Nunca, jamás entró en mis planes llegar a un parto sin conocer el sexo de mi bebé. Yo, que soy doña planificación, no entendí en su momento que mi cuñada tomara esa decisión con su primera hija. No la comprendía porque no entendía qué necesidad había de esperar varios meses. Es más, como ya mencioné en alguna ocasión, lo supe en los cuatro embarazos anteriores en la semana 12, muy pronto, vamos, que como veis no era yo de querer sorpresas. En cualquier caso, las razones por la que decidimos esperar al parto ya os la conté en un post durante el embarazo así que no me detengo en ello. Me voy a centrar en lo que supuso descubrir el sexo del bebé en el parto y también en sensaciones, intuiciones y «comeduras» varias de cabeza sobre el tema.
Descubrir el sexo del bebé en el parto, ¿intuía algo?
No, yo no intuí nada por síntomas ni porque alguien de mi entorno dijese nada porque nadie de mi familia ni amigos sabían nada. A veces quería convencerme de que era un embarazo que se parecía al de Carmen pero luego me daba cuenta de que era el más reciente, y que por eso encontraba similitudes. Pero yo realmente me encontré físicamente bien en los cinco embarazos y en todos tuve síntomas casi exactos así que las primeras veinte semanas no tenía ni idea y yo me iba mentalizando para otro niño, prefería no hacerme ilusiones porque obviamente tenía preferencia por tener otra niña.
Qué cosas me «mosquearon»
Y digo hasta la semana 20 porque en esa semana nos tocó ecografía y el ginecólogo se refirió al bebé como la criatura. Y os puedo decir que aquello me dio qué pensar. Maridín enseguida me dijo que no fuera paranoíca 😉 Y dejé de darle vueltas porque es cierto que yo alguna vez me he referido a mis hijos como las criaturas o las fieras, en un tono irónico, que es un tono muy típico del gine que hizo esa ecografía. Además, me decía a mí misma que qué sentido tenía darle vueltas a algo que no quieres saber. Y volví a mi pensamiento de que sería niño.
En la semana 33 tenía la tercera y previsiblemente última ecografía del embarazo por la Seguridad Social. Pero no fue la última porque vieron que el bebé estaba en un percentil bajo. ¿Cómo era posible habiendo siendo los niños tan grandes? Aquella semana lo pasé mal porque cualquier cosa que te digan que no es lo normal, tras haber pasado una mala experiencia, da pie a pensamientos negativos. Pero como intento siempre darle la vuelta a la tortilla, entonces me decía a mí misma que igual era un bebé pequeño porque era niña. Fijaos cómo la cabeza va por libre.
Descubrir el sexo del bebé en el parto… llegó el día
Pues antes de lo previsto, casi tres semanas, llegó el momento de entrar en el hospital sabiendo que en cuestión de horas conocería a mi bebé. Cómo fue el parto ya os lo conté en este post. A las 9 de la mañana llegué al hospital con la bolsa rota, tres horas más tarde decidieron inducirlo por el tema del Streptococo y porque no había síntomas de que el parto se fuera a desencadenar, y siete horas después tenía a mi bebé en brazos. Curiosamente, a pesar de ser mi quinto parto vaginal, fue el más largo de todos, sin contar el de Carmen por cuestiones obvias.
Cuando entré en Urgencias, la señora del mostrador me reconoció al seguirme por Instagram. La gine que me vio en Urgencias ese día también me recordaba por haber ido una vez allí asustada durante el embarazo. Y según entré en la habitación que me habían asignado, la chica que estaba allí, a la que mando un beso y espero que su prematuro esté bien, también me reconoció. Y entonces ya supe que mi parto empezaba a generar cierta expectación. Daos cuenta que vivo en una ciudad de menos de 300.000 habitantes y prácticamente todos los días alguien me para y viene a saludarme con mucho cariño.

El personal médico estaba muy pendiente de mí porque, al fin y al cabo, la historia de Carmen había trascendido meses atrás y era un parto distinto. Un parto tras una experiencia traumática y un parto en el que los padres no sabíamos el sexo del bebé, lo cual hoy en día es atípico en España. El caso es que esas horas previas a dar a luz lo noté, sentí que venía una niña. Cuando sabes leer caras, miradas, cuando sabes interpretar frases, entonces lo palpas. Todo el mundo deseaba que fuese una niña y obviamente el equipo médico lo sabía porque aparece en el historial, así que es difícil disimular ciertas cosas. Y eso que, ya con dilatación casi completa, una chica entró a preguntar qué nombre teníamos para niño y para niña. Yo respondí: Aurora. Mi marido, que era el encargado de elegir nombre de niño, seguía sin tenerlo claro (tenía Álvaro y Lucas como opciones, que sé que algunas tenéis curiosidad) y contestó que lo decidía cuando le viese.
Ese momento en que te dicen «es niña», y además ya tienes el alivio de que está todo bien, no tiene precio. Porque te has pasado meses sin saber nada, pensando muchas veces qué será lo que llevas dentro, con esa incertidumbre, con esos nervios al final del embarazo de querer preparar cosas pero sin preparar nada, con esa espina de haber perdido otra hija… Decir que me puse a llorar en ese instante no sería verdad porque ya entré en paritorio llorando. Fue oír en la sala de dilatación que ya estaba completa y que estaba a punto y ya no pude parar de llorar. No sé si lloré más por acordarme de cosas del parto anterior, por oír el llanto o por saber que era niña.
Descubrir el sexo del bebé en el parto, ¿es una experiencia bonita?
Pues os diría que es una experiencia preciosa y que creo que deberíamos vivirla una vez en la vida. Que nuestro caso es especial pero que, si volviera a vivir sin haber pasado lo que pasamos, lo haría en el primer parto, cuando no solemos tener preferencias por un sexo u otro. O cuando tienes preferencia y quieres tener sorpresa. Porque creo que a un hijo lo quieres desde antes de nacer y te enamoras en el instante en el que le ves. Sea del sexo que sea. Así que, si alguien por aquí se lo plantea, le diría que lo hiciese.
Y si alguna más tomó esa decisión y quiere compartir en los comentarios su experiencia para que lo lean otras mujeres, seguro que será bienvenida.



























