Peñíscola, un destino en familia

Peñíscola, un destino en familia

Lo conté en Instagram la pasada semana y lo escribo en este post: nos encantó Peñíscola. No fue nunca un destino que nos planteáramos, por puro desconocimiento. Si teníamos que hacer casi 1000 kilómetros desde Asturias, pues ya nos íbamos a Andalucía, porque siempre hay algo que ver. Pero este año nos contactaron para conocerlo (y de paso hacer unas grabaciones) y vaya sorpresa nos llevamos con esta pequeña ciudad de la provincia de Castellón, ¡nos gustó muchísimo por varias cosas! Estuvimos seis días de los cuales, en dos yo tuve que grabar para televisión, por lo que nos hubiera gustado ver muchas más cosas, pero también tenía que descansar un poco. Os cuento que el turismo es fundamentalmente nacional y familiar, de manera que todo está muy pensado para los niños.

Lo mejor de Peñíscola

La playa

Bueno, en realidad, Peñíscola tiene varias playas. Aquí me voy a referir a la playa Norte, me pareció impresionante. Más de cinco kilómetros de arena fina que llega hasta la ciudad vecina, Benicarló, y con un agua super limpia y un color precioso. De hecho, cuenta con los certificados de Calidad ISO y AENOR, y por supuesto, bandera Azul. Para mí, la playa perfecta, sin agobios de gente, con viento que hace que no pases calor pero que no molesta, con el mar un poco movido. A ver, nada que ver con el Cantábrico pero no es típica orilla como una balsa. Para eso, pensando en niños pequeñitos, es perfecta la Playa Sur, situada junto al Puerto Pesquero, es más pequeña y precisamente destaca por la tranquilidad de sus aguas debido al muro que forma el espigón.

El casco histórico

Esta fue mi segunda sorpresa. Si no esperaba un playa así, no imaginaba un casco histórico tan bonito y con tanta magia. Para mí, es visita indispensable, especialmente de noche. Desde las impresionantes murallas que mandó construir Felipe II al Castillo Templario, sus calles estrechas y con adoquines (ojo con los carritos de bebé, lo llevamos pero no es lo más cómodo del mundo, mejor portear). También en el casco histórico de Peñíscola se encuentra la Iglesia de Santa María, que conserva un tesoro de extraordinario valor entre el que cabe resaltar una Cruz procesional de Benedicto XIII, un cáliz del Papa Luna y un Relicario de Clemente VIII. Y por supuesto, muchísimas tiendas de comercio artesanal, pequeños bares, mesas en la calle… De verdad, una maravilla.

Peñíscola

Peñíscola

Entre otras cosas, también destaco su clima. Es perfecto porque no hace demasiado calor, su temperatura media en verano es de 25 grados. No puedo olvidar que, dado que es un destino familiar, en el paseo de la playa hay muchas actividades pensadas para los niños, sobre todo representaciones teatrales.

El Jardín del Papagayo

Esta fue la visita que decidimos hacer estando allí. Se trata de un jardín subtropical con más de 50 especies de papagayos. Tiene voladeros para que los niños puedan interactuar con muchas especies, darles de comer, que se posen sobre ellos… Tiene numerosas especies como cacatúas, flamencos, mariposas y canguros, lo cual no esperaba y obviamente, fue la primera vez que vimos unos en directo. Durante la visita, además también se pueden hacer circuitos de aventura accesibles para los niños.

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Resumiendo, destino completamente recomendable para ir en familia aunque os diré que incluso en pareja, porque ese casco histórico merece parar a tomar algo relajadamente en algunas terrazas 😉 Definitivamente habrá que repetir. Sobre el alojamientos en los Hoteles Mediterráneo os hablaré en otro post, que habéis preguntado varias cosas.

Cuadernos de vacaciones para repasar el inglés

Cuadernos de vacaciones para repasar el inglés

Si estáis pensando en que los peques este verano repasen un poquito lo del inglés, o más bien, que no pierdan lo que han ido avanzando durante el curso, os cuento que hemos recibido los libros Oxford Holiday English, adaptados a la edad de Alfonso y Rafa, y el Oxford Children’s Picture Dictionary, que a mí particularmente me ha encantado. Lo primero, tengo que decir que son cuadernos de vacaciones de la misma editorial que los libros que utilizan los niños en el colegio durante el curso, por lo tanto, ésa es la razón principal por la que me pareció buena idea tener los cuadernos para vacaciones. Con que dediquen 5 minutos al día al inglés y otros cinco a leer los días que estemos en Gijón, más que de sobra, no quiero ni creo que deban hacer más. La segunda razón por la que me parecen una buena elección es porque tienen una valoración muy buena en foros y webs donde se compran, en Amazon tienen entre cuatro y cinco estrellas y las opiniones que leí allí de padres son muy positivas.

