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  • Cuatro cosas que hay que conservar de la infancia

    Cuatro cosas que hay que conservar de la infancia

    No sé si es habitual o no atesorar objetos de nuestra niñez muchos años después; el caso es que me puse un día a hacer orden y «redescubrí» las joyas de mi infancia. Ahora sé que hice bien en guardarlas. Y digo que no sé si es lo habitual porque, de verdad, no tengo ni la más remota idea de cuánta gente puede tener en su casa cosas con las que jugaron siendo pequeños, pero quiero creer que casi todos conservaremos algo, por poco que sea. Y desde luego, ahora que soy madre, sé que hay cuatro cosas que hay que guardar, ya no sólo por el recuerdo, sino porque tus hijos los podrán usar décadas más tarde, ¡y eso sí que hace ilusión!

    1.Libros: No conservo muchos de los libros que había en mi casa (Los Cinco, Celia,…). Con la mudanza de mis padres hace pocos años, donamos gran parte de ellos, y los que estaban en mal estado, se tiraron (al contenedor de papel, ¡siempre!). Pero yo me guardo en mi casa varios de los libros con los que más disfruté. Y sé que algunos se volverán a usar.

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    Éste me tuvo completamente enganchada durante años, lleno de personajes y cosas para colocar en las distintas páginas.

    2. Juegos de mesa: por favor, ¡esto nunca se tira! No se pasan de moda jamás y, a ciencia cierta, sabes que los usarás incluso cuando ya no seas un niño y te dé por reunirte con tu familia o amigos. Aparte de los clásicos como el Parchís, La Oca o el Trivial, yo fui una fan absoluta de Scattergories y del Tabú (ya se veía que era de letras).

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    A buen recaudo, para jugar con los peques en unos añitos.

    3. Una muñeca, coche o similares: No hay nada como encontrarte ese Nenuco, Barriguita, Nancy o Baby Feber que tuviste de niña. Yo cometí el error de darlas cuando mis padres se mudaron de casa hace 5 años, pero tenía tres Nenucos en perfecto estado. Estoy convencida de que, cualquier madre que guarde una, se encontrará con que sus hijas tienen interés por ella. Yo, a cambio, conservo una joya: mi casa de muñecas, ¡creo que era el sueño de cualquier niña en mi época! Y la mía además la hizo mi tío Juan, que murió sin terminarla, y la acabó una amiga de mi madre. En cuanto a los niños, sé que uno de mis hermanos conserva algún coche de su infancia y mi padre siempre me cuenta que ojalá tuviese guardado un tren con el que pasaba los días jugando. También incluyo en este grupo los peluches, ¡aún tengo uno!

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    El día que la bajé de un mueble alto donde llevaba una larga temporada sin mirar para ella, Alfonso y Rafa se volvieron locos de la emoción al verla con todos los muebles, muñecos y demás. Pero como es algo que hay que cuidar mucho y ellos aún juegan un poco a lo bruto, decidí vaciarla para que la usen más adelante, si es que luego tienen interés. Espero tener alguna nieta 😉

    4. Cromos: No sé si algún día se volverá a llevar lo de jugar a los cromos, pero yo tengo una colección importante en casa e incluso, jugué en una ocasión con los niños. Y más allá de los cromos de jugar con las palmas de la mano, otro recuerdo que me parece increíble es guardar algunos cromos de los álbumes que un día coleccionamos, incluso el álbum si lo hemos completado. ¿Y qué me decís de encontrarte con los futbolistas de hace 30 años que ahora son entrenadores? ¡Lo más!

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    Algunos de los cromos que conservo.
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    Yo sé que hubierais preferido uno de Julen Guerrero (yo tenía hasta recortes de prensa) pero aquí va Luis Enrique cuando jugaba en el Real Madrid, para los nostálgicos 😉

    Así que ya sabéis, cuando os entre un ataque de ésos de locura para poner orden, recordad que hay cosas que son atemporales y que algún día, vuestros hijos, que ya no serán niños, querrán tener como recuerdo. ¿Conservais cosas de vuestra infancia?, ¿cuál os gustaría recuperar?

  • Lo más difícil de ser madre

    Lo más difícil de ser madre

    Creo, y lo digo con sinceridad, que podría incluir varias cosas en la lista de aspectos negativos que trae la maternidad. Porque no nos engañemos, ser madre no es un camino de rosas y hay que hablar de ello con naturalidad aunque intentando siempre dar la justa importancia a las cosas, vamos, sin ponernos a llorar. Todas sabemos que las cosas buenas compensan todo lo malo. El caso es que me da la sensación de que siempre nos referimos a las mismas situaciones cuando pensamos en las peores cosas de ser madres: los embarazos con problemas, los partos y postpartos dolorosos, las lactancias «fracasadas», el cansancio, menos tiempo para nosotras, las carreras del trabajo a casa y viceversa. Y ojo, que todo ello es difícil y creo que es necesario tratar estos temas y darles visibilidad, eso sí, sin perspectivas catastrofistas, a poder ser.

    Para mí, en ese sentido, los dos momentos más duros como madre fueron el postparto del mayor y las rabietas del mediano poco antes de cumplir dos años y estando al final del embarazo del pequeño, sin olvidar algún que otro verano al borde del colapso 😉 Pero lo cierto es que, me paro a pensar y esas crisis que tuve son cosas que ocurrieron durante espacios cortos de tiempo. Y ahora me doy cuenta de que, desde hace ya mucho, me enfrento a un problema que a veces me hace perder los nervios y que, lejos de mejorar, creo que lo lógico es que vaya a más en los próximos años.

    Hablo de los conflictos entre hermanos. En esta casa, no hemos pasado por los celos pero creo que ése sería el primer gran problema que puede surgir en una casa con varios niños. Pero yo hoy voy más allá y hablo de las peleas entre hermanos; y no me refiero solo a cuando se empujan o se dan algún que otro mamporro, sino a las disputas por tener y querer siempre las mismas cosas. Esto empezó a ocurrir en nuestra casa cuando Rafa comenzó a caminar con 13 meses; Alfonso acababa de cumplir tres años así que estaba en una edad en la que no entendía muy bien porqué su hermano le «molestaba». Aún así, lo llevó bastante bien. De hecho, los mayores se acostumbran a esa situación. Cuando los hermanos pequeños tienen menos de dos años y no son capaces de razonar muchas cosas, a los mayores les toca ceder. Pero, ¿hasta dónde? Buena pregunta, yo no lo sé y es ahí dónde a veces descubro que no sé ser jueza. Porque ése es el papel más difícil de ser madre: ser justa en función de las necesidades de cada hijo sin que ninguno sienta que queda de lado. Tela marinera.

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    Aquí están jugando. Eso sí, a lo bruto. Gabriel tiene el cielo ganado, es que no se queja por nada!

