Categoría: postparto

  • Kegel Smart: Ejercitador de suelo pélvico

    Kegel Smart: Ejercitador de suelo pélvico

    Empecé a ser consciente de la importancia de los famosos ejercicios de Kegel durante el segundo embarazo. Ya he comentado más de una vez que mi primer postparto fue duro, pasé una semana con bastantes dolores por culpa de la episiotomía así que, en la segunda gestación, me conciencié de la importancia de llegar al parto mejor preparada e intentar evitar a toda costa el «cortecito». Así que la matrona, también fisioterapeuta, de mi centro de salud me mencionó el masaje perineal, del que hablé en otro post, y por supuesto, los ejercicios de Kegel. Lo cierto es que no me olvidé de practicar ninguna de las dos cosas y, casualidad o no, no hubo necesidad de episiotomía y el postparto fue muy bueno.

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    Pero la práctica de los ejercicios de Kegel no se quedó ahí. Ya en cuanto di a luz, la matrona me dijo que podía seguir, y que debía hacerlo, para fortalecer el suelo pélvico y evitar problemas. Y así lo hice. Pero como todo, las buenas costumbres se van perdiendo. Ya sabéis que ahora mi preocupación es el running, un deporte de impacto que puede pasar factura al estado de este grupo de músculos super importantes que soporta órganos como el útero, el intestino o la vejiga. Como cualquier «deporte» o ejercicio, para notar los buenos resultados, hay que ser constante y, si cuentas con apoyo, mucho mejor.

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    Yo reconozco que soy un poco reticente a probar ciertas cosas cuando en teoría todo está bien, pero muchas mujeres hablaban maravillas del famoso Kegel Smart de Intimina para fortalecer el suelo pélvico y realmente dije: ¿por qué no retomar los ejercicios de Kegel de esta manera? Y probé. Era un poco escéptica, ya os lo digo pero me sorprendió mucho; resulta muy fácil de usar y de introducir. Cuando lo enciendes, el ejercitador selecciona automáticamente el nivel de ejercicio en función de tu fuerza de contracción y resistencia en la última sesión de entrenamiento, así vas controlando tus progresos. Lo recomendable es usarlo todos los días y lo bueno es que te marca el tiempo de uso, en función de tu nivel, y a través de ligeras vibraciones, sabes en qué momento debes contraer. Eso sí, ojo si tenéis alguna contractura y consultad con el ginecólogo o matrona si creéis que tenéis algún problema o cualquier dolor. Pero que sepáis que es un gran invento para fortalecer el suelo pélvico así como para prepararse para el parto, ¿lo conocíais?

  • Nuevo vídeo: ¿Qué me llevo al hospital cuando vaya a dar a luz?

    Nuevo vídeo: ¿Qué me llevo al hospital cuando vaya a dar a luz?

    A partir de ahora, podéis considerarme una friki. Ya os dije alguna vez que, para mí, la percepción de preparar la bolsa que se lleva al hospital para dar a luz, fue muy distinta cuando la hice por primera vez a cuando repetí. Sí, cuando eres primeriza sabes poco del posparto y luego la realidad es que resulta un tanto complicado. De ahí que, en el segundo embarazo, decidiese llamarla la bolsa antilujuria. Pero como mi intención es hacerlo con humor y no asustar a nadie (he repetido tres veces por algo 😉 ), pues mejor lo veis en vídeo! ¡Buen fin de semana!

  • Falso trabajo de parto

    Entre unas cosas y otras, me he dado cuenta de que en el blog nunca he escrito sobre mi falso parto. Más de una estaréis pensando que me he vuelto loca o que he tenido un embarazo psicológico del que nunca he hablado. Y oye, ni lo uno ni lo otro, por ahora estoy en mis cabales. Supongo que no conté nada porque, sólo dos días después, me puse de parto en serio y ya ni te acuerdas de la anécdota. Pero claro, como experiencia creo que es muy interesante para las embarazadas porque, quién no se ha planteado alguna vez eso de ¿cómo sabré si estoy de parto de verdad?

    Y ojo, que no me pasó en el primer embarazo ni en el segundo, ¡qué va!, ¡¡¡en el tercero!!! Ahí estaba yo, madre multípara, entrando en Urgencias para parir por tercera vez y, tras la revisión pertinente por el ginecólogo de guardia, me dicen que estoy de 2 centímetros y que vamos a ver cómo progresa el asunto. ¿Progresa?, ¿esto qué es?, yo no daba crédito. Así que nada, me ingresaron y fui a monitores, donde efectivamente se dieron cuenta de que tenía contracciones. Porque yo ya pensaba que igual es que tenía alucinaciones. Poco después, las contracciones pararon, y como había ido a las 12 de la noche, tuve que pasar la noche ingresada hasta que, al día siguiente, el ginecólogo me dio el alta, no sin antes querer revisar mis partes bajas sin darse cuenta de que aún no había parido. Cosas que nos pasan a las que tenemos barrigas pequeñas en los embarazos 😉

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    ¿Porqué creí que estaba de parto? Porque tuve contracciones durante varias horas. En mi contra diré que eran irregulares. ¿Cómo es posible que fuese al hospital? Bueno, pues tengo muchas cosas a mi favor para excusarme ;-). Primero, que mis partos son veloces; con Rafa llegué muy tranquila a parir y, sorpresa, estaba ya de 8 centímetros y aquello fue visto y no visto. Así que con el tercero temes que la cosa sea igual o más rápida y yo no quería verme pariendo en casa, así de claro. Y segundo, cuando decidimos que íbamos al hospital (yo tenía contracciones irregulares desde hacía cuatro horas) eran las 11 de la noche. Necesitaba que alguien de mi familia se quedase con los dos peques y creo que llamar a esa hora era mejor idea que hacerlo a las dos de la madrugada, que estarían dormidos y tardarían más en venir. E insisto, no quería dar a luz en casa 😉

    Así que ya veis, esto le puede pasar a una en el primer embarazo, que es lo más habitual, o en el tercero, en función de las experiencias anteriores. Posiblemente, si mi anterior parto no hubiese sido tan rápido, lo normal es que hubiera esperado. Quizás, si aquello me hubiese pasado por el día y no a esas horas, pues también me hubiera quedado en casa más tiempo. Eso no lo sabré. Pero como consejo a las que estés en la dulce espera: los segundos partos suelen ser los más rápidos (más que terceros, cuartos… tiene explicación científica) y las contracciones de parto son regulares, van a más y no se pasan por mucho que cambies de postura. ¿A alguna le ha pasado lo del falso parto?

  • Abandono de la lactancia materna, ¿falta de información?

    Abandono de la lactancia materna, ¿falta de información?

    El otro día me encontré con este artículo sobre la lactancia materna que leí con mucho interés. Para las que no podáis deteneros a analizar el texto completo, os resumo: El 80% de las españolas da el pecho tras el parto; a las seis semanas, esa cifra desciende al 68%; a los 3 meses, al 52% y más allá de los seis meses, sólo el 36% amamanta. Así que la pregunta obvia es porqué si se supone que es lo mejor para un bebé y lo recomiendan todos los organismos sanitarios. Tras la pregunta, llegan las posibles causas.

