Me habéis pedido que comparta con vosotras mi plan de entrenamiento. Bueno, no es que tenga un plan como tal sino que me obligo a cumplir un mínimo de ejercicio semanal. Adelanto que lo que entreno se adecua a mis circunstancias y a mi forma física. Pero lo que sí creo es que es un objetivo realista para la mayoría de mujeres que tenemos hijos. De cualquier manera, siempre, lo mejor es que consultéis con un profesional y que, si queréis arrancar y no sabéis si los embarazos o partos han pasado factura a vuestro suelo pélvico, hagáis una visita a un fisioterapeuta especializado por si os desaconseja algún tipo de deporte. Así que tened en cuenta que este es un entrenamiento real para madres pero luego hay circunstancias personales, las de cada una.
Si me preguntais si lo que entreno ahora me ha servido para disminuir la grasa corporal (ya sabéis y aquí os expliqué porqué no me gusta hablar de bajar peso), la respuesta es sí, y mucho. El cambio es brutal únicamente con deporte ya que no he cambiado mis hábitos alimenticios, que son mejorables. Como sano en las comidas (aunque abundante) pero también consumo mucho pan y dulce a diario. Pero el cambio no es instantáneo como el de una dieta sino que es a medio plazo, eso sí, con la ventaja frente a las dietas, de que ganas masa muscular.
Entrenamiento real para madres
Como la falta de tiempo suele ser nuestro principal enemigo, vamos a echar cuentas. Yo salgo a correr tres días a la semana y cada día suelo dedicar una hora, quizás hora y media en alguna ocasión. Es decir, de 168 horas que tiene la semana, hago deporte entre 3 y 4 horas semanales. Hasta aquí, creo que es un objetivo muy realista. Buscar hueco para correr tres días a la semana, de siete que tenemos, me parece sensato.
¿Cómo distribuyo ese tiempo?
Un día a la semana intento hacer una tirada larga, es decir, correr entre 10 y 15 kilómetros. Y es el día que más tiempo dedico al deporte. Lo cierto es que no es necesario correr tanto, simplemente que este año quiero correr varias medias maratones y así no pierdo fuelle.
Otro día a la semana lo dedico a entrenar con un grupo (empecé hace tres meses). Ese día solemos correr entre 20 o 40 minutos y luego hacemos series, o cambios de ritmo, o algunos ejercicios. Esto me sirve a mí para mejorar mis tiempos, que es mi objetivo.
Y otro día a la semana lo dedico a hacer una carrera corta, entre 5 y 7 kilómetros. Y al llegar a casa añado ejercicios de fuerza, importantes para evitar lesiones y también para mejorar.
Y este es mi entrenamiento semanal. La idea es, más adelante, sumar un día más de entrenamiento para seguir mejorando. Os voy a dejar aquí varios ejercicios de fuerza que suelo hacer. Estos suelen ser fijos, añadiendo algo de pesas en brazos, pero en Youtube hay cantidad de vídeos para hacer más variedad y para hacerlo de forma correcta.
Sentadillas. Imagen de Runtastic.Ejercicios con pelota. Imagen de Hola.Planchas y planchas laterales. Imagen de guiafitness.comExtensión de cadera. Yo lo hago con peso en los tobillos. Imagen de The Beauty Mail, Cristina Mitre.
Si algo me ha enseñado correr es que «querer es poder». Ojo, esto no quiere decir que todo en la vida se puede conseguir, no todo el mundo podrá ser Usain Bolt, no todo el mundo podrá hacer una maratón, no, no y no. No podemos ser o hacer cualquier cosa. Pero «querer sí es poder» cuando adquirimos un compromiso y nos esforzamos. Si dices que quieres empezar a correr, puedes. Comprométete con eso y esfuérzate, y ahí tendrás el resultado, puedes hacerlo. Que yo no tuviera tiempo para hacer deporte cuando no era madre y que de repente lo tuviese cuando lo era de familia numerosa es la prueba. Antes buscaba excusas y ahora busco las oportunidades para hacerlo. Cuando algo te gusta y te aporta, cuando sabes que es bueno para ti, cuando sabes que es necesario por salud mental y física, cuando entiendes que te vas a ver mejor, ¡vaya si encuentras tiempo!
Maternidad y deporte, ¿cuándo?
Y ahí está la más grande de las pegas que tenemos cuando somos madres: cuándo, de dónde sacar el tiempo. El día sigue teniendo 24 horas, como cuando no éramos madres, así que algo hay que hacer. La clave está en lo que dije antes: en querer. Por tanto, encuentras el tiempo, lo encuentras tú y no esperas que te sobren los minutos porque siempre habrá algo más apetecible que hacer que ponerte a dar brincos. Así que elige tu momento:
Madrugar: esta es una de las opciones que existen, levantarse antes de que los niños lo hagan. Lo sé, esta es la menos atractiva pero sí es la opción que luego te va a hacer estar con mucha energía lo que resta del día. Tengo una amiga que lo hace, tiene tres niños y trabaja fuera de casa, y tan feliz.
De noche: esta es mi opción preferida, salir a correr cuando los niños ya están organizados y en la cama o a punto de acostarse. Para muchas, es el momento en que ya nos hemos relajado porque no hay cosas pendientes que hacer. Quien dice correr, dice otra actividad. Por ejemplo, yo a veces voy a clases de fitboxing a las nueve y media de la noche.
Del trabajo a casa o viceversa: mi madre lleva al trabajo su ropa de deporte y se cambia en la tienda para volver a casa. En serio, si vives en una ciudad mediana o trabajas a no muchos kilómetros, es una opción con la que no pierdes tiempo y te ahorras el transporte.
En el trabajo: si por contra, vives en una ciudad muy grande y tienes un trabajo en el que hay un rato largo a mediodía para comer pero no puedes ir y volver a casa, busca el gimnasio más cercano y ya sabes, aprovecha ese momento.
Mientras los niños están en extraescolares: ¿llevas y recoges a los niños de sus actividades extraescolares o entrenamientos y tienes ese tiempo ahí de espera? No lo dudes ni un segundo, ponte la ropa de deporte y aprovecha esos minutos. Es una opción que no yo puedo porque es complicado que coincidan 4 niños en una actividad a la misma hora siempre pero veo a madres que con uno o dos hijos aprovechan ese momento y es perfecto.
Fines de semana: a ver, es imposible que no puedas escaparte un rato los sábados o domingos. Ahí ya no hay excusa. ¿Apetecible un domingo por la tarde o por la mañana ir a correr o a clases de algo? Pues no, pero hay que querer. Es un rato, nada más.
En casa: si en el peor de los casos no pudieras hacer nada de lo que antes menciono, que creo que es muy improbable salvo situaciones muy puntuales, puedes hacer deporte en casa con tu bebé o tus hijos. Hay aplicaciones, videojuegos y por supuesto, profesionales que os pueden enseñar una rutina de ejercicios.
Mirad, todas las situaciones que menciono requieren un esfuerzo y probablemente, en muchos casos, una buena organización. En mi caso, hay semanas en las que mi marido se va de viaje por trabajo dos o tres días, ¿qué hago yo? Cambiar los días de entrenamiento. Yo no puedo por la tardes porque me encargo de los cuatro niños y, como os decía, es imposible que los cuatro tengan una actividad a la misma hora (partiendo de la base de que Aurora está conmigo casi 24 horas al día), de manera que mi momento es ya de noche.
No hay que hacer deporte a diario, empezad un día a la semana. No caigáis en ese pensamiento de que un solo día a la semana es poco y no merece la pena. Uno es mejor que ninguno. Y si ese uno os sienta bien, conseguiréis encontrar la forma de entrenar más días. Y por supuesto, nuestras parejas también tienen que implicarse a veces. Cuando alguien me escribe y me dice que no puede delegar un rato en su pareja, me da mucha rabia. Tener tiempo para vosotras no es egoísta, cuidarnos a nosotras mismas es casi una obligación. Maternidad y deporte parecen una difícil combinación y, sin embargo, es muy necesaria.
