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  • Juguetes «torturadores»

    Juguetes «torturadores»

    Sí, señores, existen y seguramente tengáis alguno en casa. Son esos juguetes que les regalan a vuestros hijos, o que habéis comprado vosotros en un momento de debilidad, que molan muchísimo cuando los ves por primera vez porque todo son luces, colores y música discotequera. Cachivaches que tienen a los churumbeles completamente ensimismados, que casi les salen los ojos de las órbitas y que crees que son una bendición porque les van a tener super entretenidos una larga temporada. Pero pronto descubres que lo mejor que te puede pasar es que se agoten las pilas. Es como cuando entras en una feria con sus atracciones, que así de primeras te llama la atención pero, cuando llevas un rato, quieres largarte de ahí rápidamente.

    Porque ya no eres la que eras. Sí, tú, que aguantabas en la discoteca y en los bares al lado de los bafles durante las horas que hicieran falta y aún así eras capaz de mantener una conversación con tus amigas, ya no puedes tolerar según que sonidos. Que como se te ocurra entrar en tiendas como Bershka, sales de allí despavorida en cuestión de segundos. Por eso, el día que entra ese juguetito en casa, que crees que será maravilloso, que te hace gracia el primer minuto, ese día te acuerdas de toda la familia de la persona que lo ha traído a la vida de tus hijos, y por ende, a la tuya. Porque enseguida se convierte en tu mayor pesadilla y no te quitas la melodía de la cabeza ni para dormir.

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    Menos mal que el helicóptero está en casa de mis padres

    Y entonces, cuando se acaban las pilas, le dices a tu criaturita que, «oh, mala suerte, ya no tenemos más». Por supuesto, si cae la breva y el churumbel, jugando con él, le da un golpe que lo deja en malas condiciones, la cosa «ya no tiene arreglo». Y si puedes dejarlo en casa ajena, pues «no pasa nada, ya lo cogemos otro día». En fin, gente del mundo que lea este post y no tenga hijos, ¡¡cuidadito con los juguetes que compramos o regalamos!! 😉 ¿A que tenéis alguno?

  • Running: qué comer o desayunar antes de una carrera

    Running: qué comer o desayunar antes de una carrera

    Pues así, sin quererlo, ha pasado una quinta parte del año y este fin de semana tengo mi primer reto de 2016: mi primera carrera de 10 kilómetros. No se puede considerar una distancia muy larga, como una media o una maratón (para mí inalcanzables), pero al final es una hora corriendo, en mi caso. Y si en las carreras del año pasado, de distancias más cortas, no tuve en cuenta el tema de la alimentación, en esta ocasión sí quiero tenerlo presente. Como no tengo experiencia en este sentido, hoy el post lo escribe Cristina Payán Rodríguez, investigadora de profesión (especializada en biomedicina) y también blogger. Amante de la vida sana y del deporte, un día decidió compartir sus hábitos saludables escribiendo a través de su blog Naturalfitgirl, en el que cuenta su día a día y sus trucos en cuanto a dietas, complementos y suplementos alimenticios, rutinas de entrenamiento y belleza.

    La alimentación en el running, por Cristina Payán

    En mi opinión, es uno de los factores principales que ofrecen al corredor (aunque sea principiante) una mejor resistencia y un mayor rendimiento a la hora de realizar la actividad. Teniendo en cuenta lo importante que es una adecuada dieta en todos los ámbitos de la vida, a la hora de realizar cualquier tipo de deporte se convierte en algo fundamental; además, el llevar unos buenos hábitos alimenticios y unirlos a la práctica de deporte nos aleja del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad y algunos tipos de cánceres.Cuando comenzamos a practicar running nos encontramos a menudo con muchas dudas sobre qué comer antes de salir a correr, con cuánto tiempo de antelación debemos hacerlo, qué cantidad de cada nutriente es la adecuada, qué ingerir cuando terminamos la carrera… En este post voy a hablaros precisamente de eso, intentando aclarar un poco estas preguntas que rondan a cualquier principiante…

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    Correr nos relaja, mejora el estado de ánimo, incrementa nuestra concentración y por supuesto, mejora nuestro estado físico; sin embargo, a menudo cometemos una serie de errores alimenticios que hacen que no aprovechemos del todo los beneficios que nos aporta el running ¿Una pena verdad? La alimentación para las que nos iniciamos en este deporte no es nada complicada, a diferencia de lo que se podría pensar, de hecho, no tiene mucho misterio. La primera regla y más importante es no centrarse solo en las carreras, en qué comer antes y después; debemos seguir una alimentación saludable cada día, tengamos competición o no, porque son los pequeños y cotidianos hábitos los que nos proporcionarán el rendimiento necesario. No digo con esto que no sea importante tener en cuenta el día de la carrera, por supuesto que lo es, pero es igualmente necesario seguir unas pautas nutricionales en el día a día.

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    ¿Qué debo comer antes, durante y después de la carrera?

    Antes

    • ¿Cuándo?

    Al menos una 3 horas antes de comenzar el ejercicio, ya que nos aseguramos una digestión adecuada, unida a unos niveles de glucosa en sangre correctos.

    • ¿Qué?

    Carbohidratos: no vale cualquier tipo; deberán ser, en la medida de lo posible, de bajo índice glucémico y de fácil digestión. Si la insulina sube demasiado, corremos el riesgo de sufrir una hipoglucemia y provocar que la movilización de las grasas no se produzca correctamente (no obteniendo toda la energía que debiéramos durante el ejercicio). ¿Alimentos perfectos para este cometido? Pan integral, legumbres y cereales, e incluso fruta. Proteínas: aun siendo imprescindibles durante los periodos de entrenamiento, no deberíamos tomarlas en gran cantidad en la comida anterior a la carrera, ya que tardan en ser digeridas y pueden producirte una pesadez innecesaria.

    Hay que tener en cuenta aquí si la carrera o el entrenamiento se produce por la mañana o por la tarde, porque en función de esto cambiaremos algunas cosas. Si la carrera es por la mañana deberíamos haber desayunado antes alimentos como los siguientes: tostadas, cereales, frutos secos crudos o al horno, queso, jamón, pechuga de pavo, zumo de frutas (natural), fruta fresca o yogurt. En el caso de que sea por la tarde, a las recomendaciones anteriores podríamos añadir arroz y un poco de ensalada.

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    Durante 

    Realizando el ejercicio sólo necesitas beber agua (medio litro cada media hora aproximadamente); sin embargo, dependiendo de la duración y/o la intensidad, hay quien tiende a llevar suplementos deportivos a las carreras. Si este es tu caso, atenta a lo que debes comer.

