Niños temerarios

Niños temerarios

No tenía pensado escribir sobre esto pero una foto en Instagram de mi hijo Rafa haciendo una de las suyas me abrió los ojos y me di cuenta que este «personaje» merece un post especial. Eso sí, primero aclaro que a los niños, según su comportamiento, les clasifico en tres grupos. Por un lado, están los chiquillos tranquilos, que creo que no son más del 10% de la población infantil mundial. Por supuesto, no son estadísticas de ningún estudio sino fruto de mi observación. Sencillamente, es que por cada 9 niños moviditos que veo, sólo diviso uno manso. En este grupo englobaría a Rafa en su primer año de vida, porque era un santo, y a Alfonso, en sus casi primeros tres años de existencia, porque también rozaba la santidad.

Cuando Alfonso y Rafa estaban en su época tranquila.

Cuando Alfonso y Rafa estaban en su época tranquila.

Luego está el grupo de los traviesos, llámense como queráis: revoltosos, movidos, inquietos, pillos… Y aquí están la gran mayoría de niños del planeta, en torno a un 80%, nada más y nada menos. En este clan mayoritario incluyo a Alfonso en este momento de su vida. Son críos que rara vez están parados pero que no suelen montar ninguna trastada de las gordas. Para mí, sin duda, forman parte del mejor grupo. Es cierto que hay momentos en los que nos gustaría tener un hijo de esos que está sentado tranquilamente en un restaurante, o que no «monta un pollo» por estar colocado en la sillita pero, sinceramente, se agradece que tengan cierto descaro.

Y luego está el grupo de los niños temerarios; ésos que, no sólo no paran, sino que además te tienen continuamente en un «sinvivir» porque nunca tienen una ocurrencia buena. Aquí incluyo al pieza de Rafa. Esta situación no me pilla de nuevas porque he sobrevivido a tres hermanos rozando el grado de «terroristas» 😉 Este sábado, mientras maridín y Alfonso estaban en natación, yo me quedé en casa con los otros dos y aprovechaba para organizar y adecentar el hogar. De repente, vi que Rafa venía a contarme una batalla de las suyas con un bote de lápices vacío en las manos. Caí en la cuenta de que ese objeto no estaba precisamente a su alcance.

Así que me lo llevé a la «escena del crimen» y le pregunté si se había subido en la mesa de cristal. Lo bueno que tiene este crío es que dice la verdad cuando le preguntas (aunque también se inventa cosas no reales). La respuesta fue obvia: sí. Se había subido a una silla para  ascender a una mesa de cristal (peligro total) y de ahí a una estantería. Teniendo en cuenta que pesa 16 kilos y que es bastante torpe, la cosa podía haber terminado muy mal. Por supuesto, esa mañana decidí no meterme en la ducha hasta que llegó el padre de las criaturas.

Esa misma mañana, también le descubrí metido en la minicuna de Gabriel, aunque el bebé no estaba dentro. Fue otra de las razones por las que desistí en mi intento de entrar al baño a ducharme.

La foto que colgué en Instagram mostraba una situación que, a posteriori, es bastante divertida. Y digo a posteriori, porque en el momento no te hace ninguna gracia. El crío se metió en la ducha para esconderse por la noche antes de lavarse los dientes; cuando me lo encontré allí, me pareció gracioso y le hice una foto. Me di la vuelta y oí el agua. El resto os lo imagináis: cambio de pijama, secado de pelo… vamos, que en ese instante te acuerdas de la madre que lo parió, es decir, servidora. Pero luego, te ríes. ¿En qué grupo están vuestros peques?

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El inconveniente de tener varios hijos

Mientras yo estaba ingresada en el hospital tras el nacimiento de Gabriel, en otro lugar de Gijón, Alfonso marcaba su primer gol con el equipo del cole. Yo, que siempre había ido a todos los partidos y que estaba en todos los entrenamientos, me perdí ese momento. Me alegré muchísimo, sobre todo cuando él me lo contó, por teléfono, con muchísima emoción. Pero aquel día comprendí que, inevitablemente, tendría que perderme algunas cosas y me dio pena. Gabriel ha cumplido dos meses y me he dado cuenta de que, ni puedo multiplicar el tiempo, ni dividirme y estar en varios sitios a la vez. Que conste que lo intento y casi, casi, lo consigo 😉

Así me ocurre muchas veces, que cuando llego a todo, lo hago muy justita. Y entonces, me vienen decenas de situaciones en las que alguno de mis hijos «sale perdiendo». Si una toma del peque toca justo antes de tener que salir de casa a recoger a los otros dos al cole y guardería, no me queda más remedio que darle un bibe rápidamente ya que con el pecho podemos eternizarnos y estar casi una hora. Así que el pobre Gabriel lleva un ritmo frenético. Me pasa algo parecido cuando Rafa tiene natación con la guardería; para que las profes no tengan que vestir a todos los niños, muchos padres, madres o abuelos vamos a ayudar. Así que más de una vez he tenido que darle un bibe a toda velocidad a Gabriel para salir de casa pronto por la mañana. Esto de que todavía no tenga horarios es lo que tiene, cero planificación.

El tema del fútbol también da para mucho. Cuando hay partido o entrenamiento de Alfonso, es decir, dos o tres días a la semana, con estas temperaturas yo no puedo sacar la pechera a airear; que igual algunas no tienen problema pero el frío y yo tenemos cualquier cosa menos un idilio y voy vestida que podría perfectamente pasar por esquimal. En cualquier caso, y a lo que voy con el ejemplo, es que todos, sin saberlo, sacrifican algo; y vamos los cuatro a todos lados aunque eso implique sacar a un bebé de casa con frío. Ya lo dije en otro post, intento que unos hermanos condicionen lo menos posible los ritmos y planes de los otros.

