Preparar la bolsa del hospital, ¿dicha o suplicio?

Las que tenéis más de un hijo sabéis bien que no es lo mismo preparar la bolsa que hay que llevar al hospital cuando te pones de parto la primera vez que en ocasiones posteriores. Porque la primera vez, hasta a las bragas desechables les encuentras su punto mientras que, cuando preparas la maletita por segunda vez, no les ves ni el punto ni la punta, sabes de sobra que es lo más antiestético que existe. Como algunas ya sabéis, porque lo he mencionado en el blog, a esta bolsa la denomino «antilujuria».

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Sujetador de lactancia de Primark

Y eso que ahora algunas tiendas se han puesto las pilas y ya nos hacen sujetadores de lactancia monos. A ver, que acabemos de parir no significa que nos dé todo igual y que no nos importe nuestro aspecto físico. Vale, pasamos un poco más del tema pero yo creo que, a cualquier recién parida, le anima verse bien el careto. Vamos, yo soy de las que me pinto la raya del ojo para ir a parir, me cuesta 30 segundos hacer esa operación y, sólo con eso, ya me veo decente para que cualquier ser humano pueda mirarme a la cara. Aunque para parir, pocos van a mirarme a la cara precisamente 😉

Bueno, que me lío y me pongo a hablar de mil cosas. El caso es que, por fin, he preparado la dichosa bolsa; ya iba siendo hora, que aquí servidora da por hecho que la puntualidad de Alfonso y Rafa se cumplirá a rajatabla con el nuevo churumbel y nunca se sabe. Y he vuelto a reencontrarme con las bragas ésas, los discos de lactancia, las compresas (aunque en el hospital te las dan)  y el Voltarén para el dolor, que ya sabéis que soy fan desde que en el primer postparto vi la luz. Ah, y por supuesto ¡la faja! que será lo menos «glamuroso» del mundo pero oye, mi matrona me dijo que estupendo, y yo me quedo plana en cuestión de días. Y para cuando esté ingresada, creo que tengo más que de sobra porque el neceser y bata los meteré ya con contracciones.

Lo único entretenido de este momento es preparar la ropa con la que vestiré al bebé para salir del hospital. Lo bueno de que sea público es que no hay nada más que llevarle para los días del ingreso, tienen su ropa allí, más gastada que los pantalones de mi hijo Alfonso pero oye, como van tan envueltitos en mantas y demás, suficiente. ¿Preparasteis con emoción o con pánico la bolsa de vuestro bebés? La próxima semana, ¡más post sobre el parto!

¿Hay que comprar algo para un segundo o tercer hijo?

¿Hay que comprar algo para un segundo o tercer hijo?

Vamos a partir de la base de que siempre hay algo que comprar para un bebé; otra cosa es que, objetivamente, sea o no indispensable. Pero eso pasa con el primero, el segundo, el tercero…. El tema ropa, por ejemplo, lo tengo cubierto; ya os imagináis que, siendo los tres varones y naciendo en otoño, no necesito nada para acicalar a un recién nacido aunque eso no quiere decir que no agradezca los jerséis o cualquier detalle que me hacen las amigas o clientas de mi madre 😉 Si ahora fuera a tener una niña, confieso que tendría que comprar vestimenta, aunque tengo claro que reutilizaría por tercera vez pijamas, bodys, ranitas…

Lo mismo me pasa con los sacos del capazo y del huevito, que están nuevos, por lo que la «supuesta» niña iría de azul, sí o sí. Aún así, es un niño, así que perfecto, se reutiliza otra vez y santas pascuas. Eso sí, los sacos de la sillita, que aún utiliza Rafa, ya están bastante más pochos, igual a los Reyes Magos hay que pedirles algo. De lo que no cabe duda es que el gasto gordo se hace con el primero (aquí el post que escribí hace meses sobre lo que compramos con el primero y que nos fue útil). Entiendo que, salvo estropicio, nadie vuelve a comprar otra cuna, otro cambiador, minicuna (o similar), trona, capazo y sillita… Vamos, si yo, que soy poco cuidadosa, llego al tercero con todo vivo, es que se puede. Así que el segundo no tiene que costar un dineral en ese sentido y con el tercero vas tirando…

¿Qué cosas me estoy planteando comprar ahora? Pues aunque os suene extraño, una silla gemelar. Hablo de la típica plegable para que, por ahora, usen Alfonso y Rafa y, dentro de unos meses, Rafa y el peque. Estoy mirando de segunda mano; acepto sugerencias sobre marcas y modelos, y sobre dónde comprarla. Quizás deberíamos haberla adquirido hace tiempo para sacarle más rendimiento ya que, cuando salimos de paseo con los dos, uno acaba en brazos de su padre y cualquiera de los dos deja la espalda tiesa a maridín. Es más, a veces la cosa acaba como en las fotos que veis a continuación.

