Categoría: Maternidad y embarazo

  • Fingir que no duele, duele el doble

    Fingir que no duele, duele el doble

    No voy a pasar página. No ahora. No porque la gente espere que lo haga. No tengo prisa. Hace un mes y medio que di a luz a mi bebé sin vida. Estoy triste y no quiero fingir que no lo estoy. No voy a actuar como si no hubiera pasado, como si fuese la misma, porque no lo soy ni lo seré. Estoy triste. Es como debo estar ante mi nueva realidad, como estaba alegre por la realidad que tenía entonces. Negar mi tristeza sería fingir, y no va conmigo. Me encantaría no estar así y seguir siendo la que era aunque esto, dicen, me vaya a hacer más fuerte. Y no digo que no, pero realmente yo no quería ser más fuerte, no así, no con semejante golpe. No soy valiente, no elegí esto, me ha tocado sin quererlo, sin buscarlo ni hacer nada malo para que me tocase. He aprendido que en la vida hay cosas que se nos escapan. Que por mucha ilusión y esfuerzo que pongas a todo, a veces, que los acontecimientos vayan bien no depende de ti.

    He vivido una situación extrema, he pasado un parto para encontrarme de cara con la muerte, ¿cómo demonios voy a estar bien? Cuando fallece el padre de una persona, a nadie se nos ocurre decir «ya llegará otro» ni «tienes ya una madre». Nadie sustituye a ninguna persona. No sé por qué cuando se muere un bebé que no ha nacido o que vivió poco tiempo tendemos a minimizar el valor de esa vida y el dolor de una madre. Una vida corta, sí, pero para una madre es toda la vida de su hijo. Estoy triste. No hay día ni noche que no vengan a mi memoria recuerdos de aquel maldito día. No hay día que no piense «ojalá tuviera el poder de retroceder en el tiempo». No hay día que no piense cuántos días me quedarían para conocerla como tenía que haberla conocido. No hay día que no me acuerde de que ya la conocí pero no como quería conocerla. Porque cuando se va alguien que ya ha vivido mucho, te quedan recuerdos. Cuando se muere alguien que apenas ha vivido, te quedan ilusiones. Pero rotas.

    muerte perinatal

    Estoy triste. Lloro varias veces al día, cuando me sale. Lloro para desahogarme, para quitarme la rabia. Lloro porque me da la gana, porque me lo pide el cuerpo, en cualquier momento. Porque llorar es lo que hay que hacer cuando la vida te da un golpe. Porque he perdido una hija. Lloro y estoy triste porque está permitido, porque es sano cuando algo te atiza o te desgarra. Lloro porque alivia. Lloro porque estoy sobreviviendo. Lloro porque estoy triste.

    Pero no significa que lloraré ni que estaré siempre triste, no significa que caeré. Significa que viviré el duelo como buenamente pueda, que sonreiré cuando me salga, que a ratos estaré bien pero también tendré recaídas. Significa que lo estoy intentando, que la vida sigue a pesar de que la mía no sea la misma. Significa que seguiré sintiendo dolor pero cada vez menos, significa que no sobreviviré sino que viviré. No voy a olvidar, voy a aprender a vivir con esto, que no es poco. Y voy a estar feliz, eso lo sé. Pero todo a su tiempo.

    «Pretender la invisibilidad del duelo es pretender la invisibilidad de la muerte, de lo perecedero, de la enfermedad; en suma, de la fragilidad de nuestra humanidad.» Freud

     

  • Cambios en las habitaciones infantiles: el hermano mayor se independiza

    Cambios en las habitaciones infantiles: el hermano mayor se independiza

    Con la llegada de la niña, íbamos a reorganizar nuestra casa nuevamente y a hacer cambios en las habitaciones infantiles; ya en su día os enseñé cómo estaban mis hijos distribuidos para dormir, porque para jugar suele gustarles más el salón y no sabéis la afición que tienen por la mesa de centro para la salita, sirve hasta para partidos de fútbol que hacen con cromos. Bueno, el caso es que los mayores han estado hasta ahora en una habitación juntos y Gabriel en otra. Era sencillamente por cuestión de horarios, unos se levantaban a la misma hora para ir al colegio y el peque no madrugaba porque estaba en casa conmigo mientras yo trabajaba. Después entró en la guardería y los mantuvimos así, por no liar más las cosas.

    En su momento, mi madre nos dio las camas que habían sido de mis hermanos mellizos, las tapizamos y listo, para la habitación de los mayores. Pero para la habitación de Gabriel tuvimos dudas, al principio dejamos una cama que ya teníamos de hace tiempo pero como tenemos muchas veces visitas, no sabía si poner una cama nido, literas o comprar camas abatibles originales, que siempre recuerdo de algunas series y películas y que son la opción que más espacio ahorra. Al final optamos por cama nido.

    cambios en las habitaciones infantiles cambios en las habitaciones infantiles

    Estas imágenes son de la tienda online Menamobel

    Cambios en las habitaciones infantiles: se hacen mayores

    Así que, ya no sólo por el tema que de íbamos a ser uno más, sino también por cuestiones de necesidades de los niños; vimos que Alfonso podía empezar a tener su propia habitación. Primero, porque nos dimos cuenta que necesita menos horas de sueño que Rafa y Gabriel. Y no sólo por ser el mayor, que evidentemente tiene que ver, sino porque desde hace un par de años, es madrugador, ¡qué tiempos aquellos de bebé que dormía 13 horas seguidas! Y segundo, porque le han puesto ya otro horario de entrenamientos en el fútbol, lo que significa que llegará a casa a la hora en la que los otros ya estarán bañados y cenando. Eso, y que es el único que tiene deberes, así que también necesita su espacio.

    La otra habitación que nos queda, que es pequeña y que por ahora uso yo para trabajar, iba a ser para la niña. Tenía poca cosa hecha aunque sí algún encargo, que pude anular, precisamente para decorar espacios pequeños. Lo que sí llegamos a hacer es pintarla de rosa, y así se ha quedado, no he querido deshacerme de recuerdos ni de las pocas cosas que tenía. Y lo próximo que necesita un buen repaso en mi casa es tema sábanas, toallas, edredones… Pero poco a poco. Ya cuando tenga todo en orden, os enseñaré cómo quedan las habitaciones.

  • Teoyleo, personaliza tu carrito

    Teoyleo, personaliza tu carrito

    Una de las cosas que me había planteado al saber que íbamos a tener una niña era el cambio de textil para el Bugaboo, más que nada la capota. El carrito sigue en buen estado pero el color fue bajando un poco tras usarlo 6 años de forma ininterrumpida. La idea del rosa y del azul siempre me ha gustado pero admito que dándole un toque personal, que tenga un punto original. A mí, por ejemplo, últimamente me encantan los estampados con estrellas. Así surgió la idea de dos madres emprendedoras en TEOYLEO, una tienda física en Zaragoza pero que también son una empresa virtual en la que cosen bajo pedido, en función del carrito que tengáis: : Bugaboo, Jane, Stokke, Borsino, Uppababy. Puedes personalizar la capota, la funda del asiento, bolsos… y dejarlos con un estilo personal, como a ti te guste.

    teo y leo

    Tienen más de 100 estampados diferentes, desde topos, estrellas, rayas, calaveras, animalitos, robots… Lo más novedoso es que añaden nuevos estampados cada mes con todo tipo de temáticas. También tienen tejidos planos o lisos. Todo se hace a mano y se personaliza a petición del cliente. El estilo es minimalista y predominan los colores vivos, para aquellas que busquéis algo más que el rosa y el azul celeste. De cara al frío, para los sacos de invierno, se puede elegir no solo el estampado que mas guste del catálogo de telas, sino también el color del tejido interior que es un pelo muy suave y el relleno es bastante grueso (un poco mas gruesos que los originales de Bugaboo, para que os hagáis una idea). Si vivís en zonas de poco frío, los sacos se confeccionan con algodón estampado (y se puede usar como funda en verano), en lugar de tejido de pelo.

    teo y leo

    También tienen decenas de productos para bebé como mochilas, fulares, bandoleras, bolsos, sacos, tronas, baberos, cambiadores… que son más difíciles de encontrar en tiendas tradicionales. Así que si buscáis personalizar el carrito de bebé y queréis darle un toque original, colorido o preferís rosas y azules lejos de los tradicionales celestes, os gustará lo que hacen Noemí y Eva. Yo lo tengo claro, mi elección hubiera sido el estampado de las estrellas sin dudarlo. ¿Os gustan más los tejidos lisos o estampados para los carritos de bebés?

