Metido en todos los fregaos

Ayer tuvimos reunión o tutoría (como seguimos llamándolo algunos) con la profe de Alfonso; ya sabéis, fundamentalmente para comentar cómo van los avances de la criatura. Bueno, y ya de paso, para que nos pusiese al día de todas sus trastadas, que no son pocas. De verdad que, con lo bueno que siempre ha sido, le está empezando a salir una vena gamberra que le hace estar en todos los jaleos posibles.

Aunque no sé porqué me sorprende teniendo en cuenta que mis hermanos eran auténticos “terroristas”. Cada vez que pasaba algo en el cole, en la piscina, en la urbanización… la frase que tenía que escuchar era la de “eso lo hicieron los Osorio”. Y claro, ahora no me debería extrañar que mi hijo esté metido en todos los saraos, especialmente los que ocurren en el baño del colegio, se ve que ese momento es muy productivo.

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Mis hermanos mellizos se ganaron el mote de Zipi y Zape, porque además daba la casualidad que uno era rubio y el otro moreno.

El caso es que Alfonso llegó el otro día del cole preocupado porque le habían castigado sin hacer gimnasia. Y eso duele, claro, porque está esperando como agua de mayo ponerse el chándal para ir al cole. ¿Y por qué te castigaron, Alfonso?, le pregunté delante de su padre, que estaba detrás partido de la risa y ya se sabía la historia. Porque entré en el baño de las chicas a asustarlas, me dice el cabrito. ¿Y yo qué puedo decir ante eso?, me entendéis, ¿verdad?

Parece que el momento de ir al baño le motiva especialmente, así que ayer la profe nos contó otra de sus aventuras: el trío Calavera (no os vayáis a pensar que actúa sólo) se dedicó a atascar el váter con papel higiénico. Sí, siempre son los mismos los que la lían, casualidades de la vida que los tres nacieron en octubre. Y yo me pregunto, pero si está todo el día hablando de Paquito, que debe ser lo más parecido a un santo, ¿por qué luego no se queda pegadito a él en vez de meterse en todos los fregaos? En fin, menos mal que la profe nos dice que le encantan los niños con su punto gamberro. Y aparte de eso, lo tenemos en plan rebelde sin causa. La que me espera, Dios mío.

Biberón, ¿solo para bebés?

Hace una semana, mi hijo Alfonso nos pidió, después de la cena, un biberón en lugar de su habitual taza de leche con cereales. Como estaba agotado, nos pareció muy normal y accedimos. Desde entonces, nos lo pide cada noche. Sinceramente, a mí no me parece un problema alargar lo del bibe, pero bueno, como ya llevaba más de medio año sin tomarlo por las noches, le he convencido para que beba la leche en su tacita de Mickey Mouse.

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Lo de tomar bibe a los tres años no me preocupa nada, es más, Alfonso aún lo toma en el desayuno y creo que disfruta ese momento, al igual que su padre, que se lo da cada mañana. Llamadme lo que queráis pero es que ni siquiera me he planteado cuándo debe abandonarlo definitivamente. La última vez que fue a revisión al pediatra fue al cumplir dos años y no comentó nada al respecto, por lo que no me preocupé de ese asunto. Sólo intento que coman sano, si empiezan a usar el tenedor antes o después me parece secundario y, en ningún caso, determinante. Es más, Rafa hace tiempo que sabe perfectamente pinchar comida con el tenedor y llevárselo a la boca sin que yo le haya enseñado, simplemente lo ven y copian.

El caso es que a raíz de la petición del niño de biberón, busqué información. Y realmente me sorprendió encontrar artículos de algún que otro pediatra recomendando que abandonen ese hábito al año justificándolo en factores como estos:

1.Olvidarse del biberón es un signo de que empiezan a ser mayores y más autónomos.  Yo personalmente no tengo ninguna prisa en que sean mayores, no entiendo esta manía últimamente de querer acelerar todos los procesos de la infancia, de pretender que coman solos, que tomen lo mismo que los adultos. ¡Pero si los niños son tremendamente dependientes de quienes les cuidamos!

