¿Síndrome del nido vacío?

¿Síndrome del nido vacío?

No, mis hijos aún no han abandonado el domicilio familiar. Imagino que ya lo intuíais, son jóvenes para eso 😉 Que Gabriel sea capaz de subirse solo al coche y colocarse en su silla, o que abra la puerta de casa y salga al descansillo, no significa que vaya a independizarse, pero vamos, a este paso, no tardará mucho. Total, que me lío así que voy al meollo. Yo no estoy acostumbrada a esta nueva situación que estoy viviendo. Señores, llevo 6 años criando bebés; empezaba uno la guardería justo al cumplir dos años y yo paría al siguiente. Así soy yo de cuadriculada, dando a luz siempre en otoño de año par, lo que significa que, de haber seguido el ritmo, el cuarto churumbel estaría a punto de llegar al mundo. Pero no. Ojo, que mi madre aún me supera en esto, que mis tres hermanos nacieron un 23 de septiembre. Pero esto no viene a cuento.

Total, que aún estamos en la primera semana de cole y guardería, con horarios especiales y yo ya estoy flipada con dos o tres horas sin niños cada día. Y aunque todavía no me da tiempo a mucho más que hacer algunos recados pendientes, organizar la casa y hacer la comida, yo aún no doy crédito al simple hecho de estar en el supermercado sola, a poder contestar mails por la mañana, a ducharme sin testigos… Y esperad, que en octubre ya empiezan con el horario normal y eso va a ser la pera. Sí, voy a poder salir a correr pronto, después de dejarlos en el colegio, voy a trabajar las horas que me queden después de recoger y organizar la casa. Lo que significa que, después de varios años, ya no voy a quedarme currando hasta las dos de la madrugada, que voy a poder leer libros por las noches, ver algo la televisión; aunque no lo creáis, no veo nada desde «El tiempo entre costuras», que ya llovió. Vamos, voy a hacer lo que casi todo el mundo hace después de cenar y que yo llevo años sin experimentar. Y por supuesto, dormir un poco más. Que parece mentira que tenga tres niños pequeños que pernoctan más de 10 horas seguidas y yo este desaprovechando semejante lotería.

img_20160913_171234

Sí, hay vida más allá de los niños. Me cuesta hacerme a la idea pero me alegro de haber estado aquí al pie del cañón con este blog y todas las colaboraciones que han surgido gracias a él, aunque me costase muchas horas de sueño y me apeteciese abandonar. Porque ahora es mi trabajo. Me alegro de haber encontrado mi hueco como periodista a través de la red. Me alegra haber tomado la decisión hace más de un año de hacer deporte. Cuidar de los hijos y sacar adelante una casa es mucha tela, pero cuando los niños empiezan el cole hay que tener más cosas en las que centrarnos, no sólo en la casa. Y quien tenga su trabajo fuera, ¡olé! Pero si nuestro mundo eran los niños y el hogar, no queda otra que buscar más vida, que nos la merecemos. Así que ni nido vacío ni nada, a mirar el lado positivo de las cosas. Cuando me leáis, yo estaré en Barcelona en un evento en el que pienso aprender mucho para contaros por aquí. Esto no ha hecho más que empezar. ¿No os parece que nos merecemos nuestro tiempo?

Lo que ocurrió cuando dejé de gritar a mis hijos

Lo que ocurrió cuando dejé de gritar a mis hijos

No me recuerdo gritando cuando tenía un solo hijo. Quizás lo hice puntualmente pero diría que mi visión de la maternidad con una criatura era tremendamente edulcorada; superado el postparto y fracasada la lactancia sin traumas por ninguna parte, todo me pareció relativamente sencillo, el bebé comía y dormía bien y yo estaba como en una nube. No perdí tampoco los nervios cuando llegó mi segundo hijo. Porque la realidad es que mis grandes crisis como madre aparecieron en épocas de rabietas y cuando comenzaron las disputas entre hermanos. Con diferencia, fueron y son, a día de hoy, los momentos que me suscitan mayor tensión; todo lo demás creo llevarlo relativamente bien.

Así que mis primeros recuerdos gritando con cierta frecuencia se remontan a la época en la que el mayor empezó el cole; tuvo unas semanas con berrinches y al final acababa por molestar o despertar a Rafa, que entonces era el pequeño, un bebé de menos de un año. Luego volvió la calma… hasta que llegó el verano en que el mayor terminó su primer curso en el cole, el mediano ya caminaba y yo estaba embarazada del tercero. No había día en el que no acabase de los nervios. Las rabietas de Rafa eran diarias; una llegó a durar más de una hora. En esa época aprendí a gestionar las pataletas y luego llegaron las constantes discusiones entre hermanos por cualquier juguete. Aunque en casa hubiera 20 coches, los dos querían el mismo. Y luego entró en juego el tercero. Así que rara es la hora del día en que no oiga llorar o protestar a alguno de los tres, y eso quema mucho. De ahí los gritos.

Este verano me dije ¡basta! En vacaciones, cuando hay menos rutinas, cuando pasas tantas horas con ellos, cuando ellos también acaban hasta el gorro de sus hermanos, es cuando me di cuenta que gritaba a diario. Y a finales de agosto, al volver de nuestro viaje, me lo propuse: no podía chillar. No perdía nada intentándolo y tenía mucho que ganar. Sinceramente, creía que no iba a ser capaz pero lo he conseguido. Esto es como cualquier ejercicio, cuesta mucho al principio y luego hay que seguir entrenando; no se deja de gritar tres días y ya esté hecho. Para nada, todos los días hay que ejercitarse para conseguirlo pero también vas notando que, según pasan las jornadas, es un poco más sencillo.