  • Primer día de colegio… si van los hermanos

    Primer día de colegio… si van los hermanos

    El primer día de colegio no suele ser fácil… o no tiene porqué serlo. O sí. Al final, como siempre digo, cada niño es distinto y unos pueden reaccionar de una forma en una circunstancia concreta y otros críos reaccionar de otra. Vamos, que la forma de ser del niño es un punto importante pero hay otro factor que para mí es clave a la hora de empezar el colegio: los hermanos. Esto suele cambiar bastante el cuento. Recuerdo perfectamente los «lagrimones» de Alfonso en sus dos primeros días en Infantil. Y recuerdo que a Rafa le importó bastante poco que le dejásemos allí. Básicamente por dos cosas:

    1. El lugar les resulta conocido: En el caso de mis hijos, el que hayan practicado fútbol desde pequeños en el colegio, ha hecho que sus hermanos pasasen mucho tiempo allí, no sólo el momento de llevar o recoger al que ya estaba escolarizado. Aún así, cualquier hermano pequeño conoce el colegio al que va un hermano mayor, bien por ir a menudo, bien por las fiestas del cole…
    2. Los hermanos y sus amigos: En mi familia, yo soy la hermana mayor y mis tres hermanos son varones. Por tanto, no viví eso que cuenta mucha gente de que hacían planes o se juntaban mucho con los amigos de sus hermanos mayores. Porque normalmente, los pequeños ya conocen a los amigos de los mayores… que si de algún cumpleaños, que si de los partidos de fútbol, de lo que sea pero les tienen fichados así que son caras más que conocidas…

    Y es que los hermanos mayores, al principio, suelen acercarse en los recreos a ver cómo va el que acaba de entrar. Ayer Rafa me decía que no había podido ver a Gabriel y estaba preocupado.primer día de colegio

    Cómo fue el primer día de colegio de Gabriel

    Pues más o menos tal y como imaginaba. Él ya sabía a dónde iba y además digamos que conoce el terreno desde la misma semana en que nació, que ya iba conmigo a todos los entrenamientos y partidos del mayor, para luego ir a los del mediano, más la recogida diaria. Vamos, lo que viene siendo el patio, pistas, fuentes de agua, vestuarios y hasta escobillas de baño… Eso sí, lo de decirles que van al cole con sus hermanos tiene alguna desventaja, y es que se lo toman al pie de la letra y piensan que se van a pasar el día con ellos… Y va a ser que no. Que se ven en clase con unos cuantos niños desconocidos, algunos llorando, y no ven claro ya el asunto. Pero bueno, ahí mantuvo el tipo, además con su primo al lado, y con unos libros y unos juguetes parecía tranquilo… hasta que le dije que me iba, que ya puso cara de puchero y le salieron las lagrimillas. Pero bueno, un poco de diálogo diciéndole que le iba a recoger en tres horas y ya la cosa quedó en eso, en amago. Así que digamos, fue bastante bien. ¿Qué tal el inicio para los peques?

  • Tres señales que demuestran que tus hijos necesitan volver al cole

    Tres señales que demuestran que tus hijos necesitan volver al cole

    Más o menos, en torno a mediados o finales de agosto, cuando ya solemos estar de vuelta de nuestras vacaciones y la alteración de los niños es equivalente a 100 al cuadrado, comienza mi momento crisis en casa. Y ya me entendéis por crisis, me refiero a tener los nervios a flor de piel porque todo es un descontrol, los horarios, las comidas, la casa… Es cuando los decibelios de tu garganta han subido un poco a pesar de que ya te has acostumbrado a no gritar y poco te altera. Obviamente, a mí en esta ocasión, me han pillado fuera de juego y en baja forma, no es la situación en la que estoy normalmente y bastante tengo con superar cada día. Pero vamos, que la alteración que tienen al final de las vacaciones de verano es similar todos los años:

    1. Sordera continuada: no, no es la sordera selectiva de cuando les dices que recojan algo o que pongan la mesa. Es la falta completa de la capacidad de oír cualquier vocablo que salga de boca de sus progenitores, que no de sus abuelos. Es como si tuvieran unos tapones y ya no reaccionan ni cuando dices que se vayan vistiendo ni que ya está la comida. Nada, no hay forma de que reconozcan su nombre.
    2. Me aburro: la frase estrella de mi hijo mayor. Estamos en esa fase en que cada 5 minutos necesita cambiar de actividad, pasamos del playmobil a la tv, de la tv a los coches, de los coches al puzzle, del puzzle a un libro…y de ahí al siguiente punto.
    3. Piques continuos entre hermanos: siempre he dicho que si me metieran en Gran Hermano, porque yo no lo haría por elección propia, no me comportaría de la misma manera. Cuando compartes horas y horas con las mismas personas, los roces van surgiendo. Y cuando de niños se trata, la cosa se dispara. Porque cuando cada uno va a su clase con sus amigos, llegan luego a casa, ellos se ven y más o menos se quieren y conviven con cierta armonía. Pero cuando se pasan el día juntos, siempre quieren el mismo juguete pero distinto canal de televisión. Y dos construyen algo y va el pequeño y se lo destruye. Y no se andan con tonterías, si hay que empujar al pequeño, se le empuja. Y así, un tira y afloja continuo que te deja la cabeza como un bombo. Y como el mayor se aburre, si los otros están entretenidos, ya se encarga él de acabar con la tranquilidad.

    E intentas poner paz sin gritar, pero te lo ponen difícil. Y te das cuenta de que necesitan un poco de orden, que yo también tengo otro humor si me cambias mis horarios y rutinas. Porque al final, no queda otra que ir haciendo cábalas; ellos tienen tres meses de vacaciones y los padres no. Y entonces… que si unos días con los abuelos, que si un campamento, que si viaje… ¿quién no acaba desquiciado así?

  • La maternidad que de verdad duele

    La maternidad que de verdad duele

    Me contaron y comprobé que la maternidad era bonita, fascinante, extraordinaria… También escuché y viví que la maternidad es sacrificada, dura, agotadora, ardua…. Pero nunca jamás pensé que iba a dolerme, no al menos si podía evitarlo. Y evité sufrir innecesariamente; si algo me superó, intenté buscar una solución y, si no la había, intentaba no darle demasiada importancia porque no va conmigo, soy así por naturaleza o por las circunstancias. Sí, he vivido la maternidad con sentido práctico e intentando disfrutar cada momento y desdramatizando los problemas del día a día. Sabía que el dolor real existía en algunas familias y por eso siempre tomé la firme decisión de no lamentarme por nada.

    Hasta que el dolor llegó, el de verdad. No el de las noches sin dormir, no el de los puntos del postparto, no el de las mastitis, no el de la frustración por las rabietas… que sí, que son también cosas fastidiosas y por las que sufrí de alguna manera, las he vivido, pero se pasan y no lastiman el alma. Ahora He siento el dolor real, el de la muerte, el del vacío, el de la pena, el del desconsuelo… La muerte de mi hija hace un mes ha dado un giro de 360 grados a mi vida en casi todos los sentidos. Este drama que he vivido, del que tardaré tiempo en levantarme, me ha hecho darme cuenta de que viví la maternidad como tenía que hacerlo. Esta vivencia que me ha tocado, que no es justa, ha matado una parte de mí pero sé que ha hecho salir otra que estaba escondida. Así que, como esta parte de la maternidad también es real, aquí también tendrá su hueco.

    Además, me he encontrado estas semanas con centenares (sí, centenares) de mujeres que han vivido esta experiencia (os he leído a todas sin excepción), que me han escrito contando sus historias, su dolor y el proceso de perder a un hijo que aún no había nacido al que la sociedad cree que hay que olvidar cuanto antes… así que creo que tengo derecho a hablar también de esto y a hacerlo visible, porque existe y porque desgraciadamente me ha tocado vivirlo. Y porque esos bebés existieron y merecen su lugar.

    Al final, aunque tires adelante y hagas un esfuerzo sobrehumano cada mañana por levantarte y por retomar tu vida, hay cosas que no se olvidan. Yo sé que esta semana tendría que hacerme ya la tercera y última ecografía de mi cuarto embarazo. Pensaba que, en cuanto los niños empezaran el cole, podría poner un poco de orden en mi casa y ultimar algunas cosas. Son cuestiones que seguiré pensando, por mucho que intente evitarlo, cada día. Y seguiré sintiendo pena al ver a otras embarazadas sólo por el hecho de que yo debería estarlo, no estoy triste por ellas sino por mí. Pero soy consciente que esa ya no es mi realidad, que no llegará en octubre mi bebé deseada. Y aunque también aquí os cuente historias como las de antes, prácticas, divertidas, alegres… no significará que esté bien sino que lo estaré intentando. Así que, si me lo permitís, seguiré aquí con mi maternidad real, que hablará de alegrías de los que están cerca pero también del dolor por la que se fue, que no debo ni quiero olvidar.

    Y desde aquí, otra vez doy las gracias por todo el cariño, por todos los comentarios, por el respeto que en general he leído, y por dedicatorias como ésta «Madres en la tierra y en el cielo» . Sólo hubo un medio de comunicación que hizo de esto algo morboso, pero ni voy a mencionarles. Mañana toca un post divertido, porque mis hijos en la tierra siguen haciendo de las suyas. Y cuando sienta que mi niña del cielo me enseñe algo, aunque ahora no sea capaz de ver nada bueno de su marcha antes de tiempo, os lo contaré.

  • El día que conocí y despedí a mi hija

    El día que conocí y despedí a mi hija

    Mi hija murió el 3 de agosto. Y nació el día 4. Morir antes de nacer, dar a luz sin vida, sobrevivir a un hijo… una maldita incongruencia, una vivencia antinatural por la que nadie, nunca, jamás, bajo ningún concepto, debería pasar. Tres semanas después de perder a mi hija en mi interior, sólo puedo deciros que el alma se queda rota y el cuerpo vacío. Porque a estas alturas yo debería estar contándoos cómo fueron nuestras vacaciones en un cámping, cómo quedó la habitación de la niña pintada de rosa, cómo estaban mis varices… pero no, estoy aquí escribiendo sobre la muerte. Una muerte que nunca pensé que pudiera ocurrir, una muerte que en realidad nunca debió ocurrir… pero que ocurrió. Aquí os conté durante meses todo sobre mi embarazo, con la mayor ilusión del mundo, y aquí hoy os cuento cómo y porqué perdí a mi hija, con la tristeza más pesada del mundo.

