Categoría: crianza

  • Preadolescencia, ¿a los 5 años?

    Preadolescencia, ¿a los 5 años?

    Que dicen que la preadolescencia es una etapa que se da en torno a los 9 años (yo aún los veo muy lejanos en esta casa) y resulta que mi querido hijo mayor, de 5 tiernos años, lleva una temporadita de ésas que te recuerda a un imberbe a punto de salirle granos. No es que esté insoportable, ni mucho menos, pobrecillo. Digamos, más bien, que está un poco reivindicativo, o pelín cargante, como con ganas de follón y alboroto. Sí señoras, mi ejemplar vástago, ése que no tuvo una rabieta hasta los casi tres años, ahora atraviesa por una crisis de «voy a tocar las narices un poco». ¿Cómo? Venga, que es guay imitar a mami cuando dice algo o te pide que obedezcas… Ummmm, yo tengo que respirar hondo porque la tercera vez que repite lo que yo he dicho me apetece entregarlo en adopción 😉 Y ya para qué hablar de los besos, está en modo «no me agobies con tanto cariño».

    preadolescencia

    Por supuesto, mola mucho recurrir al «caca, culo, pedo, pis» y demás palabras relacionadas con lo escatológico. Y aún es más flipante poner como motos a tus hermanos pequeños, bien sea picando un poquito al mediano intentando llevarle la contraria o quitándole algo al pequeño, al que ya trata de «tú a tú» pero no penséis que el pequeñajo se amedrenta lo más mínimo… Por supuesto, mola protestar, así, sin mucha razón. «¿Qué hay para merendar?» (como si no lo supiera), me pregunta. «Pues manzana», le digo. Y venga, a indignarse porque estamos en fase de que hay que quejarse. Eso sí, luego no deja ni rastro de manzana, ni migas de bocadillo y aún pide más merienda.

    Por supuesto, lo que no mola es hablar de niñas, esto ya le pasa desde hace tiempo. El otro día coincidió en el parque con una compañera y se lo pasó genial. Luego le dije: «vaya bien que te lo pasaste con Menganita». Y me puso cara de «va, tía, qué estás diciendo», porque otra cosa no, pero a expresivo no le gana nadie, para bien y para mal. Eso sí, esta etapa la estamos sufriendo en casa, porque hace poco tuvimos de tutoría con el profe y lo puso en un pedestal a todos los niveles, vamos, que el niños es casi perfecto. Tócate la gaita. Menos mal que cuando uno de los hermanos está en crisis, el otro está como la seda; no falla, es como si se quisieran ceder protagonismo para sus quejas particulares. Y suerte que es una nueva fase que se le pasará en unas semanas y que luego es un bendito. ¿Qué? ¿algún preadolescente más por ahí?

  • Maternidad, redes sociales y respeto

    Maternidad, redes sociales y respeto

    No hay día que no haya polémica en las redes sociales; con lo que a mí me gustan para debatir, indagar, contar experiencias, preguntar o sencillamente, entretenerme… Oye, que el viernes pasado colgué una foto de un biberón que a Gabriel le ha encantado y mientras algunas mamis se interesaban por el tamaño de la tetina por el tema de los cereales, alguien hizo un comentario poco afortunado incluyendo la frase «cebar a vuestros hijos» por darles ese alimento a nuestros churumbeles. Sin saber ni qué tipo de cereales ni si era una recomendación del pediatra, sin saber nada. Más allá de si tiene o no razón, que es absurdo al ser la dieta un cómputo de hábitos alimenticios, el comentario resultó un poco molesto por la connotación de la palabra cebar.

    Yo no acostumbro a ir por la calle y decirle nada a ninguna madre que esté dando galletas o gusanitos a sus hijos. Uno, porque no me incumbe y dos, porque no sé la razón por la que se los da, no sé lo que han comido el resto del día, no sé nada de esa familia. Es probable que ni me fije en lo que meriendan el resto de niños. Una cosa es que vea a una amiga que da gominolas a los niños a diario y ni un trozo de fruta y, como amiga y por tener confianza, le puedo comentar de forma cariñosa que pruebe a darles otra cosa para merendar pero a alguien que veo de vez en cuando en el parque, ni se me ocurre. Conste que la chica en Instagram luego se disculpó y por mi parte, no hay más historia. No es la primera que me ocurre; esto pasa mucho en las redes e Internet.

    collagepechobibe

    De hecho, en vivo y en directo sólo he tenido un percance sobre la crianza de mis hijos. Hace tres años, viví una situación de ésas que te dejan sin palabras. Una no espera que, entablando una conversación con una conocida, intervenga una completa extraña para meterse contigo y con tu interlocutora. Rafa era un bebé de unos cinco meses y yo hablaba en una tienda de electrodomésticos con la señora que la regenta, donde por cierto iba a comprar una batidora. Como es lógico, al ser conocida, nuestro tema de conversación era el peque. Cuando empezamos a charlar sobre la lactancia, entró una señora de unos 70 años en el establecimiento. La dependienta, al contarle que ya sólo le daba biberón porque me había dolido mucho dar el pecho (tampoco entonces habían dado con mi problema), ella me contó que le tuvieron que operar por una mastitis.

    En ese momento, la completa desconocida nos espetó: «No valéis para nada, yo le di el pecho a mi hijo hasta los 18 meses sin problema». Ojito, que la frase es literal, sin adornos. Nos quedamos tan bloqueadas que no supimos qué decir. Y me imagino que, como nosotras, cualquiera se hubiese quedado con cara de póquer. Como comprenderéis, me trae sin cuidado lo que opine la gente que no conozco, lo que no me gusta es la mala educación.. Con esta historia, reflexiono y me doy cuenta de ésto que me ocurrió a mí, que tan raro y tan mal nos parece, es algo que se hace de continuo en redes sociales e Internet y se acepta con normalidad.

    beckham

    ¿Qué demonios nos hace pensar que podemos decir a alguien lo que nos parece bien o mal sobre la crianza de sus hijos?, ¿por qué entonces la gente se lanzó a la yugular de Beckham cuando su hija de 4 años apareció con chupete?, ¿por qué Coco Rocha tuvo que dar explicaciones sobre el hecho de que su bebé tomara leche de fórmula? Tengo la sensación de que en Internet y en las redes la gente dice todo lo que le apetece, todo aquello que jamás se atrevería a decir a la cara porque obviamente, no le incumbe y no se atreve. En esto de la maternidad, uno puede contar su experiencia, lo bien o mal que le ha ido con un producto, con un alimento, con lo que quiera, pero ojo con cuestionar cómo cría cada madre a su hijo. La última lapidación en Internet la ha sufrido Charlize Theron, a la que un medio calificó de mamá monstruo y en las redes sociales, la gente se encargó del resto.

    charlize2

    Perdonad, a mí la reacción de una madre forcejeando con un niño me parece lo normal cuando tu hijo tiene una rabieta al lado de la carretera. ¿Será mejor dejarlo que se vaya corriendo y que le atropellen? En fin, que como no sabemos las circunstancias de cada familia, lo mejor es ser discretos. Detrás de cada biberón, de cada lactancia, de cada cereal o galleta, hay una madre que se ha informado, que también habrá tenido sus errores, que habrá llorado y que sólo busca tener un bebé feliz que se convierta en un adulto feliz. Nada más.

  • Situaciones estresantes de ser madre de familia numerosa

    Situaciones estresantes de ser madre de familia numerosa

    A mí me va la marcha y lo sabéis. Cada vez que alguien me mira con cara de agobio en determinadas situaciones, me río y pienso: coño, si yo viera esa imagen seguramente pondría el mismo careto. Porque al final, cada dos por tres, estoy metida en algunas coyunturas que, para qué negarlo, me generan cierto estrés. El día a día con tres niños seguidos tiene mucha historia. Una se organiza como buenamente puede pero sabe que hay citas ineludibles con el agotamiento.

