5 cosas que no me gustan de ser madre

5 cosas que no me gustan de ser madre

A estas alturas, y cuando la que escribe es madre de familia numerosa, ya se puede uno imaginar que no es un post éste para desanimar a nadie con esto de la maternidad. Que si una repite varias veces es porque, al menos, algo divertido o bonito le encuentra al asunto. Pero pasa lo mismo que al que le gusta ir a la playa; que sí, que va feliz pero hay cosas de ir a la playa que algunos días le hacen acabar hasta el gorro. Si es que todo lo que nos gusta tiene sus pegas, por mucho que nos encante. Y la maternidad no podía ser menos. Así que, aquí va mi lista de cosas que no me gustan de ser madre.

Cosas que no me gustan de ser madre

5 cosas que no me gustan de ser madre

  1. No descansas nunca o casi nunca: incluso cuando todos tus hijos duermen 10 horas del tirón, tú ya no vuelves a dormir a pierna suelta como lo hacías cunado no habías tenido churumbeles. Es como si el cerebro no fuese capaz de desconectar. El día que uno de mis hijos se despierta a las 7 de la mañana, me fascina ver cómo mi señor marido es capaz de volverse a dormir. Vamos, yo ya no vuelvo a pegar ojo.
  2. No puedes planificar: con lo organizada que yo era para todo, esto no acabo de llevarlo bien. Ahora casi siempre sé que tiene que haber un plan B. Y si antes llegaba a los sitios antes de la hora prevista, por aquello de ir con calma, ahora me conformo con llegar sencillamente a la hora, eso sí, corriendo. De repente es como si no pudiese controlar el tiempo, cuando antes me daba la vida para todo.
  3. No puedes comer lo que quieras y cuando quieras: ay, señor, ¿dónde se quedaron esas cenas “sin sustancia” en el sofá?, ¿ese poder sacar cualquier cosa de la cocina que te apetecía a media tarde? Pues nada, oye, que como se me ocurra ponerme a comer un dulcecillo a media tarde, vienen las hienas a pedir su ración. Y claro, si además te has propuesto que los niños coman sano, si quieres comer cualquier guarrería, ya puedes esconderte para no dar mal ejemplo.
  4. Sufres, quieras o no: es que, aunque seas del club de madres pachorras y huevonas como yo que no suelen protestar por nada ni preocuparte innecesariamente, la maternidad te hace sufrir. De hecho, a mí me rompió el corazón y nunca, nada, me había dolido tanto como perder a mi hija. Pero sin llegar a ese punto, que gracias a Dios no es lo corriente, el hecho de que tu criatura sufra, que se pongan enfermos, y seguramente hasta cuando les rompan el corazón (para eso me quedan unos años), lleva implícito cierto sufrimiento.
  5. Llegas a tu límite: no hay nada, nada más visceral y más bipolar que la maternidad. Pasas de cero a cien y de cien a cero en cuestión de minutos. Una rabieta o una bronca entre hermanos puede sacar lo peor de ti, casi tanto como un jefe canalla en el trabajo 😉 Así que no, no hay nada que lleve peor que verme fuera de mis casillas.

Y como todo tiene su parte buena y mala, me reservo lo que más me flipa de ser madre para otro post. ¿Qué es lo que menos os gusta de la maternidad?

Ser madre es duro, ¿qué me ha ayudado a no estar al límite?

Ser madre es duro, ¿qué me ha ayudado a no estar al límite?

Hace un par de semanas, la presentadora Tania Llasera contaba en sus redes sociales que había tomado la decisión de buscar ayuda profesional ya que estaba sobrepasada por el cuidado de sus hijos. De repente, se dio cuenta de que había días en que esa labor, que admite también que le hace feliz, estaba acabando con sus energías. Y de alguna forma la entiendo. Ser madre es duro. No he llegado a ese punto nunca pero objetivamente, acabo los veranos medio chalada porque, señoras, 24 horas con los niños dan lugar a una buena ida de olla y, algunas veces, a subir el tono de voz más de lo normal. No pasa nada por admitirlo, por contarlo y por sentirlo. Son niños y sus formas de actuar o de ser en determinados momentos nos frustran, faltaría más. Lo que sí tengo claro es que, si nunca he llegado al límite (aunque seguramente poco me ha faltado), es por varias cosas.

Ser madre es duro, ¿qué tres cosas me han ayudado?

  1. Pasar tiempo en la calle: es una de las cosas que la propia Tania Llasera mencionó en sus redes sociales. Que pasar días enteros en casa con los niños satura. Doy fe y ésa es la razón por la que no se me cae el techo encima. En 7 años de maternidad he pasado muy muy pocos días sin salir de casa. Soy de las que he ido al parque todas las tardes durante años, en todas las estaciones…y leñe, vivo en Asturias. Ahora en vez de estar en el parque, después del cole, nos quedamos allí un rato. Unos días porque entrenan pero, cuando no, es porque se quedan allí jugando con otros niños. Y así, evitas desastres en casa. Y tú estás aireada.
  2. Relacionarse con adultos: Esto parece una soberana idiotez pero cuando no tienes una vía de contacto con otros adultos (la pareja no cuenta), acaba el día y no has hablado de nada que no sean mocos, pañales, colegios, etc… Es bueno, de vez en cuando, despejar la cabeza con otros temas, me da igual si hablas de política que del corte de pelo pero relaciónate con personas también con las que puedas hablar de algo más que de bebés y niños.
  3. Mantener o buscar un hobby: Caemos en el error de dejar de hacer algunas cosas cuando somos madres. Es verdad, al principio es por falta de tiempo pero, poco a poco, nos vamos adaptando al bebé o niño, y sinceramente, toca buscar hueco para ese hobby o afición que antes nos gustaba y que no dejábamos de hacer. Creo que es fundamental para seguir teniendo un poco de conexión con nuestro yo anterior a la maternidad.

A toro pasado, porque reconozco que la maternidad ahora es más llevadera ya que mis hijos cada vez más siendo mas autónomos, creo que esas tres cosas evitaron que no me volviera loca de remate con los tres por casa siendo muy seguidos. ¿Qué os ayuda a vosotras cuando estáis al límite?

Niños y dinero: debemos enseñar el valor de las cosas

Niños y dinero: debemos enseñar el valor de las cosas

Este post surge a raíz de un vídeo que puse en Instagram en el que mis hijos mayores aparecían cada uno con su cartera comprándose unos chicles en el supermercado. Yo bromeaba diciendo que soy “mala madre” por hacerles comprar lo que considero caprichos. El caso es que muchas me preguntasteis desde cuándo lo hacen, si les damos paga, si ahorran… así que voy por partes para intentar contestar a vuestras preguntas. No era un tema previsto ni yo he tenido nunca en mente cómo abordar el tema del dinero con los niños. Lo único que sí quería y quiero es que valoren las cosas en general, y obviamente eso incluye lo material. Y lo material se compra con dinero, eso es así. De manera que, de forma natural, ha ido surgiendo. La forma en que lo estamos haciendo  no es la mejor seguramente, o sí, no lo sé, pero es la que ha surgido. Cada familia tendrá su fórmula para saber cómo getionar la combinación niños y dinero.

Niños y dinero como regalo, no por ahora

Os diré que, en la medida de lo posible, he evitado que les regalasen dinero, por una cuestión de edad, no por otra cosa. He visto que en una ocasión se les regaló y no les hizo ilusión, prefieren un coche o unos cromos que 30 euros, así os lo digo. Así que mientras tengan esa ilusión por un juguete, pues encuentro que es preferible mantenerlo así.  Pero soy plenamente consciente de que en unos años querrán dinero para ahorrar o para comprarse algo directamente ellos. A todos nos pasó. Lo mismo que cuando te caía de regalito una prenda de ropa y ponías cara de póquer porque no te hacía ninguna gracia. Y sin embargo, llegada una edad, precisamente lo que querías era que te regalasen las zapatillas o las botas de moda. Que a mí siempre me caían unas parecidas, nunca las de marca, jajaja…

Paga, ¿sí o no?

Por el momento, tampoco les damos paga, creo que son pequeños; no salen con amigos y no tienen gastos porque todavía siempre están acompañados por nosotros. Normalmente, todos sus caprichos pasan por unos sobres de cromos el fin de semana. Obviamente, como todos los niños, piden de todo, de eso no se cansan, oigan. En los críos, el refrán de que “el que no llora, no mama” es una especie de mantra vital. A lo que iba, que a día de hoy no tienen paga. Creo que cada familia debe saber qué es mejor según su situación familiar y económica.

niños y dinero

Y ahora me diréis, si no les dais paga y no suelen comprar cosas, ¿de dónde sacan el dinero y en qué se lo gastan? Pues os diré que el poco dinero que tienen se lo suele dar mi padre por ayudarles a hacer algún trabajillo. Por ejemplo, después de Navidad, les ofreció una paga a cambio de ayudarle a desmontar el Belén (que ya sabéis que no es pequeño). Son cosas que ellos harían encantados con mi padre pero al hombre le hace ilusión y la idea de que asocien ya que el dinero se suele recibir tras un esfuerzo o trabajo, me parece interesante. Yo aún recuerdo una temporada , creo que tenía como 13 años, en la que en el colegio, me perdía los recreos para ganarme un sueldillo trabajando en el comedor  (poniendo mesas, metiendo platos en lavavajillas, etc…). Así que básicamente, sus escasos ingresos son por esas cosas.

¿Y en qué se lo gastan? Pues ya visteis el otro día, en unos chicles, por ejemplo. Como nosotros normalmente les compramos algún sobre de cromos el fin de semana, si quieren comprarse más, pues lo mismo, de su cartera. Y poco más, es que los mayores tienen 7 y 5 años, no se me ocurre mucho más por el momento en qué pueden gastarlo y por eso no veo necesario que tengan paga. Pero la tendrán llegado el momento, tampoco quiero que sea mucha, de manera que de vez en cuando trabajen un poquito para sacarse un dinero extra. Conmigo lo hicieron así y creo que me fue bien. Con mi marido lo hicieron de otra forma y ha sido más derrochador, cosa que se le ha pasado conmigo al lado 😉

Ventajas de dar paga o dinero:

  1. Les hace aprender qué es y para qué sirve el dinero.
  2. Aprenden a ahorrar
  3. Aprenden matemáticas: la profe de Alfonso ya nos dijo que era bueno que algunas veces pagasen ellos las cosas de poco valor para ir mentalmente haciendo operaciones.

Desventajas de darles dinero o paga:

  1. Que piensen que es nuestra obligación hacerlo.
  2. Que asocien ayudar en casa o sacar buenas notas con dinero.
  3. Que quieran cada vez más.

Y con la tontería, me he marcado un post bastante largo que se resume en que cada uno debe adaptarse a su situación y a la edad de los niños. ¿Cómo lo hacéis vosotras?

Diferencias entre la primera maternidad… y las demás

Diferencias entre la primera maternidad… y las demás

Vengo observando últimamente escenas que permanecían ya completamente anuladas en mi memoria. Oye, ¡qué rápido se olvida todo con esto de la maternidad! De repente te ponen un recién nacido en brazos y piensas, ¿así cogía yo a mis hijos?, ¿con esa ligereza? En fin, que el otro día analizaba una acontecimiento que tenía lugar cerca de mi casa en el que unos padres dejaban a su criatura, seguramente porque se iban a trabajar, con sus abuelos. Y allí estaban, cuatro adultos para hacer semejante operación de descenso del coche e introducción del bebé, de unos 6-9 meses, en la sillita. La madre de la criatura sacándola del coche con sumo cuidado, el padre extrayendo la sillita del maletero, la abuela preocupada evitando que le diese un rayo de sol al bebé, el abuelo simplemente observando… Todo así como muy complejo. Vamos, muy de primerizos 😉

Así que me puse yo a pensar de forma sesuda y profunda en cosas en las que yo ahora objetivamente creo que era un poco exagerada. A ver, exagerada no he sido yo nunca, todo hay que decirlo. Que una ha sido muy dada a la despreocupación en general en todo, y obviamente, la maternidad no se ha quedado al margen en mi forma de ser.  Pero bueno, así, se me ocurren ciertas cosas en las que las cosas cambiaron mucho del primer hijo… a los otros. Y además, creo que esto va aumentando según el número de hijos que tengas.

  1. Ir cargada a la playa como si fuese a dar la vuelta al mundo: sombrilla, toallas, agua, sillita para que el niño duerma la siesta, gorrito para la cabeza, varios bañadores de recambio… En fin, con el tercero, toallas y avituallamiento, poco más…
  2. La bolsa del carrito, llena de «por si acaso»: con el primero llevaba pañales para varios días, toallitas, muselina, peine (ya me diréis para qué si mis hijos eran super calvos), neceser con pomadas, el dalsy, agua, cucharas para las papillas… vamos, un arsenal. Con el tercero llevaba uno o dos pañales, toallitas y, con suerte, había alguna pomada para el culete empezada a saber cuándo… Todo lo demás, si en algún momento puntual era necesario, ya te encargabas de buscarte la vida en el momento.
  3. Tu primer hijo siempre iba limpio: por lo menos salía limpio de casa, pasase lo que pasase. Como el segundo o el tercero se manchen en casa, ni te planteas cambiarle el modelito salvo hecatombe.
  4. Tu primer hijo tenía cosas nuevas: los demás, puntualmente. Porque entre lo que quieres aprovechar del mayor y que luego ya sabes que no merece la pena gastar en muchas cosas en la que tiraste el dinero, a partir del segundo churumbel ya no te molestas en hacer acopio de prácticamente nada…

Diferencias entre la primera maternidad5. A tu primer hijo le sobreestimulabas: que si canto por aquí, que si un cuento, que si lo pongo boca abajo porque dice el pediatra que es bueno para fortalecer el cuello, que si le cojo de las manos para animarle a caminar… Con los otros, en fin, no te preocupes que ya se dará la vuelta solo para ponerse boca abajo, ya se agarrará a algún mueble para empezar a caminar… además, para qué hacer nada si la sobreestimulación ya le viene dado por sus hermanos mayores. El otro día me dijisteis varias en un vídeo de Gabriel chutando un cojín (ya sabéis que los balones están prohibidos en casa) que lo hacía muy bien para su edad. A ver si os creéis que le hemos enseñado o que está apuntado a fútbol. No, queridas, sabe por sus hermanos.

6. Tu primer hijo come más: bueno, a ver, entendedme, cada niño come lo que come, igual que los adultos. Yo me refiero a que al primero le preparáis las comidas con más mimo, puede que coma más variado, compráis más cantidades, no vaya a ser que la criatura pase hambre… Y por supuesto, le dais de comer siempre y puedes pasarte minutos y más minutos hasta que lo come todo la criatura. El tercero, como te diga que no quiere comer algo, directamente no discutes y «ya comerá», te dices a ti misma.

7. A tu primer hijo le vistes y le bañas hasta que le sale barba si te descuidas 😉 Cuando tienes más hijos, te das cuenta de que podría haberlo hecho solo desde hace tiempo mientras que el segundo o tercero ya lo empiezan a hacer pronto.

Como veis, muchas cosas son pura supervivencia para nosotras…y para ellos. La vida es más complicada cuando tienes varios hijos que cuando tenías solo uno. Pero llegas a todo. La diferencia es que con más hijos, aunque todo sea más complicado, tú aprendes a simplificar y todo te parece menos grave 😉

Quad System Quattro Inglesina. SORTEO silla de paseo Quad

Quad System Quattro Inglesina. SORTEO silla de paseo Quad

El pack Quad System Quattro Inglesina es el sistema para paseos ‘‘todoterreno’’ sin sobresaltos, que permite total movilidad en la calle, en casa o en el automóvil sin molestar el descanso ni interrumpir el sueño del bebé. El capazo extragrande está climatizado y dispone del innovador soporte Welcome Pad para ofrecer la mejor protección al recién nacido en los primeros meses de vida. Además, el práctico soporte Standup permite transformar con facilidad el capazo en un elemento idóneo para el descanso del bebé en casa, como si de una mini cuna se tratase. Y te ahorras mover al recién nacido cuando está dormido, ¡es un inventazo!

El QUAD SISTEMA QUATTRO DE INGLESINA INCLUYE:
Capazo extragrande
Welcome Pad y colchón
Portabebé Huggy grupo 0+
Soporte standup
Sillita de paseo reversible
Cubrepiés para sillita de paseo
Portabebidas
Cesta
Chasis

SILLITA DE PASEO REVERSIBLE
Además de amplio y cómodo, el asiento de la sillita de paseo es extremadamente agradable y dispone de sistema de climatización. El chasis amortiguado, con grandes ruedas de poliuretano, está preparado para recorrer los adoquines de los centros históricos o los senderos accidentados de las excursiones rurales garantizando la máxima comodidad del bebé, igual que si estuviera en un sillón.
La silla Quad que vamos a sortear incluye:
1.        Chasis
2.        Sillita de paseo reversible
3.        Burbuja para sillita de paseo
4.        Cubrepiés para sillita de paseo
5.        Portabebidas
6.        Cesta

Trío Quad System Quattro Inglesina
Otros detalles

  • Revestimiento exterior de tejido melange con acolchado de doble capa para ofrecer un mejor aislamiento térmico.
  • Aplicaciones, detalles y acabados de piel sintética a juego con el manillar del chasis.
  • Interior de suave tejido de punto de algodón transpirable, completamente desenfundable y lavable a mano a 30 °C. El fondo del capazo se puede limpiar con un paño húmedo cuando se quita el revestimiento interno.
  • El respaldo puede reclinarse en distintas posiciones mediante un práctico mando y se levanta para que el bebé pueda observar el mundo que le rodea cuando está despierto.
  • Cubierta con doble panel para proteger al bebé del viento y del frío.

Como podéis ver, no le falta detalle, es súper completo, novedoso, seguro y práctico. Ahora os cuento que vamos a sortear del modelo Quad Sistemas Quattro Inglesina. ¡SILLITA DE PASEO QUAD! Esta que veis en la imagen.

Qué hacer para participar en el sorteo de la silla Quad

1. Seguir las cuentas en Facebook de Inglesina y No soy una drama mamá.
2. Compartir de forma pública en Facebook el enlace del sorteo.
3. Dejar un comentario allí (en el enlace de Facebook) poniendo qué es lo que más os gusta de este modelo de Inglesina.

Nada más, así de fácil. El sorteo estará activo desde hoy 1 de marzo de 2018 hasta el día 8 de marzo de 2018 (12 de la noche hora española). Pueden participar todas las personas mayores de edad residentes en España. El sorteo se realizará a través de la web de Sortea2. Dejar más de un comentario no implica participar más veces, sólo se dará por válido un comentario por persona

¡SUERTE A TODOS! 

Qué prohíbo y qué no prohíbo en casa a los niños

Qué prohíbo y qué no prohíbo en casa a los niños

No me considero una madre neurótica, más bien tiendo a lo contrario, a la despreocupación. No soy especialmente ordenada, tampoco maniática. Al criarme con tres hermanos varones, a los que siempre defino como asilvestrados, porque lo eran, mi umbral de locura y desorganización tiende a ser muy alto. De ahí que tenga bastante tolerancia a la anarquía y al caos, por lo que en mi casa hay unas cuantas cosas que paso por alto. Sin embargo, por otras no paso.

Qué prohíbo en casa a los niños

  1. Jugar al balón: ese objeto de deseo está requisado. Según entramos por la puerta de casa, los balones van directos a la parte alta de un armario. Me niego a que jueguen al fútbol en casa. Eso sí, como os podéis imaginar, los peluches a veces hacen esa función. Así que puedo hacerme la loca unos minutos 😉
  2. Comer fuera de la cocina: ya os he dicho que soy muy tolerante con el desorden pero el tema suciedad ya tengo más manías. Y las migas por el suelo no entran dentro de lo agradable, así que de la cocina no se sale con comida.
  3. Comer con las manos: yo sé que esto está muy de moda con el tema del Baby Led Weaning pero aquí con las manos se come lo que toda la vida se comió con ellas: frutas, unas costillas de barbacoa, embutidos, mariscos, helados, bocadillos… pero no, un plato de macarrones o de menestra no se come con las manos en este hogar, ¡qué le vamos a hacer! Mi hijo mayor es que tiende mucho a meter la mano en el plato, de ahí la prohibición.
  4. Pintar con acuarelas: admito todo tipo de elementos para dibujar y pintar pero las acuarelas o témperas no. Que eso de que cada vez que necesiten cambiar de color, tengan que mojar el pincel en un vaso que va acumulando tonalidades… tiemblo pensando en que lo derramen. Porque lo tiran, que los conozco.
  5. Sacar todos los juguetes a la vez: si hay dos o tres juegos o juguetes fuera de sus sitio, ya saben que si quieren seguir sacando, hay que guardar lo de fuera. Que ya sé cómo es el momento recoger cuando se te acumulan las cosas.

Qué no prohíbo en casa a los niños

  1. Saltar en las camas: Seguramente los colchones se estropeen antes si se salta sobre ellos pero, ¡qué demonios!, los colchones duran muchos años y saltar en las camas sólo se hace cuando eres pequeño.
  2. Jugar con plastilina: sé que dejan la superficie donde juegan hecha una porquería pero… es un espacio limitado y se limpia bien así que no me resulta un quebradero de cabeza. En todo caso, lo que más me fastidia es que la guarden mezclada.
  3. Manipular la vajilla: o lo que viene siendo que pongan la mesa o que recojan sus platos cuando terminan. Este es un punto que tenía prohibido cuando sólo tenía un hijo pero después me di cuenta de que todo lo malo que puede pasar es que rompan una pieza de la vajilla así que… ¡de perdidos al río! Esto no es como lo del balón, con le fútbol se pueden cargar hasta la tv, y a eso me niego.
  4. Pintar con rotuladores: sé que en algunas casas está super prohibido pero yo ya he comprobado que, tras un remojón en leche, y pasando por la lavadora, la cosa tiene arreglo. Cierto es que nunca les ha dado por pintar la pared, sino quizás este punto iría en el de las prohibiciones 😉
  5. Comer solos: parece obvio pero, por pura rapidez y comodidad, tendemos a darles la comida a los niños hasta bien mayores. Yo en cuanto he visto un ápice de psicomotricidad en sus manos para coger una cuchara, vamos, les he dejado que lo hicieran. Hasta que tienen un año les he ayudado yo pero como son de buen apetito, enseguida se han encargado ellos de aprender. Y ojo, Gabriel no usó ni baberos a partir del año, ¡un arte tiene!

Como véis, una tiene sus manías pero estoy curada de espanto con mi infancia y mis hermanos. , así que soy una madre bastante llevadera 😉 ¿Y vosotras?

Soy una madre bipolar

Soy una madre bipolar

Bipolar: Que tiene dos polos. Así de sencilla es la definición que da el diccionario. Pero oye, muy gráfica la explicación, lo que viene siendo pasar de un extremo al otro. Porque a veces me pregunto si es normal sentirse así como progenitora, que paso de la euforia y de la «happy life» al mosqueo y al «no puedo más» en cuestión de minutos. Que lo mismo veo a uno de mis churumbeles dormido plácidamente o les veo jugar a los tres pacíficamente y pienso «qué escena más bonita», que de repente tengo a una criatura poseída y me digo hacia mis adentros si alguien del vecindario lo querrá un ratico. Oye, pero ¿cómo es posible que unos pequeños seres sean capaces de sacar lo mejor y lo peor de mi ser en cuestión de segundos?

Como cuando te tumbas a tomar el sol en la playa y te parece la sensación más maravillosa del mundo y tres horas después necesitas salir pitando de la arena porque está de gente hasta arriba o porque tu temperatura corporal alcanza los 100 grados centígrados. Así, tal cual. Una especie de ni contigo ni sin ti. Que te prometes que ya no te llevas a los niños ni una sola vez al supermercado pero tres días después te dices a ti misma que la última vez no fue para tanto. Y repites. Y vuelves al supermercado con las criaturas y sales de allí nuevamente en estado de nerviosismo. Pero da igual, sabes que repetirás en unos días.

Porque así es la maternidad, pasar de un extremo a otro, es como comerte tres donuts que te saben a gloria para después preguntarte quién demonios te mandaría. Que llega el verano y estás deseando que empiecen el cole pero luego se van a casa de los abuelos a pasar una noche y casi los echas de menos. Lo que viene siendo el yin y el yang, dos fuerzas opuestas y complementarias. Cosas de la maternidad.

************************************************************************************************************Este espacio está nominado a mejor blog de Embarazo y Crianza en los Premios Madresfera 2018. Si los posts te han sido útiles, si te han gustado y ayudado, si te han hecho reír o llorar, puedes votar aquí.

Correr después del parto, qué hacer y qué no

Correr después del parto, qué hacer y qué no

El postparto de mi hija fue distinto a los anteriores, en todos los sentidos, como es obvio. Pero hoy no voy a hablar de un post parto sin bebé (quizás algún día). Hoy voy a hablar del tema puramente físico. Y es que, al dar a luz un bebé de algo más un kilo, no tuve ningún desgarro, no hizo falta ningún punto, ni episiotomía, no hubo entuertos, no hubo nada físico que me causase malestar… de hecho, a las 24 horas después de dar a luz me dieron el alta y al día siguiente viajamos los cinco en coche más de 800 kilómetros. Vamos, que físicamente no tuve molestias. Con lo cual, siempre es una situación en la que te ves más capacitada para todo y es fácil que alguien pueda caer en el error de ponerse a darlo todo enseguida en esto del deporte. Por mucho que Georgina, la novia de Cristiano, se ponga a hacer deporte a la semana de parir, os digo que ni se os ocurra, que ni en el mejor de los postpartos puede ser bueno hacer algo así. Y vamos, teniendo en cuenta que el running es un deporte de impacto, lo de correr después del parto debe esperar.

Primero, lo mejor es esperar a que pase la ya famosa «cuarentena». No es que después de cuarenta días estemos como nuevas, pero digamos que es lo mínimo. Yo esperé ese tiempo tras dar a luz a la peque y, tras la revisión ginecológica postparto, me puse las zapatillas. Lo cierto es que he tenido suerte con el tema del suelo pélvico, no he tenido jamás una sola pérdida, ni dolores, ni tengo diástasis abdominal pero aconsejo hacer una revisión o valoración de suelo pélvico, os conté en un post cómo fue la mía. Os lo aconsejo porque, quizás el embarazo y parto os hayan pasado factura y hacer según qué deportes puede empeorar la situación. O aunque no creáis que el suelo pélvico esté afectado, si os ponéis a hacer abdominales, podéis estropear lo que no estropeó el embarazo.

correr después del parto

Correr después del parto: mi experiencia

Pues mirad, hace cinco meses y medio que di a luz. Teniendo en cuenta que durante el embarazo corrí muy por debajo de mi ritmo y que además del parón portparto tuve la operación de cuello de útero, con otra parada de varias semanas, os diré que se tarda un tiempo en volver a conseguir correr en los tiempos que se hacían antes del embarazo. Vamos, que yo conseguí la semana pasada volver a correr al ritmo de antes en cuanto a velocidad. Sin embargo, estoy muy lejos de correr la misma distancia. Me cuesta ahora hacer 7 kilómetros y antes del embarazo corría 12 kilómetros tranquilamente. Se puede tardar hasta un año en volver a estar al nivel previo al embarazo. Así que:

  1. Nada de prisas por volver a correr.
  2. Nada de correr sin una valoración del estado de tu suelo pélvico.
  3. Una vez que corras, yo compensaría un poco el tema del impacto que supone este deporte, con hipopresivos. Aunque sean diez minutos un par de días a la semana.
  4. Si todo va bien, puedes empezar a hacer ejercicios de Kegel a la semana de dar a luz.
  5. Y a partir de la semana de dar a luz, si te encuentras bien, puedes salir a caminar.
  6. Nada de abdominales, la puedes liar porque en el embarazo se da una separación en los músculos del abdomen y requiere un tiempo para que todo vuelva a su sitio.

Así que ya veis, cinco meses después de dar a luz he conseguido correr al mismo ritmo pero estoy lejos de correr la misma distancia, y creo que hasta dentro de unos tres meses no lo lograría. Tampoco lo tengo en mente porque quizás me plantee un embarazo a corto plazo así que salgo a correr para mantener un poco la forma, para desconectar y para seguir con los beneficios del deporte.