Y en parte los niños ayudan. Sí, aunque no lo creáis, es recíproco. Vale, es cierto, ellos siguen discutiendo, les llamas o les dices veinte veces algo y siguen haciendo sus cosas, continúan diciendo “no” a otras veinte mil historias pero… se vuelven menos irascibles y más receptivos. No os lo vais a creer pero, desde hace unos meses, notaba cómo mi hijo mayor contaba menos conmigo. Hay una parte que obviamente forma parte de su crecimiento, va a cumplir 6 años y cada vez es más autónomo, pero no era solo eso. Los mayores tienen mucha presión; en la mayoría de las ocasiones les toca ceder, cuando tienen varios hermanos adquieren más responsabilidad que cuando no los tienen, les toca vivir las épocas de rabietas de sus hermanos y a veces, en el día a día, no te das cuenta de que quizás cargas mucho sobre ellos, y que si pasa algo, automáticamente pides explicaciones al mayor.

Así que, en cuanto dejé de gritar en casa, fue en mi hijo mayor en el que primero noté los cambios, se volvió más receptivo a todo lo que le dije, empezó a ayudar más en casa, me abraza mucho más que antes… Lo noté al segundo día, para mi sorpresa. Cierto es que es un niño al que le molestan mucho los ruidos, se pone nervioso cuando sus hermanos lloran, cuando la gente grita en un partido de fútbol… de manera que por eso lo he sentido especialmente en él. Y solo por eso me ha compensado.

gritos niños

Con el mediano, dos semanas después, no puedo decir que haya notado muchos cambios; es el que me pone entre la espada y la pared y el que me causa crisis en este duro trabajo de evitar los gritos. Porque a pesar de ser el más cariñoso y divertido de los hermanos, es el que más protesta y al que se le cruza el cable con más facilidad. Así que con él, sigo haciendo un enorme ejercicio de autocontrol que, espero, dé más frutos. Pero por ahora ya me escucha cuando le entra un berrinche, que no es poco. De manera que las rabietas son menos duraderas así que creo que también me ha compensado.

Y con el pequeño no me atrevo a decir nada por el momento, él es el bebé de 21 meses que va a su bola, que se sube solo a su sillita del coche, que se empeña en comerlo todo sin ayuda (con cubiertos, en eso le he enseñado bien 😉 ) y que tiene ya un espabile y autonomía brutal. Es aún pequeño pero entiendo que, si en casa dejamos de gritar, él no lo hará en un futuro. Como veis, he ganado mucho. No sólo porque en los niños haya notado ciertas mejorías sino porque ahora logro controlar ciertas situaciones que antes me desbordaban. Y os digo que no se pierde autoridad, que si digo no es no, porque hay cosas negociables y otras que no lo son. Y si hay un comportamiento que considero inapropiado les anticipo que, además de ser algo que no me gusta, puede tener consecuencias y se pueden quedar sin ir al parque o jugar un partido. La única diferencia ahora es el tono que usamos en casa, que a todos nos hace estar más tranquilos.

Mezclar o redistribuir a los alumnos en cada cambio de ciclo, ¿sí o no?

Mezclar o redistribuir a los alumnos en cada cambio de ciclo, ¿sí o no?

Este tema ha suscitado mucha polémica. A priori, la idea no me gusta. O más bien, no me gustaba, porque no sé a ciencia cierta si los argumentos favorables o contrarios son reales; he escuchado de todo y creo que, en el fondo, casi todas las partes tienen su parte de razón. Pero hasta que no lo vivan mis hijos no sabré si les ha afectado para bien o para mal, o sencillamente no les afecta. Alfonso empezará el lunes el primer curso de Primaria. Ese día, se encontrará con que sus compañeros de clase no serán los mismos que los que ha tenido los tres años de Infantil. No me asusta la idea porque es un niño super sociable y me consta que tiene trato con niños de otras clases del mismo curso, básicamente los que juegan al fútbol, pero, ¿y si no coincide ahora con ninguno de su grupo de 4-5 amigos más íntimos? Creo que a todos nos daría rabia, o pena.

Y os digo una cosa, me da cierta tristeza no sólo por los críos sino también por nosotros, los padres, porque muchos hemos entablado relación a raíz de las celebraciones de cumples, de fiestas… Pero obviamente, el argumento de los adultos es lo de menos porque verdaderamente importan los niños. En nuestra época esto de redistribuir a los niños no pasaba, empezabas en Pre-escolar con unos compañeros y llegabas a COU con los mismos, salvo que se fuese algún alumno o se incorporasen otros. Pero era así, éramos los de toda la vida. Y creo que eso tiene muchas cosas buenas vinculadas precisamente a las relaciones que se forjan con las personas con las que más tiempo pasas. A mí, desde luego, me gustaba. Por tanto, este sería para mí el principal argumento en contra de la redistribución de clases. También creo que puede suponer un problema para el rendimiento de los niños ya que los cambios, a priori, descolocan un poco.

redistribuirninoscolegios

Por contra, creo que el principal razonamiento a favor está también asociado con las relaciones, porque se favorece que se conozcan mejor entre todos los alumnos del curso, y no sólo con los de la propia clase. Es decir, creo que Alfonso seguirá siendo amigo de ese círculo que os hablo de sus más íntimos y con ellos estará en los recreos pero, a la vez, el cambio de compañeros le hará crear nuevas relaciones. También con esta fórmula pienso que se evitan los típicos grupos «influyentes» que existen en casi todas las clases, y que muchas veces pueden ser un problema. A día de hoy, me quedo con la fórmula de nuestra época pero lo digo con la boca pequeña… no sé deciros lo que pensaré dentro de uno o varios años. ¿Qué opináis? Las que ya hayáis pasado por esto, ¿creéis que ha beneficiado o perjudicado a los niños?