    Una de ellas, y la principal, es la falta de asesoramiento durante el embarazo. Este es un punto con el que no estoy de acuerdo y creo que nuestras bisabuelas se reirían si se lo dijéramos. Otra cosa no, pero información tenemos para dar y tomar sobre lactancia materna y hoy, más que nunca, sabemos muchísimo sobre ello. Para mí, por los casos que conozco a mi alrededor y mi propia experiencia, es que la información que nos dan no es real. Te hablan de sus beneficios, de que es gratis, de que es cómodo, de que es lo natural pero las grietas, mastitis y demás problemas se mencionan como si fuera algo infrecuente. Ojo, que ya sabéis que no soy de las que apoyo lo de asustar al personal pero… ¡¡es que es algo muy frecuente!! Y todo eso te pilla en pleno postparto, en el que además de cansada, puede que estés dolorida. Así que no es tanto falta de información como que es incompleta.

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    También se menciona en el artículo que los profesionales sanitarios, en ocasiones, dan información contradictoria. Y eso sí, me lo creo a pies juntillas porque, dependiendo del pediatra, te puede decir que le des fruta al niño a los cuatro o a los seis meses, que sigas con el pecho, que lo dejes porque el niño pesa poco… ¡hay de todo! Sin querer subestimar a los especialistas (que yo para eso me fío mucho de ellos), hay que saber darles la importancia justa. Los bebés son eso, bebés, no robots. Y nadie conoce a un hijo mejor que una madre. Así que no nos agobiemos; si los bebés están sanos, seamos flexibles.  

    Y por supuesto, se recalca la falta de protección de la lactancia materna por parte de instituciones. En este punto, tengo mis recelos. Es obvio que la baja por maternidad de 16 semanas no favorece la lactancia pero es una disposición que no beneficia en general a las familias. Es decir, creo que no es una cuestión de que no se proteja la lactancia sino que no se hace con la maternidad en general (des pecho o no lo des), no se favorece el tener hijos ni se mira por la conciliación.

    Mis comienzos con la lactancia fueron complicados las tres veces; de hecho, sólo en la última ocasión pude solucionar (en parte) mi problema. Aún así, creo que si no hubiera tenido dificultades, mis lactancias no se hubieran alargado en el tiempo. No sé si soy la única pero nunca le encontrado placentero ni grato el amamantar. A mí, embarazos, me pueden dar los que sean pero la lactancia me parece agotadora y tremendamente dura. ¿Cuál fue la causa del final de vuestras lactancias?

  • En forma tras el postparto: deporte y más

    Tras escribir la semana pasada un post sobre ciertos cambios en la alimentación por aquello de recuperar el tipín (en la medida de lo posible, no esperéis milagros), hoy toca hablar de deporte. Cuando empecé a ir al gimnasio en el último trimestre del tercer embarazo tenía claro que, en cuanto naciese el peque, no volvería. Básicamente porque no tendría con quién dejar al bebé. Vale, y porque soy de las que abandono en cuanto tengo una excusa (aunque en este caso fuese algo más que una disculpa 😉 ). No, no me gusta en general hacer deporte pero reconozco que las clases de zumba me engancharon. Tanto que estuve bailando y saltando hasta la misma semana que di a luz. Y tanto, que conseguí que mi padre se quedase con el bebé una vez pasó la cuarentena y así continuar con esa racha «deportiva» de mi vida.

    Con mi barriguilla de 8 meses levantando pesas.

     

    Lo primero que os digo es que hay que olvidarse del ejercicio hasta que vuestra matrona o ginecólogo hagan la revisión pertinente una vez transcurridas las 5-6 semanas desde el parto. Así que, hasta entonces, a dar paseos. Y después, hay que elegir el ejercicio en función del estado de vuestro suelo pélvico. Yo pude volver a zumba porque en mi caso estaba intacto. Pero sé, por lo que cuentan otras mamás en las clases de hipopresivos (que justo terminan hoy en el Centro de Salud) que, con un solo parto, han tenido o tienen muchos problemas así que hay que descartar los deportes de impacto (baile, correr…). Y si decides hacer ese tipo de ejercicios, recomiendo compaginarlos con los abdominales hipopresivos. Además, según me explicó la matrona, existe un dispositivo, a modo de amortiguador, que se introduce en la vagina como un tampón y protege el periné durante la práctica de deportes de impacto. Pero no os puedo dar mi opinión porque no lo he probado.

    Dicho esto, os cuento que yo abandoné el zumba dos meses después de retomarlo, es decir, cuando Copito de Nieve aún no tenía ni cuatro meses. Para una mamá reciente, el tiempo es oro. Dar una toma de pecho, vestir al bebé, llevarle a casa de mis padres y después ir al gimnasio a las diez de la mañana era una carrera contrarreloj y llegaba a las clases sudando la gota gorda. Y además, perdía la mañana entera así que me pasé al «running» (para mí sigue siendo footing 😉 ) Es cómodo porque empiezas en la puerta de casa y terminas en el mismo sitio, así que el tiempo que «pierdes» es el que corres; yo dedico media hora dos días a la semana, además no dependes de horarios de ningún tipo. Empecé hace mes y medio y para que veáis que estoy concienciada con esto de que las carnes fofas vuelvan a su sitio, me he apuntado a la Carrera de la Mujer. Mi único objetivo es terminarla. Admito sugerencias sobre playeros, tengo que hacer nueva adquisición.

    He aquí la prueba de que voy en serio, por lo menos los próximos meses.

    Y tras cuidar la alimentación y hacer deporte, que son dos cosas que cuestan lo suyo, siempre viene bien un apoyo. Si durante el embarazo, muchas os cuidasteis con cremas para evitar las estrías y os preocupasteis por tener la piel hidratada, después de dar a luz no debemos abandonar el hábito. Yo ahora mismo estoy usando la reestructurante corporal de Mustela para reafirmar los tejidos. En esta etapa es mucho mejor que cualquier anticelulítico y además es compatible con la lactancia. La verdad es que me gusta mucho por su olor y porque, 24 horas después de usarla, la piel está como si acabaras de echarte la crema, una gozada. Ya sabéis lo que opino de los cosméticos, son una ayuda pero no hacen milagros.

    Y por ahora esto es todo en cuanto a cuidados, que ya es mucho teniendo en cuenta que me rodean tres fierecillas (bueno va, el pequeño es un santo), un marido que saca la Nocilla como postre en las cenas y que me acuesto a las mil para escribir un blog y otros trabajillos varios. Pero que digo yo que ¡se puede! Y vosotras, ¿os animáis?

  • En forma tras el postparto: alimentación

    Iba a escribir un único post sobre este asunto pero he decidido dividir la materia en dos partes porque veo que da para mucho. Aviso a navegantes, que nadie se me lance a la yugular, que no sé qué demonios le pasa a la gente por estos mundos 2.0 que, a la mínima, te quieren cortar el cuello. Lo digo porque, hace unas semanas, una bloguera con varios hijos y de viente plano, animaba a las madres a hacer deporte y alimentarse bien para estar en forma. A la pobre mujer le empezaron a llover críticas por todos lados diciendo que si ella no tenía un doctorado, que si era mala madre…

    Desde mi punto de vista, algo desmesurado. Primero, porque es una bloguera con contenidos relacionados con el fitness así que, si la sigues, ya sabes lo que hay. Segundo, porque para ella será importante y encontrará tiempo de donde haga falta para estar en forma; otras, aunque tuviésemos todo el tiempo del mundo, no haríamos deporte a diario ni de coña. Y tercero, porque tendrá fuerza de voluntad para comer sano y eso creo que no es algo criticable sino lo contrario. Así que, por favor, relájense todos. La muchacha nos vende un buen cuerpo con esfuerzo, no es la Preysler vendiendo cremas.

    Ahí la tenéis. Buena genética, sesiones de gimnasio y comida sana.

    Cuidarse tras ser madre es igual de bueno que hacerlo antes, lo que pasa que, cuando una es joven y lozana y sus carnes está medianamente prietas, pues como que lo de cuidarse lo deja para otro ciclo vital. Pero cuando la gravedad empieza a hacer de las suyas, ya vas pensando que quizás hay que darle una ayudita al body para que la cosa no vaya a más. Y claro, los embarazos son un factor de riesgo para esto de mantener la «gravitación» a raya. Y ¡ojo! que aquí servidora se las prometía muy felices porque, después de dos embarazos, las consecuencias habían sido pequeñas. Pero todo lo bueno tiene su fin y la tercera preñez hizo estragos a pesar del zumba hasta la semana del parto. Tres meses después de dar a luz a Copito de Nieve yo seguía ahí con mis kilillos de regalo y la masa corporal floja, inconsistente. Y me dije a mí misma que era el momento de cambiar hábitos. Lo ideal es hacerlo por salud pero claro, si estás como una rosa pasa lo de siempre, lo dejas para otra década de la vida. Empezar por estética no me parece mal plan.

    Así que me puse a ello. Nada de dietas, vamos ¡lo que me faltaba! Si algo he aprendido es que, cuando suprimes cualquier cosa de forma radical, acabas «cayendo» con todo el equipo y a lo bestia. Pero asumí que no se puede comer todos los días determinadas cosas como donuts, galletas, palmeras de chocolate o atacar el bote de Nocilla. Así que, entre semana, intento sustituir lo dulce por frutas, yogures o tortitas de avena. Hay veces que, con el ritmo que llevo, el cuerpo pide más y no puedo renunciar al sabor de algo azucarado. Así que tomo dos o tres galletas caseras ecológicas Paul and Pippa y me quito el «mono». Las hay saladas por si vuestro problema es que asaltáis más este tipo de comida. Para mí, han sido todo un descubrimiento, tienen menos calorías al estar hechas con harina de espelta en vez de harina de trigo.

    Otra de las cosas que hice fue añadir un zumo natural a mis desayunos en lugar de zumos de tetra-brick, que suelen tener bastante azúcar. Por supuesto, hago cenas ligeras, lo cual no me cuesta porque lo he hecho casi toda la vida. Y esto es lo que me anima a cambiar algunas rutinas: saber que, en el momento en que algo se convierte en hábito, ya no cuesta tanto. Llevo algo más de un mes cuidándome y, sin ser grandes cambios ni prohibiéndome nada, ya por fin he perdido lo que me sobraba.

    En la segunda entrega, la próxima semana, me centro en el deporte tras el postparto, donde también soy mujer de idas y venidas porque reconozco abiertamente que no me gusta. Pero claro, volvemos a lo de siempre: ya no es sólo cuestión de peso sino de gravedad, por lo que la alimentación no basta. Tendré en cuenta el cuidado del suelo pélvico que ya sabéis que ando yo fascinada con este tema. ¿Os cuidáis más o menos desde que sois madres?

  • Comenzamos hipopresivos

    Comenzamos hipopresivos

    Lo prometido es deuda. Cuando acabó «oficialmente» mi tercer postparto hace algo más de dos meses, escribí un post sobre cómo había ido la revisión con las matronas y os contaba que mi suelo pélvico estaba en un excelente estado a pesar de tres embarazos y sus correspondientes partos vaginales. En ese post os mencioné los abdominales hipopresivos; a algunas os sonaba el tema y otras no habíais oído hablar de ellos nunca así que os cuento antes de pasar a relatar cómo fue la primera clase y mis impresiones. En cualquier caso, creo que el asunto tiene mucho interés.

    Este tipo de ejercicios son perfectos para la salud del suelo pélvico, un conjunto de músculos y ligamentos cuya función es sujetar órganos como la vejiga y el útero, entre otros. Durante el embarazo, por el peso que sostiene, puede debilitarse. ¿Qué ocurre cuándo se debilita el suelo pélvico? Pues que puedes tener problemas como incontinencia urinaria o disfunciones sexuales. Para las que quieran más detalles, os dejo un enlace a una web que hizo una mamá al darse cuenta del desconocimiento sobre esta materia. Yo en esto ya no me extiendo más y voy al grano con mi propia experiencia.

    Fui a mi centro de Salud, donde las matronas son maravillosas porque se curran hasta esto de cuidarnos después del parto, y allí estábamos unas 15 chicas. No todas éramos «recién paridas», había alguna de más edad e incluso, algunas que nunca habían dado a luz. Cuatro íbamos con churumbeles incluidos: mi matrona me riñó porque cree que no es normal que mi hijo se despierte y no proteste lo más mínimo, igual cree que lo tengo abandonado 😉 Ya le dije que mis hijos, de bebés, son santos. Después de la breve charla sobre los abdominales y la fisionomía de nuestro cuerpo, pasamos a la sala donde se dan las clases de preparación al parto. Y señoras, ¡cómo sudamos! Hombre, igual no como en una clase de zumba pero la cosa tiene su complejidad.

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    He aquí la postura que mantuvimos durante media hora. Sí, el que está entre mis piernas en Gabriel.

    Para mí, la dificultad está en mantener la posición que, como habéis visto en la foto, es como poco engorrosa. Y luego, controlar la respiración de forma que las costillas se abran. Por Dios, ¡cómo demonios se abren las costillas! En fin, la técnica no es fácil, por eso el curso es de cinco sesiones. Os volveré a contar cuando termine porque, aparte de fortalecer el suelo pélvico (a lo que también ayudan los ejercicios de Kegel), se reduce la cintura (aunque a servidora lo que le sobra es cadera y culamen), mejora el dolor de espalda y las relaciones íntimas. Vamos, todos son ventajas. ¿Os animáis?

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    Os pongo esta foto para que veáis que aún me queda mucho que practicar para poder alcanzar ese grado de apertura de costillas 😉
  • La lactancia materna, ¿engorda o adelgaza?

    La lactancia materna, ¿engorda o adelgaza?