Y si en un partido yo tengo que estar pendiente de que Rafa no entre a molestar, comprenderéis que no me entero muy bien de las jugadas. Así que, si marca Alfonso, ya le veo directamente celebrándolo y del gol ni me «cosco». Nuevamente, me pierdo algo. Son cosas sin demasiada importancia pero no deja de ser cierto que, si tienes un solo hijo, puedes dedicarle más tiempo y, por supuesto, mayor atención.

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Sé que me miran cuando aparezco en cualquier sitio con los tres y no os voy a negar que voy por la vida corriendo. No tendría por qué estar en todos sitios pero quiero estar. Ésa es la gran desventaja de tener varios hijos, que tengo que sacrificar unas cosas de unos por los otros. Lo noté algo con dos hijos; sin embargo, con tres niños, esta sensación se dispara. Pero ¿sabéis lo que me dijo Alfonso el otro día? «Mamá, tú eres muy buena porque haces muchas cosas por nosotros». Me quedé helada ya que no creí que él fuese consciente del ritmo que llevo por intentar estar en todas partes. En cualquier caso, los contras no superan los pros de todo lo que me aporta tener varios niños y, como ya os conté en otros posts, creo que ellos también ganan teniendo hermanos. ¿Habéis sentido alguna vez que no teníais tiempo suficiente para cada uno de vuestros hijos?

Por cierto, la ganadora del sorteo de un vinilo es Nakary González, ¡enhorabuena!

Miedos y otras fobias infantiles

Miedos y otras fobias infantiles

Creo que no hago ningún descubrimiento al decir que casi todos los niños tienen miedo a algo. Y me refiero a niños, no a bebés. Vamos, ahora mismo preferiría dejar en brazos de Papá Noel a Gabriel antes que a Alfonso. Sí, porque los bebés, y no hace falta que sean tan pequeños como el que tengo en casa, no suelen tener miedo a casi nada. Vamos, que gatean y no hacen otra cosa que ir a los sitios más peligrosos mientras que, con la edad, van «cogiendo respeto» a según qué situaciones. En cualquier caso, lo de mis hijos mayores es ya algo patológico. Sí, Alfonso y Rafa tienen miedo al ruido y, claro, eso implica muchas cosas. Eso sí, ellos ya pueden hablar y gritar a mil decibelios que eso no les molesta en absoluto.

La última coyuntura en la que el temor les paralizó fue el viernes pasado durante un partido de fútbol de Alfonso. Allí estábamos la «family» al completo chupando frío (a cubierto pero en exterior) en uno de esos días en lo que cayeron chuzos de punta y los rayos y truenos daban pavor. Vamos, con deciros que yo me había puesto hasta calcetines térmicos… De repente, empezó a caer una granizada del demonio y la cubierta de chapa de la pista de fútbol hacía un ruido un tanto atronador pero tampoco como para que uno de mis hijos se pusiera a llorar y el otro se tapara los oídos.Ver a un portero con las manos pegadas a las orejas resulta extraño 😉

A Alfonso le dije que la cubierta de la pista era vieja y por eso hacía mucho ruido y más o menos se tranquilizó. Eso hasta que sonó un trueno tremendo y el pobre salió corriendo y llorando de la pista para subirse a los brazos de su padre. Los demás niños se quedaron un poco paralizados pero ninguno se fue del campo cual torbellino. Menos mal que quedaban sólo unos minutos de partido. Y mientras tanto, Rafa lloraba en brazos de mi padre. Se pasó el partido entero diciendo «llueve mucho» y «Rafa asustan truenos». Una vez, nos dijeron en la guardería que el niño es «constante» cuando quiere algo. No, la palabra para definir al niño es pesado 😉 Y cuando se le mete algo en la cabeza puede pasarse media hora diciendo lo mismo. No exagero. Pero ni un pelo estoy adornando esto de que el niño repite las cosas.

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Cara de susto previa a la tragedia al notar que suben los decibelios hace un año y medio…

 

Lo del miedo de mis hijos ya no me sorprende, no me impactan sus reacciones porque les pasa a menudo. En verano, cada vez que vamos a una fiesta de prao y hay voladores, ya tenemos el drama montado y hay veces que hay que alejarse del «peligro» para hacer terapia. Por no hablar del hecho de que Alfonso no quiera ir al estadio de fútbol a ver al Sporting porque le da miedo. Lo dice abiertamente: es que la gente grita. Fue una vez hace más de un año y aún lo tiene en mente, no hemos vuelto. Y yo tengo en la cabeza la de veces que me pedía ir al baño con tal de no tener gente gritando alrededor.

Y Rafa más de lo mismo en según qué sitios. Es entrar en los típicos salones del niño (tipo Mercaplana) y querer salir huyendo. O en sitios donde hay muchas atracciones. En la Semana Negra de Gijón el verano pasado, su cara era un poema. En fin, no sé a quién han salido estos niños porque servidora, de temerosa, no tenía nada de pequeña. Y los vuestros, ¿a qué tienen miedo?

Recordad que seguimos de sorteo hasta el domingo.

Culo veo, culo quiero

Culo veo, culo quiero

La semana pasada hice una observación en mis hijos que me dejó un tanto perpleja. Bueno, fue en concreto Rafa el que me dejó alucinada. La situación era la siguiente: los niños acababan de cenar y uno estaba con su vaso de leche y el otro con su biberón. Alfonso cogía su taza y bebía e, inmediatamente después, Rafa cogía el bibe y hacía lo mismo. Alfonso posaba su vaso en la mesa, Rafa repetía la operación. Es decir, el ritmo de Rafa para tomar el biberón dependía del compás de su hermano para beber el vaso de leche. Y pensé «¿pero hasta en esto le copia?, ¿cómo es posible?» Vamos, que ya os podéis esmerar en educar bien a vuestros primogénitos porque los segundos no os van a hacer ni puñetero caso, simplemente van a imitar a los mayores.

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Hace un año, cuando los dos tomaban bibe en el desayuno

 

Ya desde bebé, Rafa seguía con la mirada a su hermano en cuanto le veía, o giraba la cabeza cuando le oía para buscarle. Y en cuanto empezó a andar, sus pasos siempre iban tras los de Alfonso. Si el mayor quiere un juguete, ya tenemos lío montado porque Rafa, aunque esté super concentrado en otra cosa, también quiere el cachivache. Pues bien, hasta ahí todo lógico. Lo que pasa que esto empieza a ser obsesivo y temo seriamente por la salud mental de alguno de los dos 😉 La del mayor porque empiece a sentir que tiene una sombra de continuo; la del pequeño porque no sepa vivir sin el otro.

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¿Que Alfonso va a evacuar al baño? Allá que va el otro de acompañamiento. Cierto es que los niños tienen un punto escatológico que yo nunca he logrado entender. Alfonso informa con su ya tradicional «me hago caca» y ahora el peque, además de escoltarle, también me avisa y me dice que él también. Y aún lleva pañal. ¿Que Alfonso se aburre con los coches y quiere pintar? pues obvio, el otro también. Pero es que además no se corta un pelo, dice el mayor la frase y el peque (ahora mediano) la repite.

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¿Que Alfonso dice que tiene frío y se mete las manos en los bolsillos? Pues Rafa también.

Y además tenemos un problema porque los dos son especialmente habladores, por no decir otra cosa. Y si Alfonso te narra una de esas jugadas futbolísticas con todo detalle, Rafa directamente le «pisa» el discurso y se monta una película particular en la que incluye nombres de los compañeros de clase de Alfonso porque el otro los acaba de mencionar. Y yo me vuelvo loca porque el mayor interrumpe su parrafada para reñir a su hermano por no dejarle hablar y Rafa empieza «Asosooooooo» (Alfonso). Y aparte de volverme loca, me muero de la risa pero tengo que poner cara de seriedad ante la discusión. Y si Alfonso se tira al suelo jugando al fútbol, el otro también… aunque no haya habido contacto físico 😉

Y al final, nos pasamos el día diciéndole al mayor que haga algo si queremos que el otro lo haga también. Y viceversa, le pedimos que no haga determinadas cosas para que Rafa no las haga. Lo sé, los mayores vivimos con demasiada presión 😉 Pero, ¿sabéis lo mejor? Que siempre quieren lo mismo salvo cuando nos subimos al coche. Rafa nos pide «Lalala» (Vivir la vida de Marc Anthony) o «Bailando» (Enrique Iglesias) mientras Alfonso exige «la número tres» del CD (de Chayanne) o «Life» (This is Love, this is life de Bon Jovi). Y ya se monta el lío. En fin, ¿qué queréis que os diga? No hay nada que influya más que un hermano, ¿no os parece?

No tengas un bebé… en Navidad

No tengas un bebé… en Navidad

Que yo sé que esto de los embarazos no se puede planificar con exactitud; mes arriba, mes abajo y bien, puede que te acerques un poco a la época que mejor te venga por motivos laborales, familiares o lo que sea. Pero atinar con la fecha debe ser algo complicado. Lo que tengo claro es que dar a luz a las puertas de la Navidad o en plenas fiestas es una locura. Puede que muchas penséis que es muy bonito tener un bebé en estas fechas… pues no. Tener un churumbel es bonito siempre pero se disfruta más en épocas de tranquilidad, sin festejos, sin trasnoches y… sin comilonas. Desde luego, esta es la lista de cosas que no apetecen cuando tienes un recién nacido en casa:

1. Posibles viajes: No habían pasado tres semanas desde que había dado a luz y ya estaba haciendo las maletas para pasar parte de estas fechas con la familia política. Lo sé, a muchas no se os pasaría por la cabeza pero yo soy así de buena con maridín. Evidentemente, cuando acabas de parir, te apetece estar en tu casa.

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Pues eso, que me gusta Zaragoza pero hubiera preferido ir con un bebé de dos o tres meses (no de días) como me pasó con Alfonso y Rafa en su momento.

 

2. Cenas, comidas y eventos varios: teniendo en cuenta que las primeras semanas de vida de una criatura es casi imposible tener ningún tipo de rutina, es complicado llegar a la hora a determinados acontecimientos. ¿Cómo os lo explicaría? El lunes día 5, víspera de Reyes, nos invitó una prima de mi madre, que adora a los niños, a ver desde su casa la llegada de los Magos en helicóptero a la playa. ¿Y a qué hora llegaban? Pues a las 11 de la mañana. ¿Cómo se sale de casa a las 10:15 de la mañana con tres criaturas? No lo sé, porque Alfonso directamente durmió la noche anterior en casa de mis padres. Yo me veía incapaz de vestir tres niños, dar el pecho a uno, los desayunos a otros, ducharme yo…. Así que bastante conseguí al salir a esas horas de casa con dos; por no hablar del momento en que te encuentras que el ascensor no funciona y tienes que bajar 5 pisos con la sillita. Sudar es poco…