¿Qué es lo mejor?

¿Qué es lo mejor?

Te dijeron que lo mejor para alimentar a tu hijo es la leche materna. Y lo es. Aporta todos los nutrientes para el desarrollo sano de un bebé, previene alergias y reduce en las mujeres el riesgo de cáncer de mama y ovario en fases posteriores de la vida. Pero no soportaste el dolor de unas grietas que te hacían llorar cada vez que te acercabas al niño. Los antibióticos no consiguieron quitarte el dolor de aquella mastitis subaguda. Tu bebé no era capaz de engancharse al pecho y a los pocos días fue ingresado por desnutrición. No pudiste seguir adelante tras una mastitis que te hizo pasar por quirófano. Quizás entonces no era lo mejor. Y no pasó nada porque tu hijo no se alimentara con tu leche.

Te dijeron que lo mejor es ser madre joven. Y lo es. A partir de los 35 años aumentan los riesgos de padecer determinadas patologías como diabetes gestacional o preeclampsia, la calidad de los óvulos disminuye con lo que existe mayor probabilidad de tener fetos con alteraciones cromosómicas y es más difícil que te quedes embarazada. Pero a los 25 años estabas comenzando tu carrera profesional. Resulta que a los 30 no conocías a la persona adecuada para dar ese paso. No te atreviste a tener un hijo porque tu trabajo era inestable. No hubo forma de quedarte embarazada antes. Quizás entonces no era lo mejor. Y no pasó nada por tener a tu hijo a los 37 años.

IMG-20160811-WA0008

Te dijeron que lo mejor era dar a luz de forma vaginal. Y lo es. Al pasar por el canal del parto, el bebé se empapa de las bacterias de su madre, que le ayudan a fortalecer su sistema inmunitario, y recibe mayor oxigenación. También hay menos riesgos para las madres, ya que pierden la mitad de sangre que en una cesárea, y la recuperación es más rápida. Pero tu bebé no estaba en una posición óptima para un parto vaginal. El bebé empezaba a sufrir por falta de oxígeno. Estuviste 24 horas con contracciones y dolores y no había avances. Quizás entonces no era lo mejor. Y no pasó nada porque no tuvieras un parto vaginal.

Te dijeron tantas cosas…

Todos son casos reales, conoceréis otros muchos. Quizás también sea vuestra historia. Las circunstancias son las que marcan las decisiones que tomamos. Yo he dado a luz tres veces de forma vaginal porque pudo ser, no fui capaz de amamantar de forma exclusiva, como me hubiera gustado, por las mastitis y he sido madre joven porque estaba preparada y con la persona adecuada. Ninguna de estas condiciones me convierte en mejor o peor madre, las cosas surgieron así y no he sufrido por lo que no pudo ser. Aparentemente, lo mejor es lo natural, todos sabemos que la naturaleza es sabia pero… no infalible. Así que olvida si es lo normal, lo natural o lo habitual… lo mejor es aquello que tú decides en tus circunstancias, que no son las de los demás. No dejes que nadie te juzgue si consideras que tus decisiones han sido las mejores para tu familia.

No es lo mismo criar que educar

No es lo mismo criar que educar

Sé que esto de traer hijos al mundo e instruirles da lugar a muchos debates; como casi todo en la vida, hay opiniones para todos los gustos. Pero me da la sensación de que hasta en esto también hay modas, como ocurre con la ropa, que una temporada se lleva el pantalón «pitillo» y la siguiente te llenan las tiendas de «pata de elefante». Es como si hubiera ciclos, opuestos unos a otros. Si antes se castigaba a los niños por cualquier cosa, ahora no se les castiga en ningún caso; si antes no se dejaba que los niños eligieran nada, ahora lo que se lleva es dejarles decidir todo. Se cuestiona lo anterior porque sí y, con sinceridad os digo, que no le veo sentido pasar de un extremo a otro; se podrán debatir algunas cosas pero no hace falta irse al polo opuesto. Vamos, creo que nuestra generación, los que nacimos en los 80 o 70, somos gente bastante sana en todos los sentidos, física y emocionalmente. Así que tan mal no lo debieron hacer nuestros padres con nosotros, o vamos, con la mayoría de nosotros.

¿Que ha habido cosas que han mejorado? Por supuesto, todo es mejorable siempre. ¿Y que ahora hay más información de la que había antes? También. Pero ojo, que hay menos de la que habrá dentro de unos años, que lo que hace un tiempo era un disparate, ahora ha dejado de serlo. Y lo que ahora nos parece «de cajón», igual dentro de una década no lo es tanto. Se ha pasado de criar al margen de los niños a criar haciéndoles creer que son el centro de todo y dejando que tomen cualquier decisión que les afecte. Siempre he creído que tan terrible es que no te aprecien como que te adulen por todo.

