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  • ¿Embarazada y bipolar? ¡Vale, un poco!

    Si el género humano ya es, de por sí y a menudo, contradictorio, las féminas en estado de “buena esperanza” nos llevamos la palma en esto de las incoherencias. Pero oye, esto es culpa de las hormonas, a ver si alguien va a pensar que tenemos algún desorden mental transitorio. Es fácil que, de repente, una comida que nos volvía locas, se convierta en un plato que rechazamos; así, sin más explicación. O lo contrario, que algo que no nos gustaba, de la noche a la mañana nos apetezca. Esto, por suerte para los que están a nuestro alrededor, ya que podríamos volver chiflado a más de uno, nos pasa generalmente sólo en el primer trimestre.

    Otro de esos sentimientos contradictorios que nos atañe es que lo mismo un día nos vemos estupendas que otro no hacemos más que echar “pestes” porque estamos gordas o hinchadas o porque este modelito nos sienta como un rayo. A mí me sucede que, en el primer trimestre me lleno de granos y me apetece hacer uso de un burka; en el segundo, tengo esa mini tripa que no es “ni chicha ni limoná” y que nadie sabe a ciencia cierta si estoy embarazada por lo que no sé muy bien si elegir ropa apretada para que se note algo o esconder para que nada se perciba. Y por el contrario, el último trimestre, tengo  la piel que es una maravilla y por fin una tripa medianamente decente que me permite lucir embarazo como Dios manda.

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    ¿Veis? Otra de esas cosas que no pensaba hacer era una sesión de fotos y ¡zas! a menos de una semana de salir de cuentas, escribí a mi primo para que me hiciera estas fotos tan bonitas.

    ¿En qué momento estoy ahora? Pues en plena discordancia; soy de esas mujeres a las que les gusta estar embarazada, me siento feliz y, por suerte, no tengo molestias (al zumba me remito 😉 ) Y físicamente me encuentro favorecida con mi barriga. Así que ahora me invade ese sentimiento de pena porque, en cuestión de horas, como mucho, de días, esta tripa ya no estará aquí. Ya no sentiré esas patadas que unas veces nos ponen de mal humor porque nos despiertan por la noche y que, otras veces, nos encantan. Sí, tengo ganas de conocer a mi hijo, muchas ganas… pero por otro lado, saber que, casi con total seguridad, esta sea mi última gestación, me da pena. Porque en los anteriores sabía que volvería a vivirlo pero ahora entiendo que esto no se volverá a repetir.

    _N6A1563Fotos de Carlos Quirós.

    Así que, al final del embarazo se vuelve a sentir un afecto contradictorio: querer conocer a tu hijo y que te dé pena decir adiós a la barriga o, en muchos casos, que te asuste lo que puede cambiar tu vida. En fin, somos un mar de incertidumbre. ¿Os habéis sentido de formas muy antagónicas durante los embarazos?

  • Síndrome del nido, ¿realidad o ficción?

    Síndrome del nido: se dice de un tipo de conducta que se produce con frecuencia en las embarazadas que consiste en incrementar el tiempo dedicado al orden y limpieza de la casa. Este tipo de comportamiento se da principalmente en el tercer trimestre del embarazo y algunos expertos explican esta conducta como una forma de afrontar la ansiedad ante la llegada del nuevo bebé. ¡Para que luego digan de las embarazadas!

    Pues oye, a pesar de ser algo muy frecuente, porque sé que a algunas les ha dado por ahí, debe ser que lo de ordenar o limpiar no me motiva nada y lo hago por obligación porque, aquí donde me veis (a tres días de FPP), aún no me ha dado por ponerme a ello más de lo normal en mí. Y si no me ha dado hasta ahora, no me va a dar por ello mañana 😉 Vale, es el tercer hijo; que ya una está en ese punto en el que empieza a darle igual encontrar unas migas de galletas en la cocina sin ir corriendo a por la escoba, o encontrarse coches en esquinas insospechadas sin que te molesten y que sigan ahí día tras día. Pero vamos, con Alfonso tampoco me pasó algo parecido.
    En otros casos, el síndrome del nido se manifiesta en tener todo listo para la criatura con cierta celeridad. Y cuando digo todo, es todo. Vamos, sé de alguna que compró pañales estando embarazada de 6 meses, o que ya tenía el carrito en casa estando de 5 meses… No me considero agorera, no soy de las que piensan que las cosas puedan ir mal si no hay motivos reales, pero hay cosas que me parecen desproporcionadas. Cuando nació Alfonso, había comprado lo imprescindible, no de todo «por si acaso». Con la cuna, el carrito, la silla reglamentaria del coche, el cambiador y algo de ropa ya me daba por satisfecha. También me habían regalado una trona, bibes, esterilizador y algún chupete, pero ni siquiera sabía antes de dar a luz si los bibes iba a usarlos o no. Luego, poco a poco, fui comprando según las necesidades del bebé porque, obviamente, fue precisando otras cosas.
    Lo cierto es que, los últimos dos fines de semana, no por el síndrome sino porque el tiempo se nos echaba encima, hemos tenido que hacer muchos recados; desde sacar la ropa de bebé de las cajas, comprar un nuevo armario en Ikea (tarea de maridín, yo lo odio) hasta cambiar el Bugaboo del modo silla al capazo. También nos ha tocado ir a comprar zapatos nuevos a Alfonso porque lo de ir con agujero ya era para detenernos, o mirar sillas gemelares de segunda mano, recuperar la minicuna que estaba en casa de mi hermano… entre otras muchas cosas. Como veis, prisa la justa. Cierto es que no es lo mismo el primer hijo que el tercero. Y a vosotras, ¿os dio por limpiar como locas antes de dar a luz?, ¿comprasteis de todo para el bebé y la mayoría casi ni lo usasteis? Por cierto, mañana empezamos nuevo sorteo, esté de parto o no 😉
  • Frases de ginecólogo en los últimos días de embarazo

    A ver cómo escribo yo sobre este tema sin que resulte chabacano. Veamos, durante todo el embarazo, todas las revisiones tienen que ver con la criatura o, a veces, con la salud general de las mamás. Hasta aquí todo normal y, por ahora, sin decir ni una sola palabra malsonante. Pero en cuanto llegan los últimos días, todo empieza a girar en torno a nuestro órgano sexual. Sí, ésa es la gran preocupación de los especialistas en ginecología: saber si aquello madura o no. De ahí esas frases tan gráficas de «estás muy verde», es decir, que aquello no prospera, o la de «ya estás borrando», que viene a ser que tu vagina (más bien cuello del útero, tengo que ponerme técnica) va preparándose para que salga el churumbel.

