Etiqueta: deporte

  • Entrenamiento real para madres

    Entrenamiento real para madres

    Me habéis pedido que comparta con vosotras mi plan de entrenamiento. Bueno, no es que tenga un plan como tal sino que me obligo a cumplir un mínimo de ejercicio semanal. Adelanto que lo que entreno se adecua a mis circunstancias y a mi forma física. Pero lo que sí creo es que es un objetivo realista para la mayoría de mujeres que tenemos hijos. De cualquier manera, siempre, lo mejor es que consultéis con un profesional y que, si queréis arrancar y no sabéis si los embarazos o partos han pasado factura a vuestro suelo pélvico, hagáis una visita a un fisioterapeuta especializado por si os desaconseja algún tipo de deporte. Así que tened en cuenta que este es un entrenamiento real para madres pero luego hay circunstancias personales, las de cada una.

    Si me preguntais si lo que entreno ahora me ha servido para disminuir la grasa corporal (ya sabéis y aquí os expliqué porqué no me gusta hablar de bajar peso), la respuesta es sí, y mucho. El cambio es brutal únicamente con deporte ya que no he cambiado mis hábitos alimenticios, que son mejorables. Como sano en las comidas (aunque abundante) pero también consumo mucho pan y dulce a diario. Pero el cambio no es instantáneo como el de una dieta sino que es a medio plazo, eso sí, con la ventaja frente a las dietas, de que ganas masa muscular.

    Entrenamiento real para madres

    Como la falta de tiempo suele ser nuestro principal enemigo, vamos a echar cuentas. Yo salgo a correr tres días a la semana y cada día suelo dedicar una hora, quizás hora y media en alguna ocasión. Es decir, de 168 horas que tiene la semana, hago deporte entre 3 y 4 horas semanales. Hasta aquí, creo que es un objetivo muy realista. Buscar hueco para correr tres días a la semana, de siete que tenemos, me parece sensato.

    ¿Cómo distribuyo ese tiempo?

    1. Un día a la semana intento hacer una tirada larga, es decir, correr entre 10 y 15 kilómetros. Y es el día que más tiempo dedico al deporte. Lo cierto es que no es necesario correr tanto, simplemente que este año quiero correr varias medias maratones y así no pierdo fuelle.
    2. Otro día a la semana lo dedico a entrenar con un grupo (empecé hace tres meses). Ese día solemos correr entre 20 o 40 minutos y luego hacemos series, o cambios de ritmo, o algunos ejercicios. Esto me sirve a mí para mejorar mis tiempos, que es mi objetivo.
    3. Y otro día a la semana lo dedico a hacer una carrera corta, entre 5 y 7 kilómetros. Y al llegar a casa añado ejercicios de fuerza, importantes para evitar lesiones y también para mejorar.

    Y este es mi entrenamiento semanal. La idea es, más adelante, sumar un día más de entrenamiento para seguir mejorando. Os voy a dejar aquí varios ejercicios de fuerza que suelo hacer. Estos suelen ser fijos, añadiendo algo de pesas en brazos, pero en Youtube hay cantidad de vídeos para hacer más variedad y para hacerlo de forma correcta.

    Sentadillas. Imagen de Runtastic.
    Ejercicios con pelota
    Ejercicios con pelota. Imagen de Hola.
    Planchas y planchas laterales. Imagen de guiafitness.com
    Extensión de cadera. Yo lo hago con peso en los tobillos. Imagen de The Beauty Mail, Cristina Mitre.
  • Deporte tras el postparto: qué debes tener en cuenta

    Deporte tras el postparto: qué debes tener en cuenta

    A raíz del interés que la semana pasada generó en Instagram mi reinicio con el tema de correr, sobre todo después de compartir un post sobre los cambios físicos y mentales que trajo a mi vida el deporte hace 4 años, me animo a escribir ahora para añadir algunas cosas. Ya sabéis las que me seguís desde hace tiempo que, cuando un día me lancé a la calle a correr, no contaba con que aquello fuese a perdurar mucho en el tiempo porque no me gustaba el deporte. Pero todos esos cambios que fui notando me empujaron a seguir. He echado mucho de menos correr durante el embarazo, es cierto que se puede hacer si no hay contra indicación médica pero preferí no hacerlo. Y ahora, tres meses después de dar a luz vuelvo a coger ritmo. Antes de nada, como he visto que muchas queréis animaros con esto, vamos a dejar claras algunas cosas sobre el deporte tras el postparto.

    Deporte tras el postparto: qué debemos y qué no debemos hacer

    1. Revisión de suelo pélvico: es algo que yo nunca tuve en cuenta en los dos primeros postpartos por pura ignorancia y falta de información. Fue después de tener a Gabriel cuando la matrona del centro de salud empezó a hablarme del suelo pélvico, hipopresivos… Y ahí empecé a tener conciencia del asunto. Así que, antes de ponerse a correr o a retomar el deporte después de tener un bebé, os recomiendo de verdad que vayáis a hacer una revisión, no vaya a ser que la cosa se estropee o vaya a peor si hay problemas. Para las interesadas, en Gijón, a mí me la hizo María Cejudo, como os conté en este post.

    deporte tras el postparto2. Tiempos: Lo primero, no debe haber prisa. Y segundo, no todas pueden empezar a la vez que otras. No es lo mismo alguien que hace deporte y que también ha seguido haciéndolo en la gestación que alguien que nunca antes había hecho ejercicio. Ni es lo mismo alguien que ha tenido un tipo de parto u otro. Ni es lo mismo para quien tiene diástasis que para la que no. Es decir, la pauta general es esperar unos 6 meses desde que das a luz, pero yo, con supervisión, empecé a los tres meses porque el estado de mi suelo pélvico es muy bueno e hice ejercicio en el embarazo. En cualquier caso, siempre hay que ir progresivamente.El deporte tras el postparto

    3. Hipopresivos, tronco, clases con bebé: Hoy en día hay muchas alternativas para ir mejorando nuestra salud, forma física (y mental, siempre insisto en esta parte) siendo mamás. Hay centros y sitios destinados precisamente a madres que no tengan con quién dejar a sus bebés o no puedan dejarles. Yo en este sentido, en Asturias, conozco a Teresa, de Actimami. Se hace ejercicio y por supuesto, hipopresivos para quienes no podáis retomar el deporte y tengáis antes que recuperar el tono de vuestro suelo pélvico. En este postparto he descubierto, gracias también a María Cejudo, el tronco de propiocepción del Método 5P, un ejercicio super completo que ayuda a la rehabilitación y tonificación de la musculatura del suelo pélvico, la faja abdominal, la postura y el cuerpo en general. Y eso del tronco, lo he hecho yo hasta sacándome leche con el extractor. Lo podéis hacer viendo la tv, leyendo…

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    Tronco de propiocepción del Método 5P

    Resumiendo, y ante tantos comentarios y dudas que surgieron la pasada semana, os animo a que hagais ejercicio y busquéis tiempo para ello porque os ayudará a veros y sentiros mejor física y mentalmente, y también para tener mejor salud, pero con cabeza y supervisión. Espero que este post os sea útil y resuelva dudas.