El otro día me acusaron en Instagram de decidir por mis hijos cuándo quitarles el pañal. El tema de que alguien me ataque en redes sociales ya me la trae al pairo, literalmente, y perdonad la expresión. Me resultó curioso, más que nada, porque nunca tuve prisa para eso precisamente; mis dos hijos mayores dejaron de usar pañal diurno con dos años y 9 meses, vamos, lo justo para empezar el colegio. Pero claro, ahora está mal visto que tomes tú ciertas decisiones por ellos. Lo que no sé es cómo no se me ocurrió llevar a mis churumbeles a todos los colegios de Gijón y que ellos me dijesen cuál les había gustado más; probablemente el mayor hubiese elegido aquel con más porterías de fútbol, aunque estuviese en la otra punta de la ciudad. Y por favor, no sé cómo no les pregunto cada día lo que quieren comer. Obviamente, tendría un problema; al ser tres hermanos, creo que debería hacer un menú para cada uno.

IMG_20160626_165618

Y lo que es el colmo es que haya madres que ya no se atrevan a decir ciertas cosas en sus redes sociales. Sí, mujeres que pasan de contar que se han ido a cenar en pareja dejando a su bebé con sus abuelos o con una niñera porque van a tener que aguantar que algunas les echen en cara que dejen a sus hijos al cuidado de otros. Antes era lo más normal del mundo y ahora es un sacrilegio. Vamos, sin ir más lejos, les ha pasado a unas cuantas famosas, que se les han echado encima por algo así. Porque claro, como te has convertido en madre, tienes que estar entregada a la causa, y debes estar pegada siempre a tu hijo. Noche incluida, por supuesto.

Ahora cualquier cosa es susceptible de causar un trauma a los niños. Ya ni siquiera puedes castigarles, nunca. El día que el crío de 5 años no te ha hecho ningún caso las diez veces que le has dicho que por favor recoja sus juguetes, igual tienes que pasar al plan B y decirle que no irá al parque, a la piscina o a donde le apeteciese ir. Que el diálogo con los niños funciona a veces, pero no siempre. Y no pasa nada porque la criatura entienda que las cosas que hace tienen consecuencias y que, si no recoge, aparte de estar desordenado, lo cual no le preocupa mucho ese día, también se puede quedar sin algo que le gusta. Vamos, lo mismo que le pasará el día que tenga un curro y decida tocarse las narices y no cumplir con aquello para lo que le contrataron; que acabarán echándole. Nos hemos ido del extremo de castigar a los niños por cualquier chorrada a no castigarles por nada, porque lo que se lleva ahora es que sigan sus instintos. Ya no puedes decirles que no lloren cuando están en plena rabieta porque están frustrados. Si lo sé, lo he vivido con el mediano y puede que me toque en breve con el pequeño, pero no seré yo la que les anime a seguir llorando.

Por eso, el término criar, que es lo que se lleva ahora, no me va. No sólo les cuido, no atiendo sólo las necesidades de mis hijos sino que intento instruirles o educarles para que sepan que la vida no va solo de lo que a ellos les apetece, que unas veces sí se puede y otras veces no, que siempre estoy ahí para lo que me necesiten pero que yo también tengo mis necesidades. Intento encontrar un equilibrio sin posturas extremas, bien saben mis hijos que entro dentro del grupo de madres permisivas (con tres varones ya no discutes por nada ;- ) ) pero si un día tengo que castigar y nos tenemos que pasar la tarde en casa o no ir al parque, lo hago. Defiendo a los niños casi siempre, los adoro, creo que tenemos mucho que aprender de ellos, pero no me va la crianza que tanto se promulga hoy en día. Igual estoy equivocada, pero a día de hoy prefiero tirar al término medio y no irme al blanco o negro, no vaya a ser que dentro de unos años se lleve otro tipo de crianza.

Deseos infantiles

Deseos infantiles

Si fuera por mis hijos, mi casa sería lo más parecido a un bazar. Oye, qué afán de poseer y poseer, comprar y comprar. Que no debo estar haciendo muy bien mi labor porque, por más que les digo que el dinero cuesta mucho ganarlo y que hay gente que no tiene casi nada, no están pillando el concepto. El otro día se me ocurrió llevarme a los tres a una gran superficie y oye, venga a hacer paradas por cualquier esquina. Que lo mismo me pedían un bañador mega colorido y de dibujitos (veo que tampoco están pillando el concepto de ropa clásica y discreta que estoy intentando transmitir) que la equipación de España, que unos playeros… Coime, ¡que ya tienen! Es más, mi hijo mayor se pasó media mañana tratando de convencerme de que necesitaba otros guantes de fútbol.

-Oye, rico, ya tienes unos- le digo.

-Ya, mamá, pero así los míos los usa Rafa. Yo necesito otros nuevos-

Obviamente, no pasé por el aro. Porque una cosa es que me los lleve de compras de ciento en viento y pueda «caer» alguna cosa, y otra es comprar algo que ya tienen; por ahí no paso. Y que no, leches, que yo curré ya con 13 años en el comedor del colegio poniendo y recogiendo mesas para sacarme unas pesetas, que no me apetece dárselo todo hecho a los críos. Sin embargo, maridín siempre tuvo un agujero en las manos, por eso estoy contrarrestando yo por el otro lado. Total, que me he liado. El caso es que llevarte a los niños de compras es lo más parecido a autoinmolarse porque van corriendo por todas partes y todo lo tocan, lo cogen, lo quieren. Es un no parar.

