Ya os conté hace poquito en un post que Alfonso eligió el fútbol como la primera actividad extraescolar de su vida. Hace ya dos semanas que empezaron a entrenar y la verdad es que está feliz, yo menos porque ya tiene el chándal del cole agujereado en la zona de las rodillas, se toma muy en serio la posición de portero 😉 Bueno, vamos al lío. El otro día, el presidente y el coordinador del equipo del cole nos convocaron a los papás a una reunión. Pensé yo que no iba a ser productiva tratándose de segundo de Infantil pero ¡vaya que si fue interesante!
Primera sorpresa: tienen liguilla este curso. Sinceramente, no sé porqué dí por hecho que tan pronto sólo entrenarían. En cualquier caso, ya os podéis hacer a la idea de la ilusión que le hizo esto al niño… y al padre. Sé que maridín es muy sensato y tranquilo pero le he dicho que no quiero ultras en la grada 😉 Esto de la liguilla supone comprar la equipación del cole así que pasamos de no tener ninguna hace un mes a tener dos, la del Sporting y la del equipo del colegio, menos mal que ésta última cuesta 15 euros.
Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle; si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.
Más sorpresas: nos dejaron caer que, de los más de diez equipos que jugarán, hay tres o cuatro que se las dan de «gallitos», vamos, que se lo toman en serio. Sinceramente, allí estaré para verlo porque madre mía, como a alguno se le ocurra hacerle una entrada fea al crío me va a salir la vena «dramamamá». ¿Es necesario? Tienen 4 años, sólo tienen la obligación de divertirse, no de ganar. Mi tía ya me ha dicho que hace tiempo que dejó de ir a los partidos de sus hijos por la vergüenza que algunos padres producen en las gradas. Os prometo que mi cara de asesina en serie puede ser tremenda cuando vea a algún progenitor fuera de sus casillas, y aquí entran los tacos, los gritos al propio hijo, los insultos a los del equipo contrario…
Y otra sorpresa más: nos contaron que, si el crío juega bien al fútbol, es posible que otros clubes se pongan en contacto con nosotros para decirnos algo así como «en el equipo que juega tu hijo no va a conseguir nada importante». Pero por Dios, ¿a los 4 años alguien sabe ya si mi hijo va ser un futuro Messi o Cristiano? Y si tuviera un don con el balón, ¿alguien cree que le voy a separar tan pequeño de sus compañeros de clase por llevarle a otro equipo? Por favor, que es un niño, tiempo al tiempo. En fin, con tres hijos varones os aseguro que voy a tener muchas historias que contar sobre esto. ¿Creéis que algunos padres se exaltan demasiado?, ¿tenéis experiencias en esto las mamás y papás de niños más mayores?
Ya sabéis que normalmente publico posts todos los lunes, normalmente los preparo ya el domingo por la noche pero, en esta ocasión, fue imposible. Hice mis intentos sentándome frente al ordenador e, incluso, llegué a descargar las fotos de la cámara pero mis ojos se cerraban y además ando con un trancazo de narices, así que no descanso por las noches. Y un fin de semana de eventos varios, con la traca final de la celebración del cumple de Alfonso con sus amigos, acabó dejándome exhausta.
Con el tiempo tuvimos una suerte tremenda, ni una gota de lluvia en los dos eventos. Mañana os cuento lo del Bautizo de mi sobrino.
Al final, por poco que te compliques, siempre hay unas cuantas cosas de las que estar pendiente. Fijaos si no nos enredamos, que no dedicamos ni medio minuto al tema decoración; lo sé, soy dejada para esas cosas, también porque los niños de estas edades, más que las niñas, no lo valoran mucho. Y tampoco nos liamos a cocinar, intuimos que la barbacoa podía triunfar e hicimos mini hamburguesas y perritos calientes. Lo único a lo que dediqué tiempo fue a hacer una tarta con forma de tren y a preparar las bolsas de gominolas. Así que por la mañana no pasé más de hora y media en la cocina.
Mi tarta de galletas y chocolate, un clásico en mi vida 😉 , en forma de tren.
