Categoría: hermano

  • Hermanos compartiendo habitación, ¿sí o no?

    Hermanos compartiendo habitación, ¿sí o no?

    Esta es una pregunta que me habéis hecho en varias ocasiones al ver que cada uno de mis hijos tendrá su propia habitación en la nueva casa. He tenido experiencia como niña en ambas situaciones y, como madre, también conozco ambas circunstancias puesto que Alfonso, que es el mayor, ha compartido habitación y, desde hace dos años, no lo hace. Como es lógico, la decisión depende de varias factores pero especialmente de uno: el espacio. Si tienes tres habitaciones y seis hijos, te guste lo que te guste o te pidan lo que te pidan tus hijos, van a compartir sí o sí 😉 Y luego depende de otros factores como la diferencia de edad de los hermanos, sus horarios, sus formas de ser…

    En la nueva casa, puesto que hay cinco dormitorios, cada hermano tendrá el suyo. Eso significa que podrán dormir y estudiar separados, tener sus momentos de paz pero eso no implica necesariamente que duerman siempre separados. De hecho, ahora, mis hijos llevan un trajín de mezclarse y cambiarse de habitaciones que es alucinante. Unas veces va el mayor a la habitación de los otros y duermen los tres en dos camas, otras veces va el pequeño a la habitación del mayor a dormir… En fin, niños.

    Hermanos compartiendo habitación

    Hermanos compartiendo habitación: ventajas e inconvenientes

    En general, soy partidaria de que compartan habitación los primeros años de vida y que, si se puede, luego puedan tener más independencia y más tranquilidad. Pero bueno, ya os decía que las cosas se van decidiendo en función de muchas circunstancias.

    Ventajas

    • Es más divertido: a priori, creo que es más entretenido para ellos tener un compañero en el mismo espacio.
    • Tienen menos miedos: muchos niños, los míos incluidos, pasan por fases en las que tienen miedo, así que durmiendo con sus hermanos se sienten más protegidos.
    • Aprenden a compartir: pues sí, en general, tener hermanos implica compartir en casi todo, así que cuando se trata de espacio, toca apechugar y resolver discusiones que vayan surgiendo.

    Inconvenientes

    • Se despiertan entre ellos: esta es la principal pega para mí. Que el que madruga despierta al que no madruga. O el que se levanta a hacer pis, o el que pide agua, o el que simplemente duerme mal. Uno puede condicionar el descanso del otro.
    • La falta de libertad: a ver, que esto igual ha sonado raro. Por ejemplo, en el caso que mencionaba arriba de que unos hermanos tengan distintos horarios o se lleven unos cuantos años. En ciertas ocasiones, se ven más limitados si un hermano tiene que ir antes al cole, o se acuesta más tarde ya que no puedes entrar y salir varias veces a coger la ropa, la mochila o lo que sea si el otro sigue durmiendo, ni ponerte a escuchar música si otro estudia.
    • Menor independencia: hay una edad en la que a los niños, ya no tan niños, tienen cierta necesidad de pasar ratos a solas. Además de que poco a poco, los gustos y las formas de ser se van diferenciando cada vez más. Por no hablar de cuando toca estudiar en serio. Aquí tengo dos que pierden la concentración con una mosca y otro que se mete de lleno en los libros.

    Así que, teniendo en cuenta estas cosas, cada uno ya decide. Nosotros ahora que vamos a tener espacio, hemos decidido que cada uno tendrá su dormitorio, con su armario (bendito armario por separado sin líos de mezcla de ropa, jajaja) y su escritorio. ¿Que luego quieren andar compartiendo cama? Pues sin problema. Tiempo para mover camas siempre hay.

  • Cuando los hermanos se llevan muchos años

    Cuando los hermanos se llevan muchos años

    Cuando uno se hace la pregunta qué es lo mejor debe responder a la pregunta ¿qué es lo mejor en mis circunstancias? Las opiniones de otros pueden ayudar a tomar decisiones si tenemos dudas pero nadie va a conocer la situación propia mejor que uno mismo. ¿Y esto a qué viene? Hace unos meses os conté, desde mi punto de vista, qué ventajas y desventajas tiene tener hijos seguidos y distanciados en edad. Aunque yo soy más partidaria de la primera opción, como se puede deducir teniendo en cuenta que mis hijos varones se llevan 4 años de diferencia entre los tres 😉 , tengo que decir que todo tiene sus inconvenientes aunque a esta elección le vea más ventajas. Y luego no podemos olvidar que la vida viene como viene, no siempre lo que deseábamos es lo que podemos tener.

    En mi mente nunca estuvo la idea de que entre un hermano y otro hubiera ¡8 años de diferencia! Yo, que me llevo trece meses con mi hermano mediano y 4 años con mis hermanos pequeños (son mellizos), no tengo recuerdos de mi infancia sin ellos. Y no les recuerdo de bebés, por lo que les traté siempre de tú a tú aunque, como hermana mayor, ayudé lo que pude en casa. Total, que hace tiempo pensaba que llevarse 8 años era muchísimo. Cierto es que, si tienes una prole abundante y llegan de uno en uno, pues lo lógico al final es que entre mayor y pequeño haya cierta diferencia 😉

    Cuando los hermanos se llevan muchos años

    Con Alfonso y Aurora estoy descubriendo una relación muy especial y cosas nuevas que no había visto hasta ahora entre los tres niños. Y cosas que tampoco viví de pequeña. Para empezar, él tiene la sensación de que debe protegerla porque la ve pequeña y vulnerable. Esto es algo que, en su momento, no le pasó con sus otros hermanos ya que, cuando nacieron, él era también pequeño. De hecho, Gabriel, que es el que menos años se lleva con la peque, no hace en absoluto ningún papel protector y se cree que la pobre criatura puede seguirle el ritmo. Así que diría que la primera cosa que me llama la atención de los hermanos que se llevan tanto años es la sensación de protección que tiene el mayor.

    Cuando los hermanos se llevan muchos años

    Otra de las cosas que veo en esta relación de hermanos que se llevan muchos años es que no hay peleas ni discusiones. A ver, entiéndase esto bien porque con 11 meses que va a cumplir Aurora, la cría no se pelea, aunque reñir, ya riñe lo suyo a su manera 😉 A lo que voy es a que Alfonso rara vez quiere lo mismo que Aurora, tienen intereses muy distintos de manera que no hay ningún conflicto y ¡dios mío, es una maravilla! Esto no pasa con los hermanos que se llevan poco tiempo, lo normal es que haya más problemas por coger los mismos juguetes, el mismo sitio en la mesa, etc…

    Y por último, otra cosa que me llama muchísimo la atención es la implicación de Alfonso en las cosas que tienen que ver con Aurora. Obviamente, es una consecuencia lógica, a mayor edad, mayor consciencia de todo. Es como si se sintiera responsable de lo que le vaya a pasar o vaya a hacer. Eso, os aseguro, que cuando ves a tu hermano de tú a tú, como con Rafa y Gabriel, no sucede. Sí, son sus hermanos y se preocupa si les pasa algo malo o sufren pero, en una situación normal, lo que hagan o decidan los otros dos, ni le va ni le viene, jaja…

    En cualquier caso, para mí está siendo todo un descubrimiento ver a este par relacionarse y lo que conlleva su diferencia de edad. Creo que ambos son muy afortunados. Ver veremos al transcurso de los años.

