La Convención de los derechos del niño incluye el juego entre aquellos derechos fundamentales de la infancia. Sólo con esto debemos ver lo importante que resulta jugar en la vida de las personas y la relevancia que tiene para los niños ¿Por qué es necesario el juego en la vida de los niños?, ¿qué aporta?, ¿qué tipos de juegos hay y por qué les van a ayudar en su desarrollo?, ¿cuáles eligen según la edad?,¿cómo podemos implicarnos? Respondemos a estas preguntas en este episodio con Raúl Bermejo, maestro y neuropsicólogo
Desconozco de dónde ha salido la vena futbolera en mi casa. No sé si es por el abuelo materno de las criaturas, lo que viene siendo mi progenitor, que no abandonó la afición de jugar hasta los 60 años… o por maridín, que jugó y disfrutó durante muchos años. Porque vamos, a mí me dio por el fútbol, pero para ver en el estadio, no para jugar 😉 Lo que tengo claro es que, cuando les da por el fútbol, se ponen muy pesaditos, jaja.. Si alguno de mis churumbeles me hubiera dicho que quería hacer otro deporte o baile o judo o que sé yo, me hubiera dado una alegría. Vamos, por variar un poco. Total, que me lío, que como el próximo mes celebramos los cumpleaños de los dos mayores, y en noviembre, del rubiales, pues os podéis imaginar qué tipo de cosas quieren así que pensé que podía ser útil un post de regalos para niños amantes del fútbol. Sobra decir que, quien dice niños, también incluye niñas.
Regalos para niños amantes del fútbol
1. Equipaciones y botas de fútbol: sí, el regalo más básico y de los más caros, por cierto. El hecho de que entre los padres de los compañeros y amigos de los niños se tomase la decisión de hacer regalo conjunto entre todos, permite que se les pueda comprar una o dos cosas de mayor precio en lugar de muchos regalos de menor valor. Y de hecho, las equipaciones oficiales de equipos de fútbol que tenemos en casa son precisamente regalos de cumpleaños. Respecto a las botas de fútbol, solía comprar las básicas del Decathlon y van bien pero ahora ellos ya quieren otras que ven a los futbolistas y entonces les he dicho que para el cumple.
2. Mochilas, estuches y material de su equipo de fútbol: les hacen los ojos chiribitas cuando ven ese tipo de cosas así que es un acierto seguro, siempre. Y ese tipo de cosas se venden desde en papelerías hasta en grandes superficies. No hay mucha complicación.
3. Futbolín: un clásico entre los clásicos que ahora ya tiene versiones de tipo, el de siempre, en maletín para llevar de un sitio a otro, grande o pequeño… Vamos, que la excusa de que ocupa mucho ya no la tenemos.
4. Soccer disc: pues sí, si vuestros hijos sienten una atracción irrefrenable por los balones y no queréis que jueguen dentro de casa por temor a que rompan cosas, este disco es una opción para que no te machaquen ni golpeen los muebles. A ver, a mí no me gusta que jueguen al fútbol dentro de casa porque se ponen como motos, con lo cual esto tampoco es una opción… pero que lo sepáis 😉
5. Juego de chapas: sí, las de toda la vida. Lo que pasa que hoy en día ya lo tienen mucho más cuidado el asunto y las chapas ya llevan banderas de selecciones o escudos de equipos y vienen con una especie de campo. Vamos, aquí están fascinados y me habéis preguntado mucho al ver a mis tres fieras con ese juego.
6. Fútbol de mesa (conocido como Subbuteo): oye, menudo vidilla les da esto. Porque juegan recreando partidos con pequeñas figuras de futbolistas pero es que además, retransmiten a la vez y se montan unas películas con las jugadas que hasta Gabriel se emociona. Está el Subbuteo de toda la vida y otras tantas versiones.
7. Cromos de fútbol: y te preguntarás que cómo vas a aparecer en un cumpleaños con sobres de cromos. Pues me lo cuentas cuando te presentes con 10 sobres de golpe, verás si les hace o no ilusión.
Pues aquí tenéis una selección de cosas para daros ideas. Cualquiera que quiera dejar aquí un comentario con más propuestas, creédme que lo agradeceremos todas las que tenemos tanto apasionado del fútbol por casa. Desde luego, por haber, hay Playmobil de fútbol 😉
Supongo que todas os acordareis perfectamente de Mr Potato. Este año cumple 65 años (se dice pronto) y nos han propuesto que pensásemos algo que probablemente le gustaría hacer antes de su cumpleaños. Así que, como las previsiones meteorológicas este verano están siendo inciertas y no sabíamos si nos lo podríamos llevar de excursión a algún sitio bonito de Asturias, decidimos que íbamos a enseñarle a cuidar una mascota, la perra de mi hermano, ahora que pasamos más tiempo con ella al estar los peques de vacaciones.
Así que nos pusimos manos a la obra y le presentamos a Mica, una preciosa husky que, aunque por su tamaño parezca algo grande, no tiene ni un año de vida. Vamos, que es un cachorro y que aún estamos intentando domesticarla un poco, ¡lo que cuesta! Creo que Mr Potato, y nosotros mismos, hemos descubierto que un animal no es como un juguete, hay que cuidarlo mucho, darle de comer, así como llevarle al veterinario, entre otras muchas cosas. Así que no es un capricho, implica muchas responsabilidades.
En el perfil de Facebook de Mr Potato, estos días se están dando muchas ideas de planes divertidos y cosas que este personaje está viviendo antes de su 65 cumpleaños para hacer sus sueños realidad. Nosotros le hemos enseñado cómo cuidar una mascota, a darle su comida, a bañarla, a jugar con ella sin hacernos daño (porque pesa un montón), a peinarla e incluso a reñirla si no hace algo bien, porque a los animales, además de cuidarles, también hay que enseñarles muchas cosas, como a los niños. Mica no mide su fuerza a la hora de jugar y pesa más que Gabriel, así que a veces le regañamos.
Y para celebrarlo y que vosotras también podáis hacer realidad los sueños de Mr. Potato, podéis llevaros a casa a Mrs. Potato.