    Los hermanos pequeños tienen el gran problema de que quieren hacer, tener, comer, tocar el botón del ascensor, entrar en casa y, si se tercia, hacer sus necesidades cuando lo hacen los hermanos mayores. Yo ya he visto a Ricitos de Oro enfadarse por querer utilizar el mismo váter que Alfonso cuando su hermano está en plena «evacuación». Y es muy frustrante. Ah, excepto cuando haces un viaje en coche, que entonces uno quiere ver Cars y el otro Buscando a Nemo y acabas poniéndoles Dumbo por no generar problemas. Pero bueno, esto se queda en mera anécdota comparado con el tema juguetes o objetos de entretenimiento porque ahí llega la guerra de verdad. «Alfonso, déjaselo un rato», digo. Y todo por no oír protestar al mediano, que lo hace de una forma muy irritante, es decir, llorando. Porque esa «táctica» les ha funcionado muy bien desde bebés; es lo que tiene nacer y ya tener «competencia», tiene cierta lógica. Mientras, el mayor suda la gota gorda pensando en deshacerse de su amado objeto. Por ponerle humor, tipo Gollum en El Señor de los Anillos. Y ya sabéis, a partir de ese momento: «es que lo tenía yo primero», «es que es mío», «es que antes me pegó», «es que lo quiero yo» y un sinfín de frases del estilo.

    El caso es que, cuando me paro a reflexionar sobre esto, me doy cuenta de que esto va para largo y seguramente irá a más, por mucho que se quieran, se necesiten y se defiendan a muerte frente a los demás. Y esperad, que a Gabriel le quedan dos telediarios para entrar en el meollo así que… continuará. ¿Veis?, ¿a qué ahora lo del parto no os parece tan horrible? 😉 ¿Cómo lleváis vosotras este tema de las broncas entre hermanos?

  • Madres que corren

    Madres que corren

    Éste título bien podría ser el de un post sobre la vida diaria de las madres porque, esto es así, vamos de un sitio para otro corriendo. Y más cuando tienes varios niños, que estás como en una yincana continua. Pero no, hoy no voy a hablar de maternidad sino de deporte, aunque acabaré relacionando una cosa con la otra, siempre me pasa. Os dije hace unos días que estaba barajando cambios en el blog así que, ya os adelanto que, desde este mismo momento, amplío contenidos. Que si alguna vez me apetece enseñaros dónde compro ésto o aquello, una crema que me gusta o cualquier truquillo, pues lo comparto, al igual que os muestro nuestras excursiones y siempre me decís que esos posts son útiles. Eso sí, no será el único cambio, habrá alguno más pero me llevará más tiempo porque quiero que quede bonito.

    Y hoy, a lo que toca, porque va a ser un tema que me dé para algunos posts y los escribiré por si alguna madre más decide unirse a mi objetivo de 2016 (empezar fue reto en 2015, ahora toca mejorar). Nunca me ha gustado el deporte, ni en grupo ni en solitario, me pasa desde pequeña. A eso se suma que el cuerpo, con 20 años, lo aguanta todo; da igual que no te desmaquilles por la noche, que comas demasiado o que tomes el sol más de la cuenta. Pero la realidad es que no importa a esa edad pero todo pasa factura más tarde. Y más con tres embarazos a la espalda. Os conté en su momento que, consciente de que la tercera gestación me había regalado algún kilo (y dado que cerrar el pico para comer no es posible), hice un amago de volver al gimnasio a los dos meses de nacer Gabriel. Pero lo cierto es que no tenía tiempo así que decidí, como Forrest, empezar a correr por varias razones:

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    Mi primera carrera, en junio.

    Flexibilidad: puedo ir a cualquier hora del día, sin depender de horarios de clases ni de cierres o aperturas de gimnasios. Como madre dependo de que alguien esté con los niños pero… siempre es más fácil escaparse media hora de casa que un par de horas.

    No pierdo el tiempo: entre ir al gimnasio, asistir a la clase y volver, se me iban casi dos horas. Correr es tan fácil como ponerte las mallas y zapatillas, bajar al portal y eaaa, a darle a las piernas hasta que vuelves, de nuevo, a la puerta de tu casa. ¿Total? Treinta minutos.

    Es barato: siempre que no seas sibarita. Para empezar, tiré de leggins viejos y, eso sí, me compré unos playeros de Nike. Pero vamos, que creo que fueron 40 euros o menos.

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    Ya veis, como llevo 8 meses corriendo y ya corrí mi primera San Silvestre, los Reyes decidieron que era hora de mejorar el atuendo. Y el de mi madre, con ese super libro de Cristina Mitre, «Mujeres que corren», que voy a leer ya.

    En junio me apunté a la Carrera de la Mujer, la primera de mi vida, y la terminé, que era lo que quería. Porque señores, yo soy muy lenta y no he salido a mi madre ni a mi hermano, que quedó el octavo (de más de 4000 participantes) en la San Silvestre de Gijón; yo sencillamente concluí dignamente. Pero en realidad, al correr no compito con nadie, solo conmigo. Y aunque empecé por cuestiones estéticas, es decir, para endurecer las carnes, hace tiempo que me di cuenta de que el running (os juro que me cuesta decir esta palabra) me sienta bien. Sí, perdí esos kilos y alguno más y eso se agradece pero además me hace sentir fuerte mentalmente sólo por el hecho de lograr un objetivo. Porque creí que no iba a durar y sigo. Y porque la pereza me puede cuando hace frío pero he conseguido cumplir dos días a la semana y ahora van a ser tres.

    ¿Mi próximo reto? Correr en marzo una 10k, lo que viene siendo una carrera de 10 kilómetros, que no quiero ponerme yo muy técnica ahora. Eso sí, ojo con el suelo pélvico que, oye, justo en eso y según mi matrona, es como si nunca hubiera parido y estoy divina de bajos fondos 😉 pero no es recomendable en según qué estado esté tras embarazos y partos. De todas formas, yo voy a hacer mis averiguaciones porque me dijo la matrona que hay un dispositivo que ayuda a proteger el suelo pélvico en los deportes de impacto. Vamos, que tengo más posts que escribir sobre el deporte relacionado con la maternidad y aquí lo compartiré por si algunas decidís que es un buen momento para empezar a mover el trasero, ¿alguien al otro lado? 😉

  • Abandono de la lactancia materna, ¿falta de información?

    Abandono de la lactancia materna, ¿falta de información?

    El otro día me encontré con este artículo sobre la lactancia materna que leí con mucho interés. Para las que no podáis deteneros a analizar el texto completo, os resumo: El 80% de las españolas da el pecho tras el parto; a las seis semanas, esa cifra desciende al 68%; a los 3 meses, al 52% y más allá de los seis meses, sólo el 36% amamanta. Así que la pregunta obvia es porqué si se supone que es lo mejor para un bebé y lo recomiendan todos los organismos sanitarios. Tras la pregunta, llegan las posibles causas.

