por nosoyunadramamama | May 27, 2015 | alimentacion, lactancia, Sin categoría, Uncategorized
Si hubiera tenido un sólo hijo, es decir, a mi primero, seguramente pensaría que la escasa lactancia que pude darle dejó rastro en mis ubres. Tengo la suerte de quedarme sin panza tras los embarazos y no me salen estrías pero, guapinas, una no puede librarse de todo y noté cierto empeoramiento en la delantera. Que conste que, de lo que puede ir a peor con esto de la maternidad, es la pechera lo que menos me importa porque no voy enseñando el asunto por ahí. Pero vuelvo al tema que ya sabéis que me pierdo con facilidad.
Dicho esto, tras tres embarazos y tres lactancias mixtas, he llegado a la conclusión de que la lactancia no estropea el pecho. Y ahora algunas preguntaréis: ¿y cómo demonios has llegado a semejante deducción? Vamos por partes, primero datos y luego análisis. En mi primer embarazo engordé la friolera e innecesaria cifra de 18 kilos. Y digo innecesaria porque ni estaba hinchada ni tenía una gran tripa; objetivamente, me puse tibia con la comida. Al churumbel nacido de ese embarazo, es decir, al mayor, le di lactancia mixta durante tres meses aunque los bibes eran más frecuentes que las tomas de pecho.
Vamos con los datos de la segunda maternidad: 9 kilos cogidos en el embarazo y poco más de dos meses de lactancia mixta en la que ocurrió lo mismo que con el primero, poca leche materna y mucho biberón. Y por último, un tercer embarazo en el que nuevamente engordé 9 kilos y, por fin, una lactancia mixta más abundante (más tomas) y prolongada (5 meses) que las anteriores. Esto último gracias a mis matronas y a mi aguante, que es bastante aunque, como todo, podría ser mayor. Pero no, no soy de las que se rasgan las vestiduras en plan madre coraje, que no he venido yo a este mundo a sufrir de forma innecesaria. ¿Veis? ya me estoy yendo otra vez del asunto.
Vamos ahora con el análisis que, obviamente, sólo puedo hacer yo. Tras el último destete, no ha habido empeoramiento con respecto al primero, es decir, mi delantera está ahora, tras la tercera lactancia, igual que tras la primera. Espero que algunos familiares no estén leyendo este post 😉 Eso hace que descarte la lactancia como causa de caída de senos. Pero, por esa regla de tres, también tendría que descartar los embarazos. Así que he dado con la clave en mi caso: el peso durante las gestaciones. El haberme excedido con el primero explica que sólo haya notado empeoramiento en la primera ocasión.
De esto deduzco que los embarazos inciden mucho más en la caída del pecho que las lactancias (aunque no sabría deciros en el caso de las prolongadas). Que yo sé que la subida de la leche los primeros días es imponente y una piensa que no va a poder abrocharse nada que no parezca un burka pero luego la cosa se estabiliza y adquiere tintes de normalidad. Sin embargo, durante los embarazos, nos pasamos los 9 meses con unos pechos turgentes, con varias tallas más de lo habitual (lo cual es genial para las que andamos justitas y un engorro para las que van de sobra) que hacen que, tras el parto o el destete, aquello nos parezca trágico 😉
Bueno, pues yo he llegado a esa conclusión y, además, muchas madres que no han dado el pecho sostienen que las ubres también han sufrido derrumbe, con lo que creo que no dar leche materna por cuestiones estéticas no tiene fundamento científico. ¿Qué opináis?, ¿embarazo, lactancia, genética, edad?, ¿cuál es vuestra experiencia?
por nosoyunadramamama | May 18, 2015 | alimentacion, lactancia, salud, Sin categoría, Uncategorized
Si algo me alucina de los bebés y niños es que son los seres más preparados para cualquier cambio. Con sinceridad os digo que, la mayoría de las veces, somos los padres los que sufrimos con determinadas cosas y luego los críos nos demuestran que son capaces de adaptarse a casi todo sin problemas, siempre que hablemos de cosas normales. Lo digo porque últimamente hay una corriente que aboga por el «destete sin traumas» y lo relaciona con dejar que el niño tome el pecho hasta que él quiera, no vaya a ser que sufra. ¡Ojo! que me parece estupendo que le des de mamar a tu churumbel hasta que quieras, independientemente de lo que las demás hagamos o dejemos de hacer, pero hablar de traumas por destetar a un bebé me parece, cuando menos, excesivo.
No veo un problema en la transición del pecho al bibe, como no lo veo en pasar del pecho a lo que sea que le alimente, sea sólido o en puré, siempre que se haga de una forma gradual. Que el primer día un bebé rechace un bibe o una papilla de frutas o lo que sea no significa que sufra, sólo es señal de que algo le resulta distinto. Al igual que hay bebés a los que les cuesta engancharse al pecho las primeras horas o primeros días y no por ello dejas de intentarlo. En cualquier cambio, se le da nuevamente aquello a lo que esté acostumbrado y se intenta en otro momento, otro día, poco a poco. Así que, por favor, la palabra trauma ha de usarse para cosas serias. No hay nada traumático en destetar a un niño, ni el quitarle un chupete, ni en empezar a darle fruta, ni en llevarle a una guardería si se hace con y desde el cariño, y de una forma progresiva.
