Categoría: colegio

  • Redistribución de clases… dos años después

    Redistribución de clases… dos años después

    No pensaba sacar este tema pero, como os conté por Instagram que Rafa cambiaba por primera vez de compañeros al pasar de Infantil a Primaria, y que Alfonso volvía a cambiar este nuevo curso, muchas de las que me seguís por allí, lógicamente, me disteis vuestra opinión y algunas sentíais cierta preocupación porque les tocará a vuestros hijos. Os diré que esto es lo que yo pensaba hace dos años sobre la redistribución de clases. Yo, que me pasé toda la vida con las mismas personas, además en una clase muy reducida, en la que no recuerdo que hubiera grandes problemas y en una etapa de la que yo tengo buen recuerdo, pues lógicamente tenía mis reservas sobre el tema y, a priori, la idea no me entusiasmaba nada porque Alfonso estaba muy contento con sus amigos de Infantil.

    Redistribución de clases… dos años después

    He de decir que, cuando llegué el primer día al cole y vi la lista de nuevos compañeros de Alfonso, me «disgusté» un poco porque de su grupo de cinco amigos más cercanos, no estaba ninguno. Ya era mala suerte. Pero lo cierto es que para mí fue un descubrimiento comprobar cómo él no le dio demasiada importancia. Lo mismo que Rafa este año cuando vio que no estaban en su nueva clase sus dos mejores amigos. Se lo dices tú al ver la lista y parece que se disgustan un poco; entran en clase, ven caras conocidas y enseguida se les pasa. Porque la realidad es que en los recreos y en el tiempo de ocio se mezclan con muchos niños y todos se conocen.

    Además, en nuestro caso, se suma el fútbol que, quieras o no, ahí hacen mucha piña. Y algunos de los niños de su equipo puede que no estén en su misma clase pero ese tiempo haciendo deporte juntos se nota a la hora de configurar su grupo de amigos. Es decir, que la amistad no surge sólo en la clase, sino que abarca más ámbitos.

    Mi opinión es que los niños se adaptan muy bien a todo. Es cierto que hay niños más o menos sociables, más o menos tímidos y creo que, en algunos casos, quizás lo más adecuado sería que los padres hablasen con el centro y con los profesores para ver si en una situación concreta, la separación sería contraproducente y se pudiese evitar. Pero en la mayoría de niños veo que es positivo.

    Redistribución de clases

    Redistribución de clases, ¿por qué se hace?

    1. Se favorece que los niños socialicen y amplíen sus relaciones: esto es obvio. Con cuantos más niños compartan aula, más posibilidades hay que de amplíen su círculo de amistades.
    2. Se evitan los grupos cerrados y rivalidad entre clases: este punto no lo viví porque en mi colegio había una única clase por curso pero sí que se podía dar en colegios con dos o más clases por curso. Se ha visto que según se van haciendo mayores los alumnos,  es más probable que surjan rivalidades entre ambas clases e incluso en sus familias.
    3. Se evitan los roles: es muy típico que, en las clases, uno sea el más payasete, otro el lento, otro el que es un empollón, etc… Sin querer, ese rol que se adquiere, determina también la forma de actuar. Así que al mezclar alumnos,  esos roles tienden a desparecer, a pasar desapercibidos…

    En resumen, se cree que tiene muchas cosas positivas. Y yo de verdad creo que seguramente las tiene. ¿Qué cosas veo negativas? Pues que, como decía antes, hay niños a los que les cuesta mucho relacionarse, así que entiendo que este sistema les pueda causar inestabilidad. Ése es el motivo más complicado y cuestionable de la redistribución de clases: la inestabilidad que pueda suponer para algunos alumnos. Si queréis dejar vuestros comentarios con experiencias y opiniones para que otras madres los puedan ller cuando llegue a este post, ¡serán bienvenidos!

  • Primer día de colegio… si van los hermanos

    Primer día de colegio… si van los hermanos

    El primer día de colegio no suele ser fácil… o no tiene porqué serlo. O sí. Al final, como siempre digo, cada niño es distinto y unos pueden reaccionar de una forma en una circunstancia concreta y otros críos reaccionar de otra. Vamos, que la forma de ser del niño es un punto importante pero hay otro factor que para mí es clave a la hora de empezar el colegio: los hermanos. Esto suele cambiar bastante el cuento. Recuerdo perfectamente los «lagrimones» de Alfonso en sus dos primeros días en Infantil. Y recuerdo que a Rafa le importó bastante poco que le dejásemos allí. Básicamente por dos cosas:

    1. El lugar les resulta conocido: En el caso de mis hijos, el que hayan practicado fútbol desde pequeños en el colegio, ha hecho que sus hermanos pasasen mucho tiempo allí, no sólo el momento de llevar o recoger al que ya estaba escolarizado. Aún así, cualquier hermano pequeño conoce el colegio al que va un hermano mayor, bien por ir a menudo, bien por las fiestas del cole…
    2. Los hermanos y sus amigos: En mi familia, yo soy la hermana mayor y mis tres hermanos son varones. Por tanto, no viví eso que cuenta mucha gente de que hacían planes o se juntaban mucho con los amigos de sus hermanos mayores. Porque normalmente, los pequeños ya conocen a los amigos de los mayores… que si de algún cumpleaños, que si de los partidos de fútbol, de lo que sea pero les tienen fichados así que son caras más que conocidas…

    Y es que los hermanos mayores, al principio, suelen acercarse en los recreos a ver cómo va el que acaba de entrar. Ayer Rafa me decía que no había podido ver a Gabriel y estaba preocupado.primer día de colegio

    Cómo fue el primer día de colegio de Gabriel

    Pues más o menos tal y como imaginaba. Él ya sabía a dónde iba y además digamos que conoce el terreno desde la misma semana en que nació, que ya iba conmigo a todos los entrenamientos y partidos del mayor, para luego ir a los del mediano, más la recogida diaria. Vamos, lo que viene siendo el patio, pistas, fuentes de agua, vestuarios y hasta escobillas de baño… Eso sí, lo de decirles que van al cole con sus hermanos tiene alguna desventaja, y es que se lo toman al pie de la letra y piensan que se van a pasar el día con ellos… Y va a ser que no. Que se ven en clase con unos cuantos niños desconocidos, algunos llorando, y no ven claro ya el asunto. Pero bueno, ahí mantuvo el tipo, además con su primo al lado, y con unos libros y unos juguetes parecía tranquilo… hasta que le dije que me iba, que ya puso cara de puchero y le salieron las lagrimillas. Pero bueno, un poco de diálogo diciéndole que le iba a recoger en tres horas y ya la cosa quedó en eso, en amago. Así que digamos, fue bastante bien. ¿Qué tal el inicio para los peques?

  • Tres señales que demuestran que tus hijos necesitan volver al cole

    Tres señales que demuestran que tus hijos necesitan volver al cole

    Más o menos, en torno a mediados o finales de agosto, cuando ya solemos estar de vuelta de nuestras vacaciones y la alteración de los niños es equivalente a 100 al cuadrado, comienza mi momento crisis en casa. Y ya me entendéis por crisis, me refiero a tener los nervios a flor de piel porque todo es un descontrol, los horarios, las comidas, la casa… Es cuando los decibelios de tu garganta han subido un poco a pesar de que ya te has acostumbrado a no gritar y poco te altera. Obviamente, a mí en esta ocasión, me han pillado fuera de juego y en baja forma, no es la situación en la que estoy normalmente y bastante tengo con superar cada día. Pero vamos, que la alteración que tienen al final de las vacaciones de verano es similar todos los años:

    1. Sordera continuada: no, no es la sordera selectiva de cuando les dices que recojan algo o que pongan la mesa. Es la falta completa de la capacidad de oír cualquier vocablo que salga de boca de sus progenitores, que no de sus abuelos. Es como si tuvieran unos tapones y ya no reaccionan ni cuando dices que se vayan vistiendo ni que ya está la comida. Nada, no hay forma de que reconozcan su nombre.
    2. Me aburro: la frase estrella de mi hijo mayor. Estamos en esa fase en que cada 5 minutos necesita cambiar de actividad, pasamos del playmobil a la tv, de la tv a los coches, de los coches al puzzle, del puzzle a un libro…y de ahí al siguiente punto.
    3. Piques continuos entre hermanos: siempre he dicho que si me metieran en Gran Hermano, porque yo no lo haría por elección propia, no me comportaría de la misma manera. Cuando compartes horas y horas con las mismas personas, los roces van surgiendo. Y cuando de niños se trata, la cosa se dispara. Porque cuando cada uno va a su clase con sus amigos, llegan luego a casa, ellos se ven y más o menos se quieren y conviven con cierta armonía. Pero cuando se pasan el día juntos, siempre quieren el mismo juguete pero distinto canal de televisión. Y dos construyen algo y va el pequeño y se lo destruye. Y no se andan con tonterías, si hay que empujar al pequeño, se le empuja. Y así, un tira y afloja continuo que te deja la cabeza como un bombo. Y como el mayor se aburre, si los otros están entretenidos, ya se encarga él de acabar con la tranquilidad.

    E intentas poner paz sin gritar, pero te lo ponen difícil. Y te das cuenta de que necesitan un poco de orden, que yo también tengo otro humor si me cambias mis horarios y rutinas. Porque al final, no queda otra que ir haciendo cábalas; ellos tienen tres meses de vacaciones y los padres no. Y entonces… que si unos días con los abuelos, que si un campamento, que si viaje… ¿quién no acaba desquiciado así?

  • Huelga de deberes, innecesaria

    No me gustan las huelgas, son síntoma de que el diálogo ha fracasado y tengo claro que, cuando fallan las conversaciones, entramos en terrenos pantanosos. Pero es que además, en el caso de la huelga de deberes, me parece que hay un agravante: los niños. Les estamos pidiendo a los críos que no hagan unas tareas que sus profesores les han asignado, ¿soy la única a la que esto le parece espinoso? Se supone que los maestros tienen la difícil labor de educar y formar a nuestros hijos y resulta que los mismos padres les desacreditamos delante de los niños. Les dejamos completamente atados de pies y manos a la hora de ejercer su potestad y no olvidemos que están lidiando, no solo con nuestro hijo, sino con otros veinte o veintitantos críos más.

    No me voy a poner en plan trascendental sobre la época en que nos criamos nosotras, las que ahora somos madres, aún sabiendo que no tenemos traumas, ni por tener deberes, ni porque lo que decían los profesores y padres, con más o menos razón, iba a misa. Porque no soy de las que estoy a favor del «aquí mando yo» o «lo que diga yo y punto». Pero como en casi todo, nos queremos ir de un extremo al otro. Y ni tanto, ni tan calvo. De lo que sí estoy segura es que padres y profesores tienen que ir de la mano, y desacreditar a unos u otros no hace ningún favor a nadie, menos a los niños, que no hacen otra cosa que tomar ejemplo de los adultos que tienen cerca.

    Deberes, ¿sí o no?

    Dicho esto, voy a dar mi opinión: querer cargarse los deberes me parece un desacierto. Primero, porque hay asignaturas que requieren de cierta memorización, es decir, de estudio. Por mucho que tu profesor sea un crack en Historia y te cuente la Revolución Francesa como si estuvieras viendo una película, hay nombres, fechas o acontecimientos que debes retener. Eso es así. Y segundo, porque los hábitos, sean los que sean, se imprimen desde pequeños. No podemos pretender que nuestros hijos estudien una carrera con 18 años sin tener un hábito de estudio, es imposible. Las que no estudiamos desde hace años, sabemos lo difícil que nos resultaría ahora hacerlo. Y aunque no vayan a pisar la Universidad, es un hábito que implica autonomía, responsabilidad y esfuerzo, por tanto, no hay nada malo en ello sino lo contrario. Además, luego dicen los estudios que los niños ven más de dos horas de televisión al día así que hay cosas que no cuadran.

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    Ahora bien, abogo por una carga de deberes asumible para cada edad. No sería de recibo que un niño de 7 años tuviese que sentarse a estudiar o hacer deberes dos horas al día, pero quizás sí lo sea para uno que el curso siguiente va a estar en la Universidad. En casa, este año nos estrenamos con los deberes. Alfonso empezó Primaria y dedica exactamente 10 minutos a hacer tareas asignadas por su profesora, que básicamente consisten en leer un texto y hacer uno o dos ejercicios. Creo que con 6 años no hace falta más. De ahí que no crea en el blanco o negro; las circunstancias, las edades, los horarios del centro escolar deben ser aspectos que dirijan un poco el trabajo a realizar en casa, y no la consigna «deberes sí, deberes no». No podemos caer en argumentos reduccionistas. Y desde luego, no seré yo, ni por asomo, la que anime a mis hijos a desobedecer a sus profesores. ¿Qué opináis?

  • Adaptación al colegio o guardería, ¿cuándo se han aclimatado?

    Adaptación al colegio o guardería, ¿cuándo se han aclimatado?

    He vivido de todo en esto de los llamados procesos de adaptación. Lo más importante es saber que cada niño tiene un ritmo y una forma de exteriorizar las situaciones que vive. Si la aclimatación de Alfonso a la guardería le llevó un par de semanas, en las que lloraba al entrar pero luego se encontraba a gusto y no supuso ningún cambio en su carácter, la de Rafa fue mucho más costosa y la exteriorizó con una etapa de rabietas, aunque no sé si sencillamente coincidió. Nunca lo sabré. Ambos empezaron a ir a la guardería semanas antes de cumplir los dos años y a punto de recibir un nuevo hermano, por lo que sus situaciones fueron muy similares y, como veis, las adaptaciones muy distintas.

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    Alfonso, a la izquierda, en su primer día de guardería. A la derecha, al final de la semana.

    Distintas formas de afrontar el inicio del colegio

    Sin embargo, el inicio del colegio para el mayor fue más duro; atravesó una temporada en la que estaba irascible y de vez en cuando montaba algún numerito, mientras que para Ricitos de Oro el comienzo del cole fue muy sencillo, sin ningún tipo de problema. Imagino que aquello estaba directamente relacionado con que tenía a su hermano mayor allí y ya conocía bien el sitio. Pero no debemos dar nada por hecho porque a veces nos sorprenden. Puede que tengas un niño super sociable y autónomo y lo pase mal al empezar el cole o guardería y, por contra, un niño tímido y aparentemente dependiente de sus padres, puede afrontar con naturalidad y total normalidad este proceso. Hay de todo.

    ¿Cuándo están «adaptados»?

    De hecho, doy por concluida la adaptación de Gabriel a la guardería y curiosamente ha sido un éxito. Sí, digo curiosamente porque me ha sorprendido, creo que de los tres ha sido y es el más enmadrado con diferencia. Por eso esperaba que fuera más complejo todo. Pero no, ha sido el más sencillo de los tres. El proceso de adaptación puede ser muy variable y puede experimentarse de muy diversas formas. No termina sólo el día que ya no lloran por ir al cole o guardería, porque algunos no lo exteriorizan a través del llanto.

    El proceso concluye cuando esos cambios de carácter y de comportamiento que se han producido a raíz del inicio del cole, desaparecen nuevamente. Mi hijo mayor lloró los primeros tres días pero su adaptación finalizó dos semanas después, cuando dejó de estar irascible y volvió a comportarse con normalidad. Para Rafa, no hubo periodo de adaptación porque se sintió como en casa desde el primer día. Si vuestros niños aún siguen pasándolo mal, tened paciencia, hablad con naturalidad del cole o guardería y pensad que es un proceso que todos hemos pasado y del que muchos ni nos acordamos. No hay una sola forma de afrontarlo. ¿Cómo ocurrió con vuestros hijos?

  • La discriminación… mal entendida

    La discriminación… mal entendida

    Este post surgió tras una conversación en Instagram sobre zapatos. Ya veis, así somos, empezamos comentando si éste o aquel calzado es resistente y acabamos hablando de discriminación. Pues sí, el hilo conductor fue nada menos que el fútbol, ese deporte al que juegan muchos de nuestros hijos en los recreos y que hacen que los zapatos o playeros tengan una vida corta. Pero vamos al lío. Resulta que hay colegios que prohíben el fútbol por ser discriminatorio. Es más, no es sólo cosa de unos centros en concreto sino que fue tema de debate entre los políticos vascos. Vamos, que ya se quieran meter en eso estos señores, tiene tela. Yo ya no sé si es que me estoy haciendo mayor o es que ahora todo es políticamente incorrecto.

    Vamos a ver, prohíba en su colegio usted el fútbol, o más bien la pelota, si su patio tiene un espacio pequeño que no permita los juegos con balón, o si le rompen un cristal cada dos por tres, o si tienen que llevar cada semana a varios niños a Urgencias. O establezca qué días juegan unos cursos u otros, pero no me diga que es sexista. Primero, porque ya está dando usted mismo un mensaje discriminatorio: no dejamos jugar al fútbol a nadie porque solo lo hacen los niños, no queremos que se juegue al fútbol porque damos por hecho que las niñas no lo hacen. ¡Bravo!, ¿así pretendemos igualarlos?, ¿prohibiendo actividades que mayoritariamente practica un sexo?, ¿prohibimos también la comba en los patios?, ¿las canicas? Es un error enorme dar ese mensaje a unos niños de tres años que todavía no entienden de machismo ni feminismo, y que no saben si el fútbol o el baile es de niños o niñas.

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    El fútbol es un deporte asociado a un sexo, no hay duda. Como tantos otros, y tantas profesiones, y tantas actividades. ¿Y saben porqué? Hombres y mujeres somos distintos por pura biología. No veo que nadie se eche las manos a la cabeza porque en los Juegos Olímpicos haya categorías femenina y masculina de cada disciplina, igual es por algo. Quizás tiene que ver con el hecho de que físicamente no se le puede exigir la misma fuerza a un hombre que a una mujer, ni la misma destreza a una mujer que a un hombre. No se puede valorar igual el trabajo de un gimnasta varón de 80 kilos que el de una fémina de 50 kilos. Al igual que no se puede valorar por igual el levantamiento de pesas de un hombre o una mujer. Razones puramente biológicas. Discriminar es dar un trato diferente a personas que merecen recibir el mismo trato, o beneficiar a unos y perjudicar a otros sin más motivos que la diferencia de raza, sexo, ideas políticas, religión, etc… No se líen, discriminatorio es decirle a una niña que no juegue al fútbol o a un niño que no vaya a clases de baile.

    Por favor, dejen que los niños decidan lo que quieren hacer en su tiempo libre, el que quiera jugar al fútbol, que lo haga, y el que quiera intercambiar cromos de su álbum, que lo haga. Y dejen que los niños hagan deporte. La generación de nuestros hijos va a ser la primera que viva menos años que sus padres, ¿saben por qué? ¡Por sedentarismo! Y no se nos ocurre otra cosa que prohibirles que jueguen a la pelota, probablemente el primer «juguete» de la historia de la humanidad, el único con el que probablemente jueguen todos los niños del mundo, sea de plástico, papel o cuero. En fin, lo que nos quedará por ver.

  • Mezclar o redistribuir a los alumnos en cada cambio de ciclo, ¿sí o no?

    Mezclar o redistribuir a los alumnos en cada cambio de ciclo, ¿sí o no?

    Este tema ha suscitado mucha polémica. A priori, la idea no me gusta. O más bien, no me gustaba, porque no sé a ciencia cierta si los argumentos favorables o contrarios son reales; he escuchado de todo y creo que, en el fondo, casi todas las partes tienen su parte de razón. Pero hasta que no lo vivan mis hijos no sabré si les ha afectado para bien o para mal, o sencillamente no les afecta. Alfonso empezará el lunes el primer curso de Primaria. Ese día, se encontrará con que sus compañeros de clase no serán los mismos que los que ha tenido los tres años de Infantil. No me asusta la idea porque es un niño super sociable y me consta que tiene trato con niños de otras clases del mismo curso, básicamente los que juegan al fútbol, pero, ¿y si no coincide ahora con ninguno de su grupo de 4-5 amigos más íntimos? Creo que a todos nos daría rabia, o pena.

    Y os digo una cosa, me da cierta tristeza no sólo por los críos sino también por nosotros, los padres, porque muchos hemos entablado relación a raíz de las celebraciones de cumples, de fiestas… Pero obviamente, el argumento de los adultos es lo de menos porque verdaderamente importan los niños. En nuestra época esto de redistribuir a los niños no pasaba, empezabas en Pre-escolar con unos compañeros y llegabas a COU con los mismos, salvo que se fuese algún alumno o se incorporasen otros. Pero era así, éramos los de toda la vida. Y creo que eso tiene muchas cosas buenas vinculadas precisamente a las relaciones que se forjan con las personas con las que más tiempo pasas. A mí, desde luego, me gustaba. Por tanto, este sería para mí el principal argumento en contra de la redistribución de clases. También creo que puede suponer un problema para el rendimiento de los niños ya que los cambios, a priori, descolocan un poco.

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    Por contra, creo que el principal razonamiento a favor está también asociado con las relaciones, porque se favorece que se conozcan mejor entre todos los alumnos del curso, y no sólo con los de la propia clase. Es decir, creo que Alfonso seguirá siendo amigo de ese círculo que os hablo de sus más íntimos y con ellos estará en los recreos pero, a la vez, el cambio de compañeros le hará crear nuevas relaciones. También con esta fórmula pienso que se evitan los típicos grupos «influyentes» que existen en casi todas las clases, y que muchas veces pueden ser un problema. A día de hoy, me quedo con la fórmula de nuestra época pero lo digo con la boca pequeña… no sé deciros lo que pensaré dentro de uno o varios años. ¿Qué opináis? Las que ya hayáis pasado por esto, ¿creéis que ha beneficiado o perjudicado a los niños?

  • Top 10: compras para iniciar el curso

    Top 10: compras para iniciar el curso

    Tras el éxito de los posts de la semana pasada relacionados con la vuelta al cole, voy con nueva entrega sobre este tema. Bueno, en realidad también incluyo alguna cosa para mí, que el inicio de temporada también trae cambios para los mayores en forma de nuevos horarios, y cómo no, algún que otro nuevo propósito tras un periodo vacacional. En este momento, aún no he tenido tiempo de ir de tiendas así que el consejo sobre las compras online que os daba la semana pasada, lo estoy llevando a rajatabla. Y como os dije, Amazon.es ha sido mi salvación para temas de material escolar y de la vuelta al cole, por aquello de que hay ofertas esta semana. Así que voy con la lista de imprescindibles comprados o que me gustaría comprar:

    1.Forro para libros: sí, este temido momento ha llegado. Mi hijo mayor empieza ya Primaria y he tenido que indagar sobre esto. Por supuesto, me he ido a lo práctico, medir libros y comprar los forros ajustables, nada de andar recortando y pegando.

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    2. Mochilas: En Infantil, por lo menos en el colegio al que van mis niños, no usan mochila porque, como el obvio, no tienen deberes. Usan la típica bolsa de tela para llevar los mandilones (así llamamos en Asturias a los babis o batas) y el botellín de agua. Así que el mayor este año necesita mochila.

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    Y me temo que la elección va a estar entre la Patrulla y Rayo MacQueen.
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    Me consta que en muchos coles los niños ya tienen su tablet y no usan libros de texto, así que ésta es una buena opción de mochila con compartimento para ordenador.

    3.Estuches: Pues en esto pasa como con la mochila, que hasta ahora no hizo falta. Desde luego, en Primaria cambia bastante el cuento ya que los niños tendrán que traer a casa casi todos los días algún libro y sus lápices y pinturas.

    vuelta al cole estuche
    Lo sé, mi hijo me pedirá alguno de dibujos pero a mí me ha gustado éste.

    4.Libros: En esto hice en julio cierta labor de investigación, quería averiguar si había diferencias de precios entre unos sitios y otros y fui a varias librerías y supermercados. Y ya os lo digo, en Amazon es más barato incluso que cogerlos en el colegio de los niños. Os puse ya el enlace en el otro post pero os dejo otra vez dónde consultar libros de texto.

    vuelta al cole libros texto

    5.Calzado: ya dediqué un post especial a este tema para el calzado escolar, así que no me detengo mucho. Otro calzado que nos hace falta en Asturias son las botas de agua. Rafa heredará las de Alfonso y Gabriel las de Rafa. Como veis, esto de las herencias está genial para el mayor, él siempre estrena.

    vuelta al cole botas agua
    Enamorada de estas katiuskas.

    6. Ropa de abrigo: Sí, en esto no me voy a dar ninguna prisa; por ahora tenemos un septiembre estupendo y octubre en el norte es curiosamente un mes muy bueno así que la elección para el mayor la haré más adelante. Alfonso ya llevaba los tres cursos de Educación Infantil con el mismo abrigo (ya heredado de mi primo pequeño) y urge comprar uno. Aún no tengo claro el modelo.

    vuelta al cole abrigo

    7. Agendas: Un básico y un clásico para empezar el curso para niños y mayores. Yo sigo siendo de las que lo apuntan todo en papel, para eso soy «poco tecnológica». 

    vuelta al cole agenda

    8. Calendario: No sé si os pasa como a mí, no puedo vivir sin reloj ni… ¡sin calendario! Paso muchas horas delante del ordenador y necesito uno siempre al lado, voy señalando días no lectivos, eventos que tengo, revisiones del pediatra..

    vuelta al cole calendario

    9. Ratón inalámbrico: aquí donde me veis, trabajo con portátil pero sin ratón, una se acostumbra y listo. Pero ojo que, por ejemplo, para editar vídeos es un peñazo así que en mi lista de cosas pendientes para este curso está comprar uno, y sin cable mucho mejor.

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    Dicen que a éste ratón puedes pasar 3 años sin cambiarle las pilas.

    10. Pulsómetro: Mucho me temo que van a llegar las Navidades y aún no lo tendré. Es una de esas herramientas que los que hacen deporte dicen que es fundamental para sacar más rendimiento a los entrenamientos pero claro, no es algo barato. Y como lo de correr sigue viento en popa y, si todo va bien, creo que en breve tendré nuevo reto, pues reconozco que no estaría de más. Ver veremos.

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    Y si encima veo un pulsómetro en color rosa, ya me emociono 😉

    Bueno, pues esta es la lista de cosas que tenemos en mente para iniciar este nuevo y apasionante curso, unas ya las hemos comprado, otras se comprarán porque son necesarias y seguramente alguna se quede en el tintero a corto plazo. ¿Qué cosas os quedan por comprar?, ¿alguna a la que le hayáis echado el ojo y que a priori os vais a quedar con las ganas?

  • Conguitos, los zapatos para el cole que lo aguantan todo

    Conguitos, los zapatos para el cole que lo aguantan todo

    Como buena primeriza, he tenido mis tropiezos. Por suerte, nada que no tuviera remedio. Cuando mi hijo mayor empezó el colegio hace tres años, no sabía lo que suponía elegir un mal calzado. No es que el niño estuviera incómodo (aunque unos mocasines no eran una buena elección para dar patadas a un balón en los recreos) sino que no llegaron vivos a las Navidades. Los zapatos, claro. Me había gastado poco más de 20 euros. Y ojo, que no hace falta dejarse un pastizal en los pies pero está claro que fui muy optimista con aquella primera compra de zapatos colegiales. Recuerdo que, tras el fiasco, pregunté hasta en redes sociales por el asunto. Y probé más marcas, y me dejé más de 50 euros en algunos zapatos que sí, que resistían pero… no lo suficiente.

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    Y a la imagen me remito. Fijaos el aspecto del pie izquierdo, que es con el que principalmente juega al fútbol. Y ya veis que los cogí con estética casi de playeros, con la esperanza de que fuesen super resistentes. Son de una marca conocida.

    Fue en Instagram donde por primera vez vi algo de la marca Conguitos y alguien comentaba lo bien que le habían ido así que, después de probar dos o tres marcas, no tenía nada que perder. Además, de precio eran más asequibles que los que había cogido hasta entonces, salvo los primeros que ya os comenté, cuando no había aprendido la lección de invertir en calzado. Luego además los vi anunciados en televisión. Y los probé con la única esperanza de que aguantaran medianamente decentes los 6 meses que quedaban de curso. Y la sorpresa fue que aguantaron y con tan buen aspecto, que los podría volver a usar este curso aunque ha pegado un estirón y no le caben.

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    Y así acabaron el curso, bastante bien, ¿verdad? Con la puntera perfecta.
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    Y si algo funciona, ¿para qué cambiar?

    Son además de piel lavable, la plantilla es extraíble, la puntera está reforzada, lo cual es muy importante para pequeños futbolistas 😉 y curiosamente son super flexibles. Así que este año repetimos y cojo también para Rafa, cuyos primeros zapatos para el colegio tampoco aguantaron el curso entero porque se le cayó el velcro, aunque la profe le hizo un apaño para que le llegasen a final de curso. Total, que este año, por primera vez, el tema del calzado escolar no me trae quebraderos de cabeza porque ya no tengo que indagar más. Y como a mi hijo le ha ido muy bien, que sepáis que, si queréis comprar los colegiales de Conguitos o artículos de nueva colección, tenéis un 15% de descuento con el código DRAMAMAMA15. De verdad, os los recomiendo, si aguantan el ritmo de Alfonso, es que lo soportan todo.

  • Consejos para ahorrar en la vuelta al cole

    Consejos para ahorrar en la vuelta al cole

    A estas alturas, la «operación vuelta al cole» es ya una realidad; toca sacar cosas del año pasado, mirar qué sirve, qué hace falta comprar… Tras tres años pasando por esto, me he dado cuenta de que en algunas cosas me equivoqué pero en otras acerté de pleno así que, por si os ayuda, os doy algunas pistas para intentar ahorrar ahora que toca hacer un buen desembolso.

    Compra ropa crecedera: aquí servidora lo ha hecho muy bien, Alfonso se ha pasado los tres cursos de educación infantil con el mismo uniforme. Es lo bueno de los pantalones cortos, que se los coges justo a la altura de las rodillas y luego te duran varios cursos; si llevan pantalones largos, puedes meter el bajo e ir sacando cada año. Y si me permitís un consejo, buscad que las prendas sean elásticas en la cintura.

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    Hace tres años: igual me pasé con lo de «ropa crecedera» pero oye, ¡qué amortizados!

    Guarda y hereda: pues fijaos, ese mismo uniforme de Alfonso empezará a usarlo Rafa este curso. Guardad todo aquello que quede bien y pedid a conocidos, la ropa en los armarios sin que nadie la use en una pena. Eso sí, he de decir que los uniformes han resistido mucho pero de los chándales del cole no puedo decir lo mismo, no han sobrevivido.

    Compra online: en esto, el rey es Amazon. Yo soy fan desde que encontré el dichoso disfraz de caballo para Rafa de las fiestas del cole 😉 Total, que he visto que hasta el 20 de septiembre, por compras superiores a 70 euros en libros de texto de Primaria y Secundaria, dan un código promocional de 10 euros para gastar en una selección de productos de la vuelta al cole. Y ya muchas sabréis que el periodo de devolución es de 30 días desde la fecha de recepción del producto. Así que lo de las compras online es cómodo, se encuentran buenas ofertas, ahorras tiempo y puedes comprar de todo: libros, cuadernos, mochilas, rotuladores… Y ya para las que ni se conectan al ordenador, pueden comprar a través de la app de Amazon. ¡Lo que facilita la pantalla lo de las compras cuando pasas el día con los tres niños!, ¡cómo para estar de tienda en tienda!

    SKIP HOP MOCHILA AMAZON

    No escatimes en calzado: en esto yo fui muy pero que muy novata y me di cuenta que no, que en esto no vale cualquier calzado. Y ya os adelanto que habrá post sobre este tema porque en tres años he dado por fin con un calzado que aguantó un curso completo intacto, y eso merece que le dedique un capítulo completo.

    Forra libros: bueno, y pídeles a tus hijos que sean cuidadosos. Aquellos libros que queden en buen estado, podrán usarlos hermanos, primos o amigos. Eso sí, échale paciencia al asunto de forrar, ufff. Y si como yo habéis estado preguntando en distintos sitios los precios de los libros, ya os digo que ahorraréis tiempo con en la web librosdelcole.

    Y hasta aquí algunos consejos, serán bienvenidos todos aquellos que contéis en los comentarios, ¡nos vienen bien a todas!

  • Se acabó el curso escolar, ¿y ahora qué?

    Se acabó el curso escolar, ¿y ahora qué?

    Pues sí, se acabó lo que se daba, los coles cierran sus puertas y los niños se quedan de vacaciones casi tres meses. Que no digo yo que no sean necesarios (aunque al final lo que se hace necesario es volver a empezar) pero la realidad es que, para la mayoría de los padres toca hacer cábalas: abuelos, campamentos, turnos de vacaciones entre padres… No es fácil. Obviamente, esto lleva siendo así mucho tiempo. Muchas de nosotras ya hemos tenido madres trabajadoras y las vacaciones eran las mismas hace tres décadas, así que es obvio que se sale adelante, pero con dificultad… o desembolso de dinero.

    fin curso escolarPorque si no puedes recurrir a los abuelos y ambos padres trabajan, ¿qué puedes hacer con los niños? Por narices, tienes que recurrir a campamentos o campus en los que los niños estén unas horas al día realizando actividades, que no clases. Ésta será nuestra opción durante unas semanas para los mayores. Sí, y yo tengo suerte porque trabajo unas 5 horas al día y lo hago en casa, por lo que puedo reservarme unas horas y currar por la noche, así que podría tener a los niños conmigo a todas horas. Pero objetivamente, eso supondría no poder sentarme al ordenador en todo el día y acostarme a las 2 de la madrugada, como ya me ha pasado algunas veces. Aunque realmente, con Gabriel en casa, tampoco es que normalmente pueda trabajar muchas horas por el día.

    Pero la opción de sentarlos frente a la televisión mientras yo hago cosas o trabajo, no me apetece. Prefiero que estén jugando al fútbol, cocinando o haciendo manualidades con más niños. Además, aquí tenemos el factor «clima», que te puedes pasar una semana sin pisar la playa o la piscina y el día tiene muchas horas. Lo dicho, para los padres que trabajan fuera de casa, este tipo de campamentos se vuelven imprescindibles. Pero obviamente, cuestan dinero. Y hay que mirar muchas opciones porque las diferencias de precio entre unas y otras son bastante importantes, más si vas a llevar a más de un hijo. ¿Cómo conciliáis vosotras cuando llegan las vacaciones?

  • Primer día de cole… del segundo hijo

    Primer día de cole… del segundo hijo

    Dicen que el orden de factores no altera el producto. Pues oye, el de los factores no lo sé, pero el orden o la posición que ocupas entre tus hermanos altera el producto, el servicio y la madre del cordero. Vamos a ver, no es lo mismo ser el mayor que el pequeño. Y claro, yo contaba ayer con ese componente a mi favor: que era el primer día de cole… para el segundo hijo. No se puede negar, ése es un factor favorable porque los pequeños siempre quieren estar donde sus hermanos mayores y porque ya conocen bien el centro al que van a ir. Así que todo transcurrió como yo imaginaba y, por primera vez en mi corta vida como madre, sin lágrimas. Porque mis churumbeles para los inicios son bastante desdichados. Ayer Rafa pasó por tres fases:

    Fase primera: Voy al ir al cole de mi hermano, ¡cómo mola el asunto!

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    Véase foto en casa super emocionado

    Fase segunda: No veo a mi hermano (los que empiezan el cole por primera vez entran más tarde) pero veo un huevo de gente en la puerta; por tanto, esto ya no me mola tanto pero me mantengo tranquilo junto a mamá.

    Fase tercera: hay un montonazo de juguetes y camiones en la clase así que yo me pongo a jugar y a lo mío, aunque alrededor se masca la tragedia.

    Yo no sé cómo transcurrió el tiempo allí dentro porque, cuando le hago preguntas, entra en versiones contradictorias y porque, como ahora tengo que recoger a los dos en clases diferentes, no me dio tiempo a tener conversaciones con los profesores. El primer día hay cierto colapso porque van hasta cuatro adultos por niño 😉 Pero oye, el crío salió de allí contento y tranquilo cuando le fui a buscar y el resto del día lo pasó como siempre, por lo que puedo intuir que estuvo a gusto. La suerte que hemos tenido es que está en el mismo aula y tiene la misma profe que tuvo Alfonso los dos primeros años. La mala suerte es que, de los seis compañeros que tuvo en la guardería, ninguno está con él en clase. Pero ya os adelanto que el personajillo este no va a tener problemas para hacer amigos… y enemigos 😉

    Y sobre el mayor no hay mucho que decir. Le llevó maridín y, cuando le pregunté a mi señor esposo qué tal el niño al volver al cole, me respondió: «Como si entrara en Disneyland». Vamos, que fue ver a sus amigos y oye, «adiós, muy buenas». Cómo son. ¿Qué tal vuestros peques? Si hubo drama, no os preocupéis, es lo más normal del mundo.

  • Acoso escolar: cuando no «son cosas de niños»

    Acoso escolar: cuando no «son cosas de niños»

    Quiero agradecer a Carmen que me haya cedido este espacio para compartir con vosotros algunas inquietudes que me han surgido con mi nuevo trabajo. Me llamo Cristina Arias y soy periodista. Llevo un mes inmersa en un proyecto fascinante y a veces aterrador: un documental sobre el acoso escolar. Le decía a Carmen que es un tema que, salvo que te toque personalmente, o coincida con una tragedia como el suicidio de un adolescente, normalmente no se trata. Ni en los medios ni en los corrillos de madres a la salida del colegio ni, mucho menos, ahora en las piscinas.

    Sin embargo, es algo sobre lo que habría que hablar, y mucho, en todo tipo de foros. Porque cada año hay miles de niños en España que sufren acoso escolar. Porque es algo que existe en todos los colegios. Porque no discrimina entre niños con problemas previos y niños perfectamente “normales”. Porque hay niños que lo sufren durante años en silencio. Porque las secuelas que deja en las víctimas son más graves y más duraderas que las que deja el abuso por parte de un adulto. Increíble, ¿no? Pues es así.

    El acoso escolar tiene muchas caras. Algunos, al oír la palabra acoso, piensan en actos violentos y muy graves; no es así necesariamente. Y, sobre todo, no es así desde el principio. El acoso escolar es una pequeña bola de nieve. Empieza, por ejemplo, con unas risas a costa de un compañero de clase que se ha manchado en un lugar inoportuno de su ropa. Al día siguiente al llegar a clase uno desde la última fila le llama “meón” y todos se ríen; es algo inocente, “cosas de niños”. Sin embargo, al salir al patio en el recreo, uno se anima y le pone la zancadilla. Varios chavales hacen un círculo para reírse del que está en el suelo y corean “meón, meón, meón”. Muchos miran con una sonrisa en la cara, otros miran sabiendo que eso está mal pero callan. Así, en un par de días o semanas, el pobre chico de la mancha se ha convertido en la diana de las burlas de la clase. En poco tiempo, todos sus compañeros han “aprendido” que ése es su papel y el grupo entero lo asimila con la misma facilidad con que asimilan el nombre de la nueva profesora de inglés. Esa bola de nieve ya va colina abajo creciendo sin parar.

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    ¿Cómo saber si nuestro hijo sufre acoso escolar? Hay que estar atento si observamos cosas como cambios de humor, irritabilidad o tristeza. Si empieza a tener problemas para dormir o sufre pesadillas. Si le falta apetito o come compulsivamente. También se dan dolores de tipo somático: dolor de cabeza o de estómago sin causa aparente. Y lo más importante, estar atento si vuelve del cole con golpes o rasguños de manera frecuente y lo achaca siempre a que se cae.

    ¿Qué hacer si sospechamos que nuestro hijo es víctima de acoso? No culpabilizarnos y no culpabilizarle. Lo más importante es crear un clima de confianza, tiene que saber que vamos a creer todo lo que nos cuente y que vamos a apoyarle en todo. Eso de “hay que hacerse fuerte” puede servir para ayudarle a convivir con determinadas frustraciones, pero no si le están acosando. Es duro para los padres reconocer que su hijo está siendo víctima de acoso, pero hay que tener siempre en cuenta que lo más importante no es cómo me siento yo sino cómo se siente él. Hay que ayudarle, darle herramientas para que la situación no le supere. Reafirmarle en sus virtudes y sus posibilidades. Tiene que saber que somos su mayor apoyo.

    El siguiente paso es hablar con su tutor, contarle lo que venimos observando y pedirle que esté más pendiente de nuestro hijo, sobre todo en los espacios comunes como el patio o los pasillos. En muchos casos nos encontraremos con que el colegio no reconoce que se trata de una situación de acoso. Erróneamente creen que les afectará negativamente cuando, en realidad, si toman las medidas adecuadas, lo más probable es que lo solucionen. Si lo hacen, los padres confiarán en ese colegio y lo recomendarán. Como he dicho, pasa en todos los colegios.

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    Es importante saber que el acoso escolar no es uno contra uno, es uno contra el grupo. Por lo tanto la intervención para corregir la situación ha de hacerse con toda la clase. Tanto el que insulta como el que mira y calla son responsables del sufrimiento de la víctima así que hay que cambiar la actitud de todo el grupo frente al acoso. Hace años, cuando a una mujer le daban una paliza en casa, la gente decía “son cosas de pareja y no hay que meterse”. Hoy a nadie se le ocurre justificar así semejante barbaridad. Es hora de que cambiemos nuestra manera de ver y hablar de las cosas que pasan en los colegios.

    No todo lo que pasa en los coles e institutos “es cosa de niños”. Que haya miles de niños y adolescentes con miedo a ir al colegio día tras día es escalofriante. Que haya chicos que piensan que es mejor quitarse la vida que volver a clase es escalofriante. Y que las instituciones y algunos profesionales de la educación digan que es culpa de la falta de medios es indignante. Por eso hay que hablar del acoso escolar, porque nuestro futuro está hoy en la escuela, y, si no lo remediamos, muchos serán adultos con problemas de depresión y otros muchos serán delincuentes o abusones de por vida. ¿Creéis que no se habla lo suficiente de este tema?, ¿que mucha gente le quita importancia?, ¿que los centros se desentienden?

    investigacion.acoso.escolar@gmail.com

  • Fiestas escolares

    Fiestas escolares

    Ayer por la tarde gané una batalla, aunque hoy me toca ir a la guerra y creo que no tengo nada que hacer. Madres del mundo, me estresa sobremanera lo de las actuaciones de fin de curso. No por la función en sí ni por los preliminares de búsqueda de disfraz o atuendo. Eso son nimiedades en comparación con la labor de ubicarse para ver a tu retoño bailar, o no bailar, según el caso. Si a tu presencia le sumas otro niño y un carrito, la tarea se complica bastante más. Y a falta de un festejo, en el cole de mi hijo, los de Educación Infantil tienen dos. Yo encantada, ya sabéis, y lo digo por activa y  por pasiva, que las celebraciones de toda índole me rechiflan; son además la excusa perfecta para comer de.

    La actuación de ayer era light, porque sólo bailaban los pequeños del cole. Y claro, después de dejar a Alfonso en su clase con sus compañeros, tuve suerte y fui medianamente rápida para coger posición. Pero la de hoy ya es la fiesta de fin de curso oficial y sé cuál es el panorama. ¿Cómo demonios voy a competir con los abuelos de las criaturas? Es imposible, y menos con un carrito. Además, no estoy yo por la labor de discutir con gente mayor, que los nietos son sagrados.

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    A uno que yo me sé le gustan las cámaras tanto como a su madre, y el baile como a su padre. Oye, y lo hace tan bien que no tengo que pixelar a nadie 😉

    Luego está el tema reserva de asientos. A ver, que me parece bien que cojas sitio para ti y le guardes otro a tu señora madre, o padre, o marido. Pero hombre, a mí ya lo de retener sillas para media familia, como que lo veo un poco abusivo. No sé, que igual soy yo la rara para esto. Y ya lo último, y aquí soy pecadora, es que algunos estorbamos al personal porque, de repente, vemos a nuestros hijos (sí, los mismos que hemos visto hace apenas unas horas o minutos) y nos embarga la emoción y queremos hacerles un reportaje fotográfico como para el Hola! Bueno, al menos me dejo la espalda porque me levanto del asiento pero bajo la cabeza, así como para que no parezca tan horrible. En fin, hoy más y ¿mejor? ¿Cómo lleváis este tema de las actuaciones de fin de curso?

  • Si no puedes con el enemigo… más fútbol

    Si no puedes con el enemigo… más fútbol

    Yo tenía en mis planes, desde la semana pasada, escribir el post de hoy sobre un tema que, obviamente, dejaré para otro día. Sin embargo, el sábado viví una situación de fobia a los niños que hizo que me replanteara el contenido del blog. Pero de nuevo mis planes cambiaron. Resulta que el domingo me vi invadida por el espíritu del fútbol, desde la mañana hasta la noche. Y oye, no me queda más remedio que hablar de ello. Juro que me gustaría, de vez en cuando, hablar de ballet, de tutús y bailarinas… pero no se me logra. Que no me importaría a mí tener un Billie Elliot en casa pero, por ahora, manda el deporte rey.

    Hace unos meses os contaba cómo había sido el primer partido de Alfonso. Básicamente fue un desastre, con varios goles en propia al no tener clara la portería en la que marcar y con algunos niños descentrados y haciendo cualquier cosa menos jugar al fútbol. La temporada ha terminado y, aunque los críos han mejorado, no se puede decir que haya sido un éxito; no sabría deciros cuántos goles nos han caído pero calculo que unos 80, y hemos marcado unos 14. Creo que, de la liguilla, acabamos los penúltimos. Aun así, a todos los niños de todos los equipos se les entregó una medalla ayer domingo. Y sinceramente, se agradece y a ellos les hace una ilusión inmensa.

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    Si decidís apuntar a vuestros niños a fútbol, tras el primer año de entrenamiento, ya podréis sacar dos conclusiones. La primera, que algunos entrenadores se lo toman demasiado en serio; no me parece de recibo que se mande a la caseta a unos niños de 4 años que lanzan un balón al campo desde el banquillo. Y  la segunda conclusión es que sabréis si habéis acertado o no. Y no me refiero a que los críos sean buenos o malos, que de 1000 niños puede que uno acabe viviendo de eso, por mucho que a algunos padres les cueste aceptarlo. Me refiero a que podréis saber si disfrutan con ello. Porque aunque no lo creáis, hay niños que disfrutan y otros que pasan del tema. Yo no me equivoqué, Alfonso lo vive; a veces, sufre más de lo que debería y eso sí que trato de corregirlo. Que yo he sido muy futbolera y no compensa. Pero claro, luego marca un hat trick y le tienes varios días en una nube, cualquiera le quita la ilusión.

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    Y como el domingo empezó con fútbol, acabó con todo un acontecimiento en nuestra ciudad. El Sporting de Gijón subió a Primera División y anduvimos todos como locos en casa porque nuestro equipo no dependía sólo de su partido sino de otro; mis hijos no entendieron que yo celebrara como loca un gol del Lugo y se me pusieron a llorar los dos al unísono del susto. Ver para creer. Así que ayer subió nuestro equipo y Alfonso recibió su primera medalla como jugador de fútbol, un día para no olvidar. En fin, y lo que me queda de balompié, señoras 😉 Pero ¡estoy encantada!

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    Familia que festeja unida, permanece unida.

    Aviso: tenéis al final de el post anterior los nombres de las ganadoras de los marcos Baby Art.

  • Una clase muy especial

    Una clase muy especial

    Siempre he dicho que me encantaría ver por un agujerito a mis hijos en la guardería y en el cole, contemplar cómo se relacionan, qué hacen, de qué hablan con sus amigos…. Es más, es algo por lo que estaría dispuesta a pagar pero, a día de hoy, no es una opción siquiera 😉 Así que, cuando en el centro de Alfonso, nos propusieron poder dar una clase de lo que quisiéramos a nuestros hijos durante una tarde, no lo dudé un segundo y me apunté. Lo que no tenía nada claro es qué hacer con 25 criaturas; y es que, sobre mi profesión, la de periodista, nada me parecía factible con semejante auditorio. Así que me lancé y decidí hacer una receta.

    Ya os adelanto que, lo que viene siendo el resultado de mi arte culinario, la cosa fue desastrosa. Mi idea era hacer Pop-Cakes y pregunté a varias expertas en esto de cocinar, que me recomendaron mezclar bizcocho desmigado con Philadelphia. Lo que ocurre es que eché demasiado de esto último y la masa se deshacía en cuanto los niños pinchaban los palitos a las bolas que previamente habían hecho con mi mezcla. En fin, supongo que lo importante es participar. Creo que la profesora no va a olvidar lo «limpia» que quedó la clase tras mi paso.

    Al final, los niños acabaron comiendo la argamasa que había hecho y la mojaban en el chocolate derretido que llevaba en unos termos. Eso sí, como los fideos de colores, nada. Algunos decidieron hacer bombones tipo trufas y los envolvimos en papel de celofán con unos lazos muy monos que había llevado. Al menos, algunos padres pudieron ver que hice algo medianamente decente.

    IMG_20150528_212319Si algún día, en el cole de vuestros peques, os ofrecen esta posibilidad, no lo dudéis. Sé que hace falta tiempo pero merece la pena. Eso sí, tened en cuenta lo siguiente:

    1. Cuando entres por la puerta, los niños se arremolinarán en torno a ti como si de un vendedor de chuches ambulante se tratase.

    2. Si a un niño no le gusta lo que haces, te lo va a decir a la cara, sin ningún miramiento. No os lo toméis como nada personal 😉 Habrá otros que se peguen un atracón.

    3. En los distintos grupos de whatsapp de padres, en unos habrá cachondeito porque la has liado con el chocolate 😉 Y también te escribirán madres maravillosas para darte las gracias.

    4. Las niñas y los niños viven en universos paralelos. Los críos, en cuanto se aburran, se irán a hacer otra cosa (mi hijo inluido). Las niñas, en su mayoría, seguirán esperando sentadas a que puedas envolver su bombón en celofán para llevárselo a su madre, a sus hermanitos o primas. No me lo neguéis, a estas edades es más fácil criar una niña que un niño. Eso sí, en la adolescencia ya me contaréis (soy mala, lo sé).

    5. El gesto que para ti sea más insignificante, como acariciarle la cara a un niño, será para él algo super importante. Y no sólo eso, si no que habrá quien le dirá a su madre lo guapa que eres. ¡No me digáis que no son para comérselos!

    6. Saldrás con la cabeza como un bombo porque casi todos querrán que les prestes atención y les ayudes; los niños son así, no entienden de tiempos ni de esperas.

    7. Tu hijo se sentirá orgulloso de ti.

    Y hasta aquí mi breve experiencia como profesora. Si esto lo siguen ofreciendo, iré también en su momento a las clases de Rafa y Gabriel en un futuro. Eso sí, con algo más de acierto con la receta o actividad. ¿Habéis podido ir al cole o guardería de vuestros peques a hacer alguna tarea?, ¿qué os parece la idea?

  • El baño, ese lugar de exploración y conflictos

    El baño, ese lugar de exploración y conflictos

    Creo que no hago ningún descubrimiento al comentar que los niños y bebés sienten una atracción irrefrenable por el agua. Esto es así casi desde que nacen pero, cuando comienza el gateo, se adentran de lleno en el ¿maravilloso? mundo acuático a través de elementos como el bidé (por suerte, en mi casa no hay pero sí en la de mis padres), el váter, la ducha… todo acompañado por la escobilla, que más de una vez me he encontrado en algún armario de ropa. Realmente creo que voy a suprimir esta pieza tan poco elegante de mi hogar. Sí, madres del mundo, el baño es un lugar de búsquedas y exploraciones sin fin. Pero la cosa no acaba ahí.

    Con una escobilla así, ¿creéis que dejarían de cogerla? Por cierto, qué cosa más horrorosa.

    Yo ya lo sé. Cuando voy a buscar a Alfonso y a Rafa cada tarde al cole y guardería, si sus profes ponen cara de que algo ha pasado, tengo claro que la escena del «crimen» ha tenido lugar en el aseo. Tampoco es que mis hijos sean unos gamberros pero, como todo niño, hay algún día en el que están inspirados. La primera vez que castigaron a Alfonso en el colegio fue hace más de un año, os lo conté en un post. Había entrado en el baño de las niñas para asustarlas. Con las féminas no ha reincidido, es más, ahora mismo le parecen un rollo porque no juegan al fútbol. Ya cambiará de opinión dentro de unos años.

    Sin embargo, el baño y el agua le motivan mucho más y la última vez que su profe mecomentó algo sobre su comportamiento fue tras un episodio que tenía que ver con un váter y una toalla; no puedo aportar muchos más datos porque fue el niño el que me explicó el suceso 😉 A posteriori supe que el autor material de los hechos fue uno de sus amigos y Alfonso fue testigo presencial, pero no instigador. Pero el caso es que ahí estaba, en medio. Bueno, en realidad, según él, estaba haciendo caca y fijaos que me lo creo porque es un proceso al que dedica un tiempo considerable.

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    Estas imágenes de Rafa atrincherándose en el baño y dándose una ducha motu proprio con el pijama puesto son una prueba más de lo mucho que les gusta indagar con el fluido transparente.

    Esto de los baños les gusta mucho a todos. La primera vez que Rafa necesitó utilizar la ropa de repuesto que tiene en la guarde fue hace un par de semanas y no se debió a escapes del pañal de esos que todas sabemos. No sé cómo, en unos segundos, abrió un grifo y se empapó de arriba abajo, desde el pelo hasta los playeros. Y ya de paso, creo que hubo algún daño colateral en la ropa de otros compañeros. En la escuela infantil de Rafa utilizan el método Montessori, por lo que los niños tienen cierta libertad para hacer cosas y el crío debió pensar que oye, la cosa estaba ese día aburrida. En fin, no sé por qué me da que las anécdotas van a ser interminables. Aún me acuerdo cuando de adolescentes nos escondíamos para fumar un pitillo en los baños del colegio. Bueno, yo no fumaba pero ahí estaba, en modo acompañante porque siempre era más entretenido eso que hacer lo correcto. Ojo, que yo luego era buena estudiante 😉 ¿Qué?, ¿vuestros peques también la lían parda en los baños?

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