    Una de ellas, y la principal, es la falta de asesoramiento durante el embarazo. Este es un punto con el que no estoy de acuerdo y creo que nuestras bisabuelas se reirían si se lo dijéramos. Otra cosa no, pero información tenemos para dar y tomar sobre lactancia materna y hoy, más que nunca, sabemos muchísimo sobre ello. Para mí, por los casos que conozco a mi alrededor y mi propia experiencia, es que la información que nos dan no es real. Te hablan de sus beneficios, de que es gratis, de que es cómodo, de que es lo natural pero las grietas, mastitis y demás problemas se mencionan como si fuera algo infrecuente. Ojo, que ya sabéis que no soy de las que apoyo lo de asustar al personal pero… ¡¡es que es algo muy frecuente!! Y todo eso te pilla en pleno postparto, en el que además de cansada, puede que estés dolorida. Así que no es tanto falta de información como que es incompleta.

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    También se menciona en el artículo que los profesionales sanitarios, en ocasiones, dan información contradictoria. Y eso sí, me lo creo a pies juntillas porque, dependiendo del pediatra, te puede decir que le des fruta al niño a los cuatro o a los seis meses, que sigas con el pecho, que lo dejes porque el niño pesa poco… ¡hay de todo! Sin querer subestimar a los especialistas (que yo para eso me fío mucho de ellos), hay que saber darles la importancia justa. Los bebés son eso, bebés, no robots. Y nadie conoce a un hijo mejor que una madre. Así que no nos agobiemos; si los bebés están sanos, seamos flexibles.  

    Y por supuesto, se recalca la falta de protección de la lactancia materna por parte de instituciones. En este punto, tengo mis recelos. Es obvio que la baja por maternidad de 16 semanas no favorece la lactancia pero es una disposición que no beneficia en general a las familias. Es decir, creo que no es una cuestión de que no se proteja la lactancia sino que no se hace con la maternidad en general (des pecho o no lo des), no se favorece el tener hijos ni se mira por la conciliación.

    Mis comienzos con la lactancia fueron complicados las tres veces; de hecho, sólo en la última ocasión pude solucionar (en parte) mi problema. Aún así, creo que si no hubiera tenido dificultades, mis lactancias no se hubieran alargado en el tiempo. No sé si soy la única pero nunca le encontrado placentero ni grato el amamantar. A mí, embarazos, me pueden dar los que sean pero la lactancia me parece agotadora y tremendamente dura. ¿Cuál fue la causa del final de vuestras lactancias?

  • El pueblo más alto de Asturias

    El pueblo más alto de Asturias

    Me quedaba un post pendiente de nuestro paso por Los Picos de Europa. Fueron tres días muy intensos en los que conocimos sitios maravillosos como Bulnes, sin acceso por carretera, y comimos de lujo cerca de Cabrales. No podía dejar de recomendaros también nuestra última excursión: Sotres, un pueblo situado en un enclave espectacular a más de 1000 metros de altura, siendo el punto más alto donde hay habitantes en el Principado, en torno a 150 personas. Se llega, desde Poncebos, a través de una carretera de once kilómetros con unas vistas impresionantes y también unas buenas curvas.

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    No esperéis un pueblo super pequeñito lleno de cabras y ovejas, que obviamente hay, sino que es una villa con algunos restaurantes, hotel, algunas tiendas de productos artesanos donde, obviamente, destaca el Queso Cabrales. No hay ningún problema para caminar por el pueblo con sillitas pero tiene muchas cuestas así que viene bien llevar fular o mochila para los bebés; como no es un pueblo muy grande, los niños que caminen pueden pasear un ratito. En cuanto a dónde comer, nosotros lo hicimos en Casa Cipriano: un menú compuesto por fabada, huevos, patatas y picadillo, y arroz con leche. Muy ligero 😉 Tiene el típico comedor amplio pero antiguo, muy de montaña. Como curiosidad, la carta viene con cuadro de alérgenos para saber qué lleva cada plato (huevo, gluten, lácteos…).

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    Como veis en las fotos, las vistas son espectaculares y está rodeado de montañas mires por donde mires. Sin duda, merece la pena.

    Por cierto, hace unas semanas, os pedía el voto tras ser nominada en 5 categorías de los Premios Madresfera. Ayer se hizo público el ránking de votaciones y ahora mismo estoy muy cerquita del podio en tres categorías: Ocio en familia (que me hace mucha ilusión porque veo que este tipo de posts tienen mucho éxito), el de Embarazo (que no es que hable ahora mucho de ello pero creo que he contado todas mis vivencias, tras tres embarazos, con bastante humor pero siendo muy realista) y el de Humor (porque ése es mi punto de partida cuando escribo sobre las partes menos divertidas de la maternidad). Así que, como sólo quedan unos días para que terminen las votaciones, si pincháis en los enlaces y me votáis, ¡¡estaría super agradecida!! Y oye, como se puede votar en todas las categorías, también estoy en el ránking de blogs de Personal y Crianza.

  • Y otro año más…

    Y otro año más…

    Hay dos días al año en que siento que el tiempo se me va de las manos. Curiosamente, esos días en que me paro a pensar en lo rápido que va todo, transcurren durante la Navidad, exactamente en Nochebuena y en Reyes. Hay quien reflexiona cuando comienza un nuevo año o el día de su cumpleaños. A mí, la Nochevieja me sirve para pensar sobre propósitos cumplidos o por cumplir y hacer balance de las cosas que pueden mejorar. Y en mi cumpleaños, como me pilla en pleno agosto, sólo lo celebro pero no, no es un día en el que las cifras me asusten y reflexione sobre el paso del tiempo.

    Sin embargo, cuando termina el día de Reyes, me invade una extraña sensación. Ayer me daba cuenta de que ellos, mis hijos, hacen que esta percepción de fugacidad aumente. No sé si es porque con peques, el ritmo que llevamos cada día es brutal. Aunque oye, quizás no tenga que ver directamente con ellos; puede que, cuando mis hijos ya no sean pequeños y tengan 20 ó 30 años, siga sintiendo que esto va demasiado deprisa. Si dentro de 15 años sigo escribiendo el blog, que lo dudo, volveré a escribir sobre esto 😉 El caso es que llega el día de Reyes, en el que finiquitamos la Navidad, y pienso: otro año más que se acaban estas fiestas tan especiales. Y me da hasta pena.

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    El abuelo desmonta el super Belén.
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    Atrás quedaron los días en casa de los abuelos de Zaragoza donde aquello fue de verdad la «marimorena»
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    Mi primera San Silvestre
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    La Nochevieja hasta las tantas para ellos…y para nosotros, que pudimos salir por ahí gracias a los abuelos.
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    La magia de la Cabalgata. Soy muy pesada pero dudo seriamente que haya un Melchor mejor que el gijonés 😉
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    Y los regalos de los Magos, ya tenemos disfraz para Carnaval.

