Categoría: embarazo

  • El parto de Gabriel… y de la placenta

    El parto de Gabriel… y de la placenta

    Definitivamente, si habéis salido de cuentas y queréis parir, nada como una fabada y un paseo en condiciones. Ése fue nuestro plan el sábado. Cuando llegamos a casa a las 8 de la tarde, noté algunas contracciones así que, hora y media después, maridín y yo decidimos que lo mejor, estuviese o no de parto, era llevar a los peques a casa de mis padres y evitar llamarles ya de madrugada para que viniesen a la nuestra. Sobre las diez de la noche ya estábamos allí y esperamos a ver cómo iba mi ritmo de contracciones; fue cuando empezaron a ser cada 6-5 minutos cuando nos fuimos al hospital, que está a tres minutos de casa de mis padres en coche.

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    La casualidad hizo que colgase la foto de la fabada en Instagram.

    Llegamos a las 12 de la noche a Urgencias, donde la ginecóloga me dijo que estaba de tres centímetros, así que ya tenía asegurada la epidural ¡yuhuuu! Entre que me cogieron la vía, cosa que odio, me subieron a mi habitación, me puse el camisón y vino el celador a buscarme para llevarme a dilatación, pasó algo más de una hora. Vamos, que cuando me dijeron que estaba de siete centímetros («vas como Fernando Alonso», me comentó la matrona) me quedé alucinada y enseguida empecé a temblar porque peligraba la epidural y yo ya empezaba a ver las estrellas en cada contracción. Para cuando me pusieron la analgesia, que estaba de 8 centímetros, alguien soltó por ahí «para lo que te va a servir». Efectivamente, sirvió de poco pero mejor que nada, eso os lo aseguro. ¿Cómo os lo explicaría? Si en el parto de Rafa, los últimos 2 centímetros y el expulsivo los puntuaría en torno a 10 en mi escala de dolor, en el de Gabriel la puntuación sería de 8,5. Que sí, que dolió mucho, pero un poquitín menos.

    Gabriel nació a las dos y cuarto de la madrugada, dos horas después de llegar al hospital. Mi tercer parto fue el más cercano a la perfección: rápido, con epidural (ponerla antes sí que hubiera sido perfecto) y sin episiotomía. Y además, era la única parturienta en ese rato. El momento en que vi a mi hijo fue igual de increíble y emocionante que los anteriores, esto es algo que da igual que vivas por primera o tercera vez, aunque es cierto que con Alfonso no sentí dolor alguno y estaba más eufórica. Con Rafa y Gabriel sentí más el sosiego de cuando se acaba un dolor muy intenso.

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    Pero claro, no todo fue tan estupendo. Yo tenía a mi bebé en brazos y la matrona miraba el reloj; la placenta no salía. Lo habitual, y lo que yo viví en los partos anteriores, es que salga de forma espontánea. Y entonces escuché por primera vez en un paritorio la palabra «quirófano» y, no os lo voy a negar, me asusté. También me dijeron que intentarían evitarlo pero que, para ello, iban a manipularme. Sí, señoras, ahí abajo, recién parida y con tres puntinos calentinos recién puestos. Aquello fue como un segundo parto pero en el que hay que usar fórceps o ventosa. La epidural ya no hacía efecto alguno porque yo sentía cada movimiento y, no sólo eso, sino que me ponía cada vez más tensa. Y cuando por fin aquello salió, vi la luz aunque pasé varios minutos temblando. No os lo voy a negar, pero sin intención de que nadie se asuste (esto no tiene por qué suceder), pasé un rato muy desagradable.

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    La extracción manual de la placenta hace que se pierda mucha sangre así que el domingo no me dejaron moverme de la cama hasta por la tarde y pasé sin comer 24 horas, es decir, desde la famosa fabada. Eso sí, los análisis de sangre, a pesar de las hemorragias, eran perfectos; si es que servidora va con reservas a todos lados, hasta de hemoglobinas 😉 Y el lunes estaba como una rosa. Es más, esto de que mi familia política sea de fuera y estén aquí de visita me tiene todos los días de restaurante en restaurante, y Alfonso y Rafa están como motos con gente de fuera. En fin, soy una zombi, que lo sepáis.

    Os doy las gracias a todas y cada una por vuestros comentarios aquí, en Facebook e Intagram. Responderos era imposible, además en el hospital me iba fatal el móvil y hasta colgué dos veces seguidas el post anunciando que Gabriel había nacido. Perdonad también si estos días no respondo, lo que sí os digo es que os leo ¡¡¡¡siempre!!!! pero llevo una media de sueño de 4 horas diarias desde la noche del parto y verte con tres niños en casa es… ¡alucinante! (habrá post sobre esto). Y gracias a los compañeros del cole de Alfonso por hacer sus dibujos para Gabriel. Por supuesto, tengo pendiente también el post del encuentro entre hermanos. ¡Gracias a todas!

  • Sin miedo al parto

    Sin miedo al parto

    Cuando llegas al final del embarazo, es lógico que la gente te pregunte por tu estado. También creo que entra dentro de lo normal, aunque tiene menos sentido, que te pregunten si estás nerviosa por el parto. Y digo que tiene menos sentido porque no deja de ser un proceso fisiológico; vale, no es tan sencillo como ir a evacuar al baño pero pensemos que lo hace la mitad de la población mundial. ¡Ojo! que sabéis de sobra que no soy partidaria de parir en casa a pesar de mi tranquilidad con esto de los alumbramientos, no hay que minusvalorar ningún riesgo y creo que la medicina está para algo. Ahora, muchas me diréis que es mi tercer parto y claro, es normal que esté tan pichi. Pues os voy a ser sincera, estaba más pancha aún antes de dar a luz a Alfonso.

    ¿Por qué creo que no tengo miedo a los partos? Si en tu familia nadie habla de esa experiencia como algo negativo, con la suerte de que tenemos cierta facilidad para esto de parir (esto de las caderas anchas al final va a ser una suerte), ya tienes un punto a favor. Mi tía es la única que dice que es horrible, pero ha tenido tres hijos, así que no nos la tomamos muy en serio 😉 Otra de las razones por las que creo que no tengo miedo a los partos es porque no pienso en las cosas malas que pueden suceder. Primero, porque al ser un proceso fisiológico, la mente juega un papel importante.

