Escribo desde el hospital y con el móvil, asi que seré breve. Esta madrugada, la del 30 de noviembre, llegó al mundo este muñeco para completar nuestra felicidad. ¡Ya somos familia numerosa! El parto fue rápido, llegamos al hospital a las 12 de la noche y nació a las 2 de la mañana; se alargó un poco la expulsión de la placenta y eso hizo que pasara un mal rato. Pero eso ya os lo contaré en un post con calma desde casa. Gracias por estar pendientes y por vuestros comentarios todos estos días en las rrsss. Y a partir de ahora, a las aventuras de Alfonso y Rafa, se unen las de Gabriel.
Escribo desde el hospital y con el móvil, asi que seré breve. Esta madrugada, la del 30 de noviembre, llegó al mundo este muñeco para completar nuestra felicidad. ¡Ya somos familia numerosa! El parto fue rápido, llegamos al hospital a las 12 de la noche y nació a las 2 de la mañana; se alargó un poco la expulsión de la placenta y eso hizo que pasara un mal rato. Pero eso ya os lo contaré en un post con calma desde casa. Gracias por estar pendientes y por vuestros comentarios todos estos días en las rrsss. Y a partir de ahora, a las aventuras de Alfonso y Rafa, se unen las de Gabriel.
Si el género humano ya es, de por sí y a menudo, contradictorio, las féminas en estado de “buena esperanza” nos llevamos la palma en esto de las incoherencias. Pero oye, esto es culpa de las hormonas, a ver si alguien va a pensar que tenemos algún desorden mental transitorio. Es fácil que, de repente, una comida que nos volvía locas, se convierta en un plato que rechazamos; así, sin más explicación. O lo contrario, que algo que no nos gustaba, de la noche a la mañana nos apetezca. Esto, por suerte para los que están a nuestro alrededor, ya que podríamos volver chiflado a más de uno, nos pasa generalmente sólo en el primer trimestre.
Otro de esos sentimientos contradictorios que nos atañe es que lo mismo un día nos vemos estupendas que otro no hacemos más que echar “pestes” porque estamos gordas o hinchadas o porque este modelito nos sienta como un rayo. A mí me sucede que, en el primer trimestre me lleno de granos y me apetece hacer uso de un burka; en el segundo, tengo esa mini tripa que no es “ni chicha ni limoná” y que nadie sabe a ciencia cierta si estoy embarazada por lo que no sé muy bien si elegir ropa apretada para que se note algo o esconder para que nada se perciba. Y por el contrario, el último trimestre, tengo la piel que es una maravilla y por fin una tripa medianamente decente que me permite lucir embarazo como Dios manda.
¿Veis? Otra de esas cosas que no pensaba hacer era una sesión de fotos y ¡zas! a menos de una semana de salir de cuentas, escribí a mi primo para que me hiciera estas fotos tan bonitas.
¿En qué momento estoy ahora? Pues en plena discordancia; soy de esas mujeres a las que les gusta estar embarazada, me siento feliz y, por suerte, no tengo molestias (al zumba me remito 😉 ) Y físicamente me encuentro favorecida con mi barriga. Así que ahora me invade ese sentimiento de pena porque, en cuestión de horas, como mucho, de días, esta tripa ya no estará aquí. Ya no sentiré esas patadas que unas veces nos ponen de mal humor porque nos despiertan por la noche y que, otras veces, nos encantan. Sí, tengo ganas de conocer a mi hijo, muchas ganas… pero por otro lado, saber que, casi con total seguridad, esta sea mi última gestación, me da pena. Porque en los anteriores sabía que volvería a vivirlo pero ahora entiendo que esto no se volverá a repetir.
Así que, al final del embarazo se vuelve a sentir un afecto contradictorio: querer conocer a tu hijo y que te dé pena decir adiós a la barriga o, en muchos casos, que te asuste lo que puede cambiar tu vida. En fin, somos un mar de incertidumbre. ¿Os habéis sentido de formas muy antagónicas durante los embarazos?
A ver cómo escribo yo sobre este tema sin que resulte chabacano. Veamos, durante todo el embarazo, todas las revisiones tienen que ver con la criatura o, a veces, con la salud general de las mamás. Hasta aquí todo normal y, por ahora, sin decir ni una sola palabra malsonante. Pero en cuanto llegan los últimos días, todo empieza a girar en torno a nuestro órgano sexual. Sí, ésa es la gran preocupación de los especialistas en ginecología: saber si aquello madura o no. De ahí esas frases tan gráficas de «estás muy verde», es decir, que aquello no prospera, o la de «ya estás borrando», que viene a ser que tu vagina (más bien cuello del útero, tengo que ponerme técnica) va preparándose para que salga el churumbel.
A mí este asunto no me genera mucho estrés, porque la cosa puede cambiar de un día para otro, o porque, como es mi caso, no he tenido que escuchar eso de «estás muy verde». Pero sinceramente, ¡menuda presión! Que ya hayas llegado a tu FPP y oír eso no debe ayudar psicológicamente nada para que tu cuerpo avance. Y ni que pudieras hacer gran cosa para que aquello progrese. Hombre, siempre puedes animarte a subir escaleras, caminar y comer no sé qué cosas (soy un poco reacia a estas teorías de la abuela) pero lo que viene siendo pasar del verde al rojo, no debe ser fácil.