No fue tras el primer hijo ni tras el segundo cuando comencé a correr. Fue tras el tercero cuando me di cuenta que cuidar de los hijos agota pero no, no es deporte. Ya os he contado en más de una ocasión que lo hice por motivos estéticos. Recuperar mi peso tras los dos primeros embarazos no me costó pero, tras el tercero, mi cuerpo cambió. No creo que estuviera mal, para nada, hace ya muchos años que aprendí a quererme. Pero siempre he sido una persona a la que le gusta mejorar y superase en muchos aspectos, por eso también sentí que podía mejorar a nivel físico. Lo que no imaginaba es que esa decisión que tomé hace algo más de cuatro años (con los parones correspondientes por postpartos, embarazos y dos operaciones menores) me iba cambiar a nivel físico y a nivel psicológico.
Por qué elegí correr
Resulta que, a lo largo de mi vida, hice muchos intentos (frustrados todos ellos) de hacer alguna actividad física, desde baile hasta spinning (muy variado el abanico). Creo que mis relaciones con el deporte duraban una media de dos meses, vamos, un éxito 😉 Si no era la excusa del trabajo, era la falta del tiempo y luego, cómo no, los hijos. Ahí ya tenía la mejor excusa. Es verdad, no tenía tiempo entre niños y trabajos. Hice intento de gimnasio dos veces, fracaso total. Hasta que quise encontrar ese tiempo. Al principio me lancé a correr los fines de semana, después fui arañando algunos minutos entre semana, de noche. Y así, hasta ahora. Muchas carreras, dos medias maratones y varios parones obligados y siempre retomo. Pero no elegí correr así sin más. La verdad es que creo que no elegí correr sino que encontré que era lo único que me daba tres cosas que necesitaba y necesito tras ser madre:
Flexibilidad: Normalmente, al tener hijos surgen imprevistos. Yo no puedo comprometerme a un horario fijo todas las semanas. A ver, podría intentarlo un día a la semana, sabiendo que algunas voy a fallar, como me está ocurriendo con el fitboxing, que en verano algunas semanas fue imposible por horarios. Porque resulta que cuando los niños están de vacaciones en verano, sólo puedo hacer deporte por las noches, a partir de las 22.00 horas. Esa flexibilidad es lo que nos hace elegir correr. Puedes salir a cualquier hora y el tiempo que quieras.
No necesitas mucho tiempo: cuando empiezas a correr, lo haces 10 minutos, y luego ya vas sumando. Puedes correr media hora, ¿qué otro deporte te ‘roba’ tan poco tiempo y además no te obliga a desplazarte a ningún sitio para poder practicarlo? Sales de tu casa y empiezas., más cómodo y rápido imposible.
Pone en orden tus pensamientos: Yo no sé si os pasa, ya en general me pasaba cuando no era madre, pero ahora mucho más. Cuando me voy a la cama, mi cabeza se convierte en una centrifugadora: que si tengo que hacer esta llamada, que si hay que preparar esto, lo otro… Oye, que no para este cerebro. Pues mirad, ahora ese momento es cuando corro. Ese rato es para poner el orden todo esa batiburrillo. Y así, duermes mejor. Si te dejan tus hijos, claro 😉
Obviamente, cuando elegí correr, lo hice precisamente porque buscaba algo que requiriese poco tiempo y que pudiese hacer en cualquier momento, lo tercero llegó sin saberlo. Para correr no necesito concentrarme, como en otros deportes, sencillamente pongo un pie delante de otro, arranco y ya la mente va por libre , jaja.
Apunte: como sabéis, correr es un deporte de impacto así que hay que tener en cuenta el estado nuestro suelo pélvico para hacer esta actividad tras tener hijos. Consultad con un profesional. os dejo este post que escribí «Correr después de un parto»
La verdad es que siempre fui partidaria de tener hijos seguidos, supongo que, en parte, me gustaba la idea por lo que viví de niña. Éramos cuatro hermanos nacidos en cuatro años (hay unos mellizos) y eso hizo que fuéramos en muchas cosas a la par. Pero como todo en la vida, cada situación tiene sus ventajas y desventajas, y al final cada uno tiene las circunstancias que tiene y debe valorarlas. Es cierto que veía muchas ventajas de tener hijos seguidos pero también ahora estoy descubriendo las ventajas de que se lleven más años.
Ventajas de tener hijos seguidos
Los niños juegan mucho juntos: aunque al principio es un «fregao» importante verse con dos niños en casa que usan pañales, sillas, que necesitan ayuda para vestirse, para los baños, etc… de verdad os digo que esa época de agobio pasa y que luego juegan muchísimo juntos. A ver, no es garantía de que cuando sean mayores se lleven mejor. De hecho, yo tengo más afinidad, por cuestiones de gustos y formas de ser, con uno de los hermanos con los que me llevo cuatro años que con el que me llevo 13 meses. Pero de niña, como es obvio, jugué mucho más con el que era seguido y sin él esos años hasta que nacieron los mellizos, hubieran sido menos animados.
Van a la par: cuando crecen un poco, tienen horarios muy similares, probablemente también les interese ir a los mismos sitios, se verán más en el colegio, tendrán más actividades que poder compartir…
El tiempo pasa muy rápido: vas a loco. Es verdad que cuando lo estás viviendo, es todo un poco caos y tienes la sensación de no llegar a nada, pero cuando has cerrado el ciclo pañales-sillitas, o lo que es lo mismo, has cerrado la etapa de los bebés, lo ves ya de otra manera y lo agradeces. Ahora mismo, en mi casa, si no fuera por Aurora, hace ya más de un año que no necesitaríamos sillita, que no tendríamos que cambiar pañales, que podríamos ya ir a cualquier sitio sin ninguna complicación…
Ventajas de tener hijos separados o espaciados
Te pueden ayudar: obviamente, ayudar. Quiero decir que un hermano no debe cuidar a otro en el sentido estricto de la palabra. Lógicamente, depende de la edad que se lleven, te pueden ayudar a unas cosas u otras. Gabriel a mí me puede ayudar a cambiar un pañal a su hermana pero no supervisar si quiero ir a darme una ducha, mientras que Alfonso sí puede hacerlo.
Se disfruta más: o se vive todo más relajadamente porque, como es lógico, si tus hijos mayores ya pueden vestirse solos, comer o ducharse sin ayuda, pues entonces disfrutas más de ese bebé. No como si fuera el primero, porque al final a los mayores hay que alimentarles, hay que llevarles al cole, a actividades, hay que jugar un rato con ellos o echarles una mano con los deberes pero es obvio que cuanto más independientes son los mayores, mejor puedes atender al bebé y estás más tranquila que cuando son muy seguidos.
Los mayores entienden las cosas: cuanta más edad, más capacidad tienen para entender por qué estás más cansada, por qué no puedes estar tan disponible para ellos. Tienen paciencia cuando su hermano pequeño llora o tiene una rabieta, por ejemplo.
Y básicamente estos son los puntos favorables que yo veo a cada situación. Sigo creyendo que tenerlos seguidos es más práctico, sobre todo para los niños, pero estoy descubriendo cosas bonitas en la relación de los niños con su hermana que también me parecen bonitas. Vosotras, ¿qué preferís?
Os había prometido que habría una segunda parte del post «5 cosas que no me gustan de ser madre«. Y es que tendemos a hablar de la parte más idílica de la maternidad obviando a veces las incomodidades que supone. Pero como soy de más de ver la botella media llena que medio vacía y no iba a dejaros con aquel mal sabor de boca 😉 hoy os cuento también las 5 cosas que me gustan de ser madre. Bueno, las que más me gustan, porque sí, hay unas cuantas más…
5 cosas que me gustan de ser madre
Mejora cualquier día de birria: sí, ese día que has discutido con un amigo, con tu madre o con Perico el de los palotes.. ese día en que ha sido todo una caca, vienen tus hijos, te cuentan super emocionados cualquier cosa del cole o de Cristiano Ronaldo, o lo que sea, te dan un beso y ya todo se ve de otro color. Es así, los niños no te dejan pensar mucho en otras miserias.
Eres más productiva: siempre había escuchado que haces más cosas cuando más cosas debes hacer y es tal cual. Cuando tienes hijos, pierdes el tiempo justo, es decir, no pierdes el tiempo. Y entonces te das cuenta de la cantidad de cosas que se pueden hacer en un sólo día.
