Soy de las que piensa que lo habitual no tiene por qué ser lo normal, ni lo normal tiene por qué ser lo común. Los kilos que se engordan durante el embarazo varían mucho en función de una mujer a otra, incluso de un embarazo a otro. Lo cierto es que, en mi primera gestación, me engañé a mí misma pensando que era la excusa perfecta para ponerme «tibia» a comer. Total, si iba a engordar sí o sí, poco importarba que fuesen muchos o pocos. ¡Error! El resultado fueron 18 kilos al terminar la semana 40 y encontrarme en mi casa después de parir con 13 de regalo. Iba yo feliz pensando que se iba a quedar todo en paritorio, y ahí estaba mi cara de pan y mis muslos enormes. Sin embargo, conozco casos en los que 18 kilos no son muchos, ¿por qué para unas puede ser mucho y para otras lo normal?
Primero, yo no retuve líquidos ni estuve hinchada, mis tobillos y piernas mantuvieron su grosor habitual. Además, no se puede decir que sea de las que tiene una barriga grande, ni mucho menos, hay gente que no se da cuenta de que estoy embarazada hasta los seis meses y pico, excepto si me ven en biquini, lógicamente. Sin embargo, hay embarazadas con barrigas enormes (no es ni mejor ni peor, sólo comparo tamaños) y que además se hinchan mucho, por todo el cuerpo. Por tanto, puede que den a luz y cuando pasan solo unos días, ya solo tienen 4-5 kilos de más.
¿Qué me decís de esa cara de pan y esos brazos? 😉 Obvio que me pasé. Semana 36 del primer embarazo.
Mi segundo embarazo vino a corroborar ese pensamiento de que el peso en la primera gestación se me había ido de las manos. Así que en aquella ocasión engordé solo la mitad de kilos, es decir, nueve. Y cuando llegué a casa me dio un subidón, que nunca viene mal para una recién parida. Entre que me quedo plana de panza en dos días y que había cogido los kilos justos, a la semana ya entraba en toda mi ropa. También os digo que no sufrí nada por ponerme cual vaquita en el primero pero sinceramente entendí que no era necesario. Además, Rafa pesó más que Alfonso, lo que demuestra que más kilos no son sinónimo de más peso en el bebé. Tampoco el tamaño de vuestra barriga va a determinar la medida o peso del bebé.
Semana 36 del segundo embarazo, en el que cogí el peso justo y en el que mejor me recuperé después de dar a luz.
En el tercer embarazo repetí y engordé 9 kilos, así que ya me imaginaba saliendo del hospital estupenda. Y aunque bien es cierto que mi barriga desapareció y todo el mundo me decía lo bien que estaba, el cuerpo no volvió a ser el mismo, tres embarazos en cuatro años ya es mucha tela. Y los dos-tres kilos sobrantes ya sólo los eliminé empezando a correr, que esa ya es una historia que os sabéis. Como veis, ni todas las mujeres tienen que engordar lo mismo, ni la misma mujer se recupera igual de un embarazo que de otro; yo perdí los 13 kilos sobrantes tras el parto de la primera gestación en tres meses y, en el tercero, que solo me sobraban tres después de parir, no hubo forma de bajarlos hasta que empecé a hacer deporte unos meses después. Por tanto, no os paséis comiendo, que no es necesario pero no os agobies con el tema, ¡disfrutad de esa época!
Como buena primeriza, he tenido mis tropiezos. Por suerte, nada que no tuviera remedio. Cuando mi hijo mayor empezó el colegio hace tres años, no sabía lo que suponía elegir un mal calzado. No es que el niño estuviera incómodo (aunque unos mocasines no eran una buena elección para dar patadas a un balón en los recreos) sino que no llegaron vivos a las Navidades. Los zapatos, claro. Me había gastado poco más de 20 euros. Y ojo, que no hace falta dejarse un pastizal en los pies pero está claro que fui muy optimista con aquella primera compra de zapatos colegiales. Recuerdo que, tras el fiasco, pregunté hasta en redes sociales por el asunto. Y probé más marcas, y me dejé más de 50 euros en algunos zapatos que sí, que resistían pero… no lo suficiente.