No lo puedo evitar, nunca quiero perderme nada y no quiero que los mayores dejen de hacer algo porque haya un bebé en casa, ¡nos adaptamos unos a otros! Y este momento merece cualquier esfuerzo. Foto de El Comercio

 

3. Inflarse a comer: que ahora mismo me sobren más kilos que hace 15 días, cuando el parto era más reciente, no me mola nada. Sí, esto es lo que pasa cuando das a luz antes de estas fechas, que estás mejor recién parida que pasadas las Navidades. Es duro 😉

4. Ponerse vestidos: creo que, por primera vez en mi vida, no llevé un vestido en Nochevieja. La lactancia complica un poco el tema vestimenta, a lo que se suma que las carnes, sobre todo las abdominales, están blandas. Mucho mejor un pantalón que sujete bien la tripilla y una blusa, fácil para sacar la pechera cuando sea necesario. Que conste que yo para eso siempre busco intimidad pero, aún así, lo del vestido es poco práctico.

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Una blusina, pantalón y unos tacones y apañamos el look divinamente 😉

 

5. Dar el pecho: alimentar a la criaturilla en plena Cabalgata, en las Campanadas o en medio de una maratón de compras navideñas se complica seriamente. En mi caso, aproveché esos momentos, si coincidía que el peque tenía hambre, para dar bibes. Ya os he comentado que tengo pendiente un post para contaros el tema de mi lactancia pero aún estoy con las matronas indagando.

6. Tener a los niños de vacaciones: y para rematar, cuando no es el primer hijo, tienes a los otros de recreo, siempre merodeando como satélites, con una agitación superior a los días de cole y guardería, tomándote por el «pito del sereno»… Esto merece un post aparte; señoras, no es lo mismo dos que tres, pero vamos, hay un abismo, créanme.

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Pues si ya con tres he tenido los días completitos, imaginaos con cuatro. Alfonso, Rafa y Gabriel con su primo Jorge.

 

En fin, ya sabéis como son estas fechas, una vorágine de eventos, comidas y compras que complica bastante cualquier intento de rutina o descanso. Que mira que disfruto de la Navidad pero, este año, necesitaba que terminase. En cualquier caso, los bebés llegan cuando llegan y son siempre bienvenidos. Aún así, creo que hay épocas mejores para dar a luz y no es lo mismo un primer hijo que un segundo, tercero... Yo desde luego, prefiero la tranquilidad de la época en la que di a luz a Alfonso y Rafa. ¿En qué mes nacieron vuestros peques?, ¿qué ventajas o desventajas encontrasteis?

Vacaciones en casa ajena

Casi todo en la vida tiene su parte buena y su lado malo pero es obvio que lo interesante es quedarse con lo positivo y aprender de lo negativo para evitarlo en futuras ocasiones. Como veis, me he puesto un poco filosófica, parece que me voy a poner a hablar de cosas muy profundas y ¡nada más lejos de la realidad! De hecho, irse de vacaciones y meterse en casa de tus padres o suegros a muchas os sonará. Y como todo, tiene pros y contras. Empecemos por los últimos:

1. Los niños se alteran: las vacaciones de por sí ya les perturban bastante pero si a eso le sumas irte a casa de algún familiar, aquello es el «no va más». Alfonso se pasó la semana en Zaragoza como una moto; a Rafa lo que le ocurre es que se vuelve irascible, algo así como la niña del exorcista.

Ahí veis a Alfonso, fuera de sí con sus primas riéndole las gracias. Y aunque Rafa esté sonriendo, os aseguró que pasó más tiempo protestando.

 

2. Los niños te toman por el «pito del sereno»: De repente, no sabes qué fuerza extraña les invade pero no quieren comer lo que engullen habitualmente y directamente llaman a sus abuelos cuando quieren conseguir algo, vamos, es que ni te miran cuando persiguen un objetivo. En fin, que Rafa rechace unas lentejas es como para ponerse de los nervios.

3. Los niños se ponen malos: no falla, tienen un radar para eso. Es oler las vacaciones y pasa algo. Por primera vez, Rafa tuvo conjuntivitis y, algún que otro día, décimas de fiebre. Mientras tanto, Alfonso cogió una buena tos, ¡y mira que desde febrero no se ponía malo de nada! Y yo cruzando los dedos y rezando todas las oraciones para que Gabriel sobreviviese a todos los virus. Porque además, mi cuñado estaba con gastroenteritis, los hijos de nuestro amigos con fiebre… Pero Gabriel ha vuelto sano y salvo a Gijón, es un superviviente a los microorganismos… y al frío de Zaragoza.

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De esta guisa íbamos con los pequeñuelos. Vale, no todos los días hizo tanto frío pero cuando les hice la foto, los termómetros marcaban 0 grados.

 

4. Hay que tener orden: cuando estás en casa ajena, no puedes dejar los coches y las piezas de lego por ahí. Más que nada porque, aunque tú ya estés acostumbrada a ir saltando por tu casa, los demás no. Y porque si tú pisas cualquiera de eso objetos, ya tienes el pie acorazado y acostumbrado, por lo que el dolor es soportable. Pero no, ni tus padres ni tus suegros podrían soportar tal envite.

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Teniendo en cuenta que te vas con la casa a cuestas, ¡qué menos que tenerlo ordenado! Y como veis, maridín es experto en organización del espacio.

 

Pero no todo va a ser malo. Alojarte en casa de tus suegros, en mi caso, tiene sus cosas positivas. Yo no me puedo quejar porque me tratan muy bien aunque es obvio que, como decía Dorita en «El Mago de Oz»: se está mejor en casa que en ningún sitio. Vamos allá:

1. Tienes ayuda con los niños: Ya os podéis imaginar cuál es mi percal mañanero con Alfonso y Rafa de vacaciones estos días. Preparar desayunos a unos, dar el pecho al otro, vestirles a todos, ducharme, volver a dar el pecho, cocinar, hacer camas… Así que, si tienes quien te ayude con esas labores, la mañana no será como subir el Everest.

2. Ni cocinas ni limpias: Estar en casa de nuestras madres o suegras implica olvidarse de ciertas tareas; ya sabéis lo mucho que les gusta aprovechar las visitas para preparar suculentas comidas. Supongo que no todas son iguales, pero la madre que parió a maridín no deja que hagamos nada, lo cual no quiere decir que yo no eche una mano a la hora de poner la mesa o recoger platos pero vamos, enseguida me «obliga» a sentarme de nuevo.

3. Vacaciones baratas: pues sí, te vas una semana y te dejas el dinero en gasolina y peajes pero una vez llegas a tu destino, tus padres o suegros, invitan a todo o casi todo. Y no sólo eso, sino que además, amigos de la familia te dan algunos eurillos para que le compres algo al recién nacido.

Y hasta aquí la lista de ventajas y desventajas de meterte en casa de la suegra. Como veis, no es que me motive el tema de que los niños se alteren porque la que se altera después soy yo, pero por otro lado, la ayuda y olvidarme de ciertas tareas, me ha tenido menos agobiada. Y a vosotras, ¿os agobia pasar las vacaciones en casa de familiares o, por el contrario, os tranquiliza el desentenderos de ciertas labores? Por cierto, si vais a Zaragoza en estas fechas con niños tenéis que:

Ir a Neverland, en Puerto Venecia, el centro comercial más grande de Europa. Preparaos para que cada atracción os deje el bolsillo temblando. Subir en el tranvía.
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Ir a la plaza del Pilar a ver el mercadillo.

Allí podréis ver un Belén enorme y esta pista para atrevidos.

 

Cuando los hermanos se conocen

Cuando los hermanos se conocen

Desde que Gabriel entró por la puerta de casa, el proceder de Alfonso y Rafa con él sólo se puede describir de una manera: acoso y derribo. No puedo decir que esto me haya sorprendido; eso de haber tenido un sobrino hace unos meses y ver cómo se abalanzan sobre él cada vez que le ven, me había puesto sobre aviso. Lo único que espero es que la emoción se les vaya pasando poco a poco, porque veo que corre peligro la integridad física del pequeño.

Su primer contacto fue en el hospital, pero se trató de un encuentro furtivo ya que no dejan entrar niños en la planta de maternidad. Como tuve la suerte de no compartir habitación y que además fuera la primera estancia según sales del ascensor, maridín hizo una pequeña incursión con ellos. La tranquilidad y el silencio duraron dos minutos, el tiempo que tardó Rafa en comerse un donut (que obviamente era para mí). En cualquier caso, se mostraron entusiasmados y no querían hacer otra cosa más que tocar a Gabriel. Pero insisto, el encuentro fue de lo más breve porque estaban de “ilegales”.

El primer acercamiento en casa fue más efusivo aún. Rafa empezó a tirar de la manta que envolvía al bebé y me exigió, porque Rafa sólo habla en tono exclamativo o interrogativo, que me agachase para «dar besín». Y así, entre mimos y besos, fue recibido Gabriel por sus dos hermanos, que también tienen la santa manía de tocarle la cabeza.El tema de los celos reconozco que no me preocupa ahora, ya viví esta situación hace dos años al nacer Rafa y no hubo ningún problema. Creo que los niños pequeños no ven en un recién nacido mucha competencia, al fin y al cabo, hacen poca cosa. Pero me imagino que habrá casos de todo tipo. Yo misma tengo una foto en la que aparezco con morritos cuando conocí a mis hermanos mellizos, ¡anda que no sabía yo la que se me venía encima!

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Apasionado momento cuando llegaron a casa y se encontraron con su nuevo hermano.

Alfonso ya ha adquirido totalmente su papel de hermano mayor y reconozco que en él no me sorprende, tiene ya muchas tablas con Rafa y ha desarrollado una virtud muy importante: la paciencia. Pero el que me llama la atención es el mediano, sencillamente porque, con dos años, lo normal es que les atraigan los niños más mayores y, sin embargo, siente una fascinación irrefrenable por los bebés. Pide jugar con él y sufre cada vez que oye el llanto de Gabriel y nos llama con verdadera sensación de agobio: “Gabel tá llorando”.

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Y ésta es una de sus primera fotos juntos. No les puedo querer más.

Ahora, las «peleas» en casa no son sólo por los juguetes; como uno diga que quiere coger al bebé, el otro va raudo y veloz a pedir lo mismo, como si fuera un muñeco. Y así estamos, con pies de plomo porque son muy pequeños para saber qué pueden o no hacer con el churumbel. Cuando me descuido, Rafa está asomado a la minicuna para tocarle, pero vamos, que le podría dar por meterle un mendrugo de pan en la boca. Las que tenéis más de un hijo, ¿cómo fue el momento en que se conocieron?

¿Por qué destrozan la ropa los niños?

¿Por qué destrozan la ropa los niños?

