Categoría: parto

  • Mi quinto parto, reencontrase con la vida

    Mi quinto parto, reencontrase con la vida

    Voy a intentar ponerle algún punto de humor a este post a pesar de que mi quinto embarazo y mi quinto parto han estado marcados inevitablemente por el anterior. Porque sabía que, cuando naciese mi quinto bebé, en algún momento, los recuerdos dolorosos iban a volver a mi cabeza. También sabía que, si todo salía bien, me reconciliaría de alguna manera con la vida. El parto de Carmen no se olvida, nunca, y pensar en ese día duele, pero Aurora ha hecho ese dolor más pequeño, y me ha devuelto la vida. Pero vamos al meollo, porque realmente apenas he contado nada de mi quinto parto y habéis preguntado mucho.

    Más allá de que mi única obsesión en este embarazo era que todo fuese bien, os confieso que, en algún momento  imaginé que, tras cuatro partos vaginales, el quinto bebé casi saldría solo, casi como en ese vídeo viral de una madre dando a luz a su quinto hijo en el coche 😉 Pues sí, yo creí que la criatura se «caería» sola, que no llegaría a tiempo al hospital o alguna cosa así como un poco peliculera. Pero no, aquello que me habían dicho ginecólogos y matronas de que el segundo parto era el más rápido y que, después de ése, ya no suelen ser tan fáciles, es cierto. Doy fe. Además, como me operaron del cuello del útero hace 14 meses (del tema embarazo tras conización hablaré también porque sé que os interesa), pues yo es que temí hasta un parto prematuro porque aquello no aguantase. Ilusa de mí.

    Tampoco imaginaba yo que un parto se me iba a adelantar casi 3 semanas porque los niños fueron muy puntuales. Así que contaba con estar dando a luz en torno a estas fechas, suponiendo que no llegara a cumplir 40 semanas. De cualquier manera, agradezco el adelanto porque en plenas fiestas y con los niños de vacaciones hubiera sido de locos. Pero bueno, que me lío. Total, que la noche del 6 de diciembre, ya madrugada del 7, noto que se rompe la bolsa, no en plan escandaloso pero sí evidente. Voy al baño, compruebo que el líquido es transparente y me acuesto. Noto moverse al bebé, sigo perdiendo líquido cada vez que me levanto, tengo alguna contracción suelta pero no estoy de parto. Así paso la noche en vela, obviamente. Ocho horas después, ya a una hora prudente, avisamos a mis padres para que vinieran a quedarse con los niños.

    Esta foto nos la hizo «Ladrona de momentos» horas antes de nacer Aurora

    De camino al hospital me entra el agobio porque no noto moverse al bebé. Angustia. En Urgencias me relajo, todo está bien y confirman que la bolsa está rota. Me dicen que lo normal es que me ponga de parto de forma espontánea en las siguientes horas (teniendo en cuenta que ya llevo más de ocho horas con ella rota). Pero no, señoras. Quinto parto y no, ni contracciones ni dilatación ni leches. Así que, como en la prueba del Streptococo había dado positivo, tampoco convenía estar demasiadas horas así porque pueda haber infección por lo que decidieron a mediodía empezar con prostaglandina, a ver si se animaba eso. ¡Y vamos que si se animó para mí! Cuando me di cuenta tenía contracciones cada tres minutos con un dolor como de estar de 9 centímetros, lo que vienen siendo contracciones muy, muy potentes. Me exploraron y me dicen que nada, que no hay dilatación alguna. Creí morir. Vale que ese dolor lo aguante sin epidural a punto de dar a luz, que ya sabes que en cuestión de minutos se terminan… pero sin haber empezado a dilatar, ni de broma.

    Todo esto en la habitación, yendo de vez en cuando a monitores, y hasta entrando en la ducha a ver si aliviaba un poco el dolor. Deciden pasarme a dilatación y, después de otras contracciones de morir, me ponen la epidural. Veo la luz 😉 Porque señoras, no es lo mismo el dolor de las contracciones que generan tus hormonas que las que son artificiales. Vamos, un abismo. Tengo que decir que me trataron en todo momento fenomenal y me explicaron lo que iban haciendo. Oxitocina al canto y paso de 0 a 10 centímetros en menos de dos horas y con poco dolor, muy llevadero. Vienen, me dicen que nos vamos a paritorio, que ya está a punto. Me pongo a llorar pensando en Carmen y en aquel parto en Tarragona. Paso a paritorio, ya con un dolor tremendo (creo que ahí rebajan la epidural para el tema de los pujos), tres empujones y oigo un llanto. Lloro. La matrona dice: ¡es niña! Me la ponen encima. Y lloro, y río sin parar. Ahí estaba Aurora. Allí estaba de nuevo la vida. Ésa que deberíamos encontrarnos siempre en ese momento.

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    Y así fue mi quinto parto, una inducción tras rotura de bolsa. Vamos, no me había pasado lo de romper la bolsa sin contracciones nunca. Pero así son los partos, ninguno es igual a otro. Todo salió bien, que eso es lo importante. La niña pesó 2,700 gr. al haberse adelantado y el postparto está siendo muy bueno. Como este post se ha extendido mucho, dejo para otro día cómo es enterarse en el parto del sexo de tu hijo porque os diré que ese día, en las caras de los que me atendieron, noté ya algo.

  • El miedo al parto

    El miedo al parto

    Recuerdo mi primera visita a la matrona durante mi primer embarazo. Hablando con ella, una de las cosas que le sorprendió fue que no tuviera ningún miedo ante el parto; me preguntó enseguida si mi madre me había hablado bien de sus alumbramientos y, es curioso, pero era cierto, siempre la recuerdo hablando de ir a dar a luz como si fuera una cosa súper normal. En cierta manera, no deja de ser un proceso natural. En esa conversación con la matrona comprendí que las experiencias de otras personas que están a nuestro alrededor, nos influyen a la hora de sentir nuestras propias vivencias, sobre todo cuando son cosas que aún son desconocidas para nosotras. Y además, un parto no es una experiencia cualquiera, es mucho más.

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    Semana 39 del tercer embarazo. Foto de Carlos Quirós.

    He vivido los tres embarazos con mucha tranquilidad, y no he tenido el miedo al parto nunca. Y digo miedo, no respeto. Es una de las razones por las que siempre he dicho que no me atrevería a dar a luz en casa o en determinadas clínicas. La mayoría de las veces, las cosas transcurren de forma natural, sin complicaciones pero me siento más segura sabiendo que estoy en un lugar donde cualquier urgencia puede ser resuelta de forma inmediata. En mi tercer parto, todo fue muy bien pero ya conté que la placenta no salía, así que las matronas tuvieron que dejar paso a la ginecóloga, que hasta ese momento no había aparecido, y manualmente tuvo que extraerla. De no conseguirlo de esa manera, hubiera tenido que ir a quirófano. Como veis, no fue una gran complicación, pero lo importante es tener la tranquilidad de que se puede solventar. De ahí, que crea que es importante ir al parto sabiendo que todo va a estar controlado y saldrá bien.