Y a la imagen me remito. Fijaos el aspecto del pie izquierdo, que es con el que principalmente juega al fútbol. Y ya veis que los cogí con estética casi de playeros, con la esperanza de que fuesen super resistentes. Son de una marca conocida.
Fue en Instagram donde por primera vez vi algo de la marca Conguitos y alguien comentaba lo bien que le habían ido así que, después de probar dos o tres marcas, no tenía nada que perder. Además, de precio eran más asequibles que los que había cogido hasta entonces, salvo los primeros que ya os comenté, cuando no había aprendido la lección de invertir en calzado. Luego además los vi anunciados en televisión. Y los probé con la única esperanza de que aguantaran medianamente decentes los 6 meses que quedaban de curso. Y la sorpresa fue que aguantaron y con tan buen aspecto, que los podría volver a usar este curso aunque ha pegado un estirón y no le caben.
Y así acabaron el curso, bastante bien, ¿verdad? Con la puntera perfecta.
Y si algo funciona, ¿para qué cambiar?
Son además de piel lavable, la plantilla es extraíble, la puntera está reforzada, lo cual es muy importante para pequeños futbolistas 😉 y curiosamente son super flexibles. Así que este año repetimos y cojo también para Rafa, cuyos primeros zapatos para el colegio tampoco aguantaron el curso entero porque se le cayó el velcro, aunque la profe le hizo un apaño para que le llegasen a final de curso. Total, que este año, por primera vez, el tema del calzado escolar no me trae quebraderos de cabeza porque ya no tengo que indagar más. Y como a mi hijo le ha ido muy bien, que sepáis que, si queréis comprar los colegiales de Conguitos o artículos de nueva colección, tenéis un 15% de descuento con el código DRAMAMAMA15. De verdad, os los recomiendo, si aguantan el ritmo de Alfonso, es que lo soportan todo.
A estas alturas, la «operación vuelta al cole» es ya una realidad; toca sacar cosas del año pasado, mirar qué sirve, qué hace falta comprar… Tras tres años pasando por esto, me he dado cuenta de que en algunas cosas me equivoqué pero en otras acerté de pleno así que, por si os ayuda, os doy algunas pistas para intentar ahorrar ahora que toca hacer un buen desembolso.
Compra ropa crecedera: aquí servidora lo ha hecho muy bien, Alfonso se ha pasado los tres cursos de educación infantil con el mismo uniforme. Es lo bueno de los pantalones cortos, que se los coges justo a la altura de las rodillas y luego te duran varios cursos; si llevan pantalones largos, puedes meter el bajo e ir sacando cada año. Y si me permitís un consejo, buscad que las prendas sean elásticas en la cintura.
Hace tres años: igual me pasé con lo de «ropa crecedera» pero oye, ¡qué amortizados!
Guarda y hereda: pues fijaos, ese mismo uniforme de Alfonso empezará a usarlo Rafa este curso. Guardad todo aquello que quede bien y pedid a conocidos, la ropa en los armarios sin que nadie la use en una pena. Eso sí, he de decir que los uniformes han resistido mucho pero de los chándales del cole no puedo decir lo mismo, no han sobrevivido.
Compra online: en esto, el rey es Amazon. Yo soy fan desde que encontré el dichoso disfraz de caballo para Rafa de las fiestas del cole 😉 Total, que he visto que hasta el 20 de septiembre, por compras superiores a 70 euros en libros de texto de Primaria y Secundaria, dan un código promocional de 10 euros para gastar en una selección de productos de la vuelta al cole. Y ya muchas sabréis que el periodo de devolución es de 30 días desde la fecha de recepción del producto. Así que lo de las compras online es cómodo, se encuentran buenas ofertas, ahorras tiempo y puedes comprar de todo: libros, cuadernos, mochilas, rotuladores… Y ya para las que ni se conectan al ordenador, pueden comprar a través de la app de Amazon. ¡Lo que facilita la pantalla lo de las compras cuando pasas el día con los tres niños!, ¡cómo para estar de tienda en tienda!
No escatimes en calzado: en esto yo fui muy pero que muy novata y me di cuenta que no, que en esto no vale cualquier calzado. Y ya os adelanto que habrá post sobre este tema porque en tres años he dado por fin con un calzado que aguantó un curso completo intacto, y eso merece que le dedique un capítulo completo.
Forra libros: bueno, y pídeles a tus hijos que sean cuidadosos. Aquellos libros que queden en buen estado, podrán usarlos hermanos, primos o amigos. Eso sí, échale paciencia al asunto de forrar, ufff. Y si como yo habéis estado preguntando en distintos sitios los precios de los libros, ya os digo que ahorraréis tiempo con en la web librosdelcole.
Y hasta aquí algunos consejos, serán bienvenidos todos aquellos que contéis en los comentarios, ¡nos vienen bien a todas!
Lo confieso: siempre pensé que la zona del Levante, sobre todo la Comunidad Valenciana, estaba bastante masificada. Es cierto que hay mucho turismo y que posiblemente haya existido un urbanismo «masivo» pero también tiene sus lugares con encanto, como os conté que me pareció Jávea, o playas como Oliva, una de las mejor conservadas de la costa valenciana. Un arenal enorme (en torno a 10 kilómetros), que está entre Gandía y Denia, de agua limpia, con unas dunas en el litoral que apenas te dejarán ver construcciones, aunque precisamente es una zona de casas, no hay ni un edificio.
Yo me imaginaba luchando por un hueco en la playa estas vacaciones y, así como os he dicho que en las urbanas de Jávea y especialmente en Denia había mucha gente, la de Oliva es como un oasis entre tanto barullo. Fuimos tres días a ese arenal y nunca tuvimos problemas ni de espacio ni de aparcamiento ni de accesibilidad, una maravilla. En sus 10 kilómetros hay unos 8 chiringuitos y el más conocido es Oliba-ba, al tener dos moais, famosas figuras de la Isla de Pascua. Es muy llamativo.
Otra zona que suele tener bastante turismo y además tiene localidades con muchísima construcción es la costa de Tarragona. Pero también tiene sus pueblos con encanto y pequeños oasis con menos afluencia de gente. Altafulla es un municipio costero de origen medieval donde llama la atención el Castillo de Monserrat. Este año no subimos al pueblo pero conocimos su playa. Mide algo más de un kilómetro, la ocupación es media y los accesos fáciles.
Muy recomendable el restaurante Voramar.
Cerca hay una cala muy bonita, la playa del Canyadell, rodeada por pequeños acantilados de roca amarilla. Se puede llegar andando de una a otra pero hay que olvidarse de sillitas, ¡nos dimos una buena paliza para bajar con los niños! Y tampoco hay aparcamiento cerca.
Pequeña cala de unos 60 metros, no señalizada y con baja ocupación.
Como veis, también se pueden encontrar playas con poca gente y relativamente tranquilas en el Levante. Así que si algún verano os dejáis caer por Tarragona o Valencia, tomad nota de estas dos playas para ir con los peques sin agobios.
Pues poco a poco vamos retomando el ritmo por aquí y lo primero es enseñaros dos destinos muy familiares que hemos conocido este verano. Como todos los años (excepto el pasado), estuvimos unos días con mi familia política en un pueblo de la provincia de Tarragona pero que no tiene mucho que mostrar, la verdad. Otras poblaciones cercanas sí que merecerían un post, a ver si saco tiempo. Bueno, que me lío; a esos días con suegros, sobrinos, cuñados y demás, añadimos una semana de vacaciones con amigos en la provincia de Alicante. Allí alquilamos una casa en el parque natural del Macizo del Montgó, un sitio precioso y que puede verse desde localidades como Denia. La verdad que no esperaba un paisaje así por esa zona, ¡menudas vistas las de ese sitio!
Parque natural del Montgó
Estando allí, hicimos planes de playa y piscina, aunque dedicamos un tiempo a conocer Denia y Jávea. Así que vamos por partes y comienzo con Denia. Es una población con unos 40.000 habitantes, que en verano pueden llegar a ser 200.000, con lo que os hacéis una idea de que es un destino turístico. La ciudad está situada en una bahía y, desde luego, lo que destaca es el castillo, que se ve desde cualquier punto y que alberga el Museo Arqueológico. Eso sí, hay que echarle valor para subir allí a pie con sillitas de bebés y con el calor de agosto. La playa más urbana de Denia es la de El Raset, es muy familiar, tiene chiringuitos y es de fácil acceso. Eso sí, hay mucha gente y yo tuve la mala suerte de que me picara la única medusa que andaba por allí, ya que estaba el mar bien de gente y todo el mundo tan feliz 😉 Y muy bonito y llamativo ell Puerto Marina de Denia, uno de los mejores y más modernos puertos deportivos del Mediterráneo.