    Primera visita a Urgencias

    No sé en qué momento empecé a sentir que mi bebé se movía menos dentro de mí porque con las vacaciones, el calor y los cambios de rutina, me resulta imposible saber el día exacto. Pero sí sé que hubo un momento en que ya fui consciente de que llevaba 24 horas sin percibir nada así que tomamos la decisión de ir a Urgencias al Hospital Santa Tecla de Tarragona, previo paso por un ambulatorio en el que no pudieron resolver nada al no haber especialistas. En aquel trayecto en coche me puse en lo peor. Nos atendieron rápido ya que no había ninguna paciente en ginecología y ¡alivio, había latido! La ecografía mostraba que todo estaba en orden, el tamaño del bebé correspondía con las 28 semanas de gestación, la placenta estaba aparentemente bien, la frecuencia cardíaca del bebé durante la hora que estuve monitorizada era buena… Así que imaginaos la alegría. Eso sí, como había poco movimiento fetal decidieron darme cita al día siguiente (eran ya casi las 9 de la noche) para hacer otro control y una ecografía doppler.

    Segunda visita a Urgencias

    Ya no hubo tiempo a ningún control más. De madrugada, empecé a sangrar y a perder líquido. De nuevo, nos fuimos a Urgencias. Volví a tumbarme en la misma camilla en monitores, la misma matrona que me había visto horas antes empezó a buscar el latido del bebé en mi barriga y nada, fueron los segundos más angustiosos de mi vida. El mismo ginecólogo de la visita anterior vino rápidamente con el ecógrafo, no necesitó más que unos segundos para darse cuenta de que efectivamente, no había latido. Me lo dijo sin poder creer lo que estaba pasando, no olvidaré jamás aquello. Y nos dejaron solos, rotos, desconsolados, en shock, llorando la pérdida… Me ingresaron, las primeras horas las pasé conmocionada, me explicaron con mucho cariño cómo iba a ser la dinámica para dar a luz.

    muerte fetal

    Pasé el día entero tumbada en la habitación del hospital, sin comer, en shock… mientras mis padres viajaban desde Gijón en coche. Sólo hablé por teléfono con mi amiga Ceci, que lloraba más que yo y que, sin pensárselo, también cogió el coche con su marido y su hijo para hacer los 800 kilómetros que nos separaban. Y durante ese día, me pusieron prostaglandina para ir avanzando. Hablamos con el personal sobre si ver o no a nuestra hija, cosa que ellos nos recomendaron para superar el duelo. Yo tenía claro que quería conocer a mi hija.

    El parto

    ¿Cómo iba a enfrentarme a un parto así? No tenía ni idea, creo que seguía en shock. Llegó el momento y di la cara sencillamente porque no quedaba otra opción. Sobre las cuatro de la madrugada empezaron las contracciones, llamé a las enfermeras, y fui andando a dilatación, mientras lloraba y lloraba. Estaba de 5 centímetros, pedí la epidural, no quería sufrir físicamente. Después oímos llorar a un bebé que llegaba al mundo mientras escuchábamos en monitores los latidos de otros dos, pero ninguno era el corazón de nuestra hija y cada poco llorábamos. La epidural dejó de hacer efecto, me pusieron más pero creo que mi mente sufría tanto que ya no era capaz de separarse del cuerpo. Pasamos al paritorio y me pidieron que empujara, lo pienso ahora con cierta distancia y no sé cómo se puede hacer algo así sabiendo lo que vas a encontrarte. Y ella nació, la taparon, se la llevaron y yo miré el reloj de la pared, vino al mundo a las 8:10 horas aunque ya se había ido antes. Después salió la placenta y el ginecólogo que atendió el parto nos dejó caer que tenía un aspecto extraño.

    Unos minutos después, se abrió la puerta y allí nos traían a nuestra pequeña, con gorrito y envuelta en una mantita, como si estuviera dormida, preciosa, igualita a Rafa, con el que además podría haber compartido fecha de cumpleaños. Sentí tanto dolor y amor a la vez cuando la vi. En aquel espacio derramamos tantas lágrimas, la acaricié tantas veces, la besé, la quise tanto… con ese dolor tan insoportable de saber que tenía que decirle adiós para siempre. Imposible explicarlo con palabras. Nuestro recuerdo de aquel momento es una foto de su mano junto a la mía que guardaremos para nosotros siempre.

    La causa y la culpa

    Ya en el mismo hospital, en el que después de dar a luz estuve ingresada 24 horas, nos dijeron que la niña estaba sana, que algo había fallado en la placenta pero que no se pudo prever. Cada vez que pienso que sólo unas horas antes del fatal desenlace habíamos estado en Urgencias y que todo estaba aparentemente bien me pregunto porqué no fui días antes, cuando ya noté que la niña se movía menos. Aunque realmente no sé hasta qué punto hubiera podido salvarla teniendo en cuenta que su corazón latía con fuerza sólo horas antes de morir cuando ya llevaría unos días con la infección. Pero reconozco que me sentí culpable por estar pendiente sólo de mis tres hijos y no estarlo de ella. La necropsia diagnosticó «Corioamnionitis aguda», una infección de la placenta que, en este caso, no se había podido intuir porque lo normal es que haya síntomas en la madre como fiebre, dolor abdominal, taquicardia en feto o madre… pero no, ni para eso me pongo enferma, nada. Tampoco sabemos qué bacteria produjo la infección ya que todos mis análisis han dado negativo en las más comunes como toxoplasmosis, citomegalovirus. listeria… Muy mala suerte, nos han dicho tantas veces.

    Cómo me siento

    Pues como la sinceridad sí es mi fuerte, aquí va una dosis de realidad: destrozada. El dolor de algo así es imposible de explicar. Para muchos, hay que pasar página y ese bebé cae en el olvido porque no lo han conocido. Pero yo sí la vi, pasé meses sintiéndola dentro, imaginándola… la traje al mundo, la besé y amé, como cualquiera de vosotras cuando disteis a luz y visteis a vuestros hijos, que no hacen falta más de dos segundos para que esa persona se convirtiese en vuestro universo. La gran diferencia es que yo tuve que despedirme de ella en ese momento, lo cual hace ese amor que sentí más grande, si es que se puede. Ella existió aunque solo sus padres y unos médicos pudieran verla. Y soy madre de cuatro, madre en la tierra y en el cielo.

    Creo que la vida ha sido cruel conmigo. La maternidad es para mí lo más grande, lo supe desde siempre, nací para esto. Y he deseado cada hijo que he tenido, nunca he pedido demasiado a la vida, sólo quería que vinieran al mundo sanos. Pero reconozco que perder mi única hija ha sido especialmente desalmado… Después de tres niños, la ilusión de una niña, con la que no contaba hace unos meses, pero que llegó como un regalo, me tenía emocionada. Quizás tenía ahora una vida demasiado perfecta, y eso se ve que no es posible, que por algún lado te tiene que caer. A veces me pregunto si es que quería demasiado, ya tuve tres embarazos perfectos, tres hijos estupendos y me empeñé en tener un cuarto bebé porque creí que aún seríamos más felices pero, ¿es malo acaso querer más familia?

    En estas semanas me he visto a ratos fuerte, hundida, conmocionada, con ganas de salir adelante, con ganas de mandar todo a la porra, me he visto llorando a diario sin consuelo, con rabia, con impotencia… Mi mente sigue imaginando cómo debería estar todo si no hubiese sufrido este palo. Pero no, mi realidad es que vivo un postparto sin bebé, que he parido 4 veces y que a mi lado solo tengo a tres de mis hijos, mi realidad dista mucho de ser la que estaba prevista. Pensé en abandonar el blog porque no sé cómo enfrentarme ahora a contaros cosas sobre la maternidad cuando he vivido uno de los golpes más fuertes que se puede vivir como madre. Pero luego me di cuenta de todo el trabajo que llevo haciendo estos años, en los frutos que desde hace un tiempo estoy recogiendo, de la gente que he conocido a través de este mundo, del cariño que he recibido tantas veces… así que seguiré, no sé de qué manera porque no sé si la Carmen que era volverá, o será más fuerte, o más vulnerable, o más triste.

    Agradecimientos

    No puedo terminar este post sin agradecer tantas cosas a tantas personas. A mi marido, por no separarse y porque sé que no me va a dejar caer en este proceso, por las conversaciones que tuvimos en aquel hospital sobre la vida, por ser mi todo. A mis padres, por estar a mi lado en todo momento. A mis suegros, por cuidar de mis tres hijos. A mis hermanos, sobre todo a Alfonso, por estar tan pendiente de mí. A mis mejores amigas Ana, Ana María y Ceci, que viajó 800 kilómetros para estar a mi lado, y a todas las que estuvisteis esos días abrazándome en la distancia. A mis amigas de redes, Isabel, Andrea, Paloma… y otras tantas que me enviasteis un enorme cariño… Y a las miles de personas que me escribisteis estas semanas, a las que cada día seguís escribiendo preguntando cómo estoy, a las que me habéis escrito cosas preciosas… Y gracias a aquellas que vivisteis esta terrible situación y la habéis compartido conmigo, que habéis sido decenas, como María y Ana.