  • Beneficios del deporte en los niños

    Beneficios del deporte en los niños

    Sabéis que, desde que hace casi dos años empecé a correr y al ver todo lo bueno que me ha aportado, pregono allá donde voy que el deporte contribuye a la salud. Son muchos los beneficios del deporte en los niños, por eso creo que es fundamental que adquieran el hábito y que no sea algo puntual, sino que lo practiquen en la época del año que sea. Porque siempre nos fijamos mucho en lo que comen, en tener alimentos ricos en calcio y vitamina D, pero no nos damos cuenta de que para que estén sanos, la buena alimentación se complementa con el ejercicio físico. La suma de ambas cosas es la que cuenta, y reconozco que, aunque acabo hasta el gorro del fútbol, me encanta que ellos tengan esa afición y que jueguen en los recreos, además de ir a sus entrenamiento y partidos.

    Beneficios del deporte en los niños: más autoestima y felicidad

    Esto es una de las cosas que más he notado desde que hago deporte, mi cuerpo ha cambiado y yo me siento más a gusto con él. Y para los niños veo muchas ventajas en este sentido. Obviamente, mis hijos no se fijan en sus cuerpos; los niños, por suerte, a edades tempranas, no se dan cuenta de ciertas características físicas, lo cual está muy bien. Pero sí que veo que el hecho de practicar deporte de equipo les hace socilizar más fácilmente, se sienten parte de un grupo que de alguna manera depende de ellos. Y con el mayor lo noto muchísimo, ver cómo mejora en la práctica, refuerza su autoestima. Y de verdad que solo ahora que hago deporte soy capaz de ver todas estas cosas. Porque yo misma, me creía incapaz de correr un carrera, y cuando corrí mi primera media maratón, me sentí fuerte a todos los niveles. Así que tengo claro que éste es uno de los grandes beneficios del deporte en los niños.

    Por supuesto, jugar al aire libre aporta felicidad. Y os digo yo que cuando corro y hace sol, acabo con un subidón tremendo. El sol estimula la producción de hormonas que tienen un efecto sobre nuestro ánimo. Y si al sol le sumas jugar y moverse, tenemos la combinación perfecta para los niños. Por eso me paso tantas tardes en el parque.

    Algunos consejos para practicar deporte en invierno

    1. Dales un desayuno o merienda completa y equilibrada: recuerdo una charla a la que asistí hace tiempo en la que un nutricionista de la AEP nos dejó claro que estas comidas deben llevar siempre lácteos, fruta y cereales o pan. Cuando vayan a practicar deporte, que coman al menos media hora antes de practicar deporte. A mí esto me cuesta en los entrenamientos, porque tienen poco tiempo para merendar.

    2. Que calienten los músculos: Antes de hacer deporte, los músculos están fríos y se pueden dañar si empiezan a funcionar de forma brusca en pleno frío, sin haberlos preparado antes. Es cierto que ara jugar en el recreo, no se van a poner a calentar pero en los entrenamientos o partidos, conviene hacer unos ejercicios de estiramiento para preparar los músculos y que no se sobrecarguen, y para dar más flexibilidad a las articulaciones.

    3. Vísteles de forma adecuada: Lo sé, tengo «chicarrones» del norte y a muchas os alucina verles con las rodillas al aire en pleno invierno. Os aseguro que es como quieren estar y no pasan frío, precisamente porque se mueven mucho. Así que mi consejo es que no os paséis abrigando a los niños. No sé si es casualidad o no, pero no han faltado al cole en todo el curso. Bueno, Rafa lleva años sin perder clase 😉 Por otro lado, si algún deporte requiere equipación o protección especial, no lo subestimes. Para Alfonso es obligatoria el uso de espinilleras y cada curso tiene su equipación completa.

    Estos consejos son muy básicos y no cuesta nada pornerlos en práctica. Motivadles a hacer deporte y, si podéis animaos vosotras también, incluso haced deporte juntos. No os podéis imaginar la influencia que ejercemos sobre ellos; que podemos apuntarles a mil deportes pero si llega el fin de semana y no hacemos ni una excursión ni nos movemos del sofá, les estamos dando un mensaje contradictorio.

  • Beneficios de las bicis de equilibrio o sin pedales

    Beneficios de las bicis de equilibrio o sin pedales

    En esto de las bicicletas infantiles confieso que hemos ido con cierto retraso porque las de equilibrio llevan ya unos años en el mercado y nosotros hasta ahora no teníamos. En parte porque, en esta casa, el único que tenía bici de los tres hermanos era Alfonso; se la trajeron los Reyes hace dos años y medio, y es la típica con ruedines, ya que por entonces no nos planteábamos otra cosa, la verdad. Hace dos años no estaba yo muy al tanto de la utilidad de las bicis sin pedales, aunque las veía continuamente por la calle. Así que, ahora que Rafa necesitaba bici porque la moto ya le queda pequeña y empezará a usarla Gabriel, decidí indagar un poco más sobre las bicis sin pedales.

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    Por lo que dicen los expertos, los niños aprenden antes a mantener el equilibrio que a coordinar o impulsar el pedaleo, por eso estas bicis son muy recomendables: son más ligeras, mucho más sencillas de usar, les ayudan a aprender a maniobrar en parado, a colocar su cuerpo en las bajadas, a girar y a frenar con sus pies. Por eso, el siguiente paso, cuando tienen 4 años, es pasar a la bici normal, sin ruedines, y te ahorras ese momento que da tanto pánico de quitar las ruedas pequeñas, que supone algún que otro susto porque te ibas a los lados y no eras capaz de mantener el equilibrio. Y ahora os enseño cuál elegimos y por qué. La marca no es muy conocida todavía en España, son las Kazam Bikes. Tienen un diseño genial con una plataforma para que los niños reposen los pies y así comiencen a jugar con el equilibrio, y con un manillar XXL que les da muchísima más estabilidad. Es casi como una especie de bici y patinete a la vez. Nos ha encantado.