Con Alfonso, el día antes del parto oí lo de que ya tienes esto «borrado del todo» y la verdad que anima, y mucho. Con Rafa ni lo recuerdo, pero vamos, tenía revisión el día que salía de cuentas y no llegué, por lo que la cosa (no hay forma de encontrar un sinónimo en español que no resulte vulgar), verde no debía estar 😉 Y esta vez me tocó ir el lunes, justo después de monitores, aún estaba a 10 días de la FPP y me dijo que estaba un poquito borrado (el cuello del útero) pero no mucho. Oye, ¡cuánto es capaz de detectar esta gente! Y así yo me monto mi película y creo que el peque será puntual, como sus hermanos.
Y a vosotras, ¿qué frases os tocó escuchar sobre vuestro órgano sexual los días previos al parto? A más de una os dirían lo del verde (esto me recuerda a los brotes) y poco después estabais pariendo.
La primera vez que fui al curso de preparación al parto al Centro de Salud, hace ya algo más de cuatro años, me quedé flipada. La sesión comenzaba con un buen rato de relajación tumbadas en unas colchonetas escuchando una cinta de casette (parece que hablo de los años 90) donde una voz pausada te iba dando instrucciones sobre las distintas formas de respirar dependiendo de la intensidad de las contracciones. No penséis que fue aquello lo que me dejó alucinada, para nada.
Yo estaba super concentrada intentando hacerme cargo de cómo serían esas contracciones cuando me di cuenta de que, a mi alrededor, varias embarazadas estaban dormidas, así, tal cual. Y pensé: vaya ovarios tienen. Lo fuerte es que, dos días después, era yo la que me quedaba sopa. Claro, eso de que te pidan que cierres los ojos, te relajes y te hablen del jadeo, de respiración profunda y demás cuando no tienes ningún tipo de dolor, pues no invita a ponerte en situación. Confieso que aquella parte de las clases no me resultaba útil en cuanto al parto, eso sí, me venía de lujo el descanso. A partir de la semana 37, empezábamos con los ensayos de la inhalación en los pujos, y ahí ya era imposible quedarse dormida porque la situación era mucho más real.
Si nos pusiesen a Robbie Williams en las clases estaríamos mucho más preparadas para superar el dolor del parto 😉
Sí me resultaron muy interesantes las lecciones teóricas sobre lactancia, postparto, cuidados del bebé, etc… Lo cierto es que en el segundo embarazo ya no me apunté a las clases de preparación al parto porque con la epidural vi cristalino que la relajación en el alumbramiento era total 😉 Además, la experiencia es un grado y ya sabes cómo es el proceso en tus propias carnes. Es más, como para mí lo más duro fue el postparto, me interesé por el masaje perineal en las visitas rutinarias a la matrona. Y creo recordar que fui a dos sesiones teóricas sueltas para no olvidar algún detalle. Pero nada más. Estoy segura de que viene bien lo de repetir el curso completo pero, si trabajas o cuidas de tus otros peques, entiendo que no es necesario.
¿Qué estoy haciendo en este tercer embarazo? Un curso de preparación al parto on-line de Mater Training. Sí, como lo leéis; esto del blog me ha hecho meterme de lleno en el mundo cibernético y buscar información que antes se me escapaba. Poder ver todas las clases en vídeos explicativos, con todas las opciones y probabilidades de casos que se pueden dar en los partos, con un montón de consejos de profesionales de Obstetricia… y todo, tumbada en la cama, es un lujo. Vamos, para las que andáis mal de tiempo por el día, para las que por trabajo no podéis ir a todas las sesiones del Centro de Salud, para las que repetís maternidad, os lo aconsejo totalmente. O para las que queráis ver y escuchar una y otra vez algunas lecciones en concreto 😉
Y aparte del curso on-line, estoy dándole al masaje perineal y a los ejercicios de Kegel en casa como ya os conté en otro post; además, las últimas dos semanas he ido a un par de sesiones a mi Centro de Salud sobre el hospital donde daré a luz, vamos, el mismo de siempre. Lo que ocurre es que en los últimos dos años ha habido bastantes cambios en ciertos protocolos y me interesa estar al tanto. Además, los días que he ido también a esas clases, me he quedado para recordar la respiración durante los pujos ya que, teniendo en cuenta que con Rafa no llegué al hospital a tiempo para que me pusieran la epidural y que podría volver a darse esa circunstancia, me vendrá bien para aliviar los dolores.
Y a vosotras, ¿os servían las clases de preparación al parto?, ¿repetisteis la segunda o tercera vez?, ¿qué os resultó verdaderamente útil?, ¿alguna ha hecho curso on-line?
Hace poco más de 4 años, sólo sabía de la existencia de las «baby showers» gracias al Hola! o a Sexo en Nueva York. No tenía ni la más remota idea de si en España se estaba empezando a poner de moda o ya estaba el festejo bien asentado. Lo cierto es que, como mis amigas aún no tenían hijos, ni me planteé organizar una reunión de este tipo. Vamos, es que ni siquiera sabía si la organizaba la propia embarazada o sus amigas. Pero tres semanas antes de dar a luz a Alfonso, un fin de semana en el que maridín estaba de casa rural en una despedida de soltero, llegué a mi casa y, por sorpresa, allí estaban algunas de mis amigas y unos cuantos paquetes. Mi cara fue como la de una niña que ve a los Reyes Magos.
