Cosas que se aprenden en vacaciones

Cosas que se aprenden en vacaciones

Este año, debido a mi trabajo, hemos pasado sólo diez días fuera de Asturias pero ha sido el tiempo suficiente para aprender cosas nuevas. Y no me refiero al lugar donde veraneamos, Torredembarra (Tarragona). Primero, porque hace ya años que vamos al mismo sitio al tener un apartamento mis suegros allí. Y segundo, porque no hay nada que lo haga un lugar especialmente interesante o bonito, desde mi punto de vista. Eso sí, playa, toda la que queráis, llegar a la orilla es como cruzar el desierto del Sahara. A lo que íbamos, las vacaciones con niños son divertidas, a la vez que estresantes, porque descubres cosas nuevas:

  1. Como se te ocurra ir a un sitio con el típico trenecito turístico «la has liado»: nadie te libra de un paseo por el pueblo en cuestión y, como se pongan pesados, te toca repetir. Peor aún es tener en el paseo marítimo varios puntos con atracciones, castillos hinchables y camas elásticas. Prepárate para gastarte «las perras» porque, si en tu época costaba 100 pesetas el viajecito, ahora te «clavan» 3 euros. Ver para creer.
Y encima, el pequeño te hace tres veces la misma jugada: suplicar subirse a los coches para hacerlos parar en mitad del trayecto a lágrima viva.
  1. Descubrir que tu hijo pequeño le tiene pánico a los chorros de la piscina y además grita «pipí» cuando se acerca a alguno: lo cual te obliga a decir bien alto «Que no hijo, que es un chorro de agua» para que la gente de la urbanización no se alarme pensando que tu peque está orinando por todos lados.
  2. Si tus retoños son capaces de abrir las duchas de las piscinas, harás ejercicio: básicamente, salir de la piscina una y otra vez si estás dentro, o levantarte otras tantas veces si estás tumbada en la toalla.
  3. Da igual que tus hijos tuviesen miedo al agua al empezar el verano porque, en cuestión de días, no querrán salir de la piscina o del mar: Y si en vez de una temperatura de 20 grados, el agua está a 25, entonces habrá disgusto asegurado porque aquello les parecerá caribeño.

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  1. La tonalidad de piel bronceada de tus descendientes se te olvida durante el invierno: cada verano te vuelves a reencontrar con un color, casi parecido al de otra raza, que habías olvidado por completo y que crees que nunca habían tenido. Pero no, miras las fotos de los veranos anteriores y, efectivamente, estaban negros. Y eso, poniéndoles crema con protección total, de esas que te dejan el cuerpo blanco hasta cuando sales del agua.
Y además, con moreno-manguito, algo así como el moreno-obrero.
  1. Y por último, descubres que cada día odias más los peajes: Sí, son caros de narices pero los aborreces porque, si el coche hace un efecto somnífero sobre los niños, los malditos peajes les despiertan. Y no sólo eso; tratas de evitar aquellos en los que hay personas con las que tienes que cruzar tres palabras (suficientes para despertar a las pequeñas fierecillas) y ahora resulta que los que son automáticos te hablan, manda… Si alguna persona de las que me está leyendo es responsable de la creación de estas máquinas, por favor, hagan los pertinentes cambios. Ningún ser humano va a contestar a un artilugio.

Y esos han sido mis nuevos descubrimientos los días que hemos pasado fuera aunque os aseguro que este verano está siendo para mí toda una revelación en cuanto a los peques. Me lo reservo para otro post. ¿Qué descubrimientos habéis hecho este verano?

Hermanos, ¿cuándo empiezan a dormir juntos?

Como todo lo relacionado con la maternidad y con la familia, cada casa es un mundo y cada niño es distinto, así que no creo que haya una respuesta para la pregunta que planteo en el titular, como tampoco creo que la haya para muchas cuestiones relacionadas con los peques. Es más, en muchas ocasiones, serán las circunstancias las que nos vayan dando pistas de cuándo tomar una decisión u otra.

Hace dos semanas decidimos que Alfonso y Rafa empezaran a dormir juntos en la misma habitación. En alguna ocasión, le había preguntado al grandullón si quería dormir con su hermano y dijo que sí con entusiasmo. ¿Por qué esperamos al verano? Pues simplemente porque, durante el curso, Alfonso se levantaba a las 8 de la mañana para ir al cole, y Rafa se quedaba en casa conmigo y hasta las 10 no amanecía, así que no quería «sacrificar» el descanso de uno por el otro.

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Así nos los encontramos la primera noche que durmieron juntos. Uno en la cuna y otro en la cama, pero los dos durmiendo a lo ancho, en vez de a lo largo, como para estar en contacto.