Dicho esto, sabéis que opté por la lactancia mixta, en principio, por un problema que conté en este blog y que a muchas os sorprendió porque no habíais oído hablar de ello. Y segundo, porque con varios hijos, encontré que era la fórmula perfecta para poder atenderles a todos y seguir encargándome yo personalmente de recoger niños de cole y guardería, llevarles a partidos y entrenamientos, natación… Una de las grandes ventajas de la lactancia mixta es que el destete es muy sencillo al estar el bebé acostumbrado a pecho y bibe. En mi caso, fue algo muy paulatino. Llegó el tercer mes de Gabriel y pasé de 4 tomas diarias a dos, por la mañana y por la noche. Al cumplir el cuarto mes, le quité la de la mañana y justo cuando cumplió 5 meses, es decir, hace un par de semanas, ya dejamos definitivamente el pecho. Y del cambio ni se enteró mientras que, por ejemplo, el primer día que le dí a probar la fruta no la quiso y ¡hala!, un bibe y a intentarlo otro día, sin forzar.
Lo dije también en un post, si le di leche materna fue sólo por proporcionar inmunidad al peque. No fue por cuestiones de apego porque encuentro que la conexión madre e hijo va más allá de darle teta o bibe. Me aterraba que se pusiese enfermo siendo tan pequeño teniendo en casa al «enemigo»: niño venido de guardería y niño llegado del cole. Y ojo, que eso no me garantizaba nada. De hecho, algunos de los bebés que nacieron en la misma época que Gabriel, que tenían hermanos y cuyas madres optaron por lactancia materna exclusiva, han estado ya ingresados en el hospital. Pero aún así, quería intentarlo. Y puedo decir que hemos tenido suerte. Este año hemos caído todos enfermos en esta casa, aunque la verdad es que sólo en una ocasión cada uno y lo mío fue una simple diarrea, pero Gabriel no ha cogido nada.
Si alguien quiere saber por qué decidí dejar de darle el pecho a mi hijo os lo explicaré con un ejemplo. Conozco a muchas mujeres que han tenido un hijo y no quieren tener más por no pasar nuevamente por un embarazo, porque han tenido una mala experiencia, porque se han sentido incómodas, porque se les ha hecho muy duro, porque sufrieron… Mientras tanto, otras, como es mi caso, somos felices estando embarazadas, disfrutamos de esa etapa y no nos importaría estar embarazadas diez veces más. Con la lactancia pasa lo mismo, si tienes malas experiencias, si se te hace duro, cansado o incómodo, el destetar a tu hijo es casi un descanso. Y aquí, en esto, son respetables todas las decisiones porque están basadas en el instinto de cada madre para estar bien ellas y sus hijos. ¿No os parece que hay gente muy extremista con este asunto?
por nosoyunadramamama | Abr 30, 2015 | alimentacion, Bienestar y belleza, ejercicio, embarazo, postparto, Sin categoría, Uncategorized
Iba a escribir un único post sobre este asunto pero he decidido dividir la materia en dos partes porque veo que da para mucho. Aviso a navegantes, que nadie se me lance a la yugular, que no sé qué demonios le pasa a la gente por estos mundos 2.0 que, a la mínima, te quieren cortar el cuello. Lo digo porque, hace unas semanas, una bloguera con varios hijos y de viente plano, animaba a las madres a hacer deporte y alimentarse bien para estar en forma. A la pobre mujer le empezaron a llover críticas por todos lados diciendo que si ella no tenía un doctorado, que si era mala madre…
Desde mi punto de vista, algo desmesurado. Primero, porque es una bloguera con contenidos relacionados con el fitness así que, si la sigues, ya sabes lo que hay. Segundo, porque para ella será importante y encontrará tiempo de donde haga falta para estar en forma; otras, aunque tuviésemos todo el tiempo del mundo, no haríamos deporte a diario ni de coña. Y tercero, porque tendrá fuerza de voluntad para comer sano y eso creo que no es algo criticable sino lo contrario. Así que, por favor, relájense todos. La muchacha nos vende un buen cuerpo con esfuerzo, no es la Preysler vendiendo cremas.
Ahí la tenéis. Buena genética, sesiones de gimnasio y comida sana.Cuidarse tras ser madre es igual de bueno que hacerlo antes, lo que pasa que, cuando una es joven y lozana y sus carnes está medianamente prietas, pues como que lo de cuidarse lo deja para otro ciclo vital. Pero cuando la gravedad empieza a hacer de las suyas, ya vas pensando que quizás hay que darle una ayudita al body para que la cosa no vaya a más. Y claro, los embarazos son un factor de riesgo para esto de mantener la «gravitación» a raya. Y ¡ojo! que aquí servidora se las prometía muy felices porque, después de dos embarazos, las consecuencias habían sido pequeñas. Pero todo lo bueno tiene su fin y la tercera preñez hizo estragos a pesar del zumba hasta la semana del parto. Tres meses después de dar a luz a Copito de Nieve yo seguía ahí con mis kilillos de regalo y la masa corporal floja, inconsistente. Y me dije a mí misma que era el momento de cambiar hábitos. Lo ideal es hacerlo por salud pero claro, si estás como una rosa pasa lo de siempre, lo dejas para otra década de la vida. Empezar por estética no me parece mal plan.
Así que me puse a ello. Nada de dietas, vamos ¡lo que me faltaba! Si algo he aprendido es que, cuando suprimes cualquier cosa de forma radical, acabas «cayendo» con todo el equipo y a lo bestia. Pero asumí que no se puede comer todos los días determinadas cosas como donuts, galletas, palmeras de chocolate o atacar el bote de Nocilla. Así que, entre semana, intento sustituir lo dulce por frutas, yogures o tortitas de avena. Hay veces que, con el ritmo que llevo, el cuerpo pide más y no puedo renunciar al sabor de algo azucarado. Así que tomo dos o tres galletas caseras ecológicas Paul and Pippa y me quito el «mono». Las hay saladas por si vuestro problema es que asaltáis más este tipo de comida. Para mí, han sido todo un descubrimiento, tienen menos calorías al estar hechas con harina de espelta en vez de harina de trigo.