    En cualquier caso, lo importante es que las hayamos disfrutado. Eso sí, nada nuevo bajo el sol, aquí en casa tengo niños como motos, que se han acostado más tarde de lo normal, que han comido menos fruta y más azúcar del que comen habitualmente, y ahora hay que intentar volver a la rutina, aunque no empiecen el cole hasta el lunes que viene. Por mi parte, empiezo a darle un poquito más fuerte a esto del running porque soy muy lenta (creo que si digo footing alguien me va a preguntar qué es eso :-0 ) y los Reyes me han equipado muy bien para ello. Y por otro lado, se avecinan cambios en el blog, pero aún sigo dándole vueltas a varias ideas, sin pausa pero sin prisa. En cualquier caso, el objetivo es siempre ir a mejor, ¿no os parece?

  • Dos planes para hacer con niños en Navidad en Zaragoza

    Dos planes para hacer con niños en Navidad en Zaragoza

    Es curioso, la única Navidad que pasé fuera de Gijón antes de casarme fue en Zaragoza. Era 1992 y yo tenía 10 años. Aquel verano había fallecido mi tío y mis abuelos no querían pasar sus navidades más tristes como siempre ni donde siempre porque la ausencia de su hijo en esas fechas era demasiado dolorosa. Así que nos fuimos todos con ellos a pasar el fin de año a Zaragoza, donde vivía una de mis tías, para cambiar de aires. Las casualidades de la vida han hecho que, desde hace 6 años, yo pase una parte de estas fechas en la capital aragonesa; nunca lo hubiera imaginado entonces.

    Una de las cosas que más me llamó la atención de niña fue el frío que hacía. Y en eso, nada ha cambiado. Su clima es duro, al menos para mí. Pero no me voy a detener a contaros cómo es la ciudad ni tampoco puedo hablaros de excursiones por la zona ya que, cuando vamos, tenemos muchos compromisos familiares y no nos da la vida para demasiado. Eso sí, si vais por allí en estas fechas con niños, hay un sitio por que el tenéis que pasar y otro por el que quizás no os quede más remedio.

    1.Plaza del Pilar: Creo que, sin duda, su mayor reclamo en Navidad es su Belén Gigante de 1000 metros de superficie con 56 figuras de tamaño real. Pero vamos, que hay de todo: noria para niños pequeños, tiovivo, rampa para bajar en trineo, pista de hielo, mercadillo navideño, paseos en ponys, escenarios con actuaciones, talleres… Vamos, que no falta de nada. Si eso, unos graditos más que mis hijos estaban tiesos 😉

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    2. Puerto Venecia: no, no me he vuelto loca, Zaragoza no tiene mar. Puerto Venecia es el nombre del centro comercial más grande de Europa con más de 200.ooo metros cuadrados. Os soy sincera, el plan de ir a un centro comercial no me emociona nada, pero en éste se encuentra Neverland, un espacio para niños con atracciones que viene muy bien para pasar un rato cuando fuera estás a dos grados. Y aunque os parezca extraño, hay hasta una pequeña montaña rusa y coches de choque siendo un espacio interior. Eso sí, entre la música, las luces y ruidos, sales de allí con la cabeza como un bombo.

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    Y si vas con otra familia numerosa, ni os cuento el jaleo.

    Pues señores y señoras, este ya sí que es el último post del año. Tenía dos propósitos para 2015 y uno de ellos era seguir adelante con este blog aunque la pereza (y el sofá) me llamasen cada noche después de cenar. Y no sólo he cumplido sino que este espacio ha crecido tanto, con más de un millón de visitas sólo este año, que he podido «monetizarlo» a través de publicidad y patrocinios, además de darme la oportunidad de escribir para el Blog Oficial de Turismo de Asturias, lo cual es un orgullo y también me permite sacarme unos dinerillos. Mi otro propósito… también lo he cumplido y esta misma tarde termino el año con la promesa, ya os contaré en Facebook e Instagram. ¡Os deseo, de corazón, que tengáis un feliz año!

  • Mi último descubrimiento online

    Mi último descubrimiento online

    Hace poco que hice un hallazgo de ésos por la red que me tiene encantada. Es una tienda online muy completa en las que encuentras de todo y marcas muy conocidas: Nenuco, Mustela, Molto, Tuc Tuc, Tigex, Martín Aranda y muchas más. Vamos, que ya habréis caído en la cuenta de que tienen desde ropa o juguetes hasta útiles de aseo, por poner un ejemplo. La web se llama El Peque de la Casa y nuestra última adquisición fueron unos jerséis preciosos para los niños. Pero no exagero con eso de que podéis encontrar muchísimas cosas y, desde luego, muy a tener en cuenta lo de encontrarse con la gama completa de colores de Cóndor para el tema calcetines, medias y leotardos.

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    Fijaos qué bonitos estos jerséis de grecas de Intarsia. Llevaba tiempo buscando algo así.

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    Y aunque tienen bastantes cosas de ropa para bebés y niños, en realidad, uno de los productos por los que destaca la web es por las canastillas que preparan con un montón de cosas (baberos, mantas, colonias, neceser, sábanas, toallas, bodys, sonajeros, peluches…) y por las originales tartas de pañales, que ya sabéis que son muy vistosas, por ejemplo, para babyshowers y que pueden incluir, además de pañales, otras tantas cosas más para regalar a los bebés. Pero me resulta muy difícil resumir todo lo que tienen, es como para pasarse un buen rato indagando, porque lo mismo encuentras juguetes para bebés que sillas de paseo o para el coche. Y así, una interminable lista de productos, entre los que se incluyen artículos de películas y dibujos animados.

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    Me encantan las canastillas que vienen con maletín.

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    Geniales calcetines sonajero.

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    Como veis, podéis encontrar casi cualquier cosa. Para mí, fue una casualidad encontrar esos jerséis, llevaba tiempo buscando unos de este estilo y esta temporada lo había dejado por imposible en las tiendas que habitualmente miro. Y ahora me viene de perlas encontrar cosillas de la película de Cars para los regalos de Navidad.

  • Pequeños «desastres» de las navidades con los niños

    Pequeños «desastres» de las navidades con los niños

    Que sí, que la Navidad con críos es maravillosa, mágica, fascinante, divertida, extraordinaria… y un montón de cosas estupendas más. Pero ¡confesadlo!, acabáis hasta el mismísimo moño de algunas cosas:

    1.Las bolas del árbol: lo más seguro es que lleguéis a Nochebuena y toda la parte de abajo de vuestro abeto esté ya despejada, vamos, que sólo queda el árbol y de milagro. Porque las bolas y adornos varios, o han pasado a mejor vida, o ya te has cansado de ponerlos día sí, día también.  Fijaos, en casa tengo al «gateador», es decir, a Gabriel, que no deja bola en su sitio. Y luego están los «rematadores», que si encuentran una por el suelo, nada como ponerse a jugar al fútbol con ella. Menos mal que tenemos unas poco delicadas y van aguantando.

    2.Los villancicos: maldigo al creador de las panderetas. Y si hasta este año teníamos sólo una, ahora nos ha tocado comprar la segunda, y encima para Rafa, tan delicado él. Aún le recuerdo las pasadas navidades, con dos años cumplidos, y sabiéndose ya repertorio completo de villancicos. Esto de que haya sido tan precoz con el habla me tiene agotada (anda que no me quedan años). Ahora además incorpora coreografía aprendida en el colegio. Ojo, que yo me río, y mucho. Pero el tormento cuando te piden cantar con ellos y ¡les da por el mismo villancico una y otra vez!, eso no está pagado.

