por nosoyunadramamama | Sep 22, 2014 | asturias, crianza, embarazo, familia, hermano, niños, Sin categoría
Mañana día 23 de septiembre se acaba oficialmente el verano de 2014. Es cierto que los veranos, aunque tengan muchas cosas en común todos los años, también tienen otras que hacen que cada uno sea especial. Yo recordaré estos tres meses como un tiempo en el que me dí cuenta de la dificultad de criar dos hijos. No es que hasta ahora me pareciera fácil, pero reconozco que había sido muy llevadero. Durante los primeros meses de vida de Rafa, el mayor estaba en la guardería así que tuve tiempo para el pequeño; después llegaron las vacaciones pero Rafa aún no caminaba y Alfonso seguía siendo un bendito, por lo que la tranquilidad reinaba en casa. Luego llegó el cole para el mayor y, aunque fue un cambio grande y le costó, los peques sólo estaban juntos a partir de las 5 de la tarde así que se puede decir que…todo en orden. Y hasta aquí duró mi paz.

El día de la fiesta de fin de curso de Alfonso no sabía la que se me venía encima.
En junio de este año tenía de vacaciones a un niño que había pasado su primer curso en el cole, con su consecuente rebeldía, y un medio bebé que espabilaba a pasos agigantados. Para ellos, pasar 24 horas al día pegados era una novedad así que este verano ha sido el de su unión y, por supuesto, discusión. Y esto último, para mí ha significado que sea el verano del estrés (mucho me temo que va a haber unos cuantos más). Porque siempre quieren lo mismo; que uno coge la moto, el otro de repente también la quiere aunque hasta es momento ni se acordara, y si el mayor se sube al sofá, el pequeño, que no tiene edad para andar dando brincos, lo hace. Y el mayor, que ve como el pequeño se ríe con todas las chorradas que hace, no mide y piensa que está jugando con uno de sus compañeros de clase, con la diferencia de que el otro aún no tiene ni su destreza ni su fuerza… Luego pasa lo que pasa, que llega la primera visita a urgencias para coserle la ceja al pequeño.
Y todo esto, mientras tú tratas de hacer camas, dejar comida preparada y vestirles, que empieza a convertirse en una odisea cuando no quieren. Acabas con tal cabreo porque el mayor se niega a que le pongas el zapato, que lo lanzas (al zapato, no al niño 😉 ) a la otra punta del salón «amenazando» con que no irán a casa de los abuelos en un mes. No tienes tiempo ni para depilarte, porque cuando te «aprovechas» de tu padre, es por trabajo, ¡como para andar pidiendo que se quede más tiempo con los niños para otros menesteres! Y te los llevas hasta hacer las compras de la vuelta al cole y acabas casi con un ataque de ansiedad. Con sinceridad, ha habido días que he estado desbordada. Eso sí, a mí esto no me pilla por sorpresa porque he sido la hermana mayor con tres fierecillas por detrás que , de todo, menos tranquilos.

Y todo, mientras la barriga sigue creciendo y la movilidad decreciendo 😉
Y mientras para mí ha sido un verano estresante (y no por ello ha dejado de ser también bonito), para Rafa estos meses han sido como un cursillo acelerado en absolutamente todo. Ese afán de imitación a su hermano que siempre tienen los pequeños, sumado a 24 horas al día pegados el uno al otro, le ha hecho tener una picardía que jamás tuvo Alfonso hasta hace bien poco. Pero para mí, el gran cambio de Rafa ha estado en el lenguaje. Ha pasado, con 20 meses, de decir medio centenar de palabras, y algunas a su manera, a hablar prácticamente todo con 23 meses que cumple hoy. Os aseguro que, a estas alturas, con Alfonso no teníamos una conversación con frases completas, que si «quiero agua fría», «quiero ir a casa abuelo», «a mimir con oso y pete (chupete)», «hasta luego», «mamá, dame toawa (toalla)» y palabras como «chiquitines», «malalenas (magdalenas)», «chaqueta», chacla (chancla)»…. De hecho, es capaz de repetir cualquier término (no científico o técnic0, claro) que le digas salvo pelota, a la cual está empeñado en llamar patata, y Alfonso, que es Atoto. Y por si alguien no me cree, dejé constancia en Instagram con este vídeo, que ya no e sólo lo que dice sino cómo lo dice.
Para Alfonso, éste no ha sido un verano de grandes cambios, ya que a estas edades empiezas a notar que los avances son más pequeños. Ver Oliver y Benji por primera vez ha supuesto que juegue al fútbol a cámara lenta, narre jugadas durante varios minutos y le haga zancadillas ficticias a su hermano. También ha sido el tiempo en que se ha hecho consciente de que va a tener otro hermano, supongo que al notar que mi barriga ha crecido. ¿Y que he hemos hecho para despedir el verano como Dios manda? Pues playa y más playa, y familia. ¿Cómo ha sido el verano para vuestros peques?, ¿ha sido especial en algún sentido?
Casi los últimos en irnos de la playa de San Lorenzo el sábado.
Casi los primeros en llegar el domingo a la playa de Estaño, de la que ya os hablé en otro post.
por nosoyunadramamama | Sep 19, 2014 | embarazo, Moda, ropa, Sin categoría, vacaciones
A este verano le quedan dos telediarios, aunque por la temperatura nada parece indicar que vaya a llegar el otoño. Hace cuatro años, me quedaban menos de dos semanas para dar a luz así que mi último trimestre de embarazo coincidió con el verano completo; hace dos años, el tiempo que faltaba para que llegara Rafa a este mundo era de un mes, por lo que gran parte del último trimestre transcurrió también en verano y el principio del otoño es bastante llevadero por el norte. En esta ocasión, por primera vez, voy a tener que ponerme un abrigo con barriga de embarazada y la idea me gusta más bien poco.
Pues sí, porque para mí, sin duda, la gran ventaja de que los últimos meses de embarazo transcurran en verano es la ropa, que no hay que complicarse nada. Ni medias especiales, ni zapatos cerrados o botas, ni abrigos que no puedes abrochar… Claro que me puedo comprar un abrigo y ,de hecho, tendré que mirar si alguno me queda bien a pocas semanas de dar a luz, pero es que un abrigo es más caro que un vestidito de flores o de lunares. Y lo de las medias ya me parece el «no va más», si ya me parecen un tostón normalmente, ni os cuento embarazada. Que no, que no, que el embarazo en verano es una maravilla, que con cualquier trapito luces un montón. Por no hablar de que a mí, personalmente, me gusta mucho ver embarazadas y eso de poder lucir tripa en bikini me rechifla.