Puerto Marina de Denia
Humareda de los petardos en plenas fiestas. Al fondo, el castillo de Denia.
Pero sin duda, en este viaje yo me he enamorado de Jávea, el pueblo. En este caso, la zona de playa dista varios kilómetros de lo que es la aldea, que a mí me fascinó con sus calles estrechas y casas blancas. En cualquier caso, el municipio tiene algo más de 25.000 habitantes y ¡más de la mitad son extranjeros! Y no me lío con estos detalles, yo allí os recomiendo que vayáis a caminar por las calles de pueblo y os encontraréis maravillas como la Iglesia de San Bartolomé, monumento artístico, el Ayuntamiento y el Mercado Municipal. En el municipio hay muchas playas pero la del Arenal es la más conocida al ser la única de arena y de aguas pocos profundas. De ahí que tenga paseo marítimo, y muchos restaurantes, pubs…vamos, que tiene mucho ambiente.
Una tienda preciosa
El bonito Mercado de Abastos
Puertas , casas, locales… con encanto
La Iglesia de San Bartolomé, por dentro también merece la pena.
Playa del Arenal
En definitiva, una zona perfecta para ir con niños, con playas urbanas y accesibles y buen clima. Sé que hay más poblaciones conocidas y con mucha fama que seguro que también son estupendas. A mí, estas dos me han gustado mucho (especialmente Jávea) así que os las recomiendo aunque seguramente muchas ya conozcáis la zona.
Te dijeron que lo mejor para alimentar a tu hijo es la leche materna. Y lo es. Aporta todos los nutrientes para el desarrollo sano de un bebé, previene alergias y reduce en las mujeres el riesgo de cáncer de mama y ovario en fases posteriores de la vida. Pero no soportaste el dolor de unas grietas que te hacían llorar cada vez que te acercabas al niño. Los antibióticos no consiguieron quitarte el dolor de aquella mastitis subaguda. Tu bebé no era capaz de engancharse al pecho y a los pocos días fue ingresado por desnutrición. No pudiste seguir adelante tras una mastitis que te hizo pasar por quirófano. Quizás entonces no era lo mejor. Y no pasó nada porque tu hijo no se alimentara con tu leche.
Te dijeron que lo mejor es ser madre joven. Y lo es. A partir de los 35 años aumentan los riesgos de padecer determinadas patologías como diabetes gestacional o preeclampsia, la calidad de los óvulos disminuye con lo que existe mayor probabilidad de tener fetos con alteraciones cromosómicas y es más difícil que te quedes embarazada. Pero a los 25 años estabas comenzando tu carrera profesional. Resulta que a los 30 no conocías a la persona adecuada para dar ese paso. No te atreviste a tener un hijo porque tu trabajo era inestable. No hubo forma de quedarte embarazada antes. Quizás entonces no era lo mejor. Y no pasó nada por tener a tu hijo a los 37 años.
Te dijeron que lo mejor era dar a luz de forma vaginal. Y lo es. Al pasar por el canal del parto, el bebé se empapa de las bacterias de su madre, que le ayudan a fortalecer su sistema inmunitario, y recibe mayor oxigenación. También hay menos riesgos para las madres, ya que pierden la mitad de sangre que en una cesárea, y la recuperación es más rápida. Pero tu bebé no estaba en una posición óptima para un parto vaginal. El bebé empezaba a sufrir por falta de oxígeno. Estuviste 24 horas con contracciones y dolores y no había avances. Quizás entonces no era lo mejor. Y no pasó nada porque no tuvieras un parto vaginal.
Te dijeron tantas cosas…
Todos son casos reales, conoceréis otros muchos. Quizás también sea vuestra historia. Las circunstancias son las que marcan las decisiones que tomamos. Yo he dado a luz tres veces de forma vaginal porque pudo ser, no fui capaz de amamantar de forma exclusiva, como me hubiera gustado, por las mastitis y he sido madre joven porque estaba preparada y con la persona adecuada. Ninguna de estas condiciones me convierte en mejor o peor madre, las cosas surgieron así y no he sufrido por lo que no pudo ser. Aparentemente, lo mejor es lo natural, todos sabemos que la naturaleza es sabia pero… no infalible. Así que olvida si es lo normal, lo natural o lo habitual… lo mejor es aquello que tú decides en tus circunstancias, que no son las de los demás. No dejes que nadie te juzgue si consideras que tus decisiones han sido las mejores para tu familia.
