En barco al Parque Marítimo del Mediterráneo de Ceuta

No entraba en mis planes a corto plazo ir a Ceuta y, de hecho, aunque fuimos, no pudimos conocer la ciudad. Pero os digo con sinceridad que, en el trayecto del puerto al Parque Marítimo, del que os voy a hablar hoy con detalle, intuí una urbe muy bonita con grandes e históricas murallas. Y sé que quienes conocen la ciudad, se quedan sorprendidos, quizás porque no se habla mucho de ella. Así que me quedé con las ganas de pasear por allí pero sólo estuvimos unas horas y nuestro plan era otro: ir al Parque Marítimo del Mediterráneo.

Mi hermano Miguel es marino y jefe de máquinas en un barco que hace el trayecto Algeciras-Ceuta. Es un recorrido que hacen frecuentemente durante el verano los marroquíes que residen en España y Francia y que llevan sus coches en el mismo barco. Pero vamos, si decidís conocer Ceuta, no es necesario llevar el automóvil. Nosotros lo hicimos porque mi hermano sabía que el plan completo, el de entrar en la embarcación en coche y luego conocer el puente de mando y ver al capitán, les iba a gustar mucho a los peques. Y vamos, un éxito.

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Yo creo que su cara de felicidad lo dice todo, ¿no?

Y después del viaje en barco, nuestro plan fue conocer el Parque Marítimo del Mediterráneo, un sitio que me encantó. Fuimos un día entre semana y estaba bastante animado, lo cual quiere decir que, en agosto, quizás los fines de semana haya demasiada gente. Y tiro un poco de Wikipedia para contaros que es un complejo de ocio de 55000 metros cuadrados con tres lagos artificiales de agua salada filtrada directamente desde el mar. Por cierto, estaba bastante fría pero los niños se bañaron sin problema. Yo no puedo decir lo mismo 🙁 Tiene zonas ajardinadas, para tomar el sol, cascadas, restaurantes (inluido Telepizza), casino, bares… Incluso hay zona pensada para los peques porque en la piscina te puedes ir metiendo poco a poco y sentar a los bebés en la orilla. Para quienes no lo conozcáis, este complejo fue diseñado por César Marique, que os sonará más por sus obras en Canarias.

 

Puedo decir que fue un planazo y que mereció la pena, es un sitio muy bonito del que yo jamás había oído hablar hasta que mi hermano nos lo contó hace unos meses. Espero que os haya gustado, ¿lo conocíais? Por cierto, me queda un post pendiente para la próxima semana sobre varias playas de Cádiz y, por supuesto, muchas cosas sobre Portugal. Pero ya mismo nos vamos a Bilbao porque el sábado tenemos bodorrio (sí, sí, el lunes os cuento esto de ir de boda siendo familia numerosa y con los peques haciendo de pajes, qué estrés). ¡Buen fin de semana!

Viajar con niños en coche

Viajar con niños en coche

La próxima vez que tenga que hacer cientos de kilómetros con los niños en el coche, recordadme que tome un Valium antes de salir de casa. ¡Ah, leñe! Si el jueves mismo haremos maletas otra vez para irnos a la boda de mi cuñado a Bilbao. Madre mía, cómo ha cambiado el cuento; si hace unos meses me hubieran preguntado qué tal lo de viajar con niños en coche, mi respuesta hubiera sido: ¡Fenomenal!, no lo dudes, anímate. Y no mentía, que Alfonso recorrió más diez mil kilómetros en su primer año de vida por toda la geografía española y genial. Nosotros tenemos moral y los niños lo han llevado divinamente desde que nacieron. Es más, de recién nacidos, el motor del coche era casi como una droga; nos poníamos en marcha y eaa, a dormir durante horas.

Pero claro, lo que cambia el cuento es lo de ser familia numerosa. Que yo antes iba en la parte trasera entre los mayores y reinaba la paz. Si había hambre, repartía galletas, fruta y lo que hiciera falta. Y si querían cambiar de dibujos o de peli, allí estaba yo. Y si no quería que se durmieran, también estaba bien situada para hacer el bobo y entretenerles. Y si quería que se durmieran, allí estaba una servidora para acariciar las cabeza o el entrecejo y acelerar el proceso. Pero no, ahora no puedo ir en la parte trasera porque van los tres juntitos. Así que imaginaos la guerra que me han dado los mayores estas vacaciones en el cochecito. Que si no quiero estos dibujos, que si uno le coge la galleta al otro, que si le da con el pie, que si está poniendo el brazo en el sitio del otro y el uno protesta, que si éste quiere el juguete del otro. Un coñazo, oigan. Ahora entiendo a mi padre.

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El mayor molestando al mediano

Así que aquí va mi lista de recomendaciones, con humor eh, si para vosotras lo del coche se convierte en una pesadilla:

Evitad viajes en plena operación pañal o recién terminada: si no lo hacéis, acabaréis saliendo de la autovía y vuestro crío terminará haciendo sus micciones en cualquier sitio insospechado. Lo digo con conocimiento de causa 😉

Mirad bien los peajes que os vais a encontrar a lo largo de vuestro recorrido: No falla, cuando los astros se alinean y duermen todos, te toca parar sí o sí en un peaje. Y se despiertan.

