Tú te lo pescas, tú te lo comes

Tú te lo pescas, tú te lo comes

Si había algo que me apetecía un montón hacer con los peques era ir de pesca. Supongo que porque mi padre fue pescador muchísimos años y mis hermanos y yo pasamos jornadas enteras al lado del río; unas veces intentando coger alguna trucha y otras tantas lanzando piedras al agua. El caso es que, como aquellos planes me encantaban, aquí estoy, yendo con los peques a un montón de sitios a los que me llevaron mis padres siendo una niña. Uno de esos lugares que tenía pendiente en mi lista era un merendero un tanto especial. Se llama El Molino del Alba y está en Soto de Agues. Allí pescas las truchas y te las preparan para comer, o para llevarte a casa. Digamos que la pesca es muy sencilla, nada que ver con capturarla en un río normal. De ahí que sea un sitio perfecto para ir con niños. Y creo que es interesante el concepto porque, aunque cueste creerlo, los niños muchas veces no saben que la leche sale de una vaca.

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Cruzando el puente para llegar al merendero

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Allí te dan las cañas, son rudimentarias, y el cebo, que son taquitos de jamón.

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¡Y a pescar!

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Super estilo para la pesca… conste que fue el primero en abrir la veda.

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El sitios es muy agradable, y es todo exterior, por lo que sólo abren si el clima acompaña. Nosotros fuimos a las 12,30 y pescamos solos, luego se anima bastante más.

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Y así de buenas están las truchas cuando te las preparan.

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Fan de su melena 😉

 

Pues este fue el plan estrella del fin de semana. En Soto de Agues comienza también la famosa Ruta del Alba, que nosotros hicimos cuando sólo existía Alfonso, y está muy bien para hacer con sillitas y carritos, es muy recomendable. ¿Qué os parece el plan de la pesca?

La de bártulos que necesito… desde que soy madre

¡Ay, señor! ¿Pero cómo es posible que yo viviera tantos años sin algunos utensilios? A veces me digo a mí misma que es imposible, que no se puede ser madre y vivir sin algunas cosas. Y no, no me refiero a artículos de puericultura, que ese tipo de trastos (tan útiles algunos, otros menos) ya los menciono con mucha frecuencia en este blog. Me refiero a cosas como ¡una plancha! A ver, que igual vosotras sois super ordenadas y toda la vida salisteis de casa impolutas. Pero servidora, o sea yo, en mis años de estudiante y trabajadora joven, no planchaba ni las sábanas. Eso sí, yo me preocupaba muy mucho de tender la ropa y dejarla mega estirada. Y así, pasan los años hasta que… eres madre y quieres que los pimpollos vayan decentes.

¿Y qué me decís de la batidora?, ¿alguna usó este artilugio antes de tener churumbeles? O eres «cocinillas» y trabajas mucho la comida o apenas haces uso de semejante invento, o ni siquiera lo tienes, como era mi caso. Y resulta que ahora es, quizás, lo más imprescindible que hay en mi cocina. Sí, ahora mi hogar está lleno de cosas. Exprimidor, tostadora, aspirador… es alucinante la de cosas que hemos ido comprando estos años. Aunque empiezo a pensar que también la edad tiene algo que ver en todo esto 😉 Que por cierto, como en Instagram me preguntáis muchas veces dónde compro esto o lo otro y dónde me entero de las ofertas… Justo ahora que estoy mirando plancha para el pelo, he visto que hay descuento en un montón de cosas de Philips toda la semana, en la web de CupoNation. Básicamente consiste en que si utilizáis del 20% de descuento, entráis directamente en el sorteo de otro código de 25% de ahorro para próximo pedido.

De los chollos que me entere, os voy avisando por aquí o Instagram. Preparaos que ando estos días mirando muchísimas tiendas de ropa y estoy haciendo estudio de mercado con el tema de la compra ;-). Y vosotras, ¿cuáles son esas pequeñas cosas sin las que vivíais antes y que ahora son imprescindibles en vuestras casas?

El Museo más visitado de Asturias

El Museo más visitado de Asturias

El Museo del Ferrocarril, de la Sidra, de Bellas Artes, del Prerrománico, hasta de Fernando Alonso… ¡será por Museos en Asturias! Pero como no puede ser de otra manera, el Museo Jurásico de Asturias se lleva la palma y es el más visitado de mi tierra. No creo que ninguna familia pase por el Principado sin parar allí. Está en un paraje espectacular, en la rasa de San Telmo, entre Lastres y Colunga, en la llamada costa de los dinosaurios, y las vistas desde su cafetería son un espectáculo. Su planta tiene forma de huella de dinosaurio, es un edificio muy curioso. Y aunque es cierto que los restos fósiles encontrados en la cosa asturiana son su mayor potencial, hay que reconocer que, lo que verdaderamente llama la atención a los niños pequeños, son las réplicas de dinosaurios que hay en el exterior del Museo.

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La réplica del Tiranosaurio Rex es muy real así que maridín les demostró a los peques que no se iba a comer a nadie 😉

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Me encantaría seguir contándoos cosas sobre más playas pero, aunque fue un fin de semana de sol, la temperatura no era como para bajar a la arena en bañador. Aún así, enseguida encontramos algún plan que hacer con este trío. ¿Ya conocéis el Museo Jurásico?

Viajar con niños: alojamientos

Viajar con niños: alojamientos

Estoy continuamente hablando de planes, excursiones, viajes y toda la logística de nuestros desplazamientos y nunca os cuento ni os enseño en el blog la mayoría de los sitios donde nos alojamos. Vamos a ir por partes, que el tema da para mucho porque depende un poco de las circunstancias:

1. Casas ajenas: el hecho de que maridín sea de Zaragoza, hace que nos desplacemos con cierta frecuencia a la capital aragonesa. Allí, por supuesto, nos recibe con los brazos abiertos (y comida por doquier) mi suegra. Es, sin duda, la opción más barata y, cuando teníamos sólo un hijo, muchos de nuestros amigos repartidos por la geografía española, nos invitaban alegremente a sus hogares. Pero claro, ahora somos cinco y es una opción que ya no es factible. Porque la realidad es que no tenemos amistades que vivan en Buckingham Palace o residencias similares. Conste que aceptamos propuestas 😉 Y vale, este verano tuvimos suerte y una tía lejana nos dejó en Cádiz su casa porque ella no iba a estar allí.

2. Apartamentos: con sinceridad,  ahora mismo es la opción más viable cuando viajas en familia. Lo de los hoteles, salvo que vayamos en pareja (es decir, casi nunca) apenas lo tenemos en cuenta porque no nos resulta cómodo. Al final, con los niños necesitas más espacio del que te ofrece una habitación común y, por supuesto, ahora que tenemos tres hijos, ya necesitaríamos dos habitaciones. Por no hablar de que, cuando se trata de un viaje largo, necesitamos cocina para preparar comida al más peque. Y por supuesto, porque así podemos cenar tranquilamente ya que, cuando viajamos, salimos a comer y hacemos excursiones o visitamos sitios así que por la tarde ya estamos todos cansados. Por eso, la opción de alquilar apartamentos es la más práctica, sin duda alguna. Antes buscaba en Google, ahora lo hago en Hundredrooms, un comparador de precios (de muchas webs conocidas como 9flats, Airbnb, Booking…) de apartamentos de playa, rurales, en el centro de las ciudades… También casas completas o  habitaciones individuales…

3. Casas rurales: Esta es nuestra opción cuando vamos con amigos y nos juntamos con muchos niños. De esa manera, los peques pueden acostarse a horas prudentes y los adultos podemos tomarnos unas copas y «trasnochar». Y por el día hacemos alguna barbacoa, paseamos por el campo, hacemos alguna excursión si el tiempo acompaña y los niños tienen jardín para estar jugando si decidimos no movernos. Solemos juntarnos con amigos de maridín dos o tres veces al año y la verdad es que es un planazo. Además, ya sabéis lo que nos gusta a nosotros estar al aire libre, es lo que tienen las fierecillas 😉

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En verano, si encima puedes coger alojamiento con piscina, ya es para nota.