IMG_20160623_130528

Oye, que si es por comprar, nos llevamos también un conejo a casa, manda narices.

Y si además se te ocurre pisar Decathlon con tres niños varones, es que ya la has liado pero bien. Imaginaos las caras al llegar a la zona de balones, es como si te pasas tres días sin comer y te meten en una pastelería. Estaba uno de los dependientes hinchando pelotas y, literalmente, se partía de la risa con las dotes de de comunicación de mis hijos para convencerme de que necesitaban un balón nuevo. Pero cuando al final lo consiguieron, porque tenían razón en que todos los que tenemos en casa están pinchados, te dicen el mayor: si solo llevamos un balón, vamos a discutir. Tócate la gaita, como decimos en mi tierra. De verdad, ¿no es agotador ese afán por tener de todo?

Tenemos un hijo favorito?

Tenemos un hijo favorito?

Si me preguntarais si mis padres tienen un hijo predilecto os diría que no. Nunca he percibido que lo tengan aunque sí que es cierto que, en alguna ocasión, siendo niños, alguno soltó la frasecita de marras de «es que Fulanito es tu hijo favorito». Como críos, en algún momento podemos sentir que nuestros padres son injustos con nosotros sin entender algo que es clave: la justicia no es dar a todos lo mismo. Hay quien cree que a los hijos hay que tratarlos por igual. Y no, eso no es así; y me explico. A los hijos hay que quererles por igual, y de hecho eso es algo innato, no es algo que tengas que hacer. Pero a los hijos no se les puede dar el mismo trato porque son distintos y tienen diferentes necesidades. Por esa misma razón, ni siquiera podemos exigirles lo mismo.

justicia hermanos

¿Yo tengo un hijo predilecto? Diría que no. Pero eso decimos todos. Eso no quiere decir que objetivamente no sepa cuál de los tres es más cariñoso, más listo o más guapo. Sé de sobra lo que es cada uno y no pasa nada por pensar que uno es más inteligente que otro. De hecho, es importante ser objetivos en este sentido precisamente para saber qué esperar y qué exigir de cada uno. Pero mi opinión me la guardo para mí, o la comento con maridín cuando hablamos de los niños, de lo que hacen, de cómo se han portado durante el día… los críos no tienen porqué saberlo; ellos mismos, con el tiempo, sabrán en qué destacan y en qué no. Lo importante es que crean en sus posibilidades y sepan sacar partido a sus virtudes.

Tenemos un hijo favorito

¿Tenemos un hijo favorito?

Lo cierto es que muchos padres reconocen tener un hijo predilecto, y creo que es por una cuestión de afinidad. Otros no lo reconocen pero, desde fuera, se puede percibir cierta predilección por alguno de sus vástagos. Yo siempre le digo a maridín que Alfonso es su ojito derecho, y él dice que no con la boca pequeña. Pero es cierto que es con quien más trato ha tenido siempre, no sólo porque sea el mayor sino porque, cuando nació Rafa, yo obviamente pasaba más tiempo con el bebé, y mi señor esposo se encargaba más de Alfonso. Y lo mismo cuando nació Gabriel. Y si buscáis información sobre esto, algunos estudios afirman que el primogénito es el favorito en la mayoría de las familias.

Creo que no elegimos ni admitimos tener un hijo favorito pero es probable que, a lo largo de la vida, tengamos más afinidad con alguno de ellos, bien por los caracteres de cada uno o porque compartamos aficiones. O sencillamente, porque alguno dependa más de nosotros. Desde luego, creo con sinceridad que todos los padres intentamos ser lo más equitativos con nuestros hijos. Y por supuesto, sobra decir que se les quiere por igual, hasta el infinito.

También hay etapas en las que nos sentimos más unidos a uno u otro hijo. En mi caso, por cuestión de carácter, el más fácil de gestionar en general es el segundo, porque es muy cariñoso pero el que más dependencia tiene de mí es el tercero, y no por ser el pequeño sino porque es el único de los tres que tiene algo de «mamitis» y claro, se me cae la baba. Pero no, yo no podría decir que ninguno es mi favorito.  ¿Qué opináis?

Mi bebé no habla… aún

Mi bebé no habla… aún

Visto lo visto, ya puedo decir que en mi casa ha habido de todo. He tenido un hijo que en sus inicios hablaba algo parecido al chino y que luego siguió un ritmo normal de aprendizaje en cuanto al idioma materno. Después llegó Rafa para demostrarme que que se puede ser un bebé y hablar como un paisano, con un vocabulario amplio y selecto que lo mismo incluía un «por cierto» que un «venga tío» a los 20 meses. Y ahora tengo un pequeño de 17 meses que no se esmera lo más mínimo en soltar prenda. Que sí, que lleva ya unos meses parloteando algo pero no dice ni una sola palabra inteligible en nuestro idioma, más allá de papá o mamá. Eso sí, el condenado lo entiendo todo. Pero hablar español, nada, que cuando quiere algo, te coge de la mano y te lleva al lugar del delito o de las galletas. Veréis que igual es de los que no dicen bien la r y menudo nombrecito tiene 😉

13367b40-bc69-42d0-b32a-9cc709aebedc

Os voy a decir una cosa, es algo que no me preocupa nada por el momento. Al igual que para andar, cada uno tiene su ritmo y no me inquieta que esté cerrado en banda con esto de comunicarse en castellano porque, por el momento, se hace entender a través de gestos, y además es muy teatrero. Pero ya pensando en niños más mayores, como Alfonso, hay dos cosas fundamentales para que hablen y escriban bien en el futuro, que uno se encuentra cada falta de ortografía por ahí, que duele todo 😉 Una es leer y que les leamos, tanto para escribir como para hablar correctamente; el otro día sorprendí a Alfonso leyendo un periódico con 5 años (los deportes, eso sí) y hasta me emocioné.