    Y gracias al increíble equipo médico del Hospital Santa Tecla de Tarragona. Por el afecto, el cariño, las palabras, los abrazos, los besos… no tengo palabras. Gracias al doctor Jordi por su profesionalidad y servicio, gracias a Irene por su cariño, gracias a Mar por sus besos y lágrimas, gracias a Dolores por sus palabras y gracias a Mariela por el mimo y afecto durante el parto. Gracias porque no he visto un equipo humano semejante y me sentí querida en el drama que viví.

    Y no sé cuánto, no sé cuánto voy a soportarlo 
    Y no sé dónde, no sé dónde voy a dar sin ti 
    Y no sé cómo, no sé cómo lograré olvidarte 
    No sabes cuánto me duele este adiós

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  • DeLaZarzuelita, ¡ya tenemos las primeras cositas para la niña!

    DeLaZarzuelita, ¡ya tenemos las primeras cositas para la niña!

    ¡Ya tenemos las primeras cosas para la niña! Confieso que me hace bastante ilusión porque, después de usar la misma ropa y el textil de bebé con tres niños durante 6 años consecutivos (es lo que tiene que nazcan en la misma época y que sean varones), es inevitable entusiasmarse con el cambio, para qué negarlo. Además, muchas cosas estaban ya bastante desgastadas, como todo el textil de cuna. No os voy a negar que cada vez que veo algo rosa pienso, ¿esto será verdad?, ¿estará en mi casa? Sí, los niños alguna cosa en tonos rosas han tenido, como camisas, pero bueno, ya me entendéis con lo del color rosado. Así que ya me estoy haciendo con material nuevo, como este de DeLaZarzuelita, que además vamos a hacer algunos cambios en casa para reorganizar habitaciones infantiles.

    Hoy os enseño las nuevas cosas de DeLaZarzuelita, una marca española, que nació en mi tierra, Asturias. Es más, ¡¡¡¡¡en mi ciudad!!!!!! En la web podréis ver que tienen ropa, complementos de baño y paseo, así como objetos de decoración. Cuidan los detalles que diseñan y confeccionan para los peques de la casa mezclando las últimas tendencias y también los grandes clásicos. Los diseños son propios y las materias primas son elegidas con mucho cuidado, buscando tejidos naturales y cálidos. Confeccionan cada prenda como antaño, creando piezas únicas, en modo artesanal. Y como una imagen vale más que mil palabras, os enseño ya lo que tenemos en casa para la pequeña. La ropa de cuna os la enseñaré puesta ya y bien colocadita cuando hagamos los cambios en casa y tengamos su habitación lista.

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    Como veis, es todo precioso y hecho con mucho gusto. Y el estilo es el que a mí me gusta, clásico pero a la vez de esas cosas que no pasan de moda. Y se nota que es artesanal, la verdad es que ha sido un descubrimiento y si encima son de aquí, pues más a mi favor. Prometo enseñaros cómo queda la chichonera y textil de cuna, que además Gabriel ya ha pasado a la cama y podemos enseguida organizar las habitaciones nuevamente. Pero quedará como veis en la siguiente imagen.

    delazarzuelita

    delazarzuelita
    Cambiador y neceser

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    Toalla de baño.

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    Dos conjuntos de ropa

    Pues ya veis, no he querido coger nada hasta ahora que quedan menos de tres meses, nunca lo hice pronto, no sé si es porque aún veo lejos el momento del parto. Pero es verdad que, tras tres varones, esto de renovar vestuario y textil hace ilusión. ¡Así que estoy como loca con las cosas nuevas!, ¿os gustan?

  • Running y embarazo: ¿hasta cuándo puedo correr estando embarazada?

    Running y embarazo: ¿hasta cuándo puedo correr estando embarazada?

    ¡Pues hasta aquí he llegado! Seis meses ya de embarazo y creo que es el momento de dejar de correr. Me encuentro bien, creo que podría seguir algunas semanas más y llegar al séptimo mes pero ahora nos vamos de vacaciones a sitios de calor durante 15 días y pienso que debo aprovechar este parón para dejar atrás esta etapa de running y embarazo. También el cuerpo me va dando señales:

    • La pierna de la variz: a este paso, mi variz se va a hacer famosa. Ha sido y es la razón por la que correr me ha costado; notar que en una pierna no va bien la circulación y que pesa en exceso es un lastre a la hora de practicar running. Al final, es como correr a medias y el cansancio se nota el doble.
    • Presión en la zona baja del vientre: esto no creo que sea por correr, sino porque me enfrento a un cuarto embarazo. Es decir, me pasa, por ejemplo, cuando voy a orinar, y eso es algo que no me pasó en los anteriores embarazos. Así que no se debe al correr pero cada semana que pasa, justo cuando corro, lo noto más.
    • Cansancio: creo que correr es uno de los deportes en que más músculos están implicados. Puedo seguir haciendo ejercicio hasta la semana del parto pero siento que ya no éste. Empecé el embarazo corriendo unos tres días a la semana en torno a 8-10 kilómetros en cada salida. Ya al terminar el cuarto mes, la media era de 7 kilómetros. Y cuando finalizaba el quinto mes de embarazo, corría 5-6 kilómetros. El peso se va notando.

    Esto es ya personal, sé de madres que estuvieron 7 y 8 meses corriendo y atletas que lo hicieron hasta el parto. Depende mucho de la forma física de la madre y, sobre todo, de cómo se encuentre cada una. Lo mejor, escuchar al cuerpo.

    Running y embarazo, ¿qué me ha aportado esta experiencia?

    Bueno, yo ya tenía claro que el embarazo me permitía hacer casi cualquier cosa, y desde luego, si algo he tenido siempre muy interiorizado es que la gestación es solo una etapa más en la vida de la mujer que, salvo complicaciones, no impide llevar una vida normal. Durante el tercer embarazo, pude comprobar lo bien que me vino hacer deporte hasta la misma semana del parto, me daba mucha energía y supe en mis propias carnes que deporte y embarazo no sólo son compatibles sino que son buenos aliados. Pero el aborto me hizo sentir miedo y ya os lo conté, dudé mucho si seguir o no corriendo. Gracias a Dios, lo hice y ahora puedo decir que esta experiencia me ha demostrado que cuando salen mal las cosas en el embarazo, no solemos tener culpa alguna nosotras. Así que, de alguna manera, me he quitado esa espina o peso que me dejó el aborto, no hice nada mal.

    Running y embarazo
    Foto de Ladrona de Momentos

    Correr durante el embarazo también me ha hecho ver que nuestro cuerpo está más que preparado para gestar y a la vez llevar una vida normal. No sé porqué, últimamente las gestaciones se tratan en muchos casos como patología. Y genial que así sea cuando hay riesgos y se requiera, pero en un embarazo sano, la vida debe seguir igual, siempre que no te dediques al paracaidismo 😉 Ya sabéis, sentido común.

    Y por otro lado, saber que el ejercicio tiene beneficios, no sólo para mí sino para mi bebé, pues me alegra, ¡qué queréis que os diga! ya que no he conseguido una rutina con la alimentación, saber que hacer deporte facilita el parto y que las hormonas segregadas tras la práctica de deporte traspasan la placenta durante la actividad física, favoreciendo el desarrollo del corazón del bebé, pues ya se queda una más tranquila. me ha venido bien para desconectar, para ver el mar, para entender cómo cambia el cuerpo…

    Running y embarazo, ¿qué siento ahora?

    Pues aunque no lo creáis, me da pena parar. Es la primera vez en mi vida que logro hacer de algo sano un hábito, es la primera vez que siento que necesito hacer deporte y que lo hago sin excusa alguna. Solo tres meses antes de quedarme embarazada corría una media maratón y la verdad es que, de alguna manera, sientes que todo ese trabajo se pierde un poco al parar. Bueno, realmente, ya se ha perdido bastante porque esta última semana, corrí unos 5 0 6 kilómetros en cada salida, cuando hace 6 meses salía y corría entre 10-13 kilómetros a una intensidad muchísimo más alta. Pero precisamente, una de las cosas que tuve que hacer al saber que estaba embarazada es bajar la intensidad y controlar las pulsaciones.

    Así que me da un poco de coraje parar, y más sabiendo que luego cuesta volver. Porque sé que va a ser casi como empezar de cero, y oye, con todo lo que había conseguido. A eso hay que sumar el bebé, claro, que no se nos olvide 😉 Me parece que sacaré del trastero el carrito de running cuando pueda volver a retomar el ejercicio tras el parto. Pero vamos, lo tengo clarísimo, salvo desastre, volveré en cuanto la matrona me dé permiso (y siempre que mi suelo pélvico lo permita) y espero que el último día del 2017, pueda estar corriendo mi primera carrera del año, la San Silvestre.

    Running y embarazo, ¿qué planes tengo para seguir en forma en el embarazo?

    Las que me seguís por Instagram, ya sabéis que hace un par de semanas empecé clases con Actimami, gimnasia para embarazadas. Mi plan es personalizado (podéis ver vídeos en mi cuenta de Instagram) en el que la idea es fortalecer el abdomen, la pelvis y la parte baja de la espalda de cara al parto. Bueno, y como Teresa sabe lo mucho que me gusta el baile, vamos combinando con un poco de zumba, que en el tercer embarazo me hizo sentir genial y además me divierte mucho. Quizás también incluya algo de Pilates más adelante, ya iré viendo. Y después de dar a luz y cuando la matrona me deje retomar, me iré a clases con la peque de hipopresivos, para fortalecer en suelo pélvico y así poder seguir corriendo.

