Fin de una etapa

Ya me vais conociendo y sabéis que soy una madre instintiva, no leo libros sobre el embarazo ni cómo cuidar bebés y hago lo que considero mejor para mis niños en cada momento. Intento no volverme loca a la hora de tomar decisiones y, por supuesto, no dramatizo. Pero oye, de vez en cuando me sale la vena «sensiblona» y ayer me dio pena recoger a Alfonso en la guardería por última vez.

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Ayer salió con su carpeta llena de recuerdos. Y con esta pinta de niño mayor.

No sé si es porque cogí cariño a su profesora, que casualmente fue mi vecina durante muchos años y sus hijos y yo compartimos juegos. No sé si es porque veía que Alfonso lo pasaba muy bien allí con sus compañeros. Podría ser. Sin embargo, tengo la sensación de que lo que más tristeza me da es saber que ya tengo un bebé menos en casa. En el momento en que pasan al colegio ya son niños.

Empezó su aventura en la guardería hace diez meses cuando tenía ocho dientes y le quedaba un mes para celebrar su segundo cumpleaños. Ahora no tiene huecos en la boca. Entró llorando y ha salido sonriendo. Cuando emprendió su viaje a la guardería, su mamá (la que aquí escribe) tenía una enorme tripa y ahora tiene un hermano del que ya no puede prescindir.

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Su primer día no fue fácil acostumbrado como estaba a mamá.Y su aspecto era de bebé, ahora ya no lo tiene

Comenzó con cuatro pelos y ahora tiene melenaza; aunque no lo creáis, aún no le he cortado el pelo desde que nació, pero no os preocupéis que es genético, yo tampoco tenía mucho pelo de pequeña y ahora lo tengo estupendamente. Así que evitad cualquier comentario sobre el corte de pelo y su posterior «fortalecimiento» 😉 Empezó la guardería acostumbrado a una única compañera de juegos diarios (servidora) y ha terminado con una legión de nuevos amigos. Y lo que más se nota es el cambio en su lenguaje, apenas usaba una decena de palabras cuando empezó y ahora tenemos muchísimas conversaciones con él.

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A final de curso llegan las notas, en la guardería son especiales y nos dicen todo lo que ya hace nuestro peque.

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Y nos entregan en una carpeta todos aquellos trabajos que ha ido haciendo el artista.

Comenzó con pañal y… mañana me pongo en serio con ese asunto. En fin, muchos cambios en poco tiempo, de ahí que siempre quiera disfrutar de mis niños. Dentro de nada, sin haberme dado cuenta, tendré adolescentes que no querrán que les achuche públicamente. Así que os dejo que voy a besuquearles un poco ahora que todavía se dejan. ¡Buen fin de semana!

Ropa de moda en el embarazo

El post de hoy será muy breve y pensado para las que estáis embarazadas este verano. He estado de rebajas, y para qué engañarnos, he comprado tres cosillas. Si, en principio, no me hace falta más ropa pero cuando ves que su precio está rebajado, acabas «cayendo».

El caso es que me di cuenta de que en el post en el os enseñaba algunas prendas que había visto y que os podían servir a las que estáis embarazadas, no caí en la cuenta de que hay una que está más de moda que nunca y que es perfecta para vosotras: el pantalón pijama. Muchos de los modelos tienen goma o lazo en la cintura de manera que os los podéis poner debajo de la tripa sin problema.

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De Stradivarius, a 15 euros cada pantalón.

Yo me compré unos durante mi primer embarazo. Por entonces, no estaban tan de moda, así que eran muy sencillos y lisos. Pero ahora ya los tenéis con todo tipo de estampados y en todos los colores. Son comodísimos y perfectos si se os hinchan las piernas. Y se pueden llevar con todo tipo de calzado, desde tacones hasta alpargatas. Así que aprovechad las rebajas.

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Ola de ¿calor?

¡Por fin disfrutamos de unos planes totalmente veraniegos durante un fin de semana! Pero no os vayáis a creer que fue tan fácil. Yo sé que muchas estáis achicharradas y que hay una ola de calor y tal y cual… pero no os creáis todo lo que dicen en la televisión. Aquí, a la dificultad añadida de hacer planes por el asunto de las nubes y la lluvia, que ya os conté en un post anterior, se suma otro factor que también complica programar cualquier cosa. Muchas ya sabéis que estoy hablando de la dichosa niebla que nos visita estos días en la costa asturiana. Sinceramente, tener una previsión de solazo y amanecer y no ver a Lorenzo por ningún lado es desalentador.

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Para que veáis que no soy una exagerada, hasta la prensa regional se hace eco del fenómeno.

Ahora ya me podéis imaginar el sábado por la mañana, cual loca que busca información de vida o muerte, mirando las webcams de todas las playas de Asturias para ver en cuál lucía el sol. Ya dice el refrán que el que la sigue, la consigue así que cogimos el coche hasta llegar a la playa de Aguilar, donde disfrutamos por fin del ansiado sol aunque siempre viendo a lo lejos la amenazante niebla.

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Pero como los peques son imprevisibles, los planes con ellos muchas veces tienen que ir cambiando. Tuvimos que volver a casa antes de lo previsto porque el pobre Rafa, al que le está saliendo su primer diente, empezó a protestar por el dolor de boca. Que conste que pregunté a todos los padres/madres que vi en la playa si llevaban Apiretal o Dalsy. Ya que nos habíamos hecho unos kilómetros buscando el sol, qué menos que intentar solucionar el tema en la misma playa.

No hubo suerte, se ve que no somos todo lo previsores que deberíamos. Como tampoco llevaba unas pinzas de depilar el día que a Alfonso le dio por meterse una piedra en la nariz. ¡Qué queréis que os diga! no puedo ir mucho más cargada de lo que ya voy a los sitios. En realidad creo que es imposible acordarse de tantas cosas. Siempre falta algo, y normalmente es aquello que más necesitas.

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Volviendo a casa, descansando como angelitos. La playa les deja agotados.

Cuando volvimos a Gijón ya lucía el sol así que le dimos un poco de Dalsy a Rafa, que volvió a ser nuestro niño felizón, y terminamos el día en la piscina. Por suerte, el domingo la niebla sólo se apoderó de una parte de la ciudad, concretamente de la mitad de la playa.

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Esta foto la hizo mi amiga Sara Miguel, ¿no es alucinante lo de la niebla cubriendo sólo una parte de la playa?

Los domingos siempre pasamos el día en casa de mis padres, así que no tuvimos que preocuparnos por analizar vía internet el estado de las playas. Además, tocó estrenar piscina nueva con mis primos pequeños así que el plan no pudo ser mejor para Alfonso. Y yo aproveché para relajarme un poco, en la medida de lo posible, porque ya tengo que entretener a los niños el resto de la semana.

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Viajar con niños: preparar las vacaciones

Es posible que muchas de vosotras estéis ya planificando las vacaciones de verano con los niños. A muchas madres os tocará ser copilotos en el coche, y eso implica muchas labores cuando van fierecillas en el automóvil. Eso sí, cuanto más pequeños son los críos, más tiempo duermen y eso siempre es una ayuda. Como contrapartida, los más bebés siempre requieren llevar más trastos encima.

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Primer viaje de Alfonso en coche con menos de dos meses de vida. El destino fue Madrid y se pasó más de la mitad del trayecto durmiendo.

Si os toca hacer un viaje de muchas horas, os recomiendo que os hagáis con un DVD portátil. Sino soléis desplazaros con frecuencia, pedídselo prestado a amigos o familiares, y si por el contrario, pensáis viajar a menudo, creo que es un dinero muy bien invertido. Tened en cuenta que es algo que van a usar hasta que sean adolescentes, siempre que el aparato dure. Nosotros es lo primero que apuntamos en nuestra lista antes de viajar.

Si vuestra idea es tener más de un hijo, muchas marcas regalan el segundo o tienen un precio parecido al individual. Nosotros cogimos ya el doble en su momento porque teníamos claro que queríamos tener varios niños. La pega es que los dos peques tienen que ver los mismos dibujos o película, sé que dentro de un tiempo habrá discusiones en mi coche.

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Además, os servirá para otros momentos. En la primera foto, el primer viaje de Alfonso en avión. En la segunda, dentro de la cuna en un hotel.

Llevad a mano, y no en el maletero, una bolsa en la que tengáis todo aquello que os hará falta durante el viaje: pañales, toallitas, comida, merienda, agua, galletas para picar en el trayecto, baberos…

En cuanto al maletero, seguramente lo llevaréis a tope. Si tenéis un bebé y tiene más de cuatro meses (es decir, ya no usa capazo), os aconsejo que os olvidéis, si es posible, de la silla habitual (tipo Bugaboo, Bebécar, etc…) y que llevéis la típica silla plegable (tipo MacLaren) porque os ahorraréis muchísimo espacio. Y llevad siempre una manta en el saco de la silla, por los aires acondicionados o porque, depende de vuestro destino, por las tardes «refresca».

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Alfonso durmiendo en la típica silla MacLaren en La Alhambra de Granada. La utilizamos sólo para viajes, llevar a la playa…

Y aparte de ropa y neceser con todas las cosas que necesitan los niños, también es posible que necesitéis cuna de viaje. Está bien tener (no es imprescindible) trona plegable para las comidas en restaurantes y mochila para llevar al bebé si tenéis pensado hacer turismo. De lo que no os podéis olvidar es del Dalsy o Apiretal y de la cartilla de salud (a mí se me ha olvidado más de una vez) porque ya se sabe que los niños se ponen enfermos en momentos poco oportunos. ¡Ah! Y jamás olvidéis el peluche con el que duermen, ¡menudo disgusto!

Fin de semana rural

Nunca he estado muy de acuerdo con eso de que por amor se hacen tonterías. Bueno, siempre y cuando no consideréis amor, sino enamoramiento lo de adorar a Julen Guerrero. En realidad, por amor de verdad lo que se hacen son sacrificios, y sino ¿por qué iba yo a pasarme la mitad de las Navidades en Zaragoza con una familia que no es la mía?

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Sí, lo tengo que reconocer, Julen y Bon Jovi han sido mis dos grades amores frustrados. 😉

El caso es que este fin de semana me tocó hacer uno de esos “sacrificios” que toca de vez en cuando. Yo, que soy tan urbana y tan de costa, pasé dos días en un pueblo de Soria. Y cuando digo pueblo no me refiero a una villa de trescientos habitantes con su tienda de alimentación, su quiosco y su bar. No, hablo de un pueblo donde no hay cobertura, ni panadería, ni una tienda donde comprar un refresco. Y el dato definitivo para que veáis que no exagero es que La Riba de Escalote tiene censadas una decena de habitantes.

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Seguramente os estaréis preguntando qué demonios se nos perdió a mí y a los niños en un pueblo de Soria. Pues oye, que allí nació mi suegra, conserva una casa y a mi marido le hacía ilusión que lo conociese. Eso sí que es amor. El caso es que, cuando se juntan hijos y nietos de los que nacieron allí, la cosa se debe animar bastante, pero no fue este fin de semana. Así que el sábado fuimos a otro pueblo, de otras dimensiones, donde había piscina municipal, para que los peques pudieran disfrutar. Y de paso yo aproveché que tenía cobertura nuevamente.

El domingo ya llegó el nieto de unos familiares de mi marido y Alfonso tardó tres segundos en perseguirle. Digo perseguirle porque mi hijo, si te coge por banda, prepárate porque te quiere el cien por cien. Te sigue, te pregunta, te trae, te pide…

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Alfonso jugando al fútbol en la plaza del pueblo. Rafa y yo a la sombra.

¿Y qué hacer en un pueblo así? Pues simplemente desconectar y estar en la calle. Yo me metí de lleno en la vida rural y no se está nada mal. Y a los niños les viene bien cambiar de aires y hacer planes distintos. Eso sí, para pocos días, os digo que más de una semana allí y acabo tirándome de los pelos. Además, yo ya no sé vivir sin una playa a mano. No será un plan muy frecuente porque el pueblo está a 500 kilómetros de Gijón y es una paliza de trayecto para ir sólo de fin de semana. Y eso que nosotros no tenemos niños, tenemos santos. Ni un llanto en el coche, una única parada técnica para la merienda y ellos tan tranquilos, ¡les adoro!

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Galletas para niños

Galletas para niños

A partir de ahora, puesto que os tengo “abrasadas” con mis historias y las de mis hijos, voy a incluir de vez en cuando en el blog algunas otras cosas. Eso sí, también relacionadas con la maternidad y los niños, que al fin y al cabo es sobre lo único que aprendo últimamente.

Hoy quiero compartir una receta de cocina de Jénnifer Liébana, del blog quecukireposteriaydemas.blogspot.com.es. Descubrí estas galletas a través de su Facebook días antes del bautizo de Rafa, así que, según las vi, decidí que eran perfectas para esa celebración. Es una receta para hacer horas antes de la celebración y para las que sois apañadas, veréis en la preparación el porqué.

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Son perfectas para regalar a tus invitados en el bautizo de tus hijos, o porqué no, para hacérselas a alguna futura mamá en una babyshower o regalárselas a una amiga que acaba de ser madre. Pero además, indagando en la red me he encontrado maravillas en el mundo de la repostería infantil. No hay temática que no se pueda trasladar a una galleta.

Aquí van los ingredientes que vais a necesitar para las galletas:

• 250gr de harina
• 100gr de azúcar
• 1/2 cucharadita de sal
• 125gr de mantequilla cortada en dados
• 1 huevo y 1 yema

Y para el glaseado:

• Claras de huevo (mejor las pasteurizadas)
• Azúcar glass
• Colorante líquido o en gel

Y aquí va la preparación:

Comenzamos precalentando el horno a 180ºC con calor tanto arriba como abajo. Ponemos en un cuenco la harina, el azúcar, la sal y la mantequilla y mezclamos apretando con las yemas de los dedos. Añadimos el huevo y la yema batidos, y amasamos. Damos forma de bola a la masa y posteriormente la aplanamos con la palma de la mano y la estiramos con un rodillo hasta conseguir un grosor en torno a unos 5mm.

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Con ayuda de unos moldes, damos la forma que queramos a las galletas. Para bebés, lo haremos con cortadores con forma de carrito, biberón, osito, balancín… Estos moldes suelen venderse en tienda especializadas en cocina y repostería. Jennifer los consiguió en una tienda de decoración de tartas y galletas en Avilés que se llama Catalina’s Cake.

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Cuando hayamos dado formas a toda la masa, las colocamos en la bandeja del horno forrada con papel vegetal y las coceremos unos 10 minutos manteniendo el calor a 180ºC. Pasados 10 minutos y cuando las galletas estén doradas, las sacamos y las dejamos enfriar en la misma bandeja del horno. Una vez hayan entibiado, las colocamos sobre una bandeja o una tabla plana, ya que si aún mantienen algo de calor, podrían deformarse y coger una forma curva.

Ahora haremos la glasa de delineado. Sólo tenemos que mezclar una clara de huevo con la cantidad que nos pida de azúcar glas hasta conseguir una textura parecida a la pasta de dientes. Delinearemos las galletas con la glasa cuando estén totalmente frías. Para ello, en un biberón o manga pastelera con boquilla fina, introduciremos la glasa e iremos trazando el borde de las galletas para que, cuando las decoremos, no desborde. Cuando las tengamos listas, dejaremos secar unas 12 horas para asegurarnos de que el secado es total.

galletas delineado

Transcurrido este tiempo, haremos la glasa de relleno. Se hace igual que la glasa de delineado (mezclando las claras de huevo con el azúcar glas y con algún colorante si es necesario) pero su consistencia es más líquida. Para ello, sólo tendremos que añadir un par de cucharaditas de agua y mezclar.

glasa galletas

Cuando tengamos la textura de relleno, incluiremos el colorante que necesitemos. En este caso, hacemos una glasa de relleno en marrón, por lo que añadiremos colorante en gel marrón de la marca Wilton. A continuación, hacemos otra glasa de relleno pero con colorante azul, añadiéndolo a la glasa y mezclando hasta conseguir el azul bebé que buscaba. Y, por último, una glasa de relleno en blanco, por lo que no añadiremos ningún colorante.

cómo hacer galletas

Teniendo todos los colores listos, comenzamos a rellenar las galletas. Cuando estén todas listas, las dejamos secar unas 3-4 horas. Tiene que quedar duro para poder hacer los últimos detalles en nuestras galletas.

galletas bebés

Para los detalles que queramos hacer, volveremos a hacer una glasa con una consistencia como la de delineado, puesto que no queremos que se desparrame por nuestra galleta. Cuando hayamos finalizado con nuestra decoración de galletas, las dejaremos secar otro par de horas o lo necesario para que no se peguen ni se estropeen. ¡No me digáis que no son preciosas! Y advierto ¡están buenísimas!

galletas bebés
galletas bebés

Por cierto, ya tengo cuenta en Facebook de No soy una drama mamá. Animaos a seguirla porque enseguida empezaremos con algún concurso. ¡Buen fin de semana!

La dificultad de criar niños en el norte

Ya sé que el titular habrá dejado de piedra a más de una pero estoy segura de que la mayoría de vosotras acabaréis de leer el texto y me daréis la razón. Eso sí, no os enfadéis con el post de hoy las mamás que vivís pasado el Negrón (un famoso túnel de más de cuatro kilómetros que separa Asturias de la Meseta) pero tengo la sensación de que criar niños aquí tiene un extra de complicación. Y hago extensible esta dificultad a todo el norte de España.

Me explico. Me levanto el sábado a las 9 y media de la mañana y ¡sorpresa!, tenemos un solazo impresionante. Así que decidimos que hay que ir a la playa, pero tiene que ser por la mañana. ¿Y por qué? Pues porque la “mujer del tiempo de la televisión” ha dicho que por la tarde vienen nubes aunque ya lo sabía sin que lo dijese esta señora. Cuando vives en el norte, dedicas varios minutos al día a mirar en internet varias webs de meteorología, y digo varias porque crees que la primera que has mirado está equivocada e insistes en ver más por si alguna te da una alegría.

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Los niños tenían el bañador puesto cuando miré por la ventana y me encontré con las dichosas nubes. Y se acabó, hay que cambiar el plan y, por supuesto, la ropa. Como estamos a 20 grados decidí que ya estaba bien de jerséis y calcetines, así que piernas al aire. Y a pasear y a tomar el aperitivo. Por la tarde, llegó la lluvia pero ya me negué a cambiar de ropa a los niños otra vez.

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Paseo por Gijón y ropa de verano.

Ayer domingo la temperatura bajó 5 grados con respecto al sábado, así que nos olvidamos de airear la pierna. Además, el plan que teníamos era celebrar el cumpleaños de mi prima Inés, de 11 años, con una barbacoa. Como amenazaba lluvia, mi tía tenía que tener un plan B para más de 25 niños. Y así estamos siempre, mirando al cielo y rogando que no se ponga a llover para que no se nos estropeen los planes. Y esto, aunque no lo creáis algunas, supone cierto agotamiento mental. Lo que pasa que ya estamos acostumbradas.

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No hizo falta plan B y pudieron jugar al fútbol, al pañuelo…

A mí cuando dicen en la televisión que bajan las temperaturas y que es una gran noticia pienso que están de coña. Claro, si vives en Sevilla o Valencia pasas de los treinta y muchos grados a los veintitantos, así que eso no te hace variar tus planes de comer al aire libre, de playa, de excursión… Pero en el norte, pasamos a los 15 grados y a los críos ya no puedes ponerles bermudas, y como llueve, no puedes ni ir a la playa ni al parque ni a ningún sitio al que no hayas ido ya después de todo el invierno. Así que invito a las madres que viváis en sitios soleados y calurosos a que nos intentéis convencer de que allí la vida es más complicada. Ya os digo que os tendréis que esforzar 😉

Embarazada y haciendo planes

Soy de las que pienso que el cuerpo es el que manda. No me refiero a sucumbir a los instintos más básicos porque si no tendría un problema muy serio de sobrepeso por culpa de la bollería. Lo que quiero decir es que el organismo no se equivoca, normalmente da señales y dice basta, o lo contrario.

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Eventos: Concierto de Bon Jovi, Rock in Rio Madrid 2010. Embarazada de 4 meses y medio. No hace falta decir que pagaría por estar el próximo jueves en el Calderón viéndoles.

En el embarazo pasa exactamente lo mismo. Qué no se puede hacer durante la gestación es una pregunta que se hacen la mayoría de las primerizas después de ver que el test es positivo. Por la experiencia que tengo, se puede hacer de todo salvo que el médico vea indicios de algún problema. Tampoco es lo mismo quedarse embarazada a los 27 años, como me pasó a mí, que a los 40. A más edad, más riesgos aunque el embarazo puede transcurrir con total normalidad o complicarse a cualquier edad.

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Avión y barco: De crucero visitando a mi hermano Miguel, que es marino. «Pateamos» Marsella, La Valeta (Malta), Cefalú (Sicilia), Túnez y acabamos en Ibiza celebrando el Mundial de España. Estaba embarazada de Alfonso de seis meses y medio.

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En coche: En la foto de abajo a la izquierda, estamos en Cádiz cuando estaba embarazada de más de 5 meses de Rafa. A la derecha, de casi 7 meses en Jaca.

Si os encontráis bien suele ser señal de que todo va correctamente. Y si es así podéis viajar, salir por la noche (obviamente sin beber alcohol), hacer ejercicio (si estáis acostumbradas, lo cual no es mi caso), ir de boda, de conciertos, al fútbol, etc… Eso sí, si preguntáis a vuestro médico si podéis hacer snowboard o escalada, no esperéis que os diga que sí. Vamos, que si hacéis deportes de riesgo seguramente notéis algunos cambios en vuestros hábitos.

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Salidas: a la izquierda, Carmín de la Pola, embarazada de seis y medio. A la derecha, de noche por Gijón con mi hermano, de siete meses y medio.

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Bodas: a la izquierda, en la boda de unos amigos, estaba embarazada de 4 meses y medio; foto del medio, en la boda de mi prima, estaba de seis meses. A la derecha, boda de mi primo, de 8 meses.

Ya sabéis mi máxima: sentido común. No seáis “embarazadas-pereza”, ésas que creen que el embarazo es como una enfermedad y no hacen más que quejarse de que están gordas y que les duele todo, desde la punta de la nariz hasta el dedo del pie, ¡me ponen de los nervios! Disfrutad porque el peque que lleváis dentro lo nota.

Señales para detectar a las madres

Además del rastro de babas que vamos dejando a nuestro alrededor, a las mamás de niños pequeños se nos puede distinguir a través de otros signos, que son bien fáciles de detectar. Aquí os enumero las cinco señales indudables de que una mujer tiene, por lo menos, un niño menor de tres años:

1. El bolso: aparte de todos los armatostes que llevamos en él, que no son pocos, el bolso de una mamá siempre lleva un paquete de toallitas húmedas. El día que se te olvidan, la has liado. Bueno, en realidad la lía el niño, y tú las pasas canutas para encontrar algo que pueda hacer la función de la toallita húmeda.

2. El calzado: pocas veves una madre lleva tacones. Llega un momento en el que es incompatible ir muy arreglada (que no mona) y tener niños menores de 3 años. Hace ya mucho tiempo que eliminé los tacones de mi vida, salvo en ocasiones muy contadas (una vez cada mes o dos meses). Así que el día que me los pongo, cualquiera puede intuir que no sé ni caminar con ellos.

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Como mucho, me animo con las cuñas de esparto en verano.

3. La ropa: o más bien las manchas que hay en ella. Raro es el día que no acabo con una mancha de leche, yogur, papilla o puré en mi vestimenta. Es más, hay días que ya salgo con la mancha de casa porque el niño ha regurgitado un poco de leche y evidentemente ha caído sobre alguna de mis prendas. Si no hay tiempo para cambiarse, la mancha se viene conmigo.

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4. La cara: sí, pongo cara de asesina en serie cuando voy paseando por la calle y pasa una de esas ruidosas motos que despiertan al niño. Lo mismo me pasa en la playa cuando hay una señora que habla por el móvil pensando que al otro lado está alguien sordo. ¿Y qué decir de los que llevan música a la playa? este miércoles tuve la mala suerte de que se me pusiera al lado un grupo de chavales que escuchaba reaggeton. Casi entro en trance.

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Para que os hagáis una idea, una mirada parecida a la niña del exorcista.

5. El coche: es evidente que tienes uno o más niños pequeños cuando tu automóvil se ha convertido en un paraíso para diminutos seres vivos (tipo hormigas) que, por suerte, no es fácil que accedan a tu vehículo. Pero sí, sería el lugar perfecto para crear una nueva comunidad de criaturas gracias a las migas de pan y trozos de galletas que van dejando los hijos.

No os preocupéis, volverá el día en que tengáis tiempo para arreglaros, llegará la época en la que tengáis el coche limpio nuevamente y en el que el ruido de la calle no os moleste. Mientras tanto, a tomárselo con humor. ¡Que paséis buen fin de semana!