Otra de las cosas que hice fue añadir un zumo natural a mis desayunos en lugar de zumos de tetra-brick, que suelen tener bastante azúcar. Por supuesto, hago cenas ligeras, lo cual no me cuesta porque lo he hecho casi toda la vida. Y esto es lo que me anima a cambiar algunas rutinas: saber que, en el momento en que algo se convierte en hábito, ya no cuesta tanto. Llevo algo más de un mes cuidándome y, sin ser grandes cambios ni prohibiéndome nada, ya por fin he perdido lo que me sobraba.
En la segunda entrega, la próxima semana, me centro en el deporte tras el postparto, donde también soy mujer de idas y venidas porque reconozco abiertamente que no me gusta. Pero claro, volvemos a lo de siempre: ya no es sólo cuestión de peso sino de gravedad, por lo que la alimentación no basta. Tendré en cuenta el cuidado del suelo pélvico que ya sabéis que ando yo fascinada con este tema. ¿Os cuidáis más o menos desde que sois madres?
por nosoyunadramamama | Mar 10, 2015 | alimentacion, embarazo, lactancia, postparto, Sin categoría, Uncategorized
No, con la pregunta del titular no me estoy refiriendo a si los churumbeles engordan o no con lactancia, sino que la cuestión alude a nosotras, a intentar averiguar si nos inflamos o afinamos las madres con esto de alimentar a los retoños dando el pecho (aunque yo estoy también con bibes). Toda la vida oyendo eso de que con la lactancia materna se adelgaza muchísimo y resulta que aquí estoy, tres meses después de dar a luz, con los mismos 4 kilos con los que salí del hospital. Sin comer más que antes (pero bastante), descansando menos y haciendo algo de deporte. Que ya sé que muchas me vais a decir eso de que sólo ha pasado un trimestre desde que parí. Vale, bien, aceptaría el argumento… sino fuera por mis anteriores experiencias.
Durante el embarazo de Alfonso engordé la friolera de 18 kilos y, cuando di a luz, me sobraban 13. Antes de tres meses, había perdido todo el excendente; sin ejercicio y con un sólo vástago al que atender. Eso sí, caminaba mucho. Y como ya sabéis las que seguís el blog, apenas pude amamantar al peque. Lo de Rafa fue aún mejor ya que sólo engordé 9 kilos durante la gestación así que salí del hospital prácticamente en mi peso. Con la lactancia, me pasó lo mismo que con el primero: dolores que hacían aquello imposible y tomas de bibe aumentando semana a semana. Vamos, que los embarazos anteriores no hicieron estragos en mi línea. Tampoco es que ahora estemos hablando de un sobrante excesivo, y el hecho de que la barriga se quede en el paritorio ayuda a que parezca que todo ha vuelto a su sitio; pero insisto, sólo lo parece, los kilos ahí siguen. Y no lo digo yo, lo dice mi báscula.

Como podéis observar, no hay mucha diferencia entre una imagen y otra. Eso sí, tengo mejor careto ahora, se nota que Gabriel ya duerme bastante y que no ha puntos que den la lata.
El caso es que, a pesar de oír eso de que Menganita se quedó en los huesos con la lactancia, también he escuchado lo contrario. Y claro, si eso es así, ya tengo yo excusa para no haber perdido un sólo gramo. Aunque la realidad es que estoy temblando ante la idea de que sencillamente el tercer embarazo haya hecho daños irreparables en mi figura 😉 Ante la duda, pregunté a mi matrona. ¿Y ella que me dijo? Que dando el pecho se baja de peso pero más lentamente. Vamos, que debe ser que yo antes lo perdía como Fernando Alonso, porque apenas amamanté a las criaturas, y ahora no llego ni a Marco Apicella (que por lo visto es uno de los peores pilotos de F-1). No me preocupa perder peso más despacio que las veces anteriores pero hombre, si supiera con certeza que es cosa de dar el pecho, me quedaría un poco más tranquila. Que de ganar unos kilos, con un par hubiera bastado teniendo en cuenta que en el embarazo sólo engordé 9. En fin, ya os contaré si los kilos son temporales o se quedan conmigo de por vida, habrá próxima entrega sobre el asunto. Y vosotras, ¿perdisteis todo el peso ganado en el embarazo al amamantar?, ¿engordasteis? Espero impaciente vuestras respuestas 😉
por nosoyunadramamama | Feb 9, 2015 | alimentacion, bebes, lactancia, salud, Sin categoría
Esto de la lactancia mixta es un chollo. Bueno, para mí, claro. Porque cuando tienes más de un hijo, no puedes dedicarle todo el tiempo que quisieras a tu bebé. Por supuesto, intento atender las necesidades de un churumbel de 2 meses antes que las de uno de 2 o 4 años pero… en ningún caso, puedo dejar de ocuparme de ninguno. Así que, aquí va la lista de ventajas que, en caso de tener varios hijos, tiene la lactancia mixta. Eso sí, esto no quiere decir que sea la mejor elección para todas. Es la mejor opción para servidora por estas razones:
1. Puedes delegar: puesto que, cuando tienes más de un hijo, se complica eso de dormir cuando el bebé lo hace y tienes que estar al pie del cañón cuando los otros hijos te requieren, se agradece que alguna noche, o en algunas tomas, sea maridín el que dé un bibe. Sí, podrías sacarte leche pero, con más de un hijo, no encuentras momento para eso.