    Bueno, pues esta es ahora la nueva situación de embarazada activa. Seguiré informando 😉

  • Operación pañal: no hay dos sin tres, ni una igual a otra

    Operación pañal: no hay dos sin tres, ni una igual a otra

    Tres veces he vivido la operación pañal y oye, ni una semejanza entre una y otra. Bueno sí, la época elegida: el verano. Porque los tres hermanos nacieron también en la misma temporada, en otoño. Empiezo contándoos que jamás he tenido prisa, ninguna. Nunca me planteé quitar el pañal a mis hijos antes de los dos años, pero es que no lo hice nunca antes de que tuvieran dos años y medio. Ellos no dieron señales de querer quitárselo en ningún momento así que esperé al verano previo a empezar el cole. Porque en ocasiones oí que a veces lo piden o dan señales, y oye, aquí si alguno se acercó a algo parecido a una pista que pudiera darme a entender que quizás estaba preparado para dar el paso fue Rafa. Y resultó ser la operación pañal más compleja.

    La del mayor fue relativamente fácil y rápida: duró una semana en la que los escapes fueron de más a menos. La del mediano fue larga y un poco engorrosa: casi un mes en los que parecía no haber muchos avances aunque ya a los quince días empezamos a ver la mejoría y luego ya llevó el orden aparentemente lógico, de más a menos.

    Tercera operación pañal, ¿y esto ahora?

    La operación pañal del tercero, la que ahora acabamos de vivir, ha resultado ser otra lección: una nunca acaba de aprender en esto de la maternidad. Antes de empezar, ya preferí pensar que iba a ser larga pero resultó ser una sorpresa en varios sentidos. Primero, porque cuando llevábamos tres días pensé que ya estaba culminada al haber un avance brutal del primer al tercer día: de no acertar ni una vez en el orinal o váter y hacer varios cambios de ropa el primer día a sólo tener un escape y ser él mismo el que pedía hacer sus cosas al tercer día.

    Yo estaba alucinada con semejante proceso. Pero no me preguntéis porqué, llegó el fin de semana, hicimos planes distintos, y Gabriel dejó de pedirlo y, cuando yo le ponía, decía que no. Y minutos después, se hacía el pipí encima. Como si no quisiera hacerlo fuera de su entorno. Así que efectivamente, no le valía cualquier sitio y, de hecho, fuera de casa o de la guardería, es donde puede tener algún escape y hay que estar muy pendiente porque él te dice siempre que no le apetece.

    operación pañal

    Operación pañal, consejos

    Todo lo que os voy a decir es basado en mis propias experiencias, consejos de expertos hay decenas en Internet, algunos pueden serviros, otros quizás no se ajusten a vuestras circunstancias. ¡Cada niño es un mundo!

    Sin pronósticos ni ideas preconcebidas: pues tras tres experiencias, cada una distinta a la otra, os diría que no empecéis con ninguna idea ni previsión de tiempo ni nada. Es un proceso que para unos niños es más fácil y para otros más lento, al igual que a la hora de empezar a hablar, a andar y muchos ostros aspectos. Mejor empezar sin pensar en cómo le fue a Fulanito o Menganito, o con la idea de que tiene que ser en un plazo determinado.

    Sin prisas: a mí, si me preguntáis, lo dejaría para cuando los niños tuviesen dos años y medio, y antes de dos años la verdad que no lo haría, salvo que vieseis indicios muy claros de que el niño no quiere pañal. Y por supuesto, sin poneros plazos.

    Sin riñas: aunque pasen los días y no veáis avances o mejoras, no desesperéis. Puesto que unos niños necesitan más tiempo que otros, de nada sirve meter presión, gritar o reñir.

    Pónselo fácil: en cuanto a la ropa y las situaciones. Muchas veces ya sabemos cuándo, por ejemplo, hacen sus necesidades mayores. Por la mañana, después del biberón, dejaba a Gabriel sin pañal y sin la parte de abajo del pijama y le dejaba el orinal cerca. A esas horas, después del desayuno, es problable que tengan ganas de hacer sus cositas.

    Que esté cómodo: esta es la lección aprendida en esta tercera operación pañal. No en todos los sitios se van a encontrar a gusto, vamos, como todos. Así que prueba si prefiere orinal, reductor, en casa..

    El pañal de la noche es otro cantar, depende de la hormona antidiurética, que en unos niños funciona antes y en otros después, y no puedes hacer nada más que esperar. En fin, como veis, tres operaciones pañales y cada una distinta a la otra; una con avances progresivos y rápidos, otra estable sin muchos avances al principio, otra que se intuía veloz con avances sorprendentes pero con regresión. Así que, si os toca, ánimo y no esperéis nada, que surja como tenga que surgir… ¿Qué tal os fue la experiencia?, ¿distintas entre hermanos?

  • ¿Niño o niña?, ¿se puede saber el sexo del bebé por los síntomas?

    ¿Niño o niña?, ¿se puede saber el sexo del bebé por los síntomas?

    Vamos con uno de esos temas sobre el que hay más mitos que ciencia pero que, desde luego, genera mucho interés en Internet, y cómo no, entre profesionales. Porque resulta que hoy en día ya no podemos ni esperar a que una ecografía nos diga si vamos a tener un niño o una niña, sino que ya hay estudios que se atreven a afirmar que los síntomas del embarazo pueden darnos pistas sobre el sexo del bebé que estamos esperando. Recuerdo que hace ya un tiempo compartí en Facebook una noticia que hacía referencia a un estudio que sostenía que los embarazos de niñas son peores que los embarazos de niños. Y no olvidaré que muchas coincidíais en que así era, y otras tantas decíais que no era cierto. Por entonces, no sabía lo que era estar esperando una niña (no creí que fuese a saberlo) y no tenía experiencia al respecto para comparar. Pero como ahora ya la tengo, creo que, por lo vivido, voy a tener que desmontar mitos.

    ¿Es peor el embarazo de una niña?

    Pues podría resumir este embarazo en comparación con los tres anteriores, todos de varones, respondiendo a esta pregunta con un NO rotundo. No me he encontrado ni mejor ni peor en ninguno en concreto. Puede ser que determinadas circunstancias hagan que estés un poco más cansada: el tipo de trabajo que tengas, el hecho de que sea el primero o ya tengas más hijos que no te dejan descansar, la edad… pero no, no puedo decir, ni mucho menos, que me haya encontrado peor en éste, como apuntan algunos mitos, e incluso estudios. Y vamos con la lista de síntomas que se suelen asociar a embarazos de niña:

    1. Naúseas y vómitos: pues sí, ése es uno de los síntomas en los que más embarazadas coinciden. Y desde luego yo, ni una sola vez. Ni en éste ni en los otros tres embarazos, siempre me he librado y, precisamente, una de las cosas por las que ni sospeché que podía esperar una niña fue precisamente porque me encontraba igual de bien que en los otros a pesar de todo lo que había escuchado. Así que no, yo no tuve náuseas ni vómitos ni con niños ni con niña.
    2. Granos y piel: Pues parece ser que cuando esperas una niña estás menos favorecida que cuando esperas un niño. Al menos, eso dicen las creencias populares. ya que en el embarazo de una niña se genera más carga hormonal, lo que hace que tengas más granos y estés menos guapa. Pues oye, en el primer trimestre, no me he librado de granos nunca, en ninguno de los cuatro. Mientras que pasada la semana 13-14, de cara me encuentro muy favorecida, oigan. Vamos, otra cosa más en la que tengo que desmentir las creencias populares.
    3. ¿Salado o dulce? Resulta que también las apetencias que tengas a la hora de comer durante el embarazo pueden predecir el sexo de tu bebé, según los mitos. Por lo visto, si te da por el dulce, será niña, y si te da por el salado, será niño. Oye, que a mí por el dulce me da siempre, toda la vida, embaraza y sin embarazar, de niño o de niña, es una cosa a la que me cuesta horrores decir que no y ya sabéis que en este embarazo he intentado controlarlo un poco, con cierto éxito al principio. Así que otra cosa más que no se cumple en mi caso.
    4. La barriga más redonda: pues parece ser que las barrigas redondas son de niña, mientras que si el vientre es puntiagudo, el bebé será un niño. Pues oye, ois vuelvo a poner la foto de mis barrigas en estos cuatro embarazos pero diría que son todas parecidas, la primera no es que fuese más redonda, es que yo estaba más redonda en general 😉 Pero no, yo no noto diferencias, ni en la forma ni en el tamaño, ni siquiera en eso que dicen también de que si es niña la tripa está más alta.

    síntomas niño niña embarazo

    ¿Niño o niña?, ¿qué ligeras diferencias he notado este embarazo?

