Adiós nosoyunadramamama, hola Carmen Osorio

Adiós nosoyunadramamama, hola Carmen Osorio

Ahora que he lanzado una nueva web (Carmen Osorio), me daba pena dejar de escribir aquí sin un texto de despedida en la que ha sido mi casa durante muchos años. Este blog fue el inicio de un montón de cosas buenas y un cambio laboral que no esperaba; fue la semilla de muchas de las cosas que hoy he conseguido. No imaginaba todo lo que iba a vivir y el profundo cambio que daría mi vida a nivel profesional. Así que yo le debo mucho a nosoyunadramamama. Que, por cierto, si lo llego a saber hace 10 años, quizás hubiera elegido un nombre más corto.

Este blog nació y creció con mis hijos. En concreto, nació a los pocos meses de dar a luz a mi segundo hijo. Mi necesidad como periodista de contar historias, pero también de que esas historias tuvieran que ver con lo más brutal que me había pasado en la vida, que es ser madre, me lanzaron a elegir la maternidad como punto de partida. También en aquel momento me empujó a ello el hecho de estar sin trabajo y estudiando un máster en gestión de redes sociales. Hay quien dice que tuve visión. Yo creo que fue casualidad.

Pero no me quiero enrollar en exceso. Durante ocho años compartí por aquí mis aventuras y, por desgracia, también un capítulo negro de mi vida. Os hablé de la crianza de mis hijos durante sus primeros años de vida. Después, me lancé a los podcasts, que también compartí aquí en este blog. Ahora, que el blog está a punto de cumplir 10 años, me despido.

Mis niños han crecido, como los vuestros.

Los bebés y niños pequeñitos, al fin y al cabo, hacen cosas similares y todas pasamos por las mismas etapas y situaciones, con ligeras diferencias. Pero a medida que crecen, sientes que cada uno tiene unas necesidades y que ya no hay fórmulas que sirvan para todos porque son seres independientes que nada tienen que ver unos con otros. Por eso, en parte, yo he ido hacia otros temas. Porque ellos crecen y porque nosotras vamos recuperando algunas parcelas que al principio de la maternidad parecían desaparecer.

La maternidad al inicio es muy cansada pero, como muchas de las que ya estáis viendo crecer a vuestros hijos, sabréis que “niños grandes, problemas grandes”. Y así es, tú crees que la crianza es lo más difícil, y no. Es lo más cansado, pero lo más difícil es la educación. Esa sí que tiene tela. Porque tenemos debates absurdos sobre si teta o biberón, colechar o no, y una serie de decisiones que, no es que no sean importantes, pero desde luego, lo son más las que tomamos más adelante.

Gracias por acompañarme estos años.

Ahora mi camino se va, por lo pronto, a mi nueva web y a advertir de que el mayor reto que tenemos como padres en esta época que nos ha tocado es poner freno al impacto que las pantallas y las redes sociales están teniendo en las vidas de nuestros hijos, en su autoestima, en su forma de relacionarse y de ver el mundo, que no es el real sino uno ficticio. Mi reto está en que nuestros hijos elijan el mundo real, que no es poco. Tenemos mucho trabajo por delante. Gracias y espero veros mucho tiempo a mi lado.

Enseñar a pensar a los niños

Enseñar a pensar a los niños

Con José Carlos Ruiz

Enseñar a pensar y educar a nuestros hijos en un mundo de superficialidad, frivolidad, donde se nos empuja constantemente a vivir nuevas experiencias y donde se valora más lo que hacemos que lo que somos, es un verdadero reto. Urge educar para que sean personas con pensamiento crítico, que duden de lo que ven, de lo que escuchan. Fomentar el asombro y la curiosidad no es tarea fácil en los tiempos que corren donde nos bombardean imágenes e información por todos lados. Potenciar el diálogo, la conversación para ayudarles a cuestionar, para no dejar que filtren sin análisis previo es la tarea que nos corresponde. Hablamos de todo ello con José Carlos Ruiz, doctor en Filosofía y docente.

https://open.spotify.com/episode/5gJlIZ5XD2nPaxNOqzfUjp?si=LQ_v3oZYQe-VTQKhbPECMQ&dl_branch=1

https://www.youtube.com/watch?v=fzZTTzv9w1Y

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Por qué deben jugar los niños