    Además, el factor psicológico es fundamental. Lo digo mucho últimamente con aquellos aspectos relacionados con el deporte. El miedo sólo bloquea, no ayuda y puede influir a la hora de que un parto no transcurra de forma natural. Es más, es un factor que repercute de forma negativa en el proceso de dilatación y hace que muchas mujeres acudan con más frecuencia al centro de salud u hospital. No merece la pena, hay que intentar pensar que es algo por lo que todas las mujeres pasamos, que además tenemos la suerte de contar con medios suficientes, que antes no existían y que no existen en muchos países, para resolver complicaciones. Estamos bien atendidas y es un momento único en la vida. Conviene no temerlo. ¿Teníais miedo al parto?

  • Kegel Smart: Ejercitador de suelo pélvico

    Kegel Smart: Ejercitador de suelo pélvico

    Empecé a ser consciente de la importancia de los famosos ejercicios de Kegel durante el segundo embarazo. Ya he comentado más de una vez que mi primer postparto fue duro, pasé una semana con bastantes dolores por culpa de la episiotomía así que, en la segunda gestación, me conciencié de la importancia de llegar al parto mejor preparada e intentar evitar a toda costa el «cortecito». Así que la matrona, también fisioterapeuta, de mi centro de salud me mencionó el masaje perineal, del que hablé en otro post, y por supuesto, los ejercicios de Kegel. Lo cierto es que no me olvidé de practicar ninguna de las dos cosas y, casualidad o no, no hubo necesidad de episiotomía y el postparto fue muy bueno.

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    Pero la práctica de los ejercicios de Kegel no se quedó ahí. Ya en cuanto di a luz, la matrona me dijo que podía seguir, y que debía hacerlo, para fortalecer el suelo pélvico y evitar problemas. Y así lo hice. Pero como todo, las buenas costumbres se van perdiendo. Ya sabéis que ahora mi preocupación es el running, un deporte de impacto que puede pasar factura al estado de este grupo de músculos super importantes que soporta órganos como el útero, el intestino o la vejiga. Como cualquier «deporte» o ejercicio, para notar los buenos resultados, hay que ser constante y, si cuentas con apoyo, mucho mejor.

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    Yo reconozco que soy un poco reticente a probar ciertas cosas cuando en teoría todo está bien, pero muchas mujeres hablaban maravillas del famoso Kegel Smart de Intimina para fortalecer el suelo pélvico y realmente dije: ¿por qué no retomar los ejercicios de Kegel de esta manera? Y probé. Era un poco escéptica, ya os lo digo pero me sorprendió mucho; resulta muy fácil de usar y de introducir. Cuando lo enciendes, el ejercitador selecciona automáticamente el nivel de ejercicio en función de tu fuerza de contracción y resistencia en la última sesión de entrenamiento, así vas controlando tus progresos. Lo recomendable es usarlo todos los días y lo bueno es que te marca el tiempo de uso, en función de tu nivel, y a través de ligeras vibraciones, sabes en qué momento debes contraer. Eso sí, ojo si tenéis alguna contractura y consultad con el ginecólogo o matrona si creéis que tenéis algún problema o cualquier dolor. Pero que sepáis que es un gran invento para fortalecer el suelo pélvico así como para prepararse para el parto, ¿lo conocíais?

  • Nuevo vídeo: ¿Qué me llevo al hospital cuando vaya a dar a luz?

    Nuevo vídeo: ¿Qué me llevo al hospital cuando vaya a dar a luz?

    A partir de ahora, podéis considerarme una friki. Ya os dije alguna vez que, para mí, la percepción de preparar la bolsa que se lleva al hospital para dar a luz, fue muy distinta cuando la hice por primera vez a cuando repetí. Sí, cuando eres primeriza sabes poco del posparto y luego la realidad es que resulta un tanto complicado. De ahí que, en el segundo embarazo, decidiese llamarla la bolsa antilujuria. Pero como mi intención es hacerlo con humor y no asustar a nadie (he repetido tres veces por algo 😉 ), pues mejor lo veis en vídeo! ¡Buen fin de semana!

  • Falso trabajo de parto

    Entre unas cosas y otras, me he dado cuenta de que en el blog nunca he escrito sobre mi falso parto. Más de una estaréis pensando que me he vuelto loca o que he tenido un embarazo psicológico del que nunca he hablado. Y oye, ni lo uno ni lo otro, por ahora estoy en mis cabales. Supongo que no conté nada porque, sólo dos días después, me puse de parto en serio y ya ni te acuerdas de la anécdota. Pero claro, como experiencia creo que es muy interesante para las embarazadas porque, quién no se ha planteado alguna vez eso de ¿cómo sabré si estoy de parto de verdad?

    Y ojo, que no me pasó en el primer embarazo ni en el segundo, ¡qué va!, ¡¡¡en el tercero!!! Ahí estaba yo, madre multípara, entrando en Urgencias para parir por tercera vez y, tras la revisión pertinente por el ginecólogo de guardia, me dicen que estoy de 2 centímetros y que vamos a ver cómo progresa el asunto. ¿Progresa?, ¿esto qué es?, yo no daba crédito. Así que nada, me ingresaron y fui a monitores, donde efectivamente se dieron cuenta de que tenía contracciones. Porque yo ya pensaba que igual es que tenía alucinaciones. Poco después, las contracciones pararon, y como había ido a las 12 de la noche, tuve que pasar la noche ingresada hasta que, al día siguiente, el ginecólogo me dio el alta, no sin antes querer revisar mis partes bajas sin darse cuenta de que aún no había parido. Cosas que nos pasan a las que tenemos barrigas pequeñas en los embarazos 😉

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    Semana 39

    ¿Porqué creí que estaba de parto? Porque tuve contracciones durante varias horas. En mi contra diré que eran irregulares. ¿Cómo es posible que fuese al hospital? Bueno, pues tengo muchas cosas a mi favor para excusarme ;-). Primero, que mis partos son veloces; con Rafa llegué muy tranquila a parir y, sorpresa, estaba ya de 8 centímetros y aquello fue visto y no visto. Así que con el tercero temes que la cosa sea igual o más rápida y yo no quería verme pariendo en casa, así de claro. Y segundo, cuando decidimos que íbamos al hospital (yo tenía contracciones irregulares desde hacía cuatro horas) eran las 11 de la noche. Necesitaba que alguien de mi familia se quedase con los dos peques y creo que llamar a esa hora era mejor idea que hacerlo a las dos de la madrugada, que estarían dormidos y tardarían más en venir. E insisto, no quería dar a luz en casa 😉

    Así que ya veis, esto le puede pasar a una en el primer embarazo, que es lo más habitual, o en el tercero, en función de las experiencias anteriores. Posiblemente, si mi anterior parto no hubiese sido tan rápido, lo normal es que hubiera esperado. Quizás, si aquello me hubiese pasado por el día y no a esas horas, pues también me hubiera quedado en casa más tiempo. Eso no lo sabré. Pero como consejo a las que estés en la dulce espera: los segundos partos suelen ser los más rápidos (más que terceros, cuartos… tiene explicación científica) y las contracciones de parto son regulares, van a más y no se pasan por mucho que cambies de postura. ¿A alguna le ha pasado lo del falso parto?

