por nosoyunadramamama | Mar 4, 2016 | crianza, educación, Maternidad y embarazo, niños, preadolescencia, Sin categoría, Uncategorized
Que dicen que la preadolescencia es una etapa que se da en torno a los 9 años (yo aún los veo muy lejanos en esta casa) y resulta que mi querido hijo mayor, de 5 tiernos años, lleva una temporadita de ésas que te recuerda a un imberbe a punto de salirle granos. No es que esté insoportable, ni mucho menos, pobrecillo. Digamos, más bien, que está un poco reivindicativo, o pelín cargante, como con ganas de follón y alboroto. Sí señoras, mi ejemplar vástago, ése que no tuvo una rabieta hasta los casi tres años, ahora atraviesa por una crisis de «voy a tocar las narices un poco». ¿Cómo? Venga, que es guay imitar a mami cuando dice algo o te pide que obedezcas… Ummmm, yo tengo que respirar hondo porque la tercera vez que repite lo que yo he dicho me apetece entregarlo en adopción 😉 Y ya para qué hablar de los besos, está en modo «no me agobies con tanto cariño».

Por supuesto, mola mucho recurrir al «caca, culo, pedo, pis» y demás palabras relacionadas con lo escatológico. Y aún es más flipante poner como motos a tus hermanos pequeños, bien sea picando un poquito al mediano intentando llevarle la contraria o quitándole algo al pequeño, al que ya trata de «tú a tú» pero no penséis que el pequeñajo se amedrenta lo más mínimo… Por supuesto, mola protestar, así, sin mucha razón. «¿Qué hay para merendar?» (como si no lo supiera), me pregunta. «Pues manzana», le digo. Y venga, a indignarse porque estamos en fase de que hay que quejarse. Eso sí, luego no deja ni rastro de manzana, ni migas de bocadillo y aún pide más merienda.
Por supuesto, lo que no mola es hablar de niñas, esto ya le pasa desde hace tiempo. El otro día coincidió en el parque con una compañera y se lo pasó genial. Luego le dije: «vaya bien que te lo pasaste con Menganita». Y me puso cara de «va, tía, qué estás diciendo», porque otra cosa no, pero a expresivo no le gana nadie, para bien y para mal. Eso sí, esta etapa la estamos sufriendo en casa, porque hace poco tuvimos de tutoría con el profe y lo puso en un pedestal a todos los niveles, vamos, que el niños es casi perfecto. Tócate la gaita. Menos mal que cuando uno de los hermanos está en crisis, el otro está como la seda; no falla, es como si se quisieran ceder protagonismo para sus quejas particulares. Y suerte que es una nueva fase que se le pasará en unas semanas y que luego es un bendito. ¿Qué? ¿algún preadolescente más por ahí?
por nosoyunadramamama | Mar 1, 2016 | crianza, educación, Maternidad y embarazo, Sin categoría, Uncategorized
No hay día que no haya polémica en las redes sociales; con lo que a mí me gustan para debatir, indagar, contar experiencias, preguntar o sencillamente, entretenerme… Oye, que el viernes pasado colgué una foto de un biberón que a Gabriel le ha encantado y mientras algunas mamis se interesaban por el tamaño de la tetina por el tema de los cereales, alguien hizo un comentario poco afortunado incluyendo la frase «cebar a vuestros hijos» por darles ese alimento a nuestros churumbeles. Sin saber ni qué tipo de cereales ni si era una recomendación del pediatra, sin saber nada. Más allá de si tiene o no razón, que es absurdo al ser la dieta un cómputo de hábitos alimenticios, el comentario resultó un poco molesto por la connotación de la palabra cebar.
Yo no acostumbro a ir por la calle y decirle nada a ninguna madre que esté dando galletas o gusanitos a sus hijos. Uno, porque no me incumbe y dos, porque no sé la razón por la que se los da, no sé lo que han comido el resto del día, no sé nada de esa familia. Es probable que ni me fije en lo que meriendan el resto de niños. Una cosa es que vea a una amiga que da gominolas a los niños a diario y ni un trozo de fruta y, como amiga y por tener confianza, le puedo comentar de forma cariñosa que pruebe a darles otra cosa para merendar pero a alguien que veo de vez en cuando en el parque, ni se me ocurre. Conste que la chica en Instagram luego se disculpó y por mi parte, no hay más historia. No es la primera que me ocurre; esto pasa mucho en las redes e Internet.

