Monitores o cómo hacer que el crío no se inmute

Monitores o cómo hacer que el crío no se inmute

No falla; aunque tengas la criatura interior más agitada del mundo, que te despierta algunas noches a base de patadas y que hace que tu tripa adquiera vida propia (véase vídeo aquí porque no exagero), es llegar a la sala de monitores y el churumbel decide que es momento de relajación, que no se va a inmutar, que pasa de que le toquen las narices. Por si alguna no lo sabe, llamamos «monitores» a una prueba para evaluar el bienestar fetal cuando se aproxima la fecha probable de parto. Te tumbas en una camilla, te ponen unas correas en la panza con unos electrodos y los datos que recogen salen a través de un monitor.

Mi tripilla sin señales de movimiento alguno.

Así dicho es todo muy sencillo pero claro, si el crío decide que hay que cambiar de posición cada vez que intentan plantarte uno de esos electrodos mientras la matrona mueve tu mini barriga de melón como si fuese un cóctel, pues ya empiezas la prueba en modo «no estoy para esto por mucho que vaya a clases de zumba». Cuando ya consiguen detectar el latido, el crío determina acabar con la marcha. Y lo que quieren para esta prueba es que la criatura se mueva, cuanto más mejor… pero nada, no hay manera. ¡Y mira que había desayunado napolitana de chocolate!

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Tumbadita con cara de felicidad esperando movimiento.

Recuerdo que tanto con Alfonso como con Rafa me dieron mosto, por aquello de animar a las criaturas pero esta vez, nada de nada, porque la matrona andaba liada. Eso sí, fue salir de la sala y aquí el pequeñajo empezó con la juerga. ¡Cómo saben ellos cuándo no hay personal sanitario delante! Y cuando ella volvió 20 minutos después, encontró que su ausencia había sido muy productiva para su prueba porque, efectivamente, el enano no había parado mientras la otra chica que estaba en la sala no conseguía su objetivo.

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Y para muestra, un botón. Así empezó y así acabó, de relajación a juerga interior.

Eso sí, mientras esperaba para hacerme la prueba, al ver la entrada de la planta de maternidad, fui consciente por fin de que en cuestión de días me tocará estar allí y, por unos minutos, me puse nerviosa. No por el parto, porque estoy más tranquila que otra cosa, si no por conocer a mi tercer pequeño. Bueno, ¿cómo vivisteis lo de los monitores?, ¿también entraron en «modo off» vuestros churumbeles? Y perdonad por no poder responder a todos los comentarios estos días, tengo muchos temas en la cabeza para el blog y por fin estoy organizando un poco las cosas del bebé.

Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

La primera vez que fui al curso de preparación al parto al Centro de Salud, hace ya algo más de cuatro años, me quedé flipada. La sesión comenzaba con un buen rato de relajación tumbadas en unas colchonetas escuchando una cinta de casette (parece que hablo de los años 90) donde una voz pausada te iba dando instrucciones sobre las distintas formas de respirar dependiendo de la intensidad de las contracciones. No penséis que fue aquello lo que me dejó alucinada, para nada.

Yo estaba super concentrada intentando hacerme cargo de cómo serían esas contracciones cuando me di cuenta de que, a mi alrededor, varias embarazadas estaban dormidas, así, tal cual. Y pensé: vaya ovarios tienen. Lo fuerte es que, dos días después, era yo la que me quedaba sopa. Claro, eso de que te pidan que cierres los ojos, te relajes y te hablen del jadeo, de respiración profunda y demás cuando no tienes ningún tipo de dolor, pues no invita a ponerte en situación. Confieso que aquella parte de las clases no me resultaba útil en cuanto al parto, eso sí, me venía de lujo el descanso. A partir de la semana 37, empezábamos con los ensayos de la inhalación en los pujos, y ahí ya era imposible quedarse dormida porque la situación era mucho más real.

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Si nos pusiesen a Robbie Williams en las clases estaríamos mucho más preparadas para superar el dolor del parto 😉

Sí me resultaron muy interesantes las lecciones teóricas sobre lactancia, postparto, cuidados del bebé, etc… Lo cierto es que en el segundo embarazo ya no me apunté a las clases de preparación al parto porque con la epidural vi cristalino que la relajación en el alumbramiento era total 😉 Además, la experiencia es un grado y ya sabes cómo es el proceso en tus propias carnes. Es más, como para mí lo más duro fue el postparto, me interesé por el masaje perineal en las visitas rutinarias a la matrona. Y creo recordar que fui a dos sesiones teóricas sueltas para no olvidar algún detalle. Pero nada más. Estoy segura de que viene bien lo de repetir el curso completo pero, si trabajas o cuidas de tus otros peques, entiendo que no es necesario.