Valoras lo importante: por lo menos yo. Habrá quien con la maternidad siga enfrascada en preocupaciones intrascendentes pero desde luego, si antes tenía claras las cosas importantes, desde que soy madre, mucho más. Es que no pierdo el tiempo en según qué cosas ni mi cabeza le da demasiadas vueltas a ciertos asuntos.
Simplificas: no sólo haces más cosas durante el día de las que hacías antes sino que además, lo que haces, lo haces sin miramientos, sin chorradas… Y esto se va incrementando en función del número de hijos. A más hijos, más síntesis…
No tienes sentido del ridículo: sí, a mí la maternidad me ha hecho perder el sentido del ridículo, aunque ya venía con poco de serie, que aquí donde me veis siempre he sido muy farandulera y en el cole bordaba el asunto. Cantas y bailas canciones que nunca se te hubiera pasado por la cabeza, hablas a veces como si fueras un poco boba, te pones a dar saltos sabiendo que te estás jugando el menisco…en fin, cosas varias.
Como sabéis, este post tiene un punto de humor. Que no es que sea todo literal, vamos, pero casi, casi 😉 ¿Qué es lo que más os gusta de ser madres?
A estas alturas, y cuando la que escribe es madre de familia numerosa, ya se puede uno imaginar que no es un post éste para desanimar a nadie con esto de la maternidad. Que si una repite varias veces es porque, al menos, algo divertido o bonito le encuentra al asunto. Pero pasa lo mismo que al que le gusta ir a la playa; que sí, que va feliz pero hay cosas de ir a la playa que algunos días le hacen acabar hasta el gorro. Si es que todo lo que nos gusta tiene sus pegas, por mucho que nos encante. Y la maternidad no podía ser menos. Así que, aquí va mi lista de cosas que no me gustan de ser madre.
5 cosas que no me gustan de ser madre
No descansas nunca o casi nunca: incluso cuando todos tus hijos duermen 10 horas del tirón, tú ya no vuelves a dormir a pierna suelta como lo hacías cunado no habías tenido churumbeles. Es como si el cerebro no fuese capaz de desconectar. El día que uno de mis hijos se despierta a las 7 de la mañana, me fascina ver cómo mi señor marido es capaz de volverse a dormir. Vamos, yo ya no vuelvo a pegar ojo.
No puedes planificar: con lo organizada que yo era para todo, esto no acabo de llevarlo bien. Ahora casi siempre sé que tiene que haber un plan B. Y si antes llegaba a los sitios antes de la hora prevista, por aquello de ir con calma, ahora me conformo con llegar sencillamente a la hora, eso sí, corriendo. De repente es como si no pudiese controlar el tiempo, cuando antes me daba la vida para todo.
No puedes comer lo que quieras y cuando quieras: ay, señor, ¿dónde se quedaron esas cenas “sin sustancia” en el sofá?, ¿ese poder sacar cualquier cosa de la cocina que te apetecía a media tarde? Pues nada, oye, que como se me ocurra ponerme a comer un dulcecillo a media tarde, vienen las hienas a pedir su ración. Y claro, si además te has propuesto que los niños coman sano, si quieres comer cualquier guarrería, ya puedes esconderte para no dar mal ejemplo.
Sufres, quieras o no: es que, aunque seas del club de madres pachorras y huevonas como yo que no suelen protestar por nada ni preocuparte innecesariamente, la maternidad te hace sufrir. De hecho, a mí me rompió el corazón y nunca, nada, me había dolido tanto como perder a mi hija. Pero sin llegar a ese punto, que gracias a Dios no es lo corriente, el hecho de que tu criatura sufra, que se pongan enfermos, y seguramente hasta cuando les rompan el corazón (para eso me quedan unos años), lleva implícito cierto sufrimiento.
Llegas a tu límite: no hay nada, nada más visceral y más bipolar que la maternidad. Pasas de cero a cien y de cien a cero en cuestión de minutos. Una rabieta o una bronca entre hermanos puede sacar lo peor de ti, casi tanto como un jefe canalla en el trabajo 😉 Así que no, no hay nada que lleve peor que verme fuera de mis casillas.
Y como todo tiene su parte buena y mala, me reservo lo que más me flipa de ser madre para otro post. ¿Qué es lo que menos os gusta de la maternidad?
Vengo observando últimamente escenas que permanecían ya completamente anuladas en mi memoria. Oye, ¡qué rápido se olvida todo con esto de la maternidad! De repente te ponen un recién nacido en brazos y piensas, ¿así cogía yo a mis hijos?, ¿con esa ligereza? En fin, que el otro día analizaba una acontecimiento que tenía lugar cerca de mi casa en el que unos padres dejaban a su criatura, seguramente porque se iban a trabajar, con sus abuelos. Y allí estaban, cuatro adultos para hacer semejante operación de descenso del coche e introducción del bebé, de unos 6-9 meses, en la sillita. La madre de la criatura sacándola del coche con sumo cuidado, el padre extrayendo la sillita del maletero, la abuela preocupada evitando que le diese un rayo de sol al bebé, el abuelo simplemente observando… Todo así como muy complejo. Vamos, muy de primerizos 😉
Así que me puse yo a pensar de forma sesuda y profunda en cosas en las que yo ahora objetivamente creo que era un poco exagerada. A ver, exagerada no he sido yo nunca, todo hay que decirlo. Que una ha sido muy dada a la despreocupación en general en todo, y obviamente, la maternidad no se ha quedado al margen en mi forma de ser. Pero bueno, así, se me ocurren ciertas cosas en las que las cosas cambiaron mucho del primer hijo… a los otros. Y además, creo que esto va aumentando según el número de hijos que tengas.
Ir cargada a la playa como si fuese a dar la vuelta al mundo: sombrilla, toallas, agua, sillita para que el niño duerma la siesta, gorrito para la cabeza, varios bañadores de recambio… En fin, con el tercero, toallas y avituallamiento, poco más…
La bolsa del carrito, llena de «por si acaso»: con el primero llevaba pañales para varios días, toallitas, muselina, peine (ya me diréis para qué si mis hijos eran super calvos), neceser con pomadas, el dalsy, agua, cucharas para las papillas… vamos, un arsenal. Con el tercero llevaba uno o dos pañales, toallitas y, con suerte, había alguna pomada para el culete empezada a saber cuándo… Todo lo demás, si en algún momento puntual era necesario, ya te encargabas de buscarte la vida en el momento.
Tu primer hijo siempre iba limpio: por lo menos salía limpio de casa, pasase lo que pasase. Como el segundo o el tercero se manchen en casa, ni te planteas cambiarle el modelito salvo hecatombe.
Tu primer hijo tenía cosas nuevas: los demás, puntualmente. Porque entre lo que quieres aprovechar del mayor y que luego ya sabes que no merece la pena gastar en muchas cosas en la que tiraste el dinero, a partir del segundo churumbel ya no te molestas en hacer acopio de prácticamente nada…
5. A tu primer hijo le sobreestimulabas: que si canto por aquí, que si un cuento, que si lo pongo boca abajo porque dice el pediatra que es bueno para fortalecer el cuello, que si le cojo de las manos para animarle a caminar… Con los otros, en fin, no te preocupes que ya se dará la vuelta solo para ponerse boca abajo, ya se agarrará a algún mueble para empezar a caminar… además, para qué hacer nada si la sobreestimulación ya le viene dado por sus hermanos mayores. El otro día me dijisteis varias en un vídeo de Gabriel chutando un cojín (ya sabéis que los balones están prohibidos en casa) que lo hacía muy bien para su edad. A ver si os creéis que le hemos enseñado o que está apuntado a fútbol. No, queridas, sabe por sus hermanos.
6. Tu primer hijo come más: bueno, a ver, entendedme, cada niño come lo que come, igual que los adultos. Yo me refiero a que al primero le preparáis las comidas con más mimo, puede que coma más variado, compráis más cantidades, no vaya a ser que la criatura pase hambre… Y por supuesto, le dais de comer siempre y puedes pasarte minutos y más minutos hasta que lo come todo la criatura. El tercero, como te diga que no quiere comer algo, directamente no discutes y «ya comerá», te dices a ti misma.