2.Usarlo durante mucho tiempo fomenta en muchos casos la aparición temprana de caries  ya que los dientes se deterioran al exponerse a líquidos durante períodos largos de tiempo. Mi pregunta es la siguiente: ¿cuánto tiempo  tardan vuestros niños de uno, dos o tres años en tomarse un bibe? Porque en mi casa se lo toman en dos minutos. Así que entiendo que lo perjudicial es el tipo de líquido, no el soporte cuando se usa únicamente para lo que es.

3.Advierten que algunos niños que continúan con el hábito del biberón una vez cumplido el año y medio pueden padecer deficiencias en su alimentación porque podrían recibir mucha más cantidad de leche al día de la que necesitan, por lo que ya no tienen hambre a la hora de comer alimentos sólidos. Hombre, pues para algo estamos los padres, si fuera por mi hijo merendaría todos los días galletas. Y como queremos que coman sano y bien, les damos primero el sólido en la cena y después la leche en taza o bibe.

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4. El desarrollo del habla puede frenarse o ir más lento de lo habitual, ya que es complicado conseguir hablar teniendo la tetina del biberón o el chupete en la boca. Y yo me pregunto, ¿alguno de vuestros hijos sale de casa con el bibe puesto? Insisto, los míos usan el bibe para lo que es, para tomar su leche, y nada más.  Bueno, vale, de vez en cuando Rafa lo hace rodar por el suelo. El chupete ya es otra cosa que hay que controlar más cuando pasan horas usándolo. Por surte, a mis hijos nunca les ha gustado mucho y no he tenido que pasar por el trance de quitárselo, ha sido espontáneo.

Pues eso, que yo creo que este tipo de argumentos generan alarma y mucha confusión. Una cosa es que los niños tengan un vicio y otra es que les guste algo y quieran alargarlo en el tiempo. Que nadie se preocupe, que tarde o temprano, dejarán el bibe. Pero por le momento, ellos disfrutan de esos minutos en los que se juntan comida y estar en brazos de los papás. ¿Qué opináis vosotras?, ¿hay prisa en quitarles el bibe o no?

 

Madre al borde de un ataque de nervios

Este fin de semana teníamos en mente seguir con nuestras ya habituales jornadas lúdico-gastronómicas por Asturias. Pero ya se sabe, a veces los planes varían y en esta ocasión los churumbeles no tuvieron nada que ver. El viernes me pidieron en la tele si podía trabajar al día siguiente y, por supuesto, yo siempre estoy dispuesta; teníamos hora de inicio pero no de fin así que, conociendo el medio, descarté comer con los pequeñajos.

Ya de paso os cuento que el sábado tenía un ensayo con mis compañeros del nuevo programa que comienza hoy en TPA. Así que, a partir de ahora, no estaré en Conexión Asturias sino en De hoy no pasa. Seguiré yendo los viernes a hablar de planes para el fin de semana, pero para todos los públicos, no sólo para peques.

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El muñeco forma parte de una sorpresa a un invitado esta tarde ya que acudiré al primer programa.

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Con Ana Blanco y José Ángel Leiras en el ensayo.

Como ya preveía, llegué a mi casa a las cuatro de la tarde, cuando mi señor marido ya estaba descansado y a mi hijo Rafa le quedaba poco de siesta. Así que enlacé trabajo y niños sin un rato de sillón. Y el plan de tarde no pudo ser más agotador: ir de tiendas. Ni se os ocurra hacerlo con niños. De vez en cuando, en mis paseos mañaneros con Rafa, entramos a alguna tienda y es como si le poseyese en mismísimo demonio. Paras la sillita y venga a protestar y hacer fuerza para salir de ella. Y cuando le sacas y te pones a mirar un trapito, te das la vuelta y te lo encuentras vaciando la estantería de los zapatos.

Si a eso le sumas niño mayor al que acabas de despertar porque se quedó dormido en el coche, tienes: churumbel que no quiere estar en la silla más niño malhumorado que sólo quiere inflarse a bollos. Y además, un marido que, de repente entra en una tienda. Yo me quedo con las dos criaturas,  el malhumorado quiere otro bollo y llora desconsoladamente. Hago amago de abandonarle en plena calle como siga con el numerito. Vuelve maridín y, por aquello de que el niño está cansado, accede a darle otro bollo mientras yo insisto en que el niño después no cenará. ¡Menos mal que entre semana estoy yo al mando!

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Un momento de tregua en la calle Corrida, que es peatonal y te deja relajarte un poco.

Eso, más una cola de narices en la que se pone mi consorte con el niño mayor, mientras yo espero en la calle con el pequeño, que ha visualizado un perro atado a una farola justo al lado de la carretera. El pobre perro tenía pinta de buenazo pero era más grande que mi hijo. Y el niño empeñado o más bien emperrado en tocar al animal.

No, sencillamente ir de tiendas no es un plan para hacer con niños. Y eso que ya os digo que desde que son pequeños, en mis paseos, además de recorrer doscientas veces el paseo de la playa de San Lorenzo, han entrado en muchas tiendas. Pero señores, cuando empiezan a andar, o estás con la silla en continuo movimiento o se encargan ellos de poner en movimiento lo que haga falta.

Jugar en casa

Una lectora del blog me preguntó hace unos días qué hago para entretener a los peques en casa. Hoy os haré una confesión: es de las cosas más difíciles, por eso vamos al parque prácticamente todos los días. Muchas pensaréis que con dos niños es más sencillo ya que juegan y se entretienen entre ellos. Ya os adelanto que eso depende de la edad de los pequeños. Vamos a ver, ¿qué hace un bebé de catorce meses si ve unos bloques de construcción apilados? Efectivamente, tirarlos abajo. ¿A que ahora me habéis entendido?

Alfonso está en edad de construir, pintar, montar, apilar… sin embargo, a Rafa le pasa lo contrario, le gusta romper, destruir, quitar, sacar, lanzar… Y así es imposible hacer nada juntos que no sea correr por el pasillo, saltar en la cama o bailar, que también es divertido pero para un rato. El invierno pasado no teníamos ese problema porque Rafa era un bebé de meses que estaba tan feliz en su hamaquita y no estorbaba los movimientos de Alfonso.

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Así estaba controlado pero en cuanto empezó a gatear se acabó la paz.

Seguramente, dentro de un año, tampoco tendré ese problema porque Rafa empezará a comprender las normas del juego. Pero mientras tanto, ahí estoy, aguantando estoicamente los cabreos de ambos, uno porque  el otro no le deja coger sus juguetes, y el otro porque cada vez que monta algo de más de diez centímetros de altura es destruido por la bolina.

¿Con qué logro entretenerles un rato? Los bloques de construcción son la mejor inversión del mundo. Os diría que a partir de dos años son maravillosos, pero me he dado cuenta que a Rafa también le hacen gracia y alguna vez consigue montar una pieza sobre otra. Seguro que eso les ayuda a mejorar la psicomotricidad, que está muy de moda todo eso últimamente 😉 Dibujar siempre es otra cosa a la que podéis recurrir, bien sobre papel o en pizarras, que les encantan. Para Alfonso sigue siendo complicado porque Rafa ataca rápidamente.

Los cubos también son geniales a partir de un año. Teníamos unos de cartón numerados que Alfonso usó un montón el invierno pasado. Estos de la foto se los trajeron los Reyes a Rafa y está feliz, porque además meten bolas que bajan a través de los cubos apilados. ¡Todo un acierto!

A partir de los dos años, los puzles (muy sencillitos) les encantan aunque los acabaréis montando vosotras, eso seguro. Ahora también es inviable en mi salón porque Rafa siente atracción por las piezas, sobre todo si empiezas a unirlas, pero el invierno pasado Alfonso y yo nos pasábamos horas con el “putes”, como él los llamaba.

Estas Navidades descubrí estas piezas de colores de espuma que sirven para hacer figuritas. Son, más o menos, para usar a partir del año. Con los peques hay que tener cuidado, mi sobrina de cinco meses se metió una a la boca para chupar y le quedó toda la lengua azul, aunque no es tóxico si no colorante alimenticio.

Podéis intentar ser originales pero no sé cómo acabará la historia. Hace unos días se me ocurrió sacar mis cromos de cuando era pequeña y le expliqué a Alfonso que cada uno tenía que poner en el suelo un cromo boca abajo y después dar con la palma de la mano para intentar darles la vuelta. ¡Madre mía, la que me montó cuando gané uno de los cromos que él había puesto! Así que nunca sabes.

Si, aún los conservo. Algún día os escribiré sobre cosas que aún tengo de mi infancia.

Y por supuesto siempre están las manualidades, hay mil cosas que se pueden hacer con plastilina, botellas de agua, pinturas, papel… pero yo ahora con Rafa también estoy muy limitada para esas cosas aunque alguna vez me lío la manta a la cabeza.

Aprovechando el taller que tiene mi padre en el garaje de casa…

Me puse a dibujar un dinosaurio sobre el típico trozo como de espuma que viene para embalar muchas cosas.

Y con un aparto que andaba por allí cuyo nombre desconozco, empecé a cortar… Si alguna está interesada en más datos sobre el proceso, mi padre me saca de dudas y hago un post.

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Así quedó nuestro dinosaurio.  

Y el muñeco, que enseguida perdió una pierna.

Creo que el invierno que viene estaré un poco más liberada y agradeceré tener dos niños seguidos. Por ahora, Alfonso está ejercitando su paciencia y Rafa su bravura. Y yo un poco de las dos cosas. Y vosotras, ¿qué hacéis con los peques en casa?

Un paraíso para los niños

El plan de este sábado estaba «cantado»; frío, viento y nubes amenazantes en el horizonte, por un lado, y penúltimo día en Asturias estas Navidades, por otro lado. Pues eso, que teníamos que ir a Mercaplana sí o sí y ¡menudo acierto! El año pasado no estuvimos, y el anterior Alfonso tenía 14 meses, así que no se enteraba de mucho y además podía hacer pocas cositas.

Pero sí, este año por fin ha descubierto que el paraíso debe ser lo más parecido a Mercaplana. Y como él, todos los niños que estaban por allí, que no eran pocos. Una cosa que hay que tener clara cuando uno va a este tipo de sitios es que, como le cojan gusto a una atracción o actividad, te puedes «tirar» la tarde entera sin moverte del sitio.

Ovejas, cabras, burrito, cerditos, vaca…

Una de las cosas que más le gustó fue la granja, donde podía tocar a los animales. La lluvia nos impidió estar allí más de cinco minutos pero aún nos quedaba mucho por hacer…

Otra de las cosas que hay que tener en cuenta si vas con dos niños es que son necesarios dos adultos. Primero, porque en dos segundos te despistas y has perdido a alguno de los niños, que fue lo que les pasó a unos conocidos que nos encontramos, y eso que sólo estaban al tanto de un niño. Y segundo, que es probable que uno de los críos quiera subirse en el tren y el otro quiera ir al castillo hinchable. Y es que, dependiendo de las edades, tienen una u otras preferencias.

Como es obvio, Alfonso se decantó por el tema de dar saltos»…

Y Rafa estuvo en la «bebéteca», donde también había un pequeño castillo hinchable. Hicimos el intento de meterle allí pero creo que, como había niños de dos años saltando, se sintió algo inestable 😉

Una cosa a la que yo no esperaba sacarle ningún partido fue a la mini-disco. Estaréis pensando que Alfonso se puso bailón, ¡pues no! Alfonso lo que encontró fue un hinchable con tobogán incluido y de ahí no había quién lo moviera. Así que yo me senté en el suelo con Rafa sin saber que iba a empezar el espectáculo justo delante de nuestras narices.

De repente, sale una animadora y empiezan a poner música. Como veis, la escena empieza con una decena de niños.

Rafa se levanta y empieza merodear por ahí. Mientras tanto, los padres se dedican a hacer fotos a sus niños, que cada vez son más.

La escena concluye con todo el barullo que veis detrás, del que tengo que sacar a Rafa. La animadora les dice a los niños que saquen a bailar a su padres y allí que salen todos a hacer la coreografía de «soy una taza, una tetera»… No os avergoncéis si sabéis el baile y la letra, allí nos lo sabíamos todos.

En realidad, los padres volvieron a su sitio cuando acabó esa canción pero oye, pusieron a Paulina Rubio y ahí que me puse yo con Rafa a darlo todo, que tengo un mono de baile que no os imagináis. Y bueno, que Rafa al final se convirtió en un danzarín más; verlos bailar a esa edad en la que todavía caminan como patitos se convierte en una atracción. Así que, tengo que confesar, que me lo pasé pipa. Eso sí, cuando llagamos a casa y Alfonso me preguntó ¿jugamos? casi me da un mal… ¿Son o no agotadores estos enanos?

¿Crisis de los tres años?

Estoy atravesando una crisis en mi relación con Alfonso. Nuestro idilio comenzó hace casi tres años; para mí fue un flechazo mientras para él, yo era sólo pura necesidad. Con el tiempo me fui enamorando más y más de él, y sé que él, además de necesitarme, empezó a quererme.

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Desde que le vi por primera vez, no pude dejar de quererle.

Pasamos mucho tiempo juntos, desde que empezamos apenas nos hemos separado. Sólo cuando comenzó la guardería con dos años, nos distanciábamos unas horas al día. Y ni siquiera eso hizo tambalear nuestra relación, se lanzaba a mis brazos cuando nos reencontrábamos cada día.

Tampoco la llegada de Rafa hizo cambiar nuestro idilio, en este caso tres no eran multitud y él lo entendió así, por lo que comenzó a querer y a cuidar al nuevo miembro del ahora trío. Nada parecía entorpecer nuestro amor y siempre fue un niño feliz, alegre, sociable, divertido…

relación madre hijoHace un mes, nada hacía presagiar nuestro distanciamiento. 

Sin embargo, las cosas cambiaron hace tres semanas coincidiendo con el comienzo del colegio. Ahí comenzó nuestra crisis, de repente se distanció de mí y despertó su rebeldía. En algunos momentos perdí los nervios, no estaba acostumbrada a oír el NO todo el día. Creí que sería cuestión de días volver a la normalidad y que se trataba de un problema sólo conmigo por llevarle al cole. Pero no, su profe nos dice que se no se porta bien.

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No se le ve entusiasmado con esto del colegio, ¡pues no le queda nada!

Hablo con él y hace que no me escucha, se le ve más serio y me reta varias veces al día. Quizás sea una forma de llamar la atención por algo pero ¿por qué? Ya me gustaría saberlo. Si alguna de las que me está leyendo ha pasado por esto y al final sólo se ha quedado en una mala época, me encantará que me lo cuente. Si la cosa ha ido más, espero que se lo reserve. Cruzo los dedos para que sea pasajero.

Por cierto, si vivís en Asturias o vais a visitar esta tierra, no dejéis de participar en nuestro sorteo de entradas para el Jardín Botánico, es un sitio genial para los peques. Y esta tarde estaré en TPA en directo, ya os contaré qué tal lo de ponerme de nuevo delante de los focos. ¡Buen fin de semana!

Decorar la comida, ¡una tortuga en mi plato!

Como os conté hace un par de semanas, tengo la intención de variar un poco los contenidos del blog, aunque siempre pensando en los peques, así que vuelvo a incluir una receta. En realidad, más que una receta, es una forma de decorar una comida muy veraniega para que a los peques les «entre» por los ojos y les apetezca comerse todo el plato.

La ensaladilla rusa es una de mis comidas favoritas en verano, además es fácil de hacer. Como curiosidad, os cuento que fue inventada en 1860 por Lucien Olivier, chef de uno de los restaurantes más conocidos de Moscú, el Hermitage, que hizo de este plato su seña de identidad. Y después de esta aportación «histórica», vamos al meollo.

Ingredientes:

• Ensaladilla rusa
• 5 rebanadas de pan de molde
• 1 lata de atún
• 2 cucharadas de mayonesa
• 1 aceituna
• 1 tira de pimiento asado rojo
• 2 medias noches o pan de leche
• Lechuga iceberg

Preparación:

Lo primero que haremos será la ensaladilla. Cada uno, le añadirá los ingredientes que quiera. Yo suelo hacerla con patatas, atún, huevo cocido, guisantes, zanahorias y maíz. Cuando esté preparada, le damos forma de media luna en el plato o en la fuente de presentación.

receta niños

Después, cogemos las rebanadas de pan y les quitamos la corteza; las aplastamos con un rodillo de cocina y les echamos una cucharada del relleno que escojamos (en este caso, lo podemos hacer de atún y mayonesa, aunque también se puede hacer con la propia ensaladilla).

platos niños

receta niños

Enrollamos y envolvemos en papel film y los metemos en la nevera para que compacten. Las dejamos en la nevera un par de horas para que al cortarlas, no se deshagan.

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Cuando las sacamos, cortamos en rodajas de 1 cm de grosor y comenzamos a ‘tapar’ el relleno.

recetas peques

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Cuando hayamos cubierto toda la ensaladilla, cogemos las medias noches. Una de ellas la partimos a la mitad, y volveremos a partir por la mitad esos dos trozos ( que serán las patitas) Con la otra media noche, la partimos a la mitad y será la cara de nuestra tortuga.

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Partimos una aceituna en dos y serán los ojos de la tortuga; le hacemos un pequeño corte a la media noche como si fuera la boca y le colocamos una tira de pimiento.

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Para terminar, y si os apetece, picamos lechuga muy fina y decoramos el resto del plato con ella. Y este es el resultado, ¡imposible que los peques se resistan! Como siempre, gracias a Jénnifer Liébana, del blog http://quecukireposteriaydemas.blogspot.com.es que me «chiva» estos trucos.

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Demasiados cambios… como para perdérmelos

Si tuviera que separarme de mis hijos varios días, creo que “moriría”. De Rafa aún no me he separado más de unas horas, y de Alfonso sólo tuve que distanciarme dos días al mes por motivos de trabajo, de eso hace ya más de un año.

Si tuviera que irme sin ellos más de cuatro días (creo que por ahí debe andar mi tope de independencia), además de echarles de menos, necesitaría que quien estuviese a su cargo me hiciera un detallado boletín informativo de todo lo que han hecho cada día. Y no, no es que yo sea una exagerada, es que estos críos no dan tregua, que en cuestión de días pasan demasiadas cosas.

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Primer diente de Rafa hace una semana, ahora ya estamos con el segundo.

En menos de dos semanas, a Rafa le han empezado a salir los dientes. Vale, este es un acontecimiento sin mucha trascendencia porque hasta que no tenga unos cuantos dientes más no va a poder tomar sólidos, pero qué narices, todos los padres estamos pendientes de su primer diente, sus primeros pasos… Si me fuera mañana durante unos días, a mi vuelta me lo encontraría gateando, porque ya ha cogido posición. Y sinceramente, quiero estar para verlo.

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Y Alfonso otro tanto de lo mismo. Resulta que cada semana incorpora nuevas expresiones a su lenguaje y de repente te dice “ya sabes”, ante lo que no puedo hacer otra cosa que reírme y decirle ”sí, sí, ya sé”. Y en una semana muy acuática ha perdido el miedo a tirarse a la piscina, porque siempre ha sido un poco temeroso. Lo malo que tiene este avance es que ahora tengo que oír “mamá, mira cómo me tiro” una media de cien veces diarias.

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Pues eso, que sin ser una drama-mamá ya no sé vivir sin mis dos tesoros. Que sé que cuando sean algo más mayores e independientes, yo les dejaré tranquilamente los días que sean necesarios. Pero ahora mismo, quiero estar siempre ahí para ver sus avances; este verano sólo voy a separarme de ellos un fin de semana para hacer plan de pareja, que también hace falta.

Galletas para niños

Galletas para niños

A partir de ahora, puesto que os tengo “abrasadas” con mis historias y las de mis hijos, voy a incluir de vez en cuando en el blog algunas otras cosas. Eso sí, también relacionadas con la maternidad y los niños, que al fin y al cabo es sobre lo único que aprendo últimamente.

Hoy quiero compartir una receta de cocina de Jénnifer Liébana, del blog quecukireposteriaydemas.blogspot.com.es. Descubrí estas galletas a través de su Facebook días antes del bautizo de Rafa, así que, según las vi, decidí que eran perfectas para esa celebración. Es una receta para hacer horas antes de la celebración y para las que sois apañadas, veréis en la preparación el porqué.