    IMG-20151010-WA0007
    Caras como la que tengo ahí denotan cierto estrés 😉

    Sudo la gota gorda si quiero llegar puntual a algún sitio en coche. Creo que si me quitaran el reloj sufriría un ataque de ansiedad, sería peor que si me cortasen la mano 😉 Que lo del automóvil tiene mucha tela. Primero ubico las bolsas con las cosas de los niños, después sitúo a Copito en el asiento del copiloto a contramarcha, luego pliego la sillita y la meto en el maletero, después subo a Rafa y le ato el cinturón y posteriormente hago lo propio con el mayor, aunque últimamente puede hacerlo solo pero tengo que revisar que el cinturón esté bien abrochado. Sólo al escribirlo, me he cansado. ¿Total? Cinco minutos sólo para el trance de subir al coche. Y espera, que si esa situación es para salir de casa, sólo sudo. Pero si es en la calle, y a éso sumas el típico coche que pretende esperar para aparcar en tu sitio, eso ya es el equivalente a correr 10 kilómetros. No puedo, esa sensación de presión con toda la parafernalia de subir a éstos en el coche, me supera 😉

    Otra situación que me ocasiona cierto estrés, por no decir mucho, es la que vivo cada semana en los partidos de fútbol de Alfonso. Oye, y pensar que el año pasado era sencillísimo porque Gabriel solía dormir ricamente y era un bendito. Pero claro, esos días de gloria y paz llegaron a su fin hace ya un par de meses. Y ahora, no sólo tengo que controlar que el mediano no meta otro balón en el campo (porque claro, él también quiere jugar) sino que tengo que vigilar que el pequeño no entre en pleno juego y se lo lleven por delante. Porque a ver quién es la guapa que lo retiene sentado en la sillita si no es a base de ir dándole trozos de fruta, galletas y hasta un sándwich si hace falta. Pero no es plan de cebar a la criatura. Así que claro, el día que los astros se juntan y llevo sola a Alfonso a un partido, entro en modo zen y lo mismo cualquier día me baja la tensión y todo.

    IMG_20160212_175017
    Carreras con el suelo mojado en el lateral de la pista

    Entrar en un supermercado es otra de ésas cosas apasionantes cosas que le pueden suceder a una madre de familia numerosa. A los típicos «¿podemos comprar éso, esto, aquello y lo de más allá?» en cada pasillo, se suman las carreras de un lado para otro por el supermercado y la lucha por llevar la dichosa cesta de ruedas. Obviamente, acaba cada uno con una cesta y luego hay que ser como Salomón: no le pongas una cosa más a uno que a otro porque se tenemos lío. Pues así, a bote pronto, éstas son algunas de las situaciones que más me estresan. Pero luego están las vacaciones de verano que, en general, acaban conmigo 😉 ¿Qué os genera más ansiedad de la maternidad?

  • Andando, me paso el día andando…

    Andando, me paso el día andando…

    Un día tienes un churumbel y, no digo yo que la cosa no haga tambalear tu vida, pero oye, la criatura come, evacúa, duerme, ríe, gatea… y tú vives medianamente tranquila. Como buena primeriza, estás deseando que eche a andar, porque realmente crees que así será más independiente. Y es que no sabes que ahí empieza la juerga, la de verdad. Ríete tú de las noches en vela. Ahora preocúpate de que no se suba al mueble, de que no salte a la carretera… que si el gateo ya le dio libertad de movimiento, lo de andar ya es la bomba, ¡emancipación total! Y aún así, tu vida transcurre dignamente.

    Llega tu segundo hijo y crees que aquello va ser abrumador. Pero no, el bebé duerme, come, evacúa, ríe y gatea… y la cosa sigue su curso dignamente. Ya no tienes prisa porque el bebé eche a andar, que no eres primeriza y todo es un poco menos emocionante. Y crees que lo de ser «bimadre» es relativamente sencillo, que no es para tanto. Hasta que el segundo decide que sí, que camina. Y ahí empieza la parranda, el jolgorio, la farra… por decirlo de forma bonita. No me digáis porqué, el vástago mayor ve en ese momento que su hermanito, el bebé, ya no lo es tanto, que ya está en igualdad de condiciones y que eso de tener que aguantar que te lo cojan todo como antes ya no vale. ¡Que comienza la guerra! Y ahí es cuando dices: ostras, pues va ser que tener dos niños es un poco agotador.

    PicsArt_02-07-10.42.01

    Y enseguida, te quedas embarazada del tercero. Y como eres muy optimista, pues ni se te pasa por la cabeza el momento «primeros pasos». De hecho, no quieres que llegue. Pero claro, todo vuelve. Y ese bebé tan mono que ríe, evacúa, duerme, come y gatea, decide empezar a caminar. Y entonces sabes que de verdad empieza tu «pesadilla». Porque los churumbeles mayores van a dejar de verle como ese bebé tan mono que caga, ríe, duerme, gatea y come para verle como uno más, en igualdad de condiciones. Con el extra de que el pequeño ha visto, oído y «olido» las peleas y tretas de su hermanos. Vamos, que lleva la lección aprendida. Señores, empieza la marcha. Continuará…

  • No eres una madre perfecta

    No eres una madre perfecta

    Has llegado tarde a recoger a los niños, se te ha olvidado que hoy el pequeño iba en chándal al colegio y le has puesto el uniforme, no le has prestado atención cuando te contaba algo sobre el recreo, te has puesto nerviosa y has pegado un grito cuando se han puesto a jugar a lo bruto y han tirado un marco de fotos… Prisas, trabajo, comprar algo para la cena. Demasiadas cosas. Y cada día te levantas y te dices: lo voy a hacer mejor que ayer. Y al final de la jornada te das cuenta de que no eres perfecta. Pero, ¿qué demonios es la perfección?, ¿estar siempre sonriendo pase lo que pase?, ¿no alterarse nunca?, ¿no llorar?, ¿mantener siempre la calma?

    Y después de intentar averiguar cómo ser perfecta, te preguntas ¿realmente es posible? Porque ves que Fulanita tiene mucha paciencia y Menganita siempre se acuerda de todo. Pero seguramente no te fijas o no reparas en que tienen otros «defectos». No, no es posible ser perfecta. Tus hijos son lo primero pero no lo único; tienes trabajo, amigos, familia y un sinfín de cosas que hacer cada día para que todo funcione y cada jornada es como una pequeña maratón. La vida es así, no podemos hacer ni tener todo lo que nos gustaría. Tú no puedes ser perfecta porque la perfección no existe. Tú tienes que ser tu mejor versión, dejar que salga lo más especial de ti. Y para reír mucho, a veces hay que llorar. Para subir, a veces hay que bajar. Para disfrutar, a veces hay que sufrir.

    IMG_20151103_105619

    Pero es que además, tus hijos no necesitan una madre perfecta. ¿Qué sería de la vida si siempre estuvieras en una nube?, ¿si ellos no supieran que hay días grises?, ¿si no vieran que los adultos también lloran? Los niños tienen que saber que la vida va de emociones, y también de errores. Y si un día gritas, les pides perdón y les cuentas lo que te molesta. Si un día se te olvida algo importante, hablas con ellos y propones comprar una pizarra donde apuntar las cosas. Y les dices que a ti también se te olvidan muchas cosas, y que no eres perfecta. Porque no lo eres, ni lo serás. Pero siempre serás la mejor madre, nadie les conoce mejor que tú y nadie hará lo que tú haces por ellos. Pide perdón, intenta mejorar en lo que sepas que realmente necesitas mejorar. Pero no te empeñes en ser perfecta. Las madres perfectas no existen. Lo dice una imperfecta.

  • Yo no colecho

    Yo no colecho

    Hasta hace poco más de dos años, no sabía lo que era el colecho. Creo que, en el lenguaje ordinario, la gente se expresa de una forma más coloquial con frases como «el bebé duerme en nuestra cama» o «dormimos con el niño». Como ya sabréis, porque ahora sí que usa más este término en medios y blogs, es una práctica que consiste en que los bebés o niños pequeños duerman con el padre, la madre o ambos. Es habitual en algunas culturas y, como todo, tiene pros y contras. Yo no me voy a detener mucho en ello porque hay decenas de webs que enumeran estas cosas. Cada uno valora, en función de sus circunstancias personales, laborales o vitales, lo que le conviene o no. En mi casa, hemos compartido cama con los niños en casos puntuales, si han estado enfermos o se han desvelado alguna noche (sin ir más lejos, el pasado viernes con Gabriel, y me levanté como si me hubieran dado una paliza), pero nada más. ¿Por qué no compartimos cama con los peques?

    1. No lo necesitamos: Por suerte para nosotros, nuestros peques han sido y son dormilones. Desde el primer día, los he acostado en su cuna (los primeros meses compartiendo habitación) y han dormido bien en ella. Como cualquier recién nacido, han hecho sus tomas nocturnas pero, poco a poco, cada vez han ido durmiendo más y más horas hasta que, en torno a los cuatros meses, los tres dormían ya casi todas las noches más de 10 horas seguidas. Por tanto, si todos descansábamos, ¿para qué cambiar? Comprendo que, por falta de sueño y si los niños se despiertan mucho, no apetezca levantarse o ir a otra habitación varias veces.