De hecho, en vivo y en directo sólo he tenido un percance sobre la crianza de mis hijos. Hace tres años, viví una situación de ésas que te dejan sin palabras. Una no espera que, entablando una conversación con una conocida, intervenga una completa extraña para meterse contigo y con tu interlocutora. Rafa era un bebé de unos cinco meses y yo hablaba en una tienda de electrodomésticos con la señora que la regenta, donde por cierto iba a comprar una batidora. Como es lógico, al ser conocida, nuestro tema de conversación era el peque. Cuando empezamos a charlar sobre la lactancia, entró una señora de unos 70 años en el establecimiento. La dependienta, al contarle que ya sólo le daba biberón porque me había dolido mucho dar el pecho (tampoco entonces habían dado con mi problema), ella me contó que le tuvieron que operar por una mastitis.
En ese momento, la completa desconocida nos espetó: «No valéis para nada, yo le di el pecho a mi hijo hasta los 18 meses sin problema». Ojito, que la frase es literal, sin adornos. Nos quedamos tan bloqueadas que no supimos qué decir. Y me imagino que, como nosotras, cualquiera se hubiese quedado con cara de póquer. Como comprenderéis, me trae sin cuidado lo que opine la gente que no conozco, lo que no me gusta es la mala educación.. Con esta historia, reflexiono y me doy cuenta de ésto que me ocurrió a mí, que tan raro y tan mal nos parece, es algo que se hace de continuo en redes sociales e Internet y se acepta con normalidad.

¿Qué demonios nos hace pensar que podemos decir a alguien lo que nos parece bien o mal sobre la crianza de sus hijos?, ¿por qué entonces la gente se lanzó a la yugular de Beckham cuando su hija de 4 años apareció con chupete?, ¿por qué Coco Rocha tuvo que dar explicaciones sobre el hecho de que su bebé tomara leche de fórmula? Tengo la sensación de que en Internet y en las redes la gente dice todo lo que le apetece, todo aquello que jamás se atrevería a decir a la cara porque obviamente, no le incumbe y no se atreve. En esto de la maternidad, uno puede contar su experiencia, lo bien o mal que le ha ido con un producto, con un alimento, con lo que quiera, pero ojo con cuestionar cómo cría cada madre a su hijo. La última lapidación en Internet la ha sufrido Charlize Theron, a la que un medio calificó de mamá monstruo y en las redes sociales, la gente se encargó del resto.

Perdonad, a mí la reacción de una madre forcejeando con un niño me parece lo normal cuando tu hijo tiene una rabieta al lado de la carretera. ¿Será mejor dejarlo que se vaya corriendo y que le atropellen? En fin, que como no sabemos las circunstancias de cada familia, lo mejor es ser discretos. Detrás de cada biberón, de cada lactancia, de cada cereal o galleta, hay una madre que se ha informado, que también habrá tenido sus errores, que habrá llorado y que sólo busca tener un bebé feliz que se convierta en un adulto feliz. Nada más.
por nosoyunadramamama | Feb 4, 2016 | crianza, educación, Maternidad y embarazo, Sin categoría, Uncategorized
Has llegado tarde a recoger a los niños, se te ha olvidado que hoy el pequeño iba en chándal al colegio y le has puesto el uniforme, no le has prestado atención cuando te contaba algo sobre el recreo, te has puesto nerviosa y has pegado un grito cuando se han puesto a jugar a lo bruto y han tirado un marco de fotos… Prisas, trabajo, comprar algo para la cena. Demasiadas cosas. Y cada día te levantas y te dices: lo voy a hacer mejor que ayer. Y al final de la jornada te das cuenta de que no eres perfecta. Pero, ¿qué demonios es la perfección?, ¿estar siempre sonriendo pase lo que pase?, ¿no alterarse nunca?, ¿no llorar?, ¿mantener siempre la calma?
Y después de intentar averiguar cómo ser perfecta, te preguntas ¿realmente es posible? Porque ves que Fulanita tiene mucha paciencia y Menganita siempre se acuerda de todo. Pero seguramente no te fijas o no reparas en que tienen otros «defectos». No, no es posible ser perfecta. Tus hijos son lo primero pero no lo único; tienes trabajo, amigos, familia y un sinfín de cosas que hacer cada día para que todo funcione y cada jornada es como una pequeña maratón. La vida es así, no podemos hacer ni tener todo lo que nos gustaría. Tú no puedes ser perfecta porque la perfección no existe. Tú tienes que ser tu mejor versión, dejar que salga lo más especial de ti. Y para reír mucho, a veces hay que llorar. Para subir, a veces hay que bajar. Para disfrutar, a veces hay que sufrir.