Eso sí, antes del evento no me dí cuenta de que el tener el jardín amplio con varias zonas donde poder jugar, me iba a hacer correr de vez en cuando y acabar con las piernas agotadas. Os pongo en situación: mi madre y dos de sus hermanas (mis tías) comparten jardín, por lo que la parcela es grande. Una de ellas tiene todavía niños pequeños (vamos, mis primos) y cerca de su casa hay una cama elástica. Pues ahí se iban grupos de niños a ratos, algunos obviamente necesitaban ayuda para ponerse los zapatos unas vez que terminaban con los saltos. Y al lado estaba el ping-pong, lo mismo les daba jugar con una pala de playa que con una raqueta de tenis, eso sí, bronca asegurada porque ya sabéis que todos quieren jugar a la vez.
Luego estaba la zona de una antigua cancha de tenis que ya no tiene ni red pero en la que pusimos una portería. Ésa parte la controlaba mi hermano Miguel y a los niños pudimos retenerles ahí un buen rato. Mientras tanto, una amiga mía entretenía a las niñas haciendo pulseras en la zona del garaje, que ya os dije que es más bien como una sala de juegos porque mi padre tiene allí de todo, así que también aparecían los niños por allí de vez en cuando a desmontar algo.
Después estaba la zona de la merienda, de la que Rafa se movía lo justo y cada poco había algún niño pidiendo bebida. Y además de controlar tres «territorios», ves que algunos cogen la bici o la moto del garaje y se tiran por alguna cuesta, previa discusión o manotazo entre ellos por ver de quién era el turno. Y yo iba traslandándome de sector en sector porque eso de no tenerlos concentrados a todos es un mismo espacio era algo parecido a la guerra. No me senté desde las 4 de la tarde hasta las 9 de la noche ni tres segundos. Obviamente, en días así olvidas que tienes un bombo, pero literalmente. Y todo esto con ayuda de más adultos, sino se me hubiera ido de las manos.
Las niñas haciendo pulseras eran minoría, 4 féminas frente a 10 varones. Un abismo entre ellos y ellas.
Y si se cansaban del fútbol, no tenían problema en coger cualquier artilugio o juguete que encontraban por ahí.
¡Ah, bueno! que cuando te descuidas, están haciendo labores de jardinería; si no fuera porque el rastrillo es un peligro y todos lo querían, a más de uno le hubiese dejado recoger semejante cantidad de hojas 😉
Yo ya me veo juntando los cumples de mis hijos en unos años, que para algo son los dos de octubre. Esto es para hacer una vez al año, ¡qué barbaridad! ¿De dónde demonios sacan tanta energía? Eso sí, Alfonso feliz, tanto como agitado, que una cosa no quita la otra. Al final, a estas edades, es complicado organizar juegos como el pañuelo. Les llevas a un sitio que no conocen y claro, es mucho más entretenido indagar y probar todo lo que cae en sus manos. Dedidme que a partir de los 6-7 años ya se les puede controlar 😉
Os podéis imaginar que, aunque el regalo de los amigos sea comunitario, luego están los de los abuelos, el padrino, algunas amigas mías… porque en la foto faltan algunos. Lo que está claro es que de fútbol y coches no me libro en la vida 😉 Las botas y su primera equipación del Sporting con guantes de portero (ahora le da por esa posición,jaja) son lo más.
Este curso, por primera vez, hemos apuntado a Alfonso a una actividad extraescolar. No lo hicimos en primero de Educación Infantil porque, por un lado, es de los que cumplen el último trimestre del año, por lo que empiezan el curso sin haber cumplido tres años; a estas edades, aún se perciben las diferencias entre los mayores y los pequeños de la clase. Y por otro lado, porque en su colegio tienen jornada partida, es decir, salen por la tarde, no a mediodía; meterle más horas de colegio, aunque fuesen actividades tranquilas, me parecía demasiado.
Este año hemos elegido fútbol, ¿por qué? Pues sencillamente porque lo está deseando con toda su alma. No hay, ahora mismo, nada con lo que disfrute más. Sale del cole y, antes de hablarme de cualquier actividad que ha hecho en clase, me narra alguna jugada o caída en el recreo jugando con la pelota. Se puede pasar diez minutos de reloj contando el envite futbolístico, con pelos y señales. Cualquier objeto en el suelo, independientemente de que su forma sea redonda o cuadrada, es susceptible de puntapié, lo cual me cabrea bastante y tengo que reñirle. Ya os podéis imaginar cuántas cosas relacionadas con el deporte rey pide para su cumpleaños, que es mañana. Lo sé, son básicos estos varones 😉 , pero como decimos en Asturias, «ye lo que hay».