Esto no sería posible si tuviéramos una casa de dos habitaciones pero, como somos previsores y ya nos casamos con idea de tres churumbeles, pues nos vinimos a un piso grande. Por eso digo que muchas veces, las cosas dependen de las circunstancias. Y como el curso que viene, Rafa irá a la guardería, ya que en noviembre nacerá el pequeñín de la casa, los gordis se levantarán a la misma hora.

¿Cómo está siendo la experiencia de que los dos peques duerman juntos? Pues por suerte muy buena, porque si alguno se ha despertado a mitad de noche pidiendo agua o con alguna pesadilla, el otro ni se ha inmutado. Tengo la fortuna de que estos dos duermen 12 horas seguidas desde que cumplieron los 4 meses, siempre que estén a oscuras. Si pretendo que echen una siesta por ahí, lo hacen de forma breve y tienen que estar casi moribundos 😉

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Y así estaban la segunda noche, Rafa con la mano fuera tocando a su hermano y, nuevamente, los dos con las cabezas lo más cerca posible.

¿Qué hacen desde que duermen juntos? Pues lo que hacíamos todos de pequeños, charlar hasta que el primero se queda grogui, en este caso siempre es Alfonso porque no duerme siesta y llega más cansado a la noche. Eso sí, ya os podéis imaginar la charla con un bebé de 21 meses, indescifrable; aún con todo, Alfonso le sigue el «rollo» hasta que cae rendido. Es entonces cuando escucho al pobre Rafa intentar, en vano, seguir conversando. Y le oigo decir varias veces «Atete» (así llama a Alfonso) hasta que se da cuenta de que aquello ya no tiene solución y que ya toca dormirse. ¿Desde qué edades duermen vuestros peques juntos?, ¿ha sido fácil o, por el contrario, uno duerme bien y el otro mal?

Pequeño paraíso en Galicia

Aunque hemos estado en Galicia en más de una ocasión, no puedo decir que sea una tierra que conozcamos demasiado; es más, admito que he estado muchas más veces en otra de nuestras comunidades vecinas: Cantabria. En cualquier caso, desde que uno de los amigos de maridín vive allí, vamos por territorio gallego de vez en cuando y, con la excusa, descubrí las maravillosas Islas Cíes hace unos años, Santiago, Vigo y, en esta última ocasión, un pequeño paraíso llamado Mogor, una pequeña parroquia del municipio de Marín, en Pontevedra.

No os voy a engañar, «turisteo» hicimos poco pero entenderéis que no todos los días te invitan a una maravillosa casa a pie de playa. Nos juntamos tres matrimonios, un soltero y tres peques, y nuestro plan se redujo básicamente a disfrutar de la gastronomía y de la playa de Mogor, sin movernos apenas unos metros. La playa es de arena fina, hay acceso por rampa, dos chiringuitos de playa y el agua, aunque está muy fría, es muy tranquila ya que no es mar abierto sino que te bañas en la ría de Pontevedra. Para niños, es muy cómoda y además en verano, depende de la semana, en ésa y otra playa a 10 minutos, hacen un montaje para niños impresionante: hinchables en el agua, ludoteca, colchonetas, etc…en la arena.

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Playa de Mogor, de donde no nos movimos estos días de puente (el viernes fue festivo en Galicia) casi nada más que para comer. Si hace buen tiempo, puedes estar allí hasta las 10 de la noche, lo cual no solemos poder hacer en Asturias 😉

Playa de Portocello, muy cerca de la de Mogor. Fuimos allí por todo lo que hay para los peques, no está siempre en la misma playa así que preguntamos a los de Salvamento. Padre e hijo bajando. El peque se emocionó al ver aquello pero se «rajaba» por le tema de caer al agua. Piscina de bolas en la arena.
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Así va la tripa. Los kilos de más son culpa de todo lo que estoy comiendo este verano, no de la pobre criatura.

Te tienes que pelear para que se pongan un gorro y luego le «roban» el sombrero a una amiga.
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Atardeceres de escándalo en la playa. La mejor hora del día para estar allí.

Despertar y jugar en pijama.
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Cenar al aire libre y ver la puesta de sol.

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Si no conocéis Galicia, ya os adelanto que vais a comer de lujo y barato; no hace falta dejarse el bolsillo. Aunque en esta ocasión, todo hecho en casa por los anfitriones. Soy de paladar poco exquisito y muy básica para esto de comer pero ¡madre mía!, una mariscada me hace perder el sentido.

