Si hace unos meses escribí un post sobre posibles regalos para un bebé en sus primeros meses de vida, hoy hago una lista de ideas para regalar a un bebé más mayorcito, pensando quizás ya en su primer cumpleaños. Siempre está la opción de regalar algo cuando nace un bebé pero para que se use meses más tarde; yo lo he hecho muchas veces, por aquello de que casi todo el mundo suele hacer regalos para las primeras semanas de vida. Sabéis que recibo las cajas de Tubebebox para valorar sus productos, si me parecen o no prácticos, adecuados, bonitos… así que me viene muy bien para sacar ideas y compartirlas en el blog con vosotras:
1. Baberos de manga larga: los baberos son una opción muy recurrente porque sabes, a ciencia cierta, que se usarán. Pero a partir de los 6 meses hay que optar por lo práctico, así que nada mejor que uno de manga larga.
2. Biberones y vasos: Cuando las madres se incorporan a sus puestos de trabajo, muchos bebés tienen que tomar biberón (sea con leche materna o artificial) así que nunca está de más un biberón. Y para los que no toman pecho, a partir de los seis meses y con estos calores, los vasos para que puedan beber agua con facilidad y sin derrames, son un regalo super práctico.
3. Productos para la seguridad del bebé: a partir de los seis meses muchos bebés comienzan a gatear y, en torno al año, también empiezan a caminar así que la casa está llena de peligros para ellos. Por eso, no es ninguna tontería comprar a los padres artículos que les ayuden a tener a los niños seguros para evitar accidentes.
4. Puzzles de madera: algo muy sencillito, que sólo necesite encajar unas piezas grandes y fáciles de sujetar. Para esa edad, es más que suficiente y les entretiene bastante.
5. Cuentos: Tranquilas, hasta los 3-4 años, los niños no empiezan a leer pero creo que todos comenzamos a contar cuentos a nuestros peques desde bien chiquititos para que tomen contacto con el mundo de la lectura.
6. Tuppers para comida: A partir de los 6 meses, algunos bebés comienzan a tomar ciertos alimentos sólidos. Y cuando cumplen un año, muchos toman ya fruta a trozos, galletas, pan, jamón… así que otro regalo muy práctico puede ser recipiente para comida. Os voy a decir una cosa, no conocía esta marca que os voy a enseñar y me he enamorado por completo.
7. Peluches: este ya es un regalo para los que no se quieren «romper la cabeza» e ir a lo seguro. Porque a los bebés les encantan los peluches. Rafa aún no se despega del suyo y Gabriel, por ahora, no ha elegido 😉
La verdad es que esta caja Big Baby de Tubebebox me ha demostrado que existen cantidad de cosas que regalar a un bebé pero que, en la mayoría de las ocasiones, son productos que rara vez te regalan sino que sueles comprarlos tú misma. Espero que os haya sido útil. ¿Incluirías más cosas que os gustaría que os regalasen y que se usan con frecuencia?
Cuando ya llevamos una semana sin escapes del tipo B, es decir, de los gordos, doy por finalizada la operación pañal más compleja que he vivido nunca. Ojo, que sólo he vivido dos, pero las suficientes para saber que ésta última ha sido un poco cargante, por no decir otra cosa. Si me llegan a decir en junio que me iba a pasar un mes limpiando cacas, os juro que me planto y no escolarizo al crío hasta dentro de un año ;-). He aquí las comparativas de dos operaciones «pañal» muy distintas:
1. Operación del mayor. Duración: 1 semana. Deposiciones recogidas en ese espacio de tiempo: un par, más o menos. Señales previas de deseo por quitar el pañal: ninguna.
2. Operación del mediano. Duración: 1 mes. Deposiciones recogidas: incalculables. Señales previas de deseo por quitar el pañal: escasas.
Espero que esto no vaya «in crescendo» con el tercero porque, llegado el momento, me puedo hacer el «harakiri». En cualquier caso, lo que sí os puedo decir, dada mi experiencia, es que cada niño tiene su ritmo. Eso sí, también tengo claro que, eso que dicen de que los niños dan señales de querer quitarse el pañalico del culo y que no es conveniente hacerlo antes, no ocurre siempre, ni mucho menos. Los hay que sí, que piden deshacerse de él así que ¡enhorabuena a los que os haya tocado!
Pero otros van super a gusto con su pañal, su pis y sus cacas, y nada les incomoda. Y eso era lo que pasaba a Alfonso, que se paraba en seco donde estuviera, hacía sus necesidades y seguía feliz con sus quehaceres. Así que que, sin muestras previas de ésas que dicen que existen y con 2 años y 8 meses, le quité su pañal un día. Menos de una semana después, sin llantos, tuvo su último escape. Se ve que hay niños que, hasta que no notan que se mojan o manchan la ropa, no son conscientes del proceso ya que se han pasado toda su vida con un pañal en el trasero.
Rafa, sin embargo, hace unos cuantos meses, me informaba de que había objetos olorosos no identificados en su pañal. Yo, la verdad, no lo interpreté como que estuviese preparado ya que me avisaba a posteriori. Además, era pleno invierno y tenía un recién nacido en casa. Igual resulta que ése hubiera sido un buen momento, pero dudo que hubiera sido más fácil que ahora. Así que, en cuanto llegó el buen tiempo, hice lo mismo que con el mayor, quitarle el pañal un día confiando en que en una semana, un par a lo sumo, concluiríamos el procedimiento. Y no, no fue ni rápido ni fácil. Tuvimos dos crisis gordas:
1. Escape nuclear en la piscina de la urbanización donde vivimos: sólo se metió 3 minutos en la piscina grande en todo el verano. Suficiente para tener allí una fuga que obligó a echar más cloro y precintar la piscina día y medio. Yo sé que esto os hace gracia pero yo pasé mucha vergüenza y, por primera vez en mi vida, recé para que lloviese . Y llovió, vaya respiro. Para evitar que pasase más veces, tuve que comprar pañales de agua y decirle que era bañador, por aquello de no dar marcha atrás en el proceso.
2. Diarrea durante diez días: Puede que no haya tenido una diarrea en su vida porque Rafa tiene una hormigonera interior que le permite comer sin descanso y hacer mezclas imposibles. Pero oye, resulta que en plena operación coge una cagalera importante que me obliga a ponerle pañal nuevamente. Vamos, una faena.
Así se resume nuestra segunda operación pañal en esta casa; Rafa controló en un par de semanas los pises pero sus necesidades mayores han sido un quebradero de cabeza, he limpiado más boñigas este mes que en toda mi vida. Eso sí, no os vayáis a creer que aún no tiene que mejorar. Desde que dice que se hace caca hasta que se la hace tenemos un margen de maniobra de 10 segundos lo que, en algunas situaciones, nos impide claramente llegar a un baño u orinal así que directamente saco pañal o toallitas y… pues eso. Y la otra guerra es convencerle de que las cacas las haga en el váter en lugar del orinal ( lo he conseguid un par de veces!) porque oye, ya no me apetece hacer traslados de mierdina de un sitio a otro. ¿Qué os parece?, ¿completita la ejecución, verdad?, ¿cómo os fue a vosotras?