Mi hermano dándole un biberón a Alfonso cuando tenía 4 meses.
2. Ahorras tiempo: a nadie se le escapa que, para un bebé, es más rápido tomar un bibe que mamar. Y como tienes otros hijos que, a su vez, tienen unos horarios, a veces no queda más remedio que alimentar a tu criatura de la forma más rápida. Ya lo comenté en algún post, cuando tengo que salir de casa a recoger a Alfonso y a Rafa a su cole y guardería, le doy un bibe al pequeñajo y ¡hala, a correr!
3. Refuerzas el sistema inmunológico del bebé: creo que ya es de sobra sabido por todas que la leche materna no sólo alimenta sino que también protege a los niños frente a algunas enfermedades. ¡Ojo! que dar el pecho no garantiza nada y los bebés que toman leche materna también se ponen enfermos… Y los hay, como Alfonso, que apenas tomó leche materna (ya expliqué en otro post mi problema) y jamás ha tomado un antibiótico ni ha tenido bronquitis; de hecho, la última vez que mi hijo mayor estuvo enfermo fue hace ahora un año (salvo tos, claro). Ésta ha sido la razón de más peso para que decidiese optar por darle algo de leche materna al peque. Y por ahora, estamos librando (cruzo los dedos). Obviamente, cuanta más cantidad, mejor.
4. Destete sin traumas: al estar acostumbrado a pecho y bibe, cuando decides no amamantar más, el peque no nota el cambio. Sé que muchas madres pasan un mal trago cuando, por ejemplo, deben empezar a trabajar y tienen que dar biberones porque sus peques lo rechazan. Incluso en el caso de que quieran seguir dándole leche materna al bebé, no les queda más remedio que sacarla para que otros se la den cuando ella no está. Los nenes que están alimentados con lactancia mixta, lo mismo cogen una ubre, que una tetina, que un chupete, que cualquier cosa, oiga. Se enganchan con facilidad a lo que pillen 😉
Por lo demás, encuentro que tiene los inconvenientes de los biberones, ya sabéis, esterilizar (bueno, con el tercero no esterilizas mucho, la verdad) y calentar la leche. En cualquier caso, lo que para mí es más cómodo no tiene que serlo para las demás. Imagino que hay quien, con un tercer hijo ni se plantee dar el pecho y las habrá que amamanten a todos sus churumbeles, sean dos o cinco. ¿Qué decisión tomasteis vosotras cuando repetisteis en esto de la maternidad?, ¿qué factores pesaron para darles biberón o pecho?
por nosoyunadramamama | Ene 13, 2015 | alimentacion, bebes, crianza, lactancia, Sin categoría
Durante el embarazo de Alfonso, tenía muy claro que quería darle el pecho al bebé. Fui a los cursos de preparación al parto y allí hablaron de la lactancia materna; supuse que con aquellas clases tenía información suficiente ya que creía que, tratándose de algo natural, sería sencillo. Ilusa de mí. A día de hoy, conozco a muchas más mujeres que han tenido problemas para amamantar que las que han podido criar a sus niños sin ninguna dificultad.
En cualquier caso, ya en el mismo hospital, le dí al peque biberones a la vez que le ponía al pecho. Sé que dicen que con el calostro es suficiente para los primeros días del bebé pero yo sentía que el peque pasaba hambre y lo hice puntualmente pensando en que no necesitaría más bibes cuando me subiese la leche. Y subió, pero coincidiendo con el inicio de unos dolores insoportables por culpa de la episiotomía. Y además, también empezaba a dolerme el amamantar. La matrona me dijo, tras vernos al niño y a mí, que estaba todo bien. De todas formas, mi única obsesión era que se acabase el dolor de los puntos del parto; no veía más allá. Y cuando se terminó, ya no tenía ganas de más tormentos, así que opté por la lactancia mixta, que cada vez era más artificial que materna porque tener al niño al pecho me dolía mucho.
Con Rafa opté ya por la fórmula de la lactancia mixta pero, más de lo mismo, con más bibes y menos pecho. Y abandonando a los tres meses. No me sentí mal en ninguno de los dos casos, soy de las que pienso que, cuando no se puede, no hay que amargarse. Y que no compensa que una madre esté sufriendo innecesariamente. No sé dónde o a quién le oí una vez que "vale más dar bibe con amor que teta con dolor".

Alfonso con el bibe
Durante este último embarazo, le di vueltas al tema. No por culpabilidad, ni mucho menos, sino porque quería volver a intentarlo a ver si a la tercera iba la vencida. Tanto a Alfonso como a Rafa no les di el pecho hasta varias horas después de nacer así que pensé que, si lo hacía inmediatamente después del parto, la cosa sería más fácil. Tampoco supe de la existencia de pezoneras en aquellos momentos así que ya tenía otro factor a mi favor en caso de que me doliese.
Dicho y hecho. Pude amamantar a Gabriel poco después de que naciese. Ya al día siguiente empecé a sentir dolor y me trajeron pezoneras pero nada, aquello seguía igual. En esta ocasión, pedí ayuda a una matrona, experta en lactancia, en el mismo hospital. Estuvimos probando, cual vaquita lechera, distintas posiciones para dar el pecho, con pezoneras, sin ellas... El pediatra también comprobó que el frenillo de Gabriel estuviera bien. Así que, después de todo, la matrona me dijo que podía tener algo que ver una bacteria y que en el Centro de Salud me podían hacer un exudado para comprobarlo.