    • ¿Qué?

    Carbohidratos: en este caso deberemos tomar carbohidratos de fácil absorción o alto índice glucémico. Es importante que éstos puedan ser ingeridos a través de bebidas, geles u otros suplementos nutricionales, ya que de otro modo será difícil consumirlos corriendo…

    Después 

    • ¿Cuándo?

    Minutos después de terminar la carrera; de no ser posible hacerlo en estos primeros minutos, deberás asegurarte de ingerir alimento durante las primeras 2 horas.

    • ¿Qué?

    Carbohidratos: es hora de recuperar las reservas de glucógeno perdidas durante la carrera, por ello es necesario que consumamos azúcares simples de fácil absorción. Deberemos buscar alimentos de alto índice glucémico (los que hemos desaconsejado antes del ejercicio). Proteínas: consumiendo proteínas además de los carbohidratos de alto índice glucémico conseguiremos una recarga mejor de las reservas agotadas durante la carrera. Después del entrenamiento tu cuerpo tiene el objetivo de digerir las proteínas y los hidratos, sin embargo deberás tener en cuenta que la grasa retrasa su digestión y  habrá que evitarla en la medida de lo posible. Ahora es nuestro momento de tomar fruta, zumos de fruta, galletas, mermelada o incluso algún dulce. Una opción muy buena también para cuando terminamos la competición es ingerir frutos secos (ayudan a evitar calambres) y barritas de cereales o yogur. ¿Qué tal una taza de cereales integrales con leche?

    Ahora ya estamos listas para nuestra próxima competición 🙂

  • Y yo, ¿qué?

    Y yo, ¿qué?

    Aquí estoy, levantándome cada día con un despertador que tiene nombre de bebé. Un niño que me acompaña a todas partes, a todas horas, todos los días. Que invade mis duchas, que deshace las camas mientras yo trato de hacerlas, que cambia el programa de la lavadora, que se agarra a mis piernas cuando cocino, que me pide que le coja en brazos cuando me siento delante del ordenador a trabajar y quiere tocar el teclado impidiendo que pueda seguir haciéndolo. Un bebé que me acompaña al supermercado y hasta a la peluquería, lugar que piso, con suerte, dos o tres veces al año. Un bebé que acaba de empezar a hacer una única siesta diaria sin hora fija y un poco breve, lo que no me permite planificar el tiempo de trabajo en casa.

    Aquí estoy, preparando cada día la comida de mi marido, para que pueda volver pronto al trabajo por la tarde y llegar a casa a la hora del baño de los peques. Intentando volver a sentarme delante del ordenador otro breve rato hasta que comienzo a preparar la merienda de dos niños y un bebé, a cambiar pañales y a repasar si toca o no entrenamiento del mayor para coger las botas de fútbol, o decidir si iremos al parque, en función del clima, para llevar unos coches o un balón con los que puedan jugar con otros niños. Siendo siempre una de las últimas en llegar al colegio a recoger a los niños porque se me echa el tiempo encima. Sobrellevando las quejas de uno, los llantos de otro, las discusiones de ambos.

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    No importa, ésta es la vida que he elegido, no querría haber tenido otra. Pero de vez en cuando, necesito mi espacio, yo sigo siendo muchas cosas además de madre. Por eso, aún estando ahora el 95% de mi tiempo con mis hijos, quiero seguir haciendo cosas que me mantengan en el mundo real, irme a correr, salir a cenar algún fin de semana y, poco a poco, ir encontrando huecos para mis hobbys, o quizás volver a trabajar en una oficina, en una redacción o en un plató, aunque agradezco ahora mismo poder trabajar desde casa. Si de algo me siento orgullosa de mi padre es de que, además del mejor padre, fue capaz de sacar un doctorado y una cátedra mientras trabajaba y con 4 hijos. Si de algo me siento orgullosa de mi madre, además de ser la mejor madre, es de que siguiese trabajando y finalmente montase su propio negocio cuando ya éramos mayores.

    Y no me siento mal si, a las siete de la tarde, lo habitual es que quiera que lleguen las 9 de la noche para que mis tres soles estén durmiendo y así poder hablar con mi marido sin interrupciones. Y no me siento extraña por necesitar desconectar un rato al día, aunque casi siempre sea imposible siquiera darse una ducha sin testigos. Porque son lo mejor que tengo, pero agotan. Porque es lo que siempre quise, pero sé que mis hijos crecerán y ya no requerirán de mí en la misma medida. Y porque yo existía antes de ser madre, de otra manera, pero ahí estaba, haciendo cosas, disfrutando también de la vida, de distinta forma. Por eso, de vez en cuando, en este caos maravilloso en el que me encuentro, conviene que no olvide que yo también cuento.

  • Preadolescencia, ¿a los 5 años?

    Preadolescencia, ¿a los 5 años?

    Que dicen que la preadolescencia es una etapa que se da en torno a los 9 años (yo aún los veo muy lejanos en esta casa) y resulta que mi querido hijo mayor, de 5 tiernos años, lleva una temporadita de ésas que te recuerda a un imberbe a punto de salirle granos. No es que esté insoportable, ni mucho menos, pobrecillo. Digamos, más bien, que está un poco reivindicativo, o pelín cargante, como con ganas de follón y alboroto. Sí señoras, mi ejemplar vástago, ése que no tuvo una rabieta hasta los casi tres años, ahora atraviesa por una crisis de «voy a tocar las narices un poco». ¿Cómo? Venga, que es guay imitar a mami cuando dice algo o te pide que obedezcas… Ummmm, yo tengo que respirar hondo porque la tercera vez que repite lo que yo he dicho me apetece entregarlo en adopción 😉 Y ya para qué hablar de los besos, está en modo «no me agobies con tanto cariño».

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    Por supuesto, mola mucho recurrir al «caca, culo, pedo, pis» y demás palabras relacionadas con lo escatológico. Y aún es más flipante poner como motos a tus hermanos pequeños, bien sea picando un poquito al mediano intentando llevarle la contraria o quitándole algo al pequeño, al que ya trata de «tú a tú» pero no penséis que el pequeñajo se amedrenta lo más mínimo… Por supuesto, mola protestar, así, sin mucha razón. «¿Qué hay para merendar?» (como si no lo supiera), me pregunta. «Pues manzana», le digo. Y venga, a indignarse porque estamos en fase de que hay que quejarse. Eso sí, luego no deja ni rastro de manzana, ni migas de bocadillo y aún pide más merienda.