cuadernos de vacaciones

Os cuento un poco. Empiezo con el diccionario de dibujos, que me encanta y que obviamente les ha gustado muchísimo porque se parecen a esos libros en los que tienes que buscar personajes, que muchas veces os he mencionado lo muchísimo que les gustan, y en los que los dibujos incluyen los nombres de las cosa en inglés y español. Tiene un contenido muy visual y vienen más 800 palabras sobre 40 temas distintos: profesiones, el cuerpo, animales, juguetes, ropa, cosas que encuentras en una cocina, en el baño… Incluye en cada página alguna actividad y viene con un código para descargar contenido extra, que incluye canciones. Pero mi objetivo es que cojan el diccionario de dibujos como esos libros que tienen en casa con un montón de dibujos. Se saben de memoria dónde está cada personaje de tanto mirar y buscar objetos, con la ventaja de que en el Oxford Children’s Picture Dictionary tienen al lado el nombre en inglés y español de cada cosa.

cuadernos de vacaciones

Y por otro lado están los cuadernos de vacaciones, Oxford Holiday English. Hay disponibles en 11 niveles desde infantil hasta finales de la ESO. A ver, la idea es que ayudan a los niños a repasar el inglés aprendido de una manera divertida, no es como el cuaderno que tienen durante el curso, está más orientado a dibujar, colorear, relacionar… Lo pueden usar en cualquier momento de las vacaciones de forma flexible.

Y como os decía, lo que quiero es que por la mañana en casa, mientras yo trabajo un rato, cocino y esas cosas, ellos dediquen unos minutos a leer y a repasar el inglés, no quiero que vean mucho la tele, lo cual espero que sea fácil porque apenas la suelen ver y no os creáis que les engancha mucho, y luego ya piscina o playa los días que salga el sol. ¿Tenéis pensado que los peques hagan alguna tarea o lectura este verano?

Viajar con niños: playas Oliva (Valencia) y Altafulla (Tarragona)

Viajar con niños: playas Oliva (Valencia) y Altafulla (Tarragona)

Lo confieso: siempre pensé que la zona del Levante, sobre todo la Comunidad Valenciana, estaba bastante masificada. Es cierto que hay mucho turismo y que posiblemente haya existido un urbanismo «masivo» pero también tiene sus lugares con encanto, como os conté que me pareció Jávea, o playas como Oliva, una de las mejor conservadas de la costa valenciana. Un arenal enorme (en torno a 10 kilómetros), que está entre Gandía y Denia, de agua limpia, con unas dunas en el litoral que apenas te dejarán ver construcciones, aunque precisamente es una zona de casas, no hay ni un edificio.

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Yo me imaginaba luchando por un hueco en la playa estas vacaciones y, así como os he dicho que en las urbanas de Jávea y especialmente en Denia había mucha gente, la de Oliva es como un oasis entre tanto barullo. Fuimos tres días a ese arenal y nunca tuvimos problemas ni de espacio ni de aparcamiento ni de accesibilidad, una maravilla. En sus 10 kilómetros hay unos 8 chiringuitos y el más conocido es Oliba-ba, al tener dos moais, famosas figuras de la Isla de Pascua. Es muy llamativo.

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Otra zona que suele tener bastante turismo y además tiene localidades con muchísima construcción es la costa de Tarragona. Pero también tiene sus pueblos con encanto y pequeños oasis con menos afluencia de gente. Altafulla es un municipio costero de origen medieval donde llama la atención el Castillo de Monserrat. Este año no subimos al pueblo pero conocimos su playa. Mide algo más de un kilómetro, la ocupación es media y los accesos fáciles.

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Muy recomendable el restaurante Voramar.

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Cerca hay una cala muy bonita, la playa del Canyadell, rodeada por pequeños acantilados de roca amarilla. Se  puede llegar andando de una a otra pero hay que olvidarse de sillitas, ¡nos dimos una buena paliza para bajar con los niños! Y tampoco hay aparcamiento cerca.