Con Gabriel
Diez días después, en los que obviamente le daba bibes al peque porque no soportaba más de 5 minutos con el niño al pecho, tuve una revisión con las matronas del Centro de Salud, a las que no puedo estar más que agradecida por cómo nos tratan y su disponibilidad en cualquier momento. Tras verme amamantar y comprobar que todo estaba bien (agarre del bebé, nada de grietas, etc...) me cogieron muestras de leche y diez días después teníamos los resultados. Efectivamente, era cosa de bacterias.
Si la concentración bacteriana rebasa los límites biológicos, la presión que ejerce la leche sobre los conductos es mayor. A esto se le llama mastitis subaguda. El hecho de que no se suelan acompañar de enrojecimiento ni de otros síntomas, como la fiebre, confunde frecuentemente el diagnóstico y provoca que se trate de un problema tan infravalorado como infradiagnosticado.

Así que me recetaron antibiótico, con lo que enseguida noté mejoría, pero leve. Es más, como el dolor no se iba del todo, dos semanas después me cambiaron a otro más fuerte pero ya no noté más alivio. A día de hoy, hay tomas en las que me duele un poco y otras en las que me molesta bastante. En cualquier caso, sí que estoy dando más cantidad de leche materna a Gabriel que a Alfonso y Rafa, pero no he conseguido una lactancia materna exclusiva. Tampoco es fácil siendo el tercero y teniendo que atenderles a todos.
Pues ésta es mi experiencia con la lactancia, no he conseguido ninguna de las tres veces que fuera exitosa, y ésta tercera vez lo he intentado más que ninguna. Que conste, y aclaro, que lo hago exclusivamente por las defensas que transmito al niño, ya que sus hermanos vienen de cole y guardería y el pobre es carne de cañón. Para nada es una cuestión, en mi caso, de conexión con el peque. Escucho en algunas ocasiones que la lactancia crea un vínculo especial entre madre e hijo que yo no siento ni he sentido. Con el simple hecho de tenerlos entre mis brazos, ya creo ese nexo y experimento una sensación inigualable.
A veces leo, oigo... que siempre es posible amamantar y luego, la realidad que vivo y que veo a mi alrededor, es muy distinta. Espero que este post os sirva. ¿Cómo fue vuestra experiencia con la lactancia?, ¿os sonaba este tipo de mastitis?
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por nosoyunadramamama | Jun 5, 2014 | alimentacion, bebes, niños, Sin categoría
No os creáis que voy a hacer aquí una super clasificación de los niños en función de cómo y cuánto comen. Es más, se trata de un catálogo muy clásico, mi propia madre haría una división parecida en este sentido así que vamos allá:
1. Niños que comen mal: no requiere mucha explicación. Admiro muchísimo, de una manera que no os podéis imaginar, a los padres que tenéis paciencia en este sentido; imagino que la habéis ido desarrollando poco a poco y que, si te toca, no queda otra. Aquí en este grupo incluyo a mi sobrina y reconozco que ver cómo hace una bola con cada trozo que se mete en la boca es sencillamente desesperante. Por suerte, no lo he vivido en casa porque lo considero una… faena así que ánimo.
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2. Niños que comen regular: también llamados niños «selectivos», es decir, aquellos que comen unas cosas pero descartan otras. Creo que no habría mucho problema si a esos peques les gustasen las frutas, verduras, legumbres, pescados y carnes y odiasen los chocolates, las galletas, los macarrones con tomate o las salchichas. Pero no sé porqué me da que suele ser al revés así que otra… faena. Eso sí, siempre es mejor esto que lo anterior porque, aunque puede que no les gusten las lentejas, a lo mejor adoran las manzanas.
3. Niños que comen bien: Los padres tenemos una gran suerte si nuestros hijos comen prácticamente de todo. Les puedes dar fruta, legumbres, pescado, croquetas, purés… lo que sea, ellos no dejan de comer nunca. Eso sí, como todos, tienen sus preferencias. Es el caso de mi hijo Alfonso este último año (antes estaba en el grupo que os explicaré después). Come de todo pero si le dices que hay pasta le das un alegría, y si les dices que hay pescado, te va a decir que no lo quiere. Pero se sienta en la mesa y lo come sin problemas.
4. Niños zampabollos: Son esos niños que comerían a todas horas, da igual el qué, lo mismo les da ocho que ochenta. Es el caso de mi hijo Rafa, le das una manzana y se la come a mordiscos desde los 15 meses, con pepitas incluidas, no hace distinciones. ¿Que le das por primera vez un albaricoque? que tal cual se lo zampa como si llevase toda la vida comiendo frutas veraniegas.

Sí, tenía 15 meses y ya estábamos así con la fruta, no chupándola ni deshaciéndola sino mordiéndola.
Tengo que confesar que, cuando llegamos de paseo a mediodía, se pone tan nervioso sabiendo que le toca comer que no le meto en casa, vamos, que le dejo frente al ascensor el minuto que me lleva calentar el puré. Si te pones a cocinar cualquier cosa y oye el microondas desde la otra punta de casa, corre a la cocina a pedir algo (tengo vídeos que os sorprenderían). En el parque, se arrima a cualquiera que lleve comida, o directamente intenta robar a los pobres niños. Da igual que yo le haya dado su papilla con dos piezas de fruta y unas galletas, es como si no hubiera vida más allá de la comida. Y lo último ha sido darle un jarabe a su hermano con jeringuilla (con la que todos sabemos que nadie come) y venir como un loco a pedir también medicamento.

Secuencia del verano pasado. Así seguimos hoy.
«¿No sabéis que no se pueden dejar restos de comida?», estaría pensando él. Si algún día ve este blog me matará por poner una foto en la que se come las migas del suelo.