    2.Es incómodo: Sé que hay gente a la que no le importa compartir cama con los peques pero yo no puedo. Es más, sólo empecé a descansar cuando los cambiamos a otra habitación. La explicación es tan sencilla como que tienes activos los mecanismos de alarma. Es decir, que aunque no se despertasen, en cuanto se movían en su cuna u oía cualquier ruido… yo ya me despertaba. Y al final, cada noche podían ser varias veces, mientras que el niño no se despertaba ninguna. Por no hablar del miedo a aplastares cuando son pequeños o de que te aplasten ellos cuando no son tan bebés; vamos, es que podríamos acabar lisiados compartiendo cama con cualquiera de nuestros hijos. Sé que lo que se mueven los míos es excesivo, pero cierto es que muchos de los que practican el colecho confiesan que cómodo, lo que se dice cómodo, no es. Es más, yo duermo mejor incluso cuando no está mi marido. Cualquier día pongo dos camas juntas en lugar de matrimonial 😉

    IMG_20160107_015908
    Las que me seguís por Instagram ya lo sabéis. Esta es una escena habitual en mi casa. Maridín les lee un cuento y se queda con ellos hasta que se duermen, cada uno en su sitio y… un rato después, Rafa en la cama de Alfonso y Alfonso en el suelo… ¡Decenas de posiciones posibles!

    3. Recomendación de la Asociación Española de Pediatría: Según la AEP, «la forma más segura de dormir para los lactantes menores de seis meses es en su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres. Existe evidencia científica de que esta práctica disminuye el riesgo de SMSL en más del 50%». A ver, que yo esto lo desconocía cuando nacieron los mayores y muchas veces, hay cosas que no son posibles. Quiero decir que la AEP recomienda lactancia materna exclusiva los seis primeros meses y yo no pude y tampoco pasa nada, como no creo que pase nada por dormir con un bebé de forma segura. Pero está bien tenerlo en cuenta.

    4. Tiempo para la pareja, hobbys o descanso: que sí, que aquí me van a decir muchas que hay vida carnal más allá de la cama pero… ¡tengo tres hijos! Y siempre estoy pegada, por lo menos, a uno (salvo cuando duermen), así que a partir de las nueve de la noche (conluido el bucle baños-cenas) es nuestro rato de charla diaria, de salir a correr si me apetece, de tener una cena tranquila… Y con sinceridad, con el ritmo diario que tenemos, agradezco tener un rato al día para nosotros o para mí sola.

    En fin, que en esta casa cada uno tiene su espacio aunque, para mi hijo Alfonso, cualquier espacio sea apropiado para dormir, sea el suelo o el trasero de su hermano. Creo sinceramente que el descanso es una cuestión de salud, las noches sin dormir durante meses y más meses pasan factura a los adultos y, por tanto, a muchas facetas de su vida. De manera que creo que es importante que cada familia encuentre la manera de descansar el mayor tiempo posible, de la forma que sea. También es fundamental para los niños, sobre todo cuando ya tienen que ir al colegio. No hace falta decir que hay numerosos estudios que demuestran la importancia de un buen descanso en el cerebro de los niños. ¿Compartís cama con los niños?, ¿por necesidad o porque dormís bien así?

  • Lo más difícil de ser madre

    Lo más difícil de ser madre

    Creo, y lo digo con sinceridad, que podría incluir varias cosas en la lista de aspectos negativos que trae la maternidad. Porque no nos engañemos, ser madre no es un camino de rosas y hay que hablar de ello con naturalidad aunque intentando siempre dar la justa importancia a las cosas, vamos, sin ponernos a llorar. Todas sabemos que las cosas buenas compensan todo lo malo. El caso es que me da la sensación de que siempre nos referimos a las mismas situaciones cuando pensamos en las peores cosas de ser madres: los embarazos con problemas, los partos y postpartos dolorosos, las lactancias «fracasadas», el cansancio, menos tiempo para nosotras, las carreras del trabajo a casa y viceversa. Y ojo, que todo ello es difícil y creo que es necesario tratar estos temas y darles visibilidad, eso sí, sin perspectivas catastrofistas, a poder ser.

    Para mí, en ese sentido, los dos momentos más duros como madre fueron el postparto del mayor y las rabietas del mediano poco antes de cumplir dos años y estando al final del embarazo del pequeño, sin olvidar algún que otro verano al borde del colapso 😉 Pero lo cierto es que, me paro a pensar y esas crisis que tuve son cosas que ocurrieron durante espacios cortos de tiempo. Y ahora me doy cuenta de que, desde hace ya mucho, me enfrento a un problema que a veces me hace perder los nervios y que, lejos de mejorar, creo que lo lógico es que vaya a más en los próximos años.

    Hablo de los conflictos entre hermanos. En esta casa, no hemos pasado por los celos pero creo que ése sería el primer gran problema que puede surgir en una casa con varios niños. Pero yo hoy voy más allá y hablo de las peleas entre hermanos; y no me refiero solo a cuando se empujan o se dan algún que otro mamporro, sino a las disputas por tener y querer siempre las mismas cosas. Esto empezó a ocurrir en nuestra casa cuando Rafa comenzó a caminar con 13 meses; Alfonso acababa de cumplir tres años así que estaba en una edad en la que no entendía muy bien porqué su hermano le «molestaba». Aún así, lo llevó bastante bien. De hecho, los mayores se acostumbran a esa situación. Cuando los hermanos pequeños tienen menos de dos años y no son capaces de razonar muchas cosas, a los mayores les toca ceder. Pero, ¿hasta dónde? Buena pregunta, yo no lo sé y es ahí dónde a veces descubro que no sé ser jueza. Porque ése es el papel más difícil de ser madre: ser justa en función de las necesidades de cada hijo sin que ninguno sienta que queda de lado. Tela marinera.

    IMG_20151224_150443
    Aquí están jugando. Eso sí, a lo bruto. Gabriel tiene el cielo ganado, es que no se queja por nada!

    Los hermanos pequeños tienen el gran problema de que quieren hacer, tener, comer, tocar el botón del ascensor, entrar en casa y, si se tercia, hacer sus necesidades cuando lo hacen los hermanos mayores. Yo ya he visto a Ricitos de Oro enfadarse por querer utilizar el mismo váter que Alfonso cuando su hermano está en plena «evacuación». Y es muy frustrante. Ah, excepto cuando haces un viaje en coche, que entonces uno quiere ver Cars y el otro Buscando a Nemo y acabas poniéndoles Dumbo por no generar problemas. Pero bueno, esto se queda en mera anécdota comparado con el tema juguetes o objetos de entretenimiento porque ahí llega la guerra de verdad. «Alfonso, déjaselo un rato», digo. Y todo por no oír protestar al mediano, que lo hace de una forma muy irritante, es decir, llorando. Porque esa «táctica» les ha funcionado muy bien desde bebés; es lo que tiene nacer y ya tener «competencia», tiene cierta lógica. Mientras, el mayor suda la gota gorda pensando en deshacerse de su amado objeto. Por ponerle humor, tipo Gollum en El Señor de los Anillos. Y ya sabéis, a partir de ese momento: «es que lo tenía yo primero», «es que es mío», «es que antes me pegó», «es que lo quiero yo» y un sinfín de frases del estilo.

    El caso es que, cuando me paro a reflexionar sobre esto, me doy cuenta de que esto va para largo y seguramente irá a más, por mucho que se quieran, se necesiten y se defiendan a muerte frente a los demás. Y esperad, que a Gabriel le quedan dos telediarios para entrar en el meollo así que… continuará. ¿Veis?, ¿a qué ahora lo del parto no os parece tan horrible? 😉 ¿Cómo lleváis vosotras este tema de las broncas entre hermanos?

  • Abandono de la lactancia materna, ¿falta de información?

    Abandono de la lactancia materna, ¿falta de información?

    El otro día me encontré con este artículo sobre la lactancia materna que leí con mucho interés. Para las que no podáis deteneros a analizar el texto completo, os resumo: El 80% de las españolas da el pecho tras el parto; a las seis semanas, esa cifra desciende al 68%; a los 3 meses, al 52% y más allá de los seis meses, sólo el 36% amamanta. Así que la pregunta obvia es porqué si se supone que es lo mejor para un bebé y lo recomiendan todos los organismos sanitarios. Tras la pregunta, llegan las posibles causas.