¿Qué hacer para entrar en el sorteo?
Solamente tenéis que compartir públicamente y dejar un comentario en el enlace del sorteo en Facebook contando qué os gusta o qué os gustaba de este mítico juguete. El sorteo permanecerá activo desde hoy 12 de julio de 2017 hasta el martes 18 de julio de 2017 (incluido) y podrán participar todas las personas mayores de edad residentes en España. El sorteo se realizará a través de la web Sortea2, que elige un ganador al azar. ¡Suerte!
Este post surgió tras una conversación en Instagram sobre zapatos. Ya veis, así somos, empezamos comentando si éste o aquel calzado es resistente y acabamos hablando de discriminación. Pues sí, el hilo conductor fue nada menos que el fútbol, ese deporte al que juegan muchos de nuestros hijos en los recreos y que hacen que los zapatos o playeros tengan una vida corta. Pero vamos al lío. Resulta que hay colegios que prohíben el fútbol por ser discriminatorio. Es más, no es sólo cosa de unos centros en concreto sino que fue tema de debate entre los políticos vascos. Vamos, que ya se quieran meter en eso estos señores, tiene tela. Yo ya no sé si es que me estoy haciendo mayor o es que ahora todo es políticamente incorrecto.
Vamos a ver, prohíba en su colegio usted el fútbol, o más bien la pelota, si su patio tiene un espacio pequeño que no permita los juegos con balón, o si le rompen un cristal cada dos por tres, o si tienen que llevar cada semana a varios niños a Urgencias. O establezca qué días juegan unos cursos u otros, pero no me diga que es sexista. Primero, porque ya está dando usted mismo un mensaje discriminatorio: no dejamos jugar al fútbol a nadie porque solo lo hacen los niños, no queremos que se juegue al fútbol porque damos por hecho que las niñas no lo hacen. ¡Bravo!, ¿así pretendemos igualarlos?, ¿prohibiendo actividades que mayoritariamente practica un sexo?, ¿prohibimos también la comba en los patios?, ¿las canicas? Es un error enorme dar ese mensaje a unos niños de tres años que todavía no entienden de machismo ni feminismo, y que no saben si el fútbol o el baile es de niños o niñas.
El fútbol es un deporte asociado a un sexo, no hay duda. Como tantos otros, y tantas profesiones, y tantas actividades. ¿Y saben porqué? Hombres y mujeres somos distintos por pura biología. No veo que nadie se eche las manos a la cabeza porque en los Juegos Olímpicos haya categorías femenina y masculina de cada disciplina, igual es por algo. Quizás tiene que ver con el hecho de que físicamente no se le puede exigir la misma fuerza a un hombre que a una mujer, ni la misma destreza a una mujer que a un hombre. No se puede valorar igual el trabajo de un gimnasta varón de 80 kilos que el de una fémina de 50 kilos. Al igual que no se puede valorar por igual el levantamiento de pesas de un hombre o una mujer. Razones puramente biológicas. Discriminar es dar un trato diferente a personas que merecen recibir el mismo trato, o beneficiar a unos y perjudicar a otros sin más motivos que la diferencia de raza, sexo, ideas políticas, religión, etc… No se líen, discriminatorio es decirle a una niña que no juegue al fútbol o a un niño que no vaya a clases de baile.
Por favor, dejen que los niños decidan lo que quieren hacer en su tiempo libre, el que quiera jugar al fútbol, que lo haga, y el que quiera intercambiar cromos de su álbum, que lo haga. Y dejen que los niños hagan deporte. La generación de nuestros hijos va a ser la primera que viva menos años que sus padres, ¿saben por qué? ¡Por sedentarismo! Y no se nos ocurre otra cosa que prohibirles que jueguen a la pelota, probablemente el primer «juguete» de la historia de la humanidad, el único con el que probablemente jueguen todos los niños del mundo, sea de plástico, papel o cuero. En fin, lo que nos quedará por ver.
Aunque no lo creáis, este fin de semana, mis hijos estuvieron por primera vez en un taller. En parte, porque somos muy de estar al aire libre (aunque obviamente hay talleres en plena naturaleza) y también porque la mayoría de los que he visto están destinados a niños mayores de 4 años, así que no es fácil llevar al mayor y no al mediano. Lo cierto es que hay dos cosas, muy opuestas, que le gustan a Alfonso; una es el fútbol, que le viene muy bien para quemar esa energía agotadora que tiene, y la otra es la pintura, que es de las pocas cosas que le hace estarse quieto. Así que lo de de ir a pintar y aprender algunos truquitos era cuestión de tiempo. Y tengo que decir que le fascinó. De Rafa no puedo decir lo mismo por dos razones: la edad (ahora ya entiendo por qué los talleres suelen estar pensados para mayores de 4 años) y, segundo, porque iba lesionado y no podía usar la mano derecha.
Fue una hora y media en la que aprendieron algunas cuestiones sobre qué mezclas de colores dan como resultado otros colores y en la que trabajaron con distintos materiales. Todo en una pequeña juguetería de Gijón, especializada sobre todo en juguetes de madera,educativos y manualidades, que se llama El Desván de la Playa. Victoria es la encargada de este taller de dibujo, que se da todos los viernes de 17,30 a 19,00 horas y los sábados de 11,00 a 12,30 y de 12,30 a 14,00 horas. Ella es pintora y profesora con muchos años de experiencia, además se ser madre de dos niños adoptados. En su tienda, también tiene canta cuentos todos los miércoles de 18,00 a 19,00 horas, que incluye una merienda. Después de Semana Santa también tendrá en su tienda un taller de tecnología, programación y robótica para niños de 6 a 12 años.
Rafa se pasó luego a la cocina
Lo dicho, para Alfonso fue una experiencia muy buena y que me ha pedido repetir, mientras que Rafa aún es pequeño para valorar o disfrutar de ciertos aspectos de la pintura. O sencillamente es que a uno le gusta mucho el dibujo y el otro no encuentra tanto entretenimiento en ello. De lo que no cabe duda es de que, para los niños, la pintura resulta un gran medio de expresión que además les ayuda a mejorar la motricidad así que creo que es bueno encontrar tiempo para dibujar. ¿Han ido vuestros peques alguna vez a algún taller?