  • Las familias numerosas, ni ricas ni despreocupadas

    Las familias numerosas, ni ricas ni despreocupadas

    Que el número de hijos no equivale a los dígitos que hay en una cuenta bancaria es un concepto que mucha gente no tiene claro. ¿O acaso Cristiano Ronaldo o Messi tienen veinte criaturas? No es un tema nuevo en mi blog pero el asunto se las trae. Escribí hace dos años un post sobre las familias numerosas después de que las redes sociales se incendiaran para criticar al ex futbolista Raúl y a su mujer por tener una prole abundante, obviamente con comentarios hirientes y algunos bajo el argumento de que tienen pasta y así cualquiera. La tendrán, sí, al igual que muchos otros personajes conocidos que prefieren comprarse Ferraris; no entro a valorar en lo que cada uno se gasta su dinero siempre y cuando se lo ganen legalmente. A mí no me gustan los Ferraris, no quiero ninguno, aunque pudiera permitírmelo.

    Dicho esto, conozco a padres de cuatro, cinco y seis hijos con unos sueldos normales e incluso con un único salario que salen adelante y sus niños están perfectamente atendidos. Imagino que habréis leído esta noticia sobre una familia con 8 hijos que vive con un sueldo de menos de 2000 euros; obviamente, como era de esperar, la gente se les ha lanzado a la yugular. Objetivamente, yo no sabría cómo hacerlo, os lo digo en serio, no sé cómo se gestiona esa cantidad de dinero en una casa con tantos hijos pero eso no significa que otros no puedan hacerlo. Yo no me veo capacitada para ir a tres supermercados distintos cada mañana a comprar pero, ¿y si otros pueden? No voy a negar que este caso es extremo: el 75% de familias numerosas lo son de tres hijos y la mitad vive con entre 1.500 y 3.000 euros al mes y una cuarta parte cuenta con menos de 1.500 euros mensuales. Creo que las cifras, por tanto, demuestran que no somos ricos porque tengamos más hijos.

    Y después de explicar que no nos sobra el dinero, luego llega la «recomendación» o comentario de turno de «pues no haber tenido varios hijos». ¿Quién los cuida?, ¿quién los mantiene?, ¿tú? Pues entonces qué demonios te importa si me gasto el dinero en hijos, en hacer varios viajes al año o en tener un piso precioso. Por otro lado surge el debate de qué es lo que realmente necesita un niño. Porque si no eres rico o vives con lo justo, entonces dan por hecho que a tus hijos les faltan cosas… Como si la felicidad de los niños dependiese de todo lo que puedas comprarles; sin entender ese refrán de que «no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita».

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    Escribí dos posts completos y bastante detallados hace tiempo sobre el coste de un hijo, y ya visteis lo mucho que pueden variar las cifras. A un hijo hay que alimentarle y vestirle pero, ¿necesita un super cumpleaños cada año?, ¿necesita irse de vacaciones?, ¿necesita ropa de marca?, ¿necesita un Ipad?, ¿necesita más de tres juguetes? No voy a negar que vivir hoy en día al margen de ciertos productos es complicado, estamos en la sociedad del consumo; nuestra generación, las que somos madres, ya hemos disfrutado de un mundo totalmente distinto al de nuestros abuelos, hemos crecido con muchas más oportunidades y más bienes materiales. Pero, haced un ejercicio de memoria: si os dicen la palabra infancia, ¿qué recuerdos tenéis? Porque yo me acuerdo de personas, de momentos concretos, en el río, en la playa, pero no, no me acuerdo de cosas, ni de ropa, y como mucho, me acuerdo de algún juguete al que le tenía cariño.

    ¿No eran felices nuestros abuelos viviendo diez personas en una misma casa? Admito que es más cómodo vivir menos gente en un espacio limitado pero, ¿en serio lo cómodo nos hace necesariamente más felices? Porque desde luego, si partimos de ese punto, no tendríamos ni un hijo. Decidme, ¿podríais vivir sin móvil ahora? yo diría que no pero.. ¿acaso no erais felices cuando no lo teníais? ¡Y tanto que lo erais! Pues este ejemplo sólo demuestra que las prioridades y necesidades de cada familia son distintas. Decidir tener varios hijos no implica una cuenta corriente sobrada, ni que a los niños les falte nada, porque cada uno tiene un concepto distinto de lo que es primordial. Y para muchas parejas, no es importante irse de vacaciones en verano, han preferido renunciar a eso para que sus hijos tengan varios compañeros de vida.

    Cuando uno tiene un dinero limitado, se hacen maravillas. No tengo ningún trauma ni siento que me haya faltado nada en esta vida por haberme puesto a estudiar y trabajar con 18 años, o por no haber podido pagarme el viaje de estudios en la universidad. Y sé de sobra que mi situación estuvo determinada por tener tres hermanos detrás de mí, y que, de no haber existido ellos, hubiera vivido otras circunstancias, mucho más cómodas, sin duda alguna.

    También sé de sobra que, en el momento en que decidí tener varios hijos, les he hecho también renunciar a ellos a ciertas comodidades. Lo que pasa que ellos no lo saben, ellos no saben que por tenerse los unos a los otros viajarán menos, tendrán menos ropa, unos padres con más estrés y probablemente serán unos niños con más responsabilidades que si hubieran sido hijos únicos. Esto es lo que han vivido y lo que están viviendo. Y cuando sean mayores se acordarán de cómo sus hermanos estaban en el banquillo animándoles en los partidos. Y recordarán las tardes de lluvia y los días de verano jugando unos con otros. Y del día que se hicieron una brecha y sus hermanos fueron los primeros en atenderles. Pero no, no sabrán que pudieron tener más ropa, y más paga, y más viajes. Así que espero no tener que seguir leyendo y oyendo estupideces: ni somos ricos, que algunos habrá, ni tenemos desatendidos a nuestros hijos, que algunos habrá. Vamos, como habrá algunos ricos y que desatiendan a sus hijos sin ser familia numerosa. ¡Basta ya de tópicos!

  • Tenemos un hijo favorito?

    Tenemos un hijo favorito?

    Si me preguntarais si mis padres tienen un hijo predilecto os diría que no. Nunca he percibido que lo tengan aunque sí que es cierto que, en alguna ocasión, siendo niños, alguno soltó la frasecita de marras de «es que Fulanito es tu hijo favorito». Como críos, en algún momento podemos sentir que nuestros padres son injustos con nosotros sin entender algo que es clave: la justicia no es dar a todos lo mismo. Hay quien cree que a los hijos hay que tratarlos por igual. Y no, eso no es así; y me explico. A los hijos hay que quererles por igual, y de hecho eso es algo innato, no es algo que tengas que hacer. Pero a los hijos no se les puede dar el mismo trato porque son distintos y tienen diferentes necesidades. Por esa misma razón, ni siquiera podemos exigirles lo mismo.

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    ¿Yo tengo un hijo predilecto? Diría que no. Pero eso decimos todos. Eso no quiere decir que objetivamente no sepa cuál de los tres es más cariñoso, más listo o más guapo. Sé de sobra lo que es cada uno y no pasa nada por pensar que uno es más inteligente que otro. De hecho, es importante ser objetivos en este sentido precisamente para saber qué esperar y qué exigir de cada uno. Pero mi opinión me la guardo para mí, o la comento con maridín cuando hablamos de los niños, de lo que hacen, de cómo se han portado durante el día… los críos no tienen porqué saberlo; ellos mismos, con el tiempo, sabrán en qué destacan y en qué no. Lo importante es que crean en sus posibilidades y sepan sacar partido a sus virtudes.

    Tenemos un hijo favorito

    ¿Tenemos un hijo favorito?

    Lo cierto es que muchos padres reconocen tener un hijo predilecto, y creo que es por una cuestión de afinidad. Otros no lo reconocen pero, desde fuera, se puede percibir cierta predilección por alguno de sus vástagos. Yo siempre le digo a maridín que Alfonso es su ojito derecho, y él dice que no con la boca pequeña. Pero es cierto que es con quien más trato ha tenido siempre, no sólo porque sea el mayor sino porque, cuando nació Rafa, yo obviamente pasaba más tiempo con el bebé, y mi señor esposo se encargaba más de Alfonso. Y lo mismo cuando nació Gabriel. Y si buscáis información sobre esto, algunos estudios afirman que el primogénito es el favorito en la mayoría de las familias.

    Creo que no elegimos ni admitimos tener un hijo favorito pero es probable que, a lo largo de la vida, tengamos más afinidad con alguno de ellos, bien por los caracteres de cada uno o porque compartamos aficiones. O sencillamente, porque alguno dependa más de nosotros. Desde luego, creo con sinceridad que todos los padres intentamos ser lo más equitativos con nuestros hijos. Y por supuesto, sobra decir que se les quiere por igual, hasta el infinito.

    También hay etapas en las que nos sentimos más unidos a uno u otro hijo. En mi caso, por cuestión de carácter, el más fácil de gestionar en general es el segundo, porque es muy cariñoso pero el que más dependencia tiene de mí es el tercero, y no por ser el pequeño sino porque es el único de los tres que tiene algo de «mamitis» y claro, se me cae la baba. Pero no, yo no podría decir que ninguno es mi favorito.  ¿Qué opináis?

  • Situaciones estresantes de ser madre de familia numerosa

    Situaciones estresantes de ser madre de familia numerosa

    A mí me va la marcha y lo sabéis. Cada vez que alguien me mira con cara de agobio en determinadas situaciones, me río y pienso: coño, si yo viera esa imagen seguramente pondría el mismo careto. Porque al final, cada dos por tres, estoy metida en algunas coyunturas que, para qué negarlo, me generan cierto estrés. El día a día con tres niños seguidos tiene mucha historia. Una se organiza como buenamente puede pero sabe que hay citas ineludibles con el agotamiento.

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    Caras como la que tengo ahí denotan cierto estrés 😉

    Sudo la gota gorda si quiero llegar puntual a algún sitio en coche. Creo que si me quitaran el reloj sufriría un ataque de ansiedad, sería peor que si me cortasen la mano 😉 Que lo del automóvil tiene mucha tela. Primero ubico las bolsas con las cosas de los niños, después sitúo a Copito en el asiento del copiloto a contramarcha, luego pliego la sillita y la meto en el maletero, después subo a Rafa y le ato el cinturón y posteriormente hago lo propio con el mayor, aunque últimamente puede hacerlo solo pero tengo que revisar que el cinturón esté bien abrochado. Sólo al escribirlo, me he cansado. ¿Total? Cinco minutos sólo para el trance de subir al coche. Y espera, que si esa situación es para salir de casa, sólo sudo. Pero si es en la calle, y a éso sumas el típico coche que pretende esperar para aparcar en tu sitio, eso ya es el equivalente a correr 10 kilómetros. No puedo, esa sensación de presión con toda la parafernalia de subir a éstos en el coche, me supera 😉

    Otra situación que me ocasiona cierto estrés, por no decir mucho, es la que vivo cada semana en los partidos de fútbol de Alfonso. Oye, y pensar que el año pasado era sencillísimo porque Gabriel solía dormir ricamente y era un bendito. Pero claro, esos días de gloria y paz llegaron a su fin hace ya un par de meses. Y ahora, no sólo tengo que controlar que el mediano no meta otro balón en el campo (porque claro, él también quiere jugar) sino que tengo que vigilar que el pequeño no entre en pleno juego y se lo lleven por delante. Porque a ver quién es la guapa que lo retiene sentado en la sillita si no es a base de ir dándole trozos de fruta, galletas y hasta un sándwich si hace falta. Pero no es plan de cebar a la criatura. Así que claro, el día que los astros se juntan y llevo sola a Alfonso a un partido, entro en modo zen y lo mismo cualquier día me baja la tensión y todo.

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    Carreras con el suelo mojado en el lateral de la pista

    Entrar en un supermercado es otra de ésas cosas apasionantes cosas que le pueden suceder a una madre de familia numerosa. A los típicos «¿podemos comprar éso, esto, aquello y lo de más allá?» en cada pasillo, se suman las carreras de un lado para otro por el supermercado y la lucha por llevar la dichosa cesta de ruedas. Obviamente, acaba cada uno con una cesta y luego hay que ser como Salomón: no le pongas una cosa más a uno que a otro porque se tenemos lío. Pues así, a bote pronto, éstas son algunas de las situaciones que más me estresan. Pero luego están las vacaciones de verano que, en general, acaban conmigo 😉 ¿Qué os genera más ansiedad de la maternidad?

  • Parecidos razonables… o inverosímiles

    Parecidos razonables… o inverosímiles

    Me divierte, y no sabéis de qué manera, lo de los parecidos. Sí, ésos que la gente saca a los bebés y niños, unos acertados y otros, cuando menos, sorprendentes. No me digáis que más de una vez no habéis soltado media carcajada al oír alguna comparativa digna de decir: ¿seguro que usted no necesita gafas? Luego están los que dan en el clavo, es decir, los que te dicen aquello que quieres oír porque tú estás convencida de que la criatura es un clon de la tía, el hermano o de ti 😉 Y oye, no existe persona que haga mejor análisis que las madres, que nadie ose llevarte la contraria 😉 Y si esa comparación te pilla al lado de tu señor marido le pones cara, levantando levemente las cejas, de «ya te lo dije».

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    Arriba, servidora. Debajo, mi primogénito hace un par de veranos

    Una de ésas frases que me desconcierta en esto de los parecidos es la de «se parece al abuelo». Que ojo, igual es que yo tengo poca imaginación (me cuesta ver hasta una ecografía) pero ¿quién demonios es capaz de sacar un parecido entre un bebé y un señor de más de 60 años? Y ya el colmo es cuando tienes un hijo de rasgos completamente opuestos a los tuyos, como nos ha pasado con Copito. A algunos hay que explicarles las leyes de Mendel y lo de los guisantitos. La gente se asoma al carrito, te mira, pone cara de circunstancia y se queda con las ganas de decirte «¿seguro que es tuyo?» para acabar con un «uy, pues qué distinto es». Pues hombre, es rubio y blanco pero el crío no tiene ningún rasgo especialmente sospechoso que indique que me lo han cambiado, por mucho que ya sea una broma típica en mi familia y que mi señor esposo acepta gustosamente. Y si me lo han cambiado, yo no lo devuelvo, oiga 😉

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    Blanquito es un rato al lado de sus hermanos y sus progenitores, pero leñe, el crío se ve que es hijo nuestro 😉

    Venga, y luego está lo de la familia política, bueno, lo de las féminas de la familia política (a ellos se la suele traer al pairo), que siempre dicen que la criatura es igual que el padre, o lo que es lo mismo, que su amado hijo, sobrino, nieto. Que no digo yo que no sea así en muchos casos, que a veces ves por ahí verdaderos calcos pero vamos a ver, las cosas son las que son. Y si mi mayor es mi miniclon masculino versión mejorada, pues hombre, no me quitéis ese mérito, que bastante me dolió el postparto 😉 Pero ojo, hay que estar prevenidas para lo que toque. Porque señoras, si para gustos los colores, para parecidos, otro tanto. Yo no hay cosa con la que más me divierta, y teniendo tres niños, os podéis imaginar la cantidad de parecidos razonables, o no, que les han sacado. ¿Os pasa lo mismo?

  • Lo más difícil de ser madre

    Lo más difícil de ser madre

    Creo, y lo digo con sinceridad, que podría incluir varias cosas en la lista de aspectos negativos que trae la maternidad. Porque no nos engañemos, ser madre no es un camino de rosas y hay que hablar de ello con naturalidad aunque intentando siempre dar la justa importancia a las cosas, vamos, sin ponernos a llorar. Todas sabemos que las cosas buenas compensan todo lo malo. El caso es que me da la sensación de que siempre nos referimos a las mismas situaciones cuando pensamos en las peores cosas de ser madres: los embarazos con problemas, los partos y postpartos dolorosos, las lactancias «fracasadas», el cansancio, menos tiempo para nosotras, las carreras del trabajo a casa y viceversa. Y ojo, que todo ello es difícil y creo que es necesario tratar estos temas y darles visibilidad, eso sí, sin perspectivas catastrofistas, a poder ser.

    Para mí, en ese sentido, los dos momentos más duros como madre fueron el postparto del mayor y las rabietas del mediano poco antes de cumplir dos años y estando al final del embarazo del pequeño, sin olvidar algún que otro verano al borde del colapso 😉 Pero lo cierto es que, me paro a pensar y esas crisis que tuve son cosas que ocurrieron durante espacios cortos de tiempo. Y ahora me doy cuenta de que, desde hace ya mucho, me enfrento a un problema que a veces me hace perder los nervios y que, lejos de mejorar, creo que lo lógico es que vaya a más en los próximos años.

    Hablo de los conflictos entre hermanos. En esta casa, no hemos pasado por los celos pero creo que ése sería el primer gran problema que puede surgir en una casa con varios niños. Pero yo hoy voy más allá y hablo de las peleas entre hermanos; y no me refiero solo a cuando se empujan o se dan algún que otro mamporro, sino a las disputas por tener y querer siempre las mismas cosas. Esto empezó a ocurrir en nuestra casa cuando Rafa comenzó a caminar con 13 meses; Alfonso acababa de cumplir tres años así que estaba en una edad en la que no entendía muy bien porqué su hermano le «molestaba». Aún así, lo llevó bastante bien. De hecho, los mayores se acostumbran a esa situación. Cuando los hermanos pequeños tienen menos de dos años y no son capaces de razonar muchas cosas, a los mayores les toca ceder. Pero, ¿hasta dónde? Buena pregunta, yo no lo sé y es ahí dónde a veces descubro que no sé ser jueza. Porque ése es el papel más difícil de ser madre: ser justa en función de las necesidades de cada hijo sin que ninguno sienta que queda de lado. Tela marinera.

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    Aquí están jugando. Eso sí, a lo bruto. Gabriel tiene el cielo ganado, es que no se queja por nada!

    Los hermanos pequeños tienen el gran problema de que quieren hacer, tener, comer, tocar el botón del ascensor, entrar en casa y, si se tercia, hacer sus necesidades cuando lo hacen los hermanos mayores. Yo ya he visto a Ricitos de Oro enfadarse por querer utilizar el mismo váter que Alfonso cuando su hermano está en plena «evacuación». Y es muy frustrante. Ah, excepto cuando haces un viaje en coche, que entonces uno quiere ver Cars y el otro Buscando a Nemo y acabas poniéndoles Dumbo por no generar problemas. Pero bueno, esto se queda en mera anécdota comparado con el tema juguetes o objetos de entretenimiento porque ahí llega la guerra de verdad. «Alfonso, déjaselo un rato», digo. Y todo por no oír protestar al mediano, que lo hace de una forma muy irritante, es decir, llorando. Porque esa «táctica» les ha funcionado muy bien desde bebés; es lo que tiene nacer y ya tener «competencia», tiene cierta lógica. Mientras, el mayor suda la gota gorda pensando en deshacerse de su amado objeto. Por ponerle humor, tipo Gollum en El Señor de los Anillos. Y ya sabéis, a partir de ese momento: «es que lo tenía yo primero», «es que es mío», «es que antes me pegó», «es que lo quiero yo» y un sinfín de frases del estilo.

    El caso es que, cuando me paro a reflexionar sobre esto, me doy cuenta de que esto va para largo y seguramente irá a más, por mucho que se quieran, se necesiten y se defiendan a muerte frente a los demás. Y esperad, que a Gabriel le quedan dos telediarios para entrar en el meollo así que… continuará. ¿Veis?, ¿a qué ahora lo del parto no os parece tan horrible? 😉 ¿Cómo lleváis vosotras este tema de las broncas entre hermanos?

  • Un año como madre de familia numerosa

    Un año como madre de familia numerosa

    Cuando tienes tu primer hijo, crees que no habrá nada en la vida que iguale esa sensación. Pero la hay, claro que la hay; ocurre cuando tienes el segundo. Y sucede lo mismo cuando tienes en brazos al tercero; da igual las veces que repitas, el nacimiento de cada hijo es único. Hace un año, Gabriel vino al mundo a triplicar mi felicidad… y todo lo demás. Hasta entonces, siempre había oído que el tercero se cría solo. Pero no, no se cría sólo. De hecho, en un post hace meses os contaba que había notado mucho más el cambio de dos a tres hijos que uno a dos. Al final, somos dos adultos «frente» a tres niños, y las matemáticas son las que son 😉

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    Ese día en que te ves con tres en casa es… fuerte

    Desde fuera, uno puede pensar que, cuando se enfrenta al nacimiento de un tercer hijo, ya no se tienen miedos. Temor como tal yo no he tenido ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez porque soy muy tranquila y nunca pienso que algo pueda ir mal. Pero sí, aunque parezca mentira, hay preocupaciones que tienes con un tercero que no tienes con los anteriores. ¿Qué dos cosas temía cuando nació Copito que no me habían inquietado anteriormente?

    1. Que se pusiera enfermo siendo muy bebé: esto es algo en lo que jamás piensas cuando tienes tu primer hijo, salvo casos puntuales. Quizás lo piensas con un segundo si el mayor ha tenido la mala suerte de enfermar pronto, que no fue el caso de Alfonso. Pero cuando tienes un tercero, ya sabes la facilidad con la que los hermanos se contagian cualquier cosa y yo sentía pánico a que el bebé cogiese algo los primeros meses de vida, de ahí mi empeño por intentar nuevamente la lactancia materna, por inmunizar un poco al pequeño.

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    Son tan frágiles durante sus primeros meses de vida…

    Además, Gabriel tenía todas las papeletas para caer enfermo: hermano mayor en Educación Infantil, hermano mediano en su primer año de guardería, nacimiento a las puertas de la Navidad con viaje y estancia en casa ajena durante una semana, entrando y saliendo gente de continuo… Pues contra todo pronóstico, Copito cumple su primer año y no ha pisado el pediatra para nada que no fuesen las revisiones. Hubiera firmado sólo porque librara los cuatro primeros meses, con eso lo digo todo. Cierto es que ninguno de los tres ha necesitado nunca antibiótico y Rafa no cogió nada en su primer año de guardería (creo que eso fue primordial para la salud de Gabriel). Aunque me da que estos son como mis hermanos, duros como piedras.

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    Y al tercero no le quedan más narices que salir duro con semejante trajín 😉

    2. Los celos: Muchas me diréis que es algo que preocupa ya con la llegada del segundo, y es lógico. Pero con el tercero pasa una cosa: hay una diferencia de edad más amplia entre mayor y pequeño, como es obvio, que entre mayor y mediano o mediano y pequeño. Es decir, que el mayor vive la llegada de su segundo hermano de una forma más consciente que cuando nace el que va detrás de él. Así que temía que Alfonso, que no había mostrado nunca celos tras la llegada de Rafa al llevarse dos años justos y ser poco consciente de todo ese proceso, pudiera sentir algún recelo cuando naciese Copito, con el que se llevaría 4 años. Por suerte, es un hermano mayor con mayúsculas; no sólo no tiene pelusa sino que se desvive por él, hasta se pone a gatear para jugar a las carreras con él.
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    Mi primer año como «trimadre» ha sido un no parar pero increíble; no he vivido situaciones que me desbordasen más allá del típico día en verano que los mayores me han puesto la cabeza como un bombo y he dado cuatro gritos. No voy a negar que ha sido muy ajetreado, porque no he parado ni paro, y voy corriendo a muchos sitios, pero con la suerte de que Gabriel es como sus hermanos de bebés: dormilón y casi tan buen «comedor» como ellos. Es un crío tremendamente sonriente, y no es que lo diga yo sino que es un comentario que me hacen a diario conocidos y desconocidos. Criarle ha sido muy fácil y soy consciente de que la «marcha» va a empezar enseguida, en cuanto camine. Pero a día de hoy todo con ha sido relativamente sencillo y estoy orgullosa de cómo ha transcurrido este tiempo con los tres. A mi pequeño, el rubito de la casa, hoy toca desearle feliz primer cumpleaños.