Me habían preparado una cena y me regalaron una trona que, a día de hoy, sigue intacta tras 4 años de uso ininterrumpido. Y no sólo eso, sino que además se quedaron a dormir esa noche en casa, así que fue algo parecido a una fiesta de pijamas. Sinceramente, aquello me pareció lo más y no puedo estar más que agradecida por aquel detalle así que, obviamente, comprendí que lo de las «baby showers» era todo un planazo. Dos años más tarde me volvieron a organizar una cena sorpresa en casa unos días antes de que naciese Rafa, previa colaboración con maridín para que llevase a Alfonso a dormir a casa de mis padres.
Por entonces me regalaron un saco para la silla y hasta hicieron una tarta de pañales.
El caso es que las organizadoras de los eventos, Ceci y Ana, no tienen hijos así que hace ya un tiempo que le dije a maridín que, si se les ocurría ponerse en contacto con él para intentar organizarme una tercera «baby shower», les dijese que ni se les pasase por la cabeza hacer ni fiesta ni regalos. Pero no, ellas son así de cabezonas y, por supuesto, tuvieron que hacerme mi festejo. Eso sí, esta vez, mucho más discreto: sólo nosotras tres, con mis peques por medio y no se quedaron a dormir. Otra vez me llenaron la mesa de comida, sobre todo de dulces (cómo saben que me pierden y que soy de las que me puedo comer 4 donuts seguidos sin pestañear), y pasamos un rato estupendo entre amigas. Además, ahora que nos vemos algo menos que cuando no tenía niños, estos momentos son impagables. ¡Gracias chicas!
He desayunado y he merendado dulces todo el fin de semana. Y la bolsa para el carrito ¡no me puede gustar más!
He pasado de no saber cómo eran estos festejos a vivir tres en cuatro años y ahora me declaro fan absoluta. En el fondo, es una buena excusa para juntarse con tus amigas y que, si ellas quieren, te hagan un regalo en común de algo que te puede venir muy bien, en lugar de hacerte obsequios por separado. Y a vosotras, ¿qué os parece lo de las «baby showers»?, ¿habéis organizado para alguna amiga?, ¿os han organizado la vuestra?
Por cierto, ya tenemos ganadora del sorteo de la funda nórdica, ¡ENHORABUENA A SONIA APALATEGUI! Muchísimas gracias a las demás por participar y que haya suerte en próximos sorteos. La ganadora debe escribir un mensaje privado a través de Facebook para facilitarnos sus datos. Gracias.
Las que tenéis más de un hijo sabéis bien que no es lo mismo preparar la bolsa que hay que llevar al hospital cuando te pones de parto la primera vez que en ocasiones posteriores. Porque la primera vez, hasta a las bragas desechables les encuentras su punto mientras que, cuando preparas la maletita por segunda vez, no les ves ni el punto ni la punta, sabes de sobra que es lo más antiestético que existe. Como algunas ya sabéis, porque lo he mencionado en el blog, a esta bolsa la denomino «antilujuria».
Sujetador de lactancia de Primark
Y eso que ahora algunas tiendas se han puesto las pilas y ya nos hacen sujetadores de lactancia monos. A ver, que acabemos de parir no significa que nos dé todo igual y que no nos importe nuestro aspecto físico. Vale, pasamos un poco más del tema pero yo creo que, a cualquier recién parida, le anima verse bien el careto. Vamos, yo soy de las que me pinto la raya del ojo para ir a parir, me cuesta 30 segundos hacer esa operación y, sólo con eso, ya me veo decente para que cualquier ser humano pueda mirarme a la cara. Aunque para parir, pocos van a mirarme a la cara precisamente 😉
Bueno, que me lío y me pongo a hablar de mil cosas. El caso es que, por fin, he preparado la dichosa bolsa; ya iba siendo hora, que aquí servidora da por hecho que la puntualidad de Alfonso y Rafa se cumplirá a rajatabla con el nuevo churumbel y nunca se sabe. Y he vuelto a reencontrarme con las bragas ésas, los discos de lactancia, las compresas (aunque en el hospital te las dan) y el Voltarén para el dolor, que ya sabéis que soy fan desde que en el primer postparto vi la luz. Ah, y por supuesto ¡la faja! que será lo menos «glamuroso» del mundo pero oye, mi matrona me dijo que estupendo, y yo me quedo plana en cuestión de días. Y para cuando esté ingresada, creo que tengo más que de sobra porque el neceser y bata los meteré ya con contracciones.
Lo único entretenido de este momento es preparar la ropa con la que vestiré al bebé para salir del hospital. Lo bueno de que sea público es que no hay nada más que llevarle para los días del ingreso, tienen su ropa allí, más gastada que los pantalones de mi hijo Alfonso pero oye, como van tan envueltitos en mantas y demás, suficiente. ¿Preparasteis con emoción o con pánico la bolsa de vuestro bebés? La próxima semana, ¡más post sobre el parto!
Ya os conté hace poquito en un post que Alfonso eligió el fútbol como la primera actividad extraescolar de su vida. Hace ya dos semanas que empezaron a entrenar y la verdad es que está feliz, yo menos porque ya tiene el chándal del cole agujereado en la zona de las rodillas, se toma muy en serio la posición de portero 😉 Bueno, vamos al lío. El otro día, el presidente y el coordinador del equipo del cole nos convocaron a los papás a una reunión. Pensé yo que no iba a ser productiva tratándose de segundo de Infantil pero ¡vaya que si fue interesante!