El otro día colgué en IG esta foto de mis hijos metiéndose en medio de un partido en la calle entre niños mayores. No lo pueden evitar.
Puede que precisamente por todo esto, algunas penséis que quizás necesite cambiar de aires y que intente llevarle por otros derroteros pero la verdad es que, a esta edad, quiero que disfrute con la actividad que haga. Sé que también son años en los que el aprendizaje es bestial y, por tanto, tendría que aprovechar para apuntarle a inglés o música pero, con seis horas de clase al día, una de ellas siempre es taller de idioma, teatro, manualidades… creo que tiene bastante. En cualquier caso, entiendo perfectamente que otros padres elijáis actividades mucho más «didácticas» que el fútbol.
Además, hemos conseguido apuntarle a natación los sábados. Aunque lo pasa bien en la piscina, esto le va a gustar menos. Lo hago porque el verano que viene, con tres niños menores de cuatro años, necesito que se defienda en el agua. Puedo estar pendiente de todos pero no puedo mirarlos sin parar a los tres a la vez así que… la natación la elegimos por cuestiones de «seguridad», no tanto de entretenimiento. Y vosotras, ¿qué actividades elegís o elegirías para vuestros hijos en Educación Infantil?, ¿preferís deportes o tareas más tranquilas o artísticas?, ¿qué criterios seguís para la elección de una un otra cosa?
Llevo toda la vida oyendo a mis padres aquello de que, cuando venía gente de visita a casa, nos poníamos como motos; la palabra que usa mi progenitor concretamente es excitación. Mis primas dicen recordar que entraban con cierto temor a nuestro hogar; yo creo que exageraban un poco con eso del pánico pero lo que sí puedo corroborar es que mis padres se acercan bastante a la realidad con sus afirmaciones porque empiezo a vivirlo en mis carnes y de verdad que estos críos me dejan alucinada.
Este fin de semana se quedó una amiga nuestra en casa y fue entrar por la puerta y las dos fierecillas debieron pensar que había fiesta. Sí, sólo una persona ajena a su mundo rutinario es suficiente para que abran la veda y se agiten más de lo habitual en ellos, que no es poco. No sé qué demonios pasa en sus cerebros en este instante que les hace interpretar que ya no hay que comer lo de siempre, que hay que irse a dormir a las mil, que pueden hablar sin descanso… Alfonso en concreto, que ya es charlatán de por sí, se convierte es un ser cuya lengua no descansa y hace todo tipo de preguntas. Y por supuesto, saca todo su arsenal de juguetes, a ver si hay suerte y juegan con él a todo.
Y todo esto recién llegados del hospital con la brecha calentita de Rafa en nuestros pensamientos. Pero da igual, para ellos es como si lo anterior no existiese. Y Alfonso se emociona tanto que, de repente, llegan los de Telepizza a casa y cree que debe informar a la invitada de tal acontecimiento aunque para ello haya que entrar en el baño donde la pobre se está duchando.
Y a ver quién saca al niño de allí sin entrar ningún adulto que acabe por perturbar totalmente a la mujer, tal cual lo cuento. Y me asomo en el baño intentando persuadir a la criatura de que lo de la ducha es algo un poco íntimo pero, sentado en la tapa del wáter, me contesta que quiere ver cómo se ducha. Esto me pasa por dejarles entrar en el baño cuando yo me acicalo.
Pero vamos, no os penséis que les pasa sólo con gente que ven poco. Mi tía tiembla cuando ve aparecer a Alfonsito porque sabe que no va a dejar descansar a nadie, sobre todo a sus hijos, es decir, a mis primos. Es verlos y ¡al ataque! Que si quieres jugar a esto, que si porqué haces lo otro, que porqué no vamos a este sitio, acompáñame aquí, allá… un «sinvivir» fruto de la agitación del momento. En fin, enseguida nos toca ir a Galicia a casa de unos amigos, que ellos vengan aquí, ir a ver a los abuelos de Zaragoza… ¿Notáis cómo se revolucionan cuándo llega gente a vuestra casa?
