Rabietas: qué he aprendido

Rabietas: qué he aprendido

Hace unos días tuve una conversación con una mamá que estaba pasándolo bastante mal con los berrinches de su niña. Nos confesamos, mutuamente, que en alguna ocasión, aquello nos hacía derramar lágrimas. No es fácil enfrentarse a la pataleta de un niño o bebé. Es cierto que ellos lo pasan mal pero, ¿y nosotros, los padres? La primera vez que tuve que hacer frente a una rabieta fue hace más o menos un año, cuando Alfonso empezó el colegio y estaba a punto de cumplir tres años.

Y aún así, no me puedo quejar porque estoy hablando de un niño, no de un bebé, que ya había pasado por otro evento importante en su vida: la llegada de un hermano un año antes. Pero oye, era tan sumamente bueno, que la presencia de Rafa no le afectó negativamente y tenía un carácter que daba gusto. Las rabietas duraron un mes y reconozco que para mí fue duro, perdí los nervios en más de una ocasión y acababa a grito pelao o lanzando un zapato al aire cuando se negaba a que le vistiera. Aquello se le pasó de la noche a la mañana y aprendí que chillar no servía de nada.

Con Rafa, esto de las rabietas, lo he vivido mucho antes; desde que tenía año y medio ha tenido algún que otro berrinche pero, al ser de forma ocasional, no le das importancia y lo «soportas». Lo malo es cuando entran en una etapa en la que esto sucede a diario, en cualquier momento y, en muchas ocasiones, no tienen una causa aparente que lo justifique. De repente, el crío te monta un pollo porque no quiere que los cojines estén en un sitio o porque quiere tirar la sillita al suelo. Intentas dialogar, le abrazas, le ofreces algo que le guste, un juguete, una galleta, yogur, lo que sea para que intente distraerse…pero da igual, el niño está fuera de sí y además, no sólo llora, sino que se agarra a tus piernas para que no puedas moverte. Y claro, el día que se pasa así una hora de reloj, sin exagerar, acabas por gritarle e intentas despegarle de tus piernas con un zarandeo. Y no, no es eso lo que quiero porque, cuando se me pasa el estrés de ese trago, me siento mal conmigo misma.

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Y si encima las rabietas van acompañadas de despertares nocturnos o de que el niño o bebé, que siempre ha comido como un elefante, se niegue a zampar, pues la situación puede llegar a superarte. Eso es lo que nos ha pasado las últimas semanas con Rafa y reconozco que me he sentido abrumada nuevamente. Todo a la vez acaba haciendo mella y esas situaciones generan mucho estrés. Personalmente, asocio esta etapa con el comienzo de la guardería, quizás porque Alfonso vivió una etapa similar al empezar el cole, lo cual demuestra que, a mis hijos, lo de la adaptación les cuesta lo suyo. Hay quien dice que es por la inminente llegada de un nuevo hermanito pero yo creo que no es del todo consciente de eso.

De cualquier manera, después de un etapa así se quedan como la seda. Yo ayer mismo alucinaba viendo a Rafa sin intentar quitarle el balón a su hermano, o de repente me abrazaba y daba besos en la barriga diciéndome «te quiero». Llevamos dos días de paz y confío en que la mala racha haya pasado. ¿Qué sentís en plena rabieta de vuestros hijos?, ¿cómo actuáis?, ¿alguna vez la situación os ha hecho perder los nervios?

Al aire libre en «otoño-verano»

Al aire libre en «otoño-verano»

Yo no sé si es porque me crié entre chicos, y no precisamente tranquilos, o porque en el norte no desaprovechamos un rayo de sol, pero es que me niego a encerrarme entre paredes con este clima veraniego que tenemos. Y es que, con la tontería, llevamos de regalo otro mes de veranillo así que dejamos talleres, manualidades, cocina y demás historias para los días de lluvia. Por ahora, a seguir quemando energía al aire libre, que además a mis hijos les vienen de lujo.

Para las asturianas, sobre todo para las de Gijón, os dejo una recomendación (creo que hice mención en un post hace ya bastante tiempo) y es un merendero en el que se come genial, con más variedad de comida que en los habituales; se llama El Camín del Agua y tienen camas elásticas, futbolines, columpios y arenero; sólo se echan en falta unas porterías. Sé que la época de merenderos se acabará en breve (este clima no creo que dure ya muchas más semanas) pero os dejo la sugerencia por si acaso, que dice mi madre, que se casó un 27 de noviembre, que ese otoño pudieron comer todos los fines de semana al aire libre hasta el día de su boda, ¡y ojo con lo que dicen las madres! 😉

Y ya de paso, aunque este plan no tenga nada que ver con niños pero seguro que más de una lo agradece, os dejo otra recomendación para ir en pareja o con amigos: un restaurante mejicano que se llama Hacienda Marmolejo. Que conste que ya lo conocíamos pero hacía más de tres años que no íbamos, cuando estaba en otra zona de Gijón. Si os gusta la comida mejicana, totalmente aconsejable aunque es una pena que ya no esté amenizado por el cante de un auténtico azteca 😉 Y nosotros aprovechamos para nuestra última cena de pareja antes de dar a luz. Mis padres se van ahora de viaje un par de semanas y, a la vuelta, empezará mi cuenta atrás así que se ofrecieron para quedarse con los peques y no era plan de decirles que no, más cuando los peques se quedan encantados.