¿Qué estoy haciendo en este tercer embarazo? Un curso de preparación al parto on-line de Mater Training. Sí, como lo leéis; esto del blog me ha hecho meterme de lleno en el mundo cibernético y buscar información que antes se me escapaba. Poder ver todas las clases en vídeos explicativos, con todas las opciones y probabilidades de casos que se pueden dar en los partos, con un montón de consejos de profesionales de Obstetricia… y todo, tumbada en la cama, es un lujo. Vamos, para las que andáis mal de tiempo por el día, para las que por trabajo no podéis ir a todas las sesiones del Centro de Salud, para las que repetís maternidad, os lo aconsejo totalmente. O para las que queráis ver y escuchar una y otra vez algunas lecciones en concreto 😉

Y aparte del curso on-line, estoy dándole al masaje perineal y a los ejercicios de Kegel en casa como ya os conté en otro post; además, las últimas dos semanas he ido a un par de sesiones a mi Centro de Salud sobre el hospital donde daré a luz, vamos, el mismo de siempre. Lo que ocurre es que en los últimos dos años ha habido bastantes cambios en ciertos protocolos y me interesa estar al tanto. Además, los días que he ido también a esas clases, me he quedado para recordar la respiración durante los pujos ya que, teniendo en cuenta que con Rafa no llegué  al hospital a tiempo para que me pusieran la epidural y que podría volver a darse esa circunstancia, me vendrá bien para aliviar los dolores.

Y a vosotras, ¿os servían las clases de preparación al parto?, ¿repetisteis la segunda o tercera vez?, ¿qué os resultó verdaderamente útil?, ¿alguna ha hecho curso on-line?

Preparar la bolsa del hospital, ¿dicha o suplicio?

Las que tenéis más de un hijo sabéis bien que no es lo mismo preparar la bolsa que hay que llevar al hospital cuando te pones de parto la primera vez que en ocasiones posteriores. Porque la primera vez, hasta a las bragas desechables les encuentras su punto mientras que, cuando preparas la maletita por segunda vez, no les ves ni el punto ni la punta, sabes de sobra que es lo más antiestético que existe. Como algunas ya sabéis, porque lo he mencionado en el blog, a esta bolsa la denomino «antilujuria».

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Sujetador de lactancia de Primark

Y eso que ahora algunas tiendas se han puesto las pilas y ya nos hacen sujetadores de lactancia monos. A ver, que acabemos de parir no significa que nos dé todo igual y que no nos importe nuestro aspecto físico. Vale, pasamos un poco más del tema pero yo creo que, a cualquier recién parida, le anima verse bien el careto. Vamos, yo soy de las que me pinto la raya del ojo para ir a parir, me cuesta 30 segundos hacer esa operación y, sólo con eso, ya me veo decente para que cualquier ser humano pueda mirarme a la cara. Aunque para parir, pocos van a mirarme a la cara precisamente 😉

Bueno, que me lío y me pongo a hablar de mil cosas. El caso es que, por fin, he preparado la dichosa bolsa; ya iba siendo hora, que aquí servidora da por hecho que la puntualidad de Alfonso y Rafa se cumplirá a rajatabla con el nuevo churumbel y nunca se sabe. Y he vuelto a reencontrarme con las bragas ésas, los discos de lactancia, las compresas (aunque en el hospital te las dan)  y el Voltarén para el dolor, que ya sabéis que soy fan desde que en el primer postparto vi la luz. Ah, y por supuesto ¡la faja! que será lo menos «glamuroso» del mundo pero oye, mi matrona me dijo que estupendo, y yo me quedo plana en cuestión de días. Y para cuando esté ingresada, creo que tengo más que de sobra porque el neceser y bata los meteré ya con contracciones.

