartamos por completo cenar con ellos por ahí.

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El sábado cambiamos nuestra jornada completa de playa por media jornada para que los niños pudieran comer en casa y dormir la siesta en condiciones. Vamos, que casi llegamos los primeros a la arena 😉

Y como disfrutamos más de un día en la playa que de una cenita por ahí, este verano no nos habíamos animado a «trasnochar» con los enanos salvo cuando tuvimos visitas en nuestra casa. Este sábado, sin embargo, surgió el plan de celebrar un cumpleaños familiar y lo de ir a una pizzería siempre apetece. Cuando se lo dijimos a Alfonso hasta se emocionó. ¿Que solemos tener en cuenta para ir a comer o cenar por ahí? Pues no siempre es posible pero, si se puede:

1. Comida que guste a los niños: es cierto que mis peques comen de todo, pero ya os digo que unas judías verdes tardan el tripe de tiempo en comerlas que un plato de pasta. Esto es así. Rafa se metió seis croquetas, pasta boloñesa y una porción de pizza en el cuerpo sin pestañear.

2. Restaurantes «ruidosos»: No es que me encante el bullicio, y ya os digo que si queremos ir a un sitio que nos apetezca, lo hacemos, pero no os voy a negar que estoy más relajada en lugares donde no se respira tranquilidad. El sábado fuimos a una pizzería donde había varias familias con niños, y eso se agradece.

Y aquí tenéis a Rafa con su primo Jorge. Auguro una vida muy estresante al bebé que llevo dentro. Lo normal es que un crío de casi dos años pase de un bebé, para Rafa es casi una obsesión.

3. Silla plegable: en la medida de lo posible, es mejor llevar silla que puedas «doblar», así la pones en cualquier sitio. Y aunque dábamos por hecho que quien la utilizaría sería Rafa, el que a media cena estaba ya echándose encima de su padre era Alfonso. Vamos, que maridín se quedó sin postre para llevarse a casa al mayor en la sillita mientras los más pequeños (los de la foto de arriba) seguían al pie del cañón.

4. Restaurantes espaciosos: pues esto es algo que no ocurre siempre pero que los padres también agradecemos. Es complicado mantener sentados a los niños durante mucho tiempo y se ponen en pie con cierta facilidad. Si entre las mesas hay espacio, los padres nos quedamos más tranquilos. Es más, les puedes llevar unos colores para que pinten o unos coches para que jueguen y acaban sentados en el suelo y la silla del restaurante acaba convertida en mesa. Por supuesto, cualquier patio o jardín es más que bienvenido.

Y que tengan ya espacios infantiles como éste, al que fuimos en verano, ni os cuento.

Es cierto que, si nos apetece ir a un sitio en concreto, vamos independientemente de que sea grande o pequeño, silencioso o ruidoso… pero os diría que casi el 90% de las veces nos fijamos en estas cosas. Y vosotras, ¿salís a comer y a cenar con los peques habitualmente?, ¿qué otras cosas tenéis en cuenta en los restaurantes? Y por supuesto, agradecemos las tronas aunque tengamos una portátil. Por cierto, hoy es el último día para participar en nuestro sorteo de una acuarela infantil.

Participa aquí.

Hipo del feto, ¿es real?

Lo bueno, o lo malo, de no tener amigas cercanas que estén embarazadas o hayan dado a luz cuando esperas tu primer hijo es que hay cosas que te pillan por sorpresa. Y digo que es positivo y negativo a la vez porque, por un lado, nadie te atosiga con comentarios como «ya verás cuando…». Y por el otro, nadie te ha advertido de algunas cosas que suelen suceder. En cualquier caso, justo hoy no voy a hablaros de una sorpresa negativa. Sencillamente, de algo que a mí me llamó la atención como primeriza.

No recuerdo muy bien en qué semana de la gestación me sucedió; calculo que estaría de seis meses cuando, de repente, noté en mi panza un movimiento constante y rítmico, como pequeños brincos del bebé pero siempre con un mismo compás. ¡Pero si esto parece hipo!, pensé. Y enseguida entré en Internet (mala costumbre consultar ciertas cosas pero tampoco es cuestión de ir corriendo al gine a contarle la batalla) y efectivamente: ¡el feto tiene hipo!. Llamadme ignorante pero yo, hasta ese momento no tenía ni idea.

A partir de aquel día, aquello fue constante en Alfonso. Todos los días, incluso varias veces, le sentía. Es más, supe que se había colocado boca abajo porque pasé de sentir el hipo en la parte superior de la barriga a la inferior. Y por supuesto, no sabéis la de veces que invitaba a amigas o familiares a tocar mi tripa para que lo notasen, a mí me parecía alucinante. Con Rafa lo sentí algunas veces, pero ni mucho menos a diario. Y en este tercer embarazo, apenas lo he notado cuatro o cinco veces, pero la última fue hace una semana y me pareció que la posición del peque había cambiado. Efectivamente, en la última revisión me han dicho que está colocadito hacia abajo (yuhuuuu, espero que no le dé por cambiar)

En cualquier caso, el hipo fetal es bueno ya que el diafragma del bebé se ejercita. Y vosotras, ¿sabíais antes de estar embarazadas que el feto tiene hipo?, ¿qué sensación os producía?