Siempre he sabido que una de las cosas que te marca como persona, sobre todo en la infancia, es el tener o no tener hermanos. Tu niñez, tu adolescencia y, posiblemente, tu vida no hubiera sido la misma dependiendo de esa circunstancia. No es lo mismo tener hermanos que no tenerlos, tener uno o tener cinco, tener sólo hermanas o sólo hermanos; no es igual ser el mayor, el pequeño o el mediano, tener un gemelo o mellizo, llevarte diez años con tu hermano o llevarte sólo uno.
Mi hermano Miguel y yo nos llevamos 13 meses. Eso hizo que pudiésemos hacer cosas en común desde muy pequeños.
El que yo, aparte de muñecas, jugase con el Scalextric o al balón o fuese un poco bruta, tiene mucho que ver con tener sólo hermanos varones. El que yo siempre haya sido un poco «mandona» y bastante responsable tiene que ver con ser la mayor de los cuatro. Si eres el hermano pequeño y tus hermanos mayores te sacan un montón de años, es posible que te tengan entre algodones. Si tienes varios hermanos, lo más normal es que tu madre gritase habitualmente. Vamos, desde que Alfonso está de vacaciones y están lo dos juntos en casa, tengo las cuerdas vocales más afinadas que nunca. Y cuando entre el tercero en juego, no quiero ni imaginármelo.
No es lo mismo tener alguien en quien fijarte que alguien que se fije en ti.
Desde que soy madre me he dado cuenta de la increíble influencia que ejerce un hermano sobre otro en muchos de sus comportamientos. Rafa es protestón porque sabe que la táctica le funciona para conseguir cosas; porque, por ahora, es el pequeño y tiene claro que al mayor le toca ceder. Alfonso se ha percatado de lo gracioso que nos resulta Rafa con su forma de «hablar» y hay días en que también él llama al abuelo «abebe», la zapatilla es «patilla» y la galleta es «lleta». Así que, a veces, se comporta como un bebé, algo que no haría sino tuviese un hermano pequeño.
Nos es lo mismo comer el helado sólo que te lo dé tu hermano. No es lo mismo tener que compartir que comértelo entero 😉
Si sólo existiese Alfonso, yo tendría mucho más tiempo para él y podríamos hacer un montón de juegos de manualidades que con Rafa es materialmente imposible, todo lo coge. Si fuera hijo único, haríamos cosas y planes que, como existe Rafa, no podemos hacer. Y sin embargo, hay muchas otras cosas que puede hacer precisamente porque existe Rafa. Y si en vez de llevarse 2 años se llevasen 10, el mayor podría cuidar del pequeño y no discutirían por absolutamente todo. Porque ahora se pasan el día queriendo la misma cosa; que uno tiene balón, el otro quiere balón, pero no puede ser otro, tiene que ser el mismo. Y claro, esa lucha constante de poder marca de por vida 😉
No es lo mismo recibir los abrazos cariñosos de mamá que los abrazos de un hermano al borde de la asfixia.
Soy plenamente consciente de que, cuando estén los tres, voy a gritar con más frecuencia, voy a quitarle importancia a determinadas cosas, voy a vivir unos años con un estrés permanente, no voy a poder estar pendiente de cada cosa que les pase a cada uno… y todo eso, forjará su carácter para bien y para mal. Lo único que quiero que tengan claro es que, aunque me altere, aunque no pueda estar tan pendiente de ellos, les voy a querer con locura, independientemente de que tuviese un hijo o cinco. ¿De qué manera os han marcado vuestros hermanos?, ¿notáis la influencia que ejerce un hijo sobre otro?
Ya os he contado que este año, al ser el primero de Alfonso en el cole, iniciamos la temporada de cumpleaños. Temporada que imagino durará unos cuantos años, por lo menos hasta que cumpla 12 o 13 primaveras y me diga que invita a sus «colegas» a unas pizzas o hamburguesas en cualquier sitio menos en casa 😉 Bromas aparte, este sábado Alfonso tuvo el cumple de otra de sus compañeras de clase (por ahora sólo ha ido a eventos de féminas) y oye, el listón cada vez más alto.