A ver, toda la vida pensando que tener una hija era sinónimo de tener que gastarse más dinero en modelitos por aquello de que son más coquetas, y resulta que tengo una máquina de destruir ropa en casa. Vamos, que por ahora me libro de discutir con Alfonso sobre qué se pone o no porque parece que no le da mucha importancia pero de lo que no me escaqueo es de dejarme un pastizal en calzado y ropa. Mira que estaba yo contenta porque el curso pasado sólo necesitó un par de zapatos para el cole y otro par de playeros para el chándal, que acabó impoluto. Pero no sé exactamente que hace ahora que, por lo visto no hacía antes, que la cosa se ha vuelto sobrecogedora. Porque oye, los demás niños tienen sus zapatos o sus pantalones «cascaos» pero yo no he visto semejante destrozo.

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Aspecto actual de su chándal del cole y sus playeros. No sé si servicios sociales intervendrá en algún momento 😉

Para llegar a este punto desde septiembre, los pasos han sido los siguientes:

1. Primera semana de colegio: Aparecen los primeros agujeros en la zona de las rodillas. ¿Solución? Ponerle rodilleras de las que se planchan.

2. Segunda semana: las rodilleras se han despegado por lo que los agujeros se vuelven a  hacer visibles y además se han vuelto más grandes. ¿Remedio? Coger aguja e hilo y coser las rodilleras al pantalón.

3. Tercera semana: las rodilleras se han descosido y, de paso, desgarran el chándal. ¿Conclusión? Encargar un chándal nuevo en el cole, ya que este año han cambiado el modelo y aún no está en tiendas. Pero mientras llega, el niño va de esa guisa y cualquier día me detienen. Los playeros de la imagen son los segundos de este curso. Cierto es que ni son de marca ni ná.

Así que hoy mismo estrena unos de Adidas que compré en Decathlon, aunque sinceramente, yo ya no tengo esperanzas de ningún tipo en que vayan a sobrevivir más allá de las Navidades. Con los zapatos del cole estamos igual, que hay que comprar ya unos nuevos. Los de la marca Velilla han aguantado la mitad del curso anterior y un mes de éste nuevo, vamos, hasta octubre. He oído hablar bien de Superga y dicen también que los de Pablosky aguantan lo suyo pero baratos no son, por eso desde aquí pido colaboración.

Así que que en éstas estamos. Que si hay que gastarse el dinero en unos zapatos o playeros, me lo gasto; visto lo visto, no queda otra. Pero lo que no quiero es gastarme los euros en marcas para acabar igual así que acepto sugerencias. ¿Alguna marca que os haya dado muy buen resultado?, ¿creéis que el zapato o playero debe estar hecho de algún material especial? porque las botas de fútbol aguantan muchísimo mejor…. Si encuentro algo que aguante el ritmo de Alfonso, que no tengo muy claro qué demonios hace para acabar por el suelo todos los días, seré la mujer más feliz del mundo. Recordad que detrás de él vienen otros dos varones  y no ha economía que mantenga esto 😉

Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

Tranquilas, no os voy a narrar en el blog cada uno de los partidos de fútbol que juegue Alfonso; tengo amor de madre pero no formo parte del grupo de mamás «torturadoras» que cuentan todas las hazañas de sus hijos como si fueran sobrenaturales. Ya soy lo suficientemente pesada con el blog, pero de algo tengo que escribir. A lo que íbamos… ya sabéis cómo es el tema de «las primeras veces». Si cuando les ves gatear, o dar un paso, o aplaudir por primera vez, nos emocionamos, pues imaginaos cuando ya son hombrecitos que viven de forma totalmente consciente todo ese proceso de «la primera vez que…» y son los que se inquietan con tal acontecimiento.

El primer partido de fútbol de tu primer hijo (y digo «primero» porque con el tercero seguramente no será igual, así de dura es la vida 😉 ) es uno de esos eventos al que no falta ningún padre; y si hace falta, se pide la tarde libre en el trabajo. Por supuesto, todo el mundo lleva el móvil o cámara para hacer fotos e, incluso, en nuestro equipo tuvimos operador de cámara que grabó el partido. Los niños ya amanecen por la mañana emocionados diciendo que van a marcar un montón de goles y están nerviosos por estrenar la equipación del cole.

Esta primera vez nos tocó ir como visitantes. Empieza nuestro recorrido por todos los colegios de Gijón, me voy a hacer una experta con tres varones 😉

Y aquí empieza la crónica. Comencemos con el resultado para que os hagais una idea: 8-1 a favor del equipo contrario. Quizás ellos fueran buenos pero… es que los nuestros marcaron ¡4 goles en propia puerta! Los pobrecitos no se enteraban muy bien del asunto, nos han dicho que suele pasar en los primeros partidos. Los entrenamientos los hacen en una sola portería y claro, de repente, les ponen ahí en un campo entero que para ellos es como el de Oliver y Benji, más largo que la muralla china, y lógicamente están un poco confundidos. Y menos mal que no les cambian de área en el descanso, si no aquello hubiera sido un espectáculo.

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Con su peto de portero. Esa cara es de antes de empezar el partido.

Alfonso jugó la primera parte de guardameta, que por lo visto se le da bien. Pero cuando tienes uno de esos niños con facilidad para la lágrima y para la risa, es decir, muy sensible, tienes un problema. Porque cuando le marcaron el tercer gol, ya lo teníamos llorando, y cuando hacía una parada, se emocionaba tanto que no se daba cuenta de que los del equipo contrario seguían atacando y maridín, que estaba al lado del poste, le avisaba para que no se despistara. Pobrecillo, que conste que le metieron cuatro goles pero hizo varias paradas.  Luego están los niños que aún no han entendido el concepto «football», es decir, balonpié. Vamos, que a alguno que otro cogía el balón con la mano para colocarlo, yo me partía. No puedo negar que los padres nos reímos mucho.