Hace dos veranos, compré por primera vez un protector solar en spray transparente (tipo aerosol). Lo cogí con factor 50 para probarlo con los peques ya que yo suelo usar en torno a 30 SPF. La verdad es que, con niños, todo lo que sea simplificar es bienvenido y yo no soy fiel a ninguna marca en esto de las cremas, aunque sí que uso algunas con más frecuencia y prefiero ir a marcas de toda la vida. Pero si veo algo que me gusta, lo pruebo. La que compré por entonces fue Solcare (Mercadona) porque en general me gustan los productos Deliplus aunque sí que es cierto que nunca usé protectores solares de este supermercado ni ningún otro.
El caso es que mi sorpresa fue mayúscula al ver que Rafa, negro como él solo, se empezaba a quemar. La crema la volvimos a probar nosotros y nos dimos cuenta de que, quizás porque la piel te queda especialmente brillante (como cuando te echas aceite corporal), no quedaba protegida frente a quemaduras. Así que ahí se acabó mi aventura probando cremas en spray. Hasta este verano, que he vuelto a intentarlo, por aquello de encontrar el cosmético que me facilitara la vida. Y probé con Denenes. Para Alfonso y Rafa, que son tan morenitos, no hubo problema pero para Copito fue insuficiente y en cuanto vi que la piel se le ponía un poquito roja, a echarle de las de siempre, de las que te dejan la piel blanca. Otra de las desventajas que tienen los protectores con vaporizador es que, se puede perder en el aire cierta cantidad de producto.
Tono que adquieren mis hijos mayores en verano
Pero como soy muy insistente, y siempre me fié de Isdin, decidí probar la versión en spray de esta marca. No tenía nada que perder puesto que, si a Gabriel no le iba bien, la iba a utilizar con los conguitos de sus hermanos. Sé que hay que fijarse en muchas cuestiones pero, con Copito, me obsesionan las quemaduras a pesar de que le exponemos poco al sol, aunque hay momentos en que es inevitable. Para mí, de las tres marcas, sin ninguna duda, la mejor. Y es impresionante lo fácil que es extenderla así que estoy muy contenta porque los mayores no paran. Pero creo que, para pieles de bebés muy blancos (aspecto al que me enfrento por primera vez en mi vida 😉 ) nada mejor que una crema de las consistentes, de ésas que, cuando sales del agua, te deja la piel lechosa, nada de brillos. Y vosotras, ¿qué marca usáis?, ¿qué recomendáis las que tenéis niños blanquitos?, ¿spray o crema?
Servidora siempre ha sido la tranquilidad personificada para esto de preparar la llegada de los churumbeles. Cuando estaba embarazada de Alfonso, nos centramos en la sillita de paseo, en la del coche, en la cuna y en la bañera-cambiador; con eso nos quedamos tan pichis. Luego, sobre la marcha, fuimos haciendo más adquisiciones. Con tres criaturas, puedo decir que hemos amortizado unas cuantas cosas, ¡y de qué manera! Aunque siempre hay algunas compras de las que luego te arrepientes porque no les das mucho uso, quizás me anime con un post sobre esto.
Reconozco abiertamente que una de las cosas que siempre me pareció prescindible fue un robot de cocina para bebés. Y cierto es que pude vivir sin él hasta hace un mes. Sin embargo, ahora que tengo la Nutribaby de Babymoov, me arrepiento de no haberme hecho antes con ella. Mira que me habían dicho, incluida mi señora madre, que estos artilugios mejoraban mucho los platos, pero no creí que fuese para tanto. Llevo muchos purés hechos a mis espaldas, porque además a estos niños les han gustado un montón y les he dado hasta bien creciditos, pero no, nunca me habían salido tan ricos como hasta ahora. Y no, no estoy exagerando. Lo digo porque soy la primera que creía que exageraban los que hablaban tan bien de este producto. Pero tenían razón.
Sinceramente, creo que una de las claves de que el sabor sea infinitamente más rico es porque la cocción se hace con muy poca cantidad de agua, por lo que todas las vitaminas y el sabor se concentran y luego se utiliza todo ese agua para hacer las cremas. Sin embargo, cuando cocía la verdura en una olla tradicional o exprés, usaba para ello un par de litros de agua de los que desechaba gran parte a la hora de elaborar los purés. Y por supuesto, el invento tiene la ventaja de que los ingredientes se cuecen en sólo 20 minutos y quedan en su punto porque los que necesitan más cocción se colocan abajo, y los que necesitan menos, arriba. Y luego que, por ejemplo, con Nutribaby también se puede esterilizar, calentar bibes o potitos, descongelar.
¿Tenéis robot de cocina? Las que lo tenéis, ¿habéis notado tanto la diferencia en el sabor de los platos? Eso sí, ahora me toca animarme y hacer alguna receta más elaborada para los peques.
El sábado viví una situación de ésas en las que, si me pinchan, no sangro. Entiendo que, en parte, porque no es algo frecuente ni normal. Habíamos quedado con unos amigos a comer en un club deportivo de Oviedo y llegamos antes que ellos así que entramos al hall y de ahí fuimos al salón contiguo para tomar algo mientras esperábamos. Eran las dos de la tarde y yo, además, quería darle el bibe a Gabriel así que iba directa a sentarme con los peques cuando un camarero me abordó para decirme que no podía estar con niños allí. Instintivamente, me fui con los críos, sintiéndome observada, a una zona de terraza acristalada anexa al salón para lo que quería: dar de comer a mi hijo. Y nuevamente, el mismo camarero se acercó para decirme que tampoco podía estar allí con los churumbeles.
Así que, con cara de asombro, le pregunté dónde podían estar las criaturas y me indicó que en la zona de arriba, es decir, en el comedor, o en la única parte de la terraza que no estaba cubierta (indico, de paso, que el sábado llovía y estábamos a 15 grados). En total, los niños no podían estar en un 80% de la superficie total del club. Pero ahí no termina la cosa. Cuando íbamos en dirección a la escalera para subir a la «zona de confort» vino una mujer (luego supe que era la persona que está en portería) a decirnos, otra vez, que los críos no podían estar allí. Y ya no pude estar callada. En minuto y medio me habían dicho tres veces que los niños sobraban, que no eran bienvenidos. Y salté: Ya lo sé, es la tercera vez que me lo decís; son niños, no se comen a nadie. No es mi estilo, soy sincera y no me ando con rodeos con la gente que conozco porque no me gusta la falsedad, pero, por contra, si no conozco a la gente, no me meto donde no me llaman y no digo ni mu.
Mirad, yo acepto que hay lugares que no son apropiados para los menores. Es más, entiendo que en determinados sitios, clubes, centros sociales… haya áreas en las que no se permita la entrada a los niños. Pero, desde mi punto de vista, el concepto de este club deportivo ovetense es erróneo al ser prácticamente todo su recinto restringido a los peques. Ojo, es una asociación privada con sus normas y alguien podrá decirme que, como tal, tengo que aceptarlo y no puedo quejarme. Y obviamente, no tengo ningún derecho a exigir que mis hijos estén donde a mí me dé la gana y, por tanto, no me negué a irme de las zonas «prohibidas» ya que acato las normas de cada sitio. Es tan simple como no ir allá donde no eres bien recibido.
