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  • Running: qué ropa me pongo para correr

    Running: qué ropa me pongo para correr

    A ver, no os creáis que me he convertido en una especie de Jane Fonda de la vida; que si no soy especialmente glamurosa (que sí apañadina) a diario, menos lo voy a ser para dar brincos por ahí. Pero ojo, que cuando uno le va cogiendo el gusto a esto del deporte, también la indumentaria varía un poco, no tanto por la estética sino por cuestiones de calidad y comodidad. Y desde mi escasa experiencia, pero creo que a pesar de ser poca puede servir a otras, he de confesar que ahora me he «profesionalizado» un poco, pero sólo un poco. Es decir, que he pasado de unos leggins viejos de Stradivarius a unas mallas deportivas como Dios manda.

    Pero vamos por partes. Si acabáis de empezar a correr o tenéis en mente comenzar a hacerlo, por favor, sólo hay una cosa en la que hay que invertir un poquito de dinero: los playeros o zapatillas. Y oye, que tampoco hay que gastarse un dineral, los que me regaló maridín son de Nike y costaron unos 40 euros en Forum. Y por el momento, estoy encantada. Y ya, como segunda cosa en la que gastar algo, pues un top para sujetar las ubres de forma adecuada. Yo en su momento cogí uno de Oysho. Y eso fue todo allá por abril de 2015. Lo demás, camisetas viejas, un impermeable que conservaba de mi época de azafata de imagen de Havanna (sí, yo dando regalitos por beber una copa cuando a mí sólo me gusta el Martini con limón), unos leggins y una sudadera vieja.

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    Básicamente, esta era mi indumentaria hasta enero de 2016. La foto es al finalizar la San Silvestre.

    Pero claro, han pasado los meses desde que empecé y he corrido dos carreras (la de la Mujer y la San Silvestre) y eso es todo un hito en mi vida. Así que, ante la llegada de los Reyes Magos, lo tuve claro: ropa deportiva de verdad. Y cambié los leggins por unas mallas de Asics y, sin querer ponerme sibarita, ¡vaya diferencia! Es que claro, los primeros van cediendo mientras que las otras se ajustan super bien. Por no hablar de detalles como cremalleras en los tobillos, el tejido, un pequeño bolsillo en la parte superior del «culamen» para llevar las llaves de casa, el diseño… Vamos, no hay comparación que valga. Y oye, como que te motiva psicológicamente.

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    Look completo
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    Detalle del bolsillo con cremallera
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    Cinta para ajustar
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    Camiseta de una carrera

    Además, también me he deshecho del impermeable de Havanna porque los Reyes me trajeron un cortavientos (fijaos qué profesional todo 😉 ) de Adidas, en rosa. Que debe ser que como he tenido tres hermanos varones y tres hijos varones, necesito reivindicar mi espacio femenino. Después, en Primark, me compré una sudadera bien mona, también en rosa. De camisetas, voy tirando con las que dan en carreras y la que mi señora madre me ha cedido para que haga publicidad de su agencia de viajes. Y ya poco más que añadir al look, la verdad. He de decir que, si te lo tomas en serio, compensa dejarse un dinerillo en ir medianamente bien equipado. Las que corréis, ¿habéis invertido algo en indumentaria?

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    Venga, que no hace falta volverse loca para ir a correr con una pinta decente. Por cierto, todas las fotos las hice después de haber corrido 9 kilómetros, de ahí mi careto y pelos.
  • ¿Cuándo ir a parques temáticos o de ocio?

    ¿Cuándo ir a parques temáticos o de ocio?

    Tengo perfectamente grabado en mi cabeza el día que pisé el Parque de Atracciones de Madrid. También recuerdo muy bien un viaje a Port Aventura con mi familia y con varios amigos de mis padres con sus hijos. Yo no sé si es algo que no olvidamos porque lo hacemos pocas veces o porque son sitios donde se viven muchas emociones; ya se sabe que una jornada en cualquier parque de ocio es muy intensa. Lo curioso es que hay cosas que no cambian porque, según un estudio de la plataforma Gestionando Hijos, los planes más divertidos para los niños son, por este orden: ir al parque de atracciones (89%), ver pelis en casa (88%), ir a la piscina (87%) o salir a merendar por ahí (86%). ¡Y la verdad es que no me extraña que les guste tanto cualquiera de esos planes!

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    El único que pisó un parque de atracciones en esta casa hasta ahora fue Alfonso, pero obviamente ni se acuerda.

    Ya sabréis que en España hay muchos parques temáticos y de ocio. De hecho, en la lista de aconsejables por GoEuro, hay unos cuantos que yo ni conocía, como el Fort Bravo de Almería, aunque ya os digo yo que, para mis peques, los mejores son aquellos en los que puedan estar en contacto con animales, como Faunia o Bioparc… Y lo sé porque nuestra visita a Cabárceno, que nos queda relativamente cerca, hace unos meses les encantó. Además están muy acostumbrados a estar en contacto con la naturaleza porque vamos de excursión continuamente. Pero por cambiar un poco, no sé si ya puede ser un buen momento para ir a otro tipo de parques temáticos, vamos, con atracciones. Eso sí, adaptadas a sus edades.

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    Nuestra visita a Cabárceno

    En Semana Santa siempre nos vamos fuera de Asturias con la familia de maridín, así que me estoy planteando la opción de ir a Madrid; hace más de tres años que no voy por allí y era de las que, por trabajo, iba cada quince días, además de que viví allí unos años. Y quizás podamos aprovechar para ir con los niños a algún parque de ocio o temático, como la Warner, por ejemplo. Obviamente, el peque aún no se va a enterar de casi nada pero creo que Rafa y, sobre todo, Alfonso, lo pasarían muy bien. Y reconozco que a mí me apetece volver. ¿Ya habéis llevado a vuestros peques a algún parque de ocio?, ¿cuáles creéis que están bien para niños de menos de 5 años?

  • Parecidos razonables… o inverosímiles

    Parecidos razonables… o inverosímiles

    Me divierte, y no sabéis de qué manera, lo de los parecidos. Sí, ésos que la gente saca a los bebés y niños, unos acertados y otros, cuando menos, sorprendentes. No me digáis que más de una vez no habéis soltado media carcajada al oír alguna comparativa digna de decir: ¿seguro que usted no necesita gafas? Luego están los que dan en el clavo, es decir, los que te dicen aquello que quieres oír porque tú estás convencida de que la criatura es un clon de la tía, el hermano o de ti 😉 Y oye, no existe persona que haga mejor análisis que las madres, que nadie ose llevarte la contraria 😉 Y si esa comparación te pilla al lado de tu señor marido le pones cara, levantando levemente las cejas, de «ya te lo dije».

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    Arriba, servidora. Debajo, mi primogénito hace un par de veranos

    Una de ésas frases que me desconcierta en esto de los parecidos es la de «se parece al abuelo». Que ojo, igual es que yo tengo poca imaginación (me cuesta ver hasta una ecografía) pero ¿quién demonios es capaz de sacar un parecido entre un bebé y un señor de más de 60 años? Y ya el colmo es cuando tienes un hijo de rasgos completamente opuestos a los tuyos, como nos ha pasado con Copito. A algunos hay que explicarles las leyes de Mendel y lo de los guisantitos. La gente se asoma al carrito, te mira, pone cara de circunstancia y se queda con las ganas de decirte «¿seguro que es tuyo?» para acabar con un «uy, pues qué distinto es». Pues hombre, es rubio y blanco pero el crío no tiene ningún rasgo especialmente sospechoso que indique que me lo han cambiado, por mucho que ya sea una broma típica en mi familia y que mi señor esposo acepta gustosamente. Y si me lo han cambiado, yo no lo devuelvo, oiga 😉

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    Blanquito es un rato al lado de sus hermanos y sus progenitores, pero leñe, el crío se ve que es hijo nuestro 😉

    Venga, y luego está lo de la familia política, bueno, lo de las féminas de la familia política (a ellos se la suele traer al pairo), que siempre dicen que la criatura es igual que el padre, o lo que es lo mismo, que su amado hijo, sobrino, nieto. Que no digo yo que no sea así en muchos casos, que a veces ves por ahí verdaderos calcos pero vamos a ver, las cosas son las que son. Y si mi mayor es mi miniclon masculino versión mejorada, pues hombre, no me quitéis ese mérito, que bastante me dolió el postparto 😉 Pero ojo, hay que estar prevenidas para lo que toque. Porque señoras, si para gustos los colores, para parecidos, otro tanto. Yo no hay cosa con la que más me divierta, y teniendo tres niños, os podéis imaginar la cantidad de parecidos razonables, o no, que les han sacado. ¿Os pasa lo mismo?

  • Yo no colecho

    Yo no colecho

    Hasta hace poco más de dos años, no sabía lo que era el colecho. Creo que, en el lenguaje ordinario, la gente se expresa de una forma más coloquial con frases como «el bebé duerme en nuestra cama» o «dormimos con el niño». Como ya sabréis, porque ahora sí que usa más este término en medios y blogs, es una práctica que consiste en que los bebés o niños pequeños duerman con el padre, la madre o ambos. Es habitual en algunas culturas y, como todo, tiene pros y contras. Yo no me voy a detener mucho en ello porque hay decenas de webs que enumeran estas cosas. Cada uno valora, en función de sus circunstancias personales, laborales o vitales, lo que le conviene o no. En mi casa, hemos compartido cama con los niños en casos puntuales, si han estado enfermos o se han desvelado alguna noche (sin ir más lejos, el pasado viernes con Gabriel, y me levanté como si me hubieran dado una paliza), pero nada más. ¿Por qué no compartimos cama con los peques?

    1. No lo necesitamos: Por suerte para nosotros, nuestros peques han sido y son dormilones. Desde el primer día, los he acostado en su cuna (los primeros meses compartiendo habitación) y han dormido bien en ella. Como cualquier recién nacido, han hecho sus tomas nocturnas pero, poco a poco, cada vez han ido durmiendo más y más horas hasta que, en torno a los cuatros meses, los tres dormían ya casi todas las noches más de 10 horas seguidas. Por tanto, si todos descansábamos, ¿para qué cambiar? Comprendo que, por falta de sueño y si los niños se despiertan mucho, no apetezca levantarse o ir a otra habitación varias veces.

    2.Es incómodo: Sé que hay gente a la que no le importa compartir cama con los peques pero yo no puedo. Es más, sólo empecé a descansar cuando los cambiamos a otra habitación. La explicación es tan sencilla como que tienes activos los mecanismos de alarma. Es decir, que aunque no se despertasen, en cuanto se movían en su cuna u oía cualquier ruido… yo ya me despertaba. Y al final, cada noche podían ser varias veces, mientras que el niño no se despertaba ninguna. Por no hablar del miedo a aplastares cuando son pequeños o de que te aplasten ellos cuando no son tan bebés; vamos, es que podríamos acabar lisiados compartiendo cama con cualquiera de nuestros hijos. Sé que lo que se mueven los míos es excesivo, pero cierto es que muchos de los que practican el colecho confiesan que cómodo, lo que se dice cómodo, no es. Es más, yo duermo mejor incluso cuando no está mi marido. Cualquier día pongo dos camas juntas en lugar de matrimonial 😉

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    Las que me seguís por Instagram ya lo sabéis. Esta es una escena habitual en mi casa. Maridín les lee un cuento y se queda con ellos hasta que se duermen, cada uno en su sitio y… un rato después, Rafa en la cama de Alfonso y Alfonso en el suelo… ¡Decenas de posiciones posibles!

    3. Recomendación de la Asociación Española de Pediatría: Según la AEP, «la forma más segura de dormir para los lactantes menores de seis meses es en su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres. Existe evidencia científica de que esta práctica disminuye el riesgo de SMSL en más del 50%». A ver, que yo esto lo desconocía cuando nacieron los mayores y muchas veces, hay cosas que no son posibles. Quiero decir que la AEP recomienda lactancia materna exclusiva los seis primeros meses y yo no pude y tampoco pasa nada, como no creo que pase nada por dormir con un bebé de forma segura. Pero está bien tenerlo en cuenta.

    4. Tiempo para la pareja, hobbys o descanso: que sí, que aquí me van a decir muchas que hay vida carnal más allá de la cama pero… ¡tengo tres hijos! Y siempre estoy pegada, por lo menos, a uno (salvo cuando duermen), así que a partir de las nueve de la noche (conluido el bucle baños-cenas) es nuestro rato de charla diaria, de salir a correr si me apetece, de tener una cena tranquila… Y con sinceridad, con el ritmo diario que tenemos, agradezco tener un rato al día para nosotros o para mí sola.

    En fin, que en esta casa cada uno tiene su espacio aunque, para mi hijo Alfonso, cualquier espacio sea apropiado para dormir, sea el suelo o el trasero de su hermano. Creo sinceramente que el descanso es una cuestión de salud, las noches sin dormir durante meses y más meses pasan factura a los adultos y, por tanto, a muchas facetas de su vida. De manera que creo que es importante que cada familia encuentre la manera de descansar el mayor tiempo posible, de la forma que sea. También es fundamental para los niños, sobre todo cuando ya tienen que ir al colegio. No hace falta decir que hay numerosos estudios que demuestran la importancia de un buen descanso en el cerebro de los niños. ¿Compartís cama con los niños?, ¿por necesidad o porque dormís bien así?

  • El niño que se comía los zapatos… en el colegio

    El niño que se comía los zapatos… en el colegio

    Aún recuerdo cuando Alfonso empezó el colegio hace poco más de dos años. Como buena primeriza, y subestimando a mi hijo, le compré unos mocasines muy monos para el uniforme; todo hay que decirlo, también eran baratos y… ¡error! Sabéis que soy de las que piensa que lo bueno y bonito no tienen porqué ser caro pero hay calzado barato que puede salir caro. Y aún habiéndome dado cuenta de esto en la guardería con los playeros, no sé porqué pensé que con los zapatos sería distinto. El caso es que, antes de que acabara el primer trimestre, tuve que comprarle otros.

    La afición al fútbol que cogió el crío durante el segundo curso me hizo darme cuenta de que, además de tener que comprarle un calzado bueno, debía controlar otros aspectos. Sí, señores, llegué a preguntaros aquí en el blog por marcas y por vuestras experiencias. Y casi, casi, empecé a hacer un máster en el asunto. Porque, válgame Dios, parece que algunos se comen literalmente los zapatos a mordiscos. Claro que mi hijo mayor tiene más de gusano que de niño, no he visto cosa más aficionada a tirarse al suelo por cualquier excusa (hasta duerme en el suelo muchas noches). Y ya cuando hace de portero, es lo que se llama palomitero. Que una vez coge el balón, aunque haya sido una jugada sencillita, se tira al suelo para darle más emoción y dramatismo, rollo Oliver y Benji, ¡qué cosas!

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    ¿Es esto normal? Y ojo, que ya son zapatos hasta con aspecto de playeros 😉

    El caso es que, como este año hemos sido muy prácticos con la lista de los Reyes Magos, pedimos zapatos para el cole. Y la verdad es que nos trajeron unos de una marca que no habíamos probado hasta ahora, se llama Conguitos. Lo más importante, que tiene en la parte delantera reforzada y doy fe de que es a prueba de golpes. Ya sé que no ha pasado un tiempo prudencial para valorarlos pero el hecho de que no tenga ni un rasguño en una semana es un buen comienzo 😉 Y lo que no había visto casi nunca es la posibilidad de que puedan lavarse así que… habrá que hacer la prueba. De precio, lo justo.

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    A final de curso os contaré cómo terminan; soy tan optimista que espero que en septiembre comience con ellos. Y así vuelvo a hacer el encargo a los Reyes, que seguro que saben mas que yo 😉 ¿Cómo acaban los zapatos de vuestros peques?, ¿qué marcas usáis?

  • Cuatro cosas que hay que conservar de la infancia

    Cuatro cosas que hay que conservar de la infancia

    No sé si es habitual o no atesorar objetos de nuestra niñez muchos años después; el caso es que me puse un día a hacer orden y «redescubrí» las joyas de mi infancia. Ahora sé que hice bien en guardarlas. Y digo que no sé si es lo habitual porque, de verdad, no tengo ni la más remota idea de cuánta gente puede tener en su casa cosas con las que jugaron siendo pequeños, pero quiero creer que casi todos conservaremos algo, por poco que sea. Y desde luego, ahora que soy madre, sé que hay cuatro cosas que hay que guardar, ya no sólo por el recuerdo, sino porque tus hijos los podrán usar décadas más tarde, ¡y eso sí que hace ilusión!

    1.Libros: No conservo muchos de los libros que había en mi casa (Los Cinco, Celia,…). Con la mudanza de mis padres hace pocos años, donamos gran parte de ellos, y los que estaban en mal estado, se tiraron (al contenedor de papel, ¡siempre!). Pero yo me guardo en mi casa varios de los libros con los que más disfruté. Y sé que algunos se volverán a usar.

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    Éste me tuvo completamente enganchada durante años, lleno de personajes y cosas para colocar en las distintas páginas.

    2. Juegos de mesa: por favor, ¡esto nunca se tira! No se pasan de moda jamás y, a ciencia cierta, sabes que los usarás incluso cuando ya no seas un niño y te dé por reunirte con tu familia o amigos. Aparte de los clásicos como el Parchís, La Oca o el Trivial, yo fui una fan absoluta de Scattergories y del Tabú (ya se veía que era de letras).

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    A buen recaudo, para jugar con los peques en unos añitos.

    3. Una muñeca, coche o similares: No hay nada como encontrarte ese Nenuco, Barriguita, Nancy o Baby Feber que tuviste de niña. Yo cometí el error de darlas cuando mis padres se mudaron de casa hace 5 años, pero tenía tres Nenucos en perfecto estado. Estoy convencida de que, cualquier madre que guarde una, se encontrará con que sus hijas tienen interés por ella. Yo, a cambio, conservo una joya: mi casa de muñecas, ¡creo que era el sueño de cualquier niña en mi época! Y la mía además la hizo mi tío Juan, que murió sin terminarla, y la acabó una amiga de mi madre. En cuanto a los niños, sé que uno de mis hermanos conserva algún coche de su infancia y mi padre siempre me cuenta que ojalá tuviese guardado un tren con el que pasaba los días jugando. También incluyo en este grupo los peluches, ¡aún tengo uno!

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    El día que la bajé de un mueble alto donde llevaba una larga temporada sin mirar para ella, Alfonso y Rafa se volvieron locos de la emoción al verla con todos los muebles, muñecos y demás. Pero como es algo que hay que cuidar mucho y ellos aún juegan un poco a lo bruto, decidí vaciarla para que la usen más adelante, si es que luego tienen interés. Espero tener alguna nieta 😉

    4. Cromos: No sé si algún día se volverá a llevar lo de jugar a los cromos, pero yo tengo una colección importante en casa e incluso, jugué en una ocasión con los niños. Y más allá de los cromos de jugar con las palmas de la mano, otro recuerdo que me parece increíble es guardar algunos cromos de los álbumes que un día coleccionamos, incluso el álbum si lo hemos completado. ¿Y qué me decís de encontrarte con los futbolistas de hace 30 años que ahora son entrenadores? ¡Lo más!

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    Algunos de los cromos que conservo.
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    Yo sé que hubierais preferido uno de Julen Guerrero (yo tenía hasta recortes de prensa) pero aquí va Luis Enrique cuando jugaba en el Real Madrid, para los nostálgicos 😉

    Así que ya sabéis, cuando os entre un ataque de ésos de locura para poner orden, recordad que hay cosas que son atemporales y que algún día, vuestros hijos, que ya no serán niños, querrán tener como recuerdo. ¿Conservais cosas de vuestra infancia?, ¿cuál os gustaría recuperar?

  • Lo más difícil de ser madre

    Lo más difícil de ser madre

    Creo, y lo digo con sinceridad, que podría incluir varias cosas en la lista de aspectos negativos que trae la maternidad. Porque no nos engañemos, ser madre no es un camino de rosas y hay que hablar de ello con naturalidad aunque intentando siempre dar la justa importancia a las cosas, vamos, sin ponernos a llorar. Todas sabemos que las cosas buenas compensan todo lo malo. El caso es que me da la sensación de que siempre nos referimos a las mismas situaciones cuando pensamos en las peores cosas de ser madres: los embarazos con problemas, los partos y postpartos dolorosos, las lactancias «fracasadas», el cansancio, menos tiempo para nosotras, las carreras del trabajo a casa y viceversa. Y ojo, que todo ello es difícil y creo que es necesario tratar estos temas y darles visibilidad, eso sí, sin perspectivas catastrofistas, a poder ser.

    Para mí, en ese sentido, los dos momentos más duros como madre fueron el postparto del mayor y las rabietas del mediano poco antes de cumplir dos años y estando al final del embarazo del pequeño, sin olvidar algún que otro verano al borde del colapso 😉 Pero lo cierto es que, me paro a pensar y esas crisis que tuve son cosas que ocurrieron durante espacios cortos de tiempo. Y ahora me doy cuenta de que, desde hace ya mucho, me enfrento a un problema que a veces me hace perder los nervios y que, lejos de mejorar, creo que lo lógico es que vaya a más en los próximos años.

    Hablo de los conflictos entre hermanos. En esta casa, no hemos pasado por los celos pero creo que ése sería el primer gran problema que puede surgir en una casa con varios niños. Pero yo hoy voy más allá y hablo de las peleas entre hermanos; y no me refiero solo a cuando se empujan o se dan algún que otro mamporro, sino a las disputas por tener y querer siempre las mismas cosas. Esto empezó a ocurrir en nuestra casa cuando Rafa comenzó a caminar con 13 meses; Alfonso acababa de cumplir tres años así que estaba en una edad en la que no entendía muy bien porqué su hermano le «molestaba». Aún así, lo llevó bastante bien. De hecho, los mayores se acostumbran a esa situación. Cuando los hermanos pequeños tienen menos de dos años y no son capaces de razonar muchas cosas, a los mayores les toca ceder. Pero, ¿hasta dónde? Buena pregunta, yo no lo sé y es ahí dónde a veces descubro que no sé ser jueza. Porque ése es el papel más difícil de ser madre: ser justa en función de las necesidades de cada hijo sin que ninguno sienta que queda de lado. Tela marinera.

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    Aquí están jugando. Eso sí, a lo bruto. Gabriel tiene el cielo ganado, es que no se queja por nada!

    Los hermanos pequeños tienen el gran problema de que quieren hacer, tener, comer, tocar el botón del ascensor, entrar en casa y, si se tercia, hacer sus necesidades cuando lo hacen los hermanos mayores. Yo ya he visto a Ricitos de Oro enfadarse por querer utilizar el mismo váter que Alfonso cuando su hermano está en plena «evacuación». Y es muy frustrante. Ah, excepto cuando haces un viaje en coche, que entonces uno quiere ver Cars y el otro Buscando a Nemo y acabas poniéndoles Dumbo por no generar problemas. Pero bueno, esto se queda en mera anécdota comparado con el tema juguetes o objetos de entretenimiento porque ahí llega la guerra de verdad. «Alfonso, déjaselo un rato», digo. Y todo por no oír protestar al mediano, que lo hace de una forma muy irritante, es decir, llorando. Porque esa «táctica» les ha funcionado muy bien desde bebés; es lo que tiene nacer y ya tener «competencia», tiene cierta lógica. Mientras, el mayor suda la gota gorda pensando en deshacerse de su amado objeto. Por ponerle humor, tipo Gollum en El Señor de los Anillos. Y ya sabéis, a partir de ese momento: «es que lo tenía yo primero», «es que es mío», «es que antes me pegó», «es que lo quiero yo» y un sinfín de frases del estilo.

    El caso es que, cuando me paro a reflexionar sobre esto, me doy cuenta de que esto va para largo y seguramente irá a más, por mucho que se quieran, se necesiten y se defiendan a muerte frente a los demás. Y esperad, que a Gabriel le quedan dos telediarios para entrar en el meollo así que… continuará. ¿Veis?, ¿a qué ahora lo del parto no os parece tan horrible? 😉 ¿Cómo lleváis vosotras este tema de las broncas entre hermanos?

  • Una de mis tiendas online favoritas

    Una de mis tiendas online favoritas

    Este verano, en uno de esos posts que tuvo mucho éxito, os enseñaba cómo iban los peques vestidos en la boda de mi cuñado. Era la primera vez que los niños llevaban calzado de Pisamonas, una de esas tiendas que descubrí gracias a un familiar y que me encanta. Además, aquellos mocasines dieron un resultado genial porque se los han puesto estas Navidades varias veces y siguen perfectos. Eso sí, con ellos no juegan al fútbol 😉

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    Ahora, cuando tengo que comprar zapatos bonitos, para los fines de semana, para cuando tienen que ir a algún sitio un poco más arreglados (bodas, bautizos, comuniones o estos pasados días de Navidad) siempre entro en su web. Y en verano para las chanclas o menorquinas, ni lo dudo. Este año, hasta Papá Noel se encargó de cogerle a Gabriel unos zapatos inglesitos marrones preciosos, que hasta vienen con cordón o lazo para que elijas la opción que más te guste.

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    Los inglesitos de Gabriel, que ha empezado a usar zapatos hace algo más de un mes porque ya pasa mucho tiempo caminando agarrado a cualquier cosa.

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    También tienen calzado para mamás.

    Lo bueno es que, de todos los modelos que tienen, que son muchísimos, suele haber un montón de colores. Y el precio es muy bueno, de hecho, ahora en rebajas están al 15% y yo aprovecho para coger zapatillas de lona de cara a la primavera. Además, es una de ésas webs prácticas, en la que da gusto comprar porque es super intuitiva, en la que no te pierdes al hacer tu pedido y compra (creedme cuando os digo que esto es importante para mí 😉 ) Y da la casualidad de que los pedidos que he hecho son de los más rápidos he recibido y os aseguro que recibo casi todas las semanas algo, incluida la compra. Es, sin duda, una de mis tiendas online de cabecera, me imagino que muchas ya la conoceréis.

  • Madres que corren

    Madres que corren

    Éste título bien podría ser el de un post sobre la vida diaria de las madres porque, esto es así, vamos de un sitio para otro corriendo. Y más cuando tienes varios niños, que estás como en una yincana continua. Pero no, hoy no voy a hablar de maternidad sino de deporte, aunque acabaré relacionando una cosa con la otra, siempre me pasa. Os dije hace unos días que estaba barajando cambios en el blog así que, ya os adelanto que, desde este mismo momento, amplío contenidos. Que si alguna vez me apetece enseñaros dónde compro ésto o aquello, una crema que me gusta o cualquier truquillo, pues lo comparto, al igual que os muestro nuestras excursiones y siempre me decís que esos posts son útiles. Eso sí, no será el único cambio, habrá alguno más pero me llevará más tiempo porque quiero que quede bonito.

    Y hoy, a lo que toca, porque va a ser un tema que me dé para algunos posts y los escribiré por si alguna madre más decide unirse a mi objetivo de 2016 (empezar fue reto en 2015, ahora toca mejorar). Nunca me ha gustado el deporte, ni en grupo ni en solitario, me pasa desde pequeña. A eso se suma que el cuerpo, con 20 años, lo aguanta todo; da igual que no te desmaquilles por la noche, que comas demasiado o que tomes el sol más de la cuenta. Pero la realidad es que no importa a esa edad pero todo pasa factura más tarde. Y más con tres embarazos a la espalda. Os conté en su momento que, consciente de que la tercera gestación me había regalado algún kilo (y dado que cerrar el pico para comer no es posible), hice un amago de volver al gimnasio a los dos meses de nacer Gabriel. Pero lo cierto es que no tenía tiempo así que decidí, como Forrest, empezar a correr por varias razones:

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    Mi primera carrera, en junio.

    Flexibilidad: puedo ir a cualquier hora del día, sin depender de horarios de clases ni de cierres o aperturas de gimnasios. Como madre dependo de que alguien esté con los niños pero… siempre es más fácil escaparse media hora de casa que un par de horas.

    No pierdo el tiempo: entre ir al gimnasio, asistir a la clase y volver, se me iban casi dos horas. Correr es tan fácil como ponerte las mallas y zapatillas, bajar al portal y eaaa, a darle a las piernas hasta que vuelves, de nuevo, a la puerta de tu casa. ¿Total? Treinta minutos.

    Es barato: siempre que no seas sibarita. Para empezar, tiré de leggins viejos y, eso sí, me compré unos playeros de Nike. Pero vamos, que creo que fueron 40 euros o menos.

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    Ya veis, como llevo 8 meses corriendo y ya corrí mi primera San Silvestre, los Reyes decidieron que era hora de mejorar el atuendo. Y el de mi madre, con ese super libro de Cristina Mitre, «Mujeres que corren», que voy a leer ya.

    En junio me apunté a la Carrera de la Mujer, la primera de mi vida, y la terminé, que era lo que quería. Porque señores, yo soy muy lenta y no he salido a mi madre ni a mi hermano, que quedó el octavo (de más de 4000 participantes) en la San Silvestre de Gijón; yo sencillamente concluí dignamente. Pero en realidad, al correr no compito con nadie, solo conmigo. Y aunque empecé por cuestiones estéticas, es decir, para endurecer las carnes, hace tiempo que me di cuenta de que el running (os juro que me cuesta decir esta palabra) me sienta bien. Sí, perdí esos kilos y alguno más y eso se agradece pero además me hace sentir fuerte mentalmente sólo por el hecho de lograr un objetivo. Porque creí que no iba a durar y sigo. Y porque la pereza me puede cuando hace frío pero he conseguido cumplir dos días a la semana y ahora van a ser tres.

    ¿Mi próximo reto? Correr en marzo una 10k, lo que viene siendo una carrera de 10 kilómetros, que no quiero ponerme yo muy técnica ahora. Eso sí, ojo con el suelo pélvico que, oye, justo en eso y según mi matrona, es como si nunca hubiera parido y estoy divina de bajos fondos 😉 pero no es recomendable en según qué estado esté tras embarazos y partos. De todas formas, yo voy a hacer mis averiguaciones porque me dijo la matrona que hay un dispositivo que ayuda a proteger el suelo pélvico en los deportes de impacto. Vamos, que tengo más posts que escribir sobre el deporte relacionado con la maternidad y aquí lo compartiré por si algunas decidís que es un buen momento para empezar a mover el trasero, ¿alguien al otro lado? 😉

  • Abandono de la lactancia materna, ¿falta de información?

    Abandono de la lactancia materna, ¿falta de información?

    El otro día me encontré con este artículo sobre la lactancia materna que leí con mucho interés. Para las que no podáis deteneros a analizar el texto completo, os resumo: El 80% de las españolas da el pecho tras el parto; a las seis semanas, esa cifra desciende al 68%; a los 3 meses, al 52% y más allá de los seis meses, sólo el 36% amamanta. Así que la pregunta obvia es porqué si se supone que es lo mejor para un bebé y lo recomiendan todos los organismos sanitarios. Tras la pregunta, llegan las posibles causas.

    Una de ellas, y la principal, es la falta de asesoramiento durante el embarazo. Este es un punto con el que no estoy de acuerdo y creo que nuestras bisabuelas se reirían si se lo dijéramos. Otra cosa no, pero información tenemos para dar y tomar sobre lactancia materna y hoy, más que nunca, sabemos muchísimo sobre ello. Para mí, por los casos que conozco a mi alrededor y mi propia experiencia, es que la información que nos dan no es real. Te hablan de sus beneficios, de que es gratis, de que es cómodo, de que es lo natural pero las grietas, mastitis y demás problemas se mencionan como si fuera algo infrecuente. Ojo, que ya sabéis que no soy de las que apoyo lo de asustar al personal pero… ¡¡es que es algo muy frecuente!! Y todo eso te pilla en pleno postparto, en el que además de cansada, puede que estés dolorida. Así que no es tanto falta de información como que es incompleta.

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    También se menciona en el artículo que los profesionales sanitarios, en ocasiones, dan información contradictoria. Y eso sí, me lo creo a pies juntillas porque, dependiendo del pediatra, te puede decir que le des fruta al niño a los cuatro o a los seis meses, que sigas con el pecho, que lo dejes porque el niño pesa poco… ¡hay de todo! Sin querer subestimar a los especialistas (que yo para eso me fío mucho de ellos), hay que saber darles la importancia justa. Los bebés son eso, bebés, no robots. Y nadie conoce a un hijo mejor que una madre. Así que no nos agobiemos; si los bebés están sanos, seamos flexibles.  

    Y por supuesto, se recalca la falta de protección de la lactancia materna por parte de instituciones. En este punto, tengo mis recelos. Es obvio que la baja por maternidad de 16 semanas no favorece la lactancia pero es una disposición que no beneficia en general a las familias. Es decir, creo que no es una cuestión de que no se proteja la lactancia sino que no se hace con la maternidad en general (des pecho o no lo des), no se favorece el tener hijos ni se mira por la conciliación.