Además de invitar a los peques desde mediodía (es decir, cumple con comida y merienda), tenían de todo. Así que doy también las gracias desde aquí a Gema. El castillo y la cama elástica los habían prestado otros papis; que conste que se venden desde 200 euros y si se compra entre varios padres, puede ser rentable.
Vamos, lo que ya tengo claro es que en octubre, cuando celebremos el de Alfonso, lo haremos en casa de mis padres. Nada como un jardín para que «desfoguen». Bueno, en realidad ya lo hemos celebrado allí siempre así que espero que a mis progenitores no les importe una pequeña invasión de enanos. Pero creo que por mi salud mental, lo mejor es hacerlo al aire libre y en octubre solemos tener muy buen tiempo por el norte.
En cualquier caso, desde que estoy metida en esto de la blogesfera, esto de los cumpleaños de niños me tiene anonadada. Aunque tampoco hace falta indagar mucho, desde que vi la celebración del primer cumpleaños del hijo mayor de Borja Thyssen y Blanca ya casi todo me parece poca cosa 😉 Entre el buffet con ostras y marisco incluido para los adultos, y la presencia de 40 niños, en fin… Que es cierto que el primer cumple siempre se nos va de las manos teniendo en cuenta que no se enteran de na’ pero tampoco es como para convertirlo en algo parecido a una boda gitana.
Que yo veo bien eso de currarse un poquito la decoración, llamar a un pintacaras o a alguna persona que les entretenga con un taller, encargar una tarta personalizada… pero de ahí a contratar un equipo completo de 10 animadores o un catering cuando luego ellos se tiran a los gusanitos, pues como que parece excesivo. Espero que nadie con un servicio de catering se me lance a la yugular porque son un invento estupendo, pero no necesario para niños de tres años.
Igual soy yo muy clásica, muy de lo de toda la vida pero nosotros éramos de celebrar los cumples en algún merendero y se encargaban unas tortillas y unas croquetinas, se llevaba una tarta y unas gominolas y todos tan contentos dando brincos. ¿Cómo recordáis vuestros cumpleaños de pequeñas?, ¿cómo celebráis los de vuestros peques?
Y mientras escribo esto, mi primer sobrino asoma su cabecita al mundo, tengo a mi hermano y a mi cuñada de parto, ¡qué nervios! Ya os contaré porque tengo debilidad por los recién nacidos. Y por cierto, como ya puse un vídeo dedicado a las madres el viernes, no he hecho hoy mención al Día de la Madre. Espero que lo hayáis disfrutado.
Tenían razón mis padres: en cuanto faltaba alguno de sus cuatro hijos, aquello no era lo mismo. Es como si a Zipi le quitas a Zape, la historia pierde fuerza. Si falta una pieza en un mecanismo, no funciona de la misma manera. Eso sí, a los padres les das un respiro. En cualquier caso, estoy segura de que mi ausencia se notaba menos que la de mis hermanos, sencillamente porque ellos eran más gamberros 😉 El caso es que el sábado Alfonso tuvo un cumple de una compañera de clase así que maridín y yo pasamos una tarde solos con Rafa.
Aunque nuestro primogénito es un niño bastante bueno, el simple hecho de tener que estar pendientes sólo de un niño en lugar de dos, ya es extraño, vamos, que está «chupao». Y no me entendáis mal las que tenéis sólo un niño; es que una vez que estás acostumbrada a dos, tener que encargarte sólo de uno resulta hasta sencillo, eso sí, cualquiera que tenga cuatro me dirá que tener dos es facilísimo.
Tener sólo un hijo al que perseguir, eso es tranquilidad 😉
Y ya sé que esta foto aporta poco a un blog de maternidad pero… ¿cuántas veces te sale una foto así?
Bueno, pues como Alfonso tenía cumple, este fin de semana no salimos de Gijón. Y como aún no hemos conseguido apuntar a la criatura a un curso de natación porque nunca sobran plazas, nos llevamos a los gordis a una piscina municipal por nuestra cuenta. Nos hemos dado cuenta que, desde el verano, ha habido un pequeño retroceso que espero solventemos en cuanto se metan en la piscina unas cuantas veces más. Uno porque no se atrevió a lanzarse al agua desde el bordillo cuando en verano no tenía problema. El otro porque ahora no quiere que le metamos en el agua, sólo quiere estar en zona donde pueda sentar su trasero y chiscar (salpicar).