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    Amenizando al pobre Gabriel, que la verdad no parece estar sufriendo mucho 😉

    3.El catalogo de juguetes: el dichoso inventario debería estar prohibido a partir del 1 de diciembre. Pero no, ahí lo tienen, a buen recaudo, y les da por mirarlo a diario, lo que implica que cada dos por tres te pidan una cosa nueva, o te cambien una por otra. Pero vamos a ver, ¿así quién demonios puede arriesgarse a comprar nada a estas alturas? Yo ya les he dicho que Los Reyes ya están haciendo acopio así que nada de cambios. Pero ahí están ellos, con el «me lo pido» en cada página.

    4. El supermercado: ay, señor… que si hacer la compra con tres críos ya era una tarea de alto riesgo, por estas fechas es de riesgo extremo. Porque además, tengo dos niños muy aficionados a los polvorones y ya hace un mes que los tienen en todos los sitios. Así que, como no les parece suficiente con tener un paquetito en casa, cada vez que entramos en un super, se dedican a ponerme ojitos y pedir más y más. Y a preguntar de qué es cada uno de los envoltorios coloridos, que si el plateado es de coco, que si el otro no sé qué… ¡un estrés, oigan!

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    En fin, todo hay que tomáserlo con humor, son gajes del oficio y oye, que si hay que recoger bolas y volverse loca con los regalos, pues se hace con buena cara y listo. Que crecen en dos telediarios y ya me veo exigiendo nietos para animar el cotarro. ¿Cómo lo lleváis con los pequeñajos?

  • Más ideas para regalar en Navidad (que no son juguetes)

    Más ideas para regalar en Navidad (que no son juguetes)

    Y aquí seguimos, sin terminar de hacer nuestra lista de regalos a los Reyes Magos pero insistiendo un poquito a los niños en que  lo mejor es incluir en nuestras peticiones cosas que duren, que sean prácticas y, si puede ser, que fomenten la imaginación o la actividad física. No es que tenga nada contra los juguetes, bien sabéis que en mi casa hay un montón y nos encantan. Sencillamente, creo que hay que dosificar precisamente para apreciarlos más. Y también por variar un poquito y de paso, para que duren mucho tiempo. Precisamente, uno de los regalos que los Reyes trajeron a Alfonso hace dos años, que sigue intacto y que además ahora ha heredado Rafa, es una bicicleta. A su vez, el mayor ha podido quedarse una que era de mi primo. Así que fijaos si es un regalo que cunde.

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    En general, creo que todos los regalos relacionados con el deporte son una excelente idea. Y los que tienen ruedas son un éxito asegurado, lo mismo da que sean niñas que niños. Y también da igual la edad, porque hoy en día hay tanto bicis sin pedales para niños que hace poco han empezado a caminar como bicicletas o patinetes para mayores. A esa lista puedes sumar motos, triciclos, correpasillos o patines, por ejemplo. Justo los patines fueron parte de mi infancia, hubo un par de años que los llevábamos hasta al colegio, era feliz ahí subida. Y veo a los peques, en casa de mis padres, con sus bicis, motos o patinetes y son la imagen de la alegría.

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    Porque además de divertirse, hacen ejercicio. El ciclismo, por ejemplo, potencia la velocidad y la agilidad e incrementa la coordinación y el equilibrio. Y como muchos deportes, mejora articulaciones, combate la obesidad, aumenta el calcio de los huesos, mejora el estado de ánimo. Así que todos son ventajas. Es más, yo estoy pensando en incorporar a mi bici (que lleva más de un año abandonada) una sillita homologada para llevar a Gabriel y animarme alguna mañana ir de paseo con él, que con lo de correr acabo con cierto dolor de espalda. En fin, ¿creéis vosotras también que estos regalos son una buena idea?, ¿tienen vuestros niños?

  • Comer de escándalo con estas vistas… y más planes en Cabrales

    Comer de escándalo con estas vistas… y más planes en Cabrales

    Si tuviera que hacer un único post sobre todos los planes que hemos hecho este puente en el concejo de Cabrales, creo que no terminaría nunca. Así que de he decidido dividir las recomendaciones en, por lo menos, dos posts. Además, tengo muchísimas fotos que enseñaros; os adelanto que, en directo, los sitios son infinitamente más bonitos aunque creo que con las imágenes os podéis hacer una idea de los enclaves que visitamos, a cual más espectacular. Cabrales es el concejo con la orografía más accidentada de Asturias; es más, la mitad de su territorio es parte del Macizo Central de los Picos de Europa, con elevaciones superiores a los 2.000 metros, donde destaca el Naranjo de Bulnes (Picu Uriellu, en asturiano), con 2519 metros y caídas verticales de más de 600 metros. Un espectáculo para los ojos.

    Vamos por partes. Nosotros nos alojamos en un apartamento en Arenas de Cabrales, una villa que se considera una de las puertas principales a los Picos de Europa. Es un pueblo de algo menos de 1000 habitantes pero que cuenta con camping, hoteles, restaurantes, tiendas… así que es un lugar muy frecuentado por los turistas. Y aunque allí cenamos en un par de sidrerías que estaban estupendas, mi recomendación para comer está a 10 kilómetros, en el pueblo de Trescares. Nosotros íbamos mucho de pequeños porque mi padre fue pescador de río toda la vida, y ya sabéis que los pescadores conocen bien la zona a la que van y saben dónde se come de maravilla.

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    Restaurante Casa Pancho, de toda la vida.
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    Aparte de comedor, tienen esta galería en la que hay estas increíbles vistas
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    Una de las especialidades; hacía más de 20 años que no volvía a probarlas…
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    Patatas rellenas. De verdad, un escándalo.
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    De vuelta a Arenas de Cabrales

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    Tiendas con encanto

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    Mi asturianín escanciando sidra.

    Uno de los lugares que podéis visitar en el mismo pueblo, en Arenas, es la Cueva Exposición Queso de Cabrales. En la primera parte de la visita, ponen un vídeo dentro de una cabaña de madera en el que explican todo el proceso de elaboración del mundialmente famoso Queso de Cabrales. Incluso, para los que no nos gustan los quesos fuertes como a servidora, merece la pena. Después de ver el vídeo, ponen unas muestras de crema y queso, para después entrar en la cueva, donde una persona se encarga de hacer una pequeña visita contando más detalles. Lo bonito, sin duda, es el enclave. Yo recomiendo llevar mochila portabebés.

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    Como veis, el enclave es muy bonito, a orillas del mismo río Cares. Alucinante el color, ¿verdad? ¡Pues preparaos para los siguientes posts!
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    Degustación de queso Cabrales.
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    Acceso a la cueva, es una visita breve y hay partes en las que hay que agacharse un poquito. Recomiendo evitar la sillita. Gabriel se pasó el rato dormido en la mochilita.