    Es como cuando no vas al baño en días, que ya no te lo quitas de la cabeza y hasta que no te dan un medicamento, nada. Y perdón siempre por esta comparación, es por ponerle humor al tema, ya sabéis lo poco que me gusta la seriedad. Vale, tengo claras algunas cosas sobre el parto, como que prefiero que sea vaginal a una cesárea, por ejemplo, o que no me hagan episiotomía. Pero no voy a dar a luz pensando en esas posibilidades, si tiene que pasar porque algo se complica, yo no tendré en mis manos esa elección, ¿para qué preocuparme de antemano?

    Es más, mi única preocupación en el segundo parto era evitar el corte, como ya mencioné en algún post. Y como tal, pasé las últimas semanas del embarazo haciendo el masaje perineal y fui convencida de que no me cortarían. Efectivamente, así fue. Y de hecho, voy convencida de que así será nuevamente, ir pensando lo contrario, no me ayuda. Y si pasa, ¿para qué preocuparme por adelantado si voy a tener que sufrirlo? Lo bueno, eso sí, de repetir, es que ya tienes cierta experiencia para minimizar lo negativo. Sé que el Voltarén me sentó de maravilla, pues llevo Voltarén._N6A1560 (1)

    Os confieso que mi momento pánico es el de ir al baño después del parto, ¡qué presión! Primero, porque sino, no te dejan comer y claro, yo quería donuts para el cuerpo después de un parto sin epidural. Y segundo, porque el postparto de Alfonso fue de horror, veía las estrellas en ese momento. De todas formas, comprendo que, si te ha tocado un embarazo complicado, o ya has tenido un parto muy malo, vayas con ciertos temores. Pero recordad que cada parto es distinto, no tiene porqué volver a pasar y, además, ya sois más fuertes mentalmente para afrontar ese dolor.

     

    En mi cabeza jamás entró la posibilidad de parir sin epidural; imaginaos mi cara cuando llegué a urgencias andando y me dijeron que estaba de 8 centímetros. En este parto sí quiero epidural pero, al menos, ya tengo en la cabeza la idea de que puede que tampoco llegue a tiempo esta vez y sé que lo voy a afrontar mucho mejor. Espero haber ayudado con este post a algunas que me preguntabais porqué estoy tan tranquila. Bueno chicas, que sepáis que salí de cuentas ayer, manda narices que el tercero sea el único que se retrasa un poco, quizás haya suerte el fin de semana y se anime. ¿Cómo afrontasteis vuestros partos?

  • Síndrome del nido, ¿realidad o ficción?

    Síndrome del nido: se dice de un tipo de conducta que se produce con frecuencia en las embarazadas que consiste en incrementar el tiempo dedicado al orden y limpieza de la casa. Este tipo de comportamiento se da principalmente en el tercer trimestre del embarazo y algunos expertos explican esta conducta como una forma de afrontar la ansiedad ante la llegada del nuevo bebé. ¡Para que luego digan de las embarazadas!

    Pues oye, a pesar de ser algo muy frecuente, porque sé que a algunas les ha dado por ahí, debe ser que lo de ordenar o limpiar no me motiva nada y lo hago por obligación porque, aquí donde me veis (a tres días de FPP), aún no me ha dado por ponerme a ello más de lo normal en mí. Y si no me ha dado hasta ahora, no me va a dar por ello mañana 😉 Vale, es el tercer hijo; que ya una está en ese punto en el que empieza a darle igual encontrar unas migas de galletas en la cocina sin ir corriendo a por la escoba, o encontrarse coches en esquinas insospechadas sin que te molesten y que sigan ahí día tras día. Pero vamos, con Alfonso tampoco me pasó algo parecido.
    En otros casos, el síndrome del nido se manifiesta en tener todo listo para la criatura con cierta celeridad. Y cuando digo todo, es todo. Vamos, sé de alguna que compró pañales estando embarazada de 6 meses, o que ya tenía el carrito en casa estando de 5 meses… No me considero agorera, no soy de las que piensan que las cosas puedan ir mal si no hay motivos reales, pero hay cosas que me parecen desproporcionadas. Cuando nació Alfonso, había comprado lo imprescindible, no de todo «por si acaso». Con la cuna, el carrito, la silla reglamentaria del coche, el cambiador y algo de ropa ya me daba por satisfecha. También me habían regalado una trona, bibes, esterilizador y algún chupete, pero ni siquiera sabía antes de dar a luz si los bibes iba a usarlos o no. Luego, poco a poco, fui comprando según las necesidades del bebé porque, obviamente, fue precisando otras cosas.
    Lo cierto es que, los últimos dos fines de semana, no por el síndrome sino porque el tiempo se nos echaba encima, hemos tenido que hacer muchos recados; desde sacar la ropa de bebé de las cajas, comprar un nuevo armario en Ikea (tarea de maridín, yo lo odio) hasta cambiar el Bugaboo del modo silla al capazo. También nos ha tocado ir a comprar zapatos nuevos a Alfonso porque lo de ir con agujero ya era para detenernos, o mirar sillas gemelares de segunda mano, recuperar la minicuna que estaba en casa de mi hermano… entre otras muchas cosas. Como veis, prisa la justa. Cierto es que no es lo mismo el primer hijo que el tercero. Y a vosotras, ¿os dio por limpiar como locas antes de dar a luz?, ¿comprasteis de todo para el bebé y la mayoría casi ni lo usasteis? Por cierto, mañana empezamos nuevo sorteo, esté de parto o no 😉
  • Frases de ginecólogo en los últimos días de embarazo

    A ver cómo escribo yo sobre este tema sin que resulte chabacano. Veamos, durante todo el embarazo, todas las revisiones tienen que ver con la criatura o, a veces, con la salud general de las mamás. Hasta aquí todo normal y, por ahora, sin decir ni una sola palabra malsonante. Pero en cuanto llegan los últimos días, todo empieza a girar en torno a nuestro órgano sexual. Sí, ésa es la gran preocupación de los especialistas en ginecología: saber si aquello madura o no. De ahí esas frases tan gráficas de «estás muy verde», es decir, que aquello no prospera, o la de «ya estás borrando», que viene a ser que tu vagina (más bien cuello del útero, tengo que ponerme técnica) va preparándose para que salga el churumbel.