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    Y aunque casi ningún tercero tiene su álbum 😉 , ya se han encargado desde Tubebebox de que Gabriel no se quede sin el suyo. Su primer regalo.

     

  • Carta a mi hijo mediano

    Carta a mi hijo mediano

    Sé que piensas que estás en una situación extraña; y no es para menos. Primero, naciste y ya tenías un referente, alguien en quien fijarte, a quien observar, a quien seguir y a quien imitar. Viniste al mundo y ya lo hiciste condicionado por otro niño, para bien y para mal. Tuviste la gran suerte de que, durante un tiempo, todos los ojos estuvieron puestos en ti. Y es que existió una época en la que fuiste el pequeño de la casa. Eso, lo sabes, tiene muchas ventajas y saliste triunfante en tus «disputas» con tu hermano mayor, que es el que siempre cede. Sin embargo, aquello fue temporal y duró poco, muy poco. De repente, un día, dejaste de ser el benjamín de la casa para quedarte ahí, en medio, sin saber muy bien cuál era tu papel. Y eso no es fácil; dejar de ser el bebé de la casa es un paso difícil de asumir, y así lo demostraste con tus rabietas poco antes de la llegada de un nuevo hermano.

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    Los medianos sois los «niños sandwich» y eso debe ser complicado. Hay una época en la que tenéis la necesidad de llamar la atención, supongo que es lo normal cuando estás entre dos aguas. El mayor siempre suele ser un referente y es el primero en hacer muchas cosas. Y el pequeño es un bebé al que todo el mundo mira. Por eso, hijo, buscaste recursos continuamente para hacerte notar. Dice el refrán que «el hambre agudiza el ingenio» y contigo se cumple perfectamente el dicho. Estar en medio te hace ser más divertido y gracioso, te hace especial. Por eso, yo me casé con un mediano 😉 Eres creativo, genial, buen comunicador y, en tu caso, la bondad es tu fuerte.

    Seguir a un mayor, al que continuamente vigilas, y estar pendiente de un pequeño te ha convertido en un excelente negociador y hace que te relaciones con niños de todas las edades; te adaptas igual de bien a los juegos de un bebé como a los de los mayores. Es más, tienes la gran suerte de que, no sólo tienes amigos en tu clase, sino que además te has convertido en uno más del grupo de colegas de tu hermano mayor. Y eso es genial, te has creado una maravillosa red de defensores en el colegio que te trata de tú a tú. Como ves, eres un privilegiado, no está tan mal eso de estar en medio. Y lo mejor de ser el mediano es, sin duda, que eres el punto de unión entre hermanos. No me digas que eso no es maravilloso. ¡Feliz tercer cumpleaños, Rafa!

  • Carta a mi hijo mayor

    No es fácil ser el hermano mayor, lo sé por experiencia. Quizás te exijo demasiado sólo por el hecho de que, detrás de ti, hay otros dos niños pequeños a los que veo más indefensos. Ser el mayor implica madurar antes de tiempo y adquirir responsabilidades muy pronto. Me oyes a menudo decir que tienes que dar ejemplo. Comprendo que a ti no te parece justo. Pero fíjate en lo bonito de algo así: tus hermanos te imitan. Ellos te admiran y todo cuanto haces es observado por el mediano, que va donde tú vas. Y si te caes, él también se cae. Pero lo hace adrede, ¿no te parece maravilloso, hijo?

    Muchas veces te preguntarás por qué debes compartir todo cuanto tienes: tu espacio, tus cosas, tu tiempo… Es difícil querer o pedir algo y que, automáticamente, tu hermano demande lo mismo. En realidad, sé que es muy frustrante desear algo y que alguien siempre anhele lo mismo sólo porque tú lo has pretendido. Y lo peor es que, como eres el mayor, muchas veces te pedimos que seas tú el que ceda porque eres más maduro para entenderlo. Y lo haces, o no. Porque obviamente, tú también eres un niño. Y tienes derecho a jugar con tu coche y a estar, a veces, divirtiéndote solo, sin que nadie te moleste ni dirija tus juegos.

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    Pero no olvides que tus hermanos te necesitan y, lo más importante, ¡no han vivido nunca sin ti! Ellos llegaron y tú ya estabas ahí. Los mayores hemos sido hijos únicos durante un tiempo; unos más, otros menos. Hijo, tú has disfrutado de una etapa de tu vida solo, con nuestros ojos puestos únicamente en ti, atendiendo tus necesidades en el momento, sin «competencia» alguna. Tienes tu álbum de fotos completo, estrenaste toda tu ropa y, lo más increíble, te compramos un coche enorme cuando ni siquiera caminabas. Esto es algo que solo les pasa a los hermanos mayores porque los padres son primerizos, ¿no te parece genial?

    Ser hermano mayor tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Lo sé, te tocará «pelearte» con nosotros para que te dejemos ir a dormir  a casa de un amigo o, dentro de más años aún, que te permitamos salir por la noche; tendrás que abrir la veda para tantas cosas… Pero no olvides que todas esas vivencias suelen forjar un carácter responsable y fuerte. Y sobre todo, no olvides, que ser el mayor tiene la gran fortuna de convertir a una mujer en madre. Eso sólo lo hace el primero. ¡Feliz 5º cumpleaños, Alfonso!

  • Primer día de cole… del segundo hijo

    Primer día de cole… del segundo hijo

    Dicen que el orden de factores no altera el producto. Pues oye, el de los factores no lo sé, pero el orden o la posición que ocupas entre tus hermanos altera el producto, el servicio y la madre del cordero. Vamos a ver, no es lo mismo ser el mayor que el pequeño. Y claro, yo contaba ayer con ese componente a mi favor: que era el primer día de cole… para el segundo hijo. No se puede negar, ése es un factor favorable porque los pequeños siempre quieren estar donde sus hermanos mayores y porque ya conocen bien el centro al que van a ir. Así que todo transcurrió como yo imaginaba y, por primera vez en mi corta vida como madre, sin lágrimas. Porque mis churumbeles para los inicios son bastante desdichados. Ayer Rafa pasó por tres fases:

    Fase primera: Voy al ir al cole de mi hermano, ¡cómo mola el asunto!

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    Véase foto en casa super emocionado

    Fase segunda: No veo a mi hermano (los que empiezan el cole por primera vez entran más tarde) pero veo un huevo de gente en la puerta; por tanto, esto ya no me mola tanto pero me mantengo tranquilo junto a mamá.

    Fase tercera: hay un montonazo de juguetes y camiones en la clase así que yo me pongo a jugar y a lo mío, aunque alrededor se masca la tragedia.

    Yo no sé cómo transcurrió el tiempo allí dentro porque, cuando le hago preguntas, entra en versiones contradictorias y porque, como ahora tengo que recoger a los dos en clases diferentes, no me dio tiempo a tener conversaciones con los profesores. El primer día hay cierto colapso porque van hasta cuatro adultos por niño 😉 Pero oye, el crío salió de allí contento y tranquilo cuando le fui a buscar y el resto del día lo pasó como siempre, por lo que puedo intuir que estuvo a gusto. La suerte que hemos tenido es que está en el mismo aula y tiene la misma profe que tuvo Alfonso los dos primeros años. La mala suerte es que, de los seis compañeros que tuvo en la guardería, ninguno está con él en clase. Pero ya os adelanto que el personajillo este no va a tener problemas para hacer amigos… y enemigos 😉

    Y sobre el mayor no hay mucho que decir. Le llevó maridín y, cuando le pregunté a mi señor esposo qué tal el niño al volver al cole, me respondió: «Como si entrara en Disneyland». Vamos, que fue ver a sus amigos y oye, «adiós, muy buenas». Cómo son. ¿Qué tal vuestros peques? Si hubo drama, no os preocupéis, es lo más normal del mundo.

  • De la cama a la cuna… con compañía

    De la cama a la cuna… con compañía

    Servidora nunca se pone plazos para nada en cuanto a los niños, voy viendo sobre la marcha lo que hacer y lo que no por pura intuición y, eso sí, también con sentido práctico. Algunas os estaréis preguntando a qué demonios viene esto ahora. Hoy os voy a contar nuestra experiencia con el paso de la cuna a la cama de Rafa. No pretendo que este post sirva para dar ningún tipo de instrucción sobre cuándo y cómo llevar a cabo ese cambio; cada niño a su ritmo. En el caso de Alfonso, lo hicimos con la edad que tiene ahora mismo Rafa pero la situación era bastante distinta.

    Este verano os conté que habíamos juntado a los peques en la misma habitación; hasta entonces no lo habíamos hecho porque uno madrugaba para ir al cole y el otro se despertaba tarde ya que por entonces no iba a la guardería. El caso es que fue Rafa el que, el mismo día que se hizo una brecha, nos pidió dormir con su hermano. Y lógicamente accedimos; eso sí, Rafa seguía durmiendo en la cuna. Con 21 meses y el baile de San Vito nocturno que se traen mis hijos, me parecía que lo de la cama podía esperar. Documentos gráficos a continuación.

    Dos de las posturas de Alfonso esta misma semana (por no hablar de que sea cae a pesar de la barrera) con los pies en el cabecero y en horizontal con la cabeza apoyada en el mueble.. muy cómodo, oiga.
    Dos de las posturas de Alfonso esta misma semana (por no hablar de que se sigue cayendo a pesar de la barrera) con los pies en el cabecero y en horizontal con la cabeza apoyada en el mueble. Muy cómodo, oiga.
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    Si hay que dormir sentado, se duerme..
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    Dejarles echados y tapados y encontrártelos al rato así.

    La cosa fue bien un tiempo pero acabamos separándolos nuevamente porque Alfonso terminaba hasta el gorro de las charlas nocturnas de su hermano antes de acostarse. Uno quería dormir y el otro seguir de juerga. Así que volvieron a “independizarse” y la verdad es que Rafa ni protestó. Si no, hubiéramos tenido recurrir a la táctica que hacemos todos los padres con los hermanos mayores: rogarles que cedan y aguanten a los pequeños. ¡Qué duro es ser el primogénito! 😉

    Hace un mes, Rafa nos pidió dormir nuevamente con Alfonso y esta vez en la cama. Esto de que con 2 años y tres meses sepa hablar a la perfección es lo que tiene, que no te puedes hacer el longui ;- ) Y realmente, como en unos meses Gabriel pasará a ocupar la cuna, nos pareció buena idea. Como veis, aquí uno va quitándole cosas a otro. Oye, todo bien amortizado, ¡que no se diga!

    ¿Queréis saber cómo ha ido la cosa? Pues si os he dicho muchas veces que Rafa es la sombra de Alfonso, me equivoqué; es algo más que la sombra, es como un grano de esos del que sabes que no vas a librarte nunca. Rafa no se conforma con pernoctar en la misma habitación y en la cama de al lado; Rafa quiere más. Y así, sin más, se mete cada noche en el lecho de su hermano. Cuando está despierto, Alfonso protesta, no quiere invasores, esto de dormir a pierna suelta es muy serio y el mamotreto de Rafa no deja lugar al libre movimiento, que es mucho. Así que me limito a otra secuencia de documentos gráficos para que sepáis cómo nos va la experiencia.

    Primeros días: acercamiento, aunque para Rafa suponga dormir con los pies hacia el cabecero. Aclaro que las camas están el «L» porque les queda más espacio para jugar en la habitación.
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    Siguiente paso: saltar la barrera para entrar en la cama de Alfonso. La verdad es que maridín y yo nos reímos mucho porque nunca sabemos cómo nos los vamos a encontrar.
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    Secuencias posteriores: coger la misma posición… Cuando maridín me mandó esta foto de cómo se los encontró por la mañana, casi me da algo 😉
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    La misma posición llevada al extremo: con la cabeza pegada al mueble. Obsérvese que son del Sporting 😉
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    Y como cada noche, cuando nosotros nos acostamos, les volvíamos a colocar en su sitio y, consciente o inconscientemente, Rafa volvía a las andadas, decidimos cambiar las camas de posición y allanarle el camino.
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    Lo que pasa es que a veces se pasa y acaba con medio cuerpo en el mueble.

    Estoy pensando que como esto de las posturas de mis hijos dormidos da para mucho, igual hago un post mensual con fotos 😉 Pues esa es nuestra experiencia, que se resume en que, en cualquier momento, Alfonso manda a su hermano a la porra…. vamos, de hecho, una noche empezó a gritar como un loco porque se despertó y el otro estaba sentado a su lado, jajaja. A mí no me hizo ninguna gracia, yo llevaba sólo 20 minutos durmiendo  ya que Gabriel quería juega. En fin, ¿cómo os ha ido la experiencia en este sentido? Perdonadme por no responder a todos los comentarios, estoy liada con lo del sorteo del aniversario del blog y con el diseño. Y por si fuera poco, hace dos semanas, decidí retomar tema deporte-zumba (prometo post también sobre esto) Y gracias a MAM por estos regalos para Gabriel, nos vienen genial. Será una de las marcas que ceda productos para el sorteo. La semana que viene os adelanto todas las empresas que participan.

  • Niños temerarios

    Niños temerarios

    No tenía pensado escribir sobre esto pero una foto en Instagram de mi hijo Rafa haciendo una de las suyas me abrió los ojos y me di cuenta que este «personaje» merece un post especial. Eso sí, primero aclaro que a los niños, según su comportamiento, les clasifico en tres grupos. Por un lado, están los chiquillos tranquilos, que creo que no son más del 10% de la población infantil mundial. Por supuesto, no son estadísticas de ningún estudio sino fruto de mi observación. Sencillamente, es que por cada 9 niños moviditos que veo, sólo diviso uno manso. En este grupo englobaría a Rafa en su primer año de vida, porque era un santo, y a Alfonso, en sus casi primeros tres años de existencia, porque también rozaba la santidad.

    Cuando Alfonso y Rafa estaban en su época tranquila.
    Cuando Alfonso y Rafa estaban en su época tranquila.

    Luego está el grupo de los traviesos, llámense como queráis: revoltosos, movidos, inquietos, pillos… Y aquí están la gran mayoría de niños del planeta, en torno a un 80%, nada más y nada menos. En este clan mayoritario incluyo a Alfonso en este momento de su vida. Son críos que rara vez están parados pero que no suelen montar ninguna trastada de las gordas. Para mí, sin duda, forman parte del mejor grupo. Es cierto que hay momentos en los que nos gustaría tener un hijo de esos que está sentado tranquilamente en un restaurante, o que no «monta un pollo» por estar colocado en la sillita pero, sinceramente, se agradece que tengan cierto descaro.