    A mí este asunto no me genera mucho estrés, porque la cosa puede cambiar de un día para otro, o porque, como es mi caso, no he tenido que escuchar eso de «estás muy verde». Pero sinceramente, ¡menuda presión! Que ya hayas llegado a tu FPP y oír eso no debe ayudar psicológicamente nada para que tu cuerpo avance. Y ni que pudieras hacer gran cosa para que aquello progrese. Hombre, siempre puedes animarte a subir escaleras, caminar y comer no sé qué cosas (soy un poco reacia a estas teorías de la abuela) pero lo que viene siendo pasar del verde al rojo, no debe ser fácil.

    Con Alfonso, el día antes del parto oí lo de que ya tienes esto «borrado del todo» y la verdad que anima, y mucho. Con Rafa ni lo recuerdo, pero vamos, tenía revisión el día que salía de cuentas y no llegué, por lo que la cosa (no hay forma de encontrar un sinónimo en español que no resulte vulgar), verde no debía estar 😉 Y esta vez me tocó ir el lunes, justo después de monitores, aún estaba a 10 días de la FPP y me dijo que estaba un poquito borrado (el cuello del útero) pero no mucho. Oye, ¡cuánto es capaz de detectar esta gente! Y así yo me monto mi película y creo que el peque será puntual, como sus hermanos.

    Y a vosotras, ¿qué frases os tocó escuchar sobre vuestro órgano sexual los días previos al parto? A más de una os dirían lo del verde (esto me recuerda a los brotes) y poco después estabais pariendo.

  • Monitores o cómo hacer que el crío no se inmute

    Monitores o cómo hacer que el crío no se inmute

    No falla; aunque tengas la criatura interior más agitada del mundo, que te despierta algunas noches a base de patadas y que hace que tu tripa adquiera vida propia (véase vídeo aquí porque no exagero), es llegar a la sala de monitores y el churumbel decide que es momento de relajación, que no se va a inmutar, que pasa de que le toquen las narices. Por si alguna no lo sabe, llamamos «monitores» a una prueba para evaluar el bienestar fetal cuando se aproxima la fecha probable de parto. Te tumbas en una camilla, te ponen unas correas en la panza con unos electrodos y los datos que recogen salen a través de un monitor.

    Mi tripilla sin señales de movimiento alguno.

    Así dicho es todo muy sencillo pero claro, si el crío decide que hay que cambiar de posición cada vez que intentan plantarte uno de esos electrodos mientras la matrona mueve tu mini barriga de melón como si fuese un cóctel, pues ya empiezas la prueba en modo «no estoy para esto por mucho que vaya a clases de zumba». Cuando ya consiguen detectar el latido, el crío determina acabar con la marcha. Y lo que quieren para esta prueba es que la criatura se mueva, cuanto más mejor… pero nada, no hay manera. ¡Y mira que había desayunado napolitana de chocolate!

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    Tumbadita con cara de felicidad esperando movimiento.

    Recuerdo que tanto con Alfonso como con Rafa me dieron mosto, por aquello de animar a las criaturas pero esta vez, nada de nada, porque la matrona andaba liada. Eso sí, fue salir de la sala y aquí el pequeñajo empezó con la juerga. ¡Cómo saben ellos cuándo no hay personal sanitario delante! Y cuando ella volvió 20 minutos después, encontró que su ausencia había sido muy productiva para su prueba porque, efectivamente, el enano no había parado mientras la otra chica que estaba en la sala no conseguía su objetivo.

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    Y para muestra, un botón. Así empezó y así acabó, de relajación a juerga interior.

    Eso sí, mientras esperaba para hacerme la prueba, al ver la entrada de la planta de maternidad, fui consciente por fin de que en cuestión de días me tocará estar allí y, por unos minutos, me puse nerviosa. No por el parto, porque estoy más tranquila que otra cosa, si no por conocer a mi tercer pequeño. Bueno, ¿cómo vivisteis lo de los monitores?, ¿también entraron en «modo off» vuestros churumbeles? Y perdonad por no poder responder a todos los comentarios estos días, tengo muchos temas en la cabeza para el blog y por fin estoy organizando un poco las cosas del bebé.

  • Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

    Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

    La primera vez que fui al curso de preparación al parto al Centro de Salud, hace ya algo más de cuatro años, me quedé flipada. La sesión comenzaba con un buen rato de relajación tumbadas en unas colchonetas escuchando una cinta de casette (parece que hablo de los años 90) donde una voz pausada te iba dando instrucciones sobre las distintas formas de respirar dependiendo de la intensidad de las contracciones. No penséis que fue aquello lo que me dejó alucinada, para nada.

    Yo estaba super concentrada intentando hacerme cargo de cómo serían esas contracciones cuando me di cuenta de que, a mi alrededor, varias embarazadas estaban dormidas, así, tal cual. Y pensé: vaya ovarios tienen. Lo fuerte es que, dos días después, era yo la que me quedaba sopa. Claro, eso de que te pidan que cierres los ojos, te relajes y te hablen del jadeo, de respiración profunda y demás cuando no tienes ningún tipo de dolor, pues no invita a ponerte en situación. Confieso que aquella parte de las clases no me resultaba útil en cuanto al parto, eso sí, me venía de lujo el descanso. A partir de la semana 37, empezábamos con los ensayos de la inhalación en los pujos, y ahí ya era imposible quedarse dormida porque la situación era mucho más real.

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    Si nos pusiesen a Robbie Williams en las clases estaríamos mucho más preparadas para superar el dolor del parto 😉

    Sí me resultaron muy interesantes las lecciones teóricas sobre lactancia, postparto, cuidados del bebé, etc… Lo cierto es que en el segundo embarazo ya no me apunté a las clases de preparación al parto porque con la epidural vi cristalino que la relajación en el alumbramiento era total 😉 Además, la experiencia es un grado y ya sabes cómo es el proceso en tus propias carnes. Es más, como para mí lo más duro fue el postparto, me interesé por el masaje perineal en las visitas rutinarias a la matrona. Y creo recordar que fui a dos sesiones teóricas sueltas para no olvidar algún detalle. Pero nada más. Estoy segura de que viene bien lo de repetir el curso completo pero, si trabajas o cuidas de tus otros peques, entiendo que no es necesario.