    A ver, que igual es porque es el embarazo que estoy viviendo y me estoy fijando un poco más. También por aquello de que es la primera niña, que igual me engaño a mi misma pensando que hay cosas diferentes con respecto a los otros embarazos. Por tanto, sigue sin ser algo muy significativo, y mucho menos científico. No sé si tiene algo que ver con la carga hormonal por estar embarazada de una niña, no he encontrado ningún estudio que lo afirme, pero en mi caso, tengo la sensación de que el pecho ha aumentado un poco más (lo cual es estupendo para las que andamos escasas 😉 ), que en el primer trimestre había flujo abundante, tengo sueños con frecuencia y, por último, que me apetece más estar en pareja, ya me entendéis 😉

    Pero poquito más que apuntar al respecto, diría claramente que los síntomas que se presentan en un embarazo nada tienen que ver con el sexo del bebé que esperas. Rotundamente no. En mi caso, claro. Porque de todo habrá y seguro que más de una me lleváis la contraria. Lo que sí que parece que se puede hacer es concebir niño o niña, pero para eso hay que tener una puntería tremendo con la ovulación y no he logrado saber nunca cuándo me pasa por mi irregularidad.

  • Cremas para el embarazo: mi rutina

    Cremas para el embarazo: mi rutina

    Como os dije en un post la pasada semana, entre mi primer y cuarto embarazo hay un abismo en muchos aspectos. Y desde luego, uno de ellos es en el cuidado de la piel del cuerpo. De no usar nada entonces a usar varias cremas para el embarazo en este momento. Es cierto que, y siempre os soy muy sincera, no me salieron estrías entonces cuidándome poco ni ahora, cuidándome bastante en este sentido. Pero tampoco en la primera gestación me salió ninguna variz a pesar del peso que cogí y ahora tengo una de mucho cuidao, que me salió en el segundo embarazo y ha ido empeorando en cada uno que he sumado. Vamos, que siempre aposté por la teoría de que la genética es la que es y contra ella es difícil luchar. Pero vamos, si en este caso no me cuidase un poco la dichosa variz, creo que se pondría mucho más fea. Así que… mejor prevenir.

    Resumiendo, que las cremas no pueden hacer milagros contra la genética pero sí pueden mitigar un poco los efectos de las cosas. Y ya ni os cuento cuando expones al cuerpo a más contratiempos. Creo que es evidente que todos debemos usar protección solar pero mucho más el que trabaja al aire libre en ciertas condiciones. Así que más de lo mismo, cuatro embarazos no son poca cosa para un cuerpo. Os cuento un poco las cremas y aceites que estoy usando, son de marcas que ya había usado previamente, es decir, las conocía y obviamente, si repito, es por algo.

    Cremas para el embarazo: antiestrías e hidratantes

    En este apartado no sólo incluyo cremas sino también aceites. Y pongo juntas antiestrías e hidratantes porque al final, si hidratas bien la piel, también evitas las estrías. Son complementarias de alguna manera. Para el pecho, que en mi caso es la primera parte del cuerpo que aumenta de volumen ya que la tripa tarda bastante más y es algo más paulatino, uso el aceite de rosa de mosqueta puro de Eva Rogado, que es cosmética hecha en Gijón. Me tocó un botecito en un sorteo hace tres años, lo usé en en embarazo de Gabriel y me gustó mucho, queda la piel super hidratada pero no pegajosa. Para la barriga estoy usando aceite de almendras de Mi Rebotica, que también se absorbe genial y como me gustó tanto el champú, quería probar cosmética de la marca para el cuerpo. También para la barriga, voy alternando con el aceite, la crema antiestrías de Mamma Mio SkinCare, que es una línea dedicada únicamente a la maternidad y embarazo, es un pelín untuosa cuando la coges pero luego no cuesta nada extenderla. Huele muy bien y muchas me dijisteis en Instagram que la usabais y que era una maravilla, y la verdad que doy fe. Lo que me acaban de dar es la antiestrías de Mustela, que ya sabéis que ahora tiene línea de embarazo y postparto. Pero ya la probaré cuando se me acabe la que estoy usando ahora.

    cremas para el embarazo

    Cremas para el embarazo: anticelulíticas

    Pues mirad, he preguntado y leído sobre cremas anticelulíticas que se pueden usar en el embarazo y la mayoría no son compatibles porque llevan cafeína y otros compuestos que no son buenos. Os pregunté por Instagram y hay dos opciones, pero aún no sé si dar el paso de comprarlas. Por un lado el aceite seco de Weleda y, por otro, el aceite anticelulítico de Caudalie. Tengo dudas porque, durante el embarazo, la celulitis aumenta bastante por cuestiones hormonales, es decir, que es algo pasajero. No es como una estría, que si te sale, te queda. Objetivamente, si alguna vez en mi vida he notado una mejoría considerable en el aspecto de la celulitis, fue gracias al deporte. Sí, sigo corriendo pero, antes de quedarme embarazada estaba haciendo una media de 30 kilómetros semanales mientras que ahora hablamos de que corro la mitad y a un ritmo más bien de marcha, no tanto de carrera.

    Así que obviamente, esto más el embarazo, ha hecho que mi celulitis aflore con fuerza. Pero vamos, que yo he leído por ahí que es necesaria en esta fase de la vida de la mujer así que, ya si eso, cuando pase el postparto y retome con fuerza el ejercicio, me pongo con ella. Y sobre el tema de la variz me gustaría dedicar un post aparte, porque no solo puede ser una cuestión estética, es algo más que eso. A estas alturas, embarazada del cuarto, como que ya la estética en esta época no me agobia, ya volveré a tener mi cuerpo. Me cuido, sí, porque no es lo mismo tener 20 años que 30, ni un embarazo que cuatro pero sé perfectamente lo que hay. Y que todos los males sean estos.

  • Cuarto embarazo: Qué ha cambiado de una gestación a otra

    Cuarto embarazo: Qué ha cambiado de una gestación a otra

    Entre mi primer y cuarto embarazo hay un abismo en cuanto a… prácticamente todo. Para mí, hay varias cosas que probablemente han influido a la hora de haber decidido, o sencillamente no me ha quedado otra, que cambiar ciertas prácticas, hábitos o llamadlo como queráis. Al final, las circunstancias van cambiando y eso nos pide o nos fuerza a hacer ciertas transformaciones. Creo que nos sucede un poco a todas con respecto a la maternidad, el embarazo, la educación… Mi cuarto embarazo está siendo muy distinto al primero en muchos aspectos.

    La edad

    Vamos a ser sinceras, a los 20 años no hacíamos las mismas cosas que a los 27, ni a los 27 hacíamos lo mismo que a los 34 años. Una va tomando cierta conciencia o perspectiva de las cosas, el cuerpo puede aguantar ciertas cosas a una edad, y por eso te lo permites (aunque no porque las aguante mejor el cuerpo son buenas). Lo que pasa que eso lo vas sabiendo o viendo con el tiempo. Por poner un ejemplo, hace años no me protegía del sol, únicamente aquellos días en los que iba a pasar unas cuantas horas en la playa, sino…¿para qué? pensaba yo. Y así con muchas más cosas. No creo que un embarazo se viva igual a los 25 años que a los 35. Tengo unos embarazos super parecidos en muchos aspectos, pero es verdad que con el primero no temía nada porque era más joven.

    La experiencia

    Otra de las cosas que también me ha cambiado a la hora de vivir los embarazos es la propia experiencia, que hace que vayas intentando mejorar aquello que crees que no hiciste bien o no salió bien del todo. Por ejemplo, yo durante el primer embarazo no me cuidé nada, comí en exceso y no hice nada de ejercicio. La realidad es que acabé cogiendo un peso desmesurado en mi caso (no retengo líquidos y tengo barrigas pequeñas): 18 kilos. Y cuando llegué a mi casa después de dar a luz me encontré con 13 kilos de más en la báscula. Lo perdí, sí, sin hacer nada especial, y no pasa nada. Pero objetivamente, esa experiencia me hizo entender que no lo había hecho bien. Porque la realidad es que engordé 9 kilos en el segundo y los mismos en el tercero y la recuperación con cada uno que sumas cuesta más. Por eso, ahora, con el cuarto, no quiero comer de forma compulsiva (la excusa de comer por dos ya no me sirve), ni dejar de hacer deporte, que es un hábito saludable para cualquiera, embarazada o no. Asumo que el cuerpo me cambie y no sea igual, perfecto. Pero porque llevo un bebé dentro, no por descuidarme totalmente como hice la primera vez.

    Cuarto embarazo
    Semana 21-22 de los cuatro embarazos: Veo ciertas similitudes entre segundo y cuarta, ¿nacerá la niña el mismo día que Rafa? 😉 Como veis, con el peso me descuidé completamente en el primero.

    Los miedos

    La experiencia o inexperiencia también puede implicar miedos. A mí en general lo desconocido no me asusta y, aunque he vivido todos los embarazos con mucha tranquilidad y pachorra, es verdad que las experiencias vividas te marcan un poco. Por ejemplo, yo pasé un primer postparto muy malo, hablo de 5 días, pero estuve muy mal por los puntos de la episiotomía. Aquello hizo que me informara más sobre ese tema y que, en embarazos posteriores, decidiese hacerme el masaje perineal para evitar otro corte. Vale, no me pasé el embarazo pensando en ello, aún no pienso en el parto de la niña a estas alturas, pero obviamente, aquello que no salió bien, quieres evitarlo. Quizás no te planteas tampoco tener un aborto hasta que lo tienes, y eso luego también genera cierta ansiedad al principio, fue una cosa que ni me plantee en anteriores embarazos y en este sí. Hay mujeres que lo viven al revés, que tienen unos miedos enormes durante el embarazo por ser algo nuevo. Eso ya depende de cada persona.

    Lo que sí os puedo decir es que, en líneas generales, han cambiado muchas cosas del primer al cuarto embarazo. Ahora intento cuidarme y comer un poco más sano (aunque desde que empezó el verano estoy comiendo peor, todo sea dicho), utilizo cremas específicas para esta etapa, hago ejercicio, y estoy más pendiente de la variz que me sale para que mejore la circulación de la pierna; y por supuesto, me prepararé con el pasaje perineal para el parto (esto ya lo hice a partir del segundo). Lo que no ha cambiado, gracias a Dios, es que lo vivo con la misma ilusión y que lo estoy disfrutando tanto como el primero, el segundo y el tercero!!! ¿Notásteis cambios a la hora de vivir los distintos embarazos?

  • Looks de boda para embarazadas

    Looks de boda para embarazadas

    Hace ya un par de años que escasean las bodas en mi entorno. Hubo unos años en que te juntabas con más de cinco enlaces anuales y oye, ahora si hay uno al año, da gracias. Y yo encantada con una, bueno, y con dos también; me desquito con el baile un montón desde que soy madre 😉 Como os podéis imaginar, con cuatro gestaciones y dando a luz siempre después de verano, época muy de enlaces, he tenido que buscar unos cuantos looks de boda para embarazadas. Lo bueno es que hoy en día hay muchísimas opciones y no tienes que irte a ninguna marca o tienda en concreto. Y menos mal, porque reconozco que en general, la ropa que hacen de estilo premamá no acaba de encajar con mi estilo, la veo poco juvenil en la mayoría de los casos. Si sabéis alguna que tenga cosas chulas, soy todo oídos.

    Pero bueno, vamos al grano. Os enseño mi último estilismo de boda. No tuve que irme muy lejos, sólo al armario de mi madre para hacer algunas probaturas y volver a sacar un vestido ideal de Massimo Dutti de hace 10 años que ya usé en otras dos bodas. Bueno, y mi madre también. Le añadí una flor de mi abuela al pelo, que a saber los años que puede tener y lo que sí estrené fueron pendientes de Clara, by clara, que hace unas cosas preciosas. De bolso y zapatos, volví a tirar de fondo de armario. Y como llevaba un año y medio sin ir a la peluquería y no me iba a dar la vida para ir, me peinó mi amiga Marina Gómez el día anterior.

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    looks boda para embarazadas

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    Y de este look sale la primera idea para ir de boda embarazada: vestidos corte imperio, lo que viene siendo suelto por debajo del pecho. Todas las temporadas se ve alguno del estilo en muchas tiendas.

    looks de boda para embarazadas

    Luego está la opción de vestidos tipo túnica. Lo digo porque muchas dicen que se hinchan mucho y que necesitan algo muy holgadito. Tiene la ventaja de que obviamente no marcan nada y son comodísimos. Y da igual versión corta que larga, con unos buenos complementos, quedas divinamente. El que veis, es de Cortefiel y me salvó a mí dos o tres bodas, y lo mismo me hubiera dado estar de 6 meses, como estoy en la foto, que de 9.

    looks de boda para embarazada

    looks de boda para embarazadas

    Después tenemos la opción de los vestidos ajustados. A mí no me gusta especialmente, le veo pegas. Principalmente, que como la barriga va creciendo, o es un tejido que se ajusta, o si no, tienes que decidir dos o tres semanas antes, no puedes elegir con mucha antelación porque luego igual no te sirve. Luego está el inconveniente de la movilidad; si ya con barriga a veces no estás muy ágil, como te pongas en plan apretá, la cuenta. Yo los he usado en tres ocasiones, dos eran bodas informales, por eso los llevé cortos (el rosa de Zara y el negro y blanco del armario de mi abuela). Y la opción en largo (de la tienda King’s Road) la usé en la boda de mi prima, pero con la ventaja de que justo la parte de la barriga, la tela se ajusta. Estuve muy cómoda y tenía que estarlo porque a esa boda, a la ceremonia y cena, vinieron Alfonso y Rafa. Y de hecho, ninguno de los tres vestidos es de embarazada.

    Looks de boda para embarazadas

    looks boda embarazada

    Bueno, pues ahí os dejo estas tres ideas o vestidos para inspirarse si estáis embarazadas y tenéis evento, yo la verdad que no me complico nada, si hay algo que me da pereza es probar ropa ¿os ha resultado fácil encontrar ropa durante el embarazo si habéis tenido que ir elegantes?

  • Nombres de niña: nuestras opciones

    Nombres de niña: nuestras opciones

    He aquí un tema por el me preguntáis a menudo: el nombre o posibles nombres de niña que viene en camino. A estas alturas, sobra decir que somos clásicos; sí, nuestras opciones pasan por nombres de toda la vida pero que se siguen usando, porque obviamente hay nombres que son de siempre en nuestro país y que han dejado de utilizarse, ya nos suenan un poco anticuados… El nombre de Alfonso lo elegí yo, no tanto porque me gustase (de niño me gustan más otros muchos) pero lo escogí por ser menos frecuente, sonoro e histórico, y bueno, porque es el de uno de mis hermanos, con el que siempre conecté especialmente. Y fijaos, me gustan más Miguel y Juan, los nombres de mis otros hermanos. Y si hubiera sabido que iba a tener tres varones, creo que me hubiera ido al de Miguel, aunque claro, cuando tuve el primero tampoco sabía qué nombres iba a poner a mis otros hijos 😉

    El de Rafa lo eligió maridín. Os confieso que con este nombre me pasa una cosa. No me gusta Rafael, me recuerda al cantante, jajaja… pero me gusta Rafa, que me recuerda a Nadal. Sí, no sé porqué hay nombres que a lo mejor no me emocionan pero que su diminutivo suena bien. Y éste es uno de esos casos. Y finalmente, el de Gabriel lo elegí yo, porque su padre vio que tanto varón tenía que tener recompensa. Sé que es un nombre difícil de pronunciar pero a día de hoy, es mi favorito de los tres. Me gusta, es de siempre pero no hay muchos niños ni adultos que se llamen así y oye, sin saberlo, siempre me pegó para un niño rubio y di en el clavo 😉  Pero confieso que la cosa también estuvo muy cerca de nombres como Jaime. Y en mi lista de nombres de niño, no descartaba Álvaro, Juan, Miguel, Rodrigo… Vamos, muy clásicos todos.

    nombres de niña

    Nombres de niña: los más puestos desde el año 2000

    Pues fijaos, aunque ahora se hayan puesto de moda nombres más curiosos o importados, desde el año 2000, el nombre favorito durante estos años para niña es María. Os pongo aquí la lista de los más puesto desde entonces y veréis que son cortos, sencillos y de siempre, lo cual me encanta. De hecho, casi todos los nombres de la lista me gustan:

    1. María
    2. Lucía
    3. Paula
    4. Laura
    5. Andrea
    6. Marta
    7. Alba
    8. Sara
    9. Ana
    10. Nerea

    Nombres de niña: nuestras opciones

    Y aunque de la lista anterior, bien podríamos poner a nuestra hija nombres como María, Ana o Lucía, nuestras opciones ahora mismo son dos:

    Carmen o Alicia

    La primera obviamente es la que yo quiero, es un nombre de siempre, corto, que suena bien de niña y de adulta, y me parece muy de aquí. Además, es tradición en mi familia: mi madre, mis abuelas, mi bisabuela… Sé que hay mucha gente a la que justo eso le echa para atrás pero a mí me gusta. Además, puesto que llevará el apellido de su padre primero, no será Carmen Osorio. En mi bando tengo como apoyos a Alfonso y a Rafa.

    El nombre de Alicia es cosa de maridín. He de decir que también me gusta y, no sólo eso, sino que también en mi familia es tradición, la hermana de mi madre, la de mi abuela y la de mi bisabuela… Ya es casualidad también que el nombre que quiere mi marido sea muy de mi familia también. Lo bueno de Alicia es que también es corto, de siempre y hay menos que Cármenes, y eso me gusta. En este bando tenemos a Gabriel que, con dos años y medio, no da sus razones pero al cual le dices Carmen o Alicia y lo tiene claro. Yo me parto.

    Vamos, estas son a día de hoy nuestras opciones pero, como ya ocurrió con Gabriel, que hasta el último mes no estaba claro si era ése o Jaime, puede que lleguemos al final del embarazo como estamos ahora. Como es obvio, no espero que los nombres gusten a todo el mundo pero, ¿con cuál os quedáis?, ¿qué nombres de niña os gustan

  • ¿Niño o niña? Nuestro bebé es…

    ¿Niño o niña? Nuestro bebé es…

    En todos los embarazos me han dicho el sexo del bebé en la semana 12. Sí, en los cuatro. Y han acertado, siempre. Se ve que mis hijos son exhibicionistas 😉 El primero fue un «parece niño»; el segundo fue un «es un niño» y el tercero fue un «apesta a guaje» (muy asturiano y gráfico el ginecólogo 😉 ). Ya cuando supe que Rafa era varón, tuve claro que sería madre sólo de varones; tan claro que, cuando me dijeron que Gabriel también era niño, sencillamente me eché a reír. Nunca jamás me disgusté al saber el sexo de mis hijos, creo que sería injusto y además, no creo que sea motivo de disgusto. Con saber que todo iba bien, tan feliz.

