Escribo desde el hospital y con el móvil, asi que seré breve. Esta madrugada, la del 30 de noviembre, llegó al mundo este muñeco para completar nuestra felicidad. ¡Ya somos familia numerosa! El parto fue rápido, llegamos al hospital a las 12 de la noche y nació a las 2 de la mañana; se alargó un poco la expulsión de la placenta y eso hizo que pasara un mal rato. Pero eso ya os lo contaré en un post con calma desde casa. Gracias por estar pendientes y por vuestros comentarios todos estos días en las rrsss. Y a partir de ahora, a las aventuras de Alfonso y Rafa, se unen las de Gabriel.
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¿Embarazada y bipolar? ¡Vale, un poco!
Si el género humano ya es, de por sí y a menudo, contradictorio, las féminas en estado de “buena esperanza” nos llevamos la palma en esto de las incoherencias. Pero oye, esto es culpa de las hormonas, a ver si alguien va a pensar que tenemos algún desorden mental transitorio. Es fácil que, de repente, una comida que nos volvía locas, se convierta en un plato que rechazamos; así, sin más explicación. O lo contrario, que algo que no nos gustaba, de la noche a la mañana nos apetezca. Esto, por suerte para los que están a nuestro alrededor, ya que podríamos volver chiflado a más de uno, nos pasa generalmente sólo en el primer trimestre.
Otro de esos sentimientos contradictorios que nos atañe es que lo mismo un día nos vemos estupendas que otro no hacemos más que echar “pestes” porque estamos gordas o hinchadas o porque este modelito nos sienta como un rayo. A mí me sucede que, en el primer trimestre me lleno de granos y me apetece hacer uso de un burka; en el segundo, tengo esa mini tripa que no es “ni chicha ni limoná” y que nadie sabe a ciencia cierta si estoy embarazada por lo que no sé muy bien si elegir ropa apretada para que se note algo o esconder para que nada se perciba. Y por el contrario, el último trimestre, tengo la piel que es una maravilla y por fin una tripa medianamente decente que me permite lucir embarazo como Dios manda.

¿Veis? Otra de esas cosas que no pensaba hacer era una sesión de fotos y ¡zas! a menos de una semana de salir de cuentas, escribí a mi primo para que me hiciera estas fotos tan bonitas. ¿En qué momento estoy ahora? Pues en plena discordancia; soy de esas mujeres a las que les gusta estar embarazada, me siento feliz y, por suerte, no tengo molestias (al zumba me remito 😉 ) Y físicamente me encuentro favorecida con mi barriga. Así que ahora me invade ese sentimiento de pena porque, en cuestión de horas, como mucho, de días, esta tripa ya no estará aquí. Ya no sentiré esas patadas que unas veces nos ponen de mal humor porque nos despiertan por la noche y que, otras veces, nos encantan. Sí, tengo ganas de conocer a mi hijo, muchas ganas… pero por otro lado, saber que, casi con total seguridad, esta sea mi última gestación, me da pena. Porque en los anteriores sabía que volvería a vivirlo pero ahora entiendo que esto no se volverá a repetir.
Fotos de Carlos Quirós.Así que, al final del embarazo se vuelve a sentir un afecto contradictorio: querer conocer a tu hijo y que te dé pena decir adiós a la barriga o, en muchos casos, que te asuste lo que puede cambiar tu vida. En fin, somos un mar de incertidumbre. ¿Os habéis sentido de formas muy antagónicas durante los embarazos?
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Un pueblo al que se accede sólo por cueva
Con esto de Halloween, tenía pendiente contaros nuestra excursión del domingo a un sitio super recomendable para las asturianas y, por supuesto, para las que vengáis de visita a esta tierra, donde os recibimos con los brazos abiertos y con auténticas joyas naturales. Si en marzo os hablaba en este post de Gulpiyuri, la playa más insólita del planeta, según el Daily Mail, hoy lo hago de un pueblo al que sólo se puede acceder a través de una cueva. Bueno, en realidad, el pueblo es lo de menos 😉 Lo increíble es entrar con el coche por una carretera cubierta por una gruta natural de 300 metros. Y veo que me enrollo y aún no os he dicho ni dónde está ni cómo se llama. El pueblo se llama Cuevas del Agua y está a 5 kilómetros de Ribadesella.