    ¿Qué estoy haciendo en este tercer embarazo? Un curso de preparación al parto on-line de Mater Training. Sí, como lo leéis; esto del blog me ha hecho meterme de lleno en el mundo cibernético y buscar información que antes se me escapaba. Poder ver todas las clases en vídeos explicativos, con todas las opciones y probabilidades de casos que se pueden dar en los partos, con un montón de consejos de profesionales de Obstetricia… y todo, tumbada en la cama, es un lujo. Vamos, para las que andáis mal de tiempo por el día, para las que por trabajo no podéis ir a todas las sesiones del Centro de Salud, para las que repetís maternidad, os lo aconsejo totalmente. O para las que queráis ver y escuchar una y otra vez algunas lecciones en concreto 😉

    Y aparte del curso on-line, estoy dándole al masaje perineal y a los ejercicios de Kegel en casa como ya os conté en otro post; además, las últimas dos semanas he ido a un par de sesiones a mi Centro de Salud sobre el hospital donde daré a luz, vamos, el mismo de siempre. Lo que ocurre es que en los últimos dos años ha habido bastantes cambios en ciertos protocolos y me interesa estar al tanto. Además, los días que he ido también a esas clases, me he quedado para recordar la respiración durante los pujos ya que, teniendo en cuenta que con Rafa no llegué  al hospital a tiempo para que me pusieran la epidural y que podría volver a darse esa circunstancia, me vendrá bien para aliviar los dolores.

    Y a vosotras, ¿os servían las clases de preparación al parto?, ¿repetisteis la segunda o tercera vez?, ¿qué os resultó verdaderamente útil?, ¿alguna ha hecho curso on-line?

  • ¿Preparar o no Baby Shower?

    Hace poco más de 4 años, sólo sabía de la existencia de las «baby showers» gracias al Hola! o a Sexo en Nueva York. No tenía ni la más remota idea de si en España se estaba empezando a poner de moda o ya estaba el festejo bien asentado. Lo cierto es que, como mis amigas aún no tenían hijos, ni me planteé organizar una reunión de este tipo. Vamos, es que ni siquiera sabía si la organizaba la propia embarazada o sus amigas. Pero tres semanas antes de dar a luz a Alfonso, un fin de semana en el que maridín estaba de casa rural en una despedida de soltero, llegué a mi casa y, por sorpresa, allí estaban algunas de mis amigas y unos cuantos paquetes. Mi cara fue como la de una niña que ve a los Reyes Magos.

    Me habían preparado una cena y me regalaron una trona que, a día de hoy, sigue intacta tras 4 años de uso ininterrumpido. Y no sólo eso, sino que además se quedaron a dormir esa noche en casa, así que fue algo parecido a una fiesta de pijamas. Sinceramente, aquello me pareció lo más y no puedo estar más que agradecida por aquel detalle así que, obviamente, comprendí que lo de las «baby showers» era todo un planazo. Dos años más tarde me volvieron a organizar una cena sorpresa en casa unos días antes de que naciese Rafa, previa colaboración con maridín para que llevase a Alfonso a dormir a casa de mis padres.

    Por entonces me regalaron un saco para la silla y hasta hicieron una tarta de pañales.

    El caso es que las organizadoras de los eventos, Ceci y Ana, no tienen hijos así que hace ya un tiempo que le dije a maridín que, si se les ocurría ponerse en contacto con él para intentar organizarme una tercera «baby shower», les dijese que ni se les pasase por la cabeza hacer ni fiesta ni regalos. Pero no, ellas son así de cabezonas y, por supuesto, tuvieron que hacerme mi festejo. Eso sí, esta vez, mucho más discreto: sólo nosotras tres, con mis peques por medio y no se quedaron a dormir. Otra vez me llenaron la mesa de comida, sobre todo de dulces (cómo saben que me pierden y que soy de las que me puedo comer 4 donuts seguidos sin pestañear), y pasamos un rato estupendo entre amigas. Además, ahora que nos vemos algo menos que cuando no tenía niños, estos momentos son impagables. ¡Gracias chicas!

    He desayunado y he merendado dulces todo el fin de semana. Y la bolsa para el carrito ¡no me puede gustar más!

    He pasado de no saber cómo eran estos festejos a vivir tres en cuatro años y ahora me declaro fan absoluta. En el fondo, es una buena excusa para juntarse con tus amigas y que, si ellas quieren, te hagan un regalo en común de algo que te puede venir muy bien, en lugar de hacerte obsequios por separado. Y a vosotras, ¿qué os parece lo de las «baby showers»?, ¿habéis organizado para alguna amiga?, ¿os han organizado la vuestra?

    Por cierto, ya tenemos ganadora del sorteo de la funda nórdica, ¡ENHORABUENA A SONIA APALATEGUI! Muchísimas gracias a las demás por participar y que haya suerte en próximos sorteos. La ganadora debe escribir un mensaje privado a través de Facebook para facilitarnos sus datos. Gracias.

     

  • Preparar la bolsa del hospital, ¿dicha o suplicio?

    Las que tenéis más de un hijo sabéis bien que no es lo mismo preparar la bolsa que hay que llevar al hospital cuando te pones de parto la primera vez que en ocasiones posteriores. Porque la primera vez, hasta a las bragas desechables les encuentras su punto mientras que, cuando preparas la maletita por segunda vez, no les ves ni el punto ni la punta, sabes de sobra que es lo más antiestético que existe. Como algunas ya sabéis, porque lo he mencionado en el blog, a esta bolsa la denomino «antilujuria».