Y éstas son básicamente nuestras alternativas cuando viajamos, aunque la primera ya sólo es la casa de mis suegros y, con suerte, algún préstamo esporádico que, por cierto, agradecemos mucho 😉  ¿Dónde os alojáis cuando vais de viaje con los peques?

El tiempo en pareja… es oro

El silencio. Una ducha larga. Tumbarte en la playa. Comer en un restaurante sin levantarte de la mesa. Echarte en el sofá. Ir de compras toda la mañana. Charlar con tu pareja sin interrupciones. Dormir diez horas sin interrupción. Y así podría seguir, desgranando una larga lista de cosas que formaban parte de mi vida antes de ser madre. ¿Las echo de menos? Generalmente no… hasta que me dan la posibilidad de disfrutar alguna de ellas y pienso: «Qué necesario es esto de vez en cuando». Y sin duda, de todas las cosas que se me ocurren, lo que más agradezco es pasar tiempo en pareja, es oro. La realidad es que tenemos muy poco, el día a día con niños es bastante frenético.

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Esta es una escena habitual cuando comemos con los niños fuera de casa, que nadie está en su sitio.

Cuando sólo existía Alfonso, nos conformábamos con alguna salida muy de vez en cuando a cenar por ahí. Os lo digo con total sinceridad, el ritmo con un hijo nos parecía muy llevadero y no estábamos nada estresados, por eso nunca tuvimos la necesidad de desconectar. Con dos niños, empezó la fiesta, así que nuestra primera escapada en pareja la hicimos cuando Rafa tenía diez meses y Alfonso casi tres años. Fue sólo un fin de semana pero nos supo a gloria. El año pasado, tras un largo verano con los peques en casa y Rafa en plena fase de rabietas, nos fuimos un fin de semana solos. Fue una sorpresa de maridín por nuestro aniversario y yo desconecté mucho, porque esa vez lo necesitaba. Estaba embarazada de 7 meses y los berrinches de Rafa eran diarios.

Y este fin de semana, que celebrábamos nuestro sexto aniversario de boda, maridín volvió a darme una sorpresa y tuvimos una breve escapada. Ni siquiera salimos de Gijón y fue solo una noche, pero lo suficiente para estar a solas, hablar sin paréntesis, desayunar en silencio. Y para darnos cuenta de lo importante que es cuidarnos a nosotros, como pareja. Porque ellos crecerán y cada vez serán más autónomos. Y nosotros seguiremos juntos.

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Hotel La ermita de Deva

Lo sé, a veces hay que proponérselo porque el día a día es intenso y estamos todos con nuestras rutinas. Pero hace falta. No es necesario salir de casa siquiera, basta con comprar algo especial un día, una noche… y cenar a solas, con los niños durmiendo. ¿Hacéis planes en pareja?

Primer día de cole… del segundo hijo

Primer día de cole… del segundo hijo

Dicen que el orden de factores no altera el producto. Pues oye, el de los factores no lo sé, pero el orden o la posición que ocupas entre tus hermanos altera el producto, el servicio y la madre del cordero. Vamos a ver, no es lo mismo ser el mayor que el pequeño. Y claro, yo contaba ayer con ese componente a mi favor: que era el primer día de cole… para el segundo hijo. No se puede negar, ése es un factor favorable porque los pequeños siempre quieren estar donde sus hermanos mayores y porque ya conocen bien el centro al que van a ir. Así que todo transcurrió como yo imaginaba y, por primera vez en mi corta vida como madre, sin lágrimas. Porque mis churumbeles para los inicios son bastante desdichados. Ayer Rafa pasó por tres fases:

Fase primera: Voy al ir al cole de mi hermano, ¡cómo mola el asunto!

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Véase foto en casa super emocionado

Fase segunda: No veo a mi hermano (los que empiezan el cole por primera vez entran más tarde) pero veo un huevo de gente en la puerta; por tanto, esto ya no me mola tanto pero me mantengo tranquilo junto a mamá.

Fase tercera: hay un montonazo de juguetes y camiones en la clase así que yo me pongo a jugar y a lo mío, aunque alrededor se masca la tragedia.