    Una de ellas, y la principal, es la falta de asesoramiento durante el embarazo. Este es un punto con el que no estoy de acuerdo y creo que nuestras bisabuelas se reirían si se lo dijéramos. Otra cosa no, pero información tenemos para dar y tomar sobre lactancia materna y hoy, más que nunca, sabemos muchísimo sobre ello. Para mí, por los casos que conozco a mi alrededor y mi propia experiencia, es que la información que nos dan no es real. Te hablan de sus beneficios, de que es gratis, de que es cómodo, de que es lo natural pero las grietas, mastitis y demás problemas se mencionan como si fuera algo infrecuente. Ojo, que ya sabéis que no soy de las que apoyo lo de asustar al personal pero… ¡¡es que es algo muy frecuente!! Y todo eso te pilla en pleno postparto, en el que además de cansada, puede que estés dolorida. Así que no es tanto falta de información como que es incompleta.

    lactancia

    También se menciona en el artículo que los profesionales sanitarios, en ocasiones, dan información contradictoria. Y eso sí, me lo creo a pies juntillas porque, dependiendo del pediatra, te puede decir que le des fruta al niño a los cuatro o a los seis meses, que sigas con el pecho, que lo dejes porque el niño pesa poco… ¡hay de todo! Sin querer subestimar a los especialistas (que yo para eso me fío mucho de ellos), hay que saber darles la importancia justa. Los bebés son eso, bebés, no robots. Y nadie conoce a un hijo mejor que una madre. Así que no nos agobiemos; si los bebés están sanos, seamos flexibles.  

    Y por supuesto, se recalca la falta de protección de la lactancia materna por parte de instituciones. En este punto, tengo mis recelos. Es obvio que la baja por maternidad de 16 semanas no favorece la lactancia pero es una disposición que no beneficia en general a las familias. Es decir, creo que no es una cuestión de que no se proteja la lactancia sino que no se hace con la maternidad en general (des pecho o no lo des), no se favorece el tener hijos ni se mira por la conciliación.

    Mis comienzos con la lactancia fueron complicados las tres veces; de hecho, sólo en la última ocasión pude solucionar (en parte) mi problema. Aún así, creo que si no hubiera tenido dificultades, mis lactancias no se hubieran alargado en el tiempo. No sé si soy la única pero nunca le encontrado placentero ni grato el amamantar. A mí, embarazos, me pueden dar los que sean pero la lactancia me parece agotadora y tremendamente dura. ¿Cuál fue la causa del final de vuestras lactancias?

  • Una reflexión sobre los abuelos

    Una reflexión sobre los abuelos

    Hace unas semanas, publiqué en Instagram un dibujo de mi hijo Alfonso que me hizo pensar. A priori, una ilustración de mi retoño no tendría nada de especial para este blog, sólo debería serlo para mí, que soy su madre. Pero creo, de verdad, que sus pinturas nos dan mucha información. El primer día de cole de este curso, su nuevo profesor les pidió que hiciesen un dibujo de sus vacaciones. Sé que lo conté en su momento, pero fue un verano en el que no paramos; cruzamos la Península en coche, conocimos muchas playas, estuvimos con muchos amigos, nos fuimos a una casa impresionante en Portugal con más amigos, subieron en barco, en Tuk-Tuk, en atracciones variadas… Y su dibujo fue el que veis. Por el momento, no le veo dotes para la pintura 😉

    IMG_20150911_113435

    Como ninguna lo habréis descifrado (cuando me lo enseñó yo tampoco sabía qué era) os explicó lo que él me contó. El monigote es él y la línea alargada que sale de Alfonso es un láser. Está en el jardín de mis padres. Es curioso, en todo el verano sólo durmieron una noche en casa de mis padres y ése fue el dibujo de sus vacaciones. Retrata el momento en que, ya de noche, sale con su abuelo y con Rafa a ver las estrellas y constelaciones. Porque otra cosa no, pero el abuelo es para ellos una fuente de sabiduría inagotable. Que lo es, porque siendo Catedrático estudia otra carrera que nada tiene que ver con las enseñanzas que dio en la Universidad.

    20150308_164624_HDR

    No soy de esas madres que se quejan de que los abuelos malcrían a los niños, pero oigo a muchas que sí lo hacen. No puedo juzgar cada situación pero hay que hacer un ejercicio de empatía y ponerse en su lugar, ¡quién nos verá a nosotras dentro de 30 años con un bebé o un niño! Entiendo que, si tus hijos pasan varias horas al día con sus abuelos, es lógico que se les pida que no les compren todos los días gusanitos, por poner un ejemplo. Pero hay que entender que no pueden, ni deben, ser tan estrictos o rigurosos como a veces lo somos los padres. Paraos a pensar en vuestros abuelos, en los recuerdos que tenéis de ellos y reflexionad sobre todos aquellos sitios especiales a los que os llevaban y las cosas que os compraban, eran únicas.

    Mis recuerdos de infancia pasan por las hogueras que hacíamos con mi abuelo en el jardín tras haber recogido las hojas caídas de los árboles; mis memorias de niña pasan por las tardes de agosto en la Feria de Muestras de Asturias con mi abuela, que nos compraba todos los abalorios habidos y por haber a mis primas y a mí. Y ahora veo a mis peques, emocionados especialmente con mi padre y pienso que tienen que disfrutarse mutuamente. Que no hay ninguna necesidad de que ellos les eduquen como lo hago yo y que deben ser flexibles (que no blandos). Porque resulta que, parte de los recuerdos de infancia de nuestros hijos, van a ser forjados por nuestros padres. Y así me lo hizo saber Alfonso con su dibujo.

  • Dos cosas que debes hacer antes de gritar a tus hijos

    Dos cosas que debes hacer antes de gritar a tus hijos

    En esto de la maternidad no hay fórmulas mágicas; quien diga lo contrario, miente. Cualquiera que sea madre de varios hijos sabe que cada uno es de una manera, aun teniendo los hermanos muchas similitudes entre ellos y aunque, en algunos aspectos, nos funcione lo mismo con unos y otros, que también ocurre. Pero no, no hay ningún consejo, ni fórmula que sirva para todos los niños. Eso sí, hay cosas que pueden ir bien a muchos de ellos. Por pura lógica. Y aun así, tampoco funcionan siempre. Pero por si sirve a alguien, aquí van dos cosas que intento hacer siempre que mis hijos entran en trance o pierden los papeles y están a punto de hacer que yo los pierda:

    1. Ponerse a su altura: y no me refiero a ponerse a gritar, a llorar o a patalear como hacen ellos. Ojo, como plan de choque puede funcionar. Vamos, sé de unos que se puedan quedar con los ojos como platos si me pongo a berrear o me tiro al suelo pero, con sinceridad, a la tercera, me mandarían al carajo y no me tomarían en serio. Me refiero a que, lo primero que hay que hacer cuando un niño está en fase “muñeco diabólico” es hablar con ellos a su misma altura, que tengan contacto visual directo con nosotros. Uno, porque los adultos rebajamos el tono de voz cuando nos agachamos para hablar con los críos. Y dos, porque el niño siente cercanía y se vuelven más receptivos. Y no, no es ninguna chorrada.

    Imaginaos que tratáis de discutir, convencer, disuadir a alguien muy alto, no a quien te saca diez centímetros sino a alguien a quien no sois capaces de alcanzar por mucho que estiréis el brazo y a quien tenéis que hacer esfuerzos por verle los ojos. Pues más o menos esa es la proporción con los niños pequeños. Esto funciona a veces, otras no. Pero desde luego, si quieres dialogar o relajar a un niño que está enrabietado, desde la distancia y a gritos, es difícil conseguir algo. Y lo sé por experiencia, que soy la primera que a veces pierde los nervios.

    prohibido-gritar

    2. Distraerles: creo que esto es de cajón pero que en momentos de caos ni te planteas. El otro día teníamos a Rafa obcecado con un juguete de Alfonso que acababan de regalarle por el cumple. Antes os diré que Ricitos de Oro es muy absorbente con su hermano mayor y que no le da un respiro. El caso es que se cierra en banda, pide las cosas llorando y la verdad es que resulta molesto. A nosotros y al pobre Alfonso, que tiene una paciencia infinita. Así que, cuando no ha funcionado el punto que mencioné anteriormente, paso a la segunda fase: llevármelo a otro sitio donde estemos solos y buscar algo que pueda hacerle olvidar aquello por lo que estaba sufriendo. Justo ese día que os cuento, había globos colgados de un árbol y funcionó y no volvió a acordarse del juguete. No siempre hay algo a mano y no siempre les interesa lo que les ofreces. A Rafa consigo distraerle con algo de comida, ahí tiene su punto débil 😉 Pero lo dicho, no es infalible.