Pero es que además, tus hijos no necesitan una madre perfecta. ¿Qué sería de la vida si siempre estuvieras en una nube?, ¿si ellos no supieran que hay días grises?, ¿si no vieran que los adultos también lloran? Los niños tienen que saber que la vida va de emociones, y también de errores. Y si un día gritas, les pides perdón y les cuentas lo que te molesta. Si un día se te olvida algo importante, hablas con ellos y propones comprar una pizarra donde apuntar las cosas. Y les dices que a ti también se te olvidan muchas cosas, y que no eres perfecta. Porque no lo eres, ni lo serás. Pero siempre serás la mejor madre, nadie les conoce mejor que tú y nadie hará lo que tú haces por ellos. Pide perdón, intenta mejorar en lo que sepas que realmente necesitas mejorar. Pero no te empeñes en ser perfecta. Las madres perfectas no existen. Lo dice una imperfecta.
por nosoyunadramamama | Ene 18, 2016 | crianza, educación, hermano, Maternidad y embarazo, Sin categoría, Uncategorized
Creo, y lo digo con sinceridad, que podría incluir varias cosas en la lista de aspectos negativos que trae la maternidad. Porque no nos engañemos, ser madre no es un camino de rosas y hay que hablar de ello con naturalidad aunque intentando siempre dar la justa importancia a las cosas, vamos, sin ponernos a llorar. Todas sabemos que las cosas buenas compensan todo lo malo. El caso es que me da la sensación de que siempre nos referimos a las mismas situaciones cuando pensamos en las peores cosas de ser madres: los embarazos con problemas, los partos y postpartos dolorosos, las lactancias «fracasadas», el cansancio, menos tiempo para nosotras, las carreras del trabajo a casa y viceversa. Y ojo, que todo ello es difícil y creo que es necesario tratar estos temas y darles visibilidad, eso sí, sin perspectivas catastrofistas, a poder ser.
Para mí, en ese sentido, los dos momentos más duros como madre fueron el postparto del mayor y las rabietas del mediano poco antes de cumplir dos años y estando al final del embarazo del pequeño, sin olvidar algún que otro verano al borde del colapso 😉 Pero lo cierto es que, me paro a pensar y esas crisis que tuve son cosas que ocurrieron durante espacios cortos de tiempo. Y ahora me doy cuenta de que, desde hace ya mucho, me enfrento a un problema que a veces me hace perder los nervios y que, lejos de mejorar, creo que lo lógico es que vaya a más en los próximos años.
Hablo de los conflictos entre hermanos. En esta casa, no hemos pasado por los celos pero creo que ése sería el primer gran problema que puede surgir en una casa con varios niños. Pero yo hoy voy más allá y hablo de las peleas entre hermanos; y no me refiero solo a cuando se empujan o se dan algún que otro mamporro, sino a las disputas por tener y querer siempre las mismas cosas. Esto empezó a ocurrir en nuestra casa cuando Rafa comenzó a caminar con 13 meses; Alfonso acababa de cumplir tres años así que estaba en una edad en la que no entendía muy bien porqué su hermano le «molestaba». Aún así, lo llevó bastante bien. De hecho, los mayores se acostumbran a esa situación. Cuando los hermanos pequeños tienen menos de dos años y no son capaces de razonar muchas cosas, a los mayores les toca ceder. Pero, ¿hasta dónde? Buena pregunta, yo no lo sé y es ahí dónde a veces descubro que no sé ser jueza. Porque ése es el papel más difícil de ser madre: ser justa en función de las necesidades de cada hijo sin que ninguno sienta que queda de lado. Tela marinera.

Aquí están jugando. Eso sí, a lo bruto. Gabriel tiene el cielo ganado, es que no se queja por nada!