Mucho mirar con ganas pero vaya par de miedosos tengo en casa.
Y como no podemos estar quietos, después de la piscina nos fuimos a comer de merendero. Me imagino que, si aquí en el norte hemos tenido un fin de semana casi veraniego, en el resto de España, más de los mismo. Como el plan del merendero va a ser muy frecuente esta primavera-verano, os iré contando los que vamos viendo, que yo sé que muchas de las que vivís en Gijón tomáis nota. El sábado descubrimos el Camín del Agua, tienen bastantes cosas para los niños y se come muy bien, quizás mejor que en muchos otros merenderos que conocemos. Y de precio igual, vamos, barato.
Me imagino que ya sabéis quién cayó rendido después de piscina, comida fuera de casa y tarde de cumpleaños con sus amigos. Eso sí, los demás también caímos desplomados. Si es que no paramos, y menos cuando sale el sol. Se lo decía hoy a maridín, ¿pero qué hacíamos los fines de semana cuando no teníamos hijos? 😉 Y vosotras, ¿desde que sois madres no hacéis el doble de planes? o al revés, ¿pasáis más tiempo en casa?
Confieso que, en los últimos años, me importaba poco si llovía o no en Carnaval porque lo de disfrazarme hace tiempo que dejó de parecerme divertido aunque, con esto de ser madre, nunca se sabe si algún día volveré por antiguos derroteros. Y es que hubo un tiempo en que disfrazarme me parecía de lo más entretenido y era capaz de enmascararme varios días seguidos. Aclaro que en Gijón siempre ha sido fiesta el martes de Carnaval, lo que implica estar sin cole cuatro días.
Oye, pero no falla. Aunque hayamos estado a veinte grados unos días antes, el Carnaval siempre va acompañado de lluvia o frío. Y este año ha sido más que lluvia, hemos tenido aguacero pero además a lo grande, por todos lados… vamos, hasta el mar nos ha invadido. Comparto este vídeo para que os hagáis una idea.
El caso es que nosotros, como buenos padres, pusimos empeño, que por lo visto es lo que cuenta. A las seis de la tarde del lunes caía «la del calamar» y decidimos no ir al desfile de carrozas. Media hora después vimos unos claros en el cielo y rápidamente disfracé a los niños. Pero en eso se quedó nuestro Carnaval, en un intento frustrado. Minutos más tarde, se suspendía el desfile y en casa tenía a un pirata, un pingüino y a Pooh. El pirata era maridín.
Menos mal que con el asunto de los disfraces no me complico demasiado, como bien podéis ver en la foto. Hace una semana fui con Alfonso a casa de mi tía, que tiene niños y armarios (este punto es importante), y allí desplegamos el arsenal de disfraces que guarda. Yo lo vi claro, un precioso traje de caballero con su maravillosa capa y un escudo con cruz caballeresca pero… ¡nada! El crío vio ese disfraz de Winnie the Pooh, más parecido al Chapulin Colorado o a un Teletubbie, y lo tuvo cristalino. Y de esa guisa fue al cole el viernes (tenían fiesta con churros y chocolate) mientras otros iban de Spiderman o Hulk. Ya os lo digo, estará en todos los fregaos pero a cándido e ingenuo no le gana nadie.
Y poco más que contar de un fin de semana lluvioso y desapacible. Caí en la garras de un centro comercial pero es que los niños tenían cuatro días de fiesta y fue inevitable. Eso sí, hice un rastreo de ropa veraniega para los peques que os contaré en otro post. Y ayer que fue fiesta y llovió menos, nos animamos a comer fuera de casa. Y vosotros, ¿habéis podido disfrutar un poco del Carnaval con los peques?
En el Que Me Das de Gijón, donde se come genial y hay sitio para los peques.
Y breve paseo por el puerto en uno de los pocos ratos en los que no llovió.