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Pequeña cala de unos 60 metros, no señalizada y con baja ocupación.

Como veis, también se pueden encontrar playas con poca gente y relativamente tranquilas en el Levante. Así que si algún verano os dejáis caer por Tarragona o Valencia, tomad nota de estas dos playas para ir con los peques sin agobios.

En playa América (Vigo) y su parque acuático

En playa América (Vigo) y su parque acuático

El fin de semana pasado visitamos Galicia, en concreto Vigo, donde viven unos amigos. Ya os adelanto que el clima de esa zona no es el mismo que os encontraréis en Asturias, Cantabria, País Vasco o el norte de la misma Galicia. En el sur hace más calor y más sol; además, la zona de las Rías Bajas es preciosa. Turismo no hicimos porque, cuando vamos, es para estar tranquilos, pero el sábado disfrutamos de un día intenso de playa y los niños, como siempre, encantados. Estuvimos en playa América, en Nigrán. Es un arenal de casi dos kilómetros, tiene bandera azul y está en zona urbana, por lo que el acceso es fácil y hay restaurantes para comer. Y como veis en fotos, es una playa preciosa y, con marea baja, enorme. No sé cómo estará en agosto pero ahora en julio, en pleno fin de semana, había bastante gente pero sin sensación de agobio, como ocurre en otras playas urbanas.

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Vistas de Bayona al fondo

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Haciendo volar un avión que compramos a un vendedor ambulante por dos euros, ¡menudo invento!

Por la tarde fuimos un rato al mini parque acuático que han instalado en la zona. Como os podéis imaginar, es algo temporal y, por tanto, hay cuatro cosas contadas: tobogán, hinchables, piscina poco profunda y un simulador de olas para hacer surf (niños de más de once años). Pero vamos, está muy bien para pasar un rato; se paga 3 euros por bajar el tobogán en tres ocasiones y podéis tiraros con los niños si ellos solos no se atreven. Y los hinchables cuestan 2 euros y pueden estar 20 minutos.

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Y si queréis una recomendación gastronómica, os digo que Porto Dos Barcos es de lo mejorcito para comer o cenar pescado y marisco, lo de las almejas es espectacular. Está en Oia, en la carretera que va de Bayona a La Guardia, por la costa. El restaurante estéticamente no es nada del otro mundo pero su ubicación al lado del mar hace que puedas tener unas vistas impresionantes.

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Y gracias por vuestros comentarios ayer en rrss. Estaré un poquito más desconectada porque he vuelto a trabajar a la televisión, aunque sólo unas semanas.

Playas de Asturias: Guadamía, espectacular y peculiar

Playas de Asturias: Guadamía, espectacular y peculiar

Sí, tiene arena y el agua es salada pero no es una playa al uso. Si algo tiene Llanes es que tiene algunos de los arenales más peculiares que existen. De hecho, hay una playa que os enseñé aquí en el blog hace más de dos años, la de Gulpiyuri,  que está catalogada como la octava playa extraordinariamente única del mundo; con eso ya os digo todo sobre la costa llanisca. Pero bueno, me voy a centrar en Guadamía y os cuento algunas cosas que hay que tener en cuenta porque, ya os digo, no es una playa normal. Para empezar, en pleamar, toda la arena queda bajo el agua. Es decir, que tenéis que mirar en alguna web la hora de las subidas y bajadas de marea A nosotros nos coincidió justo a las 3 de la tarde así que comimos en la cuesta de acceso (hay restaurate así que la otra opción hubiera sido comer justo ese rato allí). Lo cierto es que los de las mareas es algo que la gente ya sabe así que estábamos nosotros y dos grupos más.

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Hora de la comida en la cuesta de acceso

Es una playa sin olas porque, como veréis en las fotos, no está en zona de mar abierto. Al final, es como una piscina de agua salada, con un color verde impresionante, que resulta perfecta para los niños porque cubre poco y por la ausencia de olas así que los peques lo pasaron genial. Cuando la marea empieza a bajar, se puede llegar a zona de mar abierto, pero ojo porque no hay salvamento. Os cuento que lo de aparcar ahora en verano es complicado, no porque no haya sitios sino porque el camino es estrecho y hay mucho movimiento debido a la cantidad de gente que va a visitar los famosos Bufones de Pría, que también os enseñé en el blog y que es un sitio impresionante. Así que tened en cuenta ese detalle. Y ahora os pongo algunas fotos más para que la veáis.