    Como veis, nos cundió mucho el día en la zona. Pero vamos, es sólo el principio, aún os tengo que enseñar más lugares, uno de ellos espectacular y recóndito… vamos, que no se puede acceder en coche, no digo más. Pero lo dejo ya para la próxima semana, que esta es muy cortita y viene también con nuevo sorteo.

  • Decorar la habitación de los niños: camas nido y literas

    Una de esas cosas con las que fantaseamos cuando vamos a ser madres es con la decoración de la habitación del bebé. En nuestro caso, antes de que naciese Alfonso, no hicimos nada especial aparte de comprar cuna y colocar alguna estantería o lámina en la pared, pero poco más. En parte, porque sabíamos que queríamos familia numerosa, así que esperamos a que naciesen los tres (por aquello de si había más niños o niñas) para hacer algunas trasnformaciones y poner las cosas a nuestro gusto y de una forma más definitiva a largo plazo.

    Así que fue precisamente este año cuando hicimos algunos cambios y elegimos cómo sería el espacio ideal para nuestros hijos. Sin embargo, quizás no sea definitivo. De hecho, no lo es porque hemos decidido cambiar la cama individual de Gabriel por una cama nido que pediremos a los Reyes Magos en casa de mis padres. No es que estemos pensando en aumentar la familia, ni muchísimo menos, pero creo que nos vendrá bien en caso de que vengan invitados a casa. Además, lo confieso, soy fan de literas y camas nido. Supongo que porque mis tres hermanos, de pequeños, tenían una combinación de las dos cosas, y a mí me encantaba.

    Dormitorio infantil : Dormitorios infantiles de estilo minimalista de A! Emotional living & work
    Maritimes Kinderzimmer : Dormitorios infantiles de estilo escandinavo de Münchner HOME STAGING Agentur
    Dormitorios infantiles de estilo clásico de MARION STUDIO
    ©de MARION STUDIO/homify.es
    Dormitorios infantiles de estilo moderno de Vasechkin Design
    ©de Vasechkin Design/homify.es
    Dormitorios infantiles de estilo minimalista de DA-Design
    ©de DA-Design/homify.es
    Esta última propuesta ya me parece lo más en cuanto a ahorro de espacio, las camas metidas en esas casetas tan bonitas son geniales. En general, si por algo me gustan las camas nido es porque te permiten tener una debajo de otra, sin «comer» espacio en la habitación. También están las que tienen uno o varios cajones de almacenaje que vienen genial en cualquier casa con niños. Las literas son otra opción que me encanta y que, debido a los que se mueven mis peques durmiendo, ahora mismo no me planteo, pero no lo descarto en un futuro. Además, no me digáis porqué, pero a ellos les encanta, ya os digo que a mis hermanos y a mí nos dieron mucho juego. ¿Tenéis camas nido o literas en casa?, ¿os gustan?
  • Un año como madre de familia numerosa

    Un año como madre de familia numerosa

    Cuando tienes tu primer hijo, crees que no habrá nada en la vida que iguale esa sensación. Pero la hay, claro que la hay; ocurre cuando tienes el segundo. Y sucede lo mismo cuando tienes en brazos al tercero; da igual las veces que repitas, el nacimiento de cada hijo es único. Hace un año, Gabriel vino al mundo a triplicar mi felicidad… y todo lo demás. Hasta entonces, siempre había oído que el tercero se cría solo. Pero no, no se cría sólo. De hecho, en un post hace meses os contaba que había notado mucho más el cambio de dos a tres hijos que uno a dos. Al final, somos dos adultos «frente» a tres niños, y las matemáticas son las que son 😉

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    Ese día en que te ves con tres en casa es… fuerte

    Desde fuera, uno puede pensar que, cuando se enfrenta al nacimiento de un tercer hijo, ya no se tienen miedos. Temor como tal yo no he tenido ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez porque soy muy tranquila y nunca pienso que algo pueda ir mal. Pero sí, aunque parezca mentira, hay preocupaciones que tienes con un tercero que no tienes con los anteriores. ¿Qué dos cosas temía cuando nació Copito que no me habían inquietado anteriormente?

    1. Que se pusiera enfermo siendo muy bebé: esto es algo en lo que jamás piensas cuando tienes tu primer hijo, salvo casos puntuales. Quizás lo piensas con un segundo si el mayor ha tenido la mala suerte de enfermar pronto, que no fue el caso de Alfonso. Pero cuando tienes un tercero, ya sabes la facilidad con la que los hermanos se contagian cualquier cosa y yo sentía pánico a que el bebé cogiese algo los primeros meses de vida, de ahí mi empeño por intentar nuevamente la lactancia materna, por inmunizar un poco al pequeño.

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    Son tan frágiles durante sus primeros meses de vida…

    Además, Gabriel tenía todas las papeletas para caer enfermo: hermano mayor en Educación Infantil, hermano mediano en su primer año de guardería, nacimiento a las puertas de la Navidad con viaje y estancia en casa ajena durante una semana, entrando y saliendo gente de continuo… Pues contra todo pronóstico, Copito cumple su primer año y no ha pisado el pediatra para nada que no fuesen las revisiones. Hubiera firmado sólo porque librara los cuatro primeros meses, con eso lo digo todo. Cierto es que ninguno de los tres ha necesitado nunca antibiótico y Rafa no cogió nada en su primer año de guardería (creo que eso fue primordial para la salud de Gabriel). Aunque me da que estos son como mis hermanos, duros como piedras.

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    Y al tercero no le quedan más narices que salir duro con semejante trajín 😉

    2. Los celos: Muchas me diréis que es algo que preocupa ya con la llegada del segundo, y es lógico. Pero con el tercero pasa una cosa: hay una diferencia de edad más amplia entre mayor y pequeño, como es obvio, que entre mayor y mediano o mediano y pequeño. Es decir, que el mayor vive la llegada de su segundo hermano de una forma más consciente que cuando nace el que va detrás de él. Así que temía que Alfonso, que no había mostrado nunca celos tras la llegada de Rafa al llevarse dos años justos y ser poco consciente de todo ese proceso, pudiera sentir algún recelo cuando naciese Copito, con el que se llevaría 4 años. Por suerte, es un hermano mayor con mayúsculas; no sólo no tiene pelusa sino que se desvive por él, hasta se pone a gatear para jugar a las carreras con él.
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    Mi primer año como «trimadre» ha sido un no parar pero increíble; no he vivido situaciones que me desbordasen más allá del típico día en verano que los mayores me han puesto la cabeza como un bombo y he dado cuatro gritos. No voy a negar que ha sido muy ajetreado, porque no he parado ni paro, y voy corriendo a muchos sitios, pero con la suerte de que Gabriel es como sus hermanos de bebés: dormilón y casi tan buen «comedor» como ellos. Es un crío tremendamente sonriente, y no es que lo diga yo sino que es un comentario que me hacen a diario conocidos y desconocidos. Criarle ha sido muy fácil y soy consciente de que la «marcha» va a empezar enseguida, en cuanto camine. Pero a día de hoy todo con ha sido relativamente sencillo y estoy orgullosa de cómo ha transcurrido este tiempo con los tres. A mi pequeño, el rubito de la casa, hoy toca desearle feliz primer cumpleaños.

