Creo que no hago ningún descubrimiento al comentar que los niños y bebés sienten una atracción irrefrenable por el agua. Esto es así casi desde que nacen pero, cuando comienza el gateo, se adentran de lleno en el ¿maravilloso? mundo acuático a través de elementos como el bidé (por suerte, en mi casa no hay pero sí en la de mis padres), el váter, la ducha… todo acompañado por la escobilla, que más de una vez me he encontrado en algún armario de ropa. Realmente creo que voy a suprimir esta pieza tan poco elegante de mi hogar. Sí, madres del mundo, el baño es un lugar de búsquedas y exploraciones sin fin. Pero la cosa no acaba ahí.
Con una escobilla así, ¿creéis que dejarían de cogerla? Por cierto, qué cosa más horrorosa.
Yo ya lo sé. Cuando voy a buscar a Alfonso y a Rafa cada tarde al cole y guardería, si sus profes ponen cara de que algo ha pasado, tengo claro que la escena del «crimen» ha tenido lugar en el aseo. Tampoco es que mis hijos sean unos gamberros pero, como todo niño, hay algún día en el que están inspirados. La primera vez que castigaron a Alfonso en el colegio fue hace más de un año, os lo conté en un post. Había entrado en el baño de las niñas para asustarlas. Con las féminas no ha reincidido, es más, ahora mismo le parecen un rollo porque no juegan al fútbol. Ya cambiará de opinión dentro de unos años.
Sin embargo, el baño y el agua le motivan mucho más y la última vez que su profe mecomentó algo sobre su comportamiento fue tras un episodio que tenía que ver con un váter y una toalla; no puedo aportar muchos más datos porque fue el niño el que me explicó el suceso 😉 A posteriori supe que el autor material de los hechos fue uno de sus amigos y Alfonso fue testigo presencial, pero no instigador. Pero el caso es que ahí estaba, en medio. Bueno, en realidad, según él, estaba haciendo caca y fijaos que me lo creo porque es un proceso al que dedica un tiempo considerable.
Estas imágenes de Rafa atrincherándose en el baño y dándose una ducha motu proprio con el pijama puesto son una prueba más de lo mucho que les gusta indagar con el fluido transparente.
Esto de los baños les gusta mucho a todos. La primera vez que Rafa necesitó utilizar la ropa de repuesto que tiene en la guarde fue hace un par de semanas y no se debió a escapes del pañal de esos que todas sabemos. No sé cómo, en unos segundos, abrió un grifo y se empapó de arriba abajo, desde el pelo hasta los playeros. Y ya de paso, creo que hubo algún daño colateral en la ropa de otros compañeros. En la escuela infantil de Rafa utilizan el método Montessori, por lo que los niños tienen cierta libertad para hacer cosas y el crío debió pensar que oye, la cosa estaba ese día aburrida. En fin, no sé por qué me da que las anécdotas van a ser interminables. Aún me acuerdo cuando de adolescentes nos escondíamos para fumar un pitillo en los baños del colegio. Bueno, yo no fumaba pero ahí estaba, en modo acompañante porque siempre era más entretenido eso que hacer lo correcto. Ojo, que yo luego era buena estudiante 😉 ¿Qué?, ¿vuestros peques también la lían parda en los baños?
Muchos padres nos preguntamos a qué edad pueden empezar los peques a hacer determinadas actividades o acudir a ciertos eventos. Una de esas cosas que nos apetece muchísimo es llevarles al cine por primera vez aunque suele ocurrir que siempre lo hacemos antes de tiempo. Que sí, que puede que el peque se divierta un rato pero retener la atención de un niño a edades tempranas durante más de una hora es complicado, y pedirles que no se muevan más allá de un radio de metro cuadrado ya es misión de alto riesgo. Yo llegué a la conclusión de que a partir de los 4 años comienza a ser un buen momento para llevarles al cine.
Este fin de semana fuimos con los peques al Auditorio del Centro Niemeyer de Avilés a disfrutar de música en directo: Petit Pop en Silenciópolis (último día para el sorteo del disco-libro aquí). Sobra decir que este tipo de eventos les gusta más que lo del cine. Básicamente porque los niños pueden interactuar cantando, bailando, aplaudiendo, saltando. Y os juro que en el teatro había niños super entregados dándolo todo. No sabría deciros cuál es la edad recomendada para comenzar a ir pero creo que esa decisión va a depender mucho del espectáculo. Bueno, ya os puedo adelantar que los 5 meses de Gabriel son una etapa prematura para esto pero es que este niño es lo más parecido a un santo y allí estuvo, observando tan tranquilo. Él ya debe tener claro que vamos en tropel a todas partes y eso incluye entrenamientos y partidos de Alfonso, natación de Rafa, las excursiones a la montaña… ¡es un todoterreno feliz!
Tanto Alfonso como Rafa estuvieron ensimismados durante toda la actuación y escuchando el cuento sin perder detalle pero, como no se sabían las canciones, lo de cantar y bailar no pudo ser. Teníamos que haber comprado el disco-libro antes para escucharlo los días previos y así ir más a tono. Esto me pasa a mí cuando voy a un concierto de Bon Jovi y no me sé algunas de las canciones de los últimos discos, que por mucho que quiera inventarme la letra, pues no cuela y me quedo con las ganas. Así que mi recomendación es que, si vais a un evento de este tipo, sea para ver algo con los que los peques estén muy familiarizados, así interactuarán más.
Y otra cosa a tener en cuenta es la duración. Cuanto más pequeños, menos tiempo debe durar la actuación. A un niño de 8 años le puedes tener dos horas cantando lo que le gusta, pero a uno de 4 o 2 años, es mejor no pasar de la hora. Y la hora de la siesta es también un factor a tener en cuenta 😉 Para mí estas cuestiones que os he mencionado son claves si queréis llevarles a un acontecimiento de estas características. ¿Ya habéis llevado a los peques al teatro o algún concierto?, ¿con qué edad?, ¿fue un acierto?
Si pensáis que voy a resolver este enigma es que no me conocéis bien. Si alguien se atreve a responderme a esta pregunta ¡gallifante! Vamos, que sí, que soy yo muy clarita hablando y contando cosas pero no, en esto no me mojo. Básicamente porque es como si me pusieran delante un Goya, un Picasso y un Velázquez; no sabría con cuál quedarme aunque me «tira» mucho el último, así como me atrae más la playa que la montaña. Pero vamos al lío, que hace ya más de un mes que no os cuento nada de parajes que merecen la pena por estos lares (que son casi todos) y sé que muchas, básicamente las asturianas, lo agradecéis. Y para las que sois de fuera, así os doy un argumento más para venir por aquí.
Este puente estuvimos de casa rural con unos amigos de maridín, qué raro que nosotros hagamos este plan, ¿verdad? 😉 Y cada vez que estamos en contacto con la naturaleza ratifico mi teoría de que no hay nada mejor para ellos, ni para nosotros. Ellos descargan energía y los padres la cogemos, es como un intercambio. Ellos desfogan, nosotros nos relajamos sabiendo que no hay que preocuparse por las manchas, ni porque derramen nada, ni que algo se rompa… porque verdaderamente, ir de tiendas o comer en un restaurante, por ejemplo, son labores de alto riesgo que te dejan extenuada. Pero como siempre, me estoy enrollando así que os dejo las fotos y os cuento.
Nos alojamos en una preciosa casa rural en Cadavedo, un pequeño pueblo entre Luarca y Cudillero, de unos 10 kilómetros cuadrados de extensión con poco más de 500 habitantes.
Allí es imprescindible visitar la ermita de la Virgen de La Regalina y su entorno, posiblemente el mejor mirador de la costa occidental asturiana.
Las vistas son espectaculares. Y con la tranquilidad de que es una zona amplia y con vallas. No podéis perder de vista a los niños pero no hay zonas peligrosas como accesos a los acantilados.
