por nosoyunadramamama | Feb 8, 2016 | bebes, crianza, Maternidad y embarazo, Sin categoría, Uncategorized
Un día tienes un churumbel y, no digo yo que la cosa no haga tambalear tu vida, pero oye, la criatura come, evacúa, duerme, ríe, gatea… y tú vives medianamente tranquila. Como buena primeriza, estás deseando que eche a andar, porque realmente crees que así será más independiente. Y es que no sabes que ahí empieza la juerga, la de verdad. Ríete tú de las noches en vela. Ahora preocúpate de que no se suba al mueble, de que no salte a la carretera… que si el gateo ya le dio libertad de movimiento, lo de andar ya es la bomba, ¡emancipación total! Y aún así, tu vida transcurre dignamente.
Llega tu segundo hijo y crees que aquello va ser abrumador. Pero no, el bebé duerme, come, evacúa, ríe y gatea… y la cosa sigue su curso dignamente. Ya no tienes prisa porque el bebé eche a andar, que no eres primeriza y todo es un poco menos emocionante. Y crees que lo de ser «bimadre» es relativamente sencillo, que no es para tanto. Hasta que el segundo decide que sí, que camina. Y ahí empieza la parranda, el jolgorio, la farra… por decirlo de forma bonita. No me digáis porqué, el vástago mayor ve en ese momento que su hermanito, el bebé, ya no lo es tanto, que ya está en igualdad de condiciones y que eso de tener que aguantar que te lo cojan todo como antes ya no vale. ¡Que comienza la guerra! Y ahí es cuando dices: ostras, pues va ser que tener dos niños es un poco agotador.

Y enseguida, te quedas embarazada del tercero. Y como eres muy optimista, pues ni se te pasa por la cabeza el momento «primeros pasos». De hecho, no quieres que llegue. Pero claro, todo vuelve. Y ese bebé tan mono que ríe, evacúa, duerme, come y gatea, decide empezar a caminar. Y entonces sabes que de verdad empieza tu «pesadilla». Porque los churumbeles mayores van a dejar de verle como ese bebé tan mono que caga, ríe, duerme, gatea y come para verle como uno más, en igualdad de condiciones. Con el extra de que el pequeño ha visto, oído y «olido» las peleas y tretas de su hermanos. Vamos, que lleva la lección aprendida. Señores, empieza la marcha. Continuará…
por nosoyunadramamama | Feb 4, 2016 | crianza, educación, Maternidad y embarazo, Sin categoría, Uncategorized
Has llegado tarde a recoger a los niños, se te ha olvidado que hoy el pequeño iba en chándal al colegio y le has puesto el uniforme, no le has prestado atención cuando te contaba algo sobre el recreo, te has puesto nerviosa y has pegado un grito cuando se han puesto a jugar a lo bruto y han tirado un marco de fotos… Prisas, trabajo, comprar algo para la cena. Demasiadas cosas. Y cada día te levantas y te dices: lo voy a hacer mejor que ayer. Y al final de la jornada te das cuenta de que no eres perfecta. Pero, ¿qué demonios es la perfección?, ¿estar siempre sonriendo pase lo que pase?, ¿no alterarse nunca?, ¿no llorar?, ¿mantener siempre la calma?
Y después de intentar averiguar cómo ser perfecta, te preguntas ¿realmente es posible? Porque ves que Fulanita tiene mucha paciencia y Menganita siempre se acuerda de todo. Pero seguramente no te fijas o no reparas en que tienen otros «defectos». No, no es posible ser perfecta. Tus hijos son lo primero pero no lo único; tienes trabajo, amigos, familia y un sinfín de cosas que hacer cada día para que todo funcione y cada jornada es como una pequeña maratón. La vida es así, no podemos hacer ni tener todo lo que nos gustaría. Tú no puedes ser perfecta porque la perfección no existe. Tú tienes que ser tu mejor versión, dejar que salga lo más especial de ti. Y para reír mucho, a veces hay que llorar. Para subir, a veces hay que bajar. Para disfrutar, a veces hay que sufrir.

Pero es que además, tus hijos no necesitan una madre perfecta. ¿Qué sería de la vida si siempre estuvieras en una nube?, ¿si ellos no supieran que hay días grises?, ¿si no vieran que los adultos también lloran? Los niños tienen que saber que la vida va de emociones, y también de errores. Y si un día gritas, les pides perdón y les cuentas lo que te molesta. Si un día se te olvida algo importante, hablas con ellos y propones comprar una pizarra donde apuntar las cosas. Y les dices que a ti también se te olvidan muchas cosas, y que no eres perfecta. Porque no lo eres, ni lo serás. Pero siempre serás la mejor madre, nadie les conoce mejor que tú y nadie hará lo que tú haces por ellos. Pide perdón, intenta mejorar en lo que sepas que realmente necesitas mejorar. Pero no te empeñes en ser perfecta. Las madres perfectas no existen. Lo dice una imperfecta.
por nosoyunadramamama | Feb 3, 2016 | Bienestar y belleza, deporte, ejercicio, Moda, running, salud, Sin categoría, Uncategorized
A ver, no os creáis que me he convertido en una especie de Jane Fonda de la vida; que si no soy especialmente glamurosa (que sí apañadina) a diario, menos lo voy a ser para dar brincos por ahí. Pero ojo, que cuando uno le va cogiendo el gusto a esto del deporte, también la indumentaria varía un poco, no tanto por la estética sino por cuestiones de calidad y comodidad. Y desde mi escasa experiencia, pero creo que a pesar de ser poca puede servir a otras, he de confesar que ahora me he «profesionalizado» un poco, pero sólo un poco. Es decir, que he pasado de unos leggins viejos de Stradivarius a unas mallas deportivas como Dios manda.
Pero vamos por partes. Si acabáis de empezar a correr o tenéis en mente comenzar a hacerlo, por favor, sólo hay una cosa en la que hay que invertir un poquito de dinero: los playeros o zapatillas. Y oye, que tampoco hay que gastarse un dineral, los que me regaló maridín son de Nike y costaron unos 40 euros en Forum. Y por el momento, estoy encantada. Y ya, como segunda cosa en la que gastar algo, pues un top para sujetar las ubres de forma adecuada. Yo en su momento cogí uno de Oysho. Y eso fue todo allá por abril de 2015. Lo demás, camisetas viejas, un impermeable que conservaba de mi época de azafata de imagen de Havanna (sí, yo dando regalitos por beber una copa cuando a mí sólo me gusta el Martini con limón), unos leggins y una sudadera vieja.

Básicamente, esta era mi indumentaria hasta enero de 2016. La foto es al finalizar la San Silvestre.
Pero claro, han pasado los meses desde que empecé y he corrido dos carreras (la de la Mujer y la San Silvestre) y eso es todo un hito en mi vida. Así que, ante la llegada de los Reyes Magos, lo tuve claro: ropa deportiva de verdad. Y cambié los leggins por unas mallas de Asics y, sin querer ponerme sibarita, ¡vaya diferencia! Es que claro, los primeros van cediendo mientras que las otras se ajustan super bien. Por no hablar de detalles como cremalleras en los tobillos, el tejido, un pequeño bolsillo en la parte superior del «culamen» para llevar las llaves de casa, el diseño… Vamos, no hay comparación que valga. Y oye, como que te motiva psicológicamente.


Look completo

Detalle del bolsillo con cremallera

Cinta para ajustar

Camiseta de una carrera
Además, también me he deshecho del impermeable de Havanna porque los Reyes me trajeron un cortavientos (fijaos qué profesional todo 😉 ) de Adidas, en rosa. Que debe ser que como he tenido tres hermanos varones y tres hijos varones, necesito reivindicar mi espacio femenino. Después, en Primark, me compré una sudadera bien mona, también en rosa. De camisetas, voy tirando con las que dan en carreras y la que mi señora madre me ha cedido para que haga publicidad de su agencia de viajes. Y ya poco más que añadir al look, la verdad. He de decir que, si te lo tomas en serio, compensa dejarse un dinerillo en ir medianamente bien equipado. Las que corréis, ¿habéis invertido algo en indumentaria?

Venga, que no hace falta volverse loca para ir a correr con una pinta decente. Por cierto, todas las fotos las hice después de haber corrido 9 kilómetros, de ahí mi careto y pelos.
por nosoyunadramamama | Feb 2, 2016 | Maternidad y embarazo, planes, Planes y viajes, Sin categoría, Uncategorized, vacaciones
Tengo perfectamente grabado en mi cabeza el día que pisé el Parque de Atracciones de Madrid. También recuerdo muy bien un viaje a Port Aventura con mi familia y con varios amigos de mis padres con sus hijos. Yo no sé si es algo que no olvidamos porque lo hacemos pocas veces o porque son sitios donde se viven muchas emociones; ya se sabe que una jornada en cualquier parque de ocio es muy intensa. Lo curioso es que hay cosas que no cambian porque, según un estudio de la plataforma Gestionando Hijos, los planes más divertidos para los niños son, por este orden: ir al parque de atracciones (89%), ver pelis en casa (88%), ir a la piscina (87%) o salir a merendar por ahí (86%). ¡Y la verdad es que no me extraña que les guste tanto cualquiera de esos planes!

El único que pisó un parque de atracciones en esta casa hasta ahora fue Alfonso, pero obviamente ni se acuerda.
Ya sabréis que en España hay muchos parques temáticos y de ocio. De hecho, en la lista de aconsejables por GoEuro, hay unos cuantos que yo ni conocía, como el Fort Bravo de Almería, aunque ya os digo yo que, para mis peques, los mejores son aquellos en los que puedan estar en contacto con animales, como Faunia o Bioparc… Y lo sé porque nuestra visita a Cabárceno, que nos queda relativamente cerca, hace unos meses les encantó. Además están muy acostumbrados a estar en contacto con la naturaleza porque vamos de excursión continuamente. Pero por cambiar un poco, no sé si ya puede ser un buen momento para ir a otro tipo de parques temáticos, vamos, con atracciones. Eso sí, adaptadas a sus edades.

Nuestra visita a Cabárceno
En Semana Santa siempre nos vamos fuera de Asturias con la familia de maridín, así que me estoy planteando la opción de ir a Madrid; hace más de tres años que no voy por allí y era de las que, por trabajo, iba cada quince días, además de que viví allí unos años. Y quizás podamos aprovechar para ir con los niños a algún parque de ocio o temático, como la Warner, por ejemplo. Obviamente, el peque aún no se va a enterar de casi nada pero creo que Rafa y, sobre todo, Alfonso, lo pasarían muy bien. Y reconozco que a mí me apetece volver. ¿Ya habéis llevado a vuestros peques a algún parque de ocio?, ¿cuáles creéis que están bien para niños de menos de 5 años?
por nosoyunadramamama | Ene 27, 2016 | familia, hermano, Maternidad y embarazo, Sin categoría, Uncategorized
Me divierte, y no sabéis de qué manera, lo de los parecidos. Sí, ésos que la gente saca a los bebés y niños, unos acertados y otros, cuando menos, sorprendentes. No me digáis que más de una vez no habéis soltado media carcajada al oír alguna comparativa digna de decir: ¿seguro que usted no necesita gafas? Luego están los que dan en el clavo, es decir, los que te dicen aquello que quieres oír porque tú estás convencida de que la criatura es un clon de la tía, el hermano o de ti 😉 Y oye, no existe persona que haga mejor análisis que las madres, que nadie ose llevarte la contraria 😉 Y si esa comparación te pilla al lado de tu señor marido le pones cara, levantando levemente las cejas, de «ya te lo dije».

Arriba, servidora. Debajo, mi primogénito hace un par de veranos
Una de ésas frases que me desconcierta en esto de los parecidos es la de «se parece al abuelo». Que ojo, igual es que yo tengo poca imaginación (me cuesta ver hasta una ecografía) pero ¿quién demonios es capaz de sacar un parecido entre un bebé y un señor de más de 60 años? Y ya el colmo es cuando tienes un hijo de rasgos completamente opuestos a los tuyos, como nos ha pasado con Copito. A algunos hay que explicarles las leyes de Mendel y lo de los guisantitos. La gente se asoma al carrito, te mira, pone cara de circunstancia y se queda con las ganas de decirte «¿seguro que es tuyo?» para acabar con un «uy, pues qué distinto es». Pues hombre, es rubio y blanco pero el crío no tiene ningún rasgo especialmente sospechoso que indique que me lo han cambiado, por mucho que ya sea una broma típica en mi familia y que mi señor esposo acepta gustosamente. Y si me lo han cambiado, yo no lo devuelvo, oiga 😉

Blanquito es un rato al lado de sus hermanos y sus progenitores, pero leñe, el crío se ve que es hijo nuestro 😉
Venga, y luego está lo de la familia política, bueno, lo de las féminas de la familia política (a ellos se la suele traer al pairo), que siempre dicen que la criatura es igual que el padre, o lo que es lo mismo, que su amado hijo, sobrino, nieto. Que no digo yo que no sea así en muchos casos, que a veces ves por ahí verdaderos calcos pero vamos a ver, las cosas son las que son. Y si mi mayor es mi miniclon masculino versión mejorada, pues hombre, no me quitéis ese mérito, que bastante me dolió el postparto 😉 Pero ojo, hay que estar prevenidas para lo que toque. Porque señoras, si para gustos los colores, para parecidos, otro tanto. Yo no hay cosa con la que más me divierta, y teniendo tres niños, os podéis imaginar la cantidad de parecidos razonables, o no, que les han sacado. ¿Os pasa lo mismo?
por nosoyunadramamama | Ene 25, 2016 | crianza, familia, Maternidad y embarazo, Sin categoría, Uncategorized
Hasta hace poco más de dos años, no sabía lo que era el colecho. Creo que, en el lenguaje ordinario, la gente se expresa de una forma más coloquial con frases como «el bebé duerme en nuestra cama» o «dormimos con el niño». Como ya sabréis, porque ahora sí que usa más este término en medios y blogs, es una práctica que consiste en que los bebés o niños pequeños duerman con el padre, la madre o ambos. Es habitual en algunas culturas y, como todo, tiene pros y contras. Yo no me voy a detener mucho en ello porque hay decenas de webs que enumeran estas cosas. Cada uno valora, en función de sus circunstancias personales, laborales o vitales, lo que le conviene o no. En mi casa, hemos compartido cama con los niños en casos puntuales, si han estado enfermos o se han desvelado alguna noche (sin ir más lejos, el pasado viernes con Gabriel, y me levanté como si me hubieran dado una paliza), pero nada más. ¿Por qué no compartimos cama con los peques?
1. No lo necesitamos: Por suerte para nosotros, nuestros peques han sido y son dormilones. Desde el primer día, los he acostado en su cuna (los primeros meses compartiendo habitación) y han dormido bien en ella. Como cualquier recién nacido, han hecho sus tomas nocturnas pero, poco a poco, cada vez han ido durmiendo más y más horas hasta que, en torno a los cuatros meses, los tres dormían ya casi todas las noches más de 10 horas seguidas. Por tanto, si todos descansábamos, ¿para qué cambiar? Comprendo que, por falta de sueño y si los niños se despiertan mucho, no apetezca levantarse o ir a otra habitación varias veces.
2.Es incómodo: Sé que hay gente a la que no le importa compartir cama con los peques pero yo no puedo. Es más, sólo empecé a descansar cuando los cambiamos a otra habitación. La explicación es tan sencilla como que tienes activos los mecanismos de alarma. Es decir, que aunque no se despertasen, en cuanto se movían en su cuna u oía cualquier ruido… yo ya me despertaba. Y al final, cada noche podían ser varias veces, mientras que el niño no se despertaba ninguna. Por no hablar del miedo a aplastares cuando son pequeños o de que te aplasten ellos cuando no son tan bebés; vamos, es que podríamos acabar lisiados compartiendo cama con cualquiera de nuestros hijos. Sé que lo que se mueven los míos es excesivo, pero cierto es que muchos de los que practican el colecho confiesan que cómodo, lo que se dice cómodo, no es. Es más, yo duermo mejor incluso cuando no está mi marido. Cualquier día pongo dos camas juntas en lugar de matrimonial 😉

Las que me seguís por Instagram ya lo sabéis. Esta es una escena habitual en mi casa. Maridín les lee un cuento y se queda con ellos hasta que se duermen, cada uno en su sitio y… un rato después, Rafa en la cama de Alfonso y Alfonso en el suelo… ¡Decenas de posiciones posibles!
3. Recomendación de la Asociación Española de Pediatría: Según la AEP, «la forma más segura de dormir para los lactantes menores de seis meses es en su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres. Existe evidencia científica de que esta práctica disminuye el riesgo de SMSL en más del 50%». A ver, que yo esto lo desconocía cuando nacieron los mayores y muchas veces, hay cosas que no son posibles. Quiero decir que la AEP recomienda lactancia materna exclusiva los seis primeros meses y yo no pude y tampoco pasa nada, como no creo que pase nada por dormir con un bebé de forma segura. Pero está bien tenerlo en cuenta.
4. Tiempo para la pareja, hobbys o descanso: que sí, que aquí me van a decir muchas que hay vida carnal más allá de la cama pero… ¡tengo tres hijos! Y siempre estoy pegada, por lo menos, a uno (salvo cuando duermen), así que a partir de las nueve de la noche (conluido el bucle baños-cenas) es nuestro rato de charla diaria, de salir a correr si me apetece, de tener una cena tranquila… Y con sinceridad, con el ritmo diario que tenemos, agradezco tener un rato al día para nosotros o para mí sola.
En fin, que en esta casa cada uno tiene su espacio aunque, para mi hijo Alfonso, cualquier espacio sea apropiado para dormir, sea el suelo o el trasero de su hermano. Creo sinceramente que el descanso es una cuestión de salud, las noches sin dormir durante meses y más meses pasan factura a los adultos y, por tanto, a muchas facetas de su vida. De manera que creo que es importante que cada familia encuentre la manera de descansar el mayor tiempo posible, de la forma que sea. También es fundamental para los niños, sobre todo cuando ya tienen que ir al colegio. No hace falta decir que hay numerosos estudios que demuestran la importancia de un buen descanso en el cerebro de los niños. ¿Compartís cama con los niños?, ¿por necesidad o porque dormís bien así?
por nosoyunadramamama | Ene 21, 2016 | fútbol, Maternidad y embarazo, Moda, Sin categoría, Uncategorized
Aún recuerdo cuando Alfonso empezó el colegio hace poco más de dos años. Como buena primeriza, y subestimando a mi hijo, le compré unos mocasines muy monos para el uniforme; todo hay que decirlo, también eran baratos y… ¡error! Sabéis que soy de las que piensa que lo bueno y bonito no tienen porqué ser caro pero hay calzado barato que puede salir caro. Y aún habiéndome dado cuenta de esto en la guardería con los playeros, no sé porqué pensé que con los zapatos sería distinto. El caso es que, antes de que acabara el primer trimestre, tuve que comprarle otros.
La afición al fútbol que cogió el crío durante el segundo curso me hizo darme cuenta de que, además de tener que comprarle un calzado bueno, debía controlar otros aspectos. Sí, señores, llegué a preguntaros aquí en el blog por marcas y por vuestras experiencias. Y casi, casi, empecé a hacer un máster en el asunto. Porque, válgame Dios, parece que algunos se comen literalmente los zapatos a mordiscos. Claro que mi hijo mayor tiene más de gusano que de niño, no he visto cosa más aficionada a tirarse al suelo por cualquier excusa (hasta duerme en el suelo muchas noches). Y ya cuando hace de portero, es lo que se llama palomitero. Que una vez coge el balón, aunque haya sido una jugada sencillita, se tira al suelo para darle más emoción y dramatismo, rollo Oliver y Benji, ¡qué cosas!

¿Es esto normal? Y ojo, que ya son zapatos hasta con aspecto de playeros 😉
El caso es que, como este año hemos sido muy prácticos con la lista de los Reyes Magos, pedimos zapatos para el cole. Y la verdad es que nos trajeron unos de una marca que no habíamos probado hasta ahora, se llama Conguitos. Lo más importante, que tiene en la parte delantera reforzada y doy fe de que es a prueba de golpes. Ya sé que no ha pasado un tiempo prudencial para valorarlos pero el hecho de que no tenga ni un rasguño en una semana es un buen comienzo 😉 Y lo que no había visto casi nunca es la posibilidad de que puedan lavarse así que… habrá que hacer la prueba. De precio, lo justo.

A final de curso os contaré cómo terminan; soy tan optimista que espero que en septiembre comience con ellos. Y así vuelvo a hacer el encargo a los Reyes, que seguro que saben mas que yo 😉 ¿Cómo acaban los zapatos de vuestros peques?, ¿qué marcas usáis?
por nosoyunadramamama | Ene 20, 2016 | juegos, juguetes, Maternidad y embarazo, Sin categoría, Uncategorized
No sé si es habitual o no atesorar objetos de nuestra niñez muchos años después; el caso es que me puse un día a hacer orden y «redescubrí» las joyas de mi infancia. Ahora sé que hice bien en guardarlas. Y digo que no sé si es lo habitual porque, de verdad, no tengo ni la más remota idea de cuánta gente puede tener en su casa cosas con las que jugaron siendo pequeños, pero quiero creer que casi todos conservaremos algo, por poco que sea. Y desde luego, ahora que soy madre, sé que hay cuatro cosas que hay que guardar, ya no sólo por el recuerdo, sino porque tus hijos los podrán usar décadas más tarde, ¡y eso sí que hace ilusión!
1.Libros: No conservo muchos de los libros que había en mi casa (Los Cinco, Celia,…). Con la mudanza de mis padres hace pocos años, donamos gran parte de ellos, y los que estaban en mal estado, se tiraron (al contenedor de papel, ¡siempre!). Pero yo me guardo en mi casa varios de los libros con los que más disfruté. Y sé que algunos se volverán a usar.


Éste me tuvo completamente enganchada durante años, lleno de personajes y cosas para colocar en las distintas páginas.
2. Juegos de mesa: por favor, ¡esto nunca se tira! No se pasan de moda jamás y, a ciencia cierta, sabes que los usarás incluso cuando ya no seas un niño y te dé por reunirte con tu familia o amigos. Aparte de los clásicos como el Parchís, La Oca o el Trivial, yo fui una fan absoluta de Scattergories y del Tabú (ya se veía que era de letras).

A buen recaudo, para jugar con los peques en unos añitos.
3. Una muñeca, coche o similares: No hay nada como encontrarte ese Nenuco, Barriguita, Nancy o Baby Feber que tuviste de niña. Yo cometí el error de darlas cuando mis padres se mudaron de casa hace 5 años, pero tenía tres Nenucos en perfecto estado. Estoy convencida de que, cualquier madre que guarde una, se encontrará con que sus hijas tienen interés por ella. Yo, a cambio, conservo una joya: mi casa de muñecas, ¡creo que era el sueño de cualquier niña en mi época! Y la mía además la hizo mi tío Juan, que murió sin terminarla, y la acabó una amiga de mi madre. En cuanto a los niños, sé que uno de mis hermanos conserva algún coche de su infancia y mi padre siempre me cuenta que ojalá tuviese guardado un tren con el que pasaba los días jugando. También incluyo en este grupo los peluches, ¡aún tengo uno!


El día que la bajé de un mueble alto donde llevaba una larga temporada sin mirar para ella, Alfonso y Rafa se volvieron locos de la emoción al verla con todos los muebles, muñecos y demás. Pero como es algo que hay que cuidar mucho y ellos aún juegan un poco a lo bruto, decidí vaciarla para que la usen más adelante, si es que luego tienen interés. Espero tener alguna nieta 😉
4. Cromos: No sé si algún día se volverá a llevar lo de jugar a los cromos, pero yo tengo una colección importante en casa e incluso, jugué en una ocasión con los niños. Y más allá de los cromos de jugar con las palmas de la mano, otro recuerdo que me parece increíble es guardar algunos cromos de los álbumes que un día coleccionamos, incluso el álbum si lo hemos completado. ¿Y qué me decís de encontrarte con los futbolistas de hace 30 años que ahora son entrenadores? ¡Lo más!

Algunos de los cromos que conservo.

Yo sé que hubierais preferido uno de Julen Guerrero (yo tenía hasta recortes de prensa) pero aquí va Luis Enrique cuando jugaba en el Real Madrid, para los nostálgicos 😉
Así que ya sabéis, cuando os entre un ataque de ésos de locura para poner orden, recordad que hay cosas que son atemporales y que algún día, vuestros hijos, que ya no serán niños, querrán tener como recuerdo. ¿Conservais cosas de vuestra infancia?, ¿cuál os gustaría recuperar?
por nosoyunadramamama | Ene 18, 2016 | crianza, educación, hermano, Maternidad y embarazo, Sin categoría, Uncategorized
Creo, y lo digo con sinceridad, que podría incluir varias cosas en la lista de aspectos negativos que trae la maternidad. Porque no nos engañemos, ser madre no es un camino de rosas y hay que hablar de ello con naturalidad aunque intentando siempre dar la justa importancia a las cosas, vamos, sin ponernos a llorar. Todas sabemos que las cosas buenas compensan todo lo malo. El caso es que me da la sensación de que siempre nos referimos a las mismas situaciones cuando pensamos en las peores cosas de ser madres: los embarazos con problemas, los partos y postpartos dolorosos, las lactancias «fracasadas», el cansancio, menos tiempo para nosotras, las carreras del trabajo a casa y viceversa. Y ojo, que todo ello es difícil y creo que es necesario tratar estos temas y darles visibilidad, eso sí, sin perspectivas catastrofistas, a poder ser.
Para mí, en ese sentido, los dos momentos más duros como madre fueron el postparto del mayor y las rabietas del mediano poco antes de cumplir dos años y estando al final del embarazo del pequeño, sin olvidar algún que otro verano al borde del colapso 😉 Pero lo cierto es que, me paro a pensar y esas crisis que tuve son cosas que ocurrieron durante espacios cortos de tiempo. Y ahora me doy cuenta de que, desde hace ya mucho, me enfrento a un problema que a veces me hace perder los nervios y que, lejos de mejorar, creo que lo lógico es que vaya a más en los próximos años.
Hablo de los conflictos entre hermanos. En esta casa, no hemos pasado por los celos pero creo que ése sería el primer gran problema que puede surgir en una casa con varios niños. Pero yo hoy voy más allá y hablo de las peleas entre hermanos; y no me refiero solo a cuando se empujan o se dan algún que otro mamporro, sino a las disputas por tener y querer siempre las mismas cosas. Esto empezó a ocurrir en nuestra casa cuando Rafa comenzó a caminar con 13 meses; Alfonso acababa de cumplir tres años así que estaba en una edad en la que no entendía muy bien porqué su hermano le «molestaba». Aún así, lo llevó bastante bien. De hecho, los mayores se acostumbran a esa situación. Cuando los hermanos pequeños tienen menos de dos años y no son capaces de razonar muchas cosas, a los mayores les toca ceder. Pero, ¿hasta dónde? Buena pregunta, yo no lo sé y es ahí dónde a veces descubro que no sé ser jueza. Porque ése es el papel más difícil de ser madre: ser justa en función de las necesidades de cada hijo sin que ninguno sienta que queda de lado. Tela marinera.

Aquí están jugando. Eso sí, a lo bruto. Gabriel tiene el cielo ganado, es que no se queja por nada!
Los hermanos pequeños tienen el gran problema de que quieren hacer, tener, comer, tocar el botón del ascensor, entrar en casa y, si se tercia, hacer sus necesidades cuando lo hacen los hermanos mayores. Yo ya he visto a Ricitos de Oro enfadarse por querer utilizar el mismo váter que Alfonso cuando su hermano está en plena «evacuación». Y es muy frustrante. Ah, excepto cuando haces un viaje en coche, que entonces uno quiere ver Cars y el otro Buscando a Nemo y acabas poniéndoles Dumbo por no generar problemas. Pero bueno, esto se queda en mera anécdota comparado con el tema juguetes o objetos de entretenimiento porque ahí llega la guerra de verdad. «Alfonso, déjaselo un rato», digo. Y todo por no oír protestar al mediano, que lo hace de una forma muy irritante, es decir, llorando. Porque esa «táctica» les ha funcionado muy bien desde bebés; es lo que tiene nacer y ya tener «competencia», tiene cierta lógica. Mientras, el mayor suda la gota gorda pensando en deshacerse de su amado objeto. Por ponerle humor, tipo Gollum en El Señor de los Anillos. Y ya sabéis, a partir de ese momento: «es que lo tenía yo primero», «es que es mío», «es que antes me pegó», «es que lo quiero yo» y un sinfín de frases del estilo.
El caso es que, cuando me paro a reflexionar sobre esto, me doy cuenta de que esto va para largo y seguramente irá a más, por mucho que se quieran, se necesiten y se defiendan a muerte frente a los demás. Y esperad, que a Gabriel le quedan dos telediarios para entrar en el meollo así que… continuará. ¿Veis?, ¿a qué ahora lo del parto no os parece tan horrible? 😉 ¿Cómo lleváis vosotras este tema de las broncas entre hermanos?
por nosoyunadramamama | Ene 14, 2016 | Moda, ropa, Sin categoría
Este verano, en uno de esos posts que tuvo mucho éxito, os enseñaba cómo iban los peques vestidos en la boda de mi cuñado. Era la primera vez que los niños llevaban calzado de Pisamonas, una de esas tiendas que descubrí gracias a un familiar y que me encanta. Además, aquellos mocasines dieron un resultado genial porque se los han puesto estas Navidades varias veces y siguen perfectos. Eso sí, con ellos no juegan al fútbol 😉

Ahora, cuando tengo que comprar zapatos bonitos, para los fines de semana, para cuando tienen que ir a algún sitio un poco más arreglados (bodas, bautizos, comuniones o estos pasados días de Navidad) siempre entro en su web. Y en verano para las chanclas o menorquinas, ni lo dudo. Este año, hasta Papá Noel se encargó de cogerle a Gabriel unos zapatos inglesitos marrones preciosos, que hasta vienen con cordón o lazo para que elijas la opción que más te guste.

Los inglesitos de Gabriel, que ha empezado a usar zapatos hace algo más de un mes porque ya pasa mucho tiempo caminando agarrado a cualquier cosa.


También tienen calzado para mamás.
Lo bueno es que, de todos los modelos que tienen, que son muchísimos, suele haber un montón de colores. Y el precio es muy bueno, de hecho, ahora en rebajas están al 15% y yo aprovecho para coger zapatillas de lona de cara a la primavera. Además, es una de ésas webs prácticas, en la que da gusto comprar porque es super intuitiva, en la que no te pierdes al hacer tu pedido y compra (creedme cuando os digo que esto es importante para mí 😉 ) Y da la casualidad de que los pedidos que he hecho son de los más rápidos he recibido y os aseguro que recibo casi todas las semanas algo, incluida la compra. Es, sin duda, una de mis tiendas online de cabecera, me imagino que muchas ya la conoceréis.
por nosoyunadramamama | Ene 13, 2016 | Bienestar y belleza, deporte, ejercicio, Sin categoría, Uncategorized
Éste título bien podría ser el de un post sobre la vida diaria de las madres porque, esto es así, vamos de un sitio para otro corriendo. Y más cuando tienes varios niños, que estás como en una yincana continua. Pero no, hoy no voy a hablar de maternidad sino de deporte, aunque acabaré relacionando una cosa con la otra, siempre me pasa. Os dije hace unos días que estaba barajando cambios en el blog así que, ya os adelanto que, desde este mismo momento, amplío contenidos. Que si alguna vez me apetece enseñaros dónde compro ésto o aquello, una crema que me gusta o cualquier truquillo, pues lo comparto, al igual que os muestro nuestras excursiones y siempre me decís que esos posts son útiles. Eso sí, no será el único cambio, habrá alguno más pero me llevará más tiempo porque quiero que quede bonito.
Y hoy, a lo que toca, porque va a ser un tema que me dé para algunos posts y los escribiré por si alguna madre más decide unirse a mi objetivo de 2016 (empezar fue reto en 2015, ahora toca mejorar). Nunca me ha gustado el deporte, ni en grupo ni en solitario, me pasa desde pequeña. A eso se suma que el cuerpo, con 20 años, lo aguanta todo; da igual que no te desmaquilles por la noche, que comas demasiado o que tomes el sol más de la cuenta. Pero la realidad es que no importa a esa edad pero todo pasa factura más tarde. Y más con tres embarazos a la espalda. Os conté en su momento que, consciente de que la tercera gestación me había regalado algún kilo (y dado que cerrar el pico para comer no es posible), hice un amago de volver al gimnasio a los dos meses de nacer Gabriel. Pero lo cierto es que no tenía tiempo así que decidí, como Forrest, empezar a correr por varias razones:

Mi primera carrera, en junio.
–Flexibilidad: puedo ir a cualquier hora del día, sin depender de horarios de clases ni de cierres o aperturas de gimnasios. Como madre dependo de que alguien esté con los niños pero… siempre es más fácil escaparse media hora de casa que un par de horas.
–No pierdo el tiempo: entre ir al gimnasio, asistir a la clase y volver, se me iban casi dos horas. Correr es tan fácil como ponerte las mallas y zapatillas, bajar al portal y eaaa, a darle a las piernas hasta que vuelves, de nuevo, a la puerta de tu casa. ¿Total? Treinta minutos.
–Es barato: siempre que no seas sibarita. Para empezar, tiré de leggins viejos y, eso sí, me compré unos playeros de Nike. Pero vamos, que creo que fueron 40 euros o menos.

Ya veis, como llevo 8 meses corriendo y ya corrí mi primera San Silvestre, los Reyes decidieron que era hora de mejorar el atuendo. Y el de mi madre, con ese super libro de Cristina Mitre, «Mujeres que corren», que voy a leer ya.
En junio me apunté a la Carrera de la Mujer, la primera de mi vida, y la terminé, que era lo que quería. Porque señores, yo soy muy lenta y no he salido a mi madre ni a mi hermano, que quedó el octavo (de más de 4000 participantes) en la San Silvestre de Gijón; yo sencillamente concluí dignamente. Pero en realidad, al correr no compito con nadie, solo conmigo. Y aunque empecé por cuestiones estéticas, es decir, para endurecer las carnes, hace tiempo que me di cuenta de que el running (os juro que me cuesta decir esta palabra) me sienta bien. Sí, perdí esos kilos y alguno más y eso se agradece pero además me hace sentir fuerte mentalmente sólo por el hecho de lograr un objetivo. Porque creí que no iba a durar y sigo. Y porque la pereza me puede cuando hace frío pero he conseguido cumplir dos días a la semana y ahora van a ser tres.
¿Mi próximo reto? Correr en marzo una 10k, lo que viene siendo una carrera de 10 kilómetros, que no quiero ponerme yo muy técnica ahora. Eso sí, ojo con el suelo pélvico que, oye, justo en eso y según mi matrona, es como si nunca hubiera parido y estoy divina de bajos fondos 😉 pero no es recomendable en según qué estado esté tras embarazos y partos. De todas formas, yo voy a hacer mis averiguaciones porque me dijo la matrona que hay un dispositivo que ayuda a proteger el suelo pélvico en los deportes de impacto. Vamos, que tengo más posts que escribir sobre el deporte relacionado con la maternidad y aquí lo compartiré por si algunas decidís que es un buen momento para empezar a mover el trasero, ¿alguien al otro lado? 😉
por nosoyunadramamama | Ene 12, 2016 | crianza, lactancia, Maternidad y embarazo, postparto, Sin categoría, Uncategorized
El otro día me encontré con este artículo sobre la lactancia materna que leí con mucho interés. Para las que no podáis deteneros a analizar el texto completo, os resumo: El 80% de las españolas da el pecho tras el parto; a las seis semanas, esa cifra desciende al 68%; a los 3 meses, al 52% y más allá de los seis meses, sólo el 36% amamanta. Así que la pregunta obvia es porqué si se supone que es lo mejor para un bebé y lo recomiendan todos los organismos sanitarios. Tras la pregunta, llegan las posibles causas.
Una de ellas, y la principal, es la falta de asesoramiento durante el embarazo. Este es un punto con el que no estoy de acuerdo y creo que nuestras bisabuelas se reirían si se lo dijéramos. Otra cosa no, pero información tenemos para dar y tomar sobre lactancia materna y hoy, más que nunca, sabemos muchísimo sobre ello. Para mí, por los casos que conozco a mi alrededor y mi propia experiencia, es que la información que nos dan no es real. Te hablan de sus beneficios, de que es gratis, de que es cómodo, de que es lo natural pero las grietas, mastitis y demás problemas se mencionan como si fuera algo infrecuente. Ojo, que ya sabéis que no soy de las que apoyo lo de asustar al personal pero… ¡¡es que es algo muy frecuente!! Y todo eso te pilla en pleno postparto, en el que además de cansada, puede que estés dolorida. Así que no es tanto falta de información como que es incompleta.

También se menciona en el artículo que los profesionales sanitarios, en ocasiones, dan información contradictoria. Y eso sí, me lo creo a pies juntillas porque, dependiendo del pediatra, te puede decir que le des fruta al niño a los cuatro o a los seis meses, que sigas con el pecho, que lo dejes porque el niño pesa poco… ¡hay de todo! Sin querer subestimar a los especialistas (que yo para eso me fío mucho de ellos), hay que saber darles la importancia justa. Los bebés son eso, bebés, no robots. Y nadie conoce a un hijo mejor que una madre. Así que no nos agobiemos; si los bebés están sanos, seamos flexibles.
Y por supuesto, se recalca la falta de protección de la lactancia materna por parte de instituciones. En este punto, tengo mis recelos. Es obvio que la baja por maternidad de 16 semanas no favorece la lactancia pero es una disposición que no beneficia en general a las familias. Es decir, creo que no es una cuestión de que no se proteja la lactancia sino que no se hace con la maternidad en general (des pecho o no lo des), no se favorece el tener hijos ni se mira por la conciliación.
Mis comienzos con la lactancia fueron complicados las tres veces; de hecho, sólo en la última ocasión pude solucionar (en parte) mi problema. Aún así, creo que si no hubiera tenido dificultades, mis lactancias no se hubieran alargado en el tiempo. No sé si soy la única pero nunca le encontrado placentero ni grato el amamantar. A mí, embarazos, me pueden dar los que sean pero la lactancia me parece agotadora y tremendamente dura. ¿Cuál fue la causa del final de vuestras lactancias?