    A mí este asunto no me genera mucho estrés, porque la cosa puede cambiar de un día para otro, o porque, como es mi caso, no he tenido que escuchar eso de «estás muy verde». Pero sinceramente, ¡menuda presión! Que ya hayas llegado a tu FPP y oír eso no debe ayudar psicológicamente nada para que tu cuerpo avance. Y ni que pudieras hacer gran cosa para que aquello progrese. Hombre, siempre puedes animarte a subir escaleras, caminar y comer no sé qué cosas (soy un poco reacia a estas teorías de la abuela) pero lo que viene siendo pasar del verde al rojo, no debe ser fácil.

    Con Alfonso, el día antes del parto oí lo de que ya tienes esto «borrado del todo» y la verdad que anima, y mucho. Con Rafa ni lo recuerdo, pero vamos, tenía revisión el día que salía de cuentas y no llegué, por lo que la cosa (no hay forma de encontrar un sinónimo en español que no resulte vulgar), verde no debía estar 😉 Y esta vez me tocó ir el lunes, justo después de monitores, aún estaba a 10 días de la FPP y me dijo que estaba un poquito borrado (el cuello del útero) pero no mucho. Oye, ¡cuánto es capaz de detectar esta gente! Y así yo me monto mi película y creo que el peque será puntual, como sus hermanos.

    Y a vosotras, ¿qué frases os tocó escuchar sobre vuestro órgano sexual los días previos al parto? A más de una os dirían lo del verde (esto me recuerda a los brotes) y poco después estabais pariendo.

  • Monitores o cómo hacer que el crío no se inmute

    Monitores o cómo hacer que el crío no se inmute

    No falla; aunque tengas la criatura interior más agitada del mundo, que te despierta algunas noches a base de patadas y que hace que tu tripa adquiera vida propia (véase vídeo aquí porque no exagero), es llegar a la sala de monitores y el churumbel decide que es momento de relajación, que no se va a inmutar, que pasa de que le toquen las narices. Por si alguna no lo sabe, llamamos «monitores» a una prueba para evaluar el bienestar fetal cuando se aproxima la fecha probable de parto. Te tumbas en una camilla, te ponen unas correas en la panza con unos electrodos y los datos que recogen salen a través de un monitor.

    Mi tripilla sin señales de movimiento alguno.

    Así dicho es todo muy sencillo pero claro, si el crío decide que hay que cambiar de posición cada vez que intentan plantarte uno de esos electrodos mientras la matrona mueve tu mini barriga de melón como si fuese un cóctel, pues ya empiezas la prueba en modo «no estoy para esto por mucho que vaya a clases de zumba». Cuando ya consiguen detectar el latido, el crío determina acabar con la marcha. Y lo que quieren para esta prueba es que la criatura se mueva, cuanto más mejor… pero nada, no hay manera. ¡Y mira que había desayunado napolitana de chocolate!

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    Tumbadita con cara de felicidad esperando movimiento.

    Recuerdo que tanto con Alfonso como con Rafa me dieron mosto, por aquello de animar a las criaturas pero esta vez, nada de nada, porque la matrona andaba liada. Eso sí, fue salir de la sala y aquí el pequeñajo empezó con la juerga. ¡Cómo saben ellos cuándo no hay personal sanitario delante! Y cuando ella volvió 20 minutos después, encontró que su ausencia había sido muy productiva para su prueba porque, efectivamente, el enano no había parado mientras la otra chica que estaba en la sala no conseguía su objetivo.

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    Y para muestra, un botón. Así empezó y así acabó, de relajación a juerga interior.

    Eso sí, mientras esperaba para hacerme la prueba, al ver la entrada de la planta de maternidad, fui consciente por fin de que en cuestión de días me tocará estar allí y, por unos minutos, me puse nerviosa. No por el parto, porque estoy más tranquila que otra cosa, si no por conocer a mi tercer pequeño. Bueno, ¿cómo vivisteis lo de los monitores?, ¿también entraron en «modo off» vuestros churumbeles? Y perdonad por no poder responder a todos los comentarios estos días, tengo muchos temas en la cabeza para el blog y por fin estoy organizando un poco las cosas del bebé.

  • Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

    Preparación al parto, ¿hace falta repetir?

    La primera vez que fui al curso de preparación al parto al Centro de Salud, hace ya algo más de cuatro años, me quedé flipada. La sesión comenzaba con un buen rato de relajación tumbadas en unas colchonetas escuchando una cinta de casette (parece que hablo de los años 90) donde una voz pausada te iba dando instrucciones sobre las distintas formas de respirar dependiendo de la intensidad de las contracciones. No penséis que fue aquello lo que me dejó alucinada, para nada.

    Yo estaba super concentrada intentando hacerme cargo de cómo serían esas contracciones cuando me di cuenta de que, a mi alrededor, varias embarazadas estaban dormidas, así, tal cual. Y pensé: vaya ovarios tienen. Lo fuerte es que, dos días después, era yo la que me quedaba sopa. Claro, eso de que te pidan que cierres los ojos, te relajes y te hablen del jadeo, de respiración profunda y demás cuando no tienes ningún tipo de dolor, pues no invita a ponerte en situación. Confieso que aquella parte de las clases no me resultaba útil en cuanto al parto, eso sí, me venía de lujo el descanso. A partir de la semana 37, empezábamos con los ensayos de la inhalación en los pujos, y ahí ya era imposible quedarse dormida porque la situación era mucho más real.

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    Si nos pusiesen a Robbie Williams en las clases estaríamos mucho más preparadas para superar el dolor del parto 😉

    Sí me resultaron muy interesantes las lecciones teóricas sobre lactancia, postparto, cuidados del bebé, etc… Lo cierto es que en el segundo embarazo ya no me apunté a las clases de preparación al parto porque con la epidural vi cristalino que la relajación en el alumbramiento era total 😉 Además, la experiencia es un grado y ya sabes cómo es el proceso en tus propias carnes. Es más, como para mí lo más duro fue el postparto, me interesé por el masaje perineal en las visitas rutinarias a la matrona. Y creo recordar que fui a dos sesiones teóricas sueltas para no olvidar algún detalle. Pero nada más. Estoy segura de que viene bien lo de repetir el curso completo pero, si trabajas o cuidas de tus otros peques, entiendo que no es necesario.

    ¿Qué estoy haciendo en este tercer embarazo? Un curso de preparación al parto on-line de Mater Training. Sí, como lo leéis; esto del blog me ha hecho meterme de lleno en el mundo cibernético y buscar información que antes se me escapaba. Poder ver todas las clases en vídeos explicativos, con todas las opciones y probabilidades de casos que se pueden dar en los partos, con un montón de consejos de profesionales de Obstetricia… y todo, tumbada en la cama, es un lujo. Vamos, para las que andáis mal de tiempo por el día, para las que por trabajo no podéis ir a todas las sesiones del Centro de Salud, para las que repetís maternidad, os lo aconsejo totalmente. O para las que queráis ver y escuchar una y otra vez algunas lecciones en concreto 😉

    Y aparte del curso on-line, estoy dándole al masaje perineal y a los ejercicios de Kegel en casa como ya os conté en otro post; además, las últimas dos semanas he ido a un par de sesiones a mi Centro de Salud sobre el hospital donde daré a luz, vamos, el mismo de siempre. Lo que ocurre es que en los últimos dos años ha habido bastantes cambios en ciertos protocolos y me interesa estar al tanto. Además, los días que he ido también a esas clases, me he quedado para recordar la respiración durante los pujos ya que, teniendo en cuenta que con Rafa no llegué  al hospital a tiempo para que me pusieran la epidural y que podría volver a darse esa circunstancia, me vendrá bien para aliviar los dolores.

    Y a vosotras, ¿os servían las clases de preparación al parto?, ¿repetisteis la segunda o tercera vez?, ¿qué os resultó verdaderamente útil?, ¿alguna ha hecho curso on-line?

  • ¿Preparar o no Baby Shower?

    Hace poco más de 4 años, sólo sabía de la existencia de las «baby showers» gracias al Hola! o a Sexo en Nueva York. No tenía ni la más remota idea de si en España se estaba empezando a poner de moda o ya estaba el festejo bien asentado. Lo cierto es que, como mis amigas aún no tenían hijos, ni me planteé organizar una reunión de este tipo. Vamos, es que ni siquiera sabía si la organizaba la propia embarazada o sus amigas. Pero tres semanas antes de dar a luz a Alfonso, un fin de semana en el que maridín estaba de casa rural en una despedida de soltero, llegué a mi casa y, por sorpresa, allí estaban algunas de mis amigas y unos cuantos paquetes. Mi cara fue como la de una niña que ve a los Reyes Magos.

    Me habían preparado una cena y me regalaron una trona que, a día de hoy, sigue intacta tras 4 años de uso ininterrumpido. Y no sólo eso, sino que además se quedaron a dormir esa noche en casa, así que fue algo parecido a una fiesta de pijamas. Sinceramente, aquello me pareció lo más y no puedo estar más que agradecida por aquel detalle así que, obviamente, comprendí que lo de las «baby showers» era todo un planazo. Dos años más tarde me volvieron a organizar una cena sorpresa en casa unos días antes de que naciese Rafa, previa colaboración con maridín para que llevase a Alfonso a dormir a casa de mis padres.

    Por entonces me regalaron un saco para la silla y hasta hicieron una tarta de pañales.

    El caso es que las organizadoras de los eventos, Ceci y Ana, no tienen hijos así que hace ya un tiempo que le dije a maridín que, si se les ocurría ponerse en contacto con él para intentar organizarme una tercera «baby shower», les dijese que ni se les pasase por la cabeza hacer ni fiesta ni regalos. Pero no, ellas son así de cabezonas y, por supuesto, tuvieron que hacerme mi festejo. Eso sí, esta vez, mucho más discreto: sólo nosotras tres, con mis peques por medio y no se quedaron a dormir. Otra vez me llenaron la mesa de comida, sobre todo de dulces (cómo saben que me pierden y que soy de las que me puedo comer 4 donuts seguidos sin pestañear), y pasamos un rato estupendo entre amigas. Además, ahora que nos vemos algo menos que cuando no tenía niños, estos momentos son impagables. ¡Gracias chicas!

    He desayunado y he merendado dulces todo el fin de semana. Y la bolsa para el carrito ¡no me puede gustar más!

    He pasado de no saber cómo eran estos festejos a vivir tres en cuatro años y ahora me declaro fan absoluta. En el fondo, es una buena excusa para juntarse con tus amigas y que, si ellas quieren, te hagan un regalo en común de algo que te puede venir muy bien, en lugar de hacerte obsequios por separado. Y a vosotras, ¿qué os parece lo de las «baby showers»?, ¿habéis organizado para alguna amiga?, ¿os han organizado la vuestra?

    Por cierto, ya tenemos ganadora del sorteo de la funda nórdica, ¡ENHORABUENA A SONIA APALATEGUI! Muchísimas gracias a las demás por participar y que haya suerte en próximos sorteos. La ganadora debe escribir un mensaje privado a través de Facebook para facilitarnos sus datos. Gracias.

     

  • Preparar la bolsa del hospital, ¿dicha o suplicio?

    Las que tenéis más de un hijo sabéis bien que no es lo mismo preparar la bolsa que hay que llevar al hospital cuando te pones de parto la primera vez que en ocasiones posteriores. Porque la primera vez, hasta a las bragas desechables les encuentras su punto mientras que, cuando preparas la maletita por segunda vez, no les ves ni el punto ni la punta, sabes de sobra que es lo más antiestético que existe. Como algunas ya sabéis, porque lo he mencionado en el blog, a esta bolsa la denomino «antilujuria».

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    Sujetador de lactancia de Primark

    Y eso que ahora algunas tiendas se han puesto las pilas y ya nos hacen sujetadores de lactancia monos. A ver, que acabemos de parir no significa que nos dé todo igual y que no nos importe nuestro aspecto físico. Vale, pasamos un poco más del tema pero yo creo que, a cualquier recién parida, le anima verse bien el careto. Vamos, yo soy de las que me pinto la raya del ojo para ir a parir, me cuesta 30 segundos hacer esa operación y, sólo con eso, ya me veo decente para que cualquier ser humano pueda mirarme a la cara. Aunque para parir, pocos van a mirarme a la cara precisamente 😉

    Bueno, que me lío y me pongo a hablar de mil cosas. El caso es que, por fin, he preparado la dichosa bolsa; ya iba siendo hora, que aquí servidora da por hecho que la puntualidad de Alfonso y Rafa se cumplirá a rajatabla con el nuevo churumbel y nunca se sabe. Y he vuelto a reencontrarme con las bragas ésas, los discos de lactancia, las compresas (aunque en el hospital te las dan)  y el Voltarén para el dolor, que ya sabéis que soy fan desde que en el primer postparto vi la luz. Ah, y por supuesto ¡la faja! que será lo menos «glamuroso» del mundo pero oye, mi matrona me dijo que estupendo, y yo me quedo plana en cuestión de días. Y para cuando esté ingresada, creo que tengo más que de sobra porque el neceser y bata los meteré ya con contracciones.

    Lo único entretenido de este momento es preparar la ropa con la que vestiré al bebé para salir del hospital. Lo bueno de que sea público es que no hay nada más que llevarle para los días del ingreso, tienen su ropa allí, más gastada que los pantalones de mi hijo Alfonso pero oye, como van tan envueltitos en mantas y demás, suficiente. ¿Preparasteis con emoción o con pánico la bolsa de vuestro bebés? La próxima semana, ¡más post sobre el parto!

  • Look embarazada otoño (IV)

    Look embarazada otoño (IV)

    Pues a falta de dos semanas para mi fecha probable de parto, os dejo otro estilismo por si a alguna embarazada le sirve o le da ideas. Insisto siempre en que ni soy una experta en moda ni a todo el mundo le sientan bien las mismas cosas pero sé que estos posts reciben muchas visitas, por lo que entiendo que, aunque sea poco, siempre tienen algo de utilidad.

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    Parka verde militar de Stradivarius de hace dos temporadas (30 euros aprox.): Llevan ya un par de años muy de moda así que es fácil encontrarlas en cualquier tienda. La mía es finita pero hay modelos de invierno total. Eso sí, depende de la talla y modelo, con barriga no abrochan pero he encontrado éste premamá en H&M por 40 euros.

    Jersey de H&M de la temporada pasada (20 euros aprox. ). Obviamente, este tipo de prenda la teneis también en todos lados.

    Como la semana pasada triunfó la bufanda de Zara, que sepáis que la que llevo en las fotos es más suave y a mí me enamoró según la vi. Es de H&M (15 euros aprox.)

    Y otra cosa que me encanta es el tema sombreros, pero para eso hay que probar. Te pueden sentar unos muy bien y otros como para que te detengan ;- ) De hecho, éste es de caballero de Zara del año pasado (12 euros aprox.)

    Botas mosqueteras: Fueron regalo de Reyes hace tres años y no recuerdo dónde las compraron. He visto esta temporada en Zara y HyM.

    Las de Zara cuestan 130 euros (izquierda). Las de H&M son de 100 euros. Que conste que en la tienda (H&M) vi unas de 50 euros que me parecieron más bonitas que éstas.

    Pues hasta ahora sigo tirando de ropa normal, es decir, de cuando no estaba embarazada. La próxima semana os dejaré un look con una prenda de invierno que creo que para las embarazadas es perfecta. Espero que os ayude.

  • Look embarazada otoño (III)

    Look embarazada otoño (III)

    Hoy toca post de moda, para que no os saturéis con entradas como la de ayer, que era muy larga. Os agradezco muchísimo la cantidad de comentarios que dejasteis con recomendaciones de todo tipo, ¡así da gusto! Aunque ya ha llegado el frío, el pasado fin de semana tuvimos tiempo de transición, es decir, ni frío como esta semana ni calor como el último mes, aunque sí tuvimos ratos lluvia. Así que opté por un buen jersey y botas de agua pero todavía sin abrigo.

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    Jersey de HyM de punto en color verde militar: 20 euros aprox. La verdad es que en HyM es donde más jerseis suelo encontrar, de todos los colores posibles.

    Leggins de otra temporada. Como siempre, los tenéis en casi todas las tiendas.

    Botas de agua: éstas en concreto son de The First Outlet de hace dos temporadas (25 euros aprox.) En esto, como en todo, cada una tiene sus gustos. Yo elegí éstas porque me gustan más con suela fina. Las Hunter o Igor son más camperas, bueno, y también más caras 😉

    Bufanda de Zara (17 euros aprox.): me chifla el estampado y eso de que lleve tantos colores da mucho juego. Aunque en otro post ya os enseñaré otra de H&M que aún me gusta más. En cualquier caso, bufandas estas dos últimas temporadas hay para dar y tomar 😉 Y en Stradivarius también las vi preciosas.

    La próxima semana, un look más invernal. Y no os daré más la tabarra con esto de los estilismos durante el embarazo porque enseguida estaré sin pancita 😉

  • Varices, estrías y retención en el embarazo, ¿una lotería?

    Varices, estrías y retención en el embarazo, ¿una lotería?

    Siento empezar el post con esta sinceridad abrumadora pero la genética es la genética y eso no hay quien lo cambie. Vale, no os lancéis a mi yugular, dejadme que me explique. A ver, imaginaos que me paso varios meses viviendo con Giselle Bundchen en Brasil, comiendo lo mismo que ella, practicando idénticos ejercicios y haciéndome los mismos tratamientos de belleza. Efectivamente, volvería divina de la muerte pero, no nos engañemos, a mí nadie me iba a pagar varios millones por pasearme con sus modelitos ni me requerirían para la portada de una revista. Ni tengo el largo de sus piernas, ni la estrechez de sus caderas, ni los pechos perfectos, ni esa cara tan maravillosa.

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    Bueno, pues es un ejemplo de que cuando tu genética es propensa a algo, no te libra ni el apuntador. Puedes mitigar efectos, retardarlos pero la vida es dura y los efectos secundarios del embarazo también 😉 Engordé 18 kilazos en la gestación de Alfonso, no moví el trasero y no me cuidé (mal hecho, lo asumo) y nada, ni estrías, ni varices, ni retención ni nada. Resulta que llega el segundo embarazo, en el que no paro porque ya tengo un peque al que paseo 3 horas diarias, y además sólo cojo 9 kilos y… ¡variz al canto! Pregunto al gine y me recomienda Trombocid, lo echo y nada, sigue igual. Pero como no me molesta, paso del tema. De las estrías y retención de líquidos me libro nuevamente.

    Tercer embarazo: ya en el primer trimestre hace su aparición la famosa variz pero multiplicada por dos. Vuelvo a preguntar a otro gine y me recomienda Daflón, unas pastillas para mejorar la circulación; no noto cambios. En la farmacia me recomiendan una pomada, que sí, que refresca, pero tampoco percibo progresos. El problema de la variz en este embarazo es que hace que mi pierna derecha esté más cansada que la izquierda y sinceramente, lo único que he notado que hace que mejore son las medias de compresión, pero claro, con estos calores cualquiera se las pone; aún así, lo hago cuando voy al gimnasio. Y la próxima semana parece que llega el frío, así que incorporaré la dichosa media a mi vida, aunque ya sea por poco tiempo. Ojo con las varices porque pueden ser serias, así que si duelen o se hinchan de forma excesiva, hay que acudir al médico. Eso sí, lo bueno de las varices que salen durante el embarazo es que mejoran muchísimo cuando das a luz, es el consuelo que tenemos 😉

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    Me gasté el dinero y no noté gran cosa.

    En cuanto a las estrías, me sigo librando. Y no, no me he gastado el dineral de turno en cremas, uso una hidratante del Mercadona y voy que chuto. Durante mi juventud tuve variaciones de peso por distintos motivos y jamás me salió una, y si no me salen después de tres embarazos, es que mis genes no tienen predisposición a ellas. Pero vamos, que creo que en el caso de las estrías, una buena hidratación puede mejorar mucho sus efectos así que creo supongo que merece la pena dedicar tiempo a echarse cremas. Eso sí, una vez que salen, la cosa es difícil de arreglar, salvo las que aún son rojizas. Sobre la retención, lo sé, es un engorro mientras estás embarazada pero sabes que es algo temporal. Yo no he pasado por eso y sé por amigas que es muy incómodo, a la vez que un incordio para el calzado.

    En cualquier caso, se trata de problemas comunes y, en la mayoría de los casos, simplemente estéticos aunque también conozco casos en los que las varices o la retención necesitaron cuidados médicos especiales. Vosotras, ¿tuvisteis suerte y pudisteis evitar estas complicaciones?, ¿qué os ayudó a disminuir sus efectos?, ¿creéis que la genética manda?

  • Deporte y embarazo: ¿zumba, natación, pilates, yoga?

    Tengo una relación de amor-odio con el deporte. Bueno, más bien de lo segundo; esto es culpa de los genes de mi madre porque, en mi familia, mi padre ha hecho y hace ejercicio a diario, y no hace mucho que seguía jugando partidos de fútbol sin importarle sus operaciones de menisco. Y para más inri, mis hermanos se dedican a apuntarse a todas las carreras y triatlones que pueden. Mientras tanto, mi madre dice que tiene que hacer ejercicio pero resulta que le parece incómodo el sillín de la bici 😉 Y así soy yo, que enseguida busco una excusa para no mover el trasero.

    Tengo momentos en los que me mentalizo y soy consciente de la importancia del ejercicio; el caso es que si esa reflexión me pilla en un momento en que tengo algo de tiempo, me lanzo y me apunto a un gimnasio o salgo a correr; lo malo es que, de media, esas venas me duran a mí tres meses, y da gracias. ¿Qué pasó por mi mente en septiembre cuando, después de 4 años pegada a uno o dos niños, vi que tenía dos meses con las mañanitas para mí sola? Pues blanco y en botella: deporte. Eso sí, como admito que apuntarse al gimnasio el último trimestre de embarazo no es lo habitual, me inscribí en uno con piscina y con clases de todo tipo con la idea de nadar e ir a Pilates.

    Y así empecé septiembre, suavecito, con mis clases de aqua gym, que son estupendas gracias a la ingravidez. A la vez, me animé con Pilates, que dicen que es muy bueno para las embarazadas. Y con la ventaja de que te pasas parte de la clase tumbada, aunque no quiere decir que no sudes. Probé la clase de yoga: error. Una madre de dos niños pequeños y embarazada es carne de cañón y corre el riesgo de quedarse dormida en plena relajación. Además, la flexibilidad no es mi fuerte. Qué va, yo necesito un poco de marcha para no acabar abandonando.

    Descarté al principio el tema zumba pero cada vez que veía una clase moría por entrar a bailar. Y oye, vi que allí se adentraba una señora de unos 80 años, de la que me declaro fan absoluta, y me dije: inténtalo, tiempo tienes para salir de la sala. Y entré, y ahora ya no salgo. A mí es que bailar es lo que me ha gustado toda la vida, y claro, me pones merengue, salsa y reggeaton y se me van los pies solos.

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    Ni a Shakira le sale el giro estando embarazada 😉

    Así que ahí estoy, dándole al baile. Eso sí, no hay nada con menos glamour que una embarazada haciendo un giro de caderas 😉 Y como os podéis imaginar, el embarazo es motivo de preguntas varias de las allí presentes. Esta semana ya estoy bajando el ritmo porque el cuerpo lo va pidiendo; si ya digo yo que no hay nada como las señales de tu propio organismo. El ejercicio es buenísimo durante el embarazo siempre que no haya contraindicaciones médicas. Y vosotras, ¿practicabais algún deporte durante la gestación?

  • Look otoño embarazada (II)

    Look otoño embarazada (II)

    Llamar otoño a este mes de octubre es de una desfachatez tremenda pero lo cierto es que las piernas hace ya semanas que no las llevo al aire libre porque, a primera hora de la mañana o última de la tarde, refresca y yo soy friolera. Así que ahí sigo, con leggings para arriba y abajo, y con idea de no despegarme de ellos en una temporada. Hoy os dejo otro modelito cómodo para embarazadas:

    Camisa de cuadros rojos y negros de Primark (13 euros)

    Leggings que imitan cuero (Alfonso los llama «malotes» y Rafa la primera vez que los vio dijo: ¿Eto qué eh?). Son de la temporada pasada de Stradivarius  pero los tenéis ahora en muchísimos sitios desde 10 euros.

    Playeros blancos con cremallera de Stradivarius por 23 euros aprox.

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    Como veis, no me vuelvo loca con los estilismos 😉 Y todo baratito, ya sabeis que el año que viene a lo mejor se ponen de moda los lunares y nos olvidamos de los cuadros, por lo que no merece la pena gastarse mucho dinero estando embarazadas. ¡Qué tengáis buen día!

  • Embarazo: el tamaño de la barriga

    Esto del tamaño de las barrigas de embarazadas da para mucho. No hay un sólo día, y no exagero nada, en que después de la pregunta típica de «¿de cuánto estás?», me digan «¡pero si casi no tienes barriga!»Luego están esas madres que me cuentan que, embarazadas de 5 meses, ya les decían lo de «ya te queda muy poco, ¿no?. La verdad que yo me miro en el espejo y noto ciertas diferencias entre cuando no estaba preñada y ahora que lo estoy pero asumo que es cierto que mi barriga entra dentro de las que podemos clasificar como pequeñas. En cualquier caso, no me molesta en absoluto el comentario, lo digo porque en Instagram algunas lo decís y os aseguro que soy la primera que soy consciente de esto. Además, todo tiene ventajas y desventajas en la vida.

    Sé que muchas lo hacemos, foto mes a mes del embarazo de cómo va creciendo nuestra barriga.
    Sé que muchas lo hacemos, foto mes a mes o cada semana del embarazo de cómo va creciendo nuestra barriga.

    ¿Qué ventajas tenemos las embarazadas con poca tripa? Pues generalmente, aunque como en todo hay excepciones, que estamos muy ágiles hasta el final. Yo a día de hoy no tengo problemas ni para abrocharme los playeros ni para agacharme a por la pelota de los críos debajo de la cama. Otra ventaja, aunque creo que en esto juega un papel clave la genética, es que en principio tienes menos probabilidades de que te salgan estrías; cuanto menos se estire la piel, mejor (tengo un post pendiente sobre estrías y varices para la próxima semana así que no me detengo en este asunto). Y quizás, la ventaja por excelencia de tener poca tripa es que nos resulta más fácil encontrar ropa y que, incluso, hay cosas que nos sirven de nuestras prendas habituales.

    Foto que colgué en IG en la semana 25 apurando mis vaqueros habituales.
    Foto que colgué en IG en la semana 25 apurando mis vaqueros de siempre.

    Bueno, olvidaba otra ventaja, pero ésa viene después de dar a luz. Lo lógico es que, si tu tripa se ha expandido bien poco durante el embarazo, la recuperación de tu figura sea rápida. No quiere decir que la barriga no te quede blanda pero sí que, lo que es el tamaño, desaparece de forma sorprendente. No me preocupa en exceso esto, no me costó mucho perder los kilos del primer embarazo pero he de reconocer que, después de dar a luz a Rafa, me dio un subidón al ver que salía del hospital como si nada 😉

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    Foto de la izquierda: mi discreta barriga tres días antes de dar a luz a Rafa en la fiesta o babyshower que me hicieron mis amigas. A la derecha, dos días después de dar a luz, a la salida del Hospital de Cabueñes (Gijón)

    ¿Qué ventajas tenéis las de tripa grande? Pues hombre, la mejor es que podéis lucir embarazo desde bien pronto. Nadie pondrá en duda vuestro estado confundiéndolo con haberte pasado con la fabada los últimos meses. Si tenéis una barriga grande, posiblemente, seáis estrechas de cadera, vamos, de tipo fino. Y señoras, ya quisiera yo tener unas caderas más discretas (y de paso un trasero menos voluminoso 😉 ) Y esto me lo tenéis que confirmar las de barriga grande pero las que tenemos poca coincidimos en que, sentadas, estamos bastante incómodas, no sé si nuestros peques tienen menos espacio para campar a sus anchas. Pero insisto, no tiene base científica alguna 😉

    Eso sí, da igual que tengas poca o mucha barriga… como os pongáis a comer como el kiko, como me pasó a mi en mi primer embarazo que engordé 18 kilos, o tengáis la mala suerte de hincharos, la tripa será lo de menos porque la cara, los brazos o las piernas delatarán vuestro estado a kilómetros de distancia.

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    Primer embarazo, semana 35. La barriga pasa a un segundo plano con semejante carnosidad en brazos y trasero. Era más evidente que estaba embarazada que ahora, y eso que se supone que cuantos más embarazos, más panza. Foto de Carlos Quirós.

    En cualquier caso, el tamaño de la panza no tiene ninguna relación con el peso con el que nazca el bebé. Y puedo corroborarlo porque Rafa pesó más de 3,800 kilos en la mini barriga que visteis en la foto del jersey de la estrella. Tengáis la tripa que tengáis estando embarazadas, disfrutadla porque es la más bonita que existe. ¿Qué comentarios de la sabiduría popular escuchabais sobre vuestras barrigas?, ¿qué mas ventajas encontráis en barrigas pequeñas y grandes?

  • Última escapada

    Última escapada

    ¿En qué momento exacto del embarazo debemos dejar de viajar? Sabéis que soy poco amiga de teorías, cada caso es distinto y depende del estado y salud que tengamos. Habrá mujeres que a los seis meses no puedan o no deban y otras tenemos la suerte de haber podido viajar sin problemas hasta muy avanzado el embarazo. Nuestro médico y nosotras mismas valoraremos cuándo no debemos irnos muy lejos. Y tampoco hace falta consultar todos nuestros movimientos a ningún doctor, creo que por puro sentido común, a nadie se le ocurre coger un avión o irse a la India en el octavo mes de gestación.

    En cualquier caso, decidimos que éste sería el fin de semana tope para viajar en coche y que, de ser posible, no haríamos muchos kilómetros para encontrarnos con la familia de maridín, ya que desde agosto, los niños no veían a sus abuelos, tíos y primas. Elegimos un punto medio entre Zaragoza y Gijón y nos decidimos por Guecho (Vizcaya). Fueron 270 kilómetros de trayecto, lo justo para no acabar hasta el gorro del coche; además, soy de ésas embarazadas que se encuentra más cómoda de pie o tumbada que sentada, yo creo que mi barriga es pequeña para albergar criaturas, sino no lo entiendo 😉

    Me gustaría haber hecho un post de esos completitos con un montón de información, pero me había pasado la semana con una gastroenteritis bastante importante, bebiendo sueros y agotada, y el fin de semana no estaba para «turisteo» y ni siquiera para disfrutar de la gastronomía. Y mi cuñada, embarazada de 5 meses, tiene que tomarse los embarazos con calma. Eso, y que el clima sólo pedía una cosa con estos calores, me dejan sin muchas cosas que contaros. De cualquier forma, por si alguien no lo sabe, Guecho es un municipio de Bilbao y es muy conocido por las playas y por unas casas y palacetes espectaculares.

    Día de playa, aunque evitamos bañadores para que no se les ocurriese entrar en el agua
    Día de playa, aunque evitamos los bañadores para no incitarles a entrar en el agua.

    Que conste que he estado tentada a viajar el próximo fin de semana a Pamplona, ya que hay celebración en mi Facultad del décimo aniversario de los que acabamos Periodismo en 2004 (¡10 años ya desde que dejé la Uni!) pero son ya más de cuatro horas de viaje a un mes de dar a luz y, sinceramente, me parece demasiado desplazamiento. Si fuera un trayecto un poco más corto…. Así que, hasta Navidades, ya no nos movemos de Gijón. ¿Hasta qué semana del embarazo os desplazasteis de viaje?

  • Sobre Apple, Facebook y la congelación de óvulos

    Cuando una lee algunas noticias se queda, cuando menos, boquiabierta y piensa «esto será una broma, ¿no?». Ahora, Apple y Facebook financian la congelación de óvulos de sus empleadas para, según ellos, retener el talento, algo que ya están haciendo otras empresas. A ver, que yo me entere, se preocupan por nosotras cuando tenemos 30 años porque, por lo visto, somos más listas pero oye, si a los 40 nos da por tener un hijo, no pasa nada porque ya no debemos ser tan productivas.

    Igual soy un poco exagerada pero, para mí, es todo muy simple: o sirvo para un trabajo o no sirvo. Es que no sé porqué algunos siguen empeñados en que si soy madre ya no soy válida como trabajadora. ¿Qué tal si me facilitan la conciliación?, ¿y si en vez de gastarse 10.000 euros en mis óvulos, ponen ustedes una guardería en sus súper centros de trabajo donde hay salas de juegos? Les aseguro que, teniendo a mi hijo cerca y bien atendido, voy a rendir lo mismo o más. Y aún así, ¿es que no se puede tener un buen puesto de trabajo y un horario sensato? Huele todo a machismo, así de claro.

    Por otro lado, está claro que nuestra salud les importa bien poco. En toda esta historia, lo único relevante es que nuestros ovulitos sean jóvenes pero, ¿van a congelar nuestro útero?, ¿se van a hacer cargo esas empresas del coste económico y, sobre todo, emocional del aumento en la frecuencia de complicaciones en embarazos tardíos como hipertensión, diabetes gestacional, hemorragias, placenta baja…? Que no me estoy inventando nada, cualquier estudio reconoce un aumento de la prematuridad, de los niños de bajo peso al nacimiento y sobre todo de la mortalidad intrauterina y perinatal.

    Me parece perfecto que alguien decida ser madre a los 40 años, sólo faltaba, pero que no lo haga porque a su empresa le conviene sino porque ella realmente lo desea así. Señores, no se enteran ustedes, no nos interesa la congelación, queremos ser madres cuando nos salga de las narices, lo que nos interesa es la CONCILIACIÓN. Mientras tanto, estaremos destinadas a puestos sin relevancia, y no porque no seamos válidas sino porque, para ellos, ser madre no es compatible con tener éxito profesional. Este tema ya lo abordé hace unos meses porque me cabrea bastante pero llegar a estos extremos de pagarnos la congelación de los óvulos merecía un post aparte. ¿Qué opináis?

  • Última ecografía

    La pasada semana tuvimos la última ecografía del embarazo. Es cierto que aún queda mes y medio para mi fecha probable de parto pero sólo nos hacen seguimiento en la Seguridad Social (es decir, con ecos en semanas 12, 20 y 33) así que ya no volveremos a ver al peque a través de ondas, la próxima vez nos veremos en directo. Todas las exploraciones por ultrasonidos tienen algo especial, pero es cierto que cuando te hacen una por trimestre, vas con más nervios que si se hacen cada mes. Obviamente, al ser mi tercer embarazo, yo ya iba sabiendo qué tipo de información me darían.

    La mayoría de problemas o malformaciones ya se ven en la ecografía de la semana 12 o de la 20, así que, yo por lo menos, a ésta última prueba voy tranquila, y esto me ha ocurrido en las tres gestaciones. ¿Qué cosas me interesan en esta última ecografía? La postura del bebé es lo que más me intriga; si está boca abajo, como es el caso, ya es difícil que el peque se dé la vuelta, por lo que hay menos probabilidades de cesárea. Así que esta exploración te da pistas, aunque no siempre se cumpla después, del tipo de parto que puedes tener.

    Otra de las cosas que suelen decirte en esta eco es el peso del bebé, aunque es aproximado y yo me fío más bien poco. El peque está en torno a los dos kilos, vamos, creo recordar que con Alfonso y Rafa me dijeron lo mismo y luego cada uno pesó lo que pesó; unos bebés engordan 200 gramos semanales y otros 300. Y el que se adelante o se retrase el parto, también va a influir mucho en su peso final, por tanto, con que me digan que su crecimiento es normal, como así ha sido, yo me quedo tranquila. Confieso que voy mucho más nerviosa a la primera ecografía que a cualquiera de las otras dos porque es la confirmación de que el embarazo va bien, de si viene más de uno (tengo hermanos mellizos) y, sobre todo, por la medición del pliegue nucal.

    Y la verdad es que, aparte del latido, que también se comprueba en cada visita a la matrona o el tocólogo (o ginecólogo), esta tercera y última eco tiene poquito más que contar. Eso sí, allí mismo le dije a maridín que mirase bien porque seguramente sería la última eco que veríamos en nuestra vida y me dio hasta cierta pena. Así que voy a intentar disfrutar de estas últimas semanas del embarazo. ¿Fuisteis nerviosas a las ecografías?, ¿cuál fue la más emocionante?

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