    Por supuesto, lo que no mola es hablar de niñas, esto ya le pasa desde hace tiempo. El otro día coincidió en el parque con una compañera y se lo pasó genial. Luego le dije: «vaya bien que te lo pasaste con Menganita». Y me puso cara de «va, tía, qué estás diciendo», porque otra cosa no, pero a expresivo no le gana nadie, para bien y para mal. Eso sí, esta etapa la estamos sufriendo en casa, porque hace poco tuvimos de tutoría con el profe y lo puso en un pedestal a todos los niveles, vamos, que el niños es casi perfecto. Tócate la gaita. Menos mal que cuando uno de los hermanos está en crisis, el otro está como la seda; no falla, es como si se quisieran ceder protagonismo para sus quejas particulares. Y suerte que es una nueva fase que se le pasará en unas semanas y que luego es un bendito. ¿Qué? ¿algún preadolescente más por ahí?

  • Samiboo aterriza en España

    Samiboo aterriza en España

    Si os digo Samiboo, es probable que a la mayoría de vosotras no os suene de nada. Pero ya os adelanto que no va a dejaros indiferente esta empresa familiar polaca que llega a España. En breve, habrá web en español, mientras tanto hay que conformarse con echar un ojo a su web en polaco. Todo lo que hacen se elabora de forma artesanal en Polonia, y la estampación en las telas se hace por impresión digital, un sistema de alta calidad, además de que las tintas son ecológicas y no tienen olor. Todos los tejidos utilizados para la confección de estos artículos poseen el certificado Oeko-Tex standard 100 clase I y también Garantía de Seguridad para el Bebé.

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    A mí me han gustado muchísimo sus productos, no sólo por su diseño, que es una monada, sino también por su funcionalidad. No vais a encontrar los clásicos productos que tienen una única utilidad, sino que muchos de sus artículos sirven para más de una cosa. Por ejemplo, una manta picnic (de algodón y tejido impermeable) que sirve para usar tanto en el jardín como como en la playa, también en casa como manta de juegos (que es ahora el uso que le estamos dando hasta que empiece el buen tiempo).. La manta tiene bolsillos para guardar cosas si estamos en la arena, o se le pueden incluir cojines para que los niños estén más cómodos.

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    Con la manta picnic que usamos como manta de juego

    A algo que estoy dando muchísimo uso estos días fríos y que además me parece un inventazo, es el manguito que se coloca en el manillar del carrito y sirve para meter las manos y no tener frío (además de que es super suave); además, tiene bolsillo para meter las llaves o alguna otra cosa que necesitemos para salir de paseo. Las toallas y las muselinas son una maravilla para el tacto porque está hechas 100% bambú, que es un tejido antibacterial.

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    Manguitos para el frío con bolsillo, el interior es muy suave.

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    Enamorada de sus sacos

    Como veis, tienen estampados preciosos y gran variedad, muy coloridos o de tonos neutros, con unos dibujos super originales… Y los productos son de calidad. ¿Qué os parece?

  • Maternidad, redes sociales y respeto

    Maternidad, redes sociales y respeto

    No hay día que no haya polémica en las redes sociales; con lo que a mí me gustan para debatir, indagar, contar experiencias, preguntar o sencillamente, entretenerme… Oye, que el viernes pasado colgué una foto de un biberón que a Gabriel le ha encantado y mientras algunas mamis se interesaban por el tamaño de la tetina por el tema de los cereales, alguien hizo un comentario poco afortunado incluyendo la frase «cebar a vuestros hijos» por darles ese alimento a nuestros churumbeles. Sin saber ni qué tipo de cereales ni si era una recomendación del pediatra, sin saber nada. Más allá de si tiene o no razón, que es absurdo al ser la dieta un cómputo de hábitos alimenticios, el comentario resultó un poco molesto por la connotación de la palabra cebar.

    Yo no acostumbro a ir por la calle y decirle nada a ninguna madre que esté dando galletas o gusanitos a sus hijos. Uno, porque no me incumbe y dos, porque no sé la razón por la que se los da, no sé lo que han comido el resto del día, no sé nada de esa familia. Es probable que ni me fije en lo que meriendan el resto de niños. Una cosa es que vea a una amiga que da gominolas a los niños a diario y ni un trozo de fruta y, como amiga y por tener confianza, le puedo comentar de forma cariñosa que pruebe a darles otra cosa para merendar pero a alguien que veo de vez en cuando en el parque, ni se me ocurre. Conste que la chica en Instagram luego se disculpó y por mi parte, no hay más historia. No es la primera que me ocurre; esto pasa mucho en las redes e Internet.

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    De hecho, en vivo y en directo sólo he tenido un percance sobre la crianza de mis hijos. Hace tres años, viví una situación de ésas que te dejan sin palabras. Una no espera que, entablando una conversación con una conocida, intervenga una completa extraña para meterse contigo y con tu interlocutora. Rafa era un bebé de unos cinco meses y yo hablaba en una tienda de electrodomésticos con la señora que la regenta, donde por cierto iba a comprar una batidora. Como es lógico, al ser conocida, nuestro tema de conversación era el peque. Cuando empezamos a charlar sobre la lactancia, entró una señora de unos 70 años en el establecimiento. La dependienta, al contarle que ya sólo le daba biberón porque me había dolido mucho dar el pecho (tampoco entonces habían dado con mi problema), ella me contó que le tuvieron que operar por una mastitis.

    En ese momento, la completa desconocida nos espetó: «No valéis para nada, yo le di el pecho a mi hijo hasta los 18 meses sin problema». Ojito, que la frase es literal, sin adornos. Nos quedamos tan bloqueadas que no supimos qué decir. Y me imagino que, como nosotras, cualquiera se hubiese quedado con cara de póquer. Como comprenderéis, me trae sin cuidado lo que opine la gente que no conozco, lo que no me gusta es la mala educación.. Con esta historia, reflexiono y me doy cuenta de ésto que me ocurrió a mí, que tan raro y tan mal nos parece, es algo que se hace de continuo en redes sociales e Internet y se acepta con normalidad.

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    ¿Qué demonios nos hace pensar que podemos decir a alguien lo que nos parece bien o mal sobre la crianza de sus hijos?, ¿por qué entonces la gente se lanzó a la yugular de Beckham cuando su hija de 4 años apareció con chupete?, ¿por qué Coco Rocha tuvo que dar explicaciones sobre el hecho de que su bebé tomara leche de fórmula? Tengo la sensación de que en Internet y en las redes la gente dice todo lo que le apetece, todo aquello que jamás se atrevería a decir a la cara porque obviamente, no le incumbe y no se atreve. En esto de la maternidad, uno puede contar su experiencia, lo bien o mal que le ha ido con un producto, con un alimento, con lo que quiera, pero ojo con cuestionar cómo cría cada madre a su hijo. La última lapidación en Internet la ha sufrido Charlize Theron, a la que un medio calificó de mamá monstruo y en las redes sociales, la gente se encargó del resto.