Una lectora del blog me preguntó hace unos días qué hago para entretener a los peques en casa. Hoy os haré una confesión: es de las cosas más difíciles, por eso vamos al parque prácticamente todos los días. Muchas pensaréis que con dos niños es más sencillo ya que juegan y se entretienen entre ellos. Ya os adelanto que eso depende de la edad de los pequeños. Vamos a ver, ¿qué hace un bebé de catorce meses si ve unos bloques de construcción apilados? Efectivamente, tirarlos abajo. ¿A que ahora me habéis entendido?
Alfonso está en edad de construir, pintar, montar, apilar… sin embargo, a Rafa le pasa lo contrario, le gusta romper, destruir, quitar, sacar, lanzar… Y así es imposible hacer nada juntos que no sea correr por el pasillo, saltar en la cama o bailar, que también es divertido pero para un rato. El invierno pasado no teníamos ese problema porque Rafa era un bebé de meses que estaba tan feliz en su hamaquita y no estorbaba los movimientos de Alfonso.
Así estaba controlado pero en cuanto empezó a gatear se acabó la paz.
Seguramente, dentro de un año, tampoco tendré ese problema porque Rafa empezará a comprender las normas del juego. Pero mientras tanto, ahí estoy, aguantando estoicamente los cabreos de ambos, uno porque el otro no le deja coger sus juguetes, y el otro porque cada vez que monta algo de más de diez centímetros de altura es destruido por la bolina.
¿Con qué logro entretenerles un rato? Los bloques de construcción son la mejor inversión del mundo. Os diría que a partir de dos años son maravillosos, pero me he dado cuenta que a Rafa también le hacen gracia y alguna vez consigue montar una pieza sobre otra. Seguro que eso les ayuda a mejorar la psicomotricidad, que está muy de moda todo eso últimamente 😉 Dibujar siempre es otra cosa a la que podéis recurrir, bien sobre papel o en pizarras, que les encantan. Para Alfonso sigue siendo complicado porque Rafa ataca rápidamente.
Los cubos también son geniales a partir de un año. Teníamos unos de cartón numerados que Alfonso usó un montón el invierno pasado. Estos de la foto se los trajeron los Reyes a Rafa y está feliz, porque además meten bolas que bajan a través de los cubos apilados. ¡Todo un acierto!
A partir de los dos años, los puzles (muy sencillitos) les encantan aunque los acabaréis montando vosotras, eso seguro. Ahora también es inviable en mi salón porque Rafa siente atracción por las piezas, sobre todo si empiezas a unirlas, pero el invierno pasado Alfonso y yo nos pasábamos horas con el “putes”, como él los llamaba.
Estas Navidades descubrí estas piezas de colores de espuma que sirven para hacer figuritas. Son, más o menos, para usar a partir del año. Con los peques hay que tener cuidado, mi sobrina de cinco meses se metió una a la boca para chupar y le quedó toda la lengua azul, aunque no es tóxico si no colorante alimenticio.
Podéis intentar ser originales pero no sé cómo acabará la historia. Hace unos días se me ocurrió sacar mis cromos de cuando era pequeña y le expliqué a Alfonso que cada uno tenía que poner en el suelo un cromo boca abajo y después dar con la palma de la mano para intentar darles la vuelta. ¡Madre mía, la que me montó cuando gané uno de los cromos que él había puesto! Así que nunca sabes.
Si, aún los conservo. Algún día os escribiré sobre cosas que aún tengo de mi infancia.
Y por supuesto siempre están las manualidades, hay mil cosas que se pueden hacer con plastilina, botellas de agua, pinturas, papel… pero yo ahora con Rafa también estoy muy limitada para esas cosas aunque alguna vez me lío la manta a la cabeza.
Aprovechando el taller que tiene mi padre en el garaje de casa…
Me puse a dibujar un dinosaurio sobre el típico trozo como de espuma que viene para embalar muchas cosas.
Y con un aparto que andaba por allí cuyo nombre desconozco, empecé a cortar… Si alguna está interesada en más datos sobre el proceso, mi padre me saca de dudas y hago un post.
Así quedó nuestro dinosaurio.
Y el muñeco, que enseguida perdió una pierna.
Creo que el invierno que viene estaré un poco más liberada y agradeceré tener dos niños seguidos. Por ahora, Alfonso está ejercitando su paciencia y Rafa su bravura. Y yo un poco de las dos cosas. Y vosotras, ¿qué hacéis con los peques en casa?
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