7. A tu primer hijo le vistes y le bañas hasta que le sale barba si te descuidas 😉 Cuando tienes más hijos, te das cuenta de que podría haberlo hecho solo desde hace tiempo mientras que el segundo o tercero ya lo empiezan a hacer pronto.
Como veis, muchas cosas son pura supervivencia para nosotras…y para ellos. La vida es más complicada cuando tienes varios hijos que cuando tenías solo uno. Pero llegas a todo. La diferencia es que con más hijos, aunque todo sea más complicado, tú aprendes a simplificar y todo te parece menos grave 😉
Cuando empieza un nuevo año, todo ser humano se pone a hacer cálculos y tiene pensamientos varios sobre lo que ha vivido los últimos doce meses y confía en mejorar aspectos para el año que comienza. Esto es así, de toda la vida. Me da igual si los llamamos propósitos, metas o cambios pero todos nos ponemos algún objetivo que queremos o debemos hacer en los siguientes doce meses. A veces es que dices propósitos y alguien te salta con eso de que nadie los cumple, porque muchas veces suena a tópico y a algo que nos va a costar la misma vida. Llámalos A, B o C, pero todos nos ponemos alguna meta en la cabeza.
Propósitos de una madre cuando empieza el año
Aunque he sido capaz en los últimos años de ir cumpliendo ciertas cosillas que no pensaba yo que haría, otras tantas se me siguen resistiendo. Así que voy con la lista de cosas que, antes o después, nos solemos poner como meta las que somos madres. Bueno, algunos propósitos no son sólo para las que somos madres:
Poner al día las fotos de los niños: Un clásico entre los padres en general. O bien pretendes pasar las fotos del móvil al PC y ordenarlas cronológicamente, o bien hacer un álbum. Mi propósito en 2017 era hacer álbumes del primer año de vida de mis hijos pequeños, y cumplí. Y además, hice un foto libro del año 2017 para recordar de alguna manera el embarazo de mi hija.
No comer las sobras de la comida de los niños: o lo que viene siendo cerrar el pico. Este es un propósito recurrente pero suele ser incumplido. Vamos, que el bocadillo que no se acaban mis hijos me lo meriendo yo, y las chuches que les dan en los cumpleaños y que voy guardando, me las acabo zampando yo. No puede ser.
Limpiar el coche: ay, ese lugar que esconde ya todo tipo de objetos, restos de comida y porquerías varias. Los automóviles de las madres son puro caos. Cada vez que empieza el año, digo: este mes sí, toca aspirar un poco las sillas de los niños y los suelos. Pero nada, me tiene que obligar mi marido, o hacerlo él.
Hacer deporte: este es un clásico para todo el mundo, da igual ser madre o no. Pero cuando eres padre, te autoconvences de que, o haces deporte, o la cabeza te explota algunos días. Bueno, eso, y que muchas queremos siempre bajar algún kilo que nos sobra de los embarazos. Que ya sabéis que no soy partidaria de hacer deporte sólo por estética pero yo empecé así y al final es un hábito que ya tengo desde 2016 y que me ha dado muchas cosas buenas.
No gritar a los niños: confieso que éste es un propósito más de verano que de principios de año. Digo verano porque los críos están de vacaciones, pasan más tiempo en casa y están un poco más descontrolados. El propósito de no gritar a los niños logré cumplirlo en verano de 2016. Ojito, que como todo, se necesita de vez en cuando trabajar el asunto, que un día la cosa se te va de las manos y pegas cuatro gritos. Pero bueno, lo importante es que he logrado mucho autocontrol en ese sentido.
No usar el móvil cuando estoy con los niños: aquí suspendo pero bien. Como trabajo en casa y tengo redes sociales muy activas, unidas al blog, a colaboraciones, etc… me resulta super complicado despegarme del móvil. Aquí dejo constancia de que lo voy a intentar. Y creo que es algo que muchas madres nos proponemos.
Leer un libro al mes: a algunas les parecerá poco, a otras mucho. Yo no lo sé, pero desde que soy madre, leo muy pocos libros. Y creo que es un denominador común entre las que tenemos hijos, que como descansamos poco, caemos fulminadas en la cama por la noche o solo apetece ver algo de televisión. Por eso, cuando empieza el año, suele ser habitual que las madres nos propongamos la lectura. Queda apuntado para 2018.
Y como propósitos personales, como madre que 2017 le dio un tremendo vuelco a su vida, aspiro en 2018 a volver a ilusionarme, a poder sonreír como lo hacía antes y a perder el miedo que ahora me acompaña. Bueno, y vosotras, ¿qué más añadiríais a la lista de propósitos de madre?
Al ser madre, adquieres una nueva identidad. Tranquilas, no me voy a poner intensa sino lo contrario. Pues eso, que cuando te das cuenta, te acabas presentando por la vida como «la mamá de». De repente te incluyen en un grupo de Whatsapp y ahí comienzan las presentaciones. Soy Menganita y soy la mamá de… Dieguito. Y yo leo con cara de póquer y pienso, ¿en serio alguna va a memorizarse los veinte nombres en la cabeza? Os voy a ser sincera, o les veo la cara a menudo o la tal Menganita va a ser la mamá de Dieguito el resto de tus días. Así que tranquilas, no os preocupéis las que me veis para comentarme algo sobre un regalo de cumple o lo que sea que os preocupa o queráis comunicarme.. si no recordáis mi nombre, os perdono y además no tenéis ni que disimular que no sabéis cómo me llamo porque es probable que yo tampoco me sepa el vuestro, para qué engañaros.
Y ojito, que con las mamás de los amigos del mayor aún haces piña y sí, en algún momento dejas de ser la «madre de» para tener tu propio nombre pero es que con el tercero, ni en un grupo de Whatsapp me han metido, lo cual agradezco porque en primero de infantil no creo que haya mucha comunicación que hacer. Y así mi mente descansa, que entre los grupos de cumpleaños, los del fútbol, los de la clase al completo, más los de la clase al completo cuando ya les han cambiado de compañeros, más el del regalo de Menganito, ¡qué os voy a contar! Que me entero de la misa a medias. Total, que me vuelvo a liar, que yo ya presiento que, si con las madres del curso del segundo ya no memorizo los nombres y soy la madre de Rafa, con el tercero me van a tachar de seca y directamente seré la madre del niño rubio ése con cara de pícaro. Salvo que el hijo de la de al lado sea el primer vástago, que entonces incluso igual sabe mi nombre. Pero no, yo ya aviso desde aquí que me dirigiré a la mayoría con un «Hola, disculpa»…
No me da la vida para tanta historia, con retener en mi cabeza los días que cada niño lleva chándal o uniforme, ya tengo tarea de memorización suficiente. Y esperad, que cuando vas a la agenda de tu móvil para llamar a tu madre, empiezas con la sílaba «ma» y aparte de las Marías y Martas, te salen los nombres de las trescientas madres que ya te has ido grabando en la agenda por aquello de ubicar un poco, que ya que no te aprendes los nombres, qué menos que ubicarlas como madres de los amigos de tus hijos.
Luego llega el momento en que los niños, es decir, los amigos de tus criaturas, se refieren a ti también como «madre de». Que si no hago yo el esfuerzo de memorizar nombres, menos lo van a hacer ellos, bastante tienen con sus cosas. Y entras en el vestuario del mayor cuando están montando algarabía mientras se ponen la equipación de fútbol para entrenar, y les ves darse codazos cuando entras y se mandan callar unos a otros porque «está la madre de Alfonso». En fin, es lo que hay. Pero es que claro, ¿cuándo un hijo te llama por tu nombre? Nunca. Pues ya está todo dicho. Por cierto, me llamo Carmen.
Me contaron y comprobé que la maternidad era bonita, fascinante, extraordinaria… También escuché y viví que la maternidad es sacrificada, dura, agotadora, ardua…. Pero nunca jamás pensé que iba a dolerme, no al menos si podía evitarlo. Y evité sufrir innecesariamente; si algo me superó, intenté buscar una solución y, si no la había, intentaba no darle demasiada importancia porque no va conmigo, soy así por naturaleza o por las circunstancias. Sí, he vivido la maternidad con sentido práctico e intentando disfrutar cada momento y desdramatizando los problemas del día a día. Sabía que el dolor real existía en algunas familias y por eso siempre tomé la firme decisión de no lamentarme por nada.