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    Perdonad, a mí la reacción de una madre forcejeando con un niño me parece lo normal cuando tu hijo tiene una rabieta al lado de la carretera. ¿Será mejor dejarlo que se vaya corriendo y que le atropellen? En fin, que como no sabemos las circunstancias de cada familia, lo mejor es ser discretos. Detrás de cada biberón, de cada lactancia, de cada cereal o galleta, hay una madre que se ha informado, que también habrá tenido sus errores, que habrá llorado y que sólo busca tener un bebé feliz que se convierta en un adulto feliz. Nada más.

  • Sorteo pack Día del padre Tutete

    Sorteo pack Día del padre Tutete

    Hoy ponemos en marcha nuestro último sorteo para celebrar el tercer cumpleaños del blog y lo hacemos gracias a Tutete. Sé que no necesita mucha presentación pero siempre es bueno saber algo más sobre esas empresas a las que compramos tantos productos, porque si algo tiene Tutete es variedad de marcas y artículos, a cada cual más bonito. Tutete.com fue la primera empresa dedicada a la venta de chupetes personalizados, una idea brillante ya que en las guarderías, parques, fiestas… los niños acababan usando chupetes que no eran suyos. Tras largos meses de búsqueda y de pruebas en laboratorios, consiguieron lo que estaban buscando: un grabado que no se iba con altas temperaturas o con roces y que además fuese bonito. Y como éste, Tutete ofrece productos innovadores de muy alta calidad, que adecuados a las necesidades de los padres y pedagogos, hacen que su día a día sea más fácil.

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    Y nosotros vamos a sortear un pack del Día del padre compuesto por taza, lámina y muñeco. El sorteo permanecerá activo desde hoy 26 de febrero de 2016 hasta el domingo 28 de febrero de 2016 incluido (hora española) y pueden participar todas las personas mayores de edad residentes en España. El sorteo se realizará a través de la web Sortea2, que elige al azar a un ganador, cuyo nombre publicaremos en este blog. ¿Qué hacer para participar?

    1. Ser fan en Facebook de Tutete y No soy una drama mamá.
    2. Compartir de forma pública el enlace del sorteo en Facebook y dejar allí un comentario (en el enlace).

    ¡¡¡Suerte!!!

  • ¡Tres años por aquí! Gracias por hacerlo posible

    ¡Tres años por aquí! Gracias por hacerlo posible

    Este post va de agradecimientos. El primero y más importante, a mis hijos. Por existir, por cambiar mi vida, por volverme loca, por quererme, por hacerme reír y llorar, por agotarme, por divertirme, por completarme… Porque sin ellos, mi vida no sería la misma. Este blog, que tanto ha crecido y que tanto me ha hecho crecer, nunca hubiera existido sin mis hijos y sus vivencias. Son ellos quienes me inspiran cada día para haceros reír. Porque ése siempre es el punto de partida, desdramatizar la maternidad.

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    Mi vida sin este trío sería tan aburrida…

    Por supuesto, tengo mucho (demasiado) que agradeceros a todas las que estáis ahí, al otro lado, leyéndome cada día. Tres años dan para mucho. Empecé a escribir este blog en febrero de 2013; por entonces, publicaba dos posts semanales, tenía poco más de 100 visitas al día y escasos comentarios así que dedicaba una hora diaria a este rincón. Hoy, en febrero de 2016, publico 4 o 5 textos cada semana, la media de visitas diaria es de ¡¡4000!! (me sigue pareciendo brutal) y hay posts en los que me veo sobrepasada intentando responderos a todas porque, de verdad, quiero interaccionar todo lo que puedo. De hecho, el blog es como un trabajo de media jornada, ése es el tiempo que le dedico desde hace más de un año, más de cuatro horas cada día. Creedme, es un gran esfuerzo pero me ha compensado.

    Este blog me ha hecho crecer en todos los sentidos. No esperaba que fuese a abrirme puertas a nivel profesional pero así ha sido. Desde mis colaboraciones durante un año en la televisión autonómica asturiana (en la que había trabajado ya varios años como periodista y presentadora) hasta mi actual participación en el blog de Turismo del Principado de Asturias. Por supuesto, sin olvidar que soy o he sido embajadora de marcas como Hero Baby, TuBebebox, Babymoov y, próximamente, de otra firma que ya os contaré más adelante; creo que será un extra para este espacio porque va a ser algo nuevo y a mí me supondrá mucha más dedicación. Pero quiero intentarlo, siento que puedo seguir creciendo más.

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    Grandes experiencias como el viaje a Granada invitada por Puleva, donde pude conocer a otras blogueras.

    Gracias también a todas esas marcas que nos toman en serio a las blogueras, a las que saben que los miles de seguidores no se consiguen de la noche a la mañana, a las que entienden que publicar contenidos durante 3 años no es «moco de pavo» y que detrás de todo esto hay muchas horas, muchas vueltas… Vamos, a todas aquellas que saben que un blog es un sitio relevante como puede serlo cualquier otro medio digital. Porque yo no pretendo vivir de este blog ni pasarme el día hablando de marcas y empresas (eso bien lo sabéis por mis contenidos) pero claro, yo ahora quiero cambiar el diseño de mi blog y eso cuesta dinero, tener un dominio propio también cuesta dinero… Y gracias a la publicidad y a algunos patrocinios, puedo pagar esas cosas y sacarme un dinero que, como madre de tres criaturas,nos viene muy bien en casa. Así que gracias a esas empresas serias que valoran mi trabajo y me dejan hablar de ellas con total y absoluta sinceridad. De otra forma, no acepto propuestas.

    En fin, que millones de gracias por estos tres años, nunca lo hubiera imaginado. Gracias también por entender que tras más de 450 posts (se dice pronto) sobre maternidad, niños y embarazos, hayáis aceptado tan bien que pueda incluir otros contenidos más variados. Y como agradecimiento, la semana que viene organizaré cada día un sorteo con las siguientes marcas:

    babymoov

    organizados

    tutete

    herobaby

    bandai

    Gracias y…aquí seguiré para quien quiera seguir viendo la maternidad de una forma alegre

    Sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas. Hodding Carter

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  • La elección de la silla de paseo

    La elección de la silla de paseo

    Hace ya mucho tiempo os contaba algunas de las cosas que tuvimos en cuenta a la hora de comprar la sillita de bebé hace más de 5 años. En nuestro caso optamos al principio por la compra de un carrito (capazo convertible en silla), al que dimos y seguimos dando mucho uso. Después, cuando Alfonso tenía ya unos 8 meses y dándonos cuenta de que el carrito ocupaba mucho espacio para viajar e ir en coche, decidimos comprar una silla de paseo ligera tipo paraguas, de las que se pliegan en una sola pieza. En aquel momento lo único que miré fue que ocupase poco espacio una vez plegada y que fuera resistente pero ligera; reconozco que pasé por alto otros detalles que, si es una silla a la que pensáis dar mucho uso, también conviene tener el cuenta y que yo, desde luego, ahora miraría más detenidamente.

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    Por ejemplo, un detalle al que yo no di importancia porque era nuestra segunda silla y se supone que íbamos a usarla poco, es el de que el asiento se recline del todo y que el reposapiés pueda regularse, porque lo mismo usas las silla cuando el crío tiene 6 meses (aunque muchas ya están pensadas desde recién nacidos) que cuando el niño tiene tres años. Lo del asiento es frecuente en muchas marcas pero lo de los reposapiés no lo encuentras con facilidad; de hecho, la marca que lo tiene en sus modelos de sillita es Inglesina. El último modelo que han sacado al mercado, la sillita Zippy Light, me ha fascinado al ver cómo se pliega; se abre y cierra con una sola mano y se mantiene en vertical cuando la doblas, ¡la cantidad de suelos sucios en restaurantes que me hubiera ahorrado con este sistema!

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    Esto de plegar la silla con una mano me parece increíble

    Si la silla de paseo ligera es para usar habitualmente, yo también tendría en cuenta que tuviese el manillar corrido, que facilita el poder empujarla con una sola mano. La barra delantera también viene bien cuando los niños aún no caminan y si la capota se extiende, mucho mejor. Si además la silla tiene amortiguación, lo agradeceréis también cuando el peque ya no sea un bebé, porque ya os digo yo  y ya lo sabéis muchas, que si cuando empiezan a caminar no tienen ganas de silla, según van creciendo, se vuelven más comodones y la piden a todas horas. La verdad que la Zippy Light me ha encantado como silla de paseo ligera por todo esos detalles. Como veis, a mí se me pasaron por alto unas cuantas cosas al elegir la sillita, en parte porque ya teníamos la del capazo, pero con la experiencia he aprendido. ¿Qué os parecen estos detalles?, ¿los tenéis en cuenta?

  • Situaciones estresantes de ser madre de familia numerosa

    Situaciones estresantes de ser madre de familia numerosa

    A mí me va la marcha y lo sabéis. Cada vez que alguien me mira con cara de agobio en determinadas situaciones, me río y pienso: coño, si yo viera esa imagen seguramente pondría el mismo careto. Porque al final, cada dos por tres, estoy metida en algunas coyunturas que, para qué negarlo, me generan cierto estrés. El día a día con tres niños seguidos tiene mucha historia. Una se organiza como buenamente puede pero sabe que hay citas ineludibles con el agotamiento.

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    Caras como la que tengo ahí denotan cierto estrés 😉

    Sudo la gota gorda si quiero llegar puntual a algún sitio en coche. Creo que si me quitaran el reloj sufriría un ataque de ansiedad, sería peor que si me cortasen la mano 😉 Que lo del automóvil tiene mucha tela. Primero ubico las bolsas con las cosas de los niños, después sitúo a Copito en el asiento del copiloto a contramarcha, luego pliego la sillita y la meto en el maletero, después subo a Rafa y le ato el cinturón y posteriormente hago lo propio con el mayor, aunque últimamente puede hacerlo solo pero tengo que revisar que el cinturón esté bien abrochado. Sólo al escribirlo, me he cansado. ¿Total? Cinco minutos sólo para el trance de subir al coche. Y espera, que si esa situación es para salir de casa, sólo sudo. Pero si es en la calle, y a éso sumas el típico coche que pretende esperar para aparcar en tu sitio, eso ya es el equivalente a correr 10 kilómetros. No puedo, esa sensación de presión con toda la parafernalia de subir a éstos en el coche, me supera 😉

    Otra situación que me ocasiona cierto estrés, por no decir mucho, es la que vivo cada semana en los partidos de fútbol de Alfonso. Oye, y pensar que el año pasado era sencillísimo porque Gabriel solía dormir ricamente y era un bendito. Pero claro, esos días de gloria y paz llegaron a su fin hace ya un par de meses. Y ahora, no sólo tengo que controlar que el mediano no meta otro balón en el campo (porque claro, él también quiere jugar) sino que tengo que vigilar que el pequeño no entre en pleno juego y se lo lleven por delante. Porque a ver quién es la guapa que lo retiene sentado en la sillita si no es a base de ir dándole trozos de fruta, galletas y hasta un sándwich si hace falta. Pero no es plan de cebar a la criatura. Así que claro, el día que los astros se juntan y llevo sola a Alfonso a un partido, entro en modo zen y lo mismo cualquier día me baja la tensión y todo.

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    Carreras con el suelo mojado en el lateral de la pista

    Entrar en un supermercado es otra de ésas cosas apasionantes cosas que le pueden suceder a una madre de familia numerosa. A los típicos «¿podemos comprar éso, esto, aquello y lo de más allá?» en cada pasillo, se suman las carreras de un lado para otro por el supermercado y la lucha por llevar la dichosa cesta de ruedas. Obviamente, acaba cada uno con una cesta y luego hay que ser como Salomón: no le pongas una cosa más a uno que a otro porque se tenemos lío. Pues así, a bote pronto, éstas son algunas de las situaciones que más me estresan. Pero luego están las vacaciones de verano que, en general, acaban conmigo 😉 ¿Qué os genera más ansiedad de la maternidad?

  • Andando, me paso el día andando…

    Andando, me paso el día andando…

    Un día tienes un churumbel y, no digo yo que la cosa no haga tambalear tu vida, pero oye, la criatura come, evacúa, duerme, ríe, gatea… y tú vives medianamente tranquila. Como buena primeriza, estás deseando que eche a andar, porque realmente crees que así será más independiente. Y es que no sabes que ahí empieza la juerga, la de verdad. Ríete tú de las noches en vela. Ahora preocúpate de que no se suba al mueble, de que no salte a la carretera… que si el gateo ya le dio libertad de movimiento, lo de andar ya es la bomba, ¡emancipación total! Y aún así, tu vida transcurre dignamente.