    Si es una rabieta, de las que se pueden pasar minutos y minutos berreando a pleno pulmón, y una vez fracasado el diálogo y el intento de distracción, lo mejor es alejarles de sus hermanos u otras personas y esperar con ellos a que se les pase. Y si no es rabieta, muy a mi pesar, llego a la tercera fase de advertir que habrá castigo, que básicamente es dejar de hacer algo que les gusta. Hace tiempo que no llego a esta fase, creo que estoy mejorando. También ayuda la vuelta al cole y a las rutinas 😉 ¿Qué hacéis vosotras cuando la cosa se va de madre?

  • Cuando te ponen al límite

    La primera gran crisis que tuve como madre fue hace casi dos años, cuando Alfonso comenzó el colegio; aquella situación me pilló por sorpresa y, al principio, me costó creerlo porque no le había afectado ni el nacimiento de Rafa casi un año antes y además era un niño buenísimo. La segunda crisis que sufrí en mi vida maternal fue a finales del verano pasado. Situación: embarazada de 7 meses, con un bebé de casi dos años en plena etapa de rabietas y un pobre niño de casi 4 años, espectador pasivo de los berrinches de su hermano. Aquello me superó, porque las pataletas eran fruto de la etapa que Rafa estaba viviendo, sin explicación alguna y sin mediación posible.

    Lo reconocí en su momento aquí en el blog, lo pasé mal. Alguna vez me encerré en el baño porque lo que me apetecía era gritar o darle un meneo al crío. Y claro, ¿de qué sirve dar un alarido a un niño de menos de dos años que está fuera de sí? No sabía cómo gestionar esas rabietas que, en alguna ocasión, duraban casi una hora y que no se le pasaban ni ofreciéndole comida al niño. Y cualquiera que conozca a Rafa sabe que todo drama se le olvida si le das comida 😉 Por suerte, y si alguna os encontráis en esa etapa, eso se acaba pasando y en nuestro caso, duró un mes. Ahora mismo, el mediano, aun teniendo carácter y siendo muy impaciente, es muy cariñoso y simpático y gracioso a más no poder. En Instagram tiene su grupo de fans 😉

    Y si os cuento esto es porque el sábado lidié con mi ¿tercera crisis maternal? Siendo un día puntual creo que la próxima semana ya me habré olvidado del asunto. El caso es que yo no sé qué demonios les ocurría a mis hijos mayores (el pequeño está a punto de ser santificado en El Vaticano) pero me convertí en una loca. En realidad, el que me puso como una moto fue Alfonso. Sí, ya estamos en plan pre-adolescente, así como contestatario. Y oye, que no hay nada que me ponga de peor humor que lo de decir diez veces que hagan algo y que me tomen por el pito del sereno. Porque la quinta vez que dices algo, subes el tono de voz; a la sexta, lo elevas más y, a la décima, se entera todo el vecindario.

    Cuando tienen el día torcidín, te sacan de tus casillas. Que le digas al retaco de 4 años que se va a quedar sin ir a la piscina y te salte con «pues ya no voy a ayudarte nunca», «eres mala», «pues me da igual»… ufff, me pone de los nervios. Y os lo confieso, ganas no me faltaron de dar algún cachete pero no, me lo prometí a mí misma; si no le doy un guantazo a ningún adulto (y todos sabemos que más de uno se lo merece), no lo voy a hacer con mis hijos, ni quiero ni debo. Eso sí, gritos dí unos cuantos cual loca de la pradera. Lo pienso a posteriori y me pregunto ¿fue para tanto?

    Pues mirad, no lo sé pero el caso es que chillé porque ¿qué hacer en estas situaciones? Es difícil, son niños, sí, pero ya saben lo que está bien y no, entienden los mensajes que les damos y ya pueden razonar muchas cosas. ¿Cómo hacerles entender que no siempre pueden hacer lo que les apetezca? Para mí, esta labor es, sin duda, la más complicada. Cada día lo tengo más claro, educar a los hijos se complica cada vez más, según van creciendo. A mí dadme cinco bebés como Gabriel y os juro que seré la madre happy del barrio. De hecho, cuando estoy sola con el peque e, incluso con dos, estoy en un estado de relajación total. En fin, la de días tontos que me quedan por delante… ¿Cómo gestionáis las crisis con vuestros hijos?, ¿alguna más entra en estado de enajenación mental cual niña de El Exorcista?

  • Cuánto cuesta un hijo (parte 2)

    Cuánto cuesta un hijo (parte 2)

    Pues si me costó Dios y ayuda escribir el post sobre lo que supone el gasto económico de un bebé, no os podéis imaginar lo difícil que es exponer ahora el coste de un niño. Eso sí, la conclusión es la misma que en la primera parte: un hijo cuesta, más o menos, lo que quieras. Cuando se tiene un retoño, se renuncia antes a cosas o aspectos no materiales que a dinero, que también. Eso es lo que hay que tener claro desde el principio. Y dicho esto, vamos allá que el asunto tiene chicha.

    Empezamos por un gasto ineludible: el colegio. Cierto es que la escolarización en España no es obligatoria hasta Primaria pero la mayoría de niños, creo que en torno al 97%, comienza a ir a la escuela en Educación Infantil. En esto de los colegios tenemos precios para todos los gustos. Están, por un lado, los públicos en los que no se paga nada (me refiero a cuota, luego entramos en más detalles). Por otro lado, están los colegios concertados que tienen un cupo (en principio, no obligatorio pero que casi todo el mundo paga) que varía en función del centro. Conozco quienes pagan 50 euros por trimestre, es decir, menos de 20 euros al mes y en nuestro caso, pagamos un poco más, pero muy poco. Creí que eso era lo habitual (ya me diréis vosotras porque tengo cierta curiosidad en este tema) hasta que en un post de Planeando Ser Padres sobre este asunto, hablaba de que en Cataluña había concertados donde las cuotas eran de ¡180 euros!, lo cual me parece excesivo teniendo en cuenta que están subvencionados.

    colegio-concertado--647x231

    Y por último, están los colegios privados y ahí sí que el abanico de precios es muy variado y además ando un poco perdida porque es algo que no barajamos en ningún momento si queríamos tener familia numerosa. Pero lo que sí sé es que las cuotas mensuales más baratas rondan los 300 euros y, por lo visto, en Madrid hay un colegio en el que se pagan unos 1600 euros al mes. Vamos, que depende del cole puedes no gastar nada a dejarte al año más de 10.000 euros, aunque entiendo que esto no es lo habitual. A esto puedes añadir transporte y comedor. Si el cole te queda cerca de casa, eso que te ahorras. Nosotros, aunque tengamos la escuela cerca, decidimos que Alfonso se quedase a comer en el colegio. Y por lo visto, justo Asturias es una de las comunidades donde más barato sale el menú escolar. Vamos, que hay comunidades donde pagas 70 euros y otras más del doble. Como siempre, Spain is different.

    Ahora, ya os digo que, si el niño iba a una guardería antes de empezar el cole, lo más probable es que os salga más barato (optando por cole público o concertado). La cuota del colegio de Alfonso, más el comedor, más la actividad extraescolar y el material escolar nos cuesta cada mes menos que la guardería de Rafa, y eso que es «económica». Luego está la ropa que lleven al centro. Alfonso va con el mismo uniforme que el del año pasado (recomiendo pantalones cortos 😉 ) y está perfecto. De hecho, lo usará Rafa. Del chándal del cole no puedo decir lo mismo, ya llevamos dos este curso. Además, en muchos colegios en los que se usa uniforme existen los roperos donde los padres ceden prendas que están en buen estado para que otros podamos comprar «de segunda mano». Sin ir más lejos, el otro día le cogí un jersey a Alfonso para el curso que viene por ¡¡¡2 euros!!!.