La maternidad tiene cosas muy buenas pero, sin duda alguna, hay una situación en la que todos nos agobiamos, seamos padres tranquilos o no. La salud de nuestros hijos es lo primero y cada vez que he visto a mis hijos sufrir por enfermedad, he querido ser yo la que estuviese en su lugar. También agobia un poco esa incertidumbre de no saber qué les pasa o qué les duele y nos entran las dudas: ¿estará tan mal como para llevarle a Urgencias?, ¿pensarán que soy una exagerada? Pues estas son las situaciones en las que debemos acudir al hospital:
-Brechas o cortes: en esto nos llevamos la palma en esta familia; aquí nos libramos de ingresos, de antibióticos… pero cuando una tiene varias criaturas, y del género masculino, te haces una experta en heridas de guerra. Quizás la primera vez no sepas si es una herida importante como para requerir puntos de sutura así que no te asustes, corta la hemorragia con una gasa o algodón o lo que tengas a mano y después limpia. Creo que en ese instante sabrás distinguir si es superficial o si se trata de una herida profunda.
– Vómitos y diarrea: en esto es en lo que también tenemos algo de experiencia. Alfonso sólo ha ido a Urgencias por este motivo (quitando las brechas, claro). Por intuición, la primera vez le llevamos al hospital en una situación en la que devolvía hasta el agua, más que nada porque le veíamos deshidratado; para daros cuenta de eso, os podéis fijar en los ojos, cuando los veáis un poco hundidos es síntoma de que está deshidratado. Así que en caso de vómitos, nosotros acudimos sólo a Urgencias cuando el cuerpo no tolera nada, ni siquiera líquidos. Eso sí, han de haberlos tomado muy despacio, si el niño los ingiere rápidamente, lo cual es lógico al tener mucha sed, es probable que su cuerpo los rechace. Así que, si resulta que también vomitan los líquidos que les dais de forma lenta o si vomitan más de tres veces en una hora, debéis acudir al hospital. En el caso de la diarrea, si dura varios días, lo mejor que podéis hacer es ir a la consulta del pediatra pero sólo debéis acudir a Urgencias cuando hay también convulsiones o mucha somnolencia.
-Fiebre: A ver, con este asunto nos alarmamos todos mucho. La fiebre no es mala, todo lo contrario; es un mecanismo de defensa del cuerpo. Así que solo debemos asustarnos en las siguientes situaciones: que la temperatura esté por encima de los 40 grados, si la fiebre se alarga más de 4 o 5 días, si no bajase con antitérmicos o si el niño además vomita con frecuencia o veis que tiene problemas para respirar. Caso aparte son las famosas convulsiones febriles, en las que el niño se pone rígido, pierde la consciencia y sacude el cuerpo. Es muy angustioso pero podéis estar tranquilos porque no deja secuelas. Eso sí, yo acudiría a Urgencias sin dudarlo, es una situación que me consta que es muy estresante y desagradable.
-Tos, mocos y vías respiratorias: En esto sí que no tenemos mucha experiencia; hemos acudido a la consulta del pediatra con algunos catarros o mocos que yo veía que duraban cierto tiempo por aquello de descartar cualquier problema. La cosa no es grave en ningún caso cuando hablamos de tos, siempre que no vaya acompañada de otros síntomas. Lo que sí debería haceros ir al servicio de Urgencias es que notéis que el tórax se hunde profundamente o que el niño respira rápidamente y con dificultad, o que al hacerlo haga ruido como de pitido o silbido.
Si algo realmente os preocupa, siempre es mejor la opción de acudir al hospital o a vuestra clínica si tenéis seguro médico. Pero lo más importante es que mantengáis la calma, es cierto que hay situaciones muy distintas pero hay que intentar mantener los nervios a raya porque bloquean.