    Llega tu segundo hijo y crees que aquello va ser abrumador. Pero no, el bebé duerme, come, evacúa, ríe y gatea… y la cosa sigue su curso dignamente. Ya no tienes prisa porque el bebé eche a andar, que no eres primeriza y todo es un poco menos emocionante. Y crees que lo de ser «bimadre» es relativamente sencillo, que no es para tanto. Hasta que el segundo decide que sí, que camina. Y ahí empieza la parranda, el jolgorio, la farra… por decirlo de forma bonita. No me digáis porqué, el vástago mayor ve en ese momento que su hermanito, el bebé, ya no lo es tanto, que ya está en igualdad de condiciones y que eso de tener que aguantar que te lo cojan todo como antes ya no vale. ¡Que comienza la guerra! Y ahí es cuando dices: ostras, pues va ser que tener dos niños es un poco agotador.

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    Y enseguida, te quedas embarazada del tercero. Y como eres muy optimista, pues ni se te pasa por la cabeza el momento «primeros pasos». De hecho, no quieres que llegue. Pero claro, todo vuelve. Y ese bebé tan mono que ríe, evacúa, duerme, come y gatea, decide empezar a caminar. Y entonces sabes que de verdad empieza tu «pesadilla». Porque los churumbeles mayores van a dejar de verle como ese bebé tan mono que caga, ríe, duerme, gatea y come para verle como uno más, en igualdad de condiciones. Con el extra de que el pequeño ha visto, oído y «olido» las peleas y tretas de su hermanos. Vamos, que lleva la lección aprendida. Señores, empieza la marcha. Continuará…

  • No eres una madre perfecta

    No eres una madre perfecta

    Has llegado tarde a recoger a los niños, se te ha olvidado que hoy el pequeño iba en chándal al colegio y le has puesto el uniforme, no le has prestado atención cuando te contaba algo sobre el recreo, te has puesto nerviosa y has pegado un grito cuando se han puesto a jugar a lo bruto y han tirado un marco de fotos… Prisas, trabajo, comprar algo para la cena. Demasiadas cosas. Y cada día te levantas y te dices: lo voy a hacer mejor que ayer. Y al final de la jornada te das cuenta de que no eres perfecta. Pero, ¿qué demonios es la perfección?, ¿estar siempre sonriendo pase lo que pase?, ¿no alterarse nunca?, ¿no llorar?, ¿mantener siempre la calma?

    Y después de intentar averiguar cómo ser perfecta, te preguntas ¿realmente es posible? Porque ves que Fulanita tiene mucha paciencia y Menganita siempre se acuerda de todo. Pero seguramente no te fijas o no reparas en que tienen otros «defectos». No, no es posible ser perfecta. Tus hijos son lo primero pero no lo único; tienes trabajo, amigos, familia y un sinfín de cosas que hacer cada día para que todo funcione y cada jornada es como una pequeña maratón. La vida es así, no podemos hacer ni tener todo lo que nos gustaría. Tú no puedes ser perfecta porque la perfección no existe. Tú tienes que ser tu mejor versión, dejar que salga lo más especial de ti. Y para reír mucho, a veces hay que llorar. Para subir, a veces hay que bajar. Para disfrutar, a veces hay que sufrir.

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    Pero es que además, tus hijos no necesitan una madre perfecta. ¿Qué sería de la vida si siempre estuvieras en una nube?, ¿si ellos no supieran que hay días grises?, ¿si no vieran que los adultos también lloran? Los niños tienen que saber que la vida va de emociones, y también de errores. Y si un día gritas, les pides perdón y les cuentas lo que te molesta. Si un día se te olvida algo importante, hablas con ellos y propones comprar una pizarra donde apuntar las cosas. Y les dices que a ti también se te olvidan muchas cosas, y que no eres perfecta. Porque no lo eres, ni lo serás. Pero siempre serás la mejor madre, nadie les conoce mejor que tú y nadie hará lo que tú haces por ellos. Pide perdón, intenta mejorar en lo que sepas que realmente necesitas mejorar. Pero no te empeñes en ser perfecta. Las madres perfectas no existen. Lo dice una imperfecta.

  • Running: qué ropa me pongo para correr

    Running: qué ropa me pongo para correr

    A ver, no os creáis que me he convertido en una especie de Jane Fonda de la vida; que si no soy especialmente glamurosa (que sí apañadina) a diario, menos lo voy a ser para dar brincos por ahí. Pero ojo, que cuando uno le va cogiendo el gusto a esto del deporte, también la indumentaria varía un poco, no tanto por la estética sino por cuestiones de calidad y comodidad. Y desde mi escasa experiencia, pero creo que a pesar de ser poca puede servir a otras, he de confesar que ahora me he «profesionalizado» un poco, pero sólo un poco. Es decir, que he pasado de unos leggins viejos de Stradivarius a unas mallas deportivas como Dios manda.

    Pero vamos por partes. Si acabáis de empezar a correr o tenéis en mente comenzar a hacerlo, por favor, sólo hay una cosa en la que hay que invertir un poquito de dinero: los playeros o zapatillas. Y oye, que tampoco hay que gastarse un dineral, los que me regaló maridín son de Nike y costaron unos 40 euros en Forum. Y por el momento, estoy encantada. Y ya, como segunda cosa en la que gastar algo, pues un top para sujetar las ubres de forma adecuada. Yo en su momento cogí uno de Oysho. Y eso fue todo allá por abril de 2015. Lo demás, camisetas viejas, un impermeable que conservaba de mi época de azafata de imagen de Havanna (sí, yo dando regalitos por beber una copa cuando a mí sólo me gusta el Martini con limón), unos leggins y una sudadera vieja.

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    Básicamente, esta era mi indumentaria hasta enero de 2016. La foto es al finalizar la San Silvestre.

    Pero claro, han pasado los meses desde que empecé y he corrido dos carreras (la de la Mujer y la San Silvestre) y eso es todo un hito en mi vida. Así que, ante la llegada de los Reyes Magos, lo tuve claro: ropa deportiva de verdad. Y cambié los leggins por unas mallas de Asics y, sin querer ponerme sibarita, ¡vaya diferencia! Es que claro, los primeros van cediendo mientras que las otras se ajustan super bien. Por no hablar de detalles como cremalleras en los tobillos, el tejido, un pequeño bolsillo en la parte superior del «culamen» para llevar las llaves de casa, el diseño… Vamos, no hay comparación que valga. Y oye, como que te motiva psicológicamente.

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    Look completo
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    Detalle del bolsillo con cremallera
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    Cinta para ajustar
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    Camiseta de una carrera

    Además, también me he deshecho del impermeable de Havanna porque los Reyes me trajeron un cortavientos (fijaos qué profesional todo 😉 ) de Adidas, en rosa. Que debe ser que como he tenido tres hermanos varones y tres hijos varones, necesito reivindicar mi espacio femenino. Después, en Primark, me compré una sudadera bien mona, también en rosa. De camisetas, voy tirando con las que dan en carreras y la que mi señora madre me ha cedido para que haga publicidad de su agencia de viajes. Y ya poco más que añadir al look, la verdad. He de decir que, si te lo tomas en serio, compensa dejarse un dinerillo en ir medianamente bien equipado. Las que corréis, ¿habéis invertido algo en indumentaria?