Os dejo unos modelitos de esta misma semana 😉 Perdón por la foto tan malísima, Rafa y Alfonso no controlan el tema con el móvil. El vestido largo, por si se hinchan las piernas, es lo mejor. Éste es de The First Outlet de esta temporada

Este vestido es de Zara de esta temporada, yo ya lo cogí en rebajas. Os lo enseñé en color amarillo en abril con mi cuñada embarazada de 37 semanas.

Este vestido fue uno de esos descubrimientos de HyM de hace tres años. Es cierto que con tripa enorme no me cabría, pero tened en cuenta que es una talla 38 y que lo compré sin estar embarazada. Si lo hubiera visto con tripa, hubiera cogido un par de tallas más para aprovecharlo hasta el último día.

Os hará gracia pero, con este vestido, me han parado dos embarazadas por la calle para preguntar de dónde era. Pues es de HyM de hace 4 años, lo compré embarazada de Alfonso y éste sí, hasta el día del parto se puede poner. Parece hecho para gestantes. El escote es muy favorecedor. No os voy a aburrir con todos los looks del verano, con algunos de esta última semana ya vale 😉 pero vamos, que es evidente que se luce más el embarazo en esta estación, y con la ropa es bien fácil.
Y no sé porqué me da que todas coincidimos en que lo peor de tener la tripa bien grande en verano es el calor. Bueno, no es que este año me pueda quejar precisamente de bochorno, y más viviendo en el norte pero, anteayer mismo, pasábamos los 30 grados en Gijón y confieso que, tres meses así deben ser duros. Lo digo por las que vivís en sitios calurosos, tenéis todo el derecho del mundo a quejaros. Y más si eso implica que estéis hinchadas, porque entonces me diréis que lo de ir más ligerita de ropa ya no es tanta ventaja 😉
Por supuesto, se me ocurren más ventajas e inconvenientes de pasar los últimos meses de embarazo en verano pero, para mí, estos son los dos más relevantes. Aunque también os digo que, lo que para mí hace cuatro años era una ventaja en el primer embarazo, es decir, dar a luz al acabar el verano por aquello de librarme del abrigo y las medias, hoy sería un inconveniente por otros motivos que nada tienen que ver con los estilismos ;-). Ponerme de parto ahora, con los niños en plena adaptación de guardería y a media jornada en el colegio, sería un caos. En noviembre me viene de perlas para que los niños ya estén super habituados a horarios, guardería, comedor, etc… Como véis, todo depende. ¿Cuál es para vosotras la mayor ventaja y lo peor del embarazo en esta estación?
por nosoyunadramamama | Sep 18, 2014 | bebes, embarazo, hermano, niños, Sin categoría
Para mí, esto de tener un niño que es consciente de que en breve tendrá un hermanito, es toda una novedad. Cuando me quedé embarazada del segundo, Alfonso sólo tenía 15 meses, por lo que no se enteró de nada 😉 Es lo mismo que me pasa ahora con Rafa, que se dirige a mi barriga diciendo «bebé de mamá» porque se lo hemos contado, pero sé de sobra que no se «empapa» de la realidad del asunto. En cualquier caso, Alfonso está punto de cumplir 4 años, a lo que hay que añadir que no calla, por lo que tengo conversaciones con él completamente surrealistas sobre el ser que llevo dentro.
Algunos de los momentos de mayor lucidez los tiene en el baño, en concreto en el wc, haciendo sus necesidades (me va a matar si lee esto algún día 😉 ) Se ve que es un momento en el que me observa y le vienen ideas a la cabeza.
– ¿Cómo come el bebé?- me espeta. Y yo, que en vez de tirar de imaginación, intento ceñirme a la realidad, le contesté que lo hacía a través de un tubito que tengo dentro.
– ¿Come por la boca?- insiste. Le dije que sí para zanjar el asunto, entrar en el tema del cordón umbilical ya me parecía muy científico.
– ¿Y qué va a comer cuando nazca?- continúa.
– Pues leche que le va a dar mamá de aquí- le dije señalándome mi delantera. Tiré de sinceridad porque me verá y creo que eso le va a sorprender bastante, así que prefiero que vaya sabiendo cosas.
– ¿Tienes leche ahí?- pregunta sorprendido. Y yo, para concluir el tema, le pregunto si ha terminado de hacer sus cositas porque el crío se recrea con el momento wc y me podía estar entrevistando horas.

Obviamente, hace ya tiempo que me hizo la famosa preguntita de ¿por dónde entró el bebé? Y a mí, como estas cosas me dejan descolocada, le dije que por un agujerito. Como veis, mi falta de imaginación es total, por no hablar de que pensé yo que el crío no se iba plantear el asunto. La siguiente pregunta fue ¿dónde esta el agujero? Y ahí más de lo mismo, intento acabar la conversación señalándome el ombligo, no vaya a ser que la liemos diciendo otro sitio, porque eso de que nosotras no tengamos «pirulina» le resulta extrañísimo, no entiende por dónde hacemos pipí. En serio, tengo un problema muy serio porque este niño todo lo quiere saber.
Y lo de ayer ya me pareció la leche. Le dejo tocar mi panza de vez en cuando para que vea cómo se mueve su hermanito y claro, me arriesgo a consultas complejas.
– ¿Gabriel (aún no decidimos el nombre nosotros y él lo tiene clarísimo) está tumbado?- me pregunta.
Y yo, en mi línea de sinceridad y falta de ingenio, le digo que está dentro de una bolsa con mucha agua, por lo que está flotando.
– Entonces, ¿sabe nadar?- continúa con el tema.
– No exactamente, es una bolsa pequeña y no se hunde, flota- le contesto.
– Pero mamá, ¿ y los manguitos?- y ahí yo ya muero de la risa. Pero qué se les vendrá a la cabeza, ¿se imaginará una pequeña piscina dentro de mi tripa?
Pero no os creáis que no quería seguir con la conversación… que si nada con la manos o con los pies, que si nos oye y bla, bla, bla… porque el caso es hablar y preguntar. Aunque entiendo perfectamente que este asunto les genere muchísima curiosidad. Al fin y al cabo, son tan monos que no nos ven gordas en semejante estado, por lo que la historieta ésta de que tenemos un bebé en la barriga les tiene que resultar completamente descabellada. Y vuestros niños, ¿qué preguntas hacen o hacían cuando estabais embarazadas vosotras o alguien de vuestro entorno? En cualquier caso, me divierte y me encanta que sea consciente de lo que pasa, aunque le cueste entenderlo. Y me fascina que le hable a su futuro hermanito y que le de besos a mi panza.
por nosoyunadramamama | Sep 16, 2014 | pareja, planes, Sin categoría
El viernes pasado reflexionaba en el blog, a raíz de mi quinto aniversario de boda, sobre la dificultad de buscar tiempo para estar en pareja después de la llegada de los hijos. Lo que no me imaginaba la noche anterior, cuando escribí ese post, es que maridín me tenía preparada una sorpresa precisamente relacionada con la importancia de cuidarnos como pareja. Me levanté por la mañana y me encontré una copia exacta de nuestras invitaciones de boda convocándome a un fin de semana para dos, con mapa incluido de dónde dejar a los niños, o sea, en casa de los abuelos, que estaban al tanto de todo desde hacía semanas. Imaginaos mi cara al ver la invitación. En estos últimos cuatro años sólo habíamos hecho una escapada para dos y el asunto se nos va a complicar cuando seamos familia numerosa así que… sorpresón de los buenos. Aunque confieso que a maridín, a detallista, no le gana nadie.