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    Sujetador de lactancia de Primark

    Y eso que ahora algunas tiendas se han puesto las pilas y ya nos hacen sujetadores de lactancia monos. A ver, que acabemos de parir no significa que nos dé todo igual y que no nos importe nuestro aspecto físico. Vale, pasamos un poco más del tema pero yo creo que, a cualquier recién parida, le anima verse bien el careto. Vamos, yo soy de las que me pinto la raya del ojo para ir a parir, me cuesta 30 segundos hacer esa operación y, sólo con eso, ya me veo decente para que cualquier ser humano pueda mirarme a la cara. Aunque para parir, pocos van a mirarme a la cara precisamente 😉

    Bueno, que me lío y me pongo a hablar de mil cosas. El caso es que, por fin, he preparado la dichosa bolsa; ya iba siendo hora, que aquí servidora da por hecho que la puntualidad de Alfonso y Rafa se cumplirá a rajatabla con el nuevo churumbel y nunca se sabe. Y he vuelto a reencontrarme con las bragas ésas, los discos de lactancia, las compresas (aunque en el hospital te las dan)  y el Voltarén para el dolor, que ya sabéis que soy fan desde que en el primer postparto vi la luz. Ah, y por supuesto ¡la faja! que será lo menos «glamuroso» del mundo pero oye, mi matrona me dijo que estupendo, y yo me quedo plana en cuestión de días. Y para cuando esté ingresada, creo que tengo más que de sobra porque el neceser y bata los meteré ya con contracciones.

    Lo único entretenido de este momento es preparar la ropa con la que vestiré al bebé para salir del hospital. Lo bueno de que sea público es que no hay nada más que llevarle para los días del ingreso, tienen su ropa allí, más gastada que los pantalones de mi hijo Alfonso pero oye, como van tan envueltitos en mantas y demás, suficiente. ¿Preparasteis con emoción o con pánico la bolsa de vuestro bebés? La próxima semana, ¡más post sobre el parto!

  • Look embarazada otoño (IV)

    Look embarazada otoño (IV)

    Pues a falta de dos semanas para mi fecha probable de parto, os dejo otro estilismo por si a alguna embarazada le sirve o le da ideas. Insisto siempre en que ni soy una experta en moda ni a todo el mundo le sientan bien las mismas cosas pero sé que estos posts reciben muchas visitas, por lo que entiendo que, aunque sea poco, siempre tienen algo de utilidad.

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    Parka verde militar de Stradivarius de hace dos temporadas (30 euros aprox.): Llevan ya un par de años muy de moda así que es fácil encontrarlas en cualquier tienda. La mía es finita pero hay modelos de invierno total. Eso sí, depende de la talla y modelo, con barriga no abrochan pero he encontrado éste premamá en H&M por 40 euros.

    Jersey de H&M de la temporada pasada (20 euros aprox. ). Obviamente, este tipo de prenda la teneis también en todos lados.

    Como la semana pasada triunfó la bufanda de Zara, que sepáis que la que llevo en las fotos es más suave y a mí me enamoró según la vi. Es de H&M (15 euros aprox.)

    Y otra cosa que me encanta es el tema sombreros, pero para eso hay que probar. Te pueden sentar unos muy bien y otros como para que te detengan ;- ) De hecho, éste es de caballero de Zara del año pasado (12 euros aprox.)

    Botas mosqueteras: Fueron regalo de Reyes hace tres años y no recuerdo dónde las compraron. He visto esta temporada en Zara y HyM.

    Las de Zara cuestan 130 euros (izquierda). Las de H&M son de 100 euros. Que conste que en la tienda (H&M) vi unas de 50 euros que me parecieron más bonitas que éstas.

    Pues hasta ahora sigo tirando de ropa normal, es decir, de cuando no estaba embarazada. La próxima semana os dejaré un look con una prenda de invierno que creo que para las embarazadas es perfecta. Espero que os ayude.

  • ¿Por qué destrozan la ropa los niños?

    ¿Por qué destrozan la ropa los niños?

    A ver, toda la vida pensando que tener una hija era sinónimo de tener que gastarse más dinero en modelitos por aquello de que son más coquetas, y resulta que tengo una máquina de destruir ropa en casa. Vamos, que por ahora me libro de discutir con Alfonso sobre qué se pone o no porque parece que no le da mucha importancia pero de lo que no me escaqueo es de dejarme un pastizal en calzado y ropa. Mira que estaba yo contenta porque el curso pasado sólo necesitó un par de zapatos para el cole y otro par de playeros para el chándal, que acabó impoluto. Pero no sé exactamente que hace ahora que, por lo visto no hacía antes, que la cosa se ha vuelto sobrecogedora. Porque oye, los demás niños tienen sus zapatos o sus pantalones «cascaos» pero yo no he visto semejante destrozo.

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    Aspecto actual de su chándal del cole y sus playeros. No sé si servicios sociales intervendrá en algún momento 😉

    Para llegar a este punto desde septiembre, los pasos han sido los siguientes:

    1. Primera semana de colegio: Aparecen los primeros agujeros en la zona de las rodillas. ¿Solución? Ponerle rodilleras de las que se planchan.

    2. Segunda semana: las rodilleras se han despegado por lo que los agujeros se vuelven a  hacer visibles y además se han vuelto más grandes. ¿Remedio? Coger aguja e hilo y coser las rodilleras al pantalón.

    3. Tercera semana: las rodilleras se han descosido y, de paso, desgarran el chándal. ¿Conclusión? Encargar un chándal nuevo en el cole, ya que este año han cambiado el modelo y aún no está en tiendas. Pero mientras llega, el niño va de esa guisa y cualquier día me detienen. Los playeros de la imagen son los segundos de este curso. Cierto es que ni son de marca ni ná.

    Así que hoy mismo estrena unos de Adidas que compré en Decathlon, aunque sinceramente, yo ya no tengo esperanzas de ningún tipo en que vayan a sobrevivir más allá de las Navidades. Con los zapatos del cole estamos igual, que hay que comprar ya unos nuevos. Los de la marca Velilla han aguantado la mitad del curso anterior y un mes de éste nuevo, vamos, hasta octubre. He oído hablar bien de Superga y dicen también que los de Pablosky aguantan lo suyo pero baratos no son, por eso desde aquí pido colaboración.

    Así que que en éstas estamos. Que si hay que gastarse el dinero en unos zapatos o playeros, me lo gasto; visto lo visto, no queda otra. Pero lo que no quiero es gastarme los euros en marcas para acabar igual así que acepto sugerencias. ¿Alguna marca que os haya dado muy buen resultado?, ¿creéis que el zapato o playero debe estar hecho de algún material especial? porque las botas de fútbol aguantan muchísimo mejor…. Si encuentro algo que aguante el ritmo de Alfonso, que no tengo muy claro qué demonios hace para acabar por el suelo todos los días, seré la mujer más feliz del mundo. Recordad que detrás de él vienen otros dos varones  y no ha economía que mantenga esto 😉

  • Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

    Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

    Tranquilas, no os voy a narrar en el blog cada uno de los partidos de fútbol que juegue Alfonso; tengo amor de madre pero no formo parte del grupo de mamás «torturadoras» que cuentan todas las hazañas de sus hijos como si fueran sobrenaturales. Ya soy lo suficientemente pesada con el blog, pero de algo tengo que escribir. A lo que íbamos… ya sabéis cómo es el tema de «las primeras veces». Si cuando les ves gatear, o dar un paso, o aplaudir por primera vez, nos emocionamos, pues imaginaos cuando ya son hombrecitos que viven de forma totalmente consciente todo ese proceso de «la primera vez que…» y son los que se inquietan con tal acontecimiento.