Yo no sé cómo transcurrió el tiempo allí dentro porque, cuando le hago preguntas, entra en versiones contradictorias y porque, como ahora tengo que recoger a los dos en clases diferentes, no me dio tiempo a tener conversaciones con los profesores. El primer día hay cierto colapso porque van hasta cuatro adultos por niño 😉 Pero oye, el crío salió de allí contento y tranquilo cuando le fui a buscar y el resto del día lo pasó como siempre, por lo que puedo intuir que estuvo a gusto. La suerte que hemos tenido es que está en el mismo aula y tiene la misma profe que tuvo Alfonso los dos primeros años. La mala suerte es que, de los seis compañeros que tuvo en la guardería, ninguno está con él en clase. Pero ya os adelanto que el personajillo este no va a tener problemas para hacer amigos… y enemigos 😉

Y sobre el mayor no hay mucho que decir. Le llevó maridín y, cuando le pregunté a mi señor esposo qué tal el niño al volver al cole, me respondió: «Como si entrara en Disneyland». Vamos, que fue ver a sus amigos y oye, «adiós, muy buenas». Cómo son. ¿Qué tal vuestros peques? Si hubo drama, no os preocupéis, es lo más normal del mundo.

Qué hacer (y qué no) con niños en Lisboa

Qué hacer (y qué no) con niños en Lisboa

Lo tengo clarísimo, volveré a Lisboa. Pero sin niños. No os voy a engañar, no es la ciudad más idónea para hacer turismo con peques, tiene demasiados inconvenientes en ese sentido. Pero como éste es un blog para madres y de todo se aprende, voy a sacar el lado bueno de la capital portuguesa, preciosa por cierto, para daros algunas ideas si decidís ir allí con los churumebeles. Que luego yo soy la primera que me los quiero llevar a todas partes. Vamos allá. ¿Qué hacer en Lisboa con los peques?

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1.Subir en barco: Si vas a conocer únicamente Lisboa, lo lógico es que te alojes en un hotel en el centro. Pero con niños, lo habitual es que te hospedes en otras zonas y, teniendo en cuenta el tráfico de la capital, os recomiendo que ni se os ocurra ir en coche. Una de las mejores ideas es llegar a la ciudad en barco. Nosotros estuvimos una semana completa en Portugal en una casa que alquilamos con amigos en Caparica, con lo que nos acercamos en coche hasta Seyxal, donde cogimos un barco para cruzar el río. Son sólo 15-20 minutos y a ellos les gusta mucho el plan.

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Esperando el barco en Seyxal.

2. Coger el famoso tranvía: ¡Ojo! que no es fácil. Fuimos en agosto (entre semana) y hubo varios trenes que pasaron por delante de nosotros sin parar porque venían a tope. Y cuando conseguimos subir, lo que se dice cómodos, no íbamos precisamente. Pero es cierto que es toda una experiencia para ellos y, para el álbum familiar, queda muy bonito 😉 Creo recordar que el precio del billete es de 2,85 euros.

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Menudo estrés para subir 4 adultos, 7 niños y dos sillitas.

3. Ir en Tuk Tuk: creo que es el término adecuado, o el que usan allí, para referirse a una especie de coches de distintos tamaños, formas y colores. Ya os digo que, para ellos, fue el plan más divertido del día, con diferencia. Es más, los adultos no pudimos parar de reírnos. Cierto es que, al ser dos familias, nos subimos en dos tuk tuk y, como los conductores eran muy majos, se iban adelantando uno a la otra para que los niños lo pasaran bien. Por no hablar de las bajadas en las cuestas, era como estar en una atracción de feria, muy divertido. Tranquilos todos, que no fue en plan rallye. En nuestro caso, después de haber «pateado» bastante, queríamos volver a coger el barco y teníamos un buen trecho que, con tanto niño, se complicaba bastante. Así que conseguimos que nos llevaran a la zona del puerto desde la zona más alta de la ciudad, cerca de la Catedral. Pero este transporte no es para desplazarse de un lugar a otro sino para que, durante una, dos o tres horas (según elijas) te vayan enseñando los lugares más emblemáticos de la ciudad.