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Uno encima del otro.

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Dormido en la silla de Rafa

Otra de las adquisiciones que voy a hacer es un sacaleches eléctrico, y esto es sí o sí, no hay debate. Ya pasé por el manual y aquello es un auténtico tostón, y con otros dos pequeños merodeando la cosa no se puede alargar mucho en el tiempo. Además, esta semana me tocó ir al entrenamiento de Alfonso por primera vez con un frío del demonio y no, lo de ponerme a sacar la pechera con semejantes temperaturas en partidos y entrenamientos como que no. He oído hablar muy bien del de Medela pero seguro que hay otras marcas interesantes; si tenéis experiencia con alguna en concreto, espero vuestros comentarios.

Y luego están pequeñas cosas, como es el caso de los chupetes, así que tengo que hacer el encargo ya (soy un desastre, aún no he sacado la ropa de bebé ni he preparadao la bolsa para el hospital). Los chupetes me gustan con el nombre y así no hay confusiones en casa, aunque Rafa sólo lo utiliza para dormir. Pero oye, si al final el precio es parecido, al menos los tienes con el nombre del crío, que a mí esto de la personalización me encanta 😉 Me he dado cuenta de que también necesito el típico cepillo de pelo de bebé porque es verdad que esos acaban destrozados aunque tus hijos sean calvetes. Y como capricho, por aquello de que llevo 4 años viendo mi Bugaboo tal cual, es personalizar la capota así que si se os ocurre un sitio bueno, bonito y, sobre todo, barato, pues me lo comunicáis 😉

Y ya de paso, como es de bien nacidos ser agradecidos, desde aquí doy las gracias a aquellas marcas que me han dado algún detallito para el peque. Sabéis que no vivo del blog y que, si me ofrecen cosas, las sorteo para vosotras, salvo cuando quieren que pruebe algo en concreto. Pero como suelen quedarse muy contentos con los sorteos y el blog lleva ya unos meses superando las 1000 visitas diarias, pues a veces tienen un detalle conmigo. Y yo lo agradezco mucho, que dedico a esta bitácora muchas horas.

Y vosotras, ¿qué adquisiciones hicisteis cuando llegó el segundo o tercer churumbel?, ¿pudisteis aprovecharlo todo?, ¿alguna cosa que se me pase por alto?

Rabietas: qué he aprendido

Rabietas: qué he aprendido

Hace unos días tuve una conversación con una mamá que estaba pasándolo bastante mal con los berrinches de su niña. Nos confesamos, mutuamente, que en alguna ocasión, aquello nos hacía derramar lágrimas. No es fácil enfrentarse a la pataleta de un niño o bebé. Es cierto que ellos lo pasan mal pero, ¿y nosotros, los padres? La primera vez que tuve que hacer frente a una rabieta fue hace más o menos un año, cuando Alfonso empezó el colegio y estaba a punto de cumplir tres años.

Y aún así, no me puedo quejar porque estoy hablando de un niño, no de un bebé, que ya había pasado por otro evento importante en su vida: la llegada de un hermano un año antes. Pero oye, era tan sumamente bueno, que la presencia de Rafa no le afectó negativamente y tenía un carácter que daba gusto. Las rabietas duraron un mes y reconozco que para mí fue duro, perdí los nervios en más de una ocasión y acababa a grito pelao o lanzando un zapato al aire cuando se negaba a que le vistiera. Aquello se le pasó de la noche a la mañana y aprendí que chillar no servía de nada.

Con Rafa, esto de las rabietas, lo he vivido mucho antes; desde que tenía año y medio ha tenido algún que otro berrinche pero, al ser de forma ocasional, no le das importancia y lo «soportas». Lo malo es cuando entran en una etapa en la que esto sucede a diario, en cualquier momento y, en muchas ocasiones, no tienen una causa aparente que lo justifique. De repente, el crío te monta un pollo porque no quiere que los cojines estén en un sitio o porque quiere tirar la sillita al suelo. Intentas dialogar, le abrazas, le ofreces algo que le guste, un juguete, una galleta, yogur, lo que sea para que intente distraerse…pero da igual, el niño está fuera de sí y además, no sólo llora, sino que se agarra a tus piernas para que no puedas moverte. Y claro, el día que se pasa así una hora de reloj, sin exagerar, acabas por gritarle e intentas despegarle de tus piernas con un zarandeo. Y no, no es eso lo que quiero porque, cuando se me pasa el estrés de ese trago, me siento mal conmigo misma.

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Y si encima las rabietas van acompañadas de despertares nocturnos o de que el niño o bebé, que siempre ha comido como un elefante, se niegue a zampar, pues la situación puede llegar a superarte. Eso es lo que nos ha pasado las últimas semanas con Rafa y reconozco que me he sentido abrumada nuevamente. Todo a la vez acaba haciendo mella y esas situaciones generan mucho estrés. Personalmente, asocio esta etapa con el comienzo de la guardería, quizás porque Alfonso vivió una etapa similar al empezar el cole, lo cual demuestra que, a mis hijos, lo de la adaptación les cuesta lo suyo. Hay quien dice que es por la inminente llegada de un nuevo hermanito pero yo creo que no es del todo consciente de eso.

De cualquier manera, después de un etapa así se quedan como la seda. Yo ayer mismo alucinaba viendo a Rafa sin intentar quitarle el balón a su hermano, o de repente me abrazaba y daba besos en la barriga diciéndome «te quiero». Llevamos dos días de paz y confío en que la mala racha haya pasado. ¿Qué sentís en plena rabieta de vuestros hijos?, ¿cómo actuáis?, ¿alguna vez la situación os ha hecho perder los nervios?

Cumplir 2 años, ¿la mejor edad?

Hoy hace dos años que llegó al mundo Rafa, en un parto muy rápido y sin epidural, esto último no porque yo quisiera, sabéis que soy fan de esta analgesia 😉 La llegada del segundo hijo no transforma tu vida de la misma manera que lo hace el nacimiento del primero, pero las sensaciones son iguales: mismo amor, mismo deseo, mismas emociones… Porque lo bueno que tiene el amor a los hijos es que se multiplica. Eso sí, el tiempo del que dispones es el mismo y tienes que hacerte cargo de dos, por tanto, se divide la atención a cada uno de ellos.

Una de sus primeras fotos juntos, cuando precisamente Alfonso acababa de cumplir la edad que hoy cumple Rafa.

Una de sus primeras fotos juntos, cuando precisamente Alfonso acababa de cumplir la edad que hoy cumple Rafa.

Y aprovechando que mi gordi cumple hoy dos años, he de confesar que es una edad que me vuelve loca. ¡Y mira que soy de las que pierde el sentido por un recién nacido, muero por ellos! Cada etapa tiene sus cosas maravillosas, y hasta la salida del primer diente se convierte en un acontecimiento, porque para las madres todo lo rodea a nuestros peques, nos hace babear... Pero, ¿qué les hace especiales a los dos años? Para mí, sin duda, que son bebés grandes. Eso les hace tener una gracia y desparpajo tremendos. Están en ese punto medio de «soy bebé pero ya hago muchas cosas a mi aire». Y me parece tremendamente divertido.

Su primer cumpleaños

Se comunican con nosotros mediante el lenguaje pero oye, una jerga muy a su manera… Y claro ¿cómo no te vas reír cuando te espetan frases enteras sin ningún artículo? «Quero come patata» mientras ya se está abalanzando sobre ellas; «sube silla» (súbeme a la silla) mientras lo ves con su cara de esfuerzo trepar al asiento o trona. Es una especie de «necesito ayuda pero ya puedo yo» y ¿qué queréis que os diga? ¡Me encantan! Cierto es que, los avances del primero con respecto al segundo hijo suelen ser bastante espectaculares. El segundo, a los dos años, tiene más picardía, más carácter, más desparpajo y, por supuesto, más morro… del que tenía el mayor a esa edad. Pero recuerdo también que Alfonso, al cumplir los dos años, tenía ese trazo de bebé grande aunque con más dosis de tranquilidad que Rafa, eso es innegable.

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Y aunque Rafa hable ya muy bien, cuando termine su segundo año de vida, tendrá conversaciones completas, dejará la guardería y empezará el cole, su capacidad para razonar irá a más y eso le hará ser más «niño»… Así que me toca disfrutar de la última etapa del bebé grandote (nunca mejor dicho, 14 kilos lo avalan) que tengo en casa aunque dentro de un mes entre un bebé-bebé por la puerta, ¡que Dios me pille confesada! ¿Cuál es la edad que más habéis disfrutado de los peques? ¡¡Felicidades Rafa por multiplicar mi felicidad!

Primer día de natación con la guardería

Cada día tengo más claro que una de las profesiones que no está lo suficientemente bien remunerada es la de maestra en una guardería. Sí, sí… los niños y bebés son una monada y muy agradecidos pero también conllevan un trabajo bestial y, cuando lloran, no es fácil mantener la calma. Ayer Rafa fue por primera vez a natación y aquello era cual ópera de Viena: de 15 niños, 10 lloraban. Por supuesto, mi peque era uno de ellos. Aunque no tengo claro si era por la natación en sí, ya que el primer día tiene bien poco de acuático y de hecho mientras estaba en el agua permanecía calladito, o por verme allí, que aún le cuesta cada mañana despedirse de mí o de maridín.