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Toda el agua que veis detrás de mí desaparece con la bajada de la marea y se llega a pie a zona de mar abierto.

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Marea empezando a bajar

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Marea bajando. Imagen de la web llanes.com

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Imagen de la playa con la marea baja de la web eltiempo.es

Como veis, es una playa impresionante pero con unas características muy peculiares, y en este caso es primordial tener en cuenta los horarios de pleamar y bajamar. Espero que os haya gustado.

Cerrado por vacaciones y… descanso mental

Cerrado por vacaciones y… descanso mental

Servidora se despide del blog las próximas semanas. Dejamos el verde asturiano y nos vamos unos días a la otra punta de España y, otros tantos, al país vecino. Sé que no voy a descansar; sería ingenuo pensar algo así viajando con tres niños pero necesito desconectar del mundo 2.0.  Este último mes ha sido agotador intentando actualizar cuatro o cinco veces por semana, porque temas e ideas no me faltan, tengo mucho que contar. Pero con los niños de vacaciones, ha sido muy complicado encontrar huecos por el día y he terminado acostándome casi todas las noches a la una o dos de la madrugada.

Así que me toca parar, terminar de cenar y, en vez de sentarme frente al ordenador, jugar con los niños, tomerme un Martini con limón con maridín e, incluso, leer. Sabéis que me encanta escribir, me ilusiona leer todos vuestros comentarios, me divierte contar cosas divertidas y, de vez en cuando, situaciones más serias pero todo esto supone muchas horas. Es más, algunas veces he dejado algún mail o comentario sin responder así que pido disculpas, es falta de tiempo, nunca de interés. Pero ahora sí, el ordenador se apaga y yo desconecto. Eso sí, me llevo la cámara de fotos y una libreta para apuntar todo aquello que pueda contaros a la vuelta. Y ahora, ¡a seguir disfrutando de este verano y de mis tres soles!

20150725_181750_resized 20150725_181817_resized 20150802_132129_resized 20150802_134803_resized 20150802_172158_resizedSeguiré dando alguna señal de vida en la ventanita de Instagram.

Cabárceno, una visita indispensable

Cabárceno, una visita indispensable

Tenía muchas ganas de ir con los niños al Parque Natural de Cabárceno (Cantabria). Es un lugar al que fui siendo niña en más de una ocasión y creo firmemente que es un sitio que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Cierto es que nuestra idea era ir con los churumbeles más adelante, cuando fuesen un poco más mayores pero al final surgió así; teníamos un evento familiar en el País Vasco y casualmente el lunes era festivo en Gijón así que, ya que hacíamos maletas, ¿qué más daba una noche más en Cantabria? En otra ocasión os hablaré de Suances, que es el pueblo donde dormimos. Si alguien va a hacer ruta por tierras cántabras este verano, que se apunte el nombre y lo visite.

Dicho esto, me centro en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Que nadie tenga en mente que aquello es un zoológico convencional porque ni lo es ni se le parece. Estamos hablando de 750 hectáreas (de una antigua explotación minera) de una belleza espectacular donde los animales no viven con completa autonomía pero sus actividades están marcadas por su casi total libertad e instinto. El parque acoge un centenar de especies de animales de los cinco continentes que se encuentran en recintos de una superficie enorme.
DSCN6010El recorrido se hace en coche aunque, si alguien quisiera, podría hacerlo andando. Ya os digo que son varios kilómetros y que, además, hay numerosas zonas de aparcamiento por todo el parque con lo que me atrevo a decir que casi nadie hace el itinerario a pie teniendo en cuenta que puedes pararte prácticamente en cualquier parte. El precio de la entrada para adultos es caro (25 euros) pero los niños de hasta 5 años entran gratis así que, por primera vez, ir con tres críos pequeños nos salió por el mismo precio que si hubiéramos ido con uno 😉

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Foto desde el coche.

Y aquí van algunas recomendaciones:

1. No vayáis días de sol y calor, casi nos da algo a más de 30 grados bajando y subiendo del coche con los tres peques. Si podéis elegir, dejad este plan para días nublados. Además, nos quedamos sin ver algunos animales que, lógicamente, se escondían en cualquier lugar con sombra.

2. No os perdáis bajo ningún concepto la exhibición de los leones marinos; será, sin duda, lo que más les guste a los niños. Además, me encantó saber, según nos contó una de las cuidadoras, que son animales que aprenden muy rápido, son sociables y además, les gusta relacionarse con los humanos que son simpáticos. Vamos, que son como los niños.