Se puede dejar el coche a pocos metros y dar un paseo tranquilamente. Fácil acceso con carritos y sillas.
Difícilmente vais a encontrar un entorno tan bonito para haceros una foto. Por cierto, mi hijo mediano empieza a necesitar un corte de pelo 😉
Pues hasta aquí nuestra última salida por Asturias, una de tantas que hacemos. Espero que os sirvan este tipo de posts, me consta que en general os vienen bien ya que muchas de las que leéis el blog sois de esta tierra.
Pues si me costó Dios y ayuda escribir el post sobre lo que supone el gasto económico de un bebé, no os podéis imaginar lo difícil que es exponer ahora el coste de un niño. Eso sí, la conclusión es la misma que en la primera parte: un hijo cuesta, más o menos, lo que quieras. Cuando se tiene un retoño, se renuncia antes a cosas o aspectos no materiales que a dinero, que también. Eso es lo que hay que tener claro desde el principio. Y dicho esto, vamos allá que el asunto tiene chicha.
Empezamos por un gasto ineludible: el colegio. Cierto es que la escolarización en España no es obligatoria hasta Primaria pero la mayoría de niños, creo que en torno al 97%, comienza a ir a la escuela en Educación Infantil. En esto de los colegios tenemos precios para todos los gustos. Están, por un lado, los públicos en los que no se paga nada (me refiero a cuota, luego entramos en más detalles). Por otro lado, están los colegios concertados que tienen un cupo (en principio, no obligatorio pero que casi todo el mundo paga) que varía en función del centro. Conozco quienes pagan 50 euros por trimestre, es decir, menos de 20 euros al mes y en nuestro caso, pagamos un poco más, pero muy poco. Creí que eso era lo habitual (ya me diréis vosotras porque tengo cierta curiosidad en este tema) hasta que en un post de Planeando Ser Padres sobre este asunto, hablaba de que en Cataluña había concertados donde las cuotas eran de ¡180 euros!, lo cual me parece excesivo teniendo en cuenta que están subvencionados.
Y por último, están los colegios privados y ahí sí que el abanico de precios es muy variado y además ando un poco perdida porque es algo que no barajamos en ningún momento si queríamos tener familia numerosa. Pero lo que sí sé es que las cuotas mensuales más baratas rondan los 300 euros y, por lo visto, en Madrid hay un colegio en el que se pagan unos 1600 euros al mes. Vamos, que depende del cole puedes no gastar nada a dejarte al año más de 10.000 euros, aunque entiendo que esto no es lo habitual. A esto puedes añadir transporte y comedor. Si el cole te queda cerca de casa, eso que te ahorras. Nosotros, aunque tengamos la escuela cerca, decidimos que Alfonso se quedase a comer en el colegio. Y por lo visto, justo Asturias es una de las comunidades donde más barato sale el menú escolar. Vamos, que hay comunidades donde pagas 70 euros y otras más del doble. Como siempre, Spain is different.
Ahora, ya os digo que, si el niño iba a una guardería antes de empezar el cole, lo más probable es que os salga más barato (optando por cole público o concertado). La cuota del colegio de Alfonso, más el comedor, más la actividad extraescolar y el material escolar nos cuesta cada mes menos que la guardería de Rafa, y eso que es «económica». Luego está la ropa que lleven al centro. Alfonso va con el mismo uniforme que el del año pasado (recomiendo pantalones cortos 😉 ) y está perfecto. De hecho, lo usará Rafa. Del chándal del cole no puedo decir lo mismo, ya llevamos dos este curso. Además, en muchos colegios en los que se usa uniforme existen los roperos donde los padres ceden prendas que están en buen estado para que otros podamos comprar «de segunda mano». Sin ir más lejos, el otro día le cogí un jersey a Alfonso para el curso que viene por ¡¡¡2 euros!!!.
El gasto en general en ropa para niños yo creo que es más bajo que en bebés. Primero, porque la indumentaria les dura toda la temporada (ya no crecen a las velocidades de etapas anteriores) y segundo, porque la ropa de bebé suele ser más cara. Aunque por contra, también destrozan más. Pero aquí, como en todo, depende de las marcas y de la cantidad de ropa que compréis. Eso sí, en calzado se gasta mucho más, dónde va a parar 😉
El gasto en actividades extraescolares varía en función de cuántas y cuáles elijas. Las clases de inglés, música o ballet, por poner un ejemplo, suelen ser más caras que los deportes. Nosotros ahora pagamos poco más de 15 euros al mes por el fútbol, vamos, que es bien barato. Y la natación, fuera del cole, parecido. Por ahora, no queremos apuntarle a nada más que a lo que realmente le apetezca. Ya hemos visto a niños de su edad que han dejado algunas extraescolares a mitad de curso porque iban protestando. En cuanto al material escolar, ese gasto aumenta cada curso pero ya os digo, eso sí, que en Educación Infantil no se hereda nada porque, más que libros, tienen cuadernos y fichas. Y calculad unos 100 euros a principio de curso.
Y creo que poco más que añadir. Obviamente, si trabajáis hasta tarde, es probable que quizás necesitéis pagar a alguien unas horas para que esté con los niños. Y podríamos seguir sumando en función de necesidades, como «colocar» a los niños durante sus vacaciones escolares en campamentos, o en función de gustos, como puede ser viajar. Y si nos ponemos estrictos, podríamos calcular lo que supone una hipoteca de una casa de varias habitaciones comparada con una para una pareja pero eso ya es rizar el rizo. Hay muchas cuestiones que son prescindibles, pero vestir, alimentar y educar es inapelable y tiene un coste. Eso sí, cada familia hace sus números. ¿Os parece caro o barato tener un hijo?
Me gusta mucho escuchar música. Cuando me ducho, cuando conduzco, cuando limpio… siempre que puedo. Por supuesto, tengo mis preferencias y si una canción me llega, puedo oírla una y otra vez durante una larga temporada. En esto, el que ha salido a mí es Rafa. Llevamos un mes cantando el Señor Don Gato y lo tengo hasta en la sopa pero claro, cómo le voy a decir yo que lo deje cuando, de repente, me ve en plan flipada cantando por casa a Bon Jovi. La última vez que el gordi observó la escena fue esta semana y me preguntó que porqué hacía eso. Fría me quedé, empieza ya a sentir vergüenza ajena 😉 Alfonso es menos cantarín pero oye, también se entusiasma más de la cuenta con Bon Jovi; es lo que tiene haberle llevado en el vientre a un concierto del grupo.
Bueno, el caso es que siempre que pongo música en el ordenador tengo que estar controlando porque como les deje tocar el invento, me lo estropean fijo. Sin embargo, no se me pasó por la cabeza comprarles nada para escuchar canciones por la misma razón, porque lo que tocan es susceptible de irse al garete. Hasta que descubrí un artilugio que les tiene enganchados y pueden tocarlo, tirarlo, encenderlo, cambiar de canción… cuando quieran sin tener que estar yo detrás de ellos ni agobiada porque se lo carguen. Es un mp3 para niños, en realidad es el único que existe exclusivamente para ellos. Se llama Ocarina.
Es super sencillo de usar porque solo tiene cuatro botones. Os juro que no se rompe y mi cuñada puede dar fe porque el fin de semana se lo dejé a mis sobrino de 11 meses y no paró de trajinar con él con sus correspondientes impactos. Lo conectas al ordenador y pasas las canciones o cuentos que te apetezca y le das el aparato al niño y puede bregar con él por cualquier lado. Mira que soy muy reacia a la tecnología para niños, en esta casa entre semana ni se enciende la tv y por ahora, ni tablets ni nada. Pero esto es como el típico cassette que teníamos de pequeños salvo que mucho más práctico, más resistente, más ligero.. hasta Gabriel puede agarrarlo.