Haced oídos sordos a la pregunta ¿cuándo llegamos?es imposible responderles siempre de buen humor a la consulta que plantean porque lo hacen prácticamente nada más poner el motor en marcha.

Obviad los comentarios del tipo «vaya sitio más guapo» (bonito, precioso, maravilloso): Puede que te lo digan porque hay un Burger King, un montón de coches o una casa rosa. Aunque estés en el sitio más horrible que exista.

Y es es todo en cuanto al transporte, que no es poco teniendo en cuenta que hemos recorrido 3800 kilómetros. En fin, mañana empiezo mis posts de los sitios que hemos conocido; voy a tener que replantearme el contenido del blog y comenzar a escribir sobre viajes 😉 Ya por adelantado os pido disculpas si no me da la vida para responder todos los comentarios; los niños siguen de vacaciones y, por el día, por más que lo intento, no saco huecos. ¿Qué tal esas vacaciones?, ¿os he dicho que las nuestras agotadoras? 😉 Eso sí, de las mejores que recuerdo.

Cabárceno, una visita indispensable

Cabárceno, una visita indispensable

Tenía muchas ganas de ir con los niños al Parque Natural de Cabárceno (Cantabria). Es un lugar al que fui siendo niña en más de una ocasión y creo firmemente que es un sitio que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Cierto es que nuestra idea era ir con los churumbeles más adelante, cuando fuesen un poco más mayores pero al final surgió así; teníamos un evento familiar en el País Vasco y casualmente el lunes era festivo en Gijón así que, ya que hacíamos maletas, ¿qué más daba una noche más en Cantabria? En otra ocasión os hablaré de Suances, que es el pueblo donde dormimos. Si alguien va a hacer ruta por tierras cántabras este verano, que se apunte el nombre y lo visite.

Dicho esto, me centro en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Que nadie tenga en mente que aquello es un zoológico convencional porque ni lo es ni se le parece. Estamos hablando de 750 hectáreas (de una antigua explotación minera) de una belleza espectacular donde los animales no viven con completa autonomía pero sus actividades están marcadas por su casi total libertad e instinto. El parque acoge un centenar de especies de animales de los cinco continentes que se encuentran en recintos de una superficie enorme.
DSCN6010El recorrido se hace en coche aunque, si alguien quisiera, podría hacerlo andando. Ya os digo que son varios kilómetros y que, además, hay numerosas zonas de aparcamiento por todo el parque con lo que me atrevo a decir que casi nadie hace el itinerario a pie teniendo en cuenta que puedes pararte prácticamente en cualquier parte. El precio de la entrada para adultos es caro (25 euros) pero los niños de hasta 5 años entran gratis así que, por primera vez, ir con tres críos pequeños nos salió por el mismo precio que si hubiéramos ido con uno 😉

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Foto desde el coche.

Y aquí van algunas recomendaciones:

1. No vayáis días de sol y calor, casi nos da algo a más de 30 grados bajando y subiendo del coche con los tres peques. Si podéis elegir, dejad este plan para días nublados. Además, nos quedamos sin ver algunos animales que, lógicamente, se escondían en cualquier lugar con sombra.

2. No os perdáis bajo ningún concepto la exhibición de los leones marinos; será, sin duda, lo que más les guste a los niños. Además, me encantó saber, según nos contó una de las cuidadoras, que son animales que aprenden muy rápido, son sociables y además, les gusta relacionarse con los humanos que son simpáticos. Vamos, que son como los niños.

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3. Los animales que no podéis dejar de ver tampoco son, desde mi punto de vista, las jirafas. Son absolutamente espectaculares y es fácil observarlas de cerca. No es igual de sencillo ver a los elefantes a una distancia corta ya que el espacio en el que están es enorme. Nosotros sí tuvimos suerte. Y otros animales dignos de ver son los osos, las cebras y los orangutanes.

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DSCN60004. Hay cafeterías y restaurantes pero, sinceramente, el parque tiene vistas tan bonitas que recomiendo comer al aire libre. Además, se puede hacer prácticamente en todo el recinto. Nosotros elegimos un banco debajo de un árbol precioso y estuvimos encantados comiendo bocadillos.

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Los pelos de mis hijos también son dignos de ver 😉

Para mí, como he dicho al principio del post, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno es, sin duda, una lugar al que ir con los niños una vez en la vida… por lo menos. ¿Lo conocéis?

Avisos:

Tenéis la lista de ganadoras del sorteo Impetus de ropa interior de niños aquí.

Como he visto que muchas conocéis y compráis en Vertbaudet, los descuentos están aquí.

¿Las mejores vistas de Asturias?

¿Las mejores vistas de Asturias?

Si pensáis que voy a resolver este enigma es que no me conocéis bien. Si alguien se atreve a responderme a esta pregunta ¡gallifante! Vamos, que sí, que soy yo muy clarita hablando y contando cosas pero no, en esto no me mojo. Básicamente porque es como si me pusieran delante un Goya, un Picasso y un Velázquez; no sabría con cuál quedarme aunque me «tira» mucho el último, así como me atrae más la playa que la montaña. Pero vamos al lío, que hace ya más de un mes que no os cuento nada de parajes que merecen la pena por estos lares (que son casi todos) y sé que muchas, básicamente las asturianas, lo agradecéis. Y para las que sois de fuera, así os doy un argumento más para venir por aquí.

Este puente estuvimos de casa rural con unos amigos de maridín, qué raro que nosotros hagamos este plan, ¿verdad? 😉 Y cada vez que estamos en contacto con la naturaleza ratifico mi teoría de que no hay nada mejor para ellos, ni para nosotros. Ellos descargan energía y los padres la cogemos, es como un intercambio. Ellos desfogan, nosotros nos relajamos sabiendo que no hay que preocuparse por las manchas, ni porque derramen nada, ni que algo se rompa… porque verdaderamente, ir de tiendas o comer en un restaurante, por ejemplo, son labores de alto riesgo que te dejan extenuada. Pero como siempre, me estoy enrollando así que os dejo las fotos y os cuento.

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Nos alojamos en una preciosa casa rural en Cadavedo, un pequeño pueblo entre Luarca y Cudillero, de unos 10 kilómetros cuadrados de extensión con poco más de 500 habitantes.

Allí es imprescindible visitar la ermita de la Virgen de La Regalina y su entorno, posiblemente el mejor mirador de la costa occidental asturiana. Las vistas son espectaculares. Y con la tranquilidad de que es una zona amplia y con vallas. No podéis perder de vista a los niños pero no hay zonas peligrosas como accesos a los acantilados. Se puede dejar el coche a pocos metros y dar un paseo tranquilamente. Fácil acceso con carritos y sillas.
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Difícilmente vais a encontrar un entorno tan bonito para haceros una foto. Por cierto, mi hijo mediano empieza a necesitar un corte de pelo 😉

Pues hasta aquí nuestra última salida por Asturias, una de tantas que hacemos. Espero que os sirvan este tipo de posts, me consta que en general os vienen bien ya que muchas de las que leéis el blog sois de esta tierra.

Con niños en Burgos: consejos e ideas

Con niños en Burgos: consejos e ideas

Mira que soy yo de las que se lían la manta a la cabeza con una facilidad pasmosa pero oigan, cada día tengo más claro que esto de las vacaciones con niños son cualquier cosa menos vacaciones. Que si uno no quiere comer esto, que si el otro no quiere irse a dormir, que si el bebé (sí, ese que ya dormía 11 horas del tirón) no duerme más de 4 horas seguidas… Pero oye, es llegar de nuevo a casa, poner un poco de orden y aquí ya se comen lentejas sin protestar y ya se duermen rigurosamente todas las horas del mundo, ¡qué gustazo! Aún así, no lo voy a negar: estamos agotados pero los niños se lo pasan como los indios cuando hay planes distintos.

Esta vez nos tocó ir de casa rural. Ya tenemos cierta experiencia y es lo más práctico. Sobre todo cuando nosotros aportamos tres niños y mis cuñados tres niñas (sí, en esta familia no se hizo un buen reparto 😉 ). Y aún siendo el plan más cómodo del mundo, maridín preparó rutas por medio Burgos y claro, podéis imaginaros el plantel entrando en los restaurantes con dos sillas gemelares y una individual, ver para creer.  Así que voy por partes y os dejo recomendaciones a tener en cuenta por si vais por estos fríos y bonitos lares de España. Por cierto, la casa rural nos encantó, es de lo mejorcito que he visto en cuanto a instalaciones y con un señor jardín. Dicho esto, voy por partes:

1. Aranda de Duero: de todos los sitios que os voy a mencionar, éste es para mí del que hubiera prescindido (que nadie de Aranda se me lance a la yugular). Es que los otros lugares me gustaron muchísimo. En cualquier caso, lo que más me cautivó fue la impresionante Iglesia de Santa María la Real (que estaba cerrada) con una fachada maravillosa y me encantó su Plaza Mayor con un montón de terracitas donde tomar algo. Si sois de buen comer, os recomiendo el Mesón El Pastor. Eso sí, ya os digo que hay que subir escaleras (tienen tronas), pero vamos, eso nos pasó en todos los restaurantes a los que fuimos. Confieso que estuvimos en muy buenos sitios, ya que mis suegros invitaban 😉

Y además del cordero, ese pan típico de Burgos está de muerte.
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Un paseo por la margen del río también es muy recomendable.

2. Lerma: en resumen, me encantó. Eso sí, la Villa Ducal está empedrada y tiene muchas cuestas. Vamos, la cuenta para ir con la Maclaren gemelar, os podéis imaginar que a maridín le van a convalidar un curso de pesas anual por semejante paliza. Lo sé, Alfonso es mayor para ir en silla pero oye, que si hay que pasear, está muy cansado. Eso sí, dale una portería y no parará de jugar y correr en dos horas, ¡estos críos! Lo dicho, vamos al lío, allí no podéis dejar de ver el Palacio Ducal (que es ahora Parador Nacional), la Colegiata de San Pedro y el monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor o Convento de Santa Clara.

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3. Covarrubias: Sorpresa absoluta, no me sonaba de nada esta villa y me quedé impresionada. Tiene muchísimo encanto, os recomiendo de veras visitar este pueblo si hacéis ruta por la provincia de Burgos. También está empedrada pero sin apenas cuesta, lo cual se agradece. Paseando por sus calles os encontraréis la Colegiata de San Cosme y San Damián, que es espectacular por dentro. Para comer, son típicas las alubias rojas en Casa Galín, en la preciosa plaza Doña Urraca.

4. Monasterio de Santo Domingo de Silos: sólo por haberlo estudiado en Arte en el colegio, mereció la pena; es una maravilla. La visita es guiada (cuesta 3,50 euros y dura unos 40 minutos) y en ella se ve el claustro, la botica y el Museo. Tuvimos la suerte de que fuese uno de los monjes el que nos lo enseñase y cómo se notaba que venía de una familia numerosísima (10 hermanos) porque fue un encanto con los peques. Oye, a ver si os creéis que soy muy cotilla. Resulta que estaba la madre del monje allí (se ve que estaba de visita) y al vernos con tres churumbeles se emocionó 😉 y obviamente nos contó detalles de su vida. Más majos ella y el religioso. Y después, fuimos a la Iglesia de San Sebastián a escuchar el canto gregoriano, suele llenarse así que es mejor ir quince minutos antes de que empiece. Y además, no sé si siempre es el mismo monje el que hace la introducción, pero tenía gracia porque decía, muy formal él, que aquello era un rato de oración y que no creía que a nadie le fuese a llamar Dios al móvil. Razón no le faltaba.

 

5. Burgos: Yo ya conocía Burgos; de hecho, fuimos cuando Alfonso tenía unos 8 meses y nos recorrimos la ciudad de cabo a rabo así que esta vez nuestro paso por allí fue breve. Pero vamos, que a mí no me importa repetir porque me gusta muchísimo y en cualquier esquina ves algo bonito. Eso sí, el viento viene frío de narices. En cualquier caso, nos os podéis perder (en realidad, es imposible no verla) la Catedral de Santa María La Mayor, es sencillamente espectacular. Y bueno, para comer dicen que Casa Ojeda es el lugar más mítico e impresionante de la ciudad, puedo dar fe de que se come de lujo. No tienen tronas y hay escaleras pero si dices que vas con niños, lo tienen en cuenta a la hora de situarte.

Y estas fueron nuestras vacaciones de Semana Santa, en un punto intermedio entre Asturias y Zaragoza, rodeados de niños, paseando sin parar y comiendo de maravilla. Como veis, no estamos nunca quietos; en realidad, no sabemos parar. Así luego se agradece tanto la rutina. Espero que el post os sea útil a quienes estéis pensando visitar esta zona de España.

Con vistas al mar… y animales

No creáis que tengo pensado hacer de este blog un espacio gastronómico pero como sé que vienen días festivos, os dejo una recomendación (para las asturianas que os quedáis por aquí estos días y para las que venís de visita) de un restaurante donde ir con niños es muy cómodo. Se llama El Catalín y está en La Atalaya, en Tazones (Villaviciosa). Se puede comer al aire libre, en una terraza bastante amplia, o en el interior, donde depende de la mesa hay unas vistas muy bonitas de Tazones, un pequeño pueblo pesquero del que ya os hablé en el blog en alguna ocasión porque merece la pena visitarlo. En cualquier caso, os pongo unas fotos y os voy contando porque reconozco que lo de que estén los niños de vacaciones, no me deja tiempo para ponerme a redactar como Dios manda.

Aquí tenéis la terraza. En la carta hay de todo, y dicen que lo mejor son las paellas y arroces aunque nosotros no pedimos porque sabíamos que íbamos a comer al día siguiente con mis padres. Imagen de la web ecoturismo.  Vistas de Tazones desde la zona exterior. Se puede llegar al pueblo, yo bajé con Rafa y no lo recomiendo (las sillitas no pueden pasar, hay piedras y mucha pendiente). Lo que no debéis dejar pasar, además del paisaje, es ver los animales que hay por allí. También hay cerdos. A mí no me atrae mucho la idea de observar a estos animales pero a Rafa le parecieron muy interesantes. Y por supuesto, muchas ovejas. Imagen de Tazones de la web Villaviciosahermosa.com

De cualquier forma, también os digo que, en el pueblo, tenéis más de una decena de restaurantes donde comer marisco y paellas. Nosotros vamos mucho a uno que se llama La Sirena y la verdad es que no probamos más porque siempre hemos quedado contentos. Eso sí, una ración de paella de marisco es para dos (tenedlo en cuenta). Y poco más que contar. Mañana en el blog pondré el nombre de las ganadoras del sorteo de entradas para el espectáculo Rock and Kids (todavía podéis participar durante hoy martes en Facebook) y después, me vais a perdonar, voy a desconectar del mundo 2.0 para disfrutar de los días festivos. ¡Que disfutéis!

 

 

 

 

Planes con niños en Asturias: Lagos de Covadonga

Planes con niños en Asturias: Lagos de Covadonga

El fin de semana pasado se produjo un acontecimiento insólito en el norte: salió el sol. Sí, una esfera redonda que da calor y luz que casi habíamos olvidado. Y tras hacer las pertinentes presentaciones entre Lorenzo y Gabriel, alias Copito de Nieve (voy a tener que comprar una buena sombrilla este verano), nos «tiramos» a la calle como si no hubiera un mañana. Porque efectivamente, aquí puede salir hoy el sol y no volver a hacer aparición en una buena temporada. Pues eso, que nos invadió la emoción y nos fuimos, no uno, sino dos días de excursión. Así que aquí van dos recomendaciones para las asturianas y para las que vayáis a venir por aquí de visita:

No tenía intención de contaros la que hicimos el sábado, básicamente porque ya hablé del sitio al que fuimos en un post hace un año, pero colgué una foto en Instagram y un montón de gente me empezó a preguntar dónde estábamos. Así que, para las nuevas incorporaciones al blog y porque otras ni os acordaríais, os aconsejo, y mucho, que vayáis al parque de Moniello, en Luanco. Podría estar explicándoos las razones por las que debéis ir pero, como una imagen vale más que mil palabras, aquí os muestro unas cuantas y añado consejos que en el post de hace un año no incluí.

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Un parque infantil con semejantes vistas no es fácil de encontrar.

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Tenéis restaurante con merendero. Os cuento, comimos por 36 euros. La ración de paella mixta (que lleva marisco) cuesta 12 euros, y con dos raciones comimos los cuatro ¡¡¡de sobra!!! Eso sí, fuera no atienden, te sacas tú la paellita. También hay un montón de raciones de todo tipo, pescados, carnes…

Y como lo del sábado no nos pareció suficiente, decidimos que el domingo también había que pasar el día respirando aire puro, y en este caso, nunca mejor dicho. Así que, después de ir a el santuario y a la Cueva de Covadonga, que es uno de esos sitios que hay que visitar en Asturias sí o sí, subimos a los Lagos de Covadonga, en los Picos de Europa. Confieso que, como tengo un poco de vértigo, la subida en coche me sigue impactando. Primero llegaréis al lago Enol pero os recomiendo que sigáis hasta llegar al lago Ercina. Y más de lo mismo, las fotos hablan por sí solas.

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Hay un restaurante que, a estas alturas, está cerrado. Pero como tiene mesas fuera, nos llevamos la comida. Como veis, esta excursión la hicimos acompañados por mis padres, mi hermano, mi cuñada, mi sobrino y una de mis primas.

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Poco que añadir, estas vistas merecen que vengáis a Asturias. Por cierto, aunque el pobre Gabriel no aparezca en las fotos, también estaba 😉 Y Rafa lo pasó pipa con la nieve.

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En el Santuario de Covadonga.

Pues estas son mis últimas recomendaciones, que sé que muchas echabais de menos estos posts. Y mañana, os hablaré de ropa para los peques, que algunas me habéis preguntado. ¿Qué?, ¿a qué apetece venir a Asturias?

Vacaciones en casa ajena

Casi todo en la vida tiene su parte buena y su lado malo pero es obvio que lo interesante es quedarse con lo positivo y aprender de lo negativo para evitarlo en futuras ocasiones. Como veis, me he puesto un poco filosófica, parece que me voy a poner a hablar de cosas muy profundas y ¡nada más lejos de la realidad! De hecho, irse de vacaciones y meterse en casa de tus padres o suegros a muchas os sonará. Y como todo, tiene pros y contras. Empecemos por los últimos:

1. Los niños se alteran: las vacaciones de por sí ya les perturban bastante pero si a eso le sumas irte a casa de algún familiar, aquello es el «no va más». Alfonso se pasó la semana en Zaragoza como una moto; a Rafa lo que le ocurre es que se vuelve irascible, algo así como la niña del exorcista.

Ahí veis a Alfonso, fuera de sí con sus primas riéndole las gracias. Y aunque Rafa esté sonriendo, os aseguró que pasó más tiempo protestando.

 

2. Los niños te toman por el «pito del sereno»: De repente, no sabes qué fuerza extraña les invade pero no quieren comer lo que engullen habitualmente y directamente llaman a sus abuelos cuando quieren conseguir algo, vamos, es que ni te miran cuando persiguen un objetivo. En fin, que Rafa rechace unas lentejas es como para ponerse de los nervios.