Sí, señores, existen y seguramente tengáis alguno en casa. Son esos juguetes que les regalan a vuestros hijos, o que habéis comprado vosotros en un momento de debilidad, que molan muchísimo cuando los ves por primera vez porque todo son luces, colores y música discotequera. Cachivaches que tienen a los churumbeles completamente ensimismados, que casi les salen los ojos de las órbitas y que crees que son una bendición porque les van a tener super entretenidos una larga temporada. Pero pronto descubres que lo mejor que te puede pasar es que se agoten las pilas. Es como cuando entras en una feria con sus atracciones, que así de primeras te llama la atención pero, cuando llevas un rato, quieres largarte de ahí rápidamente.
Porque ya no eres la que eras. Sí, tú, que aguantabas en la discoteca y en los bares al lado de los bafles durante las horas que hicieran falta y aún así eras capaz de mantener una conversación con tus amigas, ya no puedes tolerar según que sonidos. Que como se te ocurra entrar en tiendas como Bershka, sales de allí despavorida en cuestión de segundos. Por eso, el día que entra ese juguetito en casa, que crees que será maravilloso, que te hace gracia el primer minuto, ese día te acuerdas de toda la familia de la persona que lo ha traído a la vida de tus hijos, y por ende, a la tuya. Porque enseguida se convierte en tu mayor pesadilla y no te quitas la melodía de la cabeza ni para dormir.
Menos mal que el helicóptero está en casa de mis padres
Y entonces, cuando se acaban las pilas, le dices a tu criaturita que, «oh, mala suerte, ya no tenemos más». Por supuesto, si cae la breva y el churumbel, jugando con él, le da un golpe que lo deja en malas condiciones, la cosa «ya no tiene arreglo». Y si puedes dejarlo en casa ajena, pues «no pasa nada, ya lo cogemos otro día». En fin, gente del mundo que lea este post y no tenga hijos, ¡¡cuidadito con los juguetes que compramos o regalamos!! 😉 ¿A que tenéis alguno?
No sé si es habitual o no atesorar objetos de nuestra niñez muchos años después; el caso es que me puse un día a hacer orden y «redescubrí» las joyas de mi infancia. Ahora sé que hice bien en guardarlas. Y digo que no sé si es lo habitual porque, de verdad, no tengo ni la más remota idea de cuánta gente puede tener en su casa cosas con las que jugaron siendo pequeños, pero quiero creer que casi todos conservaremos algo, por poco que sea. Y desde luego, ahora que soy madre, sé que hay cuatro cosas que hay que guardar, ya no sólo por el recuerdo, sino porque tus hijos los podrán usar décadas más tarde, ¡y eso sí que hace ilusión!
1.Libros: No conservo muchos de los libros que había en mi casa (Los Cinco, Celia,…). Con la mudanza de mis padres hace pocos años, donamos gran parte de ellos, y los que estaban en mal estado, se tiraron (al contenedor de papel, ¡siempre!). Pero yo me guardo en mi casa varios de los libros con los que más disfruté. Y sé que algunos se volverán a usar.
Éste me tuvo completamente enganchada durante años, lleno de personajes y cosas para colocar en las distintas páginas.
2. Juegos de mesa: por favor, ¡esto nunca se tira! No se pasan de moda jamás y, a ciencia cierta, sabes que los usarás incluso cuando ya no seas un niño y te dé por reunirte con tu familia o amigos. Aparte de los clásicos como el Parchís, La Oca o el Trivial, yo fui una fan absoluta de Scattergories y del Tabú (ya se veía que era de letras).
A buen recaudo, para jugar con los peques en unos añitos.
3. Una muñeca, coche o similares: No hay nada como encontrarte ese Nenuco, Barriguita, Nancy o Baby Feber que tuviste de niña. Yo cometí el error de darlas cuando mis padres se mudaron de casa hace 5 años, pero tenía tres Nenucos en perfecto estado. Estoy convencida de que, cualquier madre que guarde una, se encontrará con que sus hijas tienen interés por ella. Yo, a cambio, conservo una joya: mi casa de muñecas, ¡creo que era el sueño de cualquier niña en mi época! Y la mía además la hizo mi tío Juan, que murió sin terminarla, y la acabó una amiga de mi madre. En cuanto a los niños, sé que uno de mis hermanos conserva algún coche de su infancia y mi padre siempre me cuenta que ojalá tuviese guardado un tren con el que pasaba los días jugando. También incluyo en este grupo los peluches, ¡aún tengo uno!
El día que la bajé de un mueble alto donde llevaba una larga temporada sin mirar para ella, Alfonso y Rafa se volvieron locos de la emoción al verla con todos los muebles, muñecos y demás. Pero como es algo que hay que cuidar mucho y ellos aún juegan un poco a lo bruto, decidí vaciarla para que la usen más adelante, si es que luego tienen interés. Espero tener alguna nieta 😉
4. Cromos: No sé si algún día se volverá a llevar lo de jugar a los cromos, pero yo tengo una colección importante en casa e incluso, jugué en una ocasión con los niños. Y más allá de los cromos de jugar con las palmas de la mano, otro recuerdo que me parece increíble es guardar algunos cromos de los álbumes que un día coleccionamos, incluso el álbum si lo hemos completado. ¿Y qué me decís de encontrarte con los futbolistas de hace 30 años que ahora son entrenadores? ¡Lo más!
Algunos de los cromos que conservo.
Yo sé que hubierais preferido uno de Julen Guerrero (yo tenía hasta recortes de prensa) pero aquí va Luis Enrique cuando jugaba en el Real Madrid, para los nostálgicos 😉
Así que ya sabéis, cuando os entre un ataque de ésos de locura para poner orden, recordad que hay cosas que son atemporales y que algún día, vuestros hijos, que ya no serán niños, querrán tener como recuerdo. ¿Conservais cosas de vuestra infancia?, ¿cuál os gustaría recuperar?
Y aquí seguimos, sin terminar de hacer nuestra lista de regalos a los Reyes Magos pero insistiendo un poquito a los niños en que lo mejor es incluir en nuestras peticiones cosas que duren, que sean prácticas y, si puede ser, que fomenten la imaginación o la actividad física. No es que tenga nada contra los juguetes, bien sabéis que en mi casa hay un montón y nos encantan. Sencillamente, creo que hay que dosificar precisamente para apreciarlos más. Y también por variar un poquito y de paso, para que duren mucho tiempo. Precisamente, uno de los regalos que los Reyes trajeron a Alfonso hace dos años, que sigue intacto y que además ahora ha heredado Rafa, es una bicicleta. A su vez, el mayor ha podido quedarse una que era de mi primo. Así que fijaos si es un regalo que cunde.
En general, creo que todos los regalos relacionados con el deporte son una excelente idea. Y los que tienen ruedas son un éxito asegurado, lo mismo da que sean niñas que niños. Y también da igual la edad, porque hoy en día hay tanto bicis sin pedales para niños que hace poco han empezado a caminar como bicicletas o patinetes para mayores. A esa lista puedes sumar motos, triciclos, correpasillos o patines, por ejemplo. Justo los patines fueron parte de mi infancia, hubo un par de años que los llevábamos hasta al colegio, era feliz ahí subida. Y veo a los peques, en casa de mis padres, con sus bicis, motos o patinetes y son la imagen de la alegría.
Porque además de divertirse, hacen ejercicio. El ciclismo, por ejemplo, potencia la velocidad y la agilidad e incrementa la coordinación y el equilibrio. Y como muchos deportes, mejora articulaciones, combate la obesidad, aumenta el calcio de los huesos, mejora el estado de ánimo. Así que todos son ventajas. Es más, yo estoy pensando en incorporar a mi bici (que lleva más de un año abandonada) una sillita homologada para llevar a Gabriel y animarme alguna mañana ir de paseo con él, que con lo de correr acabo con cierto dolor de espalda. En fin, ¿creéis vosotras también que estos regalos son una buena idea?, ¿tienen vuestros niños?
Si la energía de tus hijos la estimas en una cifra entre el 1 y el 10, ya puedes elevarla al cuadrado en cuanto se juntan con más niños. Y ya ni os cuento cuando se ven de Pascuas a Ramos; es reunirse con otros críos y se ponen como motos. En esto de las matemáticas y los niños, 1+1 no son 2 sino, por lo menos, 3. Y eso lo sabéis cualquiera que tengáis dos o más hijos. Lo que ocurre es que los hermanos, al verse la cara todos los días, tienen momentos de neutralidad y despegue, aunque cuando se quieren o discuten, lo hacen sin medida. Pero suele ser una relación estable, con sus más y sus menos.
Por delante teníamos un fin de semana rural con amigos, pasado por agua y con 7 niños.
Sin embargo, cuando ven a sus primos, a los hijos de tu amigos, a ésos que no ven a diario… se monta la de San Quintín. Es un público poco asiduo a sus payasadas y ocurrencias diarias, que ya no llaman excesivamente la atención de los que les rodean habitualmente, y claro, se crecen con un nuevo auditorio. Porque no hay nada como reírles las gracias. Y luego está la chispa de no verse con asiduidad. Nosotros ya sabemos que las primeras 24 horas de mis hijos con mis sobrinas son para comprarse hasta tapones para los oídos, elevan el tono de voz a niveles que son comparables a los decibelios de una discoteca al lado de casa.
Prometo que, aunque Gabriel justo en esta escena esté metido en el cotarro, es el bebé más bueno que conozco, roza la santidad 😉
Hay que hacerse a la idea. Si te reúnes con tus amigos, con tus primos, con tus hermanos… y cada uno aporta algún churumbel, sabes a lo que atenerte. Y ya comprendes que las comidas con otros niños son sinónimo de levantarse veinte veces de la mesa, que si uno se pone en huelga de hambre, los demás secundan y hay que ponerse firmes, que va a haber guerra por los mismos juguetes, que el juego del escondite es muy divertido hasta que uno se hace daño… Eso sí, el momento en que todos están en la cama es impagable. En cualquier caso, yo me relajo mucho en estas situaciones, son puntuales y no me compensa andar a gritos, para nada. ¿Notáis mucho que se estimulan y se agitan cuando hay más niños?
Creo que no hago ningún descubrimiento al comentar que los niños y bebés sienten una atracción irrefrenable por el agua. Esto es así casi desde que nacen pero, cuando comienza el gateo, se adentran de lleno en el ¿maravilloso? mundo acuático a través de elementos como el bidé (por suerte, en mi casa no hay pero sí en la de mis padres), el váter, la ducha… todo acompañado por la escobilla, que más de una vez me he encontrado en algún armario de ropa. Realmente creo que voy a suprimir esta pieza tan poco elegante de mi hogar. Sí, madres del mundo, el baño es un lugar de búsquedas y exploraciones sin fin. Pero la cosa no acaba ahí.
Con una escobilla así, ¿creéis que dejarían de cogerla? Por cierto, qué cosa más horrorosa.
Yo ya lo sé. Cuando voy a buscar a Alfonso y a Rafa cada tarde al cole y guardería, si sus profes ponen cara de que algo ha pasado, tengo claro que la escena del «crimen» ha tenido lugar en el aseo. Tampoco es que mis hijos sean unos gamberros pero, como todo niño, hay algún día en el que están inspirados. La primera vez que castigaron a Alfonso en el colegio fue hace más de un año, os lo conté en un post. Había entrado en el baño de las niñas para asustarlas. Con las féminas no ha reincidido, es más, ahora mismo le parecen un rollo porque no juegan al fútbol. Ya cambiará de opinión dentro de unos años.
Sin embargo, el baño y el agua le motivan mucho más y la última vez que su profe mecomentó algo sobre su comportamiento fue tras un episodio que tenía que ver con un váter y una toalla; no puedo aportar muchos más datos porque fue el niño el que me explicó el suceso 😉 A posteriori supe que el autor material de los hechos fue uno de sus amigos y Alfonso fue testigo presencial, pero no instigador. Pero el caso es que ahí estaba, en medio. Bueno, en realidad, según él, estaba haciendo caca y fijaos que me lo creo porque es un proceso al que dedica un tiempo considerable.
Estas imágenes de Rafa atrincherándose en el baño y dándose una ducha motu proprio con el pijama puesto son una prueba más de lo mucho que les gusta indagar con el fluido transparente.
Esto de los baños les gusta mucho a todos. La primera vez que Rafa necesitó utilizar la ropa de repuesto que tiene en la guarde fue hace un par de semanas y no se debió a escapes del pañal de esos que todas sabemos. No sé cómo, en unos segundos, abrió un grifo y se empapó de arriba abajo, desde el pelo hasta los playeros. Y ya de paso, creo que hubo algún daño colateral en la ropa de otros compañeros. En la escuela infantil de Rafa utilizan el método Montessori, por lo que los niños tienen cierta libertad para hacer cosas y el crío debió pensar que oye, la cosa estaba ese día aburrida. En fin, no sé por qué me da que las anécdotas van a ser interminables. Aún me acuerdo cuando de adolescentes nos escondíamos para fumar un pitillo en los baños del colegio. Bueno, yo no fumaba pero ahí estaba, en modo acompañante porque siempre era más entretenido eso que hacer lo correcto. Ojo, que yo luego era buena estudiante 😉 ¿Qué?, ¿vuestros peques también la lían parda en los baños?
Me gusta mucho escuchar música. Cuando me ducho, cuando conduzco, cuando limpio… siempre que puedo. Por supuesto, tengo mis preferencias y si una canción me llega, puedo oírla una y otra vez durante una larga temporada. En esto, el que ha salido a mí es Rafa. Llevamos un mes cantando el Señor Don Gato y lo tengo hasta en la sopa pero claro, cómo le voy a decir yo que lo deje cuando, de repente, me ve en plan flipada cantando por casa a Bon Jovi. La última vez que el gordi observó la escena fue esta semana y me preguntó que porqué hacía eso. Fría me quedé, empieza ya a sentir vergüenza ajena 😉 Alfonso es menos cantarín pero oye, también se entusiasma más de la cuenta con Bon Jovi; es lo que tiene haberle llevado en el vientre a un concierto del grupo.
Bueno, el caso es que siempre que pongo música en el ordenador tengo que estar controlando porque como les deje tocar el invento, me lo estropean fijo. Sin embargo, no se me pasó por la cabeza comprarles nada para escuchar canciones por la misma razón, porque lo que tocan es susceptible de irse al garete. Hasta que descubrí un artilugio que les tiene enganchados y pueden tocarlo, tirarlo, encenderlo, cambiar de canción… cuando quieran sin tener que estar yo detrás de ellos ni agobiada porque se lo carguen. Es un mp3 para niños, en realidad es el único que existe exclusivamente para ellos. Se llama Ocarina.
Es super sencillo de usar porque solo tiene cuatro botones. Os juro que no se rompe y mi cuñada puede dar fe porque el fin de semana se lo dejé a mis sobrino de 11 meses y no paró de trajinar con él con sus correspondientes impactos. Lo conectas al ordenador y pasas las canciones o cuentos que te apetezca y le das el aparato al niño y puede bregar con él por cualquier lado. Mira que soy muy reacia a la tecnología para niños, en esta casa entre semana ni se enciende la tv y por ahora, ni tablets ni nada. Pero esto es como el típico cassette que teníamos de pequeños salvo que mucho más práctico, más resistente, más ligero.. hasta Gabriel puede agarrarlo.
Cantar lo hace bien pero el baile no es lo suyo 😉
Estoy muy contenta con esta adquisición. Y más cuando tengo un niño (sí, Rafa, el de siempre 😉 ) al que no le gustan nada los dibujos animados y no consigo retenerle sentado más de dos minutos con nada. Por eso vi la luz al observar que con el mp3 está más contento que chupito. Y para que no me ponga la cabeza como un bombo, he metido, como quien no quiere la cosa, un par de cancioncillas de Bon Jovi. Además, para las que queráis que los peques os tengan muy presentes cuando no esteis con ellos, también podeis grabaros a vosotras, o a quien queráis, vamos. ¿Os gusta?
No tenía pensado escribir sobre esto pero una foto en Instagram de mi hijo Rafa haciendo una de las suyas me abrió los ojos y me di cuenta que este «personaje» merece un post especial. Eso sí, primero aclaro que a los niños, según su comportamiento, les clasifico en tres grupos. Por un lado, están los chiquillos tranquilos, que creo que no son más del 10% de la población infantil mundial. Por supuesto, no son estadísticas de ningún estudio sino fruto de mi observación. Sencillamente, es que por cada 9 niños moviditos que veo, sólo diviso uno manso. En este grupo englobaría a Rafa en su primer año de vida, porque era un santo, y a Alfonso, en sus casi primeros tres años de existencia, porque también rozaba la santidad.
Cuando Alfonso y Rafa estaban en su época tranquila.
Luego está el grupo de los traviesos, llámense como queráis: revoltosos, movidos, inquietos, pillos… Y aquí están la gran mayoría de niños del planeta, en torno a un 80%, nada más y nada menos. En este clan mayoritario incluyo a Alfonso en este momento de su vida. Son críos que rara vez están parados pero que no suelen montar ninguna trastada de las gordas. Para mí, sin duda, forman parte del mejor grupo. Es cierto que hay momentos en los que nos gustaría tener un hijo de esos que está sentado tranquilamente en un restaurante, o que no «monta un pollo» por estar colocado en la sillita pero, sinceramente, se agradece que tengan cierto descaro.
Y luego está el grupo de los niños temerarios; ésos que, no sólo no paran, sino que además te tienen continuamente en un «sinvivir» porque nunca tienen una ocurrencia buena. Aquí incluyo al pieza de Rafa. Esta situación no me pilla de nuevas porque he sobrevivido a tres hermanos rozando el grado de «terroristas» 😉 Este sábado, mientras maridín y Alfonso estaban en natación, yo me quedé en casa con los otros dos y aprovechaba para organizar y adecentar el hogar. De repente, vi que Rafa venía a contarme una batalla de las suyas con un bote de lápices vacío en las manos. Caí en la cuenta de que ese objeto no estaba precisamente a su alcance.
Así que me lo llevé a la «escena del crimen» y le pregunté si se había subido en la mesa de cristal. Lo bueno que tiene este crío es que dice la verdad cuando le preguntas (aunque también se inventa cosas no reales). La respuesta fue obvia: sí. Se había subido a una silla para ascender a una mesa de cristal (peligro total) y de ahí a una estantería. Teniendo en cuenta que pesa 16 kilos y que es bastante torpe, la cosa podía haber terminado muy mal. Por supuesto, esa mañana decidí no meterme en la ducha hasta que llegó el padre de las criaturas.
Esa misma mañana, también le descubrí metido en la minicuna de Gabriel, aunque el bebé no estaba dentro. Fue otra de las razones por las que desistí en mi intento de entrar al baño a ducharme.
La foto que colgué en Instagram mostraba una situación que, a posteriori, es bastante divertida. Y digo a posteriori, porque en el momento no te hace ninguna gracia. El crío se metió en la ducha para esconderse por la noche antes de lavarse los dientes; cuando me lo encontré allí, me pareció gracioso y le hice una foto. Me di la vuelta y oí el agua. El resto os lo imagináis: cambio de pijama, secado de pelo… vamos, que en ese instante te acuerdas de la madre que lo parió, es decir, servidora. Pero luego, te ríes. ¿En qué grupo están vuestros peques?
Ya os conté hace poquito en un post que Alfonso eligió el fútbol como la primera actividad extraescolar de su vida. Hace ya dos semanas que empezaron a entrenar y la verdad es que está feliz, yo menos porque ya tiene el chándal del cole agujereado en la zona de las rodillas, se toma muy en serio la posición de portero 😉 Bueno, vamos al lío. El otro día, el presidente y el coordinador del equipo del cole nos convocaron a los papás a una reunión. Pensé yo que no iba a ser productiva tratándose de segundo de Infantil pero ¡vaya que si fue interesante!
Primera sorpresa: tienen liguilla este curso. Sinceramente, no sé porqué dí por hecho que tan pronto sólo entrenarían. En cualquier caso, ya os podéis hacer a la idea de la ilusión que le hizo esto al niño… y al padre. Sé que maridín es muy sensato y tranquilo pero le he dicho que no quiero ultras en la grada 😉 Esto de la liguilla supone comprar la equipación del cole así que pasamos de no tener ninguna hace un mes a tener dos, la del Sporting y la del equipo del colegio, menos mal que ésta última cuesta 15 euros.
Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle; si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.
Más sorpresas: nos dejaron caer que, de los más de diez equipos que jugarán, hay tres o cuatro que se las dan de «gallitos», vamos, que se lo toman en serio. Sinceramente, allí estaré para verlo porque madre mía, como a alguno se le ocurra hacerle una entrada fea al crío me va a salir la vena «dramamamá». ¿Es necesario? Tienen 4 años, sólo tienen la obligación de divertirse, no de ganar. Mi tía ya me ha dicho que hace tiempo que dejó de ir a los partidos de sus hijos por la vergüenza que algunos padres producen en las gradas. Os prometo que mi cara de asesina en serie puede ser tremenda cuando vea a algún progenitor fuera de sus casillas, y aquí entran los tacos, los gritos al propio hijo, los insultos a los del equipo contrario…
Y otra sorpresa más: nos contaron que, si el crío juega bien al fútbol, es posible que otros clubes se pongan en contacto con nosotros para decirnos algo así como «en el equipo que juega tu hijo no va a conseguir nada importante». Pero por Dios, ¿a los 4 años alguien sabe ya si mi hijo va ser un futuro Messi o Cristiano? Y si tuviera un don con el balón, ¿alguien cree que le voy a separar tan pequeño de sus compañeros de clase por llevarle a otro equipo? Por favor, que es un niño, tiempo al tiempo. En fin, con tres hijos varones os aseguro que voy a tener muchas historias que contar sobre esto. ¿Creéis que algunos padres se exaltan demasiado?, ¿tenéis experiencias en esto las mamás y papás de niños más mayores?
Ya sabéis que normalmente publico posts todos los lunes, normalmente los preparo ya el domingo por la noche pero, en esta ocasión, fue imposible. Hice mis intentos sentándome frente al ordenador e, incluso, llegué a descargar las fotos de la cámara pero mis ojos se cerraban y además ando con un trancazo de narices, así que no descanso por las noches. Y un fin de semana de eventos varios, con la traca final de la celebración del cumple de Alfonso con sus amigos, acabó dejándome exhausta.
Con el tiempo tuvimos una suerte tremenda, ni una gota de lluvia en los dos eventos. Mañana os cuento lo del Bautizo de mi sobrino.
Al final, por poco que te compliques, siempre hay unas cuantas cosas de las que estar pendiente. Fijaos si no nos enredamos, que no dedicamos ni medio minuto al tema decoración; lo sé, soy dejada para esas cosas, también porque los niños de estas edades, más que las niñas, no lo valoran mucho. Y tampoco nos liamos a cocinar, intuimos que la barbacoa podía triunfar e hicimos mini hamburguesas y perritos calientes. Lo único a lo que dediqué tiempo fue a hacer una tarta con forma de tren y a preparar las bolsas de gominolas. Así que por la mañana no pasé más de hora y media en la cocina.
Mi tarta de galletas y chocolate, un clásico en mi vida 😉 , en forma de tren.
Eso sí, antes del evento no me dí cuenta de que el tener el jardín amplio con varias zonas donde poder jugar, me iba a hacer correr de vez en cuando y acabar con las piernas agotadas. Os pongo en situación: mi madre y dos de sus hermanas (mis tías) comparten jardín, por lo que la parcela es grande. Una de ellas tiene todavía niños pequeños (vamos, mis primos) y cerca de su casa hay una cama elástica. Pues ahí se iban grupos de niños a ratos, algunos obviamente necesitaban ayuda para ponerse los zapatos unas vez que terminaban con los saltos. Y al lado estaba el ping-pong, lo mismo les daba jugar con una pala de playa que con una raqueta de tenis, eso sí, bronca asegurada porque ya sabéis que todos quieren jugar a la vez.
Luego estaba la zona de una antigua cancha de tenis que ya no tiene ni red pero en la que pusimos una portería. Ésa parte la controlaba mi hermano Miguel y a los niños pudimos retenerles ahí un buen rato. Mientras tanto, una amiga mía entretenía a las niñas haciendo pulseras en la zona del garaje, que ya os dije que es más bien como una sala de juegos porque mi padre tiene allí de todo, así que también aparecían los niños por allí de vez en cuando a desmontar algo.
Después estaba la zona de la merienda, de la que Rafa se movía lo justo y cada poco había algún niño pidiendo bebida. Y además de controlar tres «territorios», ves que algunos cogen la bici o la moto del garaje y se tiran por alguna cuesta, previa discusión o manotazo entre ellos por ver de quién era el turno. Y yo iba traslandándome de sector en sector porque eso de no tenerlos concentrados a todos es un mismo espacio era algo parecido a la guerra. No me senté desde las 4 de la tarde hasta las 9 de la noche ni tres segundos. Obviamente, en días así olvidas que tienes un bombo, pero literalmente. Y todo esto con ayuda de más adultos, sino se me hubiera ido de las manos.
Las niñas haciendo pulseras eran minoría, 4 féminas frente a 10 varones. Un abismo entre ellos y ellas.
Y si se cansaban del fútbol, no tenían problema en coger cualquier artilugio o juguete que encontraban por ahí.
¡Ah, bueno! que cuando te descuidas, están haciendo labores de jardinería; si no fuera porque el rastrillo es un peligro y todos lo querían, a más de uno le hubiese dejado recoger semejante cantidad de hojas 😉
Yo ya me veo juntando los cumples de mis hijos en unos años, que para algo son los dos de octubre. Esto es para hacer una vez al año, ¡qué barbaridad! ¿De dónde demonios sacan tanta energía? Eso sí, Alfonso feliz, tanto como agitado, que una cosa no quita la otra. Al final, a estas edades, es complicado organizar juegos como el pañuelo. Les llevas a un sitio que no conocen y claro, es mucho más entretenido indagar y probar todo lo que cae en sus manos. Dedidme que a partir de los 6-7 años ya se les puede controlar 😉
Os podéis imaginar que, aunque el regalo de los amigos sea comunitario, luego están los de los abuelos, el padrino, algunas amigas mías… porque en la foto faltan algunos. Lo que está claro es que de fútbol y coches no me libro en la vida 😉 Las botas y su primera equipación del Sporting con guantes de portero (ahora le da por esa posición,jaja) son lo más.
Este curso, por primera vez, hemos apuntado a Alfonso a una actividad extraescolar. No lo hicimos en primero de Educación Infantil porque, por un lado, es de los que cumplen el último trimestre del año, por lo que empiezan el curso sin haber cumplido tres años; a estas edades, aún se perciben las diferencias entre los mayores y los pequeños de la clase. Y por otro lado, porque en su colegio tienen jornada partida, es decir, salen por la tarde, no a mediodía; meterle más horas de colegio, aunque fuesen actividades tranquilas, me parecía demasiado.
Este año hemos elegido fútbol, ¿por qué? Pues sencillamente porque lo está deseando con toda su alma. No hay, ahora mismo, nada con lo que disfrute más. Sale del cole y, antes de hablarme de cualquier actividad que ha hecho en clase, me narra alguna jugada o caída en el recreo jugando con la pelota. Se puede pasar diez minutos de reloj contando el envite futbolístico, con pelos y señales. Cualquier objeto en el suelo, independientemente de que su forma sea redonda o cuadrada, es susceptible de puntapié, lo cual me cabrea bastante y tengo que reñirle. Ya os podéis imaginar cuántas cosas relacionadas con el deporte rey pide para su cumpleaños, que es mañana. Lo sé, son básicos estos varones 😉 , pero como decimos en Asturias, «ye lo que hay».
El otro día colgué en IG esta foto de mis hijos metiéndose en medio de un partido en la calle entre niños mayores. No lo pueden evitar.
Puede que precisamente por todo esto, algunas penséis que quizás necesite cambiar de aires y que intente llevarle por otros derroteros pero la verdad es que, a esta edad, quiero que disfrute con la actividad que haga. Sé que también son años en los que el aprendizaje es bestial y, por tanto, tendría que aprovechar para apuntarle a inglés o música pero, con seis horas de clase al día, una de ellas siempre es taller de idioma, teatro, manualidades… creo que tiene bastante. En cualquier caso, entiendo perfectamente que otros padres elijáis actividades mucho más «didácticas» que el fútbol.
Además, hemos conseguido apuntarle a natación los sábados. Aunque lo pasa bien en la piscina, esto le va a gustar menos. Lo hago porque el verano que viene, con tres niños menores de cuatro años, necesito que se defienda en el agua. Puedo estar pendiente de todos pero no puedo mirarlos sin parar a los tres a la vez así que… la natación la elegimos por cuestiones de «seguridad», no tanto de entretenimiento. Y vosotras, ¿qué actividades elegís o elegirías para vuestros hijos en Educación Infantil?, ¿preferís deportes o tareas más tranquilas o artísticas?, ¿qué criterios seguís para la elección de una un otra cosa?