Pero, ¿qué es lo que ocurre cuando no estás acostumbrado a estar sin niños? Pues muchas cosas y todas te resultan extrañas porque, sinceramente, has olvidado algunas sensaciones:
1. Ya nos sabes lo que es ir de copiloto mirando hacia adelante: porque si no te piden unas galletas, es el agua, y si no que pongas el Dvd, o que lo quites, o que cambies los dichosos dibujos por los Cantajuegos. Sin niños nos pasamos la hora y media que duró nuestro trayecto a Cantabria hablando, sin interrupciones, sin llantos o discusiones. Como cuando consigues que se duerman la siesta los dos a la vez, lo cual es bastante difícil.
2. Te bajas del coche y… sólo llevas una maleta: no tardas media hora en descargar la sillita, la bolsa de los pañales y toallitas, el equipaje de los niños, la cuna de viaje… Sales del coche y ya está, llegas al hotel en unos segundos.
Este es el hotel en el que pasamos la noche del viernes, Palacio de Soñanes, en Villacarriedo (Cantabria). Totalmente recomendable. La segunda noche estuvimos en Santander, ciudad bonita donde las haya y que recomiendo.3. No madrugas y duermes del tirón: Valeeee, es cierto, nuestros peques duermen el 80% de las noches del tirón y se levantan a las las 10 de la mañana pero en este caso te aseguras que esa noche nadie te a va a despertar pidiendo agua ni con pesadillas.
Vistas de Villacarriedo desde la habitación del hotel al amanecer.4. Vas a la playa y más de lo mismo, ligeritos: Sólo dos toallas y las cremas, nada más. Ni cubos, camiones, palas, pañales, galletas, fruta, bañadores de repuesto, sillita para dormir la siesta…. Por supuesto, puedes darte un paseíto de una hora por la orilla de la mano de tu chico y después del baño, síiiiiii, tumbarte en la arena.
Playa de Valdearenas, en Liencres.
Como sé que algunas tomáis nota de los sitios que os pongo en el blog, dejo esta foto de la web pueblos-espana.org. La de Valdearenas es una playa que está al lado del Parque Natural de las Dunas de Liencres. Es una playa enorme, con fácil acceso y aparcamiento, chiringuito y salvamento por lo que es perfecta para las familias. Eso sí, las mareas son muy fuertes así que conviene tener cuidado con el mar.5. En el chiringuito, por primera vez, no pides ¡croquetas!: que conste que me encantan pero cuando comemos con los niños , es el plato comodín que hay en todos lados y que a todos los niños les gustan. Así que, ese día, no las pides.
6. Las comidas, cenas y desayunos, con mucha calma: te recreas en este momento porque ninguno de tus hijos está intentando saltar de la trona ni desparramando el agua por la mesa ni hablando en un tono que sabes que al de al lado le resulta molesto. Así que, en vez de salir pitando a tomar el café al aire libre, decides hacer sobremesa.
7. Conversaciones sin interrupción: os mencionaba el viernes en el post lo difícil que resulta últimamente tener una conversación con maridín porque Alfonso no calla ni debajo del agua. Pues en estas escapadas es cuando aprovechas, entre otras cosas, para hablar de mil cosas y, en nuestro caso, recordar la noche que nos conocimos en una fiesta, nuestro reencuentro años después en Madrid y esas cosas que de vez en cuando viene bien rememorar para saber porqué nos enamoramos.
8. ¿Y los niños?: ahhh, se me olvidaba. Mientras tú te preocupas (un poco, sin pasarnos) por cómo estarán ellos y llamas a los abuelos, ellos te envían whatsaaps con fotos de los peques encantados de la vida. Y te cuentan que han estado en la playa con tus primos pequeños, que los primos también fueron a cenar a casa con ellos (esto de compartir jardín toda la familia tiene sus ventajas), que les llevaron de compras y tienen nuevo camión… ¿cómo nos van a echar de menos? Es más, llegas el domingo y te dicen que si pueden quedarse allí unos días más, en fin.
Resumiendo, dos días en los que, no vamos a negar que les echamos un poquito de menos, pero que disfrutamos como novios. Creo que esto debería ser obligatorio un fin de semana cada año, a ver quiénes son los guapos que se quedan con tres criaturas 😉 ¿Habéis hecho algún viaje o escapada sin niños?
por nosoyunadramamama | Sep 12, 2014 | conciliación, familia, Maternidad y embarazo, niños, pareja, Sin categoría
Hoy me toca un post reflexivo, no siempre tengo capacidad para sacarle punta a todo. Aunque no lo creáis, tengo también mi punto serio. Hoy hace cinco años que me casé con maridín aunque sólo pasamos un año «solos»; en nuestro primer aniversario yo ya tenía un bombo de 38 semanas por lo que, para mí, es difícil hablar de matrimonio sin aludir a los hijos. Vamos, más que difícil, es casi imposible separar estas dos realidades. Han pasado cinco años desde que nos prometimos estar juntos para siempre y estamos a la espera del tercer retoño, casi nada. Sé que soy joven, que podíamos haber esperado para estar un tiempo disfrutando de «nosotros» pero creo que, como pareja, los hijos también nos han aportado mucho.

No vamos a obviar que la paternidad no es un camino de rosas porque realmente está lleno de dificultades, pero si eres capaz de seguir queriendo y cuidando a alguien a pesar de la falta de tiempo y de «espacio» para dos, entonces sales reforzado. El día a día con hijos supone salir corriendo para llevarles al cole o guardería y después ir a trabajar o quedarte en casa cuidando de los peques y, cuando acaba la jornada, los niños te siguen reclamando (para jugar, baños, cenas) y ya casi no puedes contarle algo a tu marido.
Yo no sé las veces que le he dicho a Alfonso este verano en las comidas que me deje terminar de decir una cosa a maridín. ¡Y la de días que pasan y que no hemos hablado de otra cosa que no sean los niños!, ¡y la de fines de semana que llevamos sin salir a cenar los dos solos! No es culpa de ellos pero al final, los hijos suponen un nivel de exigencia altísimo y el cansancio hace mella. Y además, en nuestro afán por ser las mejores madres del mundo, corremos el riesgo de que otras facetas de nuestra vida fracasen y, a la larga, esas otras cuestiones pueden repercutir en nuestro ánimo y, por tanto, en nuestros hijos.