Menos mal que Alfonso era parecido y ahora es un niño al que puedo llevar a cualquier sitio con gente civilizada 😉 Eso sí, os digo una cosa, prefiero que se lancen a la comida que «pelearme» con ellos para que coman. Y vuestros peques, ¿de qué grupo son?, ¿algún consejo para las mamis con peques que comen mal?
por nosoyunadramamama | Jun 4, 2014 | alimentacion, cumpleaños, niños, planes, Sin categoría
Uno de esos planes que indica que el verano está cerca es hacer barbacoas. Vamos, que el período estival debe estar a la vuelta de la esquina porque el fin de semana tuvimos ya dos parrilladas. Lo que no acaba de estabilizarse es el clima 😉 No hace mucho os contaba cómo los planes resultan muy distintos ahora cuando algunos de ellos son los mismos que hacíamos en el pasado.
Sin niños, el plan de la barbacoa era algo tranquilo, podías dejar una cerveza en cualquier esquina, en el prao, al borde de una piscina; comprabas las carnes más grandes de la carnicería y empezabas a encender las brasas a las dos del mediodía, lo que significaba empezar a comer a las cuatro de la tarde… Así que si os animáis a organizar una barbacoa y vuestra familia ha crecido últimamente, aquí van algunas recomendaciones:
1. Ya sé que no todo el mundo tiene barbacoa en casa, es más, la mayoría vivimos en pisos así que, con suerte, tenemos campana extractora 😉 Pero oye, que si tenéis la potra de que haya varios amigos o familiares con barbacoas en sus casas, elegid la de obra, es decir, tipo chimenea. Más que nada por la estabilidad, por evitar que un niño le dé un balonazo, un golpe, lo que sea… y acaben las brasas o la carne en el suelo, o el niño en las brasas.
Un balón igual sí pero aquí es difícil que un niño acabe quemándose gracias a la piedra (en otros casos, ladrillo).
2. Incluid hamburguesas o perritos calientes en el menú. Las costillas, los chorizos, la panceta y demás están muy bien para los mayores pero si queréis que ellos coman, nada como una buena hamburguesa. Sé que no es comida para darles habitualmente pero de eso se trata cuando haces este tipo de planes, de que sean días especiales, y si nosotros nos permitimos comer más cosas o menos sanas, a ellos tampoco les va a pasar nada. Es obvio que hablo de niños y no de bebés, ¿verdad? Aunque siempre está la opción de poner verduras que, a la brasa, están de muerte.
3. Si tenéis acceso a una barbacoa cuando queráis, no descartéis este plan para los cumpleaños de los niños. Mi tía lleva tres años haciéndolo en las fiestas de sus tres hijos y los críos alucinan. Cambiar sándwiches por hamburguesas o perritos calientes les parece lo más. Eso sí, tienes que ser rápido porque se lanzan todos a la vez. Maridín, junto a mi tío, son los encargados de este menester en los cumples de mis primos. Ya os comenté en alguna ocasión que mi madre y mis tías comparten jardín, por lo que todos vamos a los eventos de todos 😉
Y si habéis podido hacer una barbacoa es que tenéis un día para estar al aire libre y un pequeño espacio o jardín para disfrutar con amigos o familiares sin que los niños molesten a otras personas, como puede ocurrir en restaurantes o en la misma playa, así que pocos planes mejor que éste para el verano, ¿no os parece?, ¿algún consejo más que se os ocurra? Por supuesto, mucho cuidado si hay piscina cerca.
por nosoyunadramamama | Abr 6, 2014 | alimentacion, asturias, familia, juegos, planes, Planes y viajes, Sin categoría
Tenían razón mis padres: en cuanto faltaba alguno de sus cuatro hijos, aquello no era lo mismo. Es como si a Zipi le quitas a Zape, la historia pierde fuerza. Si falta una pieza en un mecanismo, no funciona de la misma manera. Eso sí, a los padres les das un respiro. En cualquier caso, estoy segura de que mi ausencia se notaba menos que la de mis hermanos, sencillamente porque ellos eran más gamberros 😉 El caso es que el sábado Alfonso tuvo un cumple de una compañera de clase así que maridín y yo pasamos una tarde solos con Rafa.
Aunque nuestro primogénito es un niño bastante bueno, el simple hecho de tener que estar pendientes sólo de un niño en lugar de dos, ya es extraño, vamos, que está «chupao». Y no me entendáis mal las que tenéis sólo un niño; es que una vez que estás acostumbrada a dos, tener que encargarte sólo de uno resulta hasta sencillo, eso sí, cualquiera que tenga cuatro me dirá que tener dos es facilísimo.

Tener sólo un hijo al que perseguir, eso es tranquilidad 😉

Y ya sé que esta foto aporta poco a un blog de maternidad pero… ¿cuántas veces te sale una foto así?
Bueno, pues como Alfonso tenía cumple, este fin de semana no salimos de Gijón. Y como aún no hemos conseguido apuntar a la criatura a un curso de natación porque nunca sobran plazas, nos llevamos a los gordis a una piscina municipal por nuestra cuenta. Nos hemos dado cuenta que, desde el verano, ha habido un pequeño retroceso que espero solventemos en cuanto se metan en la piscina unas cuantas veces más. Uno porque no se atrevió a lanzarse al agua desde el bordillo cuando en verano no tenía problema. El otro porque ahora no quiere que le metamos en el agua, sólo quiere estar en zona donde pueda sentar su trasero y chiscar (salpicar).
Mucho mirar con ganas pero vaya par de miedosos tengo en casa.