Creo que es interesante reflexionar sobre este tema porque, aunque no sea frecuente, es cierto que, en algunos lugares, ponen cara de pocos amigos cuando apareces con niños. Señores, en esta sociedad, no sobran ni críos ni mayores, ni mujeres ni hombres, sólo estorban los incívicos. El que no comprende que los niños son éso, niños, que a veces lloran, que se mueven más que los adultos… es que no está preparado para vivir en comunidad. Al igual que los padres debemos poner límites a los críos en algunos sitios, sólo faltaba. Y vosotras, ¿habéis tenido algún episodio de «niñofobia»?
Jamás he escrito en el blog nada sobre decoración porque no me considero, ni mucho menos, una entendida en ese aspecto. No sé si hay modas en el arte de ornamentar una casa, seguramente sí, y he de decir que no he visto una revista de interiorismo en la vida, y eso que mi abuela era una auténtica aficionada a todo lo que tenía que ver con la casa y el jardín. Pero no, no he heredado yo esa afición, lo cual no quiere decir que no me guste una vivienda bien decorada o un vergel bonito, como el que tienen mis padres. Pero insisto, me guío por lo que me entra por los ojos, nada más. Y ojalá pudiera gastarme más dinero en embellecer la casa pero, con tres niños, las prioridades son otras. Hoy voy con un primer post sobre este tema para enseñaros los cambios que hemos hecho hace poco en la habitación de Gabriel, por si algo os sirve de inspiración:
1. Pintar: no hay nada que cambie más el aspecto de cualquier estancia u objeto. Cuando nos mudamos a nuestro piso, obviamente no sabíamos el sexo de los hijos que queríamos tener por lo que sólo pusimos color a la habitación matrimonial, el resto las dejamos en blanco. Hace tres meses nos animamos a dar más colorido a la casa; sé que hay muchas posibilidades pero a mí me gusta mucho el azul para los niños. No obstante, no sólo pintando las paredes puedes dar otra apariencia a una habitación, también se puede hacer con los muebles así que decidimos recuperar un baúl que estaba ya en las últimas.
2. Cuadros y láminas: Aquí hay muchas posibilidades pero creo que menos es más, es decir, que tampoco hay que excederse. De hecho, en la habitación de Gabriel tengo que hacer alguna nueva adquisición porque tenemos poca cosa en las paredes. En general, me gustan los marcos lisos y en blanco cuando se trata de habitaciones infantiles.
La vena artística de la que yo carezco, la tiene en mi familia mi tía Gracia, que hace estos cuadros tan bonitos con madera y arcilla, ¿os animáis?
3. Vinilos: En esto sí que me gusta la discreción y apuesto por los colores claros y tonos pastel. Y si el vinilo tiene alguna funcionalidad, como medidor o pizarra, mucho mejor. En la habitación de Gabriel, hemos puesto un medidor en color blanco.
4. Recuperar muebles antiguos: O más bien, que te los ceda tu madre. El escritorio con estantería que en su día, utilicé yo, ahora está en la habitación de Copito de Nieve. Reconozco que quizás vendría bien lacarlo porque se nota en algunas zonas que tiene años, pero ese ya es otro gasto que ahora no vamos a hacer. Lacar armarios y muebles es como darles nueva vida, parecen recién comprados.
Y así nos ha quedado la habitación de Copito. Seguramente se puede mejorar pero yo creo que está bastante bien y sencillita. La próxima semana os enseño la de Alfonso y Rafa, en la que os enseñaré el antes y el después porque sí que ha sufrido una gran transformación. Y además, os mostraré otra idea que cambia completamente el aspecto de sofás, sillas, camas… ¿Habéis dedicado tiempo y dinero para decorar la habitación de los peques?
Adelanto mi sección de recomendaciones este mes de mayo pensando un poquito en que ésta es una temporada de muchos eventos: bodas, comuniones, bautizos… Así que, por si estáis preparando alguno de estos acontecimientos, o estáis invitados y queréis hacer un regalo, os dejo dos ideas que hacen dos mujeres con mucho arte.
1. Besando Sapos: Alba Ortiz es una asturiana muy aficionada desde pequeña a las manualidades. Sus creaciones tienen un aspecto infantil, gracioso y, en ocasiones, gamberro. Gracias a una compañera de trabajo, descubrió el Fondant, la famosa pasta de azúcar con la que se hacen tartas. Aquello fue un flechazo y, desde entonces, no para, duerme poco y friega mucho 😉 Alba estudió turismo y trabajó varios años en el aeropuerto de Asturias, aunque ahora mismo no tiene trabajo, por lo que cualquier encargo será bienvenido. Os dejo unas fotos de la impresionante tarta (de más de 15 centímetros de altura y rellena de bizcocho de chocolate) que le preparó a mi sobrino en su primer cumpleaños. Que sepáis que hace maravillas, todo lo que os podáis imaginar, lo hace real en una tarta, podéis ver más cosas en su cuenta de Facebook o de Instagram. Y puedo corroborar que el sabor es espectacular.
2. Piezecitos: Ainara es una mamá española que reside en Italia. Hace ya tiempo que sigo su blog, Piezecitos, donde cuenta sus aventuras como mamá de Chloe. Hace algo más un mes, animada por su espíritu emprendedor y por su pasión por el DIY, se animó a crear la ishop de Piezecitos. En ella podrás encontrar láminas para decorar las habitaciones de tus peques: para el nacimiento, para darles las buenas noches, para soñar, para aprender… Tiene también ilustraciones personalizadas y todas son en formato digital, lo que permite que tú misma las puedas imprimir sin necesidad de pagar los costes de envío. Si las quieres regalar te recomienda que, en el momento de entregar el regalo, lo acompañes de un marco para darle un toque especial. Y no me enrollo más, creo que con ver algunas de sus láminas os podéis hacer a la idea del cariño que pone en todo lo que hace. En casa, tenemos la lámina del elefante, que a Rafa le encanta cantar esa canción 😉
Espero que os hayan gustado las nuevas sugerencias. ¡Qué paséis buen fin de semana!
Creo que no hago ningún descubrimiento al comentar que los niños y bebés sienten una atracción irrefrenable por el agua. Esto es así casi desde que nacen pero, cuando comienza el gateo, se adentran de lleno en el ¿maravilloso? mundo acuático a través de elementos como el bidé (por suerte, en mi casa no hay pero sí en la de mis padres), el váter, la ducha… todo acompañado por la escobilla, que más de una vez me he encontrado en algún armario de ropa. Realmente creo que voy a suprimir esta pieza tan poco elegante de mi hogar. Sí, madres del mundo, el baño es un lugar de búsquedas y exploraciones sin fin. Pero la cosa no acaba ahí.
Con una escobilla así, ¿creéis que dejarían de cogerla? Por cierto, qué cosa más horrorosa.
Yo ya lo sé. Cuando voy a buscar a Alfonso y a Rafa cada tarde al cole y guardería, si sus profes ponen cara de que algo ha pasado, tengo claro que la escena del «crimen» ha tenido lugar en el aseo. Tampoco es que mis hijos sean unos gamberros pero, como todo niño, hay algún día en el que están inspirados. La primera vez que castigaron a Alfonso en el colegio fue hace más de un año, os lo conté en un post. Había entrado en el baño de las niñas para asustarlas. Con las féminas no ha reincidido, es más, ahora mismo le parecen un rollo porque no juegan al fútbol. Ya cambiará de opinión dentro de unos años.