Por qué deben jugar los niños

Con Raúl Bermejo

La Convención de los derechos del niño incluye el juego entre aquellos derechos fundamentales de la infancia. Sólo con esto debemos ver lo importante que resulta jugar en la vida de las personas y la relevancia que tiene para los niños ¿Por qué es necesario el juego en la vida de los niños?, ¿qué aporta?, ¿qué tipos de juegos hay y por qué les van a ayudar en su desarrollo?, ¿cuáles eligen según la edad?,¿cómo podemos implicarnos? Respondemos a estas preguntas en este episodio con Raúl Bermejo, maestro y neuropsicólogo

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Entender y estimular el cerebro del niño

Entender y estimular el cerebro del niño

Con Rafa Guerrero, psicólogo

Sólo si conocemos cómo funciona el cerebro del niño, podremos ponernos en su lugar y entender por qué hacen esas cosas que a los adultos tanto nos cuesta gestionar. El cerebro tarda dos décadas en alcanzar su pleno desarrollo. Si aprendemos cómo se desarrolla y qué esperar en cada etapa, conseguiremos entonces empatizar y fomentar el buen trato a la infancia. En este episodio contamos con el psicólogo Rafa Guerrero, para tratar de arrojar luz al funcionamiento y el desarrollo del niño con el fin de ayudarles a que encuentren armonía y equilibrio, huyendo de comportamientos impulsivos.

 

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Bullying: cómo prevenir, detectar y actuar

Bullying: cómo prevenir, detectar y actuar

Hoy sabemos que uno de cada tres niños ha sufrido bullying o acoso en su entorno escolar y que los adultos tardamos un año en conocer que se está produciendo. Llegamos tarde y los menores cargan con un peso que no les corresponde porque esperan del mundo seguridad y protección. Cómo detectarlo y prevenirlo, qué hacer cuando sabemos que sucede, cómo concienciar para que otros no sean cómplices, conocer si hay o no perfiles que son más vulnerables, entender que los acosadores también son víctimas y que, si no les paramos, podrán ser futuros delincuentes. Todo esto y más en el episodio de hoy con la psicóloga Belén Colomina.

 

Redistribución de clases… dos años después

Redistribución de clases… dos años después

No pensaba sacar este tema pero, como os conté por Instagram que Rafa cambiaba por primera vez de compañeros al pasar de Infantil a Primaria, y que Alfonso volvía a cambiar este nuevo curso, muchas de las que me seguís por allí, lógicamente, me disteis vuestra opinión y algunas sentíais cierta preocupación porque les tocará a vuestros hijos. Os diré que esto es lo que yo pensaba hace dos años sobre la redistribución de clases. Yo, que me pasé toda la vida con las mismas personas, además en una clase muy reducida, en la que no recuerdo que hubiera grandes problemas y en una etapa de la que yo tengo buen recuerdo, pues lógicamente tenía mis reservas sobre el tema y, a priori, la idea no me entusiasmaba nada porque Alfonso estaba muy contento con sus amigos de Infantil.

Redistribución de clases… dos años después

He de decir que, cuando llegué el primer día al cole y vi la lista de nuevos compañeros de Alfonso, me «disgusté» un poco porque de su grupo de cinco amigos más cercanos, no estaba ninguno. Ya era mala suerte. Pero lo cierto es que para mí fue un descubrimiento comprobar cómo él no le dio demasiada importancia. Lo mismo que Rafa este año cuando vio que no estaban en su nueva clase sus dos mejores amigos. Se lo dices tú al ver la lista y parece que se disgustan un poco; entran en clase, ven caras conocidas y enseguida se les pasa. Porque la realidad es que en los recreos y en el tiempo de ocio se mezclan con muchos niños y todos se conocen.

Además, en nuestro caso, se suma el fútbol que, quieras o no, ahí hacen mucha piña. Y algunos de los niños de su equipo puede que no estén en su misma clase pero ese tiempo haciendo deporte juntos se nota a la hora de configurar su grupo de amigos. Es decir, que la amistad no surge sólo en la clase, sino que abarca más ámbitos.

Mi opinión es que los niños se adaptan muy bien a todo. Es cierto que hay niños más o menos sociables, más o menos tímidos y creo que, en algunos casos, quizás lo más adecuado sería que los padres hablasen con el centro y con los profesores para ver si en una situación concreta, la separación sería contraproducente y se pudiese evitar. Pero en la mayoría de niños veo que es positivo.