Primera sorpresa: tienen liguilla este curso. Sinceramente, no sé porqué dí por hecho que tan pronto sólo entrenarían. En cualquier caso, ya os podéis hacer a la idea de la ilusión que le hizo esto al niño… y al padre. Sé que maridín es muy sensato y tranquilo pero le he dicho que no quiero ultras en la grada 😉 Esto de la liguilla supone comprar la equipación del cole así que pasamos de no tener ninguna hace un mes a tener dos, la del Sporting y la del equipo del colegio, menos mal que ésta última cuesta 15 euros.
Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle; si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.
Más sorpresas: nos dejaron caer que, de los más de diez equipos que jugarán, hay tres o cuatro que se las dan de «gallitos», vamos, que se lo toman en serio. Sinceramente, allí estaré para verlo porque madre mía, como a alguno se le ocurra hacerle una entrada fea al crío me va a salir la vena «dramamamá». ¿Es necesario? Tienen 4 años, sólo tienen la obligación de divertirse, no de ganar. Mi tía ya me ha dicho que hace tiempo que dejó de ir a los partidos de sus hijos por la vergüenza que algunos padres producen en las gradas. Os prometo que mi cara de asesina en serie puede ser tremenda cuando vea a algún progenitor fuera de sus casillas, y aquí entran los tacos, los gritos al propio hijo, los insultos a los del equipo contrario…
Y otra sorpresa más: nos contaron que, si el crío juega bien al fútbol, es posible que otros clubes se pongan en contacto con nosotros para decirnos algo así como «en el equipo que juega tu hijo no va a conseguir nada importante». Pero por Dios, ¿a los 4 años alguien sabe ya si mi hijo va ser un futuro Messi o Cristiano? Y si tuviera un don con el balón, ¿alguien cree que le voy a separar tan pequeño de sus compañeros de clase por llevarle a otro equipo? Por favor, que es un niño, tiempo al tiempo. En fin, con tres hijos varones os aseguro que voy a tener muchas historias que contar sobre esto. ¿Creéis que algunos padres se exaltan demasiado?, ¿tenéis experiencias en esto las mamás y papás de niños más mayores?
Os había dicho a finales de agosto que me animaría a publicar más posts sobre ideas para vestirse estando embarazada. El caso es que, al final, nunca tengo a nadie a mano para hacerme una foto decente y, menos aún, demasiada ropa como para hacer de blogger de moda. Vamos, de aquí a que dé a luz voy a usar más leggings que otra cosa por no comprar unos pantalones premamá, que siempre salen algo más caros, pero sobre todo porque estoy infinitamente más cómoda.
En cualquier caso, estas últimas semanas de embarazo intentaré colgar un look semanal con ropa de esta temporada por si os gusta algo, así podéis ir corriendo a las tiendas 😉 Las bailarinas son de Stradivarius (17 euros aprox.) y estoy feliz con ellas porque son muy cómodas y el color bronce va con cualquier cosa. Todo lo demás es de Primark, que tiene la ventaja de tener tallas amplias: jersey (10 euros), leggings estampados en blanco y negro (5 euros) y bolso reversible negro o gris (11 euros). Más barato, imposible. Es cierto que tengo poca barriga y he cogido un peso muy razonable (en torno a 7 kilos) pero, en este caso, había tallas muy amplias; en eso, Primak se lleva el premio. ¡Espero que os sea útil!
Pues aquí estoy, en la semana 34 de embarazo y preparándome para el parto. Bueno, no os voy a engañar, con el tercero ya no hay que prepararse demasiado y esta vez me salto las clases del Centro de Salud aunque estoy mirando un curso online que me han ofrecido, ya os contaré la experiencia. Os confieso que, cuando me quedé embarazada de Alfonso, no sabía quién era Kegel y, menos aún, lo que era un masaje perineal. Vivía en mi feliz ignorancia y, aunque no lo creáis, de cara al parto prefería no saber demasiadas historias porque no me daba ningún miedo. Durante el embarazo, no recuerdo en qué momento, descubrí los ejercicios de Kegel gracias a las matronas del Centro de Salud, aunque no tenía claro cómo hacerlos bien.
Si a alguna le pasa lo mismo, ahí va el truquito: sentarse en el wc y, al orinar, intentar retener el pis, contrayendo los músculos del suelo pélvico. Así se pueden localizar los músculos que hacen la contracción; después, puedes hacer los ejercicios en cualquier lado. Es lo más fácil del mundo y no cuesta ningún esfuerzo. Se recomiendan para evitar la incontienencia urinaria y para facilitar el parto; yo los hago desde entonces, sin estar embarazada incluso. Así que ahí sigo, fortaleciendo músculos, que nunca está de más 😉
Sentada, echada, de pie, trabajando frente al ordenador, viendo la tv… en cualquier sitio se pueden hacer los ejercicios.
El masaje perineal ya es otra historia. Alguien me lo mencionó durante el embarazo de Rafa, ya que el postparto de Alfonso había sido muy doloroso por culpa de la episiotomía. Y reconozco que, como estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de que no me volvieran a «rajar», pregunté a mi matrona (que por cierto, es seguidora del blog en Facebook, ¡qué presión!) y, casualidades de la vida, además de comadrona me dijo que era fisioterapeuta, ¡dí en el clavo con la especialista! Y ahí que fuimos maridín y yo a que nos enseñara el funcionamiento del masajito.
Esto ya no es tan fácil como los ejercicios de Kegel: es molesto, no puedes hacerlo en cualquier lado (obvio) y es posible que necesites ayuda. Pero oye, di a luz a Rafa con un perímetro cefálico de 35, 5 centímetros (sí, mis hijos no son de cabeza pequeña 😉 ) y más de 3, 800 kg de peso y ni un cortecito. Siempre te queda la duda de si, como fue un parto veloz, sin epidural y era el segundo, el que no hiciera falta episiotomía sería por esos otros factores. Pero sinceramente, creo que todo ayuda. Así que, para mí, merece la pena y ya me he vuelto a poner a ello de cara a este tercer parto. Eso sí, lo mejor sin duda es que la propia matrona os explique cómo hacerlo; yo no me veo capacitada para tal cosa 😉 ¿Qué hicisteis para prepararos para el parto?, ¿qué os fue útil?
La pasada semana tuvimos la última ecografía del embarazo. Es cierto que aún queda mes y medio para mi fecha probable de parto pero sólo nos hacen seguimiento en la Seguridad Social (es decir, con ecos en semanas 12, 20 y 33) así que ya no volveremos a ver al peque a través de ondas, la próxima vez nos veremos en directo. Todas las exploraciones por ultrasonidos tienen algo especial, pero es cierto que cuando te hacen una por trimestre, vas con más nervios que si se hacen cada mes. Obviamente, al ser mi tercer embarazo, yo ya iba sabiendo qué tipo de información me darían.
La mayoría de problemas o malformaciones ya se ven en la ecografía de la semana 12 o de la 20, así que, yo por lo menos, a ésta última prueba voy tranquila, y esto me ha ocurrido en las tres gestaciones. ¿Qué cosas me interesan en esta última ecografía? La postura del bebé es lo que más me intriga; si está boca abajo, como es el caso, ya es difícil que el peque se dé la vuelta, por lo que hay menos probabilidades de cesárea. Así que esta exploración te da pistas, aunque no siempre se cumpla después, del tipo de parto que puedes tener.
Otra de las cosas que suelen decirte en esta eco es el peso del bebé, aunque es aproximado y yo me fío más bien poco. El peque está en torno a los dos kilos, vamos, creo recordar que con Alfonso y Rafa me dijeron lo mismo y luego cada uno pesó lo que pesó; unos bebés engordan 200 gramos semanales y otros 300. Y el que se adelante o se retrase el parto, también va a influir mucho en su peso final, por tanto, con que me digan que su crecimiento es normal, como así ha sido, yo me quedo tranquila. Confieso que voy mucho más nerviosa a la primera ecografía que a cualquiera de las otras dos porque es la confirmación de que el embarazo va bien, de si viene más de uno (tengo hermanos mellizos) y, sobre todo, por la medición del pliegue nucal.
Y la verdad es que, aparte del latido, que también se comprueba en cada visita a la matrona o el tocólogo (o ginecólogo), esta tercera y última eco tiene poquito más que contar. Eso sí, allí mismo le dije a maridín que mirase bien porque seguramente sería la última eco que veríamos en nuestra vida y me dio hasta cierta pena. Así que voy a intentar disfrutar de estas últimas semanas del embarazo. ¿Fuisteis nerviosas a las ecografías?, ¿cuál fue la más emocionante?
Hoy en día tenemos Bautizos de lo más variado. Por tener, hay hasta Bautismo civil, lo cual me parece una contradicción en sí misma; haz una reunión, comida o festejo del tipo que quieras para «presentar en sociedad» al churumbel pero llamemos a las cosas por su nombre. También se ven celebraciones que más parecen un bodorrio que el «acristianamiento» de un bebé. Lo digo porque ya he visto «listas de Bautizo» tipo listas de boda. Que digo yo que, si tu abuela, tía o padre te preguntan qué quieres, pues les dices con total confianza lo que te vendría bien para el crío pero, en este tipo de celebraciones más familiares y reducidas, yo soy de las que piensan que con un detalle basta. Pero es mi opinión, ehhh….
Nosotros, por primera vez, tuvimos el sábado un Bautizo comunitario. Ahora se estila menos pero vamos, a mí me bautizaron con más críos y antes era algo habitual en ciudades. Y la verdad es que no es muy distinto a los bautizos «individuales», incluso lo encontré más animado. Como curiosidad, además de mi sobrino, se bautizaba otro niño con el mismo nombre: Jorge. También bautizaron a un peque cuya mamá vive en una casa de acogida así que había unas cuantas monjas entre las acompañantes. Y lo que más me llamó la atención fue, sin duda, coincidir con una bebé de otro país. Bueno, lo que me sorprendió fue el tema de la indumentaria de la pequeña, desconocía que en otros lares se llevaba el vestir a la bautizada como una dama de honor y con pamela, tal cual. Pero oye, en todos los eventos puedes aprender algo de otras culturas.
Aquí se lleva el traje de cristianar, que en nuestro caso es familiar, o los bebés vestidos de calle un poco «elegantes»
Rafa y su habitual persecución a los bebés
Luego están las distintas reacciones de los niños cuando les bautizan. Los hay que lloran, lo cual no me sorprende; otros sencillamente alucinan, como fue el caso de Alfonso, y los hay, como mi sobrino, que siguió con su siesta porque aquello no le pareció nada interesante.
Tuvimos muchísima suerte el fin de semana con el tiempo; aún así, no decidí el modelín hasta una hora antes del evento. Básicamente porque en octubre una no sabe qué ponerse, por la mañana estábamos a 25 grados y por la tarde se preveía lluvia así que no sabía si ir o no con la pierna al aire aunque, si os digo la verdad, no tengo medias de embarazada así que no tenía mucha opción. Repetí con un vestido que ya me puse en dos bodas: hace 4 años embarazada de Alfonso y hace dos, de Rafa. Para nada hay que ir a un Bautizo como a una boda, sino mucho más discreta pero este traje es bastante sencillo así que para las bodas añadí tocado. Como es un evento religioso, es obvio que hay que evitar escotazos o ir con mini vestidos.
Vestido de Cortefiel de hace 4 temporadas. Yo creo que, al contrario que en una boda, en los bautizos no hay que darle muchas vueltas al tema ropa.
Intentar hacer una foto a los niños, ¿perdón?
Y poco más sobre Bautizos aunque he de decir que a Alfonso lo bautizamos en Zaragoza, a maridín le hacía ilusión. Y que con Rafa tuvimos un jaleo tremendo con las fechas porque no bautizan bebés en Cuaresma, que es casi mes y medio; no era fácil teniendo que juntar a familiares de dos ciudades a 600 kilómetros de distancia. ¿Habéis hecho algo especial en el Bautizo de vuestros peques?, ¿creéis que hoy en día las celebraciones son excesivas?
No es un plan que hagamos habitualmente; somos tan de «echarnos a la calle» por el día, que me vuelvo yo muy pesada con que los niños descansen como Dios manda. Es casi lo único en lo que soy un poco rígida (bueno, en eso y en que coman mucha fruta 😉 ); que los peques duerman bien es casi una cuestión de salud, si no descansan por la noche, al día siguiente no pueden estar activos y se vuelven muy irascibles. Por eso, si pasamos el día de excursión, en la playa o comemos fuera de casa, descartamos por completo cenar con ellos por ahí.
El sábado cambiamos nuestra jornada completa de playa por media jornada para que los niños pudieran comer en casa y dormir la siesta en condiciones. Vamos, que casi llegamos los primeros a la arena 😉
Y como disfrutamos más de un día en la playa que de una cenita por ahí, este verano no nos habíamos animado a «trasnochar» con los enanos salvo cuando tuvimos visitas en nuestra casa. Este sábado, sin embargo, surgió el plan de celebrar un cumpleaños familiar y lo de ir a una pizzería siempre apetece. Cuando se lo dijimos a Alfonso hasta se emocionó. ¿Que solemos tener en cuenta para ir a comer o cenar por ahí? Pues no siempre es posible pero, si se puede:
1. Comida que guste a los niños: es cierto que mis peques comen de todo, pero ya os digo que unas judías verdes tardan el tripe de tiempo en comerlas que un plato de pasta. Esto es así. Rafa se metió seis croquetas, pasta boloñesa y una porción de pizza en el cuerpo sin pestañear.
2. Restaurantes «ruidosos»: No es que me encante el bullicio, y ya os digo que si queremos ir a un sitio que nos apetezca, lo hacemos, pero no os voy a negar que estoy más relajada en lugares donde no se respira tranquilidad. El sábado fuimos a una pizzería donde había varias familias con niños, y eso se agradece.
Y aquí tenéis a Rafa con su primo Jorge. Auguro una vida muy estresante al bebé que llevo dentro. Lo normal es que un crío de casi dos años pase de un bebé, para Rafa es casi una obsesión.
3. Silla plegable: en la medida de lo posible, es mejor llevar silla que puedas «doblar», así la pones en cualquier sitio. Y aunque dábamos por hecho que quien la utilizaría sería Rafa, el que a media cena estaba ya echándose encima de su padre era Alfonso. Vamos, que maridín se quedó sin postre para llevarse a casa al mayor en la sillita mientras los más pequeños (los de la foto de arriba) seguían al pie del cañón.
4. Restaurantes espaciosos: pues esto es algo que no ocurre siempre pero que los padres también agradecemos. Es complicado mantener sentados a los niños durante mucho tiempo y se ponen en pie con cierta facilidad. Si entre las mesas hay espacio, los padres nos quedamos más tranquilos. Es más, les puedes llevar unos colores para que pinten o unos coches para que jueguen y acaban sentados en el suelo y la silla del restaurante acaba convertida en mesa. Por supuesto, cualquier patio o jardín es más que bienvenido.
Y que tengan ya espacios infantiles como éste, al que fuimos en verano, ni os cuento.
Es cierto que, si nos apetece ir a un sitio en concreto, vamos independientemente de que sea grande o pequeño, silencioso o ruidoso… pero os diría que casi el 90% de las veces nos fijamos en estas cosas. Y vosotras, ¿salís a comer y a cenar con los peques habitualmente?, ¿qué otras cosas tenéis en cuenta en los restaurantes? Y por supuesto, agradecemos las tronas aunque tengamos una portátil. Por cierto, hoy es el último día para participar en nuestro sorteo de una acuarela infantil.
Este año, debido a mi trabajo, hemos pasado sólo diez días fuera de Asturias pero ha sido el tiempo suficiente para aprender cosas nuevas. Y no me refiero al lugar donde veraneamos, Torredembarra (Tarragona). Primero, porque hace ya años que vamos al mismo sitio al tener un apartamento mis suegros allí. Y segundo, porque no hay nada que lo haga un lugar especialmente interesante o bonito, desde mi punto de vista. Eso sí, playa, toda la que queráis, llegar a la orilla es como cruzar el desierto del Sahara. A lo que íbamos, las vacaciones con niños son divertidas, a la vez que estresantes, porque descubres cosas nuevas:
Como se te ocurra ir a un sitio con el típico trenecito turístico «la has liado»: nadie te libra de un paseo por el pueblo en cuestión y, como se pongan pesados, te toca repetir. Peor aún es tener en el paseo marítimo varios puntos con atracciones, castillos hinchables y camas elásticas. Prepárate para gastarte «las perras» porque, si en tu época costaba 100 pesetas el viajecito, ahora te «clavan» 3 euros. Ver para creer.
Y encima, el pequeño te hace tres veces la misma jugada: suplicar subirse a los coches para hacerlos parar en mitad del trayecto a lágrima viva.
Descubrir que tu hijo pequeño le tiene pánico a los chorros de la piscina y además grita «pipí» cuando se acerca a alguno: lo cual te obliga a decir bien alto «Que no hijo, que es un chorro de agua» para que la gente de la urbanización no se alarme pensando que tu peque está orinando por todos lados.
Si tus retoños son capaces de abrir las duchas de las piscinas, harás ejercicio: básicamente, salir de la piscina una y otra vez si estás dentro, o levantarte otras tantas veces si estás tumbada en la toalla.
Da igual que tus hijos tuviesen miedo al agua al empezar el verano porque, en cuestión de días, no querrán salir de la piscina o del mar: Y si en vez de una temperatura de 20 grados, el agua está a 25, entonces habrá disgusto asegurado porque aquello les parecerá caribeño.
La tonalidad de piel bronceada de tus descendientes se te olvida durante el invierno: cada verano te vuelves a reencontrar con un color, casi parecido al de otra raza, que habías olvidado por completo y que crees que nunca habían tenido. Pero no, miras las fotos de los veranos anteriores y, efectivamente, estaban negros. Y eso, poniéndoles crema con protección total, de esas que te dejan el cuerpo blanco hasta cuando sales del agua.
Y además, con moreno-manguito, algo así como el moreno-obrero.
Y por último, descubres que cada día odias más los peajes: Sí, son caros de narices pero los aborreces porque, si el coche hace un efecto somnífero sobre los niños, los malditos peajes les despiertan. Y no sólo eso; tratas de evitar aquellos en los que hay personas con las que tienes que cruzar tres palabras (suficientes para despertar a las pequeñas fierecillas) y ahora resulta que los que son automáticos te hablan, manda… Si alguna persona de las que me está leyendo es responsable de la creación de estas máquinas, por favor, hagan los pertinentes cambios. Ningún ser humano va a contestar a un artilugio.
Y esos han sido mis nuevos descubrimientos los días que hemos pasado fuera aunque os aseguro que este verano está siendo para mí toda una revelación en cuanto a los peques. Me lo reservo para otro post. ¿Qué descubrimientos habéis hecho este verano?
Dicen que los segundos hijos (y por tanto, terceros, cuartos…) son más espabilados que los primeros. Puedo corroborarlo porque lo viví en mis propias carnes, soy la mayor de cuatro hermanos y me han tomado toda la vida por el pito del sereno, así de simple. Aunque todo hay que decirlo, con el tiempo también aprendes a reaccionar. Ahora, con dos hijos, puedo analizar este fenómeno desde sus inicios.
Ése que veis en la foto es mi hermano, el segundo, y me volvió loca. No os penséis que los mellizos me volvieron menos chiflada.
Es cierto que hay niños más espabilaos que otros, como los hay más o menos listos, más o menos guapos, más o menos altos. Lo que pasa que esto último tiene que ver más con cuestiones genéticas que con las circunstancias. Si hay algo que se cumple en esta vida es eso de que a base de tortas y caídas se aprende y ahí es donde llegamos al quid del «espabilamiento».
Los segundos llegan al mundo y sufren pequeños aplastamientos, salvajes caricias, hurtos continuos… y llega un momento en el que, a base de tanta leche, se plantan y dicen “aquí estoy yo”. Y con meses ya saben pellizcar, cosa que los hermanos mayores no aprenden a hacer hasta el colegio; ya saben driblar (y no sólo el balón); tienen un vocabulario mucho más rico y perfeccionado. A mí Rafa a veces me deja helada, digo una palabra y el crío la dice perfectamente la primera vez, eso es algo que jamás le ocurrió a Alfonso.
Aún así, Alfonso tiene una paciencia infinita y le explica y cuenta muchas cosas a Rafa.
Y ¿sabéis qué? Los segundos riñen incluso cuando aún no tienen un lenguaje «entendible». Vamos, yo tengo unas disputas con Rafa que ni con maridín. Cierto es que maridín no discute nunca así que el ejemplo no valdría 😉 Pues tal cual, que yo le digo a Rafa que no a algo y él dice que sí, y viceversa, y en su idioma hecha una parrafada a grito pelao. Y además utilizan una táctica que siempre les funciona: llorar. Ellos saben que si lo hacen, tú le dirás a su hermano mayor, que ya razona y que es más mayor, que le deje el juguete dichoso.
Y luego está el hecho de que entienden el doble de cosas de las que entendían sus hermanos mayores a la misma edad. En fin, no sé qué pasará en las familias numerosas, los pequeños tendrán un Master, digo yo. ¿Notasteis que el aprendizaje de vuestro segundo hijo fue más rápido que el del primero?
Últimamente veo posturas muy enfrentadas en esto de la maternidad y la crianza de los niños. La “disputa” más relevante en este sentido suelo encontrarla en el asunto pro-lactancia/pro-biberón. Sobre este tema no voy a hablar hoy, creo que todas las madres sabemos los beneficios de la lactancia materna y quienes decidimos optar por biberones, antes o después, lo hicimos por motivos que consideramos suficientemente relevantes (mastitis, vuelta al trabajo…). Así que no voy a entrar en este debate.
Una de las últimas campañas en favor de la lactancia materna.
Lo que leo últimamente (esta noticia que publicaba ABC ayer me hizo escribir hoy este post) es que las futuras madres se interesan cada vez más, por un lado, por un parto en casa y, por el contrario, por cesáreas programadas; esto último sabéis que está muy de moda entre las famosas. Sin ser matrona, ginecóloga ni nada semejante, tengo la sensación de que hay cosas que sólo necesitan un poco de sentido común. Vamos a ver, imagino que todas sabéis que una cesárea es una operación de cirugía mayor en la que se abre un órgano (en este caso útero) y que requiere anestesia, ¿no? Supongo que, sabiendo esto, todas coincidimos en que, si no es por motivos de salud, lo mejor es un parto natural.
Con esto quiero decir que hacerse una cesárea por motivos estéticos o porque te viene bien el día me parece una soberana frivolidad. Adelantar un mes el nacimiento de tu hijo a través de una cesárea porque no quieres engordar o por aprovechar la anestesia para hacerte unos retoques denota poco conocimiento. En el primer caso, porque no es bueno para tu hijo y, en el segundo, porque no debe ser muy recomendable andar haciéndote arreglitos internos cuando tu cuerpo acaba de «crear» una nueva vida.
Sobre los partos en casa, más de lo mismo. Parir es una cosa natural, sí, pero no está exenta de riesgos. Me da igual que a tu casa vayan cinco matronas, gines o lo que sea a atenderte y que el hospital esté a 10 minutos. No tiene porqué pasar nada en un parto pero eso no significa que no vaya a pasar. Que también puede haber complicaciones en un paritorio, pero siempre habrá más medios para hacer frente a cualquier imprevisto. En España, quien puede “financiarse” un parto en casa, imagino que también podrá elegir un buen hospital con buenos profesionales a los que les puedes dar indicaciones sobre evitar episiotomía, estar en ésta u otra postura, o tener una habitación estupenda.
Eso no quita para que los hospitales tengan que mejorar muchas cosas, entre otras, que las plantas de maternidad sean algo más acogedoras porque, al fin y al cabo, las parturientas no somos enfermas. O que en los partos se intervenga menos (esto ya se está haciendo en muchos centros hospitalarios). Pero señores, la medicina y los profesionales están aquí para algo y por eso nuestra calidad y esperanza de vida ha mejorado tanto de unas décadas a esta parte. Se trata de recurrir a los avances médicos pero sin pasarse, vamos, ni lo uno ni lo otro, ¿qué opináis vosotras?
Ayer la noticia salía en muchos medios de comunicación: Raúl González y su mujer van a tener su sexto hijo. A la mayoría de nosotras esa cifra nos hace soltar un woooow pero en ningún caso vemos algo negativo en ello, al menos yo no lo veo. Horas después se supo que Borja Thyssen y su mujer van a tener el cuarto retoño. Pues mira qué bien, porque además se lo pueden permitir.
No es que tenga yo mucho interés en la vida de los personajes públicos pero el caso es que, en cada medio en el que veía la noticia, me encontraba comentarios de lo más hirientes y, porqué no decirlo, machistas, incluso de algunas mujeres. Lo primero que me sorprende es que se llame a una mujer «coneja» por el hecho de tener seis hijos. ¿Pero en qué narices está pensando la gente? A estas alturas, creo que a nadie se le escapa cómo se queda una mujer embarazada y vivimos una época en la que, quien quiera, puede acceder a métodos anticonceptivos muy variados, y esto es algo que no sucedía antes. Además, tenemos la suerte de que podemos quedarnos en casa cuidando de nuestros hijos o podemos trabajar sin que a la mayoría le sorprenda (salvo a cuatro marujas), y antes sólo existía la primera posibilidad. Entonces, ¿qué hay que opinar sobre alguien que decide tener seis criaturas?, ¿a quién puede molestar eso?, ¿alguien cree todavía que se tienen hijos porque eso es para lo único que estamos destinadas?
Pues qué queréis que os diga, yo les veo una familia totalmente feliz.
Después están los comentarios de «con la pasta que tienen, así cualquiera». Hombre, no es lo mismo que tengan seis críos Raúl y Mamen que Carmen y Chema pero honestamente, ¿cuántas tendríamos seis hijos con su cuenta corriente? Porque yo reconozco que cuatro o cinco no me importaría nada pero a seis no llegaría ni aunque me tocase el Euromillón. Es más, ¿cuántos famosos tienen cuentas corrientes de no sé cuántos ceros y tienen uno o dos hijos? Pues mira, prefiero que se lo gasten en traer prole a este país, que falta nos hace, que en comprarse Ferraris. Así de claro.
Ayer en el parque tuve momento colapso. Primero Alfonso chocó con una niña y fui a consolarle, en ese momento Rafa se cayó y solté a uno para ir a por el otro. El comentario de turno fue: ¿Y tú quieres tener un tercero? menuda moral. En serio, cuándo llegará el día en que nadie juzgue si tienes muchos o pocos hijos. So soy yo quien va a cuidar de ellos y además mis hijos no son una carga, ¿qué tiene que opinar la gente?, ¿os ha pasado que os juzguen por no tener hijos?, ¿por tener más de los que socialmente están «aceptados»?
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