  • Mi experiencia con la epidural

    Mi experiencia con la epidural

    He parido tres veces. Mis partos han sido rápidos y vaginales, que no es lo mismo que naturales. Hago esta aclaración porque leo en muchos medios que Fulanita ha dado a luz de forma natural y, acto seguido, veo la palabra epidural. No es lo mismo vaginal que natural. Puede ser las dos cosas o ser solo vaginal, o ninguna, como es el caso de una cesárea. Yo sólo tuve uno natural de los tres (suficiente, por cierto). Pero en cualquier caso, no es hoy el tema del post sino que me centro en mis vivencias con la epidural. He tenido tres experiencias muy distintas, y no me refiero a que las haya habido buenas y malas; sencillamente, he dado a luz con mucha, sin nada y con poca epidural. Vamos, variadito.

    Lo primero, lo que hoy cuento es una experiencia personal; habréis oído un montón al respecto y tendréis las vuestras propias, como hay cientos de historias de partos. ¿La epidural tiene riesgos? Pues claro. Lo que ocurre que no son graves (puede ralentizar el parto, el dolor solo se alivia en una parte del cuerpo, puede dar dolor de cabeza, mareos…), es decir, no es que te puedas morir por usarla, que entonces yo sería la primera en parir sin ella. Cada una debe valorar las cosas. Yo reconozco ser fan de este invento. En realidad, sólo el parir ya implica escollos (por desgracia, conozco dos casos de bebés que murieron durante el parto), al igual que hay más riesgos pariendo a los 35 que a los 25, o a los 40 que a los 35. Esto es así estadísticamente. Pero en los países desarrollados todo está muy controlado y nadie se plantea tener hijos a los 25 por los riegos, sino que cada una lo hace cuando cree que puede o quiere. Dicho esto, paso a detallar mis partos:

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    Primer parto: inducido en la FPP por motivos personales (hoy en día no lo haría, y jamás me lo hubiera planteado antes de la semana 40). Las inducciones conllevan epidural, entre otras cosas, porque te ponen oxitocina artificial y doy fe de que las contracciones duelen muchísimo más que en un parto espontáneo. Duración del parto: 5 horas y media. Dolor: Ninguno. Epidural: debió ser mucha, no sentí nada. 

    Segundo parto: Aviso a navegantes, son los partos más rápidos, más que terceros, cuartos y sucesivos (y tiene una explicación científica que me detallaron dos matronas y que algún día contaré). Entré al hospital caminando tranquilamente tras darme una ducha y desayunar en casa empeñada en que, si maridín no se hubiera puesto pesado, yo hubiera podido dejar al mayor en la guardería y… ¡sorpresa! Me dicen en Urgencias que estoy de ¡8 centímetros! Grito: «No puede ser» y maridín cree, desde fuera, que me han dicho que es una niña. Nada más lejos de la realidad 😉 Duración del parto: 1 hora. Dolor: salvaje, no creo que haya nada parecido (eso sí, breve). Epidural: Cero patatero por más que la pedí a gritos creyendo que moriría ahí mismo.

    Tercer parto: Iba mentalizada de que igual no había anestesia, por si no llegaba a tiempo. Llegué al hospital de 3 centímetros y cuando fui a dilatación ya estaba de 7. Pude elegir entre poner epidural o no. De hecho, la matrona me dijo que iba como Fernando Alonso y que para qué ponerla. Pero no, lo vi claro. Me vino a la cabeza el dolor del parto de Rafa y no quise pasar por ello otra vez. Duración del parto: 2 horas. Dolor: fuerte pero soportable. Epidural: Sí, pero una dosis muy baja teniendo en cuenta la rápida dilatación.

    ¿Qué creo que es mejor y que además se está haciendo? Poner dosis bajas. Habrá quien tolere el dolor pero para mí es demasiado intenso. Y creo que no soy muy quejica porque estando de 8 centímetros me parecía soportable. Con las dosis bajas te aseguras que sentirás cuándo debes pujar y te aliviará el dolor, y eso ayudará a que el parto no se ralentice. No os creáis que no dolerá, porque de verdad, entre poca epidural y mucha hay un abismo, como lo hay entre poca epidural y ninguna. Diría que el parto de Gabriel fue perfecto, pero ya os conté que lo empañó el que la placenta no saliera de forma espontánea y me la tuvieran que sacar manualmente, lo pasé mal.

    En cualquier caso, cada una que decida. Yo volvería a hacer uso de un medio que alivia el dolor. Y ojo, que a pesar de los riesgos, puede ser beneficiosa en casos de mujeres con enfermedades cardíacas o diabéticas. Y todas conoceréis algún caso, como el de mi cuñada, que se pasó horas y horas con contracciones dolorosas y apenas sin dilatación y en cuanto se la pusieron, aquello fue rapidísimo. La mente juega un papel importante y para algunas puede ser un alivio. De hecho, todas las madres que conozco que decían que no la usarían, acabaron pidiéndola 😉 No pasa nada, no tenemos que ir de valientes por la vida. ¿Cuál es vuestra experiencia con la epidural?, ¿habéis usado otros métodos para aliviar el dolor?

  • Comenzamos hipopresivos

    Comenzamos hipopresivos

    Lo prometido es deuda. Cuando acabó «oficialmente» mi tercer postparto hace algo más de dos meses, escribí un post sobre cómo había ido la revisión con las matronas y os contaba que mi suelo pélvico estaba en un excelente estado a pesar de tres embarazos y sus correspondientes partos vaginales. En ese post os mencioné los abdominales hipopresivos; a algunas os sonaba el tema y otras no habíais oído hablar de ellos nunca así que os cuento antes de pasar a relatar cómo fue la primera clase y mis impresiones. En cualquier caso, creo que el asunto tiene mucho interés.