Redistribución de clases

Redistribución de clases, ¿por qué se hace?

  1. Se favorece que los niños socialicen y amplíen sus relaciones: esto es obvio. Con cuantos más niños compartan aula, más posibilidades hay que de amplíen su círculo de amistades.
  2. Se evitan los grupos cerrados y rivalidad entre clases: este punto no lo viví porque en mi colegio había una única clase por curso pero sí que se podía dar en colegios con dos o más clases por curso. Se ha visto que según se van haciendo mayores los alumnos,  es más probable que surjan rivalidades entre ambas clases e incluso en sus familias.
  3. Se evitan los roles: es muy típico que, en las clases, uno sea el más payasete, otro el lento, otro el que es un empollón, etc… Sin querer, ese rol que se adquiere, determina también la forma de actuar. Así que al mezclar alumnos,  esos roles tienden a desparecer, a pasar desapercibidos…

En resumen, se cree que tiene muchas cosas positivas. Y yo de verdad creo que seguramente las tiene. ¿Qué cosas veo negativas? Pues que, como decía antes, hay niños a los que les cuesta mucho relacionarse, así que entiendo que este sistema les pueda causar inestabilidad. Ése es el motivo más complicado y cuestionable de la redistribución de clases: la inestabilidad que pueda suponer para algunos alumnos. Si queréis dejar vuestros comentarios con experiencias y opiniones para que otras madres los puedan ller cuando llegue a este post, ¡serán bienvenidos!

Mis hijos no me escuchan: cuando te sientes un lorito de repetición

Mis hijos no me escuchan: cuando te sientes un lorito de repetición

Comienza el día. Tienes que desayunar, ducharte, vestirte y hacer lo mismo con tres niños. Bueno, miento, los niños tienen que desayunar y vestirse ellos solos; si eso, sólo visto al tercero, que acaba de cumplir tres años. En cada paso que dan desde que se levantan, vas detrás como Pepito Grillo diciéndoles lo que tienen que hacer una y otra vez, ¡cómo si no supieran ya la dinámica! Al final, te das cuenta de que no se trata de que no escuchen… si sordos no son. Simplemente, llevan otro ritmo vital y se entretienen con una mosca. Ahí estás tú diciéndoles «venga, tómate la leche», «acaba la tostada», «ponte el uniforme»… decenas de veces. En mi casa, es absolutamente agotador lo del mayor. Para desayunar no suele haber problema, pero es que lo de vestirse es una continua advertencia por mi parte. Así que antes de ponerme a gritar como una loca, que oye, alguna vez ya llego a mi límite y suelto un berrido, si mis hijos no me escuchan opto por:

  1. Fuera distracciones: cualquier juguete que ande por el salón ya les sirve a ellos para olvidar que tienen que vestirse. Y ahora con la hámster que nos trajeron los Reyes, ¡para qué queremos más! Yo he tenido ya que esconder balones y cualquier objeto que sea susceptible de jugar un partido de fútbol, así como los cromos del álbum de la liga. Aún así, lo de los cromos es como una plaga, hay por todas partes y siempre encuentran algunos.
  2. Separación física: no sé vuestros hijos pero tengo la teoría de que cuando tienen público, más hacen el bobo. Así que si veo que uno se crece y los otros azuzan y aquello empieza a parecer un circo, mando al instigador a una habitación a vestirse.
  3. Salir al rellano: lo sé, esto parece de locos pero más de una vez cojo, me pongo el abrigo, abro la puerta de casa y llamo al ascensor. Oye, y algunas veces se agobian porque creen que se quedan en tierra. No es que siempre funcione pero bueno, alguna vez hay suerte.
  4. Diles las cosas poniéndote a su altura: esto es algo que parece una tontería. Además, lo lo que solemos hacer es, mientras tú acabas de arreglarte, les vas dando órdenes sin ni siquiera estar mirando para ellos. Pues error, si tu jefe te dice algo que tienes que hacer mientras pasa caminando a su despacho y ni se dirige a ti, es más probable que antes hagas otras cosas que tienes pendientes. Si tu jefe se acerca, te mira a la cara y te dice «hay que hacer esto», es más probable que te pongas a hacerlo en ese momento y que dejes para más tarde las cosas que ibas a hacer. Así que párate, mira al niño y dile las cosas tranquilamente pero con firmeza.