¿Cómo va el verano? Seguro que muchos ya estáis disfrutando de la arena, y más si vivís en la costa. Y si aún no habéis podido pisar la playa, agosto está a la vuelta de la esquina así que ¡¡¡mucho ánimo!!! Y vosotras, ¿habéis estado en Galicia? Seguro que podéis recomendar muchos sitios para ir con los peques.

Elegir el nombre del bebé

Ésta es una tarea complicada en algunas parejas; entiendo que si tú eres de nombres clásicos (Pablos, Juanes, Marías o Lucías) y tu pareja quiere ser original con el asunto (Yustin, Yaruma o Leydi, por decir algunos de los nombres menos comunes que se pusieron en 2013), la cosa se complica y hay que llegar a un acuerdo, o sencillamente sortearlo. Yo no llegaría a este extremo del sorteo si el nombre que propone tu pareja te horroriza, que es para toda la vida.

Nosotros no tuvimos problema. Somos los dos tradicionales en ese sentido y decidimos que el nombre del primer hijo lo elegiría yo y, el del segundo, maridín. Confieso que nunca creí que llamaría a mi hijo Alfonso, me gusta más para adulto que para un niño. Pero le pusimos ése nombre porque mi hermano Alfonso es su padrino y como además me gusta la historia y el tercer Rey de Asturias fue Alfonso I, pues hala; además, no se oye a menudo y me parece que tiene mucha personalidad.

Y lo que me ocurre con Rafael es parecido, que me suena más a adulto, y no os voy a engañar, me recuerda al cantante 😉 , lo cual no me emociona, pero Rafa a secas ya me gusta más y me recuerda a Nadal, mucho mejor, ¡dónde va a parar! En cualquier caso, no decidimos quién elegiría el del tercero, básicamente porque entre tres hijos, creíamos que vendría alguna fémina y ahí no había dudas: sería Carmen. Pero va a ser que no y ahí estamos, dilucidando qué nombre poner al bebé que viene en camino.

Bueno, no estamos decidiendo exactamente, es más bien un «tira y afloja», yo tengo una apuesta y maridín otra. Y confieso que la mía nunca me la hubiera imaginado: Gabriel. Pero me gusta y además, siendo un nombre de toda la vida, no se oye con demasiada frecuencia. Y para más inri, resulta que el Arcángel San Gabriel es patrono de los comunicadores (es decir, de mi profesión) y de las embarazadas (vamos, de mi estado). Tampoco es que esto me influya mucho a la hora de decidir el nombre pero me ha gustado descubrirlo.

La apuesta de maridín es Jaime, que es un nombre que me encanta. Es más, hace un  tiempo lo hubiera visto más factible que Gabriel, pero como hay unos cuantos a nuestro alrededor… por cambiar. Que conste que tengo un punto a mi favor para que mi apuesta sea la elegida: Alfonso ya lo llama así. Cuando le dije que estaba embarazada, le comenté que, si era niño, podíamos llamarlo Gabriel, y si era niña (eso no entraba en sus planes 😉 ) se llamaría como mamá. Desde entonces, y aunque no hice campaña pro-Gabriel (aunque maridín diga que sí), Alfonso habla del «bebé Gabriel».

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Que sepáis que, si al final se llama así, me arrepentiré de no haber llamado Miguel a Alfonso, así tendría el pack completo de «arcángeles» 😉 Resulta que mi hermano mayor se llama Miguel y nació un 23 de septiembre. Tres años después, también un 23 de septiembre, nacieron mis hermanos mellizos y ¡¡a mi madre no se le ocurrió llamarles Rafael y Gabriel!! Que digo yo que cumpliendo años los tres el mismo día, podía haberles hecho coincidir también con el santoral. Vamos, yo lo hubiera hecho seguro. Y en vuestra pareja, ¿quién decidió el nombre?, ¿por algún motivo especial?

De boda: embarazada, con niños y después de trabajar

No digo yo que ésas sean las mejores condiciones para ir a una boda pero cuando no queda más remedio, lo haces y tan contenta. Ahora puedo corroborar que se sobrevive y que, incluso, puedes formar parte del grupo que cierra la boda a las seis de la madrugada. Pero vamos por partes.

Lo de ir de boda estando embarazada puede ser una faena para algunas futuras mamás, por ejemplo, si se sienten muy cansadas o sufren cuando no pueden beber alcohol. Yo es que con lo de las bebidas soy muy sosa, he salido a mis padres, y no me gusta ni el vino, ni la cerveza, ni la sidra… vamos, que no me sacáis del Martini, y algún combinado más. Aún así, en una boda me permito tomar algo porque sé que una copa no me va a llevar a otra.