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Pues hasta aquí lo más divertido y la parte bonita para niños. Pero como os comentaba al principio del post, hay algunas consideraciones a tener en cuenta si vais de turismo con los enanos.

1. Sillitas: no señores, Lisboa no es una ciudad nada cómoda para pasear con carrito. En la medida de lo posible, yo lo evitaría. Aunque no es fácil cuando estás acostumbrado a usarlo; Gabriel la utiliza para dormir y a mí me resulta perfecta para darle la comida. Pero también me llevé el fular; en principio, era para usar en los tramos de cuestas o calles con aceras estrechas o inexistentes (que las hay) y por no tenerle tanto tiempo sentado. Al final, Alfonso y Rafa discutían por la silla así que utilizamos el fular bastante.

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Lo de las mochilas y fulares es super práctico aunque confieso que todo lo que pude aguantar fue hora y media.

2. Calzado: Lisboa, aparte de ser una ciudad con bastantes cuestas y empedrada, tiene muchas zonas cuyo pavimento está muy pulido y, aunque os parezca increíble, es fácil resbalar. Así que tenedlo en cuenta y llevad a los niños en playeros, olvidaos de zapatitos.

Y esto es todo cuanto puedo contaros; ir con niños tan pequeños no facilita la labor de ver todo lo que hubiera querido, la verdad. Pero es una ciudad preciosa y caótica a la vez. Volveré. ¿Conocéis Lisboa?

El día que acogimos a un refugiado

El día que acogimos a un refugiado

Nací en 1982. La Guerra de Bosnia comenzó en el 92 y finalizó en el 95. Yo no tenía por qué saber nada sobre aquel conflicto, era una cría de 10 años cuando estalló la contienda. Sin embargo, supe bastante. Os preguntareis a qué viene esto ahora, en un blog de maternidad en el que prima el sentido del humor. No voy a poner en este post esa maldita foto que desde hace dos días no me quito de la cabeza. Sí, esa imagen de un niño muerto en la orilla de la playa que ya todos habéis visto y que ha despertado conciencias. Sólo imaginar que podría ser uno de mis hijos hace que se me revuelvan las entrañas.

Recuerdo perfectamente, hace ya dos décadas, un domingo en misa con mis padres y hermanos en una parroquia cercana a casa en la que vimos un papel en el que se solicitaba ayuda para acoger a menores víctimas de la guerra de Bosnia. Mis padres no lo dudaron ni un segundo y se apuntaron a la iniciativa. Sí, teniendo ya cuatro hijos, sin mucho tiempo, trabajando los dos y, aún así, fueron a las numerosas reuniones previas para el acogimiento. Pero ellos son así, tremendamente generosos. Meses después llegó ella, una niña morena, en un día de verano bastante lluvioso; creo recordar que tenía mi edad, unos 12 años. Ella, varios de sus hermanos y otros compatriotas se bajaron del autobús en el que habían recorrido media Europa, delgados y con ropa vieja.

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La que veis sentada sobre mí (sí, esa regordita soy yo) es la niña que pasó un verano en nuestra casa.

Una de las primeras cosas que hicimos fue llevarla de compras. Mucha gente de nuestro entorno nos cedió también prendas para ella y, al final de su estancia en Gijón, se llevó también cosas para su familia. Era musulmana y creo que hablaba bosnio así que entendernos con ella no fue sencillo; nos dejaron en la parroquia una lista de palabras en bosnio para intentar facilitar algo la comunicación. E imaginaos lo difícil que debe ser para una niña separarse temporalmente de su familia para estar con gente que no conoce, aunque fuera para vivir un verano especial, lejos de su campo de refugiados y de la pobreza. Una de las cosas que no olvidaré fue ver cómo se quedaba dormida en una caja mientras jugábamos. Tampoco se me olvidará nunca el día que se fue; vi llorar a mi padre en público por primera vez. No volvimos a verla. Se llamaba Suhreta Mehic.