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    Y aunque casi ningún tercero tiene su álbum 😉 , ya se han encargado desde Tubebebox de que Gabriel no se quede sin el suyo. Su primer regalo.

     

  • Cámara vigilabebés y… ¡niños!

    Cámara vigilabebés y… ¡niños!

    Aunque os parezca mentira, en esta casa, hasta hace un mes, no teníamos ningún artilugio para ayudarnos a controlar a los peques. Y digo ayudar porque la tecnología sirve para eso, para echarnos una mano y «vigilar» a los niños mientras hacemos otras cosas, pero no nos sustituyen en ningún caso. Yo vivía bien sin este tipo de aparato que, cuando nos íbamos de casa rural con amigos y lo necesitábamos, cogíamos prestado a algún familiar y listo. Sin embargo, resulta que tuvo que llegar el tercer hijo para darme cuenta de que sí, de que igual me venía bien la tecnología, yo que soy tan reacia.

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    Un día me encontré con la escena que veis. Alfonso y Rafa habían movido la cuna de Gabriel, mientras yo estaba cocinando, acercándola a la cama para meterse en ella. Más allá de que el panorama me resultase gracioso, que lo es, me di cuenta de que, aunque los mayores no le van a hacer nada malo al pequeño, sí pueden hacerle daño sin querer. Vamos, no sería la primera vez que me encuentro sentado al mediano encima del pequeño y Copito no dice ni mu. Semanas después vi que unos amigos, que tienen casa con jardín, habían puesto en la habitación de su niña una cámara. En su caso, era obvio que la necesitaban cuando estaban fuera jugando con sus otros hijos.

    Así que, como soy bloguera embajadora de Babymoov, una marca de puericultura con unos diseños preciosos, ni corta ni perezosa pedí que me dejasen probar alguno de sus modelos. Y resulta que me enviaron la joya de la corona; vamos, lo más en este mundo tecnológico que yo tanto evito 😉 Atención, que yo me quedé alucinada con el invento: el primer babyphone sin emisiones de onda, es decir, consigue la trasmisión audio y vídeo protegiendo la salud del bebé porque garantiza la ausencia total de ondas en el ambiente donde se encuentran los peques. Se logra a través de wifi, poniendo la cámara donde quieras en la habitación del bebé y conectando un cable en el router de tu casa. Lo primero que vais a pensar es que claro, allá donde no haya wifi no puede usarse. Pero sí, existe también una llave USB que se conecta a la cámara a través de un sistema Wi-fi integrada.

    Super fácil de enganchar a cualquier sitio: cuna, cuadros, puertas…
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    Otro que nunca duerme en una postura normal

    Pero más allá de eso, lo que me encanta es que ves a tu bebé en el móvil, descargándote una aplicación. Y luego ya tienes de todo: sensor de temperatura, puedes hacer fotos y grabar vídeos, hablar con el bebé (que son ellos muy listos y saben de sobra cuando no estás de cuerpo presente en su habitación 😉 ), ponerle música… todo desde el móvil. Y os vais a reír, pero ahora he instalado la cámara en la habitación de los mayores porque estoy intentando averiguar cómo mi hijo Alfonso acaba muchas noches durmiendo en el suelo. Así que mientras trabajo hasta la una de la madrugada, estoy con el móvil pegado al ordenador viendo cada uno de sus movimientos. Maridín se ríe con la escena pero mira, estos días me ha venido muy bien para saber que Rafa está cansado porque debe estar con pesadillas, ya que duerme un poco agitado y moviéndose mucho. En fin, que estoy yo muy contenta con mi nuevo artilugio. ¿Tenéis vigilabebés en casa?, ¿lo usáis poco o mucho?

  • El cerebro del niño

    El cerebro del niño

    ¡Soy un desastre! Apenas leo libros, salvo infantiles, desde que escribo este blog. Lo sé, debería buscar huecos ya pero, durante la noche, cuando los niños duermen, es el momento en que yo puedo dedicarme a escribir mis posts, a contestar vuestros comentarios, a leer otros blogs, a buscar información… Eso sí, tampoco hojeo las revistas que se me van acumulando ni enciendo la televisión, la última serie que vi fue «El tiempo costuras»… ¡con eso lo digo todo! Total, que me estoy liando para contaros que las dos últimas semanas hice un esfuerzo y me empapé del libro «El cerebro del niño explicado a los padres», del doctor Álvaro Bilbao.

    Aunque podría hacer varios posts sobre el tema, porque da para mucho y el libro ayuda muchísimo a ponernos en el lugar de nuestros hijos, me voy a detener en los aspectos que más llamaron mi atención.

    1. Por lo menos, el 50% de la inteligencia de nuestros hijos viene determinada por sus genes. Es decir, hay ciertos rasgos que son los que son. Pero, sin el apoyo de padres y maestros que les guíen y les ayuden a satisfacer sus necesidades dentro de los límites que establece el respeto a los demás, el niño está perdido.

    2. La estimulación temprana no tiene impacto alguno en la inteligencia de niños sanos; lo único demostrado es que en los primeros años de vida, el niño tiene mayor capacidad de desarrollar el oído absoluto. Es decir, es más útil que tus hijos vean las pelis o dibujos en versión original que el que vaya a clases de inglés. Pero vamos, que no esperéis que por apuntarles y enseñarles mil cosas, van a aprenderlas todas.

    3. Ser padre o madre es más que una responsabilidad, es un privilegio. Si sueles agobiarte por la responsabilidad del cuidado de tus hijos, intenta dirigir tu atención hacia algo positivo. Pasar una noche en vela porque el niño no se encuentra bien o le están saliendo los dientes significa estar a su lado cuando lo está pasando mal. Yo soy muy optimista con esto de la maternidad así que no suele pasarme lo de agobiarme.

    4. El suelo de tu casa es la plataforma más privilegiada desde la que observar y participar en el desarrollo cerebral del niño. Así que ya sabes. Siempre he dicho que ponernos a su altura nos ayudará a entenderles y a que ellos nos comprendan mejor.

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    Lo mejor de ponerme a su altura son los «ataques» que recibo 😉

    Ahora me voy a detener en una idea fundamental que traslada el libro, así que comienzo con una metáfora que ayuda mucho a entender cómo funciona la cabeza de un niño. Digamos que tenemos tres cerebros en uno:

    1. Cerebro reptiliano:  el más primitivo, el que nos permite luchar por nuestra supervivencia. Hasta el año de vida, los padres debemos interaccionar con esta parte del cerebro del niño. No sirve de nada razonar con un bebé, lo único que quiere es que se satisfagan sus necesidades cuando tiene hambre, sueño o frío.

