Categoría: colegio

  • Cuánto cuesta un hijo (parte 2)

    Cuánto cuesta un hijo (parte 2)

    Pues si me costó Dios y ayuda escribir el post sobre lo que supone el gasto económico de un bebé, no os podéis imaginar lo difícil que es exponer ahora el coste de un niño. Eso sí, la conclusión es la misma que en la primera parte: un hijo cuesta, más o menos, lo que quieras. Cuando se tiene un retoño, se renuncia antes a cosas o aspectos no materiales que a dinero, que también. Eso es lo que hay que tener claro desde el principio. Y dicho esto, vamos allá que el asunto tiene chicha.

    Empezamos por un gasto ineludible: el colegio. Cierto es que la escolarización en España no es obligatoria hasta Primaria pero la mayoría de niños, creo que en torno al 97%, comienza a ir a la escuela en Educación Infantil. En esto de los colegios tenemos precios para todos los gustos. Están, por un lado, los públicos en los que no se paga nada (me refiero a cuota, luego entramos en más detalles). Por otro lado, están los colegios concertados que tienen un cupo (en principio, no obligatorio pero que casi todo el mundo paga) que varía en función del centro. Conozco quienes pagan 50 euros por trimestre, es decir, menos de 20 euros al mes y en nuestro caso, pagamos un poco más, pero muy poco. Creí que eso era lo habitual (ya me diréis vosotras porque tengo cierta curiosidad en este tema) hasta que en un post de Planeando Ser Padres sobre este asunto, hablaba de que en Cataluña había concertados donde las cuotas eran de ¡180 euros!, lo cual me parece excesivo teniendo en cuenta que están subvencionados.

    colegio-concertado--647x231

    Y por último, están los colegios privados y ahí sí que el abanico de precios es muy variado y además ando un poco perdida porque es algo que no barajamos en ningún momento si queríamos tener familia numerosa. Pero lo que sí sé es que las cuotas mensuales más baratas rondan los 300 euros y, por lo visto, en Madrid hay un colegio en el que se pagan unos 1600 euros al mes. Vamos, que depende del cole puedes no gastar nada a dejarte al año más de 10.000 euros, aunque entiendo que esto no es lo habitual. A esto puedes añadir transporte y comedor. Si el cole te queda cerca de casa, eso que te ahorras. Nosotros, aunque tengamos la escuela cerca, decidimos que Alfonso se quedase a comer en el colegio. Y por lo visto, justo Asturias es una de las comunidades donde más barato sale el menú escolar. Vamos, que hay comunidades donde pagas 70 euros y otras más del doble. Como siempre, Spain is different.

    Ahora, ya os digo que, si el niño iba a una guardería antes de empezar el cole, lo más probable es que os salga más barato (optando por cole público o concertado). La cuota del colegio de Alfonso, más el comedor, más la actividad extraescolar y el material escolar nos cuesta cada mes menos que la guardería de Rafa, y eso que es «económica». Luego está la ropa que lleven al centro. Alfonso va con el mismo uniforme que el del año pasado (recomiendo pantalones cortos 😉 ) y está perfecto. De hecho, lo usará Rafa. Del chándal del cole no puedo decir lo mismo, ya llevamos dos este curso. Además, en muchos colegios en los que se usa uniforme existen los roperos donde los padres ceden prendas que están en buen estado para que otros podamos comprar «de segunda mano». Sin ir más lejos, el otro día le cogí un jersey a Alfonso para el curso que viene por ¡¡¡2 euros!!!.

    Uniforme colegio Leonés /

    El gasto en general en ropa para niños yo creo que es más bajo que en bebés. Primero, porque la indumentaria les dura toda la temporada (ya no crecen a las velocidades de etapas anteriores) y segundo, porque la ropa de bebé suele ser más cara. Aunque por contra, también destrozan más. Pero aquí, como en todo, depende de las marcas y de la cantidad de ropa que compréis. Eso sí, en calzado se gasta mucho más, dónde va a parar 😉

    El gasto en actividades extraescolares varía en función de cuántas y cuáles elijas. Las clases de inglés, música o ballet, por poner un ejemplo, suelen ser más caras que los deportes. Nosotros ahora pagamos poco más de 15 euros al mes por el fútbol, vamos, que es bien barato. Y la natación, fuera del cole, parecido. Por ahora, no queremos apuntarle a nada más que a lo que realmente le apetezca. Ya hemos visto a niños de su edad que han dejado algunas extraescolares a mitad de curso porque iban protestando. En cuanto al material escolar, ese gasto aumenta cada curso pero ya os digo, eso sí, que en Educación Infantil no se hereda nada porque, más que libros, tienen cuadernos y fichas. Y calculad unos 100 euros a principio de curso.

    Y creo que poco más que añadir. Obviamente, si trabajáis hasta tarde, es probable que quizás necesitéis pagar a alguien unas horas para que esté con los niños. Y podríamos seguir sumando en función de necesidades, como «colocar»  a los niños durante sus vacaciones escolares en campamentos, o en función de gustos, como puede ser viajar. Y si nos ponemos estrictos, podríamos calcular lo que supone una hipoteca de una casa de varias habitaciones comparada con una para una pareja pero eso ya es rizar el rizo. Hay muchas cuestiones que son prescindibles, pero vestir, alimentar y educar es inapelable y tiene un coste. Eso sí, cada familia hace sus números. ¿Os parece caro o barato tener un hijo?

  • La elección del colegio

    La elección del colegio

    Sé que muchos padres estáis en plena tarea de elegir cole para vuestros peques. Rafa también empezará a ir a la escuela este año, pero la labor de seleccionar dónde, ya la hicimos hace dos años para Alfonso. La mayoría estaréis analizando instalaciones, proyectos, idiomas, horarios, cercanía a casa… y desde luego, cada cosa suma o resta. Pero desde mi experiencia y por si a algunas os sirve de algo, yo tendría también en cuenta otras cosas importantes:

    1. Que el niño no se vaya a sentir fuera de lugar: No tendría mucho sentido que os dejarais todo vuestro sueldo en llevar a vuestro peque a un colegio elitista si después el crío no va a tener acceso a ciertas cosas. Y me explico. Imaginaos que vuestro hijo, que vive en un barrio humilde, se rodea de otros niños cuyas aficiones pasan por ir a esquiar o practicar golf y además viven en urbanizaciones y chalés de lujo, lo cual no es nada malo. Imaginaos que lleváis al niño a un cole religioso y vosotros sois ateos y no queréis saber nada de que el crío comulgue mientras todos sus compañeros de clase harán la Primera Comunión. Bien, son sólo ejemplos y, en este caso, los he buscado un poco extremos pero ya sabéis cómo son los niños, se fijan en todo y enseguida te dicen qué cosas tienen o hacen sus compañeros.

    2. ¿Jornada? Partida, por favor: para esto seguí mi propio criterio porque ya sabéis que hay opiniones muy dispares y nadie se pone de acuerdo. Así que me pregunté a mí misma cuándo lo pasaba muy bien de pequeña y la respuesta fue que en casi todos lados pero reconozco que en el colegio disfrutaba; llegaba el fin de semana y me encantaba estar con mis padres de excursión pero me moría de la ilusión cuando venían a casa a dormir o a pasar la tarde mis compañeras. Y ahora lo veo con Alfonso, que sale del cole y está encantado de seguir con sus amigos en el entrenamiento, y cuando llega un fin de semana en el que está invitado a algún cumple, va feliz. Y si se encuentra a un amigo en la calle, se muere de la emoción. Cierto es que el año que empiezan el cole da pena que estén allí hasta la tarde pero ahora, en este segundo año, lo veo claro, quiere pasar más tiempo con sus amigos. Y mientras Rafa está ahora en una edad en la que, aunque haya niños a su alrededor, si estamos nosotros no nos pierde de vista, Alfonso ni se da cuenta de si estamos o no. Ley de vida.

    elección colegio

    3. Los padres de sus futuros compañeros: esto ya suena a labor exhaustiva o de investigación. Pero vamos, yo creo que todos conocemos a otros progenitores del barrio, del parque, de nuestro colegio… Igual en Madrid o en Barcelona no es muy factible conocer a otros padres antes de elegir el cole pero yo, que vivo en una ciudad de casi 300.000 habitantes, cuando supe que al cole que más nos gustaba para Alfonso irían también los hijos de 5 chicas que fueron a mi escuela, el de una cuñada de mi prima, el de una compañera de trabajo de mi madre y el mejor amigo de la guardería de Alfonso, intuí que había elegido bien. Os parecerá una tontería y el primer año no le di mucha importancia pero ahora, el saber que si llego tarde a un entrenamiento, otra madre o padre le pondrá las botas de fútbol a Alfonso o le dará algo de merendar, me parece importante. El grupo de padres que hemos hecho en torno al fútbol es una maravilla. Y ya que tenemos que tragar fútbol, al menos estamos de charleta. Y no sólo eso, sino que hemos llegado a hacer una cena de madres. Así da gusto.

    Y si además, a estas cosas le sumas que el cole te queda cerca de casa y que llevan uniforme (¡qué maravilla!), pues ya no os cuento lo contentos que estamos. Confieso que ni las instalaciones ni el hecho de que el colegio esté en las famosas listas de los mejores me quitan el sueño. No quiero que me salgan unos cerebritos (el que lo es, lo será en uno u otro colegio), quiero que salgan de allí con valores, con grandes amigos y grandes experiencias. ¿Cómo lleváis la tarea de elegir centro para los peques a las que os toca?, ¿alguna recomendación de las que también habeis hecho ya la elección?

  • ¿Por qué destrozan la ropa los niños?

    ¿Por qué destrozan la ropa los niños?

    A ver, toda la vida pensando que tener una hija era sinónimo de tener que gastarse más dinero en modelitos por aquello de que son más coquetas, y resulta que tengo una máquina de destruir ropa en casa. Vamos, que por ahora me libro de discutir con Alfonso sobre qué se pone o no porque parece que no le da mucha importancia pero de lo que no me escaqueo es de dejarme un pastizal en calzado y ropa. Mira que estaba yo contenta porque el curso pasado sólo necesitó un par de zapatos para el cole y otro par de playeros para el chándal, que acabó impoluto. Pero no sé exactamente que hace ahora que, por lo visto no hacía antes, que la cosa se ha vuelto sobrecogedora. Porque oye, los demás niños tienen sus zapatos o sus pantalones «cascaos» pero yo no he visto semejante destrozo.

    CAM02487
    Aspecto actual de su chándal del cole y sus playeros. No sé si servicios sociales intervendrá en algún momento 😉

    Para llegar a este punto desde septiembre, los pasos han sido los siguientes:

    1. Primera semana de colegio: Aparecen los primeros agujeros en la zona de las rodillas. ¿Solución? Ponerle rodilleras de las que se planchan.

    2. Segunda semana: las rodilleras se han despegado por lo que los agujeros se vuelven a  hacer visibles y además se han vuelto más grandes. ¿Remedio? Coger aguja e hilo y coser las rodilleras al pantalón.

    3. Tercera semana: las rodilleras se han descosido y, de paso, desgarran el chándal. ¿Conclusión? Encargar un chándal nuevo en el cole, ya que este año han cambiado el modelo y aún no está en tiendas. Pero mientras llega, el niño va de esa guisa y cualquier día me detienen. Los playeros de la imagen son los segundos de este curso. Cierto es que ni son de marca ni ná.

    Así que hoy mismo estrena unos de Adidas que compré en Decathlon, aunque sinceramente, yo ya no tengo esperanzas de ningún tipo en que vayan a sobrevivir más allá de las Navidades. Con los zapatos del cole estamos igual, que hay que comprar ya unos nuevos. Los de la marca Velilla han aguantado la mitad del curso anterior y un mes de éste nuevo, vamos, hasta octubre. He oído hablar bien de Superga y dicen también que los de Pablosky aguantan lo suyo pero baratos no son, por eso desde aquí pido colaboración.

    Así que que en éstas estamos. Que si hay que gastarse el dinero en unos zapatos o playeros, me lo gasto; visto lo visto, no queda otra. Pero lo que no quiero es gastarme los euros en marcas para acabar igual así que acepto sugerencias. ¿Alguna marca que os haya dado muy buen resultado?, ¿creéis que el zapato o playero debe estar hecho de algún material especial? porque las botas de fútbol aguantan muchísimo mejor…. Si encuentro algo que aguante el ritmo de Alfonso, que no tengo muy claro qué demonios hace para acabar por el suelo todos los días, seré la mujer más feliz del mundo. Recordad que detrás de él vienen otros dos varones  y no ha economía que mantenga esto 😉

  • Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

    Crónica del primer partido de… ¿fútbol?

    Tranquilas, no os voy a narrar en el blog cada uno de los partidos de fútbol que juegue Alfonso; tengo amor de madre pero no formo parte del grupo de mamás «torturadoras» que cuentan todas las hazañas de sus hijos como si fueran sobrenaturales. Ya soy lo suficientemente pesada con el blog, pero de algo tengo que escribir. A lo que íbamos… ya sabéis cómo es el tema de «las primeras veces». Si cuando les ves gatear, o dar un paso, o aplaudir por primera vez, nos emocionamos, pues imaginaos cuando ya son hombrecitos que viven de forma totalmente consciente todo ese proceso de «la primera vez que…» y son los que se inquietan con tal acontecimiento.

    El primer partido de fútbol de tu primer hijo (y digo «primero» porque con el tercero seguramente no será igual, así de dura es la vida 😉 ) es uno de esos eventos al que no falta ningún padre; y si hace falta, se pide la tarde libre en el trabajo. Por supuesto, todo el mundo lleva el móvil o cámara para hacer fotos e, incluso, en nuestro equipo tuvimos operador de cámara que grabó el partido. Los niños ya amanecen por la mañana emocionados diciendo que van a marcar un montón de goles y están nerviosos por estrenar la equipación del cole.

    Esta primera vez nos tocó ir como visitantes. Empieza nuestro recorrido por todos los colegios de Gijón, me voy a hacer una experta con tres varones 😉

    Y aquí empieza la crónica. Comencemos con el resultado para que os hagais una idea: 8-1 a favor del equipo contrario. Quizás ellos fueran buenos pero… es que los nuestros marcaron ¡4 goles en propia puerta! Los pobrecitos no se enteraban muy bien del asunto, nos han dicho que suele pasar en los primeros partidos. Los entrenamientos los hacen en una sola portería y claro, de repente, les ponen ahí en un campo entero que para ellos es como el de Oliver y Benji, más largo que la muralla china, y lógicamente están un poco confundidos. Y menos mal que no les cambian de área en el descanso, si no aquello hubiera sido un espectáculo.

    CAM02491
    Con su peto de portero. Esa cara es de antes de empezar el partido.

    Alfonso jugó la primera parte de guardameta, que por lo visto se le da bien. Pero cuando tienes uno de esos niños con facilidad para la lágrima y para la risa, es decir, muy sensible, tienes un problema. Porque cuando le marcaron el tercer gol, ya lo teníamos llorando, y cuando hacía una parada, se emocionaba tanto que no se daba cuenta de que los del equipo contrario seguían atacando y maridín, que estaba al lado del poste, le avisaba para que no se despistara. Pobrecillo, que conste que le metieron cuatro goles pero hizo varias paradas.  Luego están los niños que aún no han entendido el concepto «football», es decir, balonpié. Vamos, que a alguno que otro cogía el balón con la mano para colocarlo, yo me partía. No puedo negar que los padres nos reímos mucho.

    Las hermanas de algunos compañeros de Alfonso cuidando de Rafa que, obviamente, en algún momento del partido, entraba a la pista.

    Sobre el equipo contrario, noté que se tomaban más en serio el asunto. Nuestro entrenador tiene unos 18 años y su tono de voz siempre es el mismo, y eso cuando habla. El preparador del otro grupo era ya un señor, no se puede decir que gritara a lo bestia pero, a mí personalmente, para niños de 4 años no me parecía el tono más adecuado. Y por otro lado, me extrañó que tres niños le sacaran una altura considerable a Alfonso cuando éste está en un percentil del 97% pero oye, habrá que fiarse 😉  De todas maneras, como para ellos esto es simplemente un deporte con el que divertirse, pues como si juegan contra niños de 7 años.

    Foto final después del partido. Alfonso aún no había tenido suficiente y quería seguir jugando, vamos, es que no suelta el balón. Y como veis, es de los altos del equipo.

    Y hasta aquí la crónica del primer partido; no tengo muy claro quiénes disfrutaron más, si los niños o nosotros, los padres. Lo que tampoco tengo muy nítido es cómo demonios nos vamos a apañar dentro de unos años con ¡3 varones! Rezo porque a alguno no le guste el fútbol 😉 El primer partido de vuestros hijos, sobrinos… ¿fue así de «caótico»?

  • Padres y fútbol infantil

    Ya os conté hace poquito en un post que Alfonso eligió el fútbol como la primera actividad extraescolar de su vida. Hace ya dos semanas que empezaron a entrenar y la verdad es que está feliz, yo menos porque ya tiene el chándal del cole agujereado en la zona de las rodillas, se toma muy en serio la posición de portero 😉 Bueno, vamos al lío. El otro día, el presidente y el coordinador del equipo del cole nos convocaron a los papás a una reunión. Pensé yo que no iba a ser productiva tratándose de segundo de Infantil pero ¡vaya que si fue interesante!

    Primera sorpresa: tienen liguilla este curso. Sinceramente, no sé porqué dí por hecho que tan pronto sólo entrenarían. En cualquier caso, ya os podéis hacer a la idea de la ilusión que le hizo esto al niño… y al padre. Sé que maridín es muy sensato y tranquilo pero le he dicho que no quiero ultras en la grada 😉 Esto de la liguilla supone comprar la equipación del cole así que pasamos de no tener ninguna hace un mes a tener dos, la del Sporting y la del equipo del colegio, menos mal que ésta última cuesta 15 euros.

    Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle, si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.
    Cara de concentración total. Y el otro pequeñajo no hace más que imitarle; si se tira al suelo el mayor, Rafa hace lo mismo. No os podéis imaginar lo que me río.

    Más sorpresas: nos dejaron caer que, de los más de diez equipos que jugarán, hay tres o cuatro que se las dan de «gallitos», vamos, que se lo toman en serio. Sinceramente, allí estaré para verlo porque madre mía, como a alguno se le ocurra hacerle una entrada fea al crío me va a salir la vena «dramamamá». ¿Es necesario? Tienen 4 años, sólo tienen la obligación de divertirse, no de ganar. Mi tía ya me ha dicho que hace tiempo que dejó de ir a los partidos de sus hijos por la vergüenza que algunos padres producen en las gradas. Os prometo que mi cara de asesina en serie puede ser tremenda cuando vea a algún progenitor fuera de sus casillas, y aquí entran los tacos, los gritos al propio hijo, los insultos a los del equipo contrario…

    Y otra sorpresa más: nos contaron que, si el crío juega bien al fútbol, es posible que otros clubes se pongan en contacto con nosotros para decirnos algo así como «en el equipo que juega tu hijo no va a conseguir nada importante». Pero por Dios, ¿a los 4 años alguien sabe ya si mi hijo va  ser un futuro Messi o Cristiano? Y si tuviera un don con el balón, ¿alguien cree que le voy a separar tan pequeño de sus compañeros de clase por llevarle a otro equipo? Por favor, que es un niño, tiempo al tiempo. En fin, con tres hijos varones os aseguro que voy a tener muchas historias que contar sobre esto. ¿Creéis que algunos padres se exaltan demasiado?, ¿tenéis experiencias en esto las mamás y papás de niños más mayores?

  • Actividades extraescolares, ¿si o no?

    Este curso, por primera vez, hemos apuntado a Alfonso a una actividad extraescolar. No lo hicimos en primero de Educación Infantil porque, por un lado, es de los que cumplen el último trimestre del año, por lo que empiezan el curso sin haber cumplido tres años; a estas edades, aún se perciben las diferencias entre los mayores y los pequeños de la clase. Y por otro lado, porque en su colegio tienen jornada partida, es decir, salen por la tarde, no a mediodía; meterle más horas de colegio, aunque fuesen actividades tranquilas, me parecía demasiado.

    Este año hemos elegido fútbol, ¿por qué? Pues sencillamente porque lo está deseando con toda su alma. No hay, ahora mismo, nada con lo que disfrute más. Sale del cole y, antes de hablarme de cualquier actividad que ha hecho en clase, me narra alguna jugada o caída en el recreo jugando con la pelota. Se puede pasar diez minutos de reloj contando el envite futbolístico, con pelos y señales. Cualquier objeto en el suelo, independientemente de que su forma sea redonda o cuadrada, es susceptible de puntapié, lo cual me cabrea bastante y tengo que reñirle. Ya os podéis imaginar cuántas cosas relacionadas con el deporte rey pide para su cumpleaños, que es mañana. Lo sé, son básicos estos varones 😉 , pero como decimos en Asturias, «ye lo que hay».

    El otro día colgué en IG esta foto de mis hijos metiéndose en medio de un partido en la calle entre niños mayores. No lo pueden evitar.

    Puede que precisamente por todo esto, algunas penséis que quizás necesite cambiar de aires y que intente llevarle por otros derroteros pero la verdad es que, a esta edad, quiero que disfrute con la actividad que haga. Sé que también son años en los que el aprendizaje es bestial y, por tanto, tendría que aprovechar para apuntarle a inglés o música pero, con seis horas de clase al día, una de ellas siempre es taller de idioma, teatro, manualidades… creo que tiene bastante. En cualquier caso, entiendo perfectamente que otros padres elijáis actividades mucho más «didácticas» que el fútbol.

    Además, hemos conseguido apuntarle a natación los sábados. Aunque lo pasa bien en la piscina, esto le va a gustar menos. Lo hago porque el verano que viene, con tres niños menores de cuatro años, necesito que se defienda en el agua. Puedo estar pendiente de todos pero no puedo mirarlos sin parar a los tres a la vez así que… la natación la elegimos por cuestiones de «seguridad», no tanto de entretenimiento. Y vosotras, ¿qué actividades elegís o elegirías para vuestros hijos en Educación Infantil?, ¿preferís deportes o tareas más tranquilas o artísticas?, ¿qué criterios seguís para la elección de una un otra cosa?

  • Primer día de guardería y otros dramas

    Definitivamente, ya puedo decir que mis peques son unos drama-niños. ¿Que son sociables y alegres? Mucho, igual hasta son un poco exagerados cuando se ríen, de ahí que se hayan ganado el apodo de los «risitas» o «felicianos» desde bebés. Pero oye, que si hay que dramatizar, ellos también son los primeros para eso. Hace dos años, Alfonso empezó la guardería entre un mar de lágrimas; sólo un año después, le pasó lo mismo con el cole y aquel proceso duró unos cuantos días, estuve al borde del colapso con su crisis existencial.

    DSC_0464
    Alfonso, en su primer día de guardería hace dos años. Muy compungido cuando fui a buscarle después de hora y media de llantina.

    Ayer fue Rafa el que se estrenó en esto de las clases y ¡tragedia! Que aunque yo le hablé del asunto días antes (todo lo que se le puede decir a un bebé de 22 meses), creo que no captó el mensaje. Y eso que tuvo la suerte de ir acompañado de su hermano mayor y, no sólo eso, sino que en la guardería, muy dispuestos, se ofrecieron para que se quedase Alfonso allí las dos horas y a Rafa le fuese más fácil la adaptación. Pues ni con ésas.

    CAM01954
    Ayer, los dos juntinos. El pequeño sin saber lo que iba a pasar. El mayor ejerciendo como tal.

    Entramos en el centro, los dos tan «pichis» analizando un super patio lleno de triciclos, motos y toboganes. Rafa estaba desconfiado y se acercaba a todo pero sin soltar mi mano por más que yo hice mis intentos; los críos no tienen un pelo de tontos. Allí apenas lloraba un niño porque los padres llegamos de forma escalonada y así se evitan desdichas comunitarias y contagiosas. Se despistó unos segundos y yo desaparecí; en el tiempo que me puse a hablar con la profe, ya en otra sala, le oí empezar a llorar. Mal asunto.

    Y tuve, para mí SOLA,  hora y media para hacer recados, todo un lujo. Llegué a la guardería pensando que estarían felices y contentos. La cara de la profe al abrir lo dijo todo; bueno, la cara y las palabras: nunca me había pasado, no ha parado de llorar. Y efectivamente, entré y ahí estaba Rafa, desolado. El pobre Alfonso no pudo disfrutar mucho de su estancia porque no había conseguido que el enano dejase de lagrimear y estaba agobiado. Ser hermano mayor es duro, os lo digo yo. Si uno de tus hermanos pequeños monta un numerito (sea del tipo que sea), vas a ser el primero en enterarte y bajar la cabeza.

    CAM01957
    Y así se quedan después de semejante trance.

    La verdad es que no deja de sorprenderme que esto les cueste tanto cuando están muy acostumbrados a estar con gente; es cierto que hasta los casi dos años han pasado la mayor parte del tiempo conmigo pero han sido también muy independientes para jugar, dormir… y les gusta estar entre gentío, se van encantados y sin decirme ni adiós con los abuelos, tíos… En cualquier caso, ahora ya sólo espero que en poco tiempo le coja gusto a esto de la guardería, y que la vuelta de Alfonso al cole sea positiva. Os confieso que me gustaría disfrutar del final del embarazo con un poco de tiempo para mí. ¿Qué tal la vuelta al cole y los inicios de guardería de vuestros peques?

  • La vuelta al cole, ¿un descanso para los padres?

    Ahora sí, lo confieso y, no sólo eso, sino que lo grito a los cuatros vientos: me uno al club de las madres que están deseando que llegue la vuelta al cole. ¡Quién me lo iba a decir! Acostumbrada yo a estar las 24 horas del día con un niño o retoño a cuestas desde hace casi cuatro años y, a la mínima, estoy deseando desertar. Que no es que ya no quiera estar tanto tiempo con los churumbeles pero es que juntos, día y noche, han resultado una mezcla explosiva. Por separado el asunto lo llevaba mucho mejor, no os voy a engañar.

    El verano pasado tenía un niño de más de dos años y medio que había salido de la guardería casi como había entrado, de un dócil que para qué contaros, casi rondando la santidad. Vamos, un niño de esos que da gusto tener en casa. ¡Pobre de mí que pensaba que aquello sería así toda la vida! Fue empezar el colegio y se acabó la paz. Allí espabilan y el que era dócil ahora es un mandón. Y el que era manso, ahora es un rebelde, con mucha bondad, pero al fin y al cabo, un niño que está en fase de negación, ¡mira que les gusta decir «no» a todo!

    Y el verano pasado, en mi casa, el otro inquilino tenía ocho meses y todo su desplazamiento era el gateo, y esas velocidades no son comparables a las maratones que hace hoy en día. Y ahora tengo un pequeño imitador de su hermano mayor. Lo sé, con 22 meses no debería tirarse en «plancha» al suelo, ni coger la moto y «estrellarla» contra el sofá, ni reírse cuando le hacen una zancadilla; al menos, eso era algo que Alfonso no hacía hace dos años, pero vamos, ni eso ni parecido. Pero los pequeños copian y, por desgracia, no a sus padres, sino a sus hermanos. Y si el mayor se sube a la cama o al sofá para saltar, el otro va detrás. Y si uno quiere un coche, el otro también. Y así se monta la de San Quintín. Y yo, a estas alturas, tengo la cabeza como un bombo.

    Así que, desde aquí, lo digo alto y claro: las vacaciones son para los niños, no para los padres. Y casi tres meses de fiesta y jarana empiezan a parecerme un exceso. Claro que, en el caso de los hijos únicos, igual la cosa es bastante más tranquilita aunque apuesto a que acaban queriendo regresar a las clases porque en casa no hay tanta animación. Igual soy yo una exagerada por aquello del embarazo pero me da a mí que no soy la única a la que la vuelta al cole le va a sentar bien. Y vosotras, ¿sois de las que estáis deseando que empiece otra vez el colegio de los peques?, ¿notáis también que ellos necesitan más rutina y a sus amigos?

  • Se acabó el curso

    Aunque el tiempo pasa siempre a la misma velocidad, nuestra percepción cambia bastante dependiendo de lo vivido. Desde que soy madre, me aterra pensar en lo rápido que todo sucede a mi alrededor, sobre todo lo que tiene que ver con los peques. Ayer recogí a Alfonso en el cole por última vez este curso y pensé: su primer año ha volado y yo casi ni me he dado cuenta. Así que voy con un pequeño resumen de los cambios que he visto en estos diez meses en el peque, que ya cada vez es menos peque:

    A lágrima viva empezó el cole, y le duró el disgusto una temporada

    1. Sabe escribir todas las letras del abecedario, por lo que si le deletreas una palabra, la anotará. Sin embargo, si le dices la palabra al completo, no lo hará, salvo escribir su nombre, mamá, papá y, es curioso, el nombre de algunos de sus compañeros de clase.

    2. En la guardería no tenía inglés así que este año ha tenido su primer contacto con el idioma anglosajón. Ya sé que no es nada del otro mundo, pero me hace gracia escucharle cuando dice “orange” con una pronunciación que ya quisiera yo. Y aparte de los colores y números, ha aprendido cosas tan típicas como big, small, happy, sad, sunny, cloudy… Vamos, lo normal, digo yo.

    Aún recuerdo que aprendíamos inglés en el cole con ayuda de Big Muzzy

    3. Se relaciona menos con las féminas, o eso dice porque hasta ahora sólo ha ido a cumples de compañeras 😉 : Hasta este año, nunca le había escuchado cosas como “no quiero que Pepita se siente a mi lado” y tan ancho se queda. Yo no sé en qué consiste pero es cierto que las niñas tienen mejores  amigas y los niños mejores amigos, si es que Dios nos cría…

    4. Ha pasado de ser un niño exageradamente bueno, dócil diría yo, a ser un mandón e incluso con un punto rebelde: ahora que tengo a Rafa, puedo decir que Alfonso fue un santo, muy obediente, tranquilo, sin rabietas. Ya os conté que el inicio del cole le costó mucho, estuvo en crisis ¡un mes! Y ahí tuvo una temporada de berrinches importantes, se le acabó pasando pero ya no volvió a ser el beato del pasado. Ahora da órdenes, reacciona en cuanto le empujan, y de vez en cuando hasta contesta en plan resabiado. “Pues me chivo”, «sois malos» y “hala, pues no te invito a mi cumple” (lleva meses con la frasecita y aún le queda hasta octubre para cumplir años, jaja) son algunas de las expresiones estrella.

    5. Ha ampliado su vocabulario aunque es cierto que empezó el colegio hablando bastante bien, es decir, se le entendía todo. Y en esa ampliación de vocabulario entran también términos como culo, pedo y chorradas varias. No le tolero los insultos y, aún así, el otro día entrábamos en el portal y le dijo “caraculo” a la vecina más insulsa y tonta de la urbanización. No digo que justo esa señora no se lo merezca pero obviamente yo le tuve que reñir y no ha vuelto a decirlo desde entonces.

    6. Ha hecho nuevos amigos y serán para toda la vida: Eso es, sin duda, lo mejor de todo. Haber conocido a amigos que compartirán con él desde salidas nocturnas (me entran escalofríos al pensarlo) hasta el día de su boda (si la hay).

    Y así, sin callar, cargado de cosas, salió ayer del cole.

    Y ahora nos quedan las actuaciones de fin de curso, ya estoy nerviosa por ver cómo se desenvuelve con público 😉 ¿Notáis muchos cambios cada curso?, ¿es el primer año de cole en el que más se notan?, ¿será la adolescencia cuando realmente advierta la verdadera transformación? Temblando estoy 😉

  • Cumpleaños infantiles

    Ya os he contado que este año, al ser el primero de Alfonso en el cole, iniciamos la temporada de cumpleaños. Temporada que imagino durará unos cuantos años, por lo menos hasta que cumpla 12 o 13 primaveras y me diga que invita a sus «colegas» a unas pizzas o hamburguesas en cualquier sitio menos en casa 😉 Bromas aparte, este sábado Alfonso tuvo el cumple de otra de sus compañeras de clase (por ahora sólo ha ido a eventos de féminas) y oye, el listón cada vez más alto.

    Además de invitar a los peques desde mediodía (es decir, cumple con comida y merienda), tenían de todo. Así que doy también las gracias desde aquí a Gema. El castillo y la cama elástica los habían prestado otros papis; que conste que se venden desde 200 euros y si se compra entre varios padres, puede ser rentable.