    Se pueden utilizar desde los dos años y medio aproximadamente, tienen ruedas de aire de 12” y el manillar y el sillín se ajustan de tal forma que la bici se puede usar hasta los 5 años de edad. Y bueno, sé que la estética cuenta menos pero oye, además es bonita y hay colores super chulos. La verdad que Rafa está muy contento y ahora toca practicar, porque el mediano resulta ser el menos deportista de los tres hermanos 😉 pero vamos, que lo de la plataforma para los pies le ha parecido una idea estupenda para ir más cómodo en las bajadas. ¿Vuestros peques usan bicis de equilibrio?, ¿les ha resultado luego más fácil el paso a la bici normal?

  • Un año de running: cambios en mi mente

    Un año de running: cambios en mi mente

    Uno puede empezar a hacer deporte por motivos muy diversos: recomendación médica, gusto, salud, estética… Yo lo he dicho abiertamente, comencé por esta última razón, con la finalidad de bajar un par de kilos del tercer embarazo. Hasta ahí todo bien. Pero reconozco que hacerlo por esa única razón puede llevar al abandono por aburrimiento; hay que buscar, o más bien encontrar, otros motivos. Y yo los encontré en esta ocasión ya que, durante toda mi vida, fracasé en mis decenas de intentos por mover el cuerpo.

    El primer momento en que encontré, por fin, un estímulo que luego me hizo continuar durante meses, fue cruzar una línea de meta, en junio del año pasado. Aquel instante fui feliz y encontré sentido a esas semanas anteriores de entrenamiento en las que, objetivamente, había sentido pereza y, en más de una ocasión, pensé en dejarlo. Sí, correr una carrera fue el principio de un cambio en mi mente. Fue mi primera transformación: descubrí que el deporte puede hacerte feliz. Eso, para alguien que pasó todo su vida odiando cualquier tipo de gimnasia, era un gran logro. En el fondo, siempre había sentido cierta envidia al ver a aquellas personas que hacían deporte con alegría, no por obligación.

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    Y para muestra, un botón. Cuando te encuentras que te hacen esta foto llegando a meta descubres que sí, que llegas feliz.

    El otro gran cambio, que también empecé a ver tras mi primera carrera y que fue acrecentándose hasta llegar a su punto más alto el día que corrí mi primera media maratón, fue darme cuenta de que era, o que me había hecho, fuerte mentalmente. Un reto deportivo no es solo un esfuerzo físico, requiere mucha fortaleza mental. Darte cuenta de que en 4 meses has pasado de correr 6 a 21 kilómetros te descubre una parte de ti que no conocías. Y entonces eres consciente de que, en la vida, a veces, los límites los ponemos cada uno de nosotros. Descubrí que era más fuerte de lo que pensaba y de que tenía menos límites de los que sentía. Y como una imagen vale más que mil palabras, este momento lo resume todo.

    El vídeo no tiene mucha calidad, lo que merece la pena es el sonido y nuestras caras.

    Y por último, aunque más que un cambio es una consecuencia, pero que repercute de forma positiva a nivel mental, es el rato que encuentras para ti misma. Un tiempo para desconectar de rutinas y de trabajo, de las cosas de casa, para quemar la mala leche en un día malo, para recrearse en aquellos pensamientos de un día bueno; en mi caso, un rato a solas que me viene muy bien tras todo el día lidiando con las fieras 😉 Que no digo que no me dé pereza salir a correr a las 9 de la noche tras el intenso momento baños-cenas en mi casa pero, cuando acabo, me encuentro a gusto y me voy a la cama muy relajada. En resumen, empecé a correr por motivos puramente estéticos pero creo que, si sigo, es por estos otras razones. De no haberlas encontrado, me hubiera pasado como tantas veces, que hubiera abandonado. Sólo espero seguir encontrando la misma motivación durante muchos años.

  • ¡Me estreno en Youtube! Running… también con mi bebé

    ¡Me estreno en Youtube! Running… también con mi bebé

    Renovarse o morir, dice el refrán. Reconozco que, aún viniendo yo del medio audiovisual, que es en el que más he trabajado, no me atrevía a dar este paso. Sencillamente, por falta de tiempo, no de ideas. Porque ponerme a grabar y después a editar imágenes supone más esfuerzo y más minutos, y os juro que no me sobran. Pero fue una marca, Thule, la que me empujó. Porque consideran que puedo ser imagen de vida activa con niños, y ya sabéis que nosotros no paramos. Y yo aún menos desde que me ha dado por el running. De hecho, mi primer vídeo en Youtube tiene mucho que ver con esta nueva faceta de mi vida. Porque os digo una cosa, este deporte ya es algo que forma parte de mí, no quiero que desaparezca. Tras correr el otro día mi primera 10K, me di cuenta de que ya no puedo abandonar y que voy a por más kilómetros. Ver veremos si me atrevo con una media maratón en breve, pero eso ya es otra historia.

    Ya os conté en su día que empecé a correr porque quería recuperar la forma después de tres embarazos. Tras un intento fallido, por falta de tiempo, de hacer deporte en el gimnasio a los dos meses de dar a luz a Gabriel, encontré que correr era la fórmula perfecta para empezar a moverme, porque no dependía de horarios de aperturas o cierres ni de clases y no necesitaba mucho tiempo. Sólo tenía que bajar al portal de casa, correr y llegar de nuevo al portal, bien aprovechando visitas a casa de mis padres, o bien cuando acostáramos a los niños… Y así empezó la cosa, corriendo 20 minutos hace un año y, en este momento, más de una hora dándole a la zapatilla. Además, ahora, puedo ir en cualquier momento porque, a veces, me llevo al peque. Sí, habéis leído bien, siento a Gabriel en la silla Thule Urban Glide y a correr. También me reservo mis entrenamientos para mí solita, eh. Y ahora sí, no me enrollo y ahí me tenéis. Aunque no lo creáis, me da un poco de vergüenza pero… ¡qué demonios!