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Alfonso, directo al aperitivo 😉

Yo sufriría tremendamente si no pudiera comer jamón, pero en los tres embarazos he tenido tres matronas estupendas que me dejan comer de todo así que en las bodas soy feliz cuando pasan bandejas de jamón una y otra vez. Y como no me siento cansada por la gestación, para mí ir de boda en estado no es un problema. Aguanto hasta que nos echan 😉

¿Ir con niños de boda? A priori, no es la mejor opción, esto es indudable. Pero sinceramente, como era la boda de mi prima y no iban a poder cuidar de ellos mis padres ni familiares (porque venían también al evento) y era un fin de semana (por las fiestas del Carmen) muy malo para que alguna amiga o conocida se quedara con ellos, decidí llevarlos. La verdad es que la experiencia es un grado así que aprendí la lección de la boda de mi hermano. Nada de dejarles dormir la siesta hasta última hora y sudar la gota gorda para vestirles, adelantamos comidas y les despertamos con tiempo para no llegar corriendo a la iglesia.

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Otra razón de peso para llevarles a la boda fue que iban todos mis primos y los peques se lo pasan genial con ellos.

Aún así, teníamos la logística muy bien organizada para los niños. Después del aperitivo, sobre las nueve de la noche, dejamos a Rafa en casa de mis tíos con la niñera que tienen habitualmente que, como es extranjera, poco le importan las fiestas locales y se quedó a dormir con el peque. Y lo de Alfonso, blanco y en botella. Tengo un padre muy poco trasnochador así que el gordo se quedó a la cena y después, se fueron abuelo y nieto tan contentos. Como veis, todo muy bien pensado para amanecer el domingo sin los niños en casa 😉 Aunque no os creáis que dormimos mucho, el domingo por la mañana nos fuimos de fiesta de «prao», vamos, de romería con los peques.

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Con mi madre y los peques. He de decir que se portaron bastante bien en la ceremonia.

Pero señores, lo peor que te puede pasar antes de una boda es tener que trabajar. Vamos, sin duda alguna. Sobre todo si tienes que levantarte a las seis de la mañana y grabar seis programas seguidos sin descanso, de pie y subida a unos tacones. Cuando me lo dijeron hace unos días, creí morir. Ah, eso sí, lo bueno es que salí maquillada y peinada del trabajo, es la ventaja de la tv.  Al final, un poco de planificación y a la hora de comer estaba en casa, me eché un ratito en la cama y aquello me dio la vida (tenía las espalda y los pies reventaditos) y me hizo aguantar hasta las seis de la mañana «dándolo todo» en la pista de baile. Así que pasé 24 horas en pie. Y os digo una cosa, a pesar de todo, lo pasé pipa. Confieso que no es la primera boda a la que voy después de trabajar, pero por entonces estaba soltera y se lleva mejor ¡qué malo es el paso del tiempo! 😉

Por cierto, sé que no es un blog de bodas pero veo que esto de los bodorrios os gusta tanto como a mí (2000 visitas ayer con el post del look y más de 2500 el día que puse fotos de la boda de mi hermano el año pasado) así que os dejo un par de fotos más del tema modelitos. ¡A ver si voy a tener que cambiar la temática del blog!

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La embarazada y la mamá reciente. Su vestido es de Try, Gijón.

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Otro vestido que me gustó mucho fue el de la hermana del novio, de Hoss Intropia.

Me hubiera encantado poner más fotos pero ya sabéis que no todo el mundo quiere salir en blogs y redes sociales, una pena porque la novia iba espectacular. Y que sepáis que ya estoy preparando post de ropa de niños para ir a una boda, por si os sirve de ayuda aunque ya digo una y otra vez que no soy experta en enlaces ni protocolo ni nada, es sencillamente gusto personal.

Look de boda embarazada

El sábado nos tocó ir de bodorrio, ¡mira que me gusta a mí lo de los casamientos! Son de esas pocas veces que, a estas alturas de la vida, sales con la idea de «darlo todo» y si hay que acostarse a las mil, pues se hace sin remordimientos. En cualquier caso, ya os adelanto que, entre la noche del viernes y la del sábado, apenas dormí 10 horas, y no sólo por la boda. Prometo post con los detalles, pero aún no me he recuperado y tengo que dedicarle un tiempo así que hoy os dejo el modelito que elegí para el evento.