    Y luego está el grupo de los niños temerarios; ésos que, no sólo no paran, sino que además te tienen continuamente en un «sinvivir» porque nunca tienen una ocurrencia buena. Aquí incluyo al pieza de Rafa. Esta situación no me pilla de nuevas porque he sobrevivido a tres hermanos rozando el grado de «terroristas» 😉 Este sábado, mientras maridín y Alfonso estaban en natación, yo me quedé en casa con los otros dos y aprovechaba para organizar y adecentar el hogar. De repente, vi que Rafa venía a contarme una batalla de las suyas con un bote de lápices vacío en las manos. Caí en la cuenta de que ese objeto no estaba precisamente a su alcance.

    Así que me lo llevé a la «escena del crimen» y le pregunté si se había subido en la mesa de cristal. Lo bueno que tiene este crío es que dice la verdad cuando le preguntas (aunque también se inventa cosas no reales). La respuesta fue obvia: sí. Se había subido a una silla para  ascender a una mesa de cristal (peligro total) y de ahí a una estantería. Teniendo en cuenta que pesa 16 kilos y que es bastante torpe, la cosa podía haber terminado muy mal. Por supuesto, esa mañana decidí no meterme en la ducha hasta que llegó el padre de las criaturas.

    Esa misma mañana, también le descubrí metido en la minicuna de Gabriel, aunque el bebé no estaba dentro. Fue otra de las razones por las que desistí en mi intento de entrar al baño a ducharme.

    La foto que colgué en Instagram mostraba una situación que, a posteriori, es bastante divertida. Y digo a posteriori, porque en el momento no te hace ninguna gracia. El crío se metió en la ducha para esconderse por la noche antes de lavarse los dientes; cuando me lo encontré allí, me pareció gracioso y le hice una foto. Me di la vuelta y oí el agua. El resto os lo imagináis: cambio de pijama, secado de pelo… vamos, que en ese instante te acuerdas de la madre que lo parió, es decir, servidora. Pero luego, te ríes. ¿En qué grupo están vuestros peques?

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  • El inconveniente de tener varios hijos

    Mientras yo estaba ingresada en el hospital tras el nacimiento de Gabriel, en otro lugar de Gijón, Alfonso marcaba su primer gol con el equipo del cole. Yo, que siempre había ido a todos los partidos y que estaba en todos los entrenamientos, me perdí ese momento. Me alegré muchísimo, sobre todo cuando él me lo contó, por teléfono, con muchísima emoción. Pero aquel día comprendí que, inevitablemente, tendría que perderme algunas cosas y me dio pena. Gabriel ha cumplido dos meses y me he dado cuenta de que, ni puedo multiplicar el tiempo, ni dividirme y estar en varios sitios a la vez. Que conste que lo intento y casi, casi, lo consigo 😉

    Así me ocurre muchas veces, que cuando llego a todo, lo hago muy justita. Y entonces, me vienen decenas de situaciones en las que alguno de mis hijos «sale perdiendo». Si una toma del peque toca justo antes de tener que salir de casa a recoger a los otros dos al cole y guardería, no me queda más remedio que darle un bibe rápidamente ya que con el pecho podemos eternizarnos y estar casi una hora. Así que el pobre Gabriel lleva un ritmo frenético. Me pasa algo parecido cuando Rafa tiene natación con la guardería; para que las profes no tengan que vestir a todos los niños, muchos padres, madres o abuelos vamos a ayudar. Así que más de una vez he tenido que darle un bibe a toda velocidad a Gabriel para salir de casa pronto por la mañana. Esto de que todavía no tenga horarios es lo que tiene, cero planificación.

    El tema del fútbol también da para mucho. Cuando hay partido o entrenamiento de Alfonso, es decir, dos o tres días a la semana, con estas temperaturas yo no puedo sacar la pechera a airear; que igual algunas no tienen problema pero el frío y yo tenemos cualquier cosa menos un idilio y voy vestida que podría perfectamente pasar por esquimal. En cualquier caso, y a lo que voy con el ejemplo, es que todos, sin saberlo, sacrifican algo; y vamos los cuatro a todos lados aunque eso implique sacar a un bebé de casa con frío. Ya lo dije en otro post, intento que unos hermanos condicionen lo menos posible los ritmos y planes de los otros.

    Y si en un partido yo tengo que estar pendiente de que Rafa no entre a molestar, comprenderéis que no me entero muy bien de las jugadas. Así que, si marca Alfonso, ya le veo directamente celebrándolo y del gol ni me «cosco». Nuevamente, me pierdo algo. Son cosas sin demasiada importancia pero no deja de ser cierto que, si tienes un solo hijo, puedes dedicarle más tiempo y, por supuesto, mayor atención.

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    Sé que me miran cuando aparezco en cualquier sitio con los tres y no os voy a negar que voy por la vida corriendo. No tendría por qué estar en todos sitios pero quiero estar. Ésa es la gran desventaja de tener varios hijos, que tengo que sacrificar unas cosas de unos por los otros. Lo noté algo con dos hijos; sin embargo, con tres niños, esta sensación se dispara. Pero ¿sabéis lo que me dijo Alfonso el otro día? «Mamá, tú eres muy buena porque haces muchas cosas por nosotros». Me quedé helada ya que no creí que él fuese consciente del ritmo que llevo por intentar estar en todas partes. En cualquier caso, los contras no superan los pros de todo lo que me aporta tener varios niños y, como ya os conté en otros posts, creo que ellos también ganan teniendo hermanos. ¿Habéis sentido alguna vez que no teníais tiempo suficiente para cada uno de vuestros hijos?

    Por cierto, la ganadora del sorteo de un vinilo es Nakary González, ¡enhorabuena!

  • Culo veo, culo quiero

    Culo veo, culo quiero

    La semana pasada hice una observación en mis hijos que me dejó un tanto perpleja. Bueno, fue en concreto Rafa el que me dejó alucinada. La situación era la siguiente: los niños acababan de cenar y uno estaba con su vaso de leche y el otro con su biberón. Alfonso cogía su taza y bebía e, inmediatamente después, Rafa cogía el bibe y hacía lo mismo. Alfonso posaba su vaso en la mesa, Rafa repetía la operación. Es decir, el ritmo de Rafa para tomar el biberón dependía del compás de su hermano para beber el vaso de leche. Y pensé «¿pero hasta en esto le copia?, ¿cómo es posible?» Vamos, que ya os podéis esmerar en educar bien a vuestros primogénitos porque los segundos no os van a hacer ni puñetero caso, simplemente van a imitar a los mayores.

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    Hace un año, cuando los dos tomaban bibe en el desayuno

     

    Ya desde bebé, Rafa seguía con la mirada a su hermano en cuanto le veía, o giraba la cabeza cuando le oía para buscarle. Y en cuanto empezó a andar, sus pasos siempre iban tras los de Alfonso. Si el mayor quiere un juguete, ya tenemos lío montado porque Rafa, aunque esté super concentrado en otra cosa, también quiere el cachivache. Pues bien, hasta ahí todo lógico. Lo que pasa que esto empieza a ser obsesivo y temo seriamente por la salud mental de alguno de los dos 😉 La del mayor porque empiece a sentir que tiene una sombra de continuo; la del pequeño porque no sepa vivir sin el otro.

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    ¿Que Alfonso va a evacuar al baño? Allá que va el otro de acompañamiento. Cierto es que los niños tienen un punto escatológico que yo nunca he logrado entender. Alfonso informa con su ya tradicional «me hago caca» y ahora el peque, además de escoltarle, también me avisa y me dice que él también. Y aún lleva pañal. ¿Que Alfonso se aburre con los coches y quiere pintar? pues obvio, el otro también. Pero es que además no se corta un pelo, dice el mayor la frase y el peque (ahora mediano) la repite.