Sin embargo, el baño y el agua le motivan mucho más y la última vez que su profe mecomentó algo sobre su comportamiento fue tras un episodio que tenía que ver con un váter y una toalla; no puedo aportar muchos más datos porque fue el niño el que me explicó el suceso 😉 A posteriori supe que el autor material de los hechos fue uno de sus amigos y Alfonso fue testigo presencial, pero no instigador. Pero el caso es que ahí estaba, en medio. Bueno, en realidad, según él, estaba haciendo caca y fijaos que me lo creo porque es un proceso al que dedica un tiempo considerable.
Estas imágenes de Rafa atrincherándose en el baño y dándose una ducha motu proprio con el pijama puesto son una prueba más de lo mucho que les gusta indagar con el fluido transparente.
Esto de los baños les gusta mucho a todos. La primera vez que Rafa necesitó utilizar la ropa de repuesto que tiene en la guarde fue hace un par de semanas y no se debió a escapes del pañal de esos que todas sabemos. No sé cómo, en unos segundos, abrió un grifo y se empapó de arriba abajo, desde el pelo hasta los playeros. Y ya de paso, creo que hubo algún daño colateral en la ropa de otros compañeros. En la escuela infantil de Rafa utilizan el método Montessori, por lo que los niños tienen cierta libertad para hacer cosas y el crío debió pensar que oye, la cosa estaba ese día aburrida. En fin, no sé por qué me da que las anécdotas van a ser interminables. Aún me acuerdo cuando de adolescentes nos escondíamos para fumar un pitillo en los baños del colegio. Bueno, yo no fumaba pero ahí estaba, en modo acompañante porque siempre era más entretenido eso que hacer lo correcto. Ojo, que yo luego era buena estudiante 😉 ¿Qué?, ¿vuestros peques también la lían parda en los baños?
Hoy 4 de abril es el día mundial de la plagiocefalia y deformidad craneal. A muchas, este término no os sonaría de nada hasta que os convertisteis en madres. Es muy frecuente que la cabeza de los bebés tenga alguna asimetría durante los primeros meses de vida producida por la presión de algo externo, normalmente la superficie en la que están tumbados aunque, en algunos casos, se debe al aplastamiento que sufren al pasar por el canal del parto. Ya sabéis que los huesos de la cabeza de los bebés son inmaduros y no están soldados. En muchas ocasiones, es algo leve que se corrige con el tiempo y con sólo ir cambiando la postura del peque. Vamos, que si la disimetría es en un lado de la cabecita, hay que procurar colocar al bebé del lado contrario. Esto le ocurrió a Rafa pero fue relativamente sencillo corregirlo y, en poquito tiempo, su cabecita estaba redonda.
Gabriel, hace un año, con la cabecita un poco plana por detrás.
Con Gabriel este asunto nos costó más. ¿Por qué? Porque la asimetría no era lateral, era en la parte de atrás. Y claro, por más que colocaba al crío de lado, a él le resultaba muy fácil ponerse recto. La pediatra, al cumplir los 4 meses, nos recomendó pasarlo del capazo a la silla para que no fuera tanta la presión en la cabecita y, por supuesto, ponerlo boca abajo más tiempo, pero eso el pobre niño lo odiaba. Lo ideal es que pasen poco tiempo tumbados y yo probé al principio a llevarle en fular por casa pero con el espabile que se traía, el niño no quería. Aparte que a mí no me resultaba muy cómodo más allá de un rato. Lo de hacer camas con el niño encima no es el colmo del confort.
¿Qué hicimos? Como le gustaba muchísimo jugar en un parquecito del que cuelgan juguetes mientras yo hago cosas por casa, le ponía un protector de cabeza de Babymoov que ayuda a mantener la cabeza de los bebés redondeada, tiene tejido transpirable y se puede lavar. Poco a poco, notamos cierta mejoría. Como en todo, hay casos graves en los que hay que recurrir a un casco ortopédico, como le sucedió a uno de mis primos, pero ya no hablamos de plagiocefalias moderadas o leves.
Cojín Lovenest para evitar la plagiocefaliaNi rastro un año después
Hoy, un año después, no queda rastro de esa pequeña plagiocefalia y solo con usar el cojín algunos ratos y con el paso del tiempo, que lleva implícito el que los bebés cada vez pasen menos tiempo tumbados, no queda ni rastros. ¿Vuestros peques han tenido asimetría en la cabeza los primeros meses de vida?, ¿se corrigió sola o necesitasteis ayuda de algún producto?
Que alguien me diga dónde está el libro de reclamaciones. Vamos a ver, que yo había pedido que mi tercer y último hijo (a priori) creciese más despacio, que todo fuese un poquito más lento porque yo quiero disfrutar, aún más si cabe, de mi bebé. Y oye, que además yo ya daba por hecho que iba a seguir un ritmo parecido al de sus hermanos. Porque es cierto que dicen que cada niño es un mundo, y eso pensé yo toda la vida. Pero claro, en esta casa, los mayores lo han hecho todo a la misma edad: dormir del tirón a los 4 meses, primer diente a la vista a los 9, gateo a los 10, andar a los 13… Salvo en lo de hablar, en lo que Rafa ha sido bastante más precoz, en lo demás es como si la genética los hubiera programado para seguir caminos similares.
Así que yo me hice a la idea de que todo sería perecido y la cosa no iba mal. Bueno, venga, lo digo en presente, no va mal. Lo sé, lo sé, estos hijos míos, en su primer año y medio de vida, han resultado ser la santidad personificada. Eso sí, que nadie más me diga eso de que así se pueden criar 10 hijos, y si no que me haga una transferencia mensual y yo sigo pariendo sin problemas 😉 Ay madre, que ya me estoy liando otra vez y me voy por los cerros de Úbeda. A lo que iba, que yo ya estaba super convencida de que todo iba a ser parecido hasta que la semana pasada lo vi, ahí, sí, en la boca de Gabriel: ¡un diente!
No, no puede ser, sólo tiene 5 meses, ¿por qué tan pronto?, me pregunté. Pero ahí estaba la realidad, diciéndome: guapina, esto es lo que hay, te fastidias, querías que fuese todo más despacio, pues hala, vamos acelerando, no te acomodes. Así que en estas me hallo, intentando asimilar que, si el tiempo con mi primer hijo pasó rápido, con el tercero ni me estoy enterando. Y rezando me encuentro para que ni se le ocurra hacer nada pronto, que tarde en todo lo demás y que no me dé estos sustos, que no estoy para esto.
Por cierto, si esperabais que diese algún consejo sobre los dientes, poco puedo aportar. El señorito no ha dicho ni pío ni ha estado rarito ni ha llorado ni na de na; eso sí, babas por doquier. Ay, pero si algo odio del tema dientes es ese momento en que un paleto sale antes que el otro. Lo sé, sólo son unos días pero los bebés tienen el aspecto de El Risitas «cuñaoooo» y me supera 😉 Y ahora contadme, ¿cómo lleváis estos procesos de cambio?