Hasta que el dolor llegó, el de verdad. No el de las noches sin dormir, no el de los puntos del postparto, no el de las mastitis, no el de la frustración por las rabietas… que sí, que son también cosas fastidiosas y por las que sufrí de alguna manera, las he vivido, pero se pasan y no lastiman el alma. Ahora He siento el dolor real, el de la muerte, el del vacío, el de la pena, el del desconsuelo… La muerte de mi hija hace un mes ha dado un giro de 360 grados a mi vida en casi todos los sentidos. Este drama que he vivido, del que tardaré tiempo en levantarme, me ha hecho darme cuenta de que viví la maternidad como tenía que hacerlo. Esta vivencia que me ha tocado, que no es justa, ha matado una parte de mí pero sé que ha hecho salir otra que estaba escondida. Así que, como esta parte de la maternidad también es real, aquí también tendrá su hueco.
Además, me he encontrado estas semanas con centenares (sí, centenares) de mujeres que han vivido esta experiencia (os he leído a todas sin excepción), que me han escrito contando sus historias, su dolor y el proceso de perder a un hijo que aún no había nacido al que la sociedad cree que hay que olvidar cuanto antes… así que creo que tengo derecho a hablar también de esto y a hacerlo visible, porque existe y porque desgraciadamente me ha tocado vivirlo. Y porque esos bebés existieron y merecen su lugar.
Al final, aunque tires adelante y hagas un esfuerzo sobrehumano cada mañana por levantarte y por retomar tu vida, hay cosas que no se olvidan. Yo sé que esta semana tendría que hacerme ya la tercera y última ecografía de mi cuarto embarazo. Pensaba que, en cuanto los niños empezaran el cole, podría poner un poco de orden en mi casa y ultimar algunas cosas. Son cuestiones que seguiré pensando, por mucho que intente evitarlo, cada día. Y seguiré sintiendo pena al ver a otras embarazadas sólo por el hecho de que yo debería estarlo, no estoy triste por ellas sino por mí. Pero soy consciente que esa ya no es mi realidad, que no llegará en octubre mi bebé deseada. Y aunque también aquí os cuente historias como las de antes, prácticas, divertidas, alegres… no significará que esté bien sino que lo estaré intentando. Así que, si me lo permitís, seguiré aquí con mi maternidad real, que hablará de alegrías de los que están cerca pero también del dolor por la que se fue, que no debo ni quiero olvidar.
Y desde aquí, otra vez doy las gracias por todo el cariño, por todos los comentarios, por el respeto que en general he leído, y por dedicatorias como ésta «Madres en la tierra y en el cielo» . Sólo hubo un medio de comunicación que hizo de esto algo morboso, pero ni voy a mencionarles. Mañana toca un post divertido, porque mis hijos en la tierra siguen haciendo de las suyas. Y cuando sienta que mi niña del cielo me enseñe algo, aunque ahora no sea capaz de ver nada bueno de su marcha antes de tiempo, os lo contaré.
Entre mi primer y cuarto embarazo hay un abismo en cuanto a… prácticamente todo. Para mí, hay varias cosas que probablemente han influido a la hora de haber decidido, o sencillamente no me ha quedado otra, que cambiar ciertas prácticas, hábitos o llamadlo como queráis. Al final, las circunstancias van cambiando y eso nos pide o nos fuerza a hacer ciertas transformaciones. Creo que nos sucede un poco a todas con respecto a la maternidad, el embarazo, la educación… Mi cuarto embarazo está siendo muy distinto al primero en muchos aspectos.
La edad
Vamos a ser sinceras, a los 20 años no hacíamos las mismas cosas que a los 27, ni a los 27 hacíamos lo mismo que a los 34 años. Una va tomando cierta conciencia o perspectiva de las cosas, el cuerpo puede aguantar ciertas cosas a una edad, y por eso te lo permites (aunque no porque las aguante mejor el cuerpo son buenas). Lo que pasa que eso lo vas sabiendo o viendo con el tiempo. Por poner un ejemplo, hace años no me protegía del sol, únicamente aquellos días en los que iba a pasar unas cuantas horas en la playa, sino…¿para qué? pensaba yo. Y así con muchas más cosas. No creo que un embarazo se viva igual a los 25 años que a los 35. Tengo unos embarazos super parecidos en muchos aspectos, pero es verdad que con el primero no temía nada porque era más joven.
La experiencia
Otra de las cosas que también me ha cambiado a la hora de vivir los embarazos es la propia experiencia, que hace que vayas intentando mejorar aquello que crees que no hiciste bien o no salió bien del todo. Por ejemplo, yo durante el primer embarazo no me cuidé nada, comí en exceso y no hice nada de ejercicio. La realidad es que acabé cogiendo un peso desmesurado en mi caso (no retengo líquidos y tengo barrigas pequeñas): 18 kilos. Y cuando llegué a mi casa después de dar a luz me encontré con 13 kilos de más en la báscula. Lo perdí, sí, sin hacer nada especial, y no pasa nada. Pero objetivamente, esa experiencia me hizo entender que no lo había hecho bien. Porque la realidad es que engordé 9 kilos en el segundo y los mismos en el tercero y la recuperación con cada uno que sumas cuesta más. Por eso, ahora, con el cuarto, no quiero comer de forma compulsiva (la excusa de comer por dos ya no me sirve), ni dejar de hacer deporte, que es un hábito saludable para cualquiera, embarazada o no. Asumo que el cuerpo me cambie y no sea igual, perfecto. Pero porque llevo un bebé dentro, no por descuidarme totalmente como hice la primera vez.
Semana 21-22 de los cuatro embarazos: Veo ciertas similitudes entre segundo y cuarta, ¿nacerá la niña el mismo día que Rafa? 😉 Como veis, con el peso me descuidé completamente en el primero.
Los miedos
La experiencia o inexperiencia también puede implicar miedos. A mí en general lo desconocido no me asusta y, aunque he vivido todos los embarazos con mucha tranquilidad y pachorra, es verdad que las experiencias vividas te marcan un poco. Por ejemplo, yo pasé un primer postparto muy malo, hablo de 5 días, pero estuve muy mal por los puntos de la episiotomía. Aquello hizo que me informara más sobre ese tema y que, en embarazos posteriores, decidiese hacerme el masaje perineal para evitar otro corte. Vale, no me pasé el embarazo pensando en ello, aún no pienso en el parto de la niña a estas alturas, pero obviamente, aquello que no salió bien, quieres evitarlo. Quizás no te planteas tampoco tener un aborto hasta que lo tienes, y eso luego también genera cierta ansiedad al principio, fue una cosa que ni me plantee en anteriores embarazos y en este sí. Hay mujeres que lo viven al revés, que tienen unos miedos enormes durante el embarazo por ser algo nuevo. Eso ya depende de cada persona.
Lo que sí os puedo decir es que, en líneas generales, han cambiado muchas cosas del primer al cuarto embarazo. Ahora intento cuidarme y comer un poco más sano (aunque desde que empezó el verano estoy comiendo peor, todo sea dicho), utilizo cremas específicas para esta etapa, hago ejercicio, y estoy más pendiente de la variz que me sale para que mejore la circulación de la pierna; y por supuesto, me prepararé con el pasaje perineal para el parto (esto ya lo hice a partir del segundo). Lo que no ha cambiado, gracias a Dios, es que lo vivo con la misma ilusión y que lo estoy disfrutando tanto como el primero, el segundo y el tercero!!! ¿Notásteis cambios a la hora de vivir los distintos embarazos?
Hay muchas cosas en la vida que llegan si sabes esperarlas. Otras, llegan sin que las esperes. Yo he hecho mucho por este blog de maternidad, pero con sinceridad os digo que lo que he vivido estos 4 años es algo que no imaginaba que iba a pasar. No sabía que iba a llegar tan lejos, ni que iba a leerme tanta gente, ni que iba a ser finalista a un premio, ni que iba a abrirme tantas puertas… Pero sobre todo, no sabía que iba a recibir tanto cariño, ni que iba a hacer nuevas amigas a estas alturas de mi vida, cuando trabajo sola desde casa. Todo lo que me ha ido pasando estos años en torno al blog es increíble, pero estos últimos meses ya han sido la bomba. Y os adelanto que febrero dará mucho que hablar porque están saliendo nuevos proyectos.
Cuarto aniversario del blog
Pues sí, oficialmente hoy hace 4 años que empecé a escribir esta bitácora. Fijaos si sabía poco de este mundo, que tuve que pedir ayuda para el tema técnico, que sencillamente se reducía a elegir plataforma de contenido, registrarme y elegir una plantilla. Vamos, sencillito. Pero ni para eso daban mis conocimientos, que yo en el ordenador sólo sé escribir y ya me las veo para editar fotos, de ahí que casi nunca lo haga 😉
Cuando empecé, tenía un bebé de 4 meses y un niño de dos años. ¡Lo que ha llovido! Que ahora tengo tres críos y el más pequeño ha dejado de ser un bebé. He contado de todo en estos años en casi 600 posts, que se dice pronto. Y aquel blog que empezó con menos de 3000 visitas mensuales tiene ahora más de 100.000, me sigue asustando hasta a mí. Y sobre todo, ya no tanto el blog de maternidad sino el valor que se ha generado en las redes sociales, donde tanto comparto y donde participáis muchísimo. Es un honor seguir aquí, al pie del cañón, cuando yo misma creía que, si conseguía escribir solo un año, sería un logro.
Renovarse o morir
Al cambio y migración de mi blog ya le dediqué un post en su momento. Es una cosa que debí hacer hace mucho tiempo pero, entre unas cosas y otras, y si le sumas lo poco que me interesan los temas técnicos, pues no había habido forma de avanzar. Al final, llegó y tengo que agradeceros que haya sido todo un éxito. A la mayoría os gustó mucho y yo ya no tengo excusa para hablar de más temas que no estén relacionados con la maternidad, porque además me lo estáis pidiendo. La migración salió adelante gracias a Laucreativa, el logo dio un vuelco gracias a Isabel, de Una Madre Molona y las visitas no se redujeron, que esa suele ser una consecuencia de estos cambios de alojamiento. Lo cual quiere decir que me queréis mucho 😉
Foto de Olatz, de Blessings
Finalista a mejor blog de Embarazo y Crianza de Madresfera
Estas son las cosas que llegan como un regalo. Porque escribes porque te gusta, para que te lean, para ayudar, para dar tu opinión, para enseñar algo que te resulta bonito, o útil… pero no lo haces nunca para ganar un premio. Bueno, es que para empezar, cuando comencé a escribir aquí, no sé siquiera si ya había premios para blogueros. Y de repente, hace un año, me encontré con que estaba nominada en varias categorías de los Premios Madresfera, de los que no había oído hablar entonces. Y resulta que estuve cerca de ser finalista. Y pasó un año y volví a estar nominada, con la gran alegría de quedar finalista en la categoría de Embarazo y Crianza, con la repercusión que eso tuvo a nivel local, que hasta salí en la prensa y hablé en la radio 😉 Es cierto que quedarte ahí, a las puertas del premio, te deja una sensación de «vaya, con lo cerca que estaba», el año en el que más había trabajado y crecido. Pero verdaderamente, ya era un logro estar ahí y ser uno de los blogs de referencia en esto de la maternidad. Y oye, el premio gordo de 2016 fue el viaje a París al Effluent.
Foto de Marcos León
Bloggers Day y esos eventos para reeencontrarse
Y como finalista, tenía que ir a Madrid a ver si finalmente era ganadora. Bueno, no contaba con serlo, la verdad, pero era la excusa perfecta para dos cosas: una escapa en pareja y ver a muchas caras a las que solo he visto una vez en mi vida, o dos, o tres… pero que ya conozco como si las viese a diario, porque sigo sus vidas en las redes sociales y porque este mundo nos ha conectado mucho. Ya me lo pasé como los indios en el viaje a Granada, que fue mi primera «desvirtualización», y eventos como el de Malas Madres fueron la pera, por no hablar del viaje a París al Effluent. Así que, una vez más, me encantó saludar y volver a pasar un rato con algunas personas que ya son mis amigas. La pena es no haber hecho más fotos, pero sólo estuvimos en la entrega, no el día completo del evento.
Con Isabel, ganadora del premio, y Olatz, de Blessings, a la que conocí ese día y dueña de la cámara con la que nos hicieron esta foto. Fue un placer coincidir con otras tantas…
Restaurante terreza Doña Tecla
Esto ya lo incluyo en este post porque forma parte del evento del sábado pasado. Y como muchas me preguntásteis en Stories por el sitio en el que cenamos Isabel, Ángela y yo con nuestros maridos, pues aquí va mi aportación gastronómica sobre Doña Tecla. Está en la zona de Cuzco, al ladito de la Castellana, y tiene una de las terrazas de moda de la capital. Vamos, que fue una super elección de Isabel; con lo que yo no contaba era con cenar en una terraza en pleno mes de febrero sin pasar frío. La ambientación es muy balinesa con suelos de madera, olivos, bambús, palmeras… y una carpa estilo jaima sudafricana. Eso, sumado a los calefactores de gas, hicieron que estuviésemos super a gusto. Y la comida fenomenal, tienen un poco de todo, desde los clásicos huevos rotos hasta noodles, pescados, carnes… Cenamos muy bien, de verdad. Y creo que compensa ir en verano, que es cuando se le saca partidazo a esa terraza. Vamos, que si cuadra visita a Madrid en épica estival, allí que voy.
Terraza en verano
Bueno, pues resumiendo, gracias por estar aquí, por leer este blog. Porque al fin y al cabo, yo escribo y trabajo mucho, pero si vosotras no estuviérais al otro lado, ni viaje a París, ni finales, ni nada… ¡Así que os debo mucho! La próxima semana, empezamos con contenidos habituales y temas interesantes. ¡Buen fin de semana!
¡Pues aquí lo tenéis! ¡Cuatro años de blog se merecían algo especial! Esta vez, el cambio es gordo. Lo había pospuesto mucho tiempo pero era necesario. Para empezar, ya no es sólo un cambio de forma, que es en el que nos fijamos todos, sino también de fondo. No voy a ponerme técnica, porque además entro dentro del grupo de “tecnolerdas” 😉 pero digamos que todos los posts de mi blog estaban en wordpress.com, un gestor de contenidos gratuito que limitaba mucho mis movimientos y no es el más adecuado cuando un blog tiene cierto nivel de visitas. Así que, resumiendo, ahora mi blog está en otro alojamiento que me ha permitido llevar a cabo todos estos cambios de diseño que veis más otras tantas cosas que me vienen bien a mí cuando escribo y también a nivel posicionamiento. Pero eso ya es entrar en asuntos tecnológicos de los que no tengo competencia para hablar. Y de lo que no sé, mejor no hablo 😉
Como veis, he organizado los contenidos en cuatro categorías. Ya sabéis que el 70% del contenido del blog está relacionado con la maternidad, el embarazo y la crianza, no sé si a estas alturas me queda algún tema por tocar 😉 Pero durante 2016 también funcionaron realmente bien los posts relacionados con el running y la salud, así que creo que merecen seguir escribiendo sobre ellos. A los que sumaré en esa misma categoría algo sobre belleza, porque en instagram me preguntáis muchísimo por algunas cosas. Sobre los planes y viajes con los niños también escribo muy a menudo, y además me llegan muchos mails preguntando por alojamientos, por ejemplo. Así que aquí seguiré compartiendo nuestras escapadas y dándoos todos los detalles. Y bueno, sobre moda no soy una experta ni es mi tema principal ni pretendo que lo sea porque somos muy de “jota, caballo y rey” pero cuando veo alguna cosa interesante, la comparto y suele funcionar y os gusta. Así que el blog seguirá siendo lo que era pero… más bonito y con contenido más variado. De ahí que siga siendo «No soy una drama mamá» con la coletilla «pero sí muchas cosas más».