¿La próxima vez que salgamos de cena en pareja? Pregunta sin respuesta 😉 ¡Viva Méjico!

Y bueno, ¿qué deciros del domingo con el cambio de hora? Que fue más largo que un día sin pan, a a la una de la tarde estaba deseando dar de comer a Rafa para que durmiera la siesta porque estaba insufrible… Y aún con siesta, vaya tardecita que nos dio; sólo se relajó cuando hicimos una merienda familiar para celebrar su cumpleaños. En fin, estos críos dejan agotado a cualquiera. ¿Qué planes hacéis con buen tiempo?, ¿ideas?

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Soplando la vela con los abuelos, Alfonso y el primo Jorge.

Padres y fútbol infantil

Ya os conté hace poquito en un post que Alfonso eligió el fútbol como la primera actividad extraescolar de su vida. Hace ya dos semanas que empezaron a entrenar y la verdad es que está feliz, yo menos porque ya tiene el chándal del cole agujereado en la zona de las rodillas, se toma muy en serio la posición de portero 😉 Bueno, vamos al lío. El otro día, el presidente y el coordinador del equipo del cole nos convocaron a los papás a una reunión. Pensé yo que no iba a ser productiva tratándose de segundo de Infantil pero ¡vaya que si fue interesante!

Primera sorpresa: tienen liguilla este curso. Sinceramente, no sé porqué dí por hecho que tan pronto sólo entrenarían. En cualquier caso, ya os podéis hacer a la idea de la ilusión que le hizo esto al niño… y al padre. Sé que maridín es muy sensato y tranquilo pero le he dicho que no quiero ultras en la grada 😉 Esto de la liguilla supone comprar la equipación del cole así que pasamos de no tener ninguna hace un mes a tener dos, la del Sporting y la del equipo del colegio, menos mal que ésta última cuesta 15 euros.

Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle, si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.

Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle; si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.

Más sorpresas: nos dejaron caer que, de los más de diez equipos que jugarán, hay tres o cuatro que se las dan de «gallitos», vamos, que se lo toman en serio. Sinceramente, allí estaré para verlo porque madre mía, como a alguno se le ocurra hacerle una entrada fea al crío me va a salir la vena «dramamamá». ¿Es necesario? Tienen 4 años, sólo tienen la obligación de divertirse, no de ganar. Mi tía ya me ha dicho que hace tiempo que dejó de ir a los partidos de sus hijos por la vergüenza que algunos padres producen en las gradas. Os prometo que mi cara de asesina en serie puede ser tremenda cuando vea a algún progenitor fuera de sus casillas, y aquí entran los tacos, los gritos al propio hijo, los insultos a los del equipo contrario…

Y otra sorpresa más: nos contaron que, si el crío juega bien al fútbol, es posible que otros clubes se pongan en contacto con nosotros para decirnos algo así como «en el equipo que juega tu hijo no va a conseguir nada importante». Pero por Dios, ¿a los 4 años alguien sabe ya si mi hijo va  ser un futuro Messi o Cristiano? Y si tuviera un don con el balón, ¿alguien cree que le voy a separar tan pequeño de sus compañeros de clase por llevarle a otro equipo? Por favor, que es un niño, tiempo al tiempo. En fin, con tres hijos varones os aseguro que voy a tener muchas historias que contar sobre esto. ¿Creéis que algunos padres se exaltan demasiado?, ¿tenéis experiencias en esto las mamás y papás de niños más mayores?

Cumplir 2 años, ¿la mejor edad?

Hoy hace dos años que llegó al mundo Rafa, en un parto muy rápido y sin epidural, esto último no porque yo quisiera, sabéis que soy fan de esta analgesia 😉 La llegada del segundo hijo no transforma tu vida de la misma manera que lo hace el nacimiento del primero, pero las sensaciones son iguales: mismo amor, mismo deseo, mismas emociones… Porque lo bueno que tiene el amor a los hijos es que se multiplica. Eso sí, el tiempo del que dispones es el mismo y tienes que hacerte cargo de dos, por tanto, se divide la atención a cada uno de ellos.

Una de sus primeras fotos juntos, cuando precisamente Alfonso acababa de cumplir la edad que hoy cumple Rafa.

Una de sus primeras fotos juntos, cuando precisamente Alfonso acababa de cumplir la edad que hoy cumple Rafa.

Y aprovechando que mi gordi cumple hoy dos años, he de confesar que es una edad que me vuelve loca. ¡Y mira que soy de las que pierde el sentido por un recién nacido, muero por ellos! Cada etapa tiene sus cosas maravillosas, y hasta la salida del primer diente se convierte en un acontecimiento, porque para las madres todo lo rodea a nuestros peques, nos hace babear... Pero, ¿qué les hace especiales a los dos años? Para mí, sin duda, que son bebés grandes. Eso les hace tener una gracia y desparpajo tremendos. Están en ese punto medio de «soy bebé pero ya hago muchas cosas a mi aire». Y me parece tremendamente divertido.

Su primer cumpleaños

Se comunican con nosotros mediante el lenguaje pero oye, una jerga muy a su manera… Y claro ¿cómo no te vas reír cuando te espetan frases enteras sin ningún artículo? «Quero come patata» mientras ya se está abalanzando sobre ellas; «sube silla» (súbeme a la silla) mientras lo ves con su cara de esfuerzo trepar al asiento o trona. Es una especie de «necesito ayuda pero ya puedo yo» y ¿qué queréis que os diga? ¡Me encantan! Cierto es que, los avances del primero con respecto al segundo hijo suelen ser bastante espectaculares. El segundo, a los dos años, tiene más picardía, más carácter, más desparpajo y, por supuesto, más morro… del que tenía el mayor a esa edad. Pero recuerdo también que Alfonso, al cumplir los dos años, tenía ese trazo de bebé grande aunque con más dosis de tranquilidad que Rafa, eso es innegable.

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Y aunque Rafa hable ya muy bien, cuando termine su segundo año de vida, tendrá conversaciones completas, dejará la guardería y empezará el cole, su capacidad para razonar irá a más y eso le hará ser más «niño»… Así que me toca disfrutar de la última etapa del bebé grandote (nunca mejor dicho, 14 kilos lo avalan) que tengo en casa aunque dentro de un mes entre un bebé-bebé por la puerta, ¡que Dios me pille confesada! ¿Cuál es la edad que más habéis disfrutado de los peques? ¡¡Felicidades Rafa por multiplicar mi felicidad!

Primer día de natación con la guardería

Cada día tengo más claro que una de las profesiones que no está lo suficientemente bien remunerada es la de maestra en una guardería. Sí, sí… los niños y bebés son una monada y muy agradecidos pero también conllevan un trabajo bestial y, cuando lloran, no es fácil mantener la calma. Ayer Rafa fue por primera vez a natación y aquello era cual ópera de Viena: de 15 niños, 10 lloraban. Por supuesto, mi peque era uno de ellos. Aunque no tengo claro si era por la natación en sí, ya que el primer día tiene bien poco de acuático y de hecho mientras estaba en el agua permanecía calladito, o por verme allí, que aún le cuesta cada mañana despedirse de mí o de maridín.

Observando el panorama

Una de las ventajas que tiene la guardería de Rafa es que, durante todo el curso, pueden ir un día a la semana a natación en horario escolar. Nuestra idea inicial era apuntar a los dos peques juntos los sábados pero para Rafa no conseguimos plaza en la piscina municipal, así que optamos por la guarde. También tuvimos nuestras dudas de si era o no necesario que aprendiese ya a nadar pero, en este momento, Rafa es la sombra de Alfonso, le sigue a todas partes y monta lío si no puede hacer lo mismo que él. Y como el verano que viene, el mayor se meta en la piscina grande, ya sé a dónde va a tener que ir el otro.

Todos en el borde de la piscina, en la misma en la que yo aprendí a nadar. Todo se repite 😉

Y vuelvo a la crónica de ayer porque aquello era para armarse de paciencia. Lo bueno es que es en un sitio deportivo muy conocido de Gijón así que los padres podemos ir allí a vestirles y a ayudar; por suerte para las profes, éramos unos cuantos, sobre todo mamás y abuelos. Pero claro, en cuanto les dejas preparados en el vestuario, los adultos nos vamos a verles desde la grada. Rafa, de primeras, ya no quería ponerse el gorro. Después su guerra fue con los manguitos, acostumbrado a ellos todo el verano y miraba para mí con lágrimas de cocodrilo para decirme que no los quería.

Fin de la clase, fin de los nervios. Luego le tocó llorar para volver a la guardería, quería venirse conmigo.

Con tanta llantina, les pusieron a todos sentados y cantaron una canción. Y luego les dieron a cada uno una regadera con agua para que jugaran. Enseguida les sentaron a todos en el borde de la piscina para que se mojaran los pies mientras dos monitores iban metiéndoles uno a uno en el agua. Ya os digo que Rafa, dentro de la piscina genial, pero el resto del tiempo lo pasó estresado. Entre estar en un sitio que no conocen, que varios lloraban y que servidora ya no estaba pegada a él… pues para qué quería más 😉 En fin, una odisea para ellos.

No tengo muy claro que acabe el curso sabiendo nadar pero todo lo que avance de cara a que en verano esté más seguro, mejor. Son tres peques a los que no voy a quitar el ojo y no será fácil. ¿A qué edad llevasteis a vuestros peques a natación?, ¿os ofrecen esta actividad en guarderías y colegios?

Tarta de galletas con forma de tren

Muchas me habéis pedido la receta de la tarta que le hice a Alfonso en su fiesta de cumpleaños así que, allá voy. Es cierto que la fórmula básica de una tarta de galletas la puse en el blog hace ya más de un año pero, en esta ocasión, lo hago con los detalles para la versión infantil. Dicho esto, servidora y la cocina no son una buena conjunción; a mí, comer me gusta, cocinar nada. Pero no os voy a engañar, esta tarta es muy fácil de hacer y está riquísima.