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    Venga, que no hace falta volverse loca para ir a correr con una pinta decente. Por cierto, todas las fotos las hice después de haber corrido 9 kilómetros, de ahí mi careto y pelos.
  • ¿Cuándo ir a parques temáticos o de ocio?

    ¿Cuándo ir a parques temáticos o de ocio?

    Tengo perfectamente grabado en mi cabeza el día que pisé el Parque de Atracciones de Madrid. También recuerdo muy bien un viaje a Port Aventura con mi familia y con varios amigos de mis padres con sus hijos. Yo no sé si es algo que no olvidamos porque lo hacemos pocas veces o porque son sitios donde se viven muchas emociones; ya se sabe que una jornada en cualquier parque de ocio es muy intensa. Lo curioso es que hay cosas que no cambian porque, según un estudio de la plataforma Gestionando Hijos, los planes más divertidos para los niños son, por este orden: ir al parque de atracciones (89%), ver pelis en casa (88%), ir a la piscina (87%) o salir a merendar por ahí (86%). ¡Y la verdad es que no me extraña que les guste tanto cualquiera de esos planes!

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    El único que pisó un parque de atracciones en esta casa hasta ahora fue Alfonso, pero obviamente ni se acuerda.

    Ya sabréis que en España hay muchos parques temáticos y de ocio. De hecho, en la lista de aconsejables por GoEuro, hay unos cuantos que yo ni conocía, como el Fort Bravo de Almería, aunque ya os digo yo que, para mis peques, los mejores son aquellos en los que puedan estar en contacto con animales, como Faunia o Bioparc… Y lo sé porque nuestra visita a Cabárceno, que nos queda relativamente cerca, hace unos meses les encantó. Además están muy acostumbrados a estar en contacto con la naturaleza porque vamos de excursión continuamente. Pero por cambiar un poco, no sé si ya puede ser un buen momento para ir a otro tipo de parques temáticos, vamos, con atracciones. Eso sí, adaptadas a sus edades.

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    Nuestra visita a Cabárceno

    En Semana Santa siempre nos vamos fuera de Asturias con la familia de maridín, así que me estoy planteando la opción de ir a Madrid; hace más de tres años que no voy por allí y era de las que, por trabajo, iba cada quince días, además de que viví allí unos años. Y quizás podamos aprovechar para ir con los niños a algún parque de ocio o temático, como la Warner, por ejemplo. Obviamente, el peque aún no se va a enterar de casi nada pero creo que Rafa y, sobre todo, Alfonso, lo pasarían muy bien. Y reconozco que a mí me apetece volver. ¿Ya habéis llevado a vuestros peques a algún parque de ocio?, ¿cuáles creéis que están bien para niños de menos de 5 años?

  • Parecidos razonables… o inverosímiles

    Parecidos razonables… o inverosímiles

    Me divierte, y no sabéis de qué manera, lo de los parecidos. Sí, ésos que la gente saca a los bebés y niños, unos acertados y otros, cuando menos, sorprendentes. No me digáis que más de una vez no habéis soltado media carcajada al oír alguna comparativa digna de decir: ¿seguro que usted no necesita gafas? Luego están los que dan en el clavo, es decir, los que te dicen aquello que quieres oír porque tú estás convencida de que la criatura es un clon de la tía, el hermano o de ti 😉 Y oye, no existe persona que haga mejor análisis que las madres, que nadie ose llevarte la contraria 😉 Y si esa comparación te pilla al lado de tu señor marido le pones cara, levantando levemente las cejas, de «ya te lo dije».

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    Arriba, servidora. Debajo, mi primogénito hace un par de veranos

    Una de ésas frases que me desconcierta en esto de los parecidos es la de «se parece al abuelo». Que ojo, igual es que yo tengo poca imaginación (me cuesta ver hasta una ecografía) pero ¿quién demonios es capaz de sacar un parecido entre un bebé y un señor de más de 60 años? Y ya el colmo es cuando tienes un hijo de rasgos completamente opuestos a los tuyos, como nos ha pasado con Copito. A algunos hay que explicarles las leyes de Mendel y lo de los guisantitos. La gente se asoma al carrito, te mira, pone cara de circunstancia y se queda con las ganas de decirte «¿seguro que es tuyo?» para acabar con un «uy, pues qué distinto es». Pues hombre, es rubio y blanco pero el crío no tiene ningún rasgo especialmente sospechoso que indique que me lo han cambiado, por mucho que ya sea una broma típica en mi familia y que mi señor esposo acepta gustosamente. Y si me lo han cambiado, yo no lo devuelvo, oiga 😉

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    Blanquito es un rato al lado de sus hermanos y sus progenitores, pero leñe, el crío se ve que es hijo nuestro 😉

    Venga, y luego está lo de la familia política, bueno, lo de las féminas de la familia política (a ellos se la suele traer al pairo), que siempre dicen que la criatura es igual que el padre, o lo que es lo mismo, que su amado hijo, sobrino, nieto. Que no digo yo que no sea así en muchos casos, que a veces ves por ahí verdaderos calcos pero vamos a ver, las cosas son las que son. Y si mi mayor es mi miniclon masculino versión mejorada, pues hombre, no me quitéis ese mérito, que bastante me dolió el postparto 😉 Pero ojo, hay que estar prevenidas para lo que toque. Porque señoras, si para gustos los colores, para parecidos, otro tanto. Yo no hay cosa con la que más me divierta, y teniendo tres niños, os podéis imaginar la cantidad de parecidos razonables, o no, que les han sacado. ¿Os pasa lo mismo?

  • Yo no colecho

    Yo no colecho

    Hasta hace poco más de dos años, no sabía lo que era el colecho. Creo que, en el lenguaje ordinario, la gente se expresa de una forma más coloquial con frases como «el bebé duerme en nuestra cama» o «dormimos con el niño». Como ya sabréis, porque ahora sí que usa más este término en medios y blogs, es una práctica que consiste en que los bebés o niños pequeños duerman con el padre, la madre o ambos. Es habitual en algunas culturas y, como todo, tiene pros y contras. Yo no me voy a detener mucho en ello porque hay decenas de webs que enumeran estas cosas. Cada uno valora, en función de sus circunstancias personales, laborales o vitales, lo que le conviene o no. En mi casa, hemos compartido cama con los niños en casos puntuales, si han estado enfermos o se han desvelado alguna noche (sin ir más lejos, el pasado viernes con Gabriel, y me levanté como si me hubieran dado una paliza), pero nada más. ¿Por qué no compartimos cama con los peques?