No sé si ya habéis visto este tipo de sillas para llevar al bebé en la bici, aún no es frecuente que las encontremos en España. De hecho, la primera vez que vi una sillita en la parte delantera de la bici fue hace algo menos de un año y aluciné; primero, porque me encantó, y segundo, porque pensé que los peques tenían que disfrutar con las vistas. Ahora soy yo la que la he probado la Thule Ride Along Mini con Gabriel y es genial, la gente nos va mirando por la calle y hasta me han parado para preguntar. Eso sí, os cuento que hay ciertas diferencias entre ésta y el modelo que va en la parte de detrás, que también he probado. La principal es el peso que soportan, la delantera se puede usar hasta 15 kilos mientras la trasera soporta 22 kilos. Vamos, que en la silla que va en el manillar puedo llevar al rubito y en la trasera podría llevar al pequeño y también al mediano, que en otoño cumplirá 4 años.
También os diría que para tomar la decisión tengáis en cuenta cuánto tiempo soléis usar la bici y por dónde. Yo elegiría la silla que va en la parte trasera si vais por zona de montaña y si pasáis mucho tiempo subidos en bicicleta, y elegiría la delantera para pasear tranquilamente por ciudad si lo hacéis de vez en cuando. El peso del niño y esto que os acabo de comentar son los dos factores que debéis tener en cuenta para vuestra elección. En cualquier caso, como la sillita que no es todavía muy conocida es la delantera, os cuento que es segura, tiene arnés acolchado ajustable de 5 puntos de sujeción y reposapiés y correas para los pies regulables con una mano. Además, los asientos son universales para todos los modelos de bici, viene con una llave para evitar robos y tiene una barra de seguridad delantera anti-choques. ¡Podéis ver el vídeo!
El fin de semana pasado visitamos Galicia, en concreto Vigo, donde viven unos amigos. Ya os adelanto que el clima de esa zona no es el mismo que os encontraréis en Asturias, Cantabria, País Vasco o el norte de la misma Galicia. En el sur hace más calor y más sol; además, la zona de las Rías Bajas es preciosa. Turismo no hicimos porque, cuando vamos, es para estar tranquilos, pero el sábado disfrutamos de un día intenso de playa y los niños, como siempre, encantados. Estuvimos en playa América, en Nigrán. Es un arenal de casi dos kilómetros, tiene bandera azul y está en zona urbana, por lo que el acceso es fácil y hay restaurantes para comer. Y como veis en fotos, es una playa preciosa y, con marea baja, enorme. No sé cómo estará en agosto pero ahora en julio, en pleno fin de semana, había bastante gente pero sin sensación de agobio, como ocurre en otras playas urbanas.
Vistas de Bayona al fondo
Haciendo volar un avión que compramos a un vendedor ambulante por dos euros, ¡menudo invento!
Por la tarde fuimos un rato al mini parque acuático que han instalado en la zona. Como os podéis imaginar, es algo temporal y, por tanto, hay cuatro cosas contadas: tobogán, hinchables, piscina poco profunda y un simulador de olas para hacer surf (niños de más de once años). Pero vamos, está muy bien para pasar un rato; se paga 3 euros por bajar el tobogán en tres ocasiones y podéis tiraros con los niños si ellos solos no se atreven. Y los hinchables cuestan 2 euros y pueden estar 20 minutos.
Y si queréis una recomendación gastronómica, os digo que Porto Dos Barcos es de lo mejorcito para comer o cenar pescado y marisco, lo de las almejas es espectacular. Está en Oia, en la carretera que va de Bayona a La Guardia, por la costa. El restaurante estéticamente no es nada del otro mundo pero su ubicación al lado del mar hace que puedas tener unas vistas impresionantes.
Y gracias por vuestros comentarios ayer en rrss. Estaré un poquito más desconectada porque he vuelto a trabajar a la televisión, aunque sólo unas semanas.
Sé que esto de traer hijos al mundo e instruirles da lugar a muchos debates; como casi todo en la vida, hay opiniones para todos los gustos. Pero me da la sensación de que hasta en esto también hay modas, como ocurre con la ropa, que una temporada se lleva el pantalón «pitillo» y la siguiente te llenan las tiendas de «pata de elefante». Es como si hubiera ciclos, opuestos unos a otros. Si antes se castigaba a los niños por cualquier cosa, ahora no se les castiga en ningún caso; si antes no se dejaba que los niños eligieran nada, ahora lo que se lleva es dejarles decidir todo. Se cuestiona lo anterior porque sí y, con sinceridad os digo, que no le veo sentido pasar de un extremo a otro; se podrán debatir algunas cosas pero no hace falta irse al polo opuesto. Vamos, creo que nuestra generación, los que nacimos en los 80 o 70, somos gente bastante sana en todos los sentidos, física y emocionalmente. Así que tan mal no lo debieron hacer nuestros padres con nosotros, o vamos, con la mayoría de nosotros.