Las hermanas de algunos compañeros de Alfonso cuidando de Rafa que, obviamente, en algún momento del partido, entraba a la pista.

Sobre el equipo contrario, noté que se tomaban más en serio el asunto. Nuestro entrenador tiene unos 18 años y su tono de voz siempre es el mismo, y eso cuando habla. El preparador del otro grupo era ya un señor, no se puede decir que gritara a lo bestia pero, a mí personalmente, para niños de 4 años no me parecía el tono más adecuado. Y por otro lado, me extrañó que tres niños le sacaran una altura considerable a Alfonso cuando éste está en un percentil del 97% pero oye, habrá que fiarse 😉  De todas maneras, como para ellos esto es simplemente un deporte con el que divertirse, pues como si juegan contra niños de 7 años.

Foto final después del partido. Alfonso aún no había tenido suficiente y quería seguir jugando, vamos, es que no suelta el balón. Y como veis, es de los altos del equipo.

Y hasta aquí la crónica del primer partido; no tengo muy claro quiénes disfrutaron más, si los niños o nosotros, los padres. Lo que tampoco tengo muy nítido es cómo demonios nos vamos a apañar dentro de unos años con ¡3 varones! Rezo porque a alguno no le guste el fútbol 😉 El primer partido de vuestros hijos, sobrinos… ¿fue así de «caótico»?

Un pueblo al que se accede sólo por cueva

Un pueblo al que se accede sólo por cueva

Con esto de Halloween, tenía pendiente contaros nuestra excursión del domingo a un sitio super recomendable para las asturianas y, por supuesto, para las que vengáis de visita a esta tierra, donde os recibimos con los brazos abiertos y con auténticas joyas naturales. Si en marzo os hablaba en este post de Gulpiyuri, la playa más insólita del planeta, según el Daily Mail, hoy lo hago de un pueblo al que sólo se puede acceder a través de una cueva. Bueno, en realidad, el pueblo es lo de menos 😉 Lo increíble es entrar con el coche por una carretera cubierta por una gruta natural de 300 metros. Y veo que me enrollo y aún no os he dicho ni dónde está ni cómo se llama. El pueblo se llama Cuevas del Agua y está a 5 kilómetros de Ribadesella.

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Obviamente, cuando terminamos de atravesar la cueva en coche, paramos (hay un pequeño sitio donde dejar unos coches) y tuvimos que hacer la ruta a pie.

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No os podéis imaginar lo feliz que estaba Alfonso. Me parece que enseguida nos va a tocar ir a las cuevas de Tito Bustillo.

Espero que os haya gustado la recomendación, a mí me pareció algo super curioso y además, hacía muchos años que no veía una cueva con sus estalagmitas y estalactitas 😉 Y a los peques les encantó, Alfonso estaba feliz y Rafa parecía emocionado; además, nos tocó llevarnos el fin de semana pasado a la mascota de clase de Alfonso (va de casa en casa para no quedarse sola los sábados y domingos) y el gordi estaba encantado con una excursión así. Como siempre, acepto sugerencias sobre sitios a los que ir. Eso sí, las próximas semanas no debería irme muy lejos, por si acaso 😉

¿Hay que comprar algo para un segundo o tercer hijo?

¿Hay que comprar algo para un segundo o tercer hijo?

Vamos a partir de la base de que siempre hay algo que comprar para un bebé; otra cosa es que, objetivamente, sea o no indispensable. Pero eso pasa con el primero, el segundo, el tercero…. El tema ropa, por ejemplo, lo tengo cubierto; ya os imagináis que, siendo los tres varones y naciendo en otoño, no necesito nada para acicalar a un recién nacido aunque eso no quiere decir que no agradezca los jerséis o cualquier detalle que me hacen las amigas o clientas de mi madre 😉 Si ahora fuera a tener una niña, confieso que tendría que comprar vestimenta, aunque tengo claro que reutilizaría por tercera vez pijamas, bodys, ranitas…

Lo mismo me pasa con los sacos del capazo y del huevito, que están nuevos, por lo que la «supuesta» niña iría de azul, sí o sí. Aún así, es un niño, así que perfecto, se reutiliza otra vez y santas pascuas. Eso sí, los sacos de la sillita, que aún utiliza Rafa, ya están bastante más pochos, igual a los Reyes Magos hay que pedirles algo. De lo que no cabe duda es que el gasto gordo se hace con el primero (aquí el post que escribí hace meses sobre lo que compramos con el primero y que nos fue útil). Entiendo que, salvo estropicio, nadie vuelve a comprar otra cuna, otro cambiador, minicuna (o similar), trona, capazo y sillita… Vamos, si yo, que soy poco cuidadosa, llego al tercero con todo vivo, es que se puede. Así que el segundo no tiene que costar un dineral en ese sentido y con el tercero vas tirando…

¿Qué cosas me estoy planteando comprar ahora? Pues aunque os suene extraño, una silla gemelar. Hablo de la típica plegable para que, por ahora, usen Alfonso y Rafa y, dentro de unos meses, Rafa y el peque. Estoy mirando de segunda mano; acepto sugerencias sobre marcas y modelos, y sobre dónde comprarla. Quizás deberíamos haberla adquirido hace tiempo para sacarle más rendimiento ya que, cuando salimos de paseo con los dos, uno acaba en brazos de su padre y cualquiera de los dos deja la espalda tiesa a maridín. Es más, a veces la cosa acaba como en las fotos que veis a continuación.