  • Cómo empecé a correr

    Cómo empecé a correr

    Nunca hubiera imaginado que esto del running iba a generar interés en este espacio pero, dado el número de visitas del post anterior sobre la indumentaria para correr, parece que no es mala idea. También porque ya comenté que estoy intentando ampliar un poco los temas en el blog y meter algunos relacionados con moda, salud, deporte… Y así, como madres, nos evadimos un poco con otros asuntillos que no sean siempre embarazos, partos y churumbeles.

    No os creáis que de la noche a la mañana me convertí en Forrest Gump y me puse a correr sin parar. No, todo lleva un proceso que empieza con una primera salida en la que, obviamente, piensas que te va a salir el estómago por la boca. Muchas me preguntabais si había hecho deporte con anterioridad y la respuesta es no, no regularmente. Como todos en la vida, me he apuntado unas 5 o 6 veces a algún gimnasio e hice mis intentos de footing (que era como se le llamaba por entonces a esto de correr) en varias ocasiones pero siempre acababa abandonando al mes, dos meses… a lo sumo, cuatro meses. Y de niña, jugué una temporada en el equipo de baloncesto y mejor ni mentarlo 😉 Lo único que me ha gustado toda la vida es bailar. Incluso, hice zumba hasta la semana del parto en mi tercer embarazo.

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    Semana 38 del tercer embarazo

    Pero vamos a lo que vamos. Un día decidí que debía empezar a correr, y eso hice. Fue duro, aguanté poco y al día siguiente estaba muerta con tantas agujetas. Realmente, creí que me pasaría como otras tantas veces, que acabaría abandonando. Pero no, no sé qué pasó en mi cabeza que me dije que no debía empezar algo con esa intención. Así que me obligué a correr dos días a la semana… En cuestión de semanas, estaba corriendo ya media hora y notaba mejoría en el cuerpo. Creo que ésa fue la clave en ese momento para seguir adelante. Y si queréis un consejo para motivaros, no hay nada mejor que apuntarse a una carrera. Yo empecé con el running en abril y en junio corrí la Carrera de la Mujer. Cruzar la meta fue un subidón y comprendí que no podía abandonar.

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    El verano fue algo duro: los tres niños en casa, las vacaciones… pero ahí donde me veis, me llevé la ropa de deporte a Cádiz y a Portugal. Y corrí, contra todo pronóstico, aunque menos de lo que debía. Así que en septiembre estuve a punto de abandonar. Pero entonces pensé en la San Silvestre y me animé. Y en diciembre, me propuse correr 6 kilómetros (que es la longitud del recorrido en Gijón) para llegar viva a la meta. Al cumplir mi propósito de 2015, lo vi claro: mismo objetivo para 2016. Desde el pasado mes, ya son tres los días que voy a correr y esta última semana he logrado hacer ¡¡¡10 kilómetros!!! Es decir, una hora corriendo. El mes que viene tendré mi primera carrera de este 2016 y será precisamente esa distancia. Luego ya veremos… Lo importante es darse cuenta de que al principio cuesta. Pero la mejora en esto de correr es brutal.

  • Madres que corren

    Madres que corren

    Éste título bien podría ser el de un post sobre la vida diaria de las madres porque, esto es así, vamos de un sitio para otro corriendo. Y más cuando tienes varios niños, que estás como en una yincana continua. Pero no, hoy no voy a hablar de maternidad sino de deporte, aunque acabaré relacionando una cosa con la otra, siempre me pasa. Os dije hace unos días que estaba barajando cambios en el blog así que, ya os adelanto que, desde este mismo momento, amplío contenidos. Que si alguna vez me apetece enseñaros dónde compro ésto o aquello, una crema que me gusta o cualquier truquillo, pues lo comparto, al igual que os muestro nuestras excursiones y siempre me decís que esos posts son útiles. Eso sí, no será el único cambio, habrá alguno más pero me llevará más tiempo porque quiero que quede bonito.

    Y hoy, a lo que toca, porque va a ser un tema que me dé para algunos posts y los escribiré por si alguna madre más decide unirse a mi objetivo de 2016 (empezar fue reto en 2015, ahora toca mejorar). Nunca me ha gustado el deporte, ni en grupo ni en solitario, me pasa desde pequeña. A eso se suma que el cuerpo, con 20 años, lo aguanta todo; da igual que no te desmaquilles por la noche, que comas demasiado o que tomes el sol más de la cuenta. Pero la realidad es que no importa a esa edad pero todo pasa factura más tarde. Y más con tres embarazos a la espalda. Os conté en su momento que, consciente de que la tercera gestación me había regalado algún kilo (y dado que cerrar el pico para comer no es posible), hice un amago de volver al gimnasio a los dos meses de nacer Gabriel. Pero lo cierto es que no tenía tiempo así que decidí, como Forrest, empezar a correr por varias razones:

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    Mi primera carrera, en junio.

    Flexibilidad: puedo ir a cualquier hora del día, sin depender de horarios de clases ni de cierres o aperturas de gimnasios. Como madre dependo de que alguien esté con los niños pero… siempre es más fácil escaparse media hora de casa que un par de horas.

    No pierdo el tiempo: entre ir al gimnasio, asistir a la clase y volver, se me iban casi dos horas. Correr es tan fácil como ponerte las mallas y zapatillas, bajar al portal y eaaa, a darle a las piernas hasta que vuelves, de nuevo, a la puerta de tu casa. ¿Total? Treinta minutos.

    Es barato: siempre que no seas sibarita. Para empezar, tiré de leggins viejos y, eso sí, me compré unos playeros de Nike. Pero vamos, que creo que fueron 40 euros o menos.

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    Ya veis, como llevo 8 meses corriendo y ya corrí mi primera San Silvestre, los Reyes decidieron que era hora de mejorar el atuendo. Y el de mi madre, con ese super libro de Cristina Mitre, «Mujeres que corren», que voy a leer ya.

    En junio me apunté a la Carrera de la Mujer, la primera de mi vida, y la terminé, que era lo que quería. Porque señores, yo soy muy lenta y no he salido a mi madre ni a mi hermano, que quedó el octavo (de más de 4000 participantes) en la San Silvestre de Gijón; yo sencillamente concluí dignamente. Pero en realidad, al correr no compito con nadie, solo conmigo. Y aunque empecé por cuestiones estéticas, es decir, para endurecer las carnes, hace tiempo que me di cuenta de que el running (os juro que me cuesta decir esta palabra) me sienta bien. Sí, perdí esos kilos y alguno más y eso se agradece pero además me hace sentir fuerte mentalmente sólo por el hecho de lograr un objetivo. Porque creí que no iba a durar y sigo. Y porque la pereza me puede cuando hace frío pero he conseguido cumplir dos días a la semana y ahora van a ser tres.