Así es la vida con niños, un continuo tira y afloja. Un paso del amor a la locura, un sin vivir pero un vivir de verdad, bien intenso. Nadie dijo que fuera fácil. Y es que mis hijos no me escuchan pero ya me encargo yo de que se enteren sin tener que ponerme a dar alaridos.

Cuadernos de vacaciones para repasar el inglés

Cuadernos de vacaciones para repasar el inglés

Si estáis pensando en que los peques este verano repasen un poquito lo del inglés, o más bien, que no pierdan lo que han ido avanzando durante el curso, os cuento que hemos recibido los libros Oxford Holiday English, adaptados a la edad de Alfonso y Rafa, y el Oxford Children’s Picture Dictionary, que a mí particularmente me ha encantado. Lo primero, tengo que decir que son cuadernos de vacaciones de la misma editorial que los libros que utilizan los niños en el colegio durante el curso, por lo tanto, ésa es la razón principal por la que me pareció buena idea tener los cuadernos para vacaciones. Con que dediquen 5 minutos al día al inglés y otros cinco a leer los días que estemos en Gijón, más que de sobra, no quiero ni creo que deban hacer más. La segunda razón por la que me parecen una buena elección es porque tienen una valoración muy buena en foros y webs donde se compran, en Amazon tienen entre cuatro y cinco estrellas y las opiniones que leí allí de padres son muy positivas.

cuadernos de vacaciones

Os cuento un poco. Empiezo con el diccionario de dibujos, que me encanta y que obviamente les ha gustado muchísimo porque se parecen a esos libros en los que tienes que buscar personajes, que muchas veces os he mencionado lo muchísimo que les gustan, y en los que los dibujos incluyen los nombres de las cosa en inglés y español. Tiene un contenido muy visual y vienen más 800 palabras sobre 40 temas distintos: profesiones, el cuerpo, animales, juguetes, ropa, cosas que encuentras en una cocina, en el baño… Incluye en cada página alguna actividad y viene con un código para descargar contenido extra, que incluye canciones. Pero mi objetivo es que cojan el diccionario de dibujos como esos libros que tienen en casa con un montón de dibujos. Se saben de memoria dónde está cada personaje de tanto mirar y buscar objetos, con la ventaja de que en el Oxford Children’s Picture Dictionary tienen al lado el nombre en inglés y español de cada cosa.

cuadernos de vacaciones

Y por otro lado están los cuadernos de vacaciones, Oxford Holiday English. Hay disponibles en 11 niveles desde infantil hasta finales de la ESO. A ver, la idea es que ayudan a los niños a repasar el inglés aprendido de una manera divertida, no es como el cuaderno que tienen durante el curso, está más orientado a dibujar, colorear, relacionar… Lo pueden usar en cualquier momento de las vacaciones de forma flexible.

Y como os decía, lo que quiero es que por la mañana en casa, mientras yo trabajo un rato, cocino y esas cosas, ellos dediquen unos minutos a leer y a repasar el inglés, no quiero que vean mucho la tele, lo cual espero que sea fácil porque apenas la suelen ver y no os creáis que les engancha mucho, y luego ya piscina o playa los días que salga el sol. ¿Tenéis pensado que los peques hagan alguna tarea o lectura este verano?

Huelga de deberes, innecesaria

No me gustan las huelgas, son síntoma de que el diálogo ha fracasado y tengo claro que, cuando fallan las conversaciones, entramos en terrenos pantanosos. Pero es que además, en el caso de la huelga de deberes, me parece que hay un agravante: los niños. Les estamos pidiendo a los críos que no hagan unas tareas que sus profesores les han asignado, ¿soy la única a la que esto le parece espinoso? Se supone que los maestros tienen la difícil labor de educar y formar a nuestros hijos y resulta que los mismos padres les desacreditamos delante de los niños. Les dejamos completamente atados de pies y manos a la hora de ejercer su potestad y no olvidemos que están lidiando, no solo con nuestro hijo, sino con otros veinte o veintitantos críos más.