    El primer partido de fútbol de tu primer hijo (y digo «primero» porque con el tercero seguramente no será igual, así de dura es la vida 😉 ) es uno de esos eventos al que no falta ningún padre; y si hace falta, se pide la tarde libre en el trabajo. Por supuesto, todo el mundo lleva el móvil o cámara para hacer fotos e, incluso, en nuestro equipo tuvimos operador de cámara que grabó el partido. Los niños ya amanecen por la mañana emocionados diciendo que van a marcar un montón de goles y están nerviosos por estrenar la equipación del cole.

    Esta primera vez nos tocó ir como visitantes. Empieza nuestro recorrido por todos los colegios de Gijón, me voy a hacer una experta con tres varones 😉

    Y aquí empieza la crónica. Comencemos con el resultado para que os hagais una idea: 8-1 a favor del equipo contrario. Quizás ellos fueran buenos pero… es que los nuestros marcaron ¡4 goles en propia puerta! Los pobrecitos no se enteraban muy bien del asunto, nos han dicho que suele pasar en los primeros partidos. Los entrenamientos los hacen en una sola portería y claro, de repente, les ponen ahí en un campo entero que para ellos es como el de Oliver y Benji, más largo que la muralla china, y lógicamente están un poco confundidos. Y menos mal que no les cambian de área en el descanso, si no aquello hubiera sido un espectáculo.

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    Con su peto de portero. Esa cara es de antes de empezar el partido.

    Alfonso jugó la primera parte de guardameta, que por lo visto se le da bien. Pero cuando tienes uno de esos niños con facilidad para la lágrima y para la risa, es decir, muy sensible, tienes un problema. Porque cuando le marcaron el tercer gol, ya lo teníamos llorando, y cuando hacía una parada, se emocionaba tanto que no se daba cuenta de que los del equipo contrario seguían atacando y maridín, que estaba al lado del poste, le avisaba para que no se despistara. Pobrecillo, que conste que le metieron cuatro goles pero hizo varias paradas.  Luego están los niños que aún no han entendido el concepto «football», es decir, balonpié. Vamos, que a alguno que otro cogía el balón con la mano para colocarlo, yo me partía. No puedo negar que los padres nos reímos mucho.

    Las hermanas de algunos compañeros de Alfonso cuidando de Rafa que, obviamente, en algún momento del partido, entraba a la pista.

    Sobre el equipo contrario, noté que se tomaban más en serio el asunto. Nuestro entrenador tiene unos 18 años y su tono de voz siempre es el mismo, y eso cuando habla. El preparador del otro grupo era ya un señor, no se puede decir que gritara a lo bestia pero, a mí personalmente, para niños de 4 años no me parecía el tono más adecuado. Y por otro lado, me extrañó que tres niños le sacaran una altura considerable a Alfonso cuando éste está en un percentil del 97% pero oye, habrá que fiarse 😉  De todas maneras, como para ellos esto es simplemente un deporte con el que divertirse, pues como si juegan contra niños de 7 años.

    Foto final después del partido. Alfonso aún no había tenido suficiente y quería seguir jugando, vamos, es que no suelta el balón. Y como veis, es de los altos del equipo.

    Y hasta aquí la crónica del primer partido; no tengo muy claro quiénes disfrutaron más, si los niños o nosotros, los padres. Lo que tampoco tengo muy nítido es cómo demonios nos vamos a apañar dentro de unos años con ¡3 varones! Rezo porque a alguno no le guste el fútbol 😉 El primer partido de vuestros hijos, sobrinos… ¿fue así de «caótico»?

  • Un pueblo al que se accede sólo por cueva

    Un pueblo al que se accede sólo por cueva

    Con esto de Halloween, tenía pendiente contaros nuestra excursión del domingo a un sitio super recomendable para las asturianas y, por supuesto, para las que vengáis de visita a esta tierra, donde os recibimos con los brazos abiertos y con auténticas joyas naturales. Si en marzo os hablaba en este post de Gulpiyuri, la playa más insólita del planeta, según el Daily Mail, hoy lo hago de un pueblo al que sólo se puede acceder a través de una cueva. Bueno, en realidad, el pueblo es lo de menos 😉 Lo increíble es entrar con el coche por una carretera cubierta por una gruta natural de 300 metros. Y veo que me enrollo y aún no os he dicho ni dónde está ni cómo se llama. El pueblo se llama Cuevas del Agua y está a 5 kilómetros de Ribadesella.

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    Obviamente, cuando terminamos de atravesar la cueva en coche, paramos (hay un pequeño sitio donde dejar unos coches) y tuvimos que hacer la ruta a pie.
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    No os podéis imaginar lo feliz que estaba Alfonso. Me parece que enseguida nos va a tocar ir a las cuevas de Tito Bustillo.

    Espero que os haya gustado la recomendación, a mí me pareció algo super curioso y además, hacía muchos años que no veía una cueva con sus estalagmitas y estalactitas 😉 Y a los peques les encantó, Alfonso estaba feliz y Rafa parecía emocionado; además, nos tocó llevarnos el fin de semana pasado a la mascota de clase de Alfonso (va de casa en casa para no quedarse sola los sábados y domingos) y el gordi estaba encantado con una excursión así. Como siempre, acepto sugerencias sobre sitios a los que ir. Eso sí, las próximas semanas no debería irme muy lejos, por si acaso 😉

  • Look embarazada otoño (III)

    Look embarazada otoño (III)

    Hoy toca post de moda, para que no os saturéis con entradas como la de ayer, que era muy larga. Os agradezco muchísimo la cantidad de comentarios que dejasteis con recomendaciones de todo tipo, ¡así da gusto! Aunque ya ha llegado el frío, el pasado fin de semana tuvimos tiempo de transición, es decir, ni frío como esta semana ni calor como el último mes, aunque sí tuvimos ratos lluvia. Así que opté por un buen jersey y botas de agua pero todavía sin abrigo.