Se acabó el verano: el antes y el después.

Mañana día 23 de septiembre se acaba oficialmente el verano de 2014. Es cierto que los veranos, aunque tengan muchas cosas en común todos los años, también tienen otras que hacen que cada uno sea especial. Yo recordaré estos tres meses como un tiempo en el que me dí cuenta de la dificultad de criar dos hijos. No es que hasta ahora me pareciera fácil, pero reconozco que había sido muy llevadero. Durante los primeros meses de vida de Rafa, el mayor estaba en la guardería así que tuve tiempo para el pequeño; después llegaron las vacaciones pero Rafa aún no caminaba y Alfonso seguía siendo un bendito, por lo que la tranquilidad reinaba en casa. Luego llegó el cole para el mayor y, aunque fue un cambio grande y le costó, los peques sólo estaban juntos a partir de las 5 de la tarde así que se puede decir que…todo en orden. Y hasta aquí duró mi paz.

El día de la fiesta de fin de curso de Alfonso, el último día de relativa paz para mí

El día de la fiesta de fin de curso de Alfonso no sabía la que se me venía encima.

En junio de este año tenía de vacaciones a un niño que había pasado su primer curso en el cole, con su consecuente rebeldía, y un medio bebé que espabilaba a pasos agigantados. Para ellos, pasar 24 horas al día pegados era una novedad así que este verano ha sido el de su unión y, por supuesto, discusión. Y esto último, para mí ha significado que sea el verano del estrés (mucho me temo que va a haber unos cuantos más). Porque siempre quieren lo mismo; que uno coge la moto, el otro de repente también la quiere aunque hasta es momento ni se acordara, y si el mayor se sube al sofá, el pequeño, que no tiene edad para andar dando brincos, lo hace. Y el mayor, que ve como el pequeño se ríe con todas las chorradas que hace, no mide y piensa que está jugando con uno de sus compañeros de clase, con la diferencia de que el otro aún no tiene ni su destreza ni su fuerza… Luego pasa lo que pasa, que llega la primera visita a urgencias para coserle la ceja al pequeño.

Y todo esto, mientras tú tratas de hacer camas, dejar comida preparada y vestirles, que empieza a convertirse en una odisea cuando no quieren. Acabas con tal cabreo porque el mayor se niega a que le pongas el zapato, que lo lanzas (al zapato, no al niño 😉 ) a la otra punta del salón «amenazando» con que no irán a casa de los abuelos en un mes. No tienes tiempo ni para depilarte, porque cuando te «aprovechas» de tu padre, es por trabajo, ¡como para andar pidiendo que se quede más tiempo con los niños para otros menesteres! Y te los llevas hasta hacer las compras de la vuelta al cole y acabas casi con un ataque de ansiedad. Con sinceridad, ha habido días que he estado desbordada. Eso sí, a mí esto no me pilla por sorpresa porque he sido la hermana mayor con tres fierecillas por detrás que , de todo, menos tranquilos.

Y todo, mientras la barriga sigue creciendo y la movilidad decreciendo ;-)

Y todo, mientras la barriga sigue creciendo y la movilidad decreciendo 😉

Y mientras para mí ha sido un verano estresante (y no por ello ha dejado de ser también bonito), para Rafa estos meses han sido como un cursillo acelerado en absolutamente todo. Ese afán de imitación a su hermano que siempre tienen los pequeños, sumado a 24 horas al día pegados el uno al otro, le ha hecho tener una picardía que jamás tuvo Alfonso hasta hace bien poco. Pero para mí, el gran cambio de Rafa ha estado en el lenguaje. Ha pasado, con 20 meses, de decir medio centenar de palabras, y algunas a su manera, a hablar prácticamente todo con 23 meses que cumple hoy. Os aseguro que, a estas alturas, con Alfonso no teníamos una conversación con frases completas, que si «quiero agua fría», «quiero ir a casa abuelo», «a mimir con oso y pete (chupete)», «hasta luego», «mamá, dame toawa (toalla)» y palabras como «chiquitines», «malalenas (magdalenas)», «chaqueta», chacla (chancla)»…. De hecho, es capaz de repetir cualquier término (no científico o técnic0, claro) que le digas salvo pelota, a la cual está empeñado en llamar patata, y Alfonso, que es Atoto. Y por si alguien no me cree, dejé constancia en Instagram con este vídeo, que ya no e sólo lo que dice sino cómo lo dice.