Llevo toda la vida oyendo a mis padres aquello de que, cuando venía gente de visita a casa, nos poníamos como motos; la palabra que usa mi progenitor concretamente es excitación. Mis primas dicen recordar que entraban con cierto temor a nuestro hogar; yo creo que exageraban un poco con eso del pánico pero lo que sí puedo corroborar es que mis padres se acercan bastante a la realidad con sus afirmaciones porque empiezo a vivirlo en mis carnes y de verdad que estos críos me dejan alucinada.
Este fin de semana se quedó una amiga nuestra en casa y fue entrar por la puerta y las dos fierecillas debieron pensar que había fiesta. Sí, sólo una persona ajena a su mundo rutinario es suficiente para que abran la veda y se agiten más de lo habitual en ellos, que no es poco. No sé qué demonios pasa en sus cerebros en este instante que les hace interpretar que ya no hay que comer lo de siempre, que hay que irse a dormir a las mil, que pueden hablar sin descanso… Alfonso en concreto, que ya es charlatán de por sí, se convierte es un ser cuya lengua no descansa y hace todo tipo de preguntas. Y por supuesto, saca todo su arsenal de juguetes, a ver si hay suerte y juegan con él a todo.
Y todo esto recién llegados del hospital con la brecha calentita de Rafa en nuestros pensamientos. Pero da igual, para ellos es como si lo anterior no existiese. Y Alfonso se emociona tanto que, de repente, llegan los de Telepizza a casa y cree que debe informar a la invitada de tal acontecimiento aunque para ello haya que entrar en el baño donde la pobre se está duchando.
Y a ver quién saca al niño de allí sin entrar ningún adulto que acabe por perturbar totalmente a la mujer, tal cual lo cuento. Y me asomo en el baño intentando persuadir a la criatura de que lo de la ducha es algo un poco íntimo pero, sentado en la tapa del wáter, me contesta que quiere ver cómo se ducha. Esto me pasa por dejarles entrar en el baño cuando yo me acicalo.
Pero vamos, no os penséis que les pasa sólo con gente que ven poco. Mi tía tiembla cuando ve aparecer a Alfonsito porque sabe que no va a dejar descansar a nadie, sobre todo a sus hijos, es decir, a mis primos. Es verlos y ¡al ataque! Que si quieres jugar a esto, que si porqué haces lo otro, que porqué no vamos a este sitio, acompáñame aquí, allá… un «sinvivir» fruto de la agitación del momento. En fin, enseguida nos toca ir a Galicia a casa de unos amigos, que ellos vengan aquí, ir a ver a los abuelos de Zaragoza… ¿Notáis cómo se revolucionan cuándo llega gente a vuestra casa?
Siempre he sabido que una de las cosas que te marca como persona, sobre todo en la infancia, es el tener o no tener hermanos. Tu niñez, tu adolescencia y, posiblemente, tu vida no hubiera sido la misma dependiendo de esa circunstancia. No es lo mismo tener hermanos que no tenerlos, tener uno o tener cinco, tener sólo hermanas o sólo hermanos; no es igual ser el mayor, el pequeño o el mediano, tener un gemelo o mellizo, llevarte diez años con tu hermano o llevarte sólo uno.
Mi hermano Miguel y yo nos llevamos 13 meses. Eso hizo que pudiésemos hacer cosas en común desde muy pequeños.
El que yo, aparte de muñecas, jugase con el Scalextric o al balón o fuese un poco bruta, tiene mucho que ver con tener sólo hermanos varones. El que yo siempre haya sido un poco «mandona» y bastante responsable tiene que ver con ser la mayor de los cuatro. Si eres el hermano pequeño y tus hermanos mayores te sacan un montón de años, es posible que te tengan entre algodones. Si tienes varios hermanos, lo más normal es que tu madre gritase habitualmente. Vamos, desde que Alfonso está de vacaciones y están lo dos juntos en casa, tengo las cuerdas vocales más afinadas que nunca. Y cuando entre el tercero en juego, no quiero ni imaginármelo.
No es lo mismo tener alguien en quien fijarte que alguien que se fije en ti.
Desde que soy madre me he dado cuenta de la increíble influencia que ejerce un hermano sobre otro en muchos de sus comportamientos. Rafa es protestón porque sabe que la táctica le funciona para conseguir cosas; porque, por ahora, es el pequeño y tiene claro que al mayor le toca ceder. Alfonso se ha percatado de lo gracioso que nos resulta Rafa con su forma de «hablar» y hay días en que también él llama al abuelo «abebe», la zapatilla es «patilla» y la galleta es «lleta». Así que, a veces, se comporta como un bebé, algo que no haría sino tuviese un hermano pequeño.
Nos es lo mismo comer el helado sólo que te lo dé tu hermano. No es lo mismo tener que compartir que comértelo entero 😉
Si sólo existiese Alfonso, yo tendría mucho más tiempo para él y podríamos hacer un montón de juegos de manualidades que con Rafa es materialmente imposible, todo lo coge. Si fuera hijo único, haríamos cosas y planes que, como existe Rafa, no podemos hacer. Y sin embargo, hay muchas otras cosas que puede hacer precisamente porque existe Rafa. Y si en vez de llevarse 2 años se llevasen 10, el mayor podría cuidar del pequeño y no discutirían por absolutamente todo. Porque ahora se pasan el día queriendo la misma cosa; que uno tiene balón, el otro quiere balón, pero no puede ser otro, tiene que ser el mismo. Y claro, esa lucha constante de poder marca de por vida 😉
No es lo mismo recibir los abrazos cariñosos de mamá que los abrazos de un hermano al borde de la asfixia.
Soy plenamente consciente de que, cuando estén los tres, voy a gritar con más frecuencia, voy a quitarle importancia a determinadas cosas, voy a vivir unos años con un estrés permanente, no voy a poder estar pendiente de cada cosa que les pase a cada uno… y todo eso, forjará su carácter para bien y para mal. Lo único que quiero que tengan claro es que, aunque me altere, aunque no pueda estar tan pendiente de ellos, les voy a querer con locura, independientemente de que tuviese un hijo o cinco. ¿De qué manera os han marcado vuestros hermanos?, ¿notáis la influencia que ejerce un hijo sobre otro?
Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.