    2. Cerebro emocional: Es una parte del cerebro que se activa para evitar sensaciones desagradables y peligros o amenazas, y para buscar buscar emociones agradables. A partir del primer año de vida, la parte emocional convive con la reptiliana así que hay que buscar estrategias para ser capaces de ayudarle a conseguir lo que quiere, a conformarse con lo que no puede tener, a empatizar….

    3. Cerebro racional: Es el que distingue al resto de los animales de los seres humanos, que nos permite tener consciencia de nosotros mismos, de razonar, tomar decisiones basadas en la lógica…Es a partir del tercer año cuando esta parte del cerebro cobra importancia en la vida de los niños y es capaz de controlar sus instintos más básicos aunque aún cuando esté cansado o hambriento, por ejemplo, su cerebro primitivo puede guiar su comportamiento.

    Sobre las recompensas

    Todos hemos caído alguna vez en eso de si te comes toda la fruta, te doy galletas después. A ver, que tampoco es nada extraño que les hagamos saber a los niños que lo mejor es que coman primero lo más sano, y así estarán más llenos para comer otras cosas que les apetezcan más. Pero claro, las recompensas materiales llega un momento en que no son efectivas. Si cuando hace las cosas bien, le compras algo, entenderá que tener cosas es algo valioso en la vida. Es más recomendable estimular a nuestros hijos con una recompensa social como, por ejemplo, sentarse a jugar con ellos, darle una responsabilidad que les haga ilusión, felicitarles…

    Y podría seguir contando más y más cosas pero este post se extenderá demasiado. Quizás más adelante me anime a escribir algunas cosas más super interesantes de este libro porque creo que puede ser muy útil divulgar esta información. De todas formas, siempre lo digo, la teoría es fácil pero el día a día a veces no nos permite pararnos en estos detalles y pedimos más a los niños de lo que deberíamos, ¿no os parece?

  • Algún día seré suegra

    Algún día seré suegra

    En cuanto tus hijos empiezan a ir al cole o guardería, te conviertes en la «madre de». Por ahora, soy sobre todo la mamá de Alfonso, porque esto de que te llamen así va en aumento según tus hijos vayan también sumando años… y amigos. Creo que a todas nos encanta ese papel. Sin embargo, hay otras cosas en la vida para las que una no está preparada. Con tres hijos varones, existe un 99% de probabilidades de que algún día alguien me llame suegra. Si tuviera un sólo descendiente macho, habría muchas opciones de serlo igualmente, pero con tres difícilmente me libraré de ese papel.

    No es que me preocupe ahora el asunto; espero que, como mínimo, me queden 20 años para algo así. Pero la idea no me resulta especialmente atractiva, que soy yo muy de decir lo que pienso. Y no, en la labor de suegra hay que medirse. Yo debería tomar ejemplo de mi madre que, más o menos, es discreta. Pero claro, he salido a mi abuela, que no se cortaba un pelo, fueras conocido o no. Y como tuvo cinco hijas (el único varón falleció joven), pues disfrutó de la suerte de tener yernos que, quieras o no, son más tranquilos y no generan mucho conflicto. Ojo, que yo a mi madre también le digo las cosas pero claro, expresar las cosas a una madre o que ella te las diga a ti no es lo mismo que con la suegra.

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    En esta labor de ser suegra, hay que tener en cuenta varias cosas. A ver, que me voy a meter en camisas de once varas y yo sé que la madre de maridín lee el blog. Aprovecho para decir que yo no tengo queja, ni mucho menos. Pero vamos allá con algunas cosas que hay que ir interiorizando, madres de varones que me estáis leyendo: algún día, nuestros churumbeles dejarán de serlo. No pretendáis que ninguna mujer les cuide como nosotras; yo no le hago un zumo de naranja a mi señor esposo cada mañana, como hacía su santa madre cuando su hijo era ya todo un paisano.

    Tema conflictivo: los nietos. Olvidaos de que los críen como nosotras lo hicimos. Os lo confieso, como me toque una histérica, me va a dar algo, lo estoy viendo. Habrá que contar hasta diez muchas veces porque seguramente, lo más importante, sea no abrir la boca demasiado. Que fijaos que algo tan simple como elegir el nombre de los críos puede dar lugar a mucho estrés. Que si eres de las que les gustan los nombres clásicos, de toda la vida, como Álvaro, Javier o Alfonso, y a la susodicha le da por Justin, la hemos liao. O lo contrario, que tú eres más de Jenni y le planta Macarena. Dale a tu cuerpo alegría. Habrá que tomárselo con humor, ¿o no?, ¿qué?, ¿os hacéis a la idea? ¡Yo tampoco!

  • Cuando se juntan con más niños…

    Cuando se juntan con más niños…

    Si la energía de tus hijos la estimas en una cifra entre el 1 y el 10, ya puedes elevarla al cuadrado en cuanto se juntan con más niños. Y ya ni os cuento cuando se ven de Pascuas a Ramos; es reunirse con otros críos y se ponen como motos. En esto de las matemáticas y los niños, 1+1 no son 2 sino, por lo menos, 3. Y eso lo sabéis cualquiera que tengáis dos o más hijos. Lo que ocurre es que los hermanos, al verse la cara todos los días, tienen momentos de neutralidad y despegue, aunque cuando se quieren o discuten, lo hacen sin medida. Pero suele ser una relación estable, con sus más y sus menos.

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    Por delante teníamos un fin de semana rural con amigos, pasado por agua y con 7 niños.

    Sin embargo, cuando ven a sus primos, a los hijos de tu amigos, a ésos que no ven a diario… se monta la de San Quintín. Es un público poco asiduo a sus payasadas y ocurrencias diarias, que ya no llaman excesivamente la atención de los que les rodean habitualmente, y claro, se crecen con un nuevo auditorio. Porque no hay nada como reírles las gracias. Y luego está la chispa de no verse con asiduidad. Nosotros ya sabemos que las primeras 24 horas de mis hijos con mis sobrinas son para comprarse hasta tapones para los oídos, elevan el tono de voz a niveles que son comparables a los decibelios de una discoteca al lado de casa.

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    Prometo que, aunque Gabriel justo en esta escena esté metido en el cotarro, es el bebé más bueno que conozco, roza la santidad 😉

    Hay que hacerse a la idea. Si te reúnes con tus amigos, con tus primos, con tus hermanos… y cada uno aporta algún churumbel, sabes a lo que atenerte. Y ya comprendes que las comidas con otros niños son sinónimo de levantarse veinte veces de la mesa, que si uno se pone en huelga de hambre, los demás secundan y hay que ponerse firmes, que va a haber guerra por los mismos juguetes, que el juego del escondite es muy divertido hasta que uno se hace daño… Eso sí, el momento en que todos están en la cama es impagable. En cualquier caso, yo me relajo mucho en estas situaciones, son puntuales y no me compensa andar a gritos, para nada. ¿Notáis mucho que se estimulan y se agitan cuando hay más niños?

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