    Este tipo de ejercicios son perfectos para la salud del suelo pélvico, un conjunto de músculos y ligamentos cuya función es sujetar órganos como la vejiga y el útero, entre otros. Durante el embarazo, por el peso que sostiene, puede debilitarse. ¿Qué ocurre cuándo se debilita el suelo pélvico? Pues que puedes tener problemas como incontinencia urinaria o disfunciones sexuales. Para las que quieran más detalles, os dejo un enlace a una web que hizo una mamá al darse cuenta del desconocimiento sobre esta materia. Yo en esto ya no me extiendo más y voy al grano con mi propia experiencia.

    Fui a mi centro de Salud, donde las matronas son maravillosas porque se curran hasta esto de cuidarnos después del parto, y allí estábamos unas 15 chicas. No todas éramos «recién paridas», había alguna de más edad e incluso, algunas que nunca habían dado a luz. Cuatro íbamos con churumbeles incluidos: mi matrona me riñó porque cree que no es normal que mi hijo se despierte y no proteste lo más mínimo, igual cree que lo tengo abandonado 😉 Ya le dije que mis hijos, de bebés, son santos. Después de la breve charla sobre los abdominales y la fisionomía de nuestro cuerpo, pasamos a la sala donde se dan las clases de preparación al parto. Y señoras, ¡cómo sudamos! Hombre, igual no como en una clase de zumba pero la cosa tiene su complejidad.

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    He aquí la postura que mantuvimos durante media hora. Sí, el que está entre mis piernas en Gabriel.

    Para mí, la dificultad está en mantener la posición que, como habéis visto en la foto, es como poco engorrosa. Y luego, controlar la respiración de forma que las costillas se abran. Por Dios, ¡cómo demonios se abren las costillas! En fin, la técnica no es fácil, por eso el curso es de cinco sesiones. Os volveré a contar cuando termine porque, aparte de fortalecer el suelo pélvico (a lo que también ayudan los ejercicios de Kegel), se reduce la cintura (aunque a servidora lo que le sobra es cadera y culamen), mejora el dolor de espalda y las relaciones íntimas. Vamos, todos son ventajas. ¿Os animáis?

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    Os pongo esta foto para que veáis que aún me queda mucho que practicar para poder alcanzar ese grado de apertura de costillas 😉
  • Nunca subestimes un… postparto

    Nunca subestimes un… postparto

    Una nunca es lo suficientemente experta en esto de traer churumbeles al mundo. Da igual que pases por ello por tercera vez, siempre hay algo que te sorprende… para bien o para mal. Cuando me quedé embarazada de Alfonso, mi sabiduría sobre esta materia, es decir, sobre la llegada de un retoño, era escasa y tampoco quise saber demasiado. Sentido común e intuición, me limité a eso. En cualquier caso, una siempre piensa que el parto será lo más duro, y aun así, yo era la tranquilidad personificada. Hasta que me encontré de bruces con un postparto muy doloroso, algo de lo que apenas se habla en todo este proceso de la maternidad.

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    Unas horas después de dar a luz a Alfonso, sin intuir lo que era el postparto.

    Así que, para la segunda vez, aprendes. Por eso en algún post os hablé de Kegel y el masaje perineal, cualquier cosa para evitar otra episiotomía, que fue mi cruz y me trajo de cabeza en el primer puerperio. Y tras el segundo parto, llegó ese momento crucial en el que te dicen que tienes que ir al baño a orinar y resulta que ¡sorpresa! Nada duele por aquí, nada por allá. Así que del hospital te vas directa a un restaurante porque la familia política está de visita. Y luego al parque con los dos churumbeles. Y del postparto, casi ni te enteras.

    ¿Qué pasa tras un buen postparto? Que te confías. Yo salí del hospital hace una semana como unas castañuelas, a pesar de la sangre que perdí con el rollo de la placenta. Estaba tan bien que me pasé la semana de restaurante en restaurante por aquello de tener a mis suegros aquí y que a servidora, lo de comer, le gusta un rato. Y resulta que, al cuarto día, los puntos, los malditos puntos, los dichosos puntos deciden dar la tabarra, por no decir otra cosa. Y el momento baño-evacuación se convirte en una pesadilla, ya sabéis muchas de lo que hablo. Y acabas pidiéndole a tu buen hermano que venga a ponerte las condenadas inyecciones de Voltarén en el trasero porque, señores, en el postparto de Alfonso sólo había un bebé y maridín podía hacerse cargo de él pero en éste hay bebé y otros dos pequeñuelos. Casi nada.

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    Me tengo que conformar con la suerte de un útero que «involuciona» a la velocidad del rayo, la que no se consuela es porque no quiere. Las enfermeras hablaban de mi «tipín», según ellas, mientras me acompañaban en ese momento tan íntimo de hacer el primer pis tras el parto, yo no daba crédito 😉 Día 4 postparto.

    Y después de todo, viene maridín a subirme la moral y pedirme que mire a Gabriel. «¿Ha merecido la pena el dolor?», me pregunta. «Ay guapín, si el dolor no se olvidase, no estaríamos con el tercero en casa«, le digo. Y así es, todo pasa y, por suerte, se olvida. ¿Cómo fueron vuestros postpartos? Espero poder ir poco a poco cogiendo ritmo con el blog y respondiendo cada comentario. Os agradezco que sigáis pasándoos por este rincón.

  • El parto de Gabriel… y de la placenta

    El parto de Gabriel… y de la placenta

    Definitivamente, si habéis salido de cuentas y queréis parir, nada como una fabada y un paseo en condiciones. Ése fue nuestro plan el sábado. Cuando llegamos a casa a las 8 de la tarde, noté algunas contracciones así que, hora y media después, maridín y yo decidimos que lo mejor, estuviese o no de parto, era llevar a los peques a casa de mis padres y evitar llamarles ya de madrugada para que viniesen a la nuestra. Sobre las diez de la noche ya estábamos allí y esperamos a ver cómo iba mi ritmo de contracciones; fue cuando empezaron a ser cada 6-5 minutos cuando nos fuimos al hospital, que está a tres minutos de casa de mis padres en coche.

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    La casualidad hizo que colgase la foto de la fabada en Instagram.

    Llegamos a las 12 de la noche a Urgencias, donde la ginecóloga me dijo que estaba de tres centímetros, así que ya tenía asegurada la epidural ¡yuhuuu! Entre que me cogieron la vía, cosa que odio, me subieron a mi habitación, me puse el camisón y vino el celador a buscarme para llevarme a dilatación, pasó algo más de una hora. Vamos, que cuando me dijeron que estaba de siete centímetros («vas como Fernando Alonso», me comentó la matrona) me quedé alucinada y enseguida empecé a temblar porque peligraba la epidural y yo ya empezaba a ver las estrellas en cada contracción. Para cuando me pusieron la analgesia, que estaba de 8 centímetros, alguien soltó por ahí «para lo que te va a servir». Efectivamente, sirvió de poco pero mejor que nada, eso os lo aseguro. ¿Cómo os lo explicaría? Si en el parto de Rafa, los últimos 2 centímetros y el expulsivo los puntuaría en torno a 10 en mi escala de dolor, en el de Gabriel la puntuación sería de 8,5. Que sí, que dolió mucho, pero un poquitín menos.