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3. Los animales que no podéis dejar de ver tampoco son, desde mi punto de vista, las jirafas. Son absolutamente espectaculares y es fácil observarlas de cerca. No es igual de sencillo ver a los elefantes a una distancia corta ya que el espacio en el que están es enorme. Nosotros sí tuvimos suerte. Y otros animales dignos de ver son los osos, las cebras y los orangutanes.

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DSCN60004. Hay cafeterías y restaurantes pero, sinceramente, el parque tiene vistas tan bonitas que recomiendo comer al aire libre. Además, se puede hacer prácticamente en todo el recinto. Nosotros elegimos un banco debajo de un árbol precioso y estuvimos encantados comiendo bocadillos.

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Los pelos de mis hijos también son dignos de ver 😉

Para mí, como he dicho al principio del post, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno es, sin duda, una lugar al que ir con los niños una vez en la vida… por lo menos. ¿Lo conocéis?

Avisos:

Tenéis la lista de ganadoras del sorteo Impetus de ropa interior de niños aquí.

Como he visto que muchas conocéis y compráis en Vertbaudet, los descuentos están aquí.

Vacaciones en casa ajena

Casi todo en la vida tiene su parte buena y su lado malo pero es obvio que lo interesante es quedarse con lo positivo y aprender de lo negativo para evitarlo en futuras ocasiones. Como veis, me he puesto un poco filosófica, parece que me voy a poner a hablar de cosas muy profundas y ¡nada más lejos de la realidad! De hecho, irse de vacaciones y meterse en casa de tus padres o suegros a muchas os sonará. Y como todo, tiene pros y contras. Empecemos por los últimos:

1. Los niños se alteran: las vacaciones de por sí ya les perturban bastante pero si a eso le sumas irte a casa de algún familiar, aquello es el «no va más». Alfonso se pasó la semana en Zaragoza como una moto; a Rafa lo que le ocurre es que se vuelve irascible, algo así como la niña del exorcista.

Ahí veis a Alfonso, fuera de sí con sus primas riéndole las gracias. Y aunque Rafa esté sonriendo, os aseguró que pasó más tiempo protestando.

 

2. Los niños te toman por el «pito del sereno»: De repente, no sabes qué fuerza extraña les invade pero no quieren comer lo que engullen habitualmente y directamente llaman a sus abuelos cuando quieren conseguir algo, vamos, es que ni te miran cuando persiguen un objetivo. En fin, que Rafa rechace unas lentejas es como para ponerse de los nervios.

3. Los niños se ponen malos: no falla, tienen un radar para eso. Es oler las vacaciones y pasa algo. Por primera vez, Rafa tuvo conjuntivitis y, algún que otro día, décimas de fiebre. Mientras tanto, Alfonso cogió una buena tos, ¡y mira que desde febrero no se ponía malo de nada! Y yo cruzando los dedos y rezando todas las oraciones para que Gabriel sobreviviese a todos los virus. Porque además, mi cuñado estaba con gastroenteritis, los hijos de nuestro amigos con fiebre… Pero Gabriel ha vuelto sano y salvo a Gijón, es un superviviente a los microorganismos… y al frío de Zaragoza.

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De esta guisa íbamos con los pequeñuelos. Vale, no todos los días hizo tanto frío pero cuando les hice la foto, los termómetros marcaban 0 grados.

 

4. Hay que tener orden: cuando estás en casa ajena, no puedes dejar los coches y las piezas de lego por ahí. Más que nada porque, aunque tú ya estés acostumbrada a ir saltando por tu casa, los demás no. Y porque si tú pisas cualquiera de eso objetos, ya tienes el pie acorazado y acostumbrado, por lo que el dolor es soportable. Pero no, ni tus padres ni tus suegros podrían soportar tal envite.

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Teniendo en cuenta que te vas con la casa a cuestas, ¡qué menos que tenerlo ordenado! Y como veis, maridín es experto en organización del espacio.

 

Pero no todo va a ser malo. Alojarte en casa de tus suegros, en mi caso, tiene sus cosas positivas. Yo no me puedo quejar porque me tratan muy bien aunque es obvio que, como decía Dorita en «El Mago de Oz»: se está mejor en casa que en ningún sitio. Vamos allá:

1. Tienes ayuda con los niños: Ya os podéis imaginar cuál es mi percal mañanero con Alfonso y Rafa de vacaciones estos días. Preparar desayunos a unos, dar el pecho al otro, vestirles a todos, ducharme, volver a dar el pecho, cocinar, hacer camas… Así que, si tienes quien te ayude con esas labores, la mañana no será como subir el Everest.

2. Ni cocinas ni limpias: Estar en casa de nuestras madres o suegras implica olvidarse de ciertas tareas; ya sabéis lo mucho que les gusta aprovechar las visitas para preparar suculentas comidas. Supongo que no todas son iguales, pero la madre que parió a maridín no deja que hagamos nada, lo cual no quiere decir que yo no eche una mano a la hora de poner la mesa o recoger platos pero vamos, enseguida me «obliga» a sentarme de nuevo.

3. Vacaciones baratas: pues sí, te vas una semana y te dejas el dinero en gasolina y peajes pero una vez llegas a tu destino, tus padres o suegros, invitan a todo o casi todo. Y no sólo eso, sino que además, amigos de la familia te dan algunos eurillos para que le compres algo al recién nacido.

Y hasta aquí la lista de ventajas y desventajas de meterte en casa de la suegra. Como veis, no es que me motive el tema de que los niños se alteren porque la que se altera después soy yo, pero por otro lado, la ayuda y olvidarme de ciertas tareas, me ha tenido menos agobiada. Y a vosotras, ¿os agobia pasar las vacaciones en casa de familiares o, por el contrario, os tranquiliza el desentenderos de ciertas labores? Por cierto, si vais a Zaragoza en estas fechas con niños tenéis que:

Ir a Neverland, en Puerto Venecia, el centro comercial más grande de Europa. Preparaos para que cada atracción os deje el bolsillo temblando. Subir en el tranvía.
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Ir a la plaza del Pilar a ver el mercadillo.

Allí podréis ver un Belén enorme y esta pista para atrevidos.

 

La vuelta al cole, ¿un descanso para los padres?

Ahora sí, lo confieso y, no sólo eso, sino que lo grito a los cuatros vientos: me uno al club de las madres que están deseando que llegue la vuelta al cole. ¡Quién me lo iba a decir! Acostumbrada yo a estar las 24 horas del día con un niño o retoño a cuestas desde hace casi cuatro años y, a la mínima, estoy deseando desertar. Que no es que ya no quiera estar tanto tiempo con los churumbeles pero es que juntos, día y noche, han resultado una mezcla explosiva. Por separado el asunto lo llevaba mucho mejor, no os voy a engañar.

El verano pasado tenía un niño de más de dos años y medio que había salido de la guardería casi como había entrado, de un dócil que para qué contaros, casi rondando la santidad. Vamos, un niño de esos que da gusto tener en casa. ¡Pobre de mí que pensaba que aquello sería así toda la vida! Fue empezar el colegio y se acabó la paz. Allí espabilan y el que era dócil ahora es un mandón. Y el que era manso, ahora es un rebelde, con mucha bondad, pero al fin y al cabo, un niño que está en fase de negación, ¡mira que les gusta decir «no» a todo!

Y el verano pasado, en mi casa, el otro inquilino tenía ocho meses y todo su desplazamiento era el gateo, y esas velocidades no son comparables a las maratones que hace hoy en día. Y ahora tengo un pequeño imitador de su hermano mayor. Lo sé, con 22 meses no debería tirarse en «plancha» al suelo, ni coger la moto y «estrellarla» contra el sofá, ni reírse cuando le hacen una zancadilla; al menos, eso era algo que Alfonso no hacía hace dos años, pero vamos, ni eso ni parecido. Pero los pequeños copian y, por desgracia, no a sus padres, sino a sus hermanos. Y si el mayor se sube a la cama o al sofá para saltar, el otro va detrás. Y si uno quiere un coche, el otro también. Y así se monta la de San Quintín. Y yo, a estas alturas, tengo la cabeza como un bombo.

Así que, desde aquí, lo digo alto y claro: las vacaciones son para los niños, no para los padres. Y casi tres meses de fiesta y jarana empiezan a parecerme un exceso. Claro que, en el caso de los hijos únicos, igual la cosa es bastante más tranquilita aunque apuesto a que acaban queriendo regresar a las clases porque en casa no hay tanta animación. Igual soy yo una exagerada por aquello del embarazo pero me da a mí que no soy la única a la que la vuelta al cole le va a sentar bien. Y vosotras, ¿sois de las que estáis deseando que empiece otra vez el colegio de los peques?, ¿notáis también que ellos necesitan más rutina y a sus amigos?