Y segundo, y eso ya para los mayores de 6 años, creo que es muy positivo tener el diccionario siempre a mano. Lo reconozco, he vivido media vida, desde que tengo uso de razón, pegada a un diccionario o a varios, porque el de latín me dio mucho juego, y el de inglés otro tanto de lo mismo. Pero del que nunca me separé fue del de español, no olvidaré lo que pesaba el condenado en la mochila día sí, día también. Creo que usarlo a menudo me vino muy bien a la hora de tener recursos para escribir, sobre todo de cara a encontrar sinónimos. El juego de Tabú también fue un clásico 😉

Hoy en día, mis hijos aún no están en contacto con el mundo online pero, cuando les toque, se librarán del diccionario de papel de cientos de hojas y buscarán a través de la red, como hago yo todos los días. Para mí, es una herramienta fundamental en el cole y en trabajos como el mío. Yo, por ejemplo, uso Woxikon, que lo mismo me busca un sinónimo cuando estoy espesa que me encuentra palabras que rimen entre sí, que traduce en 13 idiomas, que conjuga verbos. Vamos, un poco de todo. Para mí, el haber usado tanto el diccionario de niña, ha compensado un poco el hecho de leer poco cuando he sido más mayor, que es otro de los pilares fundamentales a la hora de escribir y hablar bien. En fin, por ahora, a los niños les dejo tranquilos que son pequeños. Pero vamos, que enseguida les encasqueto un diccionario. De momento, leemos con los mayores y le hablamos mucho al pequeño, a ver si se lanza y se esmera un poco. ¿Cómo lo llevaron vuestros hijos?, ¿hacéis algo para que hablen bien los mayores?

La televisión y los niños, algo no cuadra

La televisión y los niños, algo no cuadra

Tenía pendiente escribir sobre este tema desde hace un par de semanas, cuando leí esta noticia: los niños de entre 4 y 7 años ven más de dos horas de televisión al día. Muchos de ellos lo hacen a partir de las 10 de la noche. ¿?¿?¿?¿? A mí hay cosas que no me cuadran. O estas encuestas no son reales, y me sorprendería porque hay cantidad de estudios relacionados con este tema y coinciden en el consumo excesivo de tv, o yo no entiendo nada. ¿Se pide que salgan antes del colegio y que no haya jornada partida y luego pasan más de dos horas viendo la televisión?, ¿queremos que tengan menos deberes y luego están dos horas delante del aparato? Que no se trata de que no vean la tv pero ¿dos horas diarias?, ¿soy yo la única que encuentra que es un exceso? Y ojo, que de 7 a 12 años, según el estudio, el consumo desciende pero seguimos hablando también de más de dos horas diarias.

Mis hijos no ven la televisión entre semana, ni un minuto, salvo en vacaciones. A día de hoy no tienen deberes así que, desde que salen del cole a las cinco hasta la hora de los baños y las cenas, las alternativas pasan por ir al parque o jugar en casa si llueve, salvo los días que Alfonso entrena al fútbol. Se me ocurre que, si tuviesen jornada continua y saliesen del cole antes, a las dos o las tres, es probable que tuviese que recurrir a la tv en algún momento, quizás una hora después de comer. Así que seguirían sin salirme las cuentas de las más de horas que dicen los estudios. Por otro lado, me sorprende el dato de que a esas edades, los niños vean la tele por la noche. Por curiosidad, ¿a qué hora se acuestan los niños de 4 a 7 años? Los míos, como tarde, están dormidos a las 9 de la noche.

IMG_20160508_093513

El sábado y domingo por la mañana es cuando suelen ver un rato de tv… La imagen no es muy real, el pequeño suele pasar olímpicamente de los dibujos 😉

Venga, supongamos que dentro de un par de años, cuando Alfonso tenga ya 7, se acuesta a las diez de la noche. Para entonces ya tendrá deberes, que hará después del cole y de merendar, de 6 a 7, 30 de la tarde (eso sin contar que habrá días que tenga fútbol o de lo que le apetezca hacer como actividad extraescolar); posteriormente se bañará y cenará y ya serán las 9 de la noche. Sí, ahí podría ver la tv pero… quizás una hora. Por tanto, siguen sin salirme los números. Puntualizo que Asturias y País Vasco son las comunidades que registran comparativamente el menor consumo televisivo por parte de los niños con menos de dos horas mientras que en Castilla-La Mancha, Andalucía y Murcia, la media es la más alta, con casi dos horas y media. Por tanto, no es una cuestión de clima, todo el mundo sabe que en el sur llueve menos que en el norte.

