No es un plan que hagamos habitualmente; somos tan de «echarnos a la calle» por el día, que me vuelvo yo muy pesada con que los niños descansen como Dios manda. Es casi lo único en lo que soy un poco rígida (bueno, en eso y en que coman mucha fruta 😉 ); que los peques duerman bien es casi una cuestión de salud, si no descansan por la noche, al día siguiente no pueden estar activos y se vuelven muy irascibles. Por eso, si pasamos el día de excursión, en la playa o comemos fuera de casa, descartamos por completo cenar con ellos por ahí.

Y como disfrutamos más de un día en la playa que de una cenita por ahí, este verano no nos habíamos animado a «trasnochar» con los enanos salvo cuando tuvimos visitas en nuestra casa. Este sábado, sin embargo, surgió el plan de celebrar un cumpleaños familiar y lo de ir a una pizzería siempre apetece. Cuando se lo dijimos a Alfonso hasta se emocionó. ¿Que solemos tener en cuenta para ir a comer o cenar por ahí? Pues no siempre es posible pero, si se puede:
1. Comida que guste a los niños: es cierto que mis peques comen de todo, pero ya os digo que unas judías verdes tardan el tripe de tiempo en comerlas que un plato de pasta. Esto es así. Rafa se metió seis croquetas, pasta boloñesa y una porción de pizza en el cuerpo sin pestañear.
2. Restaurantes «ruidosos»: No es que me encante el bullicio, y ya os digo que si queremos ir a un sitio que nos apetezca, lo hacemos, pero no os voy a negar que estoy más relajada en lugares donde no se respira tranquilidad. El sábado fuimos a una pizzería donde había varias familias con niños, y eso se agradece.
Y aquí tenéis a Rafa con su primo Jorge. Auguro una vida muy estresante al bebé que llevo dentro. Lo normal es que un crío de casi dos años pase de un bebé, para Rafa es casi una obsesión.3. Silla plegable: en la medida de lo posible, es mejor llevar silla que puedas «doblar», así la pones en cualquier sitio. Y aunque dábamos por hecho que quien la utilizaría sería Rafa, el que a media cena estaba ya echándose encima de su padre era Alfonso. Vamos, que maridín se quedó sin postre para llevarse a casa al mayor en la sillita mientras los más pequeños (los de la foto de arriba) seguían al pie del cañón.
4. Restaurantes espaciosos: pues esto es algo que no ocurre siempre pero que los padres también agradecemos. Es complicado mantener sentados a los niños durante mucho tiempo y se ponen en pie con cierta facilidad. Si entre las mesas hay espacio, los padres nos quedamos más tranquilos. Es más, les puedes llevar unos colores para que pinten o unos coches para que jueguen y acaban sentados en el suelo y la silla del restaurante acaba convertida en mesa. Por supuesto, cualquier patio o jardín es más que bienvenido.
Y que tengan ya espacios infantiles como éste, al que fuimos en verano, ni os cuento.Es cierto que, si nos apetece ir a un sitio en concreto, vamos independientemente de que sea grande o pequeño, silencioso o ruidoso… pero os diría que casi el 90% de las veces nos fijamos en estas cosas. Y vosotras, ¿salís a comer y a cenar con los peques habitualmente?, ¿qué otras cosas tenéis en cuenta en los restaurantes? Y por supuesto, agradecemos las tronas aunque tengamos una portátil. Por cierto, hoy es el último día para participar en nuestro sorteo de una acuarela infantil.
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