    Vamos, lo que ya tengo claro es que en octubre, cuando celebremos el de Alfonso, lo haremos en casa de mis padres. Nada como un jardín para que «desfoguen». Bueno, en realidad ya lo hemos celebrado allí siempre así que espero que a mis progenitores no les importe una pequeña invasión de enanos. Pero creo que por mi salud mental, lo mejor es hacerlo al aire libre y en octubre solemos tener muy buen tiempo por el norte.

    En cualquier caso, desde que estoy metida en esto de la blogesfera, esto de los cumpleaños de niños me tiene anonadada. Aunque tampoco hace falta indagar mucho, desde que vi la celebración del primer cumpleaños del hijo mayor de Borja Thyssen y Blanca ya casi todo me parece poca cosa 😉 Entre el buffet con ostras y marisco incluido para los adultos, y la presencia de 40 niños, en fin… Que es cierto que el primer cumple siempre se nos va de las manos teniendo en cuenta que no se enteran de na’ pero tampoco es como para convertirlo en algo parecido a una boda gitana.

    Que yo veo bien eso de currarse un poquito la decoración, llamar a un pintacaras o a alguna persona que les entretenga con un taller, encargar una tarta personalizada… pero de ahí a contratar un equipo completo de 10 animadores o un catering cuando luego ellos se tiran a los gusanitos, pues como que parece excesivo. Espero que nadie con un servicio de catering se me lance a la yugular porque son un invento estupendo, pero no necesario para niños de tres años.

    Igual soy yo muy clásica, muy de lo de toda la vida pero nosotros éramos de celebrar los cumples en algún merendero y se encargaban unas tortillas y unas croquetinas, se llevaba una tarta y unas gominolas y todos tan contentos dando brincos. ¿Cómo recordáis vuestros cumpleaños de pequeñas?, ¿cómo celebráis los de vuestros peques?

    Y mientras escribo esto, mi primer sobrino asoma su cabecita al mundo, tengo a mi hermano y a mi cuñada de parto, ¡qué nervios! Ya os contaré porque tengo debilidad por los recién nacidos. Y por cierto, como ya puse un vídeo dedicado a las madres el viernes, no he hecho hoy mención al Día de la Madre. Espero que lo hayáis disfrutado.

  • Bipolaridad infantil

    Tengo una teoría y es que los niños y bebés tienen un punto bipolar, pasan del llanto a la risa y viceversa en cuestión de segundos. Ya os he contado más de una vez que Alfonso es un niño muy expresivo, todo lo vive apasionadamente, lo bueno y lo malo así que su bipolaridad es aún más palpable. Cuando en su vida se produce algún acontecimiento que para él es injusto, sufre intensamente. Ayer, cuando le recogí en el cole como todos los días, le pregunté si había comido sus galletas de dinosaurios en el recreo. Primer disgusto, maridín no había puesto su nombre al paquete de galletas por la mañana y claro, esas cosas son imperdonables.

    Normalmente, el crío lleva manzana pero se me había olvidado reponer el día anterior así que ayer, después de contarme lo de las galletas de dinosaurios, le dije que ya había comprado fruta y que mañana llevaría su manzana. Segundo disgusto, se paró en seco con cara compungida y me dijo que a veces se la tiran al suelo. ¿Quién te la tira?, le pregunté. Su respuesta fue «los mayores». Me agaché para abrazarle y seguí preguntando.

    Nuestro paseo del cole al parque da para mucha conversación.

    Los mayores son los de 4 años, vamos, sólo un curso por encima de él. Le tiran la manzana y claro, cuando la coge está un poco sucia. En ese momento me enervo y me sale la vena mamá guerrera, como la loca de la película «La mano que mece la cuna» cuando va al cole de la niña 😉 Ayyy pero la maternidad me ha hecho de un razonable… Y aunque a mí me apetezca decirle al niño «coño Alfonso, espabila y mándales a la porra», le digo que avise a la profesora y que no se preocupe. ¡Anda que no se muerde una la lengua cuando tiene hijos!

    En fin, pues no me habrán toreado a mí de pequeña, y lo que habré toreado yo a otros. Yo recuerdo que no pegué ojo una noche por quitarle a una profe un tajalápiz (sacapuntas), no os digo más. Cosas de niños, no le doy más importancia porque además en el cole se ve que el niño está feliz. Eso sí, le pregunto cada día para estar al tanto de lo que le gusta y de lo que le hace pasar mal rato, porque señores, el niño es muy sufrido. Tanto, que ayer se hizo un rasguño en el parque y del disgusto (y cansancio) se quedó dormido en mis rodillas. Y vuestros peques, ¿tienen sus «problemillas» en el cole?, ¿os lo cuentan como si el mundo fuera a acabarse?

    CAM00607

    Pues eso, que del parque el señorito volvió en la silla de su hermano y el pequeñajo andando. Y como veis, con el pañuelo en la mano porque estaba desangrándose 😉

  • Cuando llegan las notas

    Os podéis imaginar que, con un niño de tres años, el momento de la entrega de notas no tiene ninguna tensión. Imagino que otro gallo cantará dentro de unos años, o igual tengo unos niños hiper listos que llegan con unas calificaciones estupendas a casa, ya se verá. En cualquier caso, y como ya nos han dicho en el colegio, las notas tienen su justa importancia, no dejan de ser unas puntuaciones orientativas sobre el aprendizaje de los niños en determinadas materias.

    Es más, confieso que la primera vez que Alfonso llegó con notas a casa, al terminar el primer trimestre, me limité a echarles un vistazo; vi que todo eran “Adecuados” (que será algo así como el aprobado de toda la vida) y “Bienes” (que también en nuestra época existía esta calificación) dando por hecho que todos los niños tendrían parecidas puntuaciones. Unos días más tarde, una madre de uno de sus compis me dijo que también existían los “No Adecuados”, o sea, los suspensos. De cualquier manera, seguí sin darle más relevancia al asunto.

    notas colegio niños suspensos

    Sin embargo, tras recibir las segundas notas en casa, me he dado cuenta de que sirven para algo. Bueno, a mí me han servido para varias cosas. Por ejemplo, para comparar lo que yo veo en casa con lo que ve su profesora. Es decir, si en casa yo percibo que el niño habla perfectamente y en el colegio, en esa “materia”, le califican con un “No Adecuado”, debería pensar que el niño, por alguna razón, no está cómodo en el centro, o con el tutor, o con los compañeros porque allí no se comunica. De alguna manera, en este sentido, las notas sirven para detectar cosas que no funcionan como deberían.

    notas colegio niños suspensos

    Las notas también me sirven para ver en qué cosas mejora y en cuáles no. En nuestro caso, Alfonso ha pasado de todo “Adecuados” y “Bienes” a “Bienes” y “Excelentes” (que entiendo que es como el sobresaliente de nuestra época). Vamos, que ya hay cosas en las que destaca, de ahí que pueda ayudarle en lo que veo que puede resultarle más difícil y darme cuenta de las cosas para las que está más capacitado. Eso sí, por ahora no he podido descubrir si es de letras o ciencias 😉 porque tiene sobresalientes en materias tan distintas como Escritura y Conceptos matemáticos.

    Insisto, todo ello tiene su justa importancia. Hay niños y adultos que sirven para estudiar y los hay que no, eso no es ni mejor ni peor. Los hay que estudian divinamente pero después tienen un don para otra cosa, como le ocurrió a mi tío (autor del logo del blog). Los habrá que sean más listos que el hambre pero que sean unos vagos redomados. O que les cueste horrores concentrarse en un libro y se entretengan horas con un oficio. Los habrá que saquen sobresalientes en unas materias y que no sean capaces de hacer una raíz cuadrada (así era yo).

    notas colegio niños suspensos

    No concibo presionar a un niño para que estudie algo para lo que no está preparado, sí creo que hay que pedirles que se esfuercen por conseguir algo en la vida, por hacerles entender que las cosas, materiales o no, tienen detrás mucho trabajo y esfuerzo. Mi padre, con toda su buena intención, quería que yo estudiase una Ingeniería, no me digáis que no es para partirse de la risa. Menos mal que mi madre tuvo un poco más de sentido común y apoyó mi camino hacia el Periodismo, ¿qué otra cosa podría haber hecho yo que no fuera escribir o hablar? Sinceramente, poco más…

    Y vosotras, ¿eráis de las que temblabais cuando teníais que llevar a casa las notas?, ¿pudisteis estudiar lo que quisisteis?, ¿cómo os tomáis los suspensos, si los hay, de vuestros hijos? Por cierto, ahora nada de trucar las notas, que nos llegan por papel y también las tenemos en internet.

     

  • Metido en todos los fregaos

    Ayer tuvimos reunión o tutoría (como seguimos llamándolo algunos) con la profe de Alfonso; ya sabéis, fundamentalmente para comentar cómo van los avances de la criatura. Bueno, y ya de paso, para que nos pusiese al día de todas sus trastadas, que no son pocas. De verdad que, con lo bueno que siempre ha sido, le está empezando a salir una vena gamberra que le hace estar en todos los jaleos posibles.

    Aunque no sé porqué me sorprende teniendo en cuenta que mis hermanos eran auténticos “terroristas”. Cada vez que pasaba algo en el cole, en la piscina, en la urbanización… la frase que tenía que escuchar era la de “eso lo hicieron los Osorio”. Y claro, ahora no me debería extrañar que mi hijo esté metido en todos los saraos, especialmente los que ocurren en el baño del colegio, se ve que ese momento es muy productivo.

    images (1)

    Mis hermanos mellizos se ganaron el mote de Zipi y Zape, porque además daba la casualidad que uno era rubio y el otro moreno.

    El caso es que Alfonso llegó el otro día del cole preocupado porque le habían castigado sin hacer gimnasia. Y eso duele, claro, porque está esperando como agua de mayo ponerse el chándal para ir al cole. ¿Y por qué te castigaron, Alfonso?, le pregunté delante de su padre, que estaba detrás partido de la risa y ya se sabía la historia. Porque entré en el baño de las chicas a asustarlas, me dice el cabrito. ¿Y yo qué puedo decir ante eso?, me entendéis, ¿verdad?

    Parece que el momento de ir al baño le motiva especialmente, así que ayer la profe nos contó otra de sus aventuras: el trío Calavera (no os vayáis a pensar que actúa sólo) se dedicó a atascar el váter con papel higiénico. Sí, siempre son los mismos los que la lían, casualidades de la vida que los tres nacieron en octubre. Y yo me pregunto, pero si está todo el día hablando de Paquito, que debe ser lo más parecido a un santo, ¿por qué luego no se queda pegadito a él en vez de meterse en todos los fregaos? En fin, menos mal que la profe nos dice que le encantan los niños con su punto gamberro. Y aparte de eso, lo tenemos en plan rebelde sin causa. La que me espera, Dios mío.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies