Etiqueta: colegio

  • Redistribución de clases… dos años después

    Redistribución de clases… dos años después

    No pensaba sacar este tema pero, como os conté por Instagram que Rafa cambiaba por primera vez de compañeros al pasar de Infantil a Primaria, y que Alfonso volvía a cambiar este nuevo curso, muchas de las que me seguís por allí, lógicamente, me disteis vuestra opinión y algunas sentíais cierta preocupación porque les tocará a vuestros hijos. Os diré que esto es lo que yo pensaba hace dos años sobre la redistribución de clases. Yo, que me pasé toda la vida con las mismas personas, además en una clase muy reducida, en la que no recuerdo que hubiera grandes problemas y en una etapa de la que yo tengo buen recuerdo, pues lógicamente tenía mis reservas sobre el tema y, a priori, la idea no me entusiasmaba nada porque Alfonso estaba muy contento con sus amigos de Infantil.

    Redistribución de clases… dos años después

    He de decir que, cuando llegué el primer día al cole y vi la lista de nuevos compañeros de Alfonso, me «disgusté» un poco porque de su grupo de cinco amigos más cercanos, no estaba ninguno. Ya era mala suerte. Pero lo cierto es que para mí fue un descubrimiento comprobar cómo él no le dio demasiada importancia. Lo mismo que Rafa este año cuando vio que no estaban en su nueva clase sus dos mejores amigos. Se lo dices tú al ver la lista y parece que se disgustan un poco; entran en clase, ven caras conocidas y enseguida se les pasa. Porque la realidad es que en los recreos y en el tiempo de ocio se mezclan con muchos niños y todos se conocen.

    Además, en nuestro caso, se suma el fútbol que, quieras o no, ahí hacen mucha piña. Y algunos de los niños de su equipo puede que no estén en su misma clase pero ese tiempo haciendo deporte juntos se nota a la hora de configurar su grupo de amigos. Es decir, que la amistad no surge sólo en la clase, sino que abarca más ámbitos.

    Mi opinión es que los niños se adaptan muy bien a todo. Es cierto que hay niños más o menos sociables, más o menos tímidos y creo que, en algunos casos, quizás lo más adecuado sería que los padres hablasen con el centro y con los profesores para ver si en una situación concreta, la separación sería contraproducente y se pudiese evitar. Pero en la mayoría de niños veo que es positivo.

    Redistribución de clases

    Redistribución de clases, ¿por qué se hace?

    1. Se favorece que los niños socialicen y amplíen sus relaciones: esto es obvio. Con cuantos más niños compartan aula, más posibilidades hay que de amplíen su círculo de amistades.
    2. Se evitan los grupos cerrados y rivalidad entre clases: este punto no lo viví porque en mi colegio había una única clase por curso pero sí que se podía dar en colegios con dos o más clases por curso. Se ha visto que según se van haciendo mayores los alumnos,  es más probable que surjan rivalidades entre ambas clases e incluso en sus familias.
    3. Se evitan los roles: es muy típico que, en las clases, uno sea el más payasete, otro el lento, otro el que es un empollón, etc… Sin querer, ese rol que se adquiere, determina también la forma de actuar. Así que al mezclar alumnos,  esos roles tienden a desparecer, a pasar desapercibidos…

    En resumen, se cree que tiene muchas cosas positivas. Y yo de verdad creo que seguramente las tiene. ¿Qué cosas veo negativas? Pues que, como decía antes, hay niños a los que les cuesta mucho relacionarse, así que entiendo que este sistema les pueda causar inestabilidad. Ése es el motivo más complicado y cuestionable de la redistribución de clases: la inestabilidad que pueda suponer para algunos alumnos. Si queréis dejar vuestros comentarios con experiencias y opiniones para que otras madres los puedan ller cuando llegue a este post, ¡serán bienvenidos!

  • Los zapatos del cole que duran de verdad

    Los zapatos del cole que duran de verdad

    Este es el tercer curso que os recomiendo la marca Conguitos. Y lo hago encantada y con conocimiento más que probado, razón por la que repetimos. Porque desde que Alfonso empezó el colegio hace seis cursos pude probar distintas marcas. Pequé de primeriza comprando unos zapatos colegiales baratos y recuerdo que duraron cuatro meses. Luego llegó su afición al fútbol y me pasé a zapatos de más precio y aparentemente muy resistentes, pero no aguantaron el curso entero. Fue entonces cuando Conguitos me invitó a probar los suyos, había oído hablar bien de la marca y no tenía nada que perder. Yo sinceramente había perdido la esperanza de que algo nos fuese aguantar de septiembre a junio pero, para mi sorpresa, los zapatos aguantaron y en buen estado.

    Conguitos
    Zapatos nuevos
    Conguitos
    Zapatos en junio al acabar el curso, mirad la puntera reforzada, sigue perfecta.

    Así que, desde entonces, repetimos y los recomiendo. Y he de añadir que durante estos años, me habéis escrito varias personas para agradecer la recomendación. Los colegiales de Conguitos son de piel lavable (aunque nosotros apenas los metemos en la lavadora porque con una toallita húmeda quedan limpios), la plantilla es extraíble, la puntera está reforzada y además son muy flexibles, no es el típico calzado rígido, de hecho, no les hace ningún daño cuando estrenan. Ah, y buen precio! Además, si por lo que sea no aciertas con el número, los cambios son gratuitos y los envíos llegan a casa en 24/48 horas (días laborables).

    Tienen también otros modelos de zapatos. El año pasado, los niños tuvieron los botines azul marino, que también quedaron en muy buen estado. Eso sí, les meten menos caña que a los del cole, obviamente porque los usan menos días.  Si alguna tenéis interés en probarlos, cosa que os recomiendo si aún no habéis dado con el calzado que resista el ritmo de vuestros peques, os dejo este código descuento para su compra DRAMAMAMA15

  • Cómo organizo los recuerdos escolares de los niños

    Cómo organizo los recuerdos escolares de los niños

    Este es otro de esos posts que surgen tras vuestras preguntas en Instagram; me encanta que me deis ideas porque, después de 700 posts en estos años, a veces una anda escasa de imaginación y vienen bien vuestras propuestas. El caso es que os enseñaba por allí un vídeo cortito con un montón de carpetas, fotos y papeles y os contaba que estaba en plena operación «guardar recuerdos» ahora que terminó el curso escolar. Pues allá vamos. Os cuento cómo organizo los recuerdos escolares de los niños: qué guardo (que no es mucho), cómo lo guardo y para qué lo guardo.

    Cómo organizo los recuerdos escolares de los niños

    Qué guardo y por qué

    1. Fotos: tanto en la guardería como en el cole se hacen fotos de grupo. Bien en carnaval, en navidades, en alguna excursión o la típica foto de clase. Yo suelo guardar una o dos fotos al año. Por ejemplo, la oficial de clase, que suele ser la más cara, la cojo cada dos años, y el resto de cursos, elijo alguna de las que os mencionaba antes, de manera que de todos los años tienen una o dos fotos para el recuerdo. Lo de las fotos es obvio el porqué las guardamos, una imagen vale más que mil palabras y creo que a todos nos gusta tener imágenes de distintas épocas de nuestras vidas como recuerdo y de esas personas que nos acompañaban en esos momentos.
    2. Notas: Guardo las notas porque recuerdo que en COU, antes de entrar en la Universidad, además de la nota de selectividad, nos pedían una especie de libro escolar, que guardaban en el colegio, en el que aparecían las notas de todos los cursos desde pequeña. Y aquello me hizo ilusión porque no recordaba mis calificaciones de EGB… Así que ahora decidí guardar las de los niños, por si a ellos algún día les interesa.
    3. Dibujos: Guardo dos o tres dibujos al azar de cada curso, así se ven sus avances desde que empiezan con los garabatos en la guardería a otros muy elaborados en Primaria.
    4. Escritura: Aquí básicamente es guardar algún dibujo con su nombre en primero de Educación Infantil a algún dictado en Primaria. Es una pasada ver los cambios a través del tiempo.
    5. Otros: Por ejemplo, cosas relacionadas con las actividades extraescolares. Los míos solo van a fútbol y guardamos la típica foto de equipo, este año el álbum de cromos en el que ellos aparecían, también recortes de prensa…
    cómo organizo los recuerdos
    Recuerdos de guardería de Gabriel

    Cómo lo guardo

    Pues muy sencillo: en carpetas. Una para la guardería, otra para todo Educación Infantil y otra para Primaria. Daos cuenta de que cada curso guardo una o dos fotos, tres dibujos, algo escrito y las notas, es decir, no son más de diez «papeles», ocupa poco. Si acaso, en la época de guardería hay algún recuerdo más… Lo digo porque algunas me comentábais que acumuláis muchísimo porque guardáis hasta cuadernos. Se trata de simplificar, tampoco es algo que ellos vayan a ver cada poco, se guarda y puede que se saque cada… ¿tres años?, ¿cinco?, ¿una vez en la vida? Así que vale más que sea poquito pero representativo.

    Y nada más, espero que os haya servido a las que me habéis estado preguntando. Seguro que sois muchas las que vais guardando recuerdos de los peques de sus distintas etapas escolares…

  • Los grupos del whatsapp de madres

    Los grupos del whatsapp de madres

    Con Whatsapp hemos topado. Una se puede emocionar la primera vez que la incluyen en grupos de whatsapp de madres pero con el tiempo solo tiene ganas de huir. Que no seré yo la que dude de su utilidad; cuando tienes tres churumbeles en el colegio, por supuesto que puede ser una herramienta estupenda para algún recordatorio o duda, para mí la primera, pero… hasta ahí, ¿no? Vamos a ponernos en situación. Desaparición de una prenda de ropa. Madre que pregunta si alguien tiene el jersey que su hijo Menganito ha perdido. Y entonces es cuando, por arte de magia, te encuentras con quince madres diciendo que no lo tienen en sus casas.

    Ahí es cuando, por inercia, las primeras veces, respondes que en tu casa y en la mochila de tu criatura tampoco está, no vaya a ser que, por no contestar, alguien piense que estás sisando la prenda en cuestión o que eres una  petarda y ni te molestas en mirar. Hasta que llega un momento en que te paras y dices: pero la pregunta no es quién tiene o alguien ha visto. Pues entonces si no tengo y no he visto, no digo nada. Y no es que sea borde, es que tengo una decena de grupos de padres entre fútbol y cole, y no me da la vida para tanta información. Que nadie se preocupe, si a mi casa llega un jersey con nombre de otro niño o que no me resulte familiar, avisaré. ¡Gracias!

    Luego está ese momento en que acaba un cumpleaños. Has recogido ya al niño del evento y te has despedido de los padres del cumpleañero dándoles las gracias por semejante fiestón. Pero no sabes por qué, de repente, el grupo de whatsapp que se creó para avisar del cumple, hora y sitio… empieza a echar humo con agradecimientos varios contando que Menganito ha llegado feliz a casa y que está tan cansado y se lo ha pasado tan super bien, que ya está durmiendo. Ah, se me olvidaba, si tienes suerte, te habrán enviado una decena de fotos de la celebración que a mí hasta me «presta» (verbo asturiano que deberíais usar en toda España y que significa, más o menos, gustar). Pues eso, que me gusta ver una decena de fotos pero ¿cien? Sí, cien. Hay madres que envían cien fotos. Que ya no es que las envíen, es que ¿quién tiene tiempo para cien fotos? Llamadme básica, si queréis, a mí no me da la vida…

    Los grupos del whatsapp de madres

    Y ahora están los chats echando humo con tema disfraces de fin de curso, que da para mucho, y regalo a los profesores, que casi que ya no entro en este tema porque me da para otro post… Resumiendo, quiero estar en los grupos pero solo participo cuando son cuestiones meramente informativas, no es que sea una borde, que quede claro 😉 ¿Cómo llevais este tema?

  • Primer día de colegio… si van los hermanos

    Primer día de colegio… si van los hermanos

    El primer día de colegio no suele ser fácil… o no tiene porqué serlo. O sí. Al final, como siempre digo, cada niño es distinto y unos pueden reaccionar de una forma en una circunstancia concreta y otros críos reaccionar de otra. Vamos, que la forma de ser del niño es un punto importante pero hay otro factor que para mí es clave a la hora de empezar el colegio: los hermanos. Esto suele cambiar bastante el cuento. Recuerdo perfectamente los «lagrimones» de Alfonso en sus dos primeros días en Infantil. Y recuerdo que a Rafa le importó bastante poco que le dejásemos allí. Básicamente por dos cosas:

    1. El lugar les resulta conocido: En el caso de mis hijos, el que hayan practicado fútbol desde pequeños en el colegio, ha hecho que sus hermanos pasasen mucho tiempo allí, no sólo el momento de llevar o recoger al que ya estaba escolarizado. Aún así, cualquier hermano pequeño conoce el colegio al que va un hermano mayor, bien por ir a menudo, bien por las fiestas del cole…
    2. Los hermanos y sus amigos: En mi familia, yo soy la hermana mayor y mis tres hermanos son varones. Por tanto, no viví eso que cuenta mucha gente de que hacían planes o se juntaban mucho con los amigos de sus hermanos mayores. Porque normalmente, los pequeños ya conocen a los amigos de los mayores… que si de algún cumpleaños, que si de los partidos de fútbol, de lo que sea pero les tienen fichados así que son caras más que conocidas…