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Son perfectas para regalar a tus invitados en el bautizo de tus hijos, o porqué no, para hacérselas a alguna futura mamá en una babyshower o regalárselas a una amiga que acaba de ser madre. Pero además, indagando en la red me he encontrado maravillas en el mundo de la repostería infantil. No hay temática que no se pueda trasladar a una galleta.

Aquí van los ingredientes que vais a necesitar para las galletas:

• 250gr de harina
• 100gr de azúcar
• 1/2 cucharadita de sal
• 125gr de mantequilla cortada en dados
• 1 huevo y 1 yema

Y para el glaseado:

• Claras de huevo (mejor las pasteurizadas)
• Azúcar glass
• Colorante líquido o en gel

Y aquí va la preparación:

Comenzamos precalentando el horno a 180ºC con calor tanto arriba como abajo. Ponemos en un cuenco la harina, el azúcar, la sal y la mantequilla y mezclamos apretando con las yemas de los dedos. Añadimos el huevo y la yema batidos, y amasamos. Damos forma de bola a la masa y posteriormente la aplanamos con la palma de la mano y la estiramos con un rodillo hasta conseguir un grosor en torno a unos 5mm.

masa galletamasa galletas

Con ayuda de unos moldes, damos la forma que queramos a las galletas. Para bebés, lo haremos con cortadores con forma de carrito, biberón, osito, balancín… Estos moldes suelen venderse en tienda especializadas en cocina y repostería. Jennifer los consiguió en una tienda de decoración de tartas y galletas en Avilés que se llama Catalina’s Cake.

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Cuando hayamos dado formas a toda la masa, las colocamos en la bandeja del horno forrada con papel vegetal y las coceremos unos 10 minutos manteniendo el calor a 180ºC. Pasados 10 minutos y cuando las galletas estén doradas, las sacamos y las dejamos enfriar en la misma bandeja del horno. Una vez hayan entibiado, las colocamos sobre una bandeja o una tabla plana, ya que si aún mantienen algo de calor, podrían deformarse y coger una forma curva.

Ahora haremos la glasa de delineado. Sólo tenemos que mezclar una clara de huevo con la cantidad que nos pida de azúcar glas hasta conseguir una textura parecida a la pasta de dientes. Delinearemos las galletas con la glasa cuando estén totalmente frías. Para ello, en un biberón o manga pastelera con boquilla fina, introduciremos la glasa e iremos trazando el borde de las galletas para que, cuando las decoremos, no desborde. Cuando las tengamos listas, dejaremos secar unas 12 horas para asegurarnos de que el secado es total.

galletas delineado

Transcurrido este tiempo, haremos la glasa de relleno. Se hace igual que la glasa de delineado (mezclando las claras de huevo con el azúcar glas y con algún colorante si es necesario) pero su consistencia es más líquida. Para ello, sólo tendremos que añadir un par de cucharaditas de agua y mezclar.

glasa galletas

Cuando tengamos la textura de relleno, incluiremos el colorante que necesitemos. En este caso, hacemos una glasa de relleno en marrón, por lo que añadiremos colorante en gel marrón de la marca Wilton. A continuación, hacemos otra glasa de relleno pero con colorante azul, añadiéndolo a la glasa y mezclando hasta conseguir el azul bebé que buscaba. Y, por último, una glasa de relleno en blanco, por lo que no añadiremos ningún colorante.

cómo hacer galletas

Teniendo todos los colores listos, comenzamos a rellenar las galletas. Cuando estén todas listas, las dejamos secar unas 3-4 horas. Tiene que quedar duro para poder hacer los últimos detalles en nuestras galletas.

galletas bebés

Para los detalles que queramos hacer, volveremos a hacer una glasa con una consistencia como la de delineado, puesto que no queremos que se desparrame por nuestra galleta. Cuando hayamos finalizado con nuestra decoración de galletas, las dejaremos secar otro par de horas o lo necesario para que no se peguen ni se estropeen. ¡No me digáis que no son preciosas! Y advierto ¡están buenísimas!

galletas bebés
galletas bebés

Por cierto, ya tengo cuenta en Facebook de No soy una drama mamá. Animaos a seguirla porque enseguida empezaremos con algún concurso. ¡Buen fin de semana!