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Mi padre y Suhreta

Si algo tengo claro es que, acoger durante un tiempo a una niña refugiada de la guerra de Bosnia en nuestra casa, me hizo sensible a estas cosas. Tanto, que dos veranos después me fui con Cooperación Internacional de voluntariado durante unas semanas a un Centro de Menores a Oporto. Y tanto, que hubo un tiempo en que quise ser reportera de guerra; también fue porque en la Universidad conocí la historia de Miguel Gil, un periodista que murió en Sierra Leona. Lo sé, no hubiera durado dos asaltos y al final el instinto maternal que siempre he tenido me quitó aquella idea de la cabeza. Pero siempre he sido muy impresionable ante las injusticias y, por eso, aunque quiero por encima de todo que mis hijos sean felices, me interesa mucho que no vivan de espaldas a un mundo que está lleno de dramas. Y además quiero que relativicen y no se quejen por cosas que no son verdaderamente importantes. Yo lo intento pero no siempre lo consigo.

Sobre la crisis actual, me niego a creer que haya que construir muros. La historia de la humanidad está plagada, por desgracia, de guerras en las que millones de personas se han tenido que desplazar de unas naciones a otras. Sé que todo es mucho más complejo que esto pero la solución no pasa por dejar que esto se solucione solo mientras la gente muere en la huida. Por cierto, si de verdad queremos ayudar desde nuestra humilde posición, hay muchas ONGS que están trabajando por esas personas. Pues esta es la historia de una niña a la que no le faltaba nada importante y que se hizo amiga de una niña que lo había perdido casi todo. Ojalá esté bien, allá donde se encuentre.

El cambiador plegable, ese objeto que va conmigo a todas partes

Si os preguntaran qué objeto de bajo coste os ha resultado más útil desde que tenéis un bebé, ¿cuál diríais? Mirad que he escrito ya varios posts con listas de cosas que he utilizado frecuentemente con los peques para daros ideas de posibles regalos o por aquello de enseñar cosas en las que me ha compensado gastar el dinero pero parece mentira que  no haya mencionado en ninguna ocasión algo que siempre, siempre llevo conmigo desde que soy madre: un cambiador plegable. ¡Bendito invento! Lo he utilizado hasta de alfombra para sentar a los peques cuando aún no gateaban…

Si algo agradezco hoy en día es encontrar locales con cambiador. Madre mía, si hace unos años me llegan a decir que iba a valorar este detalle, no lo hubiera creído. Pero teniendo en cuenta que en gran parte de los sitios a los que vamos no lo tienen, a mí el plegable me salva la vida fuera de casa. Tengo el mismo desde hace más de 4 años y ahí va, en la bolsa con los pañales y toallitas desde que nació Alfonso. Es más, conozco a quienes lo utilizan en casa y así se ahorran comprar un cambiador convencional.

La verdad que en esto de los artículos de puericultura, te encuentras de todo y para todos los gustos. Yo fui de las que elegí la famosa bañera-cambiador por aquello de tener dos cosas en una pero reconozco que, así como el cambiador lo uso a diario varias veces desde hace años, a la bañera le di poco uso y enseguida me pasé a la hamaquita de agua porque me resultaba más cómoda. También hay cambiadores con una cómoda debajo y la verdad es que sí que lo encuentro muy práctico. He visto cambiadores anexos a cunas pero la mayoría no tienen ruedas y yo de vez en cuando he acunado a los peques por lo que ese detalle lo tuve en cuenta. Y vosotras, ¿qué tipo de cambiador tenéis?, ¿le dais uso al plegable?, ¿qué otras cosas baratas os han resultado útiles?

Playas de Cádiz: Zahara, Valdevaqueros y la Loma del Puerco

Hace ya unas semanas que no escribía ningún post sobre playas y, en esta ocasión, lo hago sobre tres arenales que no están en mi tierra. Las asturianas y las gaditanas son playas completamente distintas pero ambas son de gran belleza. En cualquier caso, aquí os enseño las tres que conocimos estas vacaciones y que, además, me gustaron un montón:

1. Zahara de los Atunes: Es un arenal de nada más y nada menos que 8 kilómetros que va desde el pueblo que lleva el mismo nombre, por el que pasamos con el coche y me dio la sensación de que tiene mucho ambientillo, hasta la zona de Atlanterra. Nosotros accedimos por la zona del conocido Hotel Antonio, que tiene muchísima fama por preparar atún de forma exquisita; doy fe de que estaba espectacular ya que comimos allí con unos amigos. No es barato pero si os gusta el atún, la verdad que merece la pena hacer el esfuerzo. Por la zona del hotel, podréis acceder a la playa fácilmente por pasarela de madera. Además, en esa zona hay un pequeño chiringuito para tema bebidas, helados y poco más. Además de estar con unos amigos, allí conocí a Mamá Gnomo, una bloguera que tiene tres niñas de edades similares a mis tres peques. En su blog contó nuestro encuentro y cómo interactuaron nuestros hijos 😉

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2. Valdevaqueros: Dicen que es la mejor playa de Europa para practicar wind y kitesurfing así que hay que tener en cuenta, cosa que no hicimos, las previsiones de viento. Nuestra idea ese día era ir a Bolonia pero, cuando quedaban un par de kilómetros, el tráfico estaba completamente parado (así que tomad nota si vais en agosto). De ahí que fuésemos a parar en esta preciosísima playa de la que tuvimos que irnos a las dos horas porque el aire era ya insoportable para los peques. Pero reconozco que es maravillosa gracias, en parte, al color del mar y una extensa duna en la parte más occidental de la playa. No hay pasarela y hay unos metros de arena que se pueden hacer pesados para que los niños caminen.

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3. La Loma del Puerco: Es la continuación de la famosísima playa de La Barrosa. Tiene una longitud de unos dos kilómetros y hay que bajar escaleras para acceder a ella así que no es lo más práctico con niños, y eso que allí habíamos quedado con otros amigos que tienen peques. De todas las playas a las que fuimos estas vacaciones, es en la que más gente había, quizás porque toda esa zona de costa de Sancti Petri y La Barrosa tiene muchos hoteles aunque, desde la playa, no tienes la sensación en ningún momento de que aquello esté muy urbanizado y el paisaje es bonito. Además, en el chiringuito La Loma comimos muy bien, la verdad.

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DSCN6222Y hasta aquí las crónicas de nuestra estancia en Cádiz, supongo que muchas ya conocíais estas playas. La más espectacular de las tres me pareció la de Valdevaqueros y la más práctica con niños, la de Zahara. Ahora me queda contaros algo de Portugal y creo que el post sobre Lisboa es quizás el que más os interese, va a ser completito aunque, por cambiar de contenidos, lo dejaré para la próxima semana. ¡Ojo! que ha llegado el mal tiempo pero servidora no da por terminada la temporada de playa hasta principios de octubre, ehhh 😉

Looks de boda

Looks de boda

Lo prometido es deuda y paso a narrar muy brevemente (cuando escribo esto son las 12 de la noche de un domingo posterior a un sábado en el que dormí 4 horas) nuestro primer enlace como familia numerosa. Somos ya unos expertos en estos menesteres, oigan; ahora ya llegamos, incluso, antes que el novio. La clave: planificación y control de tiempos. Ya conté en el blog hace casi dos años que llegamos muy justitos a la boda de mi hermano, era la primera vez que íbamos de sarao con niños. Desde entonces, hemos mejorado mucho. Y eso que servidora, si puede, se peina a sí misma.

Dicho esto, tengo que decir que, salvo algún momento puntual en la misa, los niños se portaron muy bien y Alfonso y Rafa cumplieron su labor de pajes, que no siempre es fácil; de hecho, una de mis sobrinas dijo que tararí llegado el momento. Luego tuvimos la suerte de que había niñeras en la boda, porque iban bastantes peques, y eso nos permitió cenar tranquilos. Y si a eso le sumas que mis padres estaban invitados al bodorrio y que no trasnochan, pues más fácil aún porque, después de la cena, se llevaron a los niños al hotel y durmieron con ellos. Así que, digamos, la noche fue joven y bailé La Gozadera como si no hubiera un mañana. Eaaa, paso a las fotos que sé que, para estos temas, lo de contar el rollo es lo de menos.

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Cutre-selfie en la habitación del hotel.