Observando el panorama

Una de las ventajas que tiene la guardería de Rafa es que, durante todo el curso, pueden ir un día a la semana a natación en horario escolar. Nuestra idea inicial era apuntar a los dos peques juntos los sábados pero para Rafa no conseguimos plaza en la piscina municipal, así que optamos por la guarde. También tuvimos nuestras dudas de si era o no necesario que aprendiese ya a nadar pero, en este momento, Rafa es la sombra de Alfonso, le sigue a todas partes y monta lío si no puede hacer lo mismo que él. Y como el verano que viene, el mayor se meta en la piscina grande, ya sé a dónde va a tener que ir el otro.

Todos en el borde de la piscina, en la misma en la que yo aprendí a nadar. Todo se repite 😉

Y vuelvo a la crónica de ayer porque aquello era para armarse de paciencia. Lo bueno es que es en un sitio deportivo muy conocido de Gijón así que los padres podemos ir allí a vestirles y a ayudar; por suerte para las profes, éramos unos cuantos, sobre todo mamás y abuelos. Pero claro, en cuanto les dejas preparados en el vestuario, los adultos nos vamos a verles desde la grada. Rafa, de primeras, ya no quería ponerse el gorro. Después su guerra fue con los manguitos, acostumbrado a ellos todo el verano y miraba para mí con lágrimas de cocodrilo para decirme que no los quería.

Fin de la clase, fin de los nervios. Luego le tocó llorar para volver a la guardería, quería venirse conmigo.

Con tanta llantina, les pusieron a todos sentados y cantaron una canción. Y luego les dieron a cada uno una regadera con agua para que jugaran. Enseguida les sentaron a todos en el borde de la piscina para que se mojaran los pies mientras dos monitores iban metiéndoles uno a uno en el agua. Ya os digo que Rafa, dentro de la piscina genial, pero el resto del tiempo lo pasó estresado. Entre estar en un sitio que no conocen, que varios lloraban y que servidora ya no estaba pegada a él… pues para qué quería más 😉 En fin, una odisea para ellos.

No tengo muy claro que acabe el curso sabiendo nadar pero todo lo que avance de cara a que en verano esté más seguro, mejor. Son tres peques a los que no voy a quitar el ojo y no será fácil. ¿A qué edad llevasteis a vuestros peques a natación?, ¿os ofrecen esta actividad en guarderías y colegios?

Última ecografía

La pasada semana tuvimos la última ecografía del embarazo. Es cierto que aún queda mes y medio para mi fecha probable de parto pero sólo nos hacen seguimiento en la Seguridad Social (es decir, con ecos en semanas 12, 20 y 33) así que ya no volveremos a ver al peque a través de ondas, la próxima vez nos veremos en directo. Todas las exploraciones por ultrasonidos tienen algo especial, pero es cierto que cuando te hacen una por trimestre, vas con más nervios que si se hacen cada mes. Obviamente, al ser mi tercer embarazo, yo ya iba sabiendo qué tipo de información me darían.

La mayoría de problemas o malformaciones ya se ven en la ecografía de la semana 12 o de la 20, así que, yo por lo menos, a ésta última prueba voy tranquila, y esto me ha ocurrido en las tres gestaciones. ¿Qué cosas me interesan en esta última ecografía? La postura del bebé es lo que más me intriga; si está boca abajo, como es el caso, ya es difícil que el peque se dé la vuelta, por lo que hay menos probabilidades de cesárea. Así que esta exploración te da pistas, aunque no siempre se cumpla después, del tipo de parto que puedes tener.

Otra de las cosas que suelen decirte en esta eco es el peso del bebé, aunque es aproximado y yo me fío más bien poco. El peque está en torno a los dos kilos, vamos, creo recordar que con Alfonso y Rafa me dijeron lo mismo y luego cada uno pesó lo que pesó; unos bebés engordan 200 gramos semanales y otros 300. Y el que se adelante o se retrase el parto, también va a influir mucho en su peso final, por tanto, con que me digan que su crecimiento es normal, como así ha sido, yo me quedo tranquila. Confieso que voy mucho más nerviosa a la primera ecografía que a cualquiera de las otras dos porque es la confirmación de que el embarazo va bien, de si viene más de uno (tengo hermanos mellizos) y, sobre todo, por la medición del pliegue nucal.

Y la verdad es que, aparte del latido, que también se comprueba en cada visita a la matrona o el tocólogo (o ginecólogo), esta tercera y última eco tiene poquito más que contar. Eso sí, allí mismo le dije a maridín que mirase bien porque seguramente sería la última eco que veríamos en nuestra vida y me dio hasta cierta pena. Así que voy a intentar disfrutar de estas últimas semanas del embarazo. ¿Fuisteis nerviosas a las ecografías?, ¿cuál fue la más emocionante?

Hipo del feto, ¿es real?

Lo bueno, o lo malo, de no tener amigas cercanas que estén embarazadas o hayan dado a luz cuando esperas tu primer hijo es que hay cosas que te pillan por sorpresa. Y digo que es positivo y negativo a la vez porque, por un lado, nadie te atosiga con comentarios como «ya verás cuando…». Y por el otro, nadie te ha advertido de algunas cosas que suelen suceder. En cualquier caso, justo hoy no voy a hablaros de una sorpresa negativa. Sencillamente, de algo que a mí me llamó la atención como primeriza.

No recuerdo muy bien en qué semana de la gestación me sucedió; calculo que estaría de seis meses cuando, de repente, noté en mi panza un movimiento constante y rítmico, como pequeños brincos del bebé pero siempre con un mismo compás. ¡Pero si esto parece hipo!, pensé. Y enseguida entré en Internet (mala costumbre consultar ciertas cosas pero tampoco es cuestión de ir corriendo al gine a contarle la batalla) y efectivamente: ¡el feto tiene hipo!. Llamadme ignorante pero yo, hasta ese momento no tenía ni idea.

A partir de aquel día, aquello fue constante en Alfonso. Todos los días, incluso varias veces, le sentía. Es más, supe que se había colocado boca abajo porque pasé de sentir el hipo en la parte superior de la barriga a la inferior. Y por supuesto, no sabéis la de veces que invitaba a amigas o familiares a tocar mi tripa para que lo notasen, a mí me parecía alucinante. Con Rafa lo sentí algunas veces, pero ni mucho menos a diario. Y en este tercer embarazo, apenas lo he notado cuatro o cinco veces, pero la última fue hace una semana y me pareció que la posición del peque había cambiado. Efectivamente, en la última revisión me han dicho que está colocadito hacia abajo (yuhuuuu, espero que no le dé por cambiar)

En cualquier caso, el hipo fetal es bueno ya que el diafragma del bebé se ejercita. Y vosotras, ¿sabíais antes de estar embarazadas que el feto tiene hipo?, ¿qué sensación os producía?

Conversaciones sobre embarazo con un niño

Para mí, esto de tener un niño que es consciente de que en breve tendrá un hermanito, es toda una novedad. Cuando me quedé embarazada del segundo, Alfonso sólo tenía 15 meses, por lo que no se enteró de nada 😉 Es lo mismo que me pasa ahora con Rafa, que se dirige a mi barriga diciendo «bebé de mamá» porque se lo hemos contado, pero sé de sobra que no se «empapa» de la realidad del asunto. En cualquier caso, Alfonso está punto de cumplir 4 años, a lo que hay que añadir que no calla, por lo que tengo conversaciones con él completamente surrealistas sobre el ser que llevo dentro.

Algunos de los momentos de mayor lucidez los tiene en el baño, en concreto en el wc, haciendo sus necesidades (me va a matar si lee esto algún día 😉 ) Se ve que es un momento en el que me observa y le vienen ideas a la cabeza.

– ¿Cómo come el bebé?- me espeta. Y yo, que en vez de tirar de imaginación, intento ceñirme a la realidad, le contesté que lo hacía a través de un tubito que tengo dentro.

– ¿Come por la boca?- insiste. Le dije que sí para zanjar el asunto, entrar en el tema del cordón umbilical ya me parecía muy científico.

– ¿Y qué va a comer cuando nazca?- continúa.

– Pues leche que le va a dar mamá de aquí- le dije señalándome mi delantera. Tiré de sinceridad porque me verá y creo que eso le va a sorprender bastante, así que prefiero que vaya sabiendo cosas.

– ¿Tienes leche ahí?- pregunta sorprendido. Y yo, para concluir el tema, le pregunto si ha terminado de hacer sus cositas porque el crío se recrea con el momento wc y me podía estar entrevistando horas.

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Obviamente, hace ya tiempo que me hizo la famosa preguntita de ¿por dónde entró el bebé? Y a mí, como estas cosas me dejan descolocada, le dije que por un agujerito. Como veis, mi falta de imaginación es total, por no hablar de que pensé yo que el crío no se iba plantear el asunto. La siguiente pregunta fue ¿dónde esta el agujero? Y ahí más de lo mismo, intento acabar la conversación señalándome el ombligo, no vaya a ser que la liemos diciendo otro sitio, porque eso de que nosotras no tengamos «pirulina» le resulta extrañísimo, no entiende por dónde hacemos pipí. En serio, tengo un problema muy serio porque este niño todo lo quiere saber.

Y lo de ayer ya me pareció la leche. Le dejo tocar mi panza de vez en cuando para que vea cómo se mueve su hermanito y claro, me arriesgo a consultas complejas.

– ¿Gabriel (aún no decidimos el nombre nosotros y él lo tiene clarísimo) está tumbado?- me pregunta.

Y yo, en mi línea de sinceridad y falta de ingenio, le digo que está dentro de una bolsa con mucha agua, por lo que está flotando.

– Entonces, ¿sabe nadar?- continúa con el tema.

– No exactamente, es una bolsa pequeña y no se hunde, flota- le contesto.

– Pero mamá, ¿ y los manguitos?- y ahí yo ya muero de la risa. Pero qué se les vendrá a la cabeza, ¿se imaginará una pequeña piscina dentro de mi tripa?

Pero no os creáis que no quería seguir con la conversación… que si nada con la manos o con los pies, que si nos oye y bla, bla, bla… porque el caso es hablar y preguntar. Aunque entiendo perfectamente que este asunto les genere muchísima curiosidad. Al fin y al cabo, son tan monos que no nos ven gordas en semejante estado, por lo que la historieta ésta de que tenemos un bebé en la barriga les tiene que resultar completamente descabellada. Y vuestros niños, ¿qué preguntas hacen o hacían cuando estabais embarazadas vosotras o alguien de vuestro entorno? En cualquier caso, me divierte y me encanta que sea consciente de lo que pasa, aunque le cueste entenderlo. Y me fascina que le hable a su futuro hermanito y que le de besos a mi panza.

Primer día de guardería y otros dramas

Definitivamente, ya puedo decir que mis peques son unos drama-niños. ¿Que son sociables y alegres? Mucho, igual hasta son un poco exagerados cuando se ríen, de ahí que se hayan ganado el apodo de los «risitas» o «felicianos» desde bebés. Pero oye, que si hay que dramatizar, ellos también son los primeros para eso. Hace dos años, Alfonso empezó la guardería entre un mar de lágrimas; sólo un año después, le pasó lo mismo con el cole y aquel proceso duró unos cuantos días, estuve al borde del colapso con su crisis existencial.

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Alfonso, en su primer día de guardería hace dos años. Muy compungido cuando fui a buscarle después de hora y media de llantina.

Ayer fue Rafa el que se estrenó en esto de las clases y ¡tragedia! Que aunque yo le hablé del asunto días antes (todo lo que se le puede decir a un bebé de 22 meses), creo que no captó el mensaje. Y eso que tuvo la suerte de ir acompañado de su hermano mayor y, no sólo eso, sino que en la guardería, muy dispuestos, se ofrecieron para que se quedase Alfonso allí las dos horas y a Rafa le fuese más fácil la adaptación. Pues ni con ésas.

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Ayer, los dos juntinos. El pequeño sin saber lo que iba a pasar. El mayor ejerciendo como tal.

Entramos en el centro, los dos tan «pichis» analizando un super patio lleno de triciclos, motos y toboganes. Rafa estaba desconfiado y se acercaba a todo pero sin soltar mi mano por más que yo hice mis intentos; los críos no tienen un pelo de tontos. Allí apenas lloraba un niño porque los padres llegamos de forma escalonada y así se evitan desdichas comunitarias y contagiosas. Se despistó unos segundos y yo desaparecí; en el tiempo que me puse a hablar con la profe, ya en otra sala, le oí empezar a llorar. Mal asunto.

Y tuve, para mí SOLA,  hora y media para hacer recados, todo un lujo. Llegué a la guardería pensando que estarían felices y contentos. La cara de la profe al abrir lo dijo todo; bueno, la cara y las palabras: nunca me había pasado, no ha parado de llorar. Y efectivamente, entré y ahí estaba Rafa, desolado. El pobre Alfonso no pudo disfrutar mucho de su estancia porque no había conseguido que el enano dejase de lagrimear y estaba agobiado. Ser hermano mayor es duro, os lo digo yo. Si uno de tus hermanos pequeños monta un numerito (sea del tipo que sea), vas a ser el primero en enterarte y bajar la cabeza.

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Y así se quedan después de semejante trance.

La verdad es que no deja de sorprenderme que esto les cueste tanto cuando están muy acostumbrados a estar con gente; es cierto que hasta los casi dos años han pasado la mayor parte del tiempo conmigo pero han sido también muy independientes para jugar, dormir… y les gusta estar entre gentío, se van encantados y sin decirme ni adiós con los abuelos, tíos… En cualquier caso, ahora ya sólo espero que en poco tiempo le coja gusto a esto de la guardería, y que la vuelta de Alfonso al cole sea positiva. Os confieso que me gustaría disfrutar del final del embarazo con un poco de tiempo para mí. ¿Qué tal la vuelta al cole y los inicios de guardería de vuestros peques?

Pruebas durante el embarazo: la prueba de la glucosa y los pinchazos

Pruebas durante el embarazo: la prueba de la glucosa y los pinchazos

Que no soy nada aficionada a médicos y hospitales es evidente. Creo que la última vez que pisé un hospital o centro de salud como persona independiente, es decir, sin niños (en el vientre o fuera de él), fue allá por 2002, vamos, hace más de una década. Supongo que el hecho de que lo único que tuve durante los últimos años fuese una gripe y alguna diarrea (esto podría reservármelo pero a todos nos sienta mal algo de vez en cuando, ¿no?) hace que no tenga ninguna necesidad de visitar a ningún doctor. Tampoco se puede decir que yo sea «doña prevención», de lo cual no puedo sentirme orgullosa.

El caso es que el primer embarazo fue para mí toda una novedad en esto de las visitas a sanitarios variados. Pero lo que más me aterraba y, a día de hoy, me sigue horrorizando, es el tema pinchazos. Sí, os sonará raro pero voy más tranquila a parir que a unos análisis; y no exagero. ¿En qué punto de mi vida cogí miedo a las agujas? Lo desconozco, no tengo recuerdos dramáticos ni traumas al respecto pero no me gustan nada. Igual es porque mi padre es muy aprensivo con ese asunto y mi madre hablaba de los partos como si hubiera ido al supermercado, de ahí mi tranquilidad para una cosa y mi recelo por la otra. Eso sí, tres embarazos en cuatro años hacen que pierdas el miedo ya a casi cualquier prueba, lo cual no quiere decir que me escaquearía si pudiera.

Ayer me tocó la dichosa prueba de la glucosa o, para ser más exacta, el test de O’Sullivan, que sirve para diagnosticar la diabetes gestacional. Como a casi todos los análisis, vas en ayunas pero, en esta ocasión, no te pinchan una vez y te vas para casa tan feliz, sino que tienes que tomarte un jarabe dulce como que sé yo durante el primer pinchazo y, una hora después, te vuelven a «agujerear». Te dicen que te estés quietecita en ese tiempo interminable entre aguja y aguja.

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Sin embargo, lo mejor son las ecografías

Servidora aprovechó ese rato para ir a la planta de arriba del hospital a recordar en Tocología que estoy en la semana 28 y que aún no me habían dado un volante para otro pinchacito de rigor que nos toca a las mujeres especiales con Rh negativo. Ah, y esta estocada es en el culete. Tracatrá. Porque lo normal es que mis hijos sean RH positivo (lo cual no se sabe hasta que nacen) y la mezcla de sangre de factores distintos puede entrar en conflicto. No me preguntéis mucho más, yo acato órdenes. Ah, y después del parto, si se comprueba que la criatura es Rh positivo (que es lo más normal), toma agujero de nuevo. Y así, con análisis cada trimestre, la glucosa, el Rh antes y después del parto más cogerte la vía en el alumbramiento, suman 8 punciones, si todo va bien. Ah, y la epidural, que es el único pinchazo que estoy deseando que me hagan y que ni llegó en el segundo parto.

Y a vosotras, ¿os dan miedo las agujas?, ¿hay alguna visita médica o prueba que os resulte especialmente incómoda?

Hermanos, ¿cuándo empiezan a dormir juntos?

Como todo lo relacionado con la maternidad y con la familia, cada casa es un mundo y cada niño es distinto, así que no creo que haya una respuesta para la pregunta que planteo en el titular, como tampoco creo que la haya para muchas cuestiones relacionadas con los peques. Es más, en muchas ocasiones, serán las circunstancias las que nos vayan dando pistas de cuándo tomar una decisión u otra.

Hace dos semanas decidimos que Alfonso y Rafa empezaran a dormir juntos en la misma habitación. En alguna ocasión, le había preguntado al grandullón si quería dormir con su hermano y dijo que sí con entusiasmo. ¿Por qué esperamos al verano? Pues simplemente porque, durante el curso, Alfonso se levantaba a las 8 de la mañana para ir al cole, y Rafa se quedaba en casa conmigo y hasta las 10 no amanecía, así que no quería «sacrificar» el descanso de uno por el otro.

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Así nos los encontramos la primera noche que durmieron juntos. Uno en la cuna y otro en la cama, pero los dos durmiendo a lo ancho, en vez de a lo largo, como para estar en contacto.

Esto no sería posible si tuviéramos una casa de dos habitaciones pero, como somos previsores y ya nos casamos con idea de tres churumbeles, pues nos vinimos a un piso grande. Por eso digo que muchas veces, las cosas dependen de las circunstancias. Y como el curso que viene, Rafa irá a la guardería, ya que en noviembre nacerá el pequeñín de la casa, los gordis se levantarán a la misma hora.

¿Cómo está siendo la experiencia de que los dos peques duerman juntos? Pues por suerte muy buena, porque si alguno se ha despertado a mitad de noche pidiendo agua o con alguna pesadilla, el otro ni se ha inmutado. Tengo la fortuna de que estos dos duermen 12 horas seguidas desde que cumplieron los 4 meses, siempre que estén a oscuras. Si pretendo que echen una siesta por ahí, lo hacen de forma breve y tienen que estar casi moribundos 😉

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Y así estaban la segunda noche, Rafa con la mano fuera tocando a su hermano y, nuevamente, los dos con las cabezas lo más cerca posible.

¿Qué hacen desde que duermen juntos? Pues lo que hacíamos todos de pequeños, charlar hasta que el primero se queda grogui, en este caso siempre es Alfonso porque no duerme siesta y llega más cansado a la noche. Eso sí, ya os podéis imaginar la charla con un bebé de 21 meses, indescifrable; aún con todo, Alfonso le sigue el «rollo» hasta que cae rendido. Es entonces cuando escucho al pobre Rafa intentar, en vano, seguir conversando. Y le oigo decir varias veces «Atete» (así llama a Alfonso) hasta que se da cuenta de que aquello ya no tiene solución y que ya toca dormirse. ¿Desde qué edades duermen vuestros peques juntos?, ¿ha sido fácil o, por el contrario, uno duerme bien y el otro mal?

Elegir el nombre del bebé

Ésta es una tarea complicada en algunas parejas; entiendo que si tú eres de nombres clásicos (Pablos, Juanes, Marías o Lucías) y tu pareja quiere ser original con el asunto (Yustin, Yaruma o Leydi, por decir algunos de los nombres menos comunes que se pusieron en 2013), la cosa se complica y hay que llegar a un acuerdo, o sencillamente sortearlo. Yo no llegaría a este extremo del sorteo si el nombre que propone tu pareja te horroriza, que es para toda la vida.

Nosotros no tuvimos problema. Somos los dos tradicionales en ese sentido y decidimos que el nombre del primer hijo lo elegiría yo y, el del segundo, maridín. Confieso que nunca creí que llamaría a mi hijo Alfonso, me gusta más para adulto que para un niño. Pero le pusimos ése nombre porque mi hermano Alfonso es su padrino y como además me gusta la historia y el tercer Rey de Asturias fue Alfonso I, pues hala; además, no se oye a menudo y me parece que tiene mucha personalidad.

Y lo que me ocurre con Rafael es parecido, que me suena más a adulto, y no os voy a engañar, me recuerda al cantante 😉 , lo cual no me emociona, pero Rafa a secas ya me gusta más y me recuerda a Nadal, mucho mejor, ¡dónde va a parar! En cualquier caso, no decidimos quién elegiría el del tercero, básicamente porque entre tres hijos, creíamos que vendría alguna fémina y ahí no había dudas: sería Carmen. Pero va a ser que no y ahí estamos, dilucidando qué nombre poner al bebé que viene en camino.

Bueno, no estamos decidiendo exactamente, es más bien un «tira y afloja», yo tengo una apuesta y maridín otra. Y confieso que la mía nunca me la hubiera imaginado: Gabriel. Pero me gusta y además, siendo un nombre de toda la vida, no se oye con demasiada frecuencia. Y para más inri, resulta que el Arcángel San Gabriel es patrono de los comunicadores (es decir, de mi profesión) y de las embarazadas (vamos, de mi estado). Tampoco es que esto me influya mucho a la hora de decidir el nombre pero me ha gustado descubrirlo.

La apuesta de maridín es Jaime, que es un nombre que me encanta. Es más, hace un  tiempo lo hubiera visto más factible que Gabriel, pero como hay unos cuantos a nuestro alrededor… por cambiar. Que conste que tengo un punto a mi favor para que mi apuesta sea la elegida: Alfonso ya lo llama así. Cuando le dije que estaba embarazada, le comenté que, si era niño, podíamos llamarlo Gabriel, y si era niña (eso no entraba en sus planes 😉 ) se llamaría como mamá. Desde entonces, y aunque no hice campaña pro-Gabriel (aunque maridín diga que sí), Alfonso habla del «bebé Gabriel».

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Que sepáis que, si al final se llama así, me arrepentiré de no haber llamado Miguel a Alfonso, así tendría el pack completo de «arcángeles» 😉 Resulta que mi hermano mayor se llama Miguel y nació un 23 de septiembre. Tres años después, también un 23 de septiembre, nacieron mis hermanos mellizos y ¡¡a mi madre no se le ocurrió llamarles Rafael y Gabriel!! Que digo yo que cumpliendo años los tres el mismo día, podía haberles hecho coincidir también con el santoral. Vamos, yo lo hubiera hecho seguro. Y en vuestra pareja, ¿quién decidió el nombre?, ¿por algún motivo especial?