    Mis comienzos con la lactancia fueron complicados las tres veces; de hecho, sólo en la última ocasión pude solucionar (en parte) mi problema. Aún así, creo que si no hubiera tenido dificultades, mis lactancias no se hubieran alargado en el tiempo. No sé si soy la única pero nunca le encontrado placentero ni grato el amamantar. A mí, embarazos, me pueden dar los que sean pero la lactancia me parece agotadora y tremendamente dura. ¿Cuál fue la causa del final de vuestras lactancias?

  • Algún día seré suegra

    Algún día seré suegra

    En cuanto tus hijos empiezan a ir al cole o guardería, te conviertes en la «madre de». Por ahora, soy sobre todo la mamá de Alfonso, porque esto de que te llamen así va en aumento según tus hijos vayan también sumando años… y amigos. Creo que a todas nos encanta ese papel. Sin embargo, hay otras cosas en la vida para las que una no está preparada. Con tres hijos varones, existe un 99% de probabilidades de que algún día alguien me llame suegra. Si tuviera un sólo descendiente macho, habría muchas opciones de serlo igualmente, pero con tres difícilmente me libraré de ese papel.

    No es que me preocupe ahora el asunto; espero que, como mínimo, me queden 20 años para algo así. Pero la idea no me resulta especialmente atractiva, que soy yo muy de decir lo que pienso. Y no, en la labor de suegra hay que medirse. Yo debería tomar ejemplo de mi madre que, más o menos, es discreta. Pero claro, he salido a mi abuela, que no se cortaba un pelo, fueras conocido o no. Y como tuvo cinco hijas (el único varón falleció joven), pues disfrutó de la suerte de tener yernos que, quieras o no, son más tranquilos y no generan mucho conflicto. Ojo, que yo a mi madre también le digo las cosas pero claro, expresar las cosas a una madre o que ella te las diga a ti no es lo mismo que con la suegra.

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    En esta labor de ser suegra, hay que tener en cuenta varias cosas. A ver, que me voy a meter en camisas de once varas y yo sé que la madre de maridín lee el blog. Aprovecho para decir que yo no tengo queja, ni mucho menos. Pero vamos allá con algunas cosas que hay que ir interiorizando, madres de varones que me estáis leyendo: algún día, nuestros churumbeles dejarán de serlo. No pretendáis que ninguna mujer les cuide como nosotras; yo no le hago un zumo de naranja a mi señor esposo cada mañana, como hacía su santa madre cuando su hijo era ya todo un paisano.

    Tema conflictivo: los nietos. Olvidaos de que los críen como nosotras lo hicimos. Os lo confieso, como me toque una histérica, me va a dar algo, lo estoy viendo. Habrá que contar hasta diez muchas veces porque seguramente, lo más importante, sea no abrir la boca demasiado. Que fijaos que algo tan simple como elegir el nombre de los críos puede dar lugar a mucho estrés. Que si eres de las que les gustan los nombres clásicos, de toda la vida, como Álvaro, Javier o Alfonso, y a la susodicha le da por Justin, la hemos liao. O lo contrario, que tú eres más de Jenni y le planta Macarena. Dale a tu cuerpo alegría. Habrá que tomárselo con humor, ¿o no?, ¿qué?, ¿os hacéis a la idea? ¡Yo tampoco!

  • Cuando se juntan con más niños…

    Cuando se juntan con más niños…

    Si la energía de tus hijos la estimas en una cifra entre el 1 y el 10, ya puedes elevarla al cuadrado en cuanto se juntan con más niños. Y ya ni os cuento cuando se ven de Pascuas a Ramos; es reunirse con otros críos y se ponen como motos. En esto de las matemáticas y los niños, 1+1 no son 2 sino, por lo menos, 3. Y eso lo sabéis cualquiera que tengáis dos o más hijos. Lo que ocurre es que los hermanos, al verse la cara todos los días, tienen momentos de neutralidad y despegue, aunque cuando se quieren o discuten, lo hacen sin medida. Pero suele ser una relación estable, con sus más y sus menos.

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    Por delante teníamos un fin de semana rural con amigos, pasado por agua y con 7 niños.

    Sin embargo, cuando ven a sus primos, a los hijos de tu amigos, a ésos que no ven a diario… se monta la de San Quintín. Es un público poco asiduo a sus payasadas y ocurrencias diarias, que ya no llaman excesivamente la atención de los que les rodean habitualmente, y claro, se crecen con un nuevo auditorio. Porque no hay nada como reírles las gracias. Y luego está la chispa de no verse con asiduidad. Nosotros ya sabemos que las primeras 24 horas de mis hijos con mis sobrinas son para comprarse hasta tapones para los oídos, elevan el tono de voz a niveles que son comparables a los decibelios de una discoteca al lado de casa.

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    Prometo que, aunque Gabriel justo en esta escena esté metido en el cotarro, es el bebé más bueno que conozco, roza la santidad 😉

    Hay que hacerse a la idea. Si te reúnes con tus amigos, con tus primos, con tus hermanos… y cada uno aporta algún churumbel, sabes a lo que atenerte. Y ya comprendes que las comidas con otros niños son sinónimo de levantarse veinte veces de la mesa, que si uno se pone en huelga de hambre, los demás secundan y hay que ponerse firmes, que va a haber guerra por los mismos juguetes, que el juego del escondite es muy divertido hasta que uno se hace daño… Eso sí, el momento en que todos están en la cama es impagable. En cualquier caso, yo me relajo mucho en estas situaciones, son puntuales y no me compensa andar a gritos, para nada. ¿Notáis mucho que se estimulan y se agitan cuando hay más niños?

  • Recomendaciones de noviembre: regalos personalizados

    No hay nada que nos guste más que tener cosas que estén hechas para nosotras o para nuestros niños, con sus fotos, sus dibujos… así que las cuatro propuestas de este mes son para que cada uno haga a su gusto:

    1.Kemono: Lidia es una mamá de un niño de 7 años a la que siempre le gustaron as cosas originales y con personalidad. Cuando su pequeño empezó a escribir y dibujar, encontró la manera de guardar sus dibujos (para que él se sintiera orgulloso) haciendo artículos de todo tipo con sus ilustraciones: pulseras, collares, bolsos, mochilas, cojines y hasta ¡fundas nórdicas! Está convencida de que no hay nada más gratificante, sobre todo para un niño, que ver que lo que hace tiene un sentido para otras personas y se le valora por el trabajo que realiza. En su blog podéis ver todo lo que hace.

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     2. Puzzles personalizados: Los puzzles son un regalo que siempre triunfa en una casa con niños, y si a eso le sumas que puedes hacerlo con las fotos de ellos, ¡para qué quieren más! Para los más pequeños, en regalaunpuzzle los podéis encontrar con un número de piezas reducido. Hay varios modelos, adecuados para distintas edades de niños. Desde rompecabezas de 4 piezas, ideales para bebés de menos de 24 meses, hasta puzzles de 150 piezas, pensados para niños algo más mayores (a partir de 6 años). Y podéis poner el texto que queráis.

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    3. Foto lienzo: mira que yo soy de tener por casa algunas fotos en sus marcos pero las paredes, salvo algunas láminas en la habitación de los mayores, las tengo bastante vacías. La idea del lienzo no se me había ocurrido, porque me parecía demasiado grande, pero me llevé una sorpresa al comprobar que, como des con la foto y los colores adecuados, puede quedar chulísimo. Y para muestra, un botón. Creo que esta imagen en la habitación de Gabriel ha quedado genial.

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    4. Chapas personalizadas: me encanta este accesorio para poner en ciertas prendas, bolsos y, sobre todo, lo uso para identificar las mochilas de los niños. También se regalan mucho en eventos como bodas, bautizos o comuniones. Las chapas suelen ser con la fotografía de los protagonista para regalar a los invitados. También es típico personalizarlas con frases para cumpleaños, Navidad, reuniones familiares…

    Pues espero os sirvan estas recomendaciones para hacer regalos porque enseguida tenemos la Navidad a la vuelta de la esquina. Así que me animaré a enseñaros más cosas de cara a esas fechas. ¡¡Buen fin de semana!!

  • Madres antiguas vs madres modernas

    Las «guerras» entre madres me aburren soberanamente, no encuentro ningún sentido en ellas y, por suerte, cuando tuve a mi primer hijo, no sabía ni que existían ciertos debates acalorados sobre todo lo que rodea al hecho de ser madre. Lo que sí que me enerva un poco es que la gente sea extremista y, en esto de la maternidad, como en casi todo, «haberlas haylas». Parece que algunas se ponen por bandera un tipo de crianza (si es que existen tipos de crianzas, que lo dudo) y oye, como si de una cruzada se tratase, no hay matices que valgan para que las demás tomen otra decisión.

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    Encontrar comentarios como el primero que veis en una página de Facebook demuestra que algunas están más preocupadas por cómo reaccionen los demás para poder montar lío y esgrimir que son víctimas que por el bienestar de sus propios hijos. Menos mal que el segundo comentario pone coherencia. Obviamente, no voy a mencionar en qué página leí esto. No voy a hacerles ese favor. 

    Que nadie me malinterprete pero, ¿desde cuándo es malo usar sillita para el bebé? que sea un invento reciente no quiere decir que sea perjudicial. ¿Y desde cuándo es moderno llevar al crío en un fular? pero si ha sido y es frecuente en muchas culturas. Y así podría hacer muchas preguntas, de las que dicen ser de un bando o de otro. El argumento que utilizan muchas veces algunas madres para justificarse, que no sé porqué lo hacen, es que algo se hizo toda la vida y que la humanidad sigue adelante. Coño, claro, antes no existía la electricidad ni las vacunas y seguimos aquí, pero por el camino hemos ganado mucho. Vamos, a mí que no me quiten la luz en casa y ya ni os cuento con las vacunas, en cuanto nos quieren quitar alguna me pongo de mala leche. Digo esto porque a veces veo cosas que se comparten en redes sociales que de verdad hacen que me cuestione la inteligencia humana.

    Algunas no se han enterado (o no quieren enterarse) de que, en esto de la maternidad, está casi todo inventado desde hace miles de años. Sí, hasta el biberón (no como el actual, claro) se usa desde hace milenios. A ver si resulta que las mastitis son de este siglo. Que digo yo que, si hace 3000 años, una buena mujer moría durante el parto, o tenía una mastitis severa (y ahí sí que no existían los antibióticos ni se pasaba por quirófano), a ese bebé se le daría lo que buenamente se pudiera, y si era la leche de la cabra que tenían a mano, pues la leche de cabra. Y si había nodriza cerca, pues le amamantaba otra señora. No se iba a dejar morir a la criatura. Y aún así, en la Edad Media, antes de la adolescencia, morían el 85% de los niños. Así que, por favor, el argumento de «toda la vida fue así» no es objetivo ni mucho menos científico.

    Tampoco entiendo el razonamiento contrario de «antes no existía». ¿Que tú quieres darle sólidos a tu niño con 6 meses? Pues estupendo, si seguro que es comodísimo y genial para algunos bebés, pero no me digas eso de que la batidora no existía hasta hace poco, que para algo estaba el molinillo o el mortero. Y mira si no es fácil triturar una patata hervida con un simple tenedor. Así que, ni es nuevo triturar comida ni lo es comer sólidos. La alimentación es una cuestión cultural. Como lo es el dormir; en muchos países los niños duermen en la cama de sus padres, no es ni bueno ni malo. Precisamente, uno de esos países es Japón y luego son poco dados a las muestras de cariño entre adultos. En la Grecia antigua dormían separados hombres y mujeres y las casas tenían varias estancias mientras que en cualquier pueblo de ganaderos se compartía alojamiento hasta con las vacas. Son solo algunas muestras de que las cosas se hacían de múltiples formas, al igual que ocurre hoy en día. Vamos, nada nuevo bajo el sol.

    No es nuevo amamantar más allá de año; de hecho, antes era lo habitual aquí y es lo frecuente es muchos sitios. La sociedad ha cambiado y el papel de las mujeres ha dado un giro brutal en las última décadas, es bueno que nuestro papel no se reduzca únicamente a ser madres. Por tanto, tampoco hay nada malo ni raro en destetar a un crío pronto, hoy en día es lo habitual por lo mencionado anteriormente, nuestra labor ya no es sólo parir y criar. Por esa misma razón, ya no es frecuente ver familias con más de 3-4 hijos. Y si yo quiero tener 6 hijos, los tendré (que no es el caso, yo ya cumplí). Pero asumiendo que no es lo habitual hoy en día y que más de uno me miraría por la calle.

    En resumen, no hay nada que se haya inventado hace 10, 20 o 30 años. Bueno, algunas cosillas sí, y por poner un ejemplo, las cámaras de videovigilancia son recientes pero es que antes en la misma casa vivían 10 hermanos, abuelos, suegros… vamos, que los críos estaban bien controlados. Pero en general, todo ha existido (de una u otra manera, las camas de ahora no son como las de antes) en función de la cultura de las épocas o países.

    Si crees que te miran por algo, sigue a lo tuyo. Yo opté por la lactancia mixta porque para mí y, consecuentemente, para mis hijos, era lo mejor. Opté por la cuna porque dormimos mejor todos. Opto por el carrito a diario porque me es más cómodo y opto por el fular para viajar por la misma razón. No hay tipo de crianzas, hay madres. Tus hijos serán tus únicos jueces. Es más, haciendo lo mismo con todos los hermanos, es probable que unos valoren unos aspectos más que otros de tu papel como madre. Así que, no le des más vueltas, no te justifiques, intenta que sean buenas personas. Y empieza dando ejemplo, no critiques, no juzgues. Vive y disfruta de lo mejor que te ha dado la vida. Nada más.

  • Decoración con taburetes

    Recuerdo que de pequeña me fascinaba la cocina de casa de mis abuelos. Era muy grande y, teniendo en cuenta que la casa tenía casi medio siglo, había algo que me parecía muy moderno por entonces: una barra con sus taburetes de cocina. Nos parecía un planazo ir los sábados a comer y sentarnos allí. No me preguntéis porqué pero los niños tienen fijación por los taburetes. Si vas a una cafetería, se encaraman en cuanto ven uno y si es giratorio, ¡para qué quieres más! Por supuesto, si en casa de algún familiar o amigo tienen banquetas, ya sabéis que van a preguntar porqué en vuestra morada no hay una.

    Desde luego, los niños no tienen un pelo de tontos ya que, por lo visto, es el asiento más antiguo que existe. A ellos les gusta esa libertad de movimientos que les da un taburete porque, madre mía, anda que no les gusta levantarse continuamente. También están los taburetes que tienen más funciones, como los que son cerrados y dentro de ellos puedes meter cosas, sobre todo juguetes; me parecen un inventazo. Confieso que, más allá del universo infantil, me gustan mucho para decorar una cocina. Si son altos, suelen ir acompañados de una barra que llaman americana o mesa alta que, estéticamente, queda muy bien. Si lo que te gusta es ser práctico, mejor usas los bajitos,  ya que se ponen debajo de la mesa y no estorban nada.

    En nuestra casa, por ahora, tenemos taburete de almacenaje.

    Ya os digo siempre que no soy una experta en decoración, me gusta algo o no si me entra por los ojos pero es cierto que cada año se llevan unas tendencias en este mundo, como también se llevan en ropa. Y como todo, te encaja o no. Pero desde luego, a mí me parece una opción bonita para decorar una casa. ¿Tenéis en vuestra vivienda?, ¿os gustan?

  • Algunas cosas que debes saber para ahorrar en casa

    Lo reconozco (y no me siento orgullosa de ello), soy una de esas personas que no me voy fijando en si las luces por casa están apagadas cuando no las uso ni me informo lo suficiente sobre la cantidad de cosas que se pueden hacer para ahorrar en el consumo eléctrico de una vivienda. Tampoco soy derrochadora, todo hay que decirlo. No lo soy en ningún aspecto, porque siempre he sabido que las cosas cuestan dinero. Cierto es que, con los gastos que suponen tres niños, voy controlando un poco más los números. Y fijaos en la cantidad de veces que nos dan múltiples consejos sobre qué cosas hay que tener en cuenta para ahorrar y al final hay otras tantas que no sabemos, o al menos yo no sabía:

    Frigorífico: Por ejemplo, no tenía ni idea de la importancia de separar este electrodoméstico de la pared del fondo para permitir la libre circulación del aire y evitar focos de calor. O comprobar el estado de las gomas de cierre de las puertas. Yo, hasta que no se caían, ni me fijaba.

    Lavadora: ¡anda que no ponemos lavadoras en esta casa con tres niños! Si la ropa no está especialmente sucia, tiro de programas más cortos. Por cierto, si vais a adquirir una nueva, es importante que tengáis en cuenta su Calificación Energética. La más eficiente es la A y la menos la G. Esto permite consumir mucha menos energía.

    Cocina: llamadme rara, pero no sabía que las de inducción consumen un 20% menos que las vitrocerámicas.

    No olvidéis aprovechar el calor y apagad el fuego antes de que hayáis terminado de cocinar.

    Horno: Anda que no abro yo la puerta veces para ver cómo va algo, ¡¡error!! Se pierde un 20% de la energía acumulada con su apertura.

    Televisión: Aunque su potencia es pequeña, su uso es muy dilatado en el tiempo, por lo que el consumo eléctrico puede ser importante. Un televisor con piloto de stand- bye encendido puede representar un 15% de su potencia. Basta con conectar a una regleta de enchufes con piloto luminoso para apagarlo totalmente.

    Y no olvidéis fijaros en la factura de la luz, hay veces que descubres que tienes una potencia contratada que no es necesaria o ves que hay partidas que sólo con modificarse pueden hacer que ahorres un montón. Yo de esto me enteré por Luzzona (os recomiendo su web), porque yo no tenía ni idea de muchas de las cosas que pone en las facturas. Muchas veces existen «excesos de potencia» que se facturan al doble del precio establecido, es bueno que sepáis si los contadores eléctricos son reales o estimados. Vamos, que hay que mirar la letra pequeña. ¿Algún consejo más de esos que no sean tan conocidos?

    La factura de la luz ha experimentado en los últimos diez años un incremento superior al 80%, mientras que las rentas han bajado un 8,5%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

  • Llanes en otoño

    Llanes en otoño

    Es probable que Llanes sea, tras Gijón, Oviedo y Avilés, uno de los concejos más conocidos de Asturias. Y seguramente, a más de uno, os suene por tener unas playas (nada menos que 38 arenales) de cine ya que en ellas se han rodado numerosas películas, series, etc… ¡son un verdadero espectáculo! Y aparte del concejo, está la villa de Llanes, que en verano multiplica por cinco su población; así que que os podéis hacer una idea de la cantidad de turistas que nos visitan y de cómo esta aquello en julio y agosto. Por eso, ir al Llanes urbano en esta época, es muy distinto a hacerlo en pleno estío.

    La playa urbana de Llanes, El Sablón. Otra playa que hay en la villa es la de Toró, que es preciosa.

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    Para las que me preguntásteis en Instagram, los jerséis son de una de mis tiendas favoritas, The First Outlet.

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    El casco antiguo de Llanes fue declarado Conjunto Histórico-Artístico Lateral de la impresionante Iglesia de la Magdalena Canal del puerto deportivo de Llanes. Y así seguimos, comiendo al aire libre en noviembre, esto es un gustazo.

    Yo reconozco sentir debilidad por Llanes y soy una enamorada de sus playas, de las que más de una vez os he hablado, aunque aún me quedan unas cuantas por conocer. Visitar Llanes es obligatorio si venís a Asturias aunque sé que me vais a decir que hago recomendaciones continuamente y que necesitarías semanas completas para ir a tantos sitios. Pero oye, que no se diga que yo no doy ideas. ¡Buen comienzo de semana!

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