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    Jersey de HyM de punto en color verde militar: 20 euros aprox. La verdad es que en HyM es donde más jerseis suelo encontrar, de todos los colores posibles.

    Leggins de otra temporada. Como siempre, los tenéis en casi todas las tiendas.

    Botas de agua: éstas en concreto son de The First Outlet de hace dos temporadas (25 euros aprox.) En esto, como en todo, cada una tiene sus gustos. Yo elegí éstas porque me gustan más con suela fina. Las Hunter o Igor son más camperas, bueno, y también más caras 😉

    Bufanda de Zara (17 euros aprox.): me chifla el estampado y eso de que lleve tantos colores da mucho juego. Aunque en otro post ya os enseñaré otra de H&M que aún me gusta más. En cualquier caso, bufandas estas dos últimas temporadas hay para dar y tomar 😉 Y en Stradivarius también las vi preciosas.

    La próxima semana, un look más invernal. Y no os daré más la tabarra con esto de los estilismos durante el embarazo porque enseguida estaré sin pancita 😉

  • ¿Hay que comprar algo para un segundo o tercer hijo?

    ¿Hay que comprar algo para un segundo o tercer hijo?

    Vamos a partir de la base de que siempre hay algo que comprar para un bebé; otra cosa es que, objetivamente, sea o no indispensable. Pero eso pasa con el primero, el segundo, el tercero…. El tema ropa, por ejemplo, lo tengo cubierto; ya os imagináis que, siendo los tres varones y naciendo en otoño, no necesito nada para acicalar a un recién nacido aunque eso no quiere decir que no agradezca los jerséis o cualquier detalle que me hacen las amigas o clientas de mi madre 😉 Si ahora fuera a tener una niña, confieso que tendría que comprar vestimenta, aunque tengo claro que reutilizaría por tercera vez pijamas, bodys, ranitas…

    Lo mismo me pasa con los sacos del capazo y del huevito, que están nuevos, por lo que la «supuesta» niña iría de azul, sí o sí. Aún así, es un niño, así que perfecto, se reutiliza otra vez y santas pascuas. Eso sí, los sacos de la sillita, que aún utiliza Rafa, ya están bastante más pochos, igual a los Reyes Magos hay que pedirles algo. De lo que no cabe duda es que el gasto gordo se hace con el primero (aquí el post que escribí hace meses sobre lo que compramos con el primero y que nos fue útil). Entiendo que, salvo estropicio, nadie vuelve a comprar otra cuna, otro cambiador, minicuna (o similar), trona, capazo y sillita… Vamos, si yo, que soy poco cuidadosa, llego al tercero con todo vivo, es que se puede. Así que el segundo no tiene que costar un dineral en ese sentido y con el tercero vas tirando…

    ¿Qué cosas me estoy planteando comprar ahora? Pues aunque os suene extraño, una silla gemelar. Hablo de la típica plegable para que, por ahora, usen Alfonso y Rafa y, dentro de unos meses, Rafa y el peque. Estoy mirando de segunda mano; acepto sugerencias sobre marcas y modelos, y sobre dónde comprarla. Quizás deberíamos haberla adquirido hace tiempo para sacarle más rendimiento ya que, cuando salimos de paseo con los dos, uno acaba en brazos de su padre y cualquiera de los dos deja la espalda tiesa a maridín. Es más, a veces la cosa acaba como en las fotos que veis a continuación.

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    Uno encima del otro.
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    Dormido en la silla de Rafa

    Otra de las adquisiciones que voy a hacer es un sacaleches eléctrico, y esto es sí o sí, no hay debate. Ya pasé por el manual y aquello es un auténtico tostón, y con otros dos pequeños merodeando la cosa no se puede alargar mucho en el tiempo. Además, esta semana me tocó ir al entrenamiento de Alfonso por primera vez con un frío del demonio y no, lo de ponerme a sacar la pechera con semejantes temperaturas en partidos y entrenamientos como que no. He oído hablar muy bien del de Medela pero seguro que hay otras marcas interesantes; si tenéis experiencia con alguna en concreto, espero vuestros comentarios.

    Y luego están pequeñas cosas, como es el caso de los chupetes, así que tengo que hacer el encargo ya (soy un desastre, aún no he sacado la ropa de bebé ni he preparadao la bolsa para el hospital). Los chupetes me gustan con el nombre y así no hay confusiones en casa, aunque Rafa sólo lo utiliza para dormir. Pero oye, si al final el precio es parecido, al menos los tienes con el nombre del crío, que a mí esto de la personalización me encanta 😉 Me he dado cuenta de que también necesito el típico cepillo de pelo de bebé porque es verdad que esos acaban destrozados aunque tus hijos sean calvetes. Y como capricho, por aquello de que llevo 4 años viendo mi Bugaboo tal cual, es personalizar la capota así que si se os ocurre un sitio bueno, bonito y, sobre todo, barato, pues me lo comunicáis 😉

    Y ya de paso, como es de bien nacidos ser agradecidos, desde aquí doy las gracias a aquellas marcas que me han dado algún detallito para el peque. Sabéis que no vivo del blog y que, si me ofrecen cosas, las sorteo para vosotras, salvo cuando quieren que pruebe algo en concreto. Pero como suelen quedarse muy contentos con los sorteos y el blog lleva ya unos meses superando las 1000 visitas diarias, pues a veces tienen un detalle conmigo. Y yo lo agradezco mucho, que dedico a esta bitácora muchas horas.

    Y vosotras, ¿qué adquisiciones hicisteis cuando llegó el segundo o tercer churumbel?, ¿pudisteis aprovecharlo todo?, ¿alguna cosa que se me pase por alto?

  • Madres fiesteras

    Madres fiesteras

    Pues no, el título del post no va por las madres que salen de marcha; va por aquellas que son capaces de llamar la atención de cualquier niño. Soy una de esas mujeres con instinto maternal desde que era una cría pero no, no sé entretener a los niños. Les adoro, me encanta mirarles, abrazarles, escucharles, quererles pero… no tengo creatividad ni paciencia suficiente para distraerles. Cuando tengo que pasar unas horas seguidas con ellos en casa, empiezo a sacar juguetes y no soy capaz de darles un uso distinto al que tienen. Por eso, veo a mi padre, que es experto en retener a mis peques durante horas sin que pestañeen, y muero de envidia.

    El viernes tuvimos fiesta de Halloween en la urbanización, donde hacemos mucha vida. Vale, quizás es que es una celebración que no acaba de convencerme, no tanto porque hasta hace poco no hubiera tradición de celebrarla en nuestro país, sino más bien porque no le encuentro la gracia a todo lo relacionado con los muertos y la estética de la fiesta en sí. Si a eso le sumas que mi hijo Alfonso tiene verdadero pavor a algunos disfraces y que el año pasado se pasó medio festejo llorando, pues se entiende que no hiciera gran cosa por el evento en cuestión.

    Alfonso, debajo de la mesa de ping-pong al ver a un padre con disfraz de Scary. La verdad es que da un poco de mal rollo.
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    Superado el trance inicial, pudo disfrutar de la fiesta y la verdad que hasta las 10 de la noche no paró de comer, bailar… Como véis, lo único característico de Halloween es un murciélago en la cabeza que hizo en el cole.

    Reconozco, además, que soy poco detallista para decoración y preparación de juegos, bien sea para cumples u otros acontecimientos; me sacas del juego del pañuelo, de unas guirnaldas o globos y poco más. Mientras tanto, otras madres se pegan unas curradas con estos asuntos que me dejan tiesa y, sinceramente, las admiro. Se disfrazan para la ocasión, cocinan toda la tarde con la estética del festejo y además, preparan no sé cuántos juegos e hinchan 200 globos, y no las ves agobiadas con 20 niños a los que amenizar. Y claro, yo me doy cuenta de que tengo poco de flautista de Hamelín.

    Madres que se sientan en el césped para contar historias de miedo a un montón de niños Yo no me sé ni una… Madres que hacen semejantes postres… Y después de juegos de todo tipo, hasta piñata.

    De cualquier manera, me he prometido a mí misma, y además Alfonso ya ha superado el trauma, que el año que viene los niños irán disfrazados. Bien que no me guste mucho lo de Halloween pero cierto es que en nuestra época no sabíamos ni lo que era y ellos en los coles y guarderías ya conocen de qué se trata, así que hay que asumirlo como una nueva tradición. Ahora, ya os digo que en Navidad, en este sentido, me transformo un poco. Ahí sí que, el tener hijos, me motiva a poner el árbol, montar el Belén, ir a ver la iluminación de las calles… Vosotras, ¿sois madres fiesteras?, ¿capaces de hechizar a cualquier niño con vuestra creatividad?

  • Varices, estrías y retención en el embarazo, ¿una lotería?

    Varices, estrías y retención en el embarazo, ¿una lotería?

    Siento empezar el post con esta sinceridad abrumadora pero la genética es la genética y eso no hay quien lo cambie. Vale, no os lancéis a mi yugular, dejadme que me explique. A ver, imaginaos que me paso varios meses viviendo con Giselle Bundchen en Brasil, comiendo lo mismo que ella, practicando idénticos ejercicios y haciéndome los mismos tratamientos de belleza. Efectivamente, volvería divina de la muerte pero, no nos engañemos, a mí nadie me iba a pagar varios millones por pasearme con sus modelitos ni me requerirían para la portada de una revista. Ni tengo el largo de sus piernas, ni la estrechez de sus caderas, ni los pechos perfectos, ni esa cara tan maravillosa.

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    Bueno, pues es un ejemplo de que cuando tu genética es propensa a algo, no te libra ni el apuntador. Puedes mitigar efectos, retardarlos pero la vida es dura y los efectos secundarios del embarazo también 😉 Engordé 18 kilazos en la gestación de Alfonso, no moví el trasero y no me cuidé (mal hecho, lo asumo) y nada, ni estrías, ni varices, ni retención ni nada. Resulta que llega el segundo embarazo, en el que no paro porque ya tengo un peque al que paseo 3 horas diarias, y además sólo cojo 9 kilos y… ¡variz al canto! Pregunto al gine y me recomienda Trombocid, lo echo y nada, sigue igual. Pero como no me molesta, paso del tema. De las estrías y retención de líquidos me libro nuevamente.

    Tercer embarazo: ya en el primer trimestre hace su aparición la famosa variz pero multiplicada por dos. Vuelvo a preguntar a otro gine y me recomienda Daflón, unas pastillas para mejorar la circulación; no noto cambios. En la farmacia me recomiendan una pomada, que sí, que refresca, pero tampoco percibo progresos. El problema de la variz en este embarazo es que hace que mi pierna derecha esté más cansada que la izquierda y sinceramente, lo único que he notado que hace que mejore son las medias de compresión, pero claro, con estos calores cualquiera se las pone; aún así, lo hago cuando voy al gimnasio. Y la próxima semana parece que llega el frío, así que incorporaré la dichosa media a mi vida, aunque ya sea por poco tiempo. Ojo con las varices porque pueden ser serias, así que si duelen o se hinchan de forma excesiva, hay que acudir al médico. Eso sí, lo bueno de las varices que salen durante el embarazo es que mejoran muchísimo cuando das a luz, es el consuelo que tenemos 😉

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    Me gasté el dinero y no noté gran cosa.

    En cuanto a las estrías, me sigo librando. Y no, no me he gastado el dineral de turno en cremas, uso una hidratante del Mercadona y voy que chuto. Durante mi juventud tuve variaciones de peso por distintos motivos y jamás me salió una, y si no me salen después de tres embarazos, es que mis genes no tienen predisposición a ellas. Pero vamos, que creo que en el caso de las estrías, una buena hidratación puede mejorar mucho sus efectos así que creo supongo que merece la pena dedicar tiempo a echarse cremas. Eso sí, una vez que salen, la cosa es difícil de arreglar, salvo las que aún son rojizas. Sobre la retención, lo sé, es un engorro mientras estás embarazada pero sabes que es algo temporal. Yo no he pasado por eso y sé por amigas que es muy incómodo, a la vez que un incordio para el calzado.

    En cualquier caso, se trata de problemas comunes y, en la mayoría de los casos, simplemente estéticos aunque también conozco casos en los que las varices o la retención necesitaron cuidados médicos especiales. Vosotras, ¿tuvisteis suerte y pudisteis evitar estas complicaciones?, ¿qué os ayudó a disminuir sus efectos?, ¿creéis que la genética manda?