    No, con la pregunta del titular no me estoy refiriendo a si los churumbeles engordan o no con lactancia, sino que la cuestión alude a nosotras, a intentar averiguar si nos inflamos o afinamos las madres con esto de alimentar a los retoños dando el pecho (aunque yo estoy también con bibes). Toda la vida oyendo eso de que con la lactancia materna se adelgaza muchísimo y resulta que aquí estoy, tres meses después de dar a luz, con los mismos 4 kilos con los que salí del hospital. Sin comer más que antes (pero bastante), descansando menos y haciendo algo de deporte. Que ya sé que muchas me vais a decir eso de que sólo ha pasado un trimestre desde que parí. Vale, bien, aceptaría el argumento… sino fuera por mis anteriores experiencias.

    Durante el embarazo de Alfonso engordé la friolera de 18 kilos y, cuando di a luz, me sobraban 13. Antes de tres meses, había perdido todo el excendente; sin ejercicio y con un sólo vástago al que atender. Eso sí, caminaba mucho. Y como ya sabéis las que seguís el blog, apenas pude amamantar al peque. Lo de Rafa fue aún mejor ya que sólo engordé 9 kilos durante la gestación así que salí del hospital prácticamente en mi peso. Con la lactancia, me pasó lo mismo que con el primero: dolores que hacían aquello imposible y tomas de bibe aumentando semana a semana. Vamos, que los embarazos anteriores no hicieron estragos en mi línea. Tampoco es que ahora estemos hablando de un sobrante excesivo, y el hecho de que la barriga se quede en el paritorio ayuda a que parezca que todo ha vuelto a su sitio; pero insisto, sólo lo parece, los kilos ahí siguen. Y no lo digo yo, lo dice mi báscula.

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    Como podéis observar, no hay mucha diferencia entre una imagen y otra. Eso sí, tengo mejor careto ahora, se nota que Gabriel ya duerme bastante y que no ha puntos que den la lata.

     

    El caso es que, a pesar de oír eso de que Menganita se quedó en los huesos con la lactancia, también he escuchado lo contrario. Y claro, si eso es así, ya tengo yo excusa para no haber perdido un sólo gramo. Aunque la realidad es que estoy temblando ante la idea de que sencillamente el tercer embarazo haya hecho daños irreparables en mi figura 😉 Ante la duda, pregunté a mi matrona. ¿Y ella que me dijo? Que dando el pecho se baja de peso pero más lentamente. Vamos, que debe ser que yo antes lo perdía como Fernando Alonso, porque apenas amamanté a las criaturas, y ahora no llego ni a Marco Apicella (que por lo visto es uno de los peores pilotos de F-1). No me preocupa perder peso más despacio que las veces anteriores pero hombre, si supiera con certeza que es cosa de dar el pecho, me quedaría un poco más tranquila. Que de ganar unos kilos, con un par hubiera bastado teniendo en cuenta que en el embarazo sólo engordé 9. En fin, ya os contaré si los kilos son temporales o se quedan conmigo de por vida, habrá próxima entrega sobre el asunto. Y vosotras, ¿perdisteis todo el peso ganado en el embarazo al amamantar?, ¿engordasteis? Espero impaciente vuestras respuestas 😉

  • Final oficial del postparto: como nueva

    Final oficial del postparto: como nueva

    Esta tercera maternidad me ha dado la oportunidad de ver cómo muchas cosas están cambiando. El miércoles tuve una revisión con la matrona coincidiendo, más o menos, con el período en el que se da por finalizado el postparto. Aunque yo me encuentre como unas castañuelas desde hace más de un mes y el tema sangrados quede en el olvido, los «bajos fondos» necesitan un tiempo de recuperación. El caso es que es la primera vez que tenía esta cita con la matrona a estas alturas del puerperio. Vamos, que en los anteriores me vieron sólo a los 4 ó 5 días después de parir, con la excusa también de hacerle la «prueba del talón» al recién nacido (ahora se hace en el mismo hospital cuando nacen), y en este tercer postparto, las matronas me han visto en dos ocasiones.

    Por tanto, para mí, esta cita era una novedad; una nunca deja de aprender en esto de la maternidad. Tras unas preguntas sobre si sentía algún tipo de dolor, en las que casi me entra la risa porque habló de una cosa llamada sexo ( ¿sexo?, ¿qué es eso?) me tocó tumbarme. Supuse que sería un simple revisión de cómo iban las cosas por ahí abajo. Y oye, fue un examen concienzudo con las explicaciones pertinentes de cada parte. Lo mejor es que, para mi sorpresa, estoy como si no hubiera parido nunca. Y me voy a ahorrar la palabra con la que definió la matrona mi matriz porque este blog lo lee hasta mi padre. Lo dicho, que servidora ha nacido para ser madre y a las pruebas me remito 😉 En cualquier caso, la exploración no se quedó ahí. Como sabéis, el suelo pélvico sufre bastante en el embarazo así que estuvo palpando hasta el diafragma. Y todo para enseñarme a hacer los ya famosos abdominales hipopresivos. No os lo voy a negar, soy negada para esto de las respiraciones, me hago un lío del demonio con las apneas, el tórax y la madre del cordero…

    hipopresivos1-ok Y ahí estaba yo, sudando la gota gorda y desesperando a mi matrona por la falta de conocimiento de mi propio cuerpo. Y ya no os cuento cuando Gabriel se despertó de su letargo y tuvo que venir la otra matrona a cogerle en brazos. En fin, que ahora me tengo que poner yo a hacer hipopresivos en casa hasta que empiece el curso en el Centro de Salud dentro un mes, ya os contaré entonces si funciona esto y mi vientre se hace de hierro para el verano porque, señores, tres embarazos pasan factura en la zona abdominal. Y muy seriamente. Y desde mi blog, nuevamente, gracias a las matronas de mi Centro de Salud. ¿habéis tenido revisión postparto con la matrona o sólo con ginecólogo?, ¿os han hablado ya de hipopresivos?

    Y de paso, este post va de agradecimientos. El primero, a una mamá que conocí a través de Instagram que tiene una tienda on line de regalos personalizados (www.chocolate.es) y que me envió esta preciosa canastilla con toalla, muselina, pijama… e incluso, tazas para Alfonso y Rafa.

    Y gracias también a Hero Baby por llenarme la cocina decosas ricas y buenas para todos: mermeladas, barritas de cereales, leche, bolsitas de fruta…

     

    Perdonad por no haber respondido a muchos comentarios, estoy ayudando a una amiga con un trabajo y además habrá algunos cambios en el blog. Eso, y que tengo un bebé super demandante (esto también es una novedad para mí) no me deja mucho tiempo para casi nada. Gracias por seguir ahí y el lunes vuelvo con un sorteo que os encantará. ¡Buen fin de semana!

  • No tengas un bebé… en Navidad

    No tengas un bebé… en Navidad

    Que yo sé que esto de los embarazos no se puede planificar con exactitud; mes arriba, mes abajo y bien, puede que te acerques un poco a la época que mejor te venga por motivos laborales, familiares o lo que sea. Pero atinar con la fecha debe ser algo complicado. Lo que tengo claro es que dar a luz a las puertas de la Navidad o en plenas fiestas es una locura. Puede que muchas penséis que es muy bonito tener un bebé en estas fechas… pues no. Tener un churumbel es bonito siempre pero se disfruta más en épocas de tranquilidad, sin festejos, sin trasnoches y… sin comilonas. Desde luego, esta es la lista de cosas que no apetecen cuando tienes un recién nacido en casa:

    1. Posibles viajes: No habían pasado tres semanas desde que había dado a luz y ya estaba haciendo las maletas para pasar parte de estas fechas con la familia política. Lo sé, a muchas no se os pasaría por la cabeza pero yo soy así de buena con maridín. Evidentemente, cuando acabas de parir, te apetece estar en tu casa.

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    Pues eso, que me gusta Zaragoza pero hubiera preferido ir con un bebé de dos o tres meses (no de días) como me pasó con Alfonso y Rafa en su momento.

     

    2. Cenas, comidas y eventos varios: teniendo en cuenta que las primeras semanas de vida de una criatura es casi imposible tener ningún tipo de rutina, es complicado llegar a la hora a determinados acontecimientos. ¿Cómo os lo explicaría? El lunes día 5, víspera de Reyes, nos invitó una prima de mi madre, que adora a los niños, a ver desde su casa la llegada de los Magos en helicóptero a la playa. ¿Y a qué hora llegaban? Pues a las 11 de la mañana. ¿Cómo se sale de casa a las 10:15 de la mañana con tres criaturas? No lo sé, porque Alfonso directamente durmió la noche anterior en casa de mis padres. Yo me veía incapaz de vestir tres niños, dar el pecho a uno, los desayunos a otros, ducharme yo…. Así que bastante conseguí al salir a esas horas de casa con dos; por no hablar del momento en que te encuentras que el ascensor no funciona y tienes que bajar 5 pisos con la sillita. Sudar es poco…

    No lo puedo evitar, nunca quiero perderme nada y no quiero que los mayores dejen de hacer algo porque haya un bebé en casa, ¡nos adaptamos unos a otros! Y este momento merece cualquier esfuerzo. Foto de El Comercio

     

    3. Inflarse a comer: que ahora mismo me sobren más kilos que hace 15 días, cuando el parto era más reciente, no me mola nada. Sí, esto es lo que pasa cuando das a luz antes de estas fechas, que estás mejor recién parida que pasadas las Navidades. Es duro 😉

    4. Ponerse vestidos: creo que, por primera vez en mi vida, no llevé un vestido en Nochevieja. La lactancia complica un poco el tema vestimenta, a lo que se suma que las carnes, sobre todo las abdominales, están blandas. Mucho mejor un pantalón que sujete bien la tripilla y una blusa, fácil para sacar la pechera cuando sea necesario. Que conste que yo para eso siempre busco intimidad pero, aún así, lo del vestido es poco práctico.

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    Una blusina, pantalón y unos tacones y apañamos el look divinamente 😉

     

    5. Dar el pecho: alimentar a la criaturilla en plena Cabalgata, en las Campanadas o en medio de una maratón de compras navideñas se complica seriamente. En mi caso, aproveché esos momentos, si coincidía que el peque tenía hambre, para dar bibes. Ya os he comentado que tengo pendiente un post para contaros el tema de mi lactancia pero aún estoy con las matronas indagando.

    6. Tener a los niños de vacaciones: y para rematar, cuando no es el primer hijo, tienes a los otros de recreo, siempre merodeando como satélites, con una agitación superior a los días de cole y guardería, tomándote por el «pito del sereno»… Esto merece un post aparte; señoras, no es lo mismo dos que tres, pero vamos, hay un abismo, créanme.

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    Pues si ya con tres he tenido los días completitos, imaginaos con cuatro. Alfonso, Rafa y Gabriel con su primo Jorge.

     

    En fin, ya sabéis como son estas fechas, una vorágine de eventos, comidas y compras que complica bastante cualquier intento de rutina o descanso. Que mira que disfruto de la Navidad pero, este año, necesitaba que terminase. En cualquier caso, los bebés llegan cuando llegan y son siempre bienvenidos. Aún así, creo que hay épocas mejores para dar a luz y no es lo mismo un primer hijo que un segundo, tercero... Yo desde luego, prefiero la tranquilidad de la época en la que di a luz a Alfonso y Rafa. ¿En qué mes nacieron vuestros peques?, ¿qué ventajas o desventajas encontrasteis?

  • Orden en el caos: primer mes

    Y así, sin comerlo ni beberlo, ayer Gabriel cumplió su primer mes de vida. No voy a repetirme con eso de que el tiempo pasa volando cuando eres madre porque ya lo sabéis de sobra. Hoy me centro en las cosas que han cambiado en tan sólo un mes; sí, en un mes completamente caótico en el que los días y las noches no tienen horarios pero que, cada jornada que transcurre, vas viendo poco a poco la luz. Y cuando han pasado 30 días desde que diste a luz, estas son las cosas que han cambiado:

    1. Adiós al postparto: aunque oficialmente no haya pasado la famosa «cuarentena», lo más probable es que ya hayas dejado de lado cualquier dolor, las megacompresas e, incluso, has olvidado el suplicio de los puntos.

    2. Lactancia más o menos establecida, o abandonada: Una de esas cosas con las que te encuentras tras el alumbramiento es que lo de dar el pecho no es tan fácil como pensabas. Cuando ha pasado un mes desde que diste a luz, lo más probable es que hayas superado las dificultades o que hayas desistido en el intento. En mi caso, os debo un post sobre esto porque mi experiencia y mi caso creo que pueden ser verdaderamente útiles. Ya os adelanto que, una vez más, estoy con lactancia mixta porque soy muy cabezona.

    3. Los cólicos mejoran: si tienes la mala suerte de que tu bebé tenga cólicos, cuando ha pasado un mes, el asunto ha progresado para bien. Y si la cosa se alarga en el tiempo, lo que conseguirás es que la situación ya no te desespere como al principio. No hablo por propia experiencia pero sí que hemos tenido ratos en los que el peque ha estado muy molesto con gases y ahora es más llevadero.

    4. Un atisbo de orden: tanto mental, porque te has hecho a la nueva situación tras la revolución de los primeros días, como físico, ya que tu casa empieza a estar medianamente decente. Y si a la una de la tarde, hace un mes, no estaba ni duchada, ahora soy capaz de salir de casa dos horas antes y dar un paseo.

    5. La tomas de la noche se han alargado: este punto reconozco que es sólo para las que parimos niños dormilones. Ahora mismo, Gabriel ya está hasta 6 horas sin comer por la noche. Esto no quiere decir que yo disponga de ese tiempo para dormir ya que lo más habitual es que, después de una toma, quiera un rato de juerga que se puede alargar más de una hora . Así que al final, lo máximo que consigo reposar del tirón son 4 horas, pero no me quejo. Es más, confío en que, a los tres meses, ya me deje dormir 10 horas seguidas. Sí, ya sé que algunas creéis que soy muy optimista pero… es que los otros dos lo hicieron. Por eso repito con esto de la maternidad 😉

    Y este es, en resumen, el progreso del primer mes de vida de Gabriel. Obviamente, nos ha tocado revisión en el pediatra y todo va sobre ruedas, ha ganado un kilo desde que nació y tengo otro niño mega alto. Lo que sí que reconozco que es una suerte es que las cosas van repitiéndose por tercera vez y que los tres, con sus diferencias en el carácter, repiten patrones de comportamiento. De ahí mi optimismo con el sueño, luego ya se verá.

    Desde aquí, quiero daros las gracias por acompañarme otro año más y aguantarme este 2014, sabéis que le pongo mucho empeño y dedico muchas horas a este blog. Se acaba para mí un gran año en el que pude volver temporalmente a la tv y en el que, lo más importante, fue la llegada de mi tercer hijo; no puedo estar más que agradecida. De corazón, ¡Feliz Año!

  • Nunca subestimes un… postparto

    Nunca subestimes un… postparto

    Una nunca es lo suficientemente experta en esto de traer churumbeles al mundo. Da igual que pases por ello por tercera vez, siempre hay algo que te sorprende… para bien o para mal. Cuando me quedé embarazada de Alfonso, mi sabiduría sobre esta materia, es decir, sobre la llegada de un retoño, era escasa y tampoco quise saber demasiado. Sentido común e intuición, me limité a eso. En cualquier caso, una siempre piensa que el parto será lo más duro, y aun así, yo era la tranquilidad personificada. Hasta que me encontré de bruces con un postparto muy doloroso, algo de lo que apenas se habla en todo este proceso de la maternidad.

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    Unas horas después de dar a luz a Alfonso, sin intuir lo que era el postparto.

    Así que, para la segunda vez, aprendes. Por eso en algún post os hablé de Kegel y el masaje perineal, cualquier cosa para evitar otra episiotomía, que fue mi cruz y me trajo de cabeza en el primer puerperio. Y tras el segundo parto, llegó ese momento crucial en el que te dicen que tienes que ir al baño a orinar y resulta que ¡sorpresa! Nada duele por aquí, nada por allá. Así que del hospital te vas directa a un restaurante porque la familia política está de visita. Y luego al parque con los dos churumbeles. Y del postparto, casi ni te enteras.

    ¿Qué pasa tras un buen postparto? Que te confías. Yo salí del hospital hace una semana como unas castañuelas, a pesar de la sangre que perdí con el rollo de la placenta. Estaba tan bien que me pasé la semana de restaurante en restaurante por aquello de tener a mis suegros aquí y que a servidora, lo de comer, le gusta un rato. Y resulta que, al cuarto día, los puntos, los malditos puntos, los dichosos puntos deciden dar la tabarra, por no decir otra cosa. Y el momento baño-evacuación se convirte en una pesadilla, ya sabéis muchas de lo que hablo. Y acabas pidiéndole a tu buen hermano que venga a ponerte las condenadas inyecciones de Voltarén en el trasero porque, señores, en el postparto de Alfonso sólo había un bebé y maridín podía hacerse cargo de él pero en éste hay bebé y otros dos pequeñuelos. Casi nada.

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    Me tengo que conformar con la suerte de un útero que «involuciona» a la velocidad del rayo, la que no se consuela es porque no quiere. Las enfermeras hablaban de mi «tipín», según ellas, mientras me acompañaban en ese momento tan íntimo de hacer el primer pis tras el parto, yo no daba crédito 😉 Día 4 postparto.

    Y después de todo, viene maridín a subirme la moral y pedirme que mire a Gabriel. «¿Ha merecido la pena el dolor?», me pregunta. «Ay guapín, si el dolor no se olvidase, no estaríamos con el tercero en casa«, le digo. Y así es, todo pasa y, por suerte, se olvida. ¿Cómo fueron vuestros postpartos? Espero poder ir poco a poco cogiendo ritmo con el blog y respondiendo cada comentario. Os agradezco que sigáis pasándoos por este rincón.

  • Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

    Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

    La primera vez que fui al curso de preparación al parto al Centro de Salud, hace ya algo más de cuatro años, me quedé flipada. La sesión comenzaba con un buen rato de relajación tumbadas en unas colchonetas escuchando una cinta de casette (parece que hablo de los años 90) donde una voz pausada te iba dando instrucciones sobre las distintas formas de respirar dependiendo de la intensidad de las contracciones. No penséis que fue aquello lo que me dejó alucinada, para nada.

    Yo estaba super concentrada intentando hacerme cargo de cómo serían esas contracciones cuando me di cuenta de que, a mi alrededor, varias embarazadas estaban dormidas, así, tal cual. Y pensé: vaya ovarios tienen. Lo fuerte es que, dos días después, era yo la que me quedaba sopa. Claro, eso de que te pidan que cierres los ojos, te relajes y te hablen del jadeo, de respiración profunda y demás cuando no tienes ningún tipo de dolor, pues no invita a ponerte en situación. Confieso que aquella parte de las clases no me resultaba útil en cuanto al parto, eso sí, me venía de lujo el descanso. A partir de la semana 37, empezábamos con los ensayos de la inhalación en los pujos, y ahí ya era imposible quedarse dormida porque la situación era mucho más real.

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    Si nos pusiesen a Robbie Williams en las clases estaríamos mucho más preparadas para superar el dolor del parto 😉

    Sí me resultaron muy interesantes las lecciones teóricas sobre lactancia, postparto, cuidados del bebé, etc… Lo cierto es que en el segundo embarazo ya no me apunté a las clases de preparación al parto porque con la epidural vi cristalino que la relajación en el alumbramiento era total 😉 Además, la experiencia es un grado y ya sabes cómo es el proceso en tus propias carnes. Es más, como para mí lo más duro fue el postparto, me interesé por el masaje perineal en las visitas rutinarias a la matrona. Y creo recordar que fui a dos sesiones teóricas sueltas para no olvidar algún detalle. Pero nada más. Estoy segura de que viene bien lo de repetir el curso completo pero, si trabajas o cuidas de tus otros peques, entiendo que no es necesario.

    ¿Qué estoy haciendo en este tercer embarazo? Un curso de preparación al parto on-line de Mater Training. Sí, como lo leéis; esto del blog me ha hecho meterme de lleno en el mundo cibernético y buscar información que antes se me escapaba. Poder ver todas las clases en vídeos explicativos, con todas las opciones y probabilidades de casos que se pueden dar en los partos, con un montón de consejos de profesionales de Obstetricia… y todo, tumbada en la cama, es un lujo. Vamos, para las que andáis mal de tiempo por el día, para las que por trabajo no podéis ir a todas las sesiones del Centro de Salud, para las que repetís maternidad, os lo aconsejo totalmente. O para las que queráis ver y escuchar una y otra vez algunas lecciones en concreto 😉

    Y aparte del curso on-line, estoy dándole al masaje perineal y a los ejercicios de Kegel en casa como ya os conté en otro post; además, las últimas dos semanas he ido a un par de sesiones a mi Centro de Salud sobre el hospital donde daré a luz, vamos, el mismo de siempre. Lo que ocurre es que en los últimos dos años ha habido bastantes cambios en ciertos protocolos y me interesa estar al tanto. Además, los días que he ido también a esas clases, me he quedado para recordar la respiración durante los pujos ya que, teniendo en cuenta que con Rafa no llegué  al hospital a tiempo para que me pusieran la epidural y que podría volver a darse esa circunstancia, me vendrá bien para aliviar los dolores.

    Y a vosotras, ¿os servían las clases de preparación al parto?, ¿repetisteis la segunda o tercera vez?, ¿qué os resultó verdaderamente útil?, ¿alguna ha hecho curso on-line?

  • Preparar la bolsa del hospital, ¿dicha o suplicio?

    Las que tenéis más de un hijo sabéis bien que no es lo mismo preparar la bolsa que hay que llevar al hospital cuando te pones de parto la primera vez que en ocasiones posteriores. Porque la primera vez, hasta a las bragas desechables les encuentras su punto mientras que, cuando preparas la maletita por segunda vez, no les ves ni el punto ni la punta, sabes de sobra que es lo más antiestético que existe. Como algunas ya sabéis, porque lo he mencionado en el blog, a esta bolsa la denomino «antilujuria».

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    Sujetador de lactancia de Primark

    Y eso que ahora algunas tiendas se han puesto las pilas y ya nos hacen sujetadores de lactancia monos. A ver, que acabemos de parir no significa que nos dé todo igual y que no nos importe nuestro aspecto físico. Vale, pasamos un poco más del tema pero yo creo que, a cualquier recién parida, le anima verse bien el careto. Vamos, yo soy de las que me pinto la raya del ojo para ir a parir, me cuesta 30 segundos hacer esa operación y, sólo con eso, ya me veo decente para que cualquier ser humano pueda mirarme a la cara. Aunque para parir, pocos van a mirarme a la cara precisamente 😉

    Bueno, que me lío y me pongo a hablar de mil cosas. El caso es que, por fin, he preparado la dichosa bolsa; ya iba siendo hora, que aquí servidora da por hecho que la puntualidad de Alfonso y Rafa se cumplirá a rajatabla con el nuevo churumbel y nunca se sabe. Y he vuelto a reencontrarme con las bragas ésas, los discos de lactancia, las compresas (aunque en el hospital te las dan)  y el Voltarén para el dolor, que ya sabéis que soy fan desde que en el primer postparto vi la luz. Ah, y por supuesto ¡la faja! que será lo menos «glamuroso» del mundo pero oye, mi matrona me dijo que estupendo, y yo me quedo plana en cuestión de días. Y para cuando esté ingresada, creo que tengo más que de sobra porque el neceser y bata los meteré ya con contracciones.

    Lo único entretenido de este momento es preparar la ropa con la que vestiré al bebé para salir del hospital. Lo bueno de que sea público es que no hay nada más que llevarle para los días del ingreso, tienen su ropa allí, más gastada que los pantalones de mi hijo Alfonso pero oye, como van tan envueltitos en mantas y demás, suficiente. ¿Preparasteis con emoción o con pánico la bolsa de vuestro bebés? La próxima semana, ¡más post sobre el parto!

  • Varices, estrías y retención en el embarazo, ¿una lotería?

    Varices, estrías y retención en el embarazo, ¿una lotería?

    Siento empezar el post con esta sinceridad abrumadora pero la genética es la genética y eso no hay quien lo cambie. Vale, no os lancéis a mi yugular, dejadme que me explique. A ver, imaginaos que me paso varios meses viviendo con Giselle Bundchen en Brasil, comiendo lo mismo que ella, practicando idénticos ejercicios y haciéndome los mismos tratamientos de belleza. Efectivamente, volvería divina de la muerte pero, no nos engañemos, a mí nadie me iba a pagar varios millones por pasearme con sus modelitos ni me requerirían para la portada de una revista. Ni tengo el largo de sus piernas, ni la estrechez de sus caderas, ni los pechos perfectos, ni esa cara tan maravillosa.

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    Bueno, pues es un ejemplo de que cuando tu genética es propensa a algo, no te libra ni el apuntador. Puedes mitigar efectos, retardarlos pero la vida es dura y los efectos secundarios del embarazo también 😉 Engordé 18 kilazos en la gestación de Alfonso, no moví el trasero y no me cuidé (mal hecho, lo asumo) y nada, ni estrías, ni varices, ni retención ni nada. Resulta que llega el segundo embarazo, en el que no paro porque ya tengo un peque al que paseo 3 horas diarias, y además sólo cojo 9 kilos y… ¡variz al canto! Pregunto al gine y me recomienda Trombocid, lo echo y nada, sigue igual. Pero como no me molesta, paso del tema. De las estrías y retención de líquidos me libro nuevamente.

    Tercer embarazo: ya en el primer trimestre hace su aparición la famosa variz pero multiplicada por dos. Vuelvo a preguntar a otro gine y me recomienda Daflón, unas pastillas para mejorar la circulación; no noto cambios. En la farmacia me recomiendan una pomada, que sí, que refresca, pero tampoco percibo progresos. El problema de la variz en este embarazo es que hace que mi pierna derecha esté más cansada que la izquierda y sinceramente, lo único que he notado que hace que mejore son las medias de compresión, pero claro, con estos calores cualquiera se las pone; aún así, lo hago cuando voy al gimnasio. Y la próxima semana parece que llega el frío, así que incorporaré la dichosa media a mi vida, aunque ya sea por poco tiempo. Ojo con las varices porque pueden ser serias, así que si duelen o se hinchan de forma excesiva, hay que acudir al médico. Eso sí, lo bueno de las varices que salen durante el embarazo es que mejoran muchísimo cuando das a luz, es el consuelo que tenemos 😉

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    Me gasté el dinero y no noté gran cosa.

    En cuanto a las estrías, me sigo librando. Y no, no me he gastado el dineral de turno en cremas, uso una hidratante del Mercadona y voy que chuto. Durante mi juventud tuve variaciones de peso por distintos motivos y jamás me salió una, y si no me salen después de tres embarazos, es que mis genes no tienen predisposición a ellas. Pero vamos, que creo que en el caso de las estrías, una buena hidratación puede mejorar mucho sus efectos así que creo supongo que merece la pena dedicar tiempo a echarse cremas. Eso sí, una vez que salen, la cosa es difícil de arreglar, salvo las que aún son rojizas. Sobre la retención, lo sé, es un engorro mientras estás embarazada pero sabes que es algo temporal. Yo no he pasado por eso y sé por amigas que es muy incómodo, a la vez que un incordio para el calzado.

    En cualquier caso, se trata de problemas comunes y, en la mayoría de los casos, simplemente estéticos aunque también conozco casos en los que las varices o la retención necesitaron cuidados médicos especiales. Vosotras, ¿tuvisteis suerte y pudisteis evitar estas complicaciones?, ¿qué os ayudó a disminuir sus efectos?, ¿creéis que la genética manda?

  • Parto en casa/cesárea a la carta

    Últimamente veo posturas muy enfrentadas en esto de la maternidad y la crianza de los niños. La “disputa” más relevante en este sentido suelo encontrarla en el asunto pro-lactancia/pro-biberón. Sobre este tema no voy a hablar hoy, creo que todas las madres sabemos los beneficios de la lactancia materna y quienes decidimos optar por biberones, antes o después, lo hicimos por motivos que consideramos suficientemente relevantes (mastitis, vuelta al trabajo…). Así que no voy a entrar en este debate.

    Una de las últimas campañas en favor de la lactancia materna.

    Lo que leo últimamente (esta noticia que publicaba ABC ayer me hizo escribir hoy este post) es que las futuras madres se interesan cada vez más, por un lado, por un parto en casa y, por el contrario, por cesáreas programadas; esto último sabéis que está muy de moda entre las famosas. Sin ser matrona, ginecóloga ni nada semejante, tengo la sensación de que hay cosas que sólo necesitan un poco de sentido común. Vamos a ver, imagino que todas sabéis que una cesárea es una operación de cirugía mayor en la que se abre un órgano (en este caso útero) y que requiere anestesia, ¿no? Supongo que, sabiendo esto, todas coincidimos en que, si no es por motivos de salud, lo mejor es un parto natural.

    Con esto quiero decir que hacerse una cesárea por motivos estéticos o porque te viene bien el día me parece una soberana frivolidad. Adelantar un mes el nacimiento de tu hijo a través de una cesárea porque no quieres engordar o por aprovechar la anestesia para hacerte unos retoques denota poco conocimiento. En el primer caso, porque no es bueno para tu hijo y, en el segundo, porque no debe ser muy recomendable andar haciéndote arreglitos internos cuando tu cuerpo acaba de «crear» una nueva vida.

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    Sobre los partos en casa, más de lo mismo. Parir es una cosa natural, sí, pero no está exenta de riesgos. Me da igual que a tu casa vayan cinco matronas, gines o lo que sea a atenderte y que el hospital esté a 10  minutos. No tiene porqué pasar nada en un parto pero eso no significa que no vaya a pasar. Que también puede haber complicaciones en un paritorio, pero siempre habrá más medios para hacer frente a cualquier imprevisto. En España, quien puede “financiarse” un parto en casa, imagino que también podrá elegir un buen hospital con buenos profesionales a los que les puedes dar indicaciones sobre evitar episiotomía, estar en ésta u otra postura, o tener una habitación estupenda.

    Eso no quita para que los hospitales tengan que mejorar muchas cosas, entre otras, que las plantas de maternidad sean algo más acogedoras porque, al fin y al cabo, las parturientas no somos enfermas. O que en los partos se intervenga menos (esto ya se está haciendo en muchos centros hospitalarios). Pero señores, la medicina y los profesionales están aquí para algo y por eso nuestra calidad y esperanza de vida ha mejorado tanto de unas décadas a esta parte. Se trata de recurrir a los avances médicos pero sin pasarse, vamos, ni lo uno ni lo otro, ¿qué opináis vosotras?

  • Qué no hacer en la planta de maternidad

    Ayer leí un titular de esos que no deja indiferente a nadie: «Lo que debes hacer, y lo que no, cuando vas a visitar a un recién nacido a un hospital«. Os podéis imaginar que no tardé ni dos segundos en entrar en la noticia, me moría por saber cuáles era esas recomendaciones que, en principio, creí que serían de sentido común. No me equivoqué, muchas lo eran. Otras, desde mi punto de vista, son un poco exageradas.

    1. Nada de visitas durante las primeras 24 horas desde que nace el bebé: Hombre, estamos cansadas después de un parto pero tener a mis padres sin conocer a sus nietos tantas horas es algo semejante al martirio. Es más, creo que hasta me parecería mal que no vinieran cuanto antes. En el parto de Alfonso tuve suerte para eso de descansar porque nació a las 7 de la tarde y, cuando llegué a la habitación, era ya de noche. Con el de Rafa me pasó lo contrario, di a luz a las 8 de la mañana y antes de las 11 estaba en la habitación, donde las visitas comenzaron media hora más tarde. Pero qué narices, la emoción no te deja descansar las horas posteriores al parto.

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    Mis padres pudieron ver unos minutos a Alfonso mientras yo descansaba en la sala de dilatación porque conocían al ginecólogo, si no hubieran tenido que esperar al día siguiente.

    2. Utilizar el móvil para mandar mensajes (ahora WhatsApp) más que para llamar: yo esto lo he cumplido siempre a rajatabla, cuando alguna amiga ha dado a luz le he escrito y, de paso, le he preguntado si podía visitarla. En mi caso, yo no cogí el teléfono durante las primeras horas después de dar a luz. Es un momento de la vida demasiado intenso y a mí lo de hablar por el móvil me aburre soberanamente.

    3.  Regular los tiempos de las visitas: es algo que tienen que hacer los que visitan, si ves que hay mucha gente o que la madre está cansada, saludas, ves a la criatura y poco más. Yo es que no soy muy dada a poner orden y no me sale decirle a alguien que «se pire», aunque sea de forma educada. Tampoco me molesta estar acompañada aunque he de decir que, cuando nació Alfonso, la cosa se nos fue de las manos. Con eso de que era fin de semana la habitación parecía un mercado, ¡menos mal que no había ninguna otra madre en la habitación!

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    4. No visitar a un recién nacido si estás enfermo o constipado: esto es de cajón. De hecho, en los hospitales públicos no dejan entrar a niños en maternidad, lo cual me parece excesivo porque yo creo que debe ser cada madre la que decida quién entra y quién no en su habitación.

    5. Ser prudentes con las tomas de los bebés: a mí esto sí que me parece importante. Hay quien piensa que, por el hecho de haber parido, no tenemos ningún reparo en enseñar las ubres. Me parece estupendo que haya mujeres que lo hagan delante de cualquiera pero no es mi caso ni el de muchas otras madres que conozco. Alguien puede decir que es lo más natural del mundo; claro que lo es, al igual que evacuar pero no por ello quiero público en semejante momento. Una vez que la lactancia está establecida, el niño se engancha y ya te apañas bien con tu ropa para cubrirte un poco, pues la cosa ya cambia.

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    6. No coger en brazos al bebé: no tengo problemas con el hecho de que la gente coja al crío cuando está despierto pero, si está dormidito, intento evitarlo porque no hay cosa que más me moleste que me despierten así que a ellos seguro que tampoco les hace gracia. Hay gente que no deja tocar a los bebés, no es mi caso. Tampoco obligué a nadie a lavarse las manos previamente porque creo que la gente que me rodea tiene un mínimo de higiene. Lo que reconozco es que no me gusta nada lo de que algunos lleven dos litros de perfume porque me gusta oler a mi bebé (soy yo muy animal en este sentido) y no a Adolfo Domínguez o a Giogio Armani.

    7. No dar consejos a los padres: esto es lo más difícil para las féminas, jamás le he oído a mi padre o a mi suegro decir que el niño quizás tenga hambre. Seguramente lo hacemos con la mejor intención del mundo pero no es necesario salvo que la parturienta en cuestión te pregunte cuánto tardó en subirte la leche o si te dolieron mucho los puntos. Es más, la sensibilidad después del parto está a flor de piel así que ¡cuidado!

    Y a vosotras, ¿qué os parecen estos consejos?, ¿los tenéis en cuenta?, ¿tuvisteis que parar los pies a alguien cuando disteis a luz?

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