    Y es que los hermanos mayores, al principio, suelen acercarse en los recreos a ver cómo va el que acaba de entrar. Ayer Rafa me decía que no había podido ver a Gabriel y estaba preocupado.primer día de colegio

    Cómo fue el primer día de colegio de Gabriel

    Pues más o menos tal y como imaginaba. Él ya sabía a dónde iba y además digamos que conoce el terreno desde la misma semana en que nació, que ya iba conmigo a todos los entrenamientos y partidos del mayor, para luego ir a los del mediano, más la recogida diaria. Vamos, lo que viene siendo el patio, pistas, fuentes de agua, vestuarios y hasta escobillas de baño… Eso sí, lo de decirles que van al cole con sus hermanos tiene alguna desventaja, y es que se lo toman al pie de la letra y piensan que se van a pasar el día con ellos… Y va a ser que no. Que se ven en clase con unos cuantos niños desconocidos, algunos llorando, y no ven claro ya el asunto. Pero bueno, ahí mantuvo el tipo, además con su primo al lado, y con unos libros y unos juguetes parecía tranquilo… hasta que le dije que me iba, que ya puso cara de puchero y le salieron las lagrimillas. Pero bueno, un poco de diálogo diciéndole que le iba a recoger en tres horas y ya la cosa quedó en eso, en amago. Así que digamos, fue bastante bien. ¿Qué tal el inicio para los peques?

  • Tres señales que demuestran que tus hijos necesitan volver al cole

    Tres señales que demuestran que tus hijos necesitan volver al cole

    Más o menos, en torno a mediados o finales de agosto, cuando ya solemos estar de vuelta de nuestras vacaciones y la alteración de los niños es equivalente a 100 al cuadrado, comienza mi momento crisis en casa. Y ya me entendéis por crisis, me refiero a tener los nervios a flor de piel porque todo es un descontrol, los horarios, las comidas, la casa… Es cuando los decibelios de tu garganta han subido un poco a pesar de que ya te has acostumbrado a no gritar y poco te altera. Obviamente, a mí en esta ocasión, me han pillado fuera de juego y en baja forma, no es la situación en la que estoy normalmente y bastante tengo con superar cada día. Pero vamos, que la alteración que tienen al final de las vacaciones de verano es similar todos los años:

    1. Sordera continuada: no, no es la sordera selectiva de cuando les dices que recojan algo o que pongan la mesa. Es la falta completa de la capacidad de oír cualquier vocablo que salga de boca de sus progenitores, que no de sus abuelos. Es como si tuvieran unos tapones y ya no reaccionan ni cuando dices que se vayan vistiendo ni que ya está la comida. Nada, no hay forma de que reconozcan su nombre.
    2. Me aburro: la frase estrella de mi hijo mayor. Estamos en esa fase en que cada 5 minutos necesita cambiar de actividad, pasamos del playmobil a la tv, de la tv a los coches, de los coches al puzzle, del puzzle a un libro…y de ahí al siguiente punto.
    3. Piques continuos entre hermanos: siempre he dicho que si me metieran en Gran Hermano, porque yo no lo haría por elección propia, no me comportaría de la misma manera. Cuando compartes horas y horas con las mismas personas, los roces van surgiendo. Y cuando de niños se trata, la cosa se dispara. Porque cuando cada uno va a su clase con sus amigos, llegan luego a casa, ellos se ven y más o menos se quieren y conviven con cierta armonía. Pero cuando se pasan el día juntos, siempre quieren el mismo juguete pero distinto canal de televisión. Y dos construyen algo y va el pequeño y se lo destruye. Y no se andan con tonterías, si hay que empujar al pequeño, se le empuja. Y así, un tira y afloja continuo que te deja la cabeza como un bombo. Y como el mayor se aburre, si los otros están entretenidos, ya se encarga él de acabar con la tranquilidad.

    E intentas poner paz sin gritar, pero te lo ponen difícil. Y te das cuenta de que necesitan un poco de orden, que yo también tengo otro humor si me cambias mis horarios y rutinas. Porque al final, no queda otra que ir haciendo cábalas; ellos tienen tres meses de vacaciones y los padres no. Y entonces… que si unos días con los abuelos, que si un campamento, que si viaje… ¿quién no acaba desquiciado así?

  • Una clase muy especial

    Una clase muy especial

    Siempre he dicho que me encantaría ver por un agujerito a mis hijos en la guardería y en el cole, contemplar cómo se relacionan, qué hacen, de qué hablan con sus amigos…. Es más, es algo por lo que estaría dispuesta a pagar pero, a día de hoy, no es una opción siquiera 😉 Así que, cuando en el centro de Alfonso, nos propusieron poder dar una clase de lo que quisiéramos a nuestros hijos durante una tarde, no lo dudé un segundo y me apunté. Lo que no tenía nada claro es qué hacer con 25 criaturas; y es que, sobre mi profesión, la de periodista, nada me parecía factible con semejante auditorio. Así que me lancé y decidí hacer una receta.

    Ya os adelanto que, lo que viene siendo el resultado de mi arte culinario, la cosa fue desastrosa. Mi idea era hacer Pop-Cakes y pregunté a varias expertas en esto de cocinar, que me recomendaron mezclar bizcocho desmigado con Philadelphia. Lo que ocurre es que eché demasiado de esto último y la masa se deshacía en cuanto los niños pinchaban los palitos a las bolas que previamente habían hecho con mi mezcla. En fin, supongo que lo importante es participar. Creo que la profesora no va a olvidar lo «limpia» que quedó la clase tras mi paso.

    Al final, los niños acabaron comiendo la argamasa que había hecho y la mojaban en el chocolate derretido que llevaba en unos termos. Eso sí, como los fideos de colores, nada. Algunos decidieron hacer bombones tipo trufas y los envolvimos en papel de celofán con unos lazos muy monos que había llevado. Al menos, algunos padres pudieron ver que hice algo medianamente decente.

    IMG_20150528_212319Si algún día, en el cole de vuestros peques, os ofrecen esta posibilidad, no lo dudéis. Sé que hace falta tiempo pero merece la pena. Eso sí, tened en cuenta lo siguiente:

    1. Cuando entres por la puerta, los niños se arremolinarán en torno a ti como si de un vendedor de chuches ambulante se tratase.

    2. Si a un niño no le gusta lo que haces, te lo va a decir a la cara, sin ningún miramiento. No os lo toméis como nada personal 😉 Habrá otros que se peguen un atracón.

    3. En los distintos grupos de whatsapp de padres, en unos habrá cachondeito porque la has liado con el chocolate 😉 Y también te escribirán madres maravillosas para darte las gracias.

    4. Las niñas y los niños viven en universos paralelos. Los críos, en cuanto se aburran, se irán a hacer otra cosa (mi hijo inluido). Las niñas, en su mayoría, seguirán esperando sentadas a que puedas envolver su bombón en celofán para llevárselo a su madre, a sus hermanitos o primas. No me lo neguéis, a estas edades es más fácil criar una niña que un niño. Eso sí, en la adolescencia ya me contaréis (soy mala, lo sé).

    5. El gesto que para ti sea más insignificante, como acariciarle la cara a un niño, será para él algo super importante. Y no sólo eso, si no que habrá quien le dirá a su madre lo guapa que eres. ¡No me digáis que no son para comérselos!

    6. Saldrás con la cabeza como un bombo porque casi todos querrán que les prestes atención y les ayudes; los niños son así, no entienden de tiempos ni de esperas.

    7. Tu hijo se sentirá orgulloso de ti.

    Y hasta aquí mi breve experiencia como profesora. Si esto lo siguen ofreciendo, iré también en su momento a las clases de Rafa y Gabriel en un futuro. Eso sí, con algo más de acierto con la receta o actividad. ¿Habéis podido ir al cole o guardería de vuestros peques a hacer alguna tarea?, ¿qué os parece la idea?

  • El baño, ese lugar de exploración y conflictos

    El baño, ese lugar de exploración y conflictos

    Creo que no hago ningún descubrimiento al comentar que los niños y bebés sienten una atracción irrefrenable por el agua. Esto es así casi desde que nacen pero, cuando comienza el gateo, se adentran de lleno en el ¿maravilloso? mundo acuático a través de elementos como el bidé (por suerte, en mi casa no hay pero sí en la de mis padres), el váter, la ducha… todo acompañado por la escobilla, que más de una vez me he encontrado en algún armario de ropa. Realmente creo que voy a suprimir esta pieza tan poco elegante de mi hogar. Sí, madres del mundo, el baño es un lugar de búsquedas y exploraciones sin fin. Pero la cosa no acaba ahí.

    Con una escobilla así, ¿creéis que dejarían de cogerla? Por cierto, qué cosa más horrorosa.

    Yo ya lo sé. Cuando voy a buscar a Alfonso y a Rafa cada tarde al cole y guardería, si sus profes ponen cara de que algo ha pasado, tengo claro que la escena del «crimen» ha tenido lugar en el aseo. Tampoco es que mis hijos sean unos gamberros pero, como todo niño, hay algún día en el que están inspirados. La primera vez que castigaron a Alfonso en el colegio fue hace más de un año, os lo conté en un post. Había entrado en el baño de las niñas para asustarlas. Con las féminas no ha reincidido, es más, ahora mismo le parecen un rollo porque no juegan al fútbol. Ya cambiará de opinión dentro de unos años.

    Sin embargo, el baño y el agua le motivan mucho más y la última vez que su profe mecomentó algo sobre su comportamiento fue tras un episodio que tenía que ver con un váter y una toalla; no puedo aportar muchos más datos porque fue el niño el que me explicó el suceso 😉 A posteriori supe que el autor material de los hechos fue uno de sus amigos y Alfonso fue testigo presencial, pero no instigador. Pero el caso es que ahí estaba, en medio. Bueno, en realidad, según él, estaba haciendo caca y fijaos que me lo creo porque es un proceso al que dedica un tiempo considerable.

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    Estas imágenes de Rafa atrincherándose en el baño y dándose una ducha motu proprio con el pijama puesto son una prueba más de lo mucho que les gusta indagar con el fluido transparente.

    Esto de los baños les gusta mucho a todos. La primera vez que Rafa necesitó utilizar la ropa de repuesto que tiene en la guarde fue hace un par de semanas y no se debió a escapes del pañal de esos que todas sabemos. No sé cómo, en unos segundos, abrió un grifo y se empapó de arriba abajo, desde el pelo hasta los playeros. Y ya de paso, creo que hubo algún daño colateral en la ropa de otros compañeros. En la escuela infantil de Rafa utilizan el método Montessori, por lo que los niños tienen cierta libertad para hacer cosas y el crío debió pensar que oye, la cosa estaba ese día aburrida. En fin, no sé por qué me da que las anécdotas van a ser interminables. Aún me acuerdo cuando de adolescentes nos escondíamos para fumar un pitillo en los baños del colegio. Bueno, yo no fumaba pero ahí estaba, en modo acompañante porque siempre era más entretenido eso que hacer lo correcto. Ojo, que yo luego era buena estudiante 😉 ¿Qué?, ¿vuestros peques también la lían parda en los baños?

  • La elección del colegio

    La elección del colegio

    Sé que muchos padres estáis en plena tarea de elegir cole para vuestros peques. Rafa también empezará a ir a la escuela este año, pero la labor de seleccionar dónde, ya la hicimos hace dos años para Alfonso. La mayoría estaréis analizando instalaciones, proyectos, idiomas, horarios, cercanía a casa… y desde luego, cada cosa suma o resta. Pero desde mi experiencia y por si a algunas os sirve de algo, yo tendría también en cuenta otras cosas importantes:

    1. Que el niño no se vaya a sentir fuera de lugar: No tendría mucho sentido que os dejarais todo vuestro sueldo en llevar a vuestro peque a un colegio elitista si después el crío no va a tener acceso a ciertas cosas. Y me explico. Imaginaos que vuestro hijo, que vive en un barrio humilde, se rodea de otros niños cuyas aficiones pasan por ir a esquiar o practicar golf y además viven en urbanizaciones y chalés de lujo, lo cual no es nada malo. Imaginaos que lleváis al niño a un cole religioso y vosotros sois ateos y no queréis saber nada de que el crío comulgue mientras todos sus compañeros de clase harán la Primera Comunión. Bien, son sólo ejemplos y, en este caso, los he buscado un poco extremos pero ya sabéis cómo son los niños, se fijan en todo y enseguida te dicen qué cosas tienen o hacen sus compañeros.

    2. ¿Jornada? Partida, por favor: para esto seguí mi propio criterio porque ya sabéis que hay opiniones muy dispares y nadie se pone de acuerdo. Así que me pregunté a mí misma cuándo lo pasaba muy bien de pequeña y la respuesta fue que en casi todos lados pero reconozco que en el colegio disfrutaba; llegaba el fin de semana y me encantaba estar con mis padres de excursión pero me moría de la ilusión cuando venían a casa a dormir o a pasar la tarde mis compañeras. Y ahora lo veo con Alfonso, que sale del cole y está encantado de seguir con sus amigos en el entrenamiento, y cuando llega un fin de semana en el que está invitado a algún cumple, va feliz. Y si se encuentra a un amigo en la calle, se muere de la emoción. Cierto es que el año que empiezan el cole da pena que estén allí hasta la tarde pero ahora, en este segundo año, lo veo claro, quiere pasar más tiempo con sus amigos. Y mientras Rafa está ahora en una edad en la que, aunque haya niños a su alrededor, si estamos nosotros no nos pierde de vista, Alfonso ni se da cuenta de si estamos o no. Ley de vida.

    elección colegio

    3. Los padres de sus futuros compañeros: esto ya suena a labor exhaustiva o de investigación. Pero vamos, yo creo que todos conocemos a otros progenitores del barrio, del parque, de nuestro colegio… Igual en Madrid o en Barcelona no es muy factible conocer a otros padres antes de elegir el cole pero yo, que vivo en una ciudad de casi 300.000 habitantes, cuando supe que al cole que más nos gustaba para Alfonso irían también los hijos de 5 chicas que fueron a mi escuela, el de una cuñada de mi prima, el de una compañera de trabajo de mi madre y el mejor amigo de la guardería de Alfonso, intuí que había elegido bien. Os parecerá una tontería y el primer año no le di mucha importancia pero ahora, el saber que si llego tarde a un entrenamiento, otra madre o padre le pondrá las botas de fútbol a Alfonso o le dará algo de merendar, me parece importante. El grupo de padres que hemos hecho en torno al fútbol es una maravilla. Y ya que tenemos que tragar fútbol, al menos estamos de charleta. Y no sólo eso, sino que hemos llegado a hacer una cena de madres. Así da gusto.

    Y si además, a estas cosas le sumas que el cole te queda cerca de casa y que llevan uniforme (¡qué maravilla!), pues ya no os cuento lo contentos que estamos. Confieso que ni las instalaciones ni el hecho de que el colegio esté en las famosas listas de los mejores me quitan el sueño. No quiero que me salgan unos cerebritos (el que lo es, lo será en uno u otro colegio), quiero que salgan de allí con valores, con grandes amigos y grandes experiencias. ¿Cómo lleváis la tarea de elegir centro para los peques a las que os toca?, ¿alguna recomendación de las que también habeis hecho ya la elección?

  • Actividades extraescolares, ¿si o no?

    Este curso, por primera vez, hemos apuntado a Alfonso a una actividad extraescolar. No lo hicimos en primero de Educación Infantil porque, por un lado, es de los que cumplen el último trimestre del año, por lo que empiezan el curso sin haber cumplido tres años; a estas edades, aún se perciben las diferencias entre los mayores y los pequeños de la clase. Y por otro lado, porque en su colegio tienen jornada partida, es decir, salen por la tarde, no a mediodía; meterle más horas de colegio, aunque fuesen actividades tranquilas, me parecía demasiado.

    Este año hemos elegido fútbol, ¿por qué? Pues sencillamente porque lo está deseando con toda su alma. No hay, ahora mismo, nada con lo que disfrute más. Sale del cole y, antes de hablarme de cualquier actividad que ha hecho en clase, me narra alguna jugada o caída en el recreo jugando con la pelota. Se puede pasar diez minutos de reloj contando el envite futbolístico, con pelos y señales. Cualquier objeto en el suelo, independientemente de que su forma sea redonda o cuadrada, es susceptible de puntapié, lo cual me cabrea bastante y tengo que reñirle. Ya os podéis imaginar cuántas cosas relacionadas con el deporte rey pide para su cumpleaños, que es mañana. Lo sé, son básicos estos varones 😉 , pero como decimos en Asturias, «ye lo que hay».

    El otro día colgué en IG esta foto de mis hijos metiéndose en medio de un partido en la calle entre niños mayores. No lo pueden evitar.

    Puede que precisamente por todo esto, algunas penséis que quizás necesite cambiar de aires y que intente llevarle por otros derroteros pero la verdad es que, a esta edad, quiero que disfrute con la actividad que haga. Sé que también son años en los que el aprendizaje es bestial y, por tanto, tendría que aprovechar para apuntarle a inglés o música pero, con seis horas de clase al día, una de ellas siempre es taller de idioma, teatro, manualidades… creo que tiene bastante. En cualquier caso, entiendo perfectamente que otros padres elijáis actividades mucho más «didácticas» que el fútbol.

    Además, hemos conseguido apuntarle a natación los sábados. Aunque lo pasa bien en la piscina, esto le va a gustar menos. Lo hago porque el verano que viene, con tres niños menores de cuatro años, necesito que se defienda en el agua. Puedo estar pendiente de todos pero no puedo mirarlos sin parar a los tres a la vez así que… la natación la elegimos por cuestiones de «seguridad», no tanto de entretenimiento. Y vosotras, ¿qué actividades elegís o elegirías para vuestros hijos en Educación Infantil?, ¿preferís deportes o tareas más tranquilas o artísticas?, ¿qué criterios seguís para la elección de una un otra cosa?

  • Primer día de guardería y otros dramas

    Definitivamente, ya puedo decir que mis peques son unos drama-niños. ¿Que son sociables y alegres? Mucho, igual hasta son un poco exagerados cuando se ríen, de ahí que se hayan ganado el apodo de los «risitas» o «felicianos» desde bebés. Pero oye, que si hay que dramatizar, ellos también son los primeros para eso. Hace dos años, Alfonso empezó la guardería entre un mar de lágrimas; sólo un año después, le pasó lo mismo con el cole y aquel proceso duró unos cuantos días, estuve al borde del colapso con su crisis existencial.

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    Alfonso, en su primer día de guardería hace dos años. Muy compungido cuando fui a buscarle después de hora y media de llantina.

    Ayer fue Rafa el que se estrenó en esto de las clases y ¡tragedia! Que aunque yo le hablé del asunto días antes (todo lo que se le puede decir a un bebé de 22 meses), creo que no captó el mensaje. Y eso que tuvo la suerte de ir acompañado de su hermano mayor y, no sólo eso, sino que en la guardería, muy dispuestos, se ofrecieron para que se quedase Alfonso allí las dos horas y a Rafa le fuese más fácil la adaptación. Pues ni con ésas.

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    Ayer, los dos juntinos. El pequeño sin saber lo que iba a pasar. El mayor ejerciendo como tal.