Los hermanos pequeños tienen el gran problema de que quieren hacer, tener, comer, tocar el botón del ascensor, entrar en casa y, si se tercia, hacer sus necesidades cuando lo hacen los hermanos mayores. Yo ya he visto a Ricitos de Oro enfadarse por querer utilizar el mismo váter que Alfonso cuando su hermano está en plena «evacuación». Y es muy frustrante. Ah, excepto cuando haces un viaje en coche, que entonces uno quiere ver Cars y el otro Buscando a Nemo y acabas poniéndoles Dumbo por no generar problemas. Pero bueno, esto se queda en mera anécdota comparado con el tema juguetes o objetos de entretenimiento porque ahí llega la guerra de verdad. «Alfonso, déjaselo un rato», digo. Y todo por no oír protestar al mediano, que lo hace de una forma muy irritante, es decir, llorando. Porque esa «táctica» les ha funcionado muy bien desde bebés; es lo que tiene nacer y ya tener «competencia», tiene cierta lógica. Mientras, el mayor suda la gota gorda pensando en deshacerse de su amado objeto. Por ponerle humor, tipo Gollum en El Señor de los Anillos. Y ya sabéis, a partir de ese momento: «es que lo tenía yo primero», «es que es mío», «es que antes me pegó», «es que lo quiero yo» y un sinfín de frases del estilo.
El caso es que, cuando me paro a reflexionar sobre esto, me doy cuenta de que esto va para largo y seguramente irá a más, por mucho que se quieran, se necesiten y se defiendan a muerte frente a los demás. Y esperad, que a Gabriel le quedan dos telediarios para entrar en el meollo así que… continuará. ¿Veis?, ¿a qué ahora lo del parto no os parece tan horrible? 😉 ¿Cómo lleváis vosotras este tema de las broncas entre hermanos?
por nosoyunadramamama | Nov 26, 2015 | educación, Maternidad y embarazo, Uncategorized
¡Soy un desastre! Apenas leo libros, salvo infantiles, desde que escribo este blog. Lo sé, debería buscar huecos ya pero, durante la noche, cuando los niños duermen, es el momento en que yo puedo dedicarme a escribir mis posts, a contestar vuestros comentarios, a leer otros blogs, a buscar información… Eso sí, tampoco hojeo las revistas que se me van acumulando ni enciendo la televisión, la última serie que vi fue «El tiempo costuras»… ¡con eso lo digo todo! Total, que me estoy liando para contaros que las dos últimas semanas hice un esfuerzo y me empapé del libro «El cerebro del niño explicado a los padres», del doctor Álvaro Bilbao.
Aunque podría hacer varios posts sobre el tema, porque da para mucho y el libro ayuda muchísimo a ponernos en el lugar de nuestros hijos, me voy a detener en los aspectos que más llamaron mi atención.
1. Por lo menos, el 50% de la inteligencia de nuestros hijos viene determinada por sus genes. Es decir, hay ciertos rasgos que son los que son. Pero, sin el apoyo de padres y maestros que les guíen y les ayuden a satisfacer sus necesidades dentro de los límites que establece el respeto a los demás, el niño está perdido.
2. La estimulación temprana no tiene impacto alguno en la inteligencia de niños sanos; lo único demostrado es que en los primeros años de vida, el niño tiene mayor capacidad de desarrollar el oído absoluto. Es decir, es más útil que tus hijos vean las pelis o dibujos en versión original que el que vaya a clases de inglés. Pero vamos, que no esperéis que por apuntarles y enseñarles mil cosas, van a aprenderlas todas.
3. Ser padre o madre es más que una responsabilidad, es un privilegio. Si sueles agobiarte por la responsabilidad del cuidado de tus hijos, intenta dirigir tu atención hacia algo positivo. Pasar una noche en vela porque el niño no se encuentra bien o le están saliendo los dientes significa estar a su lado cuando lo está pasando mal. Yo soy muy optimista con esto de la maternidad así que no suele pasarme lo de agobiarme.
4. El suelo de tu casa es la plataforma más privilegiada desde la que observar y participar en el desarrollo cerebral del niño. Así que ya sabes. Siempre he dicho que ponernos a su altura nos ayudará a entenderles y a que ellos nos comprendan mejor.

Lo mejor de ponerme a su altura son los «ataques» que recibo 😉
Ahora me voy a detener en una idea fundamental que traslada el libro, así que comienzo con una metáfora que ayuda mucho a entender cómo funciona la cabeza de un niño. Digamos que tenemos tres cerebros en uno:
1. Cerebro reptiliano: el más primitivo, el que nos permite luchar por nuestra supervivencia. Hasta el año de vida, los padres debemos interaccionar con esta parte del cerebro del niño. No sirve de nada razonar con un bebé, lo único que quiere es que se satisfagan sus necesidades cuando tiene hambre, sueño o frío.
2. Cerebro emocional: Es una parte del cerebro que se activa para evitar sensaciones desagradables y peligros o amenazas, y para buscar buscar emociones agradables. A partir del primer año de vida, la parte emocional convive con la reptiliana así que hay que buscar estrategias para ser capaces de ayudarle a conseguir lo que quiere, a conformarse con lo que no puede tener, a empatizar….
3. Cerebro racional: Es el que distingue al resto de los animales de los seres humanos, que nos permite tener consciencia de nosotros mismos, de razonar, tomar decisiones basadas en la lógica…Es a partir del tercer año cuando esta parte del cerebro cobra importancia en la vida de los niños y es capaz de controlar sus instintos más básicos aunque aún cuando esté cansado o hambriento, por ejemplo, su cerebro primitivo puede guiar su comportamiento.
Sobre las recompensas
Todos hemos caído alguna vez en eso de si te comes toda la fruta, te doy galletas después. A ver, que tampoco es nada extraño que les hagamos saber a los niños que lo mejor es que coman primero lo más sano, y así estarán más llenos para comer otras cosas que les apetezcan más. Pero claro, las recompensas materiales llega un momento en que no son efectivas. Si cuando hace las cosas bien, le compras algo, entenderá que tener cosas es algo valioso en la vida. Es más recomendable estimular a nuestros hijos con una recompensa social como, por ejemplo, sentarse a jugar con ellos, darle una responsabilidad que les haga ilusión, felicitarles…
Y podría seguir contando más y más cosas pero este post se extenderá demasiado. Quizás más adelante me anime a escribir algunas cosas más super interesantes de este libro porque creo que puede ser muy útil divulgar esta información. De todas formas, siempre lo digo, la teoría es fácil pero el día a día a veces no nos permite pararnos en estos detalles y pedimos más a los niños de lo que deberíamos, ¿no os parece?
por nosoyunadramamama | Oct 6, 2015 | crianza, educación, niños, rabietas, Sin categoría
En esto de la maternidad no hay fórmulas mágicas; quien diga lo contrario, miente. Cualquiera que sea madre de varios hijos sabe que cada uno es de una manera, aun teniendo los hermanos muchas similitudes entre ellos y aunque, en algunos aspectos, nos funcione lo mismo con unos y otros, que también ocurre. Pero no, no hay ningún consejo, ni fórmula que sirva para todos los niños. Eso sí, hay cosas que pueden ir bien a muchos de ellos. Por pura lógica. Y aun así, tampoco funcionan siempre. Pero por si sirve a alguien, aquí van dos cosas que intento hacer siempre que mis hijos entran en trance o pierden los papeles y están a punto de hacer que yo los pierda:
1. Ponerse a su altura: y no me refiero a ponerse a gritar, a llorar o a patalear como hacen ellos. Ojo, como plan de choque puede funcionar. Vamos, sé de unos que se puedan quedar con los ojos como platos si me pongo a berrear o me tiro al suelo pero, con sinceridad, a la tercera, me mandarían al carajo y no me tomarían en serio. Me refiero a que, lo primero que hay que hacer cuando un niño está en fase “muñeco diabólico” es hablar con ellos a su misma altura, que tengan contacto visual directo con nosotros. Uno, porque los adultos rebajamos el tono de voz cuando nos agachamos para hablar con los críos. Y dos, porque el niño siente cercanía y se vuelven más receptivos. Y no, no es ninguna chorrada.
Imaginaos que tratáis de discutir, convencer, disuadir a alguien muy alto, no a quien te saca diez centímetros sino a alguien a quien no sois capaces de alcanzar por mucho que estiréis el brazo y a quien tenéis que hacer esfuerzos por verle los ojos. Pues más o menos esa es la proporción con los niños pequeños. Esto funciona a veces, otras no. Pero desde luego, si quieres dialogar o relajar a un niño que está enrabietado, desde la distancia y a gritos, es difícil conseguir algo. Y lo sé por experiencia, que soy la primera que a veces pierde los nervios.

2. Distraerles: creo que esto es de cajón pero que en momentos de caos ni te planteas. El otro día teníamos a Rafa obcecado con un juguete de Alfonso que acababan de regalarle por el cumple. Antes os diré que Ricitos de Oro es muy absorbente con su hermano mayor y que no le da un respiro. El caso es que se cierra en banda, pide las cosas llorando y la verdad es que resulta molesto. A nosotros y al pobre Alfonso, que tiene una paciencia infinita. Así que, cuando no ha funcionado el punto que mencioné anteriormente, paso a la segunda fase: llevármelo a otro sitio donde estemos solos y buscar algo que pueda hacerle olvidar aquello por lo que estaba sufriendo. Justo ese día que os cuento, había globos colgados de un árbol y funcionó y no volvió a acordarse del juguete. No siempre hay algo a mano y no siempre les interesa lo que les ofreces. A Rafa consigo distraerle con algo de comida, ahí tiene su punto débil 😉 Pero lo dicho, no es infalible.
Si es una rabieta, de las que se pueden pasar minutos y minutos berreando a pleno pulmón, y una vez fracasado el diálogo y el intento de distracción, lo mejor es alejarles de sus hermanos u otras personas y esperar con ellos a que se les pase. Y si no es rabieta, muy a mi pesar, llego a la tercera fase de advertir que habrá castigo, que básicamente es dejar de hacer algo que les gusta. Hace tiempo que no llego a esta fase, creo que estoy mejorando. También ayuda la vuelta al cole y a las rutinas 😉 ¿Qué hacéis vosotras cuando la cosa se va de madre?
por nosoyunadramamama | Jul 6, 2015 | crianza, educación, familia, niños, rabietas, Sin categoría, Uncategorized
La primera gran crisis que tuve como madre fue hace casi dos años, cuando Alfonso comenzó el colegio; aquella situación me pilló por sorpresa y, al principio, me costó creerlo porque no le había afectado ni el nacimiento de Rafa casi un año antes y además era un niño buenísimo. La segunda crisis que sufrí en mi vida maternal fue a finales del verano pasado. Situación: embarazada de 7 meses, con un bebé de casi dos años en plena etapa de rabietas y un pobre niño de casi 4 años, espectador pasivo de los berrinches de su hermano. Aquello me superó, porque las pataletas eran fruto de la etapa que Rafa estaba viviendo, sin explicación alguna y sin mediación posible.
Lo reconocí en su momento aquí en el blog, lo pasé mal. Alguna vez me encerré en el baño porque lo que me apetecía era gritar o darle un meneo al crío. Y claro, ¿de qué sirve dar un alarido a un niño de menos de dos años que está fuera de sí? No sabía cómo gestionar esas rabietas que, en alguna ocasión, duraban casi una hora y que no se le pasaban ni ofreciéndole comida al niño. Y cualquiera que conozca a Rafa sabe que todo drama se le olvida si le das comida 😉 Por suerte, y si alguna os encontráis en esa etapa, eso se acaba pasando y en nuestro caso, duró un mes. Ahora mismo, el mediano, aun teniendo carácter y siendo muy impaciente, es muy cariñoso y simpático y gracioso a más no poder. En Instagram tiene su grupo de fans 😉
Y si os cuento esto es porque el sábado lidié con mi ¿tercera crisis maternal? Siendo un día puntual creo que la próxima semana ya me habré olvidado del asunto. El caso es que yo no sé qué demonios les ocurría a mis hijos mayores (el pequeño está a punto de ser santificado en El Vaticano) pero me convertí en una loca. En realidad, el que me puso como una moto fue Alfonso. Sí, ya estamos en plan pre-adolescente, así como contestatario. Y oye, que no hay nada que me ponga de peor humor que lo de decir diez veces que hagan algo y que me tomen por el pito del sereno. Porque la quinta vez que dices algo, subes el tono de voz; a la sexta, lo elevas más y, a la décima, se entera todo el vecindario.
Cuando tienen el día torcidín, te sacan de tus casillas. Que le digas al retaco de 4 años que se va a quedar sin ir a la piscina y te salte con «pues ya no voy a ayudarte nunca», «eres mala», «pues me da igual»… ufff, me pone de los nervios. Y os lo confieso, ganas no me faltaron de dar algún cachete pero no, me lo prometí a mí misma; si no le doy un guantazo a ningún adulto (y todos sabemos que más de uno se lo merece), no lo voy a hacer con mis hijos, ni quiero ni debo. Eso sí, gritos dí unos cuantos cual loca de la pradera. Lo pienso a posteriori y me pregunto ¿fue para tanto?
Pues mirad, no lo sé pero el caso es que chillé porque ¿qué hacer en estas situaciones? Es difícil, son niños, sí, pero ya saben lo que está bien y no, entienden los mensajes que les damos y ya pueden razonar muchas cosas. ¿Cómo hacerles entender que no siempre pueden hacer lo que les apetezca? Para mí, esta labor es, sin duda, la más complicada. Cada día lo tengo más claro, educar a los hijos se complica cada vez más, según van creciendo. A mí dadme cinco bebés como Gabriel y os juro que seré la madre happy del barrio. De hecho, cuando estoy sola con el peque e, incluso con dos, estoy en un estado de relajación total. En fin, la de días tontos que me quedan por delante… ¿Cómo gestionáis las crisis con vuestros hijos?, ¿alguna más entra en estado de enajenación mental cual niña de El Exorcista?
por nosoyunadramamama | Oct 1, 2014 | crianza, cumpleaños, educación, niños, Sin categoría
Hoy hace 4 años que Alfonso vino al mundo para transformar mi vida. Llegó en un parto inducido, relativamente corto siendo primeriza (5 horas) y sin dolor alguno gracias a la epidural (el postparto ya fue otra cosa). Lo recuerdo como un momento increíble, en el que me pareció que se paraba el mundo y no quería separarme de él. Desde entonces, viví en un continuo enamoramiento y tuve la suerte de que, cuando nació Rafa, nada cambió en él así que dupliqué mi amor de madre. Pero no voy a engañar a nadie, cada año que cumplen, los «problemas» también van aumentando.

Celebrando sus cumpleaños
Cuando son bebés, te agota el no dormir bien, que si dar el pecho, que si luego no paran cuando empiezan a andar, que si rabietas sin sentido… pero da lo mismo, precisamente porque siguen siendo bebés a los que mimas de continuo y rara vez te puedes «pillar» un cabreo con ellos. Ésa fue mi situación con Alfonso los tres primeros años, se puede decir que tuve suerte porque con dos años otros ya tienen un carácter de narices y son más movidos, como le pasa a Rafa.
Por un lado, cuando van creciendo, ganas en comodidad; se pueden hacer más planes con ellos, tienen ya horarios y rutinas, dialogas cuando les pasa algo, cada vez son capaces de hacer más cosas solos y todo se va simplificando… ¿Todo? Bueno, casi todo. No nos engañemos, luego van llegando otras preocupaciones. Ayer mismo Alfonso pegó a un compañero de clase y no puedes hacer otra cosa que cabrearte y castigarle. Ya no hablamos de bebés, sino de niños que ya distinguen y saben perfectamente lo que está bien y lo que no, aunque les resulte difícil controlar sus emociones e impulsos.
Y esto no ha hecho nada más que empezar. Discusiones entre hermanos, en el colegio con amigos, que si no quiero ir aquí o allí, que si la profe me tiene manía, que si hoy nos han metido 5 goles y estoy de mal humor, que si no quiero estudiar, que si esta chica pasa de mí…y así, suma y sigue lo que nos espera. Para mí, este ha sido sin duda el año en que he notado que perdía cualquier ápice que tenía de bebé; y es que, cuando cumplen tres años, aún tienen cierta inocencia. A los cuatro, son ya niños, que te retan, que te ponen al límite, que van «independizándose» de alguna manera… aunque obviamente habrá niños más tranquilos que otros y no lo manifiesten de la misma forma.

Cuatro años que han pasado en un suspiro.
Lo bueno que tenemos las madres es que vamos asumiendo todo esto como parte de sus vidas y de las nuestras. Que es cierto que les vemos cumplir años pero que, de alguna manera, siempre vemos a ese bebé que nos tuvo enamoradas. Y no es que no lo esté ahora, porque lo estaré toda mi vida de mis hijos, sencillamente es que ellos, poco a poco, van buscando la manera de «emanciparse», necesitan reafirmarse como personas que cada vez dependen menos de nosotros. Sé que es pronto para hablar de independencia pero es un proceso que, sin darnos cuenta, va llegando en pequeños gestos. En cualquier caso, nos lo pongan más o menos fácil, vamos a celebrar por todo lo alto que cumplen años y que están sanos. ¡Felicidades Alfonso!