    Gabriel nació a las dos y cuarto de la madrugada, dos horas después de llegar al hospital. Mi tercer parto fue el más cercano a la perfección: rápido, con epidural (ponerla antes sí que hubiera sido perfecto) y sin episiotomía. Y además, era la única parturienta en ese rato. El momento en que vi a mi hijo fue igual de increíble y emocionante que los anteriores, esto es algo que da igual que vivas por primera o tercera vez, aunque es cierto que con Alfonso no sentí dolor alguno y estaba más eufórica. Con Rafa y Gabriel sentí más el sosiego de cuando se acaba un dolor muy intenso.

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    Pero claro, no todo fue tan estupendo. Yo tenía a mi bebé en brazos y la matrona miraba el reloj; la placenta no salía. Lo habitual, y lo que yo viví en los partos anteriores, es que salga de forma espontánea. Y entonces escuché por primera vez en un paritorio la palabra «quirófano» y, no os lo voy a negar, me asusté. También me dijeron que intentarían evitarlo pero que, para ello, iban a manipularme. Sí, señoras, ahí abajo, recién parida y con tres puntinos calentinos recién puestos. Aquello fue como un segundo parto pero en el que hay que usar fórceps o ventosa. La epidural ya no hacía efecto alguno porque yo sentía cada movimiento y, no sólo eso, sino que me ponía cada vez más tensa. Y cuando por fin aquello salió, vi la luz aunque pasé varios minutos temblando. No os lo voy a negar, pero sin intención de que nadie se asuste (esto no tiene por qué suceder), pasé un rato muy desagradable.

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    La extracción manual de la placenta hace que se pierda mucha sangre así que el domingo no me dejaron moverme de la cama hasta por la tarde y pasé sin comer 24 horas, es decir, desde la famosa fabada. Eso sí, los análisis de sangre, a pesar de las hemorragias, eran perfectos; si es que servidora va con reservas a todos lados, hasta de hemoglobinas 😉 Y el lunes estaba como una rosa. Es más, esto de que mi familia política sea de fuera y estén aquí de visita me tiene todos los días de restaurante en restaurante, y Alfonso y Rafa están como motos con gente de fuera. En fin, soy una zombi, que lo sepáis.

    Os doy las gracias a todas y cada una por vuestros comentarios aquí, en Facebook e Intagram. Responderos era imposible, además en el hospital me iba fatal el móvil y hasta colgué dos veces seguidas el post anunciando que Gabriel había nacido. Perdonad también si estos días no respondo, lo que sí os digo es que os leo ¡¡¡¡siempre!!!! pero llevo una media de sueño de 4 horas diarias desde la noche del parto y verte con tres niños en casa es… ¡alucinante! (habrá post sobre esto). Y gracias a los compañeros del cole de Alfonso por hacer sus dibujos para Gabriel. Por supuesto, tengo pendiente también el post del encuentro entre hermanos. ¡Gracias a todas!

  • Sin miedo al parto

    Sin miedo al parto

    Cuando llegas al final del embarazo, es lógico que la gente te pregunte por tu estado. También creo que entra dentro de lo normal, aunque tiene menos sentido, que te pregunten si estás nerviosa por el parto. Y digo que tiene menos sentido porque no deja de ser un proceso fisiológico; vale, no es tan sencillo como ir a evacuar al baño pero pensemos que lo hace la mitad de la población mundial. ¡Ojo! que sabéis de sobra que no soy partidaria de parir en casa a pesar de mi tranquilidad con esto de los alumbramientos, no hay que minusvalorar ningún riesgo y creo que la medicina está para algo. Ahora, muchas me diréis que es mi tercer parto y claro, es normal que esté tan pichi. Pues os voy a ser sincera, estaba más pancha aún antes de dar a luz a Alfonso.

    ¿Por qué creo que no tengo miedo a los partos? Si en tu familia nadie habla de esa experiencia como algo negativo, con la suerte de que tenemos cierta facilidad para esto de parir (esto de las caderas anchas al final va a ser una suerte), ya tienes un punto a favor. Mi tía es la única que dice que es horrible, pero ha tenido tres hijos, así que no nos la tomamos muy en serio 😉 Otra de las razones por las que creo que no tengo miedo a los partos es porque no pienso en las cosas malas que pueden suceder. Primero, porque al ser un proceso fisiológico, la mente juega un papel importante.

    Es como cuando no vas al baño en días, que ya no te lo quitas de la cabeza y hasta que no te dan un medicamento, nada. Y perdón siempre por esta comparación, es por ponerle humor al tema, ya sabéis lo poco que me gusta la seriedad. Vale, tengo claras algunas cosas sobre el parto, como que prefiero que sea vaginal a una cesárea, por ejemplo, o que no me hagan episiotomía. Pero no voy a dar a luz pensando en esas posibilidades, si tiene que pasar porque algo se complica, yo no tendré en mis manos esa elección, ¿para qué preocuparme de antemano?

    Es más, mi única preocupación en el segundo parto era evitar el corte, como ya mencioné en algún post. Y como tal, pasé las últimas semanas del embarazo haciendo el masaje perineal y fui convencida de que no me cortarían. Efectivamente, así fue. Y de hecho, voy convencida de que así será nuevamente, ir pensando lo contrario, no me ayuda. Y si pasa, ¿para qué preocuparme por adelantado si voy a tener que sufrirlo? Lo bueno, eso sí, de repetir, es que ya tienes cierta experiencia para minimizar lo negativo. Sé que el Voltarén me sentó de maravilla, pues llevo Voltarén._N6A1560 (1)

    Os confieso que mi momento pánico es el de ir al baño después del parto, ¡qué presión! Primero, porque sino, no te dejan comer y claro, yo quería donuts para el cuerpo después de un parto sin epidural. Y segundo, porque el postparto de Alfonso fue de horror, veía las estrellas en ese momento. De todas formas, comprendo que, si te ha tocado un embarazo complicado, o ya has tenido un parto muy malo, vayas con ciertos temores. Pero recordad que cada parto es distinto, no tiene porqué volver a pasar y, además, ya sois más fuertes mentalmente para afrontar ese dolor.