    Queríamos tener un cuarto hijo (sobre todo yo, para qué os voy a engañar) y además tenía claro que sería varón; en mis planes, como ya os digo, ya no entraba una fémina. Deseaba un hijo, no una niña o un niño. Obviamente, puedes tener preferencias, es lógico que si tienes ya un hijo de un sexo, te suela apetecer tener otro hijo del contrario. Y ya cuando tienes el universo masculino dominado con tres varones, lógicamente apetece una niña. Pero ni por asomo ya contaba con ella.

    niño o niña

     

    Pero sí, ya está en camino, NUESTRA PRIMERA HIJA. Me suena hasta raro.

    Cómo reaccioné

    Muchas os preguntaréis porqué lo cuento ahora si ya lo sabía desde hace dos meses. Pues básicamente porque no las tenía todas conmigo. Vamos por partes. Ecografía de la semana 12. Nos atiende Javier Arenas, jefe de Obstetricia del Hospital de Cabueñes, que se encarga siempre de realizar las ecos de esa semana. Antes de nada, tengo que decir que, por lo menos en Gijón, los mejores ginecólogos están en el hospital público, aunque también tengan consulta privada. Dicho esto, siempre que voy a una ecografía comento que tengo dos familiares directos con una pequeña malformación de nacimiento en la boca y que es hereditaria. Ya en la semana 12, Arenas se esmera tanto, que fue capaz de decirme, una vez más, que todo está bien. Después, tras hablar un rato y saber que nos gustaría conocer el sexo del bebé, si se deja ver, nos suelta: es una niña. Sí, no dice parece, o diría… no, no, dice que es una niña.

    Me quedo sin reaccionar, ni río, ni lloro, ni grito, ni me emociono… Pensaréis «con lo que tú eres, qué seca». Yo iba convencida de que era un niño, yo tenía ya el título de feliz madre de chicos, tenía ya en mente un Jaime o Álvaro, yo me veía sacando otra vez más toda la ropa para reutilizarla por cuarta vez… Y fue como una especie de «eh, que ya tenía mis planes con otro niño»A los pocos segundos pregunté: ¿va en serio? Y asintió. La chica que estaba con él, imagino que MIR, reía. Yo flipaba. Maridín también se reía y bromeaba con el ginecólogo. Y un minuto después, me emocioné. Salí de allí con maridín alucinada, mandando audios a mis amigas por whatsapp, a mi cuñada, llamando a mis padres… Me vine arriba.

    Pensaba contarlo entonces pero de repente dije: vale, este señor rara vez se equivoca pero… ¿y si lo hace en esta ocasión? Así que, aún estando convencida al principio de que estaba claro, según pasaban las semanas, me entraban dudas. A los niños ya les dijimos entonces que iban a tener una hermanita pero, según se acercaba la fecha de la ecografía de la semana 20, yo les dejé caer que teníamos que esperar para estar seguros. Aún así, Rafa ya se encargó de contar a todo el colegio lo de la hermana. Lógico.

    Así que básicamente no lo conté hasta ahora porque me parecía precipitado hacerlo con la ecografía de la semana 12, que puede dar lugar a confusiones. Y además, conoceréis algún caso cercano. Este viernes, por fin nos confirmaban lo que parecía: llega la primera niña a la familia, lo cual nos emociona. Nos hace ilusión cambiar un poco de tercio, que luego será futbolera o lo que le dé la gana, pero por los menos, los dos primeros años, me voy a quedar a gusto con los vestiditos 😉

    La historia del chupete rosa

    Sé que este es un post alegre, lo es, creedme. Pero no podía pasar por alto esta historia. No sé cuántas recordáis el post en el que conté mi experiencia tras sufrir un aborto en diciembre… No sé si alguna reparó en un párrafo que dice:

    «Recuerdo que ese día teníamos tutoría con la profesora de Alfonso y, cuando iba caminando al cole, me encontré un chupete rosa en la calle, tirado en el suelo. Por unos segundos pensé que era una señal. Pero no, son esas casualidades cabronas de la vida.»

    ¿Cuántas veces en vuestra vida os habéis encontrado un chupete tirado en la calle?, ¿ninguna, dos o tres? Pues yo me lo encontré aquel maldito día y me pareció una broma macabra, cómo narices podía encontrarme un p… chupete en la calle el mismo día que estaba perdiendo un bebé. Justo después de salir del hospital. En serio, me pareció tremendo. Ahora sé que quizás no era sólo una casualidad, y efectivamente era una señal de que aquello pasó porque tenía que pasar y porque venía algo mejor. No lo sé, pero está claro que es fuerte y ahora encuentro que hubo algo extraordinario en aquello.

    En fin, gracias por tanto cariño todo este tiempo. Ahora ya podré hablar del mundo infantil femenino. Muy feliz.

  • Deporte en el embarazo y sus beneficios, ¡no es una cuestión de peso!

    Deporte en el embarazo y sus beneficios, ¡no es una cuestión de peso!

    Es habitual que la gente piense que el hecho de seguir haciendo deporte en el embarazo es una cuestión sólo relacionada con evitar coger mucho peso durante la gestación. Sí que es cierto que es uno de los beneficios que muchos especialistas apuntan como favorable para seguir moviéndose porque, como sabéis, es tan malo coger muchos kilos en el embarazo como coger pocos. Puntualizo aquí que no hay un peso óptimo que haya que ganar durante la gestación, depende de cada mujer. Yo misma engordé 18 kilos en mi primer embarazo y la mitad en los otros dos. En mi caso, dado que tengo barrigas pequeñas y no retengo líquidos, 18 kilos es un exceso pero no lo es en otros casos que he conocido. Y en mi caso, pude comprobar que no por engordar más kilos, el bebé pesa más o está más sano. Y para muestra, un botón. Alfonso nació con 3,500 gramos y Rafa con casi 3,900 gramos. Con uno engordé 18 kilos y con otro 9, ¿cómo os quedáis?

    Deporte en el embarazo, ¡no lo hago por los kilos!

    Pues no, como comprenderéis, después de un aborto al que culpé de alguna manera en aquel momento por seguir corriendo, una no sigue haciendo deporte si realmente no está convencida de que eso le va aportar muchas cosas buenas, más allá de engordar o no engordar, que madre mía, una cosa es cuidarse y no querer pasarse con los kilos, y otra es que sea tu máxima en un embarazo ¡en otras cosas tengo yo que pensar! Para eso, comería algo menos, qué queréis que os diga. Es más, puesto que con el embarazo hay que tener algunas precauciones a la hora de ejercitarse, ya os adelanto una cosa: estoy cogiendo el mismo peso que en los embarazos anteriores, en los que no hacía deporte con frecuencia ni era un hábito en mi vida.

    Corro por pulsaciones y he bajado tanto la intensidad que ¡no sudo! Y como con el deporte había aumentado la cantidad de comida que ingería y la sigo manteniendo (disminuirla ahora que tengo un ser dentro es tontería 😉 ), haciendo deporte estoy cogiendo el mismo peso de los dos embarazos anteriores. ¿Por qué sigo corriendo? Porque me gusta, porque he conseguido un hábito saludable que jamás pensé que iba a adquirir, porque es bueno para el feto, para tener un buen parto…

    Beneficios del deporte en el embarazo

    Pues yo os puedo hablar de mis sensaciones, de que me hace sentir bien pero lo justo es que aquí resuma un poco información avalada por estudios, por médicos y especialistas, que son quienes ven estas cosas y saben qué relación hay entre unas cuestiones y otras. Aseguran que la práctica de ejercicio físico mejora la condición cardiovascular y muscular, eso es obvio en cualquier persona, pero en una embarazada es especialmente bueno porque favorece la corrección postural y evita coger mucho peso. Esto, a su vez, permite enfrentarse al trabajo de parto con menos riesgos.

    Si alguna vez habéis hecho deporte, bien sabréis que uno va al baño a hacer sus necesidades de forma mucho más regular porque hacer ejercicio disminuye el estreñimiento, lo cual en una embarazada es especialmente bueno. Me ha llamado mucho la atención que el deporte en el embarazo protege frente a la diabetes gestacional, pudiendo disminuir o incluso suprimir el uso de insulina. Y por supuesto me parece super llamativo que reduzca el número de cesáreas. Por lo visto, hacer actividades aeróbicas regularmente puede incluso acortar la duración del parto y facilitar el nacimiento del bebé.Y ojo, que ya hay estudios que han relacionado el deporte en el embarazo con beneficios para el feto, ya que fortalece su corazón. Parece ser que hormonas segregadas tras la práctica de deporte traspasarían la placenta durante la actividad física, favoreciendo el desarrollo del corazón del bebé, ¿no es increíble?

    deporte en el embarazo

    Como veis, ¡muchas ventajas! Yo, por el momento, continúo corriendo. Estoy ya en la semana 20 y me encuentro bien. Sigo corriendo a una intensidad baja, tres días a las semana, en torno a 7 kilómetros en cada salida. No sé hasta cuándo seguiré, imagino que cuando nos vayamos de vacaciones a sitios de calor, lo dejaré. Con temperaturas altas, la variz que me sale en los embarazos me da un poco de guerra y la pierna se me cansa muchísimo, es como si pesara más. Y ya después, una vez que haya dejado de correr, buscaré otras alternativas para seguir haciendo deporte. ¿Hicisteis deporte durante el embarazo?

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