    Uniforme colegio Leonés /

    El gasto en general en ropa para niños yo creo que es más bajo que en bebés. Primero, porque la indumentaria les dura toda la temporada (ya no crecen a las velocidades de etapas anteriores) y segundo, porque la ropa de bebé suele ser más cara. Aunque por contra, también destrozan más. Pero aquí, como en todo, depende de las marcas y de la cantidad de ropa que compréis. Eso sí, en calzado se gasta mucho más, dónde va a parar 😉

    El gasto en actividades extraescolares varía en función de cuántas y cuáles elijas. Las clases de inglés, música o ballet, por poner un ejemplo, suelen ser más caras que los deportes. Nosotros ahora pagamos poco más de 15 euros al mes por el fútbol, vamos, que es bien barato. Y la natación, fuera del cole, parecido. Por ahora, no queremos apuntarle a nada más que a lo que realmente le apetezca. Ya hemos visto a niños de su edad que han dejado algunas extraescolares a mitad de curso porque iban protestando. En cuanto al material escolar, ese gasto aumenta cada curso pero ya os digo, eso sí, que en Educación Infantil no se hereda nada porque, más que libros, tienen cuadernos y fichas. Y calculad unos 100 euros a principio de curso.

    Y creo que poco más que añadir. Obviamente, si trabajáis hasta tarde, es probable que quizás necesitéis pagar a alguien unas horas para que esté con los niños. Y podríamos seguir sumando en función de necesidades, como «colocar»  a los niños durante sus vacaciones escolares en campamentos, o en función de gustos, como puede ser viajar. Y si nos ponemos estrictos, podríamos calcular lo que supone una hipoteca de una casa de varias habitaciones comparada con una para una pareja pero eso ya es rizar el rizo. Hay muchas cuestiones que son prescindibles, pero vestir, alimentar y educar es inapelable y tiene un coste. Eso sí, cada familia hace sus números. ¿Os parece caro o barato tener un hijo?

  • El sueño infantil: lo que nos ha funcionado

    El sueño infantil: lo que nos ha funcionado

    Creo que, junto al tema de la alimentación, lo que con más frecuencia nos quita el sueño (nunca mejor dicho) a los padres es que los peques duerman poco o se despierten cada dos por tres. Bien, parto de la base de que quizás he tenido suerte. O no, quizás es que dí con la clave para que mis niños duerman un montón cada noche. Y ¡ojo!, he escrito mis niños porque igual vosotras habéis descubierto que vuestros churumbeles duermen genial con un gorro en la cabeza. Pero oye, para eso escribo un blog, para contar mi experiencia y, si sirve a alguien, pues mejor. El panorama en mi casa es el siguiente: dos niños de 4 y 2 años que duermen unas 11 horas seguidas cada noche salvo requerimiento de agua o caída de la cama. Y bueno, hay veces que con caída incluida, ni se despiertan. A la imagen me remito.

    20150915_001849
    De esta guisa me he encontrado a Alfonso más de una vez. Como veis, problemas de insomnio no tiene 😉

    Y luego está Gabriel, que dentro de una semana cumple 4 meses y que duerme del tirón unas 7 horas, hace una toma y vuelve a dormir otras cinco horas seguidas. Vamos, que tengo jarana de día pero de noche poca. Y reconozco que esto hace mucho más llevadera la maternidad y por eso, pocas veces, me oiréis quejarme. Bien, vamos por partes. Creo que todos intentamos encontrar la fórmula para que nuestros niños o bebés pernocten bien y así descansar nosotros y estar todos de mejor humor por el día. Por eso, probamos a dormirles de mil formas: en brazos, en la cuna, en nuestra cama, en el carrito y seguro que algunos hasta en el coche. Y cuando una noche duermen varias horas, repetimos la operación al día siguiente minuciosamente pero resulta que no funciona igual de bien. Vamos, que levante la mano la que no haya encendido la campana extractora de la cocina, la aspiradora o el secador de pelo al descubrir que el sonido dejaba KO a su bebé. Lo que sea por un ratito más de sueño.

    El caso es que Alfonso durmió su primera noche del tirón poco después de cumplir cuatro meses, justo cuando decidimos cambiarle de habitación. Lo hicimos por probar y, ¡madre mía!, cuando me sonó el despertador al día siguiente, vi que eran las 8 de la mañana y el crío no había dado señales de vida, me fui corriendo a su habitación a comprobar que respiraba. Y efectivamente, respiraba y seguía durmiendo plácidamente. Y yo estaba descansada como nunca antes. Así que, la siguiente noche, repetí la operación de dormir al niño en brazos y llevarle a su habitación y ¡siiiiiiiiiii!… el crío volvió a dormir diez horas seguidas. Y con seis meses la criatura pernoctaba hasta 13 horas del tirón. Vamos, que me levantaba descansada y aún tenía tiempo para desayunar y para trabajar un rato. Y descubrí que, cuando teníamos que compartir habitación con él (en viajes, escapadas…), nadie pegaba ojo, ni él ni nosotros.

    Con Rafa nos pasó exactamente lo mismo. Cuando tenía tres meses y pico decidí probar lo que había funcionado con Alfonso y ¡bingo! Primera noche en su habitación, primera noche que durmió del tirón 10 horas. Y más de lo mismo, hasta 13 seguidas llegó a pernoctar el gordi. Además, Rafa era de los que, desde que nació, se dormía solo, es decir, que no necesitaba que le cogiesen en brazos como sí nos pasó con Alfonso y como nos pasa con Gabriel. Pero vamos, que justo eso me da igual y lo hago encantada, por mí como si tengo que hacer el pino puente si después se quedan fritos durante horas.

    DSC_0111
    Hombre, si se duermen en esta postura, trato de recolocarlos 😉 El de la foto es Alfonso el contorsionista. Y sí, estaba durmiendo.

    Mi conclusión es que ellos se despertaban por la noche por una sencilla razón: los ruidos. Vamos a ver, todos tenemos micro despertares cada noche de los que no nos acordamos porque volvemos a dormirnos sin problema. Pero si resulta que, durante un micro despertar, alguien está roncando (maridín), o tosiendo, o yendo al baño, o moviéndose sin parar (como servidora) pues es lógico que nos desvelemos. Por otro lado, a mí lo que me ocurría durmiendo con ellos es que, en cuanto se movían lo más mínimo o hacían cualquier ruido, yo enseguida me incorporaba a ver qué pasaba. Y así hasta diez veces cada noche. De esa forma, era imposible descansar.

    Con Gabriel ya hemos hecho el cambio y, aunque no ha sido como lo de sus hermanos, hemos notado la diferencia y ya duerme hasta siete horas seguidas. También somos muy partidarios de establecer rutinas (baño, poca luz y silencio) para que los bebés vayan distinguiendo día y noche. Es obvio que necesitan un tiempo para eso pero no podemos olvidar que el sueño es una cuestión de salud. Que un recién nacido se despierte seis veces por la noche es normal pero que le ocurra un niño de dos años, puede ser un problema. Primero, porque el sueño es esencial para el crecimiento, la memoria y el aprendizaje. Y segundo, porque a los padres les pasa factura.

    CAM04435
    Esta es la postura que coge Gabriel para dormir varias horas seguidas. Como veis, bien a gusto que se estira.

    Con esto no hago ningún tipo de recomendación sobre dónde o cómo dormir a vuestros peques. Si tanto vosotros como vuestro churumbel dormís de lujo juntos en la cama, estupendo. Yo soy incapaz de pegar ojo con un bebé en la cama porque tengo pánico a aplastarle y porque me muevo mucho. Por lo tanto, no sería muy práctica esta opción en mi caso. Y ya ni os cuento si tuviera que compartir cama con la pareja de mayores y sus bailes nocturnos. Vamos, ya hay veces que me molesta hasta mi señor esposo 😉 Pero a él si le puedo dar algún empujón. Lo que creo es que hay que buscar un equilibrio; si vuestro crío sólo duerme bien meciéndole, es obvio que no es una opción muy factible a largo plazo porque te obliga a estar despierta o medio despierta (vamos, zombi). Hay que buscar la fórmula para que descanséis los dos las suficientes horas como para ser personas al día siguiente. Vamos, la noche que Alfonso o Rafa no duermen bien, están de un humor de perros durante el día o se van dando cabezazos por ahí. ¿Qué os ha funcionado a vosotras?, ¿os ha costado que durmiesen la noche entera?

  • Cómo le «quitamos» el chupete a Rafa

    Cómo le «quitamos» el chupete a Rafa

    Los críos nunca dejan de sorprenderme. Das por hecho que no tendrán dificultades para según qué cosas y luego resulta que el asunto se complica más de lo esperado. Y otras veces ocurre lo contrario, que crees que vas a tener que «librar una ardua batalla» para otros menesteres, y luego no hay que llegar ni al primer asalto. Esto último es lo que nos ocurrió con la trama de Rafa y su chupete. ¡Ojo! Que no tenía prisa porque se deshiciera de él pero desde septiembre, coincidiendo con el inicio de la guardería, el crío le había cogido gusto, demasiado.