Planes con niños en Asturias: Luarca y la playa de Cueva

Planes con niños en Asturias: Luarca y la playa de Cueva

La semana pasada os contaba que las vacaciones fuera de Asturias habían dado mucho de sí. Tampoco es que el tiempo que nos quedamos aquí fuese tranquilito, tuvimos visita en casa de unos amigos con su niña y Alfonso y Rafa estuvieron a la altura, vamos, sobreexcitados y pasándolo como los indios. Aprovechamos para ir a unos cuantos sitios, algunos ya los mencioné en otros posts, así que hoy os hablo de un pueblo que hacía unos años que no visitaba y que, si venís por Asturias, tenéis que ver: Luarca.

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No podéis dejar de ver dos cosas: el puerto y el cementerio, que siempre aparece en las listas de los mejores camposantos de España porque tiene unas vistas que ya quisiéramos muchos vivos desde nuestras casas y donde está enterrado el Premio Nobel de Medicina, Severo Ochoa. Y en el puerto podréis encontrar un montón de restaurantes donde comer, yo sólo os puedo hablar de la terraza en la que estuvimos el sábado, Bitácora, donde el pulpo de «pedreru» estaba exquisito.

Y como el sol por fin lució este fin de semana, por la tarde aprovechamos para ir a la playa y conocer alguna de la zona. Estuvimos en la playa de Cueva, donde desemboca el río Esva. El acceso en coche es un poco difícil los últimos metros porque no está asfaltado y hay piedras pero vamos, nosotros llegamos bien con un coche normalito y corriente. La gran «pega» de esta playa para ir con niños es que la mayor parte es de piedras y, de hecho, me sorprendió ver a muchas familias. Allí me encontré con una conocida que va a menudo y me dijo que, cuando la marea está baja, hay muchísima arena y un montón de cuevas por las que adentrarse. Tiene pequeño chiringuito y salvamento, poco más.

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Vista aérea de la playa de Cueva. La Nueva España

Vista aérea de la playa de Cueva. La Nueva España

Sé que, a estas alturas, los posts de playas quizás no os sean tan útiles pero yo no doy por terminada la temporada de verano hasta octubre; aún recuerdo el calor del día que nació Alfonso, un 1 de octubre, y su primer cumpleaños en la playa a 30 grados. Eso sí, no me despisto, tengo muchos temas en mente para las próximas semanas 😉

Cosas que se aprenden en vacaciones

Cosas que se aprenden en vacaciones

Este año, debido a mi trabajo, hemos pasado sólo diez días fuera de Asturias pero ha sido el tiempo suficiente para aprender cosas nuevas. Y no me refiero al lugar donde veraneamos, Torredembarra (Tarragona). Primero, porque hace ya años que vamos al mismo sitio al tener un apartamento mis suegros allí. Y segundo, porque no hay nada que lo haga un lugar especialmente interesante o bonito, desde mi punto de vista. Eso sí, playa, toda la que queráis, llegar a la orilla es como cruzar el desierto del Sahara. A lo que íbamos, las vacaciones con niños son divertidas, a la vez que estresantes, porque descubres cosas nuevas:

  1. Como se te ocurra ir a un sitio con el típico trenecito turístico «la has liado»: nadie te libra de un paseo por el pueblo en cuestión y, como se pongan pesados, te toca repetir. Peor aún es tener en el paseo marítimo varios puntos con atracciones, castillos hinchables y camas elásticas. Prepárate para gastarte «las perras» porque, si en tu época costaba 100 pesetas el viajecito, ahora te «clavan» 3 euros. Ver para creer.
Y encima, el pequeño te hace tres veces la misma jugada: suplicar subirse a los coches para hacerlos parar en mitad del trayecto a lágrima viva.
  1. Descubrir que tu hijo pequeño le tiene pánico a los chorros de la piscina y además grita «pipí» cuando se acerca a alguno: lo cual te obliga a decir bien alto «Que no hijo, que es un chorro de agua» para que la gente de la urbanización no se alarme pensando que tu peque está orinando por todos lados.
  2. Si tus retoños son capaces de abrir las duchas de las piscinas, harás ejercicio: básicamente, salir de la piscina una y otra vez si estás dentro, o levantarte otras tantas veces si estás tumbada en la toalla.
  3. Da igual que tus hijos tuviesen miedo al agua al empezar el verano porque, en cuestión de días, no querrán salir de la piscina o del mar: Y si en vez de una temperatura de 20 grados, el agua está a 25, entonces habrá disgusto asegurado porque aquello les parecerá caribeño.