Y como no podemos estar quietos, después de la piscina nos fuimos a comer de merendero. Me imagino que, si aquí en el norte hemos tenido un fin de semana casi veraniego, en el resto de España, más de los mismo. Como el plan del merendero va a ser muy frecuente esta primavera-verano, os iré contando los que vamos viendo, que yo sé que muchas de las que vivís en Gijón tomáis nota. El sábado descubrimos el Camín del Agua, tienen bastantes cosas para los niños y se come muy bien, quizás mejor que en muchos otros merenderos que conocemos. Y de precio igual, vamos, barato.

Me imagino que ya sabéis quién cayó rendido después de piscina, comida fuera de casa y tarde de cumpleaños con sus amigos. Eso sí, los demás también caímos desplomados. Si es que no paramos, y menos cuando sale el sol. Se lo decía hoy a maridín, ¿pero qué hacíamos los fines de semana cuando no teníamos hijos? 😉 Y vosotras, ¿desde que sois madres no hacéis el doble de planes? o al revés, ¿pasáis más tiempo en casa?
por nosoyunadramamama | Mar 26, 2014 | alimentacion, bebes, niños, salud, Sin categoría
No penséis por el título del post que hoy voy a poneros aquí un montón de recetas e ideas para que vuestros peques coman variado, sano y sabroso. La verdad es que después de escribirlo, una se da cuenta de lo difícil que es reunir esas tres cualidades en los platos de todos los días. De hecho, a mí lo que me ocurre es que tengo la sensación de que siempre doy las mismas cosas a los niños para cenar, ¿os pasa lo mismo?
Bueno, para que podáis darme ideas y recetas, os cuento lo que cenan Alfonso y Rafa antes de su bibe y vaso de leche. Las cenas se resumen en:
– Pechuga de pollo empanada.
– Merluza.
– Tortilla francesa con queso (este es el único plato con el que me da guerra Rafa, y eso que hoy probó por primera vez un pincho de setas y queso Cabrales y como si llevase toda la vida, oiga).
– Albóndigas con tomate.
– Croquetas.
Cuando llega el fin de semana, abro un poco la veda y pongo salchichas (las devoran), hamburguesas (Rafa se come una entera con 17 meses que tiene, prometo post sobre el misterioso caso del niño que podría pasarse la vida comiendo), palitos de merluza congelados…
Por supuesto, vía libre en cumpleaños o reuniones familiares para comer gusanitos y dulces.
El caso es que no les doy muchas más cosas porque, a mediodía, zampan casi todos los demás alimentos. Alfonso come en el cole y veo su menú en la web del centro, que incluye legumbres, pasta, paella, potajes, carnes o pescados siempre de segundo y fruta o yogur de postre. Y Rafa come a diario verduras (judías, brócoli, calabacín, zanahoria…) en los purés, en los que también meto legumbres y carne.
Un sábado por la mañana tomándose una manzana cada uno.
Además, los dos meriendan fruta todos los días, Rafa toma dos piezas en la papilla y Alfonso prefiere una pera o manzana troceada. A priori, tengo la impresión de que por el día comen bastante sano y variado. Sin embargo, con la cena no me pasa lo mismo, ¿qué dais a vuestros peques?, ¿debería también darles por la noche verduras, pasta, arroces?, ¿alguna recetina sencilla y sana? Que sea sencilla es importante porque Dios no me ha dotado con el don de los buenos cocineros.
por nosoyunadramamama | Ene 29, 2014 | alimentacion, bebes, Sin categoría
Parece mentira que lleve casi un año escribiendo este blog y aún no haya hecho mención a ninguna de nuestras visitas al pediatra. Ya sé yo que sabéis de sobra lo que pasa en una revisión, porque sólo el primer año de vida de los peques hay que ir unas siete veces, y eso siempre que la criatura no se ponga enferma de nada. Y la verdad que en las primeras visitas de madre primeriza, les contamos al dedillo cada detalle e, incluso, exageramos un poco.
Pero oye, cuando el crío va creciendo te enfrentas a estas visitas casi como a un examen, pero no para examinarte a ti sino a tu retoño, y vamos, lo que sea porque el crío apruebe; si hay que hacer uso de la oratoria para convencer al pediatra o enfermera de que tu hijo hace lo que tiene que hacer para su edad, pues se hace uso de la palabrería.

Ayer fui a la revisión de los 15 meses con Rafa y lo primero que me preguntó la enfermera, según entramos por la puerta, es si Rafa ya caminaba. Pues menos mal que sí, porque de lo contrario, ¡vaya presión! Otra cuestión que me generó cierta confusión fue la pregunta ¿te imita? Ufff, pues las cosas que hace está claro que las copia, pero no sé si quiere imitarme o las hace porque no tiene otra cosa mejor que hacer. Ella quiso ser más concreta: Si te ve limpiando con la escoba, ¿te imita? A lo que no me quedó más remedio que contestar que el crío directamente quiere quitarme la escoba, la fregona o el aspirador, lo que sea. Pero no precisamente para limpiar.
Otra pregunta a partir del año es: ¿Entiende las órdenes que le das? Pues mire, depende; si le digo “vamos a comer” va raudo y veloz dirección cocina pero cuando le digo que no toque algo, no suele hacer caso. Así que creo que las entiende pero luego hace lo que le da la gana, y con 15 meses le regaño lo justo y necesario.
Después llega el tema alimentación y aquí tengo mis dudas sobre si contar todo con pelos y señales, porque oye, de vez en cuando el niño le pega un mordisco a mis donuts. Ayer, que se ve que tenía yo el día sincero, salí tranquila sabiendo que no pasa nada porque el gordo coma canelones algún día, que ya come verduras, carne y legumbres a diario, no pasa nada por cambiarle el menú de vez en cuando. Por cierto, yo hasta ahora no me había enterado pero tampoco es bueno poner zanahoria en todos los purés del niño. Y desde luego, yo no lo hacía para que los críos se pongan morenos, que eso lo llevan en los genes y en el apellido.

Este dibujo de mi tío Juan para la revista Child, del que os hablé en otro post, me viene que ni al pelo.
Resumiendo, que el niño no dice adiós con la mano porque no le da la gana, pero tonto no parece. Y en cuanto al físico, tenemos otro torete con un peso en el percentil 75% y de altura en el 90%. Y supongo que, mientras siga más o menos así, la pediatra no me reñirá. Aunque me ha insistido en lo de darle la vitamina D a diario y tuve que confesarle que, a veces, se me olvida.
Que conste que no me quejo, eh. Ellos hacen su trabajo y tienen que preguntar, que para eso son los profesionales. Y las mentirijillas o exageraciones de las madres siempre son piadosas. Que dramáticas ya somos cuando los niños no están bien. Y vosotras, ¿os ahorráis algún detalle o tenéis una relación 100% sincera con el pediatra?
Por cierto, me han escrito unos chicos que han desarrollado una aplicación con el objetivo de ayudar a los niños a ser autónomos, pensando también en peques con dificultades de aprendizaje, como trastornos del espectro autista o trastornos de déficit de atención con/sin hiperactividad. De momento, la aplicación está disponible para iPhone y iPad, y han lanzado una campaña de micro mecenas para financiar la versión Android. Si alguna estáis interesada, podéis pinchar aquí.
por nosoyunadramamama | Ene 22, 2014 | alimentacion, bebes, crianza, Maternidad y embarazo, Sin categoría
Hace una semana, mi hijo Alfonso nos pidió, después de la cena, un biberón en lugar de su habitual taza de leche con cereales. Como estaba agotado, nos pareció muy normal y accedimos. Desde entonces, nos lo pide cada noche. Sinceramente, a mí no me parece un problema alargar lo del bibe, pero bueno, como ya llevaba más de medio año sin tomarlo por las noches, le he convencido para que beba la leche en su tacita de Mickey Mouse.

Lo de tomar bibe a los tres años no me preocupa nada, es más, Alfonso aún lo toma en el desayuno y creo que disfruta ese momento, al igual que su padre, que se lo da cada mañana. Llamadme lo que queráis pero es que ni siquiera me he planteado cuándo debe abandonarlo definitivamente. La última vez que fue a revisión al pediatra fue al cumplir dos años y no comentó nada al respecto, por lo que no me preocupé de ese asunto. Sólo intento que coman sano, si empiezan a usar el tenedor antes o después me parece secundario y, en ningún caso, determinante. Es más, Rafa hace tiempo que sabe perfectamente pinchar comida con el tenedor y llevárselo a la boca sin que yo le haya enseñado, simplemente lo ven y copian.
El caso es que a raíz de la petición del niño de biberón, busqué información. Y realmente me sorprendió encontrar artículos de algún que otro pediatra recomendando que abandonen ese hábito al año justificándolo en factores como estos:
1.Olvidarse del biberón es un signo de que empiezan a ser mayores y más autónomos. Yo personalmente no tengo ninguna prisa en que sean mayores, no entiendo esta manía últimamente de querer acelerar todos los procesos de la infancia, de pretender que coman solos, que tomen lo mismo que los adultos. ¡Pero si los niños son tremendamente dependientes de quienes les cuidamos!
2.Usarlo durante mucho tiempo fomenta en muchos casos la aparición temprana de caries ya que los dientes se deterioran al exponerse a líquidos durante períodos largos de tiempo. Mi pregunta es la siguiente: ¿cuánto tiempo tardan vuestros niños de uno, dos o tres años en tomarse un bibe? Porque en mi casa se lo toman en dos minutos. Así que entiendo que lo perjudicial es el tipo de líquido, no el soporte cuando se usa únicamente para lo que es.
3.Advierten que algunos niños que continúan con el hábito del biberón una vez cumplido el año y medio pueden padecer deficiencias en su alimentación porque podrían recibir mucha más cantidad de leche al día de la que necesitan, por lo que ya no tienen hambre a la hora de comer alimentos sólidos. Hombre, pues para algo estamos los padres, si fuera por mi hijo merendaría todos los días galletas. Y como queremos que coman sano y bien, les damos primero el sólido en la cena y después la leche en taza o bibe.

4. El desarrollo del habla puede frenarse o ir más lento de lo habitual, ya que es complicado conseguir hablar teniendo la tetina del biberón o el chupete en la boca. Y yo me pregunto, ¿alguno de vuestros hijos sale de casa con el bibe puesto? Insisto, los míos usan el bibe para lo que es, para tomar su leche, y nada más. Bueno, vale, de vez en cuando Rafa lo hace rodar por el suelo. El chupete ya es otra cosa que hay que controlar más cuando pasan horas usándolo. Por surte, a mis hijos nunca les ha gustado mucho y no he tenido que pasar por el trance de quitárselo, ha sido espontáneo.
Pues eso, que yo creo que este tipo de argumentos generan alarma y mucha confusión. Una cosa es que los niños tengan un vicio y otra es que les guste algo y quieran alargarlo en el tiempo. Que nadie se preocupe, que tarde o temprano, dejarán el bibe. Pero por le momento, ellos disfrutan de esos minutos en los que se juntan comida y estar en brazos de los papás. ¿Qué opináis vosotras?, ¿hay prisa en quitarles el bibe o no?