¿Que ha habido cosas que han mejorado? Por supuesto, todo es mejorable siempre. ¿Y que ahora hay más información de la que había antes? También. Pero ojo, que hay menos de la que habrá dentro de unos años, que lo que hace un tiempo era un disparate, ahora ha dejado de serlo. Y lo que ahora nos parece «de cajón», igual dentro de una década no lo es tanto. Se ha pasado de criar al margen de los niños a criar haciéndoles creer que son el centro de todo y dejando que tomen cualquier decisión que les afecte. Siempre he creído que tan terrible es que no te aprecien como que te adulen por todo.
El otro día me acusaron en Instagram de decidir por mis hijos cuándo quitarles el pañal. El tema de que alguien me ataque en redes sociales ya me la trae al pairo, literalmente, y perdonad la expresión. Me resultó curioso, más que nada, porque nunca tuve prisa para eso precisamente; mis dos hijos mayores dejaron de usar pañal diurno con dos años y 9 meses, vamos, lo justo para empezar el colegio. Pero claro, ahora está mal visto que tomes tú ciertas decisiones por ellos. Lo que no sé es cómo no se me ocurrió llevar a mis churumbeles a todos los colegios de Gijón y que ellos me dijesen cuál les había gustado más; probablemente el mayor hubiese elegido aquel con más porterías de fútbol, aunque estuviese en la otra punta de la ciudad. Y por favor, no sé cómo no les pregunto cada día lo que quieren comer. Obviamente, tendría un problema; al ser tres hermanos, creo que debería hacer un menú para cada uno.
Y lo que es el colmo es que haya madres que ya no se atrevan a decir ciertas cosas en sus redes sociales. Sí, mujeres que pasan de contar que se han ido a cenar en pareja dejando a su bebé con sus abuelos o con una niñera porque van a tener que aguantar que algunas les echen en cara que dejen a sus hijos al cuidado de otros. Antes era lo más normal del mundo y ahora es un sacrilegio. Vamos, sin ir más lejos, les ha pasado a unas cuantas famosas, que se les han echado encima por algo así. Porque claro, como te has convertido en madre, tienes que estar entregada a la causa, y debes estar pegada siempre a tu hijo. Noche incluida, por supuesto.
Ahora cualquier cosa es susceptible de causar un trauma a los niños. Ya ni siquiera puedes castigarles, nunca. El día que el crío de 5 años no te ha hecho ningún caso las diez veces que le has dicho que por favor recoja sus juguetes, igual tienes que pasar al plan B y decirle que no irá al parque, a la piscina o a donde le apeteciese ir. Que el diálogo con los niños funciona a veces, pero no siempre. Y no pasa nada porque la criatura entienda que las cosas que hace tienen consecuencias y que, si no recoge, aparte de estar desordenado, lo cual no le preocupa mucho ese día, también se puede quedar sin algo que le gusta. Vamos, lo mismo que le pasará el día que tenga un curro y decida tocarse las narices y no cumplir con aquello para lo que le contrataron; que acabarán echándole. Nos hemos ido del extremo de castigar a los niños por cualquier chorrada a no castigarles por nada, porque lo que se lleva ahora es que sigan sus instintos. Ya no puedes decirles que no lloren cuando están en plena rabieta porque están frustrados. Si lo sé, lo he vivido con el mediano y puede que me toque en breve con el pequeño, pero no seré yo la que les anime a seguir llorando.
Por eso, el término criar, que es lo que se lleva ahora, no me va. No sólo les cuido, no atiendo sólo las necesidades de mis hijos sino que intento instruirles o educarles para que sepan que la vida no va solo de lo que a ellos les apetece, que unas veces sí se puede y otras veces no, que siempre estoy ahí para lo que me necesiten pero que yo también tengo mis necesidades. Intento encontrar un equilibrio sin posturas extremas, bien saben mis hijos que entro dentro del grupo de madres permisivas (con tres varones ya no discutes por nada ;- ) ) pero si un día tengo que castigar y nos tenemos que pasar la tarde en casa o no ir al parque, lo hago. Defiendo a los niños casi siempre, los adoro, creo que tenemos mucho que aprender de ellos, pero no me va la crianza que tanto se promulga hoy en día. Igual estoy equivocada, pero a día de hoy prefiero tirar al término medio y no irme al blanco o negro, no vaya a ser que dentro de unos años se lleve otro tipo de crianza.
No sé si ya os habéis lanzado a la compra online de cosas de decoración, yo acabo de hacerlo por primera vez con una alfombra para la habitación de los peques, que era además algo que no pensaba poner por aquello de que mis niños ensucian bastante pero al final vi que la mayoría son lavables y me animé. El caso es que el último descubrimiento que he hecho indagando por el mundo online ha sido precisamente una tienda que se llama Infanity y que no es sólo de decoración infantil sino también de complementos infantiles y juguetes. Su marca de decoración, Kids Concept, es nueva, quizás por eso no la había fichado hasta ahora.
La verdad que en cuanto a ornamentación he visto cosas super bonitas, muy alegres y a buen precio. Y los complementos decorativos no me pueden gustar más, desde cajas para guardar juguetes, que son mi perdición y que debería comprar más aún de las que tenemos para mantener el orden, hasta los baúles. ¿Por qué será que tengo tanta afición a mirar todo aquello que sirve para almacenar cosas? 😉
Tienen también sección de juegos y juguetes educativos, están clasificados en distintas categorías: apilables y encajables, de habilidad, de memoria, puzzles, juguetes musicales… Las manualidades también forman parte de los juguetes didácticos que tienen para que los peques aprendan a realizar cosas por sí mismos.
Pues éste ha sido mi último descubrimiento online, que además hacen los envíos en 24 horas y gratis si el pedido es superior a 30€. Prometo no hacer muchos más que luego me decís que os creo necesidades 😉
Sí, tiene arena y el agua es salada pero no es una playa al uso. Si algo tiene Llanes es que tiene algunos de los arenales más peculiares que existen. De hecho, hay una playa que os enseñé aquí en el blog hace más de dos años, la de Gulpiyuri, que está catalogada como la octava playa extraordinariamente única del mundo; con eso ya os digo todo sobre la costa llanisca. Pero bueno, me voy a centrar en Guadamía y os cuento algunas cosas que hay que tener en cuenta porque, ya os digo, no es una playa normal. Para empezar, en pleamar, toda la arena queda bajo el agua. Es decir, que tenéis que mirar en alguna web la hora de las subidas y bajadas de marea A nosotros nos coincidió justo a las 3 de la tarde así que comimos en la cuesta de acceso (hay restaurate así que la otra opción hubiera sido comer justo ese rato allí). Lo cierto es que los de las mareas es algo que la gente ya sabe así que estábamos nosotros y dos grupos más.
Hora de la comida en la cuesta de acceso
Es una playa sin olas porque, como veréis en las fotos, no está en zona de mar abierto. Al final, es como una piscina de agua salada, con un color verde impresionante, que resulta perfecta para los niños porque cubre poco y por la ausencia de olas así que los peques lo pasaron genial. Cuando la marea empieza a bajar, se puede llegar a zona de mar abierto, pero ojo porque no hay salvamento. Os cuento que lo de aparcar ahora en verano es complicado, no porque no haya sitios sino porque el camino es estrecho y hay mucho movimiento debido a la cantidad de gente que va a visitar los famosos Bufones de Pría, que también os enseñé en el blog y que es un sitio impresionante. Así que tened en cuenta ese detalle. Y ahora os pongo algunas fotos más para que la veáis.
Toda el agua que veis detrás de mí desaparece con la bajada de la marea y se llega a pie a zona de mar abierto.
Marea empezando a bajar
Marea bajando. Imagen de la web llanes.com
Imagen de la playa con la marea baja de la web eltiempo.es
Como veis, es una playa impresionante pero con unas características muy peculiares, y en este caso es primordial tener en cuenta los horarios de pleamar y bajamar. Espero que os haya gustado.
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