Obviamente, cuando terminamos de atravesar la cueva en coche, paramos (hay un pequeño sitio donde dejar unos coches) y tuvimos que hacer la ruta a pie. 
No os podéis imaginar lo feliz que estaba Alfonso. Me parece que enseguida nos va a tocar ir a las cuevas de Tito Bustillo. Espero que os haya gustado la recomendación, a mí me pareció algo super curioso y además, hacía muchos años que no veía una cueva con sus estalagmitas y estalactitas 😉 Y a los peques les encantó, Alfonso estaba feliz y Rafa parecía emocionado; además, nos tocó llevarnos el fin de semana pasado a la mascota de clase de Alfonso (va de casa en casa para no quedarse sola los sábados y domingos) y el gordi estaba encantado con una excursión así. Como siempre, acepto sugerencias sobre sitios a los que ir. Eso sí, las próximas semanas no debería irme muy lejos, por si acaso 😉
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¿Hay que comprar algo para un segundo o tercer hijo?
Vamos a partir de la base de que siempre hay algo que comprar para un bebé; otra cosa es que, objetivamente, sea o no indispensable. Pero eso pasa con el primero, el segundo, el tercero…. El tema ropa, por ejemplo, lo tengo cubierto; ya os imagináis que, siendo los tres varones y naciendo en otoño, no necesito nada para acicalar a un recién nacido aunque eso no quiere decir que no agradezca los jerséis o cualquier detalle que me hacen las amigas o clientas de mi madre 😉 Si ahora fuera a tener una niña, confieso que tendría que comprar vestimenta, aunque tengo claro que reutilizaría por tercera vez pijamas, bodys, ranitas…
Lo mismo me pasa con los sacos del capazo y del huevito, que están nuevos, por lo que la «supuesta» niña iría de azul, sí o sí. Aún así, es un niño, así que perfecto, se reutiliza otra vez y santas pascuas. Eso sí, los sacos de la sillita, que aún utiliza Rafa, ya están bastante más pochos, igual a los Reyes Magos hay que pedirles algo. De lo que no cabe duda es que el gasto gordo se hace con el primero (aquí el post que escribí hace meses sobre lo que compramos con el primero y que nos fue útil). Entiendo que, salvo estropicio, nadie vuelve a comprar otra cuna, otro cambiador, minicuna (o similar), trona, capazo y sillita… Vamos, si yo, que soy poco cuidadosa, llego al tercero con todo vivo, es que se puede. Así que el segundo no tiene que costar un dineral en ese sentido y con el tercero vas tirando…
¿Qué cosas me estoy planteando comprar ahora? Pues aunque os suene extraño, una silla gemelar. Hablo de la típica plegable para que, por ahora, usen Alfonso y Rafa y, dentro de unos meses, Rafa y el peque. Estoy mirando de segunda mano; acepto sugerencias sobre marcas y modelos, y sobre dónde comprarla. Quizás deberíamos haberla adquirido hace tiempo para sacarle más rendimiento ya que, cuando salimos de paseo con los dos, uno acaba en brazos de su padre y cualquiera de los dos deja la espalda tiesa a maridín. Es más, a veces la cosa acaba como en las fotos que veis a continuación.

Uno encima del otro. 
Dormido en la silla de Rafa Otra de las adquisiciones que voy a hacer es un sacaleches eléctrico, y esto es sí o sí, no hay debate. Ya pasé por el manual y aquello es un auténtico tostón, y con otros dos pequeños merodeando la cosa no se puede alargar mucho en el tiempo. Además, esta semana me tocó ir al entrenamiento de Alfonso por primera vez con un frío del demonio y no, lo de ponerme a sacar la pechera con semejantes temperaturas en partidos y entrenamientos como que no. He oído hablar muy bien del de Medela pero seguro que hay otras marcas interesantes; si tenéis experiencia con alguna en concreto, espero vuestros comentarios.
Y luego están pequeñas cosas, como es el caso de los chupetes, así que tengo que hacer el encargo ya (soy un desastre, aún no he sacado la ropa de bebé ni he preparadao la bolsa para el hospital). Los chupetes me gustan con el nombre y así no hay confusiones en casa, aunque Rafa sólo lo utiliza para dormir. Pero oye, si al final el precio es parecido, al menos los tienes con el nombre del crío, que a mí esto de la personalización me encanta 😉 Me he dado cuenta de que también necesito el típico cepillo de pelo de bebé porque es verdad que esos acaban destrozados aunque tus hijos sean calvetes. Y como capricho, por aquello de que llevo 4 años viendo mi Bugaboo tal cual, es personalizar la capota así que si se os ocurre un sitio bueno, bonito y, sobre todo, barato, pues me lo comunicáis 😉
Y ya de paso, como es de bien nacidos ser agradecidos, desde aquí doy las gracias a aquellas marcas que me han dado algún detallito para el peque. Sabéis que no vivo del blog y que, si me ofrecen cosas, las sorteo para vosotras, salvo cuando quieren que pruebe algo en concreto. Pero como suelen quedarse muy contentos con los sorteos y el blog lleva ya unos meses superando las 1000 visitas diarias, pues a veces tienen un detalle conmigo. Y yo lo agradezco mucho, que dedico a esta bitácora muchas horas.
Y vosotras, ¿qué adquisiciones hicisteis cuando llegó el segundo o tercer churumbel?, ¿pudisteis aprovecharlo todo?, ¿alguna cosa que se me pase por alto?
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Madres fiesteras
Pues no, el título del post no va por las madres que salen de marcha; va por aquellas que son capaces de llamar la atención de cualquier niño. Soy una de esas mujeres con instinto maternal desde que era una cría pero no, no sé entretener a los niños. Les adoro, me encanta mirarles, abrazarles, escucharles, quererles pero… no tengo creatividad ni paciencia suficiente para distraerles. Cuando tengo que pasar unas horas seguidas con ellos en casa, empiezo a sacar juguetes y no soy capaz de darles un uso distinto al que tienen. Por eso, veo a mi padre, que es experto en retener a mis peques durante horas sin que pestañeen, y muero de envidia.
El viernes tuvimos fiesta de Halloween en la urbanización, donde hacemos mucha vida. Vale, quizás es que es una celebración que no acaba de convencerme, no tanto porque hasta hace poco no hubiera tradición de celebrarla en nuestro país, sino más bien porque no le encuentro la gracia a todo lo relacionado con los muertos y la estética de la fiesta en sí. Si a eso le sumas que mi hijo Alfonso tiene verdadero pavor a algunos disfraces y que el año pasado se pasó medio festejo llorando, pues se entiende que no hiciera gran cosa por el evento en cuestión.
Alfonso, debajo de la mesa de ping-pong al ver a un padre con disfraz de Scary. La verdad es que da un poco de mal rollo.
Superado el trance inicial, pudo disfrutar de la fiesta y la verdad que hasta las 10 de la noche no paró de comer, bailar… Como véis, lo único característico de Halloween es un murciélago en la cabeza que hizo en el cole. Reconozco, además, que soy poco detallista para decoración y preparación de juegos, bien sea para cumples u otros acontecimientos; me sacas del juego del pañuelo, de unas guirnaldas o globos y poco más. Mientras tanto, otras madres se pegan unas curradas con estos asuntos que me dejan tiesa y, sinceramente, las admiro. Se disfrazan para la ocasión, cocinan toda la tarde con la estética del festejo y además, preparan no sé cuántos juegos e hinchan 200 globos, y no las ves agobiadas con 20 niños a los que amenizar. Y claro, yo me doy cuenta de que tengo poco de flautista de Hamelín.
Madres que se sientan en el césped para contar historias de miedo a un montón de niños Yo no me sé ni una… Madres que hacen semejantes postres… Y después de juegos de todo tipo, hasta piñata.De cualquier manera, me he prometido a mí misma, y además Alfonso ya ha superado el trauma, que el año que viene los niños irán disfrazados. Bien que no me guste mucho lo de Halloween pero cierto es que en nuestra época no sabíamos ni lo que era y ellos en los coles y guarderías ya conocen de qué se trata, así que hay que asumirlo como una nueva tradición. Ahora, ya os digo que en Navidad, en este sentido, me transformo un poco. Ahí sí que, el tener hijos, me motiva a poner el árbol, montar el Belén, ir a ver la iluminación de las calles… Vosotras, ¿sois madres fiesteras?, ¿capaces de hechizar a cualquier niño con vuestra creatividad?




