     

    En mi cabeza jamás entró la posibilidad de parir sin epidural; imaginaos mi cara cuando llegué a urgencias andando y me dijeron que estaba de 8 centímetros. En este parto sí quiero epidural pero, al menos, ya tengo en la cabeza la idea de que puede que tampoco llegue a tiempo esta vez y sé que lo voy a afrontar mucho mejor. Espero haber ayudado con este post a algunas que me preguntabais porqué estoy tan tranquila. Bueno chicas, que sepáis que salí de cuentas ayer, manda narices que el tercero sea el único que se retrasa un poco, quizás haya suerte el fin de semana y se anime. ¿Cómo afrontasteis vuestros partos?

  • Síndrome del nido, ¿realidad o ficción?

    Síndrome del nido: se dice de un tipo de conducta que se produce con frecuencia en las embarazadas que consiste en incrementar el tiempo dedicado al orden y limpieza de la casa. Este tipo de comportamiento se da principalmente en el tercer trimestre del embarazo y algunos expertos explican esta conducta como una forma de afrontar la ansiedad ante la llegada del nuevo bebé. ¡Para que luego digan de las embarazadas!

    Pues oye, a pesar de ser algo muy frecuente, porque sé que a algunas les ha dado por ahí, debe ser que lo de ordenar o limpiar no me motiva nada y lo hago por obligación porque, aquí donde me veis (a tres días de FPP), aún no me ha dado por ponerme a ello más de lo normal en mí. Y si no me ha dado hasta ahora, no me va a dar por ello mañana 😉 Vale, es el tercer hijo; que ya una está en ese punto en el que empieza a darle igual encontrar unas migas de galletas en la cocina sin ir corriendo a por la escoba, o encontrarse coches en esquinas insospechadas sin que te molesten y que sigan ahí día tras día. Pero vamos, con Alfonso tampoco me pasó algo parecido.
    En otros casos, el síndrome del nido se manifiesta en tener todo listo para la criatura con cierta celeridad. Y cuando digo todo, es todo. Vamos, sé de alguna que compró pañales estando embarazada de 6 meses, o que ya tenía el carrito en casa estando de 5 meses… No me considero agorera, no soy de las que piensan que las cosas puedan ir mal si no hay motivos reales, pero hay cosas que me parecen desproporcionadas. Cuando nació Alfonso, había comprado lo imprescindible, no de todo «por si acaso». Con la cuna, el carrito, la silla reglamentaria del coche, el cambiador y algo de ropa ya me daba por satisfecha. También me habían regalado una trona, bibes, esterilizador y algún chupete, pero ni siquiera sabía antes de dar a luz si los bibes iba a usarlos o no. Luego, poco a poco, fui comprando según las necesidades del bebé porque, obviamente, fue precisando otras cosas.
    Lo cierto es que, los últimos dos fines de semana, no por el síndrome sino porque el tiempo se nos echaba encima, hemos tenido que hacer muchos recados; desde sacar la ropa de bebé de las cajas, comprar un nuevo armario en Ikea (tarea de maridín, yo lo odio) hasta cambiar el Bugaboo del modo silla al capazo. También nos ha tocado ir a comprar zapatos nuevos a Alfonso porque lo de ir con agujero ya era para detenernos, o mirar sillas gemelares de segunda mano, recuperar la minicuna que estaba en casa de mi hermano… entre otras muchas cosas. Como veis, prisa la justa. Cierto es que no es lo mismo el primer hijo que el tercero. Y a vosotras, ¿os dio por limpiar como locas antes de dar a luz?, ¿comprasteis de todo para el bebé y la mayoría casi ni lo usasteis? Por cierto, mañana empezamos nuevo sorteo, esté de parto o no 😉
  • Frases de ginecólogo en los últimos días de embarazo

    A ver cómo escribo yo sobre este tema sin que resulte chabacano. Veamos, durante todo el embarazo, todas las revisiones tienen que ver con la criatura o, a veces, con la salud general de las mamás. Hasta aquí todo normal y, por ahora, sin decir ni una sola palabra malsonante. Pero en cuanto llegan los últimos días, todo empieza a girar en torno a nuestro órgano sexual. Sí, ésa es la gran preocupación de los especialistas en ginecología: saber si aquello madura o no. De ahí esas frases tan gráficas de «estás muy verde», es decir, que aquello no prospera, o la de «ya estás borrando», que viene a ser que tu vagina (más bien cuello del útero, tengo que ponerme técnica) va preparándose para que salga el churumbel.

    A mí este asunto no me genera mucho estrés, porque la cosa puede cambiar de un día para otro, o porque, como es mi caso, no he tenido que escuchar eso de «estás muy verde». Pero sinceramente, ¡menuda presión! Que ya hayas llegado a tu FPP y oír eso no debe ayudar psicológicamente nada para que tu cuerpo avance. Y ni que pudieras hacer gran cosa para que aquello progrese. Hombre, siempre puedes animarte a subir escaleras, caminar y comer no sé qué cosas (soy un poco reacia a estas teorías de la abuela) pero lo que viene siendo pasar del verde al rojo, no debe ser fácil.

    Con Alfonso, el día antes del parto oí lo de que ya tienes esto «borrado del todo» y la verdad que anima, y mucho. Con Rafa ni lo recuerdo, pero vamos, tenía revisión el día que salía de cuentas y no llegué, por lo que la cosa (no hay forma de encontrar un sinónimo en español que no resulte vulgar), verde no debía estar 😉 Y esta vez me tocó ir el lunes, justo después de monitores, aún estaba a 10 días de la FPP y me dijo que estaba un poquito borrado (el cuello del útero) pero no mucho. Oye, ¡cuánto es capaz de detectar esta gente! Y así yo me monto mi película y creo que el peque será puntual, como sus hermanos.

    Y a vosotras, ¿qué frases os tocó escuchar sobre vuestro órgano sexual los días previos al parto? A más de una os dirían lo del verde (esto me recuerda a los brotes) y poco después estabais pariendo.

  • Monitores o cómo hacer que el crío no se inmute

    Monitores o cómo hacer que el crío no se inmute

    No falla; aunque tengas la criatura interior más agitada del mundo, que te despierta algunas noches a base de patadas y que hace que tu tripa adquiera vida propia (véase vídeo aquí porque no exagero), es llegar a la sala de monitores y el churumbel decide que es momento de relajación, que no se va a inmutar, que pasa de que le toquen las narices. Por si alguna no lo sabe, llamamos «monitores» a una prueba para evaluar el bienestar fetal cuando se aproxima la fecha probable de parto. Te tumbas en una camilla, te ponen unas correas en la panza con unos electrodos y los datos que recogen salen a través de un monitor.

    Mi tripilla sin señales de movimiento alguno.

    Así dicho es todo muy sencillo pero claro, si el crío decide que hay que cambiar de posición cada vez que intentan plantarte uno de esos electrodos mientras la matrona mueve tu mini barriga de melón como si fuese un cóctel, pues ya empiezas la prueba en modo «no estoy para esto por mucho que vaya a clases de zumba». Cuando ya consiguen detectar el latido, el crío determina acabar con la marcha. Y lo que quieren para esta prueba es que la criatura se mueva, cuanto más mejor… pero nada, no hay manera. ¡Y mira que había desayunado napolitana de chocolate!