  • Deporte y embarazo: ¿zumba, natación, pilates, yoga?

    Tengo una relación de amor-odio con el deporte. Bueno, más bien de lo segundo; esto es culpa de los genes de mi madre porque, en mi familia, mi padre ha hecho y hace ejercicio a diario, y no hace mucho que seguía jugando partidos de fútbol sin importarle sus operaciones de menisco. Y para más inri, mis hermanos se dedican a apuntarse a todas las carreras y triatlones que pueden. Mientras tanto, mi madre dice que tiene que hacer ejercicio pero resulta que le parece incómodo el sillín de la bici 😉 Y así soy yo, que enseguida busco una excusa para no mover el trasero.

    Tengo momentos en los que me mentalizo y soy consciente de la importancia del ejercicio; el caso es que si esa reflexión me pilla en un momento en que tengo algo de tiempo, me lanzo y me apunto a un gimnasio o salgo a correr; lo malo es que, de media, esas venas me duran a mí tres meses, y da gracias. ¿Qué pasó por mi mente en septiembre cuando, después de 4 años pegada a uno o dos niños, vi que tenía dos meses con las mañanitas para mí sola? Pues blanco y en botella: deporte. Eso sí, como admito que apuntarse al gimnasio el último trimestre de embarazo no es lo habitual, me inscribí en uno con piscina y con clases de todo tipo con la idea de nadar e ir a Pilates.

    Y así empecé septiembre, suavecito, con mis clases de aqua gym, que son estupendas gracias a la ingravidez. A la vez, me animé con Pilates, que dicen que es muy bueno para las embarazadas. Y con la ventaja de que te pasas parte de la clase tumbada, aunque no quiere decir que no sudes. Probé la clase de yoga: error. Una madre de dos niños pequeños y embarazada es carne de cañón y corre el riesgo de quedarse dormida en plena relajación. Además, la flexibilidad no es mi fuerte. Qué va, yo necesito un poco de marcha para no acabar abandonando.

    Descarté al principio el tema zumba pero cada vez que veía una clase moría por entrar a bailar. Y oye, vi que allí se adentraba una señora de unos 80 años, de la que me declaro fan absoluta, y me dije: inténtalo, tiempo tienes para salir de la sala. Y entré, y ahora ya no salgo. A mí es que bailar es lo que me ha gustado toda la vida, y claro, me pones merengue, salsa y reggeaton y se me van los pies solos.

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    Ni a Shakira le sale el giro estando embarazada 😉

    Así que ahí estoy, dándole al baile. Eso sí, no hay nada con menos glamour que una embarazada haciendo un giro de caderas 😉 Y como os podéis imaginar, el embarazo es motivo de preguntas varias de las allí presentes. Esta semana ya estoy bajando el ritmo porque el cuerpo lo va pidiendo; si ya digo yo que no hay nada como las señales de tu propio organismo. El ejercicio es buenísimo durante el embarazo siempre que no haya contraindicaciones médicas. Y vosotras, ¿practicabais algún deporte durante la gestación?

  • Rabietas: qué he aprendido

    Rabietas: qué he aprendido

    Hace unos días tuve una conversación con una mamá que estaba pasándolo bastante mal con los berrinches de su niña. Nos confesamos, mutuamente, que en alguna ocasión, aquello nos hacía derramar lágrimas. No es fácil enfrentarse a la pataleta de un niño o bebé. Es cierto que ellos lo pasan mal pero, ¿y nosotros, los padres? La primera vez que tuve que hacer frente a una rabieta fue hace más o menos un año, cuando Alfonso empezó el colegio y estaba a punto de cumplir tres años.

    Y aún así, no me puedo quejar porque estoy hablando de un niño, no de un bebé, que ya había pasado por otro evento importante en su vida: la llegada de un hermano un año antes. Pero oye, era tan sumamente bueno, que la presencia de Rafa no le afectó negativamente y tenía un carácter que daba gusto. Las rabietas duraron un mes y reconozco que para mí fue duro, perdí los nervios en más de una ocasión y acababa a grito pelao o lanzando un zapato al aire cuando se negaba a que le vistiera. Aquello se le pasó de la noche a la mañana y aprendí que chillar no servía de nada.

    Con Rafa, esto de las rabietas, lo he vivido mucho antes; desde que tenía año y medio ha tenido algún que otro berrinche pero, al ser de forma ocasional, no le das importancia y lo «soportas». Lo malo es cuando entran en una etapa en la que esto sucede a diario, en cualquier momento y, en muchas ocasiones, no tienen una causa aparente que lo justifique. De repente, el crío te monta un pollo porque no quiere que los cojines estén en un sitio o porque quiere tirar la sillita al suelo. Intentas dialogar, le abrazas, le ofreces algo que le guste, un juguete, una galleta, yogur, lo que sea para que intente distraerse…pero da igual, el niño está fuera de sí y además, no sólo llora, sino que se agarra a tus piernas para que no puedas moverte. Y claro, el día que se pasa así una hora de reloj, sin exagerar, acabas por gritarle e intentas despegarle de tus piernas con un zarandeo. Y no, no es eso lo que quiero porque, cuando se me pasa el estrés de ese trago, me siento mal conmigo misma.

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    Y si encima las rabietas van acompañadas de despertares nocturnos o de que el niño o bebé, que siempre ha comido como un elefante, se niegue a zampar, pues la situación puede llegar a superarte. Eso es lo que nos ha pasado las últimas semanas con Rafa y reconozco que me he sentido abrumada nuevamente. Todo a la vez acaba haciendo mella y esas situaciones generan mucho estrés. Personalmente, asocio esta etapa con el comienzo de la guardería, quizás porque Alfonso vivió una etapa similar al empezar el cole, lo cual demuestra que, a mis hijos, lo de la adaptación les cuesta lo suyo. Hay quien dice que es por la inminente llegada de un nuevo hermanito pero yo creo que no es del todo consciente de eso.

    De cualquier manera, después de un etapa así se quedan como la seda. Yo ayer mismo alucinaba viendo a Rafa sin intentar quitarle el balón a su hermano, o de repente me abrazaba y daba besos en la barriga diciéndome «te quiero». Llevamos dos días de paz y confío en que la mala racha haya pasado. ¿Qué sentís en plena rabieta de vuestros hijos?, ¿cómo actuáis?, ¿alguna vez la situación os ha hecho perder los nervios?

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