Y como es muy sencilla de hacer, es posible que tengáis todos los ingredientes en casa: galletas cuadradas tipo Tosta Rica, tableta de chocolate para postres, azúcar, mantequilla, huevo y leche. Y después, las gominolas que queráis poner a los «vagones del tren» y galletas tipo «Filipinos». Nada más.

1- Fundir el chocolate; yo le echo un poquito de leche.

2- Mientras se derrite, batid en un bol el huevo y mezclad con 3 ó 4 cucharadas grandes de azúcar y con otras tantas de mantequilla. Batid bien la mezcla.

3- Lo siguiente es mezclar el “mejunje” de huevo, mantequilla y azúcar con el chocolate fundido.

4- Ponemos leche en un plato hondo y vamos mojando en ella las galletas. Después de bañarlas en leche unos segundos, las metemos en el potingue de chocolate y las vamos colocando pegadas una a otra en la fuente o bandeja donde vayamos a presentar la tarta. Para mí, esta es la parte más difícil. Hay que evitar que las galletas se empapen mucho en la leche porque se quedan blandas y se deshacen. El aspecto en este momento no es muy bueno.

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5- Vamos colocando las galletas en la bandeja en la disposición que queramos y la cantidad de galletas que apetezca (depende de cuántas personas vayan a comer). Después, se utiliza el chocolate sobrante, que será bastante, para cubrir la tarta.

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En el primer bloque (locomotora) tendréis que poner otro bloque encima de galletas. Esto es lo que más me costó 😉

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6- Y ahora llega lo mejor, «cargar» o decorar los vagones con lo que más os apetezca (lacasitos, gominolas, regalices…) y poner las ruedas al tren.

Mi tarta de galletas y chocolate, un clásico en mi vida ;-) , en forma de tren.

El resultado es una tarta muy resultona y visual pero a la vez clásica. No es tan esponjosa como una con bizcocho pero, para mí, está mucho más rica. ¡A ver si alguna se anima a hacerla!

Cumpleaños infantiles o cómo acabar KO

Cumpleaños infantiles o cómo acabar KO

Ya sabéis que normalmente publico posts todos los lunes, normalmente los preparo ya el domingo por la noche pero, en esta ocasión, fue imposible. Hice mis intentos sentándome frente al ordenador e, incluso, llegué a descargar las fotos de la cámara pero mis ojos se cerraban y además ando con un trancazo de narices, así que no descanso por las noches. Y un fin de semana de eventos varios, con la traca final de la celebración del cumple de Alfonso con sus amigos, acabó dejándome exhausta.

Con el tiempo tuvimos una suerte tremenda, ni una gota de lluvia en los dos eventos. Mañana os cuento lo del Bautizo de mi sobrino.     

Al final, por poco que te compliques, siempre hay unas cuantas cosas de las que estar pendiente. Fijaos si no nos enredamos, que no dedicamos ni medio minuto al tema decoración; lo sé, soy dejada para esas cosas, también porque los niños de estas edades, más que las niñas, no lo valoran mucho. Y tampoco nos liamos a cocinar, intuimos que la barbacoa podía triunfar e hicimos mini hamburguesas y perritos calientes. Lo único a lo que dediqué tiempo fue a hacer una tarta con forma de tren y a preparar las bolsas de gominolas. Así que por la mañana no pasé más de hora y media en la cocina.

Mi tarta de galletas y chocolate, un clásico en mi vida ;-) , en forma de tren.

Mi tarta de galletas y chocolate, un clásico en mi vida 😉 , en forma de tren.

Eso sí, antes del evento no me dí cuenta de que el tener el jardín amplio con varias zonas donde poder jugar, me iba a hacer correr de vez en cuando y acabar con las piernas agotadas. Os pongo en situación: mi madre y dos de sus hermanas (mis tías) comparten jardín, por lo que la parcela es grande. Una de ellas tiene todavía niños pequeños (vamos, mis primos) y cerca de su casa hay una cama elástica. Pues ahí se iban grupos de niños a ratos, algunos obviamente necesitaban ayuda para ponerse los zapatos unas vez que terminaban con los saltos. Y al lado estaba el ping-pong, lo mismo les daba jugar con una pala de playa que con una raqueta de tenis, eso sí, bronca asegurada porque ya sabéis que todos quieren jugar a la vez.

Luego estaba la zona de una antigua cancha de tenis que ya no tiene ni red pero en la que pusimos una portería. Ésa parte la controlaba mi hermano Miguel y a los niños pudimos retenerles ahí un buen rato. Mientras tanto, una amiga mía entretenía a las niñas haciendo pulseras en la zona del garaje, que ya os dije que es más bien como una sala de juegos porque mi padre tiene allí de todo, así que también aparecían los niños por allí de vez en cuando a desmontar algo.

Después estaba la zona de la merienda, de la que Rafa se movía lo justo y cada poco había algún niño pidiendo bebida. Y además de controlar tres «territorios», ves que algunos cogen la bici o la moto del garaje y se tiran por alguna cuesta, previa discusión o manotazo entre ellos por ver de quién era el turno. Y yo iba traslandándome de sector en sector porque eso de no tenerlos concentrados a todos es un mismo espacio era algo parecido a la guerra. No me senté desde las 4 de la tarde hasta las 9 de la noche ni tres segundos. Obviamente, en días así olvidas que tienes un bombo, pero literalmente. Y todo esto con ayuda de más adultos, sino se me hubiera ido de las manos.

Las niñas haciendo pulseras eran minoría, 4 féminas frente a 10 varones. Un abismo entre ellos y ellas. Y si se cansaban del fútbol, no tenían problema en coger cualquier artilugio o juguete que encontraban por ahí. ¡Ah, bueno! que cuando te descuidas, están haciendo labores de jardinería; si no fuera porque el rastrillo es un peligro y todos lo querían, a más de uno le hubiese dejado recoger semejante cantidad de hojas 😉

Yo ya me veo juntando los cumples de mis hijos en unos años, que para algo son los dos de octubre. Esto es para hacer una vez al año, ¡qué barbaridad! ¿De dónde demonios sacan tanta energía? Eso sí, Alfonso feliz, tanto como agitado, que una cosa no quita la otra. Al final, a estas edades, es complicado organizar juegos como el pañuelo. Les llevas a un sitio que no conocen y claro, es mucho más entretenido indagar y probar todo lo que cae en sus manos. Dedidme que a partir de los 6-7 años ya se les puede controlar 😉

Os podéis imaginar que, aunque el regalo de los amigos sea comunitario, luego están los de los abuelos, el padrino, algunas amigas mías… porque en la foto faltan algunos. Lo que está claro es que de fútbol y coches no me libro en la vida 😉 Las botas y su primera equipación del Sporting con guantes de portero (ahora le da por esa posición,jaja) son lo más.

Cumpleaños infantiles, antes y ahora

Por primera vez me voy a enfrentar como madre a la organización de un cumpleaños infantil, pero de los de verdad. Hasta ahora, las celebraciones de los peques eran familiares; ya sabéis, con abuelos, tíos, primos y poco más. De esa manera, todo era bastante sencillo: encargar o hacer una tarta, unos sandwiches o tortillas, decorar un poquito la casa y ahí, más o menos, acaba la preparación. Aunque siempre hay profesionales para todo y se ve cada festejo por los mundos de internet y el famoseo…

Este fin de semana me enfrento al reto de entretener a 15 niños, la gran mayoría varones. Y para tal evento, queda descartado un piso, salvo que sea de un tamaño relevante. Por suerte, mis padres tienen jardín así que no lo dudamos y a los abuelos la idea les parece estupenda; la otra opción en Asturias es celebrarlo en un merendero porque aún el tiempo permite estar al aire libre. En esto, las cosas no han cambiado aunque observo que ahora se lleva mucho el tema ludotecas, donde lo pasan como los indios y además tienes animadores, pero yo no lo recuerdo cuando era pequeña. No sé si había menos, no había o es que yo tengo memoria de pez, ya me diréis vosotras si recordáis cumpleaños en espacios así cuando eráis pequeñas.

En cuanto a la convocatoria, el tema ha variado sustancialmente. Antes, o tu madre llamaba una a una al teléfono fijo de las casa de tus compañeros o llevabas invitaciones al colegio, lo cual ahora nos desaconsejan ya que, a estas edades, los niños que no están invitados se pueden sentir desplazados. Ahora, todo es tan fácil como crear un grupo de WhatsApp y vas mandando la información: hora de llegada, recogida, indicaciones del sitio… Lo más complicado es conseguir todos los números de móvil pero casi todas las madres tenemos el número de otra, y esa otra de otra…

¿Recordáis invitaciones de este tipo? Lo del WhatsApp es más inmediato y fácil pero entra nostalgia al ver las cosas que se van perdiendo.

Otra de las cosas que ha cambiado es el tema del regalo. Igual algunas me lleváis la contraria pero yo no recuerdo que en mi época se llevase lo de hacer un regalo comunitario. Hoy en día, con 10 euros, hay pocos juguetes que puedas comprar (¡maldito Euro!) mientras que antes con 1000 pesetas te daba para hacer un regalazo. Y eso que 10 euros son más de 1000 pelas. Ahora, las madres ponemos dinero, lo juntamos y esto nos permite, consultando a la mamá del cumpleañero por WhatsApp, hacer un regalo de mayor envergadura: desde una bici hasta una equipación de fútbol. Cosas que, a lo mejor, los padres no pueden comprar a los niños. Y a mí esta idea me encanta.

Y en cuanto a la celebración, poco más os puedo adelantar porque va a ser la primera vez así que la próxima semana os cuento todos los detalles y observaciones. Nos espera un fin de semana movidito que incluye el bautizo de mi sobrino así que, como veis, tengo temática de celebraciones para rato. ¿Alguna recomendación para sobrevivir al asalto de las fieras?

Cumpliendo años, ¿quién dijo fácil?

Cumpliendo años, ¿quién dijo fácil?

Hoy hace 4 años que Alfonso vino al mundo para transformar mi vida. Llegó en un parto inducido, relativamente corto siendo primeriza (5 horas) y sin dolor alguno gracias a la epidural (el postparto ya fue otra cosa). Lo recuerdo como un momento increíble, en el que me pareció que se paraba el mundo y no quería separarme de él. Desde entonces, viví en un continuo enamoramiento y tuve la suerte de que, cuando nació Rafa, nada cambió en él así que dupliqué mi amor de madre. Pero no voy a engañar a nadie, cada año que cumplen, los «problemas» también van aumentando.

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Celebrando sus cumpleaños

Cuando son bebés, te agota el no dormir bien, que si dar el pecho, que si luego no paran cuando empiezan a andar, que si rabietas sin sentido… pero da lo mismo, precisamente porque siguen siendo bebés a los que mimas de continuo y rara vez te puedes «pillar» un cabreo con ellos. Ésa fue mi situación con Alfonso los tres primeros años, se puede decir que tuve suerte porque con dos años otros ya tienen un carácter de narices y son más movidos, como le pasa a Rafa.

Por un lado, cuando van creciendo, ganas en comodidad; se pueden hacer más planes con ellos, tienen ya horarios y rutinas, dialogas cuando les pasa algo, cada vez son capaces de hacer más cosas solos y todo se va simplificando… ¿Todo? Bueno, casi todo. No nos engañemos, luego van llegando otras preocupaciones. Ayer mismo Alfonso pegó a un compañero de clase y no puedes hacer otra cosa que cabrearte y castigarle. Ya no hablamos de bebés, sino de niños que ya distinguen y saben perfectamente lo que está bien y lo que no, aunque les resulte difícil controlar sus emociones e impulsos.

Y esto no ha hecho nada más que empezar. Discusiones entre hermanos, en el colegio con amigos, que si no quiero ir aquí o allí, que si la profe me tiene manía, que si hoy nos han metido 5 goles y estoy de mal humor, que si no quiero estudiar, que si esta chica pasa de mí…y así, suma y sigue lo que nos espera. Para mí, este ha sido sin duda el año en que he notado que perdía cualquier ápice que tenía de bebé; y es que, cuando cumplen tres años, aún tienen cierta inocencia. A los cuatro, son ya niños, que te retan, que te ponen al límite, que van «independizándose» de alguna manera… aunque obviamente habrá niños más tranquilos que otros y no lo manifiesten de la misma forma.

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Cuatro años que han pasado en un suspiro.

Lo bueno que tenemos las madres es que vamos asumiendo todo esto como parte de sus vidas y de las nuestras. Que es cierto que les vemos cumplir años pero que, de alguna manera, siempre vemos a ese bebé que nos tuvo enamoradas. Y no es que no lo esté ahora, porque lo estaré toda mi vida de mis hijos, sencillamente es que ellos, poco a poco, van buscando la manera de «emanciparse», necesitan reafirmarse como personas que cada vez dependen menos de nosotros. Sé que es pronto para hablar de independencia pero es un proceso que, sin darnos cuenta, va llegando en pequeños gestos. En cualquier caso, nos lo pongan más o menos fácil, vamos a celebrar por todo lo alto que cumplen años y que están sanos. ¡Felicidades Alfonso!

Actividades extraescolares, ¿si o no?

Este curso, por primera vez, hemos apuntado a Alfonso a una actividad extraescolar. No lo hicimos en primero de Educación Infantil porque, por un lado, es de los que cumplen el último trimestre del año, por lo que empiezan el curso sin haber cumplido tres años; a estas edades, aún se perciben las diferencias entre los mayores y los pequeños de la clase. Y por otro lado, porque en su colegio tienen jornada partida, es decir, salen por la tarde, no a mediodía; meterle más horas de colegio, aunque fuesen actividades tranquilas, me parecía demasiado.

Este año hemos elegido fútbol, ¿por qué? Pues sencillamente porque lo está deseando con toda su alma. No hay, ahora mismo, nada con lo que disfrute más. Sale del cole y, antes de hablarme de cualquier actividad que ha hecho en clase, me narra alguna jugada o caída en el recreo jugando con la pelota. Se puede pasar diez minutos de reloj contando el envite futbolístico, con pelos y señales. Cualquier objeto en el suelo, independientemente de que su forma sea redonda o cuadrada, es susceptible de puntapié, lo cual me cabrea bastante y tengo que reñirle. Ya os podéis imaginar cuántas cosas relacionadas con el deporte rey pide para su cumpleaños, que es mañana. Lo sé, son básicos estos varones 😉 , pero como decimos en Asturias, «ye lo que hay».

El otro día colgué en IG esta foto de mis hijos metiéndose en medio de un partido en la calle entre niños mayores. No lo pueden evitar.