Por tanto, entiendo que, si estas cifras son reales, tenemos un problema. Si los niños pasan más de dos horas diarias viendo la tv, ¿es cierto que tienen tantos deberes?, ¿es cierto que pasan mucho tiempo en el cole? Porque para que estén delante de la tele, prefiero que pasen más tiempo en el colegio (como fue mi caso toda la vida), con más descansos entre clases (no con más horas lectivas) y así jugar o hacer deporte con sus amigos. Porque de verdad, no me salen las cuentas, ¿qué opináis?

Bendita infancia

Bendita infancia

Cuando eres madre, comienzas a entender ciertas cosas de tu infancia. De alguna manera, mirar a tus hijos es verte de nuevo a ti hace muchos años, con otras perspectivas y otra forma de entender la vida. El otro día, me llegó una foto por whatsapp de Alfonso y sus compañeros de clase; estaban en el autobús e iban de excursión a una granja. Miré la imagen una y otra vez, vi sus caras y ahí estaba reflejada esa misma ilusión que yo sentía de niña con planes así. Sólo el hecho de subirme al autocar con mis amigas ya me parecía lo más. El pasar el día con ellas sin pisar el cole, el librarme del uniforme e ir vestida con unos vaqueros, el comer de bocadillo… con tan poco, era capaz de hacerme la persona más feliz del mundo.

IMG_20160508_173037

Y eso es lo que vi en la cara de mi hijo y en sus nervios ya el día anterior. Hice lo mismo que en su día hacía mi madre: ir a comprar patatitas con él, porque de eso no tenemos habitualmente en casa ni tampoco había en la de mis padres cuando éramos niños. Era algo que sólo se comía en ocasiones especiales y así sucede ahora con mis hijos. Cosas tan simples como ésas se convertían en algo único. Reconozco sentir cierta nostalgia; a día de hoy no necesito cosas fuera de lo común para disfrutar pero esa capacidad de goce se pierde de alguna manera cuando somos adultos. Ya no existe esa espontaneidad que veo en Rafa cuando, de repente, está dibujando y, sin ton ni son, decide coger su disfraz de Spiderman y enfundarse en él.

IMG_20160507_113206

Es increíble pero algo tan sencillo como un colchón sin sábanas les da un juego… Cuando yo veo una cama sin cubierta, lo único que pienso es vaya faena. Cuando ellos se la encuentran sin colcha ni nada, no piensan en nada más que en subirse a ella y dar saltos como si no hubiera un mañana. Esas respuestas que tienen, esas ideas locas, esas capacidad de improvisación, de emocionarse con todo… eso es algo que perdemos. Ojo, que luego tienen lo suyo, ehhhh… Pero hoy, me quedo con esta parte recalcando que, de vez en cuando, es bueno fijarnos en ellos para no olvidar que un día fuimos así.

Niñofobia: no es país para niños

Niñofobia: no es país para niños

Iba por la calle, empujando el carrito de mi hijo pequeño, mirando hacia atrás a mis críos mayores, que caminaban despacio porque iban merendando su fruta. Era la hora de salida del cole, había mucho tráfico y más niños andando con sus padres por la calle. Y entonces, una señora que venía de frente a mí, me riñó por no ir mirando hacia adelante y casi chocar entre nosotras. Podría entender su cabreo si fuese contemplando el paisaje, mi móvil o si fuera corriendo. Pero no, iba a paso de tortuga controlando que mis hijos mayores no saliesen a la carretera. No creo que sea para enfadarse. Y si vienes de frente y ves el percal, te paras o cambias tu trayectoria, no es tan terrible. Yo lo hago si veo a una persona con movilidad reducida, a alguien que va cargado… no sé, por pura educación. Pero de repente, esos detalles te hacen ver la falta de empatía que hay por el mundo. Nadie se pone en el lugar del otro y entonces, todo parece molestar y la gente vive continuamente enfadada. Hemos llegado al punto en el que todo y todos estorbamos.

Y los niños, no sé por qué, especialmente. Las excusas siempre son las mismas: hacen ruido, lloran, hablan alto, a veces corren, son espontáneos y no saben comportarse. Y eso, es muy discutible. Lees la noticia de que una niña fue mordida por un perro al ir corriendo hacia él y los comentarios en torno al tema se refieren a la niña como culpable. Y no lo entiendo, es solo una cría de 3 años a la que tienes que vigilar pero no la puedes llevar amarrada sin moverse. Y te enfrascas en una absurda discusión con gente que sigue creyendo eso de «pues que no hubiera ido corriendo hacia el perro». Después, lees también que prohíben la entrada a niños en algunos restaurantes y obviamente, la idea te cabrea. Y aún te irrita más que la gente lo defienda. ¿Nos parecería igual de bien que prohibiesen la entrada a mujeres en general? pues seguro que era normal hace medio siglo y ahora nos parecería, cuando menos, un retraso. ¿Creeríamos normal prohibir la entrada a asiáticos?, ¿a grupos de más de 4 personas? Creo que no. Pero a los niños sí, lo aceptamos, todo amparándose en el derecho que tenemos los adultos a estar tranquilos en algunos sitios.