Antes de nada, os pido disculpas por estar un poco ausente en este mundo 2.0 pero, de vez en cuando, tengo que hacer algún trabajillo como redactora desde casa y claro, como son cosas puntuales, no tengo ayuda con los peques así que me las veo y deseo para sacar tiempo y acabo acostándome a las mil. Así que hoy voy con un post breve pero que os puede servir a la hora de hacer un regalo a un bebé. Aprovechando que colaboro con Tubebebox y que tengo que valorar los productos que vienen en cada caja, os dejo mi opinión sobre lo que creo que es más útil en función de mi experiencia:
Pijama: A mí siempre me ha parecido un gran regalo, práctico y, sobre todo, muy útil. Con un pijama creo que siempre se acierta.
Jamás había probado ninguna prenda de algodón orgánico, me he quedado alucinada con el tacto. Recomendado para casos de dermatitis atópica. Es de Poudre Organic. 30 euros.
Muselina: yo no sabía de su existencia hasta hace un par de años y andaba por casa con toallas de manos preparadas para cuando los peques regurgitaban. Sirven para muchas cosas, entre otras, para tapar al bebé, limpiarle cuando echa un poco de leche, taparte si quieres cuando le das el pecho…
Esta es de Pirulos y es muy cómoda porque es pequeña y la puedo llevar en la bolsa del carrito. Además, me encantan los diseños con estrellas. 8 euros aprox.
Juguetes para el baño: otro de esos detalles que puedes regalar y que sabes que van a ser éxito asegurado son los juegos para la hora del baño. En mi casa tenemos un arsenal y se pasan un buen rato jugando en la bañera.
Para los bebés más pequeños, lo mejor son animales, como este patito de Olmitos. 3,5 euros aprox.
Y para bebés más mayores, un libro acuático es perfecto. Este es de Saro. 6,5 euros.
Biberones: si la mamá opta por lactancia artificial o mixta, siempre vienen bien los bibes. Incluso, hay muchas mamás que los usan para que los peques tomen agua.
Biberón de Avent con innovador diseño de pétalos que permite un buen agarre.
Baberos: nunca está de más un babero, no sé los que hemos podido usar en esta casa, creo que es imposible calcularlo 😉 Pero si regaláis uno, podéis tener la certeza de que le va a dar uso.
Los de Maminébaba son muy suaves y con un estampados preciosos. 12 euros.
Cremas: regalar cosmética para un bebé siempre me ha parecido una gran idea. Y como en los anteriores productos, he de reconocer que es algo muy útil y que siempre es necesario tener.
Leche hidratante de Little Siberica, cosmética orgánica. 10 euros.
Lámpara quitamiedos: éste es una de esas cosas que hace tiempo no se me hubiera ocurrido jamás regalar a un niño o bebé pero ahora que tenemos en casa, sé que es un ¡acierto!
Rafa con la luz ardilla de Tubebebox. 10 eutos (la ardilla, no el niño 😉 )
Estas son sólo algunas ideas para hacer regalos a un bebé, hay muchas más pero creo que Tubebebox hace una selección magnífica, estoy encantada porque estoy descubriendo nuevas marcas que no conocía. Y si alguien quiere regalar todos los productos juntos, que sepáis que la caja, cuyo valor real es de más de 100 euros, cuesta 59 euros. ¿Qué otros regalos haríais a un bebé?, ¿conocíais las marcas?
Que te escriba por whastApp la que ha sido tu jefa para preguntarte cuándo vas a pasar a tu hijo del capazo a la silla ya es como para tomarse en serio eso de que eres una madre experta. Supongo que tener tres ya hace pensar que algo de experiencia vamos cogiendo. Y si puedo dar algún consejo, lo hago encantada, basándome en mis propias experiencias. En cualquier caso, uno de los cambios más sencillos con los que me he encontrado como madre es el del pasar del capazo a la silla. En su día, con mi primer hijo, no pregunté a nadie, simplemente observé:
1. Que la criatura ya tenía ciertos problemas de movilidad dentro del capazo: Tanto Alfonso como Gabriel han tenido prácticamente en todas las revisiones un percentil de altura del 97% y llegados a los cuatro meses, me pareció que aquello ya no podía resultarles cómodo. Y menos si alguno es aficionado a dormir con los brazos hacia arriba, como le ocurre al peque, al que precisamente cambié antes de Semana Santa, el mismo día que cumplió 4 meses. Como veis en la foto, creo que el tamaño es un factor importante para dar el salto.
2. Que el churumbel empiece a protestar cuando está despierto: De repente, de la noche a la mañana, tu bebé ya no quier estar dentro. Ves que protesta y cuando no estás en movimiento, te dice que «tararí», que ni de broma, vamos, que lo metes allí para dormir un ratito mientras estás en un restaurante o en casa de la abuela y acaba en tu regazo mientras intentas comer. Yo esta tercera vez, me di cuenta justo en un restaurante del que os hablé en otro post la semana pasada. Se ve que ya quieren curiosear y enterarse de lo que pasa a su alrededor. Y para eso, mucho mejor la silla.
Donde esté la sillita para poder cotillear, que se quite todo lo demás. Gabriel feliz en la silla de Bugaboo
Esto suele ocurrir en torno a los cuatro meses, por lo menos así ha sido con mis tres peques. A mí me da cierta pena porque se van quemando etapas y te das cuenta de que el tiempo con ellos pasa volando. Que enseguida empezaremos con las frutas, las verduras.. y cuando me dé cuenta, tendré a Copito de Nieve andando. De cualquier manera, lo estoy disfrutando como una loca, como lo hice con cada uno de ellos. ¿Cuándo hiscisteis en cambio?, ¿qué notasteis para dar ese paso?
En mi casa no somos precisamente discretos en esto del habla. El mayor ha salido a maridín, los dos hablan por los codos con cualquiera y se detienen a contar cada detalle de un acontecimiento. En esto, Alfonso se lleva la palma; como quiera contarte algo con pelos y señales, ponte a temblar porque se tira diez minutos de reloj para narrarte una jugada de fútbol del recreo del cole. Mientras tanto, el mediano y yo somos muy charlatanes pero a la vez selectivos, en cuanto a la gente a la que soltar el rollo y en cuanto al vocabulario, que ahí no escatimamos. En el post de hoy me voy a detener en el tema de Rafa porque es absolutamente asombroso y, por supuesto, divertido.
Justo hace dos años que escribí un post sobre cómo hablaba Alfonso y me he dado cuenta de que su hermano mediano le da mil vueltas con la misma edad. ¡Ojo! cada niño a su ritmo pero oye, ahora lo que estoy viviendo es la experiencia de un crío que, con dos años y cinco meses, se expresa con la misma facilidad que un niño de 4 años (eso sí, con quien le da la gana). Dicen que entre las edades de dos y tres años, el vocabulario de un niño aumentará hasta las trescientas palabras (insisto, cada uno a su ritmo) y os aseguro que el gordi hace ya tiempo que es capaz de referirse prácticamente a cualquier cosa. Ya le sorprendió a la pediatra en la revisión de los dos años y ya nos lo dicen en la guardería. Pero vamos a lo divertido del asunto, ¿qué pasa cuándo tu hijo habla más de lo habitual?
Las «notas» de Rafa de la guardería.
1. Utilizan expresiones de mayores, vamos, que no les pegan nada: es frecuente que empiece a contarte cosas con frases como ¿y sabes qué?. Si te da por cachondearte te salta con un ¿de qué te ríes? Y por supuesto, es muy típico que acabe una frase con un ¿sí o no?
Ahí lo tenéis, el verano pasado, con 21 meses, hablando cual barriobajero 😉
2. Tienen conversaciones surrealistas para llevarte a su terreno: son capaces de volverte absolutamente loca. He aquí un diálogo (de besugos) de la pasada semana.
Yo: Rafa, ponte las zapatillas.
Rafa: ¿Las zapatillas?
Yo: Sí, las zapatillas.
Rafa: ¿Las zapatillas?
Yo: Sí, Rafa, ponte las zapatillas.
Rafa: ¿Los playeros?
Yo: No, las zapatillas.
Rafa: ¿Los playeros?
Yo: Ponte lo que te dé la gana.
3. No te dejan hablar por el móvil: Sí, que eso es muy típico de todos los niños y bebés porque les gusta más un móvil que un caramelo. El problema es que, no sólo te lo intenta quitar, sino que mientras tú intentas tener una conversación con tu santa madre, el niño no hace otra cosa más que decir Abuelaaaaa, ¿qué tal? Y venga a hablar y hablar. El problema es que esto te lo hace un crío de 4 años, le dices que deje de charlar que si no no hay parque, y más o menos lo entiende. Con dos años, directamente se la trae al pairo.
4. Se saben todo el repertorio de canciones infantiles existentes en el mundo: Sí, desde el Señor Don Gato hasta el Patio de mi casa, pasando por los villancicos que, en su caso, son atemporales y se cantan en cualquier situación y momento del año. No exagero si digo que, ahora mismo, ya se sabe casi completas una veintena de canciones, incluyendo el Vivir, vivir de Marc Anthony (pruebas en Facebook). Creo que Alfonso, con esta misma edad, se sabía un par, y como mucho. Esto es divertido para un rato pero a veces resulta una tortura porque me doy cuenta de que voy por la calle tarareando eso de ya lo llevan a enterrar, por la calle del pescado, maramiamiaumiaumiau…
En fin, el tío es divertido de narices y llama la atención cuando habla, para qué os voy a engañar. No os podéis imaginar la de veces que maridín y yo nos tenemos que dar la vuelta para reírnos porque dice algo que nos deja fuera de bolos. En Instagram cuelgo de vez en cuando algunas de sus perlas (en breve le hacen club de fans). Y vuestros peques, ¿han sido precoces o se han hecho de rogar?
Creo que, junto al tema de la alimentación, lo que con más frecuencia nos quita el sueño (nunca mejor dicho) a los padres es que los peques duerman poco o se despierten cada dos por tres. Bien, parto de la base de que quizás he tenido suerte. O no, quizás es que dí con la clave para que mis niños duerman un montón cada noche. Y ¡ojo!, he escrito mis niños porque igual vosotras habéis descubierto que vuestros churumbeles duermen genial con un gorro en la cabeza. Pero oye, para eso escribo un blog, para contar mi experiencia y, si sirve a alguien, pues mejor. El panorama en mi casa es el siguiente: dos niños de 4 y 2 años que duermen unas 11 horas seguidas cada noche salvo requerimiento de agua o caída de la cama. Y bueno, hay veces que con caída incluida, ni se despiertan. A la imagen me remito.
De esta guisa me he encontrado a Alfonso más de una vez. Como veis, problemas de insomnio no tiene 😉
Y luego está Gabriel, que dentro de una semana cumple 4 meses y que duerme del tirón unas 7 horas, hace una toma y vuelve a dormir otras cinco horas seguidas. Vamos, que tengo jarana de día pero de noche poca. Y reconozco que esto hace mucho más llevadera la maternidad y por eso, pocas veces, me oiréis quejarme. Bien, vamos por partes. Creo quetodos intentamos encontrar la fórmula para que nuestros niños o bebés pernocten bien y así descansar nosotros y estar todos de mejor humor por el día. Por eso, probamos a dormirles de mil formas: en brazos, en la cuna, en nuestra cama, en el carrito y seguro que algunos hasta en el coche. Y cuando una noche duermen varias horas, repetimos la operación al día siguiente minuciosamente pero resulta que no funciona igual de bien. Vamos, que levante la mano la que no haya encendido la campana extractora de la cocina, la aspiradora o el secador de pelo al descubrir que el sonido dejaba KO a su bebé. Lo que sea por un ratito más de sueño.
El caso es que Alfonso durmió su primera noche del tirón poco después de cumplir cuatro meses, justo cuando decidimos cambiarle de habitación. Lo hicimos por probar y, ¡madre mía!, cuando me sonó el despertador al día siguiente, vi que eran las 8 de la mañana y el crío no había dado señales de vida, me fui corriendo a su habitación a comprobar que respiraba. Y efectivamente, respiraba y seguía durmiendo plácidamente. Y yo estaba descansada como nunca antes. Así que, la siguiente noche, repetí la operación de dormir al niño en brazos y llevarle a su habitación y ¡siiiiiiiiiii!… el crío volvió a dormir diez horas seguidas. Y con seis meses la criatura pernoctaba hasta 13 horas del tirón. Vamos, que me levantaba descansada y aún tenía tiempo para desayunar y para trabajar un rato. Y descubrí que, cuando teníamos que compartir habitación con él (en viajes, escapadas…), nadie pegaba ojo, ni él ni nosotros.
Con Rafa nos pasó exactamente lo mismo. Cuando tenía tres meses y pico decidí probar lo que había funcionado con Alfonso y ¡bingo! Primera noche en su habitación, primera noche que durmió del tirón 10 horas. Y más de lo mismo, hasta 13 seguidas llegó a pernoctar el gordi. Además, Rafa era de los que, desde que nació, se dormía solo, es decir, que no necesitaba que le cogiesen en brazos como sí nos pasó con Alfonso y como nos pasa con Gabriel. Pero vamos, que justo eso me da igual y lo hago encantada, por mí como si tengo que hacer el pino puente si después se quedan fritos durante horas.
Hombre, si se duermen en esta postura, trato de recolocarlos 😉 El de la foto es Alfonso el contorsionista. Y sí, estaba durmiendo.
Mi conclusión es que ellos se despertaban por la noche por una sencilla razón: los ruidos. Vamos a ver, todos tenemos micro despertares cada noche de los que no nos acordamos porque volvemos a dormirnos sin problema. Pero si resulta que, durante un micro despertar, alguien está roncando (maridín), o tosiendo, o yendo al baño, o moviéndose sin parar (como servidora) pues es lógico que nos desvelemos. Por otro lado, a mí lo que me ocurría durmiendo con ellos es que, en cuanto se movían lo más mínimo o hacían cualquier ruido, yo enseguida me incorporaba a ver qué pasaba. Y así hasta diez veces cada noche. De esa forma, era imposible descansar.
Con Gabriel ya hemos hecho el cambio y, aunque no ha sido como lo de sus hermanos, hemos notado la diferencia y ya duerme hasta siete horas seguidas. También somos muy partidarios de establecer rutinas (baño, poca luz y silencio) para que los bebés vayan distinguiendo día y noche. Es obvio que necesitan un tiempo para eso pero no podemos olvidar que el sueño es una cuestión de salud. Que un recién nacido se despierte seis veces por la noche es normal pero que le ocurra un niño de dos años, puede ser un problema. Primero, porque el sueño es esencial para el crecimiento, la memoria y el aprendizaje. Y segundo, porque a los padres les pasa factura.
Esta es la postura que coge Gabriel para dormir varias horas seguidas. Como veis, bien a gusto que se estira.
Con esto no hago ningún tipo de recomendación sobre dónde o cómo dormir a vuestros peques. Si tanto vosotros como vuestro churumbel dormís de lujo juntos en la cama, estupendo. Yo soy incapaz de pegar ojo con un bebé en la cama porque tengo pánico a aplastarle y porque me muevo mucho. Por lo tanto, no sería muy práctica esta opción en mi caso. Y ya ni os cuento si tuviera que compartir cama con la pareja de mayores y sus bailes nocturnos. Vamos, ya hay veces que me molesta hasta mi señor esposo 😉 Pero a él si le puedo dar algún empujón. Lo que creo es que hay que buscar un equilibrio; si vuestro crío sólo duerme bien meciéndole, es obvio que no es una opción muy factible a largo plazo porque te obliga a estar despierta o medio despierta (vamos, zombi). Hay que buscar la fórmula para que descanséis los dos las suficientes horas como para ser personas al día siguiente. Vamos, la noche que Alfonso o Rafa no duermen bien, están de un humor de perros durante el día o se van dando cabezazos por ahí. ¿Qué os ha funcionado a vosotras?, ¿os ha costado que durmiesen la noche entera?
Los críos nunca dejan de sorprenderme. Das por hecho que no tendrán dificultades para según qué cosas y luego resulta que el asunto se complica más de lo esperado. Y otras veces ocurre lo contrario, que crees que vas a tener que «librar una ardua batalla» para otros menesteres, y luego no hay que llegar ni al primer asalto. Esto último es lo que nos ocurrió con la trama de Rafa y su chupete. ¡Ojo! Que no tenía prisa porque se deshiciera de él pero desde septiembre, coincidiendo con el inicio de la guardería, el crío le había cogido gusto, demasiado.
Y era algo que me daba cierta rabia porque mis hijos nunca han sido nada «chupeteros». Han usado el chupete lo justo y necesario, es decir, para coger el sueño y en momentos de rabieta; vamos, en el caso de Alfonso, muy poco. Es más, recuerdo cuando, a punto de cumplir dos años, se encontraba el chupete en la cuna a la hora de dormir y se lo ponía en la oreja. Sí, he escrito en la oreja y habéis leído en la oreja. Cosas curiosas de bebés. Y Rafa, aunque usó algo más que su hermano el chupete, no se puede decir que lo necesitara… hasta que empezó la guardería. O al menos, coincidió que, a partir de ese momento, lo pedía también por el día. Y como fue además la época de las rabietas, pues yo no le dije que no en ningún momento.
Primer día de guardería que le dejó agotado después de tanta lágrima
Así que yo ya estaba temblando ante el temido momento de que dejara el chupo. Y resulta que una mañana, mientras hacía su cama, Rafa me lo pidió y yo no lo encontraba por ningún lado, ni en el suelo ni entre las sábanas; y mientras lo buscaba, le iba diciendo que no entendía nada, que no estaba por ningún sitio, que dónde estaría el dichoso chupete… Y no, no logré encontrarlo así que cogí uno que tenía guardado de cuando era bebé y que apenas había usado. Era de tetina pequeña, redonda y de silicona, es decir, justo el opuesto al que estaba usando Rafa en ese momento. Se lo metió en la boca y dijo que no quería ese chupete. Le dije que era el único que teníamos y se fue a jugar. Oye, nunca más volvió a pedirlo, como lo leéis. Y de eso, hace ya dos meses.
La última foto en la que aparece con chupete.
Yo no cogí intencionadamente un chupete distinto al que usaba habitualmente. Fue casualidad, era uno que me quedaba por casa y estaba nuevo, así que se lo di por aquello de aprovecharlo. Y sin saberlo, fue la manera de que abandonase el chupete. Por cierto, el suyo apareció debajo del colchón unas semanas después, no me preguntéis cómo demonios llegó ahí mientras dormía 😉 Resumiendo, nunca sabes por dónde van a salir estos niños. Hay madres que deciden cortar la tetina para que el peque vea que está roto y que no se puede seguir usando. En el cole, cuando en Navidad viene el Príncipe Aliatar (algo así como el cartero de los Reyes Magos versión asturiana), hay niños que lo llevan para dejar su tan preciado tesoro para siempre. Habrá mil formas de hacerlo pero la nuestra fue fortuita y sin dramas. ¿Cómo lo hicisteis vosotras?
Por cierto, he incluido este nuevo sello en el blog porque me han elegido «embajadora» de Babymoov; para mí es una de las mejores marcas de puericultura con unos productos de una calidad extraordinaria y con un diseño muy innovador. ¡Estoy encantada de que me hayan elegido!
Que sepáis que ya me considero una profesional de cualquier tipo de celebración a la que haya que ir acompañada por los churumbeles. Mi primer evento familiar con niños (en plural) fue la boda de mi hermano hace casi año y medio, a la que puedo decir que llegamos puntuales pero no sin cierto estrés en casa. Y reconozco que lo suyo hubiera sido llegar unos minutos antes por aquello de ser la hermana del novio. Aprendí bien la lección y casi un año después, llegamos a la boda de mi prima con tiempo suficiente. Y eso que ya no solamente íbamos con niños, sino que estaba embarazada y me había tocado trabajar ese día. Lo dicho, la experiencia es un grado.
Pero es que este sábado, al Bautizo de Gabriel llegamos los primeros (junto a mis padres, todo hay que decirlo); ¡nos presentamos en la Iglesia antes que mis suegros! Lo que yo os digo, a mí ya me pueden llevar a cualquier lado 😉 La clave: planificación. Planea todo lo que esté en tus manos, que imprevistos siempre van a surgir. Si puedes tener la ropa de las criaturas preparada desde por la mañana, mejor. Todo lo que puedas hacer pronto, no lo dejes. Si te puedes lavar el pelo temprano (o en su defecto ir a la pelu, algo que no hago muy a menudo), eso que adelantas. Eso sí, las hay que esa misma mañana aún no teníamos muy claro el estilismo, sin comentarios.
El estilismo del bautizado estaba claro 😉 Un traje de cristianar de hace 60 años con el que se ha bautizado toda la familia, desde mis tías y mi madre, hasta mis primos, hermanos, hijos y servidora.
Prepara, organiza, planifica… porque antes de salir de casa tienes que repasar la lista de cosas que tienes que llevar: el pañuelo y la concha de Bautismo, los recordatorios, la cámara de fotos, las galletas, pañales, ropa para el día siguiente de los mayores porque se quedan a dormir en casa de tus padres, ropa para el bautizado porque el traje de cristianar no es precisamente cómodo… Y tras estos consejos que se resumen en no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, os cuento que salió todo genial. Que disfrutamos mucho, desde la ceremonia, muy emotiva porque el cura es excepcional, hasta el convite-merienda-cena o como lo queráis llamar, porque estaba todo de escándalo y porque se está muy bien entre familiares y amigos.
Los padrinos: mi padre y una de mis mejores amigas. Como veis, nos reímos en la ceremonia.
Papá orgulloso. Y Alfonso sin perderse detalle, a Rafa no pareció interesarle mucho 😉
A partir de ahora podéis llamarle San Gabriel. Mira que he tenido yo suerte con los tres de bebés porque son de un tranquilo (Rafa sufrió una transformación al año y medio, aún no sé a qué se debe 😉 )
Si queréis recordatorios, os recomiendo Siempreloquise. Fijaos qué bonitos estos a modo de marcapáginas, ¡fueron un éxito! Blanca hace verdaderas monadas.
Poco nos importó la lluvia ese día porque lo celebramos en casa de mis padres; esto de que tengan casa en el campo, a cinco minutos de Gijón, les está suponiendo una invasión constante de cumpleaños y demás eventos infantiles. Así que contratamos un catering de unas amigas de mi madre y nos alargamos hasta las 12 de la noche con la merienda-cena. Y obviamente, Rafa y Alfonso se quedaron a dormir allí.
Catering de Mabel y Aurora, con platos de todo tipo, desde cazuelinas de fabada y bollinos preñaos hasta salpicón de marisco.
Y para rematar las galletas de Jénnifer Liébana (del blog quecukiresposteriaydemas). Son una auténtica pasada y Jenni es un encanto.
Como veis, todo salió genial. El protagonista se portó de lujo; mi cuñado dice que así se pueden tener 17 hijos, yo os aseguro que con tres hemos cumplido con este país 😉 De Alfonso y Rafa casi ni nos tuvimos que preocupar; en cuanto están mis primos, que tienen 12 y 8 años, no miran para nosotros. ¿Próximos eventos? En mayo una primera comunión y en agosto bodorrio. ¡Ya tenemos dominado el asunto!
Servidora nunca se pone plazos para nada en cuanto a los niños, voy viendo sobre la marcha lo que hacer y lo que no por pura intuición y, eso sí, también con sentido práctico. Algunas os estaréis preguntando a qué demonios viene esto ahora. Hoy os voy a contar nuestra experiencia con el paso de la cuna a la cama de Rafa. No pretendo que este post sirva para dar ningún tipo de instrucción sobre cuándo y cómo llevar a cabo ese cambio; cada niño a su ritmo. En el caso de Alfonso, lo hicimos con la edad que tiene ahora mismo Rafa pero la situación era bastante distinta.
Este verano os conté que habíamos juntado a los peques en la misma habitación; hasta entonces no lo habíamos hecho porque uno madrugaba para ir al cole y el otro se despertaba tarde ya que por entonces no iba a la guardería. El caso es que fue Rafa el que, el mismo día que se hizo una brecha, nos pidió dormir con su hermano. Y lógicamente accedimos; eso sí, Rafa seguía durmiendo en la cuna. Con 21 meses y el baile de San Vito nocturno que se traen mis hijos, me parecía que lo de la cama podía esperar. Documentos gráficos a continuación.
Dos de las posturas de Alfonso esta misma semana (por no hablar de que se sigue cayendo a pesar de la barrera) con los pies en el cabecero y en horizontal con la cabeza apoyada en el mueble. Muy cómodo, oiga.Si hay que dormir sentado, se duerme..Dejarles echados y tapados y encontrártelos al rato así.
La cosa fue bien un tiempo pero acabamos separándolos nuevamente porque Alfonso terminaba hasta el gorro de las charlas nocturnas de su hermano antes de acostarse. Uno quería dormir y el otro seguir de juerga. Así que volvieron a “independizarse” y la verdad es que Rafa ni protestó. Si no, hubiéramos tenido recurrir a la táctica que hacemos todos los padres con los hermanos mayores: rogarles que cedan y aguanten a los pequeños. ¡Qué duro es ser el primogénito! 😉
Hace un mes, Rafa nos pidió dormir nuevamente con Alfonso y esta vez en la cama. Esto de que con 2 años y tres meses sepa hablar a la perfección es lo que tiene, que no te puedes hacer el longui ;- ) Y realmente, como en unos meses Gabriel pasará a ocupar la cuna, nos pareció buena idea. Como veis, aquí uno va quitándole cosas a otro. Oye, todo bien amortizado, ¡que no se diga!
¿Queréis saber cómo ha ido la cosa? Pues si os he dicho muchas veces que Rafa es la sombra de Alfonso, me equivoqué; es algo más que la sombra, es como un grano de esos del que sabes que no vas a librarte nunca. Rafa no se conforma con pernoctar en la misma habitación y en la cama de al lado; Rafa quiere más. Y así, sin más, se mete cada noche en el lecho de su hermano. Cuando está despierto, Alfonso protesta, no quiere invasores, esto de dormir a pierna suelta es muy serio y el mamotreto de Rafa no deja lugar al libre movimiento, que es mucho. Así que me limito a otra secuencia de documentos gráficos para que sepáis cómo nos va la experiencia.
Primeros días: acercamiento, aunque para Rafa suponga dormir con los pies hacia el cabecero. Aclaro que las camas están el «L» porque les queda más espacio para jugar en la habitación.
Siguiente paso: saltar la barrera para entrar en la cama de Alfonso. La verdad es que maridín y yo nos reímos mucho porque nunca sabemos cómo nos los vamos a encontrar.Secuencias posteriores: coger la misma posición… Cuando maridín me mandó esta foto de cómo se los encontró por la mañana, casi me da algo 😉La misma posición llevada al extremo: con la cabeza pegada al mueble. Obsérvese que son del Sporting 😉Y como cada noche, cuando nosotros nos acostamos, les volvíamos a colocar en su sitio y, consciente o inconscientemente, Rafa volvía a las andadas, decidimos cambiar las camas de posición y allanarle el camino.Lo que pasa es que a veces se pasa y acaba con medio cuerpo en el mueble.
Estoy pensando que como esto de las posturas de mis hijos dormidos da para mucho, igual hago un post mensual con fotos 😉 Pues esa es nuestra experiencia, que se resume en que, en cualquier momento, Alfonso manda a su hermano a la porra…. vamos, de hecho, una noche empezó a gritar como un loco porque se despertó y el otro estaba sentado a su lado, jajaja. A mí no me hizo ninguna gracia, yo llevaba sólo 20 minutos durmiendo ya que Gabriel quería juega. En fin, ¿cómo os ha ido la experiencia en este sentido? Perdonadme por no responder a todos los comentarios, estoy liada con lo del sorteo del aniversario del blog y con el diseño. Y por si fuera poco, hace dos semanas, decidí retomar tema deporte-zumba (prometo post también sobre esto) Y gracias a MAM por estos regalos para Gabriel, nos vienen genial. Será una de las marcas que ceda productos para el sorteo. La semana que viene os adelanto todas las empresas que participan.
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