Como os imagináis, todo este cambio no he podido hacerlo sola, porque no tengo conocimientos. Así que he hecho una inversión de dinero, gracias a patrocinadores y marcas en las que confío y que confían en mí, y le he pedido hacer todo este trabajo a Laura, de Laucreativa, que es diseñadora y que sólo tenéis que ver el blog para daros cuenta de lo bien que hace las cosas. Y mención también se merece Isabel, de Una madre molona. Con ella compartí este 2016 muchas cosas, entre ellas un viaje a París y habitación en hotel que hizo que compartiésemos largas charlas. Y como es una caja de sorpresas, además de periodista y bloguera, también es diseñadora gráfica. Ella es la autora de mi nuevo logo y me encanta. Normalmente era mi prima, Ana Pire, quien me hacía alguna cosa de este tipo, pero no quise agobiarla justo cuando acababa de dar a luz. Y a ella también le agradezco los cambios que hizo hasta ahora.
Me ha dado cierta pena decir adiós a mi logo anterior, porque los dibujos tenían connotaciones personales que ya os conté hace tiempo. Pero creo que era el momento de dejar atrás las siluetas de bebés para dar cabida a más temas y porque, como es obvio, mis hijos han ido creciendo en todo este tiempo. Empecé este blog siendo mamá de un bebé de dos años y otro de 4 meses, y ahora ya tengo dos niños de 6 y 4 años, y un bebé de 2 años, que en breve dejará de ser bebé. Ufff, ¡cómo ha pasado el tiempo! Gracias por acompañarme todos estos años, por dejar cada día decenas de comentarios en mi blog y redes, y por ser la mayoría muy respetuosas, como lo soy yo. Y gracias por hacerme finalista a mejor blog en 2016 de Embarazo y crianza de Madrefera. Menudo mes bonito y movido está siendo. Aquí seguiré, si me dejáis, mucho más tiempo. Y por cierto, habrá sorteos de cosas chulas para celebrar estos 4 años por aquí, ¡os lo merecéis por aguantarme! Aunque sé que me queréis.
No podía dejar de contaros esta experiencia, por lo que significa para mí y también por lo que supone todo este mundo que se mueve en torno a las blogueras de maternidad y las marcas de puericultura. Sólo el hecho de que te inviten a este evento es un regalo, un premio. Sí, que te seleccionen junto a otros 15 blogs de tu país para ir a un evento internacional en torno a la temática sobre la que escribes es más que un halago, es un reconocimiento por el trabajo constante de estos casi 4 años. Aunque sigo sin creerme que yo haya vivido esto. De hecho, cuando contactaron con algunas de las blogueras, creíamos que era una broma. Pero resultó no serlo y pude vivirlo así que vamos con todos los detalles.
Qué es Le Spot des Effluent
En un evento internacional de bloggers que tiene lugar en París desde hace 5 años. Por primera vez, fuimos representación española, y la más numerosa (sin contar franceses, claro). Al viaje invita la revista francesa Parole de Mamans a más de un centenar de blogueros de más de 15 países, y al evento (o feria) que tiene lugar en Le Carreau du Temple, un sitio espectacular, acuden también unos 500 bloggers de Francia. Allí podemos ver las novedades de más de 80 marcas de puericultura y belleza, entre las que se encuentran Avene, Babymoov, Mustela, BabyBjorn… Y por la tarde-noche, hay fiesta con bailarines, cantantes, animadores… La verdad es que los pasamos muy bien y el sitio es espectacular.
Esmaltes de uñas que se quitan con agua.Y el famoso invento por el que me preguntasteis en Stories: maleta, cuna, cambiador, bañera y hamaca… La marca es Canailles Dream, que no conocía.Grupo de bloggers españoles.
Alojamiento en Saint James Albany y Cena de Gala en el Sena
Los que vamos de otros países nos alojamos en en céntrico hotel Saint James Albany, muy cerca del Museo Del Louvre. El día de la llegada, hubo una cena de gala en un barco que va por el río Sena. En el hotel, cuando llegamos, había varias maquilladoras y peluqueras que nos acicalaron, aunque éramos tantas, que hubo mucho jaleo y acabé por pintarme yo. Eso sí, me hicieron un moño muy curiosín. Del hotel al barco nos trasladaron en autobuses. Y la verdad que la cena fue genial, no tanto por la comida, que siendo asturiana acabé pidiendo algún bollo más de pan 😉 sino por estar viendo París iluminado desde el río. Una maravilla.
Al final, opté por una falda larga de terciopelo de mi abuela y un cuerpo de Zara.Con Sheila, de Palabra de Madre, e Isabel, de Una madre molona.
Conocer París
Si el primer día tuvimos la cena de gala en el río Sena y el segundo fuimos a la feria en Le Carreau du Temple, el tercer día lo teníamos libre para conocer París. Como la mayoría volábamos a última hora de la tarde, decidimos coger el bus turístico y así asegurarnos de poder ver algunos de los sitios más emblemáticos de París. Y aún así, nos quedamos con ganas de verlo todo porque la capital francesa es una ciudad maravillosa a las que hay que dedicar varios días. Yo ya la conocía pero es una ciudad a la que volvería muchas veces más.
En fin, toda una experiencia que repetiría una y mil veces más. Por la ciudad, por todo lo que implica un evento así y por las personas. Porque me ha servido para hablar con muchas blogueras, para valorar más mi trabajo en el blog, y para estar con gente con la que he conectado muchísimo. Porque, aunque no lo creáis, el blog me ha dado nuevas amistades. Realmente es fuerte que las redes consigan esto. París, je t’aime.
La maternidad no es un camino de rosas, pero lo hemos elegido por algo. No hay que estar contentas a todas horas fingiendo que somos mujeres que podemos con todo, porque las cosas no son siempre fáciles. Pero desde luego, en muchas ocasiones, son más sencillas de lo que creemos o nos empeñamos en admitir. Así que hago una lista de aquellas cosas que ayudan a ser, o al menos a intentarlo, una madre real pero feliz:
No sufras
Y me refiero a que no lo hagas sin motivo. Mucha gente se agobia cuando ve a mis hijos hacer determinadas cosas mientras yo sencillamente les observo. Lo siento, no puedo pasarme la vida prohibiéndoles hacer cosas, va en su naturaleza explorar y no intervengo salvo que considere que mis hijos corren un peligro real. No he tenido hijos para sufrir, así os lo digo. Pasé un postparto doloroso y me he venido abajo cuando he oído a mis hijos llorar en urgencias al ponerles puntos de sutura, son cosas que entran dentro de lo normal pero hasta ahí. Solo hay que mirar a nuestro alrededor para darse cuenta de la suerte con la que nos ha tratado la vida a las personas que tenemos niños sanos.
No grites
Ya os conté cómo cambió mi vida y la de mis hijos cuando tomé la decisión de dejar de gritar en casa. Y en serio, creo que sonrío más, he logrado un autocontrol brutal y estoy más tranquila y relajada. No compensa estar a gritos. Cuando lo hacemos, se produce una descarga de adrenalina que activa corazón y músculos, se liberan sustancias químicas que alteran el funcionamiento de ciertas partes del organismo. Imaginaos si esto ocurre a diario. No creo que sea bueno para la salud de nadie, y menos para la de los niños.
No te autoflageles
En serio, la perfección no existe. Como personas estamos expuestos a equivocarnos continuamente a lo largo de nuestra vida, así que como madres aún más, porque las decisiones que tomamos no sólo nos afectan a nosotras, sino también a nuestros hijos. Así que, si crees que te has equivocado, pide perdón, esfuérzate por mejorar y sigue adelante. No hay nada peor que el lastre de creer que no estamos haciendo las cosas bien. No te recrees en el dolor y cambia lo que no vaya bien.
No renuncies
Eres madre pero tienes otras facetas en la vida que probablemente te hacen o hacían muy feliz. Si crees que para tu salud física y mental, necesitas trabajar fuera de casa, ¡hazlo! Pero ya no hablo solo de trabajar o no, porque a veces no queda más remedio. Si sientes que te urge hacer deporte, ir a baile o hacer lo que te apetezca porque eso te hace más feliz, sigue con ello. No digas «no» a aquello que te hace mejor persona aunque eso implique pasar un rato sin tu familia.