Y yo me pregunto, el que quiere estar tranquilo y que nada le turbe, ¿por qué no se queda en su casa? Que yo sepa, los niños suponen un porcentaje importante de la población mundial y, por si alguien no lo sabe, la Convención de los Derechos del Niño aprobada por Naciones Unidas en 1989 (y ratificada por España en 1990), reconoce en su artículo 31 el derecho del niño al descanso, al esparcimiento, al juego, las actividades recreativas, la vida cultural y las artes.  Por tanto, este tipo de prohibiciones podrían considerarse ilegales al ser discriminatorias. Luego la gente se echa las manos a la cabeza con los colegios que separan niños y niñas, pero les parece super normal separar adultos de niños.

niñofobia

Imagen extraída de El Mundo

¿Van a prohibir los hoteles a la gente que arrasa en los buffets con carteles de «Prohibidas las personas que comen mucho»?, ¿van a impedir el paso en los hoteles a aquellos que se quedan con las hamacas de las piscinas que luego apenas usan? Venga ya, no es una cuestión de edad. Es una cuestión de educación, y lo mismo que hay niños maleducados, hay adultos maleducados. Así que, pongan normas en sus locales y si quieren silencio, o que la gente vaya vestida de tal o cual manera, exíjanlo a mayores y niños, pero no discriminen.

Hasta donde yo sé, un restaurante es un sitio para comer, donde la gente charla y donde, por cierto, me he encontrado infinidad de veces grupos de gente mayor haciendo mucho ruido. ¿Y qué?, ¿me tengo que amargar?, ¿tengo derecho a quejarme? Si no quiero jaleo, me quedo en casa, o me voy a un spa, a una iglesia o al monte. Además, ya somos mayorcitos y de sobra sabemos en qué garitos, locales, bares, restaurantes, hoteles… hay ambiente juvenil, de pareja, de gays, o de lo que sea. Y en la entrada no te pone»Preferimos que no entren heterosexuales».

En realidad, y para aquellos que estén pensando lanzarse a mi yugular bajo el argumento de que ya hay muchos sitios donde pueden estar los niños y que menudo problemón no poder entrar en unos pocos, diré que no, no es éso lo que me molesta. Es la idea de que los niños sobran, de que fastidian, la que me entristece. ¿De verdad no podemos soportarlo? Y no, no soy la típica madre que cree que sus hijos pueden hacer lo que quieran ni que los niños tienen más derechos que los adultos, no tienen ni más ni menos. Mis hijos también tienen límites y obligaciones. Pero como niños tienen una naturaleza distinta a la de los adultos, no son mejores ni peores. Y por supuesto, he salido de algunos sitios si he visto que mis hijos se han puesto tercos o de mal café. Y no pasa nada, empatía es lo que hace falta y en vez de mirar mal, se agradecería un ¿quieres ayuda?.

Hay una gran frase de Buda que resume muy bien lo que creo que está pasando a la gente: «Todo lo que te molesta de otros seres, es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo». Luego no nos quejemos de las nuevas generaciones si construimos nuestros mundo de espaldas a los niños. ¿Qué opináis sobre esto?

La primera vez en un taller de pintura

La primera vez en un taller de pintura

Aunque no lo creáis, este fin de semana, mis hijos estuvieron por primera vez en un taller. En parte, porque somos muy de estar al aire libre (aunque obviamente hay talleres en plena naturaleza) y también porque la mayoría de los que he visto están destinados a niños mayores de 4 años, así que no es fácil llevar al mayor y no al mediano. Lo cierto es que hay dos cosas, muy opuestas, que le gustan a Alfonso; una es el fútbol, que le viene muy bien para quemar esa energía agotadora que tiene, y la otra es la pintura, que es de las pocas cosas que le hace estarse quieto. Así que lo de de ir a pintar y aprender algunos truquitos era cuestión de tiempo. Y tengo que decir que le fascinó. De Rafa no puedo decir lo mismo por dos razones: la edad (ahora ya entiendo por qué los talleres suelen estar pensados para mayores de 4 años) y, segundo, porque iba lesionado y no podía usar la mano derecha.

taller pintura niños 2

Fue una hora y media en la que aprendieron algunas cuestiones sobre qué mezclas de colores dan como resultado otros colores y en la que trabajaron con distintos materiales. Todo en una pequeña juguetería de Gijón, especializada sobre todo en juguetes de madera,educativos y manualidades, que se llama El Desván de la Playa. Victoria es la encargada de este taller de dibujo, que se da todos los viernes de 17,30 a 19,00 horas y los sábados de 11,00 a 12,30 y de 12,30 a 14,00 horas. Ella es pintora y profesora con muchos años de experiencia, además se ser madre de dos niños adoptados. En su tienda, también tiene canta cuentos todos los miércoles de 18,00 a 19,00 horas, que incluye una merienda.  Después de Semana Santa también tendrá en su tienda un taller de tecnología, programación y robótica para niños de 6 a 12 años.

taller pintura niños 1

IMG_20160319_125626

IMG_20160319_133102 (1)

Rafa se pasó luego a la cocina

Lo dicho, para Alfonso fue una experiencia muy buena y que me ha pedido repetir, mientras que Rafa aún es pequeño para valorar o disfrutar de ciertos aspectos de la pintura. O sencillamente es que a uno le gusta mucho el dibujo y el otro no encuentra tanto entretenimiento en ello. De lo que no cabe duda es de que, para los niños, la pintura resulta un gran medio de expresión que además les ayuda a mejorar la motricidad así que creo que es bueno encontrar tiempo para dibujar. ¿Han ido vuestros peques alguna vez a algún taller?