    ¿Mi próximo reto? Correr en marzo una 10k, lo que viene siendo una carrera de 10 kilómetros, que no quiero ponerme yo muy técnica ahora. Eso sí, ojo con el suelo pélvico que, oye, justo en eso y según mi matrona, es como si nunca hubiera parido y estoy divina de bajos fondos 😉 pero no es recomendable en según qué estado esté tras embarazos y partos. De todas formas, yo voy a hacer mis averiguaciones porque me dijo la matrona que hay un dispositivo que ayuda a proteger el suelo pélvico en los deportes de impacto. Vamos, que tengo más posts que escribir sobre el deporte relacionado con la maternidad y aquí lo compartiré por si algunas decidís que es un buen momento para empezar a mover el trasero, ¿alguien al otro lado? 😉

  • Si no puedes con el enemigo… más fútbol

    Si no puedes con el enemigo… más fútbol

    Yo tenía en mis planes, desde la semana pasada, escribir el post de hoy sobre un tema que, obviamente, dejaré para otro día. Sin embargo, el sábado viví una situación de fobia a los niños que hizo que me replanteara el contenido del blog. Pero de nuevo mis planes cambiaron. Resulta que el domingo me vi invadida por el espíritu del fútbol, desde la mañana hasta la noche. Y oye, no me queda más remedio que hablar de ello. Juro que me gustaría, de vez en cuando, hablar de ballet, de tutús y bailarinas… pero no se me logra. Que no me importaría a mí tener un Billie Elliot en casa pero, por ahora, manda el deporte rey.

    Hace unos meses os contaba cómo había sido el primer partido de Alfonso. Básicamente fue un desastre, con varios goles en propia al no tener clara la portería en la que marcar y con algunos niños descentrados y haciendo cualquier cosa menos jugar al fútbol. La temporada ha terminado y, aunque los críos han mejorado, no se puede decir que haya sido un éxito; no sabría deciros cuántos goles nos han caído pero calculo que unos 80, y hemos marcado unos 14. Creo que, de la liguilla, acabamos los penúltimos. Aun así, a todos los niños de todos los equipos se les entregó una medalla ayer domingo. Y sinceramente, se agradece y a ellos les hace una ilusión inmensa.

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    Si decidís apuntar a vuestros niños a fútbol, tras el primer año de entrenamiento, ya podréis sacar dos conclusiones. La primera, que algunos entrenadores se lo toman demasiado en serio; no me parece de recibo que se mande a la caseta a unos niños de 4 años que lanzan un balón al campo desde el banquillo. Y  la segunda conclusión es que sabréis si habéis acertado o no. Y no me refiero a que los críos sean buenos o malos, que de 1000 niños puede que uno acabe viviendo de eso, por mucho que a algunos padres les cueste aceptarlo. Me refiero a que podréis saber si disfrutan con ello. Porque aunque no lo creáis, hay niños que disfrutan y otros que pasan del tema. Yo no me equivoqué, Alfonso lo vive; a veces, sufre más de lo que debería y eso sí que trato de corregirlo. Que yo he sido muy futbolera y no compensa. Pero claro, luego marca un hat trick y le tienes varios días en una nube, cualquiera le quita la ilusión.

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    Y como el domingo empezó con fútbol, acabó con todo un acontecimiento en nuestra ciudad. El Sporting de Gijón subió a Primera División y anduvimos todos como locos en casa porque nuestro equipo no dependía sólo de su partido sino de otro; mis hijos no entendieron que yo celebrara como loca un gol del Lugo y se me pusieron a llorar los dos al unísono del susto. Ver para creer. Así que ayer subió nuestro equipo y Alfonso recibió su primera medalla como jugador de fútbol, un día para no olvidar. En fin, y lo que me queda de balompié, señoras 😉 Pero ¡estoy encantada!

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    Familia que festeja unida, permanece unida.

    Aviso: tenéis al final de el post anterior los nombres de las ganadoras de los marcos Baby Art.

  • En forma tras el postparto: deporte y más

    Tras escribir la semana pasada un post sobre ciertos cambios en la alimentación por aquello de recuperar el tipín (en la medida de lo posible, no esperéis milagros), hoy toca hablar de deporte. Cuando empecé a ir al gimnasio en el último trimestre del tercer embarazo tenía claro que, en cuanto naciese el peque, no volvería. Básicamente porque no tendría con quién dejar al bebé. Vale, y porque soy de las que abandono en cuanto tengo una excusa (aunque en este caso fuese algo más que una disculpa 😉 ). No, no me gusta en general hacer deporte pero reconozco que las clases de zumba me engancharon. Tanto que estuve bailando y saltando hasta la misma semana que di a luz. Y tanto, que conseguí que mi padre se quedase con el bebé una vez pasó la cuarentena y así continuar con esa racha «deportiva» de mi vida.

    Con mi barriguilla de 8 meses levantando pesas.

     

    Lo primero que os digo es que hay que olvidarse del ejercicio hasta que vuestra matrona o ginecólogo hagan la revisión pertinente una vez transcurridas las 5-6 semanas desde el parto. Así que, hasta entonces, a dar paseos. Y después, hay que elegir el ejercicio en función del estado de vuestro suelo pélvico. Yo pude volver a zumba porque en mi caso estaba intacto. Pero sé, por lo que cuentan otras mamás en las clases de hipopresivos (que justo terminan hoy en el Centro de Salud) que, con un solo parto, han tenido o tienen muchos problemas así que hay que descartar los deportes de impacto (baile, correr…). Y si decides hacer ese tipo de ejercicios, recomiendo compaginarlos con los abdominales hipopresivos. Además, según me explicó la matrona, existe un dispositivo, a modo de amortiguador, que se introduce en la vagina como un tampón y protege el periné durante la práctica de deportes de impacto. Pero no os puedo dar mi opinión porque no lo he probado.

    Dicho esto, os cuento que yo abandoné el zumba dos meses después de retomarlo, es decir, cuando Copito de Nieve aún no tenía ni cuatro meses. Para una mamá reciente, el tiempo es oro. Dar una toma de pecho, vestir al bebé, llevarle a casa de mis padres y después ir al gimnasio a las diez de la mañana era una carrera contrarreloj y llegaba a las clases sudando la gota gorda. Y además, perdía la mañana entera así que me pasé al «running» (para mí sigue siendo footing 😉 ) Es cómodo porque empiezas en la puerta de casa y terminas en el mismo sitio, así que el tiempo que «pierdes» es el que corres; yo dedico media hora dos días a la semana, además no dependes de horarios de ningún tipo. Empecé hace mes y medio y para que veáis que estoy concienciada con esto de que las carnes fofas vuelvan a su sitio, me he apuntado a la Carrera de la Mujer. Mi único objetivo es terminarla. Admito sugerencias sobre playeros, tengo que hacer nueva adquisición.

    He aquí la prueba de que voy en serio, por lo menos los próximos meses.

    Y tras cuidar la alimentación y hacer deporte, que son dos cosas que cuestan lo suyo, siempre viene bien un apoyo. Si durante el embarazo, muchas os cuidasteis con cremas para evitar las estrías y os preocupasteis por tener la piel hidratada, después de dar a luz no debemos abandonar el hábito. Yo ahora mismo estoy usando la reestructurante corporal de Mustela para reafirmar los tejidos. En esta etapa es mucho mejor que cualquier anticelulítico y además es compatible con la lactancia. La verdad es que me gusta mucho por su olor y porque, 24 horas después de usarla, la piel está como si acabaras de echarte la crema, una gozada. Ya sabéis lo que opino de los cosméticos, son una ayuda pero no hacen milagros.

    Y por ahora esto es todo en cuanto a cuidados, que ya es mucho teniendo en cuenta que me rodean tres fierecillas (bueno va, el pequeño es un santo), un marido que saca la Nocilla como postre en las cenas y que me acuesto a las mil para escribir un blog y otros trabajillos varios. Pero que digo yo que ¡se puede! Y vosotras, ¿os animáis?

  • En forma tras el postparto: alimentación

    Iba a escribir un único post sobre este asunto pero he decidido dividir la materia en dos partes porque veo que da para mucho. Aviso a navegantes, que nadie se me lance a la yugular, que no sé qué demonios le pasa a la gente por estos mundos 2.0 que, a la mínima, te quieren cortar el cuello. Lo digo porque, hace unas semanas, una bloguera con varios hijos y de viente plano, animaba a las madres a hacer deporte y alimentarse bien para estar en forma. A la pobre mujer le empezaron a llover críticas por todos lados diciendo que si ella no tenía un doctorado, que si era mala madre…

    Desde mi punto de vista, algo desmesurado. Primero, porque es una bloguera con contenidos relacionados con el fitness así que, si la sigues, ya sabes lo que hay. Segundo, porque para ella será importante y encontrará tiempo de donde haga falta para estar en forma; otras, aunque tuviésemos todo el tiempo del mundo, no haríamos deporte a diario ni de coña. Y tercero, porque tendrá fuerza de voluntad para comer sano y eso creo que no es algo criticable sino lo contrario. Así que, por favor, relájense todos. La muchacha nos vende un buen cuerpo con esfuerzo, no es la Preysler vendiendo cremas.

    Ahí la tenéis. Buena genética, sesiones de gimnasio y comida sana.

    Cuidarse tras ser madre es igual de bueno que hacerlo antes, lo que pasa que, cuando una es joven y lozana y sus carnes está medianamente prietas, pues como que lo de cuidarse lo deja para otro ciclo vital. Pero cuando la gravedad empieza a hacer de las suyas, ya vas pensando que quizás hay que darle una ayudita al body para que la cosa no vaya a más. Y claro, los embarazos son un factor de riesgo para esto de mantener la «gravitación» a raya. Y ¡ojo! que aquí servidora se las prometía muy felices porque, después de dos embarazos, las consecuencias habían sido pequeñas. Pero todo lo bueno tiene su fin y la tercera preñez hizo estragos a pesar del zumba hasta la semana del parto. Tres meses después de dar a luz a Copito de Nieve yo seguía ahí con mis kilillos de regalo y la masa corporal floja, inconsistente. Y me dije a mí misma que era el momento de cambiar hábitos. Lo ideal es hacerlo por salud pero claro, si estás como una rosa pasa lo de siempre, lo dejas para otra década de la vida. Empezar por estética no me parece mal plan.

    Así que me puse a ello. Nada de dietas, vamos ¡lo que me faltaba! Si algo he aprendido es que, cuando suprimes cualquier cosa de forma radical, acabas «cayendo» con todo el equipo y a lo bestia. Pero asumí que no se puede comer todos los días determinadas cosas como donuts, galletas, palmeras de chocolate o atacar el bote de Nocilla. Así que, entre semana, intento sustituir lo dulce por frutas, yogures o tortitas de avena. Hay veces que, con el ritmo que llevo, el cuerpo pide más y no puedo renunciar al sabor de algo azucarado. Así que tomo dos o tres galletas caseras ecológicas Paul and Pippa y me quito el «mono». Las hay saladas por si vuestro problema es que asaltáis más este tipo de comida. Para mí, han sido todo un descubrimiento, tienen menos calorías al estar hechas con harina de espelta en vez de harina de trigo.

    Otra de las cosas que hice fue añadir un zumo natural a mis desayunos en lugar de zumos de tetra-brick, que suelen tener bastante azúcar. Por supuesto, hago cenas ligeras, lo cual no me cuesta porque lo he hecho casi toda la vida. Y esto es lo que me anima a cambiar algunas rutinas: saber que, en el momento en que algo se convierte en hábito, ya no cuesta tanto. Llevo algo más de un mes cuidándome y, sin ser grandes cambios ni prohibiéndome nada, ya por fin he perdido lo que me sobraba.

    En la segunda entrega, la próxima semana, me centro en el deporte tras el postparto, donde también soy mujer de idas y venidas porque reconozco abiertamente que no me gusta. Pero claro, volvemos a lo de siempre: ya no es sólo cuestión de peso sino de gravedad, por lo que la alimentación no basta. Tendré en cuenta el cuidado del suelo pélvico que ya sabéis que ando yo fascinada con este tema. ¿Os cuidáis más o menos desde que sois madres?

  • Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

    Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

    Tranquilas, no os voy a narrar en el blog cada uno de los partidos de fútbol que juegue Alfonso; tengo amor de madre pero no formo parte del grupo de mamás «torturadoras» que cuentan todas las hazañas de sus hijos como si fueran sobrenaturales. Ya soy lo suficientemente pesada con el blog, pero de algo tengo que escribir. A lo que íbamos… ya sabéis cómo es el tema de «las primeras veces». Si cuando les ves gatear, o dar un paso, o aplaudir por primera vez, nos emocionamos, pues imaginaos cuando ya son hombrecitos que viven de forma totalmente consciente todo ese proceso de «la primera vez que…» y son los que se inquietan con tal acontecimiento.

    El primer partido de fútbol de tu primer hijo (y digo «primero» porque con el tercero seguramente no será igual, así de dura es la vida 😉 ) es uno de esos eventos al que no falta ningún padre; y si hace falta, se pide la tarde libre en el trabajo. Por supuesto, todo el mundo lleva el móvil o cámara para hacer fotos e, incluso, en nuestro equipo tuvimos operador de cámara que grabó el partido. Los niños ya amanecen por la mañana emocionados diciendo que van a marcar un montón de goles y están nerviosos por estrenar la equipación del cole.

    Esta primera vez nos tocó ir como visitantes. Empieza nuestro recorrido por todos los colegios de Gijón, me voy a hacer una experta con tres varones 😉

    Y aquí empieza la crónica. Comencemos con el resultado para que os hagais una idea: 8-1 a favor del equipo contrario. Quizás ellos fueran buenos pero… es que los nuestros marcaron ¡4 goles en propia puerta! Los pobrecitos no se enteraban muy bien del asunto, nos han dicho que suele pasar en los primeros partidos. Los entrenamientos los hacen en una sola portería y claro, de repente, les ponen ahí en un campo entero que para ellos es como el de Oliver y Benji, más largo que la muralla china, y lógicamente están un poco confundidos. Y menos mal que no les cambian de área en el descanso, si no aquello hubiera sido un espectáculo.

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    Con su peto de portero. Esa cara es de antes de empezar el partido.

    Alfonso jugó la primera parte de guardameta, que por lo visto se le da bien. Pero cuando tienes uno de esos niños con facilidad para la lágrima y para la risa, es decir, muy sensible, tienes un problema. Porque cuando le marcaron el tercer gol, ya lo teníamos llorando, y cuando hacía una parada, se emocionaba tanto que no se daba cuenta de que los del equipo contrario seguían atacando y maridín, que estaba al lado del poste, le avisaba para que no se despistara. Pobrecillo, que conste que le metieron cuatro goles pero hizo varias paradas.  Luego están los niños que aún no han entendido el concepto «football», es decir, balonpié. Vamos, que a alguno que otro cogía el balón con la mano para colocarlo, yo me partía. No puedo negar que los padres nos reímos mucho.

    Las hermanas de algunos compañeros de Alfonso cuidando de Rafa que, obviamente, en algún momento del partido, entraba a la pista.

    Sobre el equipo contrario, noté que se tomaban más en serio el asunto. Nuestro entrenador tiene unos 18 años y su tono de voz siempre es el mismo, y eso cuando habla. El preparador del otro grupo era ya un señor, no se puede decir que gritara a lo bestia pero, a mí personalmente, para niños de 4 años no me parecía el tono más adecuado. Y por otro lado, me extrañó que tres niños le sacaran una altura considerable a Alfonso cuando éste está en un percentil del 97% pero oye, habrá que fiarse 😉  De todas maneras, como para ellos esto es simplemente un deporte con el que divertirse, pues como si juegan contra niños de 7 años.

    Foto final después del partido. Alfonso aún no había tenido suficiente y quería seguir jugando, vamos, es que no suelta el balón. Y como veis, es de los altos del equipo.

    Y hasta aquí la crónica del primer partido; no tengo muy claro quiénes disfrutaron más, si los niños o nosotros, los padres. Lo que tampoco tengo muy nítido es cómo demonios nos vamos a apañar dentro de unos años con ¡3 varones! Rezo porque a alguno no le guste el fútbol 😉 El primer partido de vuestros hijos, sobrinos… ¿fue así de «caótico»?

  • Deporte y embarazo: ¿zumba, natación, pilates, yoga?

    Tengo una relación de amor-odio con el deporte. Bueno, más bien de lo segundo; esto es culpa de los genes de mi madre porque, en mi familia, mi padre ha hecho y hace ejercicio a diario, y no hace mucho que seguía jugando partidos de fútbol sin importarle sus operaciones de menisco. Y para más inri, mis hermanos se dedican a apuntarse a todas las carreras y triatlones que pueden. Mientras tanto, mi madre dice que tiene que hacer ejercicio pero resulta que le parece incómodo el sillín de la bici 😉 Y así soy yo, que enseguida busco una excusa para no mover el trasero.

    Tengo momentos en los que me mentalizo y soy consciente de la importancia del ejercicio; el caso es que si esa reflexión me pilla en un momento en que tengo algo de tiempo, me lanzo y me apunto a un gimnasio o salgo a correr; lo malo es que, de media, esas venas me duran a mí tres meses, y da gracias. ¿Qué pasó por mi mente en septiembre cuando, después de 4 años pegada a uno o dos niños, vi que tenía dos meses con las mañanitas para mí sola? Pues blanco y en botella: deporte. Eso sí, como admito que apuntarse al gimnasio el último trimestre de embarazo no es lo habitual, me inscribí en uno con piscina y con clases de todo tipo con la idea de nadar e ir a Pilates.

    Y así empecé septiembre, suavecito, con mis clases de aqua gym, que son estupendas gracias a la ingravidez. A la vez, me animé con Pilates, que dicen que es muy bueno para las embarazadas. Y con la ventaja de que te pasas parte de la clase tumbada, aunque no quiere decir que no sudes. Probé la clase de yoga: error. Una madre de dos niños pequeños y embarazada es carne de cañón y corre el riesgo de quedarse dormida en plena relajación. Además, la flexibilidad no es mi fuerte. Qué va, yo necesito un poco de marcha para no acabar abandonando.

    Descarté al principio el tema zumba pero cada vez que veía una clase moría por entrar a bailar. Y oye, vi que allí se adentraba una señora de unos 80 años, de la que me declaro fan absoluta, y me dije: inténtalo, tiempo tienes para salir de la sala. Y entré, y ahora ya no salgo. A mí es que bailar es lo que me ha gustado toda la vida, y claro, me pones merengue, salsa y reggeaton y se me van los pies solos.

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    Ni a Shakira le sale el giro estando embarazada 😉

    Así que ahí estoy, dándole al baile. Eso sí, no hay nada con menos glamour que una embarazada haciendo un giro de caderas 😉 Y como os podéis imaginar, el embarazo es motivo de preguntas varias de las allí presentes. Esta semana ya estoy bajando el ritmo porque el cuerpo lo va pidiendo; si ya digo yo que no hay nada como las señales de tu propio organismo. El ejercicio es buenísimo durante el embarazo siempre que no haya contraindicaciones médicas. Y vosotras, ¿practicabais algún deporte durante la gestación?

  • Padres y fútbol infantil

    Ya os conté hace poquito en un post que Alfonso eligió el fútbol como la primera actividad extraescolar de su vida. Hace ya dos semanas que empezaron a entrenar y la verdad es que está feliz, yo menos porque ya tiene el chándal del cole agujereado en la zona de las rodillas, se toma muy en serio la posición de portero 😉 Bueno, vamos al lío. El otro día, el presidente y el coordinador del equipo del cole nos convocaron a los papás a una reunión. Pensé yo que no iba a ser productiva tratándose de segundo de Infantil pero ¡vaya que si fue interesante!

    Primera sorpresa: tienen liguilla este curso. Sinceramente, no sé porqué dí por hecho que tan pronto sólo entrenarían. En cualquier caso, ya os podéis hacer a la idea de la ilusión que le hizo esto al niño… y al padre. Sé que maridín es muy sensato y tranquilo pero le he dicho que no quiero ultras en la grada 😉 Esto de la liguilla supone comprar la equipación del cole así que pasamos de no tener ninguna hace un mes a tener dos, la del Sporting y la del equipo del colegio, menos mal que ésta última cuesta 15 euros.

    Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle, si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.
    Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle; si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.

    Más sorpresas: nos dejaron caer que, de los más de diez equipos que jugarán, hay tres o cuatro que se las dan de «gallitos», vamos, que se lo toman en serio. Sinceramente, allí estaré para verlo porque madre mía, como a alguno se le ocurra hacerle una entrada fea al crío me va a salir la vena «dramamamá». ¿Es necesario? Tienen 4 años, sólo tienen la obligación de divertirse, no de ganar. Mi tía ya me ha dicho que hace tiempo que dejó de ir a los partidos de sus hijos por la vergüenza que algunos padres producen en las gradas. Os prometo que mi cara de asesina en serie puede ser tremenda cuando vea a algún progenitor fuera de sus casillas, y aquí entran los tacos, los gritos al propio hijo, los insultos a los del equipo contrario…

    Y otra sorpresa más: nos contaron que, si el crío juega bien al fútbol, es posible que otros clubes se pongan en contacto con nosotros para decirnos algo así como «en el equipo que juega tu hijo no va a conseguir nada importante». Pero por Dios, ¿a los 4 años alguien sabe ya si mi hijo va  ser un futuro Messi o Cristiano? Y si tuviera un don con el balón, ¿alguien cree que le voy a separar tan pequeño de sus compañeros de clase por llevarle a otro equipo? Por favor, que es un niño, tiempo al tiempo. En fin, con tres hijos varones os aseguro que voy a tener muchas historias que contar sobre esto. ¿Creéis que algunos padres se exaltan demasiado?, ¿tenéis experiencias en esto las mamás y papás de niños más mayores?

  • Ejercicio y niños, ¿incompatible?

    La semana pasada vi a través de Facebook un cartel en el que aparecían juntas las palabras ejercicio y bebés. Me tuve que parar a leer detenidamente porque no daba crédito. Después me entraron dudas y pensé: ¿se considera bebé a un niño que camina? Este asunto nos puede dar para debatir en otro post pero hoy me centro en lo del ejercicio. El caso es que escribí a un mail que venía en el cartel y me dijeron que se podía ir a clases con niños de hasta 4 años. Vamos, podría ir con los dos churumbeles si quisiera, aunque desde luego, no es mi intención.

    Ya sabéis que yo para esto de hacer deporte he nacido vaga, juro que he hecho mis intentos pero la pereza y el aburrimiento pueden conmigo; desde que empezó 2014 salgo algún día a correr cuando los niños se acuestan pero, para qué engañaros, no soy nada constante y sólo estamos en febrero así que, a este paso, mi propósito de año nuevo va a durar lo mismo que un caramelo en un colegio. El caso es que ayer probé una clase gratuita de Mamifit, por aquello de que soy perfectamente consciente de que hacer deporte es sano y además mi trasero seguro que lo agradece.

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    Mirad la cara de susto de Rafa. Y yo sin comentarios porque el tema chándal lo encuentro muy poco favorecedor.

    Y ahora me centro en la experiencia de la clase de ayer. Estábamos seis madres con seis niños, tres de ellos eran mayores, los otros dos más o menos de la edad de Rafa. El peque en su línea, si no conoce a la gente, se pega a mis piernas y no echa ni media sonrisa, éste nos ha salido vergonzoso, lo cual me sorprende teniendo en cuenta que la timidez no es precisamente lo que nos caracteriza a sus progenitores. Es más, durante algunos minutos de la clase el resto de niños socializaron un poco, Rafa pasaba “tres pueblos”. Eso sí, más pancho y tranquilo que ninguno, sentado cerca de mí, con cara de asombro mientras las madres nos movíamos y más alucinado aún cuando le cogía para hacer alguno de los ejercicios.

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    Imaginaos la cara de Rafa en este momento. La mía tampoco tiene desperdicio. 

    Luego está el momento en que tienes que hacer algún ejercicio de brazos con el crío. Como algunos andaban por ahí entretenidos, Rafa incluido, cambiamos niños por mancuernas. Sinceramente, mucho mejor un par de kilos que mover los brazos con los doce kilazos de Rafa. La verdad es que la clase estuvo bastante bien pero es sólo un día a la semana y me parece poco si de verdad quieres mejorar tu forma física. Y a vosotras, ¿qué os parece la idea?, ¿hacéis algo de deporte desde que sois madres?

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