3. Los niños se ponen malos: no falla, tienen un radar para eso. Es oler las vacaciones y pasa algo. Por primera vez, Rafa tuvo conjuntivitis y, algún que otro día, décimas de fiebre. Mientras tanto, Alfonso cogió una buena tos, ¡y mira que desde febrero no se ponía malo de nada! Y yo cruzando los dedos y rezando todas las oraciones para que Gabriel sobreviviese a todos los virus. Porque además, mi cuñado estaba con gastroenteritis, los hijos de nuestro amigos con fiebre… Pero Gabriel ha vuelto sano y salvo a Gijón, es un superviviente a los microorganismos… y al frío de Zaragoza.

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De esta guisa íbamos con los pequeñuelos. Vale, no todos los días hizo tanto frío pero cuando les hice la foto, los termómetros marcaban 0 grados.

 

4. Hay que tener orden: cuando estás en casa ajena, no puedes dejar los coches y las piezas de lego por ahí. Más que nada porque, aunque tú ya estés acostumbrada a ir saltando por tu casa, los demás no. Y porque si tú pisas cualquiera de eso objetos, ya tienes el pie acorazado y acostumbrado, por lo que el dolor es soportable. Pero no, ni tus padres ni tus suegros podrían soportar tal envite.

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Teniendo en cuenta que te vas con la casa a cuestas, ¡qué menos que tenerlo ordenado! Y como veis, maridín es experto en organización del espacio.

 

Pero no todo va a ser malo. Alojarte en casa de tus suegros, en mi caso, tiene sus cosas positivas. Yo no me puedo quejar porque me tratan muy bien aunque es obvio que, como decía Dorita en «El Mago de Oz»: se está mejor en casa que en ningún sitio. Vamos allá:

1. Tienes ayuda con los niños: Ya os podéis imaginar cuál es mi percal mañanero con Alfonso y Rafa de vacaciones estos días. Preparar desayunos a unos, dar el pecho al otro, vestirles a todos, ducharme, volver a dar el pecho, cocinar, hacer camas… Así que, si tienes quien te ayude con esas labores, la mañana no será como subir el Everest.

2. Ni cocinas ni limpias: Estar en casa de nuestras madres o suegras implica olvidarse de ciertas tareas; ya sabéis lo mucho que les gusta aprovechar las visitas para preparar suculentas comidas. Supongo que no todas son iguales, pero la madre que parió a maridín no deja que hagamos nada, lo cual no quiere decir que yo no eche una mano a la hora de poner la mesa o recoger platos pero vamos, enseguida me «obliga» a sentarme de nuevo.

3. Vacaciones baratas: pues sí, te vas una semana y te dejas el dinero en gasolina y peajes pero una vez llegas a tu destino, tus padres o suegros, invitan a todo o casi todo. Y no sólo eso, sino que además, amigos de la familia te dan algunos eurillos para que le compres algo al recién nacido.

Y hasta aquí la lista de ventajas y desventajas de meterte en casa de la suegra. Como veis, no es que me motive el tema de que los niños se alteren porque la que se altera después soy yo, pero por otro lado, la ayuda y olvidarme de ciertas tareas, me ha tenido menos agobiada. Y a vosotras, ¿os agobia pasar las vacaciones en casa de familiares o, por el contrario, os tranquiliza el desentenderos de ciertas labores? Por cierto, si vais a Zaragoza en estas fechas con niños tenéis que:

Ir a Neverland, en Puerto Venecia, el centro comercial más grande de Europa. Preparaos para que cada atracción os deje el bolsillo temblando. Subir en el tranvía.
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Ir a la plaza del Pilar a ver el mercadillo.

Allí podréis ver un Belén enorme y esta pista para atrevidos.

 

Viajar con tres niños, ¿se puede?

Viajar con tres niños, ¿se puede?

Lo confieso, estoy temblando. En esta casa vamos batiendo récords; si Alfonso viajó por primera vez con 7 semanas de vida, Gabriel lo hará con sólo 20 días. Esto de que maridín sea de fuera tiene sus ventajas y desventajas, y entre éstas últimas, está el tener que hacer maletas cada cierto tiempo. Y ahí está la causa de mi estrés: las maletas y demás enseres que tenemos que llevarnos con tres churumbeles. Diré que los dos mayores ya no suponen mucha inquietud, porque a cada uno le hago su equipaje donde ya meto pañales, peluche y lo que viene siendo ropa. Por suerte, ya nos hemos olvidado de algunos artilugios y, según van creciendo, la cosa se va simplificando. Eso sí, al final compramos silla gemelar de segunda mano y ¡madre del amor hermoso! Vaya si pesa y ocupa el armatoste por muy plegable que sea.

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Por cierto, estamos encantados con la adquisición. Alfonso no protesta diciendo todo el rato que está cansado y Rafa no protesta por ir sentado ya que imita todo lo que hace Alfonso. Y todos contentos.

La cosa se complica seriamente con un bebé. Ya sabéis lo que son las primeras semanas de vida de semejantes criaturillas; yo, por ejemplo, tengo la habitación y el baño literalmente tomados por sacaleches, discos de lactancia, bolsas de megacompresas, la bañerita del crío, muselina, hamaquita…vamos, un caos al que en cuestión de días iré poniendo orden. Pero ahora me tengo que ir una semana fuera, y me toca «tomar» otra casa que no es la mía, en concreto la de mis suegros. A todo eso añádele el esterilizador y los bibes (ya os contaré en otro post el misterio de mi lactancia), el Bugaboo, la maleta de Gabriel y qué sé yo cuántas cosas más. Vamos, que los gitanos (con todos mis respetos) son amateurs a nuestro lado.

Por supuesto, hace un par de meses ya que maridín cambió de coche. Sí, aunque no lo creáis teníamos el típico ranchera que en mis tiempos mozos servía para meternos allí ciento y la madre. Pero ahora no te caben tres sillas reglamentarias. No es fácil encontrar un automóvil donde poner las tres sillitas en la parte de atrás sin comerte el maletero… Los que dicen que notas más cambio con el segundo hijo que con el tercero, ¡ja! Me río yo de eso. En fin, todo es una odisea. Y nosotros tenemos más moral que el Alcoyano, para qué negarlo. Y vosotras, ¿cómo lleváis lo de viajar con niños? Por cierto, el lunes empezamos sorteo.

Y gracias a Tubebebox porque ya he recibido mi caja con un montón de cosas para el peque y para mí. La presentación es bestial y me ha encantado todo el contenido. Es un placer poder formar parte de su grupo de madres expertas.

 

Última escapada

Última escapada

¿En qué momento exacto del embarazo debemos dejar de viajar? Sabéis que soy poco amiga de teorías, cada caso es distinto y depende del estado y salud que tengamos. Habrá mujeres que a los seis meses no puedan o no deban y otras tenemos la suerte de haber podido viajar sin problemas hasta muy avanzado el embarazo. Nuestro médico y nosotras mismas valoraremos cuándo no debemos irnos muy lejos. Y tampoco hace falta consultar todos nuestros movimientos a ningún doctor, creo que por puro sentido común, a nadie se le ocurre coger un avión o irse a la India en el octavo mes de gestación.

En cualquier caso, decidimos que éste sería el fin de semana tope para viajar en coche y que, de ser posible, no haríamos muchos kilómetros para encontrarnos con la familia de maridín, ya que desde agosto, los niños no veían a sus abuelos, tíos y primas. Elegimos un punto medio entre Zaragoza y Gijón y nos decidimos por Guecho (Vizcaya). Fueron 270 kilómetros de trayecto, lo justo para no acabar hasta el gorro del coche; además, soy de ésas embarazadas que se encuentra más cómoda de pie o tumbada que sentada, yo creo que mi barriga es pequeña para albergar criaturas, sino no lo entiendo 😉

Me gustaría haber hecho un post de esos completitos con un montón de información, pero me había pasado la semana con una gastroenteritis bastante importante, bebiendo sueros y agotada, y el fin de semana no estaba para «turisteo» y ni siquiera para disfrutar de la gastronomía. Y mi cuñada, embarazada de 5 meses, tiene que tomarse los embarazos con calma. Eso, y que el clima sólo pedía una cosa con estos calores, me dejan sin muchas cosas que contaros. De cualquier forma, por si alguien no lo sabe, Guecho es un municipio de Bilbao y es muy conocido por las playas y por unas casas y palacetes espectaculares.

Día de playa, aunque evitamos bañadores para que no se les ocurriese entrar en el agua

Día de playa, aunque evitamos los bañadores para no incitarles a entrar en el agua.

Que conste que he estado tentada a viajar el próximo fin de semana a Pamplona, ya que hay celebración en mi Facultad del décimo aniversario de los que acabamos Periodismo en 2004 (¡10 años ya desde que dejé la Uni!) pero son ya más de cuatro horas de viaje a un mes de dar a luz y, sinceramente, me parece demasiado desplazamiento. Si fuera un trayecto un poco más corto…. Así que, hasta Navidades, ya no nos movemos de Gijón. ¿Hasta qué semana del embarazo os desplazasteis de viaje?

Planes con niños en Asturias: Luarca y la playa de Cueva

Planes con niños en Asturias: Luarca y la playa de Cueva

La semana pasada os contaba que las vacaciones fuera de Asturias habían dado mucho de sí. Tampoco es que el tiempo que nos quedamos aquí fuese tranquilito, tuvimos visita en casa de unos amigos con su niña y Alfonso y Rafa estuvieron a la altura, vamos, sobreexcitados y pasándolo como los indios. Aprovechamos para ir a unos cuantos sitios, algunos ya los mencioné en otros posts, así que hoy os hablo de un pueblo que hacía unos años que no visitaba y que, si venís por Asturias, tenéis que ver: Luarca.

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No podéis dejar de ver dos cosas: el puerto y el cementerio, que siempre aparece en las listas de los mejores camposantos de España porque tiene unas vistas que ya quisiéramos muchos vivos desde nuestras casas y donde está enterrado el Premio Nobel de Medicina, Severo Ochoa. Y en el puerto podréis encontrar un montón de restaurantes donde comer, yo sólo os puedo hablar de la terraza en la que estuvimos el sábado, Bitácora, donde el pulpo de «pedreru» estaba exquisito.

Y como el sol por fin lució este fin de semana, por la tarde aprovechamos para ir a la playa y conocer alguna de la zona. Estuvimos en la playa de Cueva, donde desemboca el río Esva. El acceso en coche es un poco difícil los últimos metros porque no está asfaltado y hay piedras pero vamos, nosotros llegamos bien con un coche normalito y corriente. La gran «pega» de esta playa para ir con niños es que la mayor parte es de piedras y, de hecho, me sorprendió ver a muchas familias. Allí me encontré con una conocida que va a menudo y me dijo que, cuando la marea está baja, hay muchísima arena y un montón de cuevas por las que adentrarse. Tiene pequeño chiringuito y salvamento, poco más.

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Vista aérea de la playa de Cueva. La Nueva España

Vista aérea de la playa de Cueva. La Nueva España

Sé que, a estas alturas, los posts de playas quizás no os sean tan útiles pero yo no doy por terminada la temporada de verano hasta octubre; aún recuerdo el calor del día que nació Alfonso, un 1 de octubre, y su primer cumpleaños en la playa a 30 grados. Eso sí, no me despisto, tengo muchos temas en mente para las próximas semanas 😉

Cosas que se aprenden en vacaciones

Cosas que se aprenden en vacaciones

Este año, debido a mi trabajo, hemos pasado sólo diez días fuera de Asturias pero ha sido el tiempo suficiente para aprender cosas nuevas. Y no me refiero al lugar donde veraneamos, Torredembarra (Tarragona). Primero, porque hace ya años que vamos al mismo sitio al tener un apartamento mis suegros allí. Y segundo, porque no hay nada que lo haga un lugar especialmente interesante o bonito, desde mi punto de vista. Eso sí, playa, toda la que queráis, llegar a la orilla es como cruzar el desierto del Sahara. A lo que íbamos, las vacaciones con niños son divertidas, a la vez que estresantes, porque descubres cosas nuevas:

  1. Como se te ocurra ir a un sitio con el típico trenecito turístico «la has liado»: nadie te libra de un paseo por el pueblo en cuestión y, como se pongan pesados, te toca repetir. Peor aún es tener en el paseo marítimo varios puntos con atracciones, castillos hinchables y camas elásticas. Prepárate para gastarte «las perras» porque, si en tu época costaba 100 pesetas el viajecito, ahora te «clavan» 3 euros. Ver para creer.
Y encima, el pequeño te hace tres veces la misma jugada: suplicar subirse a los coches para hacerlos parar en mitad del trayecto a lágrima viva.
  1. Descubrir que tu hijo pequeño le tiene pánico a los chorros de la piscina y además grita «pipí» cuando se acerca a alguno: lo cual te obliga a decir bien alto «Que no hijo, que es un chorro de agua» para que la gente de la urbanización no se alarme pensando que tu peque está orinando por todos lados.
  2. Si tus retoños son capaces de abrir las duchas de las piscinas, harás ejercicio: básicamente, salir de la piscina una y otra vez si estás dentro, o levantarte otras tantas veces si estás tumbada en la toalla.
  3. Da igual que tus hijos tuviesen miedo al agua al empezar el verano porque, en cuestión de días, no querrán salir de la piscina o del mar: Y si en vez de una temperatura de 20 grados, el agua está a 25, entonces habrá disgusto asegurado porque aquello les parecerá caribeño.

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  1. La tonalidad de piel bronceada de tus descendientes se te olvida durante el invierno: cada verano te vuelves a reencontrar con un color, casi parecido al de otra raza, que habías olvidado por completo y que crees que nunca habían tenido. Pero no, miras las fotos de los veranos anteriores y, efectivamente, estaban negros. Y eso, poniéndoles crema con protección total, de esas que te dejan el cuerpo blanco hasta cuando sales del agua.
Y además, con moreno-manguito, algo así como el moreno-obrero.
  1. Y por último, descubres que cada día odias más los peajes: Sí, son caros de narices pero los aborreces porque, si el coche hace un efecto somnífero sobre los niños, los malditos peajes les despiertan. Y no sólo eso; tratas de evitar aquellos en los que hay personas con las que tienes que cruzar tres palabras (suficientes para despertar a las pequeñas fierecillas) y ahora resulta que los que son automáticos te hablan, manda… Si alguna persona de las que me está leyendo es responsable de la creación de estas máquinas, por favor, hagan los pertinentes cambios. Ningún ser humano va a contestar a un artilugio.

Y esos han sido mis nuevos descubrimientos los días que hemos pasado fuera aunque os aseguro que este verano está siendo para mí toda una revelación en cuanto a los peques. Me lo reservo para otro post. ¿Qué descubrimientos habéis hecho este verano?