Mis hijos no me escuchan: cuando te sientes un lorito de repetición

Mis hijos no me escuchan: cuando te sientes un lorito de repetición

Comienza el día. Tienes que desayunar, ducharte, vestirte y hacer lo mismo con tres niños. Bueno, miento, los niños tienen que desayunar y vestirse ellos solos; si eso, sólo visto al tercero, que acaba de cumplir tres años. En cada paso que dan desde que se levantan, vas detrás como Pepito Grillo diciéndoles lo que tienen que hacer una y otra vez, ¡cómo si no supieran ya la dinámica! Al final, te das cuenta de que no se trata de que no escuchen… si sordos no son. Simplemente, llevan otro ritmo vital y se entretienen con una mosca. Ahí estás tú diciéndoles «venga, tómate la leche», «acaba la tostada», «ponte el uniforme»… decenas de veces. En mi casa, es absolutamente agotador lo del mayor. Para desayunar no suele haber problema, pero es que lo de vestirse es una continua advertencia por mi parte. Así que antes de ponerme a gritar como una loca, que oye, alguna vez ya llego a mi límite y suelto un berrido, si mis hijos no me escuchan opto por:

  1. Fuera distracciones: cualquier juguete que ande por el salón ya les sirve a ellos para olvidar que tienen que vestirse. Y ahora con la hámster que nos trajeron los Reyes, ¡para qué queremos más! Yo he tenido ya que esconder balones y cualquier objeto que sea susceptible de jugar un partido de fútbol, así como los cromos del álbum de la liga. Aún así, lo de los cromos es como una plaga, hay por todas partes y siempre encuentran algunos.
  2. Separación física: no sé vuestros hijos pero tengo la teoría de que cuando tienen público, más hacen el bobo. Así que si veo que uno se crece y los otros azuzan y aquello empieza a parecer un circo, mando al instigador a una habitación a vestirse.
  3. Salir al rellano: lo sé, esto parece de locos pero más de una vez cojo, me pongo el abrigo, abro la puerta de casa y llamo al ascensor. Oye, y algunas veces se agobian porque creen que se quedan en tierra. No es que siempre funcione pero bueno, alguna vez hay suerte.
  4. Diles las cosas poniéndote a su altura: esto es algo que parece una tontería. Además, lo lo que solemos hacer es, mientras tú acabas de arreglarte, les vas dando órdenes sin ni siquiera estar mirando para ellos. Pues error, si tu jefe te dice algo que tienes que hacer mientras pasa caminando a su despacho y ni se dirige a ti, es más probable que antes hagas otras cosas que tienes pendientes. Si tu jefe se acerca, te mira a la cara y te dice «hay que hacer esto», es más probable que te pongas a hacerlo en ese momento y que dejes para más tarde las cosas que ibas a hacer. Así que párate, mira al niño y dile las cosas tranquilamente pero con firmeza.

Así es la vida con niños, un continuo tira y afloja. Un paso del amor a la locura, un sin vivir pero un vivir de verdad, bien intenso. Nadie dijo que fuera fácil. Y es que mis hijos no me escuchan pero ya me encargo yo de que se enteren sin tener que ponerme a dar alaridos.

Propósitos de una madre cuando empieza el año

Propósitos de una madre cuando empieza el año

Cuando empieza un nuevo año, todo ser humano se pone a hacer cálculos y tiene pensamientos varios sobre lo que ha vivido los últimos doce meses y confía en mejorar aspectos para el año que comienza. Esto es así, de toda la vida. Me da igual si los llamamos propósitos, metas o cambios pero todos nos ponemos algún objetivo que queremos o debemos hacer en los siguientes doce meses. A veces es que dices propósitos y alguien te salta con eso de que nadie los cumple, porque muchas veces suena a tópico y a algo que nos va a costar la misma vida. Llámalos A, B o C, pero todos nos ponemos alguna meta en la cabeza.

Propósitos de una madre cuando empieza el año

Aunque he sido capaz en los últimos años de ir cumpliendo ciertas cosillas que no pensaba yo que haría, otras tantas se me siguen resistiendo. Así que voy con la lista de cosas que, antes o después, nos solemos poner como meta las que somos madres. Bueno, algunos propósitos no son sólo para las que somos madres:

  1. Poner al día las fotos de los niños: Un clásico entre los padres en general. O bien pretendes pasar las fotos del móvil al PC y ordenarlas cronológicamente, o bien hacer un álbum. Mi propósito en 2017 era hacer álbumes del primer año de vida de mis hijos pequeños, y cumplí. Y además, hice un foto libro del año 2017 para recordar de alguna manera el embarazo de mi hija.
  2. No comer las sobras de la comida de los niños: o lo que viene siendo cerrar el pico. Este es un propósito recurrente pero suele ser incumplido. Vamos, que el bocadillo que no se acaban mis hijos me lo meriendo yo, y las chuches que les dan en los cumpleaños y que voy guardando, me las acabo zampando yo. No puede ser.
  3. Limpiar el coche: ay, ese lugar que esconde ya todo tipo de objetos, restos de comida y porquerías varias. Los automóviles de las madres son puro caos. Cada vez que empieza el año, digo: este mes sí, toca aspirar un poco las sillas de los niños y los suelos. Pero nada, me tiene que obligar mi marido, o hacerlo él.
  4. Hacer deporte: este es un clásico para todo el mundo, da igual ser madre o no. Pero cuando eres padre, te autoconvences de que, o haces deporte, o la cabeza te explota algunos días. Bueno, eso, y que muchas queremos siempre bajar algún kilo que nos sobra de los embarazos. Que ya sabéis que no soy partidaria de hacer deporte sólo por estética pero yo empecé así y al final es un hábito que ya tengo desde 2016 y que me ha dado muchas cosas buenas.
  5. No gritar a los niños: confieso que éste es un propósito más de verano que de principios de año. Digo verano porque los críos están de vacaciones, pasan más tiempo en casa y están un poco más descontrolados. El propósito de no gritar a los niños logré cumplirlo en verano de 2016. Ojito, que como todo, se necesita de vez en cuando trabajar el asunto, que un día la cosa se te va de las manos y pegas cuatro gritos. Pero bueno, lo importante es que he logrado mucho autocontrol en ese sentido.
  6. No usar el móvil cuando estoy con los niños: aquí suspendo pero bien. Como trabajo en casa y tengo redes sociales muy activas, unidas al blog, a colaboraciones, etc… me resulta super complicado despegarme del móvil. Aquí dejo constancia de que lo voy a intentar. Y creo que es algo que muchas madres nos proponemos.
  7. Leer un libro al mes: a algunas les parecerá poco, a otras mucho. Yo no lo sé, pero desde que soy madre, leo muy pocos libros. Y creo que es un denominador común entre las que tenemos hijos, que como descansamos poco, caemos fulminadas en la cama por la noche o solo apetece ver algo de televisión. Por eso, cuando empieza el año, suele ser habitual que las madres nos propongamos la lectura. Queda apuntado para 2018.

Y como propósitos personales, como madre que 2017 le dio un tremendo vuelco a su vida, aspiro en 2018 a volver a ilusionarme, a poder sonreír como lo hacía antes y a perder el miedo que ahora me acompaña. Bueno, y vosotras, ¿qué más añadiríais a la lista de propósitos de madre?

Juguetes para niños de 1 a 9 años: los más amortizados

Juguetes para niños de 1 a 9 años: los más amortizados

Quizás esteis un poco perdidas en estas fechas sobre qué regalos pueden ser los más apropiados para que los Reyes Magos dejen a los niños debajo del árbol de Navidad en la noche del 5 de enero. Antes de nada, me gustaría deciros que cada niño es distinto y que obviamente tiene sus propios gustos. Por tanto, yo me centro en el post de hoy en los juguetes o entretenimientos que, a lo largo de estos años, he visto que han tenido más éxito en casa. Juguetes estrella para niños de 1 a 9 años que han triunfado con mis hijos. Unos más que otros, unos que gustaron más a un niño que a otro, pero desde luego, los más amortizados:

1. Construcciones: Los juegos de construcciones, los más básicos, entraron en mi casa cuando el mayor tenía algo más de un año, y aquí siguen. No es lo que ahora más les gusta pero es un recurso que sirve a menudo.  Cuando son más mayores, la opción que más les suele atraer es la de los Lego. 

2. Juguetes musicales y con luces: hasta los dos o tres años, es un tipo de juguete que les suele hacer mucha gracia. Os recomiendo apilables o aquellos que puedan ellos mismos ir tocando botones, ventanitas, etc…

3. Libros de buscar personajes: si hay libros que tuvieron éxito en mi casa son Los libros de las Estaciones, de Rotraut Susanne Berner . En serio, tanto éxito tuvieron que pasamos de tener uno a tener los cuatro de la colección. Son varios los personajes que hay que buscar y ya desde pequeños les han encantado. Más tarde, entraron por primera vez los famosos «Dónde está Wally». Y también les gustaron.

 

4. Playmobil: en esta casa, especialmente los de castillos y fortalezas. Pero vamos, que han pasado por otros más pequeños y básicos y lo bueno es que hay para todos los gustos, edades… Entiendo que en esta línea de muñecos pequeños hay otras opciones como los Sylvanian. Yo era una loca de los Pin y Pon, pero la estética actual no me convence nada, jaja…

 

5. Con ruedas:  las motos y bicis han sido de lo más exitoso. Con la suerte de que es un regalo que dura años y que pueden ir heredando entre hermanos e incluso amigos o primos. De hecho, las motos son indestructibles, jaja… Aquí podemos incluir también carritos de limpieza y de paseo de muñecos, que algunos han entrado en esta casa y les ha hecho gracia en alguna etapa.

Juguetes estrella para niños de 1 a 8 años 

6. Juegos con pelotas o balones: en mi casa, dales un balón y te montan un partido de fútbol en dos segundos. Es más, como servidora esconde los balones para que no jueguen dentro de casa, ya se encargan ellos de encontrar algo que haga las veces de pelota. De cualquier forma, en este apartado incluiría todo tipo de esferas, desde bolas con luces y sonidos cuando son bebés, que les fascina, hasta juegos en los que tienen que meter bolas en un agujero o hacerlas rodar por algún circuito. Hay múltiples opciones.Y si queréis saber todas las opciones que hay para niños futboleros, que no son sólo juguetes, sino cosas que a mis hijos les hacen ilusión, aquí tenéis un post específico sobre regalos relacionados con el fútbol.

Juegos de mesa: a mí siempre me parecen un buen recurso para entretenerse. Es verdad que no pasamos mucho tiempo en casa pero tenerlos viene bien para llevar a casas rurales, usar en días de lluvia… Desde clásicos como La Oca o el Parchís, hasta uno que os enseñé en Instagram hace un año que se llama Talent Cards y sirve para iniciar conversaciones con los niños. Luego están también otros clásicos como Tabú, Monopoly…

Como es lógico, podría deciros una decena más de juegos o juguetes que les gustan más o menos. Porque a los niños, no hay nada que les guste más que jugar. Así que otras opciones que nos gustan son: puzzles, coches (y alfombras para coches), juegos de plastilina de Play Doh, rotuladores y colores para dibujar… Como véis, múltiples opciones. Como todo, depende del gusto del niño. Espero que os sirva.

Adiós 2017, el año que pudo serlo todo… y se convirtió en nada

Adiós 2017, el año que pudo serlo todo… y se convirtió en nada

Pudo ser el año más bonito de mi vida. Durante meses lo fue. En febrero vi una vez más un positivo en un test de embarazo que me llenaba nuevamente de alegría e ilusión. Mi blog crecía y era finalista en unos premios. Luego llegó la propuesta de escribir un libro. Después la noticia de que el bebé que venía era ¡una niña! Y todo iba bien, y estaba sana. Creía que ya no podía pedir nada más a la vida. Y es que ni se me ocurría pedir nada más, que todo siguiese como estaba, tal y como iba. Creía que 2017 era el año de mi vida. Y lo fue… hasta que mi sueño se truncó. Bueno, no se truncó mi sueño, se truncó una vida y a mí se me rompió el corazón. Porque yo no soñaba con tener una niña, yo la tenía ya. Desde entonces, yo ya no he vuelto a ser la que era, ni lo volveré a ser. A veces, aún creo que no pude pasar por todo lo que pasé. Pero sí, ese recuerdo ya es para siempre. Dolerá cada vez menos, pero está y estará ahí siempre.

Qué he aprendido este año que no me hubiera gustado saber

  1. Que el dolor de una madre no lo siente nadie más: nadie, ni padre, ni hermanos, ni abuelos… El dolor desgarrador por la pérdida de un hijo, por más que una lo pueda llegar a imaginar, no lo puede entender nadie más que ella. Y ahora sé lo que debió sentir mi abuela materna cuando perdió a su único hijo varón. Sé lo que sintió mi abuela paterna cuando perdió una niña, de la que aún habla, en el quinto mes de embarazo.
  2. Que no podemos dar nada por sentado: nada, ni la salud ni el trabajo ni nada. Un segundo puede cambiarte la vida. Lo viví al escuchar «no hay latido». Mi vida pasó de ser maravillosa a no tener sentido. Y lo he visto en otras historias este año. De repente, he comprendido que lo que tenemos hoy, no necesariamente lo tendremos mañana. No se trata de vivir con miedo a perder algo sino de vivir sabiendo que lo único que tenemos es el ahora… el mañana, ya se verá. Vamos, que he aprendido que no debo planificar mi vida.
  3. Que no todo depende de nosotros: He sido toda mi vida una currante, y creo que cada cosa que he conseguido ha sido tras mucho esfuerzo. He pasado, como todo el mundo, por mejores y peores rachas pero iba solventando los problemas a base de fuerza y ganas. Y daba por hecho que mientras siguiera esforzándome, nada se estropearía. Pero no, la vida no depende sólo de lo que uno haga. La suerte, buena y mala, también existen. Yo he escuchado este año demasiadas veces que he tenido mala suerte.
  4. Que no siempre tenemos lo que merecemos: algunas cosas no se las merece nadie, y perder un bebé es una de ellas. Uno puede merecer tener problemas de salud si come mal, fuma, bebe y es sedentario. Pero supongo que no se lo merece quien decide cuidar su alimentación, quien decide hacer deporte y no fumar ni beber. Pero por desgracia, todos conocemos personas enfermas que no hicieron nada malo para estar así. No, señores, cuidarme no le libró a mi hija de morir. Por eso, no siempre tenemos lo que merecemos ni siempre merecemos lo que tenemos.
  5. Que la vida es muy frágil: yo ya sabía que a veces las cosas malas llegaban; lo he visto desde que era niña, he visto muertes antes de tiempo, he visto dolor… pero os prometo que sentía que había muchas cosas evitables. Y no, hay cosas que no lo son, hay cosas que no están en nuestras manos, ni en las mías, ni en las de un médico. Hay cosas que se nos escapan.
  6. Que en la vida también podemos sentir miedo: y eso no nos hace más vulnerables. Tener miedo al sufrimiento y al dolor es humano. Yo creía que ya no tenía miedo a casi nada pero no es verdad. Lo que ocurre es que vivimos pensando que algunas cosas no nos tocarán a nosotros. Pero si nos tocan, es normal tener miedo.
  7. Que el amor todo lo puede: nunca, jamás hubiera creído que podría echar de menos a alguien a quien solo vi unos minutos, a alguien con quien nunca tuve una conversación, alguien que no pudo mirarme a los ojos ni siquiera unos segundos. Pues os diré que no sólo se echa de menos sino que a veces hasta te falta el aire sin esa persona. El amor de verdad todo lo puede, traspasa el tiempo y el espacio. La pregunta no es para qué estoy aquí sino para quiénes estoy aquí. Ayer vimos la película Coco y uno de sus mensajes más bonitos es que la existencia de los que se han ido depende de que los recuerdos de los que seguimos viviendo. Me hubiera gustado seguir creyendo en el amor romántico, no en el que va más allá de la vida.

No quiero que éste sea un post pesimista; nunca lo he sido, no quiero serlo y trato de recuperar la persona que era, sólo en parte, porque ya nada es ni será igual. Sólo trato de que seamos realistas, de que sepamos que las cosas no tienen porqué ir bien siempre. Que los dramas de verdad llegan solos. Que hay que relativizar y dejar de quejarse por cosas que de verdad no tienen importancia.

Que a veces, en esta vida, nos toca perder.

En cualquier caso, y aunque creáis que este año ha sido un gran aprendizaje, os confieso que ojalá yo siguiera viviendo con esa inocencia con la que viví hasta entonces. Consciente de cuáles eran los verdaderos problemas pero sin conocer ciertas realidades. Os confieso que viviría más feliz con mi niña en brazos y sin haber tenido que aprender todo esto de la forma en que lo he hecho.

Y como le digo cada día a ella y ya pudisteis leer en una carta que le dediqué: la quiero y la querré siempre. Solo espero que 2018 se porte mejor conmigo. Feliz Año.