    1. No lo necesitamos: Por suerte para nosotros, nuestros peques han sido y son dormilones. Desde el primer día, los he acostado en su cuna (los primeros meses compartiendo habitación) y han dormido bien en ella. Como cualquier recién nacido, han hecho sus tomas nocturnas pero, poco a poco, cada vez han ido durmiendo más y más horas hasta que, en torno a los cuatros meses, los tres dormían ya casi todas las noches más de 10 horas seguidas. Por tanto, si todos descansábamos, ¿para qué cambiar? Comprendo que, por falta de sueño y si los niños se despiertan mucho, no apetezca levantarse o ir a otra habitación varias veces.

    2.Es incómodo: Sé que hay gente a la que no le importa compartir cama con los peques pero yo no puedo. Es más, sólo empecé a descansar cuando los cambiamos a otra habitación. La explicación es tan sencilla como que tienes activos los mecanismos de alarma. Es decir, que aunque no se despertasen, en cuanto se movían en su cuna u oía cualquier ruido… yo ya me despertaba. Y al final, cada noche podían ser varias veces, mientras que el niño no se despertaba ninguna. Por no hablar del miedo a aplastares cuando son pequeños o de que te aplasten ellos cuando no son tan bebés; vamos, es que podríamos acabar lisiados compartiendo cama con cualquiera de nuestros hijos. Sé que lo que se mueven los míos es excesivo, pero cierto es que muchos de los que practican el colecho confiesan que cómodo, lo que se dice cómodo, no es. Es más, yo duermo mejor incluso cuando no está mi marido. Cualquier día pongo dos camas juntas en lugar de matrimonial 😉

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    Las que me seguís por Instagram ya lo sabéis. Esta es una escena habitual en mi casa. Maridín les lee un cuento y se queda con ellos hasta que se duermen, cada uno en su sitio y… un rato después, Rafa en la cama de Alfonso y Alfonso en el suelo… ¡Decenas de posiciones posibles!

    3. Recomendación de la Asociación Española de Pediatría: Según la AEP, «la forma más segura de dormir para los lactantes menores de seis meses es en su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres. Existe evidencia científica de que esta práctica disminuye el riesgo de SMSL en más del 50%». A ver, que yo esto lo desconocía cuando nacieron los mayores y muchas veces, hay cosas que no son posibles. Quiero decir que la AEP recomienda lactancia materna exclusiva los seis primeros meses y yo no pude y tampoco pasa nada, como no creo que pase nada por dormir con un bebé de forma segura. Pero está bien tenerlo en cuenta.

    4. Tiempo para la pareja, hobbys o descanso: que sí, que aquí me van a decir muchas que hay vida carnal más allá de la cama pero… ¡tengo tres hijos! Y siempre estoy pegada, por lo menos, a uno (salvo cuando duermen), así que a partir de las nueve de la noche (conluido el bucle baños-cenas) es nuestro rato de charla diaria, de salir a correr si me apetece, de tener una cena tranquila… Y con sinceridad, con el ritmo diario que tenemos, agradezco tener un rato al día para nosotros o para mí sola.

    En fin, que en esta casa cada uno tiene su espacio aunque, para mi hijo Alfonso, cualquier espacio sea apropiado para dormir, sea el suelo o el trasero de su hermano. Creo sinceramente que el descanso es una cuestión de salud, las noches sin dormir durante meses y más meses pasan factura a los adultos y, por tanto, a muchas facetas de su vida. De manera que creo que es importante que cada familia encuentre la manera de descansar el mayor tiempo posible, de la forma que sea. También es fundamental para los niños, sobre todo cuando ya tienen que ir al colegio. No hace falta decir que hay numerosos estudios que demuestran la importancia de un buen descanso en el cerebro de los niños. ¿Compartís cama con los niños?, ¿por necesidad o porque dormís bien así?

  • El niño que se comía los zapatos… en el colegio

    El niño que se comía los zapatos… en el colegio

    Aún recuerdo cuando Alfonso empezó el colegio hace poco más de dos años. Como buena primeriza, y subestimando a mi hijo, le compré unos mocasines muy monos para el uniforme; todo hay que decirlo, también eran baratos y… ¡error! Sabéis que soy de las que piensa que lo bueno y bonito no tienen porqué ser caro pero hay calzado barato que puede salir caro. Y aún habiéndome dado cuenta de esto en la guardería con los playeros, no sé porqué pensé que con los zapatos sería distinto. El caso es que, antes de que acabara el primer trimestre, tuve que comprarle otros.

    La afición al fútbol que cogió el crío durante el segundo curso me hizo darme cuenta de que, además de tener que comprarle un calzado bueno, debía controlar otros aspectos. Sí, señores, llegué a preguntaros aquí en el blog por marcas y por vuestras experiencias. Y casi, casi, empecé a hacer un máster en el asunto. Porque, válgame Dios, parece que algunos se comen literalmente los zapatos a mordiscos. Claro que mi hijo mayor tiene más de gusano que de niño, no he visto cosa más aficionada a tirarse al suelo por cualquier excusa (hasta duerme en el suelo muchas noches). Y ya cuando hace de portero, es lo que se llama palomitero. Que una vez coge el balón, aunque haya sido una jugada sencillita, se tira al suelo para darle más emoción y dramatismo, rollo Oliver y Benji, ¡qué cosas!

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    ¿Es esto normal? Y ojo, que ya son zapatos hasta con aspecto de playeros 😉

    El caso es que, como este año hemos sido muy prácticos con la lista de los Reyes Magos, pedimos zapatos para el cole. Y la verdad es que nos trajeron unos de una marca que no habíamos probado hasta ahora, se llama Conguitos. Lo más importante, que tiene en la parte delantera reforzada y doy fe de que es a prueba de golpes. Ya sé que no ha pasado un tiempo prudencial para valorarlos pero el hecho de que no tenga ni un rasguño en una semana es un buen comienzo 😉 Y lo que no había visto casi nunca es la posibilidad de que puedan lavarse así que… habrá que hacer la prueba. De precio, lo justo.

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    A final de curso os contaré cómo terminan; soy tan optimista que espero que en septiembre comience con ellos. Y así vuelvo a hacer el encargo a los Reyes, que seguro que saben mas que yo 😉 ¿Cómo acaban los zapatos de vuestros peques?, ¿qué marcas usáis?

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