    Entramos en el centro, los dos tan «pichis» analizando un super patio lleno de triciclos, motos y toboganes. Rafa estaba desconfiado y se acercaba a todo pero sin soltar mi mano por más que yo hice mis intentos; los críos no tienen un pelo de tontos. Allí apenas lloraba un niño porque los padres llegamos de forma escalonada y así se evitan desdichas comunitarias y contagiosas. Se despistó unos segundos y yo desaparecí; en el tiempo que me puse a hablar con la profe, ya en otra sala, le oí empezar a llorar. Mal asunto.

    Y tuve, para mí SOLA,  hora y media para hacer recados, todo un lujo. Llegué a la guardería pensando que estarían felices y contentos. La cara de la profe al abrir lo dijo todo; bueno, la cara y las palabras: nunca me había pasado, no ha parado de llorar. Y efectivamente, entré y ahí estaba Rafa, desolado. El pobre Alfonso no pudo disfrutar mucho de su estancia porque no había conseguido que el enano dejase de lagrimear y estaba agobiado. Ser hermano mayor es duro, os lo digo yo. Si uno de tus hermanos pequeños monta un numerito (sea del tipo que sea), vas a ser el primero en enterarte y bajar la cabeza.

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    Y así se quedan después de semejante trance.

    La verdad es que no deja de sorprenderme que esto les cueste tanto cuando están muy acostumbrados a estar con gente; es cierto que hasta los casi dos años han pasado la mayor parte del tiempo conmigo pero han sido también muy independientes para jugar, dormir… y les gusta estar entre gentío, se van encantados y sin decirme ni adiós con los abuelos, tíos… En cualquier caso, ahora ya sólo espero que en poco tiempo le coja gusto a esto de la guardería, y que la vuelta de Alfonso al cole sea positiva. Os confieso que me gustaría disfrutar del final del embarazo con un poco de tiempo para mí. ¿Qué tal la vuelta al cole y los inicios de guardería de vuestros peques?

  • La vuelta al cole, ¿un descanso para los padres?

    Ahora sí, lo confieso y, no sólo eso, sino que lo grito a los cuatros vientos: me uno al club de las madres que están deseando que llegue la vuelta al cole. ¡Quién me lo iba a decir! Acostumbrada yo a estar las 24 horas del día con un niño o retoño a cuestas desde hace casi cuatro años y, a la mínima, estoy deseando desertar. Que no es que ya no quiera estar tanto tiempo con los churumbeles pero es que juntos, día y noche, han resultado una mezcla explosiva. Por separado el asunto lo llevaba mucho mejor, no os voy a engañar.

    El verano pasado tenía un niño de más de dos años y medio que había salido de la guardería casi como había entrado, de un dócil que para qué contaros, casi rondando la santidad. Vamos, un niño de esos que da gusto tener en casa. ¡Pobre de mí que pensaba que aquello sería así toda la vida! Fue empezar el colegio y se acabó la paz. Allí espabilan y el que era dócil ahora es un mandón. Y el que era manso, ahora es un rebelde, con mucha bondad, pero al fin y al cabo, un niño que está en fase de negación, ¡mira que les gusta decir «no» a todo!

    Y el verano pasado, en mi casa, el otro inquilino tenía ocho meses y todo su desplazamiento era el gateo, y esas velocidades no son comparables a las maratones que hace hoy en día. Y ahora tengo un pequeño imitador de su hermano mayor. Lo sé, con 22 meses no debería tirarse en «plancha» al suelo, ni coger la moto y «estrellarla» contra el sofá, ni reírse cuando le hacen una zancadilla; al menos, eso era algo que Alfonso no hacía hace dos años, pero vamos, ni eso ni parecido. Pero los pequeños copian y, por desgracia, no a sus padres, sino a sus hermanos. Y si el mayor se sube a la cama o al sofá para saltar, el otro va detrás. Y si uno quiere un coche, el otro también. Y así se monta la de San Quintín. Y yo, a estas alturas, tengo la cabeza como un bombo.

    Así que, desde aquí, lo digo alto y claro: las vacaciones son para los niños, no para los padres. Y casi tres meses de fiesta y jarana empiezan a parecerme un exceso. Claro que, en el caso de los hijos únicos, igual la cosa es bastante más tranquilita aunque apuesto a que acaban queriendo regresar a las clases porque en casa no hay tanta animación. Igual soy yo una exagerada por aquello del embarazo pero me da a mí que no soy la única a la que la vuelta al cole le va a sentar bien. Y vosotras, ¿sois de las que estáis deseando que empiece otra vez el colegio de los peques?, ¿notáis también que ellos necesitan más rutina y a sus amigos?

  • Se acabó el curso

    Aunque el tiempo pasa siempre a la misma velocidad, nuestra percepción cambia bastante dependiendo de lo vivido. Desde que soy madre, me aterra pensar en lo rápido que todo sucede a mi alrededor, sobre todo lo que tiene que ver con los peques. Ayer recogí a Alfonso en el cole por última vez este curso y pensé: su primer año ha volado y yo casi ni me he dado cuenta. Así que voy con un pequeño resumen de los cambios que he visto en estos diez meses en el peque, que ya cada vez es menos peque:

    A lágrima viva empezó el cole, y le duró el disgusto una temporada

    1. Sabe escribir todas las letras del abecedario, por lo que si le deletreas una palabra, la anotará. Sin embargo, si le dices la palabra al completo, no lo hará, salvo escribir su nombre, mamá, papá y, es curioso, el nombre de algunos de sus compañeros de clase.

    2. En la guardería no tenía inglés así que este año ha tenido su primer contacto con el idioma anglosajón. Ya sé que no es nada del otro mundo, pero me hace gracia escucharle cuando dice “orange” con una pronunciación que ya quisiera yo. Y aparte de los colores y números, ha aprendido cosas tan típicas como big, small, happy, sad, sunny, cloudy… Vamos, lo normal, digo yo.

    Aún recuerdo que aprendíamos inglés en el cole con ayuda de Big Muzzy

    3. Se relaciona menos con las féminas, o eso dice porque hasta ahora sólo ha ido a cumples de compañeras 😉 : Hasta este año, nunca le había escuchado cosas como “no quiero que Pepita se siente a mi lado” y tan ancho se queda. Yo no sé en qué consiste pero es cierto que las niñas tienen mejores  amigas y los niños mejores amigos, si es que Dios nos cría…

    4. Ha pasado de ser un niño exageradamente bueno, dócil diría yo, a ser un mandón e incluso con un punto rebelde: ahora que tengo a Rafa, puedo decir que Alfonso fue un santo, muy obediente, tranquilo, sin rabietas. Ya os conté que el inicio del cole le costó mucho, estuvo en crisis ¡un mes! Y ahí tuvo una temporada de berrinches importantes, se le acabó pasando pero ya no volvió a ser el beato del pasado. Ahora da órdenes, reacciona en cuanto le empujan, y de vez en cuando hasta contesta en plan resabiado. “Pues me chivo”, «sois malos» y “hala, pues no te invito a mi cumple” (lleva meses con la frasecita y aún le queda hasta octubre para cumplir años, jaja) son algunas de las expresiones estrella.

    5. Ha ampliado su vocabulario aunque es cierto que empezó el colegio hablando bastante bien, es decir, se le entendía todo. Y en esa ampliación de vocabulario entran también términos como culo, pedo y chorradas varias. No le tolero los insultos y, aún así, el otro día entrábamos en el portal y le dijo “caraculo” a la vecina más insulsa y tonta de la urbanización. No digo que justo esa señora no se lo merezca pero obviamente yo le tuve que reñir y no ha vuelto a decirlo desde entonces.

    6. Ha hecho nuevos amigos y serán para toda la vida: Eso es, sin duda, lo mejor de todo. Haber conocido a amigos que compartirán con él desde salidas nocturnas (me entran escalofríos al pensarlo) hasta el día de su boda (si la hay).

    Y así, sin callar, cargado de cosas, salió ayer del cole.

    Y ahora nos quedan las actuaciones de fin de curso, ya estoy nerviosa por ver cómo se desenvuelve con público 😉 ¿Notáis muchos cambios cada curso?, ¿es el primer año de cole en el que más se notan?, ¿será la adolescencia cuando realmente advierta la verdadera transformación? Temblando estoy 😉

  • Bipolaridad infantil

    Tengo una teoría y es que los niños y bebés tienen un punto bipolar, pasan del llanto a la risa y viceversa en cuestión de segundos. Ya os he contado más de una vez que Alfonso es un niño muy expresivo, todo lo vive apasionadamente, lo bueno y lo malo así que su bipolaridad es aún más palpable. Cuando en su vida se produce algún acontecimiento que para él es injusto, sufre intensamente. Ayer, cuando le recogí en el cole como todos los días, le pregunté si había comido sus galletas de dinosaurios en el recreo. Primer disgusto, maridín no había puesto su nombre al paquete de galletas por la mañana y claro, esas cosas son imperdonables.

    Normalmente, el crío lleva manzana pero se me había olvidado reponer el día anterior así que ayer, después de contarme lo de las galletas de dinosaurios, le dije que ya había comprado fruta y que mañana llevaría su manzana. Segundo disgusto, se paró en seco con cara compungida y me dijo que a veces se la tiran al suelo. ¿Quién te la tira?, le pregunté. Su respuesta fue «los mayores». Me agaché para abrazarle y seguí preguntando.

    Nuestro paseo del cole al parque da para mucha conversación.

    Los mayores son los de 4 años, vamos, sólo un curso por encima de él. Le tiran la manzana y claro, cuando la coge está un poco sucia. En ese momento me enervo y me sale la vena mamá guerrera, como la loca de la película «La mano que mece la cuna» cuando va al cole de la niña 😉 Ayyy pero la maternidad me ha hecho de un razonable… Y aunque a mí me apetezca decirle al niño «coño Alfonso, espabila y mándales a la porra», le digo que avise a la profesora y que no se preocupe. ¡Anda que no se muerde una la lengua cuando tiene hijos!

    En fin, pues no me habrán toreado a mí de pequeña, y lo que habré toreado yo a otros. Yo recuerdo que no pegué ojo una noche por quitarle a una profe un tajalápiz (sacapuntas), no os digo más. Cosas de niños, no le doy más importancia porque además en el cole se ve que el niño está feliz. Eso sí, le pregunto cada día para estar al tanto de lo que le gusta y de lo que le hace pasar mal rato, porque señores, el niño es muy sufrido. Tanto, que ayer se hizo un rasguño en el parque y del disgusto (y cansancio) se quedó dormido en mis rodillas. Y vuestros peques, ¿tienen sus «problemillas» en el cole?, ¿os lo cuentan como si el mundo fuera a acabarse?

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    Pues eso, que del parque el señorito volvió en la silla de su hermano y el pequeñajo andando. Y como veis, con el pañuelo en la mano porque estaba desangrándose 😉

  • Cuando llegan las notas

    Os podéis imaginar que, con un niño de tres años, el momento de la entrega de notas no tiene ninguna tensión. Imagino que otro gallo cantará dentro de unos años, o igual tengo unos niños hiper listos que llegan con unas calificaciones estupendas a casa, ya se verá. En cualquier caso, y como ya nos han dicho en el colegio, las notas tienen su justa importancia, no dejan de ser unas puntuaciones orientativas sobre el aprendizaje de los niños en determinadas materias.

    Es más, confieso que la primera vez que Alfonso llegó con notas a casa, al terminar el primer trimestre, me limité a echarles un vistazo; vi que todo eran “Adecuados” (que será algo así como el aprobado de toda la vida) y “Bienes” (que también en nuestra época existía esta calificación) dando por hecho que todos los niños tendrían parecidas puntuaciones. Unos días más tarde, una madre de uno de sus compis me dijo que también existían los “No Adecuados”, o sea, los suspensos. De cualquier manera, seguí sin darle más relevancia al asunto.

    notas colegio niños suspensos

    Sin embargo, tras recibir las segundas notas en casa, me he dado cuenta de que sirven para algo. Bueno, a mí me han servido para varias cosas. Por ejemplo, para comparar lo que yo veo en casa con lo que ve su profesora. Es decir, si en casa yo percibo que el niño habla perfectamente y en el colegio, en esa “materia”, le califican con un “No Adecuado”, debería pensar que el niño, por alguna razón, no está cómodo en el centro, o con el tutor, o con los compañeros porque allí no se comunica. De alguna manera, en este sentido, las notas sirven para detectar cosas que no funcionan como deberían.

    notas colegio niños suspensos

    Las notas también me sirven para ver en qué cosas mejora y en cuáles no. En nuestro caso, Alfonso ha pasado de todo “Adecuados” y “Bienes” a “Bienes” y “Excelentes” (que entiendo que es como el sobresaliente de nuestra época). Vamos, que ya hay cosas en las que destaca, de ahí que pueda ayudarle en lo que veo que puede resultarle más difícil y darme cuenta de las cosas para las que está más capacitado. Eso sí, por ahora no he podido descubrir si es de letras o ciencias 😉 porque tiene sobresalientes en materias tan distintas como Escritura y Conceptos matemáticos.

    Insisto, todo ello tiene su justa importancia. Hay niños y adultos que sirven para estudiar y los hay que no, eso no es ni mejor ni peor. Los hay que estudian divinamente pero después tienen un don para otra cosa, como le ocurrió a mi tío (autor del logo del blog). Los habrá que sean más listos que el hambre pero que sean unos vagos redomados. O que les cueste horrores concentrarse en un libro y se entretengan horas con un oficio. Los habrá que saquen sobresalientes en unas materias y que no sean capaces de hacer una raíz cuadrada (así era yo).

    notas colegio niños suspensos

    No concibo presionar a un niño para que estudie algo para lo que no está preparado, sí creo que hay que pedirles que se esfuercen por conseguir algo en la vida, por hacerles entender que las cosas, materiales o no, tienen detrás mucho trabajo y esfuerzo. Mi padre, con toda su buena intención, quería que yo estudiase una Ingeniería, no me digáis que no es para partirse de la risa. Menos mal que mi madre tuvo un poco más de sentido común y apoyó mi camino hacia el Periodismo, ¿qué otra cosa podría haber hecho yo que no fuera escribir o hablar? Sinceramente, poco más…

    Y vosotras, ¿eráis de las que temblabais cuando teníais que llevar a casa las notas?, ¿pudisteis estudiar lo que quisisteis?, ¿cómo os tomáis los suspensos, si los hay, de vuestros hijos? Por cierto, ahora nada de trucar las notas, que nos llegan por papel y también las tenemos en internet.

     

  • Cuando cae uno, caen dos

    Cuando tienes tu primer hijo y otras madres te hablan de la cantidad de veces que sus niños se ponen malos, crees que tu cachorrín va a tener mucha suerte y apenas caerá enfermo. Claro, como le das el pecho o está rechoncho o no va a la guardería o qué sé yo, ya das por hecho que todos sus males pasarán por un simple resfriado. Y lo que todavía es peor; como con el primer hijo te ha ido bastante bien en ese sentido y hasta los 10 meses no cogió ni un catarro, piensas que con el segundo todo va a ser coser y cantar. Error.

    El segundo hijo lo coge todo, lo suyo y lo que trae el hermano de la guardería o el cole. Si Alfonso no tuvo nada hasta casi el año, Rafa ya tenía una bronquitis con poco más de un mes. Y todo porque su hermano mayor iba a la guardería, así de sencillo. Y entonces pasa que, cuando uno se pone enfermo, sabes que el otro va a ir detrás. Salvo si el mayor coge la varicela y el pequeño tiene menos de cuatro meses ya que, por lo que me contó la pediatra, los bebés están protegidos de la varicela (desconozco si pasa con más enfermedades) durante los primeros meses de vida por algo relacionado con la placenta.

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    No puedo daros más información sobre este asunto, ya sabéis que tengo ciertas teorías sobre las enfermedades (todos tenemos un médico y un entrenador de fútbol interior) pero no me resulta fácil relacionar placenta y «no varicela». El caso es que Rafa, estando en casa todo el día con un enfermo de varicela, que es una de las enfermedades más contagiosas, no tuvo ni medio grano. Vamos, la tipa tenía razón.

    Y aparte de que caigan los dos, está el hecho de que decidan cogerlo todo alguna temporada. Se puede decir que el año pasado fue muy bueno, hubo nueve meses en los que en casa no entró virus alguno y Alfonso no faltó a la guardería los últimos meses ni el primer trimestre de cole. Pero oye, que eso no puede durar eternamente y si tuviste buena suerte un año, el siguiente ya no puedes tener la misma. Así que en enero cogió la gripe uno y la semana siguiente el otro, y en medio yo. Y la semana pasada Alfonso estuvo con catarro y fiebre y esta semana la empieza igual Rafa.

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    Y digo yo, ¿porqué no se ponen de acuerdo? Así uno no fastidia al otro. La semana pasada le tocó al pobre Rafa quedarse en casa porque Alfonso no podía salir. Ayer Alfonso se quedó sin ir al parque después del cole porque era Rafa el que tenía fiebre. Y yo alargo mi encierro muchos más días y ya sabéis lo poco amiga que soy de estar en casa. Las que tengáis hijos más mayores decidme que esto se pasa y que luego se ponen enfermos muy vez en cuando y no caen todos cual fichas de dominó. Y vuestros peques, ¿también se contagian unos a otros?, ¿no tenéis la sensación de que los niños de ahora se ponen malos más a menudo que los de nuestra generación? Tengo teoría sobre esto, que lo sepáis 😉

  • Metido en todos los fregaos

    Ayer tuvimos reunión o tutoría (como seguimos llamándolo algunos) con la profe de Alfonso; ya sabéis, fundamentalmente para comentar cómo van los avances de la criatura. Bueno, y ya de paso, para que nos pusiese al día de todas sus trastadas, que no son pocas. De verdad que, con lo bueno que siempre ha sido, le está empezando a salir una vena gamberra que le hace estar en todos los jaleos posibles.

    Aunque no sé porqué me sorprende teniendo en cuenta que mis hermanos eran auténticos “terroristas”. Cada vez que pasaba algo en el cole, en la piscina, en la urbanización… la frase que tenía que escuchar era la de “eso lo hicieron los Osorio”. Y claro, ahora no me debería extrañar que mi hijo esté metido en todos los saraos, especialmente los que ocurren en el baño del colegio, se ve que ese momento es muy productivo.

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    Mis hermanos mellizos se ganaron el mote de Zipi y Zape, porque además daba la casualidad que uno era rubio y el otro moreno.

    El caso es que Alfonso llegó el otro día del cole preocupado porque le habían castigado sin hacer gimnasia. Y eso duele, claro, porque está esperando como agua de mayo ponerse el chándal para ir al cole. ¿Y por qué te castigaron, Alfonso?, le pregunté delante de su padre, que estaba detrás partido de la risa y ya se sabía la historia. Porque entré en el baño de las chicas a asustarlas, me dice el cabrito. ¿Y yo qué puedo decir ante eso?, me entendéis, ¿verdad?

    Parece que el momento de ir al baño le motiva especialmente, así que ayer la profe nos contó otra de sus aventuras: el trío Calavera (no os vayáis a pensar que actúa sólo) se dedicó a atascar el váter con papel higiénico. Sí, siempre son los mismos los que la lían, casualidades de la vida que los tres nacieron en octubre. Y yo me pregunto, pero si está todo el día hablando de Paquito, que debe ser lo más parecido a un santo, ¿por qué luego no se queda pegadito a él en vez de meterse en todos los fregaos? En fin, menos mal que la profe nos dice que le encantan los niños con su punto gamberro. Y aparte de eso, lo tenemos en plan rebelde sin causa. La que me espera, Dios mío.

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