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    Tumbadita con cara de felicidad esperando movimiento.

    Recuerdo que tanto con Alfonso como con Rafa me dieron mosto, por aquello de animar a las criaturas pero esta vez, nada de nada, porque la matrona andaba liada. Eso sí, fue salir de la sala y aquí el pequeñajo empezó con la juerga. ¡Cómo saben ellos cuándo no hay personal sanitario delante! Y cuando ella volvió 20 minutos después, encontró que su ausencia había sido muy productiva para su prueba porque, efectivamente, el enano no había parado mientras la otra chica que estaba en la sala no conseguía su objetivo.

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    Y para muestra, un botón. Así empezó y así acabó, de relajación a juerga interior.

    Eso sí, mientras esperaba para hacerme la prueba, al ver la entrada de la planta de maternidad, fui consciente por fin de que en cuestión de días me tocará estar allí y, por unos minutos, me puse nerviosa. No por el parto, porque estoy más tranquila que otra cosa, si no por conocer a mi tercer pequeño. Bueno, ¿cómo vivisteis lo de los monitores?, ¿también entraron en «modo off» vuestros churumbeles? Y perdonad por no poder responder a todos los comentarios estos días, tengo muchos temas en la cabeza para el blog y por fin estoy organizando un poco las cosas del bebé.

  • Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

    Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

    La primera vez que fui al curso de preparación al parto al Centro de Salud, hace ya algo más de cuatro años, me quedé flipada. La sesión comenzaba con un buen rato de relajación tumbadas en unas colchonetas escuchando una cinta de casette (parece que hablo de los años 90) donde una voz pausada te iba dando instrucciones sobre las distintas formas de respirar dependiendo de la intensidad de las contracciones. No penséis que fue aquello lo que me dejó alucinada, para nada.

    Yo estaba super concentrada intentando hacerme cargo de cómo serían esas contracciones cuando me di cuenta de que, a mi alrededor, varias embarazadas estaban dormidas, así, tal cual. Y pensé: vaya ovarios tienen. Lo fuerte es que, dos días después, era yo la que me quedaba sopa. Claro, eso de que te pidan que cierres los ojos, te relajes y te hablen del jadeo, de respiración profunda y demás cuando no tienes ningún tipo de dolor, pues no invita a ponerte en situación. Confieso que aquella parte de las clases no me resultaba útil en cuanto al parto, eso sí, me venía de lujo el descanso. A partir de la semana 37, empezábamos con los ensayos de la inhalación en los pujos, y ahí ya era imposible quedarse dormida porque la situación era mucho más real.

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    Si nos pusiesen a Robbie Williams en las clases estaríamos mucho más preparadas para superar el dolor del parto 😉

    Sí me resultaron muy interesantes las lecciones teóricas sobre lactancia, postparto, cuidados del bebé, etc… Lo cierto es que en el segundo embarazo ya no me apunté a las clases de preparación al parto porque con la epidural vi cristalino que la relajación en el alumbramiento era total 😉 Además, la experiencia es un grado y ya sabes cómo es el proceso en tus propias carnes. Es más, como para mí lo más duro fue el postparto, me interesé por el masaje perineal en las visitas rutinarias a la matrona. Y creo recordar que fui a dos sesiones teóricas sueltas para no olvidar algún detalle. Pero nada más. Estoy segura de que viene bien lo de repetir el curso completo pero, si trabajas o cuidas de tus otros peques, entiendo que no es necesario.

    ¿Qué estoy haciendo en este tercer embarazo? Un curso de preparación al parto on-line de Mater Training. Sí, como lo leéis; esto del blog me ha hecho meterme de lleno en el mundo cibernético y buscar información que antes se me escapaba. Poder ver todas las clases en vídeos explicativos, con todas las opciones y probabilidades de casos que se pueden dar en los partos, con un montón de consejos de profesionales de Obstetricia… y todo, tumbada en la cama, es un lujo. Vamos, para las que andáis mal de tiempo por el día, para las que por trabajo no podéis ir a todas las sesiones del Centro de Salud, para las que repetís maternidad, os lo aconsejo totalmente. O para las que queráis ver y escuchar una y otra vez algunas lecciones en concreto 😉

    Y aparte del curso on-line, estoy dándole al masaje perineal y a los ejercicios de Kegel en casa como ya os conté en otro post; además, las últimas dos semanas he ido a un par de sesiones a mi Centro de Salud sobre el hospital donde daré a luz, vamos, el mismo de siempre. Lo que ocurre es que en los últimos dos años ha habido bastantes cambios en ciertos protocolos y me interesa estar al tanto. Además, los días que he ido también a esas clases, me he quedado para recordar la respiración durante los pujos ya que, teniendo en cuenta que con Rafa no llegué  al hospital a tiempo para que me pusieran la epidural y que podría volver a darse esa circunstancia, me vendrá bien para aliviar los dolores.

    Y a vosotras, ¿os servían las clases de preparación al parto?, ¿repetisteis la segunda o tercera vez?, ¿qué os resultó verdaderamente útil?, ¿alguna ha hecho curso on-line?

  • Preparar la bolsa del hospital, ¿dicha o suplicio?

    Las que tenéis más de un hijo sabéis bien que no es lo mismo preparar la bolsa que hay que llevar al hospital cuando te pones de parto la primera vez que en ocasiones posteriores. Porque la primera vez, hasta a las bragas desechables les encuentras su punto mientras que, cuando preparas la maletita por segunda vez, no les ves ni el punto ni la punta, sabes de sobra que es lo más antiestético que existe. Como algunas ya sabéis, porque lo he mencionado en el blog, a esta bolsa la denomino «antilujuria».

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    Sujetador de lactancia de Primark

    Y eso que ahora algunas tiendas se han puesto las pilas y ya nos hacen sujetadores de lactancia monos. A ver, que acabemos de parir no significa que nos dé todo igual y que no nos importe nuestro aspecto físico. Vale, pasamos un poco más del tema pero yo creo que, a cualquier recién parida, le anima verse bien el careto. Vamos, yo soy de las que me pinto la raya del ojo para ir a parir, me cuesta 30 segundos hacer esa operación y, sólo con eso, ya me veo decente para que cualquier ser humano pueda mirarme a la cara. Aunque para parir, pocos van a mirarme a la cara precisamente 😉

    Bueno, que me lío y me pongo a hablar de mil cosas. El caso es que, por fin, he preparado la dichosa bolsa; ya iba siendo hora, que aquí servidora da por hecho que la puntualidad de Alfonso y Rafa se cumplirá a rajatabla con el nuevo churumbel y nunca se sabe. Y he vuelto a reencontrarme con las bragas ésas, los discos de lactancia, las compresas (aunque en el hospital te las dan)  y el Voltarén para el dolor, que ya sabéis que soy fan desde que en el primer postparto vi la luz. Ah, y por supuesto ¡la faja! que será lo menos «glamuroso» del mundo pero oye, mi matrona me dijo que estupendo, y yo me quedo plana en cuestión de días. Y para cuando esté ingresada, creo que tengo más que de sobra porque el neceser y bata los meteré ya con contracciones.

    Lo único entretenido de este momento es preparar la ropa con la que vestiré al bebé para salir del hospital. Lo bueno de que sea público es que no hay nada más que llevarle para los días del ingreso, tienen su ropa allí, más gastada que los pantalones de mi hijo Alfonso pero oye, como van tan envueltitos en mantas y demás, suficiente. ¿Preparasteis con emoción o con pánico la bolsa de vuestro bebés? La próxima semana, ¡más post sobre el parto!

  • Última ecografía

    La pasada semana tuvimos la última ecografía del embarazo. Es cierto que aún queda mes y medio para mi fecha probable de parto pero sólo nos hacen seguimiento en la Seguridad Social (es decir, con ecos en semanas 12, 20 y 33) así que ya no volveremos a ver al peque a través de ondas, la próxima vez nos veremos en directo. Todas las exploraciones por ultrasonidos tienen algo especial, pero es cierto que cuando te hacen una por trimestre, vas con más nervios que si se hacen cada mes. Obviamente, al ser mi tercer embarazo, yo ya iba sabiendo qué tipo de información me darían.

    La mayoría de problemas o malformaciones ya se ven en la ecografía de la semana 12 o de la 20, así que, yo por lo menos, a ésta última prueba voy tranquila, y esto me ha ocurrido en las tres gestaciones. ¿Qué cosas me interesan en esta última ecografía? La postura del bebé es lo que más me intriga; si está boca abajo, como es el caso, ya es difícil que el peque se dé la vuelta, por lo que hay menos probabilidades de cesárea. Así que esta exploración te da pistas, aunque no siempre se cumpla después, del tipo de parto que puedes tener.

    Otra de las cosas que suelen decirte en esta eco es el peso del bebé, aunque es aproximado y yo me fío más bien poco. El peque está en torno a los dos kilos, vamos, creo recordar que con Alfonso y Rafa me dijeron lo mismo y luego cada uno pesó lo que pesó; unos bebés engordan 200 gramos semanales y otros 300. Y el que se adelante o se retrase el parto, también va a influir mucho en su peso final, por tanto, con que me digan que su crecimiento es normal, como así ha sido, yo me quedo tranquila. Confieso que voy mucho más nerviosa a la primera ecografía que a cualquiera de las otras dos porque es la confirmación de que el embarazo va bien, de si viene más de uno (tengo hermanos mellizos) y, sobre todo, por la medición del pliegue nucal.

    Y la verdad es que, aparte del latido, que también se comprueba en cada visita a la matrona o el tocólogo (o ginecólogo), esta tercera y última eco tiene poquito más que contar. Eso sí, allí mismo le dije a maridín que mirase bien porque seguramente sería la última eco que veríamos en nuestra vida y me dio hasta cierta pena. Así que voy a intentar disfrutar de estas últimas semanas del embarazo. ¿Fuisteis nerviosas a las ecografías?, ¿cuál fue la más emocionante?

  • Pruebas durante el embarazo: la prueba de la glucosa y los pinchazos

    Pruebas durante el embarazo: la prueba de la glucosa y los pinchazos

    Que no soy nada aficionada a médicos y hospitales es evidente. Creo que la última vez que pisé un hospital o centro de salud como persona independiente, es decir, sin niños (en el vientre o fuera de él), fue allá por 2002, vamos, hace más de una década. Supongo que el hecho de que lo único que tuve durante los últimos años fuese una gripe y alguna diarrea (esto podría reservármelo pero a todos nos sienta mal algo de vez en cuando, ¿no?) hace que no tenga ninguna necesidad de visitar a ningún doctor. Tampoco se puede decir que yo sea «doña prevención», de lo cual no puedo sentirme orgullosa.

    El caso es que el primer embarazo fue para mí toda una novedad en esto de las visitas a sanitarios variados. Pero lo que más me aterraba y, a día de hoy, me sigue horrorizando, es el tema pinchazos. Sí, os sonará raro pero voy más tranquila a parir que a unos análisis; y no exagero. ¿En qué punto de mi vida cogí miedo a las agujas? Lo desconozco, no tengo recuerdos dramáticos ni traumas al respecto pero no me gustan nada. Igual es porque mi padre es muy aprensivo con ese asunto y mi madre hablaba de los partos como si hubiera ido al supermercado, de ahí mi tranquilidad para una cosa y mi recelo por la otra. Eso sí, tres embarazos en cuatro años hacen que pierdas el miedo ya a casi cualquier prueba, lo cual no quiere decir que me escaquearía si pudiera.

    Ayer me tocó la dichosa prueba de la glucosa o, para ser más exacta, el test de O’Sullivan, que sirve para diagnosticar la diabetes gestacional. Como a casi todos los análisis, vas en ayunas pero, en esta ocasión, no te pinchan una vez y te vas para casa tan feliz, sino que tienes que tomarte un jarabe dulce como que sé yo durante el primer pinchazo y, una hora después, te vuelven a «agujerear». Te dicen que te estés quietecita en ese tiempo interminable entre aguja y aguja.

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    Sin embargo, lo mejor son las ecografías

    Servidora aprovechó ese rato para ir a la planta de arriba del hospital a recordar en Tocología que estoy en la semana 28 y que aún no me habían dado un volante para otro pinchacito de rigor que nos toca a las mujeres especiales con Rh negativo. Ah, y esta estocada es en el culete. Tracatrá. Porque lo normal es que mis hijos sean RH positivo (lo cual no se sabe hasta que nacen) y la mezcla de sangre de factores distintos puede entrar en conflicto. No me preguntéis mucho más, yo acato órdenes. Ah, y después del parto, si se comprueba que la criatura es Rh positivo (que es lo más normal), toma agujero de nuevo. Y así, con análisis cada trimestre, la glucosa, el Rh antes y después del parto más cogerte la vía en el alumbramiento, suman 8 punciones, si todo va bien. Ah, y la epidural, que es el único pinchazo que estoy deseando que me hagan y que ni llegó en el segundo parto.

    Y a vosotras, ¿os dan miedo las agujas?, ¿hay alguna visita médica o prueba que os resulte especialmente incómoda?

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