Cantar lo hace bien pero el baile no es lo suyo 😉
Estoy muy contenta con esta adquisición. Y más cuando tengo un niño (sí, Rafa, el de siempre 😉 ) al que no le gustan nada los dibujos animados y no consigo retenerle sentado más de dos minutos con nada. Por eso vi la luz al observar que con el mp3 está más contento que chupito. Y para que no me ponga la cabeza como un bombo, he metido, como quien no quiere la cosa, un par de cancioncillas de Bon Jovi. Además, para las que queráis que los peques os tengan muy presentes cuando no esteis con ellos, también podeis grabaros a vosotras, o a quien queráis, vamos. ¿Os gusta?
He vivido toda mi vida en la ciudad y me gusta. Sin embargo, me he criado al aire libre. Creo que, al ser cuatro hermanos seguidos (tres varones), necesitábamos una vía de escape y mis padres la encontraron en la naturaleza, en lugares donde poder correr, lanzar piedras, trepar árboles, coger palos, mojarnos… Además, mi padre, por entonces, era pescador de río y mi madre una aficionada a la playa así que raro era el fin de semana que nos quedábamos en la ciudad. Por no hablar de las horas que pasábamos en la casa de prao de mis abuelos, donde hay infinidad de árboles en los que construir guaridas, colgarse… podíamos pasar tardes sin necesitar ningún juguete ni a ningún adulto.
Pasar tanto tiempo en el río me permite distinguir sus truchas de las de piscifactoria. Vale, no sirve de gran cosa pero el saber no ocupa lugar 😉 Y sí, la de los rizos soy yo de niña.
Todo esto ha hecho que, para mí, sea una necesidad salir de casa con los peques; los techos no están hechos para esta servidora. También es cierto que tengo poca imaginación para entretener a los niños y sé que estando en la montaña, en la playa, en el río… ellos encontrarán allí el mejor pasatiempo. Y además, es gratis. ¿Porqué os cuento esto? Pues señores, ya tenemos nuevo entretenimiento: un huerto. Sí, mi padre ha decidido plantar lechugas y tomates en el jardín. Así que, entre éste y el que hay en el cole de Alfonso, estos críos se van a hacer expertos en cultivo.
Resulta que tengo un padre hiperactivo, física y mentalmente. Porque ya me diréis qué persona, siendo Catedrático de Ingeniería Mecánica (Doctorado y Cátedra que se sacó trabajando y ya con cuatro criaturas), se apunta a la UNED para estudiar Arte después de jubilarse. Ya ni hablo de las decenas de cosas que hace cada día. Y como no puede parar de pensar y de hacer y deshacer, decidió montar un huerto en casa. Claro que, yo encantada. Porque resulta que tiene un montón de ventajas para los niños:
1. Relaja: a Rafa le viene de lujo cualquier tipo de relajación 😉 Que conste que lleva una temporada como la seda.
2. Les hace observar y tener paciencia: esto a Alfonso le va a sentar muy bien porque el crío es muy inteligente para memorizar pero vive en un continuo despiste en cuanto a contemplación de lo que pasa a su alrededor.
3. Entienden que de la naturaleza vienen muchas cosas que comemos: porque claro, ellos piensan que los tomates, la leche y demás alimentos salen del supermercado.
Vamos, que el contacto con la naturaleza sólo trae ventajas. Eso sí, deja secuelas en la ropa pero oye, lo que sea con tal de que troten y campen a sus anchas. Soy de las que cree que los niños tienen que aprender a divertirse solos. Está muy bien eso de jugar, compartir tareas y labores con ellos pero parece que hoy en día hay que ocupar todas sus horas con todo tipo de actividades para estimularles cuando realmente lo único que se consigue es que todo les aburra. Señoras, los grandes genios eran autodidactas y muchos de sus descubrimientos los hicieron observando el comportamiento de la naturaleza. Que se lo digan a Newton, ¿o no?
En mi casa no somos precisamente discretos en esto del habla. El mayor ha salido a maridín, los dos hablan por los codos con cualquiera y se detienen a contar cada detalle de un acontecimiento. En esto, Alfonso se lleva la palma; como quiera contarte algo con pelos y señales, ponte a temblar porque se tira diez minutos de reloj para narrarte una jugada de fútbol del recreo del cole. Mientras tanto, el mediano y yo somos muy charlatanes pero a la vez selectivos, en cuanto a la gente a la que soltar el rollo y en cuanto al vocabulario, que ahí no escatimamos. En el post de hoy me voy a detener en el tema de Rafa porque es absolutamente asombroso y, por supuesto, divertido.
Justo hace dos años que escribí un post sobre cómo hablaba Alfonso y me he dado cuenta de que su hermano mediano le da mil vueltas con la misma edad. ¡Ojo! cada niño a su ritmo pero oye, ahora lo que estoy viviendo es la experiencia de un crío que, con dos años y cinco meses, se expresa con la misma facilidad que un niño de 4 años (eso sí, con quien le da la gana). Dicen que entre las edades de dos y tres años, el vocabulario de un niño aumentará hasta las trescientas palabras (insisto, cada uno a su ritmo) y os aseguro que el gordi hace ya tiempo que es capaz de referirse prácticamente a cualquier cosa. Ya le sorprendió a la pediatra en la revisión de los dos años y ya nos lo dicen en la guardería. Pero vamos a lo divertido del asunto, ¿qué pasa cuándo tu hijo habla más de lo habitual?
Las «notas» de Rafa de la guardería.
1. Utilizan expresiones de mayores, vamos, que no les pegan nada: es frecuente que empiece a contarte cosas con frases como ¿y sabes qué?. Si te da por cachondearte te salta con un ¿de qué te ríes? Y por supuesto, es muy típico que acabe una frase con un ¿sí o no?
Ahí lo tenéis, el verano pasado, con 21 meses, hablando cual barriobajero 😉
2. Tienen conversaciones surrealistas para llevarte a su terreno: son capaces de volverte absolutamente loca. He aquí un diálogo (de besugos) de la pasada semana.
Yo: Rafa, ponte las zapatillas.
Rafa: ¿Las zapatillas?
Yo: Sí, las zapatillas.
Rafa: ¿Las zapatillas?
Yo: Sí, Rafa, ponte las zapatillas.
Rafa: ¿Los playeros?
Yo: No, las zapatillas.
Rafa: ¿Los playeros?
Yo: Ponte lo que te dé la gana.
3. No te dejan hablar por el móvil: Sí, que eso es muy típico de todos los niños y bebés porque les gusta más un móvil que un caramelo. El problema es que, no sólo te lo intenta quitar, sino que mientras tú intentas tener una conversación con tu santa madre, el niño no hace otra cosa más que decir Abuelaaaaa, ¿qué tal? Y venga a hablar y hablar. El problema es que esto te lo hace un crío de 4 años, le dices que deje de charlar que si no no hay parque, y más o menos lo entiende. Con dos años, directamente se la trae al pairo.
4. Se saben todo el repertorio de canciones infantiles existentes en el mundo: Sí, desde el Señor Don Gato hasta el Patio de mi casa, pasando por los villancicos que, en su caso, son atemporales y se cantan en cualquier situación y momento del año. No exagero si digo que, ahora mismo, ya se sabe casi completas una veintena de canciones, incluyendo el Vivir, vivir de Marc Anthony (pruebas en Facebook). Creo que Alfonso, con esta misma edad, se sabía un par, y como mucho. Esto es divertido para un rato pero a veces resulta una tortura porque me doy cuenta de que voy por la calle tarareando eso de ya lo llevan a enterrar, por la calle del pescado, maramiamiaumiaumiau…
En fin, el tío es divertido de narices y llama la atención cuando habla, para qué os voy a engañar. No os podéis imaginar la de veces que maridín y yo nos tenemos que dar la vuelta para reírnos porque dice algo que nos deja fuera de bolos. En Instagram cuelgo de vez en cuando algunas de sus perlas (en breve le hacen club de fans). Y vuestros peques, ¿han sido precoces o se han hecho de rogar?