Para Alfonso, éste no ha sido un verano de grandes cambios, ya que a estas edades empiezas a notar que los avances son más pequeños. Ver Oliver y Benji por primera vez ha supuesto que juegue al fútbol a cámara lenta, narre jugadas durante varios minutos y le haga zancadillas ficticias a su hermano. También ha sido el tiempo en que se ha hecho consciente de que va a tener otro hermano, supongo que al notar que mi barriga ha crecido. ¿Y que he hemos hecho para despedir el verano como Dios manda? Pues playa y más playa, y familia. ¿Cómo ha sido el verano para vuestros peques?, ¿ha sido especial en algún sentido?

Casi los últimos en irnos de la playa de San Lorenzo el sábado. Casi los primeros en llegar el domingo a la playa de Estaño, de la que ya os hablé en otro post.

 

Lo mejor y lo peor del embarazo en verano

A este verano le quedan dos telediarios, aunque por la temperatura nada parece indicar que vaya a llegar el otoño. Hace cuatro años, me quedaban menos de dos semanas para dar a luz así que mi último trimestre de embarazo coincidió con el verano completo; hace dos años, el tiempo que faltaba para que llegara Rafa a este mundo era de un mes, por lo que gran parte del último trimestre transcurrió también en verano y el principio del otoño es bastante llevadero por el norte. En esta ocasión, por primera vez, voy a tener que ponerme un abrigo con barriga de embarazada y la idea me gusta más bien poco.

Pues sí, porque para mí, sin duda, la gran ventaja de que los últimos meses de embarazo transcurran en verano es la ropa, que no hay que complicarse nada. Ni medias especiales, ni zapatos cerrados o botas, ni abrigos que no puedes abrochar… Claro que me puedo comprar un abrigo y ,de hecho, tendré que mirar si alguno me queda bien a pocas semanas de dar a luz, pero es que un abrigo es más caro que un vestidito de flores o de lunares. Y lo de las medias ya me parece el «no va más», si ya me parecen un tostón normalmente, ni os cuento embarazada. Que no, que no, que el embarazo en verano es una maravilla, que con cualquier trapito luces un montón. Por no hablar de que a mí, personalmente, me gusta mucho ver embarazadas y eso de poder lucir tripa en bikini me rechifla.

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Os dejo unos modelitos de esta misma semana 😉 Perdón por la foto tan malísima, Rafa y Alfonso no controlan el tema con el móvil. El vestido largo, por si se hinchan las piernas, es lo mejor. Éste es de The First Outlet de esta temporada

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Este vestido es de Zara de esta temporada, yo ya lo cogí en rebajas. Os lo enseñé en color amarillo en abril con mi cuñada embarazada de 37 semanas. 

Este vestido fue uno de esos descubrimientos de HyM de hace tres años. Es cierto que con tripa enorme no me cabría, pero tened en cuenta que es una talla 38 y que lo compré sin estar embarazada. Si lo hubiera visto con tripa, hubiera cogido un par de tallas más para aprovecharlo hasta el último día.

Este vestido fue uno de esos descubrimientos de HyM de hace tres años. Es cierto que con tripa enorme no me cabría, pero tened en cuenta que es una talla 38 y que lo compré sin estar embarazada. Si lo hubiera visto con tripa, hubiera cogido un par de tallas más para aprovecharlo hasta el último día.

 

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Os hará gracia pero, con este vestido, me han parado dos embarazadas por la calle para preguntar de dónde era. Pues es de HyM de hace 4 años, lo compré embarazada de Alfonso y éste sí, hasta el día del parto se puede poner. Parece hecho para gestantes. El escote es muy favorecedor. No os voy a aburrir con todos los looks del verano, con algunos de esta última semana ya vale 😉 pero vamos, que es evidente que se luce más el embarazo en esta estación, y con la ropa es bien fácil.

Y no sé porqué me da que todas coincidimos en que lo peor de tener la tripa bien grande en verano es el calor. Bueno, no es que este año me pueda quejar precisamente de bochorno, y más viviendo en el norte pero, anteayer mismo, pasábamos los 30 grados en Gijón y confieso que, tres meses así deben ser duros. Lo digo por las que vivís en sitios calurosos, tenéis todo el derecho del mundo a quejaros. Y más si eso implica que estéis hinchadas, porque entonces me diréis que lo de ir más ligerita de ropa ya no es tanta ventaja 😉

Por supuesto, se me ocurren más ventajas e inconvenientes de pasar los últimos meses de embarazo en verano pero, para mí, estos son los dos más relevantes. Aunque también os digo que, lo que para mí hace cuatro años era una ventaja en el primer embarazo, es decir, dar a luz al acabar el verano por aquello de librarme del abrigo y las medias, hoy sería un inconveniente por otros motivos que nada tienen que ver con los estilismos ;-). Ponerme de parto ahora, con los niños en plena adaptación de guardería y a media jornada en el colegio, sería un caos. En noviembre me viene de perlas para que los niños ya estén super habituados a horarios, guardería, comedor, etc… Como véis, todo depende. ¿Cuál es para vosotras la mayor ventaja y lo peor del embarazo en esta estación?