No me voy a poner en plan trascendental sobre la época en que nos criamos nosotras, las que ahora somos madres, aún sabiendo que no tenemos traumas, ni por tener deberes, ni porque lo que decían los profesores y padres, con más o menos razón, iba a misa. Porque no soy de las que estoy a favor del «aquí mando yo» o «lo que diga yo y punto». Pero como en casi todo, nos queremos ir de un extremo al otro. Y ni tanto, ni tan calvo. De lo que sí estoy segura es que padres y profesores tienen que ir de la mano, y desacreditar a unos u otros no hace ningún favor a nadie, menos a los niños, que no hacen otra cosa que tomar ejemplo de los adultos que tienen cerca.

Deberes, ¿sí o no?

Dicho esto, voy a dar mi opinión: querer cargarse los deberes me parece un desacierto. Primero, porque hay asignaturas que requieren de cierta memorización, es decir, de estudio. Por mucho que tu profesor sea un crack en Historia y te cuente la Revolución Francesa como si estuvieras viendo una película, hay nombres, fechas o acontecimientos que debes retener. Eso es así. Y segundo, porque los hábitos, sean los que sean, se imprimen desde pequeños. No podemos pretender que nuestros hijos estudien una carrera con 18 años sin tener un hábito de estudio, es imposible. Las que no estudiamos desde hace años, sabemos lo difícil que nos resultaría ahora hacerlo. Y aunque no vayan a pisar la Universidad, es un hábito que implica autonomía, responsabilidad y esfuerzo, por tanto, no hay nada malo en ello sino lo contrario. Además, luego dicen los estudios que los niños ven más de dos horas de televisión al día así que hay cosas que no cuadran.

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Ahora bien, abogo por una carga de deberes asumible para cada edad. No sería de recibo que un niño de 7 años tuviese que sentarse a estudiar o hacer deberes dos horas al día, pero quizás sí lo sea para uno que el curso siguiente va a estar en la Universidad. En casa, este año nos estrenamos con los deberes. Alfonso empezó Primaria y dedica exactamente 10 minutos a hacer tareas asignadas por su profesora, que básicamente consisten en leer un texto y hacer uno o dos ejercicios. Creo que con 6 años no hace falta más. De ahí que no crea en el blanco o negro; las circunstancias, las edades, los horarios del centro escolar deben ser aspectos que dirijan un poco el trabajo a realizar en casa, y no la consigna «deberes sí, deberes no». No podemos caer en argumentos reduccionistas. Y desde luego, no seré yo, ni por asomo, la que anime a mis hijos a desobedecer a sus profesores. ¿Qué opináis?

¿Qué tareas deben hacer los niños en casa según su edad?

¿Qué tareas deben hacer los niños en casa según su edad?

El otro día publiqué una foto en Instagram y comentaba que, desde que Alfonso ha empezado a ducharse solo, el bucle baños-cenas era mucho más llevadero. Creo que el rato que transcurre desde que empiezan los baños y hay que preparar la cena hasta que se acuestan, es uno de los momentos más agobiantes del día cuando se tienen varios hijos. Para mí, por lo menos, lo era desde que nació Gabriel hace casi dos años. Con dos hijos no recuerdo que fuese especialmente caótico pero con tres la cosa ha sido un poco de locos, aunque mi señor marido se estresaba más que yo ;- )  Por eso, ahora que el mayor se ducha solo, recoge su ropa y se pone el pijama, he visto un poco la luz. Sí, sigo bañando a los dos pequeños pero claro, pasar de tres a dos otra vez es como pisar el cielo.

Algunas me preguntabais desde cuándo el niño se ducha solo y qué edad tiene. Pues en el post de hoy respondo a la pregunta y os cuento las labores que hacen mis hijos en casa, y os oriento sobre cuáles deben hacer a cada edad. Porque los niños tienen que hacer cosas en casa, no puede ser que todo se lo demos hecho. Y ya no solo porque ayuden, sino porque es una forma de que ganen autonomía y seguridad en sí mismos. Es más, hay que aprovechar precisamente esas edades en las que se ofrecen a hacer de todo y quieren ser ellos hasta quienes limpien, para enseñarles. Lo sé, las prisas y el que rompan o manchen algo nos hacen recular y hacerlo nosotros, a mí me ha pasado decenas de veces. Pero no, hay que dejarles hacer y enseñarles cómo se hace. Luego llegan a los diez años y obviamente saben vestirse solos, pero estarán esperando a tener el plato y la mesa puesta. Y no sabrán ni cómo funciona el lavavajillas.

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Qué hacen mi hijos en casa

Tener hermanos es una ventaja en esto de ayudar en las tareas. Tanto los mayores como los pequeños espabilan antes. El mayor porque ve que sus padres tienen más demandas a la vez y, al ser el más autónomo, las del primogénito suelen ser las que se atienden con menos urgencia. Y los pequeños por imitación pura y dura, aunque también he visto pequeños que se acomodan, todo sea dicho. Pero bueno, generalmente cuando hay varios hermanos y hay que repartir el tiempo entre varios hijos, los niños se hacen autosuficientes rápidamente.

6 años

Alfonso cumplió 6 años hace un mes. Y desde este verano, ha incorporado, a las que ya tenía, nuevas tareas: se ducha solo, y se enjabona más que yo, que conste; recoge y dobla el pijama por las mañanas, y pone la mesa. Recoge también su ropa y la lleva a su habitación, no llega a colgarla en las perchas y lo hago yo. Aunque desde los cuatro años se viste solo, ahora ya es capaz de ponerse hasta las espinilleras para los partidos (que tienen su complicación) y las botas de fútbol.

4 años

Rafa acaba de cumplir 4 años. Es cierto que, por imitación, ya hace cosas que podrían haber esperado ya que Alfonso no las hacía a su edad. Ayuda a poner la mesa, lleva la ropa sucia a la cesta, se viste solo aunque a veces pide ayuda con los calcetines, con los que se pelea de vez en cuando 😉 Cierto es que es muy lento para todo, nos os podéis hacer una idea de la tranquilidad con la que se toma la vida, por lo que alguna vez me estreso un poco y le ayudo a vestirse por ir más rápido. Se enjabona solo y se pone el pijama, lo de doblarlo por la mañana no se puede decir que sea doblar 😉 Recoge los platos al acabar de comer y los deja en la encimera. Tanto el mediano como el mayor saben a qué basura tienen que tirar cada residuo, ya que en casa reciclamos y hay tres papeleras.

2 años

Bueno, Gabriel aún no ha cumplido los dos años y, a pesar que que habla lo justo, entiende perfectamente las instrucciones que le damos. Se quita los zapatos y alguna vez el pantalón, recoge los juguetes (como a cualquier niño de esa edad, también se le cruza el cable y a veces dice que tararí). Come solo desde hace ya mucho tiempo (ya habéis visto los vídeos de Instagram) y me refiero a que lo hace con cubiertos, que a mí eso de que coman con las manos no me gusta, salvo las cosas lógicas como bocadillos, frutas, embutidos… Se sube solo a mi coche y se sienta en su sillita (lo sé, este vídeo en Instagram os gustó mucho). La realidad es que Gabriel es un niño super autónomo que además es ágil físicamente (cosa que no le pasaba a sus hermanos de bebés) y eso hace que, si quiere algo, mueva una silla y se encarame a cualquier estantería para coger lo que sea. Resumiendo, Gabriel es tercero y eso se nota necesariamente. Y si le das una toallita de bebé, te limpia lo que quieras 😉 Lo bueno de los pequeños es que hacen tareas a edad más temprana de la que lo hacían sus hermanos. También corren el riesgo de que, al tener hermanos mayores, se «aprovechen» de la situación. Ver, veremos.

En general, no me quejo, reconozco abiertamente que he hecho muchas cosas por ellos por ir más rápido pero creo que son niños autónomos y responsables. Es cierto que no me lo he propuesto, ha sido la situación la que ha hecho que fuese así de una forma natural. Ahora mi lucha está en que cuiden los juguetes, porque tienen muchos y creo que no los valoran. Os dejo aquí un cuadro que aparecía en una noticia en El Mundo, que quizás pueda orientaros, yo veo la lista muy lógica.

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Adaptación al colegio o guardería, ¿cuándo se han aclimatado?

Adaptación al colegio o guardería, ¿cuándo se han aclimatado?

He vivido de todo en esto de los llamados procesos de adaptación. Lo más importante es saber que cada niño tiene un ritmo y una forma de exteriorizar las situaciones que vive. Si la aclimatación de Alfonso a la guardería le llevó un par de semanas, en las que lloraba al entrar pero luego se encontraba a gusto y no supuso ningún cambio en su carácter, la de Rafa fue mucho más costosa y la exteriorizó con una etapa de rabietas, aunque no sé si sencillamente coincidió. Nunca lo sabré. Ambos empezaron a ir a la guardería semanas antes de cumplir los dos años y a punto de recibir un nuevo hermano, por lo que sus situaciones fueron muy similares y, como veis, las adaptaciones muy distintas.

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Alfonso, a la izquierda, en su primer día de guardería. A la derecha, al final de la semana.

Distintas formas de afrontar el inicio del colegio

Sin embargo, el inicio del colegio para el mayor fue más duro; atravesó una temporada en la que estaba irascible y de vez en cuando montaba algún numerito, mientras que para Ricitos de Oro el comienzo del cole fue muy sencillo, sin ningún tipo de problema. Imagino que aquello estaba directamente relacionado con que tenía a su hermano mayor allí y ya conocía bien el sitio. Pero no debemos dar nada por hecho porque a veces nos sorprenden. Puede que tengas un niño super sociable y autónomo y lo pase mal al empezar el cole o guardería y, por contra, un niño tímido y aparentemente dependiente de sus padres, puede afrontar con naturalidad y total normalidad este proceso. Hay de todo.

¿Cuándo están «adaptados»?

De hecho, doy por concluida la adaptación de Gabriel a la guardería y curiosamente ha sido un éxito. Sí, digo curiosamente porque me ha sorprendido, creo que de los tres ha sido y es el más enmadrado con diferencia. Por eso esperaba que fuera más complejo todo. Pero no, ha sido el más sencillo de los tres. El proceso de adaptación puede ser muy variable y puede experimentarse de muy diversas formas. No termina sólo el día que ya no lloran por ir al cole o guardería, porque algunos no lo exteriorizan a través del llanto.

El proceso concluye cuando esos cambios de carácter y de comportamiento que se han producido a raíz del inicio del cole, desaparecen nuevamente. Mi hijo mayor lloró los primeros tres días pero su adaptación finalizó dos semanas después, cuando dejó de estar irascible y volvió a comportarse con normalidad. Para Rafa, no hubo periodo de adaptación porque se sintió como en casa desde el primer día. Si vuestros niños aún siguen pasándolo mal, tened paciencia, hablad con naturalidad del cole o guardería y pensad que es un proceso que todos hemos pasado y del que muchos ni nos acordamos. No hay una sola forma de afrontarlo. ¿Cómo ocurrió con vuestros hijos?

A esos abuelos que hacen mágica la infancia de sus nietos

A esos abuelos que hacen mágica la infancia de sus nietos

A esos abuelos que llaman a tu móvil en cualquier momento del día para preguntar dónde estás con los niños y se presentan en dos minutos.

A esos abuelos que compran linternas y láseres para salir al jardín por la noche y enseñar las estrellas y constelaciones a sus nietos.

A esos abuelos que entran en Internet e indagan hasta encontrar el tren y las vías más resistentes del mundo.

A esos abuelos que siempre se tiran al suelo para jugar con sus nietos.

A esos abuelos que aún dan patadas a un balón, montan en bicicleta y dan raquetazos para acompañar en el juego a los niños.

A esos abuelos que compran atlas y libros sobre el sistema solar para enseñar dónde estamos y de dónde venimos.

A esos abuelos que enseñan a jugar a las cartas, al ajedrez o al dominó para entretener a los pequeños.

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A esos abuelos que desmontan coches, trenes y cualquier mecanismo con tal de intentar arreglar los juguetes.

A esos abuelos que cultivan manzanas, mandarinas, judías y lechugas para poder regar y recolectar con sus nietos.

A esos abuelos que vuelven de viaje siempre con algún artilugio típico de la zona.

A esos abuelos que cogen el coche y hacen 1000 kilómetros para ver a sus nietos porque tres semanas sin ellos les parecen demasiado tiempo separados.

A esos abuelos que son capaces de retener la atención de varios críos pequeños.

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A esos abuelos a los que todavía se les resiste cambiar un pañal.

A esos abuelos que siguen siendo niños, que por más que pasen los años tienen algo de Peter Pan dentro que hace que nunca hayan perdido la imaginación ni la creatividad. A esos abuelos inquietos que han rejuvenecido con sus nietos. A esos abuelos que hacen mágica la infancia de sus nietos. Gracias, papá.