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    ¿Que Alfonso dice que tiene frío y se mete las manos en los bolsillos? Pues Rafa también.

    Y además tenemos un problema porque los dos son especialmente habladores, por no decir otra cosa. Y si Alfonso te narra una de esas jugadas futbolísticas con todo detalle, Rafa directamente le «pisa» el discurso y se monta una película particular en la que incluye nombres de los compañeros de clase de Alfonso porque el otro los acaba de mencionar. Y yo me vuelvo loca porque el mayor interrumpe su parrafada para reñir a su hermano por no dejarle hablar y Rafa empieza «Asosooooooo» (Alfonso). Y aparte de volverme loca, me muero de la risa pero tengo que poner cara de seriedad ante la discusión. Y si Alfonso se tira al suelo jugando al fútbol, el otro también… aunque no haya habido contacto físico 😉

    Y al final, nos pasamos el día diciéndole al mayor que haga algo si queremos que el otro lo haga también. Y viceversa, le pedimos que no haga determinadas cosas para que Rafa no las haga. Lo sé, los mayores vivimos con demasiada presión 😉 Pero, ¿sabéis lo mejor? Que siempre quieren lo mismo salvo cuando nos subimos al coche. Rafa nos pide «Lalala» (Vivir la vida de Marc Anthony) o «Bailando» (Enrique Iglesias) mientras Alfonso exige «la número tres» del CD (de Chayanne) o «Life» (This is Love, this is life de Bon Jovi). Y ya se monta el lío. En fin, ¿qué queréis que os diga? No hay nada que influya más que un hermano, ¿no os parece?

  • Cuando los hermanos se conocen

    Cuando los hermanos se conocen

    Desde que Gabriel entró por la puerta de casa, el proceder de Alfonso y Rafa con él sólo se puede describir de una manera: acoso y derribo. No puedo decir que esto me haya sorprendido; eso de haber tenido un sobrino hace unos meses y ver cómo se abalanzan sobre él cada vez que le ven, me había puesto sobre aviso. Lo único que espero es que la emoción se les vaya pasando poco a poco, porque veo que corre peligro la integridad física del pequeño.

    Su primer contacto fue en el hospital, pero se trató de un encuentro furtivo ya que no dejan entrar niños en la planta de maternidad. Como tuve la suerte de no compartir habitación y que además fuera la primera estancia según sales del ascensor, maridín hizo una pequeña incursión con ellos. La tranquilidad y el silencio duraron dos minutos, el tiempo que tardó Rafa en comerse un donut (que obviamente era para mí). En cualquier caso, se mostraron entusiasmados y no querían hacer otra cosa más que tocar a Gabriel. Pero insisto, el encuentro fue de lo más breve porque estaban de “ilegales”.

    El primer acercamiento en casa fue más efusivo aún. Rafa empezó a tirar de la manta que envolvía al bebé y me exigió, porque Rafa sólo habla en tono exclamativo o interrogativo, que me agachase para «dar besín». Y así, entre mimos y besos, fue recibido Gabriel por sus dos hermanos, que también tienen la santa manía de tocarle la cabeza.El tema de los celos reconozco que no me preocupa ahora, ya viví esta situación hace dos años al nacer Rafa y no hubo ningún problema. Creo que los niños pequeños no ven en un recién nacido mucha competencia, al fin y al cabo, hacen poca cosa. Pero me imagino que habrá casos de todo tipo. Yo misma tengo una foto en la que aparezco con morritos cuando conocí a mis hermanos mellizos, ¡anda que no sabía yo la que se me venía encima!

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    Apasionado momento cuando llegaron a casa y se encontraron con su nuevo hermano.

    Alfonso ya ha adquirido totalmente su papel de hermano mayor y reconozco que en él no me sorprende, tiene ya muchas tablas con Rafa y ha desarrollado una virtud muy importante: la paciencia. Pero el que me llama la atención es el mediano, sencillamente porque, con dos años, lo normal es que les atraigan los niños más mayores y, sin embargo, siente una fascinación irrefrenable por los bebés. Pide jugar con él y sufre cada vez que oye el llanto de Gabriel y nos llama con verdadera sensación de agobio: “Gabel tá llorando”.

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    Y ésta es una de sus primera fotos juntos. No les puedo querer más.

    Ahora, las «peleas» en casa no son sólo por los juguetes; como uno diga que quiere coger al bebé, el otro va raudo y veloz a pedir lo mismo, como si fuera un muñeco. Y así estamos, con pies de plomo porque son muy pequeños para saber qué pueden o no hacer con el churumbel. Cuando me descuido, Rafa está asomado a la minicuna para tocarle, pero vamos, que le podría dar por meterle un mendrugo de pan en la boca. Las que tenéis más de un hijo, ¿cómo fue el momento en que se conocieron?

  • Cumplir 2 años, ¿la mejor edad?

    Hoy hace dos años que llegó al mundo Rafa, en un parto muy rápido y sin epidural, esto último no porque yo quisiera, sabéis que soy fan de esta analgesia 😉 La llegada del segundo hijo no transforma tu vida de la misma manera que lo hace el nacimiento del primero, pero las sensaciones son iguales: mismo amor, mismo deseo, mismas emociones… Porque lo bueno que tiene el amor a los hijos es que se multiplica. Eso sí, el tiempo del que dispones es el mismo y tienes que hacerte cargo de dos, por tanto, se divide la atención a cada uno de ellos.

    Una de sus primeras fotos juntos, cuando precisamente Alfonso acababa de cumplir la edad que hoy cumple Rafa.
    Una de sus primeras fotos juntos, cuando precisamente Alfonso acababa de cumplir la edad que hoy cumple Rafa.

    Y aprovechando que mi gordi cumple hoy dos años, he de confesar que es una edad que me vuelve loca. ¡Y mira que soy de las que pierde el sentido por un recién nacido, muero por ellos! Cada etapa tiene sus cosas maravillosas, y hasta la salida del primer diente se convierte en un acontecimiento, porque para las madres todo lo rodea a nuestros peques, nos hace babear... Pero, ¿qué les hace especiales a los dos años? Para mí, sin duda, que son bebés grandes. Eso les hace tener una gracia y desparpajo tremendos. Están en ese punto medio de «soy bebé pero ya hago muchas cosas a mi aire». Y me parece tremendamente divertido.

    Su primer cumpleaños

    Se comunican con nosotros mediante el lenguaje pero oye, una jerga muy a su manera… Y claro ¿cómo no te vas reír cuando te espetan frases enteras sin ningún artículo? «Quero come patata» mientras ya se está abalanzando sobre ellas; «sube silla» (súbeme a la silla) mientras lo ves con su cara de esfuerzo trepar al asiento o trona. Es una especie de «necesito ayuda pero ya puedo yo» y ¿qué queréis que os diga? ¡Me encantan! Cierto es que, los avances del primero con respecto al segundo hijo suelen ser bastante espectaculares. El segundo, a los dos años, tiene más picardía, más carácter, más desparpajo y, por supuesto, más morro… del que tenía el mayor a esa edad. Pero recuerdo también que Alfonso, al cumplir los dos años, tenía ese trazo de bebé grande aunque con más dosis de tranquilidad que Rafa, eso es innegable.

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    Y aunque Rafa hable ya muy bien, cuando termine su segundo año de vida, tendrá conversaciones completas, dejará la guardería y empezará el cole, su capacidad para razonar irá a más y eso le hará ser más «niño»… Así que me toca disfrutar de la última etapa del bebé grandote (nunca mejor dicho, 14 kilos lo avalan) que tengo en casa aunque dentro de un mes entre un bebé-bebé por la puerta, ¡que Dios me pille confesada! ¿Cuál es la edad que más habéis disfrutado de los peques? ¡¡Felicidades Rafa por multiplicar mi felicidad!

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