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Uno encima del otro.

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Dormido en la silla de Rafa

Otra de las adquisiciones que voy a hacer es un sacaleches eléctrico, y esto es sí o sí, no hay debate. Ya pasé por el manual y aquello es un auténtico tostón, y con otros dos pequeños merodeando la cosa no se puede alargar mucho en el tiempo. Además, esta semana me tocó ir al entrenamiento de Alfonso por primera vez con un frío del demonio y no, lo de ponerme a sacar la pechera con semejantes temperaturas en partidos y entrenamientos como que no. He oído hablar muy bien del de Medela pero seguro que hay otras marcas interesantes; si tenéis experiencia con alguna en concreto, espero vuestros comentarios.

Y luego están pequeñas cosas, como es el caso de los chupetes, así que tengo que hacer el encargo ya (soy un desastre, aún no he sacado la ropa de bebé ni he preparadao la bolsa para el hospital). Los chupetes me gustan con el nombre y así no hay confusiones en casa, aunque Rafa sólo lo utiliza para dormir. Pero oye, si al final el precio es parecido, al menos los tienes con el nombre del crío, que a mí esto de la personalización me encanta 😉 Me he dado cuenta de que también necesito el típico cepillo de pelo de bebé porque es verdad que esos acaban destrozados aunque tus hijos sean calvetes. Y como capricho, por aquello de que llevo 4 años viendo mi Bugaboo tal cual, es personalizar la capota así que si se os ocurre un sitio bueno, bonito y, sobre todo, barato, pues me lo comunicáis 😉

Y ya de paso, como es de bien nacidos ser agradecidos, desde aquí doy las gracias a aquellas marcas que me han dado algún detallito para el peque. Sabéis que no vivo del blog y que, si me ofrecen cosas, las sorteo para vosotras, salvo cuando quieren que pruebe algo en concreto. Pero como suelen quedarse muy contentos con los sorteos y el blog lleva ya unos meses superando las 1000 visitas diarias, pues a veces tienen un detalle conmigo. Y yo lo agradezco mucho, que dedico a esta bitácora muchas horas.

Y vosotras, ¿qué adquisiciones hicisteis cuando llegó el segundo o tercer churumbel?, ¿pudisteis aprovecharlo todo?, ¿alguna cosa que se me pase por alto?

Madres fiesteras

Madres fiesteras

Pues no, el título del post no va por las madres que salen de marcha; va por aquellas que son capaces de llamar la atención de cualquier niño. Soy una de esas mujeres con instinto maternal desde que era una cría pero no, no sé entretener a los niños. Les adoro, me encanta mirarles, abrazarles, escucharles, quererles pero… no tengo creatividad ni paciencia suficiente para distraerles. Cuando tengo que pasar unas horas seguidas con ellos en casa, empiezo a sacar juguetes y no soy capaz de darles un uso distinto al que tienen. Por eso, veo a mi padre, que es experto en retener a mis peques durante horas sin que pestañeen, y muero de envidia.

El viernes tuvimos fiesta de Halloween en la urbanización, donde hacemos mucha vida. Vale, quizás es que es una celebración que no acaba de convencerme, no tanto porque hasta hace poco no hubiera tradición de celebrarla en nuestro país, sino más bien porque no le encuentro la gracia a todo lo relacionado con los muertos y la estética de la fiesta en sí. Si a eso le sumas que mi hijo Alfonso tiene verdadero pavor a algunos disfraces y que el año pasado se pasó medio festejo llorando, pues se entiende que no hiciera gran cosa por el evento en cuestión.

Alfonso, debajo de la mesa de ping-pong al ver a un padre con disfraz de Scary. La verdad es que da un poco de mal rollo.
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Superado el trance inicial, pudo disfrutar de la fiesta y la verdad que hasta las 10 de la noche no paró de comer, bailar… Como véis, lo único característico de Halloween es un murciélago en la cabeza que hizo en el cole.

Reconozco, además, que soy poco detallista para decoración y preparación de juegos, bien sea para cumples u otros acontecimientos; me sacas del juego del pañuelo, de unas guirnaldas o globos y poco más. Mientras tanto, otras madres se pegan unas curradas con estos asuntos que me dejan tiesa y, sinceramente, las admiro. Se disfrazan para la ocasión, cocinan toda la tarde con la estética del festejo y además, preparan no sé cuántos juegos e hinchan 200 globos, y no las ves agobiadas con 20 niños a los que amenizar. Y claro, yo me doy cuenta de que tengo poco de flautista de Hamelín.

Madres que se sientan en el césped para contar historias de miedo a un montón de niños Yo no me sé ni una… Madres que hacen semejantes postres… Y después de juegos de todo tipo, hasta piñata.

De cualquier manera, me he prometido a mí misma, y además Alfonso ya ha superado el trauma, que el año que viene los niños irán disfrazados. Bien que no me guste mucho lo de Halloween pero cierto es que en nuestra época no sabíamos ni lo que era y ellos en los coles y guarderías ya conocen de qué se trata, así que hay que asumirlo como una nueva tradición. Ahora, ya os digo que en Navidad, en este sentido, me transformo un poco. Ahí sí que, el tener hijos, me motiva a poner el árbol, montar el Belén, ir a ver la iluminación de las calles… Vosotras, ¿sois madres fiesteras?, ¿capaces de hechizar a cualquier niño con vuestra creatividad?