Exprimiendo el verano

Formo parte de ese amplio grupo de seres humanos que se entristece cuando acaba el verano. Por eso, me resisto y no doy por concluida la temporada de playa o piscina hasta octubre; recuerdo que hace dos años estaba en la playa el día de la Virgen del Pilar.

Es evidente que me gusta la playa y el sol, creo que ha quedado sobradamente demostrado en este blog. Pero además, desde que soy madre, intento estar al aire libre el mayor tiempo posible. El invierno pasado era la primera en llegar al parque y la última en irme, de ahí que llegara a casa con los pies congelados en más de una ocasión. Sólo de pensarlo, me entran escalofríos.

Así que, por suerte, hemos disfrutado de un fin de semana de lo más veraniego para despedir la estación (que no la piscina y la playa) y hemos estado en casa lo justo, es decir, para cenar y dormir. Además, los niños se lo pasan de miedo en la playa, sobre todo en los charcos, cuando está la marea baja.

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Mañana de domingo en la playa de Estaño.

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Amor de hermanos.

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Domingo en casa de mis padres. Cuna de viaje a modo de corralito, a Alfonso le encanta meterse cuando está su hermano.

Así que he decidido que voy a aprovechar cada rayo de sol de lo que resta de mes y, si se tercia, del próximo. Además, como Alfonso aún no tiene cole por la tardes, esta semana apuraremos la piscina al máximo.Todavía nos quedan unos días de temperaturas totalmente veraniegas así que ¡a disfrutarlos!

Buenas noticias

A partir del próximo viernes 27 de septiembre, este blog también tendrá un pequeño espacio en televisión. Será en la Televisión Autonómica del Principado de Asturias (TPA), dentro del programa Conexión Asturias, a las 18:30 horas. Todos los viernes hablaremos del mundo infantil y de la maternidad, dando ideas, consejos y proponiendo planes para los más pequeños.

Desde aquí os quiero dar las gracias por seguirme durante estos meses. Para mí, escribir es una vía de escape bestial y, en estos momentos de mi vida, sólo puedo hacerlo sobre lo que ocupa mi tiempo al cien por cien: mis niños.

También os quiero dar las gracias porque las visitas son cada vez más numerosas. Y sobre todo porque no he tenido que censurar ni un sólo comentario, todo lo que habéis escrito lo he publicado, y eso es de agradecer hoy en día en la red.

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Podéis ver la promo pinchando en el logo del programa.

También os quiero contar que ya he comenzado mi colaboración con Hero Baby y que podéis ver mis vídeos en El Babyblog de Carmen. Como ya os conté, he recibido una serie de productos para que los niños los prueben y doy mi opinión sobre si les ha gustado. Así que ni cobro por ello ni se trata de algo patrocinado. ¡Qué paséis buen fin de semana!

De aniversario de boda

Hace ya cuatro años que me casé. La verdad es que no sé si son los niños o la edad, pero el tiempo me pasa que ni me entero. Y como sea la edad, me pongo a temblar porque entonces desde los cincuenta hasta los setenta años, si llego, me van a pasar en un suspiro. Y si lo que hace que el tiempo pase tan rápido son los críos, ¿alguien podría decirme cuando dejan de ser niños los varones? 😉

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Bromas aparte, os estaréis preguntando a qué viene recordar que me casé un 12 de septiembre de 2009. En un post antiguo, y no recuerdo cuál, os decía que soy de esas mujeres que ha tenido claro toda la vida que quería ser madre, sí o sí. Eso significa que, cuando buscas a tu media naranja, lo haces pensando en que sea el padre de tus futuros hijos.

No vayáis a creer que en una primera cita le pregunté a algún chico eso de ¿te gustan los niños? Porque lo más seguro es que no hubiera habido una segunda cita. Puede que el susodicho quiera tener hijos algún día, pero hacerle esa pregunta es como decirle si quiere ser tu banco de esperma. Y no es plan de hacerle sentir eso al chaval.

primera cita

A lo que voy es a que, dada mi naturaleza maternal pronunciada, instintivamente me fijaba en si el varón en cuestión buscaba lo mismo que yo. Para que me entendáis basta con deciros que durante muchos años salí con un chico que estudiaba Medicina para ser pediatra. Así que imaginaros hasta qué punto es importante para mí el que mi pareja tenga pasión por los niños. No nos engañemos, todas conocemos parejas que acaban teniendo un niño porque al otro le hace ilusión. Es entonces cuando los hijos se pueden convertir en un problema.

Desde luego tuve suerte en ese sentido porque encontré al hombre perfecto: adora a sus hijos. Y además la combinación de genes está resultando muy buena ;-). En fin, que me alegro de haberle conocido y de haberme casado con él. Espero poder decir esto dentro de muchos años.

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Primera reunión de curso

Ayer tuvimos nuestra primera reunión de padres. Alfonso empieza el cole la próxima semana y claro, había muchas cosas que explicar por parte de su nueva profe, y otras tantas que preguntar por parte de los padres. Llevamos a los niños y yo me perdí los primeros minutos para dar la merienda a Rafa. Por suerte, había profes en el patio para encargarse de Alfonso y de otros niños que también habían ido; creo que al gordi le vino bien para familiarizarse con el cole. Espero que no haya derramamiento de lágrimas el primer día.

vuelta al cole

Primer tema: horarios. Toda la vida tuvimos el mismo horario escolar desde el primer hasta el último día de curso, desde Preescolar hasta COU, pero hoy en día las cosas son un poco distintas; tanto, que tengo que cambiar el «chip» y hablar de Educación Infantil, Primaria, etc.. En fin,  que si la primera semana entran a una hora, en octubre ya tienen clases por la tarde…vamos, que hay que apuntarlo en una agenda.

Una de las cosas que te recuerdan, y que es un verdadero coñazo, es lo de marcar el uniforme, el material, la mochila, los mandilones, la botella de agua… hasta el papel para envolver las galletas tiene que ir con el nombre del crío. Que por cierto, aunque os parezca obvio, nos han dicho que nada de que el niño lleve el paquete entero de galletas al recreo porque se pasan ese tiempo comiendo en lugar de estar jugando. Con dos o tres bastan. Vamos, lo normal.

Seguro que los Príncipes tienen quien les ayude a marcar los uniformes de Leonor y Sofía.

Y nada de llevar a los peques enfermos a clase, lo que incluye la conjuntivitis, entiendo que se debe a que es contagiosa, y por supuesto ¡piojos! Dios mío, el mundo de las dichosas liendres que tan lejano tengo en el recuerdo dentro de poco será una realidad.

Y ya os imagináis, un montón de cuestiones más sobre si avisar o no cuando el niño está enfermo, horarios para las tutorías, clases extraescolares, excursiones, fiestas… En fin, aún tengo algunas cosas pendientes que preparar. Esto de la vuelta al cole es de locos, ¿no os parece?

Que no se acabe el verano

Éste ha sido uno de esos fines de semana en el que no paramos un segundo, tuvimos planes desde el viernes hasta el domingo. Estoy agotada pero me encanta estar todo el día fuera de casa, ¡no sé qué va a ser de mí dentro de un mes!

La tarde del viernes la pasamos en lo que en Gijón llamamos el “hípico”, un Concurso Internacional de Saltos al que acuden más de 10.000 espectadores al día. Fuimos con mi hermano y mis primos pequeños, con los que Alfonso se lo pasa genial, y mi único objetivo, ya que no soy muy aficionada al tema de las apuestas, era que Alfonso se subiera a un poni. Cuando llevábamos un rato haciendo cola me di cuenta que el niño no miraba para los animales, así que le pregunté nuevamente si quería subirse a uno. “Son muy grandes”, me dijo. Vamos, que le daban miedo. Así que el próximo año lo intento otra vez.

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 Alfonso hace dos años se subió. Además del concurso y las apuestas, hay actividades infantiles.

Foto del público en el complejo deportivo Las Mestas. (foto de la web http://www.csiogijon.com/)

El sábado disfrutamos por primera vez de la playa de Vega. Mi tía nos había hablado de ella y, aprovechando la visita de unos amigos gallegos, pasamos allí el día. ¡Menudo descubrimiento! creo que ha sido uno de los días que más han disfrutado en una playa. Enorme, poca gente, perfecta para que Alfonso jugase al fútbol y Rafa gatease. Todo sin molestar a nadie. Impresionante.

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Y además, estas vistas y una temperatura maravillosa.

Estábamos tan a gusto que nos dieron casi las ocho de la tarde. Y como teníamos cena con los gallegos, por aquello de que conociesen bien la gastronomía asturiana ;-), hubo que bañar a los niños, preparar bibes, ropa para el domingo, llevar a los peques a casa de mis padres… en tiempo récord. Soy ya una experta en esto de controlar los minutos.

El domingo, como siempre, comida en casa de mis padres y para rematar, una especie de fiesta-merienda-cena que montó mi tía para que toda la familia y amigos conociésemos a su nueva nieta. Viven en Castellón y se dejan ver poco por aquí, así que nos juntamos más de treinta personas y unos cuantos niños. Vamos, planazo para Alfonso que además conoció al que será uno de sus compañeros de clase en cuestión de diez días.

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Mi madre y Rafa.

En fin, ya me gustaría que todos los fines de semana fueran así. Sólo le pido al verano que, por lo menos, dure lo estipulado. Y si quiere quedarse un poquito más, yo encantada.

De boda, ¿con niños?

Sé de una pareja que “recomendó” a los invitados a su enlace que no fueran acompañados por sus hijos. Sinceramente, me parece que la proposición es dispar, ya que esa decisión debe ser de los padres. Dicho esto, yo tengo claro que, a una boda es mejor ir sin niños pequeños. Sobre todo por ellos.

Tampoco es que sea experta en esta materia; la única vez que nos llevamos a Alfonsito de boda fue todo bien, pero claro, aún no había cumplido el año y no caminaba, por lo que era bastante controlable. Y si a eso le sumas que el hotel en el que nos hospedábamos era el mismo en el que se celebró el banquete, pues ya ni os cuento. Del picoteo fue directo a la habitación, y allí se encargó de él una niñera.

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Boda en Baeza (Jaén). Alfonso vino con nosotros porque nos cogimos parte de las vacaciones en fechas próximas al enlace.

Ir a una boda no es como ir a comer a un restaurante, son muchas horas. Las ceremonias son para ellos un coñazo, el picoteo puede ser divertidísimo pero ¿y la comida o cena que se alarga más de tres horas? Algunos puede que lleguen vivos al baile pero ¿cuánto pueden tardar en caer rendidos?

En cualquier caso, dentro de quince días tengo una boda. Bueno, un bodorrio, ¡se casa mi hermano! Y sí, ése es uno de los enlaces a los que tienes que llevarte a los enanos. Y más cuando Alfonsito tendrá un papel protagonista.

Alfonso, con las que serán sus acompañantes para llevar las arras, el día que fueron a elegir modelito.

Seguramente Alfonso se quedará hasta que termine la cena, pero a Rafa tenemos que buscarle “alojamiento” o niñera después de la ceremonia. En cuanto tenga solucionado eso, mi único objetivo será llegar a la iglesia sin una mancha en el vestido, que no es poco. Prometo muchas fotos y detalles del evento.

Otra receta divertida

Hoy os pongo una receta (gracias a Jennifer Liébana y su blog) bien rica y que no pasará desapercibida para los peques. Se trata de una forma distinta de comer salchichas, un plato que les encanta. Son una especie de mini-pizzas con forma de margaritas que llamarán la atención de vuestros niños. Los únicos ingredientes que necesitáis son tres salchichas, un huevo cocido, queso rallado, orégano y masa de pan (para hacer tres «margaritas»)

Lo primero que hay que hacer es la masa de pan mezclando 1/2 vaso de agua, 2 cucharadas de aceite de oliva, 14 gramos de levadura fresca, una pizca de sal y harina. Dejamos reposar la mezcla. Lo siguiente es coger una porción de la masa y extenderla con un rodillo. Colocamos una salchicha en el centro y enrollamos.

Después las cortaremos en rodajas (os saldrán unos siete trozos, quitando las de los bordes). Posteriormente, colocaremos las rodajas de salchichas en forma de flor en la bandeja del horno, que debe estar forrada con papel vegetal.

Cocemos un huevo y esperamos que se enfríe para quitarle la cáscara y cortarlo en láminas. Colocamos cada una de ellas en el centro de nuestras “margaritas” o mini pizzas.

Precalentamos el horno a 180ºC con calor arriba y abajo unos minutos. Ponemos un puñadito de queso rallado en el centro de la “margarita” y espolvoreamos con orégano. Metemos al horno unos 25 minutos y ¡ya está! ¿Verdad que es muy fácil?

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Planes en pareja: viajar sin niños

El lunes pasado os contaba que las vacaciones con los niños son de todo menos relajantes. Me había reservado para hoy los pocos días que incluyeron la palabra descanso, aunque llamar vacaciones a un fin de semana no se ajusta demasiado a la realidad. Digamos que, dentro del período vacacional, hicimos una escapada de pareja. Era un plan que no hacíamos desde que nació Alfonso, hace casi tres años. La verdad es que, de vez en cuando, viene bien una sobredosis de romanticismo 😉

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Para mí fue más difícil separarme de los niños por una sencilla razón: me encargo de ellos a diario, así que no estoy acostumbrada a delegar en nadie. Os podéis imaginar que el momento en el que vi a Rafa en brazos de mi suegra a través del cristal trasero del coche fue un poco “dramático”. Que nadie se asuste porque no me puse a llorar, simplemente pensaba ¿estarán bien sin mí?

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En Cadaqués (Gerona). Como mis suegros veranean en Tarragona, la escapada no fue muy lejos.

¡Y vaya que si estuvieron bien! Los bebés, aunque nos pese, no nos echan demasiado en falta si están bien atendidos, y los niños más mayores tampoco nos extrañan si están acompañados de alguien que sea capaz de entretenerles, como hizo mi cuñado. ¡Manda narices, con la de energía y tiempo que les dedico! Aunque no puedo enfadarme por ello, recuerdo que, cuando era pequeña y mis padres viajaban, me encantaba pasar unos días en casa de mis abuelos y “distanciarme” de las tres fieras de mis hermanos. Era muy relajante.

En cuanto a mí, para mi sorpresa, fui capaz de desconectar más de lo que imaginaba y sobre todo, descansé. A la playa sólo llevábamos toallas y cremas, nada más, ¡no recordaba esa sensación tan cómoda! Y por fin pude tomar el sol ¡tumbada! Pudimos comer y cenar en sitios donde hubiéramos tenido problemas para colocar la sillita de Rafa y donde el café hubiera sido un momento completamente estresante con Alfonso al estar situados cerca del mar.

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En Cala de Agua Brava (Gerona). Y ya de paso, no os recomiendo el restaurante Marivent, vistas maravillosas pero el pescado fue una tomadura de pelo. Esa fue la única pega de nuestras mini-vacaciones sin niños.

Eso sí, a la vuelta estaba deseando darles un achuchón. Hubiera sido capaz de estar uno o dos días más sin ellos, pero creo que de ahí no paso. Por ahora, en cuanto sean más independientes, serán ellos los que estarán encantados de que les dejemos “respirar” unos días. Tiempo al tiempo.

Viajar con niños: llegan las vacaciones

La palabra vacaciones lleva en su definición, según la RAE, el término descanso. Pero si a lo primero le sumas el vocablo “niños”, adiós a lo último. Resumiendo, si vas de vacaciones con los peques, desconectarás de la oficina, pero en ningún caso volverás más relajada. Y si habitualmente te encargas tú de los niños, como es mi caso, también caerás rendida.

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Eso sí, durante las vacaciones con los niños pasan cosas divertidas y haces nuevos descubrimientos. Éstos son los míos:

–  Rafa prefiere Los Cantajuegos en el coche y Alfonso pierde el sentido por Peppa Pig. ¿Solución? Tengo que trasladarme al pequeño espacio que queda en la parte trasera del coche entre las sillas de los niños para entretener a Rafa porque la cerdita no le acaba de convencer. El resultado es un dolor descomunal en mis abultadas nalgas.

– Rafa, el niño que nunca llora, se pone hecho una fiera si le sacas del agua. Sí, increíble pero cierto, se coge un rebote de narices. Por el contrario, Alfonso, que con nueve meses se metía en el mar gateando y se partía de risa cuando le cubría una ola, ahora anda con pies de plomo en el agua y necesita controlar las zonas a las que accede. Ver para creer.

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– Sentarse en las sillas de playa de los abuelos es mucho más divertido que hacerlo en la arena.

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– Después de varios días yendo a la playa cargada con bolsas, sombrilla, sillas, cubos y demás enseres veraniegos a una temperatura parecida a la del infierno, descubro que en el norte se está de lujo en verano.

SAM_8134   El calor también les deja fundidos a ellos.

No os preocupéis si después de varios días de vacaciones estáis deseando volver al hogar. Ya lo dice Dorita en la película El Mago de Oz: se está mejor en casa que en ningún sitio.

Decorar la comida, ¡una tortuga en mi plato!

Como os conté hace un par de semanas, tengo la intención de variar un poco los contenidos del blog, aunque siempre pensando en los peques, así que vuelvo a incluir una receta. En realidad, más que una receta, es una forma de decorar una comida muy veraniega para que a los peques les «entre» por los ojos y les apetezca comerse todo el plato.

La ensaladilla rusa es una de mis comidas favoritas en verano, además es fácil de hacer. Como curiosidad, os cuento que fue inventada en 1860 por Lucien Olivier, chef de uno de los restaurantes más conocidos de Moscú, el Hermitage, que hizo de este plato su seña de identidad. Y después de esta aportación «histórica», vamos al meollo.

Ingredientes:

• Ensaladilla rusa
• 5 rebanadas de pan de molde
• 1 lata de atún
• 2 cucharadas de mayonesa
• 1 aceituna
• 1 tira de pimiento asado rojo
• 2 medias noches o pan de leche
• Lechuga iceberg

Preparación:

Lo primero que haremos será la ensaladilla. Cada uno, le añadirá los ingredientes que quiera. Yo suelo hacerla con patatas, atún, huevo cocido, guisantes, zanahorias y maíz. Cuando esté preparada, le damos forma de media luna en el plato o en la fuente de presentación.

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Después, cogemos las rebanadas de pan y les quitamos la corteza; las aplastamos con un rodillo de cocina y les echamos una cucharada del relleno que escojamos (en este caso, lo podemos hacer de atún y mayonesa, aunque también se puede hacer con la propia ensaladilla).

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receta niños

Enrollamos y envolvemos en papel film y los metemos en la nevera para que compacten. Las dejamos en la nevera un par de horas para que al cortarlas, no se deshagan.

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Cuando las sacamos, cortamos en rodajas de 1 cm de grosor y comenzamos a ‘tapar’ el relleno.

recetas peques

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Cuando hayamos cubierto toda la ensaladilla, cogemos las medias noches. Una de ellas la partimos a la mitad, y volveremos a partir por la mitad esos dos trozos ( que serán las patitas) Con la otra media noche, la partimos a la mitad y será la cara de nuestra tortuga.

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Partimos una aceituna en dos y serán los ojos de la tortuga; le hacemos un pequeño corte a la media noche como si fuera la boca y le colocamos una tira de pimiento.

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Para terminar, y si os apetece, picamos lechuga muy fina y decoramos el resto del plato con ella. Y este es el resultado, ¡imposible que los peques se resistan! Como siempre, gracias a Jénnifer Liébana, del blog http://quecukireposteriaydemas.blogspot.com.es que me «chiva» estos trucos.

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Demasiados cambios… como para perdérmelos

Si tuviera que separarme de mis hijos varios días, creo que “moriría”. De Rafa aún no me he separado más de unas horas, y de Alfonso sólo tuve que distanciarme dos días al mes por motivos de trabajo, de eso hace ya más de un año.

Si tuviera que irme sin ellos más de cuatro días (creo que por ahí debe andar mi tope de independencia), además de echarles de menos, necesitaría que quien estuviese a su cargo me hiciera un detallado boletín informativo de todo lo que han hecho cada día. Y no, no es que yo sea una exagerada, es que estos críos no dan tregua, que en cuestión de días pasan demasiadas cosas.

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Primer diente de Rafa hace una semana, ahora ya estamos con el segundo.

En menos de dos semanas, a Rafa le han empezado a salir los dientes. Vale, este es un acontecimiento sin mucha trascendencia porque hasta que no tenga unos cuantos dientes más no va a poder tomar sólidos, pero qué narices, todos los padres estamos pendientes de su primer diente, sus primeros pasos… Si me fuera mañana durante unos días, a mi vuelta me lo encontraría gateando, porque ya ha cogido posición. Y sinceramente, quiero estar para verlo.

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Y Alfonso otro tanto de lo mismo. Resulta que cada semana incorpora nuevas expresiones a su lenguaje y de repente te dice “ya sabes”, ante lo que no puedo hacer otra cosa que reírme y decirle ”sí, sí, ya sé”. Y en una semana muy acuática ha perdido el miedo a tirarse a la piscina, porque siempre ha sido un poco temeroso. Lo malo que tiene este avance es que ahora tengo que oír “mamá, mira cómo me tiro” una media de cien veces diarias.

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Pues eso, que sin ser una drama-mamá ya no sé vivir sin mis dos tesoros. Que sé que cuando sean algo más mayores e independientes, yo les dejaré tranquilamente los días que sean necesarios. Pero ahora mismo, quiero estar siempre ahí para ver sus avances; este verano sólo voy a separarme de ellos un fin de semana para hacer plan de pareja, que también hace falta.

De cena con los niños

¿Os he dicho alguna vez que los niños complican un poquito los planes? Sí, sí, ya sé que lo he comentado en este blog casi una decena de veces pero ya sabéis que soy pura sinceridad. Y eso que soy de las que tendría muchos niños porque de vitalidad y ganas voy sobrada, pero claro, hay que mantenerlos muchos años 😉

Bueno, a lo que iba, que los niños pequeños nos “obligan” a cambiar nuestras costumbres y, cuando te das cuenta, llevas meses o años sin hacer determinados planes. Nosotros somos bastante animados y el que mi marido sea de fuera de Asturias nos hace movernos con relativa frecuencia, además del montón de amigos que tenemos repartidos por toda la geografía española. Es más, mi hijo Alfonso, en su primer año de vida, hizo unos doce mil kilómetros de trayecto en coche ¡tela!

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Granada, último destino de Alfonso antes de cumplir su primer año. Antes habíamos estado en Madrid, Zaragoza, Vigo, Pamplona, Burgos, Tarragona, Valladolid, Cantabria…

Pues a pesar de tantos viajes, no os podréis creer que este fin de semana salimos a cenar con los dos enanos ¡por primera vez en mi propia ciudad! Sí, en la que vivimos, en Gijón. Creo que no lo habíamos hecho antes porque intentamos respetar todo lo que podemos los horarios de los niños, sin ser tampoco muy estrictos. La verdad es que durante el día no me importa si duermen la siesta antes o después, en la cuna o en el carro… pero por la noche me da rabia que se duerman durante la cena y que se despierten para meterles en el coche, ponerles el pijama…

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Un breve paseo antes de la cena.

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«Tiramos» de dibujos animados en el móvil al final de la cena. No parecían tener sueño.

Al final, se trata de intentar compaginar sus costumbres y necesidades con las nuestras en la medida de lo posible. Y es que salir de copas nunca será un plan compatible entre padres e hijos hasta que estos últimos sean, por lo menos, mayores de edad. Así que salimos a cenar pero lo hicimos pronto y a las diez y media de la noche estábamos en casa. A Alfonso el plan le encantó aunque en realidad a él todo le divierte. Llega a la playa emocionado, como el que no ha ido en la vida ¡y eso que llevamos más de una semana con sol!

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El sábado en otra playa asturiana.