Puede que precisamente por todo esto, algunas penséis que quizás necesite cambiar de aires y que intente llevarle por otros derroteros pero la verdad es que, a esta edad, quiero que disfrute con la actividad que haga. Sé que también son años en los que el aprendizaje es bestial y, por tanto, tendría que aprovechar para apuntarle a inglés o música pero, con seis horas de clase al día, una de ellas siempre es taller de idioma, teatro, manualidades… creo que tiene bastante. En cualquier caso, entiendo perfectamente que otros padres elijáis actividades mucho más «didácticas» que el fútbol.

Además, hemos conseguido apuntarle a natación los sábados. Aunque lo pasa bien en la piscina, esto le va a gustar menos. Lo hago porque el verano que viene, con tres niños menores de cuatro años, necesito que se defienda en el agua. Puedo estar pendiente de todos pero no puedo mirarlos sin parar a los tres a la vez así que… la natación la elegimos por cuestiones de «seguridad», no tanto de entretenimiento. Y vosotras, ¿qué actividades elegís o elegirías para vuestros hijos en Educación Infantil?, ¿preferís deportes o tareas más tranquilas o artísticas?, ¿qué criterios seguís para la elección de una un otra cosa?

Se acabó el verano: el antes y el después.

Mañana día 23 de septiembre se acaba oficialmente el verano de 2014. Es cierto que los veranos, aunque tengan muchas cosas en común todos los años, también tienen otras que hacen que cada uno sea especial. Yo recordaré estos tres meses como un tiempo en el que me dí cuenta de la dificultad de criar dos hijos. No es que hasta ahora me pareciera fácil, pero reconozco que había sido muy llevadero. Durante los primeros meses de vida de Rafa, el mayor estaba en la guardería así que tuve tiempo para el pequeño; después llegaron las vacaciones pero Rafa aún no caminaba y Alfonso seguía siendo un bendito, por lo que la tranquilidad reinaba en casa. Luego llegó el cole para el mayor y, aunque fue un cambio grande y le costó, los peques sólo estaban juntos a partir de las 5 de la tarde así que se puede decir que…todo en orden. Y hasta aquí duró mi paz.

El día de la fiesta de fin de curso de Alfonso, el último día de relativa paz para mí

El día de la fiesta de fin de curso de Alfonso no sabía la que se me venía encima.

En junio de este año tenía de vacaciones a un niño que había pasado su primer curso en el cole, con su consecuente rebeldía, y un medio bebé que espabilaba a pasos agigantados. Para ellos, pasar 24 horas al día pegados era una novedad así que este verano ha sido el de su unión y, por supuesto, discusión. Y esto último, para mí ha significado que sea el verano del estrés (mucho me temo que va a haber unos cuantos más). Porque siempre quieren lo mismo; que uno coge la moto, el otro de repente también la quiere aunque hasta es momento ni se acordara, y si el mayor se sube al sofá, el pequeño, que no tiene edad para andar dando brincos, lo hace. Y el mayor, que ve como el pequeño se ríe con todas las chorradas que hace, no mide y piensa que está jugando con uno de sus compañeros de clase, con la diferencia de que el otro aún no tiene ni su destreza ni su fuerza… Luego pasa lo que pasa, que llega la primera visita a urgencias para coserle la ceja al pequeño.

Y todo esto, mientras tú tratas de hacer camas, dejar comida preparada y vestirles, que empieza a convertirse en una odisea cuando no quieren. Acabas con tal cabreo porque el mayor se niega a que le pongas el zapato, que lo lanzas (al zapato, no al niño 😉 ) a la otra punta del salón «amenazando» con que no irán a casa de los abuelos en un mes. No tienes tiempo ni para depilarte, porque cuando te «aprovechas» de tu padre, es por trabajo, ¡como para andar pidiendo que se quede más tiempo con los niños para otros menesteres! Y te los llevas hasta hacer las compras de la vuelta al cole y acabas casi con un ataque de ansiedad. Con sinceridad, ha habido días que he estado desbordada. Eso sí, a mí esto no me pilla por sorpresa porque he sido la hermana mayor con tres fierecillas por detrás que , de todo, menos tranquilos.

Y todo, mientras la barriga sigue creciendo y la movilidad decreciendo ;-)

Y todo, mientras la barriga sigue creciendo y la movilidad decreciendo 😉

Y mientras para mí ha sido un verano estresante (y no por ello ha dejado de ser también bonito), para Rafa estos meses han sido como un cursillo acelerado en absolutamente todo. Ese afán de imitación a su hermano que siempre tienen los pequeños, sumado a 24 horas al día pegados el uno al otro, le ha hecho tener una picardía que jamás tuvo Alfonso hasta hace bien poco. Pero para mí, el gran cambio de Rafa ha estado en el lenguaje. Ha pasado, con 20 meses, de decir medio centenar de palabras, y algunas a su manera, a hablar prácticamente todo con 23 meses que cumple hoy. Os aseguro que, a estas alturas, con Alfonso no teníamos una conversación con frases completas, que si «quiero agua fría», «quiero ir a casa abuelo», «a mimir con oso y pete (chupete)», «hasta luego», «mamá, dame toawa (toalla)» y palabras como «chiquitines», «malalenas (magdalenas)», «chaqueta», chacla (chancla)»…. De hecho, es capaz de repetir cualquier término (no científico o técnic0, claro) que le digas salvo pelota, a la cual está empeñado en llamar patata, y Alfonso, que es Atoto. Y por si alguien no me cree, dejé constancia en Instagram con este vídeo, que ya no e sólo lo que dice sino cómo lo dice.

Para Alfonso, éste no ha sido un verano de grandes cambios, ya que a estas edades empiezas a notar que los avances son más pequeños. Ver Oliver y Benji por primera vez ha supuesto que juegue al fútbol a cámara lenta, narre jugadas durante varios minutos y le haga zancadillas ficticias a su hermano. También ha sido el tiempo en que se ha hecho consciente de que va a tener otro hermano, supongo que al notar que mi barriga ha crecido. ¿Y que he hemos hecho para despedir el verano como Dios manda? Pues playa y más playa, y familia. ¿Cómo ha sido el verano para vuestros peques?, ¿ha sido especial en algún sentido?

Casi los últimos en irnos de la playa de San Lorenzo el sábado. Casi los primeros en llegar el domingo a la playa de Estaño, de la que ya os hablé en otro post.

 

Conversaciones sobre embarazo con un niño

Para mí, esto de tener un niño que es consciente de que en breve tendrá un hermanito, es toda una novedad. Cuando me quedé embarazada del segundo, Alfonso sólo tenía 15 meses, por lo que no se enteró de nada 😉 Es lo mismo que me pasa ahora con Rafa, que se dirige a mi barriga diciendo «bebé de mamá» porque se lo hemos contado, pero sé de sobra que no se «empapa» de la realidad del asunto. En cualquier caso, Alfonso está punto de cumplir 4 años, a lo que hay que añadir que no calla, por lo que tengo conversaciones con él completamente surrealistas sobre el ser que llevo dentro.

Algunos de los momentos de mayor lucidez los tiene en el baño, en concreto en el wc, haciendo sus necesidades (me va a matar si lee esto algún día 😉 ) Se ve que es un momento en el que me observa y le vienen ideas a la cabeza.

– ¿Cómo come el bebé?- me espeta. Y yo, que en vez de tirar de imaginación, intento ceñirme a la realidad, le contesté que lo hacía a través de un tubito que tengo dentro.

– ¿Come por la boca?- insiste. Le dije que sí para zanjar el asunto, entrar en el tema del cordón umbilical ya me parecía muy científico.

– ¿Y qué va a comer cuando nazca?- continúa.

– Pues leche que le va a dar mamá de aquí- le dije señalándome mi delantera. Tiré de sinceridad porque me verá y creo que eso le va a sorprender bastante, así que prefiero que vaya sabiendo cosas.

– ¿Tienes leche ahí?- pregunta sorprendido. Y yo, para concluir el tema, le pregunto si ha terminado de hacer sus cositas porque el crío se recrea con el momento wc y me podía estar entrevistando horas.

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Obviamente, hace ya tiempo que me hizo la famosa preguntita de ¿por dónde entró el bebé? Y a mí, como estas cosas me dejan descolocada, le dije que por un agujerito. Como veis, mi falta de imaginación es total, por no hablar de que pensé yo que el crío no se iba plantear el asunto. La siguiente pregunta fue ¿dónde esta el agujero? Y ahí más de lo mismo, intento acabar la conversación señalándome el ombligo, no vaya a ser que la liemos diciendo otro sitio, porque eso de que nosotras no tengamos «pirulina» le resulta extrañísimo, no entiende por dónde hacemos pipí. En serio, tengo un problema muy serio porque este niño todo lo quiere saber.

Y lo de ayer ya me pareció la leche. Le dejo tocar mi panza de vez en cuando para que vea cómo se mueve su hermanito y claro, me arriesgo a consultas complejas.

– ¿Gabriel (aún no decidimos el nombre nosotros y él lo tiene clarísimo) está tumbado?- me pregunta.

Y yo, en mi línea de sinceridad y falta de ingenio, le digo que está dentro de una bolsa con mucha agua, por lo que está flotando.

– Entonces, ¿sabe nadar?- continúa con el tema.

– No exactamente, es una bolsa pequeña y no se hunde, flota- le contesto.

– Pero mamá, ¿ y los manguitos?- y ahí yo ya muero de la risa. Pero qué se les vendrá a la cabeza, ¿se imaginará una pequeña piscina dentro de mi tripa?

Pero no os creáis que no quería seguir con la conversación… que si nada con la manos o con los pies, que si nos oye y bla, bla, bla… porque el caso es hablar y preguntar. Aunque entiendo perfectamente que este asunto les genere muchísima curiosidad. Al fin y al cabo, son tan monos que no nos ven gordas en semejante estado, por lo que la historieta ésta de que tenemos un bebé en la barriga les tiene que resultar completamente descabellada. Y vuestros niños, ¿qué preguntas hacen o hacían cuando estabais embarazadas vosotras o alguien de vuestro entorno? En cualquier caso, me divierte y me encanta que sea consciente de lo que pasa, aunque le cueste entenderlo. Y me fascina que le hable a su futuro hermanito y que le de besos a mi panza.