Mira que soy yo de las que se lían la manta a la cabeza con una facilidad pasmosa pero oigan, cada día tengo más claro que esto de las vacaciones con niños son cualquier cosa menos vacaciones. Que si uno no quiere comer esto, que si el otro no quiere irse a dormir, que si el bebé (sí, ese que ya dormía 11 horas del tirón) no duerme más de 4 horas seguidas… Pero oye, es llegar de nuevo a casa, poner un poco de orden y aquí ya se comen lentejas sin protestar y ya se duermen rigurosamente todas las horas del mundo, ¡qué gustazo! Aún así, no lo voy a negar: estamos agotados pero los niños se lo pasan como los indios cuando hay planes distintos.
Esta vez nos tocó ir de casa rural. Ya tenemos cierta experiencia y es lo más práctico. Sobre todo cuando nosotros aportamos tres niños y mis cuñados tres niñas (sí, en esta familia no se hizo un buen reparto 😉 ). Y aún siendo el plan más cómodo del mundo, maridín preparó rutas por medio Burgos y claro, podéis imaginaros el plantel entrando en los restaurantes con dos sillas gemelares y una individual, ver para creer. Así que voy por partes y os dejo recomendaciones a tener en cuenta por si vais por estos fríos y bonitos lares de España. Por cierto, la casa rural nos encantó, es de lo mejorcito que he visto en cuanto a instalaciones y con un señor jardín. Dicho esto, voy por partes:
1. Aranda de Duero: de todos los sitios que os voy a mencionar, éste es para mí del que hubiera prescindido (que nadie de Aranda se me lance a la yugular). Es que los otros lugares me gustaron muchísimo. En cualquier caso, lo que más me cautivó fue la impresionante Iglesia de Santa María la Real (que estaba cerrada) con una fachada maravillosa y me encantó su Plaza Mayor con un montón de terracitas donde tomar algo. Si sois de buen comer, os recomiendo el Mesón El Pastor. Eso sí, ya os digo que hay que subir escaleras (tienen tronas), pero vamos, eso nos pasó en todos los restaurantes a los que fuimos. Confieso que estuvimos en muy buenos sitios, ya que mis suegros invitaban 😉
Y además del cordero, ese pan típico de Burgos está de muerte.
Un paseo por la margen del río también es muy recomendable.
2. Lerma: en resumen, me encantó. Eso sí, la Villa Ducal está empedrada y tiene muchas cuestas. Vamos, la cuenta para ir con la Maclaren gemelar, os podéis imaginar que a maridín le van a convalidar un curso de pesas anual por semejante paliza. Lo sé, Alfonso es mayor para ir en silla pero oye, que si hay que pasear, está muy cansado. Eso sí, dale una portería y no parará de jugar y correr en dos horas, ¡estos críos! Lo dicho, vamos al lío, allí no podéis dejar de ver el Palacio Ducal (que es ahora Parador Nacional), la Colegiata de San Pedro y el monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor o Convento de Santa Clara.
3. Covarrubias: Sorpresa absoluta, no me sonaba de nada esta villa y me quedé impresionada. Tiene muchísimo encanto, os recomiendo de veras visitar este pueblo si hacéis ruta por la provincia de Burgos. También está empedrada pero sin apenas cuesta, lo cual se agradece. Paseando por sus calles os encontraréis la Colegiata de San Cosme y San Damián, que es espectacular por dentro. Para comer, son típicas las alubias rojas en Casa Galín, en la preciosa plaza Doña Urraca.
4. Monasterio de Santo Domingo de Silos: sólo por haberlo estudiado en Arte en el colegio, mereció la pena; es una maravilla. La visita es guiada (cuesta 3,50 euros y dura unos 40 minutos) y en ella se ve el claustro, la botica y el Museo. Tuvimos la suerte de que fuese uno de los monjes el que nos lo enseñase y cómo se notaba que venía de una familia numerosísima (10 hermanos) porque fue un encanto con los peques. Oye, a ver si os creéis que soy muy cotilla. Resulta que estaba la madre del monje allí (se ve que estaba de visita) y al vernos con tres churumbeles se emocionó 😉 y obviamente nos contó detalles de su vida. Más majos ella y el religioso. Y después, fuimos a la Iglesia de San Sebastián a escuchar el canto gregoriano, suele llenarse así que es mejor ir quince minutos antes de que empiece. Y además, no sé si siempre es el mismo monje el que hace la introducción, pero tenía gracia porque decía, muy formal él, que aquello era un rato de oración y que no creía que a nadie le fuese a llamar Dios al móvil. Razón no le faltaba.
5. Burgos: Yo ya conocía Burgos; de hecho, fuimos cuando Alfonso tenía unos 8 meses y nos recorrimos la ciudad de cabo a rabo así que esta vez nuestro paso por allí fue breve. Pero vamos, que a mí no me importa repetir porque me gusta muchísimo y en cualquier esquina ves algo bonito. Eso sí, el viento viene frío de narices. En cualquier caso, nos os podéis perder (en realidad, es imposible no verla) la Catedral de Santa María La Mayor, es sencillamente espectacular. Y bueno, para comer dicen que Casa Ojeda es el lugar más mítico e impresionante de la ciudad, puedo dar fe de que se come de lujo. No tienen tronas y hay escaleras pero si dices que vas con niños, lo tienen en cuenta a la hora de situarte.
Y estas fueron nuestras vacaciones de Semana Santa, en un punto intermedio entre Asturias y Zaragoza, rodeados de niños, paseando sin parar y comiendo de maravilla. Como veis, no estamos nunca quietos; en realidad, no sabemos parar. Así luego se agradece tanto la rutina. Espero que el post os sea útil a quienes estéis pensando visitar esta zona de España.
Creo que, junto al tema de la alimentación, lo que con más frecuencia nos quita el sueño (nunca mejor dicho) a los padres es que los peques duerman poco o se despierten cada dos por tres. Bien, parto de la base de que quizás he tenido suerte. O no, quizás es que dí con la clave para que mis niños duerman un montón cada noche. Y ¡ojo!, he escrito mis niños porque igual vosotras habéis descubierto que vuestros churumbeles duermen genial con un gorro en la cabeza. Pero oye, para eso escribo un blog, para contar mi experiencia y, si sirve a alguien, pues mejor. El panorama en mi casa es el siguiente: dos niños de 4 y 2 años que duermen unas 11 horas seguidas cada noche salvo requerimiento de agua o caída de la cama. Y bueno, hay veces que con caída incluida, ni se despiertan. A la imagen me remito.
De esta guisa me he encontrado a Alfonso más de una vez. Como veis, problemas de insomnio no tiene 😉
Y luego está Gabriel, que dentro de una semana cumple 4 meses y que duerme del tirón unas 7 horas, hace una toma y vuelve a dormir otras cinco horas seguidas. Vamos, que tengo jarana de día pero de noche poca. Y reconozco que esto hace mucho más llevadera la maternidad y por eso, pocas veces, me oiréis quejarme. Bien, vamos por partes. Creo quetodos intentamos encontrar la fórmula para que nuestros niños o bebés pernocten bien y así descansar nosotros y estar todos de mejor humor por el día. Por eso, probamos a dormirles de mil formas: en brazos, en la cuna, en nuestra cama, en el carrito y seguro que algunos hasta en el coche. Y cuando una noche duermen varias horas, repetimos la operación al día siguiente minuciosamente pero resulta que no funciona igual de bien. Vamos, que levante la mano la que no haya encendido la campana extractora de la cocina, la aspiradora o el secador de pelo al descubrir que el sonido dejaba KO a su bebé. Lo que sea por un ratito más de sueño.
El caso es que Alfonso durmió su primera noche del tirón poco después de cumplir cuatro meses, justo cuando decidimos cambiarle de habitación. Lo hicimos por probar y, ¡madre mía!, cuando me sonó el despertador al día siguiente, vi que eran las 8 de la mañana y el crío no había dado señales de vida, me fui corriendo a su habitación a comprobar que respiraba. Y efectivamente, respiraba y seguía durmiendo plácidamente. Y yo estaba descansada como nunca antes. Así que, la siguiente noche, repetí la operación de dormir al niño en brazos y llevarle a su habitación y ¡siiiiiiiiiii!… el crío volvió a dormir diez horas seguidas. Y con seis meses la criatura pernoctaba hasta 13 horas del tirón. Vamos, que me levantaba descansada y aún tenía tiempo para desayunar y para trabajar un rato. Y descubrí que, cuando teníamos que compartir habitación con él (en viajes, escapadas…), nadie pegaba ojo, ni él ni nosotros.
Con Rafa nos pasó exactamente lo mismo. Cuando tenía tres meses y pico decidí probar lo que había funcionado con Alfonso y ¡bingo! Primera noche en su habitación, primera noche que durmió del tirón 10 horas. Y más de lo mismo, hasta 13 seguidas llegó a pernoctar el gordi. Además, Rafa era de los que, desde que nació, se dormía solo, es decir, que no necesitaba que le cogiesen en brazos como sí nos pasó con Alfonso y como nos pasa con Gabriel. Pero vamos, que justo eso me da igual y lo hago encantada, por mí como si tengo que hacer el pino puente si después se quedan fritos durante horas.
Hombre, si se duermen en esta postura, trato de recolocarlos 😉 El de la foto es Alfonso el contorsionista. Y sí, estaba durmiendo.
Mi conclusión es que ellos se despertaban por la noche por una sencilla razón: los ruidos. Vamos a ver, todos tenemos micro despertares cada noche de los que no nos acordamos porque volvemos a dormirnos sin problema. Pero si resulta que, durante un micro despertar, alguien está roncando (maridín), o tosiendo, o yendo al baño, o moviéndose sin parar (como servidora) pues es lógico que nos desvelemos. Por otro lado, a mí lo que me ocurría durmiendo con ellos es que, en cuanto se movían lo más mínimo o hacían cualquier ruido, yo enseguida me incorporaba a ver qué pasaba. Y así hasta diez veces cada noche. De esa forma, era imposible descansar.
Con Gabriel ya hemos hecho el cambio y, aunque no ha sido como lo de sus hermanos, hemos notado la diferencia y ya duerme hasta siete horas seguidas. También somos muy partidarios de establecer rutinas (baño, poca luz y silencio) para que los bebés vayan distinguiendo día y noche. Es obvio que necesitan un tiempo para eso pero no podemos olvidar que el sueño es una cuestión de salud. Que un recién nacido se despierte seis veces por la noche es normal pero que le ocurra un niño de dos años, puede ser un problema. Primero, porque el sueño es esencial para el crecimiento, la memoria y el aprendizaje. Y segundo, porque a los padres les pasa factura.
Esta es la postura que coge Gabriel para dormir varias horas seguidas. Como veis, bien a gusto que se estira.
Con esto no hago ningún tipo de recomendación sobre dónde o cómo dormir a vuestros peques. Si tanto vosotros como vuestro churumbel dormís de lujo juntos en la cama, estupendo. Yo soy incapaz de pegar ojo con un bebé en la cama porque tengo pánico a aplastarle y porque me muevo mucho. Por lo tanto, no sería muy práctica esta opción en mi caso. Y ya ni os cuento si tuviera que compartir cama con la pareja de mayores y sus bailes nocturnos. Vamos, ya hay veces que me molesta hasta mi señor esposo 😉 Pero a él si le puedo dar algún empujón. Lo que creo es que hay que buscar un equilibrio; si vuestro crío sólo duerme bien meciéndole, es obvio que no es una opción muy factible a largo plazo porque te obliga a estar despierta o medio despierta (vamos, zombi). Hay que buscar la fórmula para que descanséis los dos las suficientes horas como para ser personas al día siguiente. Vamos, la noche que Alfonso o Rafa no duermen bien, están de un humor de perros durante el día o se van dando cabezazos por ahí. ¿Qué os ha funcionado a vosotras?, ¿os ha costado que durmiesen la noche entera?
Prometí que hablaría de moda en el blog con más frecuencia y hoy cumplo. Primero, porque sé que son posts que reciben muchas visitas así que intuyo que os resultan útiles. Y segundo, porque me gusta mucho la ropa, ¡no puedo negarlo! Hará un par de meses que una amiga me habló de una marca que yo, por entonces, no conocía. Lo sé, indago poco en el mundo 2.0 de estas cuestiones porque siempre me ha gustado ver las cosas “in situ”. Pero poco a poco le estoy cogiendo gustillo y me he dado cuenta de que estaba perdiéndome muchos productos por ser tan arcaica.
Bueno, que me enrollo yo mucho, vamos al lío. El caso es que, gracias a esa amiga, descubrí Esprit, una marca que ya tiene muchos años a sus espaldas a pesar de mi desconocimiento hasta hace poco. La verdad es que tienen de todo aunque confieso que me he quedado prendada de varios bañadores y biquinis, ¡serán las ganas que tengo de veranito! Bueno, y que son preciosos.
Además, también tienen este modelo para embarazadas que me ha parecido precioso. Se nota que me gustan las rayas y el toque marinero.
Una de esas prendas que está super de moda desde hace un par de temporadas son los monos, ¡me rechiflan! Y a éste ya le he echado el ojo.
Y para los niños, tienen ropa de todo tipo y para todas las edades. Yo ya tengo varias prendas fichadas para los peques. Una de esas cosas que no encontraba por ningún sitio era el típico chubasquero amarillo, y en Esprit apareció. Teniendo en cuenta que la primavera en el norte es bastante lluviosa, es algo que conviene tener.
Y cómo no, vuelta a las rayas marineras, son mi perdición. Este jersey para los peques no me puede gustar más
Aunque sólo tengo chicos, ya os he dicho que se me van los ojos a las cosas de niñas. Éstas son las que más me gustaron aunque, obviamente, no las tendré por mi casa 😉
Y no me olvido de los bebés y recién nacidos. Ahí sí que soy yo muy de azul celeste y me he enamorado de este mono para el verano.
Como veis, tengo mucho “peligro” con esto de la ropa y me compraría un montón de cosas aunque antes de lanzarme pienso bien lo que los peques necesitan, más que nada porque al ser todos chicos, van heredando lo que no se estropea. ¿Conocíais esta tienda?, ¿soléis comprar por internet?¡Qué paséis buen fin de semana!
Mira que he hecho unos cuantos posts dando ideas para vestirse estando embarazada y resulta que de ropa de niños apenas os cuento gran cosa. Con lo ahorradora que soy yo y con lo que me gusta la ropa de los churumbeles; eso sí, confieso que se me van los ojos con frecuencia a los vestidos, ¡qué le voy a hacer! Bueno, el caso es que, como algunas veces me preguntáis por algún modelín de los niños, os cuento que la mitad de la ropa que tienen es de una sola tienda: The First Outlet. ¿Por qué me gusta? Por el precio, que se asemeja a cualquier tienda tipo Zara, por el estilo y porque puedo vestir a los niños iguales. Esto último, en este punto de la vida de Rafa, es innegociable. Si acompaña a Alfonso hasta al baño, cómo no va a ponerse la misma ropa.
Y aparte de ropa de niños y bebés, también hay muebles y artículos de decoración, mantelería…
Veo tanto rosa y me emociono 😉
Y es que los vestidos son… impresionantes!
En fin, que me enrollo. El caso es que, como ya os conté en el post de ayer, la visión del sol por el norte me hizo entrar en un estado de tal emoción, que decidí coger ya bañadores para los peques. Todos los años, los compro en TFO y, esta temporada, no iba a ser menos. No os lo voy a negar, me llevaría casi todas las colecciones pero, hay que contenerse. La elección era complicada.
Nuestra elección fue ésta. Y cuando estén morenitos, les va a quedar de lujo.
Y aviso: hay también ropa de mujer y de hombre, lo que quiere decir que, una vez que entras en la tienda, no te va a quedar más remedio que estar un buen rato. Yo me porté muy bien y no me gasté nada para mí pero hice algunos fichajes.
Y a partir de ahora, prometo escribir más a menudo sobre ropa para los peques. ¡Que paséis buen fin de semana! Nosotros bautizaremos a Gabriel así que nos toca finde movidito, os lo cuento todo el lunes que sé que los eventos os «prestan», como decimos en Asturias. Vamos, que os gustan.
Aviso: Las ganadoras de la mochila de Lindatiti (Emma Valcarce) y de la cesta de productos Placer Artesano (Ángela Argiz) no han dado «señales de vida». Las dos marcas se han puesto en contacto con ellas a través del mail que dejaron en el formulario y no han respondido así que, si la próxima semana siguen sin responder, sortearemos nuevamente los productos.
El fin de semana pasado se produjo un acontecimiento insólito en el norte: salió el sol. Sí, una esfera redonda que da calor y luz que casi habíamos olvidado. Y tras hacer las pertinentes presentaciones entre Lorenzo y Gabriel, alias Copito de Nieve (voy a tener que comprar una buena sombrilla este verano), nos «tiramos» a la calle como si no hubiera un mañana. Porque efectivamente, aquí puede salir hoy el sol y no volver a hacer aparición en una buena temporada. Pues eso, que nos invadió la emoción y nos fuimos, no uno, sino dos días de excursión. Así que aquí van dos recomendaciones para las asturianas y para las que vayáis a venir por aquí de visita:
No tenía intención de contaros la que hicimos el sábado, básicamente porque ya hablé del sitio al que fuimos en un post hace un año, pero colgué una foto en Instagram y un montón de gente me empezó a preguntar dónde estábamos. Así que, para las nuevas incorporaciones al blog y porque otras ni os acordaríais, os aconsejo, y mucho, que vayáis al parque de Moniello, en Luanco. Podría estar explicándoos las razones por las que debéis ir pero, como una imagen vale más que mil palabras, aquí os muestro unas cuantas y añado consejos que en el post de hace un año no incluí.
Un parque infantil con semejantes vistas no es fácil de encontrar.Tenéis restaurante con merendero. Os cuento, comimos por 36 euros. La ración de paella mixta (que lleva marisco) cuesta 12 euros, y con dos raciones comimos los cuatro ¡¡¡de sobra!!! Eso sí, fuera no atienden, te sacas tú la paellita. También hay un montón de raciones de todo tipo, pescados, carnes…
Y como lo del sábado no nos pareció suficiente, decidimos que el domingo también había que pasar el día respirando aire puro, y en este caso, nunca mejor dicho. Así que, después de ir a el santuario y a la Cueva de Covadonga, que es uno de esos sitios que hay que visitar en Asturias sí o sí, subimos a los Lagos de Covadonga, en los Picos de Europa. Confieso que, como tengo un poco de vértigo, la subida en coche me sigue impactando. Primero llegaréis al lago Enol pero os recomiendo que sigáis hasta llegar al lago Ercina. Y más de lo mismo, las fotos hablan por sí solas.
Hay un restaurante que, a estas alturas, está cerrado. Pero como tiene mesas fuera, nos llevamos la comida. Como veis, esta excursión la hicimos acompañados por mis padres, mi hermano, mi cuñada, mi sobrino y una de mis primas.Poco que añadir, estas vistas merecen que vengáis a Asturias. Por cierto, aunque el pobre Gabriel no aparezca en las fotos, también estaba 😉 Y Rafa lo pasó pipa con la nieve.En el Santuario de Covadonga.
Pues estas son mis últimas recomendaciones, que sé que muchas echabais de menos estos posts. Y mañana, os hablaré de ropa para los peques, que algunas me habéis preguntado. ¿Qué?, ¿a qué apetece venir a Asturias?
Sé que muchos padres estáis en plena tarea de elegir cole para vuestros peques. Rafa también empezará a ir a la escuela este año, pero la labor de seleccionar dónde, ya la hicimos hace dos años para Alfonso. La mayoría estaréis analizando instalaciones, proyectos, idiomas, horarios, cercanía a casa… y desde luego, cada cosa suma o resta. Pero desde mi experiencia y por si a algunas os sirve de algo, yo tendría también en cuenta otras cosas importantes:
1. Que el niño no se vaya a sentir fuera de lugar: No tendría mucho sentido que os dejarais todo vuestro sueldo en llevar a vuestro peque a un colegio elitista si después el crío no va a tener acceso a ciertas cosas. Y me explico. Imaginaos que vuestro hijo, que vive en un barrio humilde, se rodea de otros niños cuyas aficiones pasan por ir a esquiar o practicar golf y además viven en urbanizaciones y chalés de lujo, lo cual no es nada malo. Imaginaos que lleváis al niño a un cole religioso y vosotros sois ateos y no queréis saber nada de que el crío comulgue mientras todos sus compañeros de clase harán la Primera Comunión. Bien, son sólo ejemplos y, en este caso, los he buscado un poco extremos pero ya sabéis cómo son los niños, se fijan en todo y enseguida te dicen qué cosas tienen o hacen sus compañeros.
2. ¿Jornada? Partida, por favor: para esto seguí mi propio criterio porque ya sabéis que hay opiniones muy dispares y nadie se pone de acuerdo. Así que me pregunté a mí misma cuándo lo pasaba muy bien de pequeña y la respuesta fue que en casi todos lados pero reconozco que en el colegio disfrutaba; llegaba el fin de semana y me encantaba estar con mis padres de excursión pero me moría de la ilusión cuando venían a casa a dormir o a pasar la tarde mis compañeras. Y ahora lo veo con Alfonso, que sale del cole y está encantado de seguir con sus amigos en el entrenamiento, y cuando llega un fin de semana en el que está invitado a algún cumple, va feliz. Y si se encuentra a un amigo en la calle, se muere de la emoción. Cierto es que el año que empiezan el cole da pena que estén allí hasta la tarde pero ahora, en este segundo año, lo veo claro, quiere pasar más tiempo con sus amigos. Y mientras Rafa está ahora en una edad en la que, aunque haya niños a su alrededor, si estamos nosotros no nos pierde de vista, Alfonso ni se da cuenta de si estamos o no. Ley de vida.
3. Los padres de sus futuros compañeros: esto ya suena a labor exhaustiva o de investigación. Pero vamos, yo creo que todos conocemos a otros progenitores del barrio, del parque, de nuestro colegio… Igual en Madrid o en Barcelona no es muy factible conocer a otros padres antes de elegir el cole pero yo, que vivo en una ciudad de casi 300.000 habitantes, cuando supe que al cole que más nos gustaba para Alfonso irían también los hijos de 5 chicas que fueron a mi escuela, el de una cuñada de mi prima, el de una compañera de trabajo de mi madre y el mejor amigo de la guardería de Alfonso, intuí que había elegido bien. Os parecerá una tontería y el primer año no le di mucha importancia pero ahora, el saber que si llego tarde a un entrenamiento, otra madre o padre le pondrá las botas de fútbol a Alfonso o le dará algo de merendar, me parece importante. El grupo de padres que hemos hecho en torno al fútbol es una maravilla. Y ya que tenemos que tragar fútbol, al menos estamos de charleta. Y no sólo eso, sino que hemos llegado a hacer una cena de madres. Así da gusto.
Y si además, a estas cosas le sumas que el cole te queda cerca de casa y que llevan uniforme (¡qué maravilla!), pues ya no os cuento lo contentos que estamos. Confieso que ni las instalaciones ni el hecho de que el colegio esté en las famosas listas de los mejores me quitan el sueño. No quiero que me salgan unos cerebritos (el que lo es, lo será en uno u otro colegio), quiero que salgan de allí con valores, con grandes amigos y grandes experiencias. ¿Cómo lleváis la tarea de elegir centro para los peques a las que os toca?, ¿alguna recomendación de las que también habeis hecho ya la elección?
Servidora nunca se pone plazos para nada en cuanto a los niños, voy viendo sobre la marcha lo que hacer y lo que no por pura intuición y, eso sí, también con sentido práctico. Algunas os estaréis preguntando a qué demonios viene esto ahora. Hoy os voy a contar nuestra experiencia con el paso de la cuna a la cama de Rafa. No pretendo que este post sirva para dar ningún tipo de instrucción sobre cuándo y cómo llevar a cabo ese cambio; cada niño a su ritmo. En el caso de Alfonso, lo hicimos con la edad que tiene ahora mismo Rafa pero la situación era bastante distinta.
Este verano os conté que habíamos juntado a los peques en la misma habitación; hasta entonces no lo habíamos hecho porque uno madrugaba para ir al cole y el otro se despertaba tarde ya que por entonces no iba a la guardería. El caso es que fue Rafa el que, el mismo día que se hizo una brecha, nos pidió dormir con su hermano. Y lógicamente accedimos; eso sí, Rafa seguía durmiendo en la cuna. Con 21 meses y el baile de San Vito nocturno que se traen mis hijos, me parecía que lo de la cama podía esperar. Documentos gráficos a continuación.
Dos de las posturas de Alfonso esta misma semana (por no hablar de que se sigue cayendo a pesar de la barrera) con los pies en el cabecero y en horizontal con la cabeza apoyada en el mueble. Muy cómodo, oiga.Si hay que dormir sentado, se duerme..Dejarles echados y tapados y encontrártelos al rato así.
La cosa fue bien un tiempo pero acabamos separándolos nuevamente porque Alfonso terminaba hasta el gorro de las charlas nocturnas de su hermano antes de acostarse. Uno quería dormir y el otro seguir de juerga. Así que volvieron a “independizarse” y la verdad es que Rafa ni protestó. Si no, hubiéramos tenido recurrir a la táctica que hacemos todos los padres con los hermanos mayores: rogarles que cedan y aguanten a los pequeños. ¡Qué duro es ser el primogénito! 😉
Hace un mes, Rafa nos pidió dormir nuevamente con Alfonso y esta vez en la cama. Esto de que con 2 años y tres meses sepa hablar a la perfección es lo que tiene, que no te puedes hacer el longui ;- ) Y realmente, como en unos meses Gabriel pasará a ocupar la cuna, nos pareció buena idea. Como veis, aquí uno va quitándole cosas a otro. Oye, todo bien amortizado, ¡que no se diga!
¿Queréis saber cómo ha ido la cosa? Pues si os he dicho muchas veces que Rafa es la sombra de Alfonso, me equivoqué; es algo más que la sombra, es como un grano de esos del que sabes que no vas a librarte nunca. Rafa no se conforma con pernoctar en la misma habitación y en la cama de al lado; Rafa quiere más. Y así, sin más, se mete cada noche en el lecho de su hermano. Cuando está despierto, Alfonso protesta, no quiere invasores, esto de dormir a pierna suelta es muy serio y el mamotreto de Rafa no deja lugar al libre movimiento, que es mucho. Así que me limito a otra secuencia de documentos gráficos para que sepáis cómo nos va la experiencia.
Primeros días: acercamiento, aunque para Rafa suponga dormir con los pies hacia el cabecero. Aclaro que las camas están el «L» porque les queda más espacio para jugar en la habitación.
Siguiente paso: saltar la barrera para entrar en la cama de Alfonso. La verdad es que maridín y yo nos reímos mucho porque nunca sabemos cómo nos los vamos a encontrar.Secuencias posteriores: coger la misma posición… Cuando maridín me mandó esta foto de cómo se los encontró por la mañana, casi me da algo 😉La misma posición llevada al extremo: con la cabeza pegada al mueble. Obsérvese que son del Sporting 😉Y como cada noche, cuando nosotros nos acostamos, les volvíamos a colocar en su sitio y, consciente o inconscientemente, Rafa volvía a las andadas, decidimos cambiar las camas de posición y allanarle el camino.Lo que pasa es que a veces se pasa y acaba con medio cuerpo en el mueble.
Estoy pensando que como esto de las posturas de mis hijos dormidos da para mucho, igual hago un post mensual con fotos 😉 Pues esa es nuestra experiencia, que se resume en que, en cualquier momento, Alfonso manda a su hermano a la porra…. vamos, de hecho, una noche empezó a gritar como un loco porque se despertó y el otro estaba sentado a su lado, jajaja. A mí no me hizo ninguna gracia, yo llevaba sólo 20 minutos durmiendo ya que Gabriel quería juega. En fin, ¿cómo os ha ido la experiencia en este sentido? Perdonadme por no responder a todos los comentarios, estoy liada con lo del sorteo del aniversario del blog y con el diseño. Y por si fuera poco, hace dos semanas, decidí retomar tema deporte-zumba (prometo post también sobre esto) Y gracias a MAM por estos regalos para Gabriel, nos vienen genial. Será una de las marcas que ceda productos para el sorteo. La semana que viene os adelanto todas las empresas que participan.
No tenía pensado escribir sobre esto pero una foto en Instagram de mi hijo Rafa haciendo una de las suyas me abrió los ojos y me di cuenta que este «personaje» merece un post especial. Eso sí, primero aclaro que a los niños, según su comportamiento, les clasifico en tres grupos. Por un lado, están los chiquillos tranquilos, que creo que no son más del 10% de la población infantil mundial. Por supuesto, no son estadísticas de ningún estudio sino fruto de mi observación. Sencillamente, es que por cada 9 niños moviditos que veo, sólo diviso uno manso. En este grupo englobaría a Rafa en su primer año de vida, porque era un santo, y a Alfonso, en sus casi primeros tres años de existencia, porque también rozaba la santidad.
Cuando Alfonso y Rafa estaban en su época tranquila.
Luego está el grupo de los traviesos, llámense como queráis: revoltosos, movidos, inquietos, pillos… Y aquí están la gran mayoría de niños del planeta, en torno a un 80%, nada más y nada menos. En este clan mayoritario incluyo a Alfonso en este momento de su vida. Son críos que rara vez están parados pero que no suelen montar ninguna trastada de las gordas. Para mí, sin duda, forman parte del mejor grupo. Es cierto que hay momentos en los que nos gustaría tener un hijo de esos que está sentado tranquilamente en un restaurante, o que no «monta un pollo» por estar colocado en la sillita pero, sinceramente, se agradece que tengan cierto descaro.
Y luego está el grupo de los niños temerarios; ésos que, no sólo no paran, sino que además te tienen continuamente en un «sinvivir» porque nunca tienen una ocurrencia buena. Aquí incluyo al pieza de Rafa. Esta situación no me pilla de nuevas porque he sobrevivido a tres hermanos rozando el grado de «terroristas» 😉 Este sábado, mientras maridín y Alfonso estaban en natación, yo me quedé en casa con los otros dos y aprovechaba para organizar y adecentar el hogar. De repente, vi que Rafa venía a contarme una batalla de las suyas con un bote de lápices vacío en las manos. Caí en la cuenta de que ese objeto no estaba precisamente a su alcance.
Así que me lo llevé a la «escena del crimen» y le pregunté si se había subido en la mesa de cristal. Lo bueno que tiene este crío es que dice la verdad cuando le preguntas (aunque también se inventa cosas no reales). La respuesta fue obvia: sí. Se había subido a una silla para ascender a una mesa de cristal (peligro total) y de ahí a una estantería. Teniendo en cuenta que pesa 16 kilos y que es bastante torpe, la cosa podía haber terminado muy mal. Por supuesto, esa mañana decidí no meterme en la ducha hasta que llegó el padre de las criaturas.
Esa misma mañana, también le descubrí metido en la minicuna de Gabriel, aunque el bebé no estaba dentro. Fue otra de las razones por las que desistí en mi intento de entrar al baño a ducharme.
La foto que colgué en Instagram mostraba una situación que, a posteriori, es bastante divertida. Y digo a posteriori, porque en el momento no te hace ninguna gracia. El crío se metió en la ducha para esconderse por la noche antes de lavarse los dientes; cuando me lo encontré allí, me pareció gracioso y le hice una foto. Me di la vuelta y oí el agua. El resto os lo imagináis: cambio de pijama, secado de pelo… vamos, que en ese instante te acuerdas de la madre que lo parió, es decir, servidora. Pero luego, te ríes. ¿En qué grupo están vuestros peques?
Mientras yo estaba ingresada en el hospital tras el nacimiento de Gabriel, en otro lugar de Gijón, Alfonso marcaba su primer gol con el equipo del cole. Yo, que siempre había ido a todos los partidos y que estaba en todos los entrenamientos, me perdí ese momento. Me alegré muchísimo, sobre todo cuando él me lo contó, por teléfono, con muchísima emoción. Pero aquel día comprendí que, inevitablemente, tendría que perderme algunas cosas y me dio pena. Gabriel ha cumplido dos meses y me he dado cuenta de que, ni puedo multiplicar el tiempo, ni dividirme y estar en varios sitios a la vez. Que conste que lo intento y casi, casi, lo consigo 😉
Así me ocurre muchas veces, que cuando llego a todo, lo hago muy justita. Y entonces, me vienen decenas de situaciones en las que alguno de mis hijos «sale perdiendo». Si una toma del peque toca justo antes de tener que salir de casa a recoger a los otros dos al cole y guardería, no me queda más remedio que darle un bibe rápidamente ya que con el pecho podemos eternizarnos y estar casi una hora. Así que el pobre Gabriel lleva un ritmo frenético. Me pasa algo parecido cuando Rafa tiene natación con la guardería; para que las profes no tengan que vestir a todos los niños, muchos padres, madres o abuelos vamos a ayudar. Así que más de una vez he tenido que darle un bibe a toda velocidad a Gabriel para salir de casa pronto por la mañana. Esto de que todavía no tenga horarios es lo que tiene, cero planificación.
El tema del fútbol también da para mucho. Cuando hay partido o entrenamiento de Alfonso, es decir, dos o tres días a la semana, con estas temperaturas yo no puedo sacar la pechera a airear; que igual algunas no tienen problema pero el frío y yo tenemos cualquier cosa menos un idilio y voy vestida que podría perfectamente pasar por esquimal. En cualquier caso, y a lo que voy con el ejemplo, es que todos, sin saberlo, sacrifican algo; y vamos los cuatro a todos lados aunque eso implique sacar a un bebé de casa con frío. Ya lo dije en otro post, intento que unos hermanos condicionen lo menos posible los ritmos y planes de los otros.
Y si en un partido yo tengo que estar pendiente de que Rafa no entre a molestar, comprenderéis que no me entero muy bien de las jugadas. Así que, si marca Alfonso, ya le veo directamente celebrándolo y del gol ni me «cosco». Nuevamente, me pierdo algo. Son cosas sin demasiada importancia pero no deja de ser cierto que, si tienes un solo hijo, puedes dedicarle más tiempo y, por supuesto, mayor atención.
Sé que me miran cuando aparezco en cualquier sitio con los tres y no os voy a negar que voy por la vida corriendo. No tendría por qué estar en todos sitios pero quiero estar. Ésa es la gran desventaja de tener varios hijos, que tengo que sacrificar unas cosas de unos por los otros. Lo noté algo con dos hijos; sin embargo, con tres niños, esta sensación se dispara. Pero ¿sabéis lo que me dijo Alfonso el otro día? «Mamá, tú eres muy buena porque haces muchas cosas por nosotros». Me quedé helada ya que no creí que él fuese consciente del ritmo que llevo por intentar estar en todas partes. En cualquier caso, los contras no superan los pros de todo lo que me aporta tener varios niños y, como ya os conté en otros posts, creo que ellos también ganan teniendo hermanos. ¿Habéis sentido alguna vez que no teníais tiempo suficiente para cada uno de vuestros hijos?
Por cierto, la ganadora del sorteo de un vinilo es Nakary González, ¡enhorabuena!
Creo que no hago ningún descubrimiento al decir que casi todos los niños tienen miedo a algo. Y me refiero a niños, no a bebés. Vamos, ahora mismo preferiría dejar en brazos de Papá Noel a Gabriel antes que a Alfonso. Sí, porque los bebés, y no hace falta que sean tan pequeños como el que tengo en casa, no suelen tener miedo a casi nada. Vamos, que gatean y no hacen otra cosa que ir a los sitios más peligrosos mientras que, con la edad, van «cogiendo respeto» a según qué situaciones. En cualquier caso, lo de mis hijos mayores es ya algo patológico. Sí, Alfonso y Rafa tienen miedo al ruido y, claro, eso implica muchas cosas. Eso sí, ellos ya pueden hablar y gritar a mil decibelios que eso no les molesta en absoluto.
La última coyuntura en la que el temor les paralizó fue el viernes pasado durante un partido de fútbol de Alfonso. Allí estábamos la «family» al completo chupando frío (a cubierto pero en exterior) en uno de esos días en lo que cayeron chuzos de punta y los rayos y truenos daban pavor. Vamos, con deciros que yo me había puesto hasta calcetines térmicos… De repente, empezó a caer una granizada del demonio y la cubierta de chapa de la pista de fútbol hacía un ruido un tanto atronador pero tampoco como para que uno de mis hijos se pusiera a llorar y el otro se tapara los oídos.Ver a un portero con las manos pegadas a las orejas resulta extraño 😉
A Alfonso le dije que la cubierta de la pista era vieja y por eso hacía mucho ruido y más o menos se tranquilizó. Eso hasta que sonó un trueno tremendo y el pobre salió corriendo y llorando de la pista para subirse a los brazos de su padre. Los demás niños se quedaron un poco paralizados pero ninguno se fue del campo cual torbellino. Menos mal que quedaban sólo unos minutos de partido. Y mientras tanto, Rafa lloraba en brazos de mi padre. Se pasó el partido entero diciendo «llueve mucho» y «Rafa asustan truenos». Una vez, nos dijeron en la guardería que el niño es «constante» cuando quiere algo. No, la palabra para definir al niño es pesado 😉 Y cuando se le mete algo en la cabeza puede pasarse media hora diciendo lo mismo. No exagero. Pero ni un pelo estoy adornando esto de que el niño repite las cosas.
Cara de susto previa a la tragedia al notar que suben los decibelios hace un año y medio…
Lo del miedo de mis hijos ya no me sorprende, no me impactan sus reacciones porque les pasa a menudo. En verano, cada vez que vamos a una fiesta de prao y hay voladores, ya tenemos el drama montado y hay veces que hay que alejarse del «peligro» para hacer terapia. Por no hablar del hecho de que Alfonso no quiera ir al estadio de fútbol a ver al Sporting porque le da miedo. Lo dice abiertamente: es que la gente grita. Fue una vez hace más de un año y aún lo tiene en mente, no hemos vuelto. Y yo tengo en la cabeza la de veces que me pedía ir al baño con tal de no tener gente gritando alrededor.
Y Rafa más de lo mismo en según qué sitios. Es entrar en los típicos salones del niño (tipo Mercaplana) y querer salir huyendo. O en sitios donde hay muchas atracciones. En la Semana Negra de Gijón el verano pasado, su cara era un poema. En fin, no sé a quién han salido estos niños porque servidora, de temerosa, no tenía nada de pequeña. Y los vuestros, ¿a qué tienen miedo?
Recordad que seguimos de sorteo hasta el domingo.
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