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  • Primer ¿baño? de la temporada

    Me las prometía muy felices cuando Alfonso y Rafa, en sus primeros veranos de vida, eran de los que gateaban media playa para llegar a la orilla del mar y allí podían pasarse horas sin importarles que les revolcase una ola o que el Cantábrico estuviera a menos de 20 grados. Si algo estoy aprendiendo es que los niños tiene etapas para todo y ahora recuerdo que, de pequeña, no me gustaba demasiado la playa, me escondía del sol y pasaba horas seguidas en la piscina. Y ahora soy como un caracol, rayo que veo, saco los brazos al sol; no me baño en el norte más de una decena de veces en todo el verano y adoro la playa.

    Total, que éste era el primer fin de semana que teníamos piscina accesible (y sol, claro) ya que fuimos de casa rural con amigos a Valladolid y mis dos churumbeles fueron los que menos se bañaron. Alfonso estaba muy emocionado con la idea de la piscina y en cuanto vio a los hijos de nuestros amigos ir al agua, allá que fue él. Pero señores, ha salido friolero, como su madre, y tardó unos segundos en salir y darse cuenta de que fuera estaba mucho mejor. Y no volvió a entrar en el agua en todo el fin de semana. Ahí terminó su romance con la piscina, por ahora.

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    Rafa, sin embargo, es de los que ve el agua y no puede contener la emoción, va lanzado. Pero sólo donde controla el asunto, es decir, lo que le gusta es lo de chiscar (salpicar) y mojarse de arriba abajo pero en posición «sofá», vamos, que si se te ocurre cogerle e intentar meterlo entero en la piscina, la hemos liado gorda. Ya no sólo es que llore, es que te agarra de tal manera que te deja hasta marcas en el cuerpo. Ya nos dijo la pediatra a los quince días de vida que tenía una fuerza desproporcionada y no se equivocó.

    Así que todo el miedo que no tuvieron al agua siendo bebés parece que lo tienen ahora. Bien es cierto que Alfonso empieza los veranos muy temeroso pero, poco a poco, se va soltando. Y ahora es cuando me toca mirar cursos de natación para este verano porque en invierno fue imposible en las piscinas municipales de Gijón, siempre están las plazas completas. Tenemos piscina en la urbanización, por lo que no somos socios de ningún club deportivo, ¿alguna sugerencia, madres de Gijón?

    Y ya de paso os cuento que la casa rural donde estuvimos resultó genial; como a veces me preguntáis por los sitios a los que vamos, se llama Finca Puentes Mediana y está en Hornillos de Eresma (Valladolid). No fue fácil encontrar casa para diez adultos y seis niños, y nos reuníamos con gente de Madrid, Valencia y Galicia, así que el punto de encuentro tenía que ser entre Burgos y Valladolid. Creo que acertamos, y más teniendo en cuenta que ya es casi verano. No tuvimos que movernos de allí en todo el fin de semana, y reconozco que así el tiempo cunde más porque no estás pendiente de meterte en un restaurante con tantos niños, no tienes que coger el coche. Vamos, es un plan más tranquilo 😉

    Jardines para jugar, y más teniendo en cuenta que la gran mayoría de peques son varones y ya sabéis que la pelota es un clásico. Que tuviera piscina fue un acierto a estas alturas, y fundamental que estuviera vallada con tanto peque. Gracias a la piscina, no tuvimos que pensar en otro plan.  Aquí un gordo que «robó» la sillita a una amiga, ¡qué afición tienen los críos! La casa tenía restaurante al lado y ofrecían la posibilidad de llevarte comida. Así que el sábado, en el que éramos un montón porque se unían la plan cuatro personas más, pedimos lechazo. Estaba de muerte y mientras comíamos, los niños jugaban o dormían la siesta. Vamos, mejor que en un restaurante. La casa era muy antigua (había una orla de 1875!!!!!!!) pero los espacios enormes. En una cocina así podíamos dar de comer a los peques y a la vez, otros podían cocinar lo de los adultos. Aquí también podéis ver que se trata de una casa antigua, pero a mí poco me importó con esa amplitud.
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    Los dos miedosos en zona segura.

    Ahora parece que, por fin, el verano comienza y no hay marcha atrás así que será cuestión de tiempo que vayan cogiendo confianza. Estoy segura de que en unas semanas no querrán salir del agua. Eso sí, lo que tengo más claro aún es que no voy a poder tomar el sol ni un segundo, hay que estar con mil ojos y no perderles de vista. ¿Cómo es la relación de vuestros peques con el agua?, ¿también han tenido etapas de amor y odio?, ¿algún consejo?

  • Clasificación de niños… comiendo

    No os creáis que voy a hacer aquí una super clasificación de los niños en función de cómo y cuánto comen. Es más, se trata de un catálogo muy clásico, mi propia madre haría una división parecida en este sentido así que vamos allá:

    1. Niños que comen mal: no requiere mucha explicación. Admiro muchísimo, de una manera que no os podéis imaginar, a los padres que tenéis paciencia en este sentido; imagino que la habéis ido desarrollando poco a poco y que, si te toca, no queda otra. Aquí en este grupo incluyo a mi sobrina y reconozco que ver cómo hace una bola con cada trozo que se mete en la boca es sencillamente desesperante. Por suerte, no lo he vivido en casa porque lo considero una… faena así que ánimo.

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    2.  Niños que comen regular: también llamados niños «selectivos», es decir, aquellos que comen unas cosas pero descartan otras. Creo que  no habría mucho problema si a esos peques les gustasen las frutas, verduras, legumbres, pescados y carnes y odiasen los chocolates, las galletas, los macarrones con tomate o las salchichas. Pero no sé porqué me da que suele ser al revés así que otra… faena. Eso sí, siempre es mejor esto que lo anterior porque, aunque puede que no les gusten las lentejas, a lo mejor adoran las manzanas.

    3. Niños que comen bien: Los padres tenemos una gran suerte si nuestros hijos comen prácticamente de todo. Les puedes dar fruta, legumbres, pescado, croquetas, purés… lo que sea, ellos no dejan de comer nunca. Eso sí, como todos, tienen sus preferencias. Es el caso de mi hijo Alfonso este último año (antes estaba en el grupo que os explicaré después). Come de todo pero si le dices que hay pasta le das un alegría, y si les dices que hay pescado, te va a decir que no lo quiere. Pero se sienta en la mesa y lo come sin problemas.

    4. Niños zampabollos: Son esos niños que comerían a todas horas, da igual el qué, lo mismo les da ocho que ochenta. Es el caso de mi hijo Rafa, le das una manzana y se la come a mordiscos desde los 15 meses, con pepitas incluidas, no hace distinciones. ¿Que le das por primera vez un albaricoque? que tal cual se lo zampa como si llevase toda la vida comiendo frutas veraniegas.

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    Sí, tenía 15 meses y ya estábamos así con la fruta, no chupándola ni deshaciéndola sino mordiéndola.

    Tengo que confesar que, cuando llegamos de paseo a mediodía, se pone tan nervioso sabiendo que le toca comer que no le meto en casa, vamos, que le dejo frente al ascensor el minuto que me lleva calentar el puré. Si te pones a cocinar cualquier cosa y oye el microondas desde la otra punta de casa, corre a la cocina a pedir algo (tengo vídeos que os sorprenderían). En el parque, se arrima a cualquiera que lleve comida, o directamente intenta robar a los pobres niños. Da igual que yo le haya dado su papilla con dos piezas de fruta y unas galletas, es como si no hubiera vida más allá de la comida. Y lo último ha sido darle un jarabe a su hermano con jeringuilla (con la que todos sabemos que nadie come) y venir como un loco a pedir también medicamento.

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    Secuencia del verano pasado. Así seguimos hoy.
    «¿No sabéis que no se pueden dejar restos de comida?», estaría pensando él. Si algún día ve este blog me matará por poner una foto en la que se come las migas del suelo.

    Menos mal que Alfonso era parecido y ahora es un niño al que puedo llevar a cualquier sitio con gente civilizada 😉 Eso sí, os digo una cosa, prefiero que se lancen a la comida que «pelearme» con ellos para que coman. Y vuestros peques, ¿de qué grupo son?, ¿algún consejo para las mamis con peques que comen mal?

  • Barbacoas… con niños

    Uno de esos planes que indica que el verano está cerca es hacer barbacoas. Vamos, que el período estival debe estar a la vuelta de la esquina porque el fin de semana tuvimos ya dos parrilladas. Lo que no acaba de estabilizarse es el clima 😉 No hace mucho os contaba cómo los planes resultan muy distintos ahora cuando algunos de ellos son los mismos que hacíamos en el pasado.

    Sin niños, el plan de la barbacoa era algo tranquilo, podías dejar una cerveza en cualquier esquina, en el prao, al borde de una piscina; comprabas las carnes más grandes de la carnicería y empezabas a encender las brasas a las dos del mediodía, lo que significaba empezar a comer a las cuatro de la tarde… Así que si os animáis a organizar una barbacoa y vuestra familia ha crecido últimamente, aquí van algunas recomendaciones:

    1. Ya sé que no todo el mundo tiene barbacoa en casa, es más, la mayoría vivimos en pisos así que, con suerte, tenemos campana extractora 😉 Pero oye, que si tenéis la potra de que haya varios amigos o familiares con barbacoas en sus casas, elegid la de obra, es decir, tipo chimenea. Más que nada por la estabilidad, por evitar que un niño le dé un balonazo, un golpe, lo que sea… y acaben las brasas o la carne en el suelo, o el niño en las brasas.

    Un balón igual sí pero aquí es difícil que un niño acabe quemándose gracias a la piedra (en otros casos, ladrillo).

    2. Incluid hamburguesas o perritos calientes en el menú. Las costillas, los chorizos, la panceta y demás están muy bien para los mayores pero si queréis que ellos coman, nada como una buena hamburguesa. Sé que no es comida para darles habitualmente pero de eso se trata cuando haces este tipo de planes, de que sean días especiales, y si nosotros nos permitimos comer más cosas o menos sanas, a ellos tampoco les va a pasar nada. Es obvio que hablo de niños y no de bebés, ¿verdad? Aunque siempre está la opción de poner verduras que, a la brasa, están de muerte.

    3. Si tenéis acceso a una barbacoa cuando queráis, no descartéis este plan para los cumpleaños de los niños. Mi tía lleva tres años haciéndolo en las fiestas de sus tres hijos y los críos alucinan. Cambiar sándwiches por hamburguesas o perritos calientes les parece lo más. Eso sí, tienes que ser rápido porque se lanzan todos a la vez. Maridín, junto a mi tío, son los encargados de este menester en los cumples de mis primos. Ya os comenté en alguna ocasión que mi madre y mis tías comparten jardín, por lo que todos vamos a los eventos de todos 😉

    Y si habéis podido hacer una barbacoa es que tenéis un día para estar al aire libre y un pequeño espacio o jardín para disfrutar con amigos o familiares sin que los niños molesten a otras personas, como puede ocurrir en restaurantes o en la misma playa, así que pocos planes mejor que éste para el verano, ¿no os parece?, ¿algún consejo más que se os ocurra? Por supuesto, mucho cuidado si hay piscina cerca.

  • Planes con niños en Asturias: Cudillero

    Que sepáis que maridín, aunque es maño de nacimiento, ya puede ser declarado 100% asturiano. Si eres capaz de predecir el clima en Asturias, ya te puedes considerar de la tierrina. Para mí, que nací aquí, es fácil saber que cuando en el norte de Galicia hace sol, horas después lucirá Lorenzo aquí. Y si allí llega un temporal, aquí lo tendremos enseguida.

    Amaneció el sábado en Gijón bajo una tromba de agua que me hizo pensar que nuestra única alternativa era ir a un centro comercial, y ya sabéis lo poco que nos gusta. Suerte que a maridín se le iluminó la cabeza y pensó que, si el día iría mejorando poco a poco, lo mejor era «tirar» para el occidente de Asturias, vamos, en dirección Galicia. Vale, puedo ahorrarme todas estas explicaciones, pero sé que muchas de las que me leéis no sois de aquí.

    El sábado elegimos Cudillero, una villa pesquera preciosa que, en los últimos años, se ha convertido en un lugar muy turístico. Imagino que todas las asturianas conocéis este pueblo, de hecho nosotros ya hemos estado varias veces, aunque nunca con los dos peques. Y para las que no sois de aquí, os recomiendo que no olvidéis parar en este pueblo. Por cierto, tenía razón maridín y lucía el sol, hasta pudimos comer al aire libre. Y es que por Asturias la temperatura todavía no nos deja ir a la playa 🙁

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    Una de las cosas más bonitas de Cudillero es la ladera del monte llena de casas de colores

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    No os creáis que fue lo único que hicimos el fin de semana porque llevamos una temporada que no paramos, pero ya me lo reservo para otro post esta semana. ¿Qué tal vosotras? ¡Espero que hayáis disfrutado! Por cierto, ¿conocéis Cudillero?

  • ¿Por qué los segundos hijos son más espabilados?

    Dicen que los segundos hijos (y por tanto, terceros, cuartos…) son más espabilados que los primeros. Puedo corroborarlo porque lo viví en mis propias carnes, soy la mayor de cuatro hermanos y me han tomado toda la vida por el pito del sereno, así de simple. Aunque todo hay que decirlo, con el tiempo también aprendes a reaccionar. Ahora, con dos hijos, puedo analizar este fenómeno desde sus inicios.

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    Ése que veis en la foto es mi hermano, el segundo, y me volvió loca. No os penséis que los mellizos me volvieron menos chiflada.

    Es cierto que hay niños más espabilaos que otros, como los hay más o menos listos, más o menos guapos, más o menos altos. Lo que pasa que esto último tiene que ver más con cuestiones genéticas que con las circunstancias. Si hay algo que se cumple en esta vida es eso de que a base de tortas y caídas se aprende y ahí es donde llegamos al quid del «espabilamiento».

    Los segundos llegan al mundo y sufren pequeños aplastamientos, salvajes caricias, hurtos continuos… y llega un momento en el que, a base de tanta leche, se plantan y dicen “aquí estoy yo”. Y con meses ya saben pellizcar, cosa que los hermanos mayores no aprenden a hacer hasta el colegio; ya saben driblar (y no sólo el balón); tienen un vocabulario mucho más rico y perfeccionado. A mí Rafa a veces me deja helada, digo una palabra y el crío la dice perfectamente la primera vez, eso es algo que jamás le ocurrió a Alfonso.

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    Aún así, Alfonso tiene una paciencia infinita y le explica y cuenta muchas cosas a Rafa.

    Y ¿sabéis qué? Los segundos riñen incluso cuando aún no tienen un lenguaje «entendible». Vamos, yo tengo unas  disputas con Rafa que ni con maridín. Cierto es que maridín no discute nunca así que el ejemplo no valdría 😉 Pues tal cual, que yo le digo a Rafa que no a algo y él dice que , y viceversa, y en su idioma hecha una parrafada a grito pelao. Y además utilizan una táctica que siempre les funciona: llorar. Ellos saben que si lo hacen, tú le dirás a su hermano mayor, que ya razona y que es más mayor, que le deje el juguete dichoso.

    Y luego está el hecho de que entienden el doble de cosas de las que entendían sus hermanos mayores a la misma edad. En fin, no sé qué pasará en las familias numerosas, los pequeños tendrán un Master, digo yo. ¿Notasteis que el aprendizaje de vuestro segundo hijo fue más rápido que el del primero?

  • Parto en casa/cesárea a la carta

    Últimamente veo posturas muy enfrentadas en esto de la maternidad y la crianza de los niños. La “disputa” más relevante en este sentido suelo encontrarla en el asunto pro-lactancia/pro-biberón. Sobre este tema no voy a hablar hoy, creo que todas las madres sabemos los beneficios de la lactancia materna y quienes decidimos optar por biberones, antes o después, lo hicimos por motivos que consideramos suficientemente relevantes (mastitis, vuelta al trabajo…). Así que no voy a entrar en este debate.

    Una de las últimas campañas en favor de la lactancia materna.

    Lo que leo últimamente (esta noticia que publicaba ABC ayer me hizo escribir hoy este post) es que las futuras madres se interesan cada vez más, por un lado, por un parto en casa y, por el contrario, por cesáreas programadas; esto último sabéis que está muy de moda entre las famosas. Sin ser matrona, ginecóloga ni nada semejante, tengo la sensación de que hay cosas que sólo necesitan un poco de sentido común. Vamos a ver, imagino que todas sabéis que una cesárea es una operación de cirugía mayor en la que se abre un órgano (en este caso útero) y que requiere anestesia, ¿no? Supongo que, sabiendo esto, todas coincidimos en que, si no es por motivos de salud, lo mejor es un parto natural.

    Con esto quiero decir que hacerse una cesárea por motivos estéticos o porque te viene bien el día me parece una soberana frivolidad. Adelantar un mes el nacimiento de tu hijo a través de una cesárea porque no quieres engordar o por aprovechar la anestesia para hacerte unos retoques denota poco conocimiento. En el primer caso, porque no es bueno para tu hijo y, en el segundo, porque no debe ser muy recomendable andar haciéndote arreglitos internos cuando tu cuerpo acaba de «crear» una nueva vida.

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    Sobre los partos en casa, más de lo mismo. Parir es una cosa natural, sí, pero no está exenta de riesgos. Me da igual que a tu casa vayan cinco matronas, gines o lo que sea a atenderte y que el hospital esté a 10  minutos. No tiene porqué pasar nada en un parto pero eso no significa que no vaya a pasar. Que también puede haber complicaciones en un paritorio, pero siempre habrá más medios para hacer frente a cualquier imprevisto. En España, quien puede “financiarse” un parto en casa, imagino que también podrá elegir un buen hospital con buenos profesionales a los que les puedes dar indicaciones sobre evitar episiotomía, estar en ésta u otra postura, o tener una habitación estupenda.

    Eso no quita para que los hospitales tengan que mejorar muchas cosas, entre otras, que las plantas de maternidad sean algo más acogedoras porque, al fin y al cabo, las parturientas no somos enfermas. O que en los partos se intervenga menos (esto ya se está haciendo en muchos centros hospitalarios). Pero señores, la medicina y los profesionales están aquí para algo y por eso nuestra calidad y esperanza de vida ha mejorado tanto de unas décadas a esta parte. Se trata de recurrir a los avances médicos pero sin pasarse, vamos, ni lo uno ni lo otro, ¿qué opináis vosotras?

  • Ley de Murphy

    «Si algo puede salir mal, saldrá mal». Más de una vez habréis escuchado esta frase que, como sabéis, no se trata de ningún principio científico sino una forma graciosa de explicar desdichas varias. No es que esté rodeada yo de calamidades, ni mucho menos. Sencillamente es que, hay veces, que se juntan muchas cosas buenas pero entonces no llegas a todo y te da rabia porque tú sabes que puedes hacerlo todo. Y es que las mujeres en general y las madres en particular no queremos ni sabemos decir que no, hay que estar en todos los sitios, esto es así.

    Si trabajo un día a la semana (99% de los días en viernes) y tengo tres o cuatro eventos sociales al año (que como bien sabéis tiene 365 días), ¿cuántas probabilidades hay de que se junten trabajo y evento la misma jornada si no es un viernes? A priori, ninguna. Pues este sábado estaba invitada a uno de esos acontecimientos que tienes, como mucho, una vez al año. En mi caso, el primero en mi trayectoria como bloguera. Sí, en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo se juntaron este sábado más de 400 blogueras de toda España para hablar de anécdotas, de uso de redes sociales, de fotografía, de bienestar, de negocio… en PuntoMom. Y ese era mi plan para el sábado… hasta el viernes a las tres de la tarde.

    PicsArt_1400443871132 Soy muy terca y si digo que voy a un sitio, aunque me perdiera la mayoría de las charlas, voy. Al menos pude estar un ratito y poner caras a muchas personas a las que sólo conocía a través del mundo 2.0  pero me quedaron tantas pendientes 🙁

    Y digo que me acompañó la Ley de Murphy porque el viernes recibí una llamada de la televisión para preguntarme si podía trabajar el sábado, el mismo sábado del evento. Maridín estaba escuchando la llamada y no daba crédito a la maldita casualidad. Pero no podía decir que no a lo del trabajo. Así que mi sábado fue digno de una chiflada que sale de un sitio para ir al otro un rato, se come un sandwinch doble en 3 minutos (que se convierte en una bola en el estómago porque 4 rebanadas de pan de molde requieren un mínimo de 10 minutos), y vuelve otra vez corriendo a la grabación contando los minutos por si acaso sale a una hora prudente y puede volver al evento. Vamos, mortal; sólo media hora sentada en 10 horas. Entiendo que a diario no se puede estar con semejante estrés.

    Mientras tato, maridín ejercía de padrazo y se iba a la playa con los peques y con todos los bártulos.

    Y como la Ley de Murphy está muy presente este 2014 (recuerdo robo de cartera el mismo día en que decidí ir de rebajas), continuamos. Si cada uno de mis hijos se pone malo unas tres veces al año de media y nosotros dejamos a los enanos en casa de mis padres unas seis noches al año para salir en pareja, ¿cuántas probabilidades hay de que se pongan malos una de las noches que se quedan con los abuelos? En principio, calculo que 1 entre 100. Pues oye, el sábado, después de mi maratón, salimos de cena para celebrar el cumple de maridín y mi madre sufrió las consecuencias de una noche toledana. Resumiendo, fin de semana completo, agotador y con esa sensación de quedarse a medias, ¿os pasa a menudo?, ¿queréis llegar a todo y sois conscientes de que no es posible si queréis conservar la salud? 😉

     

  • Tener hijos porque toca

    Aunque no lo creáis, esto de llevar una vida «marujil» me está haciendo aprender más sobre el ser humano que cualquiera de los trabajos que he tenido. De hecho, no hace mucho os hablaba aquí de la sorpresa que supuso para mí que, a estas alturas, se llame «coneja» a mujer por tener varios hijos. Pues resulta que, aunque os parezca imposible, hay parejas que tienen hijos porque hay que tenerlos, porque toca, porque eso es lo que se espera de las personas cuando llegan a una edad. Si no, no se entiende una conversación como ésta que tuve con una madre de dos niños. Es real:

    Yo: Ya me han contado que Manuela (nombre ficticio) está embarazada de mellizos.

    Madre: Si, por ahora.

    Yo: ¡Vaya!, ¿Qué tiene: riesgo de aborto o algún problema?

    Madre: Tiene miedo a perder alguno. Pero bueno, mejor si lo perdiera.

    Yo: Pero ¿y eso?

    Madre: Mira cómo estoy yo de atada.

    Si, lo que leéis es veraz. Lo mejor es que la madre ni siquiera trabaja, vamos, un agobio de morir. Me revientan este tipo de comentarios. Me molestan esas madres cenizas que están todo el día quejándose de lo dura y terrible que es su vida desde que tienen hijos. ¡Coño, claro que es duro pero es que yo no me quedo con eso!, ¿no sabían lo que era tener hijos, más o menos? Y es que, aunque os parezca increíble, días atrás, una señora me dijo en la frutería (vida «marujil» total) que, si lo hubiera sabido, mejor hubiera tenido sólo uno.

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    Sinceramente, tener hijos porque es lo que se espera de ti es, primero, no tener personalidad alguna, vivimos ya en una sociedad lo suficientemente moderna como para que la gente acepte con normalidad el que no quieras tener hijos. Es cierto, si te casas o vives en pareja, la gente pregunta que para cuándo los hijos pero nadie te pone una pistola en la sien para tal menester. Así que, si no quieres tenerlos porque te atan, no los tengas. Y segundo, tener hijos porque toca es ser egoísta. Sí, porque si no estás dispuesta a quererlos con todo lo bueno y lo malo, eres una persona egoísta. Querer que tu vida sea igual antes y después de ser padre es una quimera, cualquiera sabe que hay cosas que cambian.

    Intento creer que se trata de casos puntuales aunque es cierto que veo padres que parece que no tienen prisa por llegar a casa, que salen del trabajo y, en vez de ir a casa para estar más tiempo con sus hijos, van a tomar algo por ahí, al gimnasio… todos los días. Y llegan cuando ya les han bañado y han dado de cenar a los niños. Entiendo que llegues tarde por trabajo pero ¿por ocio y sistemáticamente? No es mi concepto de la maternidad/paternidad.

    Claro que hay que buscar un rato para hacer algo de deporte y ver a tus amigos de vez en cuando, hacer una escapada en pareja, dejarles una tarde con sus abuelos para ir a la pelu, a darte un masaje, lo que quieras… de hecho, no hay cosa peor que encerrarse y cambiar radicalmente tu vida por tener hijos, ni lo uno ni lo otro. Pero, ¿son tus hijos lo más importante? Pues si apenas les has visto por la mañana antes de ir al cole o guardería, ¿no deberías morirte de ganas por llegar a casa y pasar un tiempo con ellos? Eh, que yo no soy una madre perfecta, yo también me canso, doy gritos, soy de las que, cuando llega el verano, digo: ¡Dios mío, casi tres meses con el niño en casa las 24 horas del día! Pero ya lo he dicho en alguna ocasión, no son una carga y no me atan, me ato yo a ellos. Decidme que esto que he contado hoy lo veis con poca  frecuencia y me quedaré más tranquila.

  • Un descubrimiento: parque y playa de Moniello

    Confieso que hay días que me pregunto qué narices hago escribiendo un blog al que tengo que dedicar bastante tiempo: elegir temas sin repetirme demasiado, cómo exponerlos, qué imágenes utilizar… Sin embargo, cuando algunas me agradecéis una idea, una opinión, unas risas o una experiencia, pienso en la suerte que tengo de compartir tantas cosas con vosotras. Pero es que no soy yo la única que interviene en este rincón, vosotras también me dais consejos, me contáis vuestras experiencias y, cómo no, me dais ideas.

    Y precisamente, mi último descubrimiento en Asturias ha sido gracias a una lectora habitual del blog. Y como ha resultado todo un hallazgo para los peques, os cuento el sitio que hemos conocido y porqué nos ha gustado tanto, aunque creo que las fotos hablan por sí solas. Se trata del parque de Moniello, que está a poco más de 20 kilómetros de Gijón. No queríamos irnos muy lejos, ya sabéis que aquí en el norte el tiempo varía bastante y por la tarde se preveía lluvia. Lo increíble es que a veces tenemos al lado sitios que ni sabemos.

    Hay hasta porterías (las hay también grandes) para jugar al fútbol.
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    También hay restaurante donde se puede comer tanto dentro como fuera.

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    Y además con columpios para que los peques estén entretenidos. E insisto, ¡mirad qué vistas!

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    El gordi con mis gafas, ya sabéis lo que les gustan todo tipo de abalorios 😉

    La verdad es que estuvimos tan a gusto en el parque que no bajamos a la playa. Preferí ahorrarme el momento en que Rafa se abalanza sobre cualquier líquido (en este caso el Cantábrico a 14 grados) y el momento en que Alfonso se emociona con el lanzamiento de piedras. Cuantas menos probabilidades haya de terminar accidentados, mejor. Aún así, yo hago bien los deberes así que os dejo un par de fotos de la playa por si os interesa.

    Entre las rocas, cuando baja la marea, quedan piscinas naturales. A mí estas cosas de pequeña me encantaban. Foto de diariodeunchurfer.blogia.com

    Y aquí termina mi habitual «sección» de planes de fin de semana. Las asturianas, ¿conocíais este parque? Igual ahora resulta que la única que no estaba al tanto de su existencia era yo y no he aportado nada nuevo. Por cierto, mañana martes 13 será el último día para participar en el sorteo de un conjunto de baño a elegir. Comprobad si os he dejado algún comentario en el post ya que algunas habéis olvidado compartir el enlace en Facebook de forma pública. Otras habéis dejado el comentario allí en lugar de en el blog.

    Aunque ya lo he puesto en Facebook quizás muchas sólo veáis el blog así que os cuento. Estoy entre las diez finalistas para ser bloguera de una importante tienda de puericultura, la idea es probar cosas de peques para después contar lo que me han parecido. Si creéis que os puedo ser útil en esa labor que ya he hecho para Hero Baby, sólo tenéis que votar mi blog aquí. Gracias!!!!!

  • Reacciones ante un recién nacido

    Es curioso cómo los recién nacidos generan sentimientos muy distintos en unas u otras personas. Hay a quienes estos pequeños les parecen aburridos y lo cierto es que no hacen gran cosa ni interactúan con nosotros. Sin embargo, a otras personas nos parecen unos seres tremendamente especiales y a la vez alucinantes.  El caso es que ayer Alfonso y Rafa conocieron por fin a su nuevo primo. No sé si ocurre en todos los hospitales públicos pero, aquí en Gijón, los niños pequeños no pueden entrar en la planta de maternidad así que tuvimos que esperar a que le dieran el alta.

    Me ha sorprendido muchísimo la reacción de los dos peques. La verdad es que estaba deseando que llegase ese momento sobre todo para ver el comportamiento de Alfonso. Y es que, cuando nació Rafa, acaba de cumplir dos años y no fue muy consciente de su llegada, la primera vez que le vio apenas se inmutó, curioseó y poco más, hasta que poco a poco fue dándose cuenta de su papel de hermano mayor y ya no podía vivir sin él. Ayer me alegró mucho ver la ilusión con la que tocaba al bebé, cómo sonreía al verlo en brazos de maridín, cómo decía su nombre una y otra vez, vamos, ha sido totalmente consciente de lo que es un recién nacido.

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    Con lo que no contaba fue con la reacción de Rafa. Ya os adelanto que nos reímos muchísimo. Yo creía que iba a mirar para él y poco más, en plan «menudo coñazo de criatura, con lo divertido que soy yo». Madre mía, nada más lejos de la realidad, fue sacar del carro al peque y empezó a gritar «bebeeeeeeeeeeeeee». Maridín tenía al nene en brazos y Rafa venga a gritar e intentar meter la pezuña, así que decidí coger yo al crío pensando que se le pasaría pero ¡¡¡qué va!!! Vino detrás de mí y venga a gritar hasta que se lo puse en las narices, le dije que le diera un beso y el gordo tan feliz. Se iba medio minuto y volvía gritando «bebeeeeeeeeeeee» y vuelta a darle otro beso al pobre Jorge. En fin, no paramos de reírnos aunque temíamos por la integridad física del recién nacido.

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    ¿Y qué puedo decir de mí? Nada que ya no sepa a estas alturas, que tengo un instinto maternal bestial, que muero por esas pequeñas criaturas, que aunque hayas pasado por eso, las cosas se olvidan. Se olvida cómo coger a un recién nacido cuando ya llevas meses colocándote a tu pequeña bestia en la cintura, apoyado sobre la cadera, como si de un saco de patatas de tratara. Se olvidan esos gestos que sólo ellos tienen porque luego ya tienen otro tipo de expresiones. Y se olvida porque es un periodo muy breve. ¿Os gustan los recién nacidos?, ¿os parecen aburridos? Cuando estáis con uno, ¿os vienen a la mente recuerdos de vuestros hijos?

    Recordad que seguimos con el sorteo de un conjunto de baño de Neños a alegir en el post anterior.

  • Cumpleaños infantiles

    Ya os he contado que este año, al ser el primero de Alfonso en el cole, iniciamos la temporada de cumpleaños. Temporada que imagino durará unos cuantos años, por lo menos hasta que cumpla 12 o 13 primaveras y me diga que invita a sus «colegas» a unas pizzas o hamburguesas en cualquier sitio menos en casa 😉 Bromas aparte, este sábado Alfonso tuvo el cumple de otra de sus compañeras de clase (por ahora sólo ha ido a eventos de féminas) y oye, el listón cada vez más alto.

    Además de invitar a los peques desde mediodía (es decir, cumple con comida y merienda), tenían de todo. Así que doy también las gracias desde aquí a Gema. El castillo y la cama elástica los habían prestado otros papis; que conste que se venden desde 200 euros y si se compra entre varios padres, puede ser rentable.

    Vamos, lo que ya tengo claro es que en octubre, cuando celebremos el de Alfonso, lo haremos en casa de mis padres. Nada como un jardín para que «desfoguen». Bueno, en realidad ya lo hemos celebrado allí siempre así que espero que a mis progenitores no les importe una pequeña invasión de enanos. Pero creo que por mi salud mental, lo mejor es hacerlo al aire libre y en octubre solemos tener muy buen tiempo por el norte.

    En cualquier caso, desde que estoy metida en esto de la blogesfera, esto de los cumpleaños de niños me tiene anonadada. Aunque tampoco hace falta indagar mucho, desde que vi la celebración del primer cumpleaños del hijo mayor de Borja Thyssen y Blanca ya casi todo me parece poca cosa 😉 Entre el buffet con ostras y marisco incluido para los adultos, y la presencia de 40 niños, en fin… Que es cierto que el primer cumple siempre se nos va de las manos teniendo en cuenta que no se enteran de na’ pero tampoco es como para convertirlo en algo parecido a una boda gitana.

    Que yo veo bien eso de currarse un poquito la decoración, llamar a un pintacaras o a alguna persona que les entretenga con un taller, encargar una tarta personalizada… pero de ahí a contratar un equipo completo de 10 animadores o un catering cuando luego ellos se tiran a los gusanitos, pues como que parece excesivo. Espero que nadie con un servicio de catering se me lance a la yugular porque son un invento estupendo, pero no necesario para niños de tres años.

    Igual soy yo muy clásica, muy de lo de toda la vida pero nosotros éramos de celebrar los cumples en algún merendero y se encargaban unas tortillas y unas croquetinas, se llevaba una tarta y unas gominolas y todos tan contentos dando brincos. ¿Cómo recordáis vuestros cumpleaños de pequeñas?, ¿cómo celebráis los de vuestros peques?

    Y mientras escribo esto, mi primer sobrino asoma su cabecita al mundo, tengo a mi hermano y a mi cuñada de parto, ¡qué nervios! Ya os contaré porque tengo debilidad por los recién nacidos. Y por cierto, como ya puse un vídeo dedicado a las madres el viernes, no he hecho hoy mención al Día de la Madre. Espero que lo hayáis disfrutado.

  • Ser madre es un plus

    Hoy es el Día del Trabajador y el domingo celebraremos el Día de la Madre así que no se me ocurre un momento mejor para compartir con vosotras un vídeo que, por un lado, puso ante mis ojos una realidad que veo a mi alrededor y que de alguna manera he sentido, y que por otra, ha conseguido emocionarme por todo cuánto somos capaces de hacer las madres a diario sin darnos cuenta.

    Lo verdaderamente triste es que ésto que veis en el vídeo ocurre, es más, puede que algunas de las que estáis leyendo este texto hayáis pasado por ésta u otra situación similar. No voy a hacer en este post una reivindicación del tipo «pónmelo más fácil que soy madre» porque ni quiero ni debo esperar que me regalen nada en la vida, sencillamente quiero que me valoren igual profesionalmente con independencia de que en casa cuide de dos criaturas. Vamos, sólo quiero que no me lo pongan más difícil por tener hijos.

    Si nuestras capacidades y conocimientos eran buenos para alguna empresa antes de ser madres, deberían parecerles igual de positivos después de serlo. Vamos, creo que soy capaz de hacer exactamente lo mismo que hacía antes de tener hijos. Es más, aún he adquirido más competencias ya que he hecho un Máster que empecé la misma semana que dí a luz , unas prácticas, escribo un blog desde hace más de un año y colaboro en un programa de tv, no hace falta decir que sólo por esto último tengo una remuneración. Si esto no es capacidad de superación y sacrificio… Todo para seguir aprendiendo y mejorando mi condición como periodista y por no pasar por la situación que describe el vídeo de «¿qué hiciste esos años?»

    Dicho esto, no estaría de más que toda la sociedad valorase lo que hacemos y que el Estado, los organismos y las empresas fueran más comprensivos, no puedo mentir y negar que los niños se ponen malos de vez en cuando, que los hijos dan trabajo, que los padres y madres queremos pasar tiempo con ellos, que nos necesitan, que no podemos trabajar jornadas maratonianas… Porque señores, algún día, esos niños serán mayores, serán ellos los que trabajen y saquen adelante las empresas y para eso hay que dedicarles tiempo. ¿Es tan difícil de entender o tanto pedir?, ¿qué os ha parecido el vídeo?, ¿habéis vivido o vivís una situación similar?

  • Bipolaridad infantil

    Tengo una teoría y es que los niños y bebés tienen un punto bipolar, pasan del llanto a la risa y viceversa en cuestión de segundos. Ya os he contado más de una vez que Alfonso es un niño muy expresivo, todo lo vive apasionadamente, lo bueno y lo malo así que su bipolaridad es aún más palpable. Cuando en su vida se produce algún acontecimiento que para él es injusto, sufre intensamente. Ayer, cuando le recogí en el cole como todos los días, le pregunté si había comido sus galletas de dinosaurios en el recreo. Primer disgusto, maridín no había puesto su nombre al paquete de galletas por la mañana y claro, esas cosas son imperdonables.

    Normalmente, el crío lleva manzana pero se me había olvidado reponer el día anterior así que ayer, después de contarme lo de las galletas de dinosaurios, le dije que ya había comprado fruta y que mañana llevaría su manzana. Segundo disgusto, se paró en seco con cara compungida y me dijo que a veces se la tiran al suelo. ¿Quién te la tira?, le pregunté. Su respuesta fue «los mayores». Me agaché para abrazarle y seguí preguntando.

    Nuestro paseo del cole al parque da para mucha conversación.

    Los mayores son los de 4 años, vamos, sólo un curso por encima de él. Le tiran la manzana y claro, cuando la coge está un poco sucia. En ese momento me enervo y me sale la vena mamá guerrera, como la loca de la película «La mano que mece la cuna» cuando va al cole de la niña 😉 Ayyy pero la maternidad me ha hecho de un razonable… Y aunque a mí me apetezca decirle al niño «coño Alfonso, espabila y mándales a la porra», le digo que avise a la profesora y que no se preocupe. ¡Anda que no se muerde una la lengua cuando tiene hijos!

    En fin, pues no me habrán toreado a mí de pequeña, y lo que habré toreado yo a otros. Yo recuerdo que no pegué ojo una noche por quitarle a una profe un tajalápiz (sacapuntas), no os digo más. Cosas de niños, no le doy más importancia porque además en el cole se ve que el niño está feliz. Eso sí, le pregunto cada día para estar al tanto de lo que le gusta y de lo que le hace pasar mal rato, porque señores, el niño es muy sufrido. Tanto, que ayer se hizo un rasguño en el parque y del disgusto (y cansancio) se quedó dormido en mis rodillas. Y vuestros peques, ¿tienen sus «problemillas» en el cole?, ¿os lo cuentan como si el mundo fuera a acabarse?

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    Pues eso, que del parque el señorito volvió en la silla de su hermano y el pequeñajo andando. Y como veis, con el pañuelo en la mano porque estaba desangrándose 😉

  • Viajar con niños: playas de Jávea y Calpe (Alicante)

    Cuando se acaban las vacaciones, vuelvo a casa con dos cosas de más: kilos y estrés. Lo primero me ha pasado toda la vida y en una semana el asunto está solucionado; lo segundo me pasa sólo desde que soy madre. Aún recuerdo cuando volvía a casa tras unos días de descanso con una sensación de sosiego y paz que ya no he vuelto a experimentar en los últimos tres años. Ya se sabe que los niños, en cuanto les sacas de sus rutinas y entorno, se desmadran. En cualquier caso, disfrutamos siempre de nuestro tiempo en familia. Y si acompaña el buen tiempo, mucho mejor.

    La verdad es que este año, por primera vez, la Semana Santa la pasamos en un destino de sol y playa, en Jávea (Alicante). A maridín se le antojó lo de hacer barbacoas y claro, había que tirar más bien para el Sur, en este caso sureste, y eso supuso hacernos 1000 kilómetros de carretera. Eso sí, con parada nocturna en Zaragoza y así hacer el viaje más llevadero. He de decir que los gordis se portaron bastante bien en el trayecto y el DVD ayudó bastante.

     

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    Merendando a nuestra llegada a la casa que alquilamos en Jávea. Cuando nos juntamos con la familia de maridín, lo de ir a hotel sale más caro y con niños es más incómodo.

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    Playa de El Arenal. El primer día hizo mucho viento y por la mañana pasamos un poco de frío; en cuanto paró el aire, niños al agua. Si nosotros llevábamos media casa a cuestas, mi cuñada llevaba la casa completa e incluyó trajes de neopreno. La verdad es que el agua estaba en torno a los 17-18 grados. Vamos, yo ni harta de vino.

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    Lo bueno de esta época es que las playas no están abarrotadas y los niños pueden jugar a la pelota sin molestar a nadie.

    El segundo día fuimos a la playa de Calpe, donde lo más llamativo es el Peñón de Ifach. Al igual que en Jávea, más de la mitad de la población es extranjera, ¡anda que no son listos estos foráneos que vienen a España!

    calpe alicante niños planes vacaciones  

    Una de las tardes se nubló y fuimos a una zona donde había atracciones. En general, Jávea me parece que es un buen destino para niños y familias.

    Y una vez más, las vacaciones se nos han pasado volando pero reconozco que se agradece un poco el volver a la rutina (madre mía, quién me ha visto y quién me ve). Lo que ya no agradezco tanto es lo de volver a poner abrigo 😉 ¿Qué tal vuestras vacaciones?, ¿de playa, montaña, caseras, religiosas? que conste que este año eché de menos ir a ver alguna procesión, creo que es la primera vez que no voy a ninguna. Otro año será, prometo no volver a hacer tantos kilómetros para cuatro días.

  • Preparando maletas

    La última vez que hicimos las maletas fue en Navidad para irnos a Zaragoza. A mitad de camino me di cuenta de que había olvidado los biberones de los niños. Y señoras, este no es un olvido cualquiera. Explícale a tu suegra que vaya a la farmacia a por bibes con tetinas anatómicas de látex de la talla 2 y orificio grande L. A la mujer la dejé totalmente KO, tanto que la pobre trajo varios tipos de tetinas, que lo importante es que los niños se alimenten como Dios manda.

    Por eso, cada vez que me enfrento al momento «hacer maletas» me entran sudores. Vamos por partes; primero, cachivaches. Hay que saber si el lugar de destino tiene cuna. Hay que decidir si llevar la sillita plegable o la «buena», que ocupa tres veces más. Después, por si acaso, la trona plegable porque si en algún restaurante no tienen, alguno tiene que comer con Rafa encima y no es plan, entre otras cosas, porque es un zampabollos y, si te descuidas, te deja sin comida.

    Después llega el momento de decidir qué ropa llevar. Ahora en Semana Santa esto es un problema, ¿meto abrigo y bañador? Nos vamos a Alicante y digo yo que, a lo mejor, por el día estamos a 25 grados y nos apetece ir a la playa. Pero si salimos a cenar igual nos plantamos en 13 grados. Vamos, que es una de esas épocas en las que mezclas en el equipaje calcetines con playeros tipo victoria y hala, a tirar pa’alante. Y claro, si vas a la costa hay que añadir al equipaje toallas de playa. Creo que el cubo y rastrillo nos los vamos a ahorrar y que compren uno los suegros. Y por supuesto, en la maleta de la ropa, van pañales.

    Creo que Alfonso moriría por una maleta como ésta,jaja…

    Otro asunto, tema alimentación. Lo primero (esta vez ya no me vuelve a pasar) los biberones. Después la leche en polvo y los cereales, agua mineral y meriendas para el primer día porque no sabes en qué momento irás al supermercado cuando llegues. Fundamental también es llevar el Dalsy o Apiretal para cualquier dolor inoportuno. Y galletas en abundancia para el viaje en coche, sobre todo si vas a recorrer dos tercios de la península.

    Y por último, importantísimo: los peluches de turno para que los enanos se duerman, para Rafa es fundamental, nos lo llevamos a casa de mis padres los domingos, con eso lo digo todo. Después hay que meter en la cartera las tarjetas sanitarias porque este sistema de salud que tenemos por comunidades autónomas es de risa y no vaya a ser que no atiendan a tu hijo si pasa algo. Y para el coche, el reproductor de DVD. Y creo que no se me pasa nada. Bueno, y luego maridín tiene que encajarlo todo en el maletero como si de fichas de Tetris se tratara. ¿Cómo lleváis lo de viajar con los peques?, ¿vais cargados como si os fuerais dos meses?

    Que paséis buena Semana Santa; servidora vuelve la próxima semana con más historias que contar y seguramente, menos relajada 😉 porque las vacaciones con niños son para todo menos para descansar. Y gracias por tantas visitas al blog, la semana pasada recibimos nada más y nada menos que 10.000, ¡abrumada es poco! Hasta la vuelta.

  • Familias numerosas, ¿y qué?

    Ayer la noticia salía en muchos medios de comunicación: Raúl González y su mujer van a tener su sexto hijo. A la mayoría de nosotras esa cifra nos hace soltar un woooow pero en ningún caso vemos algo negativo en ello, al menos yo no lo veo. Horas después se supo que Borja Thyssen y su mujer van a  tener el cuarto retoño. Pues mira qué bien, porque además se lo pueden permitir.

    No es que tenga yo mucho interés en la vida de los personajes públicos pero el caso es que, en cada medio en el que veía la noticia, me encontraba comentarios de lo más hirientes y, porqué no decirlo, machistas, incluso de algunas mujeres. Lo primero que me sorprende es que se llame a una mujer «coneja» por el hecho de tener seis hijos. ¿Pero en qué narices está pensando la gente? A estas alturas, creo que a nadie se le escapa cómo se queda una mujer embarazada y vivimos una época en la que, quien quiera, puede acceder a métodos anticonceptivos muy variados, y esto es algo que no sucedía antes. Además, tenemos la suerte de que podemos quedarnos en casa cuidando de nuestros hijos o podemos trabajar sin que a la mayoría le sorprenda (salvo a cuatro marujas), y antes sólo existía la primera posibilidad. Entonces, ¿qué hay que opinar sobre alguien que decide tener seis criaturas?, ¿a quién puede molestar eso?, ¿alguien cree todavía que se tienen hijos porque eso es para lo único que estamos destinadas?

    Schalke's Spanish striker Raul who is leaving the club and his children thank the fans after the German first division Bundesliga football match FC Schalke 04 vs Hertha BSC Berlin in Gelsenkirchen, western Germany, on April 28, 2012. Schalke won the match 4-0. AFP PHOTO / PATRIK STOLLARZ RESTRICTIONS / EMBARGO - DFL LIMITS THE USE OF IMAGES ON THE INTERNET TO 15 PICTURES (NO VIDEO-LIKE SEQUENCES) DURING THE MATCH AND PROHIBITS MOBILE (MMS) USE DURING AND FOR FURTHER TWO HOURS AFTER THE MATCH. FOR MORE INFORMATION CONTACT DFL. TELETIPOS_CORREO:SPO,SPO,%%%,%%%

    Pues qué queréis que os diga, yo les veo una familia totalmente feliz.

    Después están los comentarios de «con la pasta que tienen, así cualquiera». Hombre, no es lo mismo que tengan seis críos Raúl y Mamen que Carmen y Chema pero honestamente, ¿cuántas tendríamos seis hijos con su cuenta corriente? Porque yo reconozco que cuatro o cinco no me importaría nada pero a seis no llegaría ni aunque me tocase el Euromillón. Es más, ¿cuántos famosos tienen cuentas corrientes de no sé cuántos ceros y tienen uno o dos hijos? Pues mira, prefiero que se lo gasten en traer prole a este país, que falta nos hace, que en comprarse Ferraris. Así de claro.

    Ayer en el parque tuve momento colapso. Primero Alfonso chocó con una niña y fui a consolarle, en ese momento Rafa se cayó y solté a uno para ir a por el otro. El comentario de turno fue: ¿Y tú quieres tener un tercero? menuda moral. En serio, cuándo llegará el día en que nadie juzgue si tienes muchos o pocos hijos. So soy yo quien va a cuidar de ellos y además mis hijos no son una carga, ¿qué tiene que opinar la gente?, ¿os ha pasado que os juzguen por no tener hijos?, ¿por tener más de los que socialmente están «aceptados»?

     

  • El cuidado de los hijos, ¿en quién recae?

    Cuando uno lee «El cuidado de los hijos recae en la madre en el 82% de los casos y la abuela ya es la segunda opción« se queda, cuando menos, perplejo. Es lo malo de los titulares, que son tendenciosos. Por eso me alucina que la gente comparta enlaces en Facebook sin haberse tomado la molestia de leer los contenidos. Pero esa ya es otra historia.

    Si me quedase sólo con el titular con el que inicio el post de hoy, pensaría que los hombres, como antaño, no se hacen cargo de la crianza de los hijos. Y sinceramente, no tengo yo esa sensación sino que veo a mi alrededor padres encantados con sus niños y que se implican en la educación y en el cuidado de los peques. Pero claro, hay que seguir leyendo.

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    Lo primero, y para que sepáis de lo que hablo, es que los datos están extraídos del CIS (Centro de Investigaciones Científicas), por lo tanto nunca puedes saber si las respuestas que da la gente son realmente ciertas, aunque creo que tampoco tendría sentido mentir en esto. Y lo segundo es que, si al titular le añadís las palabras «mayoritariamente» y «menores de tres años», entonces las cifras van cobrando sentido. Vamos a ver, si tuvierais que decir quién se ocupa o ha ocupado mayoritariamente de vuestros niños de menos de tres años, ¿cuántas dirías que vuestra pareja? Imagino que pocas.

    La realidad es que los padres de hoy en día participan de una forma muy activa en el cuidado de los niños y, cuando la madre también trabaja, comparten las tareas casi de forma equitativa, pero ese «casi» supone que cuando hay que trabajar menos, somos nosotras las que pedimos reducción de jornada o jornadas continuas para salir antes y poder estar con los niños.

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    La realidad es que, en el parque, lo que veo frecuentemente son madres, aunque también algún padre. Y como ya nos conocemos, sé de sobra cuántas de ellas han renunciado a crecer profesionalmente para pasar más tiempo con sus hijos. Y no quiero decir que los padres no harían determinadas renuncias laborales por sus hijos pero, como lo hacemos las madres y se da por hecho que somos nosotras las que debemos hacerlo, pues a ellos la paternidad no les supone problema alguno en sus trabajos.

    Mi experiencia es que la mayor parte del cuidado de mis hijos la llevo yo, fundamentalmente porque trabajo poco. Que conste que soy feliz pasando tanto tiempo con mis hijos, para nada me siento una profesional frustrada porque lo que más quería en este mundo era tener mi familia y la tengo. Es más, si fuese rica, trabajaría lo justo y en algo que me gustase mucho (como la tv, que es donde disfruto), me dedicaría a aprender cosas que me interesan, a mis hobbys y, como ahora, a  estar con mis hijos. Así de claro.

    Y ahora me gustaría saber cuántas de vosotras habéis pedido excedencias, reducción de jornada… Cuántas sabéis que tener hijos os ha frenado profesionalmente y a cuántas de vosotras, por contra, la maternidad no ha supuesto ningún cambio en vuestro trabajo… Y por supuesto, si hay casos en los que han sido vuestras parejas las que se han hecho cargo de los niños para que vosotras crecierais profesionalmente. Mucho me temo que el CIS no anda muy desencaminado con este asunto.

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