Lo único entretenido de este momento es preparar la ropa con la que vestiré al bebé para salir del hospital. Lo bueno de que sea público es que no hay nada más que llevarle para los días del ingreso, tienen su ropa allí, más gastada que los pantalones de mi hijo Alfonso pero oye, como van tan envueltitos en mantas y demás, suficiente. ¿Preparasteis con emoción o con pánico la bolsa de vuestro bebés? La próxima semana, ¡más post sobre el parto!

Última ecografía

La pasada semana tuvimos la última ecografía del embarazo. Es cierto que aún queda mes y medio para mi fecha probable de parto pero sólo nos hacen seguimiento en la Seguridad Social (es decir, con ecos en semanas 12, 20 y 33) así que ya no volveremos a ver al peque a través de ondas, la próxima vez nos veremos en directo. Todas las exploraciones por ultrasonidos tienen algo especial, pero es cierto que cuando te hacen una por trimestre, vas con más nervios que si se hacen cada mes. Obviamente, al ser mi tercer embarazo, yo ya iba sabiendo qué tipo de información me darían.

La mayoría de problemas o malformaciones ya se ven en la ecografía de la semana 12 o de la 20, así que, yo por lo menos, a ésta última prueba voy tranquila, y esto me ha ocurrido en las tres gestaciones. ¿Qué cosas me interesan en esta última ecografía? La postura del bebé es lo que más me intriga; si está boca abajo, como es el caso, ya es difícil que el peque se dé la vuelta, por lo que hay menos probabilidades de cesárea. Así que esta exploración te da pistas, aunque no siempre se cumpla después, del tipo de parto que puedes tener.

Otra de las cosas que suelen decirte en esta eco es el peso del bebé, aunque es aproximado y yo me fío más bien poco. El peque está en torno a los dos kilos, vamos, creo recordar que con Alfonso y Rafa me dijeron lo mismo y luego cada uno pesó lo que pesó; unos bebés engordan 200 gramos semanales y otros 300. Y el que se adelante o se retrase el parto, también va a influir mucho en su peso final, por tanto, con que me digan que su crecimiento es normal, como así ha sido, yo me quedo tranquila. Confieso que voy mucho más nerviosa a la primera ecografía que a cualquiera de las otras dos porque es la confirmación de que el embarazo va bien, de si viene más de uno (tengo hermanos mellizos) y, sobre todo, por la medición del pliegue nucal.

Y la verdad es que, aparte del latido, que también se comprueba en cada visita a la matrona o el tocólogo (o ginecólogo), esta tercera y última eco tiene poquito más que contar. Eso sí, allí mismo le dije a maridín que mirase bien porque seguramente sería la última eco que veríamos en nuestra vida y me dio hasta cierta pena. Así que voy a intentar disfrutar de estas últimas semanas del embarazo. ¿Fuisteis nerviosas a las ecografías?, ¿cuál fue la más emocionante?

Pruebas durante el embarazo: la prueba de la glucosa y los pinchazos

Pruebas durante el embarazo: la prueba de la glucosa y los pinchazos

Que no soy nada aficionada a médicos y hospitales es evidente. Creo que la última vez que pisé un hospital o centro de salud como persona independiente, es decir, sin niños (en el vientre o fuera de él), fue allá por 2002, vamos, hace más de una década. Supongo que el hecho de que lo único que tuve durante los últimos años fuese una gripe y alguna diarrea (esto podría reservármelo pero a todos nos sienta mal algo de vez en cuando, ¿no?) hace que no tenga ninguna necesidad de visitar a ningún doctor. Tampoco se puede decir que yo sea «doña prevención», de lo cual no puedo sentirme orgullosa.

El caso es que el primer embarazo fue para mí toda una novedad en esto de las visitas a sanitarios variados. Pero lo que más me aterraba y, a día de hoy, me sigue horrorizando, es el tema pinchazos. Sí, os sonará raro pero voy más tranquila a parir que a unos análisis; y no exagero. ¿En qué punto de mi vida cogí miedo a las agujas? Lo desconozco, no tengo recuerdos dramáticos ni traumas al respecto pero no me gustan nada. Igual es porque mi padre es muy aprensivo con ese asunto y mi madre hablaba de los partos como si hubiera ido al supermercado, de ahí mi tranquilidad para una cosa y mi recelo por la otra. Eso sí, tres embarazos en cuatro años hacen que pierdas el miedo ya a casi cualquier prueba, lo cual no quiere decir que me escaquearía si pudiera.

Ayer me tocó la dichosa prueba de la glucosa o, para ser más exacta, el test de O’Sullivan, que sirve para diagnosticar la diabetes gestacional. Como a casi todos los análisis, vas en ayunas pero, en esta ocasión, no te pinchan una vez y te vas para casa tan feliz, sino que tienes que tomarte un jarabe dulce como que sé yo durante el primer pinchazo y, una hora después, te vuelven a «agujerear». Te dicen que te estés quietecita en ese tiempo interminable entre aguja y aguja.

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Sin embargo, lo mejor son las ecografías

Servidora aprovechó ese rato para ir a la planta de arriba del hospital a recordar en Tocología que estoy en la semana 28 y que aún no me habían dado un volante para otro pinchacito de rigor que nos toca a las mujeres especiales con Rh negativo. Ah, y esta estocada es en el culete. Tracatrá. Porque lo normal es que mis hijos sean RH positivo (lo cual no se sabe hasta que nacen) y la mezcla de sangre de factores distintos puede entrar en conflicto. No me preguntéis mucho más, yo acato órdenes. Ah, y después del parto, si se comprueba que la criatura es Rh positivo (que es lo más normal), toma agujero de nuevo. Y así, con análisis cada trimestre, la glucosa, el Rh antes y después del parto más cogerte la vía en el alumbramiento, suman 8 punciones, si todo va bien. Ah, y la epidural, que es el único pinchazo que estoy deseando que me hagan y que ni llegó en el segundo parto.

Y a vosotras, ¿os dan miedo las agujas?, ¿hay alguna visita médica o prueba que os resulte especialmente incómoda?

Parto en casa/cesárea a la carta

Últimamente veo posturas muy enfrentadas en esto de la maternidad y la crianza de los niños. La “disputa” más relevante en este sentido suelo encontrarla en el asunto pro-lactancia/pro-biberón. Sobre este tema no voy a hablar hoy, creo que todas las madres sabemos los beneficios de la lactancia materna y quienes decidimos optar por biberones, antes o después, lo hicimos por motivos que consideramos suficientemente relevantes (mastitis, vuelta al trabajo…). Así que no voy a entrar en este debate.

Una de las últimas campañas en favor de la lactancia materna.

Lo que leo últimamente (esta noticia que publicaba ABC ayer me hizo escribir hoy este post) es que las futuras madres se interesan cada vez más, por un lado, por un parto en casa y, por el contrario, por cesáreas programadas; esto último sabéis que está muy de moda entre las famosas. Sin ser matrona, ginecóloga ni nada semejante, tengo la sensación de que hay cosas que sólo necesitan un poco de sentido común. Vamos a ver, imagino que todas sabéis que una cesárea es una operación de cirugía mayor en la que se abre un órgano (en este caso útero) y que requiere anestesia, ¿no? Supongo que, sabiendo esto, todas coincidimos en que, si no es por motivos de salud, lo mejor es un parto natural.

Con esto quiero decir que hacerse una cesárea por motivos estéticos o porque te viene bien el día me parece una soberana frivolidad. Adelantar un mes el nacimiento de tu hijo a través de una cesárea porque no quieres engordar o por aprovechar la anestesia para hacerte unos retoques denota poco conocimiento. En el primer caso, porque no es bueno para tu hijo y, en el segundo, porque no debe ser muy recomendable andar haciéndote arreglitos internos cuando tu cuerpo acaba de «crear» una nueva vida.

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Sobre los partos en casa, más de lo mismo. Parir es una cosa natural, sí, pero no está exenta de riesgos. Me da igual que a tu casa vayan cinco matronas, gines o lo que sea a atenderte y que el hospital esté a 10  minutos. No tiene porqué pasar nada en un parto pero eso no significa que no vaya a pasar. Que también puede haber complicaciones en un paritorio, pero siempre habrá más medios para hacer frente a cualquier imprevisto. En España, quien puede “financiarse” un parto en casa, imagino que también podrá elegir un buen hospital con buenos profesionales a los que les puedes dar indicaciones sobre evitar episiotomía, estar en ésta u otra postura, o tener una habitación estupenda.

Eso no quita para que los hospitales tengan que mejorar muchas cosas, entre otras, que las plantas de maternidad sean algo más acogedoras porque, al fin y al cabo, las parturientas no somos enfermas. O que en los partos se intervenga menos (esto ya se está haciendo en muchos centros hospitalarios). Pero señores, la medicina y los profesionales están aquí para algo y por eso nuestra calidad y esperanza de vida ha mejorado tanto de unas décadas a esta parte. Se trata de recurrir a los avances médicos pero sin pasarse, vamos, ni lo uno ni lo otro, ¿qué opináis vosotras?

Qué no hacer en la planta de maternidad

Ayer leí un titular de esos que no deja indiferente a nadie: «Lo que debes hacer, y lo que no, cuando vas a visitar a un recién nacido a un hospital«. Os podéis imaginar que no tardé ni dos segundos en entrar en la noticia, me moría por saber cuáles era esas recomendaciones que, en principio, creí que serían de sentido común. No me equivoqué, muchas lo eran. Otras, desde mi punto de vista, son un poco exageradas.

1. Nada de visitas durante las primeras 24 horas desde que nace el bebé: Hombre, estamos cansadas después de un parto pero tener a mis padres sin conocer a sus nietos tantas horas es algo semejante al martirio. Es más, creo que hasta me parecería mal que no vinieran cuanto antes. En el parto de Alfonso tuve suerte para eso de descansar porque nació a las 7 de la tarde y, cuando llegué a la habitación, era ya de noche. Con el de Rafa me pasó lo contrario, di a luz a las 8 de la mañana y antes de las 11 estaba en la habitación, donde las visitas comenzaron media hora más tarde. Pero qué narices, la emoción no te deja descansar las horas posteriores al parto.

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Mis padres pudieron ver unos minutos a Alfonso mientras yo descansaba en la sala de dilatación porque conocían al ginecólogo, si no hubieran tenido que esperar al día siguiente.

2. Utilizar el móvil para mandar mensajes (ahora WhatsApp) más que para llamar: yo esto lo he cumplido siempre a rajatabla, cuando alguna amiga ha dado a luz le he escrito y, de paso, le he preguntado si podía visitarla. En mi caso, yo no cogí el teléfono durante las primeras horas después de dar a luz. Es un momento de la vida demasiado intenso y a mí lo de hablar por el móvil me aburre soberanamente.

3.  Regular los tiempos de las visitas: es algo que tienen que hacer los que visitan, si ves que hay mucha gente o que la madre está cansada, saludas, ves a la criatura y poco más. Yo es que no soy muy dada a poner orden y no me sale decirle a alguien que «se pire», aunque sea de forma educada. Tampoco me molesta estar acompañada aunque he de decir que, cuando nació Alfonso, la cosa se nos fue de las manos. Con eso de que era fin de semana la habitación parecía un mercado, ¡menos mal que no había ninguna otra madre en la habitación!

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4. No visitar a un recién nacido si estás enfermo o constipado: esto es de cajón. De hecho, en los hospitales públicos no dejan entrar a niños en maternidad, lo cual me parece excesivo porque yo creo que debe ser cada madre la que decida quién entra y quién no en su habitación.

5. Ser prudentes con las tomas de los bebés: a mí esto sí que me parece importante. Hay quien piensa que, por el hecho de haber parido, no tenemos ningún reparo en enseñar las ubres. Me parece estupendo que haya mujeres que lo hagan delante de cualquiera pero no es mi caso ni el de muchas otras madres que conozco. Alguien puede decir que es lo más natural del mundo; claro que lo es, al igual que evacuar pero no por ello quiero público en semejante momento. Una vez que la lactancia está establecida, el niño se engancha y ya te apañas bien con tu ropa para cubrirte un poco, pues la cosa ya cambia.

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6. No coger en brazos al bebé: no tengo problemas con el hecho de que la gente coja al crío cuando está despierto pero, si está dormidito, intento evitarlo porque no hay cosa que más me moleste que me despierten así que a ellos seguro que tampoco les hace gracia. Hay gente que no deja tocar a los bebés, no es mi caso. Tampoco obligué a nadie a lavarse las manos previamente porque creo que la gente que me rodea tiene un mínimo de higiene. Lo que reconozco es que no me gusta nada lo de que algunos lleven dos litros de perfume porque me gusta oler a mi bebé (soy yo muy animal en este sentido) y no a Adolfo Domínguez o a Giogio Armani.

7. No dar consejos a los padres: esto es lo más difícil para las féminas, jamás le he oído a mi padre o a mi suegro decir que el niño quizás tenga hambre. Seguramente lo hacemos con la mejor intención del mundo pero no es necesario salvo que la parturienta en cuestión te pregunte cuánto tardó en subirte la leche o si te dolieron mucho los puntos. Es más, la sensibilidad después del parto está a flor de piel así que ¡cuidado!

Y a vosotras, ¿qué os parecen estos consejos?, ¿los tenéis en cuenta?, ¿tuvisteis que parar los pies a alguien cuando disteis a luz?

Nadie habla del postparto

Cuando estás embarazada, suelen preguntarte eso de qué tal lo llevas. En el momento que das a luz, lo que la gente quiere saber es qué tal ha ido el parto y cómo se porta el crío o cría. Pero nadie menciona la palabra postparto, es como si ese periodo de recuperación no existiera ya que de repente hay un nuevo protagonista: el bebé.

Sin embargo, cuando ya has pasado por eso y crees que sólo has estado fastidiada tú, descubres que muchas mujeres han pasado por un mal trago durante esa etapa. Toda la vida oyendo aquello del dolor en el parto y resulta que con la epidural, nada de nada. Y sin epidural, pues sí, duele de forma salvaje pero al menos es un sufrimiento momentáneo.

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En el hospital con Alfonso, sin saber aún lo que era realmente el postparto. Ya no hay fotos en las que yo aparezca hasta 10 días después así que… os podéis imaginar que no estaba para retratos.

Pero el postparto es distinto, es un período de días, e incluso semanas, en el que estás físicamente agotada por dar a luz, porque hay un pequeño ser vivo que te despierta cada pocas horas, porque te empeñas en darle el pecho y al principio no es tan fácil… y sobre todo, por culpa de los malditos puntos o la episiotomía. Y sinceramente, no hay flotador que alivie el dolor.

Ese fue mi gran trauma después de dar a luz a Alfonso. Recuerdo que llamé al ginecólogo desesperada tras dos visitas en vano a la matrona y unos dolores que no cesaban. La solución estuvo en las inyecciones de Voltarén, pero hasta ese día que vi la luz, pasé cuatro de auténtico infierno. Tan horrible, que esa fue mi preocupación durante mi segundo embarazo: no quería que me cortasen. Así que hablé con la matrona y me aconsejó el famoso masaje perineal. Cualquier cosa antes que el cortecito, lo tenía clarísimo.

El Voltaren es ese medicamento cuya existencia apenas conocía y que ese día lo cambió todo.

Y efectivamente sirvió (además el chavalín pesó más de 3,800 kilos, que no es lo mismo que 3 cuando a parir se refiere 😉 )… El masaje y que fuera el segundo alumbramiento hizo que el postparto de Rafa fuese mucho mejor, tanto que del hospital me fui directa a un restaurante y después al parque, sin pasar por casa. Hubo algún día que estuve más incómoda pero recurría a pastillas de Voltarén y listo.

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Saliendo del hospital con Rafa, un postparto muy distinto al de Alfonso.

Lo curioso es que, cuanta más experiencia tienes, más exigente te vuelves. Para el próximo quiero dos cosas: llegar a tiempo a la epidural y evitar otra vez la episiotomía. Pero bueno, por ahora tengo dos gordos de los que preocuparme. ¿Cómo recordáis vuestros postpartos?

Lactancia materna, mixta o artificial, ¿cuál?

El post de hoy va dedicado a Nuria, que hace una semana fue mamá por segunda vez y que ha optado, como hice yo en su momento, por la lactancia mixta. Sin ser una experta, me ha pedido que comparta mi experiencia al respecto así que os cuento por qué elegí esta forma de alimentación para mis niños. En realidad, con mi primer hijo tenía intención de darle leche materna exclusivamente, pero no fue posible por un postparto bastante doloroso. Como ya comenté en otro post, la primera vez que di a luz me practicaron la episiotomía; se hace en un porcentaje altísimo de partos, cuando la OMS cree que esos índices deberían ser más bajos. Pero esto ya es salirnos del tema.

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En el Hospital de Cabueñes después de dar a luz a Alfonso.

La cuestión es que la cicatrización fue muy dolorosa, pasé una semana llorando por las esquinas y acabaron poniéndome inyecciones de Voltaren, ¡mi salvación! Yo tenía leche para alimentar a media África; de hecho, y para ponerle un poco de humor a esto, os diré que de la noche a la mañana me convertí en una especie de Yola Berrocal que asustó hasta a mi marido… Pero claro, cuando no puedes ni estar sentada, es complicado darle el pecho al niño, así que en algunas tomas le pedía a mi marido que le diese biberón y la matrona me recomendó tomar Aspirina para bajar un poco la producción de leche. Madre mía, ¡parece que estoy hablando de Central Lechera Asturiana!

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Así que ése fue el motivo principal por el que alimenté al niño con leche materna y artificial hasta los tres meses. Además, por entonces, decidí dividir la baja por maternidad antes y después de dar a luz, y a los dos meses ya estaba grabando programas en Madrid y tenía que irme un par de días cada dos semanas.

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Os confieso que encuentro muy positiva la lactancia mixta, a los niños les pasas anticuerpos gracias a la leche materna y para las mamás que andamos todo el día fuera de casa y no nos sentimos cómodas dando el pecho en sitios públicos, es perfecto. Un problema con el que se encuentran algunas madres que eligen la lactancia mixta es que el niño puede rechazar el pecho si se acostumbra al biberón, yo no tuve ese problema.

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Alfonso tomando un biberón. Foto: Lucya Sánchez Moren.

En cualquier caso, es una elección muy personal y hay que intentar buscar un equilibrio para madre e hijo. Con Rafa repetí, aunque no sé si lo haría con un tercer hijo. Entiendo perfectamente que, con varios niños, las madres descarten darles el pecho por puro agotamiento. Que cada una elija y que nadie le haga sentir culpable por hacerlo libremente.

Riesgos de ser drama-mamá

He aquí la noticia, publicada este fin de semana, que justifica la existencia de este blog. Como sé que no os sobra tiempo y ya que me aguantáis cada semana, os doy un titular de un reciente estudio: en los primeros meses de maternidad existe un alto riesgo de desarrollar síntomas obsesivo-compulsivos. Los científicos ponen como ejemplos de estos trastornos el exceso de higiene, comprobar la respiración de la criatura continuamente, pesar al niño todos los días…

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Todas sabéis que la llegada de un bebé implica dedicación y conlleva cansancio; a ello hay que sumar el agotamiento que supone el parto y la revolución hormonal del postparto. Tenemos todo el derecho del mundo a estar más irritables durante una temporada. Pero no nos equivoquemos, ser madre es una experiencia para disfrutar, no para afligirse y vivir angustiada. Lo único que tengo clarísimo después de tener dos niños es que hacen lo que nosotros hacemos. Si les transmites angustia, sentirán angustia; si transmites serenidad, sentirán serenidad. Lo demás son tonterías.

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Mi hijo Alfonso con mi hermano, hace dos años

He conocido madres que no dejan que otras personas cojan a sus bebés en brazos. Y pienso ¡peor para ellas! Al final, en alguna ocasión es posible que necesites que alguien se quede con tu hijo, así que cuanto antes se acostumbre a otras personas, mejor. También están las madres que no dejan que sus hijos coman nada que no sea sano. Vamos a ver, el niño come legumbres, verduras, pescado, fruta y leche casi a diario. Madres dramáticas, ¡no pasa nada porque el sábado coma unos gusanitos o unas galletas!

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Alfonso, con diez meses, comiéndose el helado de su padre

No sé vosotras, pero a mis hijos se les ha caído innumerables veces el chupete al suelo y tal cual me lo he metido en la boca y se lo he puesto después a ellos. Muy higiénico no es, pero vamos, siguen vivos. Y después me sorprendo cuando alguien me dice que cómo me apaño con dos niños seguidos. Lo dicen como si fuera una cosa sobrenatural, aunque claro, entiendo que con lo complicadas que son algunas, les parezca imposible el hecho de cuidar de dos niños. ¡Por favor, las que no se cómo se apañaban eran nuestras abuelas y madres con cuatro o más hijos!

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Mis hermanos y yo de pequeños

Mamás, acepto estos síntomas un mes, dos incluso… pero superadas esas primeras semanas de vida, es innecesario, ¿o pensáis elegirles el novio o novia cuando sean mayores?