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  1. La tonalidad de piel bronceada de tus descendientes se te olvida durante el invierno: cada verano te vuelves a reencontrar con un color, casi parecido al de otra raza, que habías olvidado por completo y que crees que nunca habían tenido. Pero no, miras las fotos de los veranos anteriores y, efectivamente, estaban negros. Y eso, poniéndoles crema con protección total, de esas que te dejan el cuerpo blanco hasta cuando sales del agua.
Y además, con moreno-manguito, algo así como el moreno-obrero.
  1. Y por último, descubres que cada día odias más los peajes: Sí, son caros de narices pero los aborreces porque, si el coche hace un efecto somnífero sobre los niños, los malditos peajes les despiertan. Y no sólo eso; tratas de evitar aquellos en los que hay personas con las que tienes que cruzar tres palabras (suficientes para despertar a las pequeñas fierecillas) y ahora resulta que los que son automáticos te hablan, manda… Si alguna persona de las que me está leyendo es responsable de la creación de estas máquinas, por favor, hagan los pertinentes cambios. Ningún ser humano va a contestar a un artilugio.

Y esos han sido mis nuevos descubrimientos los días que hemos pasado fuera aunque os aseguro que este verano está siendo para mí toda una revelación en cuanto a los peques. Me lo reservo para otro post. ¿Qué descubrimientos habéis hecho este verano?

Viajar con niños: playas de Jávea y Calpe (Alicante)

Cuando se acaban las vacaciones, vuelvo a casa con dos cosas de más: kilos y estrés. Lo primero me ha pasado toda la vida y en una semana el asunto está solucionado; lo segundo me pasa sólo desde que soy madre. Aún recuerdo cuando volvía a casa tras unos días de descanso con una sensación de sosiego y paz que ya no he vuelto a experimentar en los últimos tres años. Ya se sabe que los niños, en cuanto les sacas de sus rutinas y entorno, se desmadran. En cualquier caso, disfrutamos siempre de nuestro tiempo en familia. Y si acompaña el buen tiempo, mucho mejor.

La verdad es que este año, por primera vez, la Semana Santa la pasamos en un destino de sol y playa, en Jávea (Alicante). A maridín se le antojó lo de hacer barbacoas y claro, había que tirar más bien para el Sur, en este caso sureste, y eso supuso hacernos 1000 kilómetros de carretera. Eso sí, con parada nocturna en Zaragoza y así hacer el viaje más llevadero. He de decir que los gordis se portaron bastante bien en el trayecto y el DVD ayudó bastante.

 

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Merendando a nuestra llegada a la casa que alquilamos en Jávea. Cuando nos juntamos con la familia de maridín, lo de ir a hotel sale más caro y con niños es más incómodo.

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Playa de El Arenal. El primer día hizo mucho viento y por la mañana pasamos un poco de frío; en cuanto paró el aire, niños al agua. Si nosotros llevábamos media casa a cuestas, mi cuñada llevaba la casa completa e incluyó trajes de neopreno. La verdad es que el agua estaba en torno a los 17-18 grados. Vamos, yo ni harta de vino.

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Lo bueno de esta época es que las playas no están abarrotadas y los niños pueden jugar a la pelota sin molestar a nadie.

El segundo día fuimos a la playa de Calpe, donde lo más llamativo es el Peñón de Ifach. Al igual que en Jávea, más de la mitad de la población es extranjera, ¡anda que no son listos estos foráneos que vienen a España!

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Una de las tardes se nubló y fuimos a una zona donde había atracciones. En general, Jávea me parece que es un buen destino para niños y familias.

Y una vez más, las vacaciones se nos han pasado volando pero reconozco que se agradece un poco el volver a la rutina (madre mía, quién me ha visto y quién me ve). Lo que ya no agradezco tanto es lo de volver a poner abrigo 😉 ¿Qué tal vuestras vacaciones?, ¿de playa, montaña, caseras, religiosas? que conste que este año eché de menos ir a ver alguna procesión, creo que es la primera vez que no voy a ninguna. Otro año será, prometo no volver a hacer tantos kilómetros para cuatro días.