Y por ponerle humor al tema. Que sepáis que las arrugas aumentan en función del número de hijos, ¡madre mía!
A veces, es mejor hacerles entender a nuestros hijos que, aunque los queramos con locura, no les podemos dedicar el 100% de nuestro tiempo. ¿Para qué engañarnos? Si por entregar toda mi existencia a mis niños (que además crecerán y cada día me necesitarán un poco menos), mi matrimonio se va al traste, ¿de qué me habrá servido? lo único que puedo conseguir es que los niños tengan que pasar unas temporadas con su padre y al final, aún estaré menos tiempo con ellos.
Y además, si algo tengo claro a estas alturas, es que los niños aprenden con el ejemplo y ver a unos padres que se quieren y se respetan es una de las mejores lecciones que podemos darles. Y esto no tiene nada que ver con las que deciden separarse porque ellos son unos cretinos o no ejercen como padres, ehhhh…. Yo aquí hablo de que a veces olvidamos que, además de madres, somos amigas, hijas, hermanas, profesionales… y esas facetas debemos, por lo menos, atenderlas aunque nuestra prioridad sean los peques.

Lo mejor que tengo.
Pues eso, que hoy me he puesto un poco seria, y me ha salido un post muy formal aunque, de vez en cuando, no viene mal. Además, seguro que podéis contarme qué hacéis vosotras o vuestras parejas para intentar mantener el «espacio para dos». Y como sé que maridín entra por estos lares de vez en cuando… que sí, lo sé, soy poco cariñosa, nací con esta tara pero ¿dónde ibas a encontrar a otra como yo que te quiera tanto? 😉 ¡Buen fin de semana!
por nosoyunadramamama | Sep 10, 2014 | bebes, colegio, hermano, Maternidad y embarazo, niños, Sin categoría
Definitivamente, ya puedo decir que mis peques son unos drama-niños. ¿Que son sociables y alegres? Mucho, igual hasta son un poco exagerados cuando se ríen, de ahí que se hayan ganado el apodo de los «risitas» o «felicianos» desde bebés. Pero oye, que si hay que dramatizar, ellos también son los primeros para eso. Hace dos años, Alfonso empezó la guardería entre un mar de lágrimas; sólo un año después, le pasó lo mismo con el cole y aquel proceso duró unos cuantos días, estuve al borde del colapso con su crisis existencial.

Alfonso, en su primer día de guardería hace dos años. Muy compungido cuando fui a buscarle después de hora y media de llantina.
Ayer fue Rafa el que se estrenó en esto de las clases y ¡tragedia! Que aunque yo le hablé del asunto días antes (todo lo que se le puede decir a un bebé de 22 meses), creo que no captó el mensaje. Y eso que tuvo la suerte de ir acompañado de su hermano mayor y, no sólo eso, sino que en la guardería, muy dispuestos, se ofrecieron para que se quedase Alfonso allí las dos horas y a Rafa le fuese más fácil la adaptación. Pues ni con ésas.

Ayer, los dos juntinos. El pequeño sin saber lo que iba a pasar. El mayor ejerciendo como tal.
Entramos en el centro, los dos tan «pichis» analizando un super patio lleno de triciclos, motos y toboganes. Rafa estaba desconfiado y se acercaba a todo pero sin soltar mi mano por más que yo hice mis intentos; los críos no tienen un pelo de tontos. Allí apenas lloraba un niño porque los padres llegamos de forma escalonada y así se evitan desdichas comunitarias y contagiosas. Se despistó unos segundos y yo desaparecí; en el tiempo que me puse a hablar con la profe, ya en otra sala, le oí empezar a llorar. Mal asunto.
Y tuve, para mí SOLA, hora y media para hacer recados, todo un lujo. Llegué a la guardería pensando que estarían felices y contentos. La cara de la profe al abrir lo dijo todo; bueno, la cara y las palabras: nunca me había pasado, no ha parado de llorar. Y efectivamente, entré y ahí estaba Rafa, desolado. El pobre Alfonso no pudo disfrutar mucho de su estancia porque no había conseguido que el enano dejase de lagrimear y estaba agobiado. Ser hermano mayor es duro, os lo digo yo. Si uno de tus hermanos pequeños monta un numerito (sea del tipo que sea), vas a ser el primero en enterarte y bajar la cabeza.

Y así se quedan después de semejante trance.
La verdad es que no deja de sorprenderme que esto les cueste tanto cuando están muy acostumbrados a estar con gente; es cierto que hasta los casi dos años han pasado la mayor parte del tiempo conmigo pero han sido también muy independientes para jugar, dormir… y les gusta estar entre gentío, se van encantados y sin decirme ni adiós con los abuelos, tíos… En cualquier caso, ahora ya sólo espero que en poco tiempo le coja gusto a esto de la guardería, y que la vuelta de Alfonso al cole sea positiva. Os confieso que me gustaría disfrutar del final del embarazo con un poco de tiempo para mí. ¿Qué tal la vuelta al cole y los inicios de guardería de vuestros peques?
por nosoyunadramamama | Sep 8, 2014 | asturias, familia, niños, planes, playas, Sin categoría, vacaciones
Alguien debería reconsiderar que el mes fuerte del verano fuese septiembre y que los peques acabasen el cole en julio y empezasen el curso en octubre. No falla, año tras año, acaba agosto y llega al norte nuestro particular verano. Y yo feliz de que haya menos turistas y las playas empiecen a vaciarse porque seguiremos apurando hasta el último día de sol al aire libre, con el mar de fondo, donde los niños se llenan de arena, se caen, se empapan, se ensucian… y a los padres nos da igual.
Y en nuestras habituales salidas de fin de semana, este sábado descubrimos una playa que, además de ser un espectáculo, para los niños es comodísima. Salimos de casa con la única idea en mente de pisar arena pero sin un destino fijo y, al final, llegamos al Arenal de Morís, en Caravia. Yo había oído que era un sitio precioso pero, por distintas razones, nunca habíamos estado, y eso que sólo está a 35 minutos de Gijón. Quizás es porque en Asturias hay otras doscientas playas, y aún así, nos quedan por conocer tres cuartas partes 😉

Hay párking y cuesta 3 euros el día completo. Aquí podéis ver que, dependiendo de si la marea está alta o baja, parece que son dos playas distintas. Se accede a la primera por dos rampas, y a la segunda por escaleras.

Como veis, un espectáculo para la vista. Y si le añadís uno de los días con mejor temperatura del año, el paraíso.

Vistas de la otra zona de la playa desde el chiringuito. No tienen más de 10 platos (recomiendo los escalopines al Cabrales) pero con esta visión, poco importa. Al lado del restaurante hay un pequeño parque infantil. También hay duchas y servicios, así como servicio de Salvamento.
Semana 29, me queda una cuarta parte del embarazo. ¿Última foto de la barriga en la playa? Espero que nooooo…Y hoy es festivo en Asturias, es el día de la Virgen de Covadonga y haremos algún plan, aún sin decidir. Y mañana Rafa empieza la guardería y Alfonso vuelve al cole el jueves, así que nos espera una semana intensa. ¿Seguís apurando y haciendo planes de verano aunque toque volver a la rutina entre semana?
por nosoyunadramamama | Sep 5, 2014 | embarazo, Sin categoría
No es que esté yo esta semana negativa con mi preñez porque, lo que viene siendo la criatura interior, molesta bien poco o nada. Y puedo decir que aún no soy del todo consciente de que en dos meses y medio llega un nuevo churumbel, en parte porque los otros dos no me dejan tiempo para pensar en el asunto. En cualquier caso, aparte de lo de ir al médico con cierta frecuencia, mi mayor «drama» durante la gestación es la postura para dormir. Ya desde joven pensaba eso de «¿cómo demonios voy a dormir el día que esté embarazada?«. Sí, lo confieso, ya pensaba en ello hace años porque siempre tuve claro que quería ser mamá, no se me encendió el famoso reloj biológico de la noche a la mañana 😉
El caso es que he estado apurando, como en los embarazos anteriores, con el tema de pernoctar boca abajo pero ya se me acabó el chollo; la semana pasada me di cuenta de que ya no podía seguir. A veces me viene a la mente esa imagen de la película de los Caraconos en la que tenían unos agujeros en el colchón para colocar sus cabezas. Es una opción para ubicar la barriga, pero sale cara teniendo en cuenta que los colchones no cuestan cuatro duros, y a ver qué haces con él cuando das a luz. Que conste que en la playa no sería la primera vez que hago un pequeño pozo debajo de la toalla para colocar la tripa pero he de reconocer que, ni con ésas, es cómoda la postura.
Cuando dí a luz a Alfonso, una de las primeras cosas en las que me fijé de mí misma fue en que la barriga había «desaparecido». Lo pongo entre comillas porque, aunque la involución de mi útero es bastante fugaz, no se puede decir que aquello esté al día siguiente como si nada; aún así, yo me percaté del asunto y me frotaba las manos pensando en llegar a casa para coger la posición de toda la vida. Hasta que me encontré con mis ubres y la subida de la leche, que apenas me permitían hacer otra cosa que dormir boca arriba, terrible 😉
Así que ahora me hallo con nueva inquilina en la cama: la almohada. La tengo que hospedar por pura necesidad, porque soy de las que he dormido sin ella toda la vida y sólo la rescato para el último trimestre de los embarazos, ésa es toda nuestra relación en la vida. Y obviamente, para colocarla entre pierna y pierna y evitar caer como un péndulo sobre la panza. En fin, ¡cosas del embarazo! y que todas sean como ésta. Suponiendo que todo va bien, ¿cual es para vosotras el mayor inconveniente del embarazo? Y nos os preocupéis, que hablaré también de ventajas en otros posts, porque las hay.
por nosoyunadramamama | Sep 3, 2014 | bebes, embarazo, parto, Sin categoría
Que no soy nada aficionada a médicos y hospitales es evidente. Creo que la última vez que pisé un hospital o centro de salud como persona independiente, es decir, sin niños (en el vientre o fuera de él), fue allá por 2002, vamos, hace más de una década. Supongo que el hecho de que lo único que tuve durante los últimos años fuese una gripe y alguna diarrea (esto podría reservármelo pero a todos nos sienta mal algo de vez en cuando, ¿no?) hace que no tenga ninguna necesidad de visitar a ningún doctor. Tampoco se puede decir que yo sea «doña prevención», de lo cual no puedo sentirme orgullosa.
El caso es que el primer embarazo fue para mí toda una novedad en esto de las visitas a sanitarios variados. Pero lo que más me aterraba y, a día de hoy, me sigue horrorizando, es el tema pinchazos. Sí, os sonará raro pero voy más tranquila a parir que a unos análisis; y no exagero. ¿En qué punto de mi vida cogí miedo a las agujas? Lo desconozco, no tengo recuerdos dramáticos ni traumas al respecto pero no me gustan nada. Igual es porque mi padre es muy aprensivo con ese asunto y mi madre hablaba de los partos como si hubiera ido al supermercado, de ahí mi tranquilidad para una cosa y mi recelo por la otra. Eso sí, tres embarazos en cuatro años hacen que pierdas el miedo ya a casi cualquier prueba, lo cual no quiere decir que me escaquearía si pudiera.
Ayer me tocó la dichosa prueba de la glucosa o, para ser más exacta, el test de O’Sullivan, que sirve para diagnosticar la diabetes gestacional. Como a casi todos los análisis, vas en ayunas pero, en esta ocasión, no te pinchan una vez y te vas para casa tan feliz, sino que tienes que tomarte un jarabe dulce como que sé yo durante el primer pinchazo y, una hora después, te vuelven a «agujerear». Te dicen que te estés quietecita en ese tiempo interminable entre aguja y aguja.

Sin embargo, lo mejor son las ecografías
Servidora aprovechó ese rato para ir a la planta de arriba del hospital a recordar en Tocología que estoy en la semana 28 y que aún no me habían dado un volante para otro pinchacito de rigor que nos toca a las mujeres especiales con Rh negativo. Ah, y esta estocada es en el culete. Tracatrá. Porque lo normal es que mis hijos sean RH positivo (lo cual no se sabe hasta que nacen) y la mezcla de sangre de factores distintos puede entrar en conflicto. No me preguntéis mucho más, yo acato órdenes. Ah, y después del parto, si se comprueba que la criatura es Rh positivo (que es lo más normal), toma agujero de nuevo. Y así, con análisis cada trimestre, la glucosa, el Rh antes y después del parto más cogerte la vía en el alumbramiento, suman 8 punciones, si todo va bien. Ah, y la epidural, que es el único pinchazo que estoy deseando que me hagan y que ni llegó en el segundo parto.
Y a vosotras, ¿os dan miedo las agujas?, ¿hay alguna visita médica o prueba que os resulte especialmente incómoda?
por nosoyunadramamama | Sep 1, 2014 | colegio, familia, hermano, Maternidad y embarazo, niños, Sin categoría, vacaciones
Ahora sí, lo confieso y, no sólo eso, sino que lo grito a los cuatros vientos: me uno al club de las madres que están deseando que llegue la vuelta al cole. ¡Quién me lo iba a decir! Acostumbrada yo a estar las 24 horas del día con un niño o retoño a cuestas desde hace casi cuatro años y, a la mínima, estoy deseando desertar. Que no es que ya no quiera estar tanto tiempo con los churumbeles pero es que juntos, día y noche, han resultado una mezcla explosiva. Por separado el asunto lo llevaba mucho mejor, no os voy a engañar.
El verano pasado tenía un niño de más de dos años y medio que había salido de la guardería casi como había entrado, de un dócil que para qué contaros, casi rondando la santidad. Vamos, un niño de esos que da gusto tener en casa. ¡Pobre de mí que pensaba que aquello sería así toda la vida! Fue empezar el colegio y se acabó la paz. Allí espabilan y el que era dócil ahora es un mandón. Y el que era manso, ahora es un rebelde, con mucha bondad, pero al fin y al cabo, un niño que está en fase de negación, ¡mira que les gusta decir «no» a todo!
Y el verano pasado, en mi casa, el otro inquilino tenía ocho meses y todo su desplazamiento era el gateo, y esas velocidades no son comparables a las maratones que hace hoy en día. Y ahora tengo un pequeño imitador de su hermano mayor. Lo sé, con 22 meses no debería tirarse en «plancha» al suelo, ni coger la moto y «estrellarla» contra el sofá, ni reírse cuando le hacen una zancadilla; al menos, eso era algo que Alfonso no hacía hace dos años, pero vamos, ni eso ni parecido. Pero los pequeños copian y, por desgracia, no a sus padres, sino a sus hermanos. Y si el mayor se sube a la cama o al sofá para saltar, el otro va detrás. Y si uno quiere un coche, el otro también. Y así se monta la de San Quintín. Y yo, a estas alturas, tengo la cabeza como un bombo.
Así que, desde aquí, lo digo alto y claro: las vacaciones son para los niños, no para los padres. Y casi tres meses de fiesta y jarana empiezan a parecerme un exceso. Claro que, en el caso de los hijos únicos, igual la cosa es bastante más tranquilita aunque apuesto a que acaban queriendo regresar a las clases porque en casa no hay tanta animación. Igual soy yo una exagerada por aquello del embarazo pero me da a mí que no soy la única a la que la vuelta al cole le va a sentar bien. Y vosotras, ¿sois de las que estáis deseando que empiece otra vez el colegio de los peques?, ¿notáis también que ellos necesitan más rutina y a sus amigos?
por nosoyunadramamama | Ago 25, 2014 | asturias, niños, planes, playas, Sin categoría, vacaciones, viajes
La semana pasada os contaba que las vacaciones fuera de Asturias habían dado mucho de sí. Tampoco es que el tiempo que nos quedamos aquí fuese tranquilito, tuvimos visita en casa de unos amigos con su niña y Alfonso y Rafa estuvieron a la altura, vamos, sobreexcitados y pasándolo como los indios. Aprovechamos para ir a unos cuantos sitios, algunos ya los mencioné en otros posts, así que hoy os hablo de un pueblo que hacía unos años que no visitaba y que, si venís por Asturias, tenéis que ver: Luarca.

No podéis dejar de ver dos cosas: el puerto y el cementerio, que siempre aparece en las listas de los mejores camposantos de España porque tiene unas vistas que ya quisiéramos muchos vivos desde nuestras casas y donde está enterrado el Premio Nobel de Medicina, Severo Ochoa. Y en el puerto podréis encontrar un montón de restaurantes donde comer, yo sólo os puedo hablar de la terraza en la que estuvimos el sábado, Bitácora, donde el pulpo de «pedreru» estaba exquisito.
Y como el sol por fin lució este fin de semana, por la tarde aprovechamos para ir a la playa y conocer alguna de la zona. Estuvimos en la playa de Cueva, donde desemboca el río Esva. El acceso en coche es un poco difícil los últimos metros porque no está asfaltado y hay piedras pero vamos, nosotros llegamos bien con un coche normalito y corriente. La gran «pega» de esta playa para ir con niños es que la mayor parte es de piedras y, de hecho, me sorprendió ver a muchas familias. Allí me encontré con una conocida que va a menudo y me dijo que, cuando la marea está baja, hay muchísima arena y un montón de cuevas por las que adentrarse. Tiene pequeño chiringuito y salvamento, poco más.




Vista aérea de la playa de Cueva. La Nueva España
Sé que, a estas alturas, los posts de playas quizás no os sean tan útiles pero yo no doy por terminada la temporada de verano hasta octubre; aún recuerdo el calor del día que nació Alfonso, un 1 de octubre, y su primer cumpleaños en la playa a 30 grados. Eso sí, no me despisto, tengo muchos temas en mente para las próximas semanas 😉
por nosoyunadramamama | Ago 22, 2014 | embarazo, Maternidad y embarazo, Moda, Sin categoría
Aprovechando que mi barriga, ya de seis meses, empieza a ser evidente (hasta ahora, con ropa, había quien te miraba con cara de «menuda tripa cervecera se gasta ésta») y que los posts de moda, tanto de embarazada como de niños, siempre están entre los más leídos, voy a intentar incluir algunos looks para las que esteis en mi situación. Y digo «intentaré» porque ni soy una fashion victim, ni puedo permitirme el lujo de comprar modelitos cada dos por tres, ni me veo capacitada para poner caras y morritos muy habituales en blogs de moda. Además, menuda presión eso de tener que ir siempre mona, qué vida más estresante la de la Echeverría 😉
Y como ya sabéis que el verano está siendo lo menos parecido al verano, que ha habido días que no hemos pasado los 18 grados y que servidora es friolera de narices, os dejo hoy un look para los días de entretiempo. Aún así, a optimista no me gana nadie y confío en seguir yendo a la playa en septiembre, que el invierno es muy largo y la primavera nunca viene con sol por aquí.

Chollito de rebajas, y quedaban todavía un montón hace dos días.

Las blusas, una de esas prendas que me acompañarán los próximos meses. Ésta la cogí también en rebajas y quedaban muchas.

Los leggings van a ser mis mejores amigos de aquí a que dé a luz, en negro, gris o marrón cuando empiece octubre y, por ahora, en azul marino. Cojo la talla L y me aguanta hasta el final. Los playeros los compré en mayo pero siguen vendiéndolos como artículos de continuidad.
Por supuesto, incluiré mis ya habituales posts metida en los probadores de las tiendas para que podáis ver lo que sienta bien a las embarazadas. ¡Buen fin de semana!