Date un capricho de vez en cuando
Sí, no pasa nada porque un día vayas a comprar ropa a los niños y decidas que tú también quieres algo. O porque quieras ir de cena con tus amigas y que sea tu pareja quien se haga cargo de los niños. Vete una tarde de compras sola, o a la peluquería, ese sitio que no piso desde hace casi un año y la última vez lo hice con Gabriel. Reconozco que me he pasado la vida mirando más por los demás que por mí (es lo que tiene ser hermana mayor) y cuando me doy cuenta, mi capricho estos últimos años ha sido tomarme palmeras de chocolate, ¡no me extraña que coma tantas!Fijaos, el otro día me invitaron a una mañana de Spa en el Hotel Hacienda de Don Juan en Llanes y bien sabéis las que me seguís por Instagram que estaba emocionada, flipada, conmovida, impresionada… por estar sola, relajada y dándome un masaje en todo el cuerpo.
Llevamos tal ritmo a veces que, cuando paramos, nos preguntamos porqué no lo hacemos más a menudo. Por ponerle humor, no puede ser que la única manicura que me haya hecho en mi vida fuese para mi boda. Mis pies con esto de correr necesitan arreglo urgente y veréis cómo pasa un año hasta que vaya al podólogo, ¡mal hecho por mi parte! Con esto dejo claro que lo de darse un capricho sé que me hace más feliz pero reconozco abiertamente no tener tiempo, ¡lo lograré! Y nos viene bien a todas.
Todo en esta vida se pega, y los estados de ánimo también. De madres felices, niños felices. No hay más norma que esa, disfruta de esto y de todo cuanto tienes alrededor. Es efímero.
No he nacido para sufrir, y entiéndaseme bien, no para sufrir innecesariamente. La vida ya me irá dando golpes, de los de verdad; tarde o temprano, todos pasamos por pérdidas y vemos enfermedades a nuestro alrededor así que, con sinceridad os digo, no me apetece no disfrutar de lo que tengo ahora. Y eso, por supuesto, incluye la maternidad; tengo una forma de entender esta vivencia muy parecida al resto de facetas de mi vida, no me rasgo las vestiduras y entiendo que, en la medida de lo posible, no tengo porqué sufrir, más bien, lo contrario. Eso sí, parto de una premisa realista, la maternidad no es sencilla, y quien quiera llevar una vida igual siendo madre que sin serlo, desde luego, es que no se ha parado a mirar a su alrededor.
Pero bueno, una cosa es que las cosas cambien y otra que todo se convierta en un sacrificio constante, como si la máxima de mi vida fuese la felicidad de mis hijos a cualquier precio, aunque supusiese estar yo triste o amargada. Pues no, yo tengo derecho a ser feliz como madre y como mujer, porque también existo en otras facetas. He encontrado la forma de ser feliz y de que mis hijos lo sean, porque lo justo es que todos lo seamos, no sólo ellos. No me planteé una forma en concreto de criar a mis hijos, fue surgiendo aunque, de alguna manera, supongo que ha influido la forma en que me criaron a mí. Y como fui feliz y me considero una persona sana en todos los sentidos, es evidente que quiero parecerme a mis padres en muchos aspectos.
Y por poner un ejemplo de que mi felicidad también cuenta, y además siempre lo he recalcado: yo no pude tener unas lactancias normales con mis hijos por las mastitis. Lo intenté, me asesoré, me ayudaron y la cosa nunca se solucionó del todo. Pues oye, a otra cosa mariposa. Les doy biberón y listo, y todos tan felices. Yo prefiero pensar en la suerte de que hoy en día tengamos leches de fórmula que nos permitan alimentar a nuestros bebés con seguridad en lugar de llorar porque no he podido darle la mejor. Esto de las mastitis te pasaba hace un siglo y le tenías que dar leche de vaca directamente a un recién nacido o dejar que lo amamantase otra señora que atetaba a 10 bebés más. Así que, ¿para qué amargarse? Y al contrario, últimamente he encontrado varias cuentas en Instagram de madres que confesaban sentirse completamente agotadas y sintiendo cierto rechazo al tener bebés y niños que demandan pecho de continuo y yo me pregunto: ¿no es mejor que los dos estén bien?, ¿qué hay de malo en pretender dormir dignamente?, ¿es eso egoísta? No lo creo.
Yo es que reconozco que de mártir tengo bien poco. Mi vida hubiera sido más cómoda si en lugar de tres hermanos hubiera tenido uno, o si hubiera sido la pequeña en lugar de la mayor. Pero es algo que ni me planteo, es lo que es, y con lo que he tenido he intentado disfrutar. Punto. Es más, yo sé que hay gente que me mira por la calle, me ve con tres niños y sufre pensando que yo estoy sufriendo. Y nada más lejos de la realidad, estoy disfrutando como nunca. Y si un día necesito salir a cenar con mi marido, pues voy, sin remordimientos. Y si resulta que una madre necesita trabajar para sentirse realizada, le hago la ola. Lo realmente malo es quedarse en casa porque crees que tienes que hacerlo pero en realidad no estás a gusto haciéndolo. Y al contrario. Esto no es una competición a ver quién sacrifica más por sus hijos; desde luego, yo no entiendo la maternidad como un sacrificio sino como la oportunidad más grande de disfrutar de la vida.
Aquí estoy, levantándome cada día con un despertador que tiene nombre de bebé. Un niño que me acompaña a todas partes, a todas horas, todos los días. Que invade mis duchas, que deshace las camas mientras yo trato de hacerlas, que cambia el programa de la lavadora, que se agarra a mis piernas cuando cocino, que me pide que le coja en brazos cuando me siento delante del ordenador a trabajar y quiere tocar el teclado impidiendo que pueda seguir haciéndolo. Un bebé que me acompaña al supermercado y hasta a la peluquería, lugar que piso, con suerte, dos o tres veces al año. Un bebé que acaba de empezar a hacer una única siesta diaria sin hora fija y un poco breve, lo que no me permite planificar el tiempo de trabajo en casa.
Aquí estoy, preparando cada día la comida de mi marido, para que pueda volver pronto al trabajo por la tarde y llegar a casa a la hora del baño de los peques. Intentando volver a sentarme delante del ordenador otro breve rato hasta que comienzo a preparar la merienda de dos niños y un bebé, a cambiar pañales y a repasar si toca o no entrenamiento del mayor para coger las botas de fútbol, o decidir si iremos al parque, en función del clima, para llevar unos coches o un balón con los que puedan jugar con otros niños. Siendo siempre una de las últimas en llegar al colegio a recoger a los niños porque se me echa el tiempo encima. Sobrellevando las quejas de uno, los llantos de otro, las discusiones de ambos.
No importa, ésta es la vida que he elegido, no querría haber tenido otra. Pero de vez en cuando, necesito mi espacio, yo sigo siendo muchas cosas además de madre. Por eso, aún estando ahora el 95% de mi tiempo con mis hijos, quiero seguir haciendo cosas que me mantengan en el mundo real, irme a correr, salir a cenar algún fin de semana y, poco a poco, ir encontrando huecos para mis hobbys, o quizás volver a trabajar en una oficina, en una redacción o en un plató, aunque agradezco ahora mismo poder trabajar desde casa. Si de algo me siento orgullosa de mi padre es de que, además del mejor padre, fue capaz de sacar un doctorado y una cátedra mientras trabajaba y con 4 hijos. Si de algo me siento orgullosa de mi madre, además de ser la mejor madre, es de que siguiese trabajando y finalmente montase su propio negocio cuando ya éramos mayores.
Y no me siento mal si, a las siete de la tarde, lo habitual es que quiera que lleguen las 9 de la noche para que mis tres soles estén durmiendo y así poder hablar con mi marido sin interrupciones. Y no me siento extraña por necesitar desconectar un rato al día, aunque casi siempre sea imposible siquiera darse una ducha sin testigos. Porque son lo mejor que tengo, pero agotan. Porque es lo que siempre quise, pero sé que mis hijos crecerán y ya no requerirán de mí en la misma medida. Y porque yo existía antes de ser madre, de otra manera, pero ahí estaba, haciendo cosas, disfrutando también de la vida, de distinta forma. Por eso, de vez en cuando, en este caos maravilloso en el que me encuentro, conviene que no olvide que yo también cuento.
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