Había comprado hace más de dos meses un vestido pensando en la tripilla, es decir, algo holgado. Menos mal que me dio por probármelo unos días antes de la boda porque ¡menudo desastre! No es que no me entrase, es sencillamente que, por poca barriga que tenga, el vestido me hacía parecer una «mesa camilla». Y como no me fiaba de mi criterio, lo llevé a casa de mi madre para que diese su veredicto: no eran imaginaciones mías, me sentaba mal. Como mi madre es muy apañada, se fue una tarde de rebajas y trajo un par de cosas para que me probase. El vestido que a mí me parecía que no me iba a quedar bien porque se ajustaba en la zona de la barriga, resulta que me quedaba como un guante, ¡hay veces que nunca se sabe!

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Vestido de King’s Road, Gijón. En rebajas, 55 euros.

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Aquí se ve mejor el color del vestido. En el momento de las fotos, se puso a diluviar, de ahí que no tuviera mucho margen para sacar fotos en condiciones.

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Peinado y maquillaje de Juani Cillero. Ya os contaré en el siguiente post porqué no podía ir a la peluquería.

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Corona de flores de Eva Vidal. Creo que hubiese quedado mejor con el pelo suelto pero las previsiones daban lluvia y aquí la humedad es tremenda, así que tiré de comodidad.

Y por hoy acabo, el post con todos los detalles de la boda lo dejo para otro día. Obviamente me centraré en los peques y en el embarazo en estos eventos, porque éste es un blog de maternidad, no soy especialista en enlaces aunque me gusten las bodas más que a un tonto un lápiz 😉

Cuando recibes visitas en casa

Llevo toda la vida oyendo a mis padres aquello de que, cuando venía gente de visita a casa, nos poníamos como motos; la palabra que usa mi progenitor concretamente es excitación. Mis primas dicen recordar que entraban con cierto temor a nuestro hogar; yo creo que exageraban un poco con eso del pánico pero lo que sí puedo corroborar es que mis padres se acercan bastante a la realidad con sus afirmaciones porque empiezo a vivirlo en mis carnes y de verdad que estos críos me dejan alucinada.

Este fin de semana se quedó una amiga nuestra en casa y fue entrar por la puerta y las dos fierecillas debieron pensar que había fiesta. Sí, sólo una persona ajena a su mundo rutinario es suficiente para que abran la veda y se agiten más de lo habitual en ellos, que no es poco. No sé qué demonios pasa en sus cerebros en este instante que les hace interpretar que ya no hay que comer lo de siempre, que hay que irse a dormir a las mil, que pueden hablar sin descanso… Alfonso en concreto, que ya es charlatán de por sí, se convierte es un ser cuya lengua no descansa y hace todo tipo de preguntas. Y por supuesto, saca todo su arsenal de juguetes, a ver si hay suerte y juegan con él a todo.

Y todo esto recién llegados del hospital con la brecha calentita de Rafa en nuestros pensamientos. Pero da igual, para ellos es como si lo anterior no existiese. Y Alfonso se emociona tanto que, de repente, llegan los de Telepizza a casa y cree que debe informar a la invitada de tal acontecimiento aunque para ello haya que entrar en el baño donde la pobre se está duchando.

Y a ver quién saca al niño de allí sin entrar ningún adulto que acabe por perturbar totalmente a la mujer, tal cual lo cuento. Y me asomo en el baño intentando persuadir a la criatura de que lo de la ducha es algo un poco íntimo pero, sentado en la tapa del wáter, me contesta que quiere ver cómo se ducha. Esto me pasa por dejarles entrar en el baño cuando yo me acicalo.

Pero vamos, no os penséis que les pasa sólo con gente que ven poco. Mi tía tiembla cuando ve aparecer a Alfonsito porque sabe que no va a dejar descansar a nadie, sobre todo a sus hijos, es decir, a mis primos. Es verlos y ¡al ataque! Que si quieres jugar a esto, que si porqué haces lo otro, que porqué no vamos a este sitio, acompáñame aquí, allá… un «sinvivir» fruto de la agitación del momento. En fin, enseguida nos toca ir a Galicia a casa de unos amigos, que ellos vengan aquí, ir a ver a los abuelos de Zaragoza… ¿Notáis cómo se revolucionan cuándo llega gente a vuestra casa?

Torturas innecesarias: ir de rebajas con niños

Lo haces una vez y juras que será la última. Sin embargo, acabas asumiendo que, o vas de tiendas con los niños, o no vas en la vida así que te armas de valor y ¡al toro! Es posible que algunas, o muchas, tengáis suerte y podáis «encasquetar» niños para tales menesteres, pero yo lo tengo un poco difícil. Madre trabajadora, suegros a 600 kilómetros y padre del que ya abuso cuando me toca trabajar así que, si tengo que ir a depilarme, o al dentista, o a la matrona, me planto con ellos. Y lo que tenga que pasar, que pase.

Yo sé que ayer unas cuantas se apiadaron de mí en cuanto bajé las escaleras de Zara y los niños se pusieron a subirlas. A muchas otras les parecían graciosísimos, porque oye, los críos lo estaban pasando como los indios y venga a reírse, venga subir, venga bajar, venga saludar al personal… Pero os aseguro que yo sólo sudaba y lo que es peor, cogí no sé cuántas cosas sin mirar ni la talla.

Ahí, recibiendo a la gente y diciendo «hola» a todo quisqui.

Al llegar al probador, coges ubicación, es decir, te sitúas al final del pasillo, así molestan sólo a unos pocos. Cuando te das cuenta, tienes a uno abriendo el probador de enfrente y ¡salvaste! es una conocida. Pues menos mal, así ya no tienes que montarle el numerito al niño para parecer una madre super responsable y preocupada porque tus hijos se porten bien cuando la realidad es que, mientras tu puedas probarte los trapitos, te da igual la que estén liando.

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Ahí los tenéis, partiéndose de la risa cuando la pobre chica abrió la cortinilla. Además, en el probador tiras de tu último cartucho para retenerles y sacas el tupperware con la manzana troceada, pero claro, les dura dos asaltos. 

La dependienta del probador te mira con cara de odio y te apetece mandarla a la porra y decirle: chica, esto es lo más divertido que te va a pasar en toda la mañana así que sonríe. En Oysho (con pisar dos tiendas te puedes dar por satisfecha) la chica re reía con ellos y me decía que le recordaban a los suyos, uffff, qué alivio saber que a algunas esta situación les resulta hasta entrañable cuando a ti te está pareciendo algo semejante a una tortura. En fin, os diría que no volveré a hacerlo pero mentiría. Eso sí, ya os digo que para repetir tiene que pasar un tiempo. Si queréis un consejo, aprovechad las que tenéis niños que todavía no caminen 😉 Por cierto, ¡¡felicidades a las Cármenes!!

Primera herida «de guerra»

Sabía que, antes o después, era algo que iba a suceder; lo que ocurre es que, cuanto más tarde suceda y más mayores sean las criaturas, mucho mejor. Lo sé, lo he vivido varias veces, tener tres hermanos asilvestrados me ha servido para que casi ninguna situación me sea ajena, pero no es algo a lo que te acostumbres y además no es lo mismo vivirlo como hermana que como madre. Vamos, hay un abismo.

Uno de los sitios donde más tiempo pasan los peques estas últimas semanas es en casa de mis padres. Los dejo allí cuando tengo que grabar algún programa o hacer reportajes y la verdad es que con mi padre se quedan felices. Lo mismo están en el jardín que en el garaje, donde el abuelo tiene para ellos circuitos de trenes, de coches, bicicletas, motos y manualidades varias… es como un cuarto de juguetes a lo grande. Y allí es donde el viernes Rafa tuvo su primer accidente gordo. Yo hablaba por el móvil con maridín y de repente oí gritar a mi padre; cuando me di la vuelta el niño estaba en el suelo y sangraba por la ceja, se había dado de bruces contra una columna. Le cogí, limpié la sangre y lo vi claro: a Urgencias.

Os parecerá increíble pero, si supe que era una brecha y que necesitaba puntos, fue porque recordé una que le limpié a mi hermano cuando tenía unos 14 años. Así que cogí al peque, subimos también a Alfonso al coche porque no había nadie más en casa y mi padre condujo hasta el hospital. Rafa lloró sólo en el momento del golpe, de camino a Urgencias no se quejaba y esperando allí no sólo no protestaba sino que iba saludando a la gente como si nada, un campeón.

La tranquilidad se acabó cuando llegó el momento de ponerle los puntos. Me dijeron que era mejor que yo saliese, así que cerraron la puerta donde estaba el niño y empecé a oírle gritar. Me vine abajo y lloré, no puede evitarlo. Fueron minutos eternos, hubiera pagado por estar yo en su lugar. Cuando abrieron la puerta, le abracé como nunca, el pobre aún sudaba. De ahí nos pasaron al pediatra para hacerle una revisión, ya sabéis lo peligrosos que pueden ser los golpes. El pobre ya no quería despegarse de mí, me costó horrores que le pesaran y le auscultaran, ya no se fiaba de nadie.

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Después de los puntos, esperando al pediatra.

Salimos de allí, vi a Alfonso encaramarse a un árbol y pensé: acostúmbrate, guapina. Y al llegar a casa, Rafa ya estaba cogiendo la moto. En fin, mucho me queda por delante. Así que el fin de semana no fuimos a la playa por aquello de que, aunque los puntos los lleva medio tapados para no hurgarse la herida, no queríamos que se acabase llenando de arena. Y como os podéis imaginar, si ya el crío tiene un carácter de narices, el fin de semana estuvo agotador. Y todo esto, con visita en casa de una amiga nuestra, pero lo de las visitas lo dejo para otro post porque no hay cosa que más les guste y… les sobreexcite 😉

Ecuador del embarazo

Pues así, sin darme ni cuenta, he llegado a la semana 20 de embarazo. No os creáis que exagero con eso de «sin enterarme», el otro día sin ir más lejos me subí a los coches de choque con uno de mis primos y cuando nos dieron el primer golpe, me dí cuenta de que yo no podía subirme. Ningún embarazo es como el primero, y ¡mira que yo estuve como una rosa entonces! Pero en aquella ocasión me levantaba por la mañana pensando en el asunto, me miraba al espejo doscientas veces para ver si la barriga crecía, ya mencioné que no leí libros sobre maternidad y embarazo pero sí que es cierto que buscaba en internet los cambios que se producían semanalmente en el feto…

Con el segundo la cosa cambia, y con el tercero es que ya hasta empiezo a sentir pena y el pobre aún no ha nacido, ¡menudo abandono! En cualquier caso, por suerte, mis embarazos están siendo parecidos en cuanto a síntomas: nada de vómitos ni náuseas pero sí sueño y granos en el primer trimestre; con una energía, de momento, durante el resto de la gestación y sin ningún problema. Vamos, haciendo vida normal.

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Dicen que cada embarazo que pasa, la barriguita sale antes. Desde luego, no es mi caso, creo que llevo el mismo ritmo que en los otros dos, vamos, sin mucha tripa.

En cuanto a kilos, llevo un aumento de 3 y medio, así que creo que engordaré lo mismo que en el segundo, unos 9 ó 10. No quiero mencionar cómo me puse de gordi en el primero, ya llevaría el doble a estas alturas y así hasta ¡18 kilazos! No es que sea excesivo para muchas mujeres, pero yo no me hincho ni retengo líquidos, ni tengo un tripón, y teniendo en cuenta que Rafa pesó más que Alfonso al nacer, aquello fue una demostración de que el peso del bebé no depende de los kilos que cojas en el embarazo.

Ayer nos hicimos la segunda ecografía y todo está perfecto, requeteconfirmado que es niño (yo no lo dudé ni un minuto porque con los tres han acertado ya en la primera eco) y está perfecto; ya mencioné que en mi familia hay dos casos de labio leporino, lo cual no es algo muy grave pero es obvio que, cuanto mejor esté el niño, más contentos estamos. Y en esto puedo resumir mi primera mitad de este tercer embarazo, estoy como una rosa, el niño está sano y yo no sólo sigo mi ritmo sino que, entre los dos niños más el nuevo trabajo, aún llevo más acelerón del habitual.

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La influencia de los hermanos

Siempre he sabido que una de las cosas que te marca como persona, sobre todo en la infancia, es el tener o no tener hermanos. Tu niñez, tu adolescencia y, posiblemente, tu vida no hubiera sido la misma dependiendo de esa circunstancia. No es lo mismo tener hermanos que no tenerlos, tener uno o tener cinco, tener sólo hermanas o sólo hermanos; no es igual ser el mayor, el pequeño o el mediano, tener un gemelo o mellizo, llevarte diez años con tu hermano o llevarte sólo uno.

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Mi hermano Miguel y yo nos llevamos 13 meses. Eso hizo que pudiésemos hacer cosas en común desde muy pequeños.

El que yo, aparte de muñecas, jugase con el Scalextric o al balón o fuese un poco bruta, tiene mucho que ver con tener sólo hermanos varones. El que yo siempre haya sido un poco «mandona» y bastante responsable tiene que ver con ser la mayor de los cuatro. Si eres el hermano pequeño y tus hermanos mayores te sacan un montón de años, es posible que te tengan entre algodones. Si tienes varios hermanos, lo más normal es que tu madre gritase habitualmente. Vamos, desde que Alfonso está de vacaciones y están lo dos juntos en casa, tengo las cuerdas vocales más afinadas que nunca. Y cuando entre el tercero en juego, no quiero ni imaginármelo.

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No es lo mismo tener alguien en quien fijarte que alguien que se fije en ti.

Desde que soy madre me he dado cuenta de la increíble influencia que ejerce un hermano sobre otro en muchos de sus comportamientos. Rafa es protestón porque sabe que la táctica le funciona para conseguir cosas; porque, por ahora, es el pequeño y tiene claro que al mayor le toca ceder. Alfonso se ha percatado de lo gracioso que nos resulta Rafa con su forma de «hablar» y hay días en que también él llama al abuelo «abebe», la zapatilla es «patilla» y la galleta es «lleta». Así que, a veces, se comporta como un bebé, algo que no haría sino tuviese un hermano pequeño.

Nos es lo mismo comer el helado sólo que te lo dé tu hermano. No es lo mismo tener que compartir que comértelo entero 😉

Si sólo existiese Alfonso, yo tendría mucho más tiempo para él y podríamos hacer un montón de juegos de manualidades que con Rafa es materialmente imposible, todo lo coge. Si fuera hijo único, haríamos cosas y planes que, como existe Rafa, no podemos hacer. Y sin embargo, hay muchas otras cosas que puede hacer precisamente porque existe Rafa. Y si en vez de llevarse 2 años se llevasen 10, el mayor podría cuidar del pequeño y no discutirían por absolutamente todo. Porque ahora se pasan el día queriendo la misma cosa; que uno tiene balón, el otro quiere balón, pero no puede ser otro, tiene que ser el mismo. Y claro, esa lucha constante de poder marca de por vida 😉

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No es lo mismo recibir los abrazos cariñosos de mamá que los abrazos de un hermano al borde de la asfixia.

Soy plenamente consciente de que, cuando estén los tres, voy a gritar con más frecuencia, voy a quitarle importancia a determinadas cosas, voy a vivir unos años con un estrés permanente, no voy a poder estar pendiente de cada cosa que les pase a cada uno… y todo eso, forjará su carácter para bien y para mal. Lo único que quiero que tengan claro es que, aunque me altere, aunque no pueda estar tan pendiente de ellos, les voy a querer con locura, independientemente de que tuviese un hijo o cinco. ¿De qué manera os han marcado vuestros hermanos?, ¿notáis la influencia que ejerce un hijo sobre otro?

 

Playas de Asturias: Rodiles

El sábado teníamos ante nosotros uno de esos días en los que las previsiones meteorológicas te traen por la calle de la amargura. Depende de la web que mirase, se iba a poner a llover por la mañana, o por la tarde, o por la noche, así que no sabíamos si ir a la playa con el riesgo de tener que salir corriendo, o no ir y buscar plan alternativo. Pero yo me fié de Windguru, una web en la que te pone hasta la hora en la que se pondrá a llover, eso sí, sólo puedes buscar la previsión de sitios de costa, ya que está dirigida a gente que hace deportes marítimos.

Dicho esto, lo que sí que estaba claro es que haría mucho calor así que, si se nublaba, no estaríamos mal. ¡Menudo día tuvimos! Calor, sol y, al final, con la tontería, siete horas de arena y, sobre todo, de agua. Fuimos a la playa de Rodiles, uno de esos lugares maravillosos en los que pasé muchas jornadas de verano en mi infancia, y uno de esos sitios que no te puedes perder si deseas venir a la playa en Asturias.

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Foto de La Nueva España, para que veáis la playa al completo. Impresionante, ¿verdad?

La recomiendo por tres razones: amplitud (en torno a un  kilómetro de largo), entorno impresionante y un montón de servicios. Por ejemplo: zona de picnic, restaurante, aparcamiento, vestuarios, puesto de Cruz Roja con «anfybuggy» (sillas que facilitan el acceso y el baño a personas con movilidad reducida), kiosco, aparcamiento… y casi todo sin que se vea desde la playa gracias a un frondoso pinar de eucaliptos que se extiende a lo largo de todo el arenal y que está acondicionado para comidas campestres. Añado, eso sí, que hay zona azul y verde de aparcamiento (tres euros el día completo) desde el año pasado. Por cierto, para comer compramos bocadillos en el restaurante y estaban buenísimos, de verdad que los recomiendo.

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Con pasarela de madera para acceder a la playa, se agradece cuando llevas sillita

¿Y qué más os puedo decir? Que aunque se nubló a las 4 de la tarde, aún estuvimos allí hasta las 7, que para mí la playa es ese único sitio donde no me importa que hagan casi todo, que se mojen, se manchen, se caigan, jueguen al balón, se les caiga la comida… vamos, no se me ocurre otro sitio donde pasar tantas horas sin que se aburran. Y para que os hagáis una idea de lo que les gusta, la frase de Alfonso al subirnos al coche fue: «Mamá, yo quiero vivir en la playa». Pues eso, continuaremos con nuestro recorrido por distintas playas mientras el sol nos lo permita. Y por supuesto, admito sugerencias. ¿Qué tal el fin de semana?