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Turbante de Eva Vidal, no se puede ser más artista. Yo le digo que me apetece turbante, le enseño el vestido y le dejo a ella que haga lo que le plazca. Y como tiene un gustazo exquisito, me aparece con este tocado con un estampado precioso y con pedrería.

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El vestido de Mango al completo. Un chollo de menos de 40 euros.

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Alfonso y Rafa con trajes de Neck and Neck y mocasines de Pisamonas.

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Por detrás se ven mejor los fajines.

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Mantenerlos peinados es una utopía.

Y hasta aquí las fotos, no hice muchas porque Alfonso está en esa fase en la que no quiere que se las haga y pone morros (esta pre-adolescencia me va a matar) 😉 Y esta semana tengo muchos contenidos, ¡de todo tipo!

Viajar con niños en coche

Viajar con niños en coche

La próxima vez que tenga que hacer cientos de kilómetros con los niños en el coche, recordadme que tome un Valium antes de salir de casa. ¡Ah, leñe! Si el jueves mismo haremos maletas otra vez para irnos a la boda de mi cuñado a Bilbao. Madre mía, cómo ha cambiado el cuento; si hace unos meses me hubieran preguntado qué tal lo de viajar con niños en coche, mi respuesta hubiera sido: ¡Fenomenal!, no lo dudes, anímate. Y no mentía, que Alfonso recorrió más diez mil kilómetros en su primer año de vida por toda la geografía española y genial. Nosotros tenemos moral y los niños lo han llevado divinamente desde que nacieron. Es más, de recién nacidos, el motor del coche era casi como una droga; nos poníamos en marcha y eaa, a dormir durante horas.

Pero claro, lo que cambia el cuento es lo de ser familia numerosa. Que yo antes iba en la parte trasera entre los mayores y reinaba la paz. Si había hambre, repartía galletas, fruta y lo que hiciera falta. Y si querían cambiar de dibujos o de peli, allí estaba yo. Y si no quería que se durmieran, también estaba bien situada para hacer el bobo y entretenerles. Y si quería que se durmieran, allí estaba una servidora para acariciar las cabeza o el entrecejo y acelerar el proceso. Pero no, ahora no puedo ir en la parte trasera porque van los tres juntitos. Así que imaginaos la guerra que me han dado los mayores estas vacaciones en el cochecito. Que si no quiero estos dibujos, que si uno le coge la galleta al otro, que si le da con el pie, que si está poniendo el brazo en el sitio del otro y el uno protesta, que si éste quiere el juguete del otro. Un coñazo, oigan. Ahora entiendo a mi padre.

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El mayor molestando al mediano

Así que aquí va mi lista de recomendaciones, con humor eh, si para vosotras lo del coche se convierte en una pesadilla:

Evitad viajes en plena operación pañal o recién terminada: si no lo hacéis, acabaréis saliendo de la autovía y vuestro crío terminará haciendo sus micciones en cualquier sitio insospechado. Lo digo con conocimiento de causa 😉

Mirad bien los peajes que os vais a encontrar a lo largo de vuestro recorrido: No falla, cuando los astros se alinean y duermen todos, te toca parar sí o sí en un peaje. Y se despiertan.

Haced oídos sordos a la pregunta ¿cuándo llegamos?es imposible responderles siempre de buen humor a la consulta que plantean porque lo hacen prácticamente nada más poner el motor en marcha.

Obviad los comentarios del tipo «vaya sitio más guapo» (bonito, precioso, maravilloso): Puede que te lo digan porque hay un Burger King, un montón de coches o una casa rosa. Aunque estés en el sitio más horrible que exista.

Y es es todo en cuanto al transporte, que no es poco teniendo en cuenta que hemos recorrido 3800 kilómetros. En fin, mañana empiezo mis posts de los sitios que hemos conocido; voy a tener que replantearme el contenido del blog y comenzar a escribir sobre viajes 😉 Ya por adelantado os pido disculpas si no me da la vida para responder todos los comentarios; los niños siguen de vacaciones y, por el día, por más que lo intento, no saco huecos. ¿Qué tal esas vacaciones?, ¿os he dicho que las nuestras agotadoras? 😉 Eso sí, de las mejores que recuerdo.