    Y era algo que me daba cierta rabia porque mis hijos nunca han sido nada «chupeteros». Han usado el chupete lo justo y necesario, es decir, para coger el sueño y en momentos de rabieta; vamos, en el caso de Alfonso, muy poco. Es más, recuerdo cuando, a punto de cumplir dos años, se encontraba el chupete en la cuna a la hora de dormir y se lo ponía en la oreja. Sí, he escrito en la oreja y habéis leído en la oreja. Cosas curiosas de bebés. Y Rafa, aunque usó algo más que su hermano el chupete, no se puede decir que lo necesitara… hasta que empezó la guardería. O al menos, coincidió que, a partir de ese momento, lo pedía también por el día. Y como fue además la época de las rabietas, pues yo no le dije que no en ningún momento.

    Primer día de guardería que le dejó agotado después de tanta lágrima

    Así que yo ya estaba temblando ante el temido momento de que dejara el chupo. Y resulta que una mañana, mientras hacía su cama, Rafa me lo pidió y yo no lo encontraba por ningún lado, ni en el suelo ni entre las sábanas; y mientras lo buscaba, le iba diciendo que no entendía nada, que no estaba por ningún sitio, que dónde estaría el dichoso chupete… Y no, no logré encontrarlo así que cogí uno que tenía guardado de cuando era bebé y que apenas había usado. Era de tetina pequeña, redonda y de silicona, es decir, justo el opuesto al que estaba usando Rafa en ese momento. Se lo metió en la boca y dijo que no quería ese chupete. Le dije que era el único que teníamos y se fue a jugar. Oye, nunca más volvió a pedirlo, como lo leéis. Y de eso, hace ya dos meses.

    IMG_20150103_174211
    La última foto en la que aparece con chupete.

    Yo no cogí intencionadamente un chupete distinto al que usaba habitualmente. Fue casualidad, era uno que me quedaba por casa y estaba nuevo, así que se lo di por aquello de aprovecharlo. Y sin saberlo, fue la manera de que abandonase el chupete. Por cierto, el suyo apareció debajo del colchón unas semanas después, no me preguntéis cómo demonios llegó ahí mientras dormía 😉 Resumiendo, nunca sabes por dónde van a salir estos niños. Hay madres que deciden cortar la tetina para que el peque vea que está roto y que no se puede seguir usando. En el cole, cuando en Navidad viene el Príncipe Aliatar (algo así como el cartero de los Reyes Magos versión asturiana), hay niños que lo llevan para dejar su tan preciado tesoro para siempre. Habrá mil formas de hacerlo pero la nuestra fue fortuita y sin dramas. ¿Cómo lo hicisteis vosotras?

    Por cierto, he incluido este nuevo sello en el blog porque me han elegido «embajadora» de Babymoov; para mí es una de las mejores marcas de puericultura con unos productos de una calidad extraordinaria y con un diseño muy innovador. ¡Estoy encantada de que me hayan elegido!

    logo embajadora mujer

  • Dolor de la lactancia materna: mastitis subaguda

    Dolor de la lactancia materna: mastitis subaguda

    Durante el embarazo de Alfonso, tenía muy claro que quería darle el pecho al bebé. Fui a los cursos de preparación al parto y allí hablaron de la lactancia materna; supuse que con aquellas clases tenía información suficiente ya que creía que, tratándose de algo natural, sería sencillo. Ilusa de mí. A día de hoy, conozco a muchas más mujeres que han tenido problemas para amamantar que las que han podido criar a sus niños sin ninguna dificultad.

    En cualquier caso, ya en el mismo hospital, le dí al peque biberones a la vez que le ponía al pecho. Sé que dicen que con el calostro es suficiente para los primeros días del bebé pero yo sentía que el peque pasaba hambre y lo hice puntualmente pensando en que no necesitaría más bibes cuando me subiese la leche. Y subió, pero coincidiendo con el inicio de unos dolores insoportables por culpa de la episiotomía. Y además, también empezaba a dolerme el amamantar. La matrona me dijo, tras vernos al niño y a mí, que estaba todo bien. De todas formas, mi única obsesión era que se acabase el dolor de los puntos del parto; no veía más allá. Y cuando se terminó, ya no tenía ganas de más tormentos, así que opté por la lactancia mixta, que cada vez era más artificial que materna porque tener al niño al pecho me dolía mucho.

    Con Rafa opté ya por la fórmula de la lactancia mixta pero, más de lo mismo, con más bibes y menos pecho. Y abandonando a los tres meses. No me sentí mal en ninguno de los dos casos, soy de las que pienso que, cuando no se puede, no hay que amargarse. Y que no compensa que una madre esté sufriendo innecesariamente. No sé dónde o a quién le oí una vez que «vale más dar bibe con amor que teta con dolor».

    bibe
    Alfonso con el bibe

     

    Durante este último embarazo, le di vueltas al tema. No por culpabilidad, ni mucho menos, sino porque quería volver a intentarlo a ver si a la tercera iba la vencida. Tanto a Alfonso como a Rafa no les di el pecho hasta varias horas después de nacer así que pensé que, si lo hacía inmediatamente después del parto, la cosa sería más fácil. Tampoco supe de la existencia de pezoneras en aquellos momentos así que ya tenía otro factor a mi favor en caso de que me doliese.

    Dicho y hecho. Pude amamantar a Gabriel poco después de que naciese. Ya al día siguiente empecé a sentir dolor y me trajeron pezoneras pero nada, aquello seguía igual. En esta ocasión, pedí ayuda a una matrona, experta en lactancia, en el mismo hospital. Estuvimos probando, cual vaquita lechera, distintas posiciones para dar el pecho, con pezoneras, sin ellas… El pediatra también comprobó que el frenillo de Gabriel estuviera bien. Así que, después de todo, la matrona me dijo que podía tener algo que ver una bacteria y que en el Centro de Salud me podían hacer un exudado para comprobarlo.

    lactancia
    Con Gabriel

     

    Diez días después, en los que obviamente le daba bibes al peque porque no soportaba más de 5 minutos con el niño al pecho, tuve una revisión con las matronas del Centro de Salud, a las que no puedo estar más que agradecida por cómo nos tratan y su disponibilidad en cualquier momento. Tras verme amamantar y comprobar que todo estaba bien (agarre del bebé, nada de grietas, etc…) me cogieron muestras de leche y diez días después teníamos los resultados. Efectivamente, era cosa de bacterias.

    Si la concentración bacteriana rebasa los límites biológicos, la presión que ejerce la leche sobre los conductos es mayor. A esto se le llama mastitis subaguda. El hecho de que no se suelan acompañar de enrojecimiento ni de otros síntomas, como la fiebre, confunde frecuentemente el diagnóstico y provoca que se trate de un problema tan infravalorado como infradiagnosticado.

    mastitis-subclc3adnica

     

    Así que me recetaron antibiótico, con lo que enseguida noté mejoría, pero leve. Es más, como el dolor no se iba del todo, dos semanas después me cambiaron a otro más fuerte pero ya no noté más alivio. A día de hoy, hay tomas en las que me duele un poco y otras en las que me molesta bastante. En cualquier caso, sí que estoy dando más cantidad de leche materna a Gabriel que a Alfonso y Rafa, pero no he conseguido una lactancia materna exclusiva. Tampoco es fácil siendo el tercero y teniendo que atenderles a todos.

    Pues ésta es mi experiencia con la lactancia, no he conseguido ninguna de las tres veces que fuera exitosa, y ésta tercera vez lo he intentado más que ninguna. Que conste, y aclaro, que lo hago exclusivamente por las defensas que transmito al niño, ya que sus hermanos vienen de cole y guardería y el pobre es carne de cañón. Para nada es una cuestión, en mi caso, de conexión con el peque. Escucho en algunas ocasiones que la lactancia crea un vínculo especial entre madre e hijo que yo no siento ni he sentido. Con el simple hecho de tenerlos entre mis brazos, ya creo ese nexo y experimento una sensación inigualable.

    A veces leo, oigo… que siempre es posible amamantar y luego, la realidad que vivo y que veo a mi alrededor, es muy distinta. Espero que este post os sirva. ¿Cómo fue vuestra experiencia con la lactancia?, ¿os sonaba este tipo de mastitis?

    0 1 2 3

  • No tengas un bebé… en Navidad

    No tengas un bebé… en Navidad

    Que yo sé que esto de los embarazos no se puede planificar con exactitud; mes arriba, mes abajo y bien, puede que te acerques un poco a la época que mejor te venga por motivos laborales, familiares o lo que sea. Pero atinar con la fecha debe ser algo complicado. Lo que tengo claro es que dar a luz a las puertas de la Navidad o en plenas fiestas es una locura. Puede que muchas penséis que es muy bonito tener un bebé en estas fechas… pues no. Tener un churumbel es bonito siempre pero se disfruta más en épocas de tranquilidad, sin festejos, sin trasnoches y… sin comilonas. Desde luego, esta es la lista de cosas que no apetecen cuando tienes un recién nacido en casa:

    1. Posibles viajes: No habían pasado tres semanas desde que había dado a luz y ya estaba haciendo las maletas para pasar parte de estas fechas con la familia política. Lo sé, a muchas no se os pasaría por la cabeza pero yo soy así de buena con maridín. Evidentemente, cuando acabas de parir, te apetece estar en tu casa.

    CAM02971
    Pues eso, que me gusta Zaragoza pero hubiera preferido ir con un bebé de dos o tres meses (no de días) como me pasó con Alfonso y Rafa en su momento.

     

    2. Cenas, comidas y eventos varios: teniendo en cuenta que las primeras semanas de vida de una criatura es casi imposible tener ningún tipo de rutina, es complicado llegar a la hora a determinados acontecimientos. ¿Cómo os lo explicaría? El lunes día 5, víspera de Reyes, nos invitó una prima de mi madre, que adora a los niños, a ver desde su casa la llegada de los Magos en helicóptero a la playa. ¿Y a qué hora llegaban? Pues a las 11 de la mañana. ¿Cómo se sale de casa a las 10:15 de la mañana con tres criaturas? No lo sé, porque Alfonso directamente durmió la noche anterior en casa de mis padres. Yo me veía incapaz de vestir tres niños, dar el pecho a uno, los desayunos a otros, ducharme yo…. Así que bastante conseguí al salir a esas horas de casa con dos; por no hablar del momento en que te encuentras que el ascensor no funciona y tienes que bajar 5 pisos con la sillita. Sudar es poco…

    No lo puedo evitar, nunca quiero perderme nada y no quiero que los mayores dejen de hacer algo porque haya un bebé en casa, ¡nos adaptamos unos a otros! Y este momento merece cualquier esfuerzo. Foto de El Comercio

     

    3. Inflarse a comer: que ahora mismo me sobren más kilos que hace 15 días, cuando el parto era más reciente, no me mola nada. Sí, esto es lo que pasa cuando das a luz antes de estas fechas, que estás mejor recién parida que pasadas las Navidades. Es duro 😉

    4. Ponerse vestidos: creo que, por primera vez en mi vida, no llevé un vestido en Nochevieja. La lactancia complica un poco el tema vestimenta, a lo que se suma que las carnes, sobre todo las abdominales, están blandas. Mucho mejor un pantalón que sujete bien la tripilla y una blusa, fácil para sacar la pechera cuando sea necesario. Que conste que yo para eso siempre busco intimidad pero, aún así, lo del vestido es poco práctico.

    CAM03257-2
    Una blusina, pantalón y unos tacones y apañamos el look divinamente 😉

     

    5. Dar el pecho: alimentar a la criaturilla en plena Cabalgata, en las Campanadas o en medio de una maratón de compras navideñas se complica seriamente. En mi caso, aproveché esos momentos, si coincidía que el peque tenía hambre, para dar bibes. Ya os he comentado que tengo pendiente un post para contaros el tema de mi lactancia pero aún estoy con las matronas indagando.

    6. Tener a los niños de vacaciones: y para rematar, cuando no es el primer hijo, tienes a los otros de recreo, siempre merodeando como satélites, con una agitación superior a los días de cole y guardería, tomándote por el «pito del sereno»… Esto merece un post aparte; señoras, no es lo mismo dos que tres, pero vamos, hay un abismo, créanme.

    IMG-20150106-WA0014
    Pues si ya con tres he tenido los días completitos, imaginaos con cuatro. Alfonso, Rafa y Gabriel con su primo Jorge.

     

    En fin, ya sabéis como son estas fechas, una vorágine de eventos, comidas y compras que complica bastante cualquier intento de rutina o descanso. Que mira que disfruto de la Navidad pero, este año, necesitaba que terminase. En cualquier caso, los bebés llegan cuando llegan y son siempre bienvenidos. Aún así, creo que hay épocas mejores para dar a luz y no es lo mismo un primer hijo que un segundo, tercero... Yo desde luego, prefiero la tranquilidad de la época en la que di a luz a Alfonso y Rafa. ¿En qué mes nacieron vuestros peques?, ¿qué ventajas o desventajas encontrasteis?

  • Orden en el caos: primer mes

    Y así, sin comerlo ni beberlo, ayer Gabriel cumplió su primer mes de vida. No voy a repetirme con eso de que el tiempo pasa volando cuando eres madre porque ya lo sabéis de sobra. Hoy me centro en las cosas que han cambiado en tan sólo un mes; sí, en un mes completamente caótico en el que los días y las noches no tienen horarios pero que, cada jornada que transcurre, vas viendo poco a poco la luz. Y cuando han pasado 30 días desde que diste a luz, estas son las cosas que han cambiado:

    1. Adiós al postparto: aunque oficialmente no haya pasado la famosa «cuarentena», lo más probable es que ya hayas dejado de lado cualquier dolor, las megacompresas e, incluso, has olvidado el suplicio de los puntos.

    2. Lactancia más o menos establecida, o abandonada: Una de esas cosas con las que te encuentras tras el alumbramiento es que lo de dar el pecho no es tan fácil como pensabas. Cuando ha pasado un mes desde que diste a luz, lo más probable es que hayas superado las dificultades o que hayas desistido en el intento. En mi caso, os debo un post sobre esto porque mi experiencia y mi caso creo que pueden ser verdaderamente útiles. Ya os adelanto que, una vez más, estoy con lactancia mixta porque soy muy cabezona.

    3. Los cólicos mejoran: si tienes la mala suerte de que tu bebé tenga cólicos, cuando ha pasado un mes, el asunto ha progresado para bien. Y si la cosa se alarga en el tiempo, lo que conseguirás es que la situación ya no te desespere como al principio. No hablo por propia experiencia pero sí que hemos tenido ratos en los que el peque ha estado muy molesto con gases y ahora es más llevadero.

    4. Un atisbo de orden: tanto mental, porque te has hecho a la nueva situación tras la revolución de los primeros días, como físico, ya que tu casa empieza a estar medianamente decente. Y si a la una de la tarde, hace un mes, no estaba ni duchada, ahora soy capaz de salir de casa dos horas antes y dar un paseo.

    5. La tomas de la noche se han alargado: este punto reconozco que es sólo para las que parimos niños dormilones. Ahora mismo, Gabriel ya está hasta 6 horas sin comer por la noche. Esto no quiere decir que yo disponga de ese tiempo para dormir ya que lo más habitual es que, después de una toma, quiera un rato de juerga que se puede alargar más de una hora . Así que al final, lo máximo que consigo reposar del tirón son 4 horas, pero no me quejo. Es más, confío en que, a los tres meses, ya me deje dormir 10 horas seguidas. Sí, ya sé que algunas creéis que soy muy optimista pero… es que los otros dos lo hicieron. Por eso repito con esto de la maternidad 😉

    Y este es, en resumen, el progreso del primer mes de vida de Gabriel. Obviamente, nos ha tocado revisión en el pediatra y todo va sobre ruedas, ha ganado un kilo desde que nació y tengo otro niño mega alto. Lo que sí que reconozco que es una suerte es que las cosas van repitiéndose por tercera vez y que los tres, con sus diferencias en el carácter, repiten patrones de comportamiento. De ahí mi optimismo con el sueño, luego ya se verá.

    Desde aquí, quiero daros las gracias por acompañarme otro año más y aguantarme este 2014, sabéis que le pongo mucho empeño y dedico muchas horas a este blog. Se acaba para mí un gran año en el que pude volver temporalmente a la tv y en el que, lo más importante, fue la llegada de mi